Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de abril de 2018

Agradecimiento a "La Manada"

Lo reconozco. He dejado pasar unos días deliberadamente tras la sentencia. De no haberlo hecho, muy seguramente este artículo sería un ejemplo de coprolalia y también constitutivo de delito, por las cosas que me apetecía decir. Por eso, he preferido escribirlo cuando han descendido tanto la polvareda de la polémica como las pulsaciones del enfado. Aclarado esto, sigo o, mejor dicho, comienzo esto que no es más que una carta abierta a cinco presuntos seres humanos.

Os llamáis José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Jesús Escudero, Antonio Manuel Guerrero. Preferís haceros llamar "La Manada", un sobrenombre fácil para un grupo de Whatsapp y acorde a vuestra acreditada condición de bestias. Se me ocurre otro aún más preciso para definiros pero entiendo que "Hijos de la grandísima pu*a" resulta demasiado largo para temas de guasapeo e implica menospreciar a unas mujeres, vuestras madres, cuyo único pecado en todo esto es haberos dejado nacer en lugar de acabar en un cubo de abortos. Tranquilos, chicos. Si leéis el título del artículo sabréis que os voy a dar las gracias. Atentos.

Os doy las gracias, manada, porque habéis demostrado que los únicos animales que merecen estar al otro lado de unas rejas, privados de libertad, sois vosotros y toda la demás escoria antropomórfica como vosotros.

Os doy las gracias, manada, porque habéis conseguido que la soledad pase de las víctimas a los victimarios y a los indeseables que les dan amparo, ya sean familiares, jueces con votos particulares o abogados sin vergüenza.

Os doy las gracias, manada, porque habéis logrado poner de acuerdo a la inmensa mayoría de una sociedad propensa a una discrepancia cainita en un tema de la máxima importancia.

Os doy las gracias, manada, porque habéis permitido que quede patente al país que todo lo que no sea "Sí" es "No" y que la libertad de una persona acaba donde empieza la de otra.

Os doy las gracias, manada, porque habéis recordado a los legos en Derecho que en España existe afortunadamente la posibilidad de interponer recursos contra aquellas sentencias injustas o chapuceras, como es el caso de la resolución que os ha condenado. Porque, entre nosotros, no os podéis quejar. Vuestra sentencia, manada, es un monumento a la incongruencia al no estar alineadas la consideración de hechos probados y la calificación penal de los mismos. Dicho de otro modo: la sentencia considera probada la existencia de agresión sexual pero os condena por abuso sexual. Es tan coherente como explicar pormenorizadamente que una falta merece tarjeta rota y saldar el lance con una simple tarjeta amarilla.

Os doy las gracias, manada, porque habéis evidenciado que la Justicia si quiere serlo de verdad no puede depender de debates semánticos (¿por qué lo llaman "prevalimiento" cuando quieren decir "intimidación"?) ni de apreciaciones subjetivas supeditadas a la lucidez mental o integridad moral del juez de turno.

Os doy las gracias, manada, porque habéis sacado de sus casas y el silencio a quienes pensamos que otra Justicia puede y debe ser posible; a quienes creemos que cuando la aplicación de una ley genera tal indignación y resulta tan humillante no sólo a la víctima sino al sentido común hay que cambiar tanto la norma como a quien la aplica.

Os doy las gracias, manada, porque habéis subrayado la necesidad de abandonar ese hipócrita complejo de "no legislar en caliente" si con ello se evitan más cuerpos fríos o que se te quede el cuerpo frío con la enésima salvajada de turno.

Os doy las gracias, manada, porque habéis recordado a los soberbios y ensimismados entogados dedicados a la magistratura que son tan falibles como cualquier ser humano, que en ocasiones como ésta los fallos contenidos en sus resoluciones son literalmente eso: fallos.

Os doy las gracias, manada, porque habéis expuesto claramente que España cuenta con una concepción y legislación penal excesivamente garantista (y benévola) con los delincuentes y que, por eso, puede y debe ser modificada para evitar toda clase de injusticias.

Os doy las gracias, manada, porque habéis dejado patente que es necesaria aún mucha pedagogía para que las víctimas dejen de ir entre interrogantes y para aniquilar de la sociedad cualquier concepción retrógrada que dé pábulo a razonamientos como el de la película Airbag: "La culpa es de los padres que las visten como putas". Que el problema no está en cómo una mujer vista o actúe sino en lo que un hombre se cree con derecho a hacer. Y lo vuestro, campeones, ni es un derecho ni es de hombres. 

Os doy las gracias, manada, porque habéis dejado manifiesto que el silencio, el miedo o la vergüenza son los mejores cómplices que pueden tener aquellos que, como vosotros, representan lo peor del ser humano.

Os doy las gracias, manada, porque habéis hecho lo suficiente como para que haya llegado a su fin el tiempo en que basura como vosotros gozaba de una protección legal y social que tenía bastante de impunidad y mucho de insulto.

Os doy las gracias, manada, por recordarme que no toda la gente merece vivir, al menos en libertad.

Ya veis, chicos, soy muy agradecido. Mi próximo agradecimiento será (espero) cuando en segunda instancia algún magistrado tenga a bien tirar de la cadena y que así os vayáis por donde se va la mierda que habéis demostrado ser.

domingo, 4 de marzo de 2018

La barra libre

Si los sueños de la razón producen monstruos, los de la libertad fabrican libertinos en serie. Ayer, tres de ellos se reunieron en Sabadell en un acto-pataleta cuyo objetivo, según ellos, era defender la libertad de expresión. Para hacer cosas así, no sólo se requiere una configuración genética determinada sino, por encima de todo, una vocación cultivada de forma constante y esmerada: la de ser un completo cretino. Confundir "libertad" con "libertinaje" es igual que entender como sinónimos "legal" e "ilegal", "bueno" y "malo", "inocente" y "culpable", "beneficio" y "perjucio", "sano" e "insano", "sabio" y "tonto" y demás grandes antítesis de ayer y de hoy. Y para confundir todo esto no todo el mundo vale: tienes que ser un cretino. Y Hasel, Valtonyc y Elgio son, por encima de todo, unos cretinos.

