domingo, 13 de mayo de 2007

Horrorvisión: Europa da el cante

Anoche me sumé a ese grupo de frikis valientes, masoquistas catódicos, melómanos de dudoso gusto y coprófagos televisivos que ven "Eurovisión". Sí, hay días en que tengo que demostrar mi valentía a través de las tragaderas. En fin. La principal conclusión que saqué es que los únicos espectáculos de entretenimiento que Europa puede organizar decentemente son la Eurocopa y el Eurobasket. En lo referente al también llamado "Festival de la Canción Europeo", lo mejor que se puede decir es que es una exhibición espectacular de que, cuando el ser humano se lo toma en serio, puede llegar a ser el ser vivo más decadente, bochornoso y hortera. Desconozco en qué momento en Eurovisión se ha pasado de ir a cantar a dar el cante, pero, por lo visto ayer, debe ser la norma de los últimos años.

Haciendo memoria, cualquiera sabe que Eurovisión nunca ha sido un compendio de talento musical y gusto estético, pero es que...lo de anoche es para echarse a temblar. A mí me asaltan las siguientes dudas, que lanzo al aire para que quien quiera las responda: ¿Es un requisito esencial para quedar en los primeros puestos que la persona que envíes como representante sea o parezca homosexual, travesti o transexual? ¿Es condición indispensable que salgas al escenario vestido por tu peor enemigo? ¿Qué clase de enfermos mentales o anarquistas melódicos componen las letras? ¿A santo de qué hay que hacer coreografías que sólo se justificarían por estar bajo los efectos del alcohol o las drogas?

En cuanto a las votaciones, lo más claro (y lo peor) que se puede decir de ellas es que cualquiera que siga Eurovisión en los últimos años puede adivinar antes del concurso, desconociendo los representantes y las canciones, quién va a votar a quién. Que este evento sirva como excusa para el fornicio virtual con dimensiones de orgía entre países limítrofes pues no deja de ser chocante y sonrojante. Vamos, que da igual si Estulticia del Norte ha mandado a Eurovisión a un hermafrodita con un gallinero en las cuerdas vocales, vestido como un marciano de serie B y maquillado como una fulana barata, porque Estulticia del Sur le va a votar y hacer la ola seguro.

Así pues, ¿dónde está la emoción del concurso? Muy sencillo. Lo excitante del concurso es descubrir quién rebasa el récord de vulgaridad y quién atenta más flagrantemente contra la vista y el oído. Dicho esto, habría que pensar seriamente renombrar el evento, para lo cual sugiero "Europa unida contra la música", "Festival Europeo de la canción bochornosa" o "Yo soy rar@ 2008".

En cuanto a lo ocurrido anoche, pues poco más que añadir a lo ya dicho: Ganó una versión lésbica de nuestra Maribárbola en dura pugna con el primo ucraniano de Javier Gurruchaga y España, pese a mandar a lo más hortera del panorama ¿musical? patrio, quedamos en el 20º puesto. Para años venideros, ya sabemos qué tenemos que enviar como representante si queremos quedar en el podio eurovisivo: Suprimamos pretenciosos y cutres programas ad hoc y, en lugar de eso, el día del Orgullo Gay, a la primera persona que lance un gallo, la cogemos, la vestimos de faralaes galácticos y tendremos serias posibilidades de ganar en Eurovisión 2008.

¿Es que anoche no se vio nada que mereciera la pena? Si hablamos de Eurovisión, sí: las representantes rusas (¡Matriuska mía!). Y, si no hablamos de horteradas televisadas, también: En Telemadrid ofrecieron la excelente película "Las Amistades Peligrosas". Y es que todo en la vida es cuestión de tener buen gusto...

jueves, 10 de mayo de 2007

Moñarcas

Ni monárquico ni Juancarlista ni adulador ni lector del "Hola". Yo soy tan fan de la monarquía como Robespierre de Luis XVI. Así que se pueden hacer una idea de mis reales simpatías. Y habrá quien diga que por qué yo, que de republicano (en el sentido izquierdista, iluso y demagogo que se tiene hoy en día) tengo lo mismo que de culturista, afirmo estas cosas. Bien, para eso escribo este artículo.



