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domingo, 10 de junio de 2018

Leña al friki

La resaca del necesario cambio de Gobierno está siendo todo un géiser de titulares, noticias y comentarios, un Woodstock onanista para columnistas, tertulianos y opinadores varios, una coartada excelente para verter filias y fobias ideológicas o personales al calor de los acontecimientos. Entre todo lo dicho, quiero centrarme en lo siguiente: el nombramiento del militar Pedro Baños como Director de Seguridad Nacional ha suscitado contundentes críticas y guasas despectivas. Entre las primeras, destacan las críticas a su simpatía por la Rusia de Putin (para gustos, los colores) y a su afirmación de que los mayores peligros mundiales son EEUU y China (que alguien diga que los dos países más potentes económica y militarmente son las dos peores amenazas para la estabilidad mundial no es una novedad sino una obviedad pero hay gente que se escandaliza con demasiada facilidad). Entre las segundas, es decir, entre las guasas, las chanzas y los cachondeos varios, destaca por recurrente la vinculación de Baños con Íker Jiménez (el militar es habitual colaborador del programa Cuarto Milenio), utilizando el término "friki" con ánimo despectivo, ridiculizante, descalificador y denigrante contra Baños y, por extensión, contra Jiménez y todos los que comparten con el periodista, divulgador y presentador vasco su curiosidad insaciable por el misterio (por cierto, que ya me gustaría ver a mí a muchos de esos criticones que ridiculizan a Íker hacer en su vida algo de la calidad y el rigor como el magnífico documental que realizó sobre Chernóbil). En ese sentido, ha habido titulares y noticias estos días en diversos medios de comunicación que a uno como periodista le hacen sentir profunda vergüenza ajena cuando no directamente asco.

El propósito de este artículo no es defender a Baños, puesto que a él le defiende suficientemente bien su currículo profesional y además Íker Jiménez ya lo ha hecho estupendamente en su videoblog, sino convertir este post en un improvisado cadalso contra los majaderos, cretinos y necios que emplean "friki" como insulto. No es algo ni mucho menos nuevo que la sociedad-comunidad ataque a lo divergente o diferente como si fuera una especie de sistema inmunitario repeliendo un virus; el problema es que aquí lo que algunos intentan preservar es la inmunidad de un sistema asentado en una suerte de pensamiento único conformado por "lo políticamente correcto", "lo moralmente aceptable", "lo socialmente establecido" y "lo racionalmente asumible" y todo el que se salga, se enfrente o se evada de la cuadrícula es automáticamente considerado y tratado como un paria, un apestado, un indeseable, un marginable, alguien devaluado y devaluable. Que algunos utilicen "friki" como una especie de "letra escarlata" para marcar a las personas como si fueran indignos de la polis es una muestra más de que la sociedad del siglo XXI sigue arrastrando vicios demasiado arcaicos, estúpidos y tóxicos.

Voy a decir algo obvio: gracias a los frikis, la Humanidad ha avanzado. Si no hubiera existido gente que se atrevió a cuestionar lo establecido, a desafiar lo sabido yendo en busca de lo desconocido, a adentrarse en la oscuridad literal o figurada, a apartarse de las reglas, a interesarse por aquello que no está a la vista de los sentidos o el entendimiento, a aprender algo nuevo y distinto, el ser humano seguiría siendo un temeroso homínido inquilino de cavernas en las que parecen seguir habitando ciertas personas dentro y fuera de los medios de comunicación españoles. Colón, Da Vinci, Galileo, Gutenberg, Lincoln, Tesla, Edison, Jobs...la historia está llena de célebres ejemplos de "frikis". Sin ellos, sin los frikis, habrían sido imposibles muchos avances científicos, tecnológicos, sociales, políticos, artísticos y culturales de los que hoy se beneficia y felicita todo el mundo. Así de sencillo. Así que, antes de utilizar friki como arma arrojadiza, algunos deberían tener claro que están escupiendo sobre su propia frente y orinando con viento en contra. Por tanto, un respeto.

Interesarse por lo desconocido, lo misterioso, lo inexplicable, lo paranormal, lo extraterrestre no es algo de lo que avergonzarse. Preguntar o cuestionar no es algo indigno. Trascender el tabú no es algo malo. Dirigir la mirada hacia donde pocos o nadie la dirigen no es algo de lo que lamentarse. Disfrutar con lo que no es moda, tendencia, mayoritario o mainstream no es algo sonrojante. Todos estos son rasgos o síntomas de "frikismo". ¿Y pasa algo? No. Hay cosas peores en la vida, como, por ejemplo, ser un borrego, un sumiso, un gregario, una marioneta, un pagafantas del dictado único. Además, hay que tener en cuenta lo siguiente: no conozco a nadie friki que critique a los que no lo son o no comparten sus gustos. Quizá deberían tomar nota quienes sí lo hacen a los frikis.

Yo, por ejemplo, si no hubiera sido desde crío un friki (que lo soy y a mucha honra), sería impensable que tuviera esta voraz curiosidad que me ha llevado a interesarme, leer, estudiar y saber sobre asuntos y materias enormemente variopintas y diversas. Si no fuera tan friki, no tendría ni la pasión ni los conocimientos que tengo en temas de Historia, Literatura, Arte, Tecnología, Filosofía, Cine, Mitología o Ciencia. Si no fuera tan friki, me habría privado de horas de auténtico, sano e inocuo disfrute con cómics, videojuegos, series y películas. Si no fuera tan friki, probablemente habría sido del Real o del Barça y no del Atleti. Si no fuera tan friki, habría pasado por la vida y los pensamientos de muchas personas de una forma insustancial e irrelevante. Así que, cuando alguien utiliza "friki" como un insulto está haciendo sin saberlo el mayor y mejor elogio que se puede hacer a una persona en esta sociedad tan mayoritariamente hipócrita, anestesiada, acomodada, apática y mediocre, porque ser friki es, afortunadamente, no ser como los demás. Friki es un rasgo identitario más, tan respetable como cualquier otro, a la hora de definir, determinar o diferenciar a una persona, pero no puede ni debe ser nunca un motivo de mofa, menosprecio o vejación.

Por todo ello, a la hora de menospreciar a alguien, descártese "lo friki" como argumento, porque criticar lo positivo es no saber criticar y, por tanto, no saber pensar que es, básicamente, lo que diferencia al hombre actual del simio que campeaba cuando los dinosaurios ya no dominaban la Tierra.

viernes, 1 de junio de 2018

Fundido a negro

Ha ocurrido. Ha ocurrido lo inverosímil, lo improbable, lo imprevisto, lo increíble. Ha ocurrido lo que al mismo tiempo era necesario y contraproducente. El plasma del (ex)Presidente del Gobierno se ha ido negro o, lo que es lo mismo, Pedro Sánchez ha ganado su moción de censura contra Mariano Rajoy haciendo válidas de una tacada dos conocidas paremias: "Si algo puede ir a peor, irá a peor" (Leyes de Murphy) y "Es peor el remedio que la enfermedad" (refranero popular).

El triunfo de la censura contra "lo Rajoy" como concepto supone un hito que pasará a los anales de la historia de la teratología política española. Teratología, sí, porque analizados detenidamente tanto el partido promotor de la moción como los que la han apoyado constituyen una cuadrilla de anomalías dignas (o quizá no) del Bestiario de Aberdeen. Y el gran artífice de ello no es el histérico, histriónico y sobreactuado líder socialista sino el mediocre, cobarde y vago ex Presidente del Gobierno (y seguramente del PP): el ayatolá del melasudismo y sumo pontífice del dontancredismo que responde al nombre de Mariano Rajoy Brey.

