sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Un Nobel de Tecnología?

Ayer se entregaron los Premios Nobel (que este año parecen The Vargas Llosa Show) y una idea empezó a rondarme la cabeza: De acuerdo que la Física, Química, Medicina, Economía y Literatura son disciplinas que contribuyen al desarrollo del ser humano y que sus próceres merecen ser galardonados por su tácita filantropía. De acuerdo también que hay que premiar el esfuerzo de quienes hacen de su vida un baluarte de la Paz en un mundo donde lo más fácil y habitual es liarse a mamporros o elucubrar cómo hundir al prójimo en la miseria. Pero, si de lo que se trata en el fondo es de reconocer a los cuatro vientos a personas cuya dedicación profesional ha contribuido decisivamente al avance de la Humanidad, ¿por qué los Nobel no cuentan con una categoría dedicada a la Tecnología?

Ya sé que estos galardones están supeditados explícitamente a lo estipulado por el inventor y químico sueco Alfred Nobel en su testamento, pero el mundo ha cambiado radicalmente desde 1896, año en que el insigne hijo de Suecia pasó a los anales de los cementerios. Por eso, creo que sería necesario replantearse la inclusión de nuevas categorías en los Nobel, especialmente en lo tocante a la tecnología, porque, de no hacerlo, tarde o temprano se quedarán más como un hito pomposo y trasnochado que como un termómetro del mundo en que vivimos y de sus egregios iconos. Al fin y al cabo, si algo tan sumamente longevo como las Olimpiadas está abierto a nuevas incorporaciones, ¿por qué no los Nobel?

También soy consciente de que existen muchos otros laureles para premiar las disciplinas que quedan exentas, y que, en cuestión tecnológica, los émulos de los Nobel son los premios Turing, Kyoto y, fundamentalmente, Tecnología del Milenio. Pero creo que se coincidirá conmigo en que su repercusión mediática y social es nimia comparada con la que gozan los Nobel; una  parca trascendencia que supone casi un agravio para uno de los pilares fundamentales del progreso mundial en las últimas décadas y las venideras: las nuevas tecnologías. Y, para quien dude de lo que defiendo, que se pregunte si la humanidad no ha avanzado más y mejor con logros como Internet o la telefonía móvil, por citar sólo dos casos notorios, que con las "aportaciones" de algunos de los más recientes premiados en Suecia.

La historia está llena de casos de geniales tecnológos que han carecido de un reconocimiento digno o bien han sido víctimas del oprobio del olvido. Ahí están, por ejemplo, Jerónimo de Ayanz o Juanelo Turriano, en España, o, Nikola Tesla y Antonio Meucci, allende nuestras fronteras. Creo que un Nobel de Tecnología contribuiría enormemente a paliar que errores así no se repitieran y haría justicia para quienes, al igual que otros científicos, ponen al ser humano un poco más cerca de sus sueños.  

domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks o la envidia del periodismo

En otra ocasión, ya di mi opinión y particular análisis de la delicada y controvertida situación que vive mi profesión, el periodismo, en los últimos lustros. Por eso, no tenía intención alguna de volver sobre mis pasos y poner proa al único trabajo cuya materia prima es la verdad, o debería serlo. Y digo "debería" porque, como muy bien se ha demostrado en las últimas fechas, el cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, los plumillas o como lo queramos llamar hace tiempo que dejaron la búsqueda, anuncio o denuncia de la verdad en el cajón de las tareas pendientes. 

Convertidos mayoritariamente en meros copistas de notas de agencia y transportistas de teletipos, el único distintivo que podemos esperar de los profesionales del periodismo es el sesgo con el que ofrecen las noticias, en función de las filias y fobias del director del medio o de la empresa que paga a fin de mes. Un hecho lamentable pero cierto y que no hace ningún favor a la sociedad. Una sociedad para la cual la verdad se ha convertido en algo tan  sumamente incómodo que no duda en echarse gozosa en los brazos de los eufemismos, las tergiversaciones o, directamente, la ignorancia. 

Por eso, no deja de resultar curioso y digno de encomio que, desde el denostado ámbito tecnológico, aparezca una iniciativa que , sin ser periodística, encarne vivamente la esencia del periodismo (sacar a la luz la verdad sin importar las consecuencias) y airee a los cuatro vientos lo que los medios de comunicación, por falta de capacidad, valentía o interés, no han descubierto. Estoy hablando de la polémica WikiLeaks, empresa online que, pese a llevar funcionando cuatro años, ha conseguido en 2010 una relevancia incontestable merced a la difusión de informaciones confidenciales (suministradas por informadores anónimos), especialmente las vinculadas a la actividad exterior de Estados Unidos, ora en las contiendas bélicas actuales, ora en las tareas diplomáticas. Cada documento divulgado por la entidad encarnada en la figura del pirata informático Julian Assange ha sido todo un bombazo informativo. Y como vivimos en los tiempos en que vivimos ,la caza de brujas no ha tardado en comenzar, hostigando a WikiLeaks como entidad y a Assange como representante por hacer lo que unos no quieren y otros no pueden: difundir la verdad. La presión es tal que la web de WikiLeaks ha tenido que cambiar de servidor, tiene dificultades de financiación y Assange está buscado por la Interpol.

Yo no soy un "conspiranoico" pero sí soy un periodista vocacional y un ciudadano al que no le gusta que le engañen o le oculten las cosas. Es un error absurdo, constante e inadmisible que un gobierno, una compañía o un medio de comunicación elija de forma paternalista y menospreciativa qué información debe ser tenida en cuenta y cuál no, porque para eso está el criterio y el gusto individual de cada persona.

Por eso, me da igual la información que divulgue WikiLeaks (se comenta que las empresas privadas, las entidades financieras e incluso los Ovnis serán los protagonistas de sus próximas difusiones) porque siempre contará con mi apoyo al saber que no tiene más interés que el de informar, y, especialmente, porque hace envidiablemente lo que todo periodista sueña: contar lo que otros no quieren que se sepa. ¿Es Internet el último reducto de la libertad de expresión y el derecho a la información?

