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domingo, 4 de noviembre de 2018

Las chicas supervivientes

Recientemente, mientras veía La noche de Halloween (curiosa secuela que también funciona como reinicio de la saga y que me gustó más de lo que esperaba al aunar lo mejor de la original de John Carpenter y de la versión de Rob Zombie), hubo una escena en la que las tres "generaciones de mujeres Strode" plantan cara a Michael Myers uniendo fuerzas y que me hizo pensar en cómo este arquetipo de personaje, el de la chica sobreviviente (final girl en inglés) ha ido evolucionando a lo largo de los años, pasando de ser un icono del puritanismo más rancio a ser actualmente emblema del denominado empoderamiento femenino, ya que donde los hombres fracasan, las mujeres triunfan y mientras ellos mueren, ellas perviven. Así, allí donde las películas de Disney patinan (salvo contadas excepciones, las "princesas" acaban salvadas por "príncipes"), las películas de terror aciertan al mostrar a las mujeres como las pu*as amas, siendo lo suficientemente poderosas y autosuficientes como para escribir su propia historia y derrotar o sobrevivir al villano de turno.

Con frecuencia se suele minusvalorar a las películas de terror, contemplándolas poco menos que como un repertorio de sustos y/o vísceras sin ton ni son. Y no. Las películas de terror son un excelente espejo de la sociedad de su tiempo. De ahí que, por ejemplo, en su día, las películas con alienígenas estuvieran de moda cuando el miedo al comunismo rampaba en EEUU, o que las películas con hordas de muertos vivientes estuvieran en auge cuando el voraz consumismo amenazaba el propio estado del bienestar, etc. Sobre esto hay mucho y muy bien escrito (por ejemplo, el sensacional Monster Show de David J. Skal), así que a ello me remito. En el caso de las final girls, surgen como personajes arquetípicos de un subgénero, el del slasher (es decir, películas de terror protagonizadas por un brutal asesino en serie), que nació al calor del puritanismo conservador que caracterizó yanquilandia a finales de los 70 y comienzos de los 80 del siglo XX y en el que la muerte estaba asegurada para todos aquellos personajes que vulneraran la moral y la estética conservadoras, asunto éste del que se supieron burlar fenomenalmente películas como Cherry Falls, Scream y Las últimas supervivientes. Sobre esto, también se han publicado análisis interesantes (como Hombres, mujeres y motosierras de Carol J. Clover), así que no es mi intención apuntarme ningún tanto con esto sino remarcar algo que es tan interesante como evidente.

La figura de la "chica sobreviviente" se ha hecho icónica tanto en el terror más contemporáneo (ahí están, por ejemplo, personajes como Mari Collingwood - La última casa a la izquierda, Jess Bradford - Negra Navidad, Sally Hardesty - La matanza de Texas, Ginny Field - Viernes 13 parte 2, Laurie Strode - Halloween, Nancy Thompson - Pesadilla en Elm Street, Kirsty Cotton - Hellraiser, Sidney Prescott - Scream, Julie James - Sé lo que hicisteis el último verano, Sarah Carter - The descent, Erin Harson - Tú eres el siguiente, Marybeth Dunston - Hatchet...),como en el futurista (con Ellen Ripley - Alien, y Sarah Connor - Terminator, partiendo la pana). Por eso, no deja de ser curioso cómo se suele asociar a lo femenino géneros como las comedias románticas o películas como las de Disney que, en el mejor de los casos, sirven más para enseñar cómo deberían ser los hombres que cómo deberían ser las mujeres, algo que sí logran, en mi opinión, las películas de terror. La prueba más tosca y evidente de esto es que en las horror movies ellos o caen como moscas o acaban siendo salvados gracias a ellas, que son las que se encargan de derrotar al ente aniquilador (por lo general una versión grotesca y exacerbada de todos los defectos del machismo) o de escapar de lo que parecía una muerte segura. Así, contra la versión endeble, frívola y ñoña de la mujer que se sublima en el pastelada de turno o en la mayoría de "princesas Disney", las películas de terror nos brindan por lo general una versión fuerte, resiliente, inteligente, adaptativa y autosuficiente de la mujer que es bastante necesaria y más cercana a la vida real que las de esas otras ficciones que mencionaba.

