domingo, 29 de mayo de 2011

Un gesto de campeón

No tenía pensado escribir sobre lo que aconteciera en el encuentro de anoche. No tenía pensado escribir sobre un equipo que de un tiempo a esta parte me cae tan antipático como otros que cordialmente detesto (Real Madrid, Sevilla FC...). No tenía pensado escribir sobre un partido de fútbol que no disputaron ni mi Atleti ni la Selección española. No tenía pensado escribir sobre una entidad de la que buena parte de su directiva, cuerpo técnico y plantilla no se sienten españoles pese a serlo. No tenía pensado escribir sobre un club que ha renegado de sus valores para caer en la falsa modestia, cuando no directamente en la soberbia. Pero pasó algo increíble.

Y por increíble no quiero decir que el F.C.Barcelona ganara su enésima copa; ni que el Barça diera un baile a un rival que mental, anímica, táctica y futbolísticamente fue inferior e indigno de una final de Liga de Campeones; o que Xavi volviera a demostrar que él y no otro, él y no ningún argentino sobrevalorado hasta el ridículo con las nalgas lamidas por medio planeta, él y nadie más es el mejor jugador de ese deporte con destellos de arte que es el fútbol

Por increíble me refiero a un emotivo gesto que tuvo lugar al término del partido y que, por impresionante y conmovedor, merece ser recordado con tanto o mayor merecimiento que lo ocurrido en el tiempo reglamentario

Uno de los dos protagonistas de ese momento fue Eric Abidal, jugador cuyo mayor mérito hay que encontrarlo fuera del terreno de juego, al superar en tiempo récord un tumor hepático. Pero el gran protagonista de esa escena y el motivo por el que escribo este artículo no fue él.

Carles Puyol i Saforcada. Carles Puyol. Puyol.  En el plano deportivo, sus magníficas cualidades como jugador y su apabullante palmarés lo sitúan merecidísimamente en el panteón de mitos del fútbol. En el plano personal, bueno...después de lo de anoche, creo que es para mí uno de los mejores seres humanos que ha pisado un recinto deportivo

No le importó que fuera el gran capitán del Barça (y uno de los pocos que en ese vestuario aún tiene valores dignos de elogio). No le importó que la de anoche fuera tal vez su última oportunidad de disputar una final de "Champions". No le importó que el entrenador le sacara en las postrimerías del partido con la idea de que una impertinente lesión no le impidiera alzar un trofeo que se ha merecido tanto o más que aquellos que se llevan flashes, titulares y ovaciones. No le importó. Cedió el brazalete de la capitanía y regaló el momento de gloria y la foto en el álbum a otro compañero. Se inmoló en el altar de la generosidad ante los ojos de todo el mundo. Y un gesto así sólo está al alcance de los elegidos, de los que ganan con el corazón, de los que conquistan el recuerdo, de jugadores y personas como Carles Puyol. Bravo, capità. Que gran ets!

martes, 24 de mayo de 2011

El final del AtlétiKun

Se va. Se hartó. Se cansó. Se desilusionó. Se va. El "Kun" Agüero, referente deportivo y emocional del Atlético de Madrid, quiere irse y se irá. El que hace años convirtió al "ex equipo de Fernando Torres" en el "AtlétiKun" ha decidido convertirlo ahora en el "ex equipo de Sergio "Kun" Agüero". Lógico: El Atlético de Madrid actualmente (y desde hace demasiados años) es un lugar donde la genialidad y la brillantez no encuentran acomodo al ser un marasmo de mediocridad e insensatez que priva a los grandes jugadores de aspirar a títulos. Una entidad en la que el éxito se ha convertido en una excepción y la vulgaridad una costumbre emanada y alentada desde los despachos. La misma razón que hace cuatro años suscitó la migración de ese icono colchonero que fue, es y será Torres. Nada nuevo.

¿Los culpables? Casi en exclusiva, por reiteración y permanencia, los dirigentes: Enrique Cerezo, el productor con cabellera de playmobil, y Miguel Ángel Gil Marín, el fraudulento máximo accionista. Unos bobos muy listos que desde hace casi una década compiten bochornosamente entre sí para ver quién de los dos tiene menos vergüenza y sentido común; unos cretinos indignos de la historia del club y de la afición que se han especializado en devaluar deportivamente al Atlético permitiendo que directores deportivos lamentables, entrenadores "low cost" y jugadores con más jeta que talento no tengan reparo alguno en mancillar el cariño de la afición y el historial de un equipo. Unos impresentables que por decencia deberían haberse ido ya hace años o, mejor dicho, nunca haber puesto un pie en el Calderón.

Si a ese escenario le añadimos la ponzoñosa soberbia que ha pervertido a un buen entrenador como Quique Sánchez Flores, el irresponsable e insospechado egocentrismo de Forlán, un vestuario desquiciado por las luchas internas y una costosa plantilla que mayoritariamente parece haber sido contratada en un bazar chino, el resultado es el que ha sido: Una temporada lamentable (y van...).
Así las cosas, a nadie le debe extrañar que los cracks, las estrellas, el talento quieran irse del Atleti como alma que lleva el diablo. El Kun, mito de importación, ya ha soltado amarras. De Gea, mito de exportación, puede ser el siguiente...

