domingo, 17 de septiembre de 2017

Quejas a Charlize Theron

Año 1 dC(Después del Calderón). Moisés pasó el Sinaí, Daenerys Targaryen atravesó el Desierto Rojo y...los atléticos cruzamos Madrid para llegar a nuestra nueva casa. Una mudanza costosa en muchos sentidos: cientos de millones de euros, quince kilómetros, varios meses (y los que faltan), una melancolía en modo okupa...No es fácil encontrar un hogar para tantas ilusiones, tantos recuerdos, tantas pasiones, tantas expectativas, tanta historia, tanta leyenda...pero creo que si el Metropolitano no es un estadio a la altura de la afición y el legado del Atlético de Madrid, se acerca bastante. Y sí, tanto al quinto estadio como al partido inaugural se le pueden poner pegas, peros, quejas y algún que otro reproche. Al Metropolitano se le pueden achacar esos detalles y aledaños adolescentes, a medio hacer, que convierten en aventuras lo que en el Calderón eran automatismos. Al partido contra el Málaga se le puede reprochar esa inoportuna sensación de anticlímax, de incomodidad hemorroidal, de sopa fría, de "menos mal" contra un rival vistoso como el gotelé y cuyo amor por el fútbol habría encantado a Mourinho, Clemente y demás estetas del buen gusto balompédico. El Metropolitano y el Atleti tienen aún evidentes cosas a mejorar para ofrecer su mejor versión pero es cuestión de paciencia y resiliencia, virtudes ambas que están en el genoma rojiblanco. Y aquí conviene que los atléticos recordemos algo: Charlize Theron sin maquillar y con endodoncia sigue siendo Charlize Theron.

Por suerte para el colchonerismo, Correa y Oblak hicieron lo necesario para que el gol de Griezmann supusiera para el Metropolitano lo que el tanto de Aragonés para el Calderón: una feliz anécdota histórica. Una más en una velada llena de ellas gracias a los fastos inaugurales (empezando por los emotivos prolegómenos del partido y acabando por el onanismo pirotécnico final) que agotaron memoria y batería de móviles de tal manera que los recuerdos se agolparon en las retinas de los hinchas como éstos a la puertas del metro para volver a casa.

Así las cosas, seguramente no fue la inauguración soñada por todos para este impresionante estadio pero la victoria de anoche reconforta tanto como comprobar que, más allá de las menudencias e imperfecciones a corregir dentro y fuera del césped, en el Metropolitano está plenamente instalado eso que otras aficiones son incapaces de entender y que es decisivo para el Atleti: el corazón rojiblanco. Ese que late en el ramo de Margarita, en los cánticos del Frente, en las manos que unen a padres e hijos y a abuelos y nietos, en el ondear enajenado de miles de banderas y bufandas rojiblancas, en los nudos en la garganta que encharcan miradas, en el rock atronador que antecede a cada partido, en ese himno que prevalece por encima de lo geográfico y lo temporal, en el rugido feliz al compás de cada gol local, en la fraternidad cómplice entre perfectos extraños, en la pasión que permite que el Atlético salga a jugar con once titulares y casi setenta mil jugadores. Un club único e indescriptible capaz de enamorar a un rey y encandilar a un republicano. Eso es el Atlético. Y eso se notó anoche en el Metropolitano. Habrá quien aún a estas horas prefiera enredarse en todo lo que le falta al estadio y al equipo. Yo prefiero no poner quejas a Charlize Theron. ¡Aúpa Atleti! 

viernes, 8 de septiembre de 2017

No teniu cervell

Al hilo de las últimas novedades informativas, me han surgido dos dudas. Una: ¿dónde hay más seriedad: en un guión de Sharknado o en Cataluña? Y la otra: ¿dónde hay más democracia: en la Zimbaue de Mugabe o en la Cataluña de Puigdemont? Aún ando intentando dar con una respuesta indubitable.

Hay que reconocer que esta decisión del Gobierno autonómico catalán de marcarse un Thelma y Louise resulta casi cómica en sí misma. Al fin y al cabo, Cataluña es la tierra de la que nacieron comediantes como Els Joglars, La Cubana o Tricicle. La diferencia entre esas compañías y Puigdemont y cía es que aquellas tienen bastante gracia y estos estrafalarios tipos poca o ninguna. Quizás en algún momento fueron graciosos. Ya no. Son como malos actores empeñados en reiterar un insufrible papel una y otra vez. Un papel que, lo que son las cosas, ha desembocado en una situación tan inédita en este país como lo fue el 23-F. En aquella ocasión, los que se pasaron la legalidad por el orto llevaban tricornio y se apoderaron del parlamento nacional; en ésta, los que han utilizado el ordenamiento como papel higiénico son más de barretina y se han apoderado del parlamento catalán. 