Entre tanto disparate y desazón, consuela saber que hoy Bernstein y Woodward podrían contar al menos con la Red de Redes para repetir una de las grandes victorias del Periodismo: el Watergate.
Siempre y cuando WikiLeaks no se les adelantara, claro.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Aterriza como puedas

Hay sucesos cíclicos y tradicionales en los prolegómenos de las Navidades: la cola interminable en "Doña Manolita", las vistosas luces en las calles, el entrañable "Cortylandia", los tediosos ágapes de empresa, la enajenación mental colectiva, el turrón que vuelve a casa, los espectáculos infantiles en los colegios y, por último pero no menos importante, las huelgas oficiales u oficiosas (¿por qué lo llamarán "huelga" cuando quieren decir "motín"?) en los transportes (ya hablemos de aviones, trenes o autobuses).

En esta ocasión, los controladores aéreos, inesperados cinéfilos además de denodados trabajadores con sueldos paupérrimos, han decidido homenajear al tristemente finado Leslie Nielsen, el genio de las "spoof movies", con un émulo de una de sus más recordadas películas: "Aterriza como puedas". Para ello, han optado por pasarse por la quilla a decenas de miles de pasajeros y dejarles  a su suerte en el limbo mientras ellos, los titánicos controladores, se van a su casa como medida de protesta y presión contra lo que ellos consideran una injustica: un decreto que acota su caradura. ¿Consecuencias? Los aeropuertos, convertidos en Woodstock de la mala leche y el espacio aéreo español, cerrado. Muy bien, campeones. Muy bien.

Yo no sé si realmente tienen motivos para poner el grito en el cielo y a los pasajeros en tierra. Lo que sí sé es que, una vez más (y van...) han quedado como una caterva de jetas que reaccionan de forma impresentable cuando algo amenaza con estropiciarles el chollo. Con la que está cayendo, con una imagen exterior penosa, una economía comatosa y un nivel de desempleo mareante, la "performance" de los controladores no puede calificarse más que de ruin, impresentable, desproporcionada y una falta de respeto injustificable para quienes vivimos aquí y quienes nos visitan. 

El desmán perpetrado es tan grande que ha tenido que intervenir el Ejército y se va a declarar, por primera vez, el estado de alarma, en aras a convertir oficialmente a estos golfos en lo que ya son de facto: delincuentes. Ya era hora de que alguien tuviera la valentía y la firmeza necesarias para plantar cara a quienes, trabajando en algo tan crítico como el transporte, no dudan en chantajear a todo un país con agravios arduamente tolerables. Máxime si, como en el caso de estos demiurgos del caos o sus colegas los pilotos, su salario es descomunalmente superior al del resto de profesiones. Y que no me hablen de estrés y sandeces así, porque sarna con gusto no pica y, además, en todas partes cuecen habas.

Ojalá que lo que les ocurra a estos tunantes sirva de escarmiento y que, cuando alguien intente volver a porculizar a la sociedad con pretensiones discutibles y marginables, sufra la contundencia de la ley y la honradez.¡Basta ya de sufrir a vagos y sinvergüenzas!

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Geek? De toda la vida

Recientemente, por casualidades del surfeo on line, he visto un curioso e ingenioso vídeo que plantea una amena y, a mi juicio, acertada revisión del significado del término geek. Porque, si bien hoy en día se suele manejar dicha palabra para etiquetar a una persona fanática de las nuevas tecnologías, lo cierto es que este vocablo alude a una actitud que no debe circunscribirse exclusivamente al ámbito tecnológico.

¿Qué actitud? La de estar abierto al progreso y formar parte activa de la evolución intelectual, técnica, científica y, en definitiva, social. Hoy el futuro orbita en torno a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) igual que antaño lo hizo alrededor de la invención de la rueda, el desarrollo de la arquitectura civil, los viajes más allá de los límites conocidos o la investigación en Física, por poner ejemplos extraídos del vídeo. Por tanto, aceptando como válida esta extrapolación semántica, podemos afirmar que geeks han existido siempre, desde el mismo momento que a un audaz homínido le dio por caminar erguido sobre sus dos pies para perplejidad del resto de sus congéneres.

Lógicamente, ser pionero en algo o anticiparse a lo que un día será usual son decisiones sólo al alcance de muy pocas personas, por la valentía y apertura de mente que se requiere. De ahí que la connotación marginal o minoritaria del término que nos ocupa no sea peyorativa, sino bastante descriptiva y, en cierto modo, elogiosa de quienes no temen salirse del dictado o paradigma imperante y situarse en la soledad de la vanguardia. Un atrevimiento que tiene una estupenda recompensa: Disfrutar del porvenir antes que la mayoría.

En definitiva, hora es ya de enterrar el uso del término geek como retorcido sinónimo de friki o inadaptado, porque son estos "fans de la evolución" los que contribuyen decisivamente a la prosperidad y el desarrollo, ya que de nada servirían las ideas revolucionarias ni los avances científicos si no hubiera nadie dispuesto a asumirlos en su vida diaria. Los "geeks" son los primeros en caminar por el futuro. Que nadie olvide ni menosprecie eso.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Un poco de insecticida, por favor

¿Qué hay dentro de la mente de Zapatero? ¿Cuál es el género de Falete? ¿De qué planeta procede Karmele Marchante? ¿Por qué fingen los luchadores de wrestling? ¿En qué trabaja la Familia Real? ¿A qué miran los moáis? ¿Qué consume Karlos Arguiñano antes de salir ante las cámaras? ¿Con qué se tiñe Mariano Rajoy?¿Por qué todo el mundo desvía la mirada dentro de un ascensor? ¿Dónde diantres está la Atlántida? ¿Cómo se puede uno librar de los teleoperadores? ¿Es Belén Esteban la primera oleada de una invasión extraterrestre? ¿El jeta nace o se hace? ¿Se quedan sin saliva los lameculos? ¿Induce al suicidio escuchar la música de Álex Ubago? ¿Cuánta vida hay en el suelo de un váter público?¿Quién me ha robado el mes de abril?...Todas ellas son inquietantes cuestiones que flotan en el inconsciente colectivo de los españoles desde hace tiempo. Yo tengo otra: ¿Por qué se sigue emitiendo "El hormiguero"?

El programa de Cuatro (neuronas), cuyo nombre va de perlas para reflejar la altura física e intelectual de su responsable, ha sido recientemente objeto de una curiosa polémica a propósito de la entrevista perpetrada contra los protagonistas del, por cierto, interesante film "La red social"; una escena en la que el más cretino de todos los hobbits, también conocido como Pablo Motos, volvió a demostrar que la estupidez suele ir acompañada de una absoluta falta de complejos. 

Dejando a un lado la posterior y exagerada reacción de Jesse Eisenberg, lo cierto es que razones no le faltan para abjurar de su paso por un espacio televisivo en la que el menguado engendro barbilampiño y su patulea de colaboradores se dedican al curioso cometido de hacer el idiota, cuando no simplemente a actuar como perfectos bobos de baba. Quizás a Motos y sus colegas se les ha pasado por alto que "ir de graciosos" es algo muy distinto a "ser graciosos". ¿Por qué? Porque la gracia requiere inteligencia y un mínimo de preparación, virtudes ambas que brillan por su ausencia en  el interior de "El hormiguero", será porque no caben o porque la vanidad no combina muy bien con el talento y de aquella  "Pocket Motos" va sobrado. 

Una cosa es querer hacer un programa original, desenfadado y con el (buen) humor como base y otra muy diferente realizar un programa cuyo guión parece escrito por un politoxicómano de cinco años; los colaboradores, abducidos de un botellón; y las entrevistas a los invitados, preparadas cinco minutos antes en el inodoro. Cualidades todas ellas que hacen de "El hormiguero" un estupendo candidato a engrosar la lista de programas sépticos como "Chulos, putas y viceversa", "Sálvame de Belén Esteban", "Las chonis de la corona", "La noria de las vanidades", "Enemigos íntimos de la vergüenza", "Supervivientes (por desgracia)", "Mercedes Milá Show", "Resistiré este horror","Dónde estás carroña", "El diario de la chony","El intermedio de la nada", "Vuélveme boba"...

La culpa de esto no la tiene Motos, que ya era así antes de "El hormiguero", sino quien mantiene en emisión un programa de vergüenza ajena cuyo público objetivo, a juzgar por la calidad de  sus contenidos, debe ser o bien los inquilinos de un jardín de infancia o bien los habitantes de un frenopático, con todos los respetos para unos y otros.

En definitiva: ruego encarecidamente que alguien extermine televisivamente a los memos de "El hormiguero", aunque sólo sea para evitar que los extranjeros que acudan a él salgan con la idea de que España es un país de gilipollas.

martes, 16 de noviembre de 2010

"Scott Pilgrim vs El mundo": Oda la generación friki

El pasado fin de semana vi en el cine "Scott Pilgrim contra el mundo": divertida, ingeniosa, original y llamativa a rabiar, esta película de Edgar Wright, basándose en la exitosa saga de cómics de Bryan Lee O'Malley, es, de lejos, el mejor retrato generacional que conozco de esos jóvenes que han crecido al amparo de los videojuegos, los tebeos, el cine palomitero y la música; jóvenes que han hecho de sus vidas una apuesta por la originalidad y una marginación voluntaria de las convenciones imperantes; una juventud que ha encontrado en seres ficticios de dos dimensiones estupendos referentes, compañeros y vías de escape para un mundo no lo suficientemente atractivo; gente como yo que recibe la etiqueta de "friki" por una sociedad tendente a premiar lo plúmbeo, lo previsible y la homogeneidad. 
Atendiendo sólo a su ámbito cinematográfico, "Scott Pilgrim contra el mundo" es una estrafalaria e hilarante comedia romántica  de corte "indie" en la que el lozano protagonista, Scott Pilgrim (sensacional Michael Cera), desafía a todo y todos con tal de lograr el amor de una peculiar y misteriosa chica que le deparará más de una sorpresa, dolor de cabeza, contusión...e incluso besos.
Trufada de guiños al mundo del noveno arte, a los videojuegos, al manga/anime y a la "cultura pop", la cinta destaca especialmente en el apartado visual (brillante híbrido de cómic y videojuego) y sonoro (fantástico y demoledor surtido de canciones), lo cual supone un  perfecto envoltorio para un  producto imaginativo y divertido que proporciona un amenísimo rato para el espectador, especialmente si comparte con los responsables del original y su versión fílmica su amor y admiración por esos mundos bidimensionales que tantísimos buenos ratos nos han hecho y hacen pasar. 
¡Viva Scott Pilgrim! ¡Larga vida a los frikis!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Obituario de un portento

Ayer el cine español y, por ende, la cultura  española perdieron a uno de sus hombres más merecidamente brillantes: el maestro Luis García Berlanga. Lúcido, talentoso y modesto, Berlanga puede ser considerado con razón uno de los cineastas más brillantes que ha dado, no ya España, sino Europa al séptimo arte en su centenaria historia. Un director que no sale en absoluto mal parado de comparaciones con genios inmortales como, por ejemplo, Billy Wilder, con el que, por cierto, entroncaría por el dominio de ambos de un humor irónico e inteligente de poso amargo.  No en vano, Berlanga lo único que tiene que envidiar a los mitos de la dirección hollywoodiense es que ellos tuvieron un país que les valoró como merecían....

Habilísimo retratista social y excelente crítico de los pecados y vicios que han formado parte indeleble de la historia española del último medio siglo, Berlanga fue quizás el miembro más brillante de esa hornada de directores españoles (Bardem, Nieves Conde, Forqué...) que demostraron que el ingenio es el único color que necesita el blanco y negro...o que la censura jamás puede ni podrá eclipsar la luz del talento.

Para la posteridad quedan joyas como "Bienvenido, Mister Marshall", "Calabuch", "Los jueves, milagro", "Plácido" o "El verdugo", películas para la admiración y reflexión de quienes, como yo, echaremos de menos a portentos de esta magnitud y brillantez sin parangón ni relevo...

Descanse en paz.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El hombre de hielo

Recientemente, he concluido la lectura de "El hombre de hielo", detalladísima biografía realizada por el periodista Philip Carlo de uno de los mayores y más desconocidos asesinos del siglo XX: Richard Kuklinski. Responsable de más de 200 asesinatos, Kuklinski es un fascinante y típico ejemplo de psicopatía: Infancia tortuosa marcada por unos padres extremadamente violentos, irresponsables, y patológicos (alcoholismo paternal, extremismo religioso maternal); juventud en un ambiente insanamente pendenciero y mafioso; y madurez al abrigo de las grandes familias de la Mafia norteamericana, que avivaron, gratificaron y se aprovecharon del gran talento de este hombre: Matar con suma efectividad y nulos remordimientos. Terminadas de leer las más de 500 páginas de la historia de Kuklinski, tengo claro que él ni nació ni se hizo asesino; le hicieron; y esto no quiere decir, bajo ningún concepto, que yo le exculpe de las atrocidades que cometió. Tuvo una vida lo suficientemente atípica y desgraciada como para que se convenciera, desafortunadamente, de que lo único que hacía sin problemas era matar.


Sin embargo, dejando a un lado su acongojante currículum como "hitman" o sicario de la Mafia, lo que más me ha llamado la atención de esta biografía es otro rasgo que suele acompañar en no pocas ocasiones a los psicópatas o los asesinos en serie: Que nadie de su entorno más cercano, incluyendo su propia familia, se percató de la monstruosa doble vida que llevaba Richard Kuklinski hasta que lo detuvieron. ¿Por qué? Porque este despiadado asesino fue, sorprendentemente, un marido, padre y vecino ejemplar; exceptuando, eso sí, los ocasionales ataques de furia que se apoderaban de él y que desembocaban en episodios de lo que hoy llamamos "violencia doméstica". Más, incidiendo en este transtorno bipolar entre el ángel y el diablo, no puedo dejar de preguntarme cuántos monstruos acechan tras luminosas y bondadosas fachadas...

De todos  modos, siendo sincero, el único motivo que tengo para reprobar  sin paliativos al apodado "hombre de hielo" es el mismo del que él se arrepintió profundamente todos los días de su truculenta vida: las brutales peleas con su mujer. Es decir, que no lo repruebo como asesino. ¿Por qué? Porque casi la totalidad de los hombres (no mataba ni a mujeres ni a niños) que asesinó , por iniciativa propia o por encargo, pertenecen, para mí, a la escoria de la sociedad: matones, estafadores, traficantes de armas o drogas, sicarios, pedófilos, ladrones, vagabundos camorristas...¿Merece gentuza de esta ralea vivir? Para mí, no. Al menos no en un mundo donde la Policía y la Justicia fallan más que una escopeta de feria. Por tanto, ¿qué hay de malo en erradicar a esa bazofia humana de una forma segura y definitiva? ¿Qué hay de malo en borrar de la faz de la tierra a esos bellacos sin escrúpulos? ¿Qué hay de malo en privar de cualquier derecho a gentuza repugnante como la referida? Sólo una cosa: Que solamente podemos esperar que nos libre de ellos alguien como Richard Kuklinski...Y eso es lamentable.

Igual que lo es cómo se comportó la Policía con la familia de Kuklinski en el momento de su detención o la sospechosa muerte de éste en la cárcel justo cuando estaba a punto de tirar de la manta en un escándalo de primera magnitud que habría estremecido los pilares judiciales, legales y policiales de Estados Unidos: el bochornoso pacto de las autoridades norteamericanas con un mafioso vil y traidor como fue Sammy Gravano.

En definitiva, "El hombre de hielo" es un libro que supera a muchos de los mejores "thrillers" que nos ha brindado la ficción en las últimas décadas y un interesante motivo para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Qué clase de sociedad es ésta que convierte en una bendición a un monstruo como Kuklinski? Quizás la misma sociedad donde los policías son unos cobardes, los jueces unos ineptos y los criminales pueden vivir con insultante comodidad...

jueves, 28 de octubre de 2010

Tecnohistorias para no dormir

Con las inminentes celebraciones de los días de Difuntos y Todos los Santos, se avecina en nuestro país, un año más, la importada festividad de Halloween, fecha en la que se nos invita a reírnos de nuestros miedos, empezando por los de ultratumba.

Por eso, es una buena ocasión para abordar con el mismo carácter desenfadado algunos de los terrores que en los últimos lustros se han asociado a las nuevas tecnologías, temores de nuevo cuño más cercanos a las leyendas urbanas glosadas por Jan Harold Brunvand que a las evidencias científicas empíricamente demostrables.

Por ejemplo, quién no recuerda la cantidad de acusaciones y maledicencias vertidas contra la telefonía móvil. Cáncer, leucemia, esterilidad, cefalea, fritura de encéfalo…los terminales móviles o, en su defecto, las antenas de telefonía han sido vituperados mediática y popularmente como si fueran los nuevos jinetes del Apocalipsis o los sofisticados portadores de unas remozadas plagas bíblicas. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Pues que no hay ni un solo informe médico o científico serio que dé pábulo concluyente a quienes ven en los teléfonos y las antenas que los habilitan perniciosos manantiales de enfermedades y dolencias varias. Así pues, lo único temible que puede reportarnos el uso del teléfono móvil es una cuantiosa factura, que, ésa sí, dará una jaqueca mayúscula al usuario, mientras que la mayor amenaza potencial que engendra una antena es que se precipite accidentalmente desde las alturas.

Otra muestra la tenemos en el pánico global que suscitó el denominado  “efecto 2000”, según el cual todo el orbe involucionaría hasta la edad de piedra en términos informáticos a partir del 1 de enero de 2000, un bug presentado como el ragnarok de todo software conocido que ocasionó una alarma mundial por prevenirlo, lo que, a la postre, se tradujo en millones de dólares invertidos en esa lucha contrarreloj, nunca mejor dicho.  ¿Qué ocurrió realmente? Que si bien con el cambio de milenio se produjeron algunos errores en determinados programas y aplicaciones informáticas, éstos distaron mucho de tener la magnitud cataclísmica que muchos agoreros y oportunistas anunciaron a los cuatro vientos.

La Red tampoco se ha librado de ser protagonista y diana de escalofriantes murmuraciones y bulos, casi siempre con el correo electrónico como uno de sus protagonistas principales. ¿Quién no ha recibido un email donde se nos insta o emplaza a reenviarlo a más personas so pena de ser víctimas de infortunios de toda índole si no lo hacemos? Esto, igual que muchos de los correos que pueblan la bandeja de entrada de nuestros buzones electrónicos, no es otra cosa que un ejemplo de hoax, arteras invenciones que campan a sus anchas en el mundo online y cuyas intenciones más tienen que ver con el marketing y el vano chismorreo que con acongojantes profecías o maldiciones. Así que nuestro ánimo no debe vacilar a la hora de eliminar instantáneamente estas peculiares cibermisivas.

Por todo ello, si lo que se quiere es pasar miedo a cuenta de las nuevas tecnologías, la única opción fiable es recurrir a la ficción, pues el cine y la literatura nos han brindado estupendos títulos para pasar un mal rato con teléfonos, ordenadores, cadenas de emails y demás ingenios en estas fechas tan inquietantes. Unas recomendaciones:

- Películas:

- Novelas:

jueves, 21 de octubre de 2010

El viaje a ninguna parte

El desGobierno ha cambiado. El vértigo cada vez mayor que suscitan los próximos años electorales y la sensación de sentirse como Ripley en la Nostromo, ha obligado al señor POE a remodelar su teatrillo de marionetas, quitando a las más deterioradas (Mortaja de la Vega, Moratones Exteriores, Liviana Aído, Corredor sin Salida, Cretino Corbacho, Espinosa Usente), parcheando las bajas con nuevas incorporaciones  (Leire Quítame-allá-esos-pajines, Valeriano UGómez, Chaquetera Aguilar y Ramón Qué-hago-yo-aquí), remendando otras (Rasputín Pérez Rubalcaba y Derrotas Jiménez) y dejando al resto de comparsa.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de este trile gubernamental?

  • Conclusión número 1: A simple vista, los cambios parecen demostrar que (por fin) el iluminado de La Moncloa ha decidido renunciar a sus principios (frivolidades, ocurrencias y majaderías varias) a cambio de fortalecer un gabinete con mayor (que no es sinónimo de mejor) experiencia política y mejor cartel fuera y, especialmente, dentro del partido. Y digo parecen porque, prestando atención a los canjes, uno se de cuenta de que colocar a un sindicalista al frente del Ministerio de Trabajo y dar a cierta inepta boceras la cartera de Sanidad evidencian que el Presidente no ha perdido del todo su peculiar sentido del humor político.
  • Conclusión número 2: Lo que sí es bastante notorio es que este nuevo Gabinete es más un escaparate sucesorio que un Ejecutivo funcional. El próximo líder del PSOE está en el Gobierno: Ya son todos los que están y están todos los que son. La sucesión en Ferraz se pilota desde La Moncloa.
  • Conclusión número 3: Son cambios hechos más para poner sordina al ruido de cuchillos de su propio partido que para paliar el probable descalabro electoral. Se ha potenciado a los auténticos aurigas del PSOE (Rubalcaba y Blanco), se ha contentado a la vieja guardia (Rubalcaba y Jáuregui) y se ha dado un poco de coba a las bases (Pajín y Jiménez). Así el señor POE erradica cualquier posible rebelión a bordo de la nao socialista en el proceloso viaje de esta agónica legislatura.
  • Conclusión número 4: Por todo lo hasta aquí dicho, la remodelación del desGobierno invitaría a ser  razonablemente optimista...de no ser porque se ha encumbrado al hombre más mezquino, vil y maquiavélico que ha tenido el PSOE en décadas: el nombre detrás de muchos de sus más turbios escándalos y el responsable de utilizar  demagógica y cruelmente una masacre para dar un vuelco electoral y volver a las esferas del poder. Si el señor POE es Alejandro VI, Alfredo es César Borgia. Y por eso, su acrecentamiento no es, en absoluto, una buena noticia.

Pero, por encima de tales conjeturas, lo más importante es aventurar hacia dónde ha puesto proa el zapatero remendón con estos tejemanejes: Exactamente a ninguna parte.

jueves, 14 de octubre de 2010

El (otro) gran carnaval

Un minero atrapado en un túnel, mientras en la superficie se organiza un circo mediático de no te menees a propósito de su desdichada situación al tiempo que su liberación se va postergando más y más, acrecentando así el interés informativo y el morbo social...¿Les suena? ¿Y si les digo que éste es el argumento de una de mis películas favoritas del genio Billy Wilder: "El gran carnaval" (1951)? A veces la línea que separa la realidad de la ficción es tan fina como odiosa...

Los 33 mineros chilenos ayer por fin fueron regurgitados por Gea después de 70 días confinados en los dominios de Hades. Lógicamente, me alegra que su sepultura haya sido sólo temporal y ahora todos estén sanos y salvos junto a sus familias, amantes, mascotas y amigos. Lo que ya no me hace tanta gracia es la bochornosa cobertura informativa con la que los medios de comunicación han travestido de periodismo serio lo que es morbo puro, duro y soez. 

El único interés de toda esta historia subterránea ha sido la curiosidad malsana de saber si finalmente iban a palmar o no la treintena de desdichados chilenos. Y eso es, por definición, morbo.  Un morbo que ha sido explotado a conciencia por los medios de comunicación de todo el mundo con una cobertura constante y excesiva, trufada de elucubraciones aviesas, anécdotas de baratillo (Ej: La trifulca puteril de cierto minero), crónicas efectistas en busca de la congoja, etc, etc. De ahí que las audiencias de todos los medios se hayan disparado con la desventura de la mina chilena. Y como donde hay audiencia, hay negocio, no han tardado en hacer acto de presencia entidades y personalidades dispuestas a tener su minuto de gloria a cambio de una filantropía y un altruismo más que dudosos. Las moscas no tardan en acercarse a las heces...

Resulta patético comprobar la desmesura y el sensacionalismo que se han instalado como un cáncer en el Periodismo y los medios de comunicación actuales. Cualquier cosa vale para llamar la atención y ser los más vistos, leídos o escuchados. Hoy Chuck Tatum, el avieso periodista de "El gran carnaval" magnifícamente interpretado por Kirk Douglas, tendría muy pero que muy difícil destacar en su cometido, porque todos sus colegas de profesión y los jefes de éstos tienen su misma carencia de escrúpulos. Lo triste es que Tatum es  sólo un personaje de ficción...

Y después de esto, ¿qué? Pues los ¿periodistas? se irán a otra parte en busca de la audiencia, como tiburones que siguen el rastro de la sangre, porque ése es su modus operandi...Porque, en el fondo, la vida de los mineros y la tierra que los parió nunca les ha importado gran cosa, como a la inmensa mayoría de miles de espectadores que han seguido este drama tunelario en todo el orbe.

Lo único me agrada entre tanto despropósito es comprobar, una vez más, la agudeza crítica, (en ocasiones como ésta, visionaria) de ese coloso del séptimo arte que fue, es y será Billy Wilder.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Muerte de un matón

Ha muerto un matón, un maltratador, un salvaje, un indeseable, un ser con muy poco de humano. No diré que me alegro, pero desde luego no lo lamento. Cuando la Justicia se mueve entre el error y la inoperancia, la muerte es una solución bastante adecuada para quienes amargan o quitan vidas inocentes. Lo único penoso es que el deceso de estas bestias inexcusables e indefendibles siempre llega cuando el mal, su mal, ya está hecho irremediablemente.¡Cuántas vidas inocentes se habrían salvado si estos cobardes de cerebro lento y hostia rápida se hubieran quitado de en medio antes de cercenar la existencia de sus parejas!

Puede que alguien me acuse de insensible o cruel, pero lo cierto es que pocas cosas hay que me solivianten tanto como aquellos  monstruos que valiéndose de una superioridad física agreden o matan a niños, ancianos o mujeres, especialmente éstas, como ya  demostré en un artículo hace casi tres años. Para mí, toda esa caterva de maltratadores y asesinos se merecería un suplicio indescriptiblemente sádico, agónico y diario, ya que la muerte me parece un castigo demasiado escaso y rápido para esa escoria nefanda y nauseabunda.

Pero, por aquello de tener un poco de consideración y demostrar algo de bondad, he de reconocer que deseo de corazón que los gusanos y demás microorganismos carroñeros no se envenenen con los restos de este tipejo, si es que alguien decide utilizarlo como abono en lugar de contaminar el aire incinerándolo.

En fin. Hoy el mundo es un lugar un poco mejor para vivir.

¡Ay, 12 de octubre!

Doce de octubre. Antaño "Día de la Hispanidad" y hogaño "Fiesta Nacional". Denominaciones aparte, esta festividad resulta un calco absurdo e inexplicable del día de las Fuerzas Armadas, lo que cuestiona la existencia actual de ambos festejos. No obstante, informativamente, es cierto que da mucho juego, por todas las anécdotas bochornosas que genera, lo cual aumenta mis dudas sobre su conveniencia, al menos con el formato y el concepto actuales...

Dicho esto, el rancio y pretencioso desfile militar sobre el gira la jornada se ha convertido de facto en los últimos años en una mera excusa para que la ciudadanía abronque al desGobierno de este país y para que las revistas del corazón y otras vísceras comenten los modelitos y las chuminadas de Lord Gagá y su parantela de liberados, avergonzando así inmerecidamente a los integrantes del Ejército y sus familiares. Así pues...¿por qué propiciar este escarnio y cisco?

Cierto es que el Ejército actual es un reflejo tenue, devaluado y casi insultante de lo que fue en el pasado, pero no por eso se merece que su desfile y el homenaje a sus caídos se eclipse por los silbidos y gritos del gentío descontento contra los desastrosos timoneles de esta nave patria. No por que no estén justificados, que lo están, sino porque hay ocasiones y días mejores para manifestar el descontento sin agraviar a nadie inocente, como, por ejemplo, en las elecciones. 

Dado que el magnicidio ni está ni se le espera y que la sede socialista de Ferraz no va a implosionar en día de cónclave, no hay más remedio que esperar a ciscarnos en el desGobierno votando en los comicios electorales con toda la rabia y la indignación que algunos, cuando no deben, liberan por la boca somo si fueran espitas.

Es lamentable que lo único positivo o simpático que cabe esperar del 12 octubre sea la presencia de la cabra legionaria y la bandera española difuminada en el cielo por un escuadrón. Por eso, porque el Ejército se merece algo mejor y la Fiesta Nacional más si cabe, es prioritario que los organizadores del cotarro se replanteen las formas para que no sigan menoscabando el fondo.

Por lo demás, a mí me da absolutamente igual si al señor POE y su camarilla les gritan de todo menos "guapos", si el Borbón necesita más geriatras que desfiles o si Venezuela sigue demostrando que es un país bananero. Para mí, la única noticia  importante que hay que lamentar en este doce de octubre de 2010 es la pérdida de uno de los mejores actores que ha disfrutado el cine español: Manuel Alexandre. Todo lo demás es chufla y pandereta.

martes, 12 de octubre de 2010

"Louise-Michel": Vaya dos...

Anoche vi, en preestreno en España, y eso que se filmó en 2008, la película francesa "Louise-Michel", comedia de humor negro, delirante y estrafalario que, partiendo del drama que supone el cierre de empresas (una fábrica, en este caso), construye una vengativa y extravagante odisea para castigar a los responsables (los dueños de la factoría) protagonizada por dos seres humanos con el cerebro tan invertido como su sexo, cómicamente interpretados por Yolande Moreau (la furiosa desempleada "Louise") y Bouli Lanners (el inepto matón "Michel").

El film dirigido por Gustave de Kervern y Benoît Delépine se sitúa a medio camino, por poner ejemplos patrios, entre el cine de Álex de la Iglesia (por el humor negrísimo y la violencia cómica que preside el metraje) y el de Santiago Segura (por los personajes "freaks" de baja estofa), o entre el esperpento de Valle-Inclán y el astracán de Muñoz Seca. En él tienen cabida personajes extraviados en lo físico, psíquico y/o social que protagonizan situaciones tan inverosímiles y demenciales que encajan como un guante en el género cómico. De ahí que en esta película se pueda ver a enfermos terminales convirtiéndose en sicarios sanguinarios, artistas metalúrgicos y paranoicos obsesionados con el 11-S, transexuales cabareteras cantando a Jesucristo, responsables de RRHH voyeurs y onanistas... 
Por todo ello, "Louise-Michel" es una cinta que hay que ver siendo conscientes en todo momento de que, desde su  reveladora secuencia inicial, su irreverencia e iconoclastia son tales que la acercan al anarquismo (el título es un juego de palabras que homenajea a una destacada anarquista francesa). Por tanto, no sería raro que hubiera personas que, pasando por alto esto, les incomode o desagrade algunas escenas de esta película, igual que habrá gente que piense que este film es una hez, ignorando que se ha llevado dos galardones en los prestigiosos festivales de Sundance (Premio especial del jurado a la originalidad) y San Sebastián (Premio del jurado al mejor guión).

En definitiva, "Louise-Michel" es una comedia original y transgresora que hace pasar un rato francamente divertido a quienes acepten acompañar a estos "Bonnie y Clyde" del esperpento francés en su azarosa y estrafalaria venganza.

jueves, 7 de octubre de 2010

"Buried": Enterrando la inocencia

Anoche vi "Buried (Enterrado)", película española (en coproducción con Australia) que parece mentira, para bien, que sea española, por su originalidad, calidad, valentía y contundencia. Ignoro si el director, Rodrigo Cortés, ha querido homenajear deliberadamente al maestro Hitchcock, pero lo cierto es que le ha salido una obra cinematográficamente tan redonda como las del genio inglés, que ya desde los títulos de crédito iniciales evoca a los que el fabuloso Saul Bass hizo para el orondo director ("Con la muerte en los talones", "Vértigo", "Psicosis").

Podría dedicar el artículo a loar las cualidades técnicas e interpretativas de "Buried", que son bastante notables, pero eso sería desviarme del mérito principal de este título: Tomar como base uno de los miedos más cervales del ser humano como es el de ser enterrado vivo (sublimado en la ficción por titanes como Edgar Allan Poe, véase su relato "El entierro prematuro") para hacer una película que en apariencia es un thriller (con altas dosis de crítica contra la  belicista Administración norteamericana, la ¿ética? de las multinacionales, la delirante burocracia de cualquier trámite telefónico...) pero que en el fondo es una conmovedora y descarnada tragedia nihilista y pesimista como pocas he visto en una pantalla.

"Enterrado" narra, casi en tiempo real, el angustioso padecimiento del civil Paul Conroy (magnífico Ryan Reynolds), un contratista norteamericano secuestrado en Iraq por unos insurgentes y cuya lucha por la vida queda confinada en un ataúd enterrado en algún lugar de esa avernal región. Sin más armas en tal denodada lucha  que un teléfono móvil y un mechero, Conroy sumerge al espectador en una espiral de tensión creciente e implacable que avanza demoledoramente hacia un agónico clímax final en el que el aliento se corta.

"Buried" es una película sencilla, desoladora y efectiva como una cuchillada, la que hace que el ánimo del espectador sangre a borbotones al término de este estupendo film que entierra, quizás para siempre, la inocencia de quienes lo vean...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga la huelga

Hoy es 29 de septiembre y, supuestamente, hay huelga general en España. Yo la única diferencia que noto respecto a otros días es que, conforme se acerca uno al centro de Madrid, para ir al trabajo en mi caso, se ve más inmundicia de la habitual: pintadas, pasquines y sindicalistas. Yo no sé qué dirán las estimaciones oficiales de seguimiento de la huelga, pero, visto lo visto, creo que no serán para que los sindivagos derrochen champán, cava o vino Don Simón.

Además, todos sabemos que el éxito de una huelga, especialmente de este calibre, no depende tanto de la vocación de los trabajadores de secundar esta iniciativa, como de la acción coercitiva de esas bandas de zafios bastardos a las que se suele denonimar eufemísticamente "piquetes informativos", maleantes sindicales que, salvo contadísimas excepciones, no tienen problema en estropiciarte el negocio, zarandearte o mancillarte hasta la séptima generación de ancestros por la osadía de querer trabajar. Por eso, cualquier padecimiento o castigo que sufra esa gentuza me parecerá formidable, ya que, si de mí dependiera, servirían de carnaza para el carcharodon carcharias.

Dos jetas y un destino.
Lo cierto es que me da igual si la huelga es un éxito o no, por mucho que cualquier fracaso de esos tunantes haraganes me provoque un delicioso placer. Y digo que me es indiferente porque soy consciente, al igual que los propios convocantes, de que esta huelga no va a conseguir nada (bueno). Dejar de trabajar (o importunar a otros que lo hacen) no es la mejor forma de reivindicar o precipitar una mejora de la grave situación económica; ni comportarse como un rebaño de mendrugos (por no decir como un gang mafioso, con perdón para todos los mafiosos del mundo) el método idóneo para que te tomen en consideración (por mucho que el desGobierno se pase por el arco triunfal toda propuesta que no salga de la mente preclara del señor POE), máxime cuando tus capacidades discursivas se basan en una berrea cacofónica sólo interrumpida para enunciar un discurso trasnochado y rancio, donde se confuden el culo con las témporas y las churras con las merinas. Y eso Méndez, Toxo y sus respectivos ganados lo saben muy bien. Para ellos, la huelga es un divertido peaje a pagar para seguir viviendo de momio, andando a la sopa boba y siendo unos jetas. ¿Pero cómo diantres van a representar o defender los derechos de los trabajadores unos individuos que holgazanean más que el sastre de Tarzán? ¡Es como si ponemos a un hippie a defender los intereses del Ejército!
Piquetes "informando" a la Policía.
Además, a nadie se le escapa que ésta es una huelga tardía y de boca pequeña, hecha porque no les quedaba más remedio, de cara a  la galería y sin más pretensión que la de seguir en el puesto antes que otro cafre arribista les quite la silla y el chollo. ¿Por qué? Pues porque los sindicatos están (oficiosamente siempre y con frecuencia oficialmente) a lo que diga el desGobierno, que para eso los paga y consiente. A Méndez, Toxo y sus marionetas les parecerá fetén todo lo que diga La Moncloa mientras les sigan dejando campar a sus anchas...y así estamos. Y quien no quiera ver eso, que se dedique al loable oficio de vender cupones.

¿Y después de la huelga...qué? Pues todo seguirá igual: El país estará en manos de cretinos y gandules, la economía en la UVI, la cola del INEM emulando a la Gran Muralla China, los afortunados trabajadores ganándose el pan duramente y los sindicatos... avergonzando a quienes dicen representar. En definitiva, esta huelga huelga.

Por cierto, un saludo a Juan Carlos, que hoy, oficialmente, ha decidido no trabajar. En materia de liberados eres también "primus inter pares".

lunes, 27 de septiembre de 2010

"El americano"...impasible

Imagínese un thriller que no sea el típico y tópico "made in Hollywood": Con personajes verosímiles y bien trabajados, con un ritmo que no parezca un ataque epiléptico, con una trama realista, con en escenarios no muy sofisticados y con un final no necesariamente feliz. Es decir, piense en una película noir a la europea (Chabrol, Melville...). Lo mismo, creo, que buscaba hacer el realizador Anton Corbijn en su segunda incursión cinematográfica, "El americano". Lástima que no lo haya conseguido. 

El director holandés, conocido por su pericia como fotógrafo (que evidencia aquí en algunos encuadres e iluminaciones francamente interesantes) y director de videoclips, realiza una película sin alma ni brío que se sostiene a duras penas por la presencia de un solvente actor (George Clooney, único reclamo-aliciente-clavoardiendo de este film) y unas inconclusas buenas intenciones (las de homenajear/emular el cine negro que se hace a este lado del Atlántico). Y eso que la impactante escena inicial de "The American" te hace esperar una cosa muy distinta a una decepción...
 
¿Decepción? Sí. ¿Por qué? Porque el guión es tan raquítico como el de una película porno; Clooney (productor del cotarro, ojo) hace lo que puede con un personaje lacónico, adusto y pétreo (un artesano del asesinato) que se ahoga en una trama demasiado débil cuando no absurda; el montaje dota a la cinta de un ritmo rayano con lo comatoso y cualquier atisbo de suspense o tensión se esfuma entre escenas más propias de anuncios de coches o viajes que de una película al uso, algo a lo que, por cierto, contribuye mucho la banda sonora de "hilo musical de ascensor" que pulula por el metraje...

En definitiva, "El americano" es una más de esas películas que entran dentro de la categoría "Pudo ser y no fue", porque se contempla con la misma indiferencia e impasibilidad que rezuma. Eso sí, es francamente aconsejable si lo que se quiere es echar una cabezadita o disfrutar de la compañía (si es que se es tan afortunado como para una u otra cosa).

Y, para terminar, dejo el tráiler del film, ejemplo de cómo persuadir al público de que una película es de una determinada manera...y en realidad es justo de la contraria.


La talla de la sensatez

Recientemente ha aparecido en las noticias el caso de Carla Trujillo, una joven modelo española que sufre una absurda discriminación. ¿El motivo? Estar considerada por ciertos mandamases de la pasarela como "modelo de talla grande". Y ojo, que si alguien piensa ahora mismo en una adiposa sin complejos vestida de globo aerostático carísimo, se equivoca. La pizpireta Trujillo es una chica normal, con el bello encanto que da la sana lozanía, sí, pero corriente en cuanto a tallaje se refiere (talla 40). Y de ello da fe el hecho de que esta madrileña haya sido contratada por una prestigiosa agencia neoyorquina de modelos, lo cual no deja de ser paradójico. 

¿Cuál es el problema entonces? Desde luego, el quid de la cuestión no hay que buscarlo en Carla, cuya madurez y mesura, por cierto, es impresionante para tener "sólo" 17 años. Quizás haya que dirigir la mirada inquisitiva hacia la alta costura, ese manantial de estrafalarios esnobismos y feroces complejos...¿Está tan ensimismada y enloquecida la moda que ha perdido definitivamente la noción de "normalidad"? ¿Qué deficiencia mental o audiovisual lleva a los modistos y gurús del  prêt-à-porter (esto es, manfloritas y aledaños) a considerar como fémina estándar cualquier mujer que parezca pintada por El Greco? ¿Alguien oriundo de ese pretencioso vergel de sarasas y divas narcisistas va a caer en la cuenta de que son infames cómplices de la existencia de la bulimia y la anorexia en el mundo? ¿Las medidas ideales son las de un cadáver putrefacto?

Yo siempre suelo ser partidario del término medio que tanto alababa Aristóteles, así que supongo que se entenderá que, para mí, tan injustificable y necio es situar como paradigma a mujeres que harían las delicias de Rubens como colocar en idéntico pedestal a féminas que parecen recién liberadas de un campo de concentración nazi. Aunque, puestos a elegir, mejor una que parezca henchida de felicidad antes que otra que se asemeje a una invitación a la necrofilia...De todos modos, a mí me da absolutamente igual la flaqueza o la gordura, siempre  y cuando tengan su justificación en razones genéticas o fisiológicas y no en dislates mentales o en simple e insalubre dejadez. La salud, al igual que la felicidad, empieza por la cabeza.

De cualquier forma, lo único cierto es que la moda, además de crear vestidos que muy pocas personas llevarían (por su precio, en el mejor de los casos), genera unos dictados cuestionables y unos referentes irreales que, combinados con una deficiente autoestima y una insuficiente madurez mental, han convertido a cientos de miles de mujeres en seres cadavéricos víctimas del espejo y el qué dirán y otro tanto sucede con aquellas cuya oronda figura se convierte en una absurda cárcel donde apresar la naturalidad y la alegría. Es un curioso contrasentido que un negocio que tiene por eje central a la mujer sea responsable de tantas penalidades femeninas. Un curioso, bochornoso y demencial contrasentido cuyos principales responsables no son las infelices y desdichadas  mujeres que padecen tales complejos, sino los modistos, las modelos y los medios de comunicación que deciden  prescindir del sentido común y vivir ajenos a la realidad más mundana, la misma a la que manipulan y enferman con sus delirantes "tendencias".

Por suerte, siempre habrá casos como los de Carla Trujillo, una chica bellamente normal que tiene una talla que muchas mujeres (y hombres) deberían anhelar: la de la sensatez.