Para empezar, me parece que apoyar la institución monárquica en el siglo XXI es un delirante ejercicio de celo arqueológico, necrofilia política o masoquismo inexplicable. En mi opinión y hablando en términos generales, la monarquía, como institución políticamente útil y referente social, tuvo su razón de ser en la Edad Media, pero a partir de ahí los reyes derivaron en una suerte de elementos decorativos que un país tenía (o no) que heredar de generación en generación. Como todo en decoración, hubo quienes defendieron que una persona con corona era lo más "in" y otros que pensaron que el estilo retro ya no se llevaba y que el único trono útil era el retrete. A los primeros, se les conoce como monárquicos y a los otros se les denomina republicanos.


En el caso español, los entronados constituyen un compendio a medio camino entre el esperpento y la chirigota. Repasando la Historia desde Isabel y Fernando, es difícil tener una nómina de reyes más funestos, frikis o ineptos. Comenzó con los Reyes Católicos, una suerte de dúo Pimpinela pero con un historial a sus espaldas que ríete de Vito Corleone; luego, como los grandes clubs de fútbol, optamos por la importación (costumbre que repetiríamos en 1700, 1808 y 1870) y así llegó Carlos I, un guiri hijo de una necrófila castellana y un putero belga que jugó al Risk con medio mundo de tablero mientras disecaba la economía española; después vino su encantador hijo, Felipe II, un ultra que decidió suprimir la palabra "cultura" de la lengua castellana; y a partir de ahí encontramos a una caterva de monarcas cuyo mayor mérito fue ser retratados por Velázquez o Goya, porque, por ejemplo, que te recuerden como "Ah, sí, el de la Puerta de Alcalá"...en fin. Ya en el siglo XIX, España tuvo como rey a uno de los mayores bellacos que ha conocido la península (y mira que ha conocido muchos): Fernando VII, vil persona y peor monarca que dejó el trono a una elefanta que puso el país patas arriba con las Guerras Carlistas, mientras se pasaba por las enaguas a cualquier cortesano que no fuera el manflorita que tenía por esposo. Después de esto coronamos a un italiano al que tratamos a palos, a un gafado cuyo verdadero padre era vete a saber quién, y a un amigo de los regímenes dictatoriales. En resumen, casi una veintena de monarcas distintos en sus virtudes pero que, en su mayoría, comparten idénticos defectos: zotes de solemnidad, engreídos de vovación y golfos de afición. Y es que un Rey ha de vivir para su país, no de su país.


Respecto a la "familia real", en términos genéricos, se puede decir que está constituida por: Rey/Reina, que es quien lleva la corona. Rey/Reina consorte, que es quien lleva el segundo plano y, en algunos casos, los cuernos. Hereder@, quien tiene un papelón y por eso se le mima mucho. Infantes/Infantas, cuya razón de ser es básicamente hacer bulto en fotos y reuniones familiares, así como comerse marrones. L@s consortes, personas que elevan a escalan palaciega el concepto de "braguetazo". Los críos, reminiscencias de los enanos inmortalizados por Velázquez, sirven para hacer gracietas ante la audiencia. Los bastardos, curiosos personajes que se dan a conocer cuando muere un rey y viven de biografías no autorizadas que rozan la ciencia-ficción. Los amantes y las queridas, ¿quién? No, no, habladurías...Hablando ya de forma más concreta y en lo que se refiere a la familia real española, hay que destacar que es un ejemplo de discreción y mesura, al menos comparándola con otras familias regias europeas como los Windsor, la telenovela de más éxito en Gran Bretaña durante décadas; los Grimaldi, quienes encabezados por la princesa Alberto gobiernan un principado de playmobil; o los monarcas de Noruega, cuyos vástagos se han casado con una ex-yonqui y un escritor filonazi. Así que podemos considerarnos muy afortunados.


Y cerrando ya mi repaso y centrándome en los Reyes actuales he de decir que, salvo casos muy concretos, no tengo animadversión por ningún miembro de la Familia Real y,en el caso particular de Su Majestad la Reina Sofía, tengo que reconocer que siento una especial simpatía. Dicho esto, es hora de hablar de Su Majestad el Rey Juan Carlos I. Como Jefe del Estado, creo que la mejor definición que puedo dar es que, para mí, es un hombre enormemente listo que sabe muy bien cuándo hacerse el tonto pero no cuándo omitir alguna tontería. Como monarca, creo que es un Borbón de manual, que honra permanentemente las virtudes y vicios de sus ancestros...y no diré más. Como persona, Juan Carlos I parece, y digo parece puesto que no le trato, un hombre campechano, espontáneo y con tanta naturalidad que a veces se olvida de "quién es". Yendo a lo que importa, pienso que Juan Carlos I ha sabido perfectamente cómo llegar y mantenerse como Rey. Y estaría genial que fuera tan efectivo y brillante como Jefe del Estado, porque, a mí, personalmente, me parece que un Jefe de Estado está y se le paga para algo más que leer discursos aburridísimos, fomentar el zapping en Nochebuena, o proporcionar anécdotas graciosas a la prensa y que no me venga nadie con lo de que si la monarquía parlamentaria esto o lo otro. Yo quiero recordar con orgullo a un Rey que hizo bien su papel como Jefe de Estado y no como una persona que fomenta chascarrillos humorísticos que comienzan "¿Sabes la última del Rey?". Tal y como está el patio español, lo último que necesitamos es que el Jefe del Estado se dedique a matar osos borrachos, protagonizar leyendas urbanas o comandar "El Bribón". El problema es que, de un tiempo a esta parte, cada vez que ejerce de Jefe de Estado, a uno le entran ganas de que pase todo el día anquilando plantígrados mamaos o yéndose Dios sábe dónde de visita privada...


