martes, 14 de septiembre de 2010

No es Conan, pero ¡qué bárbaro!

Leyenda, mito, inmortal...Estas palabras están reservadas exclusivamente para un selecto y reducidísimo grupo de personas: aquellas que forjan la historia. Antaño, solían estar asociadas a hazañas donde acero y sangre eran los goznes de la inmortalidad. Hogaño, están vinculadas a los individuos que se convierten pacíficamente en icono y parte fundamental de la memoria colectiva, normalmente a través de una de las Artes o bien del deporte, como es el caso.

Rafa Nadal, un joven español con un físico portentoso sólo equiparable a su humildad y sensatez, ha entrado en el Olimpo de forma expeditiva e incontestable, como un lozano y remozado Heracles. Y lo ha hecho a través del tenis, una disciplina deportiva en la que sólo hay alguien capaz de ser su némesis: el gran, grandísimo campeón Roger Federer. ¿Cómo? Siendo el ganador más joven del denominado Grand Slam. Y lo ha conseguido a base de tenacidad, esfuerzo, sacrificio y modestia, cualidades todas ellas en las que pueden y deberían fijarse los jóvenes de todo el mundo, pues ésa es la receta para triunfar en la vida.

Con una fortaleza mental apabullante y un juego que destila poderío físico en cualquiera de sus movimientos, ese cruce imposible entre Gerónimo y el más famoso de los cimmerios ya es merecidamente inquilino de esos Campos Elíseos donde sólo los campeones son admitidos desde que el ciego Homero cantaba sus gestas.

En España, tenemos la suerte de habernos acostumbrado a lo inaudito, de esperar lo imposible y de celebrar lo increíble. Y todo ello, procedente desde el ámbito deportivo (como no podía ser de otra manera, visto cómo está el patio político, social, cultural...). Y lo cierto es que no deberíamos hacer eso, porque esta excelsa rutina de éxitos puede provocar que se desvirtúe el titánico mérito que tienen sus remitentes, ya sea Nadal, Gasol, las selecciones de fútbol (pese a Buenos Aires) y baloncesto (pese a Estambul), Alonso, Lorenzo...

Acabo ya, porque es momento más de disfrutar que de escribir y porque el asombro y el orgullo son difíciles asesores de tintero. Este manacorí no es Conan pero lo que consigue es bárbaro. ¡Y que sean muchas más como ésta!


2 comentarios:

Anónimo dijo...

CLARO QUE SI, ES EL PUTO AMO

Heimdall dijo...

Vaya, vaya. Vuelve a dar señales de vida la misteriosa persona que vota como "Malos" todos mis artículos sin distinción de ninguna clase y luego no pone un mísero comentario que apoye o justifique su valoración. Me gustaría que me explicara por qué, porque, si no lo hace, pensaré que únicamente es alguien que tiene entre sus rasgos definitorios la cobardía y la mentecatez.