De todo ello parecen ser muy conscientes los responsables de La noche de Halloween ya que, más que como un homenaje a Michael Myers por el 40 aniversario de su incorporación al bestiario del terror cinematográfico, funciona como un enérgico subrayado de esas mujeres que sigue en pie cuando los hombres están hechos pedazos, figurada o literalmente. Así que, honestamente, cuantas más mujeres vean este tipo de películas, mejor, porque eso ayudará a destruir cuanto antes no sólo bochornosas desigualdades y sonrojantes tópicos que aún persisten en nuestra sociedad sino también a erradicar a todos esos monstruos que convierten domicilios y/o centros de trabajo en auténticas películas de terror.

lunes, 30 de abril de 2018

"Penny Dreadful": monstruos como nosotros

Dicen que todo lo bueno se hace esperar. Quizá por eso he podido disfrutar de un tirón de la serie Penny Dreadful cuando ha pasado más de un año desde su final y casi cuatro desde su estreno.

La serie de Showtime reimagina de forma respetuosa pero novedosa a los grandes personajes de la literatura decimonónica de terror (Drácula, Dorian Gray, Frankenstein, Doctor Jekyll, etc) y los arquetipos más universales y clásicos del terror (el vampiro, la bruja, el hombre-lobo, el no-muerto...) haciéndolos convivir en un mismo espacio y lugar, conformando algo similar a lo que logró Alan Moore en su magnífica novela gráfica La Liga de los Hombres Extraordinarios. Así, Penny Dreadful nos sumerge en una historia que básicamente cuenta las aventuras de un grupo de siniestros antihéroes contra el Mal, ya adopte éste la forma de vampiros acólitos de Drácula o de brujas al servicio de Satanás. A este respecto conviene aclarar que pese a su estructura episódica que la acerca al folletín y a su división en temporadas (tres), Penny Dreadful conforma una única historia en la que cada temporada constituye una parte diferente del esquema clásico de una narración: introducción (primera temporada), nudo (segunda temporada) y desenlace (tercera temporada). Narrativamente, creo que John Logan, creador y máximo responsable de esta producción, hace un gran trabajo, a pesar de ciertos problemas de "tempo narrativo" (en la segunda es excesivamente lento y en la tercera demasiado rápido) y de que algunas tramas y personajes están peor resueltos que otros. Digo que ha hecho un gran trabajo porque combinar tantos y tan conocidos personajes, arquetipos y temas para ofrecer algo fresco y entretenido no es nada fácil. Y Penny Dreadful lo logra. A ello ayudan bastante un reparto muy solvente en sus actuaciones (Eva Green, Timothy Dalton y Josh Hartnett son sus rostros más conocidos), un diseño de producción muy cuidado que te sumerge con mucha facilidad en todas esas ciudades distintas que era el Londres de finales del XIX, una fotografía excelente (es complicado hacer que algo sórdido o truculento resulte tan agradable a la vista) y la sensacional y conmovedora banda sonora compuesta por Abel Korzeniowski. Tampoco hay que ningunear el acertado tratamiento de los personajes, puesto que están llenos de matices y claroscuros que los hacen menos ficticios y más verosímiles y, además, están dotados todos ellos, hasta los más secundarios, de un carisma magnético que hace complicado no empatizar con ellos. En este sentido, he de reconocer que lo que hace Rory Kinnear encarnando a la criatura de Frankenstein me parece simple y llanamente a-co-jo-nan-te. Conviene añadir además que si bien es una serie con (lógicamente) varias concesiones al terror e incluso al gore, también exhibe escenas de una hondura emocional estremecedora que demuestran el alma de esta producción.

Dicho esto, creo que lo mejor de la serie es algo que simultáneamente subyace y trasciende la maraña de tramas que conforman las inquietantes y entretenidas peripecias de Vanessa Ives y compañía. En mi opinión, el gran logro de Penny Dreadful es hablar sobre la humanidad utilizando a "monstruos". Lo monstruoso para hablar de lo humano. La ficción para hablar de lo real. Nada nuevo bajo el sol literario. En ese sentido, esta producción constituye un recorrido por esa red de dicotomías, contradicciones y paradojas que conforma el tapiz de la condición humana. Así, el espectador constata al cabo de las tres temporadas cuánta belleza cabe dentro de la fealdad, cuánta fealdad puede ocultar la belleza, cuánta oscuridad hay en el interior de la luz, cuánta luz puede haber en las entrañas de la oscuridad, cuánta muerte existe en la vida, cuánta vida hay en la muerte, cuánta lógica hay en la locura, cuánta locura hay en la razón, cuánto dolor puede haber en la alegría, cuánta alegría puede anidar en el dolor. 