¿Por qué hago tanto hincapié en la importancia de la Jefatura del Estado? Pues porque ese es un cargo que, a diferencia del de Rey, está muy lejos de estar obsoleto y es vital en los tiempos que corren y más en un país como España. Para mí, la monarquía y todo lo que ella implica está o debería estar muerta y enterrada, pero soy consciente de que vivo en un país que paseó el cadáver de uno de sus mayores héroes o que tuvo una reina que atufó la geografía española con un regio ataúd. A mí, me es totalmente indiferente si los monarcas acaban como tales como los Romanov acabaron como zares, porque toda evolución implica una extinción; aunque, puestos a finiquitar, que empiecen por babosos aduladores como Jaime Peñafiel o Luis María Ansón. Dicho esto, yo no quiero reyes a los que dedicar una absurda veneración, ni que protagonicen almibarados programas ni sean portadas de revistas del corazón, ni ante los cuales tenga que babear, ni que sean improvisados cómicos de pueblo en reuniones internacionales. Yo quiero un Jefe del Estado del que sentirme orgulloso. En definitiva: ¿Sobra la Monarquía en España? Para mí, sí. ¿Sobra la Jefatura del Estado? No, en absoluto.


Por último, acabaré este artículo con una rectificación: Comenzaba diciendo que no soy monárquico y no es cierto. Hay tres monarcas que cuentan con mi total admiración: el legendario Leónidas I de Esparta y los fantásticos - nunca mejor dicho - Rey Arturo y Aragorn de Arnor y Gondor. Y punto.

lunes, 7 de mayo de 2007

Churras con merinas

Sabido es por todos que no es sabio ni, en ocasiones, prudente mezclar churras con merinas, se hable de lo que se hable. Igualmente, no es sabio ni loable morder la mano de quien te da de comer. Y si incurres en ambos errores, es mejor que te abroches el cinturón, por te espera una travesía movidita. Así pues, el artículo de hoy lo dedico a un colega bloguero, Javier Pérez de Albéniz que, hasta el momento, escribe un blog de crítica televisiva en la versión online del periódico El Mundo. De este buen señor, hábil y mordaz, he tenido la suerte de leer en "El descodificador" muchas y brillantes críticas televisivas, desternillantes unas, demoledoras otras. Pero, de un tiempo a esta parte, sus críticas siguen siendo tales, pero no televisivas puesto que su punto de mira está cambiando sorprendentemente hacia objetivos políticos. Desconociendo los motivos de este viraje, mi perplejidad es absoluta: En un blog como el suyo esperas que critique u opine sobre tal programa o cual serie y no que el autor se meta en vergeles políticos. Pero eso es lo que Javier Pérez de Albéniz viene haciendo en sus últimos artículos.

Ya avisó hace escasas semanas con dos artículos (El increíble hombre menguante y Hombres pobres, hombre rico) de que Mr. Hyde estaba a punto de hacer aparición, la cual tuvo lugar el pasado 4 de mayo con el asombroso artículo "La derrota de los embusteros", donde dedicaba buena parte de sus palabras a repartir una inusitada estopa política y mediática, con el pretexto de comentar un programa de Cuatro a propósito del juicio del 11-M y presentado por Iñaki Gabilondo. No entraré aquí a valorar el calibre de las críticas políticas vertidas por el señor Pérez de Albéniz, pues ya lo hice en el lugar apropiado: su propio blog. Lo que sí quiero criticar aquí abiertamente es el uso erróneo (consciente o inconscientemente) de un medio o forma de comunicación que tiene por objetivo una cosa y acaba haciendo otra. Quiero decir que hablar de política o dejar traslucir un mensaje o valoración política en un blog destinado a la crítica televisiva me parece mezclar churras con merinas. Es tan delirante como hablar de física cuántica en un blog culinario o tan aprovechar un programa deportivo radiofónico para poner a parir incendiariamente a un Gobierno...


