martes, 20 de junio de 2017

Negocios poco saludables

Este artículo podría titularse "Lucrarse mata" y así recordar a los avisos que envuelven las letales cajetillas de tabaco. Y algo de eso hay, pero los tiros no van por el camino de la nicotina y demás venenos encigarrados; van contra personas (físicas o jurídicas) que hacen negocio a costa de algo que no puede ni debe ser nunca objeto ni de mercantilización ni de beneficios económicos. Hablo de la salud y lo que hacen con ella tanto ciertas compañías del sector alimenticio y del farmacéutico como determinadas personas que emplean los medios de comunicación, las conferencias o los libros para articular un discurso tan enredado ya que cuesta diferenciar el rigor, la jeta y la conspiranoia. 

Pocas cosas se me ocurren más decisivas e incisivas sobre la salud de una persona que los alimentos y medicamentos que consume a lo largo de su vida. Al fin y al cabo, son elementos que unidos a las circunstancias ambientales y al estilo de vida condicionan nuestro devenir biológico casi tanto como nuestro ADN. Por eso, hay que tener cuidado...una precaución que ha sido el caldo de cultivo perfecto para que de un tiempo a esta parte se haya producido todo un lucrativo boom al respecto en el que colisionan el negocio más cruel y la filantropía más buenista, la ciencia y el bulo, las evidencias y las habladurías, los secretos y las denuncias mientras, la templanza y el alarmismo, la esencia inmutable y la moda pasajera...

En cuanto a los alimentos, raro es el día en que no aparece publicada alguna noticia que viene a ensalzar las cualidades o a alarmar sobre los efectos perniciosos de algún producto alimentario. Es tal la frecuencia y la variedad que no resulta extraño que un alimento ensalzado tiempo atrás sea posteriormente vituperado en poco lapso de tiempo, o viceversa. Tras este paroxismo, obviamente, se encuentra todo un juego de intereses creados y alentados por razones que poco o nada tienen que ver con la salud y sí con la competencia pura y dura. Un juego que se ve amenazado cuando publicaciones como ¡Cómo puedes comer eso!,  Nuestro veneno cotidiano o Viaje al centro de la alimentación que nos enferma salen a la luz, momento en el cual las empresas alimentarias encienden la maquinaria de la contrainformación y expiden o filtran informes o publirreportajes donde defienden no sólo su honorabilidad sino las bondades de los alimentos que dan de comer a sus cuentas de resultados. ¿El resultado? Que uno no sabe ya si lo que se lleva a la boca es bueno, malo o regular. Y ojo que no incluyo en todo este embrollo a la pléyade de libros de dietas milagrosas y enzimas espectaculares porque me parecen la versión nutricional de los manuales de autoayuda, libros que a quien más ayudan es a la cuenta corriente de su autor. Así que, en conclusión, ante tal polvareda, la mejor receta y la más aconsejable dieta es la mesura en el pensar y en el comer. Mesura a la cual ayuda notablemente tener una mente baja en ingenuidad.

Respecto a los medicamentos, pues casi idem de lienzo. No obstante, aquí no creo que el gran problema sea que los fármacos en sí mismos sean tan perniciosos como ocurre con los easter eggs de muchos alimentos del supermercado nuestro de cada día sino que las industrias que desarrollan y venden esos bálsamos químicos no hacen lo suficiente para combatir las dolencias y enfermedades que carcomen al ser humano ya sea por misantropía mercantil y/o por falta de apoyos o incentivos gubernamentales. En este sentido, creo que hay más de una empresa a la que le renta más paliar una enfermedad con seis píldoras que curarla con una sola. Y así va el mundo como va. Por otra parte, pero sin abandonar Mundopíldora, está el pésimo uso que se hace de los fármacos por no pocas personas en lo que viene a ser la variante médica de dispararse en el pie, porque el uso desaconsejado o abusivo de un medicamento a quien ayuda de verdad es a la empresa que lo fabrica...y al virus o la bacteria de turno. De todos modos, por resumir, teniendo presentes publicaciones como Medicamentos que matan y crimen organizado o Los inventores de enfermedades: cómo nos convierten en pacientes, en este terreno conviene también andarse con ojo y dejar la inocencia en una caja precintada.