Quizás a los aficionados colchoneros como yo nos dolería menos todo esto si fuéramos conscientes de que el Atlético que legó Jesús Gil es un bonsai que se cree secuoya. O quizás por eso precisamente nos duele tanto.

Sea como fuere, no me apena que el Atleti se despida por enésima vez de sus mitos e ídolos de la afición, porque siempre surgen otros para recoger el testigo del cariño y la admiración, como dije hace años en el artículo "Con indios así". Lo que me apena es que el Atlético les incite a ello a base de vulgaridad.

Espero y deseo que el Kun encuentre un equipo que no le quede pequeño y, mientras, que en el Atleti alguien se preocupe de verdad por hacerlo de nuevo grande.

Mientras tanto, yo seguiré estando orgulloso de animar a un club que antaño sudaba la magia para hacer historia.

lunes, 23 de mayo de 2011

Las elecciones en cinco definiciones

Desastre:
1. m. Desgracia grande, suceso infeliz y lamentable.
2. m. Cosa de mala calidad, mal resultado, mala organización, mal aspecto, etc.

 

Error:
1. m. Concepto equivocado o juicio falso.
2. m. Acción desacertada o equivocada.
3. m. Cosa hecha erradamente.
4. m. Der. Vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe, que anula el acto jurídico si afecta a lo esencial de él o de su objeto.

Victoria:
1. f. Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.
2. f. Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones.

Éxito:
1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.



Necio:
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber.
2. adj. Imprudente o falto de razón.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice.
4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.

domingo, 22 de mayo de 2011

La fiesta de la democracia

La fiesta de la democracia no está en los colegios electorales. La fiesta de la democracia no son las elecciones. Ya no. 

¿Por qué? Porque la democracia es concebir la política como un servicio para toda la sociedad donde el bien común esté por encima de ideologías y egos. 
La democracia es tener unos políticos que vivan "para" la política y no "de" la política.
La democracia es una economía que no esté secuestrada por lobbies de ningún tipo y desprovista de la picaresca sumergida.
La democracia es poseer unos bancos que piensen más en los ahorros de los ciudadanos que en los de sus directivos. 
La democracia es un mercado laboral libre de la explotación que el paro permite a los contratantes.
La democracia es poder contar con unos sindicatos que no estén a sueldo de Gobiernos ni partidos y trabajen por el bienestar de los trabajadores y no por la holgazanería remunerada.
La democracia es disponer de un sistema judicial al que los inocentes respeten y los delincuentes teman, y no al revés.
La democracia es contar con unas leyes que no formen un corpus legislativo esquizofrénico y contradictorio.
La democracia es una Sanidad donde la calidad esté por encima del gasto económico.
La democracia es una Educación que se preocupe por formar y no adoctrinar y a la que se pueda acceder sin tener que rifar el porvenir de los más pequeños.
La democracia es una Universidad despolitizada donde el conocimiento y el esfuerzo sea la base de un futuro laboral y humano.
La democracia es saber que la Prensa nos va a informar únicamente con honestidad.
La democracia es disponer de unos medios de comunicación donde primen la calidad, la variedad y el buen gusto.
La democracia es una cultura sin ideologías y con talento.
La democracia es una sociedad donde se premie el mérito, se valore el civismo y el progreso no sea a costa del vecino.
La democracia es poder denunciar sin miedo ni cortapisas todo lo que no funciona y a quienes la pervierten o lo consienten.

Por eso, yo estoy contento y orgulloso de saber que no estoy solo al reclamar un país mejor que el que sufrimos.
Por eso, yo festejo la democracia de quienes se indignan ante quienes traicionan valores, se lucran con el fracaso, ponzoñan ideales, quiebran sueños y comprometen vidas.
Por eso, la fiesta de la democracia no está en los colegios electorales. Está en lugares como la Puerta del Sol.
Por eso, la fiesta de la democracia no son las elecciones. Son todas las personas que desde todos los rincones sociales e ideológicos se han puesto de acuerdo para decir basta. Son todos aquellos que van a transformar el ruido y la furia en algo mejor que lo que tenemos o, al menos, van a poner todo el alma en intentarlo.

sábado, 21 de mayo de 2011

"Piratas del Caribe: En mareas misteriosas": Secretos, mentiras y muñecos vudú

Anoche, como cabía esperar, fui a ver el estreno de la cuarta entrega de la saga más filibustera y taquillera del cine: "Piratas del Caribe: En mareas misteriosas", que supone el regreso del excéntrico y genial Jack Depp, perdón, Johnny Sparrow en una producción, costeada nuevamente por el Midas Jerry Bruckheimer, que ha perdido buena parte del elenco (adiós al insípido Bloom y a la sempiterna púber Knightley) y equipo técnico de las tres predecesoras (Gore Verbinski se fue al Oeste). Para suplir tales pérdidas, hay un nuevo director (Rob Marshall) y unos nuevos secundarios (un magnífico Ian McShane como Barbanegra y una convicente Penélope Cruz como la hija de éste y "ex" de Sparrow) además de viejos y excelentes "conocidos" de la tetralogía como Geoffrey Rush en el papel del capitán Barbossa.
La película está inspirada más que ninguna de sus antecesoras en una de las fuentes oficiales de la saga, la entretenida novela "En costas extrañas" de Tim Powers (publicada en España por Gigamesh), de la que toma ciertas tramas y personajes, si bien presenta notables divergencias y licencias respecto a ésta, necesarias para adecuarla coherentemente a la historia de Sparrow y compañía. Sin desvelar mucho del argumento, diré que "En mareas misteriosas" narra la denodada lucha entre piratas, corsarios y dos potencias de entonces como España e Inglaterra por encontrar la Fuente de la Juventud, competición en la que se ve inmerso el capitán Sparrow, quien intenta sobrevivir como puede (y de eso sabe mucho) en una espiral de secretos, mentiras, traiciones y venganzas y en la que la magia (negra) tiene una importancia bastante relevante.

