viernes, 30 de septiembre de 2011

Simplemente "El árbol de la vida"

Densa, poética, hipnótica, conceptual, metafísica, trascendente, simbólica, abrumadora, reflexiva, visual, lírica, cuidada, extasiante, conmovedora, excelsa, incomparable, impactante...es muy difícil describir qué es "El árbol de la vida" porque la nueva película de Terrence Malick es un film que no sólo se ve, sino que se siente, se experimenta, se piensa

"The tree of life" es arte, puro arte. Visualmente, es una catarata de imágenes mayestáticas y sugerentes. Musicalmente, una fascinante sinfonía de sinfonías. Conceptualmente, un interesante laberinto de ideas y reflexiones más grandes que la propia existencia. Una hierofanía cinematográfica como nunca antes había visto. Si hay alguien capaz de manejar con maestría los recursos de un pintor, un compositor y un filósofo para hacer una película de las que te recuerdan que el cine es, por encima de todo, un arte, que a la evasión también puede llegarse por la reflexión y que no sólo la risa, el espanto y el llanto sino también el pensamiento tienen la llave de la catarsis, ése es Terrence Malick. Si hay una película capaz de condensar y ejemplificar soberbiamente todo eso, ésa es "El árbol de la vida".

Respeto y comprendo que haya gente que no entienda o aprecie una película como ésta, porque es radicalmente ajena y distinta a cualquier otra que pueda haber en cartelera e, incluso, a cualquier otra que se pueda ver a lo largo de la vida. Es una rareza tan superlativa en su propia idiosincrasia que para unos será una obra maestra y para otros una tomadura de pelo. Así que entiendo que haya espectadores que abandonen la sala sintiéndose estúpidos o estafados considerando que ellos han pagado por ver una película y no "eso". También entiendo que haya gente que no le guste o sepa valorar la pintura, la música, la escultura o la literatura. Cuando hablamos de arte, hay que estar preparado o, al menos, predispuesto. Para ello, la sensatez y la apertura de mente son una buena base. Pero carecer de una o ambas virtudes no es reprobable puesto que sólo son una lástima para quien las padece, por todas las cosas que se pierde y no es capaz de disfrutar.
 
No. "El árbol de la vida" no es una película más ni tampoco lo pretende. Es un film que te sitúa en un terreno totalmente ajeno a lo cotidiano, a lo mundanal, a lo previsible, a lo seguro, a lo descriptible. Te conecta directamente con el cosmos y con "lo sagrado", simultaneando el universo exterior con el interior hasta fusionarlos de una manera para la que yo no conozco el término adecuado. Habla de la vida en términos universales sí, pero también en términos íntimos; va desde lo más grande hasta lo más particular; de ahí la alternancia entre las escenas de pura cosmogonía con las de la familia de los O'Brien. Aborda cuestiones tan viejas como el ser humano y tan grandes como el universo. Cuestiones cuyas respuestas no se pueden codificar con palabras. La vida, la muerte; el nacimiento, el deceso; la creación, la destrucción; la alegría, el dolor; el amor, el odio; la compañía, la soledad; el todo, la nada; lo visible, lo invisible; la fe, la duda; lo profano, lo sagrado; la idea, la sensación; la determinación, el miedo; la certeza; la inseguridad; la realidad, el deseo; lo real, lo onírico; el pasado, el presente; el bien, el mal...todas estas dicotomías de contrarios son los ejes sobre los que gira todo cuanto existe y ocurre y, por ello, todas son pilares fundamentales de "El árbol de la vida". 


En resumen: Las raíces de este árbol están arraigadas en lo más profundo de nosotros: en nuestras mentes y almas, y a ellas y sólo a ellas habla Malick a través de un prodigioso festival de ideas y sensaciones.

¿Cómo acabé yo al finalizar la película? Pues impactado, con la cabeza llena de pensamientos y una inmensa sensación de pura paz...¿Y tú?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El rey del mambo

Alessio Rastani. ¿Les suena? Si no es así, no se preocupe, porque ustedes podrán dormir igual de plácidamente (o no). Según él y la BBC, es un bróker, un tahúr de los mercados financieros que se forra con el dudoso arte de la especulación. Es decir, que el tal Rastani pertenece a ese variopinto y selecto grupo de cabrones que son  los grandes culpables y, al mismo tiempo, beneficiados de la crisis económica mundial. Si a estas alturas ya se les han quitado las ganas de invitarle a su próximo cumpleaños, permanezcan atentos y sigan leyendo.