Pero el error de Javier Pérez de Albéniz consiste además en morder la mano de quien le da de comer. En el citado artículo, las afirmaciones que el señor Pérez de Albéniz hace respecto al 11-M y su repercusión mediática me hace pensar que o no lee "El Mundo" habitualmente o bien que le gusta tocar los cascabeles a sus jefes, al estilo de Bruto con Julio César. Si no comparte la línea editorial del periódico o no está de acuerdo con el tratamiento que hace del 11-M (pues eso es lo que se deduce de lo que dice), el señor Pérez de Albéniz debería tener la gallardía moral y la honradez profesional de comentárselo al director del periódico o al responsable de su edición on-line o bien presentar su renuncia a este trabajo.


No estoy criticando su opinión ni censurando su ejercicio de la libertad de expresión. En absoluto y quien diga lo contrario es un necio, o un demagogo o ambas cosas. Lo que critico es la incoherencia conceptual y profesional que lleva a que en un blog de televisión se hable de cuestiones ajenas a ese medio de comunicación. Afortunadamente, vivimos en una época en la que existen multitud de herramientas y plataformas que permiten opinar sobre lo que sea con total libertad, como es buen ejemplo este blog. Si lo que Javier Pérez de Albéniz es hacer crítica política, estupendo, que abra un blog de política, pero que no utilice la televisión como excusa para ello, pues está quedando a la altura dudosamente honorable del lobo transformista de Caperucita o del ovejil Ulises escapando de la cueva del cíclope. Y si no le gusta lo que hace o dice el periódico que le paga, no pasa nada: cualquier persona es libre de elegir dónde y cómo trabajar. En cuestiones de lealtad a tus superiores, el artículo "La derrota de los embusteros" es comparable a una "Loa a Jesucristo" de Judas Iscariote, "Con cariño, César" de Bruto o "Leónidas, mi héroe" de Efialtes. Así que, señor Pérez de Albéniz, un poquito de decencia profesional, que para poner el cazo seguro está raudo y presto...


Yo ignoro lo trastienda de esta actitud (aunque algo huele a podrido en Dinamarca que diría el clásico) pero es lógico esperar que se produzcan "novedades" en "El descodificador", ya sea en el tono o en la firma. Por lo pronto, lo mejor es que Javier Pérez de Albéniz y su colega Borja Hermoso hablen con libertad y sinceridad de lo quieran...pero donde deben hacerlo, porque ningún medio de comunicación debe ser lugar de emboscadas.

