sábado, 18 de diciembre de 2010
"Balada triste de trompeta": De la Iglesia y el esperpento
El esperpento, ese estilo teatral inventado y sublimado por el genial Ramón María del Valle-Inclán, consiste como es sabido en una deformación grotesca bajo la cual subyace una intención crítica y tiene por rasgos fundamentales lo grotesco como vehículo de expresión, la deformación sistemática de la realidad y la muerte como eje capital de la trama.
Teniendo eso presente, no se me ocurre mejor calificativo ni elogio para "Balada triste de trompeta", el último film del siempre recomendable Álex de la Iglesia, que "esperpéntico". Asomarse a la Guerra Civil y el posterior franquismo (años 70, especialmente) que vivió España tomando como eje argumental unos personajes marginales y literalmente circenses es algo que ya evoca la insana guasa del portentoso Valle. Hacerlo situando como protagonistas de la trama a unos payasos extravagantes y homicidas, una nada velada declaración de amor al esperpento.
La película, laureada en la última Mostra de Venecia, se centra en la despiadada rivalidad de Sergio y Javier, dos clowns excéntricos y dementes (sensacionales Antonio de la Torre y Carlos Areces), por el amor de Natalia, una sensual y voluptuosa trapecista (estupenda Carolina Bang). Esta competición no tarda en devenir en un macabro y estrafalario duelo pasional con consecuencias trágicas para el trío protagonista. Orbitando en torno a este argumento, el espectador asiste a un retrato sarcástico, exagerado y, a pesar de ello o, precisamente por ello, realista de la España de un ya decrépito y menguado Franco. Algo de lo que ya avisaban los magníficos créditos iniciales: un contundente collage del contexto político y social en el que se ambienta la acción.
Impecable en todos los aspectos técnicos y artísticos, el film de Álex de la Iglesia contiene todas las señas de identidad del cineasta, si bien evidencia una ligera evolución hacia una mayor y mejor elegancia formal, reflejando la inteligencia y madurez de un director genuino y muy original. A mí, particularmente, me gusta especialmente su habilidad para transitar de la comedia a la tragedia y viceversa con asombrosa rapidez y facilidad; su lacerante sentido del humor; su creatividad estética; su filia por lo extravagante; y su costumbre de recuperar como secundarios a estupendos y veteranos actores menospreciados por la industria cinematográfica patria en los últimos lustros (Sancho Gracia, Terele Pávez, Manuel Tejada, Luis Varela).
Cruce imposible entre Browning y Fellini, De la Iglesia consigue quizás su película más afinada si bien servidor no la sitúa como su favorita, tal vez por el mal sabor de boca que me dejó cierta escena, para mí de mal gusto, ambientada en el Valle de los Caídos, ya en el clímax final.
Sea como fuere, "Balada triste de trompeta" constituye un recomendable motivo para pasar un buen rato en el cine y disfrutar del gran hacer de uno de los mejores y más honestos directores que tenemos en España.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Los banquetes navideños
Días son éstos de comidas, cenas o cócteles para festejar la Navidad. No importa si hay quien lo hace para celebrar el nacimiento de Jesucristo, rememorar los fastos del Sol Invictus, honrar el Hanuka o alabar la inminente venida del guiri panzón vestido de Cocacola, porque, sea por lo que fuere, los motivos religiosos son lo de menos en los ágapes navideños que pueblan las agendas estas fechas.
De lo que se trata es de llenar las tripas haciendo de ellas corazón mientras se simula con mayor o menor dificultad un estado de felicidad, alegría y paz similar al que procuran los opiáceos. Lo ideal es que no sea necesario artificiar tan estupendo ambiente emocional, pero, por desgracia, lo más habitual es que los convites de Navidad sean una excelente oportunidad para demostrar, entre otras habilidades, las dramáticas, idóneas para estas tragicomedias almibaradas cuya duración, por cierto, rivaliza con la del liberto Trimalción.
Dentro de los festines, se pueden distinguir tres claros grupos, en función de a qué ambiente pertenezcan los convocantes y los comensales: trabajo, amigos, familia.
- Trabajo: Aunque gracias al señor POE unos cuantos millones de españoles no tendrán que pasar por este suplicio, los banquetes navideños de trabajo (que pueden ser comidas, cenas o cócteles) son más una asamblea gastronómica de aduladores, arribistas, bufones, lisonjeros, cortesanos e hipócritas presidida, oficial u oficiosamente, por una minoría de divos y ególatras. Es más fácil encontrar a un ultraderechista en el desfile del Orgullo Gay que a una persona intachable en estas mascaradas. Lo más importante en estos saraos no es qué comas (por lo general, el oído) sino a quién y cómo. Ahí está la clave de la ¿nueva? ¿meritocracia? laboral. Si alguien tiene las suficientes tragaderas para asistir a un suceso así, puede incluso hasta divertirse observando cual entomólogo el bochornoso fornicio de egos. Con un poco de suerte, hasta puede llevarse un obsequio y todo.
- Amigos: Todo un desafío para la compatibilidad de agendas que, sin embargo, se convierte en una estupenda oportunidad para echar pelillos a la mar, regar con risas anécdotas pretéritas, repartir chanzas a diestro y siniestro y disfrutar de esa "otra familia" que son los amigos, por lo general, mejor avenida que la consanguínea. De los tres, es el tipo de francachela navideña con más visos de acabar tan bien como empieza, o, incluso, mejor.
- Familia: Junten ustedes a los Capuleto con los Montesco, pongan en el tocadiscos o la minicadena los grandes éxitos de Caín y Abel, dejen que el matrimonio anfitrión mute de Mocedades a Pimpinela cual Jasón y Medea y coronen el festín cantando descoordinadamente "La Marimorena" mientras otros la arman. Obtendrán el ágape navideño familiar más común, en el cual, cada valoración del plato a degustar es sospechosa de ser rigurosamente falsa y el disimulo para mirar la hora mengua dramáticamente según avanza la reunión. Si alguien no se siente identificado con esta descripción, enhorabuena, tiene una familia que sólo monta el Belén con intenciones belenísticas.
En fin, sea cual sea el tipo de banquetes que ustedes vayan a sufrir o disfrutar en los próximos días, espero y deseo que no se arrepientan de ellos, de corazón.
sábado, 11 de diciembre de 2010
¿Un Nobel de Tecnología?
