lunes, 31 de diciembre de 2012

Adiós, 2012 (¡y no vuelvas!)

Hoy acaba 2012. Un año en que los mayas pronosticaron que todo se iría a tomar por culo y así fue, aunque no como esperaban ellos o no como esperábamos nosotros. La sensación generalizada es que Dios ha colgado el cartel de "He salido un momento" y todo se ha ido al carajo, como cuando el profesor salía de clase y los alumnos montaban un guirigay de tres pares de cojones. Lo cierto es que la Humanidad ha dado este año más motivos que ningún otro para que algo o alguien nos hubiera hecho el favor de acompañar a los dinosaurios: Al gran éxito internacional de La crisis que no cesa se ha unido el éxito patrio Esta España es una ruina. La sinrazón humana sigue en erupción en distintos puntos del mundo (Nueva Delhi, Connecticut, Damasco, Córdoba...). La gran inocentada de este año ha sido creer que Mariano Rajoy y su teatrillo de ministros era capaz de hacer algo (bueno). Los impresentables políticos españoles, con el Gobierno a la cabeza, han restaurado el bienestar nacional como si fuera el Ecce Homo de Borja. Los repugnantes banqueros siguen bailando el Gangnam style sobre el futuro de miles de personas sin que nadie les joda la fiesta. Los nacionalistas continúan siendo las primeras ratas en querer abandonar el barco. Los jóvenes españoles tienen dos salidas: emigrar o formar parte de la generación Sin-Sin (futuro, trabajo, contrato, reconocimiento, etc). Los sindicatos siguen constituyendo una mafia de gañanes que avergüenzan a cualquier trabajador honesto. La Educación pervive como arma arrojadiza entre quien gobierna y quien no mientras los centros escolares producen lerdos en serie. La realidad sigue dando evidencias de que te va mejor siendo un jeta como Urdangarín o Díaz-Ferrán que trabajando honradamente. La cultura se ha convertido en una delicatessen gracias a un Ministro deforme en fondo y forma. La Alcaldesa Botella es mejor que se diera a la bebida porque gobernar gobierna de aquella manera. La situación social es tan deprimente que las calles de Madrid se han convertido en un ¿Dónde está Wally? Búscalo en la "manifa". El Rey se pegó una hostia de cacería en África...

En fin. Un año para lanzarlo al retrete y tirar de la cadena, cosa que haremos esta medianoche con bastantes ganas y alivio. Y es que ha sido un año tan malo que ni el salto estratosférico, ni las nuevas gestas de las selecciones de fútbol y baloncesto, ni las proezas del Atlético de Madrid ni el colosal esfuerzo de Fernando Alonso sirven para maquillarlo. Así que, para esto, mejor apaga y vámonos, 2012. O, mejor dicho, vete tú solo.

domingo, 30 de diciembre de 2012

"El Hobbit": Un regreso esperado

J.R.R. Tolkien vuelve a la gran pantalla, Peter Jackson a la Tierra Media y Gandalf, Bilbo y demás tropa vuelven a nuestras vidas. Eso es lo que supone El Hobbit: un viaje inesperado, primera entrega de la nueva trilogía con la que el director neozelandés vuelve a llevarnos a ese universo que adoptó y magnificó para el cine con su ya mítica, archipremiada y taquillerísima El Señor de los Anillos.

Compartiendo todas las virtudes-aciertos y los defectos-errores que se le podían atribuir a aquélla, El Hobbit, es una película que completa y expande (a todos los niveles) la saga cinematográfica sobre la Tierra Media que Peter Jackson.

Basado en la obra homónima que, con permiso de El Silmarillion, El Hobbit constituye la precuela de referencia para todo lo visto (y lo no visto, que dirán los detractores) en El Señor de los Anillos cinematográfico. Ambientada sesenta años antes de los hechos por ¿casi? todos conocidos (ya sea por los libros o por las películas), esta película supone una antesala ideal para poner en mejor contexto, perspectiva y valor todo lo que ocurre después con Frodo, Aragorn y compañía. En ese sentido, creo que funciona perfectamente con los cometidos de toda precuela: conocer más y mejor; descubrir algunas preguntas e interrogantes que quedaron/quedarán resueltas en la historia central y explicar algunas cuestiones del pasado que implícita o explícitamente configuran la intrahistoria que integra todos los sucesos ocurridos desde Bilbo hasta Frodo Bolsón. Todo ello siguiendo un esquema muy similar: tenemos nuevamente una misión que parece suicida-imposible (en esta ocasión, recuperar el tesoro de Erebor), una pintoresca compañía de héroes dispuestos a emprender ese viaje (el del héroe), un mentor-padre-guía que vale más por lo que calla que por lo que dice/hace (Gandalf), un mal acechante y polimórfico (los trolls, El Gran Trasgo, Azog el Profanador, El Nigromante, Smaug, Gollum...) y un hobbit Bolsón como catalizador de todo.

