miércoles, 26 de abril de 2017

El himno como refugio

El fútbol es un antídoto letal contra las sandeces que pululan en los libros y las charlas de autoayuda. Querer no es poder ni merecer es conseguir. No basta con eso. De esto sabemos mucho los atléticos por partidos como el de anoche: derrota enormemente injusta ante un equipo que ni quiso ni mereció ganar. Con decir que el Atleti encontró unos rivales más serios en la fatiga, la mala suerte y el árbitro que en el Villarreal está casi todo dicho. Casi; sólo faltaría añadir que Griezmann y Saúl jugaron más y mejor que todos los jugadores que saltaron al césped ayer en el bando castellonense. Sea como fuere, sin hacer un buen partido, el Atleti quiso ganar y no mereció ni empatar ni perder pero perdió. Punto. Todo lo demás es La Historia Interminable. Realidad 1 - Lógica 0.

Mientras pensaba anoche esta reseña regresando a casa, tenía aún la garganta irritada como un neón y unos pensamientos que seguramente están contemplados en el Código Penal con el árbitro Ignacio Iglesias Villanueva como artista invitado. Quizá debería dejarme llevar por la doctrina excusista y quejarme aquí del impresentable colegiado cuya actuación sólo se puede entender bien como malicia, bien como incompetencia (el que vale, vale y el que no a arbitrar en Primera División) o del inhumano calendario que lleva al límite físico a los futbolistas o de la mala fortuna (lesiones, fallos de todo tipo, etc) que se ha encaprichado con los rojiblancos como una groupie preadolescente o de la exasperante irrelevancia de ciertos jugadores colchoneros que no acaban de encontrar su sitio en el Atleti y cuentan su estancia en el club por oportunidades perdidas o de la insidiosa matraca de los medios de desinformación deportiva respecto al Atlético. Pero prefiero hacer algo mejor que todo eso, quizás menos masoquista pero sí más balsámico: acordarme de ese himno que ruge el Calderón como una tempestad. Porque dicho himno contiene lo único innegociable para cualquier colchonero: pelear como el mejor. Otros equipos e hinchadas sólo exigen la victoria como sea, pero el Atleti es un verso suelto entre poemarios de soberbia y prepotencia. El Atleti es el Atleti si lucha, si defiende sus colores, si derrocha coraje y corazón, si compite como si fuera el mejor con independencia de si lo es o no y del resultado. Y eso lleva haciendo el Atleti toda buena parte de sus 114 años de historia (como bien recordaron las nostálgicas pancartas del Frente durante el partido), incluido el partido contra el Villarreal de anoche. ¿Que se perdió? Sí ¿Que hay más honra y orgullo en la derrota rojiblanca que en la victoria amarilla? También. ¿Que poco o nada hay que reprochar al equipo? Cierto.

De todos modos, soy consciente de que hoy en tertulias colchoneras dentro y fuera de Internet se habla mucho, mal y merecidamente del desesperante e indignante Iglesias Villanueva, quien demostró con su esperpéntica actuación que es al arbitraje lo que Leticia Sabater a la música clásica. Pero dedicar tiempo a semejante tarugo (lo del acta postpartido es ya el colmo de la infamia) es robárselo al orgullo que hay que sentir por quienes alegran nuestro corazón dando la cara en Liga y Champions gracias a pelear como el mejor. Así que después de este tropiezo no puedo decir más que una cosa: ¡Aúpa Atleti!

lunes, 24 de abril de 2017

Un héroe de puntillas

Entre golfadas propias y comicios ajenos, entre derbis y santjordis, por los medios de información ha pasado de puntillas (o casi) la historia de un héroe. Uno joven, español, de Málaga, de buen fondo y mal final. Los héroes clásicos despuntaban en las tragedias; los del siglo XXI también. Resulta que a este chico lo han mandado al Hades a los veintidós años recién cumplidos unos hijos de puta por mediar en una pelea en la que estaban enfrascados los propios asesinos. Los malos viven, los buenos mueren, primera ley del realismo.

Por un lado, reconforta bastante tener constancia de la existencia de gente como Pablo, de buenas personas, de esas que no necesitan morir para que loen sus bondades, de esas que pasan por la vida haciendo el bien porque sí, sin interés variable. Por otro, frustra enormemente constatar cómo el excedente de hijos de puta parece aumentar día tras día en un país donde carecemos de asesinos en serie pero los miserables parece que sí los fabricamos en serie.

