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domingo, 10 de diciembre de 2017

Jeta de oro

Pocas cosas han hecho más por el vacío diagnosticado por Gilles Lipovetsky que Internet. La mejor muestra de ello es la cantidad de nuevas ¿"profesiones"? que han surgido al calor de lo digital. Y no, no estoy hablando precisamente de esos indiscutibles portentos y cerebrines que forran los pensamientos de geeks de todo el mundo. Estoy hablando de dos de las ocupaciones más esperpénticas de nuestro tiempo: los "youtubers" y los "influencers". Unos se ganan la vida siendo su propio muñeco de guiñol en el teatrillo de Youtube, otros se ganan la vida haciendo del postureo en redes sociales un monolito al narcisismo más lucrativo, pero, todos suponen una misma cosa: un síntoma claro de la fascinación por la intrascendencia y de la deserción de la inteligencia en esta sociedad. 

Antes de seguir, quiero hacer un parón aclaratorio: obviamente mi crítica no va dirigida contra esas personas que se asoman casi con ingenuidad a la pantalla para contarte o mostrarte cosas interesantes o que merezcan mínimamente la pena, gente que utilizan la web 2.0 como una herramienta al servicio de un fin y no como un fin en sí mismo, como un medio para un mensaje que no ofende ni a la inteligencia ni al buen gusto ni al sentido común. No, mi crítica va contra esa caterva de mindundis aupados a la fama por unas legiones de anormales, contra esos demenciados divos del vacío que viven por y para los likes y retweets, contra esa morralla digital a la que no se le conoce más mérito que el de ser una versión neotecnológica del flautista de Hamelín cuya repercusión cuantitativa online es inversamente proporcional a su valía intelectual y a sus logros personales y/o profesionales previos a convertir la tomadura de pelo en la gallina de los huevos de oro.  ¿Por qué estoy tan encendido con esto? Porque, recientemente, he visto en televisión un estupendo y deprimente reportaje sobre estos "profesionales de lo suyo" que es para echar la pota.

Antaño, hasta hace no mucho, la secuencia lógica era la siguiente: primero, el mérito, logro o hito; luego, el reconocimiento y prestigio; y, por último y con suerte, la repercusión o influencia en la sociedad. Hogaño no, ahora se pasa directamente a la influencia sin más credenciales que unas estadísticas que corroboran la sustitución de lo cualitativo por lo cuantitativo como eje sobre el que pivota la trascendencia en esta sociedad hiperconectada, banalizada y banalizante. ¿Alguien me puede decir qué habían hecho en la vida "El Rubius" o "Dulceida" antes de ser epítomes de la soplapollez digital? ¿En qué cabeza cabe que estos ineptos se lleven pastizales y gocen de semejante repercusión cuando hay gente indiscutible y absolutamente brillante en lo académico y/o profesional pasándolas putas en el desempleo o trabajando en precario o buscándose la vida fuera de España? ¿Qué clase de sociedad encumbra a esta clase de cretinos y sepulta en la desconsideración o ignorancia a verdaderos hitos en el campo de la ciencia o la cultura? ¿Dónde narices está el mérito de la evisceración de la intimidad o en la conversión de la existencia en un product placement continuo? ¿Quién se deja influir por estos memos? Da asco, pena y risa, todo a la vez.

Está claro que, en lo profesional o lucrativo, el ser humano es como el cerdo: cualquier parte de él sirve. Puedes vivir de tu cerebro o de tu cuerpo, ya sea considerado en su conjunto o alguna parte en concreto. Del mismo modo que quienes trabajan en la prostitución o en la industria pornográfica viven de su entrepierna, los youtubers e influencers a los que me refiero viven de su jeta. Pero no en sentido literal, puesto que esto no tiene nada que ver con fotogenia ni telegenia de ninguna clase, sino en sentido figurado. Esta gente, estos caraduras 2.0, tienen una jeta con la que se podría construir la chapa de naves espaciales o forrar cimientos de rascacielos. Del mismo modo, está claro que esto no estaría ocurriendo de no haber caído la sociedad en el lamentable pozo del postureo, del exhibicionismo despendolado con la tecnología como coartada, del totalitarismo de la forma sobre el fondo, del fast food intelectual, del gregarismo digital. Pero eso es otra historia u otro artículo, mejor dicho.

De todos modos, lo peor de todo no es que esta gente exista (faltaría más, cada uno hace con su vida lo que le dejan). No, lo absolutamente patético y enfermizo es que exista gente dispuesta a bañar en oro la jeta de estos parásitos de la estupidez humana que se encuentran entre los indudables y escasos efectos nocivos de la digitalización de la sociedad...y que semejante "inversión" les salga rentable.

