lunes 20 de julio de 2009

Cuarenta años y una luna

Hoy se celebra el 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna, uno de los hitos que nos recuerdan que el ser humano es capaz de lo mejor aunque se empeñe en demostrar lo contrario. Yo no tuve la suerte de vivir tal acontecimiento pero me hubiera encantado. Y, yendo un poco más lejos en la imposible imaginación, habría dado lo que fuera por ver lo que vieron y sentir lo que sintieron aquel mítico trío que hizo un poco más nuestro el satélite que baila un cósmico vals junto al planeta en que vivimos.

Me pregunto si vieron los polvorientos mares de minutos perdidos en nocturnas reflexiones silenciosas, el gigantesco jardín argénteo de sentimientos embotellados lanzados al océano de la noche, el gris cementerio de secretos confiados a las estrellas, las aventureras huellas de Münchhausen, el balazo de Verne, la tuerta mirada de Méliès, la mujer de Lang, los claros de Beethoven y Debussy, la tumba vacía de Selene, las pisadas de Tintín, la plateada filmoteca de escenas nocturnas y alevosas, la biblioteca de serie B en el lado oscuro, las ruinas de poemas y canciones que murieron antes de nacer geniales, los monumentos de íntimas promesas pretéritas, el paraíso de varadas ensoñaciones infantiles de otras vidas y mundos distintos y quizás mejores...

Sí, ciertamente, habría dado lo que fuera por estar allí.

domingo 19 de julio de 2009

Chaves o el nepotismo

La presentación de una querella del PP contra Manuel Chaves por las ayudas a la empresa de su hija ha vuelto a poner de manifiesto una de las prácticas más vergonzosas que tradicionalmente se asocia al mundo político y empresarial: el nepotismo. Si bien no es algo ni mucho menos nuevo ni exclusivo de nuestro país, este ejercicio de amoralidad y sinvergonzonería tiene en la España de hoy y en el Vicepresidente Tercero del desGobierno del señor POE uno de sus mejores exponentes. Mas, en contra de lo que pueda parecer, no dedicaré este artículo a lacerar al mentecato sureño cuya inteligencia y ética son sólo comparables a su dicción, ni a sus hermanos ni al resto de parientes y allegados que han visto en el favoritismo un rentable modo de vida. En esta ocasión, la diana está en el nepotismo.
  • Un modelo rancio, desequilibrado y patriarcal. La culpa de ésta y otras indeseables prácticas "laborales" hay que buscarla en el paradigma que rige el mundo político y empresarial desde hace muchas décadas. A saber: el hombre en posición dominante y favorecedora, la no desvinculación del plano profesional del personal en el ejercicio laboral, la promoción por selección digital o filias, la concepción de la dinámica interna profesional como un mercadeo entre favores e indulgencias, el desequilibrio de sueldos basado en razones personales o de género, la infalibilidad del superior jerárquico...Un modelo a evitar pero imperante, caldo de cultivo de "ismos" que citaré en el siguiente punto, y que, en contra de lo que pueda pensarse, desde hace unos años favorece o perjudica por igual a hombres y mujeres, toda vez que hay féminas que exhiben un comportamiento de "macho dominante"...o bien utilizan las llamadas "armas de mujer" para conseguir réditos o evitarse problemas.

  • Adiós a la meritocracia. El nepotismo, el enchufismo, el favoritismo, el seguidismo, el arribismo, el lameculismo (o peloteo) y el genitalismo (aprovecharse o escudarse en el género sexual para obtener beneficios) son los "ismos" que campan a sus anchas por todo el entramado político y empresarial, extendiéndose como una dolosa metástasis que erradica cualquier posibilidad de implantar la única posibilidad de igualar profesionalmente de facto y sensatamente a cualquier persona, sea cual sea su género, condición y procedencia: la meritocracia. Vivimos en un mundo anegado de cretin@s, jetas, enchufad@s, vag@s y pelotas donde el mérito es objeto de hilaridad cuando no de olvido. No interesa ni mucho menos se premia el esfuerzo ni el afán por ser mejor en tus menesteres. Hoy, por lo general, la presencia de un apellido, la pertenencia a una genealogía y la ausencia de escrúpulos son infinitamente más importantes que la formación, el currículum o la tenacidad y así nos luce el pelo, robando puestos de trabajo a quienes por formación, mérito o esfuerzo se los merecen con creces.