Me parece legítimo aunque reprobable utilizar una cortina de humo para tapar escándalos, despropósitos y negligencias varias. El problema es que a los nacionalistas catalanes el humo se les ha ido de las manos y vete a saber si no acaba en gas lacrimógeno. Me pregunto si no había otras cortinas de humo en stock como para tener que recurrir a una que amenaza la convivencia social. No sé. Alguna otra habría. Un escándolo sexual, Junqueras desnudo, Puigdemont luchando contra Pikachu en Pokemon, las mozas de las CUP pasando por Cámbiame...estoy convencido de que cualquier otra alternativa habría sido mejor que ésta.

No menos legítimo y reprobable me resulta el hecho de recurrir a falacias, invenciones o medias verdades para vertebrar una pretensión apenas sostenible y que se basa en fantasías históricas y mentiras económicas. Yo no sé cuánto habrá robado el resto de España a Cataluña (ese mantra que ya es tan interesante como una canción de Georgie Dann) pero sí sé que los Pujol (madrileños de toda la vida) lideran el ranking de malversación y saqueo de las arcas catalanas y que las Olimpiadas que pusieron a Barcelona on fire las pagamos todos al ritmo de "amigos para siempre, no naino naino naino naino naino na". No sé. Igual Cataluña se está equivocando de padre al que matar para conseguir su freudiana emancipación.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Por una suma de factores: el insaciable chantajismo nacionalista, el paroxismo de la conducta pasivo-agresiva del Govern, el victimismo atávico incendiado por una situación económica desfavorable, la ausencia de honradez, la carencia de sentido común, la falta de vergüenza, el cortoplacismo...y la decisiva "intervención" de Mariano Rajoy, el gran maestre del melasudismo, el gurú de la pachorra cannábica, quien, ahondando en su estrategia de bombero pirómano, ha dejado que esto se salga de madre para aparecer ante la opinión pública como una especie de salvapatrias, una técnica que, electoralmente, ya le funcionó con Podemos y que tiene toda la pinta de estar detrás de esa bochornosa pasividad con la que ha gestionado todo este asunto.

Desconozco cómo va a acabar todo esto. Y tampoco me importa la verdad en la medida en que no me afecta directamente y demasiado tengo ya con mis cosas. Los únicos que pueden y deben estar preocupados son los catalanes, con independencia de su genoma político. ¿Por qué? Porque, tradicionalmente, cuando aquella región ha decidido ponerse estupenda y el mundo por barretina, la cosa no ha acabado generalmente bien para ellos. Ahí está la Historia para recordarlo: la decisión de tocar lo que no suena a Juan II de Aragón apoyando a Carlos de Viana se saldó con una guerra (1462-1472) que dejó a la Generalidad como geisha por arrozal; la sublevación de los segadores (1640-1652) acabó con Juan José de Austria entrando en Cataluña cual Tywin Lannister a caballo; en la Guerra de Sucesión (1701-1714) Cataluña apostó por el bando perdedor y Felipe V los premió pasándose por la Nueva Planta el derecho y las instituciones catalanas; la proclamación del Estado Catalán en 1934 por Companys y demás comparsa acabó como el rosario de la aurora y, oh, sorpresa, con consecuencias funestas para Cataluña. A lo mejor es que Puigdemont, Junqueras y compañía tienen las mismas nociones de Historia que de leyes y por eso actúan con la feliz despreocupación de un kamikaze.