El pasado lunes este tipo se levantó con ganas de tocar lo que no suena. Quizás fuera por un complejo por el tamaño o la funcionalidad de su aparato reproductor, quizás fuera por la amargura resultante de vivir más dentro de un armario que los habitantes de Narnia, quizás la noche anterior alguna chica le dijo "Eres muy simpático pero yo sólo busco amistad", quizás el domingo se metió una maratón de programas de Telecinco vía satélite, quizás vio en YouTube un videoclip de Leticia Sabater...el caso es que se levantó con ánimo de dar por donde no da el sol. Así que cuando los rígidos, flemáticos y rigurosos periodistas de la BBC le entrevistaron a propósito del actual sarao financiero, Rastani se vino arriba y dijo lo que le salió del alma o del culamen, que viene a ser lo mismo en el caso de este personaje. ¿Qué dijo? Pues, básicamente, que el futuro pinta más negro que un apagón en Harlem y que los dueños del cotarro no son los dirigentes mundiales sino Goldman Sachs y demás.

Al margen de la cascada de reacciones, dudas y reflexiones que ha provocado el sujeto, yo no voy a caer en la tentación de alarmarme con sus provocaciones, porque eso es precisamente lo que agradecen los especuladores financieros: alarma, miedo, pánico, Falete en bañador...cualquier cosa que pueda convertir los mercados en el primer día de rebajas. A mercado revuelto, ganancia de especuladores. Y los mercados llevan revueltos mucho tiempo...y lo que queda.

Dejando aparte el enigma de si Rastani forma parte de los cachondos Yes Men o simplemente es un cretino que moja la cama soñando con ser Gordon Gekko, a nadie debería sorprender las obviedades que dijo porque a estas alturas de la película todo el mundo sabe que buena parte de la culpa de la virulencia y longevidad de la crisis la tiene el excesivo y colosal poder que han adquirido los mercados financieros y quienes los manipulan y sajan; un error alentado, cuando no consentido, por unos gobiernos más pendientes de vivir por encima de sus posibilidades y disimular el olor a muerto que de saber distinguir entre una ola y un tsunami. Igualmente, sabido es que si no se toman medidas drásticas y radicales (por muy impopulares que puedan ser), los dirigentes de todo el orbe van a ser la orquesta del Titanic. O se amputa la pierna o el paciente se muere.

En resumen, que mejor preocuparnos de arreglar esto cuanto antes y no de escandalizarnos por lo que diga un cínico que se cree el rey del mambo y lo único que se puede decir de él...ya lo dijeron en su día Terrance y Philip...

(PD: De las declaraciones del presidente Obama sobre la crisis y Europa, sólo me limitaré a decir que EEUU ya tiene al sucesor de Eddie Murphy como rey de la comedia negra)

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ciencia ¿ficción?

Fue la noticia del viernes y, al paso que va, del año, del lustro, del decenio y tal vez del siglo. Y no es para menos porque, así, de primeras, te deja con menos palabras que una película porno. Después de que la ciencia se haya cargado a Dios o, al menos, lo haya puesto en el mismo cajón que a los Reyes Magos, al Ratoncito Pérez y al nutricionista de Falete, para sustituirlo por un ser mucho más fiable como Albert Einstein, ahora llega el acojonante CERN y hace un experimento que, en principio, a bote pronto, deja en calzones al genio y relativiza su teoría de la relatividad. Ya me imagino pintadas nihilistas tipo "Einstein se equivocó" en universidades y centros científicos y a algún espabilado montando pasado mañana la primera agencia de viajes temporales: "Conozca cómo era España antes del desastre. Descuentos por grupos". 