Por todo ello, el principal tema de Penny Dreadful, por encima de la lucha entre el Bien y el Mal sobre la que pivotan las tenebrosas aventuras de sus protagonistas, es sin duda alguna la aceptación de la identidad, la asumción honesta y consciente de todas nuestras luces y sombras, de nuestras virtudes y defectos, de nuestro lado angelical y de nuestro lado demoníaco; lo cual no es precisamente fácil por esa alergia nuestra al reconocimiento de lo negativo y la propensión a la excusa como vía de justificación. En ese sentido, acertadamente, la serie muestra cómo sus protagonistas dejan de estar tan sumamente atormentados cuando se aceptan a sí mismos, liberándose así de todo lo monstruoso que hay en ellos y permitiendo emerger su humanidad y alcanzar de esta manera una agridulce serenidad. Una de las frases más memorables relacionadas con esto la dice el joven y atribulado Víctor Frankenstein en una de las escenas finales de la serie: "Es demasiado fácil ser monstruos. Vamos a intentar ser humanos". 

Por si todo lo anterior fuera poco, Penny Dreadful permite al gran público conocer a dos grandes poetas del romanticismo inglés como son John Clare y William Wordsworth, gracias a los poemas que, en dos monumentales escenas, recita de forma absolutamente brillante y conmovedora la criatura de Frankenstein: I am! de Clare y Ode: Intimations of immortality from recollections of early childhood, de Wordsworth, poniendo por cierto este último poema un sobrecogedor "The End" que a mí me dejó con los pelos de punta y las lágrimas en los ojos.

Así las cosas, no me extraña nada todo el fandom que originó esta serie (a sus fans se les/nos llama dreadfuls). Tan es así que debido a sus legiones de seguidores esta ficción ha continuado su andadura en formato cómic gracias a Titan Comics. Algo muy similar a lo que ocurrió en su día con Buffy, cazavampiros o más recientemente con El Ministerio del Tiempo. Y es que Penny Dreadful tiene un encanto extraño al que es imposible resistirse y del que es imposible olvidarse. Quizá porque lo bueno, cuando lo es de verdad, nunca conoce la muerte. Y esta serie es muy, muy buena.

viernes, 16 de junio de 2017

Show de Cruise con momia al fondo

Para entendernos desde el principio: La momia de 2017 no es una producción de terror ni de aventuras ni de acción de comedia ni siquiera es una buena película. Es una película de, por y para Tom Cruise que no vale el caro precio de la entrada, pero...no es tan pésima como la han pitado críticos y no críticos dentro y fuera de las redes sociales. O quizá es que me la había imaginado mucho peor a tenor de las expectativas propias y ajenas que tenía antes de verla. ¿Por qué? Porque entre todos los defectos que tiene (que son muchos), muestra algunas cosas buenas.

Empiezo por lo bueno: los guiños a grandes películas de culto (que omitiré por aquello de no desentrañar escenas), los homenajes a esas atmósferas tan propias del "terror gótico" que cultivaron con esmero las horror movies paridas por Universal y Hammer (lugares decadentes, abandonados, ruinosos y/o sombríos donde el Mal se siente como en casa), el inesperado buen hacer y carisma de Sofía Boutella como una sensual y malévola momia, los eficaces efectos visuales y, por último, el honesto tributo a una estupenda película que mejora aún más al compararla con ésta: The mummy de 1999, que supo combinar aventuras, fantasía y humor con una armonía y maestría que sólo había conseguido Indiana Jones hasta aquel momento. Y nada más.

Paso ahora a lo malo: el batiburrillo genérico (aventuras, terror, comedia, acción) que propone resulta en esta ocasión confuso y fallido (hay producciones donde inexplicablemente funciona la macedonia de géneros); el cuasimonopolio de Tom Cruise resta entidad al resto de personajes e identidad a la película, a la que cuesta distinguirla tanto de otros éxitos del actor que uno no sabe si está viendo a Ethan Hunt metido en un follón propio de Cuarto Milenio o a Jack Reacher intentando salir de un conflicto con gente del Más allá (del Mediterráneo); el guión es bastante flojo por acción y por omisión; el humor tiene un nivel "Los mejores chistes de Lepe" y es tan oportuno como una carcajada en un funeral; Russell Crowe destaca más por su sobrepeso que por su interpretación; la actriz-florero de rigor en toda película de Cruise es tan irrelevante como sus predecesoras en tal rol; el excesivo oscurantismo que preside la iluminación del film es más propio de una película de bajo presupuesto (para disimular errorres, etc) que de una superproducción como ésta; y el innegable hecho de que nadie en esta película demuestre tener una mínima noción de mitología egipcia porque Set, el gran villano de la función, es el dios de muchas cosas (el desierto, el Mal, el caos, la violencia, etc) pero no de la muerte y, por ende, tampoco de los muertos, cometido que corresponde a Anubis y que, en esta producción, confunden una y otra y otra vez. 