  • El chollo de ser hij@ de...o herman@, o sobrin@, o niet@, o prim@, o pareja, o yerno, o nuera, o amig@ íntim@... La combinación entre nepotismo y enchufismo da como resultado que ciertas personas pueden estar donde sea y quieran por mera razón de parentesco, lo cual nos ofrece no pocos casos de volátiles trayectorias profesionales y de desempeños laborales cuando menos cuestionables. Por algo circula por ahí el funesto aforismo que dice: "Si no tienes padrino, no te bautizas". Formarse adecuadamente, hacer una carrera, perfeccionarse con un máster o foguearse en duras condiciones de trabajo no garantizan ya nada bueno, si es que alguna vez ha sido así, y sí más de un disgusto y sinsabor porque hoy, el chollo, la auténtica cornucopia laboral son los apellidos o tu afinidad a los mismos. Hoy en día, tener de pariente a alguien con "contactos" y/o poder para ponerte la alfombra roja hasta un puesto de trabajo ha convertido no pocos currícula en una delirante carta a los Reyes Magos, que, como todo el mundo sabe, son los padres...o los hermanos, o los abuelos, o los tíos, o etc, etc.


Podría seguir rumiando más tan desagradable asunto, pero prefiero dedicar las últimas líneas del artículo a quienes, con o sin apellidos, se han preocupado y se preocupan por tener una excelente formación, ser grandes profesionales y mejores personas; a quienes, con o sin apellidos, rechazan cualquier ayuda o atajo que no proceda del esfuerzo personal y profesional; a quienes, con o sin apellidos, prefieren el ostracismo laboral antes que deber nada a algún pariente o amigo.

viernes 10 de julio de 2009

Los encierros no son una fiesta

Un chaval con toda la vida por delante ha muerto hoy en los encierros de los Sanfermines. Por eso, desde el máximo respeto y con las más sinceras condolencias para los familiares y amigos del fallecido, quiero hacer las siguientes reflexiones:
  • Seriedad: Los encierros son la única parte de las universales fiestas pamplonesas que hay que tomarse en serio. No son una atracción de feria, ni una experiencia turística, ni el "afterhour" de la juerga sanferminera. Me consta que las autoridades y los lugareños son plenamente conscientes de ello y actúan en consecuencia con escrupulosa responsabilidad, pero, con la ingente masificación que experimentan los encierros, cada vez es mayor el cupo de inconscientes y temerarios que, escaqueando el control ajeno y su propia sensatez, se enfrentan a una ruleta rusa por hacerse el machito, el guiri o el mentecato. A todos esos irresponsables, nacionales o de importación, habría que recordarles que los encierros no son el "Gran Prix" y que ahí está la historia que lo demuestra a sangre y luto.Los "souvernis" de los encierros duelen...y mucho.

  • Una simple diferencia: La diferencia entre estar delante y detrás del vallado es tan simple como la que separa la seguridad de la inseguridad, la vida y la muerte. Tan gilipollesco y peligroso es meterte en el encierro a correr como un pollo sin cabeza como querer ser un espectador de primera fila a ras de cuerno. Habría que pararse a pensar que si hasta los corredores más experimentados y responsables sufren serios percances...¿qué no puede ocurrirles a los bisoños, novatos o turistas con ganas de sentir esa adrenalítica e indescriptible sensación? Para correr en el encierro hay que estar en plenas facultades físicas y mentales y si no, a ver la carrera desde los maderos, que son un palco excepcional para contemplar la ancestral y trágica tradición.

  • Nadie les obliga a correr: A los corredores, si no están en condiciones, en el mejor de los casos, les obligan a retirarse del trazado, pero nadie les obliga a correr. Todo el mundo sabe, o debería saber, qué implica un encierro y qué peligros entraña. Si aun así, alguien decide exponerse a tentar al Hades y los hados...es responsabilidad de cada uno y suya, exclusivamente, la culpa de cuanto les suceda. De valientes están los cementerios llenos. Y de irresponsables, también.