¿Por qué? Básicamente porque, de verificarse que el experimento es correcto, pueden cogerse muchas de las teorías y leyes científicas de los últimos tiempos y hacer aviones de papel con ellas. Cuando todo el orbe esperaba que el CERN asombrara al mundo creando un agujero negro que mandara por el sumidero al planeta y aledaños, cogen y se descuelgan con una prueba que abre la puerta, remotísima pero real, a la posibilidad de viajar en el tiempo y a convertir los viajes interestelares en algo no del todo descabellado. 

Vamos, que, de un día para otro, la ciencia ficción ha asomado el hocico en el mundo real y lo que nos parecían fenomenales onanismos mentales en obras como "La máquina del tiempo" y "Cuento de Navidad" y películas como "Regreso al futuro", "Terminator", "Déjà vu", "Star Trek", "La Guerra de las Galaxias", "El planeta de los simios", "El sonido del trueno", "Timecop",  "El efecto mariposa", o la insufrible "Qué bello es vivir", pues ahora no son como para tomárselos a cachondeo. 

Dejando aparte las jugosas elucubraciones que el CERN y sus neutrinos muónicos habilitan, lo que queda claro es que:
  1. El conocimiento no tiene límites y que más allá de lo que sabemos siempre está lo que conoceremos. Sólo hay que querer saber y descubrir.
  2. La ciencia, destructora de mitos, no entiende de absolutos ni imposibles. Y lo que hoy es Dios mañana es el becario.
  3. La ciencia ficción de hoy es quizás la ciencia de mañana.
En definitiva, gracias al CERN sabemos que la magia, lo irreal, lo increíble, es sólo cuestión de tiempo. Si es que...cuando el ser humano se pone...se pone. 

¡Adiós, Einstein! ¡Hola, Doc!

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un poquito de Educación

Curiosa la bronca que hay montada actualmente con el tema de la Educación. Profesores, alumnos, sindicatos y políticos han decidido que, como el país no estaba suficientemente mal, había que empeorar el panorama con una gresca en torno a la enseñanza. Fenomenal. 

Vaya por delante que entre mis amistades cuento con varios maestros que desde hace años se las ven y desean para poder dar rienda suelta a su vocación y que yo mismo he podido, modesta y temporalmente, disfrutar del placer de enseñar a chavales tanto de primaria como de secundaria. No obstante, respecto a todo este sarao educativo, en lugar de tomar partido, me limitaré a dar mi opinión, toda vez que considero que todos los implicados tienen parte de razón en sus pretensiones pero ninguno la tiene por completo. Además, el componente demagógico-pancartero que rampa en las protestas está pervirtiendo y politizando lo que de base era una reivindicación bastante aséptica y cabal; conmigo que no cuenten para el "caca-culo-pedo-pis" de turno.

Lo único que yo sé respecto al tema de la Educación en España es lo siguiente:

1) El nivel es penoso cuando no directamente vergonzoso. Y esto, principalmente, se debe a la progresiva y generacional desaparición de una cultura del esfuerzo y la excelencia. 

2) Culpables: Los padres y las familias. Por abandonar o minusvalorar su papel como estimuladores y/o controladores del esfuerzo, el interés y la curiosidad por aprender de los chavales. Aunque empiezo a pensar que hay progenitores que están encantados (y si no lo disimulan estupendamente) de que sus hijos sean unos tarados intelectuales y funcionales. Será por miedo a que les superen o porque les parecerá más cómodo tratar a los hijos como si fueran mascotas: Asegúrate de que no muere, porque el resto no importa.

3) Culpables: Los alumnos. Cuando la vagancia, la jeta, la apatía, el desinterés o ser un burro "mola", hay un problema. La escuela no es un jardín de infancia ni un parque de atracciones ni un recinto al que se va a "pasar el rato" o a estar "con los colegas". Y eso lo han olvidado los chavales (o eso parece), más pendientes de anticipar su ingreso en la gilipollesca edad del pavo y sus memeces colaterales que de formarse como personas y de ser alguien de provecho (por muy escaso que éste pueda ser). Si series como la delirante "Compañeros" o la desquiciada "Física o Química" reflejan o constituyen los ideales de la chavalería estudiantil, mejor nos extinguimos. Hoy los chicos están más pendientes de que nadie "les corte el rollo" que de ser socialmente útiles e intelectualmente aptos.

