sábado, 15 de diciembre de 2012

Matanza en Connecticut

La matanza de Connecticut. Podía ser el título de una infumable película de terror de serie B, pero es el titular de una espantosa noticia de terror de clase universal. Nuevamente, un tiroteo atroz. Nuevamente, un homicida que combina juventud y demencia. Nuevamente, inocentes asesinados. Nuevamente, en Estados Unidos, ese país que se forjó con la Biblia en una mano y una pistola en la otra.

Como todos sabemos, ningún lugar del mundo está libre de sufrir el zarpazo bárbaro y letal de los asesinos (ya sean terroristas, asesinos en serie, asesinos múltiples, etc). Pero es muy sintomático que tragedias de este corte suelan ocurrir en EEUU; una nación que gracias a su célebre y paranoica Segunda Enmienda tiene en la industria del armamento y su cultura de las armas (es el país con más tasa de armas en su población) dos rasgos notablemente singulares. 
Visto así parece hasta lógico afirmar que el germen de horrores como el que ha terminado con la vida de 20 niños está dentro de la propia idiosincrasia y ADN norteamericano. Ahí están las hemerotecas y las estadísticas para demostrarlo.
De la misma forma que EEUU es una nación que ha liderado y anticipado algunos de los grandes momentos y avances de la Humanidad, el estadounidense es un pueblo que se originó a sangre y fuego (independencia colonial), se expandió a sangre y fuego (la conquista del Oeste), se reestructuró a sangre y fuego (la Guerra de Secesión) y se consoldió a sangre y fuego (Guerras Mundiales) en tan poco lapso de tiempo -en comparación con otras naciones- que en su genoma social pervive un estado de tensión paranoica que les lleva a tener una acojonante permisividad y accesibilidad a las armas. Así, mientras en otros países las armas de fuego han sido o son objetos más ocasionales y marginales, en Estados Unidos dichas armas forman parte del mismo ecosistema cotidiano que la televisión, la hamburguesa y el "barras y estrellas".Y cuando algo que puede quitar la vida está tan "a mano" es mucho más sencillo que se quiten vidas. Para más (y mejor) información, ver el ya clásico y magistral documental Bowling for Columbine.

Así, con tantas armas y munición flotando en el caldo de cultivo colectivo, no es raro (por desgracia) que tragedias como ésta ocurran, máxime viviendo en una sociedad desquiciada y desquiciante como la actual. Una sociedad que, como decía en otro artículo, se ha acostumbrado de forma alarmante a la violencia, asumiéndola como algo casi habitual, natural e irremediable. Si a eso le unimos el pésimo favor que hacen ciertos medios de comunicación y entretenimiento convirtiendo en anti-iconos a salvajes asesinos y dementes (reales o no), la violencia se ha convertido en una droga que promete emociones muy fuertes para gente que ante la indiferencia o frustración que le provoca "lo real" decide cambiar su vida de la peor manera posible. Las armas y lo que ellas pueden hacer se han transformado en un oscuro objeto de deseo para demasiadas personas como el cabrón que ha perpetrado la masacre en Newtown.

Por todo ello, estoy convencido desgraciadamente de que esto se volverá a repetir...y por eso creo que todos los países del mundo pero, especialmente, los Estados Unidos de América deberían "hacérselo mirar". Deben hacer introspección porque en su mente, en su cultura y en su imaginario, no puede haber tanto espacio para las armas. De lo contrario, seguirán poniendo una alfombra de sangre para que los locos y los asesinos lo tengan demasiado fácil.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

La noticia es horrorosa pero el lobby del national rifle association es tan poderoso que volverán la noticia a favor de más permisividad en la venta de armas para "protegerse".
Salu2

Chris Neill dijo...

Lo vez javi,

Si estos niños de 6 años hubieran llevado armas, esto nunca habria pasado...