miércoles, 19 de abril de 2017

Futuro presente

Conforme van pasando los años tengo cada vez más claro que la ciencia ficción no es más que ciencia a la que aún no le ha llegado su momento. En ese sentido, llegados a este punto en el que estamos en la antesala de la completa e irremediable tecnificación de lo humano, empiezo a tener la sensación de que se ha invertido el sentido de la poética aristotélica y ahora la ficción, el resultado de esa poiesis clásica, ya no emula a la realidad sino que la inspira; es decir, es la realidad la que imita a la ficción. Me explico: desde hace ya tiempo no es inusual la aparición en las noticias de cosas que siempre nos parecieron de exclusiva y perpetua pertenencia a las historias imaginadas en novelas, cómics y películas futuristas. Androides que parecen embriones de C-3PO, robots tan verosímilmente humanos (los hay hasta con fines estrictamente sexuales) que pasarían por replicantes, drones que parecen sacados del futuro del que regresó McFly, inteligencias artificiales que interactúan contigo con mejor talante que HAL, exoesqueletos que harían sonreír socarronamente a Tony Stark, proyectos de interfaces más propios del mundo de Minority Report, transformers a los que sólo les falta el anagrama de los autobots, aparatos de realidad virtual que dejan en la cuna al del cortador de césped,una IA que crea por su cuenta un lenguaje que haría las delicias del CCP, programas tan siniestramente avanzados que nos huelen a Skynet, terminators rusos listos para darlo todo por la patria (incluso hay uno de la marca Kalashnikov)..Todo esto que acabo de citar ha trascendido el patrimonio de las páginas, las viñetas y los fotogramas: es real. Tan real que, por ejemplo, ya hay varios estudios que pronostican cuánta gente se quedará sin empleo o cuántas profesiones desaparecerán por la irrupción definitiva de las máquinas en el entorno económico-laboral.

Por eso, es igualmente real no ya el peligro de acabar convertidos con tanto gadget y app en una especie oronda y perezosa como la que aparecía en la genial Wall-E sino en un riesgo aún mayor sobre el que ha advertido la ficción en numerosas ocasiones (por ejemplo en obras tan notables como 2001: odisea en el espacio, Blade runner, Battlestar Galáctica, Yo, robot o Terminator): la llamada singularidad que, grosso modo, viene a ser la toma de consciencia de sí mismas de las máquinas y su consiguiente rebelión a lo Espartaco contra los humanos. Una amenaza que habría que tomarse en serio y no ya porque lo diga la mayor mente del planeta (Stephen Hawking) o lo advierta el nuevo Tesla (Elon Musk) o porque Google ya haya previsto un plan de contingencia para ese inquietante supuesto o porque la mismísima UE se haya preocupado con cierta ingenuidad por el tema sino porque es cada día más evidente que la realidad está acortando distancias con la ficción con más rapidez y facilidad de las previstas. Y si hay alguien que prefiere tomarse esto a guasa, que busque en Google artículos sobre la IA que dicha compañía está "criando" o sobre el ingenio mecánico militar ideado por Rusia a ver si después de leer eso sigue pensando que esto es carne de frikis o iluminados.

No obstante, a pesar de esa fúnebre posibilidad de la singularidad, siempre nos quedará un consuelo. Asumiendo que las máquinas alcanzarán antes o después la omnipotencia técnica, nos podemos consolar con la idea de que aún en ese caso seguirán siendo imperfectas porque carecerán de algo que siempre tendremos los hombres. Sabrán hacer todo lo que puedan imitar o aprender pero no emocionarse ni soñar ni sentir el sentido, ignorarán las preguntas desde la arrogancia de las respuestas, sacrificarán la escurridiza creatividad en el altar de la pulcritud computable, concebirán el arte como una ejecución perfectamente parametrizada renegando de la maravillosa anarquía que anida en cada artista, verán las anomalías como errores a subsanar y no como tesoros a descubrir, se perderán en la oscuridad de las métricas ajenos a la entropía que hace que toda vida tenga sal y sentido. Serán, en definitiva, infinita y simultáneamente mejores y peores que los seres humanos.

Por todo esto, ante el futuro y para el futuro, mejor será volver la vista hacia lugares como la ECH antes que al MIT o al Museo del Prado antes que a Silicon Valley o, si llega a consumarse la distopía, amenizar cualquier apocalipsis tecnológico con la compañía de Parménides, Platón, Séneca, Marco Aurelio, Confucio, Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Steinbeck, Lorca, Unamuno, Borges, Carver, Mozart, Brahms, Chopin, Chaplin, los Hermanos Marx y toda esa tropa de genios en eso que siendo suyo es tan nuestro pero nunca será de las máquinas...Para este Titanic nunca habrá mejor orquesta que la Cultura. Y si esto también falla (algo no descartable al menos si tenemos en cuenta los esfuerzos del Gobierno español por cargarse la Cultura educativa y fiscalmente), pues mejor será encomendarse a Sarah Connor, Bill Adama o Gaius Baltar.

martes, 2 de agosto de 2016

Nuevas formas de contar

La escritura no acabó con la creación literaria. Ni la invención de la imprenta. Ni la aparición de la máquina de escribir. Ni tampoco lo han hecho las nuevas tecnologías. Simplemente, hoy como entonces, los avances técnicos han cambiado la metodología en lo que a las circunstancias y herramientas se refiere, pero no la esencia del proceso creativo en sí mismo considerado.

No obstante, la irrupción digital en el mundo literario, más allá de democratizar (es decir, universalizar) el acceso como creador o como lector y variar las forma de leer (no es lo mismo leer un libro que leer una pantalla), también han generado una serie de cambios o de nuevas posibilidades que, si bien se podrían dar por sobrentendidas, conviene la pena resaltarlas aunque sea de forma concisa, ya sea para valorar el ingenio de sus protagonistas como para ampliar los horizontes lectores.