4) Culpables: Los profesores. Hay cretinos que se piensan que las aulas son un estrado mitinero (un saludo para Juan Carlos y Venancio) o que se creen que el colegio es un campamento militar o que conciben su trabajo como los arquetípicos funcionarios de antaño (llego, ficho, suelto la lección con un entusiasmo tipo contestador automático, ficho, salgo)...y luego están los que se sienten como el profesor Keating dando clase a los de "Mujeres, hombres y viceversa". El rol del profesor se ha pervertido en los últimos lustros: Ni es un gurú, ni un líder, ni un tirano, ni un "colega". Es alguien al que se le paga por hacer lo que supuestamente más le gusta: Enseñar y conseguir que sus alumnos aprendan la lección de la mejor manera posible. Aunque, de un tiempo a esta parte, es cada vez más cierto que el profesor es lo que los alumnos quieren que sea: Una piñata a la que menospreciar con poca vergüenza y menos educación o un tipo que no se va contigo de botellón de milagro porque es muy "enrollado". Dos extremos de una misma moneda: La desvirtuación de la figura del profesor.

5) Culpables: Los políticos. Con los despropósitos hechos siglas (LOGSE, LOE...), uno empieza a pensar que los timoneles del país están firmemente decididos a crear una sociedad de lerdos demagógicamente maleables para sacar réditos electorales y que nadie les jorobe el chollo. Sólo así se explica que traten este tema como una patata caliente cuando no como una herramienta para complacer a los talibanes ideológicos de su bando.Las calificaciones parece que son meras apreciaciones, las aulas emulan los vagones del metro en hora punta, los profesores deben soportar lo que les echen, las asignaturas pueden variar dependiendo del Gobierno de turno...el perfecto camino hacia...la nada.

6) Culpables: Los psicólogos, pedagogos y demás. Vamos a ver, una cosa es que las notas del retoño sean objeto de discusiones domésticas desaforadas y que al alumno le tiemble el espinazo por no poder sacar todo sobresalientes y otra muy distinta, pero igualmente reprobable, es que si el chaval traduce su rendimiento escolar en un código binario haya que echar pelillos a la mar, no hablar con él por miedo a que moje la cama y sonreírle como al perro cuando se te mea en la alfombra. Actualmente, se confunde el tacto con la permisividad, la educación con la imposición y estos y otros equívocos son culpa del absurdo buenrollismo inoculado por psicólogos, pedagogos y gurús de baratillo. La filosofía del "Tú déjale, no molestes al chico" es muy contraproducente y los primeros perjudicados son, lo quieran o no, los propios chavales. Flaco favor se les hace si se les da carta blanca y palmaditas en la espalda sean cuales sean sus aptidudes y actitudes en la escuela.

7) El mejor ejemplo: Diría que los Informes PISA, por no calentarme mucho la cabeza, pero basta mirar cómo se ha ido bajando el listón universitario hasta el nivel "hobbit" de modo que a la Universidad le queda muy poco para ser una rave de puertas abiertas...

En fin, por ir acabando. Más les valdría a todos los que andan a la gresca dejarse del bizantino debate de si cantidad es sinónimo de calidad y preocuparse por corregir seriamente y entre todos, dejando los "egos" aparte, el problema que desde hace años está convirtiendo a muchos alumnos españoles en unos simpáticos inútiles con más futuro detrás de una pancarta que en una sociedad del siglo XXI. Claro que siempre pueden llegar a Presidentes del Gobierno. Todo es posible en España.

lunes, 19 de septiembre de 2011

GRANDES

Jugadores, deportistas, atletas, campeones, personas...Da igual qué sustantivo escojamos para acompañar al adjetivo "Grandes". Cualquiera vale. Cualquiera se lo han merecido, demostrándolo repetidamente sin que nunca aburra tanta reiteración. La Selección Española de Ba-lon-ces-to (como dijo el gran Pepu) está formada por una legendaria generación de "sintecho". Sí, "sintecho", porque reto a cualquiera a que me diga cuál es el techo deportivo o humano de este equipo.


