miércoles, 20 de junio de 2018

Esto es teatro

En el teatro actual, hay en mi opinión dos formas de no equivocarse como espectador, al menos en España. Una, ver una función de Rafael Álvarez "El Brujo". La otra, ver en acción sobre un escenario a la compañía Shakespeare's Globe. Por eso, en Madrid, estos días estamos de suerte porque los herederos de la Shakespeare Company están otra vez (en abril 2015 nos regalaron un sensacional Hamlet) de paso por nuestra ciudad dentro de su gira mundial.

Anoche fui a los Teatros del Canal al estreno de su nuevo espectáculo, una propuesta enormemente interesante y entretenida que deja en manos del público la posibilidad de elegir la obra a representar (El mercader de Venecia, La fierecilla domada o Noche de Reyes) por ocho actores (cuatro veteranos y cuatro "noveles") de los que lo mejor que puede decirse es que honran el teatro con una maestría tan fluida y armónica que hace parecer sencillo algo que en absoluto lo es

Ayer, la obra de William Shakespeare a representar, elegida por aclamación entre las tres comedias antes citadas, fue Noche de Reyes (literalmente La duodécima noche), una pieza que quizá no esté entre las más conocidas del mejor dramaturgo de todos los tiempos pero que sirve para recordar no sólo su colosal habilidad a la hora de crear personajes inolvidables sino también para reconfirmarlo como un excelente precursor de la teatral comedia de enredo, la cinematográfica screwball comedy y la televisiva sitcom. Luke Brady (genial su bufón Feste), Steffan Cennydd, Cynthia Emeagi, Sarah Finigan, Colm Gormley, Russell Layton, Rhianna McGreevy y Jacqueline Phillips lo bordan. Así de simple. Y eso que no era nada fácil su arriesgada pero interesante propuesta de jugar con la edad y el género de los actores respecto a los personajes a interpretar. Gracias a sus magníficas interpretaciones, las dos horas que duró la función se pasaron volando, haciendo disfrutar tanto que incluso supo a poco. Tal vez por eso, la rotunda y merecidísima ovación de los que anoche llenamos la Sala Verde de los Teatros del Canal obligó a salir a saludar en varias ocasiones al elenco, porque espectáculos como el de ayer no se ven todos los días.

Dicho esto, creo que hay que estar profundamente agradecidos a la Shakespeare's Globe por algo que trasciende la divertida comedia de noche. Hay que darles las gracias por recordar a quien lo olvidó y descubrir a quien lo desconociera que el teatro es, simultáneamente, una celebración, una fiesta y un juego (actuar y jugar comparten en inglés no por casualidad el mismo verbo: "play"). Es pura recreación: divertirse creando de nuevo (el dios-patrón del teatro es Dioniso, la única deidad del Olimpo nacida dos veces y algo de eso tiene el teatro). Es un festejo laico para hacer sagrado algo lúdico que habla de lo humano. Y esto es algo que los del Globe lo tienen muy presente, como dejaron bien claro los ocho actores incluso al inicio, al entreacto y al final de la función de anoche, derrochando música, buen humor y complicidad entre ellos y con los espectadores. 

En resumen y por concluir: que si alguien quiere comprar un excelente recuerdo, que no lo dude y pague cuanto antes la entrada para ver hoy o mañana (aún quedan a la venta) a la Shakespeare's Globe. Su memoria y su ánimo se lo agradecerán.

sábado, 16 de junio de 2018

Ópera en vaqueros

Ocurrió ayer. Madrid. Mediodía. Calle Arenal. A escasos metros de la misma Puerta del Sol donde se confunden madrileños en tránsito, mimos variopintos transformados en islotes entre el gentío, guiris hormigueando en una fiebre de fotos y selfies, dos golfonas sacando cuartos a quien tenga el (dudoso) gusto de fotografiarse junto a sus aireadas carnes y su kitsch "I love Madrid", y unos cuantos siniestros seres de felpa con alma andina que pervierten con afán lucrativo grandes iconos infantiles en los alrededores del Kilómetro Cero.