La victoria de Sánchez no es la causa del final de Rajoy sino su consecuencia, de la misma forma que los gusanos son la consecuencia de la putrefacción de un cadáver. Por tanto, esto no es tanto un logro socialista como un demérito pepero. No obstante, hay que reconocer que el líder del PSOE y ya Presidente del Gobierno se ha especializado en triunfar contra todo pronóstico (siempre y cuando no hablemos de elecciones generales, donde el flamante Presidente es un consumado perdedor). Dar por muerto a Sánchez o menospreciarlo como amenaza ha sido el peor error que han cometido sus rivales dentro y fuera del PSOE y a la vista está. De todos modos, como digo, el triunfo de la moción de censura es algo que Rajoy se ha ganado a pulso, puesto que la trinidad pepera (Presidente, Gobierno y PP) lleva años acumulando (de)méritos para que los manden con todo merecimiento a tomar viento: desidia, negligencia, mediocridad, apatía, soberbia, abulia, prepotencia, pereza, tibieza, hipocresía, deshonestidad, cobardía, complacencia, indiferencia, ingratitud, irresponsabilidad, impericia, ensimismamiento, torpeza...la Era Rajoy ha sido todo un compendio de vicios y errores catastróficos que han sepultado cualquier posible argumento a su favor (haberlos haylos como, por ejemplo, recomponer el desaguisado que dejó el PSOE como desastroso legado) dado que defender objetiva y racionalmente al Gobierno o al PP hace ya mucho tiempo que fue algo imposible: defender a Rajoy es defender lo indefendible. Quizá el peor traspiés dado por Rajoy y su grey ha sido desvincularse de la realidad hasta tal punto que en las últimas semanas han vivido instalados en una posverdad que insulta la inteligencia y la dignidad no sólo de sus votantes sino de todos los demás. Su reacción ante la sentencia del caso Gürtel es tal vez un excelente ejemplo de ello. En ese sentido, creo que no ha sido la corrupción sino la reacción del Gobierno-PP ante ella lo que ha dado validez al desahucio consumado hoy viernes en calidad de "gota que colma el vaso". Por eso, Génova ha pasado de ser 13 Rúe del Percebe a la Casa Usher. Pero, como digo, el mayor y peor problema de Rajoy y los suyos ha sido su desconexión de la realidad y la creencia en una especie de inmunidad y omnipotencia. Quizá por ello, cuando la realidad ha vuelto a conectar con ellos por las bravas, las caras de los peperos durante la moción de censura han sido las de quienes han pasado de "No es lo que parece, te lo puedo explicar" a encontrarse las maletas en el felpudo y la cerradura cambiada. Si a eso se le suma el error estratégico de maltratar a su único socio (Ciudadanos) y galantear y trapichear temerariamente con quienes a la postre le han hecho la de Bruto a Julio César (PSOE y PNV) pues...el final de la película estaba claro sin necesidad de spoilers: Rajoy ha sido el Samuel Ratchett del Orient Express parlamentario, acuchillado por quienes no tienen más en común que su aversión al PP en La Moncloa y a Ciudadanos en la cúspide de intención de voto para unos comicios generales.

En cuanto a la moción de censura en sí misma, a nivel parlamentario, político, intelectual, retórico y ético ha sido sin duda la señal más inequívoca de que la política en España ha tocado fondo. Por un lado, tenemos al Partido (de) Rajoy, que ha actuado creyéndose Thanos con el guantelete del infinito sin darse cuenta de que es la versión más crepuscular y paródica de sí mismo, una cuyas últimas gracietas y guasas desde la tribuna del Congreso tienen mucho de estertores. Por otro lado, está Pedro Sánchez, un tío que actúa con la hiperbólica y vacía expresividad de un adolescente en pleno pavo; un individuo que ha demostrado que cualquier camino, idea o argumento le parece bien si eso sacia su (legítima) obsesión de llegar a La Moncloa; un hombre que se cree algo así como el líder de Los Vengadores cuando lo que tiene a su alrededor a duras penas llega al nivel de Pandilla Basura. Porque eso, basura, es lo que me parecen los populistas radicales de Podemos, los delirantes y demenciados independentistas de PdCat y ERC, los (pro)etarras de Bildu y los tipos que siempre han sacado tajada de toda amenaza a la democracia integrados bajo las siglas PNV. Con esto no quiero decir que no tenga respeto a quienes han apoyado la moción de censura sino que creo que su valía política, intelectual, retórica y ética es digna de ser metida en un cubo y mandarla lejos de los cinco sentidos. Sánchez sabrá si le compensa haberse transformado en una suerte de escobilla del váter adornada con lo peor que hay en la clase política actual. Sánchez sabrá si le compensa haber desencadenado el ragnarok con esa compañía estrafalaria, hipócrita, mezquina, arribista, oportunista y parademocrática que se ha buscado. Un ragnarok que Rajoy podía y debía haber evitado en su momento provocando elecciones, bien mediante la disolución de las Cortes, bien mediante su dimisión. Pero no lo hizo porque Rajoy siempre ha sido parte del problema y nunca de la solución y lo que es peor: ha demostrado una excepcional habilidad para anabolizar los problemas y las amenazas que tenía y tiene España. Decía ayer Cospedal que ni hubo ni habría dimisión porque eso no significaría la permanencia del PP en el Gobierno y he ahí el problema: que el partidismo ha sustituido a la política como el tacticismo ha reemplazado la responsabilidad. Esto no se trata de servir a un partido sino a España y a todos los españoles, algo que parecen haber olvidado tanto los ganadores como los perdederos de la moción de censura. Así nos va. Así nos va a ir. Por eso, hemos pasado de un gobierno zombi a otro Frankenstein (los amantes del terror estamos de enhorabuena con los metafóricos adjetivos) y hemos cambiado a un partido corrupto que ganó las elecciones generales por otro partido corrupto que no ganó las elecciones generales. Cosas de la democracia parlamentaria.

De todos modos, he de reconocer que la cancelación de la serie "Rajoy: ese hombre" ha dejado dos buenos momentos. Uno, el brillante y acertado discurso de Albert Rivera (de lo poco salvable en una bochornosa y anticlimática jornada). Y otro, el suspense previo a la consumación del PNV de su unfollow a Rajoy, algo digno de cualquier giro de guión de Juego de Tronos (Cersei Lannister estaría orgullosa de Aitor Esteban) y que ha resultado decisivo para mandar retrete abajo al percebe y sus lapas.

Así las cosas, tengo la sensación de que hemos pasado de una película de Luis García-Berlanga agradablemente contada por Ónega, Llapart y compañía (el Congreso tiene voz de mujer) a una película de Federico Fellini o, quizá, de John Waters o, probablemente, a una digna de la Troma.

No sé qué pasará. Tengo claro que hace tiempo que España se merecía algo (infinitamente) mejor que Rajoy. Pero tengo muy serias dudas de que ese algo sea Pedro Sánchez, no tanto por el "quién" ni el "por qué" sino por el "cómo" y el "con quién". Lo que está claro es que esto es un fundido a negro.

martes, 15 de mayo de 2018

Israel: 70 años de infamia

Ayer se celebró el 70 aniversario de la proclamación del Estado de Israel. Para celebrarlo, hicieron algo ya tradicional en aquel país: masacrar a palestinos. La enésima matanza indiscriminada que supone a su vez la enésima muestra de que Israel es desde hace décadas el mejor eco de la Alemania nazi. Luego que manden estos hipócritas a Eurovisión al engendro de turno a "cantar" a la tolerancia, el amor, etc.