jueves, 3 de mayo de 2007

Mala saña

A los madrileños no les hace falta luna llena. Basta con que sea 2 de mayo para que algunos hagan su particular homenaje a los ancestros que se sublevaron en 1808 contra nuestros queridos vecinos franceses, por entonces de visita indefinida en nuestro país. Naturalmente, no me estoy refiriendo a los aburridísimos actos oficiales "ad hoc", sino a las refriegas nocturnas acontecidas en el barrio de Malasaña las noches del 1 y 2 de mayo. Discutir sobre quién inició las hostilidades (nunca mejor dicho, puesto que se repartieron más hostias que en una misa en San Pedro Vaticano) es dirimir si fue antes el huevo o la gallina. El tema del "botellón sí, botellón no" es un mero pretexto para maquillar las verdaderas cuestiones de fondo: un problema de educación (mala), por un lado, y un problema de abuso de autoridad, por otro; porque lo que es innegable es que hubo dos facciones de descerebrados que en las inmediaciones de la Plaza del 2 de Mayo actuaron con mala saña y eso es lo realmente bochornoso y vergonzoso:
  • Las hordas: Honestamente, me da vergüenza y asco compartir categoría de "joven" con esas bandas de gañanes, berreantes, asilvestrados, borrachos, cerdos, anormales y trasnochados que aprovechan la mínima para montar la versión cañí de la toma de la Bastilla. Me refiero a esos jóvenes que amparándose o no en alguna ideología (ya sea de izquierdas, anarquista o antisistema), envalentonados o no por sustancias que en el mejor de los casos son alcohólicas y aprovechando la anónima libertad de la masa demuestran que su educación está a la altura de su valía moral y personal. Son estar hordas de zombis nauseabundos y gritones, chulos de pacotilla, apóstoles de la estupidez humana, heraldos de la vergüenza y costras del retrete social los que hacen que paguen justos por pecadores y que a cantidad de padres, tutores y maestros se les quede cara de tontos. Esta escoria, físicamente apestosa e intelectualmente deleznable, es la que, con la excusa más fútil, destroza el mobiliario urbano, rompe el silencio con estúpidas berreas, micciona donde les sale de la vejiga o se acuesta con la satisfacción moral de "Jo, tío, le dao un botellazo al madero, ¡cómo molo!" o "He quemao un contenedor, ¡que se joda la sociedad!". Y no es un problema de clase social, ojo, porque en estas turbas encontramos desde "el hijo del obrero" hasta el "niño bien" que se viste de zafio y actúa como tal porque es muy "in". El problema es de educación y vergüenza, cualidades de las que carecen esos batallones de heces antropomórficas que desconocen que la libertad empieza por el respeto y montan ciscos como los de Malasaña. ¿Solución? Desde luego no pasa por "Supernannys" ni payasadas psicológicas ni "Déjale, está en la edad". Yo optaría por mandarlos al zoo, que es donde deberían estar, o, en su defecto, a un reformatorio hasta que peinen canas. No obstante, ya que se decantan por dedicar su vida a parecer neanderthales, sugiero y recomiendo vivamente desde aquí que, para fraguarse ese sensacional porvenir de nulidad, comiencen rompiendo los muebles de su casa, orinando en el salón, pintando el dormitorio de sus padres, quemando el retrato familiar y atacando a su progenitor, con la esperanza de que éste sea cinturón negro en cualquier arte marcial. Por último, y dedicado al ilustrado que pintarrajeó en Malasaña "Dos de mayo de 1808: Echamos a los franceses. Hoy: Echamos a los maderos" : Querido necio, la próxima vez que cojas un libro, en lugar de quemarlo o comértelo o fumártelo, léelo.
  • La policía: Mi visión de nuestra policía (tanto nacional como municipal) en el mejor de los casos es un cruce de "Loca Academia de Policía" y "El planeta de los simios". Dicho esto, he de confesar que al ver ciertas actuaciones policiales no sé si estoy viendo una batalla de orcos de "El Señor de los Anillos" , un lance de fútbol americano o una manifestación de gorilas. Estos guardianes de la ley y el orden deberían saber que existe una regla muy útil para evitar meterse en camisas de once varas: "Un porrazo es aviso. Dos, coacción. Tres, paliza. A partir de cuatro, búscate un buen abogado". Claro que para entender esta regla, habría que saber contar y sumar...En fin. Yo tengo la particular teoría de que la policía sólo saca a relucir su ¿valentía? cuando menos debe y contra quienes menos se lo merecen: se ponen gallardos en pacíficas manifestaciones o zumban cual piñata a un tío mamao y en cambio se quedan haciendo el don Tancredo ante proetarras descerebrados, skins psicóticos, yonquis enmonados, gitanos iracundos y demás fauna delictiva. Y hablo con conocimiento de causa. Que la policía haga cumplir la Ley requiere que unas veces sean valientes y estoicos otras, porque ambas cosas van con el sueldo y el uniforme. El problema es que hay uniformados que deben creer que el estoicismo debe ser un regate de Stoichkov y así nos va...Lo ocurrido en Malasaña requería, además de una mínima organización, estoicismo, mucho estoicismo...pero en su lugar montaron unos Sanfermines en los aledaños de la Plaza del 2 de mayo. Una de las imágenes, de cinco policías apaleando en el suelo a una persona (desconozco si protagonista de la jarana o ajeno a ella) habla bien a las claras de cómo actuó la policía. Así pues, estos oradores del "cagüentó" e intelectuales de la porra, artistas de la "vista gorda" arbitraria, mastuerzos con placa y adalides del "Golpea primero, pregunta después", me merecen la misma consideración que las hordas arribas citadas. Se les paga para que aguanten con tino situaciones como esa y no para que jueguen al béisbol con cualquier persona no uniformada. Se les paga para establecer el orden de la manera más eficaz y pacífica posible y no para que tornen una refriega en un pandemónium de cuidado. Se les paga para que sean sensatos y un ejemplo a seguir y no para que se comporten como toros en un encierro. Dicho esto y volviendo al tema, me parece fetén que se haga respetar la ley (para eso están) y si ésa es la Ley Antibotellón, pues perfecto. ¿Que unas hordas de bastardos te plantan cara? Pues nada, a por ellos con mesura, porque detrás de los gritos y las barricadas sólo hay una banda de cobardes.¿Que se tiene que utilizar la fuerza para disolver a la marabunta? Muy bien, pero de forma selectiva y acertada, no atizando al vecino que vuelve a su casa, al chaval que va a por su coche, a la pareja que acaba de salir de un garito, al "Oiga señor agente, me podría indicar...". Creo que el concepto está claro e, igualmente, pienso que todos, salvo el clásico mentecato sindicalista de la policía o el chulo de turno, estamos de acuerdo. Si los agentes quieren descargar tensión, para eso están los camastros, los spas y los gimnasios. Y si lo que quieren es demostrar hombría de esa forma y "lo bien que los tengo puestos" que se vayan a zurrar a los gorilas de lomo plateado, que tienen idéntica actitud, a ver quién es más macho.

