lunes, 6 de marzo de 2017

Hasta que el sueño termine

Conmovidos aún después de que el jueves el Atleti casi perdiera un ídolo y el Cielo casi fichara un nuevo crack, llegó el partido contra el Valencia. El primero después del susto. El primero de esa nueva Liga cuyo objetivo ya no es ganarla sino obtener billete de ida al Olimpo europeo. Una Liga abreviada y carente de piedad que no admite ya distracciones de ningún tipo, procedan de entrenadores con problemas de autocrítica, periodistas mediocres con demasiada mala idea, haters que se creen hinchas rojiblancos, ultras en huelga contraproducente, directivos sin más modelo de negocio que la torpeza, colchoneros pesimistas que están más por el lloriqueo agorero que por animar a la lucha o de aficionados melancólicos de imposibles que hicieron perder el rumbo a la nave rojiblanca durante buena parte de la competición.

Así las cosas, el Atleti tenía dos opciones: meterse en un lío o pasar página. Por suerte, fue lo segundo, realizando un partido más serio que la cara de Clint Eastwood que le permitió vencer a su disfuncional rival por un contundente 3-0, que, ojo, no fue aún peor para los valencianos no tanto por una intervención de la Virgen de los Desamparados como por los inverosímiles fallos locales ante la portería defendida por Alves. Fallos que, todo sea dicho, no ensucian el notable partido del Atlético, que en muchos momentos recordó al de los no tan viejos tiempos. Es cierto que, por ejemplo, el equipo rojiblanco sigue teniendo entre sus defectos un nivel de porosidad incompatible con la filosofía zen pero no menos verdad es que ayer la intensidad del Atleti en todas sus líneas fue una de las claves para entender por qué el Valencia acabó despeluchado y los locales más entonados que Donald Trump en una reunión del KKK.

Lo mejor de todo fue que Fernando Torres estuvo presente en el Calderón para recibir el cariño de la hinchada (hasta dos veces se levantó la leyenda para agradecer los cánticos y aplausos) y disfrutar del estupendo partido de todos sus compañeros, entre los cuales creo que brillaron especialmente Lucas (partidazo), Saúl (sensacional en el medio) y Griezmann, quien demostró por enésima vez que es un verdadero crack y un descomunal jugador de equipo. Una buena forma de celebrar su partido 100 con el Atlético.

En resumen: el Atleti ayer, en un momento decisivo de la temporada, sacó las garras cual Lobezno y mandó un mensaje muy claro a propios y a extraños: podrán golpearlo, podrán derribarlo, podrán darle por muerto...pero aquí nadie despierta hasta que el sueño termine. ¡Aúpa Atleti!