Por tanto, todo lo que en esta película debería ser principal o interesante no deja de ser más que un McGuffin para el protagonismo y el lucimiento de quien es el verdadero mandamás,
tal y como ha destapado Variety, de esta producción: Tom Cruise. Por estar, están hasta sus clásicas carreras con cara de hipervelocidad o la ya típica "escena de avión con Cruise". Aquí la momia, Set, el Dark Universe y demás importa poco o nada porque es una película "cruisecéntrica", para bien y para mal. En este caso, más para lo segundo. Eso sí, no creo que sea la peor película de la temporada porque no resulta tan fallida como Alien: Covenant o Piratas del Caribe 5: La venganza de Salazar.

Para ser justos con el "Universo Oscuro" de Universal antes de sentenciarlo habrá que esperar a la siguiente película (La novia de Frankenstein en  2019) pero, de momento, esta de La momia tiene defectos más propios de una quinta o sexta parte que de una producción encargada de abrir el telón y propulsar el interés del público y el aprecio de la crítica. Dicho eso y siguiendo con la misma honestidad, hay que decir que se trata de una película entretenida, de esas que no te arrepentirías si la programan en algún viaje en tren/avión o si la ves en televisión sin tener que pagar un euro por ello, pero...más allá de eso, sólo podrá entusiasmar a los fans de su productor y protagonista oficial y director y guionista oficioso, Tom Cruise. En definitiva, The mummy entretener, entretiene pero, después de verla, uno se queda con la sensación de haber recibido una Pepsi del tiempo esperando una Cocacola fresca.  
    

lunes, 30 de enero de 2017

"Múltiple": cuando el epílogo lo es todo

Este fin de semana se ha estrenado "Múltiple", la nueva película de M. Night Shyamalan y que cuenta con bastantes elementos a su favor para funcionar. ¿Lo consigue? Depende. Antes de resolver esa cuestión, hay que tener en cuenta lo que sigue.

Por un lado, este film viene precedido por unas expectativas bastante positivas a raíz de su predecesora, la notable "La visita", y, en ese sentido, tiene el reto de confirmar o no la mejoría de este peculiar, talentoso, irregular y egocéntrico cineasta después de firmar las infumables "La joven del agua", "El incidente", "Airbender" y "After Earth". Por otra parte, recurre al interesante tema del trastorno de personalidad múltiple, que en el género del thriller suele dar  resultados excelentes en lo que a entretenimiento se refiere: ahí están títulos como "Psicosis", "El club de la lucha", "Identidad" o "Las dos caras de la verdad" como muestra de ello. Y, además de lo dicho, cuenta como principal reclamo en su elenco con James McAvoy, un actor cuyo talento está muy por encima de la calidad de algunas películas en las que se ha visto inmerso en los últimos años. Por tanto, cuenta con viento a favor para llegar a buen puerto. ¿Lo consigue? Depende.

"Múltiple" cuenta el tránsito del trastornado Kevin (McAvoy) desde la mencionada enfermedad mental hacia la más absoluta y demente criminalidad utilizando como catalizador de ello el secuestro de tres adolescentes cuyo futuro es tan incierto como la existencia o no de "la bestia" a la que van a ser "ofrendadas". En ese sentido, si bien esta película cumple con el canon de todo thriller, hay un momento en el que abre caprichosamente sus puertas tanto al género fantástico (la irrupción de la personalidad número 24) como al del terror puro y crudo (que preside el tercer y definitivo acto). El resultado de todo ello es una película meramente entretenida, que desinfla las esperanzas puestas con ella conforme avanzan los minutos, con más metraje del que necesita la trama, perjudicada por la contraproducente fusión entre lo verosímil y lo literalmente increíble (fusión que evitó acertadamente "La visita"), con ciertos fallos de guión que cuesta disculpar y que supondría un nuevo borrón en el historial de Shyamalan de no haber contado con un actorazo y un cameo para salvar mínimamemte los muebles. Por tanto, se trata de un film inferior a "La visita" y a años luz de "El sexto sentido", "El protegido" o "El bosque" pero (y no es un pero pequeño) tampoco calificable como absoluto bodrio.