Lo que está claro es que "lo de Cataluña" va a marcar a España como lo marcó el 23-F en la medida en que supone una evidente amenaza no sólo a la legalidad vigente sino al orden público y la convivencia social. Me parece fenomenal que los independentistas catalanes se hagan un harakiri...pero que se lo hagan en sus vientres y no en los de todos los catalanes. En fin, independentistas: no teniu cervell. No tenéis cerebro.

martes, 5 de septiembre de 2017

Juego de Tronos: damas mandan

Hace ya días que acabó la séptima y penúltima temporada de Juego de tronos. He esperado un tiempo razonable a que la tormenta de comentarios, opiniones y elucubraciones pasara de huracán a brisa y, la verdad, hay algo que me sorprende. Tras la emisión del último capítulo, ese que evidenció la traslación del eje desde lo "shakespeariano" a lo "tolkeniano" y que acabó con ¿Jon? ¿Nieve? derribando un muro y el Rey de la Noche derribando otro, se desató online y offline todo un festival de onomatopeyas y glosas anfetaminadas que abarcó desde debates en torno a genealogías telenovelescas hasta polémicas a cuenta del inesperado uso de dos recursos narrativos como el "tempo" (que no tiempo) y la elipsis en una serie tan propensa a la parsimonia y la perífrasis (existía la duda legítima sobre qué dura más: un viaje por Poniente o un partido de Óliver y Benji) pasando por lo chusco que resulta, analizado en frío, el relleno de explicaciones mediante alguna de estas tres opciones: Bran lo vio, Sam lo leyó o la magia lo hizo (y un cuervo me lo confirmó, faltaría decir, parafraseando cierta canción).

El caso es que en toda esa tempestad de análisis, dimes, diretes, predicciones y bulos, no tengo la impresión de que se haya remarcado lo suficiente (tan sólo he detectado un artículo en el Huffington Post y otro en Hipertextual) aquello de lo que quiero hablar en este artículo. Me refiero al hecho de que, de toda la amplísima variedad de magníficos y fascinantes personajes con los que cuenta esta extraordinaria ficción, son las mujeres las que han asumido sin ningún complejo un rol tradicionalmente asignado a hombres: el de líder. Así, en Game of thrones no se cumple aquello de "Detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer" sino más bien lo contrario. Y, la verdad, personalmente, me encanta, no sólo por ser un "novedoso" contracliché sino porque hace comulgar a la ficción con la simple realidad, esa que nos demuestra que las cualidades, las virtudes y los defectos no dependen del género. En el juego de tronos, las mujeres se han hecho las amas de la partida: Cersei Lannister ocupa el trono de hierro, Daenerys Targaryen lidera la alternativa, Sansa Stark rige en el Norte y Brienne de Tarth y Arya Stark son las mejores espadas de Poniente. Por si fuera poco, junto a estas "mujerazas", hemos podido disfrutar de otras féminas llevando las riendas de sus respectivos territorios y siendo piezas a tener en cuenta en el agitado tablero de esta ficción hasta su caída en desgracia: Olenna Tyrell desde Altojardín, Ellaria Arena desde Dorne y Yara Greyjoy dese las Islas del Hierro también han tenido su decisiva intervención en los acontecimientos de la trama y las subtramas. ¿Que hay grandísimos personajes masculinos? Indudablemente y ahí está Tyrion para despejar dudas. ¿Que las mujeres se han quedado ya como reinas absolutas del cotarro? También y no, no sólo por una mera cuestión de "descarte por defunción violenta". Han sabido triunfar donde otros fracasan.

Junto a esa interesante lección de que el éxito no depende de la configuración cromosómica, Juego de Tronos sabe realzar la importancia de una cualidad más que positiva en los tiempos que corren, la resiliencia, una virtud que encuentra sus mejores exponentes en Daenerys, Cersei, Sansa y compañía: todas han sabido conjugar su identidad con las circunstancias, llenándose de matices que han facilitado su evolución y sobreviviencia en un entorno tan inmisericorde y volátil como el de Poniente sin perder por el camino sus rasgos más identitarios e inconfundibles. Han sabido hacer frente a toda clase de adversidades, imprevistos y contratiempos y, gracias a eso, están ahora donde están mientras que otros hombres (y mujeres) quedaron atrás. Por eso, no es ninguna estupidez decir que Game of thrones ha hecho más y mejor por el empoderamiento de la mujer que decenas de charlas carísimas, vídeos inspiradores y libros motivantes. Una de las grandes moralejas por esta excelente ficción, con independencia de lo que ocurra en la octava y última temporada, tiene voz femenina: "Sé tú misma y no dejes que nada ni nadie te haga dudar o renunciar a ello". Y no, ser uno mismo no significa quedarse quieto cual Rajoy, significa abrazar el cambio desde la confianza en uno mismo, la perseverancia y la autocrítica, sabiendo que el futuro se gana en el presente y que el pasado es sólo un lugar del que aprender y al que no volver. Cada personaje femenino de Juego de Tronos tiene su propio manual para lograr todo esto pero es una auténtica gozada ver la evolución que han experimentado las principales mujeres de las casas Lannister, Targaryen y Stark, no sólo en su mera condición de personajes de una narración sino por su creciente resonancia en la historia y su valor referencial para una sociedad que aún anda enredada en el bucle de un trasnochado debate de género y etiquetas. Estas mujeres se han ganado estar donde están ahora y no ha sido ni por condescendencia ni por cuota ni por feminismo ni por sugestión de gurú ni por rebelarse contra el heteropatriarcado ni por majaderías de esas: han sabido aceptarse como son, ser ellas mismas, deshacerse de complejos, adaptarse a lo que la vida les ha arrojado, conservar sus metas, luchar por sus sueños, jugar bien sus cartas, romper pronósticos y ganar la partida, de igual a igual, a hombres y mujeres incluso más poderosas a priori que ellas.