Yo no tengo nada en contra de "lo hebreo" y, por tanto, no soy antisemita, primero porque un español no puede caer en un error así teniendo en cuenta el cóctel genético y cultural que tenemos de serie quienes hemos nacido en un país donde han campeado todas las civilizaciones y pueblos imaginables (incluidos obviamente los judíos) y segundo porque cualquier cultura es digna de mi interés y respeto. Lo que sí soy es anti hijos de pu*a e Israel se lleva comportando como tal setenta años, amparado en esa permanente impunidad que le otorgan, por un lado, los poderosos lobbies judíos y, por otro, la pervivencia del chantaje emocional por el holocausto nazi. Antes de seguir, quiero aclarar, por si acaso, que no soy ningún negacionista ni mucho menos un nazi: los judíos fueron masacrados por los dementes nazis (dos de cada tres judíos en Europa murieron en el Holocausto, alcándose la siniestra cifra de seis millones al término de la II Guera Mundial) ante la pasividad o tibieza de un mundo que o bien era antisemita o bien sólo se preocupó de poner freno al monstruo conocido como Hitler cuando lo sufrió en carne propia. Eso sí: los judíos no fueron los únicos aniquilados sistemáticamente por el nazismo porque éste también se pasó por la esvástica a gitanos, enfermos mentales y discapacitados físicos o psíquicos. Y a ninguno de esos colectivos se les compensó por los daños con un país artificial y, con esto, vuelvo al tema. La "manufacturación" del Estado de Israel fue, en mi opinión, un error similar a lo que sería ubicar la sede del KKK en Harlem; un error que se ha pagado y paga con sangre inocente; un error que nació, por un lado, de la necesidad de la comunidad internacional de acallar y blanquear su conciencia y regalarle un país a los judíos a modo de "indemnización" y, por otro, de la repugnante propensión de los judíos a intentar sacar rédito de sus tragedias desde que el mundo es mundo. Y es que ese victimismo que los judíos llevan con tanto éxito al paroxismo se ha convertido en una especie de cheque en blanco que ha permitido que lo que antaño fue presa se convierta en predador sin que nada ni nadie les ponga en su sitio. Y esto es una absoluta vergüenza: que Israel se comporte como una nación tiránica, opresora, represora, belicosa y excesivamente propensa al terrorismo de Estado y a hacer lo que le sale de las narices porque ante la más mínima crítica ya empiezan a rasgarse las vestiduras y a hablarte de la shoah, la diáspora, el pueblo errante y demás grandes éxitos argumentales judíos. Pues mira no: cualquier clase de crédito que les quedara a los judíos por el tema del holocausto hace ya tiempo que se les acabó por lo que han hecho y hacen en esa nación que las potencias occidentales le dieron como juguete. El tema es que nadie tiene la sensatez o la valentía suficientes para frenar el sanguinario bullying que Israel ejerce en el Mediterráneo oriental. Y lo que es peor: hay países que respaldan este matonismo. Por eso, lo de Oriente Medio tiene pocos visos de solucionarse: porque los que pueden solucionarlo son parte del problema.

En fin. Que es un asco, una pena y una desgracia que Israel sea un colosal ejemplo de que el ser humano es incapaz de aprender de su pasado. Total, parece que hoy las vidas de los palestinos cuentan tanto como antaño la de los judíos. Así nos va. De infamia en infamia.

jueves, 3 de mayo de 2018

Agur, asesinos

Ha tardado 60 años, 853 asesinados, 79 secuestrados, más de 2.500 heridos y 10.000 extorsionados en tomar la decisión que debería haber tomado en el primer segundo de existencia: dejar de existir. ETA acaba de anunciar o, mejor dicho, confirmar que deja de existir como banda terrorista. Probablemente, ésta será la mejor noticia de 2018. Con razón.

Eso sí: en su comunicado, a ETA le ha faltado indicar que si bien cierra su chiringuito más antiguo y sanguinario, los simpatizantes y nostálgicos del hacha, la serpiente y el pasamontañas podrán seguir disfrutando de "lo etarra" en cualquiera de los otros chiringuitos ("otras vías" dicen los asesinos en su papeleta final) que tiene montados en País Vasco y Navarra que aunque no son sanguinarios no por ello dejan de ser menos inmundos y reprobables (un saludo para Bildu y demás chusma abertzale). Cuando a la mitológica Hidra se le cortaba una cabeza, surgían dos en su lugar; en el caso que nos ocupa, por desgracia, las nuevas cabezas de la Hidra actualmente cobran del erario público y se benefician del mismo sistema contra el que ETA atentó durante seis décadas. Así que que nadie lance las campanas al vuelo ni descorche botellas: superar un tumor no derrota al cáncer.

Euskadi y Libertad, cínico seudónimo de esta panda de hijos de la gran pu*a, ha sido vencida y hace bien en reconocer a su estilo, a su asqueroso, mezquino, vil, cobarde y venenoso estilo, su derrota. Así pues, hoy como ayer no es el día de agradecer a ETA absolutamente nada y sí a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a los partidos que han demostrado con sangre y lágrimas su indudable compromiso con la democracia y la libertad (PNV, tú no), al Poder Judicial y al Ministerio Fiscal y a la sociedad civil que ha sabido afrontar el miedo, superar el terror y enfrentarse a quienes soñaban con implantar su totalitarismo de chapela. Punto. Por tanto, no puede ni debe haber ninguna clase de misericordia con quienes utilizaron como patética excusa primero la dictadura y luego un imaginario "conflicto" para intentar implantar por las bravas su cosmovisión paleta y carente de cualquier base histórica, política, cultural o legal. Por eso, hoy como ayer, lo único que puede y debe reclamarse es que se siga haciendo Justicia contra ETA. Por eso, hoy como ayer, el final de ETA como tal no puede ni debe significar impunidad ni prescripción ni condescendencia de ningún tipo. ETA y su entorno se han ganado a pulso no conocer lo que es la piedad. Por eso, su comunicado tipo "Nos hemos trasladado", nada puede ni debe cambiar, al menos entre quienes la han derrotado. Además, ETA se ha "ido" siendo fiel a su cinismo retórico, cobardía moral y ausencia de cualquier empatía o arrepentimiento. Así que lo dicho: ni un paso atrás contra "lo etarra".

Habrá quien me reproche mi crudeza y rencor a la hora de analizar esto: pacifistas, demagogos y soplagaitas en otra ventanilla, por favor. Yo no puedo ni quiero ni debo tener más que desprecio por quienes representan la peor versión del ser humano. Como cualquier persona de bien y como cualquier ciudadano español ni quiero ni deseo otra cosa para los etarras y aledaños que verlos masacrados legal, judicial, política y penalmente hasta que de ellos sólo quede su mal recuerdo. Cualquier transigencia con esta gentuza supondría rematar, por ejemplo, a Miguel Ángel Blanco. ¿Demagogia? No, la pura verdad. Además, quien esto escribe ha sentido muy de cerca a ETA: cuando era un crío, un coche-bomba asesinó a una patrulla de la Guardia Civil a escasos veinte metros de la casa donde veraneaba en Navarra; ya en la etapa escolar, ETA asesinó a balazos muy cerca de mi colegio al padre de unos alumnos; años más tarde, sentí de nuevo el miedo al saber que esta banda terrorista había puesto un coche-bomba en las inmediaciones del Colegio Mayor en el que vivía mi hermano en Pamplona; y ya al acabar la carrera, sentí las bondades democráticas y pacifistas del entorno etarra al trabajar en un periódico navarro en el que esta chusma tiró a la fachada de la redacción botes de pintura roja y amarilla y puso inquietantes carteles contra un compañero mío por toda la ciudad. Así que respeto los planteamientos buenistas y flandersianos, pero quien venga a mí con esas monsergas, se las puede ir metiendo por donde no da el sol y eso que nos ahorramos todos. Cada cual es libre de reaccionar como quiera ante este hito. Yo ni perdono ni olvido.

Acabo ya. Me parece estupendo que ETA haya confirmado su derrota. Ya sólo queda extinguirla del todo. Y mientras llega ese precioso momento: agur, asesinos.   

viernes, 6 de abril de 2018

Máster en Chapuzas

No hay que desconfiar de la capacidad del ser humano para superarse a sí mismo. Ni siquiera en lo negativo. Por ejemplo: todo el mundo pensaba que no podía haber nada peor que la gestión que el Gobierno nacional y pepero hizo de la rebelión separatista catalana...hasta que sucedió la bochornosa, tibia y meliflua aplicación del artículo 155 de la Constitución Española para tratar de sofocarla. Pues bien, ahora se ha descubierto que hay algo aún más chapucero que "lo de Cataluña": el máster de Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos.