No voy a dedicar mi artículo a repasar la calidad artística de estos tres tipos (la coprofagia no es lo mío) ni a analizar sus curiosas pintas ("nulla aesthetica sine ethica") ni su nivelón moral (puesto que estos chicos compiten dentro de la categoría de "escoria"). Voy a dedicarlo a analizar brevemente su curiosa concepción de la libertad en general y la de expresión en particular como una especie de barra libre absolutamente despendolada. Estos tres pelanas que atentan simultáneamente contra la vista, el oído y el cerebro creen que la libertad consiste en el derecho a hacer lo que te salga del bolardo sin ninguna clase de límite ni contraprestación. Igual sería aconsejable que este trío de jichos y su séquito de paladines y demagogos, esos a los que se les llena la boca de libertad y se rasgan públicamente las vestiduras cuando un juez comete la locura de aplicar la ley, se dejaran caer por la Constitución Española de 1978, especialmente en su Título I, Capítulo II, Sección 2ª. Por dos motivos: Uno, para que supieran ubicar la tan manida libertad de expresión (artículo 20); otro, para que descubrieran que el disfrute de esa barra libre de derechos y libertades tiene tres requisitos: cumplir con los deberes (el respeto a la ley es uno de ellos y está consagrado en el artículo 10), asumir la responsabilidad de los actos (que viene a ser una manifestación del deber de respeto al ordenamiento vigente) y respetar los derechos de los demás (que ya no sólo es que esté enunciado de forma genérica como tal en el mencionado artículo 10, sino que en lo que atañe a la libertad de expresión está explícitamente estipulado en el punto 4 del artículo 20: "Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia"). Ignorar esto es esquiar fuera de pista y mear fuera de tiesto, habilidades ambas propias de cretinos patanegra. Por si hay alguno leyendo este artículo: "libertad" implica respetar la Ley; "libertinaje", en cambio, supone pasársela por la quilla. Por eso, cuando se comete un delito (que no es otra cosa que incumplir algo a lo que la Ley te obliga), como han hecho los integrantes de este triunvirato de presuntos homínidos, no se puede hablar de libertad y derecho sino de libertinaje y responsabilidad. Por eso, es particularmente descojonante que hablen de un Estado "antidemocrático" cuando precisamente no puede haber democracia sin un corpus legal que determine derechos y deberes y un poder judicial que haga respetar tanto unos como otros. Otra cosa es que estos fulanos de Hasel y cía prefieran una legalidad a la carta, pero para eso tendrían que migrar hacia alguna dictadura. Dicho de otro modo: lo que les ha pasado a estos tres perpetradores de supuestas canciones es una buena muestra de que a veces en España la Democracia, la Ley y la Justicia funcionan (todo un hito). Lo lamentable es que no siempre sea así y se hagan excepciones-agravios en función de cuestiones políticas, económicas, etc. Por eso, estoy plenamente convencido de que lo que verdaderamente les fastidia a estos chicos no es que les pisen presuntamente la libertad sino no gozar de la vergonzosa impunidad de la que gozan otros: estos tíos no quieren ser Éminem sino la Infanta Cristina

Incidiendo en lo que acabo de decir, si Hasel, Valtonyc o Elgio sienten las actuales leyes como unas hemorroides, que voten a alguien para que las cambien en Cortes Generales o que lideren una iniciativa popular para sacar adelante una proposición de ley para reformarlas. Eso es la vía cívica y legal para (intentar) cambiar las cosas que no te gustan. Claro que estos mamarrachos de cívico y legal tienen lo mismo que de escolanía del Vaticano.

Pero ya no es sólo que legalmente sus protestas, quejas y lloriqueos carezcan de cualquier sostén (la constitucional libertad de expresión no te hace inmune ni impune ante el Código Penal ya que precisamente te obliga a respetarlo -como a cualquier otra ley- a cambio de poder disfrutar del ejercicio de la misma) sino que tampoco lo encuentran en la lógica. Por ejemplo: si un tipo coge su 4x4 para jugar a los bolos con unos manifestantes ¿se le ocurriría decir que está ejerciendo su derecho a la libertad de movimiento? Pues esto, lo mismo. Otro ejemplo: si un esteta o un melómano reventara a leches a Hasel, Valtonyc o Elgio hasta dejarlo cubista ¿cuántos milisegundos tardarían en reclamar responsabilidades los afectados? Pues esto, lo mismo. Lo que no puede ser es que sólo te acuerdes de la Ley cuando te conviene. Salvo que seas un jeta...o un cretino.

Como además de cretinos son unos cobardes, quieren revestir su pataleta de un halo de lucha romántica en pos de la libertad artística y tal. Dejando a un lado que su valía y legado artísticos están a la altura de "zurullo en retrete" (y por tanto exponible en ARCO), es una pose que resulta bastante despreciable, porque, por ejemplo, Charles Manson podría haber recurrido a ese mismo sofisma para quejarse de su devenir judicial y penal. Al igual que él, estos tipos no están condenados por cantar sino por cometer un delito...aunque su penoso talento artístico también debería ser considerado delictivo. Si lo vuestro es "arte", figuras, yo soy Tina Turner.

De todos modos, para mí, lo más lamentable de todo esto es que se de tantísima resonancia mediática a unos tipos que han demostrado que lo suyo no es ni la música, ni el ingenio, ni la estética, ni el sentido común, ni la responsabilidad, ni la ley, ni la libertad. Lo suyo es querer que todo sea una barra libre, un sindiós, un cisco, un co*o de la Bernarda, un desmadre siniestro que tenga en cualquiera de ellos su particular Homero. Ojalá la cárcel los cambie. A mejor. No es difícil.