Por ese motivo, este artículo está dedicado a analizar de forma muy breve algunos de los principales efectos de lo tecnológico en la creación literaria así como citar algunos de los ejemplos en lengua española que merece la pena conocer al respecto. Para ello, vertebraré el post en tres epígrafes: lo digital como herramienta de creación literaria, lo digital como forma y, por último, las historias contadas para pantallas. Antes de seguir he de advertir y reconocer en lo que a los ejemplos concierne que no están todos los que son pero sí son todos los que están y que algunos pueden tener ya sus años, pero es lo que tiene hablar en este ámbito: que el tiempo pasa demasiado deprisa porque la tecnología no espera a nadie. Dicho lo cual, al grano.

Lo digital como herramienta de creación literaria
Las nuevas tecnologías del presente han permitido que la creación literaria se abra a este concepto-fenómeno tan de moda ya desde hace años como es "lo colaborativo". En ese sentido, la tecnología actual permite no sólo escribir una novela junto a otra persona que está a horas y kilómetros de distancia (como es el caso de Milagros del Corral y Óscar da Cunha, quienes utilizaron twitter para crear conjuntamente su obra Mi infierno eres tú) sino también abrir en canal las puertas del proceso creativo a cualquier persona que esté dispuesta a cooperar con el escritor, ya sea mediante las redes sociales (como hizo Javier Muñiz con su novela colaborativa La chica del zapato azul) o exponiéndola en "la nube" (como sucedió con Jordi Cervera y su Serial Chicken).

Lo digital como forma
Del mismo modo que la tecnología ha abierto nuevos cauces en lo que a la autoría se refiere, también ha introducido nuevas opciones en lo que al estilo se refiere. Así, dentro del repertorio "clásico" de estilos y voces narrativas, se han hecho un hueco los servicios de mensajería instantánea (ahí está la novela Pulsaciones de Francesc Miralles y Javier Ruescas como ejemplo), Twitter (pudiendo citar en este ámbito a Francisco Balbuena, autor de No hay perro que viva tanto, y a Rosa del Blanco, participante española en el Twitter Fiction Festival) y, obviamente, el correo electrónico (como muestra Mónica Gutiérrez en su Un hotel en ninguna parte).

Historias contadas para pantallas
Sería absurdo obviar en un repaso como éste que una de las grandes novedades en la relación tecnología-creación literaria tiene que ver precisamente con aquellos autores que evidencian la plena vigencia del célebre "el medio es el mensaje". Así, los soportes tecnológicos se han transformado no sólo en un medio sino también en un fin en sí mismo, en algo que funciona simultáneamente como condicionante pero también como estimulante para el ingenio de quien tenga la habilidad suficiente tanto en lo técnico como en lo creativo. En este sentido, merece la pena destacar el trabajo realizado por Jordi Muñoz,autor de la exitosa novela interactiva La App maldita, o por Josué Monchán, quien con su trabajo en los ya míticos Péndulo Studios ha dado vida a muchos de los mejores videojuegos españoles de los últimos lustros.    

En definitiva, la Literatura, como cualquiera de las otras artes, no depende tanto del "cómo" sino del "quién", del ingenio que cada uno tenga para crear, para contar, para transmitir sensaciones, ideas o recuerdos a perfectos desconocidos. Para ello, las herramientas nunca han sido un problema como tampoco lo fueron los sucesivos avances tecnológicos que fueron transformando la vida de las sociedades y las personas. Las nuevas tecnologías, en este sentido, no son, afortunamente, ninguna excepción.

miércoles, 26 de agosto de 2015

El show de Matrix

La casualidad ha querido que en los últimos tiempos haya leído varios artículos que, de forma directa o indirecta, abordan el tema de la realidad como ficción, de la vida como simulacro, de la experiencia como ensoñación, de la irrealidad como verdad. Un asunto bastante jugoso del que, desde diversas perspectivas, ya han dado y dan buena cuenta la filosofía (Platón y su metáfora de la caverna, Zhuanzgi y su sueño de la mariposa, Descartes y su hipótesis del genio maligno, Dancy y Putnam y su argumento del cerebro en una cubeta...), la literatura (La vida es sueño de Calderón de la Barca, Niebla de Unamuno, Tlön, Uqbar, Orbis tertius de Borges...), el cine (Tron, El show de Truman, Matrix, Nivel 13, Abre los ojos...), la televisión (series como Black Mirror o documentales como Could our universe be a fake?) y los videojuegos (simuladores sociales como The Sims o Tomodachi Life, juegos tipo sandbox como GTA o Read Dead Redemption; aventuras interactivas como Heavy Rain, LA Noire, The Walking Dead, Mass Effect...) , pero no tanto la ciencia (o eso creía).