Honrando la verdad, hay que recordar que los tratos de favor, los tejemanejes y los chanchullos están presentes en todos los sectores de la sociedad, incluso obviamente en el ámbito académico. De hecho, podría decir el nombre de cierta universidad en el que una conocida actriz española obtuvo su licenciatura en Periodismo sin apenas pisar el campus, a base de hacer exámenes orales en su casa (sic), hasta la cual se desplazaba el profesor o catedrático de turno. Pero esto no es excusa ni consuelo. Es simplemente algo de lo que avergonzarse mientras dure y se siga consintiendo.

Yendo al "caso Cifuentes", la chapuza es de tal magnitud que en torno a ella orbitan varios posibles delitos: falsedad en documento público (Código Penal, artículos 390-393), prevaricación (artículo 404) e incluso, poniéndonos muy estupendos, intrusismo (artículo 403). Además, la chapuza conculca directamente el pacto PP-Ciudadanos que permitió a Cifuentes ser la Presidenta de la Comunidad de Madrid (punto 3). Es decir, que este asunto no son unos "hilillos de plastilina", que diría el sonrojante necio instalado actualmente en La Moncloa. La Presidencia de la Comunidad de Madrid está merecidamente contra las cuerdas y al borde del KO. En este sentido, conviene apuntar lo siguiente: Cifuentes no fue votada ni electa como presidenta en función de su CV sino de su presunta ejemplaridad y consiguiente valía para el cargo. Por eso mismo, despúes de su escandaloso show de mentiras, sandeces y medias verdades aderezadas con una cara más dura que el adamantium, Cifuentes ha perdido cualquier ejemplaridad y, por tanto, valía para el cargo que ocupa. Del mismo modo que Bill Clinton cavó su tumba política por culpa de su vergonzosa reacción ante la felación de una becaria, Cristina Cifuentes ha cavado su tumba por culpa de su bochornosa reacción ante las dudas de cómo obtuvo presuntamente el título del Máster expedido por la Universidad Rey Juan Carlos. No es tanto una cuestión curricular como de ética y honestidad. No es el "qué" sino el "cómo". Un "cómo" que ha sido un ejercicio deprimente de cinismo ético, escapismo retórico y contorsionismo argumental que hace inverosímil cualquier alternativa a la tomadura de pelo.

En este embrollo, hay dos actores protagonistas y cuyo porvenir pinta tan prometedor como el de Messala después de que lo arrollara la cuádriga. Por un lado, tenemos a la Universidad Rey Juan Carlos, cuya falta de rigor, decoro, escrúpulos, astucia y habilidad ha dado lugar no ya a un inmerecido y presunto título de Máster sino a una panoplia de documentos sospechosos y explicaciones inverosímiles que están haciendo quedar a la entidad universitaria como Cagancho en Almagro. La URJC se ha esforzado menos en fabricar la documentación para proteger a Cristina Cifuentes que ésta en sacarse el Máster, que ya es decir. Por otro, tenemos precisamente a la susodicha Presidenta de Madrid, autoerigida como ejemplo de pulcritud y azote de la corrupción y con cuya jeta se podría construir el fuselaje de transbordadores espaciales; lo peor no es que sea una caradura sino que ha actuado como una persona profundamente arrogante, hipócrita, insensata, acrítica, cobarde y soberbia que cada vez que ha abierto la boca estas semanas ha sido para ofender a la verdad, agraviar a la gente honrada que se gana los títulos con el sudor de su frente e insultar la inteligencia de toda la población. Ha sido tan bochornoso que, por coherencia, sus recientes manifestaciones públicas deberían haber comenzado con un "nada por aquí, nada por allá...", aunque no hubiera conejo que sacar de la chistera. 

Para mí, lo más llamativo y vergonzoso no es la "documentación" que Cifuentes y la URJC han mostrado (digna de Pepe Gotera y Otilio) ni la presunta existencia del TFM de la Presidenta (que me imagino que será analizada en Cuarto Milenio) sino en dar por legítimo, común y honrado un evidente y desmesurado trato de favor nivel "Somos tus fieles mamporreros" de la citada universidad hacia la que iba de Juana de Arco de la decencia política y está en la misma hoguera que el resto de miserables. En ese sentido, la URJC está en una situación en la que, pase lo que pase, ha perdido: o se demuestra que privilegió descaradamente a Cifuentes o se demuestra que es la quintaesencia de la negligencia o, quizás, ambas cosas, si tenemos en cuenta la sorprendente vendetta interna que ha originado este escandalazo.

Volviendo a la todavía Presidenta, una persona sensata, decente, prudente y honrada se habría defendido esgrimiendo inmediatamente documentos oficiales y mostrando su trabajo de fin de Máster. Cifuentes no. Ella ha preferido parapetarse detrás de falsedades, amenazas en forma de querella, excusas, bravatas y, en última instancia, pasar el marrón a la misma Universidad que, en el mejor de los supuestos, le regaló cutremente el título del Máster por la cara. Ni valiente ni inteligente sino todo lo contrario. Cifuentes, tú sí que vales.

Así las cosas, es de esperar y desear que esta mujer desaparezca cuanto antes de la faz de la tierra, políticamente hablando. Se lo ha ganado a pulso. Y si con ella se larga su séquito de pijos chulescos y señoritingos clasistas, mejor. Y si de paso hace lo propio toda esa chusma que infecta bajo diferentes siglas parlamentos e instituciones nacionales, regionales y locales, mejor que mejor. Y si simultáneamente salen por la puerta todos esos rectores, catedráticos y profesores que han convertido ciertas universidades en el co*o de la Bernarda, pues ya fetén.

De todos modos, presumir de algo que no se tiene, anabolizar méritos y cebar con rimbombancia la trayectoria académica o profesional es algo muy común. Raro es el currículum, por ejemplo, en el que no se cuele alguna hipérbole o mentirijilla. En este sentido, conviene recordar que en cuestiones de picaresca España es una potencia mundial desde hace siglos. Por este motivo, todos deberían aprender del escarmiento a esta Gran Maestre de la Chapuza que es Cristina Cifuentes y, como mínimo, revisar su CV. Aunque sólo sea por dormir con la conciencia tranquila.

domingo, 11 de febrero de 2018

La portavoza


Si el sueño de la razón produce monstruos, el del feminismo alumbra engendros. En contra de lo que podría parecer, no voy a dedicar el artículo a hacer ninguna semblanza o lapidación de Irene Montero porque siento el máximo respeto y admiración por alguien cuya oratoria rivaliza con la de Cicerón, cuyo corpus intelectual tiene único parangón en Kant y cuya valía deja en minucia a Clara Campoamor. No, ahora en serio, me parecería un abuso dedicar un artículo a cachondearme de esta mindundi que aspira a ser la versión "calimocho" de la siniestra Dolores Ibárruri cuando además la susodicha ya ha sido masacrada con guasa y sorna en las redes sociales. No. Hay cosas más importantes que ésa y que eso.

Cosas como por ejemplo denunciar el empobrecimiento y la intoxicación que la corrección política, la demagogia y la banalización electoralista de legítimas reivindicaciones están causando a un idioma tan rico, vivo y fértil como el español. Un síntoma claro de esto es la polémica parida de "los portavoces y las portavozas" perpetrada por Montero, la cual no deja de ser una anecdótica chorrada a añadir a esa galería de los horrores lingüísticos junto a "miembras", "jóvenas" y demás majaderías. Pero, como digo, es un síntoma de cómo la politización del lenguaje está echándolo a perder bajo una tromba de eufemismos estúpidos (ej: el otro día, TVE dijo "personas con capacidades diferentes" para hablar de discapacitados), palabros estrambóticos y desdoblamientos innecesarios. Innecesario, sí, porque no hay necesidad ninguna de convertir al femenino una palabra como "portavoz", cuyo lexema principal ("voz") ya es de género femenino.

