Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
jueves, 3 de mayo de 2018
Agur, asesinos
Ha tardado 60 años, 853 asesinados, 79 secuestrados, más de 2.500 heridos y 10.000 extorsionados en tomar la decisión que debería haber tomado en el primer segundo de existencia: dejar de existir. ETA acaba de anunciar o, mejor dicho, confirmar que deja de existir como banda terrorista. Probablemente, ésta será la mejor noticia de 2018. Con razón.
Eso sí: en su comunicado, a ETA le ha faltado indicar que si bien cierra su chiringuito más antiguo y sanguinario, los simpatizantes y nostálgicos del hacha, la serpiente y el pasamontañas podrán seguir disfrutando de "lo etarra" en cualquiera de los otros chiringuitos ("otras vías" dicen los asesinos en su papeleta final) que tiene montados en País Vasco y Navarra que aunque no son sanguinarios no por ello dejan de ser menos inmundos y reprobables (un saludo para Bildu y demás chusma abertzale). Cuando a la mitológica Hidra se le cortaba una cabeza, surgían dos en su lugar; en el caso que nos ocupa, por desgracia, las nuevas cabezas de la Hidra actualmente cobran del erario público y se benefician del mismo sistema contra el que ETA atentó durante seis décadas. Así que que nadie lance las campanas al vuelo ni descorche botellas: superar un tumor no derrota al cáncer.
Euskadi y Libertad, cínico seudónimo de esta panda de hijos de la gran pu*a, ha sido vencida y hace bien en reconocer a su estilo, a su asqueroso, mezquino, vil, cobarde y venenoso estilo, su derrota. Así pues, hoy como ayer no es el día de agradecer a ETA absolutamente nada y sí a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a los partidos que han demostrado con sangre y lágrimas su indudable compromiso con la democracia y la libertad (PNV, tú no), al Poder Judicial y al Ministerio Fiscal y a la sociedad civil que ha sabido afrontar el miedo, superar el terror y enfrentarse a quienes soñaban con implantar su totalitarismo de chapela. Punto. Por tanto, no puede ni debe haber ninguna clase de misericordia con quienes utilizaron como patética excusa primero la dictadura y luego un imaginario "conflicto" para intentar implantar por las bravas su cosmovisión paleta y carente de cualquier base histórica, política, cultural o legal. Por eso, hoy como ayer, lo único que puede y debe reclamarse es que se siga haciendo Justicia contra ETA. Por eso, hoy como ayer, el final de ETA como tal no puede ni debe significar impunidad ni prescripción ni condescendencia de ningún tipo. ETA y su entorno se han ganado a pulso no conocer lo que es la piedad. Por eso, su comunicado tipo "Nos hemos trasladado", nada puede ni debe cambiar, al menos entre quienes la han derrotado. Además, ETA se ha "ido" siendo fiel a su cinismo retórico, cobardía moral y ausencia de cualquier empatía o arrepentimiento. Así que lo dicho: ni un paso atrás contra "lo etarra".
Habrá quien me reproche mi crudeza y rencor a la hora de analizar esto: pacifistas, demagogos y soplagaitas en otra ventanilla, por favor. Yo no puedo ni quiero ni debo tener más que desprecio por quienes representan la peor versión del ser humano. Como cualquier persona de bien y como cualquier ciudadano español ni quiero ni deseo otra cosa para los etarras y aledaños que verlos masacrados legal, judicial, política y penalmente hasta que de ellos sólo quede su mal recuerdo. Cualquier transigencia con esta gentuza supondría rematar, por ejemplo, a Miguel Ángel Blanco. ¿Demagogia? No, la pura verdad. Además, quien esto escribe ha sentido muy de cerca a ETA: cuando era un crío, un coche-bomba asesinó a una patrulla de la Guardia Civil a escasos veinte metros de la casa donde veraneaba en Navarra; ya en la etapa escolar, ETA asesinó a balazos muy cerca de mi colegio al padre de unos alumnos; años más tarde, sentí de nuevo el miedo al saber que esta banda terrorista había puesto un coche-bomba en las inmediaciones del Colegio Mayor en el que vivía mi hermano en Pamplona; y ya al acabar la carrera, sentí las bondades democráticas y pacifistas del entorno etarra al trabajar en un periódico navarro en el que esta chusma tiró a la fachada de la redacción botes de pintura roja y amarilla y puso inquietantes carteles contra un compañero mío por toda la ciudad. Así que respeto los planteamientos buenistas y flandersianos, pero quien venga a mí con esas monsergas, se las puede ir metiendo por donde no da el sol y eso que nos ahorramos todos. Cada cual es libre de reaccionar como quiera ante este hito. Yo ni perdono ni olvido.
Acabo ya. Me parece estupendo que ETA haya confirmado su derrota. Ya sólo queda extinguirla del todo. Y mientras llega ese precioso momento: agur, asesinos.
domingo, 20 de agosto de 2017
Para hacérselo mirar
He dejado transcurrir la prudencia necesaria para que al escribir este artículo sobre los atentados en Cataluña no pareciera que sufro de coprolalia. Así que, ahora que tengo los ánimos más serenados y las ideas más claras, me pongo a las riendas de las palabras para decir lo que pienso que, básicamente, se podría resumir en lo siguiente: hay demasiada gente que debería hacérselo mirar.
