jueves, 23 de febrero de 2012

Elogio del mierda

Todos conocemos a alguien así, ya sea en el ámbito público o en el privado, en nuestro trabajo o en nuestra vida personal. ¿A quién? A los mierdas, por supuesto. Esas personas que, por naturaleza o vocación, están en perfectas condiciones para entorpecerte, molestarte, irritarte, indignarte, cabrearte, enfadarte, desesperarte... Y hoy me gustaría hablar de ello, porque si la estupidez, la fealdad, la imbecilidad, la mentira, la lentitud y demás defectos han sido analizados, ¿porqué excluir del análisis a los mierdas? Al fin y al cabo, se lo han ganado. Nadie puede negar que para ser un mierda hay que valer, en serio. No todo el mundo puede serlo. Además, teniendo en cuenta que los mierdas ya están por todas partes y nos acompañan casi desde la noche de los tiempos...es más que procedente, ¿no?

Pero...¿qué es un mierda? Si nos atenemos al DRAE, la quinta acepción de la palabra es para referirse a una persona "sin cualidades ni méritos". Si nos fijamos en el uso cotidiano, es un término que aglutina en su sentido peyorativo a estos otros: "amargado", "asqueroso", "bastardo", "cabrón", "chulo", "cretino", "desleal", "estúpido", "gilipollas", "idiota", "imbécil", "inútil", "malnacido", "mezquino", "miserable", "prepotente", "rastrero", "ruin", "sinvergüenza", "soberbio", "tirano", "traidor", "vil"...y muchos más. Es decir, que "mierda" se ha convertido en la quintaesencia de los descalificativos, un comodín del desprecio

Aclarada la palabra, vamos a tipificar a los mierdas porque, como casi todo en esta vida, se pueden catalogar en varios tipos duales: Están los universales (que todo el mundo conoce y conocerá) y los anónimos (que conocen muy pocos o sólo uno), los públicos (que salen en los medios de comunicación) y los privados (los demás), los externos (sólo los puedes sufrir cuando sales de tu casa) y los domésticos (incitan a la movilidad), los acomplejados (tienen algo que les incita a ser así) y los amargados (no lo tienen, pero se cabrean igual), los accidentales (yo no quería pero...) y los vocacionales (me encanta ser así), los permanentes (son así y así morirán) y los ocasionales (depende de la situación, el momento, el lugar...), los inconscientes (no saben que lo son) y los alevosos (lo saben y están encantados), los sutiles (son los ninjas del cabreo) y los notorios (los hombre-orquesta de la desfachatez)...No obstante, junto a estas diferenciaciones "genéricas" se puede establecer una tipología mucho más precisa:
  • Tipo Ricardo III: Sufren algún defecto físico (cojos, tuertos, jorobados, lisiados, estrábicos, obesos, famélicos...) o cognitivo (no son los más espabilados del lugar) que deriva en un complejo del que culpan (conscientemente o no) a la humanidad en general o a alguna/s persona/s en particular.
  • Tipo Hitler: Demuestran qué son sólo cuando llegan al poder o a una posición de autoridad, estatus que consiguen por circunstancias demenciales y/o el respaldo de personas aún más demenciadas.
  • Tipo Judas: Mediocres y anodinos que nunca destacarán por nada bueno porque no tienen cualidades para ello, así que optan por destacar por algo malo, especialmente perjudicando a gente que represente todo lo que ellos no son. 
  • Tipo Mosca cojonera: Los que nunca podrán ser del tipo Hitler o Judas pero lo intentarán siempre.
  • Tipo Schettino: Son lo que son, hacen lo que hacen, pero no asumen su responsabilidad y prefieren imaginar excusas y buscar culpables ajenos antes que reconocer su propia condición de mierda.
  • Tipo Sorpresa, sorpresa: Los que crees que son buena gente o, al menos, no malas personas hasta que ocurre algo que te hace cambiar de idea.
Estos tipos no son incompatibles y pueden darse más de uno en un mismo mierda. De hecho, no es tan difícil conocer personas que se puedan clasificar en varias categorías. A mí, por suerte o por desgracia (más bien esto último), me sería muy fácil.

Ahora que les podemos identificar queda sólo una cuestión por resolver ¿qué hacer ante un/a mierda? Si queremos ahorrar el esfuerzo que supone cualquier tipo de violencia (física o verbal) y demostrar nuestra superioridad moral nada mejor que acudir al refranero castellano: "El mejor desprecio es no hacer aprecio". Es decir, lo mismo que hacemos ante cualquier hez que encontramos en la calzada: Esquivarla y seguir a lo nuestro. Al fin y al cabo, un mierda y una hez vienen a ser igual de significantes y valiosos...

De todos modos, los mierdas, en contra de lo que pueda parecer, tienen mi admiración porque es asombrosa la cantidad de tiempo, talento y esfuerzo que dedican ciertas personas para ser unos completos y perfectos mierdas.

Y, para terminar, unas reflexiones: ¿Cómo es posible que los mierdas puedan llegar a posiciones de poder o responsabilidad?, ¿Qué misteriosa suerte ampara a los mierdas de manera que nada parezca detenerlos?, ¿Qué clase de sociedad es ésta donde se pueden distinguir más fácilmente las personas buenas o valiosas por la inmensa cantidad de mierdas que hay?, ¿Es más rentable ser un mierda que alguien íntegro, honesto, bueno?, ¿La calidad de la vida de una persona se puede medir por el número de mierdas que ha conocido?, ¿El mierda nace o se hace?  Tantas preguntas, tan pocas respuestas...

4 comentarios:

Kassiopea. dijo...

En mi trabajo tengo una que es una mezcla de Judas y Mosca cojonera. Tienes razón, hay muchos.

La Dame Masquée dijo...

Es más rentable, desde luego, porque un mierda, entre otras cosas, no tiene el menor escrúpulo, y hará lo que sea con tal de llegar o mantenerse. Por eso el mundo es de los mierdas, y por eso lo que al principio solo olía a podrido en Dinamarca ahora se ha extendido tanto.

Feliz día, monsieur

Bisous

Heimdall dijo...

Es que el trabajo es un hábitat muy propicio para esta clase de personas, Kassiopea.

Heimdall dijo...

Muy buen apunte, madame.