Pero es que, aparte de ser una estupenda “expansión del puzzle” de El Señor de los Anillos, El Hobbit: un viaje inesperado supone un acierto en lo que se diferencia de las otras tres películas. Es más cuento que cantar de gesta, al cambiar la épica mayestática, colosal y adrenalítica (aquí más presente en flashbacks que en la acción del presente) que caracterizaba a la trilogía original por una aventura más modesta, cómica, entrañable y volcada al entretenimiento para todos los públicos. Es más una película de grandes huidas más que de grandes batallas. Incluso los personajes-puente entre ambas historias como Gandalf, Saruman, Galadriel, Elrond, Gollum y el propio Bilbo aparecen de una forma que, aunque sea con un sutil detalle, es distinta a como los conocimos, lo que contribuye a dar una sensación de marco evolutivo-histórico bastante logrado. ¿Esta diferenciación es mejor? ¿Es peor? Ni una cosa ni otra: es enriquecedor, necesario y original, en tanto que no ofrece “más de lo mismo”. Y todo ello sin perder una sensación de homogeneidad en contenido, forma y calidad con respecto a las tres películas protagonizadas por Frodo Bolsón. Y eso es una cuadratura del círculo al alcance de muy pocos: mérito de Peter Jackson. Supongo que algo ayuda el derroche de ingenio y pasión que Jackson evidencia, una vez más y licencias aparte (que las hay), por lo que imaginó y escribió J.R.R.Tolkien.

Si a todo eso le añadimos que Martin Freeman compone un Bilbo Bolsón a años luz en cuanto a talento y matices interpretativos de su sucesor Frodo (interpretado por Elijah “Carapasmo” Wood), que Ian McKellen parece disfrutar como un cabrón actuando magistralmente y que el resto del elenco no desmerece en ningún momento a las estrellas de la trilogía previa, esta película es a las precuelas lo que El Padrino II es a “Segundas partes nunca fueron buenas”

Por otra parte, me gustaría decir algo respecto a la polémica y críticas que hay en torno a esta película acusándola de "blanda", "simplona", "infantil", "menor", etc. La historia (literaria y cinematográfica) de la Tierra Media que comienza con El Hobbit y finaliza con El Retorno del Rey tiene mucho de paso de la infancia a la madurez. Es el relato de cómo todo un mundo y quienes lo habitan pierden la tranquilidad, seguridad y felicidad y de cómo las recuperan. Es una historia iniciática en tanto que cuenta la pérdida de la inocencia y la conquista de la experiencia. Es el relato del descubrimiento del mal y la oscuridad, de cómo llegan las tinieblas a nuestras vidas y qué hacemos cuando eso pasa, de cómo la vida cambia y nos cambia. Es una historia que, en el fondo, de lo que nos está hablando es de qué es crecer y madurar, influida eso sí por la filosofía cristina de Tolkien (mejor explicada en los vicios y defectos de los enemigos y némesis que en las virtudes de los héroes). Por todo ello, lo más lógico es que El Hobbit constituya, ya desde su base literaria, un inicio más virginal y simple donde se nos presenten personajes y tramas propias de un estadio "infantil" para irse adentrando poco a poco en un desarrollo más oscuro, complejo y dramático, propio del mundo "adulto", que es lo que representa y culmina El Señor de los Anillos. De no haber sido así, de haber tenido todo el mismo tono desde el principio no habría habido evolución, crecimiento ni, por tanto, credibilidad ni enseñanza que extraer de esta historia de la Tierra Media. ¿Es El Hobbit más simple e "infantil" que El Señor de los Anillos? ¡Claro! No podía ni tenía que haber sido de otro modo.