Un grupo que ha recorrido el camino hacia la leyenda con paradas en Japón, Rusia, China, Polonia, Turquía y, ahora, Lituania. Pueden haber variado algunos nombres y rostros, pero el espíritu, los valores y las cualidades, permanecen intactos: Talento, compromiso, sacrificio, trabajo, compañerismo, mentalidad, mesura, ambición...y una humanidad gigantesca. Eso define individual y grupalmente a nuestra selección de baloncesto. Y por eso, son envidados y envidiables, admirados y admirables. Por eso, son campeones, hasta cuando no se suben al primer puesto del podio, circunstancia ésta que es tan infrecuente como necesaria, para poner en su justo valor las memorables hazañas y logros de estos prodigios.

Bajo la engominada sensatez de Scariolo, con los hermanos Gasol poniendo el cartel de "Reservado el derecho de admisión" en la pintura, Ibaka cerrando el espacio aéreo español, Navarro paseándose como Luke en la Estrella de la Muerte, Calderón como maestro zen, Rudy, Ricky y Llull poniendo más peligro que una ducha de gremlins, Sada, San Emeterio y Reyes dispuestos a partirse la cara con quien se atreva a mirar a nuestra canasta, y Claver demostrando que la paciencia también es una virtud...la selección de baloncesto se ha convertido en un equipazo al que los rivales miran como si fuera una fiesta de pijamas de Heidi Klum, Charlize Theron, Mónica Bellucci y Olivia Wilde: Cuando todo ha terminado, ellos siguen ahí, con la boca abierta y un hilillo de baba cayendo comisura abajo. Que te toque jugar contra España en baloncesto es como torear a Godzilla, describir a Falete, encontrar vida inteligente en La Moncloa o que La Sexta no corte un anuncio emitiendo un partido: una misión imposible. Por eso, estos chicos tienen más medallas que Rambo. Porque, simplemente, son los mejores.

Esta vez, han ganado el Eurobasket. Tal y como están de afinados, lo mismo ganarían el festival de Eurovisión. Ganamos a los lituanos en su casa, a Nowitzki y sus alemanes al fondo, a los ¿temibles? serbios, a los teloneros eslovenos, a los aguerridos macedonios, y a Tony Parker S.L. dos veces. A todos ellos les tenemos que estar muy agradecidos por haberlo dado todo contra nosotros, porque sólo así las victorias tienen un sabor de los que se cuentan a los nietos.

Pero todo esto queda empequeñecido por los colosales detalles humanos que, especialmente en la final, todo el mundo ha podido presenciar: Los detalles que hablan de un grupo de personas que se admiran, se respetan, se comprenden, se entienden y, por encima de todo, se quieren. Algo que se ejemplifica perfectamente en un pequeño gran gesto: el del capitán de la selección y MVP del torno, Juan Carlos Navarro, cediendo el protagonismo a Felipe Reyes, huérfano de padre antes de comenzar el Eurobasket, para que levantara el primero el trofeo como campeones de Europa.  Y lo cierto es que sí, son campeones, pero no sólo en lo deportivo y, por eso, son absolutamente geniales.

jueves, 15 de septiembre de 2011

"Llama un inspector"...y aparece un actorazo

Anoche fui al teatro La Latina a ver la interesante obra "Llama un inspector", la más conocida de J.B.Priestley, traducida, adaptada, dirigida y protagonizada por uno de los mejores actores españoles que ha pisado una tabla: Josep María Pou.

La obra, ambientada a comienzos del siglo XX, aúna perfectamente crítica social, misterio e investigación policíaca para adentrar al espectador en la que en principio iba a ser una feliz noche para la acomodada familia Birling, una velada que cambiará radicalmente cuando la inesperada e inquietante irrupción de un inspector de policía desentierre unos terribles secretos...

A lo largo de hora y media, el público se ve inmerso en una trama que avanza implacable con precisión y firmeza en torno a los misterios que primero intuye y finalmente presencia en escena. Y digo misterios, sí, porque las causas del suicidio de la infeliz Eva Smith no son el único enigma que encierra "Llama un inspector"...y hasta ahí puedo contar.