Cosas como por ejemplo cuestionar la coherencia que lleva a diferenciar radicalmente entre sexos biológicos manipulando los géneros gramaticales de los sustantivos en aras de la consecución (legítima, necesaria, improrrogable, incuestionable y loable) de la igualdad material y efectiva de entre hombres y mujeres a nivel laboral, salarial y social. ¿Distinguir para igualar? ¿Separar para unir? Es como querer prepararte un colacao y verter la leche en un vaso y el cacao en otro. Sinceramente, me parece gilipollesca esta obsesión con desdoblar sustantivos que tienen algunos presuntos paladines de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Se soluciona la discriminación laboral, salarial y social retorciendo el lenguaje? ¿Se acaba con el machismo ampliando innecesariamente el diccionario? Honestamente, creo que si alguien se siente incómodo con un sustantivo de significado inclusivo sólo por el género de dicho sustantivo el asunto no tiene nada que ver con el antagonismo machismo-feminismo ni con la reivindicación de la igualdad ni con la visibilización de la mujer sino con un problema de tipo psicológico, como cualquier fobia o filia. Por ejemplo, yo me siento tan tranquilo y representado cuando alguien dice "la humanidad" o "la especie" como cuando se emplea "el ser humano" o "el hombre". Igual que no me salen sarpullidos si alguien me denomina como "periodista" ni entro en shock anafiláctico si se me califica como "urbanita" ni tengo una angina de pecho al sentirme aludido cuando alguien dice "hinchada colchonera". Querer ver problemas donde sólo hay palabras es como ver gigantes donde sólo hay molinos, y no precisamente por un empeño quijotesco sino por un cipitostio mental de quien confunde velocidad y tocino, churras y merinas, culo y témporas. De seguir las actuales trazas de querer dar soluciones gramaticales a problemas que requieren únicamente revulsivos legislativos y educativos, lo único que se va a conseguir es saturar y enfangar un idioma como el español y una lengua como la castellana. La igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres no pasa por reformar el diccionario ni la gramática española. Pasar por reformar leyes y conciencias. En ese sentido, flaco favor hace a la lucha por la igualdad entre sexos y la visibilización de la mujer quien dedica su esfuerzo y tiempo a juguetear con el idioma de una forma burda, cutre y chapucera. ¿Se imagina alguien cómo reaccionaría el personal en general y las pseudofeministas en particular si un grupo de hombres liderara una reacción "a la Tabarnia" y empezara a reclamar urbi et orbe el uso de vocablos inexistentes en género masculino como "periodisto", "poeto", "atleto", "articulisto", "estilisto", "cerebra", "taxisto", "criaturo", "persono" y paridas similares? Las mujeres no necesitan que cambien las voces del castellano sino que, como diría el poeta, se les dé la voz y la palabra...a ser posible no para decir memeces sino para demostrar que en este mundo no puede haber más discriminación que la basada en el mérito y la valía.

Cosas como por ejemplo aclarar a algunos tarugos y algunas lerdas que no es el diccionario de la RAE el que hace a la sociedad española sino que es la sociedad española la que hace al académico diccionario. Éste no es otra cosa que un recipiente que recoge y refleja nuestro idioma: va a rebufo de la sociedad, no en vanguardia. Por eso, sandeces como decir que el diccionario es machista y hay que cambiarlo no sólo evidencian un profundo desconocimiento de cómo funciona el asunto sino que equivocan el tiro y la diana. Cuando la sociedad cambie (y, ojo, debe cambiar), el diccionario cambiará. Punto. ¿Que es más fácil hacer críticas facilonas y demagogas que impulsar cambios legislativos que solucionen de raíz la discriminación contra las mujeres? También. Pero cada persona llega hasta donde se lo permite su vergüenza y su cerebro.

En resumen, si el verdadero feminismo (que es una cosa bien distinta al que reivindican las despelotadas de FEMEN y la "postureante" progresía española), ese que puede y debe implicar a cualquier mujer y hombre de bien, depende de gente como Irene Montero, apañado va.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Apadrina un separatista

Olvídate de perros, gatos y niños del tercer mundo. La próxima temporada navideña el apadrinamiento estrella va a ser el que tenga por beneficiario a un separatista catalán. Sólo así me explico esta marejada de victimismo sobreprotector que rodea a los procesados por el "procés", especialmente desde que unos están en prisión provisional y otros huyendo de ella, y que presenta a estos tipos poco menos que como unos Gandhis a los que el pérfido Estado está tratando como si fueran Charles Manson. Resulta que, por un lado, hay quien clama por esta banda de gremlins como si fueran unos teletubbies que pacían tranquilamente en praderas catalanas hasta que sufrieron un rapto de las sabinas made in Spain. Y, por otro, hay quien reivindica hagiográficamente sus hazañas como si fueran unos émulos de William Wallace pero con cara de Puigdemont en lugar de Mel Gibson. El paso del "procés" al procesamiento ha abierto las puertas del despiporre. Porque despiporre es, por ejemplo, criticar a la Justicia por funcionar con la escrupulosidad, diligencia, velocidad y contundencia necesarias, hito este que por cierto debería ser analizado por Íker Jiménez porque es todo un fenómeno extraño en un país acostumbrado desde tiempos inmemoriales a que la Justicia funcione mal o directamente ni funcione. Para una pu*a vez que la Justicia actúa bien, le llueven las críticas: todo muy español. Igual que es un despiporre ignorar deliberadamente que lo que está haciendo el separatismo catalán desde hace meses no es otra cosa que transgredir conscientemente todas las líneas éticas, democráticas, prudentes, responsables y legales vigentes en cualquier país civilizado. Como es un despiporre creer que este vodevil a medio camino entre la astracanada de Muñoz Seca y el esperpento de Valle-Inclán se iba a finiquitar con un buenista "tranquilos, invita la casa". Como es despiporre alegar que todo esto no es más que una cruenta persecución ideológica por parte de un Estado opresor y totalitario alérgico a la disidencia. Pues mira no. Presentar a los procesados como los héroes de esta función es un error tan grave y obsceno como presentar a los violadores como víctimas.

Creo que buena parte del shock anafiláctico que padece estos días cierta parte de la población española se curaría abandonando esa ignorancia que es tan fértil para la demagogia y el garrulismo. Por ejemplo, cualquiera que sepa un mínimo de Derecho, o, al menos, de Derecho penal, sabe que la prisión provisional es una medida cautelar que está perfecta y legalmente habilitada para evitar, entre otras cosas, la comisión de más delitos, el entorpecimiento de la instrucción y/o la fuga del sujeto en cuestión, es decir, no es una medida que se toma "porque sí" sino que se recurre a ella cuando hay razones fundadas para creer que así se evitan males mayores, incluso para los propios "presuntos", que, de otro modo, podrían caer en el error de ver agravadas las calificaciones penales en su contra. Y si alguien duda de esto, que se dé un paseo por la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim para los amigos) y luego ya hablamos. Por tanto, la prisión provisional que ha puesto a Junqueras y cía en el sitio que legal y procesalmente les corresponde actualmente no es una medida exagerada y menos aún a tenor de los últimos acontecimientos, esos protagonizados por ese ridículo imbécil que se ha refugiado en el edén europeo para delincuentes de todo pelaje conocido como Bélgica, porque, las cosas como son, lo que ha hecho Puigdemont con su heroica huida ha sido poner blanco y en botella la prisión provisional como medida cautelar a imponer al resto de los no tan cobardes miembros del ex Govern.
Igualmente, peca de ignorante quien piense que lo que se está juzgando es una ideología. Si eso fuera así, tipos como Tardá, Rufián y demás séquito teratológico estarían camino del juzgado o del presidio y, sin embargo, están libres, para desgracia de la vista y el oído. No, aquí no se está juzgando si un tipo es republicano, independentista, cienciólogo, coprófilo o vegano; lo que se está juzgando es hasta dónde se ha pasado por el forro unas leyes una panda de cretinos jugando al totalitarismo de provincias cometiendo urbi et orbe unos (presuntos) delitos, para alegría de sus huestes y vergüenza de los demás. Eso es lo que se está juzgando: lo que han hecho, no lo que piensan. Punto. ¿Y qué es lo que han hecho? Lo siguiente: promover una independencia unilateral contraria a la Constitución de 1978 (ya que vas a delinquir, delinque a lo grande) al calor de un referéndum ilegal y chirigotesco en fondo y forma, alterando el orden público y la convivencia, amparándose en unas normas suspendidas o anuladas por el Tribunal Constitucional y escudándose tras una minoría de votos (que no de escaños), ninguneando así a más de la mitad de los catalanes, a la totalidad del resto de españoles y al ordenamiento legal vigente en toda España. Eso es, en síntesis, lo que han hecho estas bellísimas personas: pasarse por el forramen la democracia y la legalidad. Por eso, corresponde a la Justicia, y no al tertuliano, el cura, el taxista, el mesonero o la portera de turno determinar su responsabilidad y la "factura" a pagar. Punto. Alegar que esto es una caza de brujas ideológica es algo tan delirante como decir que a un pederasta se le persigue por sus gustos gastronómicos. Por eso, hablar de "presos políticos" no sólo es absurdo sino una vergonzosa falta de respeto para los represaliados políticos. Presos políticos hay en Rusia, Cuba, Venezuela, China, Corea del Norte...pero en España lo único que hay son políticos presos, aunque por desgracia sería necesario que hubiera muchos más (políticos en prisión) visto el nauseabundo nivel que ha alcanzado la corrupción en este país en las últimas décadas.
También demuestra una innegable ignorancia quien propone una solución política y dialogada a lo que es (presuntamente) una clara vulneración legal. ¿Qué hacemos con las leyes? ¿Las mandamos a la papelera? ¿Quemamos el Código Penal? ¿Y con los jueces? ¿Los enviamos a sus casas? Buscar una solución paccionada a los presuntos delitos cometidos es como sustituir a un cirujano por un homeópata para curar a alguien al que le han sacado las tripas de un navajazo.

Así las cosas, no me cabe duda que esta ola de amor y piedad en torno a estos inocentísimos hijos de su santísima madre que son Puigdemont, Junqueras, Forcadell y cía no puede concluir de otra manera que no sea con un masivo apadrinamiento de luchadores por la libertad del oprimido, reprimido y deprimido "poble" catalán. Yo, por mi parte, apadrinaré un separatista tan pronto como me haya emasculado sin anestesia, afiliado al PP y hecho socio del Real Madrid.

viernes, 27 de octubre de 2017

La broma sin gracia

"Partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria". Esta frase del genial Groucho Marx serviría estupendamente como biografía y epitafio del nacionalismo catalán. Ese que hoy, al calor de la chusma y los tuits, ha decidido marcarse un Ikea al estilo Companys, dinamitando toda esencia democrática y metiendo a toda la sociedad catalana en un DeLorean rumbo a cualquier parte menos al futuro, consumando así el final tipo Thelma y Louise de la Cataluña democrática.

Aquella región española se ha transformado por capricho y matonismo de una minoría en una república bananera con vistas al Mediterráneo, síntesis perfecta entre la rígida enajenación de Corea del Norte y la estrafalaria praxis de Venezuela. El Estado de las Autonomías produce monstruos. Y para muestra, este Godzilla. Pero ahora no es momento de una caza de brujas retroactiva, porque tendríamos que remontarnos demasiados años y nombres atrás. No, ahora lo que toca es preocuparse de esa banda que ha partido Cataluña por la mitad, convirtiendo aquella autonomía en una doncella de hierro que tiene aprisionada en su interior a más de la mitad de los catalanes.

El nazionalismo catalán hoy vive su jornada más brillante en la noche más oscura de la democracia en España (y eso que el 23-F no fue una fiesta del pijama). Y lo ha hecho quemando tras de sí todas las naves y volando todos los puentes y dejando a la sociedad civil de Cataluña como la despensa de Caradecuero. Les ha costado años, pero lo han logrado. Situarse fuera de la realidad es algo tan difícil que parece ciencia-ficción...hasta que llega un chalado que, abrigado en su demencia, lo logra. Por eso entiendo hasta cierto punto esa rave callejera que tienen montada los separatistas, la cual me recuerda bastante al clímax de Gremlins 2, con los susodichos monstruos pegándose un fiestón bajo el agua esparcida por un sistema antiincendios. El problema es que la realidad es un terco tren que, antes o después, acabará pasando por encima de esta gente, dejando un reguero de caras de gilipollas.

He de reconocer que estas semanas, atendiendo a lo que pasaba en Cataluña (que por desgracia parece que fuera lo único malo que ocurre en España), no sabía si estaba ante uno de los estupendos vodeviles en blanco y negro de los Hermanos Marx, una comedia de Miguel Mihura, una película de Luis García Berlanga, una farsa de Els joglars o un episodio de Rick y Morty. A este punto ha llegado la cosa. De todos modos, el triunfo fútil, inútil, provisional y fugaz del totalitarismo catalanista sería impensable sin la ¿involuntaria? colaboración del Gobierno Rajoy. Si el auge del nazismo fue inconcebible sin el inepto de Von Hindenburg, el del separatismo catalán es impensable sin el inepto de Mariano Rajoy, cuya contribución a la democracia española sólo es comparable a la de su paisano Franco. El nacionalismo catalán lleva más de una década cebando impune y alegremente la lisergia que hoy propulsa las "esteladas", como una Sherezade postponiendo su muerte a base de mentiras y cuentos gracias a las mil y una noches de condescendencia del Gobierno estatal ante tanta falacia, patraña y tomadura de pelo. Por eso creo que el Gobierno, el Govern y los partidos a los que representan deben ser laminados política, electoral, judicial e históricamente a la espera de que la posteridad los retrate como lo que son: gentuza que ha sumido a España en una de sus travesías más inciertas y bochornosas.

Así las cosas, sólo espero que el Gobierno de España esté a la altura de las circunstancias y convierta el 155 de la Constitución Española en un tsunami que arrase desde la legalidad con todos los enemigos de la democracia allá donde se escondan en Cataluña. Soy un ingenuo, lo sé, y lo soy porque sólo el Rey ha estado a la altura de la situación y del pueblo español. Por eso, lo único que tengo claro es lo que decía el fantástico personaje de "El comediante" en Watchmen: "Dije que la vida era una broma; no que la broma tuviera gracia". Y desde luego que esta broma de los separatistas catalanes no tiene gracia. Ojalá paguen por ello. 