La única pega que le puedo poner a este film es lo que, en mi opinión, es un primer acto ambientado en Londres demasiado artificioso y anacrónico y que era perfectamente evitable o, al menos, se podía haber emplazado en un lugar más acorde. Exceptuando eso, la cuarta entrega de "Piratas del Caribe" me ha encantado y eso que la película va de menos a más: al principio se echa en falta el estilo de Verbinski y el espíritu de las tres primeras películas, pero al final nada te hace añorarlas ni acordarte de las ausencias, toda vez que el oficio de Marshall, la excelencia de McShane, la frescura de Cruz y la veteranía de Rush unidas a la divertida excentricidad de Depp mantienen el viento en las velas del entretenimiento.

"Piratas del Caribe: En mareas misteriosas" es a la vez un homenaje y un reinicio que, como película autónoma, funciona perfectamente al poseer ese espíritu de diversión para todas las edades en una historia de aventuras tan amena, limpia y agradable como los grandes clásicos del género.

Tanto por el final de la película como por la escena que se regala a los fans más pacientes tras los créditos finales, no sería nada descabellado pensar en nuevas entregas de "Piratas del Caribe", pero, mientras el tiempo me da o no la razón, yo, como dije en cierto artículo, dejaré que Jack Sparrow riegue mi imaginación con ron. Yo-ho, yo-ho, un gran pirata soy...

jueves, 19 de mayo de 2011

Cinco años de blog

Ayer, miércoles, hubo un pequeño cumpleaños: el 5 aniversario de este blog transformado en refugio de mi vocación periodística, este "sitio de mi recreo" que es esta atalaya desde la que escribo sin miedo de todo aquello que me llama la atención. 

Cinco años en los que he compartido mi opinión con todo aquel que quisiera leerla y durante los cuales temas y sucesos de toda índole han sido protagonistas de mis artículos. Cinco años durante los cuales mi vida ha experimentado diversos cambios, al igual que mi estilo y mis ideas. Cinco años en los que he conocido a gente fuera y dentro de Internet que han enriquecido mi vida, mis conocimientos y mi criterio. Cinco años que han convertido esta afición en pasión y me han permitido no olvidar a aquel chaval que antaño soñaba con ser escritor o periodista.

Un lustro que se podría desmenuzar objetivamente en datos (365 artículos (o "posts"), 544 comentarios, 25.250 visitas, 43 seguidores, 7 suscriptores,), temas (los más habituales: cultura, sociedad, cine y política) y en valoraciones (83 artículos calificados como "Excelentes" y 10 considerados "Aburridos" o "Malos"). Y, hablando precisamente de los artículos, a continuación hago un pequeño ranking con los artículos más destacados según las estadísticas:
Artículos más visitados:

A tenor de estos datos, parece que mis artículos sobre cine, películas y tecnología tienen más visitas y los que versan sobre política, sociedad o temas personales, mejor valoración. Curioso.

Y como no me quiero extender mucho más, paso a la parte más importante: los agradecimientos. Gracias a toda la gente que me ha seguido o me sigue, a la que me ha escrito algún comentario o valoración ya fuera buena o mala, a quien ha tenido la ocurrencia de pasarse por este blog aunque no volviera más, a quien ha recomendado esta atalaya a otras personas, a quien me ha ayudado a valorar y comprender otros puntos de vista distintos a los míos, a quien, dentro y fuera de la red, me apoya sin importar si compartimos o disentimos en ideas y opiniones, y, especialmente, gracias a quienes me han demostrado que no es necesario ser el mejor en algo para sentirse el más querido. 

¡Ojalá que pueda seguir diciendo todo esto en el 10º Aniversario!

El ruido y la furia: La indignación acampada

"La vida no es sino una sombra fugaz, un pobre actor que se va pavoneando hasta que se inquieta en el momento de subir al escenario y luego, la nada: Un cuento, narrado por un idiota, lleno de ruido y furia". Macbeth, William Shakespeare.

Estos días es noticia una protesta que clama contra el cisco vergonzoso en que se ha convertido España; una rebelión turbada y desencantada como los del 98 que, como el poeta, pide la voz y la palabra en pos de una regeneración como antaño hicieran Costa y compañía; un clamor polimorfo y heterogéneo donde tiene cabida cualquier persona a la que le duele este país o lo que han hecho con él; un grito de ecos diversos que deja entrever un huracán de conciencias encendidas y sueños rotos.