Ayer se entregaron los Premios Nobel (que este año parecen The Vargas Llosa Show) y una idea empezó a rondarme la cabeza: De acuerdo que la Física, Química, Medicina, Economía y Literatura son disciplinas que contribuyen al desarrollo del ser humano y que sus próceres merecen ser galardonados por su tácita filantropía. De acuerdo también que hay que premiar el esfuerzo de quienes hacen de su vida un baluarte de la Paz en un mundo donde lo más fácil y habitual es liarse a mamporros o elucubrar cómo hundir al prójimo en la miseria. Pero, si de lo que se trata en el fondo es de reconocer a los cuatro vientos a personas cuya dedicación profesional ha contribuido decisivamente al avance de la Humanidad, ¿por qué los Nobel no cuentan con una categoría dedicada a la Tecnología?
Ya sé que estos galardones están supeditados explícitamente a lo estipulado por el inventor y químico sueco Alfred Nobel en su testamento, pero el mundo ha cambiado radicalmente desde 1896, año en que el insigne hijo de Suecia pasó a los anales de los cementerios. Por eso, creo que sería necesario replantearse la inclusión de nuevas categorías en los Nobel, especialmente en lo tocante a la tecnología, porque, de no hacerlo, tarde o temprano se quedarán más como un hito pomposo y trasnochado que como un termómetro del mundo en que vivimos y de sus egregios iconos. Al fin y al cabo, si algo tan sumamente longevo como las Olimpiadas está abierto a nuevas incorporaciones, ¿por qué no los Nobel?
También soy consciente de que existen muchos otros laureles para premiar las disciplinas que quedan exentas, y que, en cuestión tecnológica, los émulos de los Nobel son los premios Turing, Kyoto y, fundamentalmente, Tecnología del Milenio. Pero creo que se coincidirá conmigo en que su repercusión mediática y social es nimia comparada con la que gozan los Nobel; una parca trascendencia que supone casi un agravio para uno de los pilares fundamentales del progreso mundial en las últimas décadas y las venideras: las nuevas tecnologías. Y, para quien dude de lo que defiendo, que se pregunte si la humanidad no ha avanzado más y mejor con logros como Internet o la telefonía móvil, por citar sólo dos casos notorios, que con las "aportaciones" de algunos de los más recientes premiados en Suecia.
La historia está llena de casos de geniales tecnológos que han carecido de un reconocimiento digno o bien han sido víctimas del oprobio del olvido. Ahí están, por ejemplo, Jerónimo de Ayanz o Juanelo Turriano, en España, o, Nikola Tesla y Antonio Meucci, allende nuestras fronteras. Creo que un Nobel de Tecnología contribuiría enormemente a paliar que errores así no se repitieran y haría justicia para quienes, al igual que otros científicos, ponen al ser humano un poco más cerca de sus sueños.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Wikileaks o la envidia del periodismo
En otra ocasión, ya di mi opinión y particular análisis de la delicada y controvertida situación que vive mi profesión, el periodismo, en los últimos lustros. Por eso, no tenía intención alguna de volver sobre mis pasos y poner proa al único trabajo cuya materia prima es la verdad, o debería serlo. Y digo "debería" porque, como muy bien se ha demostrado en las últimas fechas, el cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, los plumillas o como lo queramos llamar hace tiempo que dejaron la búsqueda, anuncio o denuncia de la verdad en el cajón de las tareas pendientes.
Convertidos mayoritariamente en meros copistas de notas de agencia y transportistas de teletipos, el único distintivo que podemos esperar de los profesionales del periodismo es el sesgo con el que ofrecen las noticias, en función de las filias y fobias del director del medio o de la empresa que paga a fin de mes. Un hecho lamentable pero cierto y que no hace ningún favor a la sociedad. Una sociedad para la cual la verdad se ha convertido en algo tan sumamente incómodo que no duda en echarse gozosa en los brazos de los eufemismos, las tergiversaciones o, directamente, la ignorancia.
Por eso, no deja de resultar curioso y digno de encomio que, desde el denostado ámbito tecnológico, aparezca una iniciativa que , sin ser periodística, encarne vivamente la esencia del periodismo (sacar a la luz la verdad sin importar las consecuencias) y airee a los cuatro vientos lo que los medios de comunicación, por falta de capacidad, valentía o interés, no han descubierto. Estoy hablando de la polémica WikiLeaks, empresa online que, pese a llevar funcionando cuatro años, ha conseguido en 2010 una relevancia incontestable merced a la difusión de informaciones confidenciales (suministradas por informadores anónimos), especialmente las vinculadas a la actividad exterior de Estados Unidos, ora en las contiendas bélicas actuales, ora en las tareas diplomáticas. Cada documento divulgado por la entidad encarnada en la figura del pirata informático Julian Assange ha sido todo un bombazo informativo. Y como vivimos en los tiempos en que vivimos ,la caza de brujas no ha tardado en comenzar, hostigando a WikiLeaks como entidad y a Assange como representante por hacer lo que unos no quieren y otros no pueden: difundir la verdad. La presión es tal que la web de WikiLeaks ha tenido que cambiar de servidor, tiene dificultades de financiación y Assange está buscado por la Interpol.
Yo no soy un "conspiranoico" pero sí soy un periodista vocacional y un ciudadano al que no le gusta que le engañen o le oculten las cosas. Es un error absurdo, constante e inadmisible que un gobierno, una compañía o un medio de comunicación elija de forma paternalista y menospreciativa qué información debe ser tenida en cuenta y cuál no, porque para eso está el criterio y el gusto individual de cada persona.
Por eso, me da igual la información que divulgue WikiLeaks (se comenta que las empresas privadas, las entidades financieras e incluso los Ovnis serán los protagonistas de sus próximas difusiones) porque siempre contará con mi apoyo al saber que no tiene más interés que el de informar, y, especialmente, porque hace envidiablemente lo que todo periodista sueña: contar lo que otros no quieren que se sepa. ¿Es Internet el último reducto de la libertad de expresión y el derecho a la información?
sábado, 4 de diciembre de 2010
Aterriza como puedas
Hay sucesos cíclicos y tradicionales en los prolegómenos de las Navidades: la cola interminable en "Doña Manolita", las vistosas luces en las calles, el entrañable "Cortylandia", los tediosos ágapes de empresa, la enajenación mental colectiva, el turrón que vuelve a casa, los espectáculos infantiles en los colegios y, por último pero no menos importante, las huelgas oficiales u oficiosas (¿por qué lo llamarán "huelga" cuando quieren decir "motín"?) en los transportes (ya hablemos de aviones, trenes o autobuses).