jueves, 5 de octubre de 2017

El discurso del Rey

Cuando el Gobierno se había transformado en la orquesta del Titanic, cuando media Cataluña era Ana Frank y la otra media había convertido la estelada en la nueva esvástica, cuando Rajoy había evidenciado por enésima vez tener menos cojones que Farinelli, cuando la Policía y la Guardia Civil estaban más desamparados que Clearco y sus Diez Mil, cuando la temeraria irresponsabilidad de los políticos había quebrado el pecho de la sociedad como un chestbuster, cuando la política había llegado al nivel de videoclip salchipapero de Leticia Sabater, cuando la esperanza se había quedado en standby, cuando la izquierda estaba ya planeando hacer con el régimen del 78 lo mismo que hicieron con la II República, cuando los carasolados habían visto la oportunidad para colar sus camisas nuevas entre la gente normal, cuando el desasosiego era trending topic, cuando los medios de comunicación estaban en pleno derbi (des)informativo, cuando el secesionismo de Puigdemont y compañía parecía Jason Voorhees y la paz una monitora despelotada, cuando las noticias eran tan deprimentes que el zapping era el mejor plan, cuando España parecía a punto de viajar al pasado sin DeLorean, cuando el país estaba en plena apnea, cuando todas las horas parecían las más oscuras...apareció él: el Rey, el Jefe del Estado, el macho alfa institucional, con su percha de Optimus Prime, con más aplomo que un T-800 y un semblante que ni Charles Bronson con resaca, para pronunciar un discurso que en su fondo nada tenía que envidiar a la ya legendaria arenga de Aragorn a los hombres del Oeste ante las Puertas de Mordor. Echándole un par de coronas, Felipe VI puso los puntos sobre las íes y levantó el ánimo y la esperanza de quienes aún creemos en España y en todo lo que encarna este país cuando se lo propone: contraste, concordia, mestizaje, libertad, contradicción, respeto, diversidad, tolerancia, unidad, grandeza, dignidad, fortaleza, democracia...

Con su discurso, Felipe VI cruzó este martes el Rubicón, abdicó del silencio, salió de su zona de confort y lo hizo engrandeciéndose como monarca, Jefe del Estado, español y persona. Fueron unos pocos minutos pero tan llenos de historia, verdad y coraje que bastaron para ralentizar el tiempo y eclipsar la oscuridad. Se echó al país a la espalda y se colocó frente a los enemigos de todo lo que a España le costó sangre, sudor, lágrimas y años conseguir. Sin estridencias pero con rotundidad. Sin grandilocuencia pero con precisión. Sin equidistancia pero con prudencia. Sin histrionismo pero con toda la seriedad que requiere esta gravísima situación. Del mismo modo que la luz brilla sólo en la negrura, los líderes sólo se revelan en función de los desafíos a los que se enfrentan. El martes, el hombre llamado Felipe demostró ser el líder al que mirar en esta hora de lobos y escudos rotos, como diría cierto montaraz. Y lo hizo sin salirse del papel al que le maniata la Constitución pero con tal lucidez, franqueza y valentía que resultó tan motivante como heroico. Su discurso rebosó una solemne irreversibilidad, como las palabras del personaje de "La madre" al final del segundo
acto de la lorquiana Bodas de sangre: "Dos bandos. Tú con el tuyo y con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!". Dos bandos. Sí, bandos. En uno, la alianza de dementes, cínicos, hipócritas y radicales que están decididos a dinamitar el esfuerzo que hicieron las dos Españas hace unas décadas para pasar de las armas a los votos y de las balas a las palabras. En otro, todos los demás españoles, los que no estamos dispuestos a hincar la rodilla ante la rebelión impulsada por el totalitarismo secesionista catalán. Un bando está liderado por Puigdemont. El otro, por Felipe VI. Uno está fuera de la Ley, la democracia y la realidad. El otro, dentro. Si Puigdemont es el actual Joker de la actualidad española, el martes conoció quién es su Batman

Ante esta peligrosa aleación de matonismo independentista y dejadez gubernamental, yo, que no soy monárquico ni patriotero, agradezco enormemente las palabras del Rey porque ha sido lo suficientemente hábil para, por un lado, hacer un enérgico y necesario llamamiento a la cordura y, por otro, decir un elegantísimo "yippee ki yay" a los Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Tardá, Rufián, Romeva, Colau y compañía. Hay quien le ha afeado que no hiciera concesiones buenistas al diálogo; supongo que esos mismos críticos se irían a tomar cervezas con Hitler, a charlar de derechos humanos con Stalin, a hacer senderismo con etarras, a pasear por el campo con Caradecuero o a fumar en cachimba con los del Estado Islámico. También hay quien ha criticado la ¿dureza? de Felipe VI hacia los separatistas; supongo que esos mismos tipos son los que regalarían condones a violadores o contratarían pederastas como canguros o o consideran a Otegui un hombre de paz o se hacen de cruces al recordar los Juicios de Nuremberg. Creo que me explico. ¿Moraleja? España es un país tan grande, en todos los sentidos, que caben demasiados ingenuos contraproducentes.  A lo mejor hay incluso gente en este país que piensa que esto acabará como si todo no hubiera sido más que un sueño de Antonio Resines. Pues no: bienvenido al mundo real, Neo.

Dejando sandeces aparte, está claro que el discurso de Felipe VI llegó en un momento clave, como Churchill y su célebre "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". El Rey ha demostrado ser el único a la altura no sólo de su función constitucional sino también de las excepcionales circunstancias que estamos atravesando. La Historia no espera a los cobardes ni a los tibios. Y eso, el Rey, lo ha entendido mejor que nadie con un discurso que ya es histórico. 

Así las cosas, ahora que el maniqueísmo trota feliz por la península a cuenta de los que confunden la libertad con el tocino y la democracia con la barra libre, tengo claro de qué equipo soy: del que tiene en Felipe VI a su Simeone particular porque lo cierto es que, al día siguiente, al menos en Madrid, había aún más banderas de España en las fachadas que el día anterior. Por algo sería. Por alguien fue.   

domingo, 1 de octubre de 2017

Vientos y tempestades

Sinceramente, lo que pase después de hoy en Cataluña y, por tanto, en España me da igual porque creo que no hay un nivel ulterior al de este bochorno. Lo que ha pasado y está pasando en Cataluña mientras escribo esta reflexión parece un híbrido entre una película de Berlanga y una tragedia de Valle-Inclán. La diferencia es que en este cisco no hay genios por medio. "Lo de hoy" (expresión tosca y amorfa pero que se ajusta bien a la realidad) es el mejor ejemplo de lo que pasa cuando se deja la política en manos de irresponsables gilipollas. Lo peor de todo es que se veía venir. Y quien diga lo contrario ya puede confesarse por el pecado del optimismo. Esto que está pasando no es fruto de un choque de trenes sino de la simbiosis entre dos colosales errores con intereses pura y simplemente electorales.

Por un lado, tenemos el error independentista catalán. La cortina de humo lanzada en su día para tapar los escándalos de corrupción de CiU, la cleptocracia de los Pujol y la pésima gestión de las arcas catalanas se les ha ido definitivamente de las manos. Y esto era algo más que previsible cuando, en una decisión bastante suicida, el nacionalismo conservador catalán escogió como animal de compañía a ERC y permitió que una chusma radicalizada y minoritaria como la CUP fuera la mano que meciera la cuna de la política de aquella región. De aquellos polvos, estos lodos. Claro que en la coctelera también hay que meter la proverbial propensión al chantaje del nacionialismo en España (al menos desde que la Constitución de 1978 sublimó ese disparatado modelo autonómico que convirtió esto en el co*o de la Bernarda), el adoctrinamiento educativo (otro argumento más contra el disparate de dejar las competencias educativas en manos de las Comunidades Autónomas) y la desinformación mediática (TV3 haría mojar la entrepierna a Goebbels) que han propiciado unas cuantas generaciones de asilvestrados fácilmente maleables por la narrativa demagógica y falaz, la intoxicación por goteo desde que Pujol era molt honorable, el sistema electoral que desde 1978 otorga una errónea sobrerrepresentación a estos paisanos nacionalistas, el nauseabundo y acrítico victimismo catalán que siempre ha culpado a otros de sus propias desgracias y errores, la colaboración de una izquierda siempre lista para sacar tajada del caos al precio que sea y un etcétera que omito por ahorrar tiempo y espacio. Lo peor de todo no es que estos miserables de Puigdemont, Junqueras, Gabriel, Forcadell, Forn, Rufián, Colau, Romeva y demás gilipuertas se crean lo que dicen o piensan (por mí como si escuchan reguetón las veinticuatro horas). No, lo peor es cómo han manipulado a la gente para vestir de reivindicación romántica lo que es una pretensión ilegal, demencial y delictiva y cómo han persuadido a esa misma gente para servir de escudos humanos de su propia desfachatez. Votar en un Estado de Derecho es hacer el amor, sí, pero el referéndum impulsado por el secesionismo catalán es sencillamente una violación. Creo que me explico. Si alguien está dispuesto a justificar, jalear, aplaudir o partirse la cara por lograr una violación, entonces ya...Claro que esto, justificar una violación, es perfectamente plausible si vives instalado en la posverdad, que es donde vive Cataluña desde hace muchos meses.