Por todo ello creo que, entre otras muchas razones, merece la pena ver Juego de tronos: porque nos enseña desde la ficción algo que es necesario en el mundo real. ¿El qué? Que esto no va de ser hombre o mujer sino de ser persona y, cuando más extraordinaria, mejor. Y, si alguien lo duda, mejor que recuerde una palabra: dracarys.         

domingo, 3 de septiembre de 2017

Creencias

Al hilo del terrorismo yihadista, se ha desatado una especie de debate comparativo entre creencias que anda a medio camino entre la infantil (en tanto que irracional) postura de "la mía es la mejor/única" y la nihilista opción de "no creo en nada" pasando por reyertas dialécticas consistentes en arrojarse reproches de todo tipo. Como en cualquier polémica, creo que el exceso de furor se rebaja con un poco de educación (tanto académica como cívica) y un mucho de saber. Contra el paletismo rampante, cualquiera que sea su manifestación, no hay mejor remedio que el conocimiento, ya sea éste adquirido por viajes o por lecturas o por escuchas a esos sabios que siempre saben más y mejor que uno. De ahí que, en no pocos momentos y lugares, haya habido una persecución o censura del saber bajo pretextos "religiosos" porque el conocimiento es el antídoto perfecto para quienes quieren manipular o dirigir a conveniencia al prójimo.

Por eso, quiero sumarme a ese debate, pero intentando no apartarme de la honestidad ni del sentido común ni de lo que he aprendido en lo que va de vida ni renunciar tampoco a mi condición de creyente (cristiano, para más señas). Puede que en algunos momentos yo no sea políticamente correcto pero parte del problema actual se explica por la superpoblación de eufemismos, elipsis, perífrasis, paráfrasis y medias verdades con las que se toca un tema tan sensible como el de las creencias.

Antes de nada, quiero decir que yo entiendo como "creencia" toda corriente de pensamiento asentada en la trascendencia de la existencia (la consciencia de lo humano a partir de la aceptación de lo que le trasciende sería el punto de partida de todo credo), orientada a nortear la conducta del ser humano y que tiene un número de seguidores que le rinden culto. Por eso, entiendo como creencia las denominadas "religiones abrahámicas" o "religiones del libro" (judaísmo, cristianismo e islam), el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el confucianismo e, incluso, creencias tan obviamente "manufacturadas" como el movimiento de los santos de los últimos días (mormonismo) o la cienciología. Sé que omito mencionar otras creencias pero quiero simplemente hacer notar que para mí caben muchas cosas dentro del baúl de las creencias. Por caber, cabrían incluso el agnosticismo y el ateísmo, que no dejan de ser dos formas de creer en negativo, esto es, en "oposición a", pero ese es un jardín en el que no me voy a meter.

Respecto a las creencias pienso que es muy importante no perder de vista una cosa: nacen como una forma de relacionarse del ser humano con aquello que le trasciende. Una relación que ha vivido diversas etapas (el hombre pasó de adorar elementos puramente naturales a adorar a entidades antropomórficas, incorpóreas y ultraterrenales) y, en ese sentido, las diversas mitologías no son más que recordatorios de creencias que, en su momento, fueron tan decisivas como lo son hoy el cristianismo o el islam: Zeus no es más que un dios al que se le acabó del crédito de creyentes. Así, como dije en otro artículo, las creencias son distintas maneras de hacer lo mismo: relacionarse con aquello que escapa a la percepción sensorial u ontológica, intentar no acabar desquiciado por lo inexplicable y sugestionarse para hacer más llevadero el tour por este mundo tan singular. Así, la relación entre el hombre y lo que le trasciende sería muy similar a la que una persona tiene con Internet: cada una prefiere un navegador (Explorer, Firefox, Chrome, etc). Con las creencias pasa lo mismo: cada uno es libre de elegir y "utilizar" la que más le caiga en gracia o útil le parezca (Cristianismo, Judaísmo, Islam, Budismo, etc) para salir indemne de este valle de lágrimas.  