sábado, 18 de noviembre de 2017

La mujer violada del César

Dice la Historia que Julio César finiquitó su matrimonio con Pompeya después de que ésta albergara en su residencia los "festejos de la Buena Diosa", un sarao-orgía-fiestón exclusivo para mujeres y que se convirtió en el Vesubio conyugal después de que un joven senador se colara disfrazado allí con la intención de conocer en la intimidad a la esposa del mandamás romano. Fue entonces cuando César, especialista en frases lapidarias, dijo (o dicen que dijo, que en esto nunca se sabe) la famosa sentencia "La mujer del César no sólo debe ser honesta sino también parecerlo". Por tanto, el cuidado de las apariencias viene de antiguo. Lo que no viene tan de antiguo sino que es de anteayer es el actual desequilibrio entre el significante y el significado, entre el continente y el contenido, entre la forma y el fondo, entre lo que pareces y lo que eres: en la sociedad del postureo no importa (tanto) lo que eres como lo que los demás creen que eres. Esto explica por ejemplo fenómenos como los selfies, la obsesión por exhibir(se) urbi et orbe en redes sociales, la conversión de la existencia en una storyline de Instagram...y la estrategia de la defensa de esos cinco muchachos sevillanos, autoapodados "La Manada", que allá por 2016 jodieron la vida y los Sanfermines en un portal de Pamplona a una madrileña de 18 años (presunta) violación mediante. Una estrategia defensiva que, aunque es escrupulosamente legítima desde el punto de vista legal y procesal, resulta vomitiva y demencial. Una repugnante estrategia que radica en la tesis de que si has sido víctima de violación no sólo deber serlo sino también parecerlo. Es decir, hacer una ostentación pública, incuestionable y notoria del dolor, la rabia, la pena, la vergüenza, el miedo y demás secuelas que deja una atrocidad así. Dicho de otra manera: para los defensores de estos canallas no eres víctima si no voluntariamente no te autoestigmatizas como tal dentro y fuera de Internet. Al carajo el estoicismo, la discreción, la prudencia, la templanza, la introspección y la voluntad de reconectarse a la normalidad como terapia. Si no te embadurnas en el propio lodo de la tragedia, si no chapoteas en el victimismo, si no paseas tu trauma como un neón, si no te conviertes en alguien a medio camino entre una mujer lorquiana y un histrión griego, nadie te va a expedir el certificado acreditativo de tu condición de víctima. La mujer violada no sólo debe serlo sino además parecerlo. Eso es lo que subyace en la tesis que manejan los letrados de esos (presuntos) violadores y (contrastados) hijos de la gran puta que hacen alarde de su condición más animal que humana. Sobre este aspecto, recomiendo leer el sensacional artículo de Manuel Jabois No sonría a cámara. Una tesis que, como si de una tóxica matrioska se tratara, esconde otra aún peor: la de que la chica se lo ha buscado, que lo que pasó en aquel portal no se entiende excluyéndola a ella de la ecuación, que tiene su parte de culpa en que cinco bastardos hicieran aquella noche una asquerosa performance en honor a la degradación humana. Todo esto es lo que hay detrás de la estrategia que manejan los letrados defensores de ese grupo de miserables, a los que, ignorando su indudablemente vil y nauseabundo historial previo, pretenden presentar como unos chavales a los que a lo mejor se les fue la diversión de las manos pero nada más. Aquí también influye el hecho de que los abogados defensores parten indudablemente de la premisa de que el personal es tonto del culo y que somos lo suficientemente gilipollas como para ver como una chiquillada no sólo el hecho en sí sino que el propio suceso fuera grabadado en varios vídeos y comentado eufóricamente en Whatsapp por estos salvajes como si fuera la moviola de un partido de fútbol. Supongo que esos abogados están plenamente capacitados para recitar como loros el ordenamiento vigente pero lo que es indudable es que carecen no ya de vergüenza sino de la más mínima empatía. ¿Si la víctima fuera madre, esposa, hermana o hija de alguno de estos entogados mantendrían esa insostenible y pestilente estrategia? Lo dudo bastante.

Pero en este artículo tampoco quiero dejar que se vaya de rositas el tribunal de la Audiencia de Navarra que está juzgando el caso. Ese tribunal, presidido por el magistrado José Francisco Cobo Sáenz, está quedando como Cagancho en Almagro y Rufete en Lorca a cuenta de su curioso criterio a la hora de estimar pruebas. Por un lado, desestima como elemento probatorio de la acusación los mensajes previos al suceso enjuiciado y que demuestran que "La Manada" no eran un grupo de boyscouts de parroquia que iban a Sanfermines con intenciones inocuas. Por otro lado, admite como prueba de la defensa una foto de una camiseta colgada por la víctima en redes sociales con el texto "Hagas lo que hagas, quítate las bragas", lema de una estrella de la cutre-franquicia de realities "Shore", y que supongo que para los abogados de los cinco mierdas sevillanos acredita como fresca, guarra o calientabraguetas a la chica madrileña a la que "La Manada" pasó por encima en Sanfermines como si fueran toros del encierro y que aquello lo sufrió poco menos que por puta, como brillantemente ha denunciado Luz Sánchez-Mellado en su artículo Por puta. Todo muy coherente. El quid de la cuestión no es ya el agravio comparativo (e interpretativo) de las pruebas en que ha incurrido el tribunal sino que además perpetúa ese bochornoso historial de vergüenzas en sede judicial que ponen la diana en la víctima más que en el agresor, una galería de horrores judiciales para la que el machisimo me parece una fácil e insuficiente justificación. Creo que esa mentalidad, esas entendederas trascienden el machismo y sólo se entienden completamente si asumimos que el juez o magistrado de turno es un tarado mental. Porque sólo un tarado sería tan necio como para atacar o cuestionar a la víctima (en lugar de protegerla) y, al mismo tiempo, amparar o justificar al agresor. Hay jueces que ofenden no sólo a la Justicia sino al sentido común y a la sociedad entera con comportamientos que parecen brotados al calor de la legendaria frase de Santiago Segura en Airbag: "La culpa es de los padres que las visten como putas". Pero, volviendo al caso del artículo y del juicio, la chica podrá ser lo que quiera y actuar como quiera pero los únicos responsables de una violación son los violadores: ni la mentalidad ni la estética ni el atuendo ni la personalidad ni los gustos televisivos de la chica justifican ni contextualizan ni matizan ni atenúan absolutamente nada de lo que pasó en esta (presunta) violación. Dicho de otro modo: aun en el hipotético supuesto de que la chica le encantara encender hornos ajenos, eso no eximiría ni una micra de culpa a "La Manada". Y menos aún si tenemos presentes sus mensajes previos y posteriores al suceso. Además, no sé hasta qué punto encuentra sostén legal el hecho de que alguien, sin resolución judicial autorizante, se inmiscuya en la intimidad de una persona y presente como pruebas cosas que poco o nada tienen que ver con el suceso a juzgar y sí con la esfera personal e íntima que está protegida constitucional y legalmente en España. Y encima se acepten dichas pruebas. En España, la invasión de la intimidad sólo pueden hacerlo la Policía o la Guardia Civil cuando exista motivo justificado y se tenga una autorización o convalidación judicial, requisitos que en este caso brillan por ausencia. Por eso, lo lógico sería que hoy estuvieran de mierda hasta las orejas el abogado, la detective y los familiares que pagaron a ésta por investigar a la víctima de la (presunta) violación. Pero España es así...propensa a causar vergüenza ajena.

De todos modos, como lo importante no es cómo empiezan las cosas sino cómo terminan, espero y deseo que los hoy acusados José Ángel Prenda, Ángel Boza, Jesús Escudero, Alfonso Jesús Cabezuelo y Antonio Manuel Guerrero pasen a ser en un futuro no muy lejano residentes de alguna prisión, que es donde gentuza como esta piara humana merece estar. A la basura hay que sacarla de la casa. Y la sociedad es la casa de todos. Así que, por favor, que alguien tenga la decencia y el civismo de colocar a "La Manada" en su pertinente vertedero. Gracias.

sábado, 18 de febrero de 2017

...And justice for all

En 1988, Metallica lanzó su álbum ...And justice for all, título que, en un hábil juego fonético, puede entenderse como "y justicia para todos" o "injusticia para todos", siendo esto último el tema de dicho álbum y de su magnífica imagen de portada. En 2017, en España dudo que quede alguien mentalmente sano que siga creyendo que realmente vivimos en un Estado de Derecho o que el artículo catorce de la Constitución no es ciencia-ficción o que existe una Justicia independiente. Basta con tirar de hemeroteca para darse cuenta que aquí, en España, de democracia poco y de Estado de Derecho menos: ni los españoles somos iguales ante la ley ni ésta se cumple ni los jueces y fiscales son otra cosa que asalariados al servicio no de la Ley sino de quien hace o deshace a su antojo las leyes.