Por otro lado, tenemos el error gubernamental mariano. Al Presidente más bochornoso, cobarde, estúpido, incapaz, torpe, jeta y perezoso que ha conocido la España democrática su estrategia de bombero pirómano le ha salido Godzilla (decir rana sería quedarse muy corto). Cierto es que Rajoy no originó el secesionismo catalán pero no menos verdad es que Rajoy y sólo Rajoy tiene la culpa de que el independentismo en Cataluña se haya despendolado de tal manera que la factura del cisma y el cisco se seguirá pagando cuando el actual Presidente sólo sea un mal recuerdo. Rajoy tenía los medios (políticos, legales y coercitivos) y el tiempo a su favor para evitar que todo se saliera de madre. Cuando el "problema catalán" era un simple mogwai correteando por las Ramblas, ¿qué hizo Rajoy? Tocarse los marianos hasta que el asunto llegó al actual nivel de "rave de gremlins bajo la lluvia". En lugar de vencer a los separatistas desde la inteligencia, el sentido común, la astucia y la valentía, Rajoy optó por hacer lo que mejor sabe: nada o, al menos, nada bueno. Quiero pensar que este anormal dejó que el incendio se propagara porque pensaba presumir de manguera ante su electorado al apagarlo: el problema es que la situación se ha desarrollado de tal manera que ahora mismo en España, la materia sólo tiene tres estados: fuego, humo o cenizas. Bravo, Presidente. Eso sí, como tonto no es (no hay ningún cobarde imbécil), ha optado por parapetarse detrás de otros. Así, mientras unos se escudan detrás de niños, adolescentes y ancianos, Rajoy ha optado por esconderse detrás de la Justicia, la Fiscalía, la Policía Nacional y la Guardia Civil. Valiente, lo que se dice valiente, este tipo no es. Por eso, la respuesta del Gobierno a este desafío ha sido tardía, escasa, ineficaz y chapucera. Porque para hacer las cosas bien siempre es necesario tener la valentía de hacerlas. Y "Rajoy valiente", insisto, es un puñetero oxímoron. Lo peor que ha hecho en todo este asunto este memo es dar al independentismo totalitario catalán justo lo que buscaba: un álbum de fotos lleno de excusas para sus alucinados reproches y lisérgicas pretensiones. Todo muy Rajoy, un auténtico experto en anabolizar problemas en lugar de resolverlos. 

Dicho esto, me gustaría dejar claro lo siguiente:
1) No hay democracia sin libertad, no hay libertad sin Ley y no hay Ley sin respeto a la misma. ¿Qué quiero decir con esto? Que el totalitarismo catalán (ese que actualmente enarbolan Juntos por el Sí y la CUP) ha cruzado todas las líneas rojas vigentes en cualquier Estado de Derecho. Por eso, tanto a sus dirigentes como a sus acólitos, hay que tratarlos escrupulosamente como lo que son: delincuentes. Ni más ni menos. Si te colocas fuera de la Ley, tarde o temprano, la Ley va a por ti y no precisamente para darte dos besos. Por eso, me parece fenomenal la actuación de la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Justicia y la Fiscalía en todo este asunto, porque han velado por el respeto a la legalidad. Aquí, los únicos que han recordado al fascismo, al nazismo o al franquismo en las formas y en el fondo han sido Puigdemont y compañía, con mención especial para esa escoria de la CUP. Así de sencillo. Lo de hablar de legitimidad de algo que no sólo ha sido declarado ilegal sino que ha devenido en una chapuza rocambolesca carente de cualquier mínima garantía y seriedad me parece una pérdida de tiempo. Eso sí: respeto a cualquier tarado que piense que "lo de hoy" tiene algo de democrático, cívico o similar.
2) Las imágenes de gente despavorida o descalabrada que hemos visto a lo largo del día son francamente vergonzosas pero (y ojo que es un gran PERO) no me dan pena por los afectados sino por que se haya llegado a esa situación tan desagradable. ¿Por qué no me dan ninguna pena los que aparecen ahora urbi et orbe como si fueran los mártires de Tiananmén? Porque cada persona es responsable de asumir las consecuencias de sus decisiones y actos y porque además creo que detrás de varias de esas escenas cruentas hay demasiado afán de victimismo, de temeridad narcisista, de tener el minuto de gloria y salir en la foto o el vídeo (ej: ese padre con el niño a hombros pugnando con un uniformado que lo único que estaba haciendo era velar por la seguridad del crío para no exponerlo a males mayores; la anciana llevada en volandas porque la buena señora decidió quedarse plantada como un seto, etc). Ello por no hablar de las exageraciones y manipulaciones simplemente nauseabundas sin mási intención que crispar aún más el ambiente. Es cierto que la Policía, cuando entra en modo berseker, reparte hostias indiscriminadamente con el mismo flow que Chuck Norris, pero es igualmente cierto que la culpa de las heridas, los moratones, las contusiones o los sofocos en el fondo no la tienen los uniformados sino la gentuza que ha sugestionado a esos ciudadanos de tal manera que los ha convertido en excusa para su relato victimista y tergiversado. Esto no es Mayo del 68 francés: es un golpe al Estado de Derecho español. Sois libres de participar en él, pero luego no os quejéis de las consecuencias. Y, ojo, no os equivoquéis: esto no iba de defender derechos sino de colaborar en algo ilegal, ilegalizado y delictivo. ¿Por qué digo entonces que me dan pena esas imágenes? Porque creo que había tiempo y medios de sobra para haber obstaculizado de una forma mucho más sobria, contundente y aséptica todo el sarao organizado por la morralla secesionista. Además, ¿para qué tanto convoy jaleado y tanto crucero de Piolín si luego la gestión de semejante despliegue ha sido tan escandalosamente desastrosa? A esta hora, ni el Ministro de Interior ni el Delegado del Gobierno en Cataluña han dimitido por tal nefasta gestión. Se podía y debía haber evitado la asquerosa charlotada de referéndum sin necesidad de dar munición dialéctica a esa gentuza que está viviendo un inesperado momento de gloria a cuenta de los errores y las torpezas del Gobierno. ¿Se han salido las cosas de madre? Obviamente. ¿Es culpa de la Policía y la Guardia Civil? Ni de broma: a ellos los han metido en la boca del lobo, haciendo un papelón y de premio los han dejado a merced de una masa enajenada con ganas de que pasara lo que ha pasado: que no se imponga la ley sino el desmadre. ¿Estoy justificando la violencia que se ha visto? No. La estoy poniendo en su contexto. ¿Me esperaba que pasara esto? No, pero sí lo temía, que es una diferencia de matiz importante. ¿Me da vergüenza? Claro.

Aclarado esto, acabo con otra confesión igual de sincera y honesta que todo lo que he escrito en este artículo: espero y deseo ver el día en que Cataluña no sólo sea España sino que se sienta parte orgullosa de ella. Con un poco de suerte, para entonces ya no estarán respirando ni Puigdemont ni Rajoy ni todos los actores de esta infumable, patética y bochornosa opereta. Esos que, con temeraria irresponsabilidad, sembraron los vientos y ahora recogen tempestades.