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lunes, 5 de enero de 2015

La yincana de la miseria

http://www.jrmora.com/blog/
Hoy andan el oficialismo y sus medios serviles (es decir, gracias al Gobierno actual, todos los tradicionales y alguno de los digitales) descorchando champán y haciendo del sesgo un arte a cuenta de las cifras del paro. Yo, honestamente, del mismo modo que no voy a lamentar que bastante gente desempleada haya encontrado afortunadamente trabajo...no voy a festejar ni celebrar un sistema o mercado laboral que lleva a seis de cada diez jóvenes españoles (datos de noviembre de 2014) a planear marcharse del país para trabajar; un sistema o mercado laboral al que se la trae al pairo que otros países se beneficien del talento y la formación educativa con denominación de origen española; un sistema o mercado laboral incapaz de ofrecer ningún atractivo o expectativa al cerca de medio millón de españoles que ha buscado mejor suerte laboral fuera de España desde que comenzó la crisis; un sistema o mercado laboral que ha consolidado el precariado como modo de trabajo (sólo el 8% de los nuevos contratos son
indefinidos) y la incertidumbre como estado vital; un sistema o mercado laboral sin el cual no se puede concebir el retroceso de 10 años experimentado en la economía familiar o la previsión de 25 años para recuperar la situación laboral previa a la crisis; un sistema o mercado laboral reformado y hecho a medida del Otro Gobierno pero no de quienes buscan, necesitan y quieren un trabajo; un sistema o mercado laboral que sólo se puede maquillar a golpe de modificaciones estadísticas y de informaciones interesadas; un sistema o mercado laboral propio del que sólo podría estar satisfecho un enajenado, un cretino o un sinvergüenza

Así que hoy tampoco voy a descorchar champán. Y no lo haré mientras España siga teniendo un sistema o mercado laboral que haya convertido el hecho de (querer) trabajar en una yincana de la miseria (económica, profesional y humana).
http://www.jrmora.com/blog/

lunes, 30 de junio de 2014

Los años torpes

Speakeasy, Sinfín, Tulúm, Millenium, Son como niños, "El Sánchez", El vaivén, Sonora...Recientemente, he dado una vuelta por Alonso Martínez, zona en la que, como tantos otros chavales, pasé decenas de horas en compañía de mis amigos del colegio durante años. Años que ya quedan bastante atrás en el tiempo. Años que hoy forman parte del pasado como los locales en los que se trenzaban las noches y madrugadas de centenares de jóvenes de Madrid. Años en los que todo comenzaba con un botellón a pie de calle (en nuestro caso, como el de muchos otros, la plaza de Las Salesas) convirtiendo aquel punto de Madrid en un hormiguero inflamable. Años de vasos de plástico, hielos y canciones a capela. Años de flyers y DNIs. Años en los que los recuerdos y las vivencias se agolpaban en la memoria como si hubiera barra libre. Años hechos de palabras, imágenes y sensaciones. Años de noche. Años febriles. Años acelerados.

Como digo, después de muchos años de ausencia, me he dado un paseo por esa mítica zona de copas, para refrescar viejos tiempos...y he comprobado que, del mismo modo que esa época ya no volverá, tampoco lo harán aquellos bares en los que el alcohol, la música y la penumbra fueron el decorado de miles de historias y anécdotas; bares que hoy o han cambiado su nombre o, en la mayoría de casos, son tiendas, restaurantes o fachadas con el cierre echado; bares para el recuerdo que pertenecen hoy al olvido. Así las cosas, conforme deambulaba por ese barrio, tuve una creciente sensación de nostalgia, de pérdida, de aterrizaje forzoso en un presente que no tiene nada que ver con el recordado. Aquel lugar, aquellas calles, han cambiado. Mucho. Aquella zona no es la misma que conocí. Y yo no soy el mismo que conoció. Ha pasado tiempo suficiente para ambas cosas. Por eso, tengo la convicción de que nuestra relación con los lugares siempre será recíproca: nosotros les damos (un) sentido y ellos se convierten en significado para nosotros; nosotros formamos parte de ellos y ellos de nosotros en tanto que escenarios y testigos. Y los bares de copas no son una excepción. La vida también se escribe en noches de alcohol y horas en vela.

Y así, mientras la morriña convertía mi paseo en un recorrido por los restos de un naufragio, me acordé de lo que sucedió en esos años. Y es que, esos años, los que empiezan en la efervescente adolescencia y acaban en la más consolidada juventud, tienen o,
mejor dicho, tuvieron mucho de descubrimiento, de sorpresa, de novedad, de ingenuidad, de estreno, de experimentación, de comienzo, de iniciación. Años en los que todo resulta intenso, desmesurado, grandilocuente, exagerado y donde no parece existir el mañana. Años en los que todos vamos atolondrados a ninguna parte con el ansia de cartografiar todo. Años en los que la amistad marca el paso y la necesidad de pertenencia firma muchos errores y no tantos aciertos. Años en los que aprendemos y crecemos especialmente a través de los fallos, de los contratiempos, de los sustos, de los desengaños, de las decepciones. Años cuya importancia reside en tropezar, en equivocarse, en que algo o alguien se salga del guión, en que te cambien el paso. Sólo así se aprende. Sólo así se madura. Sólo así se crece. Sólo así se vive. 


Por eso es tan importante el Alonso Martínez que fue. Por eso son tan especiales esos bares que ya no están. Porque allí, muchos, y yo incluido, vivimos una parte fundamental de nuestros años torpes.

jueves, 15 de noviembre de 2012

El humor es algo muy serio

Decía Mark Twain que la raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa. Y es cierto. Un arma especialmente útil en los tiempos que vivimos, días de caras grises y sueños remendados. En una época como ésta, en la que la esperanza ha hecho las maletas, la felicidad se ha quedado en saldo negativo y al optimismo le dan de hostias todos los días, lo único que nos queda es el humor.

Porque si la dificultad de hacer reír es algo que siempre se ha dicho, hacerlo en una crisis como ésta, es algo propio de héroes. De héroes del ingenio, del talento. Héroes por accidente tal vez, pero héroes. Personas sin más pretensiones que las de ser ellos mismos y hacer lo que les gusta. Y trabajar duramente para lograr ambas cosas. Gente como Joaquín Reyes e Impromadrid teatro.

Y esto no es hablar por hablar ni halagar gratuitamente. Cualquiera que haya seguido la trayectoria televisiva de Reyes o la escénica de Impromadrid lo saben. Igual que lo saben quienes, como yo, asistieron por el coloquio que mantuvieron el pasado martes (una fecha mítica para el humor español) en el Espacio Fundación Telefónica. 

Para mí lo de menos fueron las risas y carcajadas que nos provocaron, fusionando sus dos particularísimas formas de entender y hacer el humor. Porque, para mí, lo mejor de todo, fue pasar un buen rato disfrutando con las opiniones, las ideas y los testimonios de personas como ellos. Jóvenes que, pese a su edad, tienen la experiencia suficiente para poder aprender de ellos, tanto si te interesa la comedia como si no. Al fin y al cabo, son chavales que tuvieron los cojones necesarios y la mínima suerte para poder dedicarse a lo que les gusta y vivir de ello. Y eso, con la que está cayendo, es algo digno de admirar y, si eres afortunado (por talento u oportunidad), de imitar.