Cuando una persona aprovecha una situación tan trágica como puede ser un atentado (o un accidente o una catástrofe) para hacer un inoportuno y cobarde ajuste de cuentas movido por filias y fobias personales...está para hacérselo mirar. Con los atentados en Cataluña hemos visto, una vez más, cómo ha habido gente que, con los cadáveres aún enfriándose sobre la vía pública, ha utilizado las atalayas virtuales (las redes sociales son el mayor favor que ha hecho la tecnología a los estúpidos y los hijos de pu*a) como troneras desde las que disparar la bilis segregada por diversas fobias de índole política, religiosa, ideológica o racial. Hay momentos para cada polémica o discusión, pero el "durante" y el "después" de un atentado no son esos momentos. Por eso, da pavor, vergüenza y asco leer ciertos comentarios (e incluso columnas de opinión) en los que de manera populista, ventajista, rastrera y asquerosa sus autores han abierto con sutileza o sin ella las compuertas de la mierda contra catalanes, independentistas, musulmanes, magrebíes, refugiados y etcétera; como da idéntico pavor, vergüenza y asco aprovechar el foco mediático para evidenciar urbi et orbe tu naturaleza de "idiota pata negra" (como ha hecho, por ejemplo, el Consejero de Interior catalán, distinguiendo entre víctimas catalanas y españolas o hablando en una lengua cooficial en detrimento de la lengua oficial del Estado). Es un espantoso y vomitivo alarde de confusión de churras con merinas, culos con témporas y velocidad con tocino. En este sentido, estos días se han publicado comentarios tan lisérgicos como el de una conocida periodista que invocaba la Reconquista (sería bueno que esta mujer se repasara quién, cómo y por qué se habilitó la entrada de los musulmanes entonces en la península, porque a lo mejor se lleva una sorpresa, y, de paso, rememore los indudables beneficios que reportó la cultura musulmana en su estancia en nuestra tierra) o la asombrosa conclusión a la que llegó otro insigne plumilla diciendo que el atentado era turismofobia (olé tú) o la no menos lisérgica sorna de otro conocido periodista que instaba a averiguar si los terroristas eran mormones o budistas. Respecto a esto último, habría que recordar a ciertos enajenados que una cosa es la religión (Islam, que obviamente tiene defectos de base y quizá más incluso que las otras dos "religiones del libro"), otra la interpretación de la misma (el salafismo es una de ellas pero no la única aunque sí la más radical) y otra lo que las personas hagan a raíz de esa interpretación (terrorismo yihadista): del mismo modo que no se puede culpar a un martillo de que un demente lo utilice para reventar el cráneo de una persona en lugar de para remachar un clavo. Volviendo al tema: quien elige tener su minuto de gloria en plena conmoción acredita indudablemente su cobardía y condición de perfecto mierda y pierde un tiempo precioso para hacer lo que hay que hacer: estar al lado de los que sufren y contra quienes provocan el sufrimiento. En momentos así, no toca soltar tu discurso como si estuvieras en el Speakers' Corner de Hyde Park sino tener el suficiente sentido común como para callar, por muy fácil que resulte suplir con sentimientos la carencia o debilidad de argumentos de tu tesis. Tú no puedes, con el ambiente rebosante de dolor físico y emocional, ponerte a soltar barbaridades o chorradas que, en el mejor de los casos, son inconvenientes en tanto que desvían la atención del verdadero e inmediato problema: las víctimas. Y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un canalla.
Cuando una persona piensa que salvajadas como los atentados en Cataluña se evitan solucionan con diálogo, buen rollito, pensamiento positivo y apertura de mente...está para hacérselo mirar. Este mundo no es una película de Disney y cuanto antes se entere el personal, mejor. Tampoco es una distopía pero se le parece bastante. El problema de los hijos de pu*a, (ya hablemos de terroristas, asesinos, maltratadores, abusadores, pederastas, pedófilos, violadores, narcotraficantes, etc) es que siempre hay gente dispuesta a cometer el error de tratarlos como si fueran personas normales y a confundir la tolerancia con la permisividad. Y no se trata tampoco de rebajarse al nivel del monstruo de turno, simplemente de tratarlo como lo que es, una amenaza para los inocentes, y actuar en consecuencia. Tocaría ahora hablar de cómo las leyes y/o los jueces dejan en España con el culo al aire a las fuerzas y cuerpos de seguridad en ese sentido, pero...mejor otro día. Baste decir que me congratulo de que, en el caso de estos atentados, los principales responsables no llegarán ni a la fase de instrucción porque afortunadamente alguien ha tenido la valentía de mandarlos a buscar huríes al infierno (ya están tardando en condecorar al mosso). Problemas como el yihadismo se previenen indudablemente con educación (término que poco o nada tiene que ver con doctrina ni credo) dentro y fuera de un aula pero se solucionan con todo eso a lo que la corrección política considera susceptible de alergia. Y ahí vuelvo a lo que decía antes: el grave problema de tratar a los terroristas igual que a sus víctimas. ¿Se cura un tumor poniéndole música clásica y charlando con él como si fuera un teletubi? Pues eso. Con unos tíos que llevan más de 660 muertos en Europa que nadie me venga hablando de diálogo ni tolerancia ni derechos humanos ni leches. Como dicen en cierto film, "no tengáis piedad ninguna pues ninguna habréis de decir". Tú no puedes conceder el beneficio de la "humanidad" a quien hace tiempo que se ha liberado de ella para destrozar literal o figuradamente la vida de inocentes y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un imbécil.