Quizás por ello, me ha llamado la atención descubrir que tipos como el astrónomo Lord Martin Rees diga que puede que seamos una mera simulación hecha por una inteligencia superior o como que el matemático y cosmólogo John Barrow considere la posibilidad de vivir en universo simulado o como que el filósofo Nick Bostrom plantee que somos el resultado de una simulación tecnológica o que el físico nuclear Silas Beane argumente la hipótesis de que
todo cuanto existe no es más que el producto de una simulación externa o que el astrónomo y directivo en la NASA Rich Terrile proponga que estamos viviendo en algo similar a un videojuego, que la neurocientífica Susana Martínez-Conde afirme que sería imposible probar que no somos una simulación de ordenador o que científicos de la Universidad Tecnológica de Viena anuncien haber demostrado el "principio holográfico" según el cual el universo sería un holograma. En resumen, que me ha sorprendido comprobar que lo que se ha dado en llamar "hipótesis de la simulación" no es algo precisamente minoritario ni cosa de una banda de "freaks" o "fumaos".

Dejando al margen cualquier refutación de esas hipótesis científicas (doctores tiene la ciencia), no deja de ser tan sugerente como inquietante la posibilidad de que todo cuanto somos, vivimos, hacemos, sentimos, pensamos o recordamos no sea más que producto de un juego o simulación que
escapa a nuestro control y entendimiento; que seamos títeres, avatares o creaciones de un programador o jugador icognoscible (¿Juega Dios a Los Sims con nosotros? ¿Hay Dios o es un simple programa informático?); que seamos personajes, artificios, puras ficciones; que no existimos de verdad, en definitiva. Así, de ser cierto lo que hoy son sólo planteamientos, ante la inexistencia de cualquier libre albedrío no tendríamos que preocuparnos ni por el futuro ni por la culpa ni por el remordimiento ni por la responsabilidad ni por el estrés. Y eso sería positivo. Igual que podríamos mandar a la papelera cualquier sistema legal, social, político, filosófico, ético, moral o religioso. Y eso sería interesante. Igual que no tendría sentido reflexionar sobre conceptos como "conciencia", "consciencia", "libertad", "mortalidad", "identidad", "personalidad" o "alma". Y eso sería curioso. Ni tendríamos que preocuparnos por saborear la vida y todo aquello que hace que valga la pena. Y eso no sería ni positivo ni interesante. La simple posibilidad de que algo o alguien esté haciendo el gilipollas con nosotros por mera especulación, experimentación, curiosidad o divertimento es algo sencillamente humillante, encabronante y siniestro. El planteamiento o la hipótesis de la simulación es de un nihilismo tan devastador que sólo se puede superar mediante la locura o la ignorancia.

Así las cosas, ante una situación así, en la que se nos plantea en fondo y forma algo que escapa al entendimiento de cualquier
persona, la única salida válida es la que tanto practicaban los sabios de la Antigüedad (y que, por cierto, tan olvidada tenemos hoy en día): aceptar con serenidad que hay cosas que no podemos ni podremos conocer (y, por extensión, prever, controlar o remediar) y centrarse en las que sí. Cualquier otra opción, es reservar un billete de ida para Arkham o la morgue.

De todos modos, por si acaso y para que conste: que nadie acabe mi partida ni cierre mi sesión aún, por favor. Ya habrá tiempo más adelante para el "Game over". Gracias. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

El ojo de la cerradura

Siempre he sido partidario de escribir sobre cuestiones polémicas cuando se ha asentado el polvo y serenado el griterío. Así que ya toca escribir sobre la publicación en internet de manera ilegal y masiva de fotos y vídeos protagonizados por gente famosa en su intimidad. Y, la verdad, por ir al grano, me parece gilipollesco que el escándalo esté más dirigido contra los cuerpos, las poses y todo el embrollo erótico-sexual que contra el hecho en sí de que alguien pueda robar la privacidad, allanar la intimidad y violar la tranquilidad de una persona con tanta facilidad e impunidad. Y digo esto porque tanto la adquisición como la difusión de ese material estrictamente íntimo y generado en un contexto de absoluta confianza y discreción me parece sencillamente un robo, un allanamiento y una violación, esto es, tres delitos. Así que más valdría preocuparse por esto, que es lo verdadera y únicamente grave, y no por lo que la gente hace o deja de hacer en su intimidad, porque, para gustos, los colores.

Es cierto que nada de esto se habría producido si no hubiera personas que se retrataran o filmaran en según qué momentos o, al menos, no guardaran dicha "documentación" en un ámbito tan quebradizo en términos de legalidad y seguridad como es el mundo online, la nube o como leches se quiera denominar, pero pasan dos cosas: la primera, que todos somos libres de hacer en nuestra vida y con nuestra intimidad lo que queramos, como queramos y con quien queramos. La segunda, que todo el mundo debe recordar y respetar la primera.

Dicho esto, a nadie se le escapa que un embrollo como éste es una consecuencia lógica de un tiempo y una sociedad en la que los dispositivos (teléfonos móviles, tabletas, webcams, etc) y los entornos (redes sociales, iCloud, etc) tecnológicos han puesto alfombra roja al voyeurismo y exhibicionismo del ser humano. La erótica del "dejarse ver" unida a la pasión por "ver sin ser visto" ha encontrado un perfecto caldo de cultivo en el mundo digital en el que la facilidad y el anonimato forman un tándem ciertamente inquietante. Pero, una vez más, cada uno es libre de hacer lo que quiera...siempre que sea responsable y asuma de antemano las consecuencias. Por eso, si del entorno tecnológico se trata, yo estaría más preocupado por las fallas de seguridad (phising, hijacking y demás) que permiten a hackers o a gente indeseable joder la vida y/o la imagen de una persona antes que por si alguien tiene a bien airear en redes sociales su vida personal/profesional en tiempo real, convertir su existencia diaria en un álbum de selfies, practicar sexting, guardar en iCloud los grandes hits de su vida sexual o darse un homenaje genital ante una pantalla.

De todos modos, lo más dramático y vergonzoso de toda esta polvareda es que no responde a una solidaridad con las víctimas de esta infame filtración ni a una alarma por la inseguridad tecnológica sino a que, en pleno siglo XXI, la desnudez y la sexualidad siguen siendo, por desgracia y para nuestra vergüenza, tabúes con un magnetismo innegable. Es decir, que de lo que va todo esto no es de lo que Jennifer Lawrence y compañía hagan en la intimidad sino de la interacción entre religión, educación social y medios de comunicación. ¿Por qué? Por lo siguiente: La religión convirtió en un tabú social todo lo relacionado con el cuerpo desnudo y la sexualidad (otro éxito a apuntar por las religiones en el apartado "cagadas varias"). Al ser un tabú, originó el morbo. Y como el morbo genera interés rápido y un impacto tan potente como efímero es un recurso muy utilizado por
los medios de comunicación empeñados un día sí y en otro también en tener a la ética como mujer y a la audiencia como amante. O, dicho de otra manera, la mayor parte de la repercusión de todo esto se debe a que hay gente a la que le escandaliza o incomoda ver cuerpos desnudos, gente a la que le escandaliza o incomoda todo lo relacionado con el sexo y gente a la que le da morbo tanto una cosa como la otra. Supongo que serán personas que salieron del útero ya vestidas y/o que tienen la misma vida sexual que un cactus. En definitiva: sigue imperando en la sociedad una mentalidad y una moral de "ojo de la cerradura". Y esto para mí, como decía al principio del artículo, lo más patético de todo: que haya gente que prefiera santiguarse o masturbarse con algo que es totalmente natural en lugar de escandalizarse con lo que es una destrucción de lo más preciado que tiene una persona: su intimidad.

Para terminar, dejo una cuestión: ¿dónde está la excitación en ver desnudo o practicando sexo a alguien que no te conoce ni te quiere y que probablemente nunca haga ni una cosa ni otra? El morbo ha matado al sentido común...y a la imaginación. 

miércoles, 16 de julio de 2014

Las amistades postizas

Ayer leí un artículo que hablaba de una flamante empresa cuyo principal servicio consiste en ofrecer amig@s de alquiler a quien no tenga tiempo, ganas o habilidades para buscarse amistades al estilo "tradicional". Lo más raro de todo es que esta "iniciativa empresarial" no me ha extrañado nada: 
Por un lado, esta mercantilización de la amistad resulta coherente con un mundo en el que ya hace tiempo que están mercantilizadas tanto las relaciones sexuales como las de pareja (esas personas que se emparejan o casan con otras con la vocación inconfesa de parasitar la cuenta corriente y el patrimonio del otro...). Por pagar, pagamos incluso a otras personas para que se ocupen en nuestro lugar de quienes en teoría clasificamos como "seres queridos". Así que, si se paga por todo eso, ¿por qué no por un sucedáneo de amigo? Hoy todo se puede comprar...excepto los sentimientos, las emociones y, claro está, la vergüenza.
Por otro lado, esta emergencia de amistades a la carta y
"prefabricadas" dice mucho de una sociedad en la que la hiperconexión tecnológica es el reflejo directo e inverso del aislamiento y la desconexión social que define al individuo actual. Es decir: nunca antes hemos estado tan conectados a otros y nunca antes hemos estado tan solos, porque hemos sustituido la interacción física por la digital (en lugar de compatibilizarlas), perdiendo por el camino la habilidad para empatizar personalmente con el otro y confundiendo lo real con lo virtual de una forma alarmante y contraproducente. Es la consecuencia de querer vivir a través de una pantalla...
Igualmente, ese negocio de "amistades por horas" es muy propio de la "sociedad click", una sociedad a la que las facilidades tecnológicas han vuelto tan increíblemente perezosa que todo lo que no se pueda resolver o conseguir mediante un click en el
ordenador, tableta o teléfono móvil es susceptible de ser descartado o ignorado. Una sociedad apalancada cada vez más en la decisión de vivir sin mover un músculo ni una neurona o, lo que es lo mismo, una sociedad que confunde vivir con respirar, cuando la vida, la vida real, es algo que necesariamente se escapa de lo biológico y lo fisiológico. Así que la cuestión sería ¿se merece tener amigos (a la carta o no) alguien que no está dispuesto a dedicar tiempo y atención en tenerlos?...
Resumiendo: el asunto este de amigos de alquiler, en el fondo, es una nueva muestra de que vivimos en una sociedad sedienta de espejismos y placebos que ayuden a sobrellevar u olvidar las miserias de cada uno. Pagar para ¿ocultar? carencias. Curioso...y lamentable.

No obstante, este tema, que de tan patético que es da para escribir y pensar mucho, me ha llevado a pensar en nuestra torpeza a la hora de definir o comprender la amistad. Quiero decir: no es raro que consideremos o denominemos amigos a gente que en el fondo (y aunque duela reconocerlo) no son más que camaradas circunstanciales, compañeros de viaje (laboral, generacional, académico, etc.) o colegas coyunturales y episódicos. No es raro, pero es un error descomunal. Igual que no es raro que consideremos o denominemos amigos a gente que básicamente se relaciona con nosotros movida por el mismo altruismo que un parásito. No es raro, pero es un error descomunal. Como tampoco es raro que consideremos o denominemos amigos o mantengamos la amistad con gente que en nuestra presencia son la quintaesencia del peloteo y la camaradería y en nuestra ausencia nos convierten cobardemente en carne de cuchicheo, burla o crítica. No es raro, pero es un error descomunal. Resumiendo: nos encanta confundir el concepto de amistad y somos muy propensos a crear y mantener amistades postizas, que si bien pueden no ser tan dañinas como las amistades peligrosas que relató Laclos, son igual de banales. ¿El motivo de este cacao? Pueden ser varios: ausencia de criterio, tolerancia a la hipocresía, miedo a la soledad, exceso de empatía, afán de coleccionismo, ceguera mental, pereza social, cobardía para romper lazos, masoquismo...pero la realidad es que todos conocemos/tenemos "amigos" así: aparecen en nuestros recuerdos, en fotografías posando junto a nosotros, en los bares brindando con nosotros e incluso en nuestros contactos en el teléfono móvil o en la red social de turno. El absurdo humano, la última frontera.

En conclusión: cada día que pasa el ser humano es más exquisitamente gilipollas. Pero como no es plan acabar el artículo con tanto cinismo y negatividad, aquí va una pista para identificar a un amigo real: las verdaderas amistades son como las estrellas: sólo aparecen de verdad cuando llega la oscuridad y lo hacen para brillar.

martes, 28 de agosto de 2012

"Black mirror": El oscuro reflejo de nuestra sociedad

Anoche vi la serie Black mirror, producción británica que en nuestro país llegó de la mano de TNT y de Cuatro. Concebida como un callejón del gato de nuevo cuño, Black Mirror es una miniserie acojonante y brillante con planteamientos perturbadores que nos convierte en rehenes de nuestros propios pensamientos. Es sociología con metralla. Una hostia multiángulo en nuestra conciencia. Una meada en el tótem digital. Un corte de mangas a la sociedad actual. Una patada al hombre en el culo de la tecnología. Es una serie hija de nuestro tiempo, una hija cabrona y contestona. Un espejo negro que no deja de devolver un reflejo hipnótico, realista y siniestro. Una crítica, reflexión y parodia de nosotros y del mundo que hemos creado.

Entre los grandes ejes conceptuales que vertebran Black Mirror destacaría los siguientes: El mundo como pantalla, cultura voyeur y el hombre conectado. Directamente de ello, son tres constantes que se pueden identificar en los tres episodios que componen su primera temporada: La despersonalización de la vida offline y la personalización de nuestra vida online; la memoria como fuente de infelicidad y lo visual como verdad. Todo ello y mucho más está presente en un guión afiladísimo e inteligente donde brillan frases tan contundentes e interesantes como "No todo lo que no es cierto es una mentira".

Como digo, Black Mirror está compuesta por tres episodios con historias independientes entre sí pero que remiten a un contexto distópico y retorcido muy similar. Esos capítulos son:

  • Himno nacional.Cuenta el chantaje vía Youtube y redes sociales que un criminal anónimo realiza al Primer Ministro británico: Matar a una joven aristócrata inglesa si el mandatario no mantiene relaciones sexuales explícitas y en directo con un cerdo. ¿Qué temas trata? La falta de límites y control; la redefinición constante de "lo legítimo"; el impacto hegemónico del mundo online en el offline; la digitalización de la conducta; el engaño como motor de sucesos reales; la destrucción de la esfera pública y la privada, la trivialización del poder tradicional; lo imprevisible como certeza de nuestro tiempo; el anonimato como nueva forma de absolutismo; los tres poderes están en manos del cuarto poder y éste, gracias a Internet, en las manos de cualquier persona; la transformación multimedia del horror, el morbo como agente dinamizador... 
  • Toda tu historia. Aborda cómo serían las relaciones sentimentales en un mundo en el que todo recuerdo pudiera ser revivido y revisado hasta el más mínimo detalle como si viéramos un DVD. ¿Qué asuntos toca? La digitalización de nuestra existencia; la virtualización de nuestra personalidad; la tecnificación de nuestro modo de relacionarnos; la compartición pública de elementos íntimos; el paso de la biografía al historial; la simbiosis entre el individuo y los dispositivos tecnológicos; la unión del entorno tangible con el intangible; la cuantificación de las emociones; la imposibilidad de borrar nuestro pasado; el gran peso de la información audiovisual en nuestra vida pública y privada; el recuerdo como último refugio; la configuración del presente a partir de la reinterpretación del pasado; Internet como reflejo de la mente y ésta como inspiración para aquélla; la construcción visual de nuestros sentimientos, el olvido como bálsamo. 
  • Quince millones de méritos. El tercer y último capítulo cuenta la tribulación de un joven que decide rebelarse contra un sistema que ha convertido la existencia en un híbrido entre un reality show y un juego de videoconsola. ¿Qué temas afronta? La digitalización de nuestra vida más cotidiana; la persona como avatar; la frivolización de nuestra existencia; la invasión del entretenimiento digital; el bombardeo de reclamos audiovisuales; la esclavitud del éxito; la perversión y vulgarización de la fama; el paso de la realidad al "reality"; la deshumanización de las relaciones; la cuantificación del valor de una persona; la pérdida de la naturalidad; la virtualización de las relaciones "personales"; la competencia como catalizador de la identidad; el colectivo como castrador de la personalidad; la minusvaloración del talento; el triunfo como ilusión; la inconsciencia como narcótico contra la realidad; la soledad del soñador; el ser humano como carnaza mediática; la autenticidad como excepción; la sumisión como opción de vida; la hipocresía como sistema. 
Por todo ello,después de ver Black Mirror uno no puede dejar de tener la sensación de que acaban de darte una hostia de las que te hacen pensar. Las únicas hostias que merecen la pena, igual que series tan valientes, transgresoras y originales como Black Mirror.