Como argumentos sólidos para pagar por ver "Split" (así se titula originalmente) sólo se pueden destacar dos: Uno, el recital de James McAvoy, quien con su brillante interpretación no sólo sostiene la película sino que construye un villano tan singular e interesante como el famoso Don Cristal. Y dos: "lo que pasa en el epílogo", dado que cambia la manera en la que hay valorarla y entenderla. Y es que "el giro made in Shyamalan", ese giro de guión que precipita o corona el desenlace de sus películas más sobresalientes, aquí no aparece hasta después de que la historia principal concluye y el destino de todos los personajes se aclara, lo cual es toda una sorpresa respecto a lo habitual en este cineasta, como lo sería por ejemplo que hiciera una secuela de uno de sus títulos más famosos y valorados. Dicho de otra manera: "lo que pasa en el epílogo" es la típica escena que en las producciones de Marvel ubicarían en post-créditos. Aquí, sin embargo, está justo antes de ellos y muy acertadamente porque amortigua de forma notable esa más que probable sensación anticlimática de "me esperaba algo más/mejor" que puede haber en el espectador tras ver cómo se resuelve todo, dado que "lo que pasa en el epílogo" es lo suficientemente inesperado y molón como para salir con el hype en ascenso ante la próxima película de Shyamalan.

Así pues, volviendo a la pregunta del principio: ¿funciona "Múltiple"? No, descontando el epílogo pero es que, en ocasiones como ésta, un epílogo lo es todo, tanto para mal como para bien.

sábado, 28 de noviembre de 2015

(Meta)Cine de terror

Las obras de metaficción no son algo frecuente. Y menos aún las que merecen la pena: hay que tener ingenio, habilidad para tomar cierta perspectiva respecto al referente, empatía para conseguir la complicidad del receptor, etc. Por eso, siempre es una agradable sorpresa disfrutar con obras que aciertan a la hora de referenciar o jugar con las convenciones, los arquetipos y los clichés de los géneros de la ficción. El caso del género del terror, en su vertiente cinematográfica, es un buen ejemplo de todo esto que estoy diciendo.

En las últimas dos décadas, los aficionados al cine en general y al terror en particular hemos tenido la suerte de poder disfrutar con películas que se atreven a ir más allá de lo convencional y adentrarse en el campo de lo autorreferencial. Títulos como "Scream", "Zombies party", "Behind the mask: the rise of Leslie Vernon", "Tucker y Dale contra el mal", "Bienvenidos a Zombieland", "La cabaña en el bosque" o "Las últimas supervivientes" no sólo funcionan como productos de entretenimiento (dado que la mayoría son comedias o tienen una fuerte carga autoparódica como sucedía con El jovencito Frankenstein respecto a las películas de terror de la Universal)
sino también como análisis del género de terror en sentido amplio y de sus diferentes subgéneros y/u obras maestras. Así, mientras Scream, Behind the mask, Tucker y Dale y Las últimas supervivientes nos remiten al género del slasher en general y a clásicos como "Halloween" (Scream), "La matanza de Texas" (Tucker y Dale) o "Viernes 13" (Las últimas supervivientes), películas como las divertidísimas Zombies party y Bienvenidos a Zombieland se aproximan al género zombi al tiempo que otros títulos como la muy recomendable La cabaña en el bosque funcionan como un homenaje-compendio-análisis transversal de los grandes subgéneros, temas y personajes del terror cinematográfico de los últimos lustros.

El valor de estas películas que cito no está sólo en su capacidad para entretener (porque absolutamente todas te hacen pasar un buen rato) sino en que demuestran todo un ejercicio previo de introspección y conocimiento de la materia en cuestión que, en mi opinión, las hace mucho más interesantes que el resto de películas de terror al uso hechas en los últimos años (exceptuando las magistrales The conjuring o La visita) por cuanto no contribuyen a devaluar el cine de terror mediante innecesarias redundancias sino a enriquecerlo desde la originalidad, el cariño y la complicidad.

En ese sentido, me parece que la obra más reciente, "The Final girls" (una vuelta de tuerca al juego planteado por La rosa púrupura del Cairo) es un ejemplo de esto que acabo de decir: de cómo se puede hacer una obra desde el conocimiento y el respeto que tenga valía no sólo de forma autónoma sino también como ejercicio de metaficción y eso que esta película es muy modesta en sus pretensiones. La clave está en que tiene muy muy claras sus intenciones y, tal vez por ello, funciona tan bien no como producto de terror (que ni lo es ni quiere serlo) sino como comedia (especialmente a la hora de cachondearse del terror ochentero) y obra de metaficción sobre el género del slasher.