Como principales lecciones del coloquio, me quedo con dos. Una: de nada sirve tener talento, ingenio o gracia si no lo trabajas y sacas a la luz con horas y horas de trabajo y esfuerzo, porque todo, hasta lo que parece "improvisado", requiere mucho trabajo. Y dos: el humor no consiste en salir ante un público y hacer el tonto o el gilipollas o lo que tú crees que va a hacer gracia, sino en trabajar una habilidad respetando la inteligencia del espectador, estando dispuesto a hacer sacrificios, a echarle narices y a aprender de los fracasos y las críticas.

Y es que, en ocasiones, se aprende más y mejor del bufón que del rey. 

domingo, 7 de octubre de 2012

El talento de mentir verdades

Contar una mentira y que la crean como verdad. Contar una ficción y que la asimilen como real. Crear pensamientos, sensaciones, recuerdos y sentimientos con algo que no existe ni jamás lo hará. Todo ello es cuestión de talento o de "ingenio", o de "creatividad" o de "imaginación" o de cualquiera de sus trasuntos. Exactamente lo mismo que se le presupone y exige a los artistas. Así que se podría decir que engañar es todo un arte o, siendo más transgresor, que el arte es saber mentir.

Quizás por todo ello, de todas las Artes, la Literatura y la Cinematografía sean las que más puramente trabajan con la mentira. Y lo hacen para contar verdades porque, en ocasiones, la ficción es el camino más corto a la realidad. A la más íntima, esencial y depurada: la que hay dentro de cada uno de nosotros. Tal vez esa sea la razón por la que hay libros y películas, pasajes, escenas y personajes que nos acompañan durante toda la vida. Porque esa ficción, esa mentira que unos contaron y otros leyeron o vieron, una vez dentro de nosotros se desnuda quedándose en certeza, en verdad, en real. Y así se queda para siempre.

Al leer una novela o ver una película se produce un juego de engaños: el del autor (escritor/director) al disfrazarnos de mentiras cosas que en esencia son reales y el del receptor (lector/espectador) al desconectar el piloto automático de su propia consciencia para dejarse llevar. Quizás este juego de engaños acerca el arte de contar historias a la magia. Quizás es que contar historias, narrar ficciones, ya se literaria o cinematográficamente, tiene mucho de mágico. Puede ser. Sólo así se explicaría que alguien, mientras lee una novela o ve una película, sienta lo que siente y llene su mente de pensamientos y reflexiones con algo que simplemente no ha ocurrido ni ocurrirá pero que nos hace entender mejor el mundo en que vivimos y la vida en la que estamos.

Porque tal vez el mayor propósito de la ficción, literaria o cinematográfica, sea ése: revelarnos qué somos, cómo somos y dónde estamos. Es decir, dar cuenta de la vida en toda su contundente e infinita ambigüedad, reflejar toda la luz y la sombra que hay en la vida y en nuestras vidas. Y hacerlo a través de una mentira para así sortear la trinchera de los prejuicios, las filias y las fobias que filtran y componen el mundo a nuestro gusto.

Y eso, mentir verdades, engañarnos para enseñarnos, perdernos para encontrarnos, mostrar la vida como es y no como nos gustaría que fuera es algo que, además de talento, requiere valentía y honestidad. Talento, valentía y honestidad. Cualquiera de esas tres cualidades convierten al artista que narra ficciones novelescas (escritor) o cinematográficas (director) en alguien interesante. Tenerlas las tres, lo convierten en alguien especial. Si además de eso le añades juventud, lo acercan al terreno de los genios. 

Y tal vez este artículo no sea más que un laberinto de ideas y reflexiones de quien tiene en la literatura y el cine sus dos mayores pasiones. La cháchara de alguien que sueña con escribir novelas o dirigir películas. Pero sí sé que si alguien quiere entender qué estoy diciendo, lo tiene muy sencillo: leer cualquier novela de Andrés Barba, que se adentra con sencillez y gran belleza en algunos de los rincones más sórdidos de la existencia, o ver cualquier película de Rodrigo Cortés, cuyos films son una frenética aventura en busca de la verdad como forma de rebelarse contra un mundo cada vez más deshumanizado. O si, lo prefiere, que se pase el 9 de octubre por el coloquio en el que intervendrán en el Espacio Fundación Telefónica. Y, quizás, aprenda a mentir verdades o, en el peor de los casos, a dejarse convencer por el talento.

viernes, 7 de septiembre de 2012

El talento de ser uno mismo

¿Qué es la personalidad? Pues, básicamente, aquello que nos hace ser quienes somos y como somos; nuestro ADN no biológico. ¿Qué es tener personalidad? Ser como somos y queremos ser...pero también una forma de complicarse la vida. ¿Por qué? Porque hoy en día ser uno mismo no es fácil y no lo es porque vivimos en una sociedad propensa a castrar la singularidad, a homogeneizar todo para que nadie destaque, a hacer de la mediocridad un estándar. Se ha extendido como un veneno la percepción del talento como una amenaza, de la autenticidad como subversión, de la personalidad como un problema a cauterizar. Ser uno mismo o pretenderlo te coloca casi automáticamente en la lista de forajidos laborales, de proscritos sociales que viven a la sombra de prejuicios y normas. Estamos en un entorno en el que lo más sencillo y narcotizante es hacer lo que te dicen o lo que esperan de ti o lo mismo que hacen otros. Esta sociedad parece penalizar la originalidad y la diferencia. Es un ambiente donde el individuo se ha convertido en un leño para la hoguera y no en un recurso para crear, mejorar, progresar e innovar.

Por eso la personalidad, es decir, definir nuestra identidad, consolidarla y exhibirla ante cualquier persona y circunstancia, es un ejercicio temerario de honradez íntima en este mundo en que hasta el hecho de "dar la nota" tiene que obedecer a un canon o responder a unas expectativas fijadas por otros. Dicho de otra manera: ser un maniquí laboral o un títere social es más cómodo e indoloro que ser uno mismo, pero también es el atajo más rápido al más absoluto vacío profesional y/o personal. En cambio, ser quien eres, quien tú y sólo tú quieres ser, es surfear un tsunami de impedimentos y corsés, pero también el camino más fácil hacia el éxito. Cualquier cosa que implique no renunciar a ser tú es un triunfo gracias a esta sociedad de etiquetas y dictados.

Quizás esto que estoy diciendo, esta crítica no es más que otra de esas mentiras que nos han inoculado con tal de que de nos dé pereza intentar hacer lo que queremos o lo que se nos da bien. Quizás es que nos han engañado haciéndonos creer que apostar por uno mismo es una jugada demasiado arriesgada.

Porque lo cierto es que la realidad, esa que a simple vista está sumida en la mediocridad y en la despersonalización, nos brinda ejemplos de gente que ha hecho de su personalidad el primer síntoma evidente de talento. Personas que no sólo se atreven a pensar lo que ellos quieren sino a mostrar lo que ellos son: distintos, únicos, singulares. Humanos. Personas indiferentes a prejuicios, augurios y clichés. Personas que dedican su tiempo a realizar sus propios sueños y no a cumplir expectativas impuestas. Personas que hacen de su look su mejor tarjeta de visita y de sus actos su mejor declaración de inteciones.Personas que se atreven a ir un paso más allá, a hacer algo nuevo, a no conformarse. Personas para las que la juventud no es un problema sino un argumento para el atrevimiento. Personas que se arriesgan a ser ellas mismas...y triunfan.