viernes, 15 de junio de 2012

¿A qué suena el talento?

“Dos chicos que se rebelaron contra su presente y construyeron su futuro”. Así presentó la periodista Sonsoles Ónega el pasado martes a dos de los nombres propios de la(r)evolución de la música en España: Pablo Alborán y Roberto Carreras. Los tres fueron los protagonistas del primer coloquio del ciclo Friends of Talent, organizado por el Espacio Fundación Telefónica. Un evento que contó con el apoyo de 965 espectadores y que generó un intensísimo debate en Twitter, llegando a ser trending topic en Madrid y España. Un coloquio lleno de ideas interesantes, frescas y honestas; de argumentos para utilizar el optimismo como herramienta de trabajo; de razones para creer que triunfar profesionalmente es posible sin renunciar a los sueños personales. 

¿Qué es el éxito para dos triunfadores como ellos? Para Pablo, poder trabajar durante toda la vida en lo que te gusta y dignamente. Para Roberto, la felicidad entendida como hacer cada día algo que te motive y te haga escapar de la rutina. Pero…¿qué hace falta para tener éxito? En opinión de los ponentes, hay varios elementos clave a la hora de tener éxito:
  1. Talento.
  2. Ganas constantes de aprender y mejorar.
  3. No tener miedo a arriesgarse.
  4. Paciencia.
  5. Rodearse de personas que compartan contigo la ilusión y las ganas de trabajar.
Igualmente, del mismo modo que reflexionaron sobre el “éxito”, Pablo y Roberto coincidieron en señalar que el “fracaso”, el “no” forman parte del aprendizaje y la evolución profesional y que cada experiencia fallida es una oportunidad de hacer las cosas mejor que antes.

La crisis, omnipresente en la actualidad, también se coló en el coloquio. Para Pablo, en una situación como la que vivimos, es fundamental no perder la pasión, destacando que lo grave no es tanto estar en crisis como no tener algo por lo que luchar. Roberto coincidió con su compañero, apuntando que lo que nos tiene que impulsar ahora más que nunca son las ganas de querer hacer cosas. Ambos señalaron que para aprovechar las oportunidades que paradójicamente se abren en un contexto como el actual es muy importante tener una actitud creativa y saber aprovechar las herramientas que tenemos a nuestro alcance, como, por ejemplo, Internet y las redes sociales, entendidas éstas no ya como un magma impersonal sino como un punto de encuentro entre personas. En ese sentido, Roberto Carreras no dudó en afirmar que “Internet no está lleno de piratas; está lleno de talento”. Por su parte, Pablo Alborán apuntó que las redes sociales son un lugar donde puedes crecer, compartir, aprender la perspectiva del otro y donde descubrir nuevas ideas, lo cual convierte a las redes sociales en una herramienta de trabajo, si bien señaló que “no se puede vivir sólo de un vídeo en Youtube”.

En cuanto a los consejos que les ayudaron a crecer profesionalmente, Pablo afirmó que nunca hay que ser conformista, hay que buscar mejorar sin por ello dejar de disfrutar del presente. En la misma línea, Roberto indicó que uno de los consejos que más le han marcado fue “Es mejor se cabeza de ratón que cola de león”, entendido como no obsesionarse con tener éxito cuanto antes sino en ir paso a paso y disfrutando de lo que estás haciendo en cada momento.

Así que, respondiendo a la pregunta que titula este post, después del coloquio de Pablo Alborán y Roberto Carreras se puede decir que el talento suena a esfuerzo, a creatividad, a ilusión, a sensibilidad, a humildad y, especialmente, honestidad.

En definitiva, el primer coloquio del Friends of talent fue un evento muy ameno e interesante (mérito de Sonsoles, Pablo y Roberto) en el que el debate fue muy intenso a un lado y otro de la pantalla y que dejó a todo el mundo con muy buen sabor de boca…Por suerte, el ciclo no ha hecho más que comenzar. La próxima cita con el talento y el esfuerzo, el martes 3 de julio.