Yo me encaminaba a esa preciosa iglesia con alma literaria y olor a churro llamada San Ginés, a "agradecer" a San Judas Tadeo los servicios prestados en esa guerra sin cuartel conocida como "oposiciones". Como siempre que ando por el agobiante y masificado centro, iba con la indiferencia activada y los pies ligeros. Pero la escena que quiero destacar captó mi atención y frenó mis pasos. La "culpa" la tuvo un cuarteto formado por una pianista, un violinista, dos tenores y una soprano (no voy a entrar ahora en digresiones de si eran tenores, barítonos, soprano, mezzosoprano o contralto) vestidos como cualquier otro paisano: vaqueros y demás vestuario de camuflaje urbano. Ignoro en qué momento a los cuatro artistas les pareció una buena idea cantar ópera en el epicentro febril y populachero pero tuvieron la valentía de hacerlo. Y, oye, ni en sus mejores sueños. Ni en los míos tampoco. Una delicia. Así se puede resumir su desempeño, arte y talento. Simplemente sensacionales.

Viendo todo eso, confundido en la treintena o cuarentena de personas que rodeaban asombradas y absortas al cuarteto, me acordé de todos esos supuestos talent shows (que para mí a duras penas llegan al show y no digamos ya al talent) con los que Telecirco trufa su parrilla de programación. Me refiero a Tú sí que vales, Got talent, Factor X y demás linaje. En esos instantes, mientras el cuarteto honra la ópera con un repertorio de reconocibles "grandes éxitos", tuve la absoluta certeza de que el talento no es eso que quieren hacer creer un jurado estrafalario en medio de una escenografía hortera a propósito de unos concursantes de discutible valía sino lo que estaban demostrando estas cuatro personas y que, quizá por eso mismo, nunca veríamos a este cuarteto pisando un escenario de Mediaset. También pienso en otra cosa: cómo tiene que estar el patio para que gente tan objetivamente virtuosa se lance a la calle a mendigar atención y reconocimiento, exponiéndose a la intemperie de un posible ninguneo. Tremendo.

La multitud escucha. Los aplausos pagan. Yo reanudo mi marcha pero atrás vuelven a emerger la música y las estupendas voces de esa "ópera en jeans". A veces, la vida es maravillosa.

domingo, 10 de junio de 2018

Leña al friki

La resaca del necesario cambio de Gobierno está siendo todo un géiser de titulares, noticias y comentarios, un Woodstock onanista para columnistas, tertulianos y opinadores varios, una coartada excelente para verter filias y fobias ideológicas o personales al calor de los acontecimientos. Entre todo lo dicho, quiero centrarme en lo siguiente: el nombramiento del militar Pedro Baños como Director de Seguridad Nacional ha suscitado contundentes críticas y guasas despectivas. Entre las primeras, destacan las críticas a su simpatía por la Rusia de Putin (para gustos, los colores) y a su afirmación de que los mayores peligros mundiales son EEUU y China (que alguien diga que los dos países más potentes económica y militarmente son las dos peores amenazas para la estabilidad mundial no es una novedad sino una obviedad pero hay gente que se escandaliza con demasiada facilidad). Entre las segundas, es decir, entre las guasas, las chanzas y los cachondeos varios, destaca por recurrente la vinculación de Baños con Íker Jiménez (el militar es habitual colaborador del programa Cuarto Milenio), utilizando el término "friki" con ánimo despectivo, ridiculizante, descalificador y denigrante contra Baños y, por extensión, contra Jiménez y todos los que comparten con el periodista, divulgador y presentador vasco su curiosidad insaciable por el misterio (por cierto, que ya me gustaría ver a mí a muchos de esos criticones que ridiculizan a Íker hacer en su vida algo de la calidad y el rigor como el magnífico documental que realizó sobre Chernóbil). En ese sentido, ha habido titulares y noticias estos días en diversos medios de comunicación que a uno como periodista le hacen sentir profunda vergüenza ajena cuando no directamente asco.

El propósito de este artículo no es defender a Baños, puesto que a él le defiende suficientemente bien su currículo profesional y además Íker Jiménez ya lo ha hecho estupendamente en su videoblog, sino convertir este post en un improvisado cadalso contra los majaderos, cretinos y necios que emplean "friki" como insulto. No es algo ni mucho menos nuevo que la sociedad-comunidad ataque a lo divergente o diferente como si fuera una especie de sistema inmunitario repeliendo un virus; el problema es que aquí lo que algunos intentan preservar es la inmunidad de un sistema asentado en una suerte de pensamiento único conformado por "lo políticamente correcto", "lo moralmente aceptable", "lo socialmente establecido" y "lo racionalmente asumible" y todo el que se salga, se enfrente o se evada de la cuadrícula es automáticamente considerado y tratado como un paria, un apestado, un indeseable, un marginable, alguien devaluado y devaluable. Que algunos utilicen "friki" como una especie de "letra escarlata" para marcar a las personas como si fueran indignos de la polis es una muestra más de que la sociedad del siglo XXI sigue arrastrando vicios demasiado arcaicos, estúpidos y tóxicos.