Para percatarse de esto, no hace falta retrotraerse mucho. Esta misma semana, el Ministro de Justicia ha evidenciado una vez más (y van...) que sus conocimientos sobre la Administración de Justicia y el Derecho sólo son igualados por su saber en el campo de la física cuántica, causando un bochorno que no se limita a su inaptitud para el cargo sino que también supone el reconocimiento de que hay más belleza en la cara de Kiko Rivera que independencia en la Administración de Justicia y el Ministerio Fiscal. La enésima metedura de pata de Rafael Catalá, que bendita la hora que dejó Codere, ha sido cuestionar y criticar públicamente la decisión de las fiscales del "caso Púnica" (la historia del PP contemporáneo se escribe de caso en caso) de no suscribir a título particular la postura "oficial" de la Fiscalía General, discrepancia que cualquiera que haya estudiado Derecho sabe que encaja perfectamente con su cometido legal y por tanto es perfectamente lícita pero que, y aquí viene el quid de la cuestión, va en contra de los intereses del Partido Popular dado que las fiscales discrepantes son partidarias de "empapelar" al pepero Presidente de Murcia (que la Ley y el PP estén en bandos distintos es algo que ya no es noticia) y de ahí el injustificable rapapolvos público de Catalá (que el PP defienda desde el Gobierno o el partido la labor de jueces y fiscales sólo cuando le son favorables tampoco es noticia). Que algo huele a podrido en la reacción de Catalá es aún más evidente cuando se ha desvelado su conversación con el posible afectado (el presidente murciano) sobre el asunto, algo que, además de ser muy poco decoroso, está directamente prohibido.

Pero lo más grave de esta semana no ha sido la nueva desfachatez del Ministro sino la rácana, acongojada y descafeinada sentencia con la que tres iluminadas por la singular luz de la cobardía han ventilado el polémico "Caso Nóos", en el que estaba en juego comprobar hasta qué punto hay realmente en España igualdad ante la Ley e independencia judicial. La clave radicaba en si las tres magistradas consideraban que la infanta Cristina era culpable o simplemente una cónyuge con la misma capacidad de sinapsis que un
geranio. Han optado por esto último, sublimando así ese infame eufemismo del "partícipe a título lucrativo" (hola, Ana Mato), imponiendo una irrisoria multa (tanto que le sale a devolver a la tipa), demostrando que la Familia Real y aledaños supone una de las muchas enmiendas que conculcan el artículo catorce, tirando por tierra la sensatez y el coraje del juez Castro, poniendo un clavo más en el ataúd de la credibilidad de España como Estado de Derecho e insultando la inteligencia de millones de españoles. En ese contexto, las declaraciones de Miguel Roca, abogado de la susodicha, sólo pueden ser tomadas como una bufonada de mal gusto. Dicho de otro modo: la resolución del polémico Caso Nóos es la crónica de una vergüenza que no por temida deja de ser menos repugnante y humillante.

Así las cosas, siendo evidente que España no es actualmente un Estado de Derecho (más bien no hay Derecho que aguante este Estado), quedando patente que todos los españoles somos desiguales ante la Ley, ¿qué sentido tiene que alguien invoque la Constitución o el resto del ordenamiento cuando sus garantes y protectores son los primeros en infringirlo o mancillarlo impunemente?, ¿qué legitimidad tienen autoridades e instituciones
que han hecho del agravio a la Ley y a la sociedad civil un modo de vida? España está hoy más cerca del 1984 de Orwell que del 1812 de Cádiz...y no pasa nada, porque la gente se ha acostumbrado tanto a este hedor que ha olvidado que este país en algún momento de su Historia mereció la pena. Por eso, sería más apropiado que comentaran esta actualidad tan esperpéntica y funesta un Valle-Inclán o un Larra antes que palmeros lisérgicos como Marhuenda y compañía.

Volviendo al asunto y para ir concluyendo, la Justicia es un buen termómetro de la calidad democrática de un país. En ese sentido, salvo honrosas y escasas excepciones (Castro, Ruz, Alaya y pocos más), nuestros jueces y fiscales no son mejores que los árbitros y linieres de la Liga de Fútbol: en caso de duda, deciden a favor del poderoso y en perjuicio del débil. Por eso, un país como España en el que se ha instalado de facto el principio de "in dubio pro iniustitia" no es mucho mejor que naciones parademocráticas como Venezuela, Arabia Saudí o Corea del Norte. Por eso, no hay mejor imagen para ilustrar la actual realidad española que la misma que hace casi veinte años lucía en la portada de un disco de heavy metal. Y es que lo que pasa en este disparatado país es muy heavy. Mucho.

sábado, 3 de enero de 2015

El arte de sacar la basura

Hay dos tipos de basura. Una basura que se saca a la calle y basura que se saca de la calle. La del primer tipo la conforman los restos orgánicos, envases, plásticos y demás desperdicios generados por la actividad humana. La del segundo tipo la integran quienes asesinan, matan, maltratan, abusan, violan, roban, estafan, defraudan, engañan, comercian con drogas o armas y demás desperdicios generados por la condición humana. Pero dar el destino adecuado a una y otra basura responde a un mismo fin: preservar la salud de todos. Por eso, tan perjudicial es no sacar la primera basura como no retirar la segunda. O más perjudicial aún: que exista alguien incapaz de distinguir la diferencia, el matiz y la preposición y saque a la calle la basura que otros sacan de ella.

De ahí que uno de los problemas fundamentales de la sociedad actual, al menos en este sindiós que es España, sea la acumulación de la basura en las calles. Y no precisamente porque no funcionen los servicios de recogida. Un problema que, como lamentablemente sucedió ayer, acaba resultando fatal para gente de bien. Un problema que, de haberse solucionado ya, habría evitado que una basura sacada y devuelta a la calle matara a un policía en acto de servicio en Madrid, un miembro de esas fuerzas y cuerpos de seguridad que ven cómo por desgracia su esfuerzo y celo no tienen siempre (o siquiera habitualmente) un refrendo legal o judicial, porque absolutamente de nada sirve esforzarse en sacar la basura de la calle, es decir, en proteger a los ciudadanos y perseguir el delito, si a la hora de la verdad bien un artículo redactado por un "político" o bien una interpretación de un juez del orden penal vuelve a poner a esa basura en la calle.