¿Qué ejemplos son esos? Pues casos como David Muñoz, que ha trasladado su singular personalidad a los fogones, convirtiendo su restaurante Diverxo en todo un referente de la gastronomía innovadora. La autenticidad se siente y, en este caso, se come. ¿El premio? Tener en su haber, con su juventud, dos estrellas Michelín. O como Josef Ajram, un joven para el que los límites sólo empiezan cuando dejas de creer en ti mismo, como se encarga de demostrar tanto en la Bolsa (es day trader) como en el deporte(es atleta de ironman). Dos ejemplos de triunfadores para los que lo importante no es el "qué dirán", sino el "qué tengo que decir".

Ambos, Muñoz y Ajram, han dejado que su personalidad se traslade desde su mente hasta su trabajo pasando por su cuerpo. ¿Será ésa una de las claves de su éxito? ¿Hay que conformarse con hacer lo mismo cuando se puede hacer distinto? ¿Hay que resginarse a hacerlo igual cuando se puede hacer mejor? Quizás las respuestas a éstas y otras preguntas las escuche el próximo martes, en el coloquio en el que participarán en Madrid. Y quizás, con la que está cayendo, sea más necesario que nunca escuchar qué tienen que decir gente que ha hecho de ser uno mismo un auténtico talento. Y es que, respondiendo a la pregunta con la que comenzaba este artículo quizás, la personalidad, como el éxito, consiste en atreverse a ser diferente.
 

miércoles, 27 de junio de 2012

¿Problemas? Una cuestión de perspectiva

Mira a tu alrededor. Todo o casi todo lo que ves ha sido imaginado, pensado, diseñado por alguien. Alguien que no sabe nada de ti y al que probablemente nunca conocerás pero cuyas creaciones forman parte de tu vida más cotidiana. Alguien que, al igual que el escritor, se enfrenta al reto que supone un papel en blanco. Alguien que, como el músico, el pintor o el escultor o cualquier otro artista, convierte su talento y creatividad en algo que legar y compartir con el resto de la sociedad. Alguien que, desde la mesa de un estudio, es capaz de cambiar el mundo tal y como lo conocemos.

Personas que miran de una forma distinta, original. Personas para las que un espacio vacío es a la vez un desafío y un infinito de posibilidades. Personas que crean con la mirada. Personas que entienden que, en ocasiones, un cambio personal o profesional comienza por mirar las cosas desde una perspectiva distinta. Personas que son capaces de transformar la estética y la utilidad en percepciones y sensaciones que definen nuestro día a día. Personas que hacen del tándem crear/mejorar la base de su trabajo.

Ellos idean y construyen tanto los escenarios en los que transcurren nuestras vidas como todo el atrezzo que utilizamos en ellas. Ellos se definen a través de los inmuebles y objetos que crean y que, a su vez, nos caracterizan a cada uno de nosotros. Ellos son los que dan rienda suelta a toda su expresividad desde la técnica. Ellos son los que crean y recrean el mundo en que vivimos.

Son los arquitectos y los diseñadores. Artistas de la geometría que influyen, casi inconscientemente, en todos nosotros. Talentos para los que los problemas son sólo una cuestión de perspectiva. Gente como el arquitecto Andrés Jaque o el diseñador Borja García, dos jóvenes españoles, premiados nacional e internacionalmente, que en un contexto tan crítico como el actual, en el que el futuro profesional de los jóvenes en nuestro país está en entredicho, son el vivo ejemplo de que un callejón sin salida es el mejor lugar para crear y construir una puerta abierta.

Y si alguien no me cree, mejor que se pase el martes 3 de julio, a las 19:00h, por el Espacio Fundación Telefónica, para escucharles en el segundo coloquio del ciclo Friends of Talent. Una buena oportunidad para refrescarse del calor…y del pesimismo.

viernes, 15 de junio de 2012

¿A qué suena el talento?

“Dos chicos que se rebelaron contra su presente y construyeron su futuro”. Así presentó la periodista Sonsoles Ónega el pasado martes a dos de los nombres propios de la(r)evolución de la música en España: Pablo Alborán y Roberto Carreras. Los tres fueron los protagonistas del primer coloquio del ciclo Friends of Talent, organizado por el Espacio Fundación Telefónica. Un evento que contó con el apoyo de 965 espectadores y que generó un intensísimo debate en Twitter, llegando a ser trending topic en Madrid y España. Un coloquio lleno de ideas interesantes, frescas y honestas; de argumentos para utilizar el optimismo como herramienta de trabajo; de razones para creer que triunfar profesionalmente es posible sin renunciar a los sueños personales. 

¿Qué es el éxito para dos triunfadores como ellos? Para Pablo, poder trabajar durante toda la vida en lo que te gusta y dignamente. Para Roberto, la felicidad entendida como hacer cada día algo que te motive y te haga escapar de la rutina. Pero…¿qué hace falta para tener éxito? En opinión de los ponentes, hay varios elementos clave a la hora de tener éxito:
  1. Talento.
  2. Ganas constantes de aprender y mejorar.
  3. No tener miedo a arriesgarse.
  4. Paciencia.
  5. Rodearse de personas que compartan contigo la ilusión y las ganas de trabajar.
Igualmente, del mismo modo que reflexionaron sobre el “éxito”, Pablo y Roberto coincidieron en señalar que el “fracaso”, el “no” forman parte del aprendizaje y la evolución profesional y que cada experiencia fallida es una oportunidad de hacer las cosas mejor que antes.

La crisis, omnipresente en la actualidad, también se coló en el coloquio. Para Pablo, en una situación como la que vivimos, es fundamental no perder la pasión, destacando que lo grave no es tanto estar en crisis como no tener algo por lo que luchar. Roberto coincidió con su compañero, apuntando que lo que nos tiene que impulsar ahora más que nunca son las ganas de querer hacer cosas. Ambos señalaron que para aprovechar las oportunidades que paradójicamente se abren en un contexto como el actual es muy importante tener una actitud creativa y saber aprovechar las herramientas que tenemos a nuestro alcance, como, por ejemplo, Internet y las redes sociales, entendidas éstas no ya como un magma impersonal sino como un punto de encuentro entre personas. En ese sentido, Roberto Carreras no dudó en afirmar que “Internet no está lleno de piratas; está lleno de talento”. Por su parte, Pablo Alborán apuntó que las redes sociales son un lugar donde puedes crecer, compartir, aprender la perspectiva del otro y donde descubrir nuevas ideas, lo cual convierte a las redes sociales en una herramienta de trabajo, si bien señaló que “no se puede vivir sólo de un vídeo en Youtube”.

En cuanto a los consejos que les ayudaron a crecer profesionalmente, Pablo afirmó que nunca hay que ser conformista, hay que buscar mejorar sin por ello dejar de disfrutar del presente. En la misma línea, Roberto indicó que uno de los consejos que más le han marcado fue “Es mejor se cabeza de ratón que cola de león”, entendido como no obsesionarse con tener éxito cuanto antes sino en ir paso a paso y disfrutando de lo que estás haciendo en cada momento.