Aclarado que ambas actuaciones son tan bochornosas como injustificables, sólo cabe desear que el próximo 2 de mayo no se desayunen porras en Malasaña sino churros en San Ginés y que los jóvenes no sean letrinas indómitas en su tiempo libre ni la policía mamelucos sin Goya que los pinte.

viernes, 20 de abril de 2007

De Guybrush a Sora: Videojuegos y aventura

Este artículo es fruto de uno de mis vicios más confesables: la afición por los videojuegos. Si hace años los niños y jóvenes se quedaban enganchados a las fantásticas tramas de novelas y relatos (de aventuras, misterio, cómicas...) y, posteriormente, al carrusel icónico-mitológico de las series de televisión (particularmente las de dibujos animados), hoy están engarzados a los fabulosos juegos que pueblan los ordenadores y, especialmente, las consolas. ¿La razón? Fácil: Muchos de estos productos igualan o superan la calidad y el atractivo de las mejores novelas, series televisivas y películas. Si a esto añadimos el inmenso y seductor poder de sentirte protagonista activo de la trama, característica exclusiva de los videojuegos, pues ya tenemos la fórmula mágica del éxito.

Para los que a estas alturas ya se hayan santiguado o indignado, es mejor que no sigan leyendo. Para el resto, pasaré a argumentar estas afirmaciones. Para ello, me centraré en el género que más éxito está teniendo desde hace años: la "aventura" (ya sea la tradicional, también llamada "Aventura gráfica", o en su versión mixta, mezclada con acción o elementos de rol, que tantísimas ventas supone hoy en día). De cara a facilitar la lectura de mi exposición, la dividiré en dos grandes puntos:

  • Videojuegos para ordenador: Aquí hay dos géneros que reinan sin molestarse el uno al otro: Los "shooters" (arma en mano aniquila todo lo que aparezca en el monitor) y la Aventura gráfica. Hablando de este último, hay que citar a los dos referentes innegables de este género y que han hecho historia gracias a ello: Lucas Arts y Sierra. En cuanto a Lucas Arts, podría comentar su ingenioso e histórico motor Scumm o varios de sus sensacionales juegos de aventura gráfica (Zak McKraken, Sam and Max, Full Throttle, The Dig o Grim Fandango), pero sería una completa majadería no detenerme en sus tres grandes sagas del citado género: Maniac Mansion (1 y 2), extraordinaria parodia de las películas de serie B de ciencia ficción y terror; Indiana Jones y...(La última cruzada y Las llaves de la Atlántida), con unas tramas tan entretenidas o más que las célebres películas; y, por último, la quizás más famosa saga de videojuegos de ordenador de toda la historia: Monkey Island (1, 2, 3, y 4), prima hermana de la taquillera película "Piratas del Caribe" (beben de las mismas fuentes: la atracción de Disney y el libro de Tim Powers "En costas extrañas"), que elevó a la máxima potencia todas las virtudes y características del film con muchos años de antelación (entre 1990 y 2000). Aventura y fantasía unidas por un delirante y memorable sentido del humor (paródico algunas veces, genial siempre) y unos personajes ya míticos en el olimpo videojueguil (Guybrush Threepwood, LeChuck, Eleaine Marley...) han hecho de esta peculiar historia de piratas (obra de Ron Gilbert) un verdadero icono de los videojuegos con millones de seguidores (Worldofmi, Scummbar). Más recientemente, aunque a años luz de estas grandes aventuas (nunca mejor dicho), Lucas Arts ha desarrollado dos notables juegos de este género, ambientados en el universo de Star Wars (¡cómo no!): Knights of the Old Republic y Knights of the Old Republic II: The Sith Lords. Si alguien ha querido saber si habría sido jedi o sith, nada mejor que estas entretenidas aventuras, en las que de paso aprendemos un poco de "historia antigua galáctica" (puesto que se desarrollan 4.000 años antes de la historia que todos conocemos). En lo que respecta a Sierra, empezaré diciendo, como curiosidad, que casi toda aventura que lleve la palabra "quest" en su título es obra de esta compañía (Ej: Police Quest, Quest for Glory...). Dicho esto hay que destacar sus cuatro grandes sagas que, si bien en mi opinión no están a la altura de un "Monkey Island" o "Maniac Mansion", sin duda forman parte del acervo fanático de las aventuras gráficas: King Quest (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8), excelente saga ambientada en el mundo fantástico clásico; Space Quest (1, 2, 3, 4, 5 y 6), disparatada y genial parodia de las películas tipo "Star Trek" capitaneada por Roger Wilco; Leisure Suit Larry (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8), desternillante y extensa saga que recoge las andanzas de Larry, un ligón feucho y hortera al que ninguna mujer se resiste; y Gabriel Knight, sobrecogedora trilogía con una sensacional trama de "thriller sobrenatural". Aunque pueda parecer lo contrario, no todo empieza y acaba en Lucas Arts o Sierra. También existen "recientes" aventuras gráficas que emulan en talento, aspecto y diversión a los grandes "clásicos". Es el caso de Broken Sword, entretenidísima saga protagonizada por George Stobbart que combina historia, leyendas y mitología, o de las españolas (sí, han leído muy bien) Igor:Objetivo Uikokahonia (pionera en nuestro país), Hollywood Monsters y Runaway (con un sensacional éxito internacional), obras todas ellas de Péndulo Studios.