Voy a decir algo obvio: gracias a los frikis, la Humanidad ha avanzado. Si no hubiera existido gente que se atrevió a cuestionar lo establecido, a desafiar lo sabido yendo en busca de lo desconocido, a adentrarse en la oscuridad literal o figurada, a apartarse de las reglas, a interesarse por aquello que no está a la vista de los sentidos o el entendimiento, a aprender algo nuevo y distinto, el ser humano seguiría siendo un temeroso homínido inquilino de cavernas en las que parecen seguir habitando ciertas personas dentro y fuera de los medios de comunicación españoles. Colón, Da Vinci, Galileo, Gutenberg, Lincoln, Tesla, Edison, Jobs...la historia está llena de célebres ejemplos de "frikis". Sin ellos, sin los frikis, habrían sido imposibles muchos avances científicos, tecnológicos, sociales, políticos, artísticos y culturales de los que hoy se beneficia y felicita todo el mundo. Así de sencillo. Así que, antes de utilizar friki como arma arrojadiza, algunos deberían tener claro que están escupiendo sobre su propia frente y orinando con viento en contra. Por tanto, un respeto.

Interesarse por lo desconocido, lo misterioso, lo inexplicable, lo paranormal, lo extraterrestre no es algo de lo que avergonzarse. Preguntar o cuestionar no es algo indigno. Trascender el tabú no es algo malo. Dirigir la mirada hacia donde pocos o nadie la dirigen no es algo de lo que lamentarse. Disfrutar con lo que no es moda, tendencia, mayoritario o mainstream no es algo sonrojante. Todos estos son rasgos o síntomas de "frikismo". ¿Y pasa algo? No. Hay cosas peores en la vida, como, por ejemplo, ser un borrego, un sumiso, un gregario, una marioneta, un pagafantas del dictado único. Además, hay que tener en cuenta lo siguiente: no conozco a nadie friki que critique a los que no lo son o no comparten sus gustos. Quizá deberían tomar nota quienes sí lo hacen a los frikis.

Yo, por ejemplo, si no hubiera sido desde crío un friki (que lo soy y a mucha honra), sería impensable que tuviera esta voraz curiosidad que me ha llevado a interesarme, leer, estudiar y saber sobre asuntos y materias enormemente variopintas y diversas. Si no fuera tan friki, no tendría ni la pasión ni los conocimientos que tengo en temas de Historia, Literatura, Arte, Tecnología, Filosofía, Cine, Mitología o Ciencia. Si no fuera tan friki, me habría privado de horas de auténtico, sano e inocuo disfrute con cómics, videojuegos, series y películas. Si no fuera tan friki, probablemente habría sido del Real o del Barça y no del Atleti. Si no fuera tan friki, habría pasado por la vida y los pensamientos de muchas personas de una forma insustancial e irrelevante. Así que, cuando alguien utiliza "friki" como un insulto está haciendo sin saberlo el mayor y mejor elogio que se puede hacer a una persona en esta sociedad tan mayoritariamente hipócrita, anestesiada, acomodada, apática y mediocre, porque ser friki es, afortunadamente, no ser como los demás. Friki es un rasgo identitario más, tan respetable como cualquier otro, a la hora de definir, determinar o diferenciar a una persona, pero no puede ni debe ser nunca un motivo de mofa, menosprecio o vejación.

Por todo ello, a la hora de menospreciar a alguien, descártese "lo friki" como argumento, porque criticar lo positivo es no saber criticar y, por tanto, no saber pensar que es, básicamente, lo que diferencia al hombre actual del simio que campeaba cuando los dinosaurios ya no dominaban la Tierra.

viernes, 1 de junio de 2018

Fundido a negro

Ha ocurrido. Ha ocurrido lo inverosímil, lo improbable, lo imprevisto, lo increíble. Ha ocurrido lo que al mismo tiempo era necesario y contraproducente. El plasma del (ex)Presidente del Gobierno se ha ido negro o, lo que es lo mismo, Pedro Sánchez ha ganado su moción de censura contra Mariano Rajoy haciendo válidas de una tacada dos conocidas paremias: "Si algo puede ir a peor, irá a peor" (Leyes de Murphy) y "Es peor el remedio que la enfermedad" (refranero popular).

El triunfo de la censura contra "lo Rajoy" como concepto supone un hito que pasará a los anales de la historia de la teratología política española. Teratología, sí, porque analizados detenidamente tanto el partido promotor de la moción como los que la han apoyado constituyen una cuadrilla de anomalías dignas (o quizá no) del Bestiario de Aberdeen. Y el gran artífice de ello no es el histérico, histriónico y sobreactuado líder socialista sino el mediocre, cobarde y vago ex Presidente del Gobierno (y seguramente del PP): el ayatolá del melasudismo y sumo pontífice del dontancredismo que responde al nombre de Mariano Rajoy Brey.

La victoria de Sánchez no es la causa del final de Rajoy sino su consecuencia, de la misma forma que los gusanos son la consecuencia de la putrefacción de un cadáver. Por tanto, esto no es tanto un logro socialista como un demérito pepero. No obstante, hay que reconocer que el líder del PSOE y ya Presidente del Gobierno se ha especializado en triunfar contra todo pronóstico (siempre y cuando no hablemos de elecciones generales, donde el flamante Presidente es un consumado perdedor). Dar por muerto a Sánchez o menospreciarlo como amenaza ha sido el peor error que han cometido sus rivales dentro y fuera del PSOE y a la vista está. De todos modos, como digo, el triunfo de la moción de censura es algo que Rajoy se ha ganado a pulso, puesto que la trinidad pepera (Presidente, Gobierno y PP) lleva años acumulando (de)méritos para que los manden con todo merecimiento a tomar viento: desidia, negligencia, mediocridad, apatía, soberbia, abulia, prepotencia, pereza, tibieza, hipocresía, deshonestidad, cobardía, complacencia, indiferencia, ingratitud, irresponsabilidad, impericia, ensimismamiento, torpeza...la Era Rajoy ha sido todo un compendio de vicios y errores catastróficos que han sepultado cualquier posible argumento a su favor (haberlos haylos como, por ejemplo, recomponer el desaguisado que dejó el PSOE como desastroso legado) dado que defender objetiva y racionalmente al Gobierno o al PP hace ya mucho tiempo que fue algo imposible: defender a Rajoy es defender lo indefendible. Quizá el peor traspiés dado por Rajoy y su grey ha sido desvincularse de la realidad hasta tal punto que en las últimas semanas han vivido instalados en una posverdad que insulta la inteligencia y la dignidad no sólo de sus votantes sino de todos los demás. Su reacción ante la sentencia del caso Gürtel es tal vez un excelente ejemplo de ello. En ese sentido, creo que no ha sido la corrupción sino la reacción del Gobierno-PP ante ella lo que ha dado validez al desahucio consumado hoy viernes en calidad de "gota que colma el vaso". Por eso, Génova ha pasado de ser 13 Rúe del Percebe a la Casa Usher. Pero, como digo, el mayor y peor problema de Rajoy y los suyos ha sido su desconexión de la realidad y la creencia en una especie de inmunidad y omnipotencia. Quizá por ello, cuando la realidad ha vuelto a conectar con ellos por las bravas, las caras de los peperos durante la moción de censura han sido las de quienes han pasado de "No es lo que parece, te lo puedo explicar" a encontrarse las maletas en el felpudo y la cerradura cambiada. Si a eso se le suma el error estratégico de maltratar a su único socio (Ciudadanos) y galantear y trapichear temerariamente con quienes a la postre le han hecho la de Bruto a Julio César (PSOE y PNV) pues...el final de la película estaba claro sin necesidad de spoilers: Rajoy ha sido el Samuel Ratchett del Orient Express parlamentario, acuchillado por quienes no tienen más en común que su aversión al PP en La Moncloa y a Ciudadanos en la cúspide de intención de voto para unos comicios generales.

En cuanto a la moción de censura en sí misma, a nivel parlamentario, político, intelectual, retórico y ético ha sido sin duda la señal más inequívoca de que la política en España ha tocado fondo. Por un lado, tenemos al Partido (de) Rajoy, que ha actuado creyéndose Thanos con el guantelete del infinito sin darse cuenta de que es la versión más crepuscular y paródica de sí mismo, una cuyas últimas gracietas y guasas desde la tribuna del Congreso tienen mucho de estertores. Por otro lado, está Pedro Sánchez, un tío que actúa con la hiperbólica y vacía expresividad de un adolescente en pleno pavo; un individuo que ha demostrado que cualquier camino, idea o argumento le parece bien si eso sacia su (legítima) obsesión de llegar a La Moncloa; un hombre que se cree algo así como el líder de Los Vengadores cuando lo que tiene a su alrededor a duras penas llega al nivel de Pandilla Basura. Porque eso, basura, es lo que me parecen los populistas radicales de Podemos, los delirantes y demenciados independentistas de PdCat y ERC, los (pro)etarras de Bildu y los tipos que siempre han sacado tajada de toda amenaza a la democracia integrados bajo las siglas PNV. Con esto no quiero decir que no tenga respeto a quienes han apoyado la moción de censura sino que creo que su valía política, intelectual, retórica y ética es digna de ser metida en un cubo y mandarla lejos de los cinco sentidos. Sánchez sabrá si le compensa haberse transformado en una suerte de escobilla del váter adornada con lo peor que hay en la clase política actual. Sánchez sabrá si le compensa haber desencadenado el ragnarok con esa compañía estrafalaria, hipócrita, mezquina, arribista, oportunista y parademocrática que se ha buscado. Un ragnarok que Rajoy podía y debía haber evitado en su momento provocando elecciones, bien mediante la disolución de las Cortes, bien mediante su dimisión. Pero no lo hizo porque Rajoy siempre ha sido parte del problema y nunca de la solución y lo que es peor: ha demostrado una excepcional habilidad para anabolizar los problemas y las amenazas que tenía y tiene España. Decía ayer Cospedal que ni hubo ni habría dimisión porque eso no significaría la permanencia del PP en el Gobierno y he ahí el problema: que el partidismo ha sustituido a la política como el tacticismo ha reemplazado la responsabilidad. Esto no se trata de servir a un partido sino a España y a todos los españoles, algo que parecen haber olvidado tanto los ganadores como los perdederos de la moción de censura. Así nos va. Así nos va a ir. Por eso, hemos pasado de un gobierno zombi a otro Frankenstein (los amantes del terror estamos de enhorabuena con los metafóricos adjetivos) y hemos cambiado a un partido corrupto que ganó las elecciones generales por otro partido corrupto que no ganó las elecciones generales. Cosas de la democracia parlamentaria.

De todos modos, he de reconocer que la cancelación de la serie "Rajoy: ese hombre" ha dejado dos buenos momentos. Uno, el brillante y acertado discurso de Albert Rivera (de lo poco salvable en una bochornosa y anticlimática jornada). Y otro, el suspense previo a la consumación del PNV de su unfollow a Rajoy, algo digno de cualquier giro de guión de Juego de Tronos (Cersei Lannister estaría orgullosa de Aitor Esteban) y que ha resultado decisivo para mandar retrete abajo al percebe y sus lapas.

Así las cosas, tengo la sensación de que hemos pasado de una película de Luis García-Berlanga agradablemente contada por Ónega, Llapart y compañía (el Congreso tiene voz de mujer) a una película de Federico Fellini o, quizá, de John Waters o, probablemente, a una digna de la Troma.

No sé qué pasará. Tengo claro que hace tiempo que España se merecía algo (infinitamente) mejor que Rajoy. Pero tengo muy serias dudas de que ese algo sea Pedro Sánchez, no tanto por el "quién" ni el "por qué" sino por el "cómo" y el "con quién". Lo que está claro es que esto es un fundido a negro.