Cuando una persona cree que Dios va a recompensar sus actos o a castigarlos como si fuera una especie de domador de perros...está para hacérselo mirar. Las religiones como placebos ideológicos y contenedores ético-filosóficos son absolutamente respetables, interesantes e incluso necesarias. Todas por igual, incluso las más rancias, estrafalarias, retrógradas o políticamente incorrectas, porque al fin y al cabo son distintas maneras de hacer lo mismo: relacionarse con lo trascendente, intentar no acabar desquiciado por lo inexplicable y sugestionarte para hacer más llevadero el tour por este mundo tan singular. Así, la relación entre el hombre y lo que le trasciende sería muy similar a la que una persona tiene con Internet: cada una prefiere un navegador (Explorer, Firefox, Chrome, etc). Con las religiones pasa lo mismo: cada uno es libre de elegir y "utilizar" la que más le caiga en gracia o útil le parezca (Cristianismo, Judaísmo, Islam, Budismo, etc) para salir indemne de este valle de lágrimas. Es verdad que la secular imagen de Dios como la de un padre listo para darte la paga o la hostia en función de tus actos ha sido y es muy útil para cohesionar sociedades, ordenar la vida civil, dar sentido a ciertas cosas, solucionar dilemas o tranquilizar conciencias, pero hay que tener muchísimo cuidado dado que si algún pirado escribe o glosa un texto sagrado y hace creer al imbécil de turno que por consumir un alimento tienes cita en el infierno o que las rodillas marcan la frontera de la condenación o que por estrellar un avión lleno de pasajeros o pasar por el chasis a un tropel de peatones vas a ir al paraíso y te van a tocar el badajo eternamente unas huríes que ni los ángeles de Victoria's Secret pues tienes un problema serio y no sólo mental. Una cosa es ser creyente y otra muy diferente es ser crédulo. Ya han pasado siglos y barbaridades suficientes como para tener claro que hoy, en el siglo XXI, no se puede tener la misma relación con la religión que la que se tenía en la época de Saladino y Corazón de León, pero visto el auge del salafismo y la filosofía de Trump, parece ser que sí, que efectivamente se puede tener. A estas alturas de la tragicomedia humana, todos deberíamos saber ya que, con independencia de si existe "algo" o "alguien" a los mandos de todo este sarao cósmico (duda que sólo se resuelve post-mortem), una religión sólo tiene efectos beneficiosos si va acompañada da la trinidad del sentido común: educación, autocrítica y respeto. Si no, pues pasa que surgen fenómenos como el terrorismo yihadista, que basa su éxito, entre otras cosas, en la credulidad de una caterva de analfabetos, ineptos y cretinos que creen que Alá les va a subvencionar una orgía perpetua a cambio de liquidar indiscriminadamente a quien no le convenza lo de ponerse mirando a La Meca. Eso es una falacia que va contra la propia esencia y denominador común de las religiones: todas buscan "religar", es decir, unir, vincular mediante el amor. Todas, unir, amor. Tú no puedes, si crees en algún Dios o practicas cualquier religión, ejercer el odio y la muerte y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un mierda que no ha entendido nada.
Cuando una persona reduce su raciocinio, dialéctica, retórica y ética a silogismos, extrapolaciones y generalizaciones...está para hacérselo mirar. Primero, porque tanto para expresarse como para discutir, polemizar o dialogar lo que necesitas no son recursos de todo a un euro como los que acabo de citar sino argumentos, fundamentos que sólo se obtienen si uno ha leído, visto y escuchado lo suficiente en la vida como para no tener esa mente estrecha que embiste a cuanto no le cabe en ella, que diría Machado. Caer en lo facilón, en lo simplón, en lo demagógico, en lo populista tiene una eficacia efervescente pero de muy corto recorrido. Por eso es tan fácil dejar en ridículo o evidencia a quienes sólo se agarran a razonamientos que juzgan al todo por la parte o a una parte por el todo. ¿Por qué? Porque no hay nada más sencillo que desmontar dialécticamente las falacias y los sofismas que manan de esos chuscos silogismos o groseras generalizaciones a las que me refería antes. Por ejemplo: no todos los caucásicos son nazis, no todos los madrileños son del Real Madrid, no todos los sacerdotes son pederastas, no todos los catalanes son independentistas, no todos los estadounidenses son estúpidos, no todos los españoles son morenos...y así podría seguir casi eternamente pero creo que se entiende lo que quiero decir. Por eso, espero que se entienda que no todos los árabes son musulmanes ni todos los musulmanes son salafistas ni todos los salafistas son terroristas. Como espero que se entienda que no todos los refugiados o emigrados de Oriente Medio o el Magreb son asesinos ni, ojo, tampoco bellísimas personas. Esos automatismos al calor de reduccionismos tan toscos son francamente desaconsejables en la medida en que te retratan como un presunto idiota. Procede pues abrazar el relativismo para huir de la estupidez. Tú no puedes ni creerte en posesión de la verdad absoluta ni (pre)juzgar al todo por la parte y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un majadero. En fin. Me ha quedado un artículo bastante extenso, pero eran muchos los temas a tocar y las cosas a decir. Supongo que enfadaré a unos y otros. Ojalá, porque eso significará que estoy en el lugar adecuado: el del sentido común.
Por último, lo más importante: dedicar este artículo a la memoria de los quince fallecidos y las decenas de víctimas de los atentados yihadistas en Cataluña. Força Cataluña, força España, força libertad.