En esta ocasión, los controladores aéreos, inesperados cinéfilos además de denodados trabajadores con sueldos paupérrimos, han decidido homenajear al tristemente finado Leslie Nielsen, el genio de las "spoof movies", con un émulo de una de sus más recordadas películas: "Aterriza como puedas". Para ello, han optado por pasarse por la quilla a decenas de miles de pasajeros y dejarles a su suerte en el limbo mientras ellos, los titánicos controladores, se van a su casa como medida de protesta y presión contra lo que ellos consideran una injustica: un decreto que acota su caradura. ¿Consecuencias? Los aeropuertos, convertidos en Woodstock de la mala leche y el espacio aéreo español, cerrado. Muy bien, campeones. Muy bien.
Yo no sé si realmente tienen motivos para poner el grito en el cielo y a los pasajeros en tierra. Lo que sí sé es que, una vez más (y van...) han quedado como una caterva de jetas que reaccionan de forma impresentable cuando algo amenaza con estropiciarles el chollo. Con la que está cayendo, con una imagen exterior penosa, una economía comatosa y un nivel de desempleo mareante, la "performance" de los controladores no puede calificarse más que de ruin, impresentable, desproporcionada y una falta de respeto injustificable para quienes vivimos aquí y quienes nos visitan.
El desmán perpetrado es tan grande que ha tenido que intervenir el Ejército y se va a declarar, por primera vez, el estado de alarma, en aras a convertir oficialmente a estos golfos en lo que ya son de facto: delincuentes. Ya era hora de que alguien tuviera la valentía y la firmeza necesarias para plantar cara a quienes, trabajando en algo tan crítico como el transporte, no dudan en chantajear a todo un país con agravios arduamente tolerables. Máxime si, como en el caso de estos demiurgos del caos o sus colegas los pilotos, su salario es descomunalmente superior al del resto de profesiones. Y que no me hablen de estrés y sandeces así, porque sarna con gusto no pica y, además, en todas partes cuecen habas.
Ojalá que lo que les ocurra a estos tunantes sirva de escarmiento y que, cuando alguien intente volver a porculizar a la sociedad con pretensiones discutibles y marginables, sufra la contundencia de la ley y la honradez.¡Basta ya de sufrir a vagos y sinvergüenzas!
lunes, 29 de noviembre de 2010
¿Geek? De toda la vida
Recientemente, por casualidades del surfeo on line, he visto un curioso e ingenioso vídeo que plantea una amena y, a mi juicio, acertada revisión del significado del término geek. Porque, si bien hoy en día se suele manejar dicha palabra para etiquetar a una persona fanática de las nuevas tecnologías, lo cierto es que este vocablo alude a una actitud que no debe circunscribirse exclusivamente al ámbito tecnológico.
¿Qué actitud? La de estar abierto al progreso y formar parte activa de la evolución intelectual, técnica, científica y, en definitiva, social. Hoy el futuro orbita en torno a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) igual que antaño lo hizo alrededor de la invención de la rueda, el desarrollo de la arquitectura civil, los viajes más allá de los límites conocidos o la investigación en Física, por poner ejemplos extraídos del vídeo. Por tanto, aceptando como válida esta extrapolación semántica, podemos afirmar que geeks han existido siempre, desde el mismo momento que a un audaz homínido le dio por caminar erguido sobre sus dos pies para perplejidad del resto de sus congéneres.
Lógicamente, ser pionero en algo o anticiparse a lo que un día será usual son decisiones sólo al alcance de muy pocas personas, por la valentía y apertura de mente que se requiere. De ahí que la connotación marginal o minoritaria del término que nos ocupa no sea peyorativa, sino bastante descriptiva y, en cierto modo, elogiosa de quienes no temen salirse del dictado o paradigma imperante y situarse en la soledad de la vanguardia. Un atrevimiento que tiene una estupenda recompensa: Disfrutar del porvenir antes que la mayoría.
En definitiva, hora es ya de enterrar el uso del término geek como retorcido sinónimo de friki o inadaptado, porque son estos "fans de la evolución" los que contribuyen decisivamente a la prosperidad y el desarrollo, ya que de nada servirían las ideas revolucionarias ni los avances científicos si no hubiera nadie dispuesto a asumirlos en su vida diaria. Los "geeks" son los primeros en caminar por el futuro. Que nadie olvide ni menosprecie eso.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Un poco de insecticida, por favor
¿Qué hay dentro de la mente de Zapatero? ¿Cuál es el género de Falete? ¿De qué planeta procede Karmele Marchante? ¿Por qué fingen los luchadores de wrestling? ¿En qué trabaja la Familia Real? ¿A qué miran los moáis? ¿Qué consume Karlos Arguiñano antes de salir ante las cámaras? ¿Con qué se tiñe Mariano Rajoy?¿Por qué todo el mundo desvía la mirada dentro de un ascensor? ¿Dónde diantres está la Atlántida? ¿Cómo se puede uno librar de los teleoperadores? ¿Es Belén Esteban la primera oleada de una invasión extraterrestre? ¿El jeta nace o se hace? ¿Se quedan sin saliva los lameculos? ¿Induce al suicidio escuchar la música de Álex Ubago? ¿Cuánta vida hay en el suelo de un váter público?¿Quién me ha robado el mes de abril?...Todas ellas son inquietantes cuestiones que flotan en el inconsciente colectivo de los españoles desde hace tiempo. Yo tengo otra: ¿Por qué se sigue emitiendo "El hormiguero"?
El programa de Cuatro (neuronas), cuyo nombre va de perlas para reflejar la altura física e intelectual de su responsable, ha sido recientemente objeto de una curiosa polémica a propósito de la entrevista perpetrada contra los protagonistas del, por cierto, interesante film "La red social"; una escena en la que el más cretino de todos los hobbits, también conocido como Pablo Motos, volvió a demostrar que la estupidez suele ir acompañada de una absoluta falta de complejos.