  • El comportamiento de los medios de comunicación: Puedo llegar a entender que, en casos como el de hoy, se difunda a los cuatro vientos mediáticos la foto del fallecido única y exclusivamente para facilitar su identificación en caso de que no se pueda averiguar por los procedimientos habituales. Lo que me parece vergonzoso, repugnante y reprobable es que haya medios que difundan el vídeo del preciso instante en el que un toro rompe la vida de un ser humano. Es algo tan sumamente repulsivo y doloroso que no se puede justificar ni desde criterios informativos ni de audiencia. Luego que vayan de "progres", de políticamente correctos, de "me la cojo con papel de fumar", de "me rasgo mis demagógicas vestiduras", etc...Yo, ante un vídeo así, sólo puedo pensar una cosa: ¡Qué lastima que en el lugar del chaval no estuviera el hijo de puta que ha decidido publicitar o utilizar ese "documento"!

  • Los papanatas de siempre: Mezclar churras con merinas es la especialidad de los papanatas demagógicos. Con la muerte de este chaval, ya hay quien ha sacado a colación y metido con calzador sus críticas antitaurinas y han cargado contra los encierros e, incluso, por la supresión de esta tradición. Una tradición que es equiparable a las de muchas civilizaciones antiguas y que es mucho más justa y ecuánime con el cornudo animal que la del toreo, pues supone una confrontación directa, limpia y sin trucos ni artimañas entre el hombre y el toro y en el que el astado no sufre maltrato ni abuso ni tortura alguna. Y lo digo yo, confeso amante de los animales y que, salvo a José Tomás y Pablo Hermoso de Mendoza, daría el finiquito a todos los enmonterados que pululan por los ruedos practicando el torpe arte de la muerte por acupuntura.
En resumen. Menos folclore, merchandising y publicidad y más seriedad y responsabilidad, porque los encierros no son más que una cuestión de vida o muerte y, en no pocas ocasiones, de ambos casos.

martes 7 de julio de 2009

80000 mil formas de parecer un borrego

Que en el mundo en que vivimos hay que hacer la vista gorda con la lógica y el sentido común de muchas cosas que suceden, es algo por todos conocido. Que el deporte actual es un show empresarial que camina por la fina frontera entre lo sublime y lo esperpéntico, también. Que el fútbol es, literalmente, de locos, por supuesto. Pero los niveles de presuntuosidad paleta, gañanería millonaria, horterada gilipollesca y "performance" borrega que numeritos como el de ayer demuestran bordean lo insoportable.

Da mucho, pero mucho que pensar el hecho constatado de que ni un Nobel, ni un intelectual, ni un icono cultural ni un filántropo tienen el poder de convocatoria, seducción y enajenación colectiva que tiene un sujeto cuyo mayor mérito es ser un buen jugador de fútbol y el objeto de deseo entrepernil de féminas y homosexuales. ¿Qué quieren que les diga? Tampoco tengo más datos sobre el gachó, amén de que es un chulángano hortera de primera división, nunca mejor dicho. Supongo que en algún momento de su vida tuvo que decidir entre formarse como persona y dar patadas a un balón...y todos sabemos lo que pasó. Lo peor no es eso, porque uno puede ser un apolíneo cretino y no pasa nada. Lo peor es que tengas legiones de miles de seguidores que te jalean y encumbran como si fueras la quintaesencia de la Humanidad, el Mesías, o la panacea universal encarnada. Éste sería un mundo mucho mejor si todos dedicáramos el mismo esfuerzo e ilusión a estudiar, trabajar y/o ser mejor persona que los empleados por los asistentes al Bernabeú en parecer una caterva de zotes gritones, marionetas berreantes o figurantes en la escenificación de la estupidez humana.