Junto a la elegante y cuidada escenografía, hay que destacar la magistral interpretación de Pou como el inspector Goole. Hierático, mayestático, sobrio, sutil, contenido...Lo de este actor es una soberbia e impagable lección de teatro en estado puro. Lógico pues que cuando entra en escena funcione como un enorme imán y concite toda la atención hasta cuando no habla. Si su personaje acorrala con tranquilidad y aplomo al resto, algo similar sucede en la relación de este grandísimo actor (en todos los sentidos) con el resto de intérpretes del elenco, que ofrecen unas interpretaciones correctas pero que están en constante peligro de quedar eclipsadas por la exhibición de Pou.

Además de todo ello, los vicios que se critican y los valores que se defienden en "Llama un inspector", sintetizados en el gran monólogo con el que se despide Goole, tienen plena vigencia aún hoy en día, quizás porque son inmanentes al ser humano y por ello nunca van a dejar de ser de actualidad.

En definitiva, Pou regala a quien lo quiera ver un montaje interesante y recomendable que brinda al espectador la posibilidad de deleitarse con el buen hacer de alguien que domina con soltura el difícil arte del drama.

domingo, 11 de septiembre de 2011

I I

Fuego, humo, polvo, hierro, cemento, cristal, sangre, muerte...Hace diez años, tal día como hoy, volvía de cubrir una noticia para el Diario de Navarra. Iba en el coche de Diego, el fotógrafo, y recuerdo que estábamos pasando cerca de las Bardenas Reales cuando escuchamos en la radio una de las noticias más importantes de nuestras vidas. Recuerdo el nerviosisimo, la excitación y la incredulidad con que comentamos aquello.Como aún no habíamos comido, pasé por casa antes de volver a la redacción de la delegación de Estella. Mi madre y mi hermano estaban atónitos por todas las imágenes que habían visto en la televisión del cuarto de estar. Esos instantes, el momento en el que no sólo escuché sino que vi lo que estaba ocurriendo, no se pueden comentar ni describir. En el televisor, estaba puesto el canal Antena 3 y asistimos a la ya mítica narración de Matías Prats. Más tarde, justo cuando regresaba a la redacción, me acuerdo que la directora preguntó "¿Qué ha pasado con la torre?" y mi sombría y lacónica respuesta mientras me sentaba en mi mesa fue: "Ya no hay torre". Luego, no habría ninguna de las dos.

La mejor crónica que se puede hacer de los atentados del 11 de septiembre de 2001 es un vello de punta, erizado por la sorpresa, el asombro y el horror. Un vendaval de imágenes, sonidos y sensaciones encerrados bajo la piel.

Ojalá todo aquello no hubiera sido más que el tráiler de la enésima película en la que Roland Emmerich destruye Estados Unidos y aledaños. Ojalá. Creo que aquel día, todo el mundo se sintió como se sentiría un niño al ver que un desconocido le calza una hostia monumental a su padre, o como se sentiría un lector de cómics al ver a Superman recibir una tunda bestial, o como se sentiría un gris trabajador al ir a la oficina y descubrir que el inmueble es un solar, o como se sentiría alguien que mientras desayuna lee en el periódico los obituarios de su marido, su esposa, su hijo, su hermano, su nieto, su amigo, su padre, su madre, su vecino...

Aquel once de septiembre, el mundo se volvió global para siempre: La información, la conciencia, la perspectiva...todo se hizo, de repente e irremediablemente, planetario. Sin importar desde qué óptica o ámbito hablemos, lo que ocurrió ese día lo cambió todo radicalmente y de forma permanente. Todos fuimos alumnos improvisados del efecto mariposa y esa lección nos acompañará mientras vivamos, aunque sea de forma inconsciente.Nada nos es ni nos puede ser ajeno desde entonces.

Aquel día supimos que casi 900 años después de las Cruzadas, aún hay dementes sanguinarios capaces de cometer, reivindicar o aplaudir atrocidades en el nombre de un dios que no es más que el diablo.

Aquel día supimos que la hybris, el pecado de soberbia que castigaba letalmente a los personajes de las tragedias griegas, es la nota a pie de la política internacional desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy.