Escrito por
en
10:38
0
comentarios
Categoría: paz, Periodismo, política, Religión, sociedad, terrorismo
domingo, 9 de abril de 2017
Artesanos de la paz
"Artesanos de la Paz". Bajo esta denominación uno se podría imaginar un
grupo de hippies aficionados a la artesanía o un mercadillo de productos
manufacturados con fines benéficos pero no a una estrafalaria caterva de memos y gilipuertas encantados de entrar en el juego
de quienes no han construido más paz que la de los cementerios. Hace
tiempo que la realidad y la lógica se divorciaron. Y es que estos
"artesanos de la paz" son los cómplices estúpidos pero necesarios para
que los etarras, sus familiares y amigos, quienes les apoyan (toda la
izquierda abertzale vasca y navarra) y quienes intentan sacar tajada desde la tibieza (PNV y Podemos) puedan escenificar una rimbombante farsa sin más propósito que
blanquear y legitimar a ETA como actor político y dignificar sus
demenciales pretensiones apoyándose para ello en una entrega parcial del arsenal de los terroristas (llamarlo "desarme" es una hipérbole y "rendición" una autoproclamación como cretino), entrega que en lo cuantitativo y
cualitativo y en el fondo y la forma sólo puede calificarse como una
indecente y bochornosa tomadura de pelo, una broma de pésimo y macabro gusto perpetrada por quienes perdieron
todo futuro, razón y perdón desde la primera vida que erradicaron, una
ópera bufa y repugnante que en esencia es una falta de respeto a las
víctimas y a quienes decidimos ponernos de su lado, plantando cara al
miedo con el que ETA intentó chantajear a todo un país.
ETA no sigue matando porque no puede (gracias a la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad de España) y porque ya no le interesa (no conviene electoralmente a sus trasuntos políticos). Punto. Por eso, intentar maquillar la agonía irreversible de ETA como una especie de concesión buenrollista supeditada a la negociación política de ciertas pretensiones es algo que sólo se le puede ocurrir a alguien carente de alma y sesera. Nada más. Por tanto, nada hay que celebrar excepto, quizás, el ridículo que esta banda de hijos de puta e hijas de perra han hecho este fin de semana con el infame y mediático paripé de Bayona. Y menos todavía hay que agradecer nada a estos asesinos. ¿Alguien se imagina a algún judío dando las gracias a un nazi por dejar de gasearlos? ¿O a un yanqui haciendo lo propio con algún yihadista de Al Qaeda por renegar de su explosivo encuentro con las uríes? ¿O a una mujer violada reverenciando a su violador por no seguirle reventando la autoestima? Pues aquí idem de lienzo. Es patético que existan en nuestro país tarados o necios que, a estas alturas de la película, sigan queriendo mostrar a los etarras como una variante vasca de los maquis republicanos, los partisanos aliados o los guerrilleros románticos que ahora ha decidido deponer las armas por el bien común y la paz universal. No es así ni nunca lo fue. Los etarras nunca lucharon por la libertad sino contra ella: en Euskadi y en el resto de España no ha habido ninguna guerra sino unas personas que atentaban y otras que morían, ni ha habido más conflicto que el provocado por quienes en lugar de convencer y debatir prefirieron matar, mutilar, secuestrar o chantajear, ni ha habido más gudaris que aquellas personas que murieron a manos de los "valientes" del pasamontañas, el hacha y la serpiente, ni ha habido más opresión y represión que la instaurada por aquellos que coartaron la libertad en el País Vasco con la complicidad de las pistolas de unos y el silencio de otros. Punto. Además, ¿quién en su sano juicio se plantearía tener un mínimo de benevolencia con quienes no han mostrado ningún arrepentimiento o son tan abyectos como para considerar tan "víctimas" a los suyos como a los que ellos mismos asesinaron o mutilaron?
ETA no sigue matando porque no puede (gracias a la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad de España) y porque ya no le interesa (no conviene electoralmente a sus trasuntos políticos). Punto. Por eso, intentar maquillar la agonía irreversible de ETA como una especie de concesión buenrollista supeditada a la negociación política de ciertas pretensiones es algo que sólo se le puede ocurrir a alguien carente de alma y sesera. Nada más. Por tanto, nada hay que celebrar excepto, quizás, el ridículo que esta banda de hijos de puta e hijas de perra han hecho este fin de semana con el infame y mediático paripé de Bayona. Y menos todavía hay que agradecer nada a estos asesinos. ¿Alguien se imagina a algún judío dando las gracias a un nazi por dejar de gasearlos? ¿O a un yanqui haciendo lo propio con algún yihadista de Al Qaeda por renegar de su explosivo encuentro con las uríes? ¿O a una mujer violada reverenciando a su violador por no seguirle reventando la autoestima? Pues aquí idem de lienzo. Es patético que existan en nuestro país tarados o necios que, a estas alturas de la película, sigan queriendo mostrar a los etarras como una variante vasca de los maquis republicanos, los partisanos aliados o los guerrilleros románticos que ahora ha decidido deponer las armas por el bien común y la paz universal. No es así ni nunca lo fue. Los etarras nunca lucharon por la libertad sino contra ella: en Euskadi y en el resto de España no ha habido ninguna guerra sino unas personas que atentaban y otras que morían, ni ha habido más conflicto que el provocado por quienes en lugar de convencer y debatir prefirieron matar, mutilar, secuestrar o chantajear, ni ha habido más gudaris que aquellas personas que murieron a manos de los "valientes" del pasamontañas, el hacha y la serpiente, ni ha habido más opresión y represión que la instaurada por aquellos que coartaron la libertad en el País Vasco con la complicidad de las pistolas de unos y el silencio de otros. Punto. Además, ¿quién en su sano juicio se plantearía tener un mínimo de benevolencia con quienes no han mostrado ningún arrepentimiento o son tan abyectos como para considerar tan "víctimas" a los suyos como a los que ellos mismos asesinaron o mutilaron?
Así que, puestos a celebrar y agradecer, mejor sería que los Txapote, Ternera, Chaos, el Carnicero de Mondragón y compañía celebren y agradezcan vivir en un país donde desgraciadamente no existe la pena capital y cuyo sistema penitenciario está orientado a la reinserción, permitiendo así el disparate de que alguien que ha dado matarile a otro salga de la prisión sin cumplir íntegramente su pena.