En definitiva, que, para quien quiera descubrir las líneas maestras del cine del terror sin sobresaltos pero con una sonrisa de satisfacción, ya sabe unas cuantas películas que debería ver... 

lunes, 21 de septiembre de 2015

"La visita": inquietantemente humana

"La visita" es la última película de M.Night Shyamalan y no sólo es nueva sino que es buena; algo que, vistos (o no) sus últimos truños, hace de ella una excelente noticia y muy agradable sorpresa para quienes nos temimos que la carrera de este cineasta estuviera ya tocada y hundida bodrio tras bodrio. Afortunadamente, el ingenio es como un adolescente en plena transición mental y fiesta hormonal: no sigue el camino previsible. Y Shyamalan, de ingenio, va sobrado. Por sobrarle, en esta ocasión, le sobran hasta las grandes estrellas y los millonarios presupuestos; algo que, lejos de perjudicarle, le permite volver a reencontrarse con su género favorito, su estilo narrativo y su público haciendo una película más "modesta" pero infinitamente mejor que las últimas y (casi) a la altura de sus excelentes inicios.

A medio camino entre la comedia y el terror, Shyamalan nos ofrece en "La visita" una película que parece una mezcla entre una historia de Chris Columbus y otra de Michael Haneke. Un rareza (¿qué peli suya es convencional?) tan efectiva (que no efectista) y entretenida (mucho) que lo mismo te hace reír que te tensa e incomoda. La historia principalmente cuenta la estancia durante una semana de dos niños con sus abuelos maternos en una recóndita localidad estadounidense mientras su madre intenta rehacer su alegría en un crucero con su nuevo novio. Una estancia gracias a la cual (o por culpa de la cual, según se mire) la chica y el niño protagonistas descubrirán que la condición humana, que la existencia cronológica, biológica y sentimental, que la vida es mucho más siniestra que el más perverso cuento de brujas.

Así, las tramas y subtramas que integran "La visita" ponen en marcha una maquinaria narrativa en la que se combinan el viaje iniciático, el found footage, el drama familiar, la comedia adolescente, el thriller psicológico, la cultura popular y la metaficción con un resultado más que aceptable en cuanto a interés y entretenimiento se refiere. El riesgo, cuando va acompañado de talento, siempre tiene premio. No en vano, este arriesgado y simultáneo manejo de géneros y subgéneros sería imposible sin la gran habilidad que demuestra Shyamalan para elaborar un relato construido sobre una constante e inteligente dialéctica entre el humor y el horror, lo cotidiano y lo universal, la rutina y la sorpresa, lo implícito y lo explícito, lo clásico y lo postmoderno, la seriedad y la guasa, lo real y lo mental, la calma y el caos, la juventud y la vejez, el rencor y el perdón, la negación y la aceptación, la inocencia y la experiencia, la sensatez y la demencia, la vida y la muerte...

De todos modos, para que quede claro, "La visita" es una película de miedo en la línea del terror gótico y que, si no fuera por sus puntuales concesiones al humor y la distensión, sería absolutamente demoledora. Sin querer entrar en spoilers, diré que lo más inquietante de "The visit" no son los "sustos" (de los que ya nos vacunan en los tráilers) sino los dos temas de los que está constantemente hablando al espectador y cuya capacidad para inquietar está directamente unida a la condición humana:
Por un lado, "La visita" gira en torno al horror del paso del tiempo en lo corporal, en lo neurológico, en lo afectivo, en lo anímico, en lo mental...Una inquietud ante lo inexorable perfectamente entendible y reconocible y que el director subraya sin dramatismos ni efectismos pero con claridad en los primeros tres cuartos de la película...hasta ese giro argumental, marca de la casa por lo brillante e inesperado, que inicia el tour de force que precipita la historia hacia su desenlace y en la que
abandona cualquier concesión al drama para zambullirse en el terror más "convencional", sin renunciar eso sí a colar el humor en alguna que otra frase bastante bien traída en medio de un cisco demencial, en todos los sentidos.
Por otro lado, "La visita" nos habla de las dificultades de la aceptación: de la aceptación del pasado, de nuestras taras (físicas, emocionales, afectivas...), de los errores (propios o ajenos), de lo hecho y de lo no hecho, de nuestros miedos, de nuestros traumas, de la vida como un deterioro lineal, progresivo e irremediable, del presente como única oportunidad para improvisar la felicidad...En este sentido, todos los personajes de la película, pero muy particularmente los dos hermanos protagonistas, se enfrentan al desafío de la aceptación, un reto ante el que el fracaso sólo conduce a la locura y/o la muerte.