Por un lado, reconforta bastante esa ejemplaridad humilde, discreta, anónima e instintiva de quienes a la sombra cotidiana de los ídolos mediáticos brillan con la grandeza de los héroes. Por otro, frustra enormemente tener la certeza de que los asesinos de un buen tipo en el mejor de los casos quedarán libres antes de lo merecido y, en todo caso, vivitos y coleando.

Por un lado, reconforta bastante tener noticia de la entereza, la dignidad, la ética y la valentía de alguien que se atrevió a hacer el más difícil todavía: ser bueno en un mundo injusto y cómo Pablo no renunció a esa premisa por muchas putadas que doblaran por la esquina. Por otro lado, frustra enormemente tener la sensación de que en esta vida ser un cabrón, un bastardo, un salvaje, un mierda te sale tan a cuenta que casi es un chollo porque ni siquiera el diablo se da prisa en retirar de la circulación al miserable de turno.

Por un lado, reconforta bastante saber de un muchacho que pese a su juventud habría desentonado absolutamente en basuras como "MHYV" o "Gran Hermano". Por otro, frustra enormemente saber de hijos de perra a los que programas como "Hermano Mayor" se les quedan tan cortos como la cárcel.

Por un lado, reconforta bastante el legado de quién aun tras fallecer ha donado todo lo que ha podido de sí para hacer mejor la vida de los demás, los conociera o no. Por otro, frustra enormemente que sobrevivan a Pablo los malnacidos cuya vida o muerte valen infinitamente menos que el orín de los perros, como diría el poeta León Felipe.

Por un lado, reconforta bastante pensar que el Cielo debe existir porque a algún sitio debe ir a parar tras morir gente como este muchacho. Por otro lado, frustra enormemente tener la sensación de que a veces el servicio de milagros tiene puesto el desvío de llamada.

En fin. En ocasiones a la vida le da por ser muy cabrona. Ésta es una de ellas. Cada día tengo más claro que en el camino a la muerte la buena gente nos precede. DEP.

domingo, 23 de abril de 2017

Rematar a Cervantes

Lo confieso: soy un paria, un marginado, un forajido, un outsider, un autoexiliado, un partisano, un rebelde, un miembro de la resistencia. Hoy, en España, Día Internacional del Libro, aniversario de la muerte de Shakespeare y Cervantes, tener entre tus intereses la Cultura y entre tus aficiones la lectura es sinónimo de estar fuera del redil, ajeno a la cuadrícula, huido del rebaño, prófugo de la mediocridad y constituir una anomalía de un sistema diseñado para fabricar y ensalzar necios, cretinos y estúpidos (y estúpidas, que dirían los amigos de lo políticamente correcto y lingüísticamente gilipollesco). Por eso, no hay motivo para el sonrojo en la confesión, hay orgullo y mucho, por cierto.

Para ver atendados contra la Cultura no hace falta irse a los países donde se la pasan por el forro de Mahoma. Basta con darse una vuelta por el BOE o la parrilla televisiva o las reseñas culturales de los medios de comunicación para percatarse de que España es un país encantado de rematar a Shakespeare y Cervantes mediante el desprecio deliberado o ignorante. Francamente, vivir en un país en el que las televisiones bañan en fama y euros a auténticos anormales o donde las reseñas están más cerca de la propaganda a sueldo que de la crítica culta y formativa o en el que desde el Gobierno se ha orquestado una "persecución de Diocleciano" contra todo lo que huela a Cultura pues produce asco, pena y bochorno. Especialmente indignante es esto último, lo del enseñamiento gubernamental respecto a lo cultural, ya que yo no le puedo pedir cuentas a Vasile por Mierdaset (por decir un grupo mediático al azar) ni al propietario de ningún periódico por permitir reseñar a juntaletras cuyo nivel intelectual (y no digamos ya estilístico) está entre la nada y el cero absoluto, pero sí se las puedo pedir a quien, en teoría, gobierna pensando en todos los españoles actuales y venideros. Diezmar y laminar educativa y económicamente todo lo referente a la Cultura es algo más propio de distopías como la de Fahrenheit 451 pero Rajoy está firmemente decidido a pasar a los anales (nunca mejor dicho) como una de las cosas más positivas que le ha ocurrido a España junto a la peste, Carlos II, Fernando VII, el Frente Popular, la Guerra Civil, Franco, ETA, Rodríguez Zapatero, Podemos y la programación de Telecinco. Las medidas punitivas contra la Cultura o contra las Humanidades (tanto monta, monta tanto) puestas en marcha por el Gobierno son quizás el mejor síntoma de que estos tipos, los que zascandilean entre el Congreso y La Moncloa, tienen aversión a dos de los pilares de cualquier sociedad democrática: la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. Es obvio que esta gente infame no está en absoluto interesada en lograr que España sea una sociedad de hombres libres, críticos y reflexivos porque sólo así pueden seguir conservando ese lucrativo chiringuito desde donde mercadean con favores y libaciones con otra gente no menos repugnante. Aquí, cuanto más tonto sea el personal, mejor les irá a los políticos...y en eso andan