Así que, respondiendo a la pregunta que titula este post, después del coloquio de Pablo Alborán y Roberto Carreras se puede decir que el talento suena a esfuerzo, a creatividad, a ilusión, a sensibilidad, a humildad y, especialmente, honestidad.

En definitiva, el primer coloquio del Friends of talent fue un evento muy ameno e interesante (mérito de Sonsoles, Pablo y Roberto) en el que el debate fue muy intenso a un lado y otro de la pantalla y que dejó a todo el mundo con muy buen sabor de boca…Por suerte, el ciclo no ha hecho más que comenzar. La próxima cita con el talento y el esfuerzo, el martes 3 de julio.

Ver evento en diferido

sábado, 9 de junio de 2012

La (r)evolución de la música

A veces, un pequeño gesto, una idea íntima se convierte en la solución a un gran desastre. Un desastre como el que afecta a la industria musical española. Una industria que, por lo general, ha dedicado más esfuerzo a buscar culpables fuera (piratería, descargas ilegales...) que dentro (los dioses del Olimpo no son dados a la autocrítica). Una actitud errónea, en mi opinión, porque la industria musical debería haberse dado cuenta de que su crisis se debe a causas propias como el desgaste que supone escuchar lo mismo y a los mismos una y otra vez, el precio de los cedés (ese objeto que ya casi es pieza de museo), la falta de oportunidades para los nuevos artistas, la actitud despótica respecto a sus principales consumidores (todo para los jóvenes, pero sin los jóvenes), la excesiva promoción de artistas de calidad más que discutible, la ausencia de ideas e iniciativas que rompan la inercia musical y promocional, el empecinamiento de sus responsables en defender un modelo de negocio desfasado respecto a la sociedad conectada en la que vivimos, la actitud victimista de algunas estrellas...

Lo curioso es que, precisamente, dos ejemplos de solución a los problemas de la música en España han surgido de Internet, demostrando que, lejos de ser un bastión de piratas violadores de los derechos de autor, es un punto de encuentro lleno de posibilidades.

El libre y espontáneo intercambio de opiniones desinteresadas de personas distintas geógrafica y culturalmente, la democratización global de las oportunidades, el enrequecimiento multidireccional al que se ve expuesto cualquier contenido online, la fiabilidad del implacable proceso de "selección natural" a la que está sometida cualquier cosa que se cuelgue en la red, la difusión masiva e instantánea, la posibilidad de trabajar o colaborar con toda clase de gente en cualquier momento y lugar y en tiempo real...Internet, más que una fosa séptica de maleantes del copyright, es un géiser de posibilidades y utilidades fantásticas que no hay que minusvalorar. Y esto es algo que entendieron muy bien dos personas: Pablo y Roberto.

Pablo: En los tiempos que corren, ya no es necesario mendigar la atención de las productoras peregrinando de una a otra con una maqueta para tener una oportunidad. En los tiempos que corren, Internet se ha convertido en una ventana al talento íntimo y personal de cualquier artista y en un escaparate fantástico desde el que darte a conocer masivamente y a coste cero (o casi). En los tiempos que corren, nada ni nadie condiciona que te guste algo o no: lo buscas en Internet, lo lees/ves/escuchas y entonces tú decides. En los tiempos que corren, Internet es el mejor lugar para tasar el talento en estado puro, en bruto, sin arreglos ni trucos. En los tiempos que corren, no hace falta irte a ningún estudio ni plató para dar rienda suelta a tu potencial, a tu talento, a tu sensibilidad; gracias a Internet, lo puedes hacer en tu casa.Y eso lo entendió muy bien el chico de este vídeo:
El resto, ya es historia. La historia de un triunfo apabullante conquistado a base de humildad, esfuerzo y talento. La historia de Pablo Alborán.

Roberto:A veces, el camino consiste precisamente en ir en sentido contrario o en salirte del camino que te marcan o en pensar un camino distinto. A veces, escribir el currículum profesional consiste en reescribirlo. A veces, la salida laboral está dentro de ti. A veces, probar algo nuevo es la mejor manera de mejorar algo que ya existe. A veces, el éxito individual se concibe como el éxito de un colectivo, como la suma de esfuerzos, ideas y voluntades. A veces, el triunfo profesional no consiste en querer ser el único, sino en formar parte de los mejores. A veces, el fracaso es el tiempo que tardas en darte cuenta de las cosas, de las oportunidades. Y esto creo que es algo que sabe muy bien mi compañero de universidad y amigo Roberto Carreras. Él es el mejor ejemplo que ilustra cómo siempre se puede tener un "plan B" cuando hay personalidad, "coco" y ganas de trabajar. Roberto supo renunciar al incierto camino del periodismo, tuvo hace años un excelente olfato con el potencial de Internet y las posibilidades que ofrecían las entonces incipientes redes sociales, y fue lo suficientemente valiente como para crearse su propio camino profesional. Si a ello le añadimos que entendió fenomenalmente que la creatividad puede ser una suma colectiva de talentos individuales pues...tenía unas buenas bases para que le fuera bien. Y así ha sido. También ayuda que en su viaje profesional cuente como acompañantes con personas que se han dado cuenta de todo eso. Una de ellas, el gran Carlos Jean. ¿El resultado? El exitoso "Plan B" (que salga algo malo de ahí es casi imposible) y el potente "Coca cola Music Experience" (si una empresa como Coca Cola se fija en ti, muy malo no debes ser...). En resumen, que está claro que no hay nada mejor que dejar que talento guíe tu camino...

Los casos de Pablo Alborán y Roberto Carreras son dos buenos ejemplos para ilustrar lo que decía al comienzo del artículo:un pequeño gesto, una idea íntima se convierte en la solución a un gran desastre. Y es que, con todo merecimiento, ambos son dos nombres propios de la (r)evolución que está cambiando la música en España. Dos ejemplos de que el talento y la juventud no están reñidos con el éxito. Dos personas con algo que contar y que decir y a las que escucharé en un coloquio que promete mucho: el del ciclo Friends of Talent del próximo martes.

miércoles, 6 de junio de 2012

Oz a la vuelta de la esquina

Todo va mal. El mundo se acaba. No hay futuro. Próxima estación: Apocalipsis. Desde hace años vivimos en un estado permanente de “se acabó lo que se daba” que los medios de comunicación se encargan de recordarnos un día sí y otro también. Un panorama emocional que convierte la cama en el mejor lugar en el que podemos estar, no vaya a ser que al poner un pie en el suelo nos lo devore la prima de riesgo o que al caminar por la calle nos unamos a la cola del paro, como una conga diabólica y eterna.

Yo no sé si los mayas predijeron este ambientazo de funeral o si la culpa de todo esto es de los políticos, los mercados, los bancos o de los illuminati. Lo que sí sé es que los jóvenes en general y los españoles en particular lo último que necesitamos es que nos hagan sentir como si nuestro futuro estuviera escrito en un acta de defunción. Es cierto que la situación no es para tirar cohetes, que las perspectivas no son para descorchar champán (o cava), que quizás estamos en medio de una tormenta perfecta donde las malas noticias caen como chuzos de punta. Pero no menos cierto es lo que decían en una película de culto: “Nunca llueve eternamente”.