domingo, 20 de mayo de 2018

Despedida de leyenda

Comienzo esta reseña cuando voy camino del estadio. Aún queda más de una hora para que empiece. Aún tengo fresco Neptuno. Aún se me ponen los pelos de punta. Quiero imaginarme el ambiente en el Metropolitano, en el antes, el durante y el después. Y me emociono. En todos los sentidos. Hoy todos los atléticos vamos a algo más que un partido de fútbol. Vamos a despedirnos de alguien a quien queremos como si fuera de nuestra familia, porque, al fin y al cabo, lo es, desde que se coló por nuestros ojos con sus pecas y descaro para poner luz en la oscuridad de los malos tiempos. Vamos a decir un "Hasta pronto" a quien se va del césped pero nunca del club (su club) y jamás de nuestros corazones. Vamos a acompañar a Fernando Torres en su última vez. "El Niño". La leyenda. El mito. El Indio definitivo. Hoy la gran familia rojiblanca nos reunimos para convertir una elegía en una fiesta, en una apoteosis en rojo y blanco de aquel que llevaba la bandera del Atleti con orgullo cuando no estaba de moda. Al tipo que no nos cambiaría por una Champions ni por una Eurocopa ni por un Mundial. Las sonrisas son obligatorias. Las lágrimas, inevitables.

Llego al estadio. Gente. Colas. Tiendas a tope. Prensa tomando el pulso. Está claro que no es un partido más: la pantalla donde habitualmente se anuncia la jornada y el rival despeja cualquier duda: "Fernando Torres. De Niño a Leyenda". Por eso la exposición de fotos sobre Torres. Por eso la camiseta gigante para que quien quiera pueda escribir algo a Fernando; un bonito detalle. Y necesario: él que tantas veces honró la camiseta, hoy la honramos nosotros por él, con palabras, con corazón.

Ya dentro del Metropolitano, el tifo. Y el himno. Y Torres y sus hijos. Y otra vez las lágrimas. Y otra vez los pelos de punta. Y, tras todo eso, empezó la fiesta anteriormente conocida como partido, con el "Lo lo lo lo lo lo" como hilo musical. Hubo de todo: un árbitro malo, un rival que no regalaba nada, un accidental gol en contra y la mejor jugada de Correa de toda la temporada:  el gol que sirvió en bandeja a Fernando Torres para empatar el partido y cumplir con el guión soñado. Y con el gol, los aplausos. Y las bufandas al viento. Y las lágrimas, otra vez. Y los pelos de punta, otra vez. Torres acababa de declarar el estado de magia en el Metropolitano (impresionante número de Jorge Blass en el descanso, por cierto). Una magia que se prolongó en la segunda parte, con Torres logrando un inolvidable doblete, que le sirvió, de paso, para cerrar bocas y reivindicarse ante quienes confiaron menos de lo debido en él. La pena es que el árbitro decidió autoinvitarse y recordar por qué estos soplapitos son tan alabables como contraer el ébola. ¿Resultado? Un jugador menos y un Atleti condicionado por las tarjetas. El Éibar aprovechó la situación para empatar de un trallazo. Un empate inmerecido pero que gracias a los goles de Torres fue suficiente para recordar a los vecinos quién manda en la capital y al resto de España quién es el subcampeón de Liga: el campeón de la Europa League.

Pitido final. Acababa así una de las temporadas más complicadas y
sufridas del Atleti en los últimos años. Empezaba lo indescriptible. El pasillo. Torres. Los vídeos. Gabi. Los mentores del Niño cuando era niño. Gárate. Cerezo aparcando el negocio para demostrar sentimiento. La camiseta gigante. La afición en un trance de cánticos, aplausos y lágrimas. Sobre todo, de lágrimas, porque se puede llorar de alegría y pena a la vez. Y de orgullo. Y las palabras finales de Torres, dichas al aire pero dignas de quedar en piedra. Y la vuelta de la familia, con la familia y ante la familia. Esto es el Atleti.

Cuando salgo del estadio, aún se escuchan cánticos. Yo, mientras me encamino al metro, recuerdo la frase que con un rotulador negro escribí a eso de las seis, arrodillado sobre una camiseta colosal: "Grande en el campo. Leyenda en nuestro corazón". Y sonrío, porque he visto y formado parte de algo que, en todos los sentidos, ha sido una despedida de leyenda.

Acaban aquí mis reseñas del Atlético en la temporada 2017-2018, gracias a un abono que es el mejor regalo que se me puede hacer. ¿Y para la 2018-2019? Ya se verá. No hay nada imposible...y si eres atlético, menos. Lo dijo una leyenda. ¡Aúpa Atleti!