domingo, 16 de septiembre de 2012

Madrid, capital del pataleo

Me pregunto qué hemos hecho los madrileños para, además de sufrir el tráfico, la contaminación, las obras, la masificación, los alcaldes y la carestía de la vida en estos lares, tener que soportar que cualquier fulano o mengana que se quiera manifestar lo haga aquí, en Madrid. Y no me vale que somos capital de región o de país, porque esto no pasa en otros sitios. Debe ser que esta tierra está maldita por alguno de los muchos colectivos expulsados forzosamente a lo largo de su historia (romanos, musulmanes, franceses, republicanos...), que el Metro ha perforado algún cementerio indio o que aquí rebotó el Ángel Caído cuando lo tiraron del Cielo. Pero algo pasa aquí para que Madrid más que una ciudad parezca un manisfestódromo adornado con edificios y lugareños.

Si ya en tiempos normales, rara era la semana que no había manifestación o concentración, ahora, con la crisis y el mosqueo del personal, parece que hacer el zombi en Madrid es algo muy trendy. La gente ya se manifiesta por cualquier cosa y, en ocasiones, de forma redundante. "Manifiéstate, que algo queda". Desde luego que queda: el tráfico colapsado, las calles aún más sucias y la gente hasta los huevos de tanta pancarta y megáfono. Visto lo visto, yo creo que las manifestaciones deberían tenerse en cuenta en las visitas guiadas y en los autobuses turísticos que circulan por Madrid. Son algo ya tan nuestro que cuando todo está tranquilo sientes como que te falta algo.

Yo no digo que la gente tenga que ser sumisa y quedarse "quieta" o callada. Al contrario. Pero creo que debería hacerse un mejor uso del hecho de manifestarse. La saturación y las formas están perjudicando seriamente los motivos y las causas de cualquier manifestación, ya sean gilipollescas o magnas. En serio. Parece que el objetivo de una manifestación se limita a dar por el culo a quien no participa en ella y eso no puede ser. Si a eso le unimos que el impacto cuantitativo suena ya a cachondeo por la tradicional batalla de cifras computando los asistentes a estos saraos sociales (unos deben contar a dedo y otros a ojo, supongo) pues manifestarse está ya más cerca de ser un pasatiempo que un acto cívico de primera categoría.

Por otra parte, empiezo a pensar que, igual que hay manifestantes que escenifican su malestar por verdadera convicción, muchos de quienes se manifiestan en Madrid o vienen aquí a ello lo hacen con la intención de estar "de campo y playa" en una ciudad que no tiene ni uno ni otra. Turismo de pancarta.

Una muestra de todo esto ocurrió el sábado, con la macroprotesta organizada por los sindivagos contra la política del Gobierno. ¿Se merece el Gobierno una protesta así? Eso y más. ¿Se merecen los madrileños sufrir eso? No. Así de sencillo.

Además, y ya con esto acabo, manifestarse me parece cada vez más un recuerso facilón, un acto de infantilismo, de pataleta egocéntrica, de pataleo que no va a ninguna parte. Lo fácil es quejarse. Lo difícil es poner el empeño en solucionar el problema. Por eso, tal y como está el patio, me siento más cerca de aquellos que estando tan puteados o más que quienes secundan las manifestaciones, dedican ese tiempo, ingenio y esfuerzo a apretar los dientes y salir adelante, en lugar de a berrear y darse garbeos con banderitas y pancartas por las calles de Madrid.

1 comentario:

Sisco dijo...

jeje, buena entrada.
Nosotros por proximidad vamos a Barcelona y en actos mas generales a Tarragona.
Saludos