Con ETA y sus satélites no puede ni deber haber piedad, impunidad, perdón, olvido, negociación ni concesión de ningún tipo ni ahora ni en el futuro. Además, si las pretensiones y reclamaciones de ETA (fin de la merecida dispersión de presos, expulsión de la Policía Nacional y la Guardia Civil, etc) no fueron objeto de consideración cuando de ello dependió la vida de Miguel Ángel Blanco, ¿espera esta banda de cabrones que lo sean ahora tras haber asesinado a aquel chaval y a otras muchas personas después de aquello? El problema es que sí, lo espera porque desafortunadamente ahora hay menos cohesión y claridad de ideas en la clase política y en la sociedad civil que cuando ETA llenaba los titulares de sangre y humo. Y es una pena de la que tendrán que avergonzarse unos cuantos demagogos de baratillo, progres de ocasión e ingenuos buenrollistas. Pero...por suerte, en España queda aún la suficiente memoria y dignidad como para recordar a ETA que, con o sin armas, se pueden ir a tomar por culo. Porque la única verdad es que no ha habido más artesanos de la paz que quienes siempre tuvieron, tenemos y tendremos claro de qué lado estar respecto a ETA: contra ellos.
Por eso, respecto a este asunto, en lugar de mirar atontados el espectáculo de grand guignol etarra, mejor haríamos todos, especialmente aquellos que orinan arcoiris, en leer el novelón Patria de Fernando Aramburu o el magistral artículo de Manuel Jabois respecto a este demencial y tóxico show de ETA, para que todo el mundo sepa dónde está la razón y dónde la locura.
Por eso, respecto a este asunto, en lugar de mirar atontados el espectáculo de grand guignol etarra, mejor haríamos todos, especialmente aquellos que orinan arcoiris, en leer el novelón Patria de Fernando Aramburu o el magistral artículo de Manuel Jabois respecto a este demencial y tóxico show de ETA, para que todo el mundo sepa dónde está la razón y dónde la locura.
viernes, 9 de enero de 2015
El mejor abono
Todas las religiones, los credos, las creencias se basan en última y definitiva instancia en lo mismo: en la fe, en creer en lo inexplicable, en asumir lo injustificable, en aceptar lo inverosímil, en abrazar lo imposible, en enterrar las dudas, en no cuestionar lo cuestionable, en sugestionar a la consciencia para que no se chive al cerebro de que nos estamos saliendo del guión; es decir, se basan en lo irracional, en lo visceral. De lo irracional, de lo que no se piensa, de lo que se escapa a la razón surgen cosas maravillosas como el amor, la pasión, la alegría, el placer, la felicidad...pero también cosas terribles como el odio, los celos, la tristeza, el dolor, la depresión...y el miedo y el terror. Por eso hay que tener cuidado con lo que se cree y, más todavía, con aquellos que nos dicen cómo y en qué creer: del paraíso al infierno sólo hay un segundo de estupidez distancia. Porque el verdadero peligro no está en el tonto sino en aquel que dirige al tonto. Igualmente, hay que tener cuidado con ideologías o creencias de tipo "político" (nacionalismos exaltados, independentismos, populismos, etc) que, como ocurren con las religiones, deben su arraigo y proliferación en lo irracional, en pasarse por el forro el "logos" para camelarse al "pathos", en conseguir que el tipo de turno actúe más como "homo" que como "sapiens". Por tanto, cuidado con aquello en lo que decidimos creer, no vayamos a levantarnos un día dispuestos a hostiar a gigantes que son sólo molinos.
Quizás por todo ello, las creencias, ya sean religiosas o políticas, están tan relacionadas con la intolerancia. No hay ni una sola de las grandes religiones o de las principales ideologías políticas que no haya escrito un perverso y siniestro capítulo en la historia universal de la intolerancia, o, lo que es lo mismo, en la historia universal de la negación del diferente, de la cosificación del discrepante, del exterminio
físico o intelectual del contrario. Y si hay alguien dispuesto a olvidar o excusar esto es un perfecto majadero o un notable aspirante a hij@ de put@. Por suerte o por desgracia, ahí están la "Santa Inquisición", las "guerras santas" (llámense cruzada o yihad), los totalitarismos, las Guerras Mundiales, el terrorismo de estado israelí o las matanzas islamistas para recordárselo a todo aquel que sea lo suficientemente estúpido o miserable como para olvidar tanta infamia.
físico o intelectual del contrario. Y si hay alguien dispuesto a olvidar o excusar esto es un perfecto majadero o un notable aspirante a hij@ de put@. Por suerte o por desgracia, ahí están la "Santa Inquisición", las "guerras santas" (llámense cruzada o yihad), los totalitarismos, las Guerras Mundiales, el terrorismo de estado israelí o las matanzas islamistas para recordárselo a todo aquel que sea lo suficientemente estúpido o miserable como para olvidar tanta infamia.
Y, también quizás por todo lo anterior, las creencias, ya sean religiosas o políticas, tienen una alergia tremenda a las críticas, provengan de donde provengan, aunque sean hechas en
forma de sátira o viñeta. Las creencias no admiten preguntas y sólo se interesan por quienes quieren obedecer sus respuestas. O, dicho de otra manera: a la hora de la verdad, su concepto del "respeto" sólo funciona en una dirección. Cualquier otra cosa supone una amenaza para una cosmovisión que sólo busca perpetuarse, enquistarse, fosilizarse pero nunca jamás abrirse ni evolucionar. En resumen, no les interesa lo que tu cerebro puede decirles sino lo que pueden decirle a tu cerebro. Una filosofía interesante...siempre y cuando tu mayor aspiración en la vida consista en ser un perfecto tonto del culo.