Y en eso tiene que ver el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y todos los que le bailan el agua y babean oral y genitalmente ante cualquier palabra suya, empezando por sus periodistas afines. Antes de continuar, he de reconocer que el mandatario merengue me caía bastante bien por su prudencia, educación y sensatez, lo que le situaba en las antípodas de su homólogo blaugrana y de muchos otros presidentes, sea lo que sea lo que presidan. Pero los "shows" que el buen señor está encabezando son de vergüenza ajena. ¿Por qué? Por lo siguiente:
  • Hacer de una presentación de un futbolista algo que parece un rodaje de una superproducción hollywoodiense es algo que supera ora la prepotencia, ora el ridículo.
  • Pasear a senectos mitos deportivos como si fueran reliquias jurásicas de atrezzo, roza lo bochornoso, cuando no lo irrespetuoso.
  • Hablar con la grandilocuencia con la que se explaya Pérez es algo tan pretencioso como esperpéntico. Tanto que lo único que le falta añadir a sus engolados discursos es acabarlos con un: "Y, sí, hermanos, hermanas, queridos todos, soy el que la tiene más grande...¡Ah! Y soy inmortal. Joderos todos".
  • Gastarse a bombo y platillo y con la que está cayendo semejantes millonadas es una indecencia. Si le sobra el dinero, que parece que sí, que arregle el mundo en el que vive, en lugar de hacerlo parecer una clac de zombis.
Pero, nuevamente, es lícito. Uno puede ser un archimillonario con delirios de grandeza y no pasa nada. El problema es, una vez más, convertirte en ídolo, icono o mito para decenas de miles de seres humanos con vocación lanar. A mí me avergüenza profundamente ver la repercusión mediática y social que ha tenido el tema de Cristiano, Kaká, Cucú y su santa madre y compararla con la que se brindó, por ejemplo, a la muerte de Vicente Ferrer, un ser humano que sí es de verdad un mito y un espejo en el que mirarse. Mundo de contrastes el nuestro...

En definitiva, hay personas y asuntos mucho mejores a los que dedicar atención, medios y dinero. Pero, eso sí, he de reconocer una cosa a Florentino Pérez y Cristiano Ronaldo: Debe ser tremendamente excitante tener a tu merced un ejército de mentecatos, o, dicho de otra forma, ser el rey de una corte de borregos.

domingo 5 de julio de 2009

Véngate, que algo queda

El universo de la ficción nos ha legado innumerables e impresionantes obras en las que la trama radica en la venganza y sus consecuencias. Ahí están, por ejemplo, "Hamlet", "El conde de Montecristo", "El Padrino", "Camino a la perdición" o "Mystic River", por citar algunos de los títulos más excelsos a mi entender en este terreno. Ciertamente, la venganza es un asunto que me atrae bastante por las incontables reflexiones que permite y las múltiples ópticas desde las que puede ser abordado. ¿Se puede considerar justa una venganza? ¿En qué medida puede una persona reaccionar ante un agravio o delito desproporcionado? ¿Qué diferencia a un abyecto criminal de un vengador ultrajado? ¿Es la Ley del Talión la norma más ecuánime y justa que se ha establecido o un nefasto círculo vicioso? ¿Pueden nuestra conciencia, credo o ideología mitigar o aliviar verdaderamente la amarga huella de una injusticia o un crimen? ¿Es la venganza la respuesta natural ante la ausencia de justicia?...

Si bien este artículo no pretende contestar a tan polémicas e interesantes cuestiones, sí creo que algunas de ellas quedarán respondidas por mi parte merced al comentario que me merece la última película que he visto: "La última casa a la izquierda", remake de la primera película como director de uno de los maestros cinematográficos del terror: el últimamente alicaído y desacertado Wes Craven. Un film perfectamente olvidable pero con dos grandes méritos: La primera, ser una película de terror en la que los protagonistas (por lo general cándida carne de cañón) las gastan igual o peor que los antagonistas (los aviesos y pérfidos malnacidos con tendencias homicidas), por decirlo llanamente. El segundo, formular al espectador una jugosa pregunta: Para vengar a un ser querido, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar?

Yo tengo muy clara la respuesta. Pero, antes de decirla, conviene aclarar que no creo en la Justicia (y menos en la española), ni en la reinserción social de los criminales, ni en la redención personal de escoria como asesinos, violadores, pederastas y demás basura antropomórfica. Eso sí, respeto que haya gente que prefiera perder el tiempo creyendo en semejantes cosas. Yo, en cambio, prefiero emplear dicho tiempo para reivindicar la cadena perpetua, la pena de muerte, el cumplimiento íntegro de las penas y esas cosas tan tontas. Dicho esto, también conviene señalar que, para mí, la vida de todos los seres humanos no tiene el mismo valor; vamos que si de mí dependiera, pongamos por caso, la supervivencia o la defunción de un etarra, "alqaedista", violador, pedarasta, maltratador o narcotraficante, tengo muy, muy pero que muy claro qué opción elegiría. En resumen, que no me importaría lo más mínimo dejar a un lado mis convicciones religiosas para aniquilar, erradicar, extinguir, ejecutar, borrar del plano de la existencia o mandar sádicamente al Hades a cuantas personas han hecho del terror y el sufrimiento ajeno su modo de vida. Hay gente, gentuza mejor dicho, que no se merece ni un segundo del aire que respira. Y sí, es un planteamiento peligroso porque es una premisa de la cual parten muchos terroristas y malnacidos, pero, a diferencia de esos bastardos, prefiero tener esa penitencia moral en lugar de llorar a inocentes. Ser buena persona no implica necesariamente comportarse siempre como un cándido gilipuertas.