Habrá quien piense a estas alturas del artículo que soy equidistante entre defensores y críticos del establishment. Se equivoca. Entre David y Goliat siempre me quedaré con los partisanos que le echan un par para hacer frente al discurso totémico. Además, tiene su atractivo e incluso morbo buscar las cosquillas a esos colosos que campean por el mundo como elefantes por almoneda. Lo que sí he de reconocer es que uno ya está curado de espanto y prefiere usar el escepticismo como GPS para navegar entre tanto mesías y paladín y así no caer en los remolinos de la manipulación y la sugestión. Contra los dogmas, vengan de donde vengan, nada mejor que el conocimiento y para alcanzar éste es más que conveniente informarse de lo que pasa a ambas orillas de un mismo río. Tesis, antítesis y síntesis. Nada nuevo bajo el sol.

Por tanto, tú que estás leyendo estas líneas, la próxima vez que te lleves un alimento o un medicamento a la boca, asegúrate de que antes has hecho algo vital para cualquier ser humano alfabetizado: leer

lunes, 19 de junio de 2017

Bestias de 140 caracteres

Soy animalista y por eso reclamo y defiendo que todo animal tenga, como mínimo, el mismo respeto y la idéntica consideración que cualquier ser humano que, las cosas como son, no deja de ser otro animal. 

Igualmente, no soy taurino, primero porque eso sería absolutamente incompatible con mi amor por los animales y segundo porque estoy en total desacuerdo con muchas de las reivindicaciones y los argumentos esgrimidos por los taurinos en su defensa del toreo, toda vez que no creo que éste sea un arte ni mucho menos cultura ni tengo por héroes a quienes se ponen delante de esas preciosas moles con cuernos (la temeridad voluntaria y con afán lucrativo no tiene nada que ver con el heroísmo). Lo respeto como muchas otras tradiciones que hay, aunque me pueda parecer una astracanada anacrónica y rancia. Por eso no me considero "antitaurino", porque tal palabra me parece que conlleva una beligerancia que en mi caso no existe. Simplemente no me gusta ni tiene nada que ver conmigo. De aberraciones como el Toro de la Vega ya mejor no hablo...

Pero que sea animalista y no me guste el toreo no significa que me alegre ni celebre la muerte en cualquier plaza o coso de un torero. Digo esto porque conviene extraerse de esa polarización interesada y disparatada en que ha devenido la polémica entre animalistas y taurinos según la cual o celebras la muerte de un torero o celebras la muerte de un toro. Pues no. No me alegro ni de la una ni de la otra. Ambas revisten idéntica pena y ninguna gloria. En general, la vida de cualquier animal (y el ser humano no deja de ser una de las muchas especies que hay en el planeta) me parece valiosa y digna...salvo repugnantes excepciones en el bando humano entre las cuales obviamente no están los toreros. ¿Que me puedo alegrar por la muerte de un ser humano? Pues sí, si ese humano es un terrorista o un asesino o un violador o un pederasta o un pedófilo o un maltratador o un dictador, por citar algunos ejemplos. ¿Que salvaría al más nimio animal antes que a un ser humano? Sí siempre y cuando ese humano fuera un perfecto hijo de pu*a. Pero, fuera de eso, el hecho de alegrarse por la muerte de alguien sólo porque no concuerda con tus ideas o intereses o filias me parece algo que te desacredita hasta tal punto que alcanzas la misma valía que los rescoldos parduzcos que quedan en la escobilla de un retrete público. Alegrarse o celebrar la muerte de una persona no se sostiene ni ampara bajo ninguna ideología o credo sino bajo la simple y pura maldad y/o locura. Punto. Supongo que soy un animalista paradójico visto lo visto.

Por eso, a esa banda de energúmenos y malparidas que se han ensañado con la muerte de Iván Fandiño con la misma repulsiva ligereza que lo hicieron en su día con la de Víctor Barrio sólo puedo desearles lo mismo que deseo a quien disfruta con el sufrimiento o la muerte de cualquier animal: un dolor infinito. Hay que ser muy cobarde y vil para soltar tanta basura en las trincheras virtuales de las redes sociales en general y Twitter en particular, redes a las que el lado oscuro del ser humano está pervirtiendo hasta tal punto que se están transformando en una suerte de Corte de Monipodio donde la gentuza campa a sus anchas dejando un reguero de salvajadas a su paso.

En definitiva, que cada día que pasa se hace más imperiosa la necesidad de que se regule legalmente la protección de todo animal...y la persecución contra quienes se comportan como auténticas bestias en 140 caracteres. Y sí, descanse en paz Iván Fandiño.

domingo, 18 de junio de 2017

Un gueto entre el silencio

Vivimos en un gueto fuera del cual el silencio se desparrama en todas direcciones y estratos. Decimos y, por tanto, compartimos sólo lo que nos deja el silencio y aquello que somos capaces de hacer con el silencio, que, a menudo, suele ser lo mismo. Por eso, tan importante es lo que se dice y se sabe como lo que se sabe y no se dice y lo que no se sabe porque no se dice.