Hasta hace poco, me costaba mucho creer que sólo les iba bien a quienes se iban fuera de España a buscarse la vida, entendiendo por “fuera” la residencia de cualquier tipo al que se le pague un dineral por venir aquí a darnos una charla con traducción simultánea para que nos descubra el Santo Grial. Desde hace unas semanas, directamente, no me lo creo. Me niego a creer que el camino de baldosas amarillas te lleva necesariamente a Berlín, París, Londres o Nueva York. Y me niego no por un optimismo tonto y sin fundamento, sino porque tengo argumentos para pensar diferente. Argumentos que se llaman Pablo, Roberto, Borja, Andrés, Diego, Josef, Rodrigo...Razones para creer que Oz puede estar a la vuelta de la esquina. Que el éxito puede ser tu vecino.

Y si alguien no me cree, más vale que no se pierda el ciclo Friends of talent, porque, a lo mejor...empieza a pensar como yo.

sábado, 26 de mayo de 2012

¡Que no! ¡Que no me representan!

Hace un año por estas fechas el 15-M parecía destinado a revolucionar España y revitalizar la vida pública y privada del país. Aquella insurgencia ciudadana nació como un movimiento espontáneo, masivo y popular de indignación, de hartazgo, de cabreo contra todo lo que hace que la sociedad en general y la española en particular vayan de mal en peor. Más de un años después, el enfado social ha impulsado un cambio en varios gobiernos europeos y otros lo están pasando muy mal sintiendo la presión del más que probable desahucio del poder. Minipunto para los "indignados". Pero, en lo fundamental, el proceso de higiene y oxigenación política, económica y social sigue sin existir. Las medidas adoptadas tienen más pinta de "tiro por la culata" que de "flecha en la diana", los políticos siguen en caída libre, los mercados bursátiles son una montaña rusa de sólo bajada, la economía parece pedir la eutanasia todos los días, la banca está más por "coge el dinero y corre" que por liderar el cambio, el empleo es el Santo Grial, los medios de comunicación son voceros en el desierto, el ocio es tan caro que distraerse es un lujo, la gente se mosquea con demasiada facilidad...En todos estos meses, la ilusión por el cambio se ha transformado en urgencia y, posteriormente, en una histeria obsesiva: ¿Cambio? ¿Qué cambio? Lo que ha pasado, en todo caso, es lo que dicen en El gatopardo: Cambiarlo todo para que nada cambie. La crisis sigue estando ahí.

De todos modos, para mí, lo más preocupante o alarmante no es tanto que el cambio, los cambios o su puñetera madre estén surtiendo efecto (al menos, el deseado). Para mí, lo más triste y demoledor es constatar la ausencia, la carencia de representantes; de gente con la que te sientas identificado y que ponen en su boca tus pensamientos y generan confianza con sus hechos. Hablo por mí, pero yo no me siento representado por...
  • Los políticos: No me puedo sentir representado por quienes, en lugar de representar al país, se representan a ellos mismos. Son incapaces de abandonar su prepotencia despótica y su soberbia ensimismada.Son cobardes a la hora de "hacer lo que hay que hacer", e inútiles en su papel de servicio a la ciudadanía. Indignos del poder, el respeto y el dinero que se les otorga.
  • La banca: No me puedo sentir representado por quienes sólo representan sus propios intereses a costa de los de sus clientes. Si hubieran conocido la decencia, la crisis hoy no existiría. Son culpables no sólo por alimentar las causas de la crisis, sino porque para salvar sus cuentas de resultados, sus sueldos estratosféricos y su escandaloso tren de vida han dejado sin crédito, literal y figuradamente, a todo un país.
  • Los sindicatos: No me puedo sentir representado por unas personas que trabajan poco y ganan mucho.Hipócritas, trasnochados, vagos e inútiles en su rol.Habría que eliminarlos (como modo de vida, quiero decir).
  • Los líderes juveniles: No me puedo sentir representado por jóvenes que no conoce ni el esfuerzo ni el mérito. En los últimos tiempos, especialmente en el ámbito estudiantil, han surgido unos chavales que parecen hablar en nombre de la juventud, como si fueran unos líderes que aglutinaran en sí mismos los valores de los jóvenes españoles. ¿Es un chiste? Yo, como joven, no me puedo sentir representado por una chavalería que ya no es que no conozca la estética (las pintas que llevan es lo de menos), sino que el esfuerzo lo entienden como los años que tardan en aprobar una asignatura, chicos cuya aspiración profesional parece ser llegar a la militancia en algún sindicato, que hablan de forma trasnochada, cuya capacidad de actuación se reduce al berreo, o cuya máxima gloria puede ser que te entreviste el demagogo de turno. Claro que los jóvenes españoles tenemos motivos de sobra para hacernos oír, pero no con estos bandarras, por favor.
  • Los medios de comunicación: No me puedo sentir representado por unos medios que no me dicen lo que quiero saber sino lo que otros quieren que sepa. Entre la crisis de credibilidad (lo mismo de siempre, los mismos de siempre) y la de publicidad, están hechos unos zorros.
  • El Rey: No me puedo sentir representado por alguien que parece su propia parodia para vergüenza del país al que representa. Después de lo de los cuernos en Botsuana, creo que habría que variar la programación televisiva en Nochebuena, indefinidamente. Yo, desde luego, no me puedo sentir representado por alguien tan sumamente torpe, hipócrita y desconsiderado.
  • El 15-M: No me puedo sentir representado por alguien que se queja demasiado y hace poco para cambiar la situación. Compartiendo motivos y algunas de sus metas, no me siento representado por un colectivo que actualmente está más cerca del perroflautismo y la inoperancia idealista que de un movimiento capaz de tener un papel influyente, activo y efectivo en la vida pública. Estoy bastante decepcionado con cómo ha evolucionado. Para cambiar las cosas, hace falta algo más que berrear como si esto fuera "mayo del 68" (ya quisieran), montar reuniones en las plazas, sentarse en el suelo, mover las manitas al aire o pintar pancartas con reclamos ingeniosos. ¡Hay que actuar! Los brindis al sol, ni con calimocho.
En fin, que, visto lo visto, lo de España no es tanto un problema de que defunción económica como de ausencia de referentes que te induzcan a algo que no sea ciscarte en la madre de alguien o vomitar hasta la primera papilla.

¿O no?

martes, 21 de febrero de 2012

El hambre y las ganas de comer

Valencia estos días no parece la tierra de las flores ni de la luz ni del amor. Más bien parece una lección callejera y televisada de física (tercera Ley de Newton) y química (combustión). Sea como fuere, lo único que ha quedado es una lección matemática casi universal: Policía + Estudiantes = Altercados. O, por utilizar la jerga popular, se han juntado el hambre con las ganas de comer.

Por un lado, tenemos a la policía, ese cuerpo que demuestra su poderío con una irregularidad bastante discutible. Yo mismo recuerdo cómo cargó la policía contra los cientos de personas (familias, padres con niños, jóvenes, etc) que festejamos pacíficamente en Neptuno el regreso del Atleti a Primera División. La mesura y la sensatez es algo que parece faltar en el diccionario policial. Escenas como las ocurridas en Valencia me recuerdan a ciertas secuencias de una película: El planeta de los simios y eso dice muy poco en favor de los "protectores de la ley y el orden". Aunque tampoco es de extrañar que actúen así si tenemos en cuenta que cuando los tiempos eran en blanco y negro y los policías eran grises, se les inflamaba la porra ante cualquier grupo de jóvenes y/o protestantes. De aquellos polvos...