Para todas aquellas personas que ahora se estarán sonrojando, rasgando las vestiduras y poniendo la demagogia en el cielo, les digo lo siguiente: Imaginen que violan, torturan y/o asesisan a su padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija, nieto, nieta o pareja...Bien, ahora imaginen, y esto no entraña mucha dificultad, que la Policía no atrapa al responsable o que el mentecato entogado de turno le deja en libertad o con una condena naif. Por último, elucubren que tienen la posibilidad de estar a solas e impunemente con el malnacido y que éste está a su merced...¿qué (le) harían?
Yo, desde luego, si estuviera en el lugar de los padres protagonistas de "La última casa a la izquierda" haría exactamente lo mismo que ellos...o incluso cosas peores. Porque la escoria humana, para mí, sólo tiene un destino: servir de fertilizante.

lunes 29 de junio de 2009

¡Transformaos y avanzad!

Las autoridades sanitarias advierten que este artículo contiene una dosis de frikismo por encima de lo normal. Dicho esto...sólo puedo confesar que estoy encantado de las adaptaciones que se han hecho de una de mis series favoritas de mi infancia, de esas con las que disfrutaba como un enano cuando lo era. Estoy hablando, lógicamente de "Transformers".

Al abrigo del genio (cuando quiere) Steven Spielberg en la producción y Michael "FX" Bay en la dirección, se ha "transformado", nunca mejor dicho, una apasionante y vistosa serie de dibujos animados en dos películas cuyo altísimo nivel de entretenimiento es inversamente proporcional a la calidad interpretativa y guionística. Tanto "Transformers" como "Transformers: The revenge of The Fallen" constituyen un pirotécnico, nostálgico y colosal guiño a las legiones de niños de entonces y ahora que han tenido en Optimus Prime y compañía unos sensacionales compañeros de ensoñaciones. ¿Que el guión está cogido con pinzas? Sí, especialmente, en la segunda (lo del robot con bastón o el devastator con genitales de demolición vamos a dejarlo en un rincón...). ¿Que ninguno de los intérpretes estará nominado al Óscar por su desempeño en estos films? Obviamente. ¿Que todos los implicados en este par de películas consiguen hacer disfrutar durante horas al público sin ser pretenciosos? Indudablemente.

Ver películas de este tipo y magnitud demuestran que entretener es uno de los principales cometidos del cine y que no es algo fácil de conseguir (de memeces soporíferas están los videoclubs y las parrillas televisivas llenas).

Yo, como friki nostálgico e irreversible Peter Pan, no puedo ser parcial en este tema, máxime cuando estas adaptaciones atesoran más virtudes que defectos y tienen un robots tan bien hechos, unas canciones francamente animadas de Linkin Park (What I've done y New divide) y una chica que deja en pañales a cualquier efecto especial.

En definitiva, que después de ver películas como las de Transformers, lo primero que se me viene a la mente es decir aquello de ¡Autobots, transformaos y avanzad!

viernes 26 de junio de 2009

Michael Jackson: Eclipse completo

Ha muerto Michael Jackson, uno de esos artistas cuyo nombre y canciones desafiarán siempre al tiempo y el espacio. Un mito, pero de los de verdad, no de esos que la mercadotecnia y el esnobismo musical nos empeñan en inocular entre papanatez y papanatez. Un tipo que pasó de cantar y bailar como si fuera de otro planeta a parecerlo realmente. Un ser humano que bordó la genialidad en lo musical y el esperpento en lo personal. El protagonista de videoclips y canciones tan memorables, alucinantes y alucinógenas como "Black or white" o "Thriller". Un tipo con un talento inigualable que no supo aplicar a su vida fuera de un escenario, en la que, año tras año, se empeñó en ahogarse en un sonrojante, mediático y estrambótico ridículo hasta que ha acabado por eclipsarse del todo. Genio, juguete roto, demente, artista...Rest in peace, Michael. Muere el esperpento. Vive la leyenda.