Dejando a un lado la posterior y exagerada reacción de Jesse Eisenberg, lo cierto es que razones no le faltan para abjurar de su paso por un espacio televisivo en la que el menguado engendro barbilampiño y su patulea de colaboradores se dedican al curioso cometido de hacer el idiota, cuando no simplemente a actuar como perfectos bobos de baba. Quizás a Motos y sus colegas se les ha pasado por alto que "ir de graciosos" es algo muy distinto a "ser graciosos". ¿Por qué? Porque la gracia requiere inteligencia y un mínimo de preparación, virtudes ambas que brillan por su ausencia en el interior de "El hormiguero", será porque no caben o porque la vanidad no combina muy bien con el talento y de aquella "Pocket Motos" va sobrado.
Una cosa es querer hacer un programa original, desenfadado y con el (buen) humor como base y otra muy diferente realizar un programa cuyo guión parece escrito por un politoxicómano de cinco años; los colaboradores, abducidos de un botellón; y las entrevistas a los invitados, preparadas cinco minutos antes en el inodoro. Cualidades todas ellas que hacen de "El hormiguero" un estupendo candidato a engrosar la lista de programas sépticos como "Chulos, putas y viceversa", "Sálvame de Belén Esteban", "Las chonis de la corona", "La noria de las vanidades", "Enemigos íntimos de la vergüenza", "Supervivientes (por desgracia)", "Mercedes Milá Show", "Resistiré este horror","Dónde estás carroña", "El diario de la chony","El intermedio de la nada", "Vuélveme boba"...
La culpa de esto no la tiene Motos, que ya era así antes de "El hormiguero", sino quien mantiene en emisión un programa de vergüenza ajena cuyo público objetivo, a juzgar por la calidad de sus contenidos, debe ser o bien los inquilinos de un jardín de infancia o bien los habitantes de un frenopático, con todos los respetos para unos y otros.
En definitiva: ruego encarecidamente que alguien extermine televisivamente a los memos de "El hormiguero", aunque sólo sea para evitar que los extranjeros que acudan a él salgan con la idea de que España es un país de gilipollas.
martes, 16 de noviembre de 2010
"Scott Pilgrim vs El mundo": Oda la generación friki
El pasado fin de semana vi en el cine "Scott Pilgrim contra el mundo": divertida, ingeniosa, original y llamativa a rabiar, esta película de Edgar Wright, basándose en la exitosa saga de cómics de Bryan Lee O'Malley, es, de lejos, el mejor retrato generacional que conozco de esos jóvenes que han crecido al amparo de los videojuegos, los tebeos, el cine palomitero y la música; jóvenes que han hecho de sus vidas una apuesta por la originalidad y una marginación voluntaria de las convenciones imperantes; una juventud que ha encontrado en seres ficticios de dos dimensiones estupendos referentes, compañeros y vías de escape para un mundo no lo suficientemente atractivo; gente como yo que recibe la etiqueta de "friki" por una sociedad tendente a premiar lo plúmbeo, lo previsible y la homogeneidad.
Atendiendo sólo a su ámbito cinematográfico, "Scott Pilgrim contra el mundo" es una estrafalaria e hilarante comedia romántica de corte "indie" en la que el lozano protagonista, Scott Pilgrim (sensacional Michael Cera), desafía a todo y todos con tal de lograr el amor de una peculiar y misteriosa chica que le deparará más de una sorpresa, dolor de cabeza, contusión...e incluso besos.
Trufada de guiños al mundo del noveno arte, a los videojuegos, al manga/anime y a la "cultura pop", la cinta destaca especialmente en el apartado visual (brillante híbrido de cómic y videojuego) y sonoro (fantástico y demoledor surtido de canciones), lo cual supone un perfecto envoltorio para un producto imaginativo y divertido que proporciona un amenísimo rato para el espectador, especialmente si comparte con los responsables del original y su versión fílmica su amor y admiración por esos mundos bidimensionales que tantísimos buenos ratos nos han hecho y hacen pasar.
¡Viva Scott Pilgrim! ¡Larga vida a los frikis!
domingo, 14 de noviembre de 2010
Obituario de un portento
Ayer el cine español y, por ende, la cultura española perdieron a uno de sus hombres más merecidamente brillantes: el maestro Luis García Berlanga. Lúcido, talentoso y modesto, Berlanga puede ser considerado con razón uno de los cineastas más brillantes que ha dado, no ya España, sino Europa al séptimo arte en su centenaria historia. Un director que no sale en absoluto mal parado de comparaciones con genios inmortales como, por ejemplo, Billy Wilder, con el que, por cierto, entroncaría por el dominio de ambos de un humor irónico e inteligente de poso amargo. No en vano, Berlanga lo único que tiene que envidiar a los mitos de la dirección hollywoodiense es que ellos tuvieron un país que les valoró como merecían....
Habilísimo retratista social y excelente crítico de los pecados y vicios que han formado parte indeleble de la historia española del último medio siglo, Berlanga fue quizás el miembro más brillante de esa hornada de directores españoles (Bardem, Nieves Conde, Forqué...) que demostraron que el ingenio es el único color que necesita el blanco y negro...o que la censura jamás puede ni podrá eclipsar la luz del talento.
Para la posteridad quedan joyas como "Bienvenido, Mister Marshall", "Calabuch", "Los jueves, milagro", "Plácido" o "El verdugo", películas para la admiración y reflexión de quienes, como yo, echaremos de menos a portentos de esta magnitud y brillantez sin parangón ni relevo...
Descanse en paz.
lunes, 8 de noviembre de 2010
El hombre de hielo
Recientemente, he concluido la lectura de "El hombre de hielo", detalladísima biografía realizada por el periodista Philip Carlo de uno de los mayores y más desconocidos asesinos del siglo XX: Richard Kuklinski. Responsable de más de 200 asesinatos, Kuklinski es un fascinante y típico ejemplo de psicopatía: Infancia tortuosa marcada por unos padres extremadamente violentos, irresponsables, y patológicos (alcoholismo paternal, extremismo religioso maternal); juventud en un ambiente insanamente pendenciero y mafioso; y madurez al abrigo de las grandes familias de la Mafia norteamericana, que avivaron, gratificaron y se aprovecharon del gran talento de este hombre: Matar con suma efectividad y nulos remordimientos. Terminadas de leer las más de 500 páginas de la historia de Kuklinski, tengo claro que él ni nació ni se hizo asesino; le hicieron; y esto no quiere decir, bajo ningún concepto, que yo le exculpe de las atrocidades que cometió. Tuvo una vida lo suficientemente atípica y desgraciada como para que se convenciera, desafortunadamente, de que lo único que hacía sin problemas era matar.
Sin embargo, dejando a un lado su acongojante currículum como "hitman" o sicario de la Mafia, lo que más me ha llamado la atención de esta biografía es otro rasgo que suele acompañar en no pocas ocasiones a los psicópatas o los asesinos en serie: Que nadie de su entorno más cercano, incluyendo su propia familia, se percató de la monstruosa doble vida que llevaba Richard Kuklinski hasta que lo detuvieron. ¿Por qué? Porque este despiadado asesino fue, sorprendentemente, un marido, padre y vecino ejemplar; exceptuando, eso sí, los ocasionales ataques de furia que se apoderaban de él y que desembocaban en episodios de lo que hoy llamamos "violencia doméstica". Más, incidiendo en este transtorno bipolar entre el ángel y el diablo, no puedo dejar de preguntarme cuántos monstruos acechan tras luminosas y bondadosas fachadas...
De todos modos, siendo sincero, el único motivo que tengo para reprobar sin paliativos al apodado "hombre de hielo" es el mismo del que él se arrepintió profundamente todos los días de su truculenta vida: las brutales peleas con su mujer. Es decir, que no lo repruebo como asesino. ¿Por qué? Porque casi la totalidad de los hombres (no mataba ni a mujeres ni a niños) que asesinó , por iniciativa propia o por encargo, pertenecen, para mí, a la escoria de la sociedad: matones, estafadores, traficantes de armas o drogas, sicarios, pedófilos, ladrones, vagabundos camorristas...¿Merece gentuza de esta ralea vivir? Para mí, no. Al menos no en un mundo donde la Policía y la Justicia fallan más que una escopeta de feria. Por tanto, ¿qué hay de malo en erradicar a esa bazofia humana de una forma segura y definitiva? ¿Qué hay de malo en borrar de la faz de la tierra a esos bellacos sin escrúpulos? ¿Qué hay de malo en privar de cualquier derecho a gentuza repugnante como la referida? Sólo una cosa: Que solamente podemos esperar que nos libre de ellos alguien como Richard Kuklinski...Y eso es lamentable.
Igual que lo es cómo se comportó la Policía con la familia de Kuklinski en el momento de su detención o la sospechosa muerte de éste en la cárcel justo cuando estaba a punto de tirar de la manta en un escándalo de primera magnitud que habría estremecido los pilares judiciales, legales y policiales de Estados Unidos: el bochornoso pacto de las autoridades norteamericanas con un mafioso vil y traidor como fue Sammy Gravano.
En definitiva, "El hombre de hielo" es un libro que supera a muchos de los mejores "thrillers" que nos ha brindado la ficción en las últimas décadas y un interesante motivo para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Qué clase de sociedad es ésta que convierte en una bendición a un monstruo como Kuklinski? Quizás la misma sociedad donde los policías son unos cobardes, los jueces unos ineptos y los criminales pueden vivir con insultante comodidad...
jueves, 28 de octubre de 2010
Tecnohistorias para no dormir
Con las inminentes celebraciones de los días de Difuntos y Todos los Santos, se avecina en nuestro país, un año más, la importada festividad de Halloween, fecha en la que se nos invita a reírnos de nuestros miedos, empezando por los de ultratumba.
Por eso, es una buena ocasión para abordar con el mismo carácter desenfadado algunos de los terrores que en los últimos lustros se han asociado a las nuevas tecnologías, temores de nuevo cuño más cercanos a las leyendas urbanas glosadas por Jan Harold Brunvand que a las evidencias científicas empíricamente demostrables.
Por ejemplo, quién no recuerda la cantidad de acusaciones y maledicencias vertidas contra la telefonía móvil. Cáncer, leucemia, esterilidad, cefalea, fritura de encéfalo…los terminales móviles o, en su defecto, las antenas de telefonía han sido vituperados mediática y popularmente como si fueran los nuevos jinetes del Apocalipsis o los sofisticados portadores de unas remozadas plagas bíblicas. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Pues que no hay ni un solo informe médico o científico serio que dé pábulo concluyente a quienes ven en los teléfonos y las antenas que los habilitan perniciosos manantiales de enfermedades y dolencias varias. Así pues, lo único temible que puede reportarnos el uso del teléfono móvil es una cuantiosa factura, que, ésa sí, dará una jaqueca mayúscula al usuario, mientras que la mayor amenaza potencial que engendra una antena es que se precipite accidentalmente desde las alturas.
Otra muestra la tenemos en el pánico global que suscitó el denominado “efecto 2000”, según el cual todo el orbe involucionaría hasta la edad de piedra en términos informáticos a partir del 1 de enero de 2000, un bug presentado como el ragnarok de todo software conocido que ocasionó una alarma mundial por prevenirlo, lo que, a la postre, se tradujo en millones de dólares invertidos en esa lucha contrarreloj, nunca mejor dicho. ¿Qué ocurrió realmente? Que si bien con el cambio de milenio se produjeron algunos errores en determinados programas y aplicaciones informáticas, éstos distaron mucho de tener la magnitud cataclísmica que muchos agoreros y oportunistas anunciaron a los cuatro vientos.
La Red tampoco se ha librado de ser protagonista y diana de escalofriantes murmuraciones y bulos, casi siempre con el correo electrónico como uno de sus protagonistas principales. ¿Quién no ha recibido un email donde se nos insta o emplaza a reenviarlo a más personas so pena de ser víctimas de infortunios de toda índole si no lo hacemos? Esto, igual que muchos de los correos que pueblan la bandeja de entrada de nuestros buzones electrónicos, no es otra cosa que un ejemplo de hoax, arteras invenciones que campan a sus anchas en el mundo online y cuyas intenciones más tienen que ver con el marketing y el vano chismorreo que con acongojantes profecías o maldiciones. Así que nuestro ánimo no debe vacilar a la hora de eliminar instantáneamente estas peculiares cibermisivas.
Por todo ello, si lo que se quiere es pasar miedo a cuenta de las nuevas tecnologías, la única opción fiable es recurrir a la ficción, pues el cine y la literatura nos han brindado estupendos títulos para pasar un mal rato con teléfonos, ordenadores, cadenas de emails y demás ingenios en estas fechas tan inquietantes. Unas recomendaciones:
Por eso, es una buena ocasión para abordar con el mismo carácter desenfadado algunos de los terrores que en los últimos lustros se han asociado a las nuevas tecnologías, temores de nuevo cuño más cercanos a las leyendas urbanas glosadas por Jan Harold Brunvand que a las evidencias científicas empíricamente demostrables.
Por ejemplo, quién no recuerda la cantidad de acusaciones y maledicencias vertidas contra la telefonía móvil. Cáncer, leucemia, esterilidad, cefalea, fritura de encéfalo…los terminales móviles o, en su defecto, las antenas de telefonía han sido vituperados mediática y popularmente como si fueran los nuevos jinetes del Apocalipsis o los sofisticados portadores de unas remozadas plagas bíblicas. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Pues que no hay ni un solo informe médico o científico serio que dé pábulo concluyente a quienes ven en los teléfonos y las antenas que los habilitan perniciosos manantiales de enfermedades y dolencias varias. Así pues, lo único temible que puede reportarnos el uso del teléfono móvil es una cuantiosa factura, que, ésa sí, dará una jaqueca mayúscula al usuario, mientras que la mayor amenaza potencial que engendra una antena es que se precipite accidentalmente desde las alturas.
Otra muestra la tenemos en el pánico global que suscitó el denominado “efecto 2000”, según el cual todo el orbe involucionaría hasta la edad de piedra en términos informáticos a partir del 1 de enero de 2000, un bug presentado como el ragnarok de todo software conocido que ocasionó una alarma mundial por prevenirlo, lo que, a la postre, se tradujo en millones de dólares invertidos en esa lucha contrarreloj, nunca mejor dicho. ¿Qué ocurrió realmente? Que si bien con el cambio de milenio se produjeron algunos errores en determinados programas y aplicaciones informáticas, éstos distaron mucho de tener la magnitud cataclísmica que muchos agoreros y oportunistas anunciaron a los cuatro vientos.
La Red tampoco se ha librado de ser protagonista y diana de escalofriantes murmuraciones y bulos, casi siempre con el correo electrónico como uno de sus protagonistas principales. ¿Quién no ha recibido un email donde se nos insta o emplaza a reenviarlo a más personas so pena de ser víctimas de infortunios de toda índole si no lo hacemos? Esto, igual que muchos de los correos que pueblan la bandeja de entrada de nuestros buzones electrónicos, no es otra cosa que un ejemplo de hoax, arteras invenciones que campan a sus anchas en el mundo online y cuyas intenciones más tienen que ver con el marketing y el vano chismorreo que con acongojantes profecías o maldiciones. Así que nuestro ánimo no debe vacilar a la hora de eliminar instantáneamente estas peculiares cibermisivas.
Por todo ello, si lo que se quiere es pasar miedo a cuenta de las nuevas tecnologías, la única opción fiable es recurrir a la ficción, pues el cine y la literatura nos han brindado estupendos títulos para pasar un mal rato con teléfonos, ordenadores, cadenas de emails y demás ingenios en estas fechas tan inquietantes. Unas recomendaciones:
jueves, 21 de octubre de 2010
El viaje a ninguna parte
El desGobierno ha cambiado. El vértigo cada vez mayor que suscitan los próximos años electorales y la sensación de sentirse como Ripley en la Nostromo, ha obligado al señor POE a remodelar su teatrillo de marionetas, quitando a las más deterioradas (Mortaja de la Vega, Moratones Exteriores, Liviana Aído, Corredor sin Salida, Cretino Corbacho, Espinosa Usente), parcheando las bajas con nuevas incorporaciones (Leire Quítame-allá-esos-pajines, Valeriano UGómez, Chaquetera Aguilar y Ramón Qué-hago-yo-aquí), remendando otras (Rasputín Pérez Rubalcaba y Derrotas Jiménez) y dejando al resto de comparsa.
¿Qué conclusiones se pueden sacar de este trile gubernamental?
- Conclusión número 1: A simple vista, los cambios parecen demostrar que (por fin) el iluminado de La Moncloa ha decidido renunciar a sus principios (frivolidades, ocurrencias y majaderías varias) a cambio de fortalecer un gabinete con mayor (que no es sinónimo de mejor) experiencia política y mejor cartel fuera y, especialmente, dentro del partido. Y digo parecen porque, prestando atención a los canjes, uno se de cuenta de que colocar a un sindicalista al frente del Ministerio de Trabajo y dar a cierta inepta boceras la cartera de Sanidad evidencian que el Presidente no ha perdido del todo su peculiar sentido del humor político.
- Conclusión número 2: Lo que sí es bastante notorio es que este nuevo Gabinete es más un escaparate sucesorio que un Ejecutivo funcional. El próximo líder del PSOE está en el Gobierno: Ya son todos los que están y están todos los que son. La sucesión en Ferraz se pilota desde La Moncloa.
- Conclusión número 3: Son cambios hechos más para poner sordina al ruido de cuchillos de su propio partido que para paliar el probable descalabro electoral. Se ha potenciado a los auténticos aurigas del PSOE (Rubalcaba y Blanco), se ha contentado a la vieja guardia (Rubalcaba y Jáuregui) y se ha dado un poco de coba a las bases (Pajín y Jiménez). Así el señor POE erradica cualquier posible rebelión a bordo de la nao socialista en el proceloso viaje de esta agónica legislatura.
- Conclusión número 4: Por todo lo hasta aquí dicho, la remodelación del desGobierno invitaría a ser razonablemente optimista...de no ser porque se ha encumbrado al hombre más mezquino, vil y maquiavélico que ha tenido el PSOE en décadas: el nombre detrás de muchos de sus más turbios escándalos y el responsable de utilizar demagógica y cruelmente una masacre para dar un vuelco electoral y volver a las esferas del poder. Si el señor POE es Alejandro VI, Alfredo es César Borgia. Y por eso, su acrecentamiento no es, en absoluto, una buena noticia.
Pero, por encima de tales conjeturas, lo más importante es aventurar hacia dónde ha puesto proa el zapatero remendón con estos tejemanejes: Exactamente a ninguna parte.
jueves, 14 de octubre de 2010
El (otro) gran carnaval
Un minero atrapado en un túnel, mientras en la superficie se organiza un circo mediático de no te menees a propósito de su desdichada situación al tiempo que su liberación se va postergando más y más, acrecentando así el interés informativo y el morbo social...¿Les suena? ¿Y si les digo que éste es el argumento de una de mis películas favoritas del genio Billy Wilder: "El gran carnaval" (1951)? A veces la línea que separa la realidad de la ficción es tan fina como odiosa...
Los 33 mineros chilenos ayer por fin fueron regurgitados por Gea después de 70 días confinados en los dominios de Hades. Lógicamente, me alegra que su sepultura haya sido sólo temporal y ahora todos estén sanos y salvos junto a sus familias, amantes, mascotas y amigos. Lo que ya no me hace tanta gracia es la bochornosa cobertura informativa con la que los medios de comunicación han travestido de periodismo serio lo que es morbo puro, duro y soez.
El único interés de toda esta historia subterránea ha sido la curiosidad malsana de saber si finalmente iban a palmar o no la treintena de desdichados chilenos. Y eso es, por definición, morbo. Un morbo que ha sido explotado a conciencia por los medios de comunicación de todo el mundo con una cobertura constante y excesiva, trufada de elucubraciones aviesas, anécdotas de baratillo (Ej: La trifulca puteril de cierto minero), crónicas efectistas en busca de la congoja, etc, etc. De ahí que las audiencias de todos los medios se hayan disparado con la desventura de la mina chilena. Y como donde hay audiencia, hay negocio, no han tardado en hacer acto de presencia entidades y personalidades dispuestas a tener su minuto de gloria a cambio de una filantropía y un altruismo más que dudosos. Las moscas no tardan en acercarse a las heces...
Resulta patético comprobar la desmesura y el sensacionalismo que se han instalado como un cáncer en el Periodismo y los medios de comunicación actuales. Cualquier cosa vale para llamar la atención y ser los más vistos, leídos o escuchados. Hoy Chuck Tatum, el avieso periodista de "El gran carnaval" magnifícamente interpretado por Kirk Douglas, tendría muy pero que muy difícil destacar en su cometido, porque todos sus colegas de profesión y los jefes de éstos tienen su misma carencia de escrúpulos. Lo triste es que Tatum es sólo un personaje de ficción...
Y después de esto, ¿qué? Pues los ¿periodistas? se irán a otra parte en busca de la audiencia, como tiburones que siguen el rastro de la sangre, porque ése es su modus operandi...Porque, en el fondo, la vida de los mineros y la tierra que los parió nunca les ha importado gran cosa, como a la inmensa mayoría de miles de espectadores que han seguido este drama tunelario en todo el orbe.
Lo único me agrada entre tanto despropósito es comprobar, una vez más, la agudeza crítica, (en ocasiones como ésta, visionaria) de ese coloso del séptimo arte que fue, es y será Billy Wilder.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Muerte de un matón
Ha muerto un matón, un maltratador, un salvaje, un indeseable, un ser con muy poco de humano. No diré que me alegro, pero desde luego no lo lamento. Cuando la Justicia se mueve entre el error y la inoperancia, la muerte es una solución bastante adecuada para quienes amargan o quitan vidas inocentes. Lo único penoso es que el deceso de estas bestias inexcusables e indefendibles siempre llega cuando el mal, su mal, ya está hecho irremediablemente.¡Cuántas vidas inocentes se habrían salvado si estos cobardes de cerebro lento y hostia rápida se hubieran quitado de en medio antes de cercenar la existencia de sus parejas!
Puede que alguien me acuse de insensible o cruel, pero lo cierto es que pocas cosas hay que me solivianten tanto como aquellos monstruos que valiéndose de una superioridad física agreden o matan a niños, ancianos o mujeres, especialmente éstas, como ya demostré en un artículo hace casi tres años. Para mí, toda esa caterva de maltratadores y asesinos se merecería un suplicio indescriptiblemente sádico, agónico y diario, ya que la muerte me parece un castigo demasiado escaso y rápido para esa escoria nefanda y nauseabunda.
Pero, por aquello de tener un poco de consideración y demostrar algo de bondad, he de reconocer que deseo de corazón que los gusanos y demás microorganismos carroñeros no se envenenen con los restos de este tipejo, si es que alguien decide utilizarlo como abono en lugar de contaminar el aire incinerándolo.
En fin. Hoy el mundo es un lugar un poco mejor para vivir.
¡Ay, 12 de octubre!
Doce de octubre. Antaño "Día de la Hispanidad" y hogaño "Fiesta Nacional". Denominaciones aparte, esta festividad resulta un calco absurdo e inexplicable del día de las Fuerzas Armadas, lo que cuestiona la existencia actual de ambos festejos. No obstante, informativamente, es cierto que da mucho juego, por todas las anécdotas bochornosas que genera, lo cual aumenta mis dudas sobre su conveniencia, al menos con el formato y el concepto actuales...
Dicho esto, el rancio y pretencioso desfile militar sobre el gira la jornada se ha convertido de facto en los últimos años en una mera excusa para que la ciudadanía abronque al desGobierno de este país y para que las revistas del corazón y otras vísceras comenten los modelitos y las chuminadas de Lord Gagá y su parantela de liberados, avergonzando así inmerecidamente a los integrantes del Ejército y sus familiares. Así pues...¿por qué propiciar este escarnio y cisco?
Cierto es que el Ejército actual es un reflejo tenue, devaluado y casi insultante de lo que fue en el pasado, pero no por eso se merece que su desfile y el homenaje a sus caídos se eclipse por los silbidos y gritos del gentío descontento contra los desastrosos timoneles de esta nave patria. No por que no estén justificados, que lo están, sino porque hay ocasiones y días mejores para manifestar el descontento sin agraviar a nadie inocente, como, por ejemplo, en las elecciones.
Dado que el magnicidio ni está ni se le espera y que la sede socialista de Ferraz no va a implosionar en día de cónclave, no hay más remedio que esperar a ciscarnos en el desGobierno votando en los comicios electorales con toda la rabia y la indignación que algunos, cuando no deben, liberan por la boca somo si fueran espitas.
Es lamentable que lo único positivo o simpático que cabe esperar del 12 octubre sea la presencia de la cabra legionaria y la bandera española difuminada en el cielo por un escuadrón. Por eso, porque el Ejército se merece algo mejor y la Fiesta Nacional más si cabe, es prioritario que los organizadores del cotarro se replanteen las formas para que no sigan menoscabando el fondo.
Por lo demás, a mí me da absolutamente igual si al señor POE y su camarilla les gritan de todo menos "guapos", si el Borbón necesita más geriatras que desfiles o si Venezuela sigue demostrando que es un país bananero. Para mí, la única noticia importante que hay que lamentar en este doce de octubre de 2010 es la pérdida de uno de los mejores actores que ha disfrutado el cine español: Manuel Alexandre. Todo lo demás es chufla y pandereta.
martes, 12 de octubre de 2010
"Louise-Michel": Vaya dos...
Anoche vi, en preestreno en España, y eso que se filmó en 2008, la película francesa "Louise-Michel", comedia de humor negro, delirante y estrafalario que, partiendo del drama que supone el cierre de empresas (una fábrica, en este caso), construye una vengativa y extravagante odisea para castigar a los responsables (los dueños de la factoría) protagonizada por dos seres humanos con el cerebro tan invertido como su sexo, cómicamente interpretados por Yolande Moreau (la furiosa desempleada "Louise") y Bouli Lanners (el inepto matón "Michel").
El film dirigido por Gustave de Kervern y Benoît Delépine se sitúa a medio camino, por poner ejemplos patrios, entre el cine de Álex de la Iglesia (por el humor negrísimo y la violencia cómica que preside el metraje) y el de Santiago Segura (por los personajes "freaks" de baja estofa), o entre el esperpento de Valle-Inclán y el astracán de Muñoz Seca. En él tienen cabida personajes extraviados en lo físico, psíquico y/o social que protagonizan situaciones tan inverosímiles y demenciales que encajan como un guante en el género cómico. De ahí que en esta película se pueda ver a enfermos terminales convirtiéndose en sicarios sanguinarios, artistas metalúrgicos y paranoicos obsesionados con el 11-S, transexuales cabareteras cantando a Jesucristo, responsables de RRHH voyeurs y onanistas...
El film dirigido por Gustave de Kervern y Benoît Delépine se sitúa a medio camino, por poner ejemplos patrios, entre el cine de Álex de la Iglesia (por el humor negrísimo y la violencia cómica que preside el metraje) y el de Santiago Segura (por los personajes "freaks" de baja estofa), o entre el esperpento de Valle-Inclán y el astracán de Muñoz Seca. En él tienen cabida personajes extraviados en lo físico, psíquico y/o social que protagonizan situaciones tan inverosímiles y demenciales que encajan como un guante en el género cómico. De ahí que en esta película se pueda ver a enfermos terminales convirtiéndose en sicarios sanguinarios, artistas metalúrgicos y paranoicos obsesionados con el 11-S, transexuales cabareteras cantando a Jesucristo, responsables de RRHH voyeurs y onanistas...
Por todo ello, "Louise-Michel" es una cinta que hay que ver siendo conscientes en todo momento de que, desde su reveladora secuencia inicial, su irreverencia e iconoclastia son tales que la acercan al anarquismo (el título es un juego de palabras que homenajea a una destacada anarquista francesa). Por tanto, no sería raro que hubiera personas que, pasando por alto esto, les incomode o desagrade algunas escenas de esta película, igual que habrá gente que piense que este film es una hez, ignorando que se ha llevado dos galardones en los prestigiosos festivales de Sundance (Premio especial del jurado a la originalidad) y San Sebastián (Premio del jurado al mejor guión).
En definitiva, "Louise-Michel" es una comedia original y transgresora que hace pasar un rato francamente divertido a quienes acepten acompañar a estos "Bonnie y Clyde" del esperpento francés en su azarosa y estrafalaria venganza.
jueves, 7 de octubre de 2010
"Buried": Enterrando la inocencia
Anoche vi "Buried (Enterrado)", película española (en coproducción con Australia) que parece mentira, para bien, que sea española, por su originalidad, calidad, valentía y contundencia. Ignoro si el director, Rodrigo Cortés, ha querido homenajear deliberadamente al maestro Hitchcock, pero lo cierto es que le ha salido una obra cinematográficamente tan redonda como las del genio inglés, que ya desde los títulos de crédito iniciales evoca a los que el fabuloso Saul Bass hizo para el orondo director ("Con la muerte en los talones", "Vértigo", "Psicosis").
Podría dedicar el artículo a loar las cualidades técnicas e interpretativas de "Buried", que son bastante notables, pero eso sería desviarme del mérito principal de este título: Tomar como base uno de los miedos más cervales del ser humano como es el de ser enterrado vivo (sublimado en la ficción por titanes como Edgar Allan Poe, véase su relato "El entierro prematuro") para hacer una película que en apariencia es un thriller (con altas dosis de crítica contra la belicista Administración norteamericana, la ¿ética? de las multinacionales, la delirante burocracia de cualquier trámite telefónico...) pero que en el fondo es una conmovedora y descarnada tragedia nihilista y pesimista como pocas he visto en una pantalla.
"Enterrado" narra, casi en tiempo real, el angustioso padecimiento del civil Paul Conroy (magnífico Ryan Reynolds), un contratista norteamericano secuestrado en Iraq por unos insurgentes y cuya lucha por la vida queda confinada en un ataúd enterrado en algún lugar de esa avernal región. Sin más armas en tal denodada lucha que un teléfono móvil y un mechero, Conroy sumerge al espectador en una espiral de tensión creciente e implacable que avanza demoledoramente hacia un agónico clímax final en el que el aliento se corta.
"Buried" es una película sencilla, desoladora y efectiva como una cuchillada, la que hace que el ánimo del espectador sangre a borbotones al término de este estupendo film que entierra, quizás para siempre, la inocencia de quienes lo vean...
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