Así las cosas, tengo la sensación de que hemos pasado de una película de Luis García-Berlanga agradablemente contada por Ónega, Llapart y compañía (el Congreso tiene voz de mujer) a una película de Federico Fellini o, quizá, de John Waters o, probablemente, a una digna de la Troma.
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gobierno. Mostrar todas las entradas
viernes, 1 de junio de 2018
Fundido a negro
Ha ocurrido. Ha ocurrido lo inverosímil, lo improbable, lo imprevisto, lo increíble. Ha ocurrido lo que al mismo tiempo era necesario y contraproducente. El plasma del (ex)Presidente del Gobierno se ha ido negro o, lo que es lo mismo, Pedro Sánchez ha ganado su moción de censura contra Mariano Rajoy haciendo válidas de una tacada dos conocidas paremias: "Si algo puede ir a peor, irá a peor" (Leyes de Murphy) y "Es peor el remedio que la enfermedad" (refranero popular).
El triunfo de la censura contra "lo Rajoy" como concepto supone un hito que pasará a los anales de la historia de la teratología política española. Teratología, sí, porque analizados detenidamente tanto el partido promotor de la moción como los que la han apoyado constituyen una cuadrilla de anomalías dignas (o quizá no) del Bestiario de Aberdeen. Y el gran artífice de ello no es el histérico, histriónico y sobreactuado líder socialista sino el mediocre, cobarde y vago ex Presidente del Gobierno (y seguramente del PP): el ayatolá del melasudismo y sumo pontífice del dontancredismo que responde al nombre de Mariano Rajoy Brey.
La victoria de Sánchez no es la causa del final de Rajoy sino su consecuencia, de la misma forma que los gusanos son la consecuencia de la putrefacción de un cadáver. Por tanto, esto no es tanto un logro socialista como un demérito pepero. No obstante, hay que reconocer que el líder del PSOE y ya Presidente del Gobierno se ha especializado en triunfar contra todo pronóstico (siempre y cuando no hablemos de elecciones generales, donde el flamante Presidente es un consumado perdedor). Dar por muerto a Sánchez o menospreciarlo como amenaza ha sido el peor error que han cometido sus rivales dentro y fuera del PSOE y a la vista está. De todos modos, como digo, el triunfo de la moción de censura es algo que Rajoy se ha ganado a pulso, puesto que la trinidad pepera (Presidente, Gobierno y PP) lleva años acumulando (de)méritos para que los manden con todo merecimiento a tomar viento: desidia, negligencia, mediocridad, apatía, soberbia, abulia, prepotencia, pereza, tibieza, hipocresía, deshonestidad, cobardía, complacencia, indiferencia, ingratitud, irresponsabilidad, impericia, ensimismamiento, torpeza...la Era Rajoy ha sido todo un compendio de vicios y errores catastróficos que han sepultado cualquier posible argumento a su favor (haberlos haylos como, por ejemplo, recomponer el desaguisado que dejó el PSOE como desastroso legado) dado que defender objetiva y racionalmente al Gobierno o al PP hace ya mucho tiempo que fue algo imposible: defender a Rajoy es defender lo indefendible. Quizá el peor traspiés dado por Rajoy y su grey ha sido desvincularse de la realidad hasta tal punto que en las últimas semanas han vivido instalados en una posverdad que insulta la inteligencia y la dignidad no sólo de sus votantes sino de todos los demás. Su reacción ante la sentencia del caso Gürtel es tal vez un excelente ejemplo de ello. En ese sentido, creo que no ha sido la corrupción sino la reacción del Gobierno-PP ante ella lo que ha dado validez al desahucio consumado hoy viernes en calidad de "gota que colma el vaso". Por eso, Génova ha pasado de ser 13 Rúe del Percebe a la Casa Usher. Pero, como digo, el mayor y peor problema de Rajoy y los suyos ha sido su desconexión de la realidad y la creencia en una especie de inmunidad y omnipotencia. Quizá por ello, cuando la realidad ha vuelto a conectar con ellos por las bravas, las caras de los peperos durante la moción de censura han sido las de quienes han pasado de "No es lo que parece, te lo puedo explicar" a encontrarse las maletas en el felpudo y la cerradura cambiada. Si a eso se le suma el error estratégico de maltratar a su único socio (Ciudadanos) y galantear y trapichear temerariamente con quienes a la postre le han hecho la de Bruto a Julio César (PSOE y PNV) pues...el final de la película estaba claro sin necesidad de spoilers: Rajoy ha sido el Samuel Ratchett del Orient Express parlamentario, acuchillado por quienes no tienen más en común que su aversión al PP en La Moncloa y a Ciudadanos en la cúspide de intención de voto para unos comicios generales.
En cuanto a la moción de censura en sí misma, a nivel parlamentario, político, intelectual, retórico y ético ha sido sin duda la señal más inequívoca de que la política en España ha tocado fondo. Por un lado, tenemos al Partido (de) Rajoy, que ha actuado creyéndose Thanos con el guantelete del infinito sin darse cuenta de que es la versión más crepuscular y paródica de sí mismo, una cuyas últimas gracietas y guasas desde la tribuna del Congreso tienen mucho de estertores. Por otro lado, está Pedro Sánchez, un tío que actúa con la hiperbólica y vacía expresividad de un adolescente en pleno pavo; un individuo que ha demostrado que cualquier camino, idea o argumento le parece bien si eso sacia su (legítima) obsesión de llegar a La Moncloa; un hombre que se cree algo así como el líder de Los Vengadores cuando lo que tiene a su alrededor a duras penas llega al nivel de Pandilla Basura. Porque eso, basura, es lo que me parecen los populistas radicales de Podemos, los delirantes y demenciados independentistas de PdCat y ERC, los (pro)etarras de Bildu y los tipos que siempre han sacado tajada de toda amenaza a la democracia integrados bajo las siglas PNV. Con esto no quiero decir que no tenga respeto a quienes han apoyado la moción de censura sino que creo que su valía política, intelectual, retórica y ética es digna de ser metida en un cubo y mandarla lejos de los cinco sentidos. Sánchez sabrá si le compensa haberse transformado en una suerte de escobilla del váter adornada con lo peor que hay en la clase política actual. Sánchez sabrá si le compensa haber desencadenado el ragnarok con esa compañía estrafalaria, hipócrita, mezquina, arribista, oportunista y parademocrática que se ha buscado. Un ragnarok que Rajoy podía y debía haber evitado en su momento provocando elecciones, bien mediante la disolución de las Cortes, bien mediante su dimisión. Pero no lo hizo porque Rajoy siempre ha sido parte del problema y nunca de la solución y lo que es peor: ha demostrado una excepcional habilidad para anabolizar los problemas y las amenazas que tenía y tiene España. Decía ayer Cospedal que ni hubo ni habría dimisión porque eso no significaría la permanencia del PP en el Gobierno y he ahí el problema: que el partidismo ha sustituido a la política como el tacticismo ha reemplazado la responsabilidad. Esto no se trata de servir a un partido sino a España y a todos los españoles, algo que parecen haber olvidado tanto los ganadores como los perdederos de la moción de censura. Así nos va. Así nos va a ir. Por eso, hemos pasado de un gobierno zombi a otro Frankenstein (los amantes del terror estamos de enhorabuena con los metafóricos adjetivos) y hemos cambiado a un partido corrupto que ganó las elecciones generales por otro partido corrupto que no ganó las elecciones generales. Cosas de la democracia parlamentaria.
De todos modos, he de reconocer que la cancelación de la serie "Rajoy: ese hombre" ha dejado dos buenos momentos. Uno, el brillante y acertado discurso de Albert Rivera (de lo poco salvable en una bochornosa y anticlimática jornada). Y otro, el suspense previo a la consumación del PNV de su unfollow a Rajoy, algo digno de cualquier giro de guión de Juego de Tronos (Cersei Lannister estaría orgullosa de Aitor Esteban) y que ha resultado decisivo para mandar retrete abajo al percebe y sus lapas.
Así las cosas, tengo la sensación de que hemos pasado de una película de Luis García-Berlanga agradablemente contada por Ónega, Llapart y compañía (el Congreso tiene voz de mujer) a una película de Federico Fellini o, quizá, de John Waters o, probablemente, a una digna de la Troma.
Así las cosas, tengo la sensación de que hemos pasado de una película de Luis García-Berlanga agradablemente contada por Ónega, Llapart y compañía (el Congreso tiene voz de mujer) a una película de Federico Fellini o, quizá, de John Waters o, probablemente, a una digna de la Troma.
No sé qué pasará. Tengo claro que hace tiempo que España se merecía algo (infinitamente) mejor que Rajoy. Pero tengo muy serias dudas de que ese algo sea Pedro Sánchez, no tanto por el "quién" ni el "por qué" sino por el "cómo" y el "con quién". Lo que está claro es que esto es un fundido a negro.
lunes, 25 de septiembre de 2017
Gracias, Ministro
Señor Méndez de Vigo:
Soy plenamente consciente de que es más que probable que esta carta no llegue nunca a sus ojos, puesto que imagino que su tiempo está dedicado principalmente a hundir la Educación y humillar la Cultura cuando no a ejercer de portavoz del peor gobierno que ha conocido España. Aun así, creo que merece la pena que la escriba, por si a alguien puede ser de ayuda o interés.