Por otro, tenemos a la chavalería (no quiero emplear el término "estudiantes" porque en las imágenes vistas en televisión, hay gente que por modales y pintas, no ha debido pisar ni el jardín de infancia). Los jóvenes son casi por definición un peligroso cóctel de idealismo, hormonas e ingenuidad que les habilita, si no lo remedia un mínimo de madurez, para convertirse en borregos gregarios de demagogos trasnochados, turba de gilipollas dirigida por los cuatro bronquistas de turno o émulos patéticos de los estudiantes franceses del 68. Creo no equivocarme si pienso que para muchos de los protestantes lo de menos era la reivindicación de una educación de calidad (causa con la que, por cierto, estoy completamente de acuerdo) sino hacerse el héroe para que su pareja se "entone", sentirse alguien o, simplemente, esperar a que se salgan las cosas de madre para sacar al cretino que llevan dentro.

Tampoco ayuda demasiado que la Comunidad Valenciana tenga un Jefe Superior de Policía que se cree Patton, porque no es que apacigue precisamente las cosas...

En fin. Que espero que pronto se acabe este brote ridículo, violento y verbenero que causa auténtica vergüenza. 

lunes, 28 de junio de 2010

Enterrando a Peter Pan

Peter Pan zigzagueaba los cielos nocturnos con una sonrisa en los labios. A lo lejos, vio la luz de la habitación de la pequeña Wendy Darling y revoloteó hasta su ventana, exultante por las aventuras que estaban a punto de dar comienzo. Se coló en el cuarto sin hacer ruido con el bravucón propósito de darle una sorpresa, pero...la escena que vio le desconcertó.

La muchacha, de doce años, vestida con un escueto pijama más propio de un clima tropical, tecleaba con celeridad y tino ante una pantalla de ordenador divida en pequeñas ventanas donde se podían leer "Facebook", "Tuenti" y "Messenger". Mientras, algo parecido a una calculadora allanada por un elefante y que recibía el nombre de "i-pod", saturaba el ambiente con canciones que emergían rampantes de unos sofisticados altavoces, entonadas por jóvenes que, entre gallo y gallo, clamaban por divertidas travesuras transgesoras. Tan transgresoras como podía ser el piercing plateado que titilaba discreto en la nariz de Wendy. Tan transgresoras como los pósters que forraban la habitación donde quinceañeros con más fama y dinero del que podía soportar su sensatez enseñaban apolíneos torsos en poses de dandi infantil, ellos, y un ajustado vestido de meretriz naif tan decadente como podía ser Disneylandia, ellas. Tan transgresoras como ese paquete de tabaco a estrenar torpemente escondido entre los pliegues de una raída mochila decorada por chapas en las que cohabitaban la imagen de Micky Mouse con la "A" de anarquía y el logo de Playboy con el barbudo retrato de un tal "Ché".

Peter se quedó perplejo. "¡Caray!" pensó. Estaba a punto de hablar a la pequeña Darling cuando una melodía similar a la que se obtendría de encerrar a un conjunto pop en una caja de cerillas con mala acústica llamada "móvil" electrificó el espinazo de Wendy, que rápidamente se revolvió en su asiento y atendió la llamada de su amiga Cris(tine). Así se inició una conversación donde todo el léxico mamado de la telebasura y revistas de baratillo se sintetizó a la velocidad del chat para dar rienda suelta a su excitación por un evento que marcaría sus vidas de forma imperecedera: su primer botellón. "¿Botellón? - se preguntó Pan - ¿Qué diantres es eso?". Minutos más tarde, el bueno de Peter tenía tal cantidad de información que podría describir a la perfección a "Johnny" (pese que a su nombre de pila era David), el "amigo" de quince años, ateo convencido y con peinado homenajeando a un cepillo con el que Wendy había compartido unos cuantos besos "con lengua". Claro que tampoco le andaba a la zaga "JJ", el novio de catorce de Cris que vestía de rasgado luto permanente y que tenía como credenciales haber vomitado ya más de diez veces por ingerir demasiado alcohol y fumar con bastante estilo. Pero sin duda, lo más impactante del diálogo fue lo que ocurrió en el baño de chicas donde pillaron a una de sus compañeras, Cindy, haciendo "algo" con un "mayor" durante la clase de matemáticas...

Peter Pan estaba al borde del vahído mientras la incredulidad le producía una taquicardia cuando Wendy levantó la cabeza y le vio. Colgó a su amiga abruptamente. Peter sonrió amistoso. Wendy crispó el ceño y bramó: "¡Fuera de mi puto cuarto, pajillero de mierda!".

Peter salió volando por la ventana presa del pánico y tiritando de asombro. Comparado con aquello, el capitán Garfio era el colmo de las buenas maneras y una compañía no tan mala...De vuelta en Nuncajamás, se sentó apesadumbrado y, a la luz de Campanilla, lamentó que Wendy nunca fuera a conocer aquel maravilloso país lleno de magia, aventuras e inocencia, porque ella había querido crecer demasiado deprisa, antes de tiempo...como parece que ocurre, lamentablemente, con los niños españoles.

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Amor con o sin compromiso?

Recientemente, he visto una reconfortante e inteligente comedia sobre las relaciones sentimentales en la juventud de hoy en día. El título, "500 días juntos". La impresión, inmejorable.

Esta afortunada película, dirigida por Marc Webb con guión de Scott Neustadter y Michael H.Weber,
se aleja de los típicos y tediosos estereotipos del cine comercial para, mientras los critica implícitamente, ahondar con contundencia, naturalidad e inteligente sentido del humor en la relación entre dos jóvenes en el que el chico (un convincente Joseph Gordon-Levitt) encarna la tradicional concepción femenina del amor (valoración del compromiso, primacía de los sentimientos sobre el instinto y las bajas pasiones, la fidelidad como mecanismo de respeto mutuo, altruismo emocional) y la chica (espléndida Zooey Deschanel), por su parte, representa el comportamiento que tradicional y feministamente se ha asociado a los varones (independencia y libertad sentimental-sexual, aversión a la fidelidad, hedonismo egoísta, desapego emocional, escepticismo afectivo).
Un trueque de roles sentimentales que, aunque pueda parecer estrambótico, está cada vez más instalado en la sociedad postmoderna que vivimos, siendo esta inversión algo especialmente palpable en la juventud en general y en las féminas en particular.

A lo largo del metraje, conducidos por una original narración no lineal, los espectadores son testigos del devenir de esa peculiar y azarosa relación, la cual entraña un curioso proceso de quijotización y sanchificación sentimental que, resulte amargo o no, es tan real como la vida misma. ¿Habrá final feliz? Tal vez...La respuesta está en el cine.