En definitiva, El Hobbit más que un viaje inesperado ha sido una espera que ha merecido (y mucho) la pena. Tanto como la segunda entrega que llegará el año que viene por estas fechas. Seguro.

martes, 25 de diciembre de 2012

Verdades y mitos navideños

Las Navidades están cargadas de costumbres y mitos asumidos de generación en generación...¿Pero por qué hacemos todo esto? ¿De dónde vienen estos rituales y toda la imaginería asociada? En una fecha tan señalada como hoy, 25 de diciembre, me propongo alejarme de los tópicos y descubrir qué hay detrás de muchas de las ideas y tradiciones navideñas. Así que si alguien es demasiado purista o llega tarde a misa o no quiere tener la misma decepción que cuando descubrió la identidad secreta de los Reyes Magos, mejor que deje de leer.

El 25 de diciembre...¿Navidad? Del mismo modo que los antiguos romanos adoptaron con poca vergüenza y mucha naturalidad creencias, mitos y celebraciones de otros pueblos; lo mismo hicieron los cristianos con festividades paganas romanas. Así, los primeros cristianos, en una labor de canibalización cultural y marketing religioso bastante impresionante (con los papas Julio I y Liberio como estrellas de la campaña), decidieron celebrar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre. Hasta entonces, esa fecha, en pleno solsticio de invierno, era conocida y celebrada por los romanos como la fiesta del Sol Invictus. Ésta exaltaba el nacimiento del Sol, encarnado en el dios Mitra (culto que "importaron" los romanos de los persas), y suponía el broche a unas celebraciones muy importantes en la Antigua Roma: las Saturnales, en honor al dios Saturno, deidad de la agricultura. Esas fiestas de Saturnalia empezaban el 17 de diciembre y duraban siete días durante los cuales los romanos organizaban bulliciosas reuniones y banquetes fraternales con regalos y ofrendas por medio. ¿Banquetes? ¿Reuniones familiares? ¿Regalos?...El caso es que allá por los siglos III y IV los mandatarios cristianos decidieron suplantar la fiesta del Sol Invictus por la Navidad, de modo que en lugar de festejar el nacimiento del dios Sol se festejara el nacimiento de Jesucristo, el verdadero "Sol invencible" para los creyentes. ¿Por qué? Para favorecer el tránsito del paganismo al cristianismo. Algo así como "Pagano, conviértete al cristianismo sin dejar de celebrar tus fechas favoritas". Tampoco se les puede culpar ya que la fecha concreta para conmemorar el nacimiento Cristo no está muy clara: Parece más o menos consensuado por los expertos que nació entre marzo y mayo (con lo que su nacimiento y muerte estarían muy cercanas en el calendario), pero la imprecisión de la Biblia y el lío de calendarios judío, griego, romano y cristiano hacen imposible atinar (inclusive con el año del nacimiento, que parece que fue seis o siete antes). Lo que sí resulta curioso es que los primeros discípulos y comunidades cristianas no celebraban la Navidad como actualmente. Por cierto, hablando de fiestas familiares con banquetes monumentales en invierno, los antiguos pueblos nórdicos también celebraban durante el solsticio de invierno la Fiesta de Yule de una forma que nada tenía que envidiar a las típicas reuniones familiares de Nochebuena y Navidad de hoy en día. En resumen, que naciera o no Cristo un 25 de diciembre, parece claro que es una fecha en la que siempre ha habido algo que celebrar.

El Belén, cogido con pinzas: El gran resumen iconográfico y tradicional de las Navidades es el Belén...aunque puede que en realidad fuera bien distinto a como imaginamos. O, al menos, eso piensa el papa actual, Benedicto XVI (quien validó hace años la inexistencia del limbo pero sí la del infierno) al afirmar en su último libro que de mula y de buey, rien de rien ("en el portal no había animales"); que la estrella que habitualmente se coloca como si fuera un neónprobablemente fuera una supernova, esto es, una explosión estelar; y que los Reyes Magos (cuyas principales y tradicionales características proceden por cierto más del ámbito apócrifo-fantasioso que de la Biblia) no eran reyes ni venían de Oriente (sino de Andalucía). Así que o el Belén de Benedicto XVI tiene mucho espacio libre o la tradición belenística está asentada sobre puras pajas mentales.