Antes de ir a lo negativo de las creencias, creo que es de justicia destacar su principal virtud que, en mi opinión, no es otra que servir de argamasa tanto de sociedades como de personas. La mayoría de las religiones son muy útiles en la medida en que pueden cohesionar la psique social (y, por tanto, contribuir decisivamente a la organización cívica mediante la configuración de la moral que hay en el trasfondo del ordenamiento explícito o tácito de un pueblo) como la psique personal (ya que facilitan un relato argumental asumible por el ser humano que, mediante una decisiva sugestión le orienta en este devenir imprevisible y carente de cualquier lógica o justicia que es la vida). Dicho de otra manera, sin ese componente de pedagogía maniquea (bien-mal, paraíso-infierno, mandamiento-pecado) que conlleva en mayor o menor medida toda creencia, sería harto complicado que el hombre hubiera conseguido organizarse como individuo y como colectivo. Por eso, la estabilidad social y psicológica del ser humano no se puede entender sin la incidencia de las creencias. Así, las creencias funcionan como filosofías a gran escala ya que, donde no llegan los tradicionales corpus filosóficos (que no trascienden el ámbito individual en fondo ni forma), sí alcanzan las creencias, que no dejan de ser filosofías que, en lugar de mirar al hombre, como hacen las "canónicas", se asientan en lo que hay más allá de él.

La otra gran virtud a mi entender es que la mayoría de las creencias buscan en el fondo lo mismo: el perfeccionamiento del ser humano, su ennoblecimiento, la bondad universal. Son toda una retórica del amor, un código ético del buenrollismo y como tal buscan "religar" al ser humano para alcanzar una armonía. Así, las creencias funcionan en la práctica como las aficiones o hobbies: son predilecciones placenteras que entroncan a gente diversa en lo geográfico, lo social y lo cronológico, con la diferencia de que en unas prima lo meramente ocioso y  en otras lo virtuoso.

¿Dónde está lo negativo de las creencias? ¿Cuál es el problema de todo esto? Pues, de base, que no todos los seres humanos comparten la misma creencia y por tanto resulta más que complicado afinar la orquesta (lo cual ha motivado movimientos tan curiosos como el "abrahamismo", que pretende conformar un credo mayoritario basándose en los puntos de coincidencia entre judaísmo, cristianismo e islam). En línea con este problema, otro: la gestión de la ética de un creyente respecto "los otros", especialmente si esos otros no profesan la misma creencia, cuestión que ha suscitado no pocas "guerras santas", intolerancias, persecuciones, prohibiciones y desmadres varios a lo largo del planeta y la historia. Y luego está otro problema que a menudo se soslaya por aquello de no avergonzarse frente al espejo: por muy divina que sea la inspiración de una creencia, su traslación al mundo terrenal, su "transcripción" y exégesis corren siempre a manos de puros y simples mortales, que a lo  mejor son bellísimas personas pero no están a salvo ni mucho menos de caer en esa sacra labor por el terraplén de la incongruencia (el Génesis del Antiguo Testamento, por ejemplo, es un festival de ellas, como lo son por ejemplo los Evangelios apócrifos en comparación con los canónicos), las fobias (el rol de la mujer en las religiones del libro, por seguir ejemplificando, no pasa de nivel "cameo" en el mejor de los casos), el interés político o el afán manipulativo. Y es que ha habido y hay mucho torpe, cretino o cabrón metido a portavoz de Dios. Todo aquello surgido de la mano o boca de un hombre hay que ponerlo en cuarentena. De haber hecho esto, el mundo se habría ahorrado mucha sangre derramada. Por eso, fenómenos como el yihadismo surgen por creencias extremistas e interesadas como el wahabismo que poco o nada tienen que ver con el credo central de referencia. Así, las creencias en sí mismas consideradas no serían buenas ni malas ni mejores ni peores: serían distintas entre sí. El problema viene con la interpretación y aplicación práctica que cada fulano haga de ellas. Las creencias no son malas per se, lo malo es lo que se ha hecho en nombre de esas creencias o deidades porque eso no viene en los libros sagrados ni viene de la boca de ningún dios: viene de las entrañas más negras del ser humano. Eso es lo terrible: lo espiritual o ultraterrenal como excusa o coartada para la vileza y cobardía del ser humano. Por eso hay muchos ateos que tienen errado el punto de mira: no es contra Dios ni contra una religión contra quienes tienen que lanzar sus reproches sino contra la propia condición humana.