Si a todo lo dicho hasta aquí se le suma que "La visita" tiene un casting bastante acertado, unas interpretaciones muy solventes y convincentes y un buen montaje, no cabe duda que estamos ante una producción que, sin ser una obra maestra (ni tener pretensión de ello), sí es una película notable, entretenida e interesante. Quizás, por ponerle algún "pero", se podría decir que son perfectamente prescindibles los dos epílogos (el "familiar" y, sobre todo, el "rapeado") que Shyamalan incluye quizás con la idea de dotar con una moralina buenista que no aporta gran cosa a una historia que no necesita moralejas.

Pese a estos detalles a pulir, que es pura cuestión de gusto y absolutamente discutible, "La visita" vale los euros y los minutos que gaste cualquier espectador porque es inquietantemente humana y la ¿confirmación? del regreso del mejor M. Night Shyamalan.     

lunes, 31 de agosto de 2015

Wes Craven sin tópicos (o casi)

Es raro y complicado huir de tópicos y lugares comunes a la hora de escribir sobre el fallecimiento de Wes Craven. Podría decir que me fastidia o, hablando claro, que me jode mucho su muerte porque algunas de sus películas están entre mis favoritas en lo que a terror cinematográfico se refiere, siendo dicho género mi favorito dentro de mi afición cinéfila. Podría decir que lamento su pérdida más que la de muchos cineastas actuales porque era uno de los tres nombres claves (junto a Carpenter y Cronenberg) para entender las "horror movies" contemporáneas: ellos fueron al miedo lo que Hitchcock al suspense o los hermanos Marx a la comedia, así de sencillo. Podría decir que por mérito/culpa de Wes Craven muchas noches en mi infancia me costó quedarme dormido. Y aun habiéndolo dicho, tengo la sensación de que, escriba lo que escriba, me dejaré algo en el tintero; así que mejor seré breve.

Siendo honestos, Wes Craven fue como la mayoría de los buenos directores (a excepción de Billy Wilder, porque los genios no cuentan): imperfecto. Realizó películas antológicas (Pesadilla en Elm Street), brillantes (La última casa a la izquierda, Las colinas tienen ojos y las tres primeras entregas de Scream), entretenidas (La serpiente y el arco iris, El sótano del miedo, Vuelo nocturno) y truños indefendibles (Shocker, Un vampiro suelto en Brooklyn, La maldición, Almas condenadas y Scream 4). Por ello, hay que valorar merecidamente a un tipo capaz de idear personajes como el ya legendario Freddy Krueger o a un Ghostface casi convertido en icono de la cultura pop actual. Porque quizás
Wes Craven no fuera un genio (que no lo fue) pero sí un cineasta que sabía hacer muy bien su trabajo y con una envidiable capacidad analítica para entender el terror como género fílmico y las películas como parte del imaginario popular y la cultura colectiva, como quedó más que patente en la genial trilogía de Scream. Además, no sólo demostró que comprendía perfectamente que el terror consiste en asomarse a aquello que, voluntariamente o no, está oculto a nuestra vista y/o consciencia sino que también abordó como un tema casi distintivo la delgada línea que separa la realidad de la ficción, lo real de lo que no lo es, lo vivido de lo imaginado; asunto éste muy interesante (al menos para mí) y que podemos encontrar en películas tan emblemáticas suyas como las ya citadas Pesadilla en Elm Street (1 y 7), La serpiente y el arco iris y Scream.

Por todo eso, hoy, con su muerte, no sólo se han quedado huérfanos Freddy, Papá Júpiter, Ghostface y demás sino todos los amantes del cine en general y del terror en particular. Ha muerto alguien capaz de conseguir que tópicos como el que acabo de decir y quería evitar tengan pleno sentido. Ha muerto alguien de quien echaremos de menos su buen hacer tras la cámara, ésa que tantos buenos sobresaltos nos ha regalado durante casi cuarenta años a varias generaciones de espectadores. Descanse en paz. 
 

viernes, 22 de abril de 2011

¿Scream o Scary? ¡Vaya "movie"!

Es lo que tiene ser cinéfilo. Es lo que tiene que te encante el cine de terror. Es lo que tiene que "Scream" sea una de tus películas favoritas. Que vas al cine a ver "Scream 4" y se te cae el alma a los pies. 

Cierto es que ante cualquier secuela, cierta parte de ti, la más cabal, se pone en guardia, máxime cuando te gusta pagar por ver cine. Pero hay otra, la más sugestionable, que se muestra ilusionada y esperanzada al recordar secuelas que son verdaderas obras maestras ("El Padrino II", "El imperio contraataca", "El caballero oscuro"...). Por tanto, la sensación que tenía antes de ver la cuarta entrega de "Scream" estaba cerca de un "Probablemente no sea mala". Me equivoqué.

Picando el anzuelo
Mi decepción ha sido notable porque, como digo, "Scream" es una de mis películas favoritas, en cuanto al género terrorífico se refiere, principalmente porque, como redundan luego su segunda y tercera parte, me parece una divertida e ingeniosa reflexión sobre el cine de terror en general y el slasher en particular
Tampoco ha ayudado mucho que siguiera teniendo esperanzas en el segundo resurgir (el primero fue precisamente en 1996 con "Scream") de un director, Wes Craven, quien hace ya muchos años se ganó a pulso pasar a la historia del género por películas estupendas como "Las colinas tienen ojos", "Pesadilla en Elm Street", pero que desde 2000 no levanta cabeza. Habrá que seguir esperando. 
Y ciertamente no ha sido muy positiva la halagüeña expectación que suscitaron en mí las primeras reseñas y tráilers de "Scream 4", que la mostraban como un atractivo y atinado relanzamiento, "reboot" como se dice ahora, de la saga. Supongo que querrán decir lanzarla por el retrete, porque visto lo visto...

Motivos para no odiar Scream 4
  • Secuela-reinicio: La película transita a medio camino entre la secuela clásica y el "relanzamiento" tan de moda hoy en día. Hasta ahí todo entendible y respetable. 
  • Supervivientes: Es de agradecer, más por entrañable que por interesante, la presencia del trío protagonista de las tres entregas previas (Sidney/Campbell, Gale/Cox, Dewey/Arquette). 
  • Metaterror: Quizás lo mejor del film es la habitual y lúcida reflexión sobre los clichés del cine de terror y cómo han cambiado en los últimos lustros (con especial foco crítico en la fiebre por los remakes, reboots, secuelas y dando estopa a grandes éxitos como "SaW"), e incluso son divertidas las críticas (bastante simplonas, eso sí) hacia la adición a Internet y las redes sociales.
Motivos para no ver Scream 4
  • Mal humor: Aberrantes e indefendibles son las dosis de humor forzado y las frases y situaciones totalmente absurdas que trufan la película de principio a fin, acercándola más a su contrapartida "spoof", "Scary Movie", que a sus tres predecesoras. Y digo que es indefendible porque pretendiendo ser cómicas resultan estúpidas y, lo que es peor, aniquilan todos y cada uno de los clímax que hay en el metraje
  • Guión con alfileres: Si a eso añadimos que su guión, firmado por el otrora brillante Kevin Williamson, camina por la senda de lo previsible (utilizar esquemas argumentales y tramas ya conocidas no es precisamente algo muy divertido) y se ampara en la complicidad del espectador-fan para dejar inexplicadas lagunas argumentales y sueltos más cabos de los deseables, la impresión que tiene uno al salir de la sala es que para este viaje no hacían falta estas alforjas.
  • ¿Autoparodia? Como digo, lo más lamentable y el verdadero tumor de esta película es ese marcado humor,  inexistente en las tres entregas anteriores y que en ésta no funciona en ningún momento, excepto para no tomar en serio a "Scream 4" como película de terror. Frases como "No me mates, soy gay", "Así no lo habíamos ensayado, cariño" o "Puto Bruce Willis" chirrían atronadoramente, hacen desconectar al espectador y se cargan alevosamente cualquier tensión necesaria para disfrutar de títulos de este tipo. Como chirría el hecho de elegir como parte del reparto a un actor, Anthony Anderson, que ha intervenido en dos parodias de "Scream" ("Scary Movie 3" y "Scary Movie 4") y que en ésta parece actuar como si siguiera en el género de la parodia. Viendo la reincidencia en aspectos dudosamente cómicos y desafortunadamente paródicos, se puede pensar que o bien Wes Craven ya no se toma en serio el único género que domina o bien que con esta película quiso hacer su propia ridiculización de las anteriores.

Puñalada al bolsillo y la ilusión
En definitiva, "Scream 4" sólo sirve como ejemplo para añadirlo al archivo de "Cuartas secuelas que no debieron jamás rodarse" (junto a la de Indiana Jones, La jungla de cristal, Alien...) al mismo tiempo que condena a su director a esa categoría de "Cineastas que vendieron su talento al dinero" como, por ejemplo, George Lucas.

En fin, que lo único que salvo sin lugar a dudas de esta película es su brillante comienzo (metacine en estado puro). Todo lo demás, es indigno tanto de la trilogía que la precedió como de pagar una entrada de cine en los tiempos que corren.