Por eso, no me extraña aunque me espante lo que ha sucedido en Francia estos últimos días. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien que entienda el mundo sólo en negro o en blanco, en "o conmigo o contra mí". Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien dispuesto a recurrir a la violencia como respuesta al ingenio. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien capaz de emplear el terror para coaccionar la libertad. Por eso no me extraña aunque me espante
que haya alguien preparado para sembrar sangre y miedo en nombre de un dios supuestamente grande, misericordioso y compasivo. Por eso no me extraña aunque me espante que en pleno siglo XXI haya alguien dispuesto a matar por las mismas absurdas, repugnantes y miserables razones por las que se mataba hace siglos. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien que quiera dar un sentido a su mierda de vida mediante la atrocidad y el disparate. Por eso no me extraña aunque me espante que alguien siga haciendo de los libros sagrados su infalible manual de instrucciones para la vida. Por eso no me extraña aunque me espante que el radicalismo islamista sea actualmente la mayor y peor amenaza para el mundo libre porque, peores aún que los terroristas, son los que desde mezquitas, publicaciones y páginas web siembran los vientos que ellos transforman en tempestades de dolor.
Así que, por todo ello, mi total solidaridad y sincero afecto con los parisinos, con los franceses, con los humoristas, con los periodistas críticos, con los inocentes, con los libres.
No obstante y para terminar, cuatro moralejas entre tanto horror y desolación. La primera: la libertad es el único concepto o idea por el que merece la pena vivir y dar la vida. La segunda: el ingenio y la libertad siempre van de la mano...como van de la mano la locura y el terror. La tercera: el mejor destino para un terrorista no es ni la cárcel ni la redención: es una bolsa en una morgue. Y la cuarta: el mejor abono, el de yihadista.
viernes, 25 de julio de 2014
Israel vs Palestina: el bucle de la vergüenza
El mundo actual tiene bastantes motivos para avergonzarse, pero éste es uno de los principales, por lo reiterado en el tiempo, por la ausencia de solución y por la cantidad de víctimas inocentes.
Que Israel y Palestina se líen a hostias no es noticia en tanto que novedad. Como no es nuevo que desayunemos, comamos o cenemos con imágenes que gotean sangre. Como no es tampoco nuevo que la comunidad internacional demuestre su hipocresía e ineficacia a la hora de resolver un conflicto que, dicho sea de paso, es culpa suya. Y lo es por lo siguiente:
- Que Israel o el estado judío o la nación judía o el pueblo judío o "el pueblo errante" o el "pueblo elegido" o como se quiera denominar a los descendientes de Jacob haya explotado en su provecho y de manera oficial, consciente y repugnantemente victimista las injusticias y las inexcusables atrocidades que han sufrido los judíos a lo largo de la Historia es una cosa "respetable" (para quien tenga estómago para eso, claro). Igual que es "respetable" el hecho de que los judíos actúen sistemáticamente como un auténtico lobby gracias a su evidente expansión migratoria, su ascensión en la escala social y al poderío económico (los directivos y accionistas de las principales empresas multinacionales y bancos que cotizan en el Dow Jones de Wall Street son mayoritariamente de origen judío) amasado durante siglos desde que comenzaron a forrarse como prestamistas allá por finales de la Edad Media. De todo esto no tiene la culpa la comunidad internacional; allá los judíos con su ética y su moral. Pero de lo que sí tiene la culpa la comunidad internacional es de sufrir/inducirse un descomunal complejo de culpa totalmente anacrónico (en el mejor de los supuestos) del que se lleva aprovechando Israel durante décadas de forma cada vez más mezquina. Igual que también es culpa de la comunidad internacional (con Estados Unidos a la cabeza) ceder y/o alentar ese chantaje emocional y económico con tal de contentar a los hijos de David. La comunidad internacional cedió a ese chantaje cuando su solución al sionismo, a la diáspora y a la aliyá fue una sucesión de cagadas (en la primera mitad del pasado siglo) que tuvieron como finalidad poner en el mapa geográfico y político a la "Tierra de Israel". Un cúmulo de despropósitos que comenzaron con el Mandato británico de Palestina, siguieron con el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina y que culminaron con la creación de un estado judío independiente en medio de un avispero árabe. Brillante. ¿No había otra forma de conciliar las reclamaciones histórico-religiosas de los judíos con la realidad? ¡¿No la había?! Pero aún más brillante fue la total ausencia de tacto demostrada por la comunidad internacional no ya creando artificial y forzosamente ese estado (cumpliendo así aquello de la "tierra prometida") sino generando y/o permitiendo un trato discriminatorio hacia los anteriores y legítimos pobladores de aquellas tierras: los palestinos. Por ejemplo: ¿Por qué se perdió el culamen por fomentar y reconocer a Israel como estado independiente y en cambio hacer lo propio con Palestina está a la espera de que el cielo se vuelva verde y los cerdos rompan la barrera del sonido? Pero la culpa de la comunidad internacional no acaba en esta chapuza sino que aumenta hasta la vergüenza más absoluta al ceder nuevamente al chantaje israelí-judío cuando consiente o incluso justifica (véase EEUU) el terrible "bullying" judío y que consiste en lo siguiente: amparándose en "represalias" legitimadas por inexcusables actos terroristas palestinos, perpetrar masacres indiscriminadas utilizando el ejército nacional israelí. Es decir, que su argumento se basa en la manida "legítima defensa", pero...bombardear un hospital, un refugio o una zona netamente civil no encaja precisamente ni con el concepto de "autodefensa" ni con una operación militar antiterrorista...Es curioso y repugnante al mismo tiempo cómo los cazados han pasado a ser furibundos cazadores. No impedir esto, no acotar la prepotencia israelí, no poner a Israel en su sitio, no partirle la cara diplomática, económica y militarmente a Israel por matar moscas a cañonazos es uno de los principales motivos por los que habría que disolver la ONU, la UE y demás soplapolleces internacionales.