El verdadero origen del árbol de Navidad: Supongo que no soy la única persona a la que nunca le ha terminado de encajar qué pinta un árbol de aspecto más nórdico que judío dentro de toda la parafernalia ornamental navideña. Pues bien, rascando un poco, salí de mi ignorancia: Es pagano, concretamente, procede de la mitología nórdica y, antaño, representaba a Yggdrasil, el árbol perenne del que brotaba toda la existencia y que contenía en él todo el Universo (sus raíces y ramas unían todos los "mundos" existentes en los mitos escandinavos). Parece ser que, cuando llegaron los primeros cristianos a las tierras nórdicas descubrieron que sus pobladores,en una fecha muy próxima a la Navidad, adornaban su "árbol de Yggdrasil" con objetos que representaban y sacralizaban elementos de la naturaleza para festejar el nacimiento del dios Frey, dios del Sol (¿he oído Sol invictus?) y la fertilidad. ¿Qué hicieron los cristianos entonces? Despojar al árbol y sus ornamentos de cualquier significado pagano y sustituirlo por otro más acorde a su religión. Lo de poner regalos en su base ya es posterior, cuando el árbol de navidad ya era "cristiano de toda la vida".

Así las cosas, parece claro que nuestras tradiciones navideñas tienen que agradecer al mundo mitológico pagano y a leyendas/creencias de varias culturas tanto como a lo expuesto en la Biblia y lo dicho por la Iglesia. Son el resultado de la mezcla y evolución de creencias cristianas, paganas y mundanas a lo largo de siglos. Algo que puede resultar paradójico pero que no lo es tanto porque todas las celebraciones y tradiciones coinciden en lo fundamental: estas fechas son desde siempre una época dedicada a festejar la vida rodeándote de quienes más quieres, sea cual sea el motivo o el nombre que se le dé a la celebración.

Y eso, verdades y mitos, es lo realmente importante. ¿O no? ¡Feliz Navidad a todos! 

sábado, 22 de diciembre de 2012

Crónica del fin del mundo

Pues sí, efectivamente, hoy es 22 de diciembre de 2012 y el mundo se acabó ayer. Los cuatro jinetes del apocalipsis trotan por las calles a ritmo de trompeta, el misterioso planeta Pacman ha devorado la Tierra, un meteorito cabrón ha premiado a la humanidad con el Gordo y la pedrea, un agujero negro sito en Suiza ha tirado de la cadena, una llamarada solar ha convertido la población mundial en un coro de gospel, el cadáver de Nostradamus corretea gritando "¡Os lo dije, gilipollas!", los ángeles y los demonios se están dando de hostias en el desierto, una invasión alienígena ha convertido nuestro planeta en su nuevo Benidorm, los polos magnéticos practican el 69, un fallo en los ordenadores de todo el orbe ha reiniciado el sistema de la especie humana, una pandemia ha convertido a los seres humanos en figurantes de George A.Romero, #calendariomaya es trending topic en el Más allá, la Atlántida ha salido a flote, Íker Jiménez presenta Informe Semanal, los muertos han salido de sus tumbas y bailan el gangnam style...

Hace un año escribí un artículo sobre el tema del día, de la semana, del mes, del trimestre, del semestre y del año: Según los mayas o, mejor dicho, según el iluminado que interpretó lo que escribieron los mayas el viernes 21 de diciembre de 2012 nos íbamos oficialmente a tomar por culo. Para acabar bien la semana, supongo. Y aquí estamos. Jodidos, puteados, pero estamos y eso es lo que cuenta. Supongo que a estas horas habrá decenas de miles de personas que no tienen nada mejor que posicionarse entre los defensores de los mayas (que estarán recalculando la nueva fecha de despedida y cierre) y los indignados por el "chasco maya", que estarán buscando una nueva profecía que les ponga cachondos con el tema del exterminio global. A lo mejor, lo que unos y otros ignoran es que el mundo ya se ha ido a la mierda, ha vuelto y ahora nos está contando cómo es todo aquel lugar tan concurrido.

En fin. Es gracioso ver cómo estas profecías (y las manipulaciones y pajas mentales que hay tras ellas) pueden condicionar tanto no ya nuestro interés sino nuestras expectativas y acciones más cotidianas. Y es gracioso porque la historia y las hemerotecas están llenas de miles de gilipolleces fallidas de la misma temática apocalíptica. Y es gracioso también porque si en nuestra vida diaria nos viene un idiota contándonos cualquier memez, lo mandamos a hacer puñetas a la velocidad de la luz. Pero si esa misma majadería aparece en las noticias o lo vemos en un documental que necesita ser doblado o subtitulado al español, entonces ya la cosa cambia y se nos pone cara seria. Tócate los...mayas.