De la película sólo puedo añadir que es ciertamente recomendable, ya sea como comedia "romántica" (quien la vea sabrá el porqué del entrecomillado) o como demoledor y lúcido ensayo sobre las relaciones hoy en día. Y es precisamente en éste último ámbito en el que quiero centrar mis reflexiones hoy. "500 días juntos" esconde una suerte de manual de instrucciones para no naufragar por las procelosas aguas de las relaciones actuales (donde el lecho marino está lleno de pecios de buenos sentimientos y esqueletos de idealistas), especialmente si se es joven. Unas advertencias con amargas moralejas que se pueden resumir en las siguientes:

1- El compromiso del no compromiso. Hoy el compromiso, entendido como fidelidad y respeto al otro, está siendo devaluado (se utiliza por estética o retórica más que por convicción) o denostado (al asociarlo erróneamente con una mentalidad rancia, machista u obsoleta) o pervertido (como disfraz del egoísmo: "compromiso sí, pero sólo cuando me interesa"). Hoy lo más "normal" (sinónimo de infelizmente común) es que o bien no se ofrezca compromiso ni fidelidad alguna (como si su ausencia fuera la letra pequeña de un contrato relacional) o bien se exija de forma más o menos diplomática la permisividad en la libertad de acción (sentimental y, sobre todo, sexual). Lo más doloroso y lamentable es que esto, además de ser un (im)pacto cuya onda expansiva está aún por delimitar, es el mejor remedio para evitar desazones, depresiones o enfados mayúsculos cuando tu pareja te comenta o te
demuestra que no eres el único nombre en su corazón o cama. En definitiva, el compromiso ha muerto para despendolar el libre albedrío sexual.

2- La perversión del concepto "amistad". Actualmente, la amistad parece ser que da mucho de sí y hay quien la ha estirado como el chicle a la hora de justificar unos comportamientos hedonistas, despreocupados y egoístas. La bóveda de la amistad se ha ampliado hasta casi la distorsión con tal de dar cabida a actos y actitudes hasta ahora circunscritas al ámbito de la "pareja formal": ósculos y no precisamente en la mejilla, cópulas ocasionales, utilización del amigo/a como remiendo o parche eventual de tu pareja...Quizás no me equivoco si digo que bajo esta perversión y manipulación de los límites de la amistad se esconde la alergia al compromiso y la responsabilidad y el rampante gusto por el egoísmo sentimental-sexual. El amigo es concebido por no pocas personas (cada vez más jóvenes) como una especie de "compañero multifunción", una comparsa de las apetencias íntimas al que puedes utilizar a conveniencia sin escudarte en más justificación que "Sólo somos amigos". Esta idea es uno de los pilares de la trama de
la película y es ejemplarmente criticada en una elocuente escena.

3- La conciencia como interruptor.
No es de extrañar que ante un panorama tan hedonista
y egoísta, la conciencia se haya tornado para quienes llevan a la práctica esas indecorosas ideas en un interruptor que sólo encienden cuando se quiera aparentar dignidad, huir de problemas o ejecutar un rentable victimismo. La conciencia es algo demasiado incómodo para quienes no les preocupa ni el pasado ni el futuro ni ven más allá de sus propias narices o genitales. "Si la conciencia es un foco que nos muestra amargamente como viles retales de inmoralidad, más vale tenerla apagada" deben pensar...Lo cierto es que el hueco dejado por la ecuánime conciencia ha sido ocupado por una voraz desvergüenza.

4- Las chicas, de víctimas a verdugas. Con esto quiero decir que si antes eran víctimas del proverbial (y discutible) egoísmo y desconsideración de los chicos, ahora son ellas las que cosifican a los varones para su propio disfrute y utilidad, enarbolando los vicios y defectos arriba criticados. Se han invertido las concepciones y los roles, pero la injusticia sigue siendo igualmente reprobable. Ahora las sufridas dominadas son inmisericordes dominantes, un daño colateral más del estúpido feminismo que cambia una dictadura por otra. Ellas eligen, ellas hacen, ellas deshacen. No es una generalidad, ojo, pero sí una tendencia cada vez más expandida y evidente, especialmente en la juventud.

Si todas esas premisas subyacen en la estupenda "500 días juntos", habrá a quien no le sorprenda el desenlace de la película...o tal vez sí. Lo único seguro es que quien esto escribe, lo hace desde la experiencia propia y la sensatez y no desde la misoginia, porque tan malo e indecente es que lo que he criticado y comentado lo hagan los chicos como las chicas ya que, sencillamente, es algo vergonzoso e inhumano. Quizás escribo todo esto porque soy un romántico enamorado de los finales felices, dentro y fuera de una pantalla...

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Qué les pasa a las chicas?

La juventud ya no es lo que era. Al menos, no es lo que era hasta hace bien poco: un tropel de proyectos de interesantes adultos salpicado con indeseables prototipos defectuosos. Ahora es otra cosa...peor. Por poner un ejemplo: Yo crecí viendo en la tele "Los Fraguel" y las series distribuidas por BRB Internacional y en el cine "La historia interminable" y "El club de los poetas muertos"; mientras que la chavalería de ahora lo hace viendo en la pequeña pantalla "Física o Química" y "Sin tetas no hay paraíso" y, en la grande, "Yo soy la Juani" y "Mentiras y gordas". Exponer a los maleables mozos a influencias o "referencias" de este tipo es como irse en 1987 a Chernóbil en bermudas, chanclas y pecho descubierto. Fijar como icono mediático generacional a una sarta de golfas, chulos, descerebrados, guarras, irresponsables y orgullosos analfabetos, un delito que sí debería preocupar al Defensor del Menor y al séquito de psicólogos meapilas que prefieren entretenerse en nimiedades.