Quiero detenerme un momento en lo que tiene que ver con el ámbito educativo: desterrar la Cultura a garrotazos legislativos de cualquier plan en el hábitat de la enseñanza es uno de los mayores bochornos y disparates que se han hecho en las últimas décadas (y mira que hay stock). Menospreciar en horas y peso curricular las asignaturas de Humanidades en general y la Literatura en particular es una forma de retratarse ante el mundo (Dorian Gray salía mucho más favorecido en su retrato que este Gobierno). Alegar que tal mutilación se hace para ayudar a la inserción laboral de los chavales es una manera de evidenciar cuán errónea es la percepción del ser humano que tienen los Wert y compañía. Y es errónea por lo siguiente: 
  • Primero, uno va a la escuela a aprender como parte del viaje iniciático de todo individuo no para ser "maniquizado" de cara al mundo laboral.
  • Segundo, las personas no vivimos para trabajar (premisa que parecen compartir el Gobierno y la CEOE) sino que trabajamos para vivir y para entender y saborear la vida pocas cosas hay mejores que leer puesto que esta es la mejor vía para encontrar nuestro lugar en el mundo y en la Historia. 
  • Tercero, la formación cultural o el nivel intelectual no está reñido con el acceso a un puesto de trabajo, máxime en un país en el que la precaricación laboral impuesta por el Gobierno ha hecho de la sobrecualificación una norma tácita pero enormemente extendida. 
  • Cuarto, el menosprecio que demuestra el Gobierno hacia la Cultura es totalmente incomprensible e incompatible con una nación que atesora un patrimonio cultural sencillamente extraordinario, así que aquí no sobran Cervantes ni Quevedo ni Unamuno ni Lorca sino Rajoy y toda su camarilla de malnacidos que perdieron la vergüenza junto con la placenta.
  • Quinto, teniendo presente que la mayoría de estudios ya advierten de que el futuro laboral de las personas en un mañana enormemente mecanizado pasa por una necesaria explotación de la creatividad y el ingenio, quitar a los estudiantes el acceso a las disciplinas que más y mejor ayudan a desarrollar una y otro demuestra una miopía de miras más que preocupante y evidencia lo falaz del argumento esgrimido por Wert para acuchillar a la Cultura en las aulas. 
  • Sexto, elegir unilateralmente e imponer lo que uno cree que es lo mejor no deja de entroncar con esa concepción a medio camino entre lo paternalista y lo dictatorial que tanto daño ha hecho a las sociedades desde tiempos remotos. Es obvio que, en España,  ni las derechas ni las izquierdas están libres de pecado pero los conservadores deberían esforzarse en disimular mejor sus tics dictatoriales, por mucho que le gusten a buena parte de su electorado.
  • Séptimo, juzgar todo desde el prisma de la "utilidad" no sólo sólo es sesgado sino que también es discutible, más que nada porque obliga a replantearse el propio de concepto de "útil". ¿Es más útil aprender ecuaciones que aprender a pensar? ¿Es más provechoso comprender las leyes de la física que la naturaleza humana? ¿Es de más utilidad para el día de mañana expresarte en inglés sin tener ni puñetera idea de quién fue Shakespeare? ¿Es más útil en lo laboral conocer las enseñanzas del Cristianismo que lo que hay dentro de la Odisea? ¿Es útil sólo lo que tenga que ver con el acceso a un salario y la mejora del mismo? Pues eso.
De todos modos, orillando al siniestro Gobierno y su deleznable LOMCE (que tan magistralmente han denunciado Carlos Mayoral en su recomendable artículo Cervantes ya no es una opción o Peio H. Riaño en su noticia Los alumnos prefieren a Kafka pero Jesucristo les sube la nota) hay que reconocer que los amantes de la Cultura en general y la Literatura en particular lo tenemos complicado en un país en el que la chavalería está obnubilada con Mujeres, hombres y bicepsberzas o que considera "famoso" como una opción profesional más o en el que gente como Kiko Rivera tiene más presencia e impacto mediático que cualquiera de nuestros escritores, artistas y pensadores o en el que arrasan hediondeces como Cincuenta sombras de entrepiernas o pseudolibros escritos por rostros televisivos o en el que un tuitero tiene más ventas que un escritor. Y esto no es culpa sólo del Gobierno y la Educación. Es un problema más de fondo que amenaza con ser sistémico y endémico y conviene tomarlo en serio cuando ya tener gusto por las letras, esto es, por la Cultura, se ha convertido en objeto de mofa o denigración entre los escolares bajo el sambenito de "letrasado", como apunta Elvira Lindo en su última columna.