Y no es de extrañar tal reacción cuando la última década ha convertido esta nación en marasmo y pudridero: Una casta política mezquina y garrapatera que concibe su praxis como lucro y no como servicio; una Justicia ciega, sorda, a veces muda y con frecuencia necia; una Legislación volátil y cacofónica; una Educación verbenera; una Sanidad inviable; una Cultura con más ideologías que ideas; una Economía secuestrada por lobbies; un Mercado laboral selvático y caníbal donde la edad, la cualificación y el esfuerzo son un problema; una Banca que juega con ahorros ajenos en esos casinos que son los mercados; unos sindicatos aburguesados, gregarios, gañanes y holgazanes; una Prensa de amanuenses; unos Medios de Comunicación públicos y privados que sesgan cuando no idiotizan; una sociedad que ha visto morir el civismo y la honestidad a manos de pícaros, truhanes y oportunistas de toda condición...En definitiva, un "sálvese quien pueda, si es que le dejan".

Una indignación que cualquiera que siga este blog o me conozca, sabe que comparto. Y una indignación que espero que llegue a alguna parte que no sean exclusivamente las hemerotecas.
Dicho esto, quiero precisar algunas cosas:
  • ¿Sistema o culpables? Hay quien reclama un cambio de sistema (entendido como paradigma político-económico-social imperante) o, directamente, su eliminación. Yo respeto eso, aunque me parece un error. El sistema, aunque manifiestamente mejorable, no es malo; lo malo, lo infame, lo nauseabundo es lo que han hecho con él. ¿Quienes? Aquellos en quienes los ciudadanos delegan la tarea de procurar el bienestar social, aquellos en quienes los ciudadanos depositan su confianza con la esperanza de no tener que arrepentirse, aquellos que tienen en sus manos todos los instrumentos necesarios para cauterizar o prevenir injusticias y desajustes de toda índole...aquellos que no han hecho absolutamente nada más que sajar, carroñear y expoliar no sólo el dinero de toda una ciudadanía sino el porvenir de varias generaciones por su ineptitud, desvergüenza y mentalidad cortoplacista. Es decir, los políticos. Es a ellos a quien hay que cambiar o erradicar. El sistema es una herramienta, no el problema.
  • Instrumentalización: A nivel externo, es irrisorio y patético que los partidos políticos intenten utilizar estas protestas como arma arrojadiza o bien como caladero de votos y más aún que intenten abanderarlas. ¿Por qué? Porque precisamente quienes forman parte del problema jamás pueden ser parte de la solución. Igualmente, es lamentable que desde los medios de comunicación se esté intentando "colorear" ideológicamente una protesta que, como es fácilmente constatable, es plural en edad, sexo, origen, credo e ideario. Lo cual me lleva a hablar de la instrumentalización interna, la que ejercen o pretenden ejercer ciertos "corpúsculos perroflauta" (radicales de izquierda, anarquistas y antisistema) que conciben esta situación como el escenario perfecto para su berrea trasnochada, inútil, infame y, por lo general, propensa a desencadenar follones que pagan quien no debe.Grupos que lo único que hacen es emponzoñar y desprestigiar unas reclamaciones cívicas y legítimas.

  • Culos y témporas: Quizás debido a la heterogénea composición de la masa protestante, se están mezclando prejuicios, hechos e ideas que poco o nada tienen que ver con lo que está sucediendo. Hablo de relacionar este descontento con las revueltas de los países árabes, con la protesta del 13-M, con mayo del 68, con el "Yes We can" de Obama,  y demás es simplemente demostrar que se es un demagogo, un bobo o ambas cosas. Igual que lo es demonizar las redes sociales por servir de "infraestructura" para esta protesta o sostener, para alabanza o crítica, que las reivindicaciones van contra un partido político concreto. No hay que mezclar churras con merinas ni confundir culo con témporas, por favor. 
  • Los catalizadores del descontento: Iniciativas como "Nolesvotes", "DemocraciaRealYa" o "Tomalaplaza", por citar sólo los más relevantes, son sólo los mascarones de proa y las exclusas por las que la sociedad ha expelido la tensión de su descontento y forman parte germinal de las protestas que estamos viendo los últimos días. Pero no hay que cometer el error de atribuir a una sola de ellas la autoría ni la bandera de esta agitación, ya que si algo está quedado claro es que este magma incandescente de reprobación generalizada es una mixtura de personas de muy diversa índole que lo único que tienen en común es su cabreo, su decepción y su frustración y la idea de que esto tiene que cambiar. A partir de ahí, una total disparidad de criterios, ideas y reivindicaciones. Por tanto, hay que hablar mejor de un "caldo de cultivo" o una "coyuntura propicia" que de un "organizador".
  • Los activistas de salón: No voy a entrar a valorar la calidad literaria o intelectual de autores de opúsculos como el francés "Indignaos" o su copia española "Reacciona". Pero sí he de decir que me parece que hay mucho de hipocresía en criticar y soliviantar desde la comodidad de un nivel de vida muy alejado del común de la sociedad. No sé el resto, pero me tomaría más en serio a un chaval de la cola del paro antes a que a individuos que hacen paripés desde sus torres de marfil. Y esto va por y contra el artisteo e intelectuales "low cost" que tienen la vida más que resuelta y que la única protesta que se toman en serio es la suya propia cuando se les baja el caché o la subvención de marras.
Por lo demás, espero con atención e interés la evolución de esta poliédrica y multitudinaria protesta, porque no me gustaría descubrir que más allá del griterío y las acampadas no hay nada, que detrás de la reclamación no hay soluciones nuevas, que se exigen alternativas sin tener la voluntad, las ganas o el coraje de constituir una, que se desperdicia la atención brindada por los medios de comunicación para perpetuarse en la pataleta en lugar de pasar a la acción pragmática. En definitiva, que me entristecería profundamente comprobar que todo esto no es más que ruido y furia.

miércoles, 18 de mayo de 2011

"Midnight in Paris": Bohême, je t'aime

Anoche volví a disfrutar de una película de Woody Allen, algo que no me sucedía desde esa obra maestra llamada "Match Point". ¿El motivo? El genial film que acaba de estrenar: "Midnight in Paris", esto es, "Medianoche en París".