Fijado ya el contexto del artículo, iré un paso más allá hacia las protagonistas del mismo: las que otrora eran la gran esperanza de cada generación y hoy son la luz roja intermitente de "Ojito, masa crítica alcanzada: Apaga y vámonos", es decir, las jóvenes de entre 18 y 30 años, o, precisando, una ingente y considerable parte de ellas. Antes de continuar, conviene remarcar que yo siempre he sido un gran defensor y admirador del precoz talento y la polivalencia femenina, especialmente entre mis quintas y aledaños...quizás por eso, hoy mi decepción y desaliento es mayor. Por eso, exceptuando a aquellas honrosas excepciones que tanto ustedes como yo tendremos, me van a permitir que suba al cadalso a la miríada de incultas, zafias, amorales, asilvestradas, egoístas, inútiles, pérfidas y desvergonzadas chavalas que me han roto los esquemas a bochorno limpio.Como siempre, para facilitar mi exposición y su lectura, lo desarrollaré todo en puntos:
  • El daño del feminismo mal entendido y bien extendido: El feminismo como reivindicación de una condición de equilibrio e igualdad entre hombres y mujeres me parece una de las mejores ideas e iniciativas que el ser humano ha podido tener. En cambio, el feminismo entendido como sustitución del repulsivo despotismo machista por una repugnante dictadura femenil, como revolución colérica de un atajo de feas, vagas e ineptas, como coartada para comportarse como unas bellacas, haraganas y rameras emocionales, pues...qué les voy a decir: Que me parece algo igual de lamentable, asqueroso, injusto, vergonzante y vergonzoso que el arquetipo del "macho cañí", ya que cualquier filosofía o comportamiento sexista, sea cual sea el aparato reproductor de la persona practicante, me parece una exhibición de supina estupidez. Hemos pasado de "El hombre tiene carta blanca para ser y comportarse como le venga en gana" a "La mujer tiene carta blanca para ser y comportarse como le salga de salve sea la parte". ¿Y el término medio? ¿Y la sensatez?¿Y la igualdad? Pasadas por la quilla, obviamente. Éste es el marco "social-moral" en el que se mueven las doncellas que tanto me desmoraliza y crispa encontrar.
  • Sólo sé que no sé nada: Al igual que muchos rufianes masculinos, una preocupante mayoría de chicas jóvenes, han pervertido el aforismo del filósofo para convertirse en la práctica en lo más parecido a un microondas en medio del desierto, esto es, un estúpido monumento a la inutilidad. Lo peor no es no saber hacer tareas utilísimas para la vida diaria ni tener conocimientos aceptables en las materias distintivas entre un tarugo y una persona normal, sino no querer aprender y regodearse en ello. "¿Por qué he de aprender? ¡Hazlo tú!" o "Ya tendré quien me lo haga" replican casi molestas algunas cuando se les menta esta cuestión. Se ve que, al igual que muchos chavales, hay decenas de chicas deseosas de enarbolar la bandera de la zoquetería y la incompetencia en lugar de servir de loable ejemplo para los demás...Lo peor es ya dar con una tipa de esta especie que encima sea tan pretenciosa y orgullosa que quiera disimular o maquillar tales carencias. Eso sí que es para miccionar y no echar gota o, directamente, reírse a mandíbula batiente.
  • Ladies Sade: En los tiempos de Lady Gaga, florecen las ladies Sade. Al igual que el celebérrimo marqués, innumerables féminas en la órbita de la edad del pavo (o más allá) hacen ufana gala de una amoralidad y desafección sentimental en pos de un pragmatismo egoísta y vacuo. Abjurando de cualquier referente ético o moral, han pasado de damas a depredadoras con indudable éxito en una sociedad que consiente e incluso alienta ello. El desapego emocional, el egoísmo afectivo, la activa marginación de los buenos sentimientos y la rampante promiscuidad han convertido a innumerables chicas en sujetos con una más que defectuosa expresividad íntima y una mentalidad que convierte de facto a Donatien Alphonse François en un retrógrado. Si esto es una reacción adaptativa para inmunizarse ante cualquier frustración amatoria o sexual provocada por mis congéneres, desde luego que lo han conseguido, porque teniendo la misma sensibilidad que un frigorífico es difícil sentir o padecer. Es más, no sólo se han defendido del "enemigo", sino que se han convertido en algo mucho más temible que él. ¿Qué hacer ante individuas así? Pues, si se quiere seguir su juego, aprovecharse de estas psicópatas relacionales, sin remilgo alguno, tal y como ellas hacen de los demás. Si no, huir, cuanto más lejos, mejor...No obstante, no deja de ser curioso cómo aún hoy chicas de este calibre siguen quedándose prendadas o incluso encintas de hombres con menos modales que un neanderthal, con alma de proxeneta, y temple de hooligan. Será que Dios los cría y ellos se juntan, que, como decía el arquitecto, "menos es más", o que "El desdén con el desdén" de Moreto está hoy en día muy vigente...
  • La despersonalización de la pareja: Hoy en día no pocas jóvenes conciben a su pareja, tanto en términos genéricos como personales, no como el individuo al que aman y con el que quieren compartir vivencias, inquietudes y todo lo que rellena la existencia, puesto que eso está demodé, sino como una suerte de surtidor de caprichos y regalos, un lacayo al que se paga en carnes (y a veces ni eso), un útil sustento económico, un sustituto de cualquier juguete sexual, una alternativa al onanismo, un trofeo a exhibir delante de amistades, un mero objetivo cumplido en la lista de tareas que se marcan en su plan de vida, una solución barata para no ir al psicólogo, un remedio para acallar bocas, una tranquilidad que les permite coquetear frívolamente con otros individuos de los que obtener secretamente aviesos beneficios ocasionales, un remiendo para el amor/coito platónico, un pasatiempo canjeable por aburrimiento, un chivo expiatorio en el que descargar la frustración por decepciones ajenas, un medio para un fin...Esto es algo que no es nuevo, porque hasta ahora era una práctica casi exclusiva de los varones jóvenes (o de otra edad pero con idéntica inmadurez intelectual y emocional). La novedad es que ahora son ellas las que se comportan a conciencia de esta manera, despersonalizando y cosificando a sus parejas hasta límites difícilmente soportables, sustrayendo a la relación cualquier atisbo de amor, franqueza y naturalidad.
  • La relativización de reglas e ideales: Estrechamente unido a los puntos anteriores. Incontables jóvenes de hoy en día tienden una propensión, consciente o no, a relativizar exageradamente cualquier regla, pacto, compromiso o ideal, adecuándolo según las circunstancias y/o su propia apetencia en pos de su exclusivo beneficio. Así las cosas, esperar, pedir o exigir a estas féminas el mínimo decoro a conceptos como "sinceridad", "lealtad", "fidelidad", "compromiso", "honestidad", "nobleza", "generosidad" o "respeto" es algo tan frustrante como organizar un campeonato de snowboard en el desierto del Gobi. Hoy las chicas manipulan con descaro y facilidad convenciones e ideales para, como si fuera un mecano o un lego, construirse su propio armazón legislativo, con el que estar contentas consigo mismas y sobrevivir en el mundo. Son, en consecuencia, el máximo exponente de la supervivencia a través de la relativización, es decir, supervivientes natas que, a la postre, sólo se importan ellas mismas.
  • Chonilumis: Como consecuencia de todo lo anterior, una silente moda estética se ha ido imponiendo entre una peligrosamente creciente porción de la chiquillería femenina. Un híbrido entre el look de choni, estrella del pop y lumi de la calle Montera, que sorprendentemente hace que cualquier chica de esa guisa te pueda parecer salida de un arrabal industrial, la calle Serrano o un puticlub de mala muerte. Si a eso se le une la peculiar forma de hablar donde el analfabetismo es norma, tenemos ante nosotros a una de las muchas chicas de entre 18 y 30 años que nos podemos encontrar por cualquier calle, a cualquier hora. Marginadas quedan la clase, la elegancia y el estilo propio.
  • ¿Culpables?: El punto más sencillo de todos: La sociedad por consentirlo y los padres por no evitarlo.
De todos modos, aunque es un panorama descorazonador, cabe decir que féminas de este tipo se las tienen sobradamente merecidas todos aquellos infantes a los que ese período de gilipollez generalizada transitoria llamada "edad del pavo" comienza antes y termina después de lo normal, que son meros homínidos con exceso de hormonas y carencia de neuronas. Pero sólo ellos, ojo. El resto de los chicos jóvenes "de bien",no nos merecemos esta escandalosa pandemia que hace bueno aquello de "Cualquier tiempo pasado fue mejor" u "Otras vendrán que buena la harán". Y es que, visto el percal, estoy convencido de que el Tenorio hoy se metería a monje sin dilación.

Por último, este artículo está dedicado a todas las mujeres que conozco, que, independientemente de su edad, están en las antípodas de las aquí criticadas y a quienes admiro y aprecio de todo corazón. Ellas ya saben quiénes son.