Lo que está claro es que hay cierta obsesión proverbial por vivir permanentemente en un estado de alerta, de acojono, de despedida, de alegato final, de coitus interruptus. ¿Por qué? Porque supongo que así valoramos más lo que tenemos. Lo cual, por cierto, no es malo. El problema es tener que necesitar paridas proféticas para vivir y valorar como se debe.
De todos modos, no cabe duda de que el fin del mundo es seguro. La fecha, vete a saber, pero se acabará. Y, mientras tanto, seguiremos poniéndonos estupendos con conjeturas milenarias, onanismos new age, profecías siniestras e inverosímiles y augurios aguafiestas. De momento, el 21 de diciembre de 2012 lo único que terminó fue la semana laboral, lo único que se ha ido a la mierda ha sido el país y la única persona actualmente capacitada para anunciar el fin del Mundo es Pedro J. Ramírez. ¡Feliz no-fin del mundo a todos!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Matanza en Connecticut

La matanza de Connecticut. Podía ser el título de una infumable película de terror de serie B, pero es el titular de una espantosa noticia de terror de clase universal. Nuevamente, un tiroteo atroz. Nuevamente, un homicida que combina juventud y demencia. Nuevamente, inocentes asesinados. Nuevamente, en Estados Unidos, ese país que se forjó con la Biblia en una mano y una pistola en la otra.

Como todos sabemos, ningún lugar del mundo está libre de sufrir el zarpazo bárbaro y letal de los asesinos (ya sean terroristas, asesinos en serie, asesinos múltiples, etc). Pero es muy sintomático que tragedias de este corte suelan ocurrir en EEUU; una nación que gracias a su célebre y paranoica Segunda Enmienda tiene en la industria del armamento y su cultura de las armas (es el país con más tasa de armas en su población) dos rasgos notablemente singulares. 
Visto así parece hasta lógico afirmar que el germen de horrores como el que ha terminado con la vida de 20 niños está dentro de la propia idiosincrasia y ADN norteamericano. Ahí están las hemerotecas y las estadísticas para demostrarlo.
De la misma forma que EEUU es una nación que ha liderado y anticipado algunos de los grandes momentos y avances de la Humanidad, el estadounidense es un pueblo que se originó a sangre y fuego (independencia colonial), se expandió a sangre y fuego (la conquista del Oeste), se reestructuró a sangre y fuego (la Guerra de Secesión) y se consoldió a sangre y fuego (Guerras Mundiales) en tan poco lapso de tiempo -en comparación con otras naciones- que en su genoma social pervive un estado de tensión paranoica que les lleva a tener una acojonante permisividad y accesibilidad a las armas. Así, mientras en otros países las armas de fuego han sido o son objetos más ocasionales y marginales, en Estados Unidos dichas armas forman parte del mismo ecosistema cotidiano que la televisión, la hamburguesa y el "barras y estrellas".Y cuando algo que puede quitar la vida está tan "a mano" es mucho más sencillo que se quiten vidas. Para más (y mejor) información, ver el ya clásico y magistral documental Bowling for Columbine.

Así, con tantas armas y munición flotando en el caldo de cultivo colectivo, no es raro (por desgracia) que tragedias como ésta ocurran, máxime viviendo en una sociedad desquiciada y desquiciante como la actual. Una sociedad que, como decía en otro artículo, se ha acostumbrado de forma alarmante a la violencia, asumiéndola como algo casi habitual, natural e irremediable. Si a eso le unimos el pésimo favor que hacen ciertos medios de comunicación y entretenimiento convirtiendo en anti-iconos a salvajes asesinos y dementes (reales o no), la violencia se ha convertido en una droga que promete emociones muy fuertes para gente que ante la indiferencia o frustración que le provoca "lo real" decide cambiar su vida de la peor manera posible. Las armas y lo que ellas pueden hacer se han transformado en un oscuro objeto de deseo para demasiadas personas como el cabrón que ha perpetrado la masacre en Newtown.

Por todo ello, estoy convencido desgraciadamente de que esto se volverá a repetir...y por eso creo que todos los países del mundo pero, especialmente, los Estados Unidos de América deberían "hacérselo mirar". Deben hacer introspección porque en su mente, en su cultura y en su imaginario, no puede haber tanto espacio para las armas. De lo contrario, seguirán poniendo una alfombra de sangre para que los locos y los asesinos lo tengan demasiado fácil.

lunes, 3 de diciembre de 2012

"La vida de Pi": La historia de Richard Parker

Este fin de semana se ha estrenado La vida de Pi, película dirigida por el oscarizado Ang Lee y basada en la novela homónima de Yann Martel. Una película con varios errores que, sin embargo, resulta una obra bastante interesante gracias a su ingenioso desenlace.