La película, que podríamos entroncar con la estupenda "La rosa púrpura del Cairo" por su lírica y romántica fusión entre el mito y la mundanidad a través de dar verosimilitud a algo irreal, no sólo es un excelente homenaje a la capital francesa sino, especialmente, una soberbia declaración de amor eterno a esa evocación romántica y bohemia de París que ha quedado impregnada universalmente en el imaginario colectivo.


La trama está protagonizada por el enésimo trasunto de Allen, en esta ocasión Gil, un neurótico guionista de cine con vocación de escritor (un convincente Owen Wilson verdaderamente poseído por el excéntrico espíritu de Woody) que ve cómo su frustrante porvenir profesional y sentimental se ve alterado súbita e inexplicablemente durante un viaje a París en compañía de su desdeñosa prometida y los rancios padres de ésta. 

La película se convierte así en un pretexto para que Allen refleje, a su genial estilo, dos épocas que marcaron para siempre el espíritu de esta urbe universal: el París de los años 20 y el finisecular de la "Belle Époque", años que convirtieron a esta ciudad en quintasencia de la bohemia y epicentro cultural del mundo.¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? Las respuestas están en la sala de cine.


Proust tuvo su magdalena. Allen tiene su París. ¿Por qué digo esto? Porque la premisa conceptual de esta comedia es el llamado "síndrome de la edad de oro", según el cual se tiende a idealizar y a añorar con pasión una época pasada en contraposición a la actual (Ejemplo genérico: "Cualquier tiempo pasado fue mejor"). Una neura que no es ajena a Woody Allen y que ya ha aparecido anteriormente en su filmografía aunque nunca de una forma tan brillante como en esta película. La nostalgia como evasión y ésta como sinónimo de bienestar es una idea que me parece no sólo interesante sino de plena vigencia dados los tiempos que vivimos... Si a eso le unimos que la posibilidad de conocer de primera mano el pasado es un viejo sueño del ser humano, las bases sobre las que se asienta "Medianoche en París" son francamente atractivas. Y si éstas se traducen en un guión tan brillante como acostumbra el cineasta de Nueva York, la película tiene muchas papeletas para ser magnífica.

En definitiva, una película que enamorará a todos los amantes del cine y/o la cultura y/o de Woody Allen y que gustará al resto. Un retrato del alma de París, un cuento de amor bohemio, una fábula sobre el amor, el pasado y el amor al pasado, un gran película. Todo eso es "Midnight in Paris".

martes, 17 de mayo de 2011

Empresas 2.0: ¿Del "boom" al "crash"?

Recientemente he leído un par de artículos (1 y 2) muy interesantes en los que se analiza si, tal y como temen algunos en la intimidad, el mundo tecnológico está abocado al estallido de una nueva burbuja, en esta ocasión, protagonizado no por las "puntocom", como en 2000, sino por las "2.0", esto es, Facebook, Twitter, LinkedIn y compañía. Algo lógico si somos conscientes que se ha pasado de la imperiosa necesidad de "estar" en Internet, ya superada, a la de "ser" o "pertenecer" a una red social, en pleno apogeo actualmente. 

Si bien es cierto que en torno a la web 2.0 en general y las redes sociales se ha originado una euforia que nunca es aconsejable, personalmente creo que no tiene mucho sentido plantear ahora un debate tan agorero entre apocalípticos e integrados tecnológicos, primero porque no hay indicios que inviten a tal polémica y segundo porque la coyuntura económica internacional no es la mejor para hablar a la ligera de burbujas y menos del estallido de las mismas.

Del mismo modo que convendría rebajar el entusiasmo circundante a las aplicaciones 2.0, habría que enfriar el alarmismo que desde dentro y fuera del sector tecnológico se empieza a airear respecto al devenir económico y empresarial de las entidades que hoy son santo y seña en Internet. ¿Por qué? Por lo siguiente: Sería conveniente recordar algo que precisamente se aprendió con la crisis de las "puntocom" hace más de diez años: 
  1. La directa dependencia de los hábitos, las modas y las apetencias de los usuarios, similar a la que padece la volátil programación televisiva, ha convertido al sector tecnológico en un especialista en crear y destruir mitos por sorpresa, en encumbrar y derribar con idéntica intensidad, al igual que sucede en el ámbito deportivo o cinematográfico, por ejemplo.
  2. Como muchas otras cosas en la vida, no es bueno invertir capital económico ni humano en algo por mera moda, gregarismo, borreguismo o especulación, porque es el atajo más rápido al fracaso.
  3. No hay recetas infalibles ni fórmulas mágicas para asegurar la bonanza, la prosperidad y el éxito, del mismo modo que no hay un método indefectible para pronosticar fiascos.
  4. En ausencia de certezas o pronósticos irrefutables, hay que actuar y pensar con cautela cuando hablamos de un campo como el de la tecnología donde tras los rutilantes escaparates y titulares hay un extenso camposanto de nombres, marcas, empresas y aplicaciones que antaño eran consideradas intocables e inmortales.