Claro que la causa de todo esto radica originaria y casi exclusivamente en un cuerpo legal penal buenista e ingenuo (por no decir directamente gilipollesco) orientado a la reinserción de los delincuentes, es decir, en creer que la basura se puede reciclar, que se puede hacer borrón y cuenta nueva y echar pelillos a la mar. Una pretensión rebosante de idealismo y a la que los índices de reincidencia obligan a considerar como una insostenible e indefendible utopía o, directamente, como una majadería. Un error garrafal que convierte a comisarías y centros penitenciarios en lugares de paso y no en el comienzo de un merecido final. Un cachondeo que convierte al Código Penal en una broma sin gracia, a las condenas en meros contratiempos y los delincuentes en boomerangs. Una chapuza tremenda e injusta alimentada y/o perpetuada por la ineptitud, desidia y/o demagogia de políticos y jueces que al final no acaban pagando ellos sino los demás. Un disparate que debería resolver el Gobierno en general y los Ministerios de Interior y Justicia en particular, si no estuvieran más pendientes de sojuzgar a la ciudadanía que de protegerla de cualquier amenaza.

Y ello por no hablar de los típicos y oportunistas meapilas dispuestos a sacar la cara por cualquier gentuza con tal de tener su minuto de gloria o dar un sentido a sus insignificantes vidas. Paladines de lo "estúpidamente correcto" y defensores de causas perdidas empeñados y especializados en confundir la velocidad con el tocino, el culo con las témporas y mezclar churras con merinas. Véase: abogados, juristas, portavoces de asociaciones u ONGs y opinadores de diverso y ridículo pelaje. Gente de neuronas en búsqueda y captura y de vergüenza en extinción que creen que la raza, la edad, la condición social, la nacionalidad, el credo o el género pueden y deben ser utilizados como atenuantes o eximentes de cualquier pena. Pues mira, no. O, en todo caso, que se lleven a sus casas a los angelitos estos y los reinserten ellos en la intimidad, a ver qué tal.

En resumen: la basura, sea como y de donde sea, fuera de la calle o del país, si procede. Hay que ser limpios. Hay que ser justos, pero de verdad.

El problema es que al hablar de España estamos hablando de un país con excedente de cretinos por metro cuadrado, lerdos incapaces de comprender lo que en el fondo es una cuestión de un matiz, de gramática, de semántica, de letras; bobos sublimes que debieron perderse algún capítulo de Barrio Sésamo y en su madurez son incapaces de distinguir "sacar de" y "sacar a"; miserables que por desgracia para la gente de bien han convertido el hecho de sacar la basura en un arte.

viernes, 26 de diciembre de 2014

El chiste de Montesquieu

"En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el ejecutivo de las cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil. Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro, simplemente, poder ejecutivo del Estado (...)". Esto decía por Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, en su obra El Espíritu de las leyes (1749). Esto es lo que se denomina "separación de poderes" o "teoría de los tres poderes". Esto es lo que, junto con la soberanía nacional, conforma la piedra angular de cualquier sistema democrático. Y es un chiste. O, mejor dicho, España hace que lo sea. ¿Por qué? Porque, sencillamente, en este país, la separación de poderes ni está ni se la espera, con lo cual, al hablar de la "democracia española" deberíamos acompañarla con el calificativo "presunta" o el prefijo "pseudo" si no se quiere faltar ni a la realidad ni a la inteligencia ciudadana.

Lo curioso es que este disparate, que esta desvergüenza no es algo que se esté llevando de modo secreto ni sutil sino que está a la vista de todo el mundo. Ya lo dice el aforismo: si quieres ocultar algo ponlo a la vista de todos. Basta con leerse la Constitución Española de 1978 y la Ley Orgánica del Poder Judicial (6/1985) para darse cuenta que, legalmente, la separación de poderes no está contemplada de facto en el ordenamiento español.  Y no lo está porque el corpus legislativo que corona la Constitución está orientado básicamente a reconocer y proteger lo que es una realidad cotidiana: el rey del mambo es el poder ejecutivo (el Gobierno) mientras los otros poderes, el legislativo y el judicial, tienen la misma autonomía respecto a aquél que un disidente en Corea del Norte.  Así que, en España, en lugar de hablar de "democracia", lo más correcto sería hablar de "Gobiernocracia". ¿Exagerado? Ojalá:
El control del poder legislativo: Por una parte, el Gobierno controla férreamente las Cortes (órganos en los que reside principalmente la potestad legislativa) a través de la representación parlamentaria del partido en el poder, especial y escandalosamente en situaciones de mayoría absoluta. Por otra parte y por si fuera poco lo anterior, el Gobierno abusa hasta la perversión del recurso legislativo que suponen los decretos. Así que ya me dirán ustedes dónde queda la autonomía y la importancia del poder legislativo en una situación así.
El control del poder judicial: Este poder, en España, tiene sus órganos principales y cardinales en el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. Pues bien, la sombra del poder ejecutivo en estos órganos es muy alargada y efectiva ya que en su
configuración interviene decisivamente el Gobierno ya sea indirectamente a través de las Cortes, como sucede con el Tribunal Supremo (ver artículos 343 a 348 y 586 de la LOPJ), el Tribunal Constitucional (ver artículo 159 de la Constitución Española) o el Consejo General del Poder Judicial (ver artículos 566 a 578 de la LOPJ), o directamente mediante la designación del mandamás, como ocurre con el Ministerio Fiscal (véase Fiscalía General del Estado). Por tanto, en España más que de poder judicial, podríamos hablar de jueces, magistrados y fiscales cuyo futuro profesional pasa únicamente por dos alternativas: padecer el síndrome de Estocolmo o sufrir una defenestración más o menos rápida.

Y todo esto está ahí, oculto a la vista de todos. Por eso no deja de ser llamativo el escándalo y la indignación ciudadana cuando este mamoneo da señales de vida. Lo llamativo es que sea llamativo para quien vota a personas que no están dispuestas a cambiar ni esta situación ni una sola coma de la Constitución ni del resto del ordenamiento porque lo único que tienen los
partidos (al menos los tradicionales-habituales) entre ceja y ceja es ser el Gobierno en la gobiernocracia española. De todos modos, volviendo al tema de las señales de vida de esta democracia deforme y aberrante, en 2014 hemos tenido unas cuantas, especialmente en el ámbito judicial, que es donde algunos ciudadanos aún tienen puestas unas mínimas e ingenuas esperanzas (perdidas, por cierto, hace tiempo en lo que se refiere a las Cortes...). Señales como la presión para actuar contra Artur Mas, el "castigo encubierto" al juez Ruz, la  apasionada y escandalosa defensa de la Infanta Cristina, la elegante dimisión del Fiscal General del Estado, las protestas de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, por citar algunos ejemplos negativos, o el asombro y la alegría por la imputación de la hermana del Rey, por citar uno de los escasos ejemplos positivos.

Así que, teniendo en cuenta todo esto, es obvio que España ha cogido la separación de poderes de Montesquieu y ha hecho con ella o de ella un chiste, una chirigota, una astracanada, una pantomima en la que no creen ni siquiera quienes la perpetran. El problema de todo ello no es ya que no tenga gracia sino precisamente lo que el propio Montesquieu ya advirtió:"Cuando los
poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo. Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor. En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente".