El film, uno de los más esperados y rumoreados para los próximos Óscars, cuenta el peculiar tránsito de Pi Patel de la niñez a la madurez, su pérdida de la inocencia, su consecución de la consciencia, su renacemiento como adulto. Un tránsito motivado por una tragedia (el naufragio del carguero en el que viaja rumbo a Canadá desde su India natal junto a su familia y los animales del zoológico familiar) que lo empuja a aceptar forzosamente la llamada de la aventura, cambiando su vida para siempre. Es decir: una historia iniciática en toda regla. Un viaje del héroe o, mejor dicho, del náufrago. Nada nuevo bajo el sol. Y es que, dejando aparte el perfecto acabado visual de la película, el gran interés a priori no está en la arquitectura interna de la historia sino en una cuestión más superficial y retorcida: ¿cómo leches sobrevive un chico en medio del océano en una barca con un tigre llamado Richard Parker?

Decía antes que La vida de Pi es una película con varios errores. En mi opinión, sus fallos son:
  1. Historias así se pueden abordar de varias formas (ñoña, dramática, poética, cómica y épica). Ang Lee pretende hacerlo desde todas a la vez y provoca que el espectador no sepa con qué clave interpretar lo que ve durante buena parte del metraje: ¿Me tengo que emocionar? ¿Me debería descojonar de esto? ¿Me quedo sin habla? ¿Me pongo a pensar? ¿Me tenso? ¿Qué puñetas hago? 
  2. Otro error, este bastante habitual en la filmografía de Ang Lee, es el ritmo lento y la redundancia a la hora de realizar/montar la película. Dicho de otra manera: se podrían eliminar bastantes elementos/partes y la historia no se resentiría sino que ganaría en intensidad y el espectador lo habría agradecido. Pero no, Ang Lee sigue cargando sus narraciones cinematográficas con un lastre prescindible, poniendo a prueba la paciencia y el interés del espectador. Quizás es que el director sigue creyendo que su característico preciosismo es incompatible con la concreción.
  3. El ordenador "canta" demasiado en varias escenas y eso, si no estamos en Pandora, Narnia o una galaxia muy muy lejana, no es muy aceptable.
  4. Realismo y fantasía son agua y aceite, a no ser que estemos hablando de realismo mágico. Y, aun así, esta historia, tal y como está contada/filmada/mostrada, es en demasiados momentos tan obvia y escandalosamente inverosímil que bordea el absurdo y cuesta saber dónde quiere ir a parar Pi, Ang Lee y la madre que los parió.
Como solución a todos estos problemas, Ang Lee apuesta por la belleza como remedio, distracción y sedante. Y lo hace de una forma tan decidida que parece claro que el narrador (Lee/Pi) no quiere convencer sino epatar y maravillar. En ese sentido, en La vida de Pi se sacrifica la verosimilitud en pos de la belleza, de lo estéticamente indescriptible, de "lo-imposible-pero-que-queda-bonito". Y es precisamente eso lo que salva la narración/película de naufragar como el carguero de la ficción, siempre y cuando aceptemos que ir a la deriva es mejor que no irse a pique. Porque la película, durante buena parte de sus casi dos horas, parece ir tan a la deriva como la barca de Pi...

Y digo "parece" porque es en el acto final cuando emerge incontestable el gran acierto de la película. Un giro. Una sorpresa. Un cambio de rumbo que la lleva con éxito a la orilla. Es entonces cuando el espectador descubre que todo tenía un sentido. Que lo inverosímil era premeditado. Que lo hueco y artificioso escondía algo hondo, humano y espiritual. Que la lucha del protagonista es contra la naturaleza, sí, pero la humana. Que la realidad estaba más allá de la fantasía. Que de lo que habla esta película no es de un chaval indio puteado en medio del mar sino de algo mucho más profundo. Que,en el fondo, la vida de Pi es la historia de Richard Parker.

Lo cierto es que La vida de Pi es una fábula sobre la condición humana. Un cuento sobre la imaginación como única vía para asimilar el mundo y todo lo que no queremos o no somos capaces de entender. Una interesante reflexión sobre si la fe, las religiones, las creencias no son más que fantasías con las que elegimos disfrazar el mundo real y dar un sentido a la vida. Un inmenso y poético interrogante sobre el hecho mismo de ser y creer. Sólo por eso merece la pena tolerar los fallos de la película y dejarse llevar por Pi, embarcándonos en un viaje al final de cual quizás nos encontremos nosotros mismos.