¿Por qué las creencias están detrás de muchas salvajadas, atrocidades y estupideces? Por una manfiesta carencia de autocrítica. En mi opinión, la gente ha olvidado deliberadamente que las/sus creencias no son de facto más que macroplacebos hasta que se demuestre lo contrario (prueba que sólo llega por desgracia post-mortem), no son verdades absolutas e incuestionables (son una forma de hacer creer en una lógica ultraterrenal según la cual dos y dos son cinco pese a que el mundo no hostie con cuatros con frecuencia). Así las cosas, una creencia debería ser tan respetable como cualquier otra: no dejan de ser alimentos que elegimos para nuestra psique, colores para singularizar nuestra conciencia, aficiones para hacer habitable la condición humana. En línea con esto de la no-autocrítica habría que encuadrar el engreimiento de unos creyentes respecto a otros, un "derbi" metafísico que se dirime en el barro social y que parte de un argumento bastante falaz: sólo hay una religión buena, válida y verdadera. Hasta que llegue el Juicio Final (si es que llega) o un vecino regrese de entre los muertos con la exclusiva para sacarnos de dudas, no hay una creencia que se haya demostrado pluscuamperfecta. Todas tienen sus taras, sus recovecos, sus lados oscuros. Y quien piense lo contrario, (se) miente, porque basta estudiar mínimamente las creencias para encontrar elementos a reprochar. Por ejemplo, el judaísmo vive en un permanente, endogámico y chovinista bucle, el cristianismo se echó a perder con esa "multinacionalización" que hizo punto y aparte entre las primeras comunidades y el emporio eclesial que buscó el poder terrenal, el impermeable Islam surge como alternativa pasivo-agresiva para competir contra judíos y cristianos, el budismo requiere más paciencia de la que tolera el mundo, la cienciología es un ejemplo de cómo la fusión de la autoayuda y la ciencia ficción produce monstruos, etc, etc, etc. Por eso, en el ámbito espiritual, como en cualquier otro, el purismo no es aconsejable. Y ese error, el del purismo, es uno en el que no sólo ha caído el Islam (la relación de Mahoma respecto al judaísmo y el cristianismo da para un par de divanes como mínimo) sino también el cristianismo: una religión nacida al albor de la influencia de la mitología y costumbres judaicas, por un lado, y de la pedagogía oriental (las parábolas vienen de oriente), por otro, no debió permitirse nunca la obscenidad de actuar como un macho alfa (véase Inquisición).

En fin. Que, en estas cuestiones de creencias, una excelente medida preventiva para no meter la pata es leer mucho y respetar más aún que leer porque, si no, al paso que vamos, este mundo no lo va a salvar ni arreglar nadie.      

sábado, 26 de agosto de 2017

La gestión del lodo

El lodo, el cieno, el fango, el mantillo, la mugre, la basura, la inmundicia, la mierda...el campo semántico de lo asqueroso tiene entre sus denominadores comunes uno especialmente perceptible estos días: es difícil de gestionar. Difícil no porque sea complejo el acto en sí de deshacerse del lodo sino porque, como seres propensos a la vileza y la cobardía, la mayoría de las veces nos solemos liberar del lodo mediante la purulenta técnica de cargar el muerto (o los muertos, en este caso) a cualquier persona que no sea uno mismo, ya sea como mecanismo de autodefensa para que la psique no quiebre, ya sea como recurso para que la vergüenza no devore el ánimo o como protocolo de cobardía moral. El quid de la cuestión radica en que ese "otro", por lo general, no suele estar conforme con su rol de paganini o chivo expiatorio y entonces se inicia una repugnante liturgia de dimes y diretes consistente en una reyerta dialéctica y cobarde donde la mierda vuela en todas direcciones. Por eso es difícil de gestionar el lodo: porque una vez que empieza el etiquetado, empaquetado y envío del lodo se abren las compuertas del cainismo. Tan pronto como se pone en marcha el ventilador inmundo, el aspersor fecal no hace prisioneros. Y así está el patio en España como está, tras los atentados en Cataluña: con una fenomenal polvareda política, policial y social a cuenta de quién debe subir al cadalso para sufrir el tormento de la culpabilización. Un duelo a garrotazos que tiene poco de goyesco y mucho de patético.