En fin. Que de mi pasión por la Literatura ya hablaré en otro rato porque ahora se me han quitado las ganas con este paseo por este fangoso país que tan encantado está no ya de humillar sino de rematar un 23 de abril a Cervantes y a quienes como él hicieron grandes las letras españolas y universales.

miércoles, 19 de abril de 2017

Futuro presente

Conforme van pasando los años tengo cada vez más claro que la ciencia ficción no es más que ciencia a la que aún no le ha llegado su momento. En ese sentido, llegados a este punto en el que estamos en la antesala de la completa e irremediable tecnificación de lo humano, empiezo a tener la sensación de que se ha invertido el sentido de la poética aristotélica y ahora la ficción, el resultado de esa poiesis clásica, ya no emula a la realidad sino que la inspira; es decir, es la realidad la que imita a la ficción. Me explico: desde hace ya tiempo no es inusual la aparición en las noticias de cosas que siempre nos parecieron de exclusiva y perpetua pertenencia a las historias imaginadas en novelas, cómics y películas futuristas. Androides que parecen embriones de C-3PO, robots tan verosímilmente humanos que pasarían por replicantes, drones que parecen sacados del futuro del que regresó McFly, inteligencias artificiales que interactúan contigo con mejor talante que HAL, exoesqueletos que harían sonreír socarronamente a Tony Stark, proyectos de interfaces más propios del mundo de Minority Report, transformers a los que sólo les falta el anagrama de los autobots, aparatos de realidad virtual que dejan en la cuna al del cortador de césped, programas tan siniestramente avanzados que nos huelen a Skynet, terminators rusos listos para darlo todo por la patria...Todo esto que acabo de citar ha trascendido el patrimonio de las páginas, las viñetas y los fotogramas: es real. Tan real que, por ejemplo, ya hay varios estudios que pronostican cuánta gente se quedará sin empleo o cuántas profesiones desaparecerán por la irrupción definitiva de las máquinas en el entorno económico-laboral.

Por eso, es igualmente real no ya el peligro de acabar convertidos con tanto gadget y app en una especie oronda y perezosa como la que aparecía en la genial Wall-E sino en un riesgo aún mayor sobre el que ha advertido la ficción en numerosas ocasiones (por ejemplo en obras tan notables como 2001: odisea en el espacio, Blade runner, Battlestar Galáctica, Yo, robot o Terminator): la llamada singularidad que, grosso modo, viene a ser la toma de consciencia de sí mismas de las máquinas y su consiguiente rebelión a lo Espartaco contra los humanos. Una amenaza que habría que tomarse en serio y no ya porque lo diga la mayor mente del planeta (Stephen Hawking) o porque Google ya haya previsto un plan de contingencia para ese inquietante supuesto sino porque es cada día más evidente que la realidad está acortando distancias con la ficción con más rapidez y facilidad de las previstas. Y si hay alguien que prefiere tomarse esto a guasa, que busque en Google artículos sobre la IA que dicha compañía está "criando" o sobre el ingenio mecánico militar ideado por Rusia a ver si después de leer eso sigue pensando que esto es carne de frikis o iluminados.