A nivel general, en lo que podríamos llamar "ámbito público", el silencio es consecuencia del siniestro juego de intereses creados alentado desde diversos lobbys u oligopolios como, por ejemplo, sucede en el ámbito de la política, la energía, los alimentos, los medicamentos, las armas, la diplomacia internacional, el medioambiente, etc. Ese silencio es, en su calidad de herramienta de manipulación masiva, al que combaten o sirven, según su grado de higiene moral, los medios de comunicación y algunos autores de libros del subgénero oficioso de "teoría de la conspiración". Ese silencio es el que afecta al ser humano como especie y el que juguetea con su futuro como un niño con plastilina.

A nivel personal, en lo que podría considerarse como "esfera íntima", el silencio es consecuencia de la nada inocente interacción entre miedos, inseguridades, traumas, cálculos y conjeturas sin más finalidad que no exponerse a la inestabilidad, al riesgo, a la moneda lanzada al aire. Ese silencio entendido como cortafuegos es nuestro verdadero interlocutor en toda relación personal en la medida en que ésta no es más que una negociación entre lo que decidimos esconder en el silencio y lo que decidimos sacar de él, un trueque entre el silencio propio y el ajeno donde la única ganancia es no salir perdiendo. Ese silencio es el que afecta al ser humano como ser social, sensible y sintiente y el que desempeña decisivamente un papel de moderador (cuando no juez) en nuestros afectos, emociones y decisiones.

Y ojo que no estoy hablando del silencio como efecto secundario de la dictadura de lo políticamente correcto sino como resultado de un deliberación personal que nada tiene que ver con los eufemismos ni las circunvalaciones retóricas sino con nuestra manera de estar respecto a los demás.

Por eso, del mismo modo que lo más importante de un iceberg está oculto, lo más relevante de todo lo que nos dicen o decimos es lo que se queda en el tintero mudo. Eso que, de saberse, podría cambiar, para bien o para mal, nuestra percepción de la vida o de los demás o de nosotros mismos o, incluso, constituir una realidad divergente a la vivida. Eso que, de conocerse, quizá cambiara el rumbo de nuestras decisiones, filias y fobias. Eso que, de salir a la luz, podría cambiar el mundo o nuestra forma de ser y estar en él. Dicho de otro modo: el silencio condiciona permanente y pasivamente buena parte de nuestras acciones. Es el

silencio el que nos hace decantarnos por una determinada opción política o por consumir un producto o por tener un tipo de relación con alguien o por construir una determinada imagen o prejuicio de alguna persona o idea. Yendo a algo más prosaico, imaginémonos nuestra vida cambiando todas las veces que dijimos "Sí" o "No" por un silencio o, al revés, reemplazando por un "Sí" o un "No" el silencio al que recurrimos ante esas disyuntivas, esos momentos en que nuestra existencia, ya sea en el plano profesional, social o sentimental, se expone al dilema de toda bifurcación sin retorno. ¿Cambiaría la cosa, verdad? Pues eso.

Así que termino con una reflexión que también me aplico: la próxima vez que escojamos callar algo o consentir el silencio de otro, mejor pensárselo dos veces, porque el silencio es el gran tirano de nuestro tiempo y somos nosotros los que lo alimentamos y perpetuamos...y, además, no hay nada más poderoso y liberador que una palabra dicha en su momento justo.

viernes, 16 de junio de 2017

Show de Cruise con momia al fondo

Para entendernos desde el principio: La momia de 2017 no es una producción de terror ni de aventuras ni de acción de comedia ni siquiera es una buena película. Es una película de, por y para Tom Cruise que no vale el caro precio de la entrada, pero...no es tan pésima como la han pitado críticos y no críticos dentro y fuera de las redes sociales. O quizá es que me la había imaginado mucho peor a tenor de las expectativas propias y ajenas que tenía antes de verla. ¿Por qué? Porque entre todos los defectos que tiene (que son muchos), muestra algunas cosas buenas.

Empiezo por lo bueno: los guiños a grandes películas de culto (que omitiré por aquello de no desentrañar escenas), los homenajes a esas atmósferas tan propias del "terror gótico" que cultivaron con esmero las horror movies paridas por Universal y Hammer (lugares decadentes, abandonados, ruinosos y/o sombríos donde el Mal se siente como en casa), el inesperado buen hacer y carisma de Sofía Boutella como una sensual y malévola momia, los eficaces efectos visuales y, por último, el honesto tributo a una estupenda película que mejora aún más al compararla con ésta: The mummy de 1999, que supo combinar aventuras, fantasía y humor con una armonía y maestría que sólo había conseguido Indiana Jones hasta aquel momento. Y nada más.