Por tanto, ni las empresas de Internet son el rey Midas ni son la caballería del Apocalipsis. Y esto es algo que olvidan tanto los que se temen lo peor como quienes encumbran con mucha pasión y poca prudencia a empresas como Facebook o Twitter o quienes visten de mesías a gente como Mark Zuckerberg.

Tampoco hay que perder de vista que, como cualquier otra empresa hoy en día, las "2.0" dependen de esa ruleta rusa en la que se ha convertido los mercados económicos y en la que los grandes fondos de inversión han convertido la viabilidad económica de cualquier tipo de actividad en una partida en el casino. Algo lamentable y peligroso, pero real.

Es decir, que en un ecosistema tan mudable, cambiante y sorpresivo como el tecnológico, es mejor no jugar a Nostradamus ni creer en griales.

Además, como muchos otros miedos, las burbujas económicas o sectoriales sólo estallan cuando socialmente se cree en ellas...así que mejor dejar las cosas tranquilas, no vaya a ser que fabriquemos un problema de la nada.

En definitiva: Cuando hablemos de empresas e Internet, mejor no lanzar las campanas al vuelo...no sea que nos caigan encima  el día menos pensado.

sábado, 14 de mayo de 2011

"El Evangelio de San Juan": Divinas brujerías

El jueves noche tuve la suerte de ver en el Teatro Infanta Isabel la obra "El evangelio de San Juan", interpretada por ese maestro de las tablas llamado Rafael Álvarez, El Brujo. El montaje, al igual que ya ocurrió con sus magníficos predecesores "San Francisco Juglar de Dios" y "El ingenioso caballero de la palabra", convierte a este sensacional actor en una suerte de juglar enamorado de la palabra y de toda la vida e historias encerradas en ella. En esta ocasión, la premisa es desentrañar todo lo humano y lo divino que hay en el Evangelio de San Juan de una forma que sólo está al alcance de este mago de la interpretación, esto es, combinando socarronería y erudición, chanza y respeto, irreverencia y homenaje, humor y lirismo, risa y pensamiento, divulgación y conjetura, mundanidad y misticismo, evasión y reflexión, histrionismo y mesura, locura e ingenio.

Apoyándose en el lenguaje poético y simbólico empleado por el evangelista, El Brujo universaliza la vida de Jesucristo al narrarla y glosarla sin los férreos prejuicios, clichés y arquetipos con los que la Iglesia y el arte la han barnizado a lo largo de los siglos. Es decir, humaniza profundamente la historia de una figura excepcional y extraordinaria para que todo el mundo pueda sentirla como suya sin importar su credo o si siquiera tiene uno.Una interpretación arriesgada, por lo sublime y sagrado de la materia, pero que no está hecha para desvirtuar, denigrar ni ofender, toda vez que nace del ingenio y hace de la risa vehículo de catarsis y entendimiento.


Valiéndose de un diálogo tácito y cómplice con el público, Rafael Álvarez ofrece un montaje a medio camino entre la liturgia y la fiesta, la ceremonia y la jácara, el rito y la juglaría (que lo entroncaría con los misterios de Dioniso, dios del teatro, por cierto) donde el espectador disfruta de todo lo que El Brujo le obsequia para meditar y para reír. Un sensacional espectáculo de más de dos horas que culmina con una disertación y exhortación finales sencillamente magistrales y que ponen magno broche a una función que hace más y mejor por Jesús de Nazaret que muchos devotos, sacerdotes, prelados y sucesores de San Pedro.


En definitiva, una oportunidad casi única para disfrutar del teatro en estado puro y de alguien que honra ejemplarmente un arte (dramático) y un oficio (el de actor o juglar) con la magia del que sabe, domina y regala: Rafael Álvarez, El Brujo. 


martes, 10 de mayo de 2011

"The Company Men": Los mondays al sol

El interés de "The Company Men" es el de ser una película que habla de la economía actual a través de un puñado de historias pequeñas e íntimas, de familias e individuos dispares unidos por el común asedio del desempleo y sus terribles efectos secundarios. Un drama, a medio camino entre el realismo y el optimismo, que se ha estrenado con cierto retraso en nuestro país pero que adquiere plena vigencia y relevancia dada la dramática situación que vivimos por el atroz y rampante paro que sacude a millones de familias en España.

El film, correctamente dirigido por el debutante en cine John Wells, cuenta con un elenco que sostiene brillantemente un guión sin mucha enjundia. Quizás por todo ello, pese al magistral desempeño de actores como Tommy Lee Jones o Chris Cooper, "The Company Men" funciona peor como película que como pretexto para pensar y conversar sobre la crisis económica en general y la pérdida de empleo en particular

El canibalismo empresarial, el cainismo laboral, la hipocresía de alta dirección, la amoralidad profesional, la disfunción de un mercado laboral empozoñado por quienes ofertan empleo y sostenido por quienes lo buscan desesperadamente, la decadencia de la meritocracia, los empresarios que cuadran cuentas descuadrando vidas, el vértigo ante el fracaso...estos y otros aspectos conforman el tapiz de fondo de la difícil búsqueda de sustento por parte del despedido Bobby Walker y sus otrora compañeros. Una trama que no disimula una feroz y merecida crítica hacia las mastodónticas empresas que los únicos valores que tienen en cuenta son los de sus acciones.