Soy un madrileño de 37 años que lleva más de cuatro en el erosivo y tóxico desierto del desempleo desde que una tipa decidió dar mi puesto de trabajo a un familiar de cierto (ex) gerifalte del IBEX, culminando así un semestre de intenso mobbing contra mí y cercenando mis casi diez años de trabajo duro, bueno y honrado en una famosa multinacional. Usted dirá que el tema laboral nada tiene que ver con su responsabilidad ministerial. Y tiene razón. Pero sí sirve para poner en contexto lo que voy a contar a continuación, que sí es de su ámbito competencial.
Soy licenciado en Periodismo, me concedieron un premio al mejor expediente académico de la promoción, tengo un Curso Superior y dos Másters. Desde que me licencié, allá por 1998, siempre intenté tener la mejor formación posible, movido por la ingenua convicción de que eso me ayudaría en el mundo laboral. En ese sentido, para abrir la puerta a la posibilidad de cumplir profesionalmente uno de mis sueños personales (ser profesor de Lengua y/o Literatura española), obtuve poco después de mi licenciatura lo que entonces se conocía como CAP para la didáctica específica de Lengua y Literatura. Abundando en ese sueño, me matriculé años más tarde en la Escuela Contemporánea de Humanidades (ECH) para poder ampliar y perfeccionar mis conocimientos. Hasta ahí, todo bien. Ahora llega lo importante. El pasado lunes 18 de septiembre un centro concertado de Madrid me ofreció un contrato como profesor de las asignaturas de "Lengua y Literatura" y "Cultura clásica", materias ambas para las que creía que estaba personal, legal y académicamente capacitado y habilitado. Puede imaginarse mi sorpresa y alegría, señor Méndez de Vigo, al tener esa oferta ante mí pues no sólo suponía cumplir mi sueño sino, además, liberarme de este Tártaro que es el desempleo en la España del precariado y poder sentirme de nuevo una persona útil y reconectada con la normalidad. ¿Qué pasó? Pues ocurrió que, al pasarme el martes 19 por la Dirección del Área Territorial de Madrid Capital de la Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Comunidad de Madrid (calle Vitruvio 2), lo que en teoría iba a ser un mero trámite burocrático se convirtió en uno de los palos más devastadores que me han dado en mi vida. ¿Por qué? Porque allí me enteré, por boca de una funcionaria de la quinta planta cuya empatía rivaliza con la de una nevera, que todo el esfuerzo en tiempo y dinero que dediqué antaño para ser legalmente apto para impartir clase como profesor de Lengua y Literatura ya no valía de nada puesto que era ilegal. ¿Le suena, señor Ministro? Supongo que sí, pero, por si acaso, le refresco el asunto: usted, el 17 de julio de 2015, firmó el Real Decreto 665 que, por un lado, redundaba en el Real Decreto de 860 del 2 de julio de 2010 firmado por el entonces ministro Ángel Gabilondo, y, por otro, se pasaba por el forro el dictamen 2/2015, emitido por el Consejo Escolar del Estado. ¿Recuerda ya de qué va todo esto? Yo le ayudo: Tanto su decreto de 2015 como el de Gabilondo de 2010 se apoyan en la ordenación de las enseñanzas universitarias (plasmada en el RD 1393/2007) para impedir por ley a todos los licenciados/graduados en la rama de Ciencias Sociales y Jurídicas ejercer la docencia de, entre otras, "Lengua castellana y Literatura", "Literatura universal" y "Cultura clásica". ¿Adivina en qué rama está encuadrada Periodismo? Lo malo no es ya el cambio de criterio respecto a lo que recogía la Orden del 24 de julio de 1995 sino que su Ministerio, señor Méndez de Vigo, ignoró deliberadamente la recomendación nº21 del mencionado dictamen 2/2015 del Consejo Escolar del Estado y que, cinco meses antes de su decreto, decía lo siguiente: Al artículo segundo, apartado tres. Anexo I: Teniendo en cuenta el currículo de estas materias y las asignaturas que conforman el plan de estudios de Periodismo, se considera la formación inicial de estos licenciados para impartir "Lengua y Literatura Castellana" y "Literatura Universal". De acuerdo al currículo, el objetivo de esta materia es el desarrollo de la competencia comunicativa, es decir, un conjunto de conocimientos sobre la lengua y de procedimientos de uso que son necesarios para interactuar satisfactoriamente en diferentes ámbitos sociales. El eje del currículo son las habilidades y estrategias para hablar, escribir y escuchar en lso ámbitos de actividad social, situando estos aprendizajes en diversos ámbitos del uso de la lengua: el de las relaciones interpersonales y, dentro de las instituciones, el de los medios de comunicación y el ámbito académico. Asignaturar que, entre otras, incluye el Título de Licenciado en Periodismo y que se corresponden con los contenidos de "Lengua Castellana y Literatura": Lengua Española, Literatura, Teoría y Práctica de la Redacción Periodística, Redacción y Locución, Géneros informativos e interpretación, Lecturas del Arte contemporáneo, Periodismo cultural, Historia del mundo actual. Además, los licenciados en Periodismo tenían, en el pasado, en el Curso de Aptitud Pedagógica como Didáctica específica "Lengua Castellana y Literatura" y las prácticas las hacían en el Departamento de Lengua Castellana y Literatura impartiendo estas materias. Por todo lo anterior, se propone añadir, dentro del Anexo I, en las condiciones para impartir la materia de "Lengua Castellana y Literatura" y "Literatura Universal": Licenciado en Periodismo (sic).
En resumen que, gracias a su Real Decreto, señor Ministro, al estar encuadrado dentro de la rama de "Ciencias Sociales y Jurídicas", estoy capacitado para impartir clase de "Artes escénicas", "Geografía", "Geografía e Historia", "Historia de España", "Historia del Mundo contemporáneo", "Historia del Arte", "Filosofía", "Psicología", "Historia de la Filosofía" y "Valores éticos" pero no para aquellas disciplinas para las que específicamente me preparé legal y académicamente y que tienen más presencia en el currículo de mi licenciatura que cualquiera de las otras que sí puedo impartir según el descabellado, irracional, incoherente, disparatado e incongruente criterio que recoge su Real Decreto 665/2015, señor Méndez de Vigo.
Llegados a este punto, el punto en el que he tenido que ver como se esfumaba en mis narices el sueño de mi vida y la liberación de la tortura del desempleo, le pido sólo una cosa, señor Ministro: que me diga el motivo. ¿Por qué motivo no enmendó el bochornoso error de Gabilondo? ¿Por qué motivo se pasó por el forro de los genitales la razonada y razonable observación del Consejo Escolar del Estado? ¿Por qué motivo decidió que era conveniente situar en la ilegalidad lo que fue legal durante quince años? ¿Por qué motivo mi CAP sigue siendo válido para impartir clase pero mi licenciatura es un osbtáculo? ¿Por qué motivo la legislación vigente dice que mi CAP me habilita para dar clase menos para aquella didáctica específica en la que lo obtuve? ¿Por qué motivo consiente esa disparidad de criterio a la hora de aplicar con carácter retroactivo la ley? ¿Por qué motivo un jurista puede enseñar "Artes escénicas" cuando en el currículo académico no hay nada que aborde esa asignatura ni siquiera tangencialmente y en cambio un periodista que durante la carrera, entre otras muchas cosas, estudia asignaturas relacionadas con la Lengua y la Literatura no puede dar clase de "Lengua y Literatura castellana"? ¿Por qué demencial lógica se me permite enseñar a Sócrates, Platón y Aristóteles pero no se me considera habilitado para hablar de Homero, Esquilo o Jenofonte? ¿Por qué motivo mantiene vigente esa incongruencia insostenible que me impide enseñar asignaturas para las que estoy capacitado en diversos sentidos? ¿Por qué motivo un error suyo me ha jodido la vida?
Sé que usted es hombre de leyes (según parece es usted jurista y bla, bla, bla), señor Méndez de Vigo, así que le rogaría que me aclare todo eso, sin tomarme por imbécil, por favor. Porque por ese infame y gilipollesco decreto suyo he perdido el trabajo de mi vida y tirado a la basura el dinero, el tiempo y el esfuerzo que dediqué a prepararme como profesor de Lengua y Literatura. Así que le agradeceré enormemente que me responda.
Gracias, Ministro.
sábado, 18 de febrero de 2017
...And justice for all
En 1988, Metallica lanzó su álbum ...And justice for all, título que,
en un hábil juego fonético, puede entenderse como "y justicia para
todos" o "injusticia para todos", siendo esto último el tema de dicho
álbum y de su magnífica imagen de portada. En 2017, en España dudo que
quede alguien mentalmente sano que siga creyendo que realmente vivimos en un Estado
de Derecho o que el artículo catorce de la Constitución
no es ciencia-ficción o que existe una Justicia
independiente. Basta con tirar de hemeroteca para darse cuenta que aquí,
en España, de democracia poco y de Estado de Derecho menos: ni los
españoles somos iguales ante la ley ni ésta se cumple ni los jueces y
fiscales son otra cosa que asalariados al servicio no de la Ley sino de quien hace o deshace a su antojo las leyes.