Aquel día supimos que estamos tan acostumbrados a ver pastar los cuatro jinetes del Apocalipsis que creímos erróneamente que ya no existían.


Aquel día supimos que no hacen falta películas de James Bond ni de superhéroes para conocer a un auténtico villano de escala mundial.

 Aquel día supimos que la paz en nuestros días es un funambulista haciendo equilibrios sobre un campo de minas.


Aquel día supimos que nuestra forma de vida, nuestro modelo de civilización siembra la muerte en semillas de odio en lugares que quizás nunca fueron suficientemente lejanos. Aquel día supimos que no hay nada intocable, que nada es del todo seguro, que no hay nada cierto, que nada es previsible, que nada puede estar a salvo de la infelicidad, de la tragedia, del llanto, de la muerte. "Memento mori", decían en la Antigua Roma. En España, volvimos a recordar esa durísma y salvaje enseñanza tres años más tarde.

Aquel día supimos que podemos llorar a muertos ajenos como si fueran propios, porque, ese once de septiembre de dos mil uno, todos, absolutamente todos, volvimos a recordar qué es el ser humano.


Hace diez años supimos que lo bueno no dura para siempre. Hoy sabemos que lo malo, por suerte, tampoco.

martes, 6 de septiembre de 2011

Origen. Planeta. Simios...Pues eso

Homenaje, reinicio, precuela, actualización...esas son las cuatro motivaciones que subyacen en la película que vi anoche: "El origen del planeta de los simios". Un film que pretende contar los precedentes de la mítica saga que en 1968 comenzó su andadura cinematográfica con una película antológica como fue "El planeta de los simios", una de mis distopías favoritas, basada en la novela homónima de Pierre Boulle y que propició a Charlton Heston uno de sus papeles más emblemáticos. La historia de esta película aborda las mismas premisas que las películas "La conquista del planeta de los simios" y "La batalla por el planeta de los simios", es decir, explicar cómo llegaron los primates a dominar el mundo, aunque con un argumento más verosímil o menos enrevesado que los de aquellos films. 

En esta ocasión, no hay guerra nuclear ni cientos de años de evolución ni enrevesados viajes en el tiempo, sino un fármaco experimental que contiene en su composición las semillas tanto de la evolución como de la extinción, convirtiéndose así en una síntesis artificial de génesis y apocalipsis. Así, si, sucintamente, la pentalogía de antaño prevenía y criticaba la carrera armamentística nuclear, "El origen del planeta de los simios" advierte de los riesgos de jugar a ser Dios en un laboratorio

Lo que permanece inmanente es esa crítica al comportamiento del hombre como un salvaje despiadado para el resto de especies y congéneres, realzado por la bondad y el sufrimiento de los simios, que se vuelven más "malvados" cuanto más se humanizan. 

Otro detalle a su favor son los fugaces guiños a la saga clásica: la cacería/captura en la jungla, la Estatua de la Libertad con la que juega el simio protagonista, el lanzamiento y posterior pérdida de la nave Ícarus, la carga de la policía a caballo...  

Hasta ahí, todo francamente interesante y positivo. Al igual que lo es la más que aceptable y creíble recreación de los primates (gracias a Weta Digital) y la "interpretación" de Andy Serkis como el entrañable y carismático César.

Y poco más, porque los "peros" que se pueden poner a la cinta son suficientes para dejarte cierta sensación de frustración al salir del cine. A saber: Un excesivo metraje, una narración propensa al anticlímax, un guión mejorable, unas escenas de acción sin muchas concesiones (realistas) a la violencia (en pos de una taquilla para todos los públicos) y unas interpretaciones que, en líneas generales, son desfavorables en el bando "humano" (exceptuando a un  James Franco que se limita a salvar su prestigio).

Quizás es que yo tenía más expectativas de las debidas, quizás es que la sombra de "El planeta de los simios" es demasiado alargada o quizás es que esta película adquiriría más valor como inicio de una nueva saga que como film autónomo y autoconclusivo. Sea como fuere, "El origen del planeta de los simios" es una película que al ir de más a menos te deja con un hambre cinéfila que se puede saciar perfectamente viendo de nuevo el soberbio título de 1968.