Paso ahora a lo malo: el batiburrillo genérico (aventuras, terror, comedia, acción) que propone resulta en esta ocasión confuso y fallido (hay producciones donde inexplicablemente funciona la macedonia de géneros); el cuasimonopolio de Tom Cruise resta entidad al resto de personajes e identidad a la película, a la que cuesta distinguirla tanto de otros éxitos del actor que uno no sabe si está viendo a Ethan Hunt metido en un follón propio de Cuarto Milenio o a Jack Reacher intentando salir de un conflicto con gente del Más allá (del Mediterráneo); el guión es bastante flojo por acción y por omisión; el humor tiene un nivel "Los mejores chistes de Lepe" y es tan oportuno como una carcajada en un funeral; Russell Crowe destaca más por su sobrepeso que por su interpretación; la actriz-florero de rigor en toda película de Cruise es tan irrelevante como sus predecesoras en tal rol; el excesivo oscurantismo que preside la iluminación del film es más propio de una película de bajo presupuesto (para disimular errorres, etc) que de una superproducción como ésta; y el innegable hecho de que nadie en esta película demuestre tener una mínima noción de mitología egipcia porque Set, el gran villano de la función, es el dios de muchas cosas (el desierto, el Mal, el caos, la violencia, etc) pero no de la muerte y, por ende, tampoco de los muertos, cometido que corresponde a Anubis y que, en esta producción, confunden una y otra y otra vez. 

Por tanto, todo lo que en esta película debería ser principal o interesante no deja de ser más que un McGuffin para el protagonismo y el lucimiento de quien es el verdadero mandamás,
tal y como ha destapado Variety, de esta producción: Tom Cruise. Por estar, están hasta sus clásicas carreras con cara de hipervelocidad o la ya típica "escena de avión con Cruise". Aquí la momia, Set, el Dark Universe y demás importa poco o nada porque es una película "cruisecéntrica", para bien y para mal. En este caso, más para lo segundo. Eso sí, no creo que sea la peor película de la temporada porque no resulta tan fallida como Alien: Covenant o Piratas del Caribe 5: La venganza de Salazar.

Para ser justos con el "Universo Oscuro" de Universal antes de sentenciarlo habrá que esperar a la siguiente película (La novia de Frankenstein en  2019) pero, de momento, esta de La momia tiene defectos más propios de una quinta o sexta parte que de una producción encargada de abrir el telón y propulsar el interés del público y el aprecio de la crítica. Dicho eso y siguiendo con la misma honestidad, hay que decir que se trata de una película entretenida, de esas que no te arrepentirías si la programan en algún viaje en tren/avión o si la ves en televisión sin tener que pagar un euro por ello, pero...más allá de eso, sólo podrá entusiasmar a los fans de su productor y protagonista oficial y director y guionista oficioso, Tom Cruise. En definitiva, The mummy entretener, entretiene pero, después de verla, uno se queda con la sensación de haber recibido una Pepsi del tiempo esperando una Cocacola fresca.  
    

miércoles, 14 de junio de 2017

Una dama de armas tomar

Afortunadamente, España nunca ha estado huérfana de mujeres ejemplares ni siquiera en el ámbito de las armas, el cual se percibe erróneamente como un coto reservado a hombres. Ahí están por ejemplo María Pacheco, líder de la rebelión comunera hasta 1522, Inés de Suárez, que hizo las Américas a hierro y sangre a mediados del siglo XVI, Catalina de Erauso, la famosa "Monja alférez" del Siglo de Oro, María Pita e Inés de Ben, quienes defendieron La Coruña contra Sir Francis Drake y su armada isabelina en 1589, Manuela Malasaña y Clara del Rey, muertas durante la sublevación del 2 de Mayo de 1808, Agustina de Aragón, heroína en la Zaragoza sitiada por los franceses hasta 1809, o Mariana Pineda, mártir de la resistencia liberal contra el absolutismo en 1831, por citar sólo algunos ejemplos. Sin embargo, este artículo no va sobre ninguna de esas apasionantes mujeres, sino de otra, quizá menos conocida, pero cuya vida transita a caballo entre la realidad y la leyenda...