Para percatarse de esto, no hace falta retrotraerse mucho. Esta misma
semana, el Ministro de Justicia ha evidenciado una vez más (y van...)
que sus conocimientos sobre la Administración de Justicia y el Derecho
sólo son igualados por su saber en el campo de la física cuántica,
causando un bochorno que no se limita a su inaptitud para el cargo sino
que también supone el reconocimiento de que hay más belleza en la cara
de Kiko Rivera que independencia en la Administración de Justicia y el
Ministerio Fiscal. La enésima metedura de pata de Rafael Catalá, que bendita la hora que dejó Codere, ha sido cuestionar y criticar públicamente la decisión de las fiscales del "caso Púnica" (la historia del PP contemporáneo se escribe de caso en caso) de no suscribir a título particular la postura "oficial" de la Fiscalía General, discrepancia que cualquiera que haya estudiado Derecho sabe que encaja perfectamente con su cometido legal y por tanto es perfectamente lícita pero que, y aquí viene el quid de la cuestión, va en contra de los intereses del Partido Popular dado que las fiscales discrepantes son partidarias de "empapelar" al pepero Presidente
de Murcia (que la Ley y el PP estén en bandos distintos es algo que ya
no es noticia) y de ahí el injustificable rapapolvos público de Catalá (que el PP
defienda desde el Gobierno o el partido la labor de jueces y fiscales
sólo cuando le son favorables tampoco es noticia). Que algo huele a podrido en la reacción de Catalá es aún más evidente cuando se ha desvelado su conversación con el posible afectado (el presidente murciano) sobre el asunto, algo que, además de ser muy poco decoroso, está directamente prohibido.
Pero lo más grave de esta semana no ha sido la nueva desfachatez del Ministro sino la rácana, acongojada y descafeinada sentencia con la que tres iluminadas por la singular luz de la cobardía han ventilado el polémico "Caso Nóos", en el que estaba en
juego comprobar hasta qué punto hay realmente en España igualdad ante la Ley e
independencia judicial. La clave radicaba en si las tres magistradas
consideraban que la infanta Cristina era culpable o simplemente una
cónyuge con la misma capacidad de sinapsis que un
geranio. Han optado por esto último, sublimando así ese infame eufemismo del "partícipe a título lucrativo" (hola, Ana Mato), imponiendo una irrisoria multa (tanto que le sale a devolver a la tipa), demostrando que la Familia Real y aledaños supone una de las muchas enmiendas que conculcan el artículo catorce, tirando por tierra la sensatez y el coraje del juez Castro, poniendo un clavo más en el ataúd de la credibilidad de España como Estado de Derecho e insultando la inteligencia de millones de españoles. En ese contexto, las declaraciones de Miguel Roca, abogado de la susodicha, sólo pueden ser tomadas como una bufonada de mal gusto. Dicho de otro modo: la resolución del polémico Caso Nóos es la crónica de una vergüenza que no por temida deja de ser menos repugnante y humillante.
geranio. Han optado por esto último, sublimando así ese infame eufemismo del "partícipe a título lucrativo" (hola, Ana Mato), imponiendo una irrisoria multa (tanto que le sale a devolver a la tipa), demostrando que la Familia Real y aledaños supone una de las muchas enmiendas que conculcan el artículo catorce, tirando por tierra la sensatez y el coraje del juez Castro, poniendo un clavo más en el ataúd de la credibilidad de España como Estado de Derecho e insultando la inteligencia de millones de españoles. En ese contexto, las declaraciones de Miguel Roca, abogado de la susodicha, sólo pueden ser tomadas como una bufonada de mal gusto. Dicho de otro modo: la resolución del polémico Caso Nóos es la crónica de una vergüenza que no por temida deja de ser menos repugnante y humillante.
Así las cosas, siendo evidente que España no es actualmente un Estado de
Derecho (más bien no hay Derecho que aguante este Estado), quedando patente que todos
los españoles somos desiguales ante la Ley, ¿qué sentido tiene que
alguien invoque la Constitución o el resto del ordenamiento cuando sus
garantes y protectores son los primeros en infringirlo o mancillarlo
impunemente?, ¿qué legitimidad tienen autoridades e instituciones
que han hecho del agravio a la Ley y a la sociedad civil un modo de vida? España está hoy más cerca del 1984 de Orwell que del 1812 de Cádiz...y no pasa nada, porque la gente se ha acostumbrado tanto a este hedor que ha olvidado que este país en algún momento de su Historia mereció la pena. Por eso, sería más apropiado que comentaran esta actualidad tan esperpéntica y funesta un Valle-Inclán o un Larra antes que palmeros lisérgicos como Marhuenda y compañía.
que han hecho del agravio a la Ley y a la sociedad civil un modo de vida? España está hoy más cerca del 1984 de Orwell que del 1812 de Cádiz...y no pasa nada, porque la gente se ha acostumbrado tanto a este hedor que ha olvidado que este país en algún momento de su Historia mereció la pena. Por eso, sería más apropiado que comentaran esta actualidad tan esperpéntica y funesta un Valle-Inclán o un Larra antes que palmeros lisérgicos como Marhuenda y compañía.
Volviendo al asunto y para ir concluyendo, la Justicia es un buen termómetro de la calidad democrática de un país. En ese sentido, salvo honrosas y escasas excepciones (Castro, Ruz, Alaya
y pocos más), nuestros jueces y fiscales no son mejores que los
árbitros y linieres de la Liga de Fútbol: en caso de duda, deciden a favor del
poderoso y en perjuicio del débil. Por eso, un país como España en el
que se ha instalado de facto el principio de "in dubio pro iniustitia" no es
mucho mejor que naciones parademocráticas como Venezuela, Arabia Saudí o
Corea del Norte. Por eso, no hay mejor imagen para ilustrar la actual
realidad española que la misma que hace casi veinte años lucía en la
portada de un disco de heavy metal. Y es que lo que pasa en este
disparatado país es muy heavy. Mucho.
jueves, 24 de noviembre de 2016
Rita In Pace
Yo no voy a decir que me alegro de la muerte de Rita Barberá. Tampoco
que la lamento. La respeto en la medida en que la muerte de casi
cualquier ser vivo me parece digna de respeto.
El caso es que este artículo no va ni sobre la persona ni sobre el personaje que confluían en la ya difunta. Va del PP y de cómo su reacción por el fallecimiento de Barberá evidencia una vez más que ese partido no es en absoluto democrático. Pseudodemocrático o cuasidemocrático o parademocrático sí, pero "democrático" y "PP" en la misma frase es conjurar el sentido del humor. Y no es democrático porque demuestra que flojea a la hora de respetar dos pilares básicos de toda democracia.
Por un lado, el PP no respeta la independencia judicial salvo cuando le conviene. Acusar de cacería la investigación judicial que llevó a Barberá al banquillo es doblemente grave primero porque no respeta la independencia de los jueces y segundo porque pone en duda la imparcialidad y la profesionalidad de los mismos dando a entender que se Barberá fue víctima de una persecución deliberada, sin garantías e infundada.En ese sentido, aunque ya nunca se sabrá la responsabilidad que desde el punto de vista legal tuvo Barberá en lo referente al putiferio organizado en tierras levantinas, lo que resulta más que plausible es que tuviera como mínimo "culpa in vigilando", porque todo lo que dependía de ella o ha pasado o está por pasar por un juzgado y, en no pocos casos, por la cárcel.
El caso es que este artículo no va ni sobre la persona ni sobre el personaje que confluían en la ya difunta. Va del PP y de cómo su reacción por el fallecimiento de Barberá evidencia una vez más que ese partido no es en absoluto democrático. Pseudodemocrático o cuasidemocrático o parademocrático sí, pero "democrático" y "PP" en la misma frase es conjurar el sentido del humor. Y no es democrático porque demuestra que flojea a la hora de respetar dos pilares básicos de toda democracia.
Por un lado, el PP no respeta la independencia judicial salvo cuando le conviene. Acusar de cacería la investigación judicial que llevó a Barberá al banquillo es doblemente grave primero porque no respeta la independencia de los jueces y segundo porque pone en duda la imparcialidad y la profesionalidad de los mismos dando a entender que se Barberá fue víctima de una persecución deliberada, sin garantías e infundada.En ese sentido, aunque ya nunca se sabrá la responsabilidad que desde el punto de vista legal tuvo Barberá en lo referente al putiferio organizado en tierras levantinas, lo que resulta más que plausible es que tuviera como mínimo "culpa in vigilando", porque todo lo que dependía de ella o ha pasado o está por pasar por un juzgado y, en no pocos casos, por la cárcel.
Por otro lado, el PP no respeta la libertad de prensa y, por tanto, el
constitucional derecho a la información presentando a la muerta como una
inocente martirizada por los medios de comunicación. Lo único que han
hecho esos medios ha sido informar, es decir, cumplir con su deber
profesional y social. Puestos a criticarles algo se podría decir que los
medios han tenido exceso de celo informativo. La prensa no se ha
inventado nada y si alguien en el PP piensa lo contrario ahí tiene los
juzgados para poner una denuncia. Además, que el PP se ponga flamenco en este
tema cuando el Gobierno pepero ha laminado la pluralidad y el espíritu
crítico deseables y exigibles en los medios de un país democrático pues produce vergüenza
ajena.
A ello hay que añadir lo nada creíble y exagerada reacción
del PP al calor del fiambre, derramando panegíricos sobre la figura de quien fue con total
certeza una jeta, verosímilmente una corrupta y a quien, no nos
olvidemos, el PP trató mejor o peor dependiendo de la
sostenibilidad de las previsiones electorales, dejándola caer únicamente
cuando ya no les era útil seguir negando la realidad. Por eso, haría
bien el PP en pagar sus remordimientos no con los jueces ni los
periodistas ni con la opinión pública sino con quienes hicieron de Rita
Barberá un chivo expiatorio con el que intentaron hacer creer al personal que eran
un partido digno y decente: el propio PP. En ese sentido, más allá del
postureo doliente, muchos en el PP se sentirán aliviados por el infarto
que ha silenciado para siempre a la gerifalte de una de las regiones más
corruptas de las últimas décadas y cuyos secretos podrían haber hundido
aún más la credibilidad del partido más infame, parademocrático y
corrupto que hay en la actualidad: el PP.
La enferma ha muerto y descanse en paz, pero la enfermedad, por desgracia, sigue gozando de muy buena salud.
sábado, 29 de octubre de 2016
El presidente Kaiju
Jason Voorhees, Michael Myers, Freddy Krueger, Pinhead, Sadako, Mariano
Rajoy...el mal siempre vuelve. Cuando uno cree que por fin ha acabado la
pesadilla y que la maligna criatura ya reposa contra su voluntad en el
inframundo con un velatorio de títulos de crédito, hete aquí que regresa
de la tumba para atormentar las vidas del personal como si nada hubiera
pasado. En el caso de Rajoy, parece que en España ha pasado de todo
pero a nada que uno rasque llega a la verdad: "vanitas, vanitatis" o "rien de rien" que cantaba la Piaf. La muestra de todo ello, lo de hoy: cuando se despertó, Rajoy todavía estaba allí. Así que aquí, en este país que flota cual coprolito río
abajo, lo único que ha pasado es el tiempo (10 meses). El tiempo de desalojar a una
pléyade de caraduras e ineptos de las instituciones a los que sólo
aplauden una panoplia de propagandistas pesebreros y unos impasibles
votantes de inteligencia lesiva y lesionada a los que lo mismo les daría
el águila de FF que la gaviota del PP con tal de que no gane "el otro" (ese concepto) o
nadie les fastidie el chiringuito (otro concepto y muy español por cierto).
Así, por perder el tiempo, hemos sido testigos forzosos de una investidura gatopardista para una legislatura de postureo en la que
la credibilidad de la clase política no volverá a casa por Navidad dado
que nuestros políticos han devenido en macabras bromas de Halloween con
ascendente en chirigota, que España siempre ha sido muy suya a la hora
de darle el toque cañí a todo, incluidos los despropósitos. Hoy, por tanto, se acaba de iniciar una legislatura rara que ningún partido quiere pero
todos necesitan. Una que, salvo sorpresón, acabará pronto y mal pero que
será aprovechada por los políticos no para arreglar el país (bye, bye,
ingenuos) sino para reflotarse electoralmente ante unos más que
previsibles comicios anticipados. Vamos, que este legislatura tiene el
mismo futuro que Paquirrín en los Grammy pero idéntico nivel de bochorno que cualquier hit del australopiteco bético. Eso sí, para disimular el descaro y la vergüenza de que el moái del
Partido Procesado revalide su cargo como Presidente en disfunciones, la
clase política ha tenido a bien ofrecernos estas semanas unos entremeses de creación
propia con los que amamantar a tertulianos y distraer a papamoscas. Así,
durante estas semanas precedentes, el público patrio ha podido
contemplar piezas como "El arte de implosionar" representada por la
compañía El puño y la rosa, "El partido soy yo" del grupo La coleta de
Pablo, "Naranjas de la china" de Rivera Company y "Ese señor del que
usted me habla", representada por Peperos Anónimos. Unos entremeses con una finura nivel gotelé que, sin embargo, han
resultado ser más animados que el previsible debate de investidura en el
que todo el mundo ha estado en su papel pero sin ir más allá, como una
cena de Nochebuena. Así, por la tribuna de oradores han desfilado Mariano Rajoy, el
totémico líder del partido más corrupto de los últimos años y a la sazón
autoparódico mandamás de uno de los gobiernos más bochornosos de la
etapa democrática; Antonio Hernando, el Bruto que habló tras dejar a César la espalda como una tacoma; Pablo
Iglesias, el Señor Hyde del neobipartidismo que sueña con devolver a
España a esa época en la que su abuelo practicaba el genocidio low cost;
Albert Rivera, el Doctor Jeckyll del neobipartidismo que pasó de
ilusionante promesa a petardazo preciosista a velocidad Mach 3; Joan
Tardá, la última criatura del doctor Moreau mitad jabalí mitad cretino; Rafael Hernando, el avinagrado libador de recovecos marianos...y
toda una retahíla de variopintos personajes que ríete tú de los concursantes de
First dates.
El caso es que, aunque hayamos llegado a esta esperpéntica y lamentable
situación principalmente por demérito de todos los partidos (exceptuando
el PP) y demencia de unos millones de españoles (hola, hijos de la
gaviota), también hay que reconocer que Rajoy ha puesto de su parte para
revalidar esta ignominia. Rajoy sigue siendo Presidente no porque sea
un político creíble (que no lo es) o una persona preparada (que tampoco)
o un hombre de ética admirable (menos aún) o un representante digno
(risas aquí) sino porque ahí, con su desgarbada figura, con su aparatosa
desfachatez, con su paquidérmica desidia, con su monumental soberbia,
con su colosal enajenación, con su inabarcable jeta, Rajoy ha desplegado
ante propios y extraños su única habilidad: permanecer inalterable. El
presidente relecto se ha revelado así como una suerte de Godzilla
gallego contra el que nada pueden hacer la sensatez, la lógica, el
sentido común, la Justicia o la decencia y mucho menos sus rivales
políticos, a quienes ha tratado como si fueran confeti. Dicho de otro
modo: Rajoy es un kaiju y se comporta como tal: hace lo que quiere, como
quiere, cuando quiere y nada ni nadie le pondrá parar.Y así, imparable, el kaiju Rajoy ha dejado España como Godzilla Japón: difícil de mirar. Porque, las cosas como son, Rajoy recogió un país que
estaba hecho un Cristo (ese Zapatero de moda...) y él, guiado por su
natural talento, lo ha restaurado dejándolo como el Ecce Homo de Borja.El mercado laboral, la ciencia, la cultura, la educación, el modelo económico, los medios de comunicación, las libertades constitucionales...cuesta encontrar un solo ámbito que haya quedado indemne al paso del cuñado de Cthulhu. Por cepillarse, se ha cepillado hasta la gramática castellana. De ahí que los únicos beneficiados por los garbeos del kaiju pontevedrés hayan sido, por un lado, los generadores de memes y virales, y, por otro, los enemigos del Estado democrático de derecho (ponga aquí el nombre de cualquier miembro de Podemos, independentista catalán o golfo pepero).
Si con esta aberrante y aterradora hoja de servicios Rajoy ha conseguido ser reelegido Presidente pues...mejor será asimilar de una vez por todas la idea de que España es un país con exceso de gilip*****, porque sólo así se explica que esta monstruosa hemorroide pseudodemocrática siga donde está.
martes, 27 de septiembre de 2016
El Congreso: una serie mala
"El Congreso" lo tenía todo para ser la serie más vista en España. Durante muchos años, lo fue. El problema es que las últimas temporadas han estado muy por debajo de su nivel, pues no resisten comparación alguna con los capítulos primigenios y su calidad está en busca y captura.
El quid del problema no está en el presupuesto, porque corre a cargo del erario y por tanto es más que espléndido. Tampoco en los escenarios, por muy poco juego que dé ya el inmueble en cuestión, en torno al cual giran las tramas. No, el problema de esta serie hay que detectarlo en dos aspectos comunicantes entre sí: el guión y los personajes.
"El Congreso" tiene un guión redundante y recalentado que opta bien por estirar algunas tramas ad infinitum, bien por reciclar otras para intentar colarle al espectador algo que ya se sabe de memoria. Así, el guión de esta serie, tanto en lo argumental como en lo literal, tiene tanto brillo como una foto en mate y tanta chispa como la capa de Nochevieja de Ramón García. Por eso, los (cada vez menos) espectadores que aún se mantienen fieles a "El Congreso" empiezan a tener la sensación-convicción de estar contemplando no una serie convencional sino una de estas telenovelas de sobremesa en las que puedes entrar y salir con total libertad durante días/semanas/meses sin miedo a haberte perdido gran cosa ni a sentirte desnortado. Ya ni siquiera suben la audiencia tramas antaño resultonas como las de temática judicial o electoral, que actualmente están absolutamente carbonizadas en cuanto a interés se refiere dado que la audiencia está a estas alturas totalmente vacunada contra golferías, decepciones y/o sorpresas de toda índole. ¿Que se podría hacer algo mucho mejor? Sin duda, pero para eso se requiere talento y ganas, cosas de las que carecen de forma notoria los responsables de la serie. Por tanto, sus showrunners y guionistas (que, para más inri y pitorreo, se han reservado para sí los papeles protagonistas) seguirán ofreciendo sin escrúpulos un producto ya tantas veces rumiado por el público que habría que empezar a pensar si otro de los problemas no estará precisamente en los espectadores, dado que muestran una condescendencia e indulgencia sólo comparables a las de vacas pastando. Cuando una ofensa se alarga en el tiempo, el problema no está en el ofensor sino en el ofendido que la consiente...y el guión de "El Congreso" es una constante ofensa a la inteligencia y paciencia del personal.
No obstante, como apuntaba antes, el otro gran problema de esta serie, empíricamente constatado, son los personajes. Por decirlo claramente, son malos. En el mejor de los casos, serían aptos para un sainete low cost, un vodevil de función escolar, un guiñol infantil o incluso un sketch para programas tipo "Noche de fiesta" pero nunca, never, nie, jamais para una serie con mínimas aspiraciones en materia de calidad y dignidad. ¿Por qué? Porque desde el principio mostraron urbi et orbe tener tantos matices y carisma como el gotelé. Y lo que es peor aún: su desarrollo ha sido inexistente cuando no directamente involutivo. Por tanto, por muy bueno que fuera el guión (que no es el caso) y/o el reparto (que tampoco), con personajes así poco se puede hacer. Están bien para un ratito, especialmente si ese ratito está regado con litros de alcohol o tiene como finalidad conciliar el sueño o desatascar el tracto intestinal, pero más allá de eso acaban por resultar insoportables porque, las cosas como son, no tiene ni un pase la repulsiva prepotencia de los personajes del PP ni la equizofrénica sobreactuación de los del PSOE ni el arribismo trasnochado de los de Podemos ni el pardillismo suicida de los de Ciudadanos. Lo único interesante para un "espectador no coprófago" es intentar delimitar dónde acaba el personaje y comienza el actor; pasatiempo curioso e inquietante por igual. Por fallar incluso ha resultado fallido el personaje del Rey, relegado a insustanciales cameos esporádicos: a un vendedor de la teletienda se le hace más caso.
Así las cosas, visto que las tramas han confluido en un Pantano de la Tristeza donde cualquier espectador mentalmente sano se siente Artax, los responsables de la serie han optado en los últimos tiempos por fiarlo todo a las grescas fuera y dentro de los partidos. Una jugada clásica que en este caso viene a ser como pasar por la Thermomix a Juego de tronos y Los bingueros. Es decir: un festival de hostias con el mismo glamour que un bocadillo de panceta y la misma calidad que el guión de una peli porno. Por eso no extraña que buena parte de la audiencia les esté prestando menos atención que al teletexto. Algo que, por cierto, choca bastante con esa torre de marfil donde están concentrados opinadores y comentatodos analizando en televisiones, radios y columnas las moviolas de cada partido como si fueran astrofísicos intentando desentrañar los misterios del universo o Tomás Roncero hablando del Real Madrid.
La cuestión es ¿merece la pena seguir apostando por una serie que se ha ganado a pulso su cancelación o, como se dice ahora de forma eufemística, "no renovación"? La respuesta es obvia. ¿Y si cambiaran los guionistas, los personajes y el reparto? Sería una excelente idea, dado que así obtendríamos muy probablemente una serie distinta y quizá digna, seria e incluso buena, pero ya no sería esa "shit-com" (ojo que no hay errata) que es "El Congreso". No obstante, que esa posibilidad dé el salto al mundo real es tan probable como que Leticia Sabater gane un Óscar o Telecirco retire "Sálvame" de la parrilla televisiva.
Por todo ello y sintiéndolo (un poco) sólo veo una solución honorable a esta producción nacional: cancelación. Pero todos sabemos que honorable y probable no son términos sinónimos...
El quid del problema no está en el presupuesto, porque corre a cargo del erario y por tanto es más que espléndido. Tampoco en los escenarios, por muy poco juego que dé ya el inmueble en cuestión, en torno al cual giran las tramas. No, el problema de esta serie hay que detectarlo en dos aspectos comunicantes entre sí: el guión y los personajes.
"El Congreso" tiene un guión redundante y recalentado que opta bien por estirar algunas tramas ad infinitum, bien por reciclar otras para intentar colarle al espectador algo que ya se sabe de memoria. Así, el guión de esta serie, tanto en lo argumental como en lo literal, tiene tanto brillo como una foto en mate y tanta chispa como la capa de Nochevieja de Ramón García. Por eso, los (cada vez menos) espectadores que aún se mantienen fieles a "El Congreso" empiezan a tener la sensación-convicción de estar contemplando no una serie convencional sino una de estas telenovelas de sobremesa en las que puedes entrar y salir con total libertad durante días/semanas/meses sin miedo a haberte perdido gran cosa ni a sentirte desnortado. Ya ni siquiera suben la audiencia tramas antaño resultonas como las de temática judicial o electoral, que actualmente están absolutamente carbonizadas en cuanto a interés se refiere dado que la audiencia está a estas alturas totalmente vacunada contra golferías, decepciones y/o sorpresas de toda índole. ¿Que se podría hacer algo mucho mejor? Sin duda, pero para eso se requiere talento y ganas, cosas de las que carecen de forma notoria los responsables de la serie. Por tanto, sus showrunners y guionistas (que, para más inri y pitorreo, se han reservado para sí los papeles protagonistas) seguirán ofreciendo sin escrúpulos un producto ya tantas veces rumiado por el público que habría que empezar a pensar si otro de los problemas no estará precisamente en los espectadores, dado que muestran una condescendencia e indulgencia sólo comparables a las de vacas pastando. Cuando una ofensa se alarga en el tiempo, el problema no está en el ofensor sino en el ofendido que la consiente...y el guión de "El Congreso" es una constante ofensa a la inteligencia y paciencia del personal.
No obstante, como apuntaba antes, el otro gran problema de esta serie, empíricamente constatado, son los personajes. Por decirlo claramente, son malos. En el mejor de los casos, serían aptos para un sainete low cost, un vodevil de función escolar, un guiñol infantil o incluso un sketch para programas tipo "Noche de fiesta" pero nunca, never, nie, jamais para una serie con mínimas aspiraciones en materia de calidad y dignidad. ¿Por qué? Porque desde el principio mostraron urbi et orbe tener tantos matices y carisma como el gotelé. Y lo que es peor aún: su desarrollo ha sido inexistente cuando no directamente involutivo. Por tanto, por muy bueno que fuera el guión (que no es el caso) y/o el reparto (que tampoco), con personajes así poco se puede hacer. Están bien para un ratito, especialmente si ese ratito está regado con litros de alcohol o tiene como finalidad conciliar el sueño o desatascar el tracto intestinal, pero más allá de eso acaban por resultar insoportables porque, las cosas como son, no tiene ni un pase la repulsiva prepotencia de los personajes del PP ni la equizofrénica sobreactuación de los del PSOE ni el arribismo trasnochado de los de Podemos ni el pardillismo suicida de los de Ciudadanos. Lo único interesante para un "espectador no coprófago" es intentar delimitar dónde acaba el personaje y comienza el actor; pasatiempo curioso e inquietante por igual. Por fallar incluso ha resultado fallido el personaje del Rey, relegado a insustanciales cameos esporádicos: a un vendedor de la teletienda se le hace más caso.
Así las cosas, visto que las tramas han confluido en un Pantano de la Tristeza donde cualquier espectador mentalmente sano se siente Artax, los responsables de la serie han optado en los últimos tiempos por fiarlo todo a las grescas fuera y dentro de los partidos. Una jugada clásica que en este caso viene a ser como pasar por la Thermomix a Juego de tronos y Los bingueros. Es decir: un festival de hostias con el mismo glamour que un bocadillo de panceta y la misma calidad que el guión de una peli porno. Por eso no extraña que buena parte de la audiencia les esté prestando menos atención que al teletexto. Algo que, por cierto, choca bastante con esa torre de marfil donde están concentrados opinadores y comentatodos analizando en televisiones, radios y columnas las moviolas de cada partido como si fueran astrofísicos intentando desentrañar los misterios del universo o Tomás Roncero hablando del Real Madrid.
La cuestión es ¿merece la pena seguir apostando por una serie que se ha ganado a pulso su cancelación o, como se dice ahora de forma eufemística, "no renovación"? La respuesta es obvia. ¿Y si cambiaran los guionistas, los personajes y el reparto? Sería una excelente idea, dado que así obtendríamos muy probablemente una serie distinta y quizá digna, seria e incluso buena, pero ya no sería esa "shit-com" (ojo que no hay errata) que es "El Congreso". No obstante, que esa posibilidad dé el salto al mundo real es tan probable como que Leticia Sabater gane un Óscar o Telecirco retire "Sálvame" de la parrilla televisiva.
Por todo ello y sintiéndolo (un poco) sólo veo una solución honorable a esta producción nacional: cancelación. Pero todos sabemos que honorable y probable no son términos sinónimos...
viernes, 29 de julio de 2016
Un percebe inconstitucional
Cuando despertó, Rajoy todavía estaba allí. Así podría comenzar (y acabar) el cuento tragicómico en el que se ha convertido la España reciente.
El Percebe, eufemismo que me evita caer en el síndrome de Tourette para hablar de este individuo, lleva ya unos cuantos años siendo el abajo firmante de uno de los pasajes más vergonzosos de nuestra historia, con una habilidad extraordinaria y nada envidiable para alternar el despropósito con el escándalo en su doble faceta de líder de un Gobierno contraproducente y de un partido putrefacto. Por eso, poco o nada extraña que en el "antes", el "durante" y el "después" de las elecciones haya convertido el devenir político e informativo de España en un vaivén entre el vodevil y el esperpento, que da una idea bastante aproximada del nivel intelectual y ético del personal en general y del Percebe en particular, quien se ha transformado en un personaje tan autoparódico y perjudicial como lo fue el infame Rodríguez Zapatero.
Es francamente desagradable y bochornoso constatar un día sí y otro también cómo este zángano irresponsable se ha revelado como el protagonista indiscutible de una versión cañí, casi rozando la astracanada, del célebre cuento "El traje nuevo del emperador" no sólo por su escandalosa desconexión con la realidad sino porque la misma esté sustentada por ese magma de aduladores de sinapsis chisporroteante formado por el Gobierno, el PP y los millones de votantes peperos. Esto último, los votantes del Percebe, debería ser objeto de sosegado estudio para Íker Jiménez y compañía, dado que resulta del todo inexplicable desde un punto de vista racional cómo puede haber gente en España que vote a este prodigio de la teratología política: quizás es porque existen muchos ciudadanos con una sensibilidad de titanio o quizás es que la coprofagia política es una de las parafilias electorales más en auge en los últimos años o quizás sea porque hay millones de españoles que podrían hacer de extras en The Walking Dead. Sea como fuere, el sustento electoral al Percebe, aun respetable desde el punto de vista legal, es del todo incomprensible e indefendible. Lo que no es nada incomprensible es que en torno a Rajoy se hayan agrupado como hongos todo un séquito de pelotas y medradores de serie B dispuestos a sacar tajada de la peculiar idiosincrasia del Percebe: siempre hay moscas donde hay algo que no merece la pena.
No voy a entrar ahora a listar y criticar el "legado" del Percebe ni a repasar los greatest hits de este tipo. Ahí están las hemerotecas y Google para quien quiera refrescarse el bochorno y la indignación. Por tanto, basta con decir que carece de cualquier legitimidad política y ética. Y quien niegue esto o (se) miente o debería mandar su cerebro al taller. El único consuelo y "legitimidad" que tiene el Presidente en disfunciones es el respaldo cosechado en los sucesivos y sonrojantes comicios. En ese sentido, conviene recordar dos cosas. La primera: un 33% no es ninguna mayoría ni en lo político ni en lo democrático ni en lo legal ni en lo matemático; siendo puristas y aritméticos, son mayoría los votantes españoles que no han votado al Percebe. La segunda: Adolf Hitler también tuvo un considerable sustento en votos y no creo que nadie en su sano juicio diga que eso le legitimó en ningún momento para hacer lo que hizo o que le convirtiera en una persona digna de respeto. Por tanto, que el Percebe o cualquiera de sus palmeros se pongan estupendos en sus intervenciones públicas a la hora de reclamar apoyos o de presionar desvergonzadamente a sus adversarios para que lleven al Percebe en andas y arrojando pétalos a su paso provoca el mismo tierno sonrojo que produciría ver a Kiko Rivera exigiendo un Grammy.
De todos modos, lo más preocupante y bochornoso del Percebe no es que viva en una dimensión paralela a la realidad donde no existen ni la sensatez ni la decencia ni la humildad ni la vergüenza. Ni que tenga una jeta con cuyo material se podrían fabricar naves con las que explorar el espacio profundo sin asumir riesgos. Ni que su colosal cobardía sea directamente proporcional a su pereza. Ni que cada una de sus intervenciones derive en una suerte de Scrabble diseñado por los Hermanos Marx. Ni que sea un chollo para los viñetistas y los generadores de memes. Ni que tome al personal por deficiente mental. Ni que confunda a la parte (sus votantes) con el todo (la ciudadanía española). Ni que fusione el deseo (soy la salvación para España) con la realidad (fue peor el remedio que la enfermedad). No, lo más preocupante es que el Percebe ha decidido comportarse como los infames separatistas catalanes, esto es, pasarse por el arco triunfal la Constitución en su huida hacia delante. Que el Percebe actúa como si desconociera la Constitución es algo notorio y objetivo. Sólo así se explica que ignore que en España al Presidente lo eligen los diputados del Congreso, no los votantes (véase sistema parlamentario). O que se tome a chufla los mandatos del Jefe del Estado a la hora de formar Gobierno, como hizo en su día y como ha vuelto a hacer ayer (véase el artículo 99). La Constitución, por muy sobrevalorada que esté, sigue siendo la norma máxima, en la que se sustenta todo lo demás y que representa a todos los españoles. Por eso, que alguien como el Percibe le aplique un barnizado genital es no sólo ofender a la inteligencia sino un insulto a toda la ciudadanía que no no merece ni debe ser perdonado ni ignorado. En resumen: que el Percebe reaccione ante la Constitución como Leticia Sabater ante "Kuala Lumpur" es algo que no se toleraría en ningún país serio. Pero...Spain is different.
Así las cosas, ante este panorama tan enfangado y surrealista, no puedo más que esperar al día en que se tire de la cadena y el Percebe y todo lo que él representa se vayan por el retrete de la Historia. De momento, hasta entonces, toca aguantar su opereta bufa e insoportable en la que los ciudadanos somos las únicas víctimas.
jueves, 8 de octubre de 2015
El baile
El problema no es carecer de gracia (física, motriz, estética, retórica, intelectual o humorística). Los feos, los torpes, los horteras, los sosos y los cretinos tienen exactamente los mismos derechos y libertades que los guapos, los hábiles, los estilosos, los sabios...
El problema no es tener una autoestima desproporcionada e injustificable. Todo el mundo está perfectamente legitimado para venirse arriba aunque la realidad no acompañe.
El problema no es que exista un programa como "El hormiguero". Todas las parafilias, incluidas las televisivas, tienen su público.
El problema no es que una persona se vuelva viral o trending topic. Internet es un circo de infinitas pistas y siempre tiene demanda de payasos, mujeres barbudas y demás freaks.
El problema es que la mayoría de políticos de este país, ante su propia incapacidad y desfachatez, haya decidido cambiar el "programa, programa, programa" por otros "programas" bien diferentes pensando que la ciudadanía de este país es tan deficiente mentalmente y retrasada políticamente que prefiere apoyar electoralmente las ocurrencias antes que las ideas, las patochadas antes que los proyectos y el esperpento antes que la seriedad.
El problema es que, con la que ha caído y está cayendo, con lo que ha hecho y está haciendo, la única alternativa que ofrece el Gobierno a su torrente de torpezas, perjuicios y ofensas sea a su vicepresidenta moviendo el mondongo como si se creyera Tony Manero.
El problema es pasarse por el arco genital la inteligencia, el respeto, la consideración y la dignidad debidas a una población que ha demostrado estar en líneas generales muy por encima de sus gobernantes y representantes.
El problema es actuar con esa peligrosa mezcla de soberbia y despreocupación cuando tantísima gente lo ha pasado o lo está pasando especialmente mal o cuando tu único aval y legado es un Everest de errores y agravios.
El problema es que una representante del Gobierno tenga tan poca o nula sensibilidad y criterio como para entender que su numerito del martes sobra en un país cuyo estado de bienestar ha sido dinamitado por la ineptitud/desvergüenza de sus gobernantes, cuyo estado de Derecho ha sido aniquilado por la corrupción de sus políticos, cuya separación de poderes es en el mejor de los casos cuestionable, cuya clase media ha sido arrasada para costear despilfarros y pelotazos varios, cuya juventud tiene que elegir
entre la emigración y la frustración, cuya libertad de información ha sido laminada, cuya libertad de expresión ha sido sodomizada legalmente, cuyo sistema laboral es un laberinto de indignidad y precariedad, cuya Justicia da risa, cuya Educación da pena, cuya Cultura está lisiada fiscalmente o cuyo Ejecutivo provoca simple y llanamente asco.
El problema es que una representante del Gobierno tenga tan poca o nula sensibilidad y criterio como para entender que su numerito del martes sobra en un país cuyo estado de bienestar ha sido dinamitado por la ineptitud/desvergüenza de sus gobernantes, cuyo estado de Derecho ha sido aniquilado por la corrupción de sus políticos, cuya separación de poderes es en el mejor de los casos cuestionable, cuya clase media ha sido arrasada para costear despilfarros y pelotazos varios, cuya juventud tiene que elegir
entre la emigración y la frustración, cuya libertad de información ha sido laminada, cuya libertad de expresión ha sido sodomizada legalmente, cuyo sistema laboral es un laberinto de indignidad y precariedad, cuya Justicia da risa, cuya Educación da pena, cuya Cultura está lisiada fiscalmente o cuyo Ejecutivo provoca simple y llanamente asco.
El problema es, en definitiva, tomar a la gente por idiota. Eso es lo verdaderamente grotesco. Eso es lo auténticamente aberrante. Ése es el problema. No que alguien pase a los anales de la teratología política y televisiva por hacer el ridículo.
martes, 15 de septiembre de 2015
La cortina catalana
Aviso para navegantes nº1: tengo apellidos catalanes, sangre catalana y amigos catalanes. Y estoy orgulloso de todo lo catalán que forma parte de mí.
Aviso para navegantes nº2: no es la primera vez que escribo en el blog sobre "lo de Cataluña" (ver El día después (del ridículo) o A vueltas con Cataluña, por citar los posts más "recientes") pero sí me encantaría que fuera la última, al menos por los motivos actuales.
Aviso para navegantes nº3: Soy plenamente consciente de que estos días se han escrito excelentes y muy recomendables artículos sobre este mismo asunto, como por ejemplo los de David Jiménez, Javier Marías, Javier Cercas, Jordi Évole o Risto Mejide. Por eso, mi intención con este post no es superar a otros ni imitarlos sino simplemente dar mi opinión respecto a un asunto que no merece el silencio ni la ambigüedad.
Aviso para navegantes nº3: Soy plenamente consciente de que estos días se han escrito excelentes y muy recomendables artículos sobre este mismo asunto, como por ejemplo los de David Jiménez, Javier Marías, Javier Cercas, Jordi Évole o Risto Mejide. Por eso, mi intención con este post no es superar a otros ni imitarlos sino simplemente dar mi opinión respecto a un asunto que no merece el silencio ni la ambigüedad.
Dichos estos avisos, al grano: "lo de Cataluña" (que es lo de las elecciones del 27 de septiembre, pero también lo del sobado "procés" soberanista, lo de las incansables e insaciables reivindicaciones regionalistas, lo del atávico y patológico victimismo "nacionalista" y lo de la manipulación de la Historia, los conceptos, el lenguaje y los sentimientos por parte de personas-personajes que de políticos poco y de demócratas menos) me parece una cortina, no sé si de humo, pero cortina al fin y al cabo y, como tal, pretende ocultar lo que hay "al otro lado", con independencia del lado en que esté uno. Me explico:
- A un lado de la cortina tenemos a un presidente, autonómico, Artur Mas, quien, junto a sus compadres, cómplices, socios, rémoras y voceros, quiere esconder bajo la "estelada" la basura que han acumulado con años de chapuzas, golfadas, farsas y
despilfarros que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: recurriendo a la sugestión emocional, a la persuasión sentimental, a la movilización visceral, a la tergiversación de la realidad, a la perversión del lenguaje, a la manipulación de la Historia (hasta niveles desternillantes), a la intensificación de un discurso victimista tan efectivo como insostenible, a la escenificación de un mesianismo cuyo reino no es de este mundo (y de ninguno), a la equiparación de ilegalidad con democracia, a la mutación del "president" en "amado líder", a la conversión del discrepante en amenaza, a la reiteración de promesas infundadas e incumplibles, a la impostura como estilo de vida...lo que sea con tal de que nadie en aquellos lares caiga en la cuenta de que Cataluña ha estado y está en manos de una "gente" que hace que los 40 ladrones de Alí Babá parezcan la banda de Danny Ocean; lo que sea con tal de que nadie en Cataluña se convenza de que el problema no es España sino la cleptocracia
con barretina; lo que sea con tal de no ser arrollado por la responsablidad. Es decir, que, ante su demostrada incapacidad de afrontar la realidad y/o asumir errores y/o aportar soluciones y/o diseñar un proyecto político serio y tangible, Artur Mas y sus complementos circunstanciales han decidido huir hacia delante, poniéndose el mundo por montera y pasándose por la quilla el "seny", las leyes, la lógica, la ética y todo aquello que recuerde al emparador que está no ya caminando, sino corriendo despendolado y en pelotas. Por eso, más que una campaña electoral o política, lo que Mas y sus colegas han desarrollado es una campaña de enajenación mental que no parece ser transitoria.
- Al otro lado de la cortina tenemos a otro presidente, estatal, Mariano Rajoy, quien, junto a sus palmeros, camarilla, compañeros y mamporreros propagandistas, quiere esconder bajo la bandera nacional una legislatura ensimismada, enajenada, chulesca,
deprimente, desquiciada, indignante, cuya mejor crónica la podemos encontrar en las revistas satíricas y en los sumarios de los juzgados y que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: apostando por la ineptitud, el tancredismo y el comportamiento pasivo-agresivo como hoja de ruta personal, gubernamental y política que permita convertir un problema perfectamente subsanable de base (con el cerebro en la cabeza y el ordenamiento jurídico en la mano) en una situación de tiroteo en O.K. Corral que habilite o justifique abonar, avivar, alimentar y anfetaminar el discurso del miedo, que es la única tabla de salvación para quien ha naufragado en lo político, lo social, lo intelectual, lo ético, lo moral y lo sináptico, como es que el caso del PP en general, el Gobierno en particular y Mariano Rajoy en lo individual. Así las cosas, la actitud del Gobierno hacia "lo de Cataluña" tiene bastante de bombero pirómano no tanto por originar el cisco como por consentirlo, ya que ha permitido deliberadamente que un teletubi como Artur Mas se venga arriba y se crea Conan el Bárbaro. ¿Por qué? Porque con el incendio catalán, espera o está convencido de que el personal o, al menos, los electores del PP, se distraigan con el humo (ya que llamas, de momento, hay pocas) y olviden (al menos hasta después de las elecciones generales) que ha sido el Gobierno de Mariano Rajoy quien ha disecado económica y fiscalmente a la clase media, emprobecido el mercado laboral, penalizado la cultura, sodomizado a los medios de comunicación tradicionales, puteado a los jueces independientes, convertido la iniciativa legislativa en un chachachá, ofendido tanto a quien le votó como a quien no, hecho el ridículo diplomático o navajeado el bienestar, por citar sólo algunos de los "greatest hits" de Mariano's band. Pero, nuevamente...¿Por qué? Porque Mariano Rajoy (o las vocecitas que tengan en su cabeza) cree que fabricando un anticristo como Mas él se podrá presentar electoralmente como el cordero encarnado y mesías de una España cojonuda.
Así las cosas, vistas en perspectiva y de forma comparada las razones y las actuaciones de Mas y Rajoy, se puede sacar en claro que el antagonismo no es total e, incluso, se podría decir que es
cosmético, superficial. ¿Qué quiero decir? Que Mas y Rajoy tienen más puntos en común de los que a priori podría pensarse, como por ejemplo...
- Ambos actúan, hablan y piensan con la soberbia y el convencimiento de que representan el ser, pensar y sentir de todo un colectivo, cuando la verdad es que ni Cataluña es Mas ni España es Rajoy. Lo único que representan es al colectivo de "Impresentables No Anónimos".
- Ambos tratan con desdén o, directamente, con beligerancia, cualquier opinión, consejo o postura que no encaje con su pensamiento. Son dos yonquis del discurso único.
- Ambos demuestran una absoluta falta de sensibilidad o empatía que les permita calibrar el alcance de sus desaciertos. Están demasiado pendientes de autocomplacerse, del "qué hay de lo mío" en vez de ponerse en la piel de una ciudadanía que es la única víctima de tanta turbulencia.
- Ambos se necesitan para tapar sus respectivas vergüenzas y desmanes.
- Ambos se necesitan mutuamente para presentarse ante los suyos como antídotos y "salvapatrias", como única vía/salida hacia un futuro mejor cuando ellos nunca formaron ni formarán parte de la solución sino del problema.
- Ambos necesitan los constantes errores y provocaciones del otro para vertebrar y fundamentar un discurso de garrafón como sustituto de cualquier ideario político serio o programa electoral.
- Ambos buscan alimentar y perpetuar una situación de tensión máxima que ponga al electorado "on fire" y acuda a las respectivas urnas como quien acude a una cita con Charlize Theron/Brad Pitt.
- Ninguno de los dos quieren electores civilizados, bien informados y con la sensatez en "modo on". Ellos quieren hooligans o, mejor dicho, quieren los votos de los hooligans, y, para eso, les sobran los cerebros (suyos y ajenos).
- Ambos encarnan una forma de entender y hacer la política muy española en tanto que el esperpento es un género made in Spain. Son dos aberraciones impensables en otro país que no fuera tan tragicómico como España.
- A ninguno de los dos les mueve la ética, la moral, la razón, el altruismo ni la responsabilidad. Son dos ejemplos de la estupidez humana, dos especímenes de la involución política española y dos muestras con validez universal de qué significa la palabra "irresponsabilidad".
- Ambos han actuado y actúan con un comportamiento poco o nada democrático, no sólo por su ninguneo o demonización a "todo-aquel-que-no-sea-como-yo" sino porque demuestran ignorar o haber olvidado que, en democracia, los votos cuentan pero las leyes también y que del mismo modo que no puede haber nada fuera de las leyes tampoco puede haber leyes fuera de la realidad.
No obstante, conviene aclarar o subrayar que el único culpable
(político y penal) de crear esta situación es el enajenado Artur Mas...igual que el único responsable (político y legal) de consentirla o solucionarla es el absurdo Mariano Rajoy. Cuando dos partículas así chocan, lo normal es que surjan agujeros negros como el que se ha abierto. El desenlace, incierto.
Por otra parte, entiendo perfectamente que haya gente que se crea la cantinela del "país" que promete a sus deudos Artur Mas:
pasarse por el forro las leyes nacionales, los tratados internacionales, las deudas económicas, la Historia, la lógica, los errores propios, los aciertos ajenos...es muy seductor para quien quiera mandar la conciencia y la consciencia a por tabaco. El estado catalán que promete Mas hace que Jauja parezca un gulag. La Cataluña a la que dice aspirar Mas es una película de Disney con guión de los Hermanos Marx. Claro que, yo, humildemente, desconfiaría de un proyecto apoyado por freaks como Karmele Marchante...
- A un lado de la cortina tenemos a un presidente, autonómico, Artur Mas, quien, junto a sus compadres, cómplices, socios, rémoras y voceros, quiere esconder bajo la "estelada" la basura que han acumulado con años de chapuzas, golfadas, farsas y
despilfarros que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: recurriendo a la sugestión emocional, a la persuasión sentimental, a la movilización visceral, a la tergiversación de la realidad, a la perversión del lenguaje, a la manipulación de la Historia (hasta niveles desternillantes), a la intensificación de un discurso victimista tan efectivo como insostenible, a la escenificación de un mesianismo cuyo reino no es de este mundo (y de ninguno), a la equiparación de ilegalidad con democracia, a la mutación del "president" en "amado líder", a la conversión del discrepante en amenaza, a la reiteración de promesas infundadas e incumplibles, a la impostura como estilo de vida...lo que sea con tal de que nadie en aquellos lares caiga en la cuenta de que Cataluña ha estado y está en manos de una "gente" que hace que los 40 ladrones de Alí Babá parezcan la banda de Danny Ocean; lo que sea con tal de que nadie en Cataluña se convenza de que el problema no es España sino la cleptocracia
con barretina; lo que sea con tal de no ser arrollado por la responsablidad. Es decir, que, ante su demostrada incapacidad de afrontar la realidad y/o asumir errores y/o aportar soluciones y/o diseñar un proyecto político serio y tangible, Artur Mas y sus complementos circunstanciales han decidido huir hacia delante, poniéndose el mundo por montera y pasándose por la quilla el "seny", las leyes, la lógica, la ética y todo aquello que recuerde al emparador que está no ya caminando, sino corriendo despendolado y en pelotas. Por eso, más que una campaña electoral o política, lo que Mas y sus colegas han desarrollado es una campaña de enajenación mental que no parece ser transitoria.
- Al otro lado de la cortina tenemos a otro presidente, estatal, Mariano Rajoy, quien, junto a sus palmeros, camarilla, compañeros y mamporreros propagandistas, quiere esconder bajo la bandera nacional una legislatura ensimismada, enajenada, chulesca,
deprimente, desquiciada, indignante, cuya mejor crónica la podemos encontrar en las revistas satíricas y en los sumarios de los juzgados y que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: apostando por la ineptitud, el tancredismo y el comportamiento pasivo-agresivo como hoja de ruta personal, gubernamental y política que permita convertir un problema perfectamente subsanable de base (con el cerebro en la cabeza y el ordenamiento jurídico en la mano) en una situación de tiroteo en O.K. Corral que habilite o justifique abonar, avivar, alimentar y anfetaminar el discurso del miedo, que es la única tabla de salvación para quien ha naufragado en lo político, lo social, lo intelectual, lo ético, lo moral y lo sináptico, como es que el caso del PP en general, el Gobierno en particular y Mariano Rajoy en lo individual. Así las cosas, la actitud del Gobierno hacia "lo de Cataluña" tiene bastante de bombero pirómano no tanto por originar el cisco como por consentirlo, ya que ha permitido deliberadamente que un teletubi como Artur Mas se venga arriba y se crea Conan el Bárbaro. ¿Por qué? Porque con el incendio catalán, espera o está convencido de que el personal o, al menos, los electores del PP, se distraigan con el humo (ya que llamas, de momento, hay pocas) y olviden (al menos hasta después de las elecciones generales) que ha sido el Gobierno de Mariano Rajoy quien ha disecado económica y fiscalmente a la clase media, emprobecido el mercado laboral, penalizado la cultura, sodomizado a los medios de comunicación tradicionales, puteado a los jueces independientes, convertido la iniciativa legislativa en un chachachá, ofendido tanto a quien le votó como a quien no, hecho el ridículo diplomático o navajeado el bienestar, por citar sólo algunos de los "greatest hits" de Mariano's band. Pero, nuevamente...¿Por qué? Porque Mariano Rajoy (o las vocecitas que tengan en su cabeza) cree que fabricando un anticristo como Mas él se podrá presentar electoralmente como el cordero encarnado y mesías de una España cojonuda.
Así las cosas, vistas en perspectiva y de forma comparada las razones y las actuaciones de Mas y Rajoy, se puede sacar en claro que el antagonismo no es total e, incluso, se podría decir que es
cosmético, superficial. ¿Qué quiero decir? Que Mas y Rajoy tienen más puntos en común de los que a priori podría pensarse, como por ejemplo...
- Ambos actúan, hablan y piensan con la soberbia y el convencimiento de que representan el ser, pensar y sentir de todo un colectivo, cuando la verdad es que ni Cataluña es Mas ni España es Rajoy. Lo único que representan es al colectivo de "Impresentables No Anónimos".
- Ambos tratan con desdén o, directamente, con beligerancia, cualquier opinión, consejo o postura que no encaje con su pensamiento. Son dos yonquis del discurso único.
- Ambos demuestran una absoluta falta de sensibilidad o empatía que les permita calibrar el alcance de sus desaciertos. Están demasiado pendientes de autocomplacerse, del "qué hay de lo mío" en vez de ponerse en la piel de una ciudadanía que es la única víctima de tanta turbulencia.
- Ambos se necesitan para tapar sus respectivas vergüenzas y desmanes.
- Ambos se necesitan mutuamente para presentarse ante los suyos como antídotos y "salvapatrias", como única vía/salida hacia un futuro mejor cuando ellos nunca formaron ni formarán parte de la solución sino del problema.
- Ambos necesitan los constantes errores y provocaciones del otro para vertebrar y fundamentar un discurso de garrafón como sustituto de cualquier ideario político serio o programa electoral.
- Ambos buscan alimentar y perpetuar una situación de tensión máxima que ponga al electorado "on fire" y acuda a las respectivas urnas como quien acude a una cita con Charlize Theron/Brad Pitt.
- Ninguno de los dos quieren electores civilizados, bien informados y con la sensatez en "modo on". Ellos quieren hooligans o, mejor dicho, quieren los votos de los hooligans, y, para eso, les sobran los cerebros (suyos y ajenos).
- Ambos encarnan una forma de entender y hacer la política muy española en tanto que el esperpento es un género made in Spain. Son dos aberraciones impensables en otro país que no fuera tan tragicómico como España.
- A ninguno de los dos les mueve la ética, la moral, la razón, el altruismo ni la responsabilidad. Son dos ejemplos de la estupidez humana, dos especímenes de la involución política española y dos muestras con validez universal de qué significa la palabra "irresponsabilidad".
- Ambos han actuado y actúan con un comportamiento poco o nada democrático, no sólo por su ninguneo o demonización a "todo-aquel-que-no-sea-como-yo" sino porque demuestran ignorar o haber olvidado que, en democracia, los votos cuentan pero las leyes también y que del mismo modo que no puede haber nada fuera de las leyes tampoco puede haber leyes fuera de la realidad.
No obstante, conviene aclarar o subrayar que el único culpable
(político y penal) de crear esta situación es el enajenado Artur Mas...igual que el único responsable (político y legal) de consentirla o solucionarla es el absurdo Mariano Rajoy. Cuando dos partículas así chocan, lo normal es que surjan agujeros negros como el que se ha abierto. El desenlace, incierto.
Por otra parte, entiendo perfectamente que haya gente que se crea la cantinela del "país" que promete a sus deudos Artur Mas:
pasarse por el forro las leyes nacionales, los tratados internacionales, las deudas económicas, la Historia, la lógica, los errores propios, los aciertos ajenos...es muy seductor para quien quiera mandar la conciencia y la consciencia a por tabaco. El estado catalán que promete Mas hace que Jauja parezca un gulag. La Cataluña a la que dice aspirar Mas es una película de Disney con guión de los Hermanos Marx. Claro que, yo, humildemente, desconfiaría de un proyecto apoyado por freaks como Karmele Marchante...
De todos modos, en el fondo, más allá de lo político, "lo de Cataluña" es un asunto en torno al cual se ha articulado una peligrosa dialéctica de contrarios de la que no puede, por definición, salir nada bueno (ahí está la Historia, la nuestra y la universal, para dar muestra de ello). De momento, la amenaza de quiebra social, de herida íntima, ya está ahí...Es una pena que políticos y ciudadanos hayan olvidado lo que dijo el clásico: la virtud siempre estará en el término medio. Pero mayor pena es todavía que exista gente capaz de dejarse influenciar por lo que hagan o digan tipos como Artur Mas o Mariano Rajoy.
Por eso y para acabar: no me preocupa tanto una España sin Cataluña como una España con estupidez. Sea como fuere, aún están/estamos a tiempo de impedir que la cortina se convierta en muro.
Por eso y para acabar: no me preocupa tanto una España sin Cataluña como una España con estupidez. Sea como fuere, aún están/estamos a tiempo de impedir que la cortina se convierta en muro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