Por eso, si a alguien le quedan ganas de reír después de tener claro que, hasta el momento, en España, con éstos, todo está perdido...debería hacérselo mirar o ser cabeza de lista del PP, PSOE o IU en las próximas elecciones.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El día después (del ridículo)

Hoy es 10 de noviembre. Los cuatro jinetes del Apocalipsis no corretean sobre la Tierra. Buena señal. Mariano Rajoy y Artur Mas sí corretean sobre la Tierra. Mala señal. Hoy es 10 de noviembre. El día después de que en Cataluña, con su presidente a la cabeza, se llevara a cabo una performance a medio camino entre el esperpento teatral y los referéndums franquistas. El día después de que el Gobierno de España, con su presidente a la cabeza, decidiera olvidarse del artículo 155 de la Constitución y de qué significa que un país se defina y defienda como "Estado de Derecho". El día después de que dos políticos lamentables quisieran llevar el concepto "ridículo" a una nueva dimensión. El día después de que Artur Mas decidiera ponerse el mundo por barretina y pasarse por el arco triunfal la Constitución mientras lleva a toda una región a un callejón de difícil salida. El día después de que Mariano Rajoy decidiera plegarse sobre sí mismo hasta crear una paradoja en el espacio-tiempo que haga dudar de su propia existencia. El día después de constatar que el sentido común se ha extinguido en España. El día después de descubrir que este país tiene poco de democracia pero mucho de carrera de pollos sin cabeza. El día después de que España tenga su dignidad, fiabilidad y seriedad como país al nivel "coño de la Bernarda".

Y la culpa de todo ello no es achacable tanto a la proverbial (e injustificada) sensación de incomodidad que lleva a Cataluña a ser políticamente algo así como la mosca cojonera mediterránea por excelencia (de la que ya hablé en otro artículo), como a la lamentable y demencial actitud de Rajoy y Mas. Uno, Rajoy, encarnando la quintaesencia del inmovilismo y otro, Mas, representando el no-va-ídem de la irresponsabilidad. Uno, Rajoy, cobarde, perezoso y cretino. Otro, Mas, kamikaze, frenético y astuto. Ambos, incapaces de llegar a ningún entendimiento. Ambos, enajenados. Ambos, huyendo hacia delante. Ambos, traicioneros. Ambos, un insulto para la inteligencia. Ambos, cadáveres políticos. Ambos, peligrosos para cualquier democracia. Ambos, impresentables. Ambos, pura miseria.

Evidentemente, nada de esto habría pasado si Rodríguez Zapatero (esa ameba), hubiera tenido la boca cerrada y la prudencia abierta cuando en 2003 perpetró la ocurrencia de prometer apoyar el Estatuto que aprobara el parlamento catalán. Tampoco habría ocurrido nada de esto si Mas se hubiera comportado como un político sensato, una persona responsable y un cargo público leal
a la misma legalidad que le ampara y no como la cheerleader número uno del "soberanismo" que se pasa por el forro la Constitución, los fundamentos democráticos y la misma realidad. Y, evidentemente, nada de esto habría pasado si Rajoy se hubiera comportado como un político decente, una persona valiente y un Presidente del Gobierno comprometido con la defensa del Estado de Derecho y no como un manso en plaza cuyo único talento constatado es el de encadenar errores, mentiras, traiciones y atropellos. Rajoy y no Mas es quien preside el Gobierno de España. Rajoy y no Mas es quien debe ser el primer interesado en aplicar y hacer aplicar la Constitución. Rajoy y no Mas es quien debe ser el principal protector de la democracia ante cualquier ataque o burla. Rajoy y no Mas es a quien millones de españoles confiaron una mayoría absoluta para que gobernara desde la firmeza, el coraje y la honradez. Por eso, Rajoy y no Mas es quien ha perdido más con todo esto por su inexplicable dejación de funciones, su imperturbable tibieza y su eterna y despreciativa sordera y ceguera ante las reclamaciones y necesidades no ya de quienes le votaron sino de la mayoría de la sociedad española. Si el Presidente del Gobierno no sabe o no quiere gobernar, no está ni capacitado ni legitimado para estar en su cargo ni un segundo más, por mucho que su mediocre corte de babosos y palmeros le canten al oído aquello de "Todo es fabuloso". Claro que, para renunciar a algo tan seductor como el poder se requiere valentía, cualidad que, junto a la belleza, la coherencia y la decencia, debió quedarse en el colador genético de Rajoy al ser concebido. Pocas veces un cobarde dio tanta pena y tanto asco a la vez.

Así las cosas, Rajoy ya puede añadir el 9-N a su lista de grandes éxitos, junto a la aniquilación económica de la clase media, la devaluación del mercado laboral, el exterminio de la deontología periodística, la tibieza ante la corrupción, la creación de Podemos o las comparecencias por plasma, entre otros muchos hits. Lleva un carrerón que ni Fernando VII.

Por lo demás, sólo cabe esperar que todo pase lo antes posible y que lleguen tiempos mejores, cosa que, sin duda, así será porque, honestamente, peores que éste, pocos.

miércoles, 25 de junio de 2014

Un juez valiente

Uno está tan acostumbrado ya a la desvergüenza, el golferío, la tomadura de pelo, el despropósito y la cobardía que abraza el cinismo y la desconfianza como únicas vías para sobrellevar el hecho de vivir en este país tan lleno de gentuza.

Por eso, noticias como la de hoy, te rompen los esquemas mientras te ponen una sonrisa en la cara y te regalan un átomo de esperanza. Y es que no todos los días alguien tiene los co*ones de hacer Justicia. No todos los días alguien tiene los co*ones de desafiar al poder legal y al poder fáctico. No todos los días alguien tiene los co*ones de convertir la honestidad profesional en un ejemplo de honradez personal. No todos los días alguien tiene los co*ones de hacer lo que le dicta su conciencia. No todos los días alguien tiene los co*ones de seguir adelante dejando atrás los miedos y las dudas. No todos los días alguien tiene los co*ones de tocar a los intocables. No todos los días alguien tiene los co*ones de demostrar que no todo está perdido. No todos los días alguien tiene los co*ones de hacer lo difícil. No todos los días alguien tiene los co*ones de imputar a toda una Infanta, hija y hermana de Reyes, por haber delinquido. No todos los días alguien tiene los co*ones del juez de instrucción José Castro.

Porque, admitámoslo, en este país de baratillo secuestrado por golfos, jetas e impresentables de variada índole lo fácil es dejarse llevar, dejarlo estar, mirar para otro lado, resignarse o quedarse en el más estéril de los pataleos. Es lo que tiene llevar décadas sometidos a unas castas política, judicial y empresarial en las que la vergüenza ni está ni se le espera.