  • Videojuegos para consola. Cada día está más claro que el futuro de los videojuegos se encuentra en las consolas (ya sea Playstation, Xbox, Wii), por el enorme potencial que brindan a todos los niveles. Y quien diga lo contrario que mire la cantidad de dinero que mueve el mercado consolero y el mercado PC o simplemente que compare cuánta promoción se da a los videojuegos de consola y cuánta a los de ordenador. Dicho esto y antes de proseguir, he de advertir que hablar de género de aventura y sagas en el terreno de las consolas me lleva a aparcar a un lado a grandísimos juegos tales como el GTA, Zelda, Resident Evil, Silent Hill y leyendas similares, más centrados en aspectos como la acción, en unos casos, o el rol, en otros. La segunda consideración que hay que tener presente en este apartado está ligada a lo que acabo de decir: En este tipo de plataformas, el género de la aventura es un híbrido entre lo que sería la "aventura gráfica" tradicional y un género complementario (acción, rol, lucha, simulador, etc.), algo lógico teniendo en cuenta que en las consolas prima por encima de todo la experiencia de usuario y se trata de contentar al mayor número posible de "jugones". Bien, llegados a este punto, cabe distinguir cuatro grandes sagas del género de la aventura dentro de los videojuegos consoleros y me van a permitir que haga una distinción puramente subjetiva: Hay dos sagas que, si bien son absolutamente formidables, no están a la extraordinaria altura de las otras dos. Una de ellas es el Prince of Persia, una de las sagas de referencia y más veteranas, que remoza pasmosamente el ambiente de "Las mil y una noches" al tiempo que eleva a la enésima potencia el espíritu de las grandes películas de aventuras de Hollywood; como curiosidad cabe decir que comenzó su andadura en el mundo PC y luego dio el salto a las consolas...y el próximo salto será el cinematográfico. La otra saga que acompaña en esta categoría de "formidable pero no insuperable" es God of War, en la que el hercúleo e irascible guerrero Kratos demuestra su espartana cordialidad desde el Olimpo hasta el hades, pasando por la tierra. Es una saga (puesto que ya tiene secuela y es lógico pensar que habrá más) ambientada en la Antigüedad pero plagada de escenarios, criaturas y referencias procedentes de la mitología clásica griega. Con nivel gráfico tan apabullante como la "diplomacia" de Kratos, el juego evoca a sensacionales películas como "Furia de titanes" o "Jasón y los argonautas", pese a que la brutalidad que exhibe esté más cerca de Rambo, Terminator y angelitos similares. Y ya que estoy hablando de mitos, es hora de mencionar las dos sagas de aventuras más soberbias que ha visto el mundo consolero gracias a la productora Square Enix: "Final Fantasy" y "Kingdom Hearts". Ambas mezclan con insuperable talento los géneros de la aventura, la acción y el rol y son sencillamente magistrales en su factura técnica (gráficos, sonido, música...). En cuanto a la saga de "Final Fantasy" lo mejor que se puede decir de ella es que podrán cambiar o no las historias, los personajes y los mundos, pero siempre es insuperable. Por otra parte, para ser igual de conciso, respecto a "Kingdom Hearts" hay que decir que sólo un genio (en este caso, hay más de uno: Shinji Hashimoto, Tetsuya Nomura, Kazushige Nojima) podría combinar con tanta maestría y sensibilidad los personajes de Disney con los de Final Fantasy. Me van a perdonar, pero para mí esta es mi saga preferida: una trama tan bien argumentada como entretenida, un estupendo equilibro entre géneros, unos gráficos excepcionales, una banda sonora deliciosa (obra de Yoko Shimomura) y múltiples guiños a entrañables películas y personajes con los que todos hemos crecido (y reído y llorado...) hacen tanto de KH1 como de KH2 dos juegos que deleitarán a los pequeños y los crecidos por mucho, mucho tiempo,incorporando al entrañable Sora a ese pequeño museo infantil que todos llevamos dentro.