- Que Palestina entienda que el único remedio para reivindicar sus pretensiones o defender su integridad pasa por consentir el terrorismo yihadista (el éxito de Hamás es muy revelador en este sentido) no es culpa de la comunidad internacional.
No hay nada ni en el cielo ni la tierra que justifique el terror y la muerte. Repito: nada. Pero sí es culpa de la comunidad internacional que los palestinos tengan esa sensación de desamparo, de ninguneo, de agravio comparativo, de discriminación. Y lo es porque la comunidad internacional lleva décadas dando argumentos para el cabreo palestino (ojo que digo cabreo y no terrorismo) con su lentitud, tibieza, hipocresía, permisividad, negligencia y cobardía. Empezando porque, como decía antes, la comunidad internacional (primero a través de la Sociedad de Naciones y luego de su sucesora la ONU) tuvo la infeliz idea de crear el Estado de Irsael en territorio legítima y netamente palestino. Una demencial cagada equivalente a echar a una familia de su vivienda al ser ésta reclamada por los descendientes de un antiguo propietario fundamentando tal pretensión en que "aquí hace muchos años vivió mi abuelo". Sustituyendo "vivienda" por "territorio", "años" por "siglos"
y "abuelo" por "antepasados" se obtiene (de manera resumida y tosca pero entendible) la raíz del conflicto. Lo normal y lógico es que el personal se mosquee. Si, aparte de eso, ven que nadie hace nada por evitar que los israelíes hagan con los palestinos algo no muy distinto a lo que Hitler hizo con los judíos, lo más natural es que cunda
la desesperación, se apaguen los cerebros y tomen los mandos las vísceras. ¿Le importa todo esto a la comunidad internacional? A la vista de los resultados, no demasiado o, al menos, no lo suficiente. Y luego habrá quien se extrañe de que allí arraige el sentimiento antioccidental radical...Yo no sé si Occidente es el "gran Satán" pero desde luego, en este tema, se está comportando como el "gran gilipollas".
No obstante, la solución a este infierno no sólo está en las manos de la comunidad internacional sino también en las de Israel y Palestina. La desgracia de todo esto es que hay gente en uno y otro bando/estado que no quiere la paz porque utiliza esto para
medrar o justificarse. Es decir, que hay gente (o gentuza, por decirlo claramente) israelí (ej: el Likud) y palestina (ej: Hamás) a la que poner fin a esto no les interesa porque si no se les acabaría el chollo político, el índice de popularidad o el negocio del terror. Algo bastante vomitivo pero real. Por eso no extraña que las siempre frágiles y escasas treguas se rompan unilateralmente por parte de unos u otros. Hay escoria a la que no le importan los muertos, ni siquiera si son suyos. Hay escoria que sólo se preocupa por avivar el odio, por chapotear en la muerte y la destrucción. Y ésa, en el fondo, es la auténtica tragedia del conflicto entre Israel y Palestina: hay más gente dispuesta a mantener el caos que a establecer la
concordia. La paz no interesa a quienes han hecho que su éxito o su vida sólo tenga sentido en torno a la aniquilación y la rabia. En resumen, el trasfondo de todo este horror está lleno de intereses (políticos, económicos, religiosos, militares, armamentísticos...) poco o nada compatibles con una solución pacífica y aceptable para todas las partes implicadas.
medrar o justificarse. Es decir, que hay gente (o gentuza, por decirlo claramente) israelí (ej: el Likud) y palestina (ej: Hamás) a la que poner fin a esto no les interesa porque si no se les acabaría el chollo político, el índice de popularidad o el negocio del terror. Algo bastante vomitivo pero real. Por eso no extraña que las siempre frágiles y escasas treguas se rompan unilateralmente por parte de unos u otros. Hay escoria a la que no le importan los muertos, ni siquiera si son suyos. Hay escoria que sólo se preocupa por avivar el odio, por chapotear en la muerte y la destrucción. Y ésa, en el fondo, es la auténtica tragedia del conflicto entre Israel y Palestina: hay más gente dispuesta a mantener el caos que a establecer la
concordia. La paz no interesa a quienes han hecho que su éxito o su vida sólo tenga sentido en torno a la aniquilación y la rabia. En resumen, el trasfondo de todo este horror está lleno de intereses (políticos, económicos, religiosos, militares, armamentísticos...) poco o nada compatibles con una solución pacífica y aceptable para todas las partes implicadas.Por eso, en todo este asunto, la objetividad y el realismo conducen necesariamente a una actitud pesimista. Dudo mucho que esto acabe a corto o medio plazo. Y lo dudo porque actualmente hay demasiada gente que no sabe o no quiere poner fin a este sangriento círculo vicioso; que no sabe o no quiere romper este bucle de la vergüenza. Son mayoría las personas dispuestas a justificar y/o consentir las barbaridades de unos o de otros. Bonito mundo éste.
Lo único que tengo claro es que quienes asesinan no se merecen vivir, ya recen a Yahvé o a Alá...igual que no se merecen vivir quienes, pudiendo evitar todo esto, no lo hacen.
Por último, quiero dejar clara una cosa: con este artículo no estoy queriendo decir que el hecho de ser judío o tener la nacionalidad israelí signifique automáticamente ser un cabrón y/o un asesino o un terrorista de Estado ni tampoco que el hecho de ser palestino implique sí o sí ser un oso amoroso: la nacionalidad o la religión no te hacen mejor o peor persona. Lo que sí quiero decir con este artículo es que hay un gravísimo problema por el que han muerto y están muriendo cientos de inocentes (entre ellos, no pocos niños), un problema creado y consentido por la inutilidad e hipocresía de la comunidad internacional y en el que Israel como país está actuando de una forma indiscriminada, desproporcionada, abusiva y, por tanto, completamente indefendible. En definitiva, con este artículo lo que quiero decir es: ¡basta ya de esta matanza sin sentido!
martes, 18 de octubre de 2011
Ocurrencia Internacional de Paz
Media sonrisa. Eso es lo que me provoca la Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián. Media porque, de primeras, me entra casi la risa. Media porque, en el fondo, nada de esto tiene gracia.
Dejando a un lado lo rimbombante y pretencioso del sarao y obviando la demagogia de baratillo, lo que queda es una performance digna del teatro del absurdo , un sketch de humor negro, una escenificación de corbata y boato de las proverbiales reivindicaciones del grupo terrorista ETA.
La primera conclusión que se puede extraer es que hay más gente de la que yo creía dispuesta a dejarse enajenar por la gramática y la retórica de los asesinos. Esta banda de criminales sanguinarios, desde el principio de su macabra historia, ha jugado ya sólo con el léxico para identificar, aunque sea inconscientemente, lo que es únicamente terrorista con un conflicto bélico. De ahí, por ejemplo, el empleo de términos netamente militares como "comandos" para hablar de los diferentes grupos de etarras. Por eso no extraña que, desde la óptica terrorista y aledaños, se trate este asunto como un problema entre "bandos". Pero, como digo, yo creía que los locos eran los únicos que se creían sus propias locuras...hasta la Conferencia de San Sebastián. Dicen que la ignorancia es osada; los ponentes internacionales que han participado en este esperpento deben ser los más valientes del planeta. Lo que está sufriendo España en general y el País Vasco en particular no es una guerra ni un "conflicto armado" ni una refriega militar. No estamos ni en Irlanda, ni en Yugoslavia, ni en Kosovo, ni en Somalia ni en Libia. Esto es España y aquí no hay guerra: Hay una banda terrorista que asesina e inocentes que mueren. Ojalá hubiera "conflicto armado", porque así se podría haber devuelto golpe por golpe a esa gentuza miserable. Ojalá. Pero no. Esto es España y aquí, por suerte o por desgracia, a los terroristas se les persigue con la Ley en la mano; no con pistolas, rifles, tanques o cazas. Esto es España y aquí no hay ningún "Ejército de Liberación" luchando para sacudirse el yugo de un Estado opresor y represor, sino una banda de terroristas que convirtieron unas ensoñaciones políticas (delirantes pero respetables) en una excusa para diezmar a un país a sangre y fuego. Esto es España y el último "conflicto armado" que sufrió el país acabó en 1939. Esto es España y aquí los únicos héroes no son los de las capuchas ni los que berrean detrás de una pancarta, sino los que resisten al miedo y pagan con su vida la libertad de toda una sociedad. Me habría encantado que los Jonathan Powell, Gerry Adams, Bertie Ahern, Kofi Annan, Gro Harlem Brundtland y Pierre Joxe se hubieran molestado en saber todo esto antes de abrir la boca y dejar en el aire la duda de si realmente son gilipollas o sólo lo parecen.
La segunda conclusión es que parece que ETA y sus compañeros ideológicos han apostado por una vía político-diplomática para la consecución de sus más que discutibles pretensiones políticas (acercamiento de presos, autodeterminación/independencia, anexión de Navarra...). Y esto sería una fenomenal noticia de no ser por lo siguiente: 1) Esa acción no deriva del convencimiento y la retractación, sino del puro interés; 2) El auge político del que actualmente gozan los "paladines abertzales" (Sortu, Bildu y demás siglas) es el resultado de un ruin y tácito chantaje, "O esto o volvemos a las pistolas y las bombas", es decir: "O negocias como yo quiero o te mato" y así no funcionan las cosas en democracia; 3) Sea como fuere, esa supuesta "decisión" llega más de 800 muertos tarde.
La tercera conclusión proviene de esa injustificable, humillante y vergonzosa equidistancia e igualdad con la que se quiere revestir todo este "proceso". Utilizar el término "víctima" tanto para los asesinados, heridos, extorsionados y secuestrados por ETA como para los asesinos, hirientes, extorsionistas, secuestradores y sus familias...equiparar como interlocutores válidos a Gobiernos democráticos y un grupo terrorista...igualar los efectos de un asesinato con los de un encarcelamiento...homologar un problema de terrorismo con un conflicto bélico...A alguien se le ha ido la chapela.
A mí, el despropósito perpetrado en San Sebastián, me parece tan bochornoso, aberrante y ridículo como si Hitler hubiera tenido a bien realizar allá por 1944 una solemne declaración en la que pidiera a los judíos el cese de hostilidades y la mediación internacional para consensuar el reconocimiento de la supremacía aria.
¿Qué me habría gustado escuchar de boca de los ponentes de la Conferencia? Pues sencillamente que lo único que puede, debe y tiene que hacer ETA es entregar todo su armamento, rendir cuentas ante la Justicia y desaparecer. ¿Tan complicado es?
Por todo ello, aunque se pueda alegar una tonelada de buena intención en lo vivido en San Sebastián, eso, más que una Conferencia Internacional de Paz, ha sido una ridícula, lamentable y patética Ocurrencia. ¿De quién? De los que antes mataban y ahora cuentan votos. De ésos.
(PD:Si alguien quiere ver algo serio y más que interesante sobre este asunto, recomiendo que vea el fantástico trabajo de Jordi Evolé en el reportaje: "Borrando a ETA")
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