De ahí que sea aún más admirable lo que ha hecho y conseguido el juez Castro, miembro junto a Pablo Ruz y Mercedes Alaya de esa santísima trinidad en la que creemos todos aquellos que pensamos que la Justicia es algo más que ponerse una toga, recitar artículos y mojar la entrepierna hablando de valores superiores, derechos, deberes y libertades. Un mérito el de Castro que no viene tanto de su excelente desempeño profesional como su capacidad para soportar todos los obstáculos y las presiones que se han deslizado más o menos discretamente desde la Presidencia del Gobierno, el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Justicia y el Ministerio Fiscal con la Jefatura del Estado al fondo. Y es que, gracias al bochornoso y patético espectáculo que han dado unos y otros en el caso Urdangarín, han convertido el simple trabajo de un juez de instrucción en una tarea colosal cercana a la épica: Luke metiendo un misil por el orto a la Estrella de la Muerte. Por el momento, les ha salido el tiro por la culata a esa ridícula y diligente legión de babosos. Sólo por esa razón, el 25 de junio debería declararse fiesta nacional.

Por todo ello, con independencia de cuál sea el futuro que les
espera a los Duques del Pelotazo, esto es, a la Infanta y al ex balonmanista y antiguo trabajador de cierta multinacional (una que, ya sólo por esta "hazaña", debería revisar su política de contrataciones y remuneraciones), hoy las personas decentes residentes en España sólo podemos estar felices.

Lo ideal sería desear que muchos jueces, abogados y fiscales se sientan inspirados por Castro y le echen co*ones y decencia a su trabajo. O que los mismos pelotas y serviles que se han desvivido y se desviven por salvar como sea el culo a la Infanta se apliquen en igual medida a la hora de lograr que delincuentes y criminales de todo tipo cumplan íntegramente sus condenas (por ejemplo, el asesino Bolinaga), o para revisar el ensañamiento judicial con quienes no tienen la suerte de tener apellidos de renombre o para conseguir la Administración de Justicia deje de parecer lobotomizada y tetrapléjica. Eso, como digo, sería lo ideal, pero, viviendo en España, hay que ser realista y conformarse con lo que hay y lo que hay es un juez valiente. Muy valiente.  

martes, 11 de marzo de 2014

Diez, once

Hoy no habrá fuego ni hierro ni sangre. Hoy no habrá silencio ni sirenas ni gritos. Hoy no habrá ira ni pasmo ni piel de gallina. Hoy no nos levantamos a las puertas del infierno. Hoy sólo hay recuerdo de lágrima encendida para los que nos dejaron. Hoy sólo hay recuerdo de aplauso íntimo para quienes se cayeron y levantaron. Hoy sólo hay recuerdo para los que se lo ganaron.

Por eso, hoy, diez años después del atentado del 11-M, no quiero dedicar estas palabras a los políticos que estando a un lado y a otro del poder pensaron más en los votos que en los muertos. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que contribuyeron con su negligencia o con su malicia a servir a intereses distintos y distantes a los de la mayoría de la sociedad. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros del Poder Judicial que dejaron margen para la duda razonable. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos medios de comunicación y periodistas que alfombraron las tesis de quienes o bien querían conservar el poder o bien querían llegar a él como fuera y que allanaron el camino a la demagogia y la mentira, olvidando que el único compromiso de un periodista es con la verdad probada. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellas personas que aceptaron ser rebaño o turba. No. Hoy no voy a dedicar estas palabras a quienes demostraron que España es un país que sigue pensando en bandos. No voy a dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para pensar que España es un país que da asco.

Hoy quiero dedicar estas palabras a los que murieron. Y a quienes se los quitaron. Y a quienes se lanzaron a ayudar en medio del espanto. Y a quienes cumplieron con su trabajo salvando vidas. Y a quienes llenaron la Puerta del Sol para donar sangre. Y a quienes no se dejaron vencer ni por la rabia, ni por el miedo, ni por el engaño. Y a quienes trabajaron por buscar la verdad entre los escombros de la confusión y la mentira. Sí. Hoy quiero dedicar estas palabras a quienes no tuvieron, tienen ni tendrán que pedir perdón. Quiero dedicar estas palabras a quienes sí estuvieron a la altura. Quiero dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para creer que España es un país del que sentirse muy orgulloso.

sábado, 15 de febrero de 2014

A vueltas con el aborto

Una de las grandes polémicas de los últimos tiempos ha sido la muy controvertida Ley del Aborto del ministro Ruiz-Gallardón. Una cuestión muy delicada, como cualquiera que afecte directamente a la vida de una persona, como, por ejemplo, la eutanasia o la pena de muerte y que por dicha condición debería tratarse con prudencia, sensatez y empatía, algo que el ministro de cabellera púbica no ha demostrado.
Por eso, como en este embrollo hay varios puntos que analizar, iré uno por uno:
  • Sobre el Ministro de Justicia: Me alegro profundamente de que Gallardón haya encontrado su tumba política en el esperpéntico e indignante gabinete de Mariano Rajoy. Un miserable oportunista, megalómano y egomaniaco no merecía otro fin que ahogarse en esa fosa séptica ministerial de la que se ha rodeado uno de los Presidentes del Gobierno más incapaces, desvergonzados, inútiles, cobardes y mentirosos que ha tenido España (en dura pugna con el esperpéntico Rodríguez Zapatero). Con todas las reformas que había y hay que hacer en materia de Justicia, mucho más importantes y prioritarias que la del aborto (acabar con la despolitización del Poder Judicial, modernizar el sistema judicial, reformar el Código Penal, evitar lo ocurrido con la doctrina Parot...), Gallardón ha preferido ir a lo ¿fácil? con tal de contentar a una parte del electorado popular (si es que queda alguno) con la excusa de que estaba en el programa electoral, el mismo programa, por cierto, que su jefe se ha pasado por el arco genital hasta la saciedad. Querer ser más papista que el Papa tiene estas cosas...
  • Sobre el no nacido: Un aspecto capital del tema del aborto en nuestro país gira en torno a la idea u opinión que se tenga sobre el "no nacido" (es decir, sobre el individuo engendrado pero aún no parido). En este aspecto, todo el mundo debería saber o recordar que nuestro ordenamiento vigente considera que el "nasciturus" tiene todos los derechos (según el artículo 29 del Código Civil "efectos") "que le sean favorables", una consideración que, por cierto, viene desde la época romana. Lo digo pensando en todas esas personas que hablan del feto como si fuera un mero cacho de carne.
  • Sobre el papel del Estado/Gobierno: Siempre he pensado y defendido que el Estado debe intervenir única y exclusivamente para asegurar el estado de bienestar, esto es, en materia de economía, educación, sanidad y seguridad ciudadana. Dicho de otra manera: la actuación del Estado (o el Gobierno, que en la práctica es lo mismo) debe ser todo lo garantista que la sociedad demande para alcanzar las condiciones de desarrollo ideales para sus miembros. Ni más, ni menos. Lo que el Estado no debe hacer nunca es comportarse como si los ciudadanos fuéramos no sólo menores de edad sino además tontos del culo necesitados de que nos digan qué hacer y cómo. En ese sentido, pienso que el papel del Estado acaba donde empieza no sólo la libertad de los ciudadanos sino la conciencia de cada uno de ellos. Si el Estado/Gobierno toma decisiones que sólo competen a las personas está cometiendo un tremendo error, ya que su papel no consiste en decir a los ciudadanos qué hacer con su libertad, sino protegerla en todos los ámbitos y sentidos.