Bienvenidos a la España del siglo XV que no era España pero estaba de lo más animada puesto que toda la península se encontraba en modo Juego de Tronos y la geografía patria era más un tablero de Risk que un remanso de paz. Enrique IV de Castilla, Trastámara según su linaje e impotente según las malas lenguas, ha muerto en diciembre de 1474 y la disputa de quién se queda con el trono ha derivado en una Guerra Civil (quien piense que la de 1936 fue la primera, mal anda) entre, por un lado, la princesa Isabel de Castilla, hermana del finado y apoyada por su marido, el príncipe Fernando de Aragón (sí, los futuros Reyes Católicos), y, por otro, Juana, la Beltraneja, discutida hija del monarca fallecido (con esto se habría forrado la telebasura de haber existido entonces) y apoyada por su tío y esposo, Alfonso V de Portugal. Así las cosas, las levas de hombres (uno por familia) sangran de varones y armas todas las tierras castellanas, incluso las más recónditas, aunque se trate de pequeñas poblaciones perdidas en las montañas leonesas, como la bucólica Arintero, donde el señor Juan García había tenido con su mujer Leonor siete hijas y cero hijos y acreditaba una edad en la que ya no se levanta arma alguna, con lo que le es prácticamente imposible cumplir con la llamada a las armas de Isabel. Deshonra, vergüenza, impotencia...el patriarca de Arintero está sumido en una melancolía que rima con depresión pero Juana, la mediana de sus siete hijas, se harta de ver a su padre así y se empeña en representar a los García de Arintero en la leva. Juan tarda poco en descubrir que es mejor no discutir con una mujer y acaba por instruir a su impetuosa hija en el arte de la guerra y aledaños
no tanto para que haga un papel digno como para que vuelva de una pieza. Y lo hace bien, muy bien, porque, tiempo más tarde, su hija, una Heidi leonesa reconvertida en Mulán castellana, ya unida a las huestes de Isabel y Fernando bajo el aspecto de un hombre y la identidad de Diego Oliveros, resulta crucial en la toma de la rebelde Zamora en febrero de 1475 al rendir junto a otros soldados una de las puertas de la ciudad.  No obstante, no será hasta la célebre batalla de Toro (acontecida en las inmediaciones de Peleagonzalo) cuando la verdad de la "Dama de Arintero" salga la luz y comience así la leyenda puesto que, en un lance de la refriega, el jubón de Juana-Diego se rompe dejando visible un femenino pecho que fue el gran cotilleo en el campamento isabelino...hasta llegar el caso al mandamás militar, Fernando. Éste, en lugar de ponerse legal y letalmente estricto con Juana (que era lo que habría gustado a su esposa Isabel que veía en aquello del disfraz algo intolerable e incompatible con la vida), decide premiar la nobleza y el valor que ha demostrado la muchacha incluso en su alegato ante él ("Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino"). Así, Juana es liberada con honores de sus obligaciones militares y pone rumbo a su hogar colmada de privilegios para Arintero. El último trayecto de la historia antes de perderse por completo en la niebla de la leyenda. A poca distancia de Arintero, Juana se aloja en La Cándana en casa de unos familiares y allí se pierde su rastro puesto que se enfrenta a unos rufianes que iban en su busca (o en la de los preciados documentos que llevaba). ¿Murió? ¿Sobrevivió? ¿Escapó? No se sabe a ciencia cierta, puesto que el destino final de Juana terreno de habladurías y leyendas varias. Lo que está claro es que Arintero recibió los privilegios concedidos por Fernando...y que tuvo en Juana García su vecina más ilustre.

La pena es que, otra guerra fraticida, la de 1936, arrasó con Arintero, incluida la casa de los García, que fue reconstruida posteriomente. Por suerte, aunque los edificios se destruyan, la memoria permanece y, gracias a eso, quien visite hoy esa localidad en las montañas leonesas podrá leer una inscripción escrita en piedra, bajo la imagen de un caballero, que reza así: "Si quieres saber quién es/ este valiente guerrero/ quitad las armas y veréis/ ser la Dama de Arintero". De todos modos, para quien quiera conocer algo más de esta curiosa historia, puede consultar estos hipervínculos al Diario de León, Revista de Historia, la web Mujeres en la Historia, el blog Históriate, la novela La Dama de Arintero de Antonio Martínez Llamas o, incluso, un simpático vídeo de Los Lunnis

En resumen: el caso de Juana García es uno de los muchos que nos deben hacer recordar que la valentía, la nobleza, el honor y el coraje no dependen del género sino del corazón; que las hazañas no son cuestión de sexo y que, por eso mismo, hay que poner a la luz a las mujeres que no merecen vivir a la sombra de hombres sino, en todo caso, hacerles sombra, como hizo la Dama de Arintero.