Antes de seguir, me gustaría hacer una aclaración. Siempre que ocurren tragedias como los atentados en Cataluña concurren por lo general varios factores: descoordinación, desconfianza, desidia, prepotencia, minusvaloración, ignorancia, torpeza en la interpretación de indicios, imprevisión e imprudencia. No falla. El primer y mejor ejemplo de ello está en los atentados del 11-S y si alguien no me cree, recomiendo que se lea el fenomenal y rigurosísimo libro Contra todos los enemigos de Richard Clarke. Pasó en EEUU...pero también ha pasado en España, otra vez. Y si alguien piensa que que los despropósitos que desembocaron en el 11-S no tienen nada que ver con los que propiciaron los atentados en Barcelona y Cambrils, es mejor que se repase bien lo que se sabe hasta el momento. Nadie puede ni debe sacar pecho ni colgarse medallas después de una barbaridad semejante, máxime cuando podría haber sido mucho peor de no haber volado por los aires cierta finca "okupada" por unos tíos que estaban deseando ver huríes.

La cuestión es, volviendo al tema, que en lugar de hacer autocrítica y dejar que la honradez y el sentido común se pongan a los mandos, lo que hacemos es iniciar una especie de caza de brujas desvergonzada, de pilla-pilla repulsivo, de combate despendolado en el que lanzarse los muertos a la cara como si fueran facturas pendientes de pagar. Pasó en EEUU...pero también ha pasado en España, otra vez (ya con el 11-M el ventilador de la mierda funcionó a pleno rendimiento). Tan desmadrado está el asunto que hasta un sacerdote aprovechó el momento de la homilía para soltar un intempestivo discurso que poco o nada tiene que ver con la Biblia ni Cristo (tuviera o no razón el portador de la casulla, no era el momento ni el lugar para decir nada de lo que dijo).

¿Qué pienso yo de todo esto? Que la culpa penal y directa corresponde única y exclusivamente a los autores intelectuales y materiales de los atentados en Cataluña, pero la responsabilidad de este siniestro desastre tiene muchos firmantes. Cuando algo así ocurre, nadie está libre de pecado. Así que, puestos a repartir responsabilidades, mejor coloquemos la mirada en todos los actores sobre el escenario:
  • La verbenera gestión de los Mossos (antes, durante y después de los atentados) no se explica sin el "procés" de fondo ni éste sin la abulia del Gobierno español por atajar esa astracanada. Cuando dejas que los intereses políticos sean tu única brújula, quien sale perdiendo por lo general es la sociedad. Y eso es lo que ha pasado aquí: que el interés político-electoral tanto del Govern independentista como del Gobierno pepero por mantener vivo el tema del "procés" ha propiciado el sindiós que ha ridiculizado tanto a políticos como uniformados (el único Mosso a la altura de las circunstancias fue en mi opinión el que finiquitó a cuatro de esos monstruos)y, lo que es más importante, ha dejado unos cuantos asesinados en Cataluña. En este sentido, el aprovechamiento político que están haciendo Puigdemont y cía (con mención especial para Joaquim Forn) por un lado y Rajoy y su gente por otro es algo simplemente asqueroso. Que haya sido un juez de la Audiencia Nacional el que haya tenido que subsanar el circo y coordinar a las fuerzas y cuerpos de seguridad da una idea del lamentable percal.
  • El postureo cosmpolita, el buenismo esnob y la prepotencia de Colau y aledaños desoyendo las recomendaciones de proteger ciertos lugares o zonas tampoco se pueden ir de rositas. Hay que ser gilipollas para pensar que unos meros bolardos son el Santo Grial contra las matanzas...pero hay que ser idénticamente gilipuertas para creer que unos bolardos son innecesarios cuando los buscahuríes utilizan en los últimos tiempos vehículos para rallies de destrucción masiva. ¿Habrían evitado el atentado? Seguramente no y probablemente habrían cambiado sólo el modus operandi pero cuando estás amenazado por terroristas lo mínimo que puedes hacer es tomar todas las precauciones y protecciones que estén en tu mano. La prueba de que fue un error no tomar medidas defensivas está en que les ha faltado tiempo en Barcelona para replantearse esa decisión respecto a los bolardos. La pena es que sólo la muerte haya hecho entrar en razón a tanto imprudente y soplapollas. Respecto a esto último, el argumento-excusa de no poner bolardos en Las Ramblas porque no se podían poner en otros lugares de Barcelona creo que está en el top de majaderías del año porque entre estar defendido un poco o quedarte indefenso del todo creo que la opción está clara, salvo que seas un anormal. Por otra parte, dudo bastante que si estos espabilados jugaran por la banda derecha y no por la izquierda, la opinión pública y mediática fuera tan "benévola" como lo está siendo con la alcadesa de Barcelona y demás gente al fondo: los fallos y los errores hay que criticarlos con idéntica dureza con independencia de la ideología, credo o signo zodiacal de sus responsables. 
  • También habría que levantar un monumento a quienes permitieron que el pseudoimam Es Satty, líder de la célula y perversor de sus integrantes, campara a sus anchas por España, pasándose por el arco genital la orden de expulsión que había contra él. Me refiero a su abogado ("No parecía integrista, iba en vaqueros" (sic), olé tú) y al juez que revocó la expulsión (por no considerar que un tipo cuya carta de presentación fueron 120 kilos de droga supusiera una amenaza real y suficientemente grave para el orden público o la seguridad pública; aplausos). Lógicamente, ambos juristas estaban haciendo su trabajo (aunque el juez se ha coronado ya a perpetuidad) pero la moraleja a extraer de su disparate es que, en ocasiones, el papel de fumar con el que se la cogen ciertas personas se convierte en sudario de otras que simplemente estaban en el sitio y momento incorrectos. De todos modos, no hay que linchar a estos dos tipos por ser meras consecuencias de un mal que parece ya endémico: el buenismo legal que impera en el ordenamiento vigente y que es un auténtico chollo para la gentuza, con independencia de su denominación de origen.
  • Tampoco hay que orillar el hecho de que las principales mezquitas en España están influidas (en lo económico e "intelectual") por Arabia Saudí y Qatar, estados que, más allá de pasarse por el forro los derechos humanos (o quizá precisamente por eso), son más que simpatizantes del wahabismo/salafismo, convirtiendo así de facto no pocos templos musulmanes españoles en cajas de resonancia de esa visión fundamentalista de la que beben los terroristas del ISIS. Y para muestra, muchas mezquitas en Cataluña. Si a esta "influencia" se le une la oficiosa convicción que hay a nivel internacional de que estos golfos del Pérsico están dando soporte (al menos económico) a los terroristas yihadistas pues...tú me dirás. Es cierto que culpabilizar a las máximas autoridades de España (Felipe VI como Jefe del Estado y Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno) de los atentados en Cataluña por las relaciones España-Arabia es algo sencillamente abyecto (especialmente cuando tal acusación viene de cierta chusma de flequillos y sobacos). Pero, en cambio, no es nada descabellado afear la indudable hipocresía de quienes por un lado condenan y compadecen (y ojo que no dudo en absoluto de que lo hagan de corazón) y por otro no rompen relaciones a todos los niveles con esta gentuza que forra a petrodólares a quienes matan a inocentes dentro y fuera de España. De momento, está claro que, por desgracia, a las autoridades españolas les compensa más aguantar el papelón que mandar a saudíes, qataríes y kuwaitíes a tomar por La Meca.
  • Y por último, pero no menos importante, hay que dar su porción de culpa (y quizá sea la más grande de todo el pastel) a la comunidad internacional: la misma que no impide ni remedia irresponsables chapuzas (Afganistán, Iraq, Libia, etc) que han permitido emerger a los yihadistas ni tampoco se pone de acuerdo para exterminar sin miramientos a los terroristas allá donde estén. La burocracia, la diplomacia, la geopolítica y la militarización de lo económico han creado monstruos...y para muestra, el ISIS. 
No obstante, quiero terminar con un apunte agradable: la sociedad española ha demostrado que este país es como el Atleti: tiene una masa social muy por encima de sus dirigentes. Las imágenes de los padres de un crío asesinado en Las Ramblas abrazando a un imam son un excelente bálsamo entre tanta herida abierta y tanta mierda volando.