No obstante, a pesar de esa fúnebre posibilidad de la singularidad, siempre nos quedará un consuelo. Asumiendo que las máquinas alcanzarán antes o después la omnipotencia técnica, nos podemos consolar con la idea de que aún en ese caso seguirán siendo imperfectas porque carecerán de algo que siempre tendremos los hombres. Sabrán hacer todo lo que puedan imitar o aprender pero no emocionarse ni soñar ni sentir el sentido, ignorarán las preguntas desde la arrogancia de las respuestas, sacrificarán la escurridiza creatividad en el altar de la pulcritud computable, concebirán el arte como una ejecución perfectamente parametrizada renegando de la maravillosa anarquía que anida en cada artista, verán las anomalías como errores a subsanar y no como tesoros a descubrir, se perderán en la oscuridad de las métricas ajenos a la entropía que hace que toda vida tenga sal y sentido. Serán, en definitiva, infinita y simultáneamente mejores y peores que los seres humanos.

Por todo esto, ante el futuro y para el futuro, mejor será volver la vista hacia lugares como la ECH antes que al MIT o al Museo del Prado antes que a Silicon Valley o, si llega a consumarse la distopía, amenizar cualquier apocalipsis tecnológico con la compañía de Parménides, Platón, Séneca, Marco Aurelio, Confucio, Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Steinbeck, Lorca, Unamuno, Borges, Carver, Mozart, Brahms, Chopin, Chaplin, los Hermanos Marx y toda esa tropa de genios en eso que siendo suyo es tan nuestro pero nunca será de las máquinas...Para este Titanic nunca habrá mejor orquesta que la Cultura. Y si esto también falla (algo no descartable al menos si tenemos en cuenta los esfuerzos del Gobierno español por cargarse la Cultura educativa y fiscalmente), pues mejor será encomendarse a Sarah Connor, Bill Adama o Gaius Baltar.

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domingo, 16 de abril de 2017

Sábado de resurrección

Semana Santa es una época más que oportuna para celebrar resurrecciones...y eso ocurrió a orillas del Manzanares. Con la batalla de Leicester en el horizonte, el Atlético de Madrid salió al ambientazo del Calderón con su segunda unidad, por utilizar la jerga propia del baloncesto o de la NFL. El rival, Osasuna, sólo incomodó mientras los rojiblancos no habituales intercambiaron tarjetas de visita con sus compañeros; el resto del partido, el equipo navarro hizo tantos méritos para no perder como Leticia Sabater para cantar en la Superbowl, por lo que fue la gaseosa ideal para los experimentos de Simeone.

Así, con la fiesta en las gradas (se notó que fue el Día del Niño) y el contrincante inquietando menos que un hare-krishna, todo invitaba para un espléndido marcador primaveral. Y eso pasó: 3-0. En ello resultó decisiva la resurrección de dos jugadores perdidos últimamente en la irrelevancia: Carrasco y Gaitán, dos tipos que ayer recordaron (a la afición y a sí mismos) que pueden estar en cualquier póster del Atleti. Dos jugadorazos que estuvieron bien arropados por la curiosa dupla Thomas-Giménez y las incursiones de Filipe Luis, cuyo nuevo gol demostró que el brasileño es lo único que funciona en la izquierda en España. Dos resucitados pero no los únicos de la tarde: Tiago y Cerci (¡Cerci!) también entraron en el partido para recibir la ovación de niños y mayores, si bien en el caso del italiano con un extra de guasa por parte de la hinchada.

En definitiva: tarde redonda y fenomenal diván para quienes estaban con problemas de autoestima que se saldó con una goleada justa, la cual habría devenido en escandalosa de no ser porque el único tanto de "penalti" que se marcó ayer en el Calderón lo anotó Griezmann en el descanso durante el show que organiza Mahou. Es cierto que el osasunista Sirigu tuvo bastante culpa en el anticlimático final que vivió el Atleti...pero llevar 8 de 13 penaltis fallados esta temporada no se explica por un portero, un jugador o la mala suerte: hay que subsanar ese problema cuanto antes porque ahora mismo cualquier pena máxima en área rival es un chollo para el propio rival y una máxima pena para el equipo y la afición rojiblanca.

De todos modos, por acabar con una nota positiva y realista, para lo que viene, además de corregir el asunto de los penaltis, es imprescindible estar on fire y la mayoría de jugadores del Atleti ya lo están...con la inestimable colaboración del Osasuna. ¡Aúpa Atleti!