Pero "The Company Men" no sólo habla de economía, sino también de algo más importante: De la tonelada de veleidades, vanidades y futilidades bajo la cual enterramos e ignoramos las cosas que realmente merecen la pena: tener el cariño, el respeto y el apoyo de quienes te quieren; no darse nunca por vencido; aprender a reinventarse; no renunciar a ser nosotros mismos; y saber que la humildad es un buena forma de evitar problemas.

Esta película cuenta historias que hay detrás de cada número y titular de los que estamos aburridos de leer, ver u oír en los últimos años. Historias que quienes no sufren la crisis obvian con desvergüenza. Historias que nos hablan de seres humanos en una época en la que se han convertido en porcentajes, cifras y costes

Por todo ello, se podría decir que, temáticamente, "The Company Men" es una suerte de versión yanqui y refinada de la española "Los lunes al sol", aunque su mensaje es, afortunadamente, más optimista porque para amargarte el día ya están las noticias.
 


jueves, 5 de mayo de 2011

"Thor": Entretenimiento mayestático

Siendo amante de la mitología, el cine y los cómics sería dolorosamente incongruente dejar pasar la oportunidad de ver en la gran pantalla la adaptación de los tebeos basados en una de las deidades más famosas de cuantas ha dado la mitología en general y la nórdica en particular: Thor. Así que anoche mi ilusión pudo más que el miedo a presenciar una nueva y fallida película de índole mitológica y fui al cine a ver este film.

¿Mi opinión al salir de la sala? Aunque todo es mejorable, se ha hecho justicia al Thor de Marvel brindando un espectáculo indudablemente entretenido que estoy seguro servirá para que cientos de espectadores se interesen por todos los mitos que rodean al dios del trueno y sus imponentes familiares y allegados. 
Al igual que sucedió con las dos exitosas entregas de "Iron Man" (2008 y 2010) y la de "Hulk" (2008), "Thor" es entretenimiento en estado puro sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato tanto a los amantes y conocedores de las publicaciones marvelianas como al resto de mortales poco doctos en la materia. Olvídense de nominaciones a lo Óscars y otros galardones, porque "Thor" está hecha (y muy bien) para gustar a un océano de espectadores y reventar la taquilla. Y si en las películas del hombre de hierro y la masa las estrellas eran los actores principales (geniales Robert Downey Jr y Edward Norton) en esta ocasión las estrellas las hallamos entre los secundarios (Anthony Hopkins, Natalie Portman, Stellan Skarsgard, Jeremy Renner...) y en el asiento del director (Kenneth Branagh), aunque esto no quiere decir que el actor encargado de dar vida y (titánico) cuerpo al bravo hijo de Odín no esté a la altura de sus compañeros, porque Chris Hemsworth solventa tal reto sin alardes ni problemas.

El shakespeariano cineasta sorprende al cambiar de registro y cumplir notablemente con las exigencias del cine palomitero, dirigiendo una película en la que, pese a algunas licencias (el origen del parche de Odín o Heimdall como pívot NBA) y desatinos (un par de escenas ¿cómicas?, algunos trajes asgardianos, ciertos decorados demasiado evidentes y la forzada historia de amor), el espectador no puede hacer otra cosa que disfrutar como un niño, al menos yo, con todos los méritos que tiene: el ritmo, el respeto a la esencia de los personajes, los efectos especiales, los impresionantes escenarios de Asgard y la sensación de que hay Thor (¡y Loki!) para rato...

En definitiva, tanto como película autónoma como anticipo de la madre de todas las películas de superhéroes (Los Vengadores), "Thor" funciona perfectamente y hará disfrutar especialmente a quienes, como yo, son lo suficientemente "frikis" como para quedarse, al igual que hicieron con "Iron Man" y "Hulk", hasta la conclusión de los créditos finales para descubrir ese regalo para fans. 

¿De todos modos? ¿Qué valoración podría esperarse de quien adoptó como sobrenombre bloguero Heimdall?...




miércoles, 4 de mayo de 2011

Ganó el fútbol. Perdió el fútbol

Con la distancia y frialdad que me otorga ser del Atleti, creo que puedo hablar sin forofismo alguno sobre ese vaivén de partidos que han enfrentado al Real Madrid y al F.C.Barcelona en Liga, Copa y Liga de Campeones.

Por eso puedo decir con total tranquilidad y asepsia que estos dos equipos, con historia, credenciales y potencial para brindar el mejor espectáculo posible en un campo de fútbol, han hecho de sus últimos partidos un monumento a la marrullería más infumable. Ambos, Real y Barcelona, han perdido, institucional y deportivamente, la clase que les distinguía como miembros de la realeza futbolística, unos se olvidaron del inmaculado señorío y otros obviaron su proverbial "seny" para enzarzarse en una dialéctica barriobajera en la que todos han salido perdiendo. Como si Grace Kelly se hubiera transformado en Belén Esteban.

Sin entrar en los evidentes errores de esa dorada casta de cretinos llamados "árbitros" ni en la notoria afinidad entre ese bobo de oro llamado Ángel María Villar y el Barça, lo único que se puede decir de estos enfrentamientos es que para lo que se ha visto y oído, mejor habría sido no haberlos jugado. Convertir un deporte en una espiral de provocación y malos modos es vergonzoso, máxime si los protagonistas se consideran a sí mismos la quintaesencia del balompié.

El Real Moudrid lo fió todo a la máxima del maestro Miyagi: "Dar cera, pulir cera" y así le fue. El Barcelona, por su parte, quiso descubrir al mundo entero que La Masía puede convertirse perfectamente en el Actors Studio del Mediterráneo. Tortas contra tretas. ¿Y el fútbol? Vaya usted a saber...

La falsa modestia blaugrana, el absurdo victimismo merengue y la inflamante politización catalanista han sido una mezcla explosiva que ha dinamitado el buen gusto dentro y fuera del césped. La expectación y tensión generadas alevosamente por Real y Barcelona no son las propias del fútbol sino de las grandes veladas pugilísticas y creo que, por desgracia, así va a ser en los próximos años.

Ganó el fútbol, porque, al menos ayer, triunfó el equipo que mejor trato da al balón y cuyo estilo sirvió de base para el maravilloso triunfo de la selección en el pasado Mundial.

Perdió el fútbol, porque ni Mourinho ni Guardiola ni ninguno de sus jugadores se han preocupado de pensar que en el deporte no todo vale.

Y respecto al futuro ¿qué? Pues que en la final de la Champions animaré al Manchester United, tal y como tenía pensado hacer fuera cual fuera el resultado de este sindiós de partidos entre el equipo del jugador más sobrevalorado del mundo y el equipo del entrenador más polémico a este lado de la galaxia. Es lo que tiene no tener ninguna simpatía por estos equipos que en cuatro enfrentamientos han conseguido denigrar los valores del fútbol como deporte.

martes, 3 de mayo de 2011

La enésima muerte de Satanás

Desde hace siglos, Occidente y Oriente se han demonizado mutuamente, con menos reparos que argumentos en muchas ocasiones, y casi siempre con la intención o el pretexto de organizar algún cisco político, bélico o diplomático de los que pasan a los anales de la historia, por lo repugnante.

Hablando puramente desde la óptica occidental, desde Saladino, el título de Satanás ha sido otorgado a decenas de individuos, sin importar si eran ribereños del Mediterráneo, circundantes de la tundra siberiana, habitantes alpinos u oriundos tropicales. En las últimas décadas, hijos de la madre que los parió como Hitler, Stalin, Castro, Gadafi o Hussein han ostentado (u ostentan) el cargo de "persona más odiada y/o temida por toda la civilización occidental y aledaños". La elección suele ser tomada por Estados Unidos, autoproclamado demonólogo político internacional por excelencia desde que encontró vida más allá del Atlántico allá por 1914. Normalmente, EEUU decide quién es el Satán de turno basándose en meros criterios de disparidad ideológica, necesidades geoestratégicas, beneficio económico (industria armamentística, control de carburantes) o propaganda política. Lo excepcional es que sea contrastadamente (basándose en número de vidas humanas perdidas) un bastardo más malo que la muerte y eso ha pasado en muy cosas ocasiones, por suerte para la humanidad.

El caso que suscita el artículo de hoy es por desgracia una de esas excepciones. Un cabrón con pintas que se ganó a pulso ser odiado y temido por todo el orbe menos por los iluminados que creen en un Dios que te premia a perpetuidad por estallar en mil pedazos y te regala vírgenes en el Más Alá. Un hijo de la gran burka con miles de muertes inocentes en su currículum y que hizo temblar al mundo con su explosiva combinación de locura, religión e hijoputez en las postrimerías del siglo XX y comienzo del XXI. Una bala perdida de las cloacas de la CIA  que se convirtió en un fusilamiento inmisericorde. Osama Bin Laden.  

Muerto, asesinado, abatido, ejecutado...me da igual el término. Lo importante es que ha recibido lo que merecía. La muerte. Y si hay algún meapilas que me hable de Derecho Internacional o Derechos Humanos más le valdría recordar el infierno del 11-S antes de cogérsela con papel de fumar y decir papanatadas. Lo único en lo que estoy en desacuerdo respecto a la fulgurante y sorpresiva aniquilación del penúltimo jockey del Apocalipsis es con el controvertido y extraño lanzamiento de su cadáver al mar. ¿Qué necesidad hay de contaminar aún más los océanos? Por cierto, la hipocresía de Pakistán con respecto al terrorismo islamista es como para dejar el país cual Chernóbil

Satanás ha muerto o, mejor dicho, ha vuelto al infierno, del que nunca debió salir (y van...). Ahora el título ha quedado de nuevo vacante a la espera de que algún paranoico sanguinario haga espeluznantes méritos para ostentarlo. Quizás sea Ayman Al-Zawahiri. Quizás sea otro. Lo único seguro es que pronto habrá un nuevo Satán, un flamante "malo de la película" internacional. ¿Por qué? Porque el ser humano es el único ser vivo que puede ser malo, porque Estados Unidos necesita un nuevo enemigo a abatir para cosechar la admiración planetaria y porque la humanidad necesita que le indiquen quién es el enemigo para sentirse inquietantemente cómoda y confiada mientras avanza en círculos (viciosos). 

Y, mientras tanto, mejor será alegrarnos profundamente de que hay un asesino menos en el mundo.