  • Sobre las posturas extremistas: Partiendo de la premisa de que jamás se va a encontrar una buena solución en posturas extremas, hay que reconocer una obviedad: el tema del aborto está muy polarizado, por culpa de una interpretación un tanto talibán de la religión (por un lado) y de confundir churras con merinas (por otro), dando como resultado unas actitudes que oscilan entre la defensa a ultranza del feto en gestación y la defensa encendida de la madre gestante, olvidando tanto unos como otros que el aborto afecta directamente a dos personas: la madre y el "no nacido". Así las cosas, creo que tanto los que defienden la vida con los ojos en blanco como las estúpidas tipo FEMEN y aledaños deberían recordar algo que no aparece ni en la Biblia ni en ningún libro de femenismo trasnochado: la virtud es actuar según el justo término medio entre dos actitudes extremas (Aristóteles).
  • Sobre el aborto como método anticonceptivo: Hay gente que ve el aborto como un método anticonceptivo más y actúa en consecuencia. Gente que, en definitiva, debería hacérselo mirar y no el cigoto ni el feto precisamente. 
Mi opinión sobre el aborto: Yo siempre defenderé toda decisión que favorezca tanto a la madre como al hijo. En ese sentido, creo que generalizar es un error descomunal, tanto como optar por planteamientos unilaterales. Cada caso y cada vida es distinta: generalizaciones, no gracias. No obstante, pienso que para evitar embarazos no deseados hay remedios de sobra (salvo que estemos hablando obviamente de violación) y, por eso, si se trata de atajar el número de abortos, mejor haría el Gobierno en facilitar o democratizar aún más el acceso y uso de los métodos anticonceptivos.  Luego ya que entre en juego la conciencia y sensatez de cada cual. Por otra parte, considero aberrante querer parir a una persona con graves malformaciones que lo único que acarrearían sería dolor, angustia y sufrimiento. Dicho lo cual, la postura más acertada que he leído respecto a este delicadísimo tema la encontré en el blog El Escorpión, que hace ya unas semanas se hizo eco de una carta de Italo Calvino a Claudio Magris en 1975 y de la que reproduzco un extracto:"(...)Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. De otro modo, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se convierte -lo cual ya ocurre- en lo más parecido a una madriguera de conejos. Una madriguera constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.
Sólo aquellas personas que están convencidas al cien por cien de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. De no ser el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante (...)".   

jueves, 13 de febrero de 2014

La Infanta enamorada

Hasta la fecha, la instrucción del caso Nóos está dejando bien claras tres cosas: Primera, el ex balonmanista es un golfo al que le sobra la condición de "presunto". Segunda, las únicas personas decentes en todo este embrollo son el juez Castro y la acusación popular. Y tercera, la Infanta está enamorada. Enamorada, sí. Que además de enamorada sea una imprudente con facultades mentales mermadas (por amor) o bien una auténtica desvergonzada es algo que tendrá que decidir el juez, porque sólo caben esas opciones: o bien estaba y está tan enamorada del ex trabajador de Telefónica que habría firmado su sentencia de muerte si se la hubiera dado a firmar el Duque Em-Palma-do o bien tiene una jeta con la que se debería fabricar el fuselaje de naves espaciales.
Por lo demás, yo no sé a qué viene la sorpresa e indignación con las que se está reaccionando respecto a este asunto y la actuación de unos y otros. De verdad, no hay nada nuevo bajo el sol:
  • La Infanta ha actuado como corresponde a quien se sabe miembro de una institución que, pese a ser un auténtico ornamento (ahí está la Constitución española para recordarlo), está protegida por la inviolabilidad y la irresponsabilidad constitucionalmente fijadas para el monarca y que en la práctica, gracias a la pervivencia de una mentalidad servil y cortesana, han derivado en una tácita impunidad para la Casa Real al completo. El problema de actuar con esa "naturalidad" (llámese seguridad, arrogancia, suficiencia, despreocupación...) es que está poniendo las cosas aún más difíciles a los únicos que pueden devolver el prestigio y reconocimiento social a la Monarquía: los Príncipes de Asturias. 
  • La actuación del Estado, empezando por el Gobierno, pasando por Hacienda y acabando por la Fiscalía, ha sido y está siendo pura y llanamente cortesana. Una delirante competición por hacer méritos ante el Rey a base de pasarse por el arco genital cualquier disimulo a la hora de intentar desvincular a la Infanta y aledaños de todo lo que hacía "Iñaki", les ampare o no la realidad en tal empeño. Una demencial actuación que ha llevado a Hacienda a dar por buenas facturas que no lo eran (si eso lo hace un autónomo cualquiera, aún le estarían curando el desgarro anal) o a la Fiscalía a actuar como defensa y no como acusación, por citar sólo los ejemplos más famosos. Una zarzuela de despropósitos que lo único que ha puesto de relieve es el lameculismo borreguil, el gregarismo institucional y la inmadurez democrática que sufre España desde hace siglos.
  • La prensa está actuando según lo esperado: unos medios defendiendo lo indefendible (con La Razón a la cabeza a la hora de hacer el más indignante ridículo) y otros haciendo lo más parecido al periodismo serio que podemos tener en este país (con El Mundo como espolón de proa). Un espectáculo bochornoso del que sólo se puede sacar en claro una cosa: hay ¿periódicos? que habría que imprimir directamente en papel higiénico para que por lo menos tuvieran una utilidad social.
Lo único que sí ha sorprendido(y para bien) ha sido la honradez, imparcialidad y valentía profesional del juez Castro, que ha aguantado y está aguantando ataques, jugarretas y presiones de todas partes con tal de demostrar que, en España, la injusticia no es igual para todos. Y es que Castro constituye, junto al juez Ruz y la jueza Alaya, el último tren para la Justicia en este país en el que la inocencia está menos favorecida jurídicamente que la culpabilidad (cuando no directamente perjudicada) y en el que cuanto más poder tienes, menos tienes que temer de los jueces, aunque seas un perfecto hijo de puta.

Así las cosas, habrá que seguir muy atentamente el desenlace de este follón judicial puesto que en este caso lo que está en juego esencialmente es el minúsculo crédito que le queda tanto a la Monarquía como al Estado y la Justicia. Un crédito ridículo y menguante que, por desgracia, no parece importar a ninguno de los implicados (y responsables). Quizás porque ellos forman parte del problema y no de la solución.