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sábado, 9 de junio de 2012

La (r)evolución de la música

A veces, un pequeño gesto, una idea íntima se convierte en la solución a un gran desastre. Un desastre como el que afecta a la industria musical española. Una industria que, por lo general, ha dedicado más esfuerzo a buscar culpables fuera (piratería, descargas ilegales...) que dentro (los dioses del Olimpo no son dados a la autocrítica). Una actitud errónea, en mi opinión, porque la industria musical debería haberse dado cuenta de que su crisis se debe a causas propias como el desgaste que supone escuchar lo mismo y a los mismos una y otra vez, el precio de los cedés (ese objeto que ya casi es pieza de museo), la falta de oportunidades para los nuevos artistas, la actitud despótica respecto a sus principales consumidores (todo para los jóvenes, pero sin los jóvenes), la excesiva promoción de artistas de calidad más que discutible, la ausencia de ideas e iniciativas que rompan la inercia musical y promocional, el empecinamiento de sus responsables en defender un modelo de negocio desfasado respecto a la sociedad conectada en la que vivimos, la actitud victimista de algunas estrellas...

Lo curioso es que, precisamente, dos ejemplos de solución a los problemas de la música en España han surgido de Internet, demostrando que, lejos de ser un bastión de piratas violadores de los derechos de autor, es un punto de encuentro lleno de posibilidades.

El libre y espontáneo intercambio de opiniones desinteresadas de personas distintas geógrafica y culturalmente, la democratización global de las oportunidades, el enrequecimiento multidireccional al que se ve expuesto cualquier contenido online, la fiabilidad del implacable proceso de "selección natural" a la que está sometida cualquier cosa que se cuelgue en la red, la difusión masiva e instantánea, la posibilidad de trabajar o colaborar con toda clase de gente en cualquier momento y lugar y en tiempo real...Internet, más que una fosa séptica de maleantes del copyright, es un géiser de posibilidades y utilidades fantásticas que no hay que minusvalorar. Y esto es algo que entendieron muy bien dos personas: Pablo y Roberto.

Pablo: En los tiempos que corren, ya no es necesario mendigar la atención de las productoras peregrinando de una a otra con una maqueta para tener una oportunidad. En los tiempos que corren, Internet se ha convertido en una ventana al talento íntimo y personal de cualquier artista y en un escaparate fantástico desde el que darte a conocer masivamente y a coste cero (o casi). En los tiempos que corren, nada ni nadie condiciona que te guste algo o no: lo buscas en Internet, lo lees/ves/escuchas y entonces tú decides. En los tiempos que corren, Internet es el mejor lugar para tasar el talento en estado puro, en bruto, sin arreglos ni trucos. En los tiempos que corren, no hace falta irte a ningún estudio ni plató para dar rienda suelta a tu potencial, a tu talento, a tu sensibilidad; gracias a Internet, lo puedes hacer en tu casa.Y eso lo entendió muy bien el chico de este vídeo:
El resto, ya es historia. La historia de un triunfo apabullante conquistado a base de humildad, esfuerzo y talento. La historia de Pablo Alborán.

Roberto:A veces, el camino consiste precisamente en ir en sentido contrario o en salirte del camino que te marcan o en pensar un camino distinto. A veces, escribir el currículum profesional consiste en reescribirlo. A veces, la salida laboral está dentro de ti. A veces, probar algo nuevo es la mejor manera de mejorar algo que ya existe. A veces, el éxito individual se concibe como el éxito de un colectivo, como la suma de esfuerzos, ideas y voluntades. A veces, el triunfo profesional no consiste en querer ser el único, sino en formar parte de los mejores. A veces, el fracaso es el tiempo que tardas en darte cuenta de las cosas, de las oportunidades. Y esto creo que es algo que sabe muy bien mi compañero de universidad y amigo Roberto Carreras. Él es el mejor ejemplo que ilustra cómo siempre se puede tener un "plan B" cuando hay personalidad, "coco" y ganas de trabajar. Roberto supo renunciar al incierto camino del periodismo, tuvo hace años un excelente olfato con el potencial de Internet y las posibilidades que ofrecían las entonces incipientes redes sociales, y fue lo suficientemente valiente como para crearse su propio camino profesional. Si a ello le añadimos que entendió fenomenalmente que la creatividad puede ser una suma colectiva de talentos individuales pues...tenía unas buenas bases para que le fuera bien. Y así ha sido. También ayuda que en su viaje profesional cuente como acompañantes con personas que se han dado cuenta de todo eso. Una de ellas, el gran Carlos Jean. ¿El resultado? El exitoso "Plan B" (que salga algo malo de ahí es casi imposible) y el potente "Coca cola Music Experience" (si una empresa como Coca Cola se fija en ti, muy malo no debes ser...). En resumen, que está claro que no hay nada mejor que dejar que talento guíe tu camino...

Los casos de Pablo Alborán y Roberto Carreras son dos buenos ejemplos para ilustrar lo que decía al comienzo del artículo:un pequeño gesto, una idea íntima se convierte en la solución a un gran desastre. Y es que, con todo merecimiento, ambos son dos nombres propios de la (r)evolución que está cambiando la música en España. Dos ejemplos de que el talento y la juventud no están reñidos con el éxito. Dos personas con algo que contar y que decir y a las que escucharé en un coloquio que promete mucho: el del ciclo Friends of Talent del próximo martes.