Poco más puedo añadir excepto que sería bueno ser conscientes de que las novelas de antaño son los videojuegos de hoy, pero que ambos pueden convivir en la vida de quienes como yo les encanta perderse en peripecias heroicas y mundos fantásticos.

jueves, 19 de abril de 2007

Derek

Recibir un premio Pulitzer es todo un honor y una garantía de asombro y respeto mundial. Pero, en este caso, eso es lo de menos porque la historia de Derek Madsen no necesita de ningún premio para conmover al mundo o pasar a la posteridad. Y no lo necesita porque está escrita con el lenguaje de las entrañas, apelando a los sentimientos y valores más profundos que tiene el ser humano, hablando a nuestros corazones de tú a tú con una contundencia que en ocasiones llora sobre nuestras mejillas. Es una historia de amor y sacrificio, de ilusión y dolor, de vida y de muerte. Es la historia de dos héroes: Un niño con un cáncer infantil terminal y su excepcional madre. Y es una historia que acaba mal. Pero es precisamente esa dimensión trágica la que engrandece colosalmente las proporciones de los valores y virtudes de todos los protagonistas implicados en ella. Y es una historia que, además de conmovernos, nos debe hacer reflexionar.

No ahondaré aquí en detalles, pues prefiero que conozcan a Cyndie French y su hijo a través del sobrecogedor y magnífico reportaje premiado con el Pulitzer y que está estructurado en cuatro partes (1, 2, 3 y 4). Lo que quiero con este artículo son dos cosas:

La primera de ellas es elogiar a todas esas personas que combaten con todo su alma el lado menos agradable de la existencia humana, a esos héroes anónimos que se convierten en un referente magistral de cómo deberíamos ser todos, a ese ejército sin nombre que miran a la cara al infortunio y la tragedia y en lugar de salir huyendo o autocompadecerse, avanzan con corazón firme. Estos son los nuevos santos, los mitos de la épica del siglo XXI, la última esperanza de una sociedad desquiciada y perdida entre sus propios prejuicios y fantasmas. Gente que no busca ni placas ni monumentos ni salir en la foto. Gente que habla con los hechos y actúa con el corazón. Gente como Cyndie y Derek. Gracias a ellos, cualquiera debería sentirse orgulloso de compartir la condición humana con estas magistrales personas.

El otro objetivo que persigo en este artículo es que todos nos miremos frente al espejo de esta historia y comprobemos cuánto tardamos en desviar la vista por avergonzarnos de nosotros mismos. Vergüenza por quejarnos de cosas nimias, por rasgarnos las vestiduras ante problemas absurdos, por autocompadecernos con una facilidad pasmosa, por tirar la toalla ante percances ridículos, por la valentía de las plañideras y la retórica de la queja. Vergüenza. Vergüenza. Vergüenza. Y conste que soy el primero en avergonzarme de mí mismo después de conocer historias como las de Derek. ¡Cuánto tiempo he perdido en quejarme y autocompadecerme en lugar de intentar superar las adversidades de la mejor forma posible! ¡Cuánta cobardía escondida detrás de excusas y lamentos! ¡Qué bajo cotiza hoy todo lo que reporta una sonrisa! ¡Qