viernes, 19 de enero de 2018

"Vergüenza" o como reírte mientras lo pasas mal

He terminado de ver la serie Vergüenza, de Movistar +. Mejor dicho, he terminado de disfrutar con esa insólita, atrevida, provocadora, inteligentísima e hilarante producción que, a lo largo de diez capítulos, nos mete en la vida de Nuria y Jesús, una pareja esperpénticamente española en la que son fácilmente identificables los defectos tanto de nuestra sociedad (la precariedad laboral, la falta de empatía, la melancolía que provoca la urgencia de las expectativas propias y ajenas, la apariencia como placebo, la convivencia como foco de conflicto, el postureo como forma de comunicación, el "cuñadismo"...) como del español medio, ése que encuentra todas sus taras sublimadas en el personaje de Jesús, encarnando magistralmente por ese actorazo que es Javier Gutiérrez.

Foto: Tamara Arranz
Así, ese pobre diablo, ese perdedor a su pesar, ese individuo carne de astracanada, ese antihéroe esperpéntico, esa quintaesencia de lo políticamente incorrecto que es Jesús se revela ante el espectador como el "cuñado alfa": todos los vicios y defectos imaginables en un español los tiene ese personaje elevados a su máxima, horrible, vergonzosa...y descojonante expresión. Hipócrita, mentiroso, bocazas, fanfarrón, impertinente, manipulador, mezquino, cotilla, jeta, guarro, pretencioso, racista, envidioso, prejuicioso, machista, interesado, cutre, salido, veleta, pícaro, desconsiderado, acomplejado, vanidoso, prepotente, egocéntrico, inoportuno, indecoroso, imprudente, mediocre, hortera, sin gracia...Jesús Gutiérrez es todo eso y más pero, dentro de ese "más", hay un hálito de humanidad, de cotidianidad que lo hace entrañable, a pesar de que todo lo que hace y dice es patético y vergonzoso el 99% de las veces. El contrapunto y complemento perfecto a todo eso lo tenemos en el personaje de su pareja, Nuria, una mujer que sería perfecta si no fuera la encarnación de la torpeza, una torpeza asentada, eso sí, en una ingenuidad, bondad, timidez, paciencia y espontaneidad que la hacen infinitamente más entrañable que su novio, cosa, por cierto, bastante sencilla, visto el nivel del tipo.

Foto: Tamara Arranz
En mi opinión, Vergüenza, entronca, en su esencia, con maestros como Berlanga, Azcona, Valle-Inclán y Muñoz Seca, y en sus formas, con el vodevil, el neorrealismo, la comedia romántica y un humor corrosivo propio de South Park, Rick y Morty o Padre de familia. Toda una mezcla a priori improbable pero que, gracias al trabajazo de Álvaro Fernández Armero y Juan Cavestany tras las cámaras y de Javier Gutiérrez, Malena Alterio, Miguel Rellán, Lola Casamayor, Vito Sanz y demás reparto ante las cámaras, resulta una rareza increíblemente adictiva, magnética, desternillante y eficaz. Ahí está su éxito en audiencia, críticas y premios (triunfó en los Feroz) para acreditarlo.

Y es que lo que esta serie hace es algo insólito en nuestra televisión y muy difícil de lograr en general: conseguir que te rías cuando deberías estar abochornado...o incluso estándolo, que de tu boca salga una carcajada en lugar de un "Madre mía...", que te enamores de esa radiografía del patetismo made in Spain, de esa crónica demencial de las miserias que los españoles guardamos en alfombras y armarios. 

Uno de los grandes méritos de Vergüenza es que, pese a caminar a menudo al filo de lo grotesco, consigue que muchas de sus escenas o situaciones te suenen a conocido, ya sea por vivencia personal o porque te lo han contado. Sus creadores han sabido extraer el disparate y el bochorno de la España cotidiana y hacer con ello algo enormemente ácido y divertido. En ese sentido, creo que, entre los muchos momentazos que dejan sus diez capítulos, las secuencias de la clase de inglés y la comida con los suegros de Jesús son memorables. 

Por suerte, la han renovado para una segunda temporada. Hasta que llegue, lo mejor será disfrutar de la primera porque a mí, que no estoy en unas circunstancias muy Disney, me ha sacado unas cuantas sonrisas y muchas más carcajadas. Que todas las vergüenzas sean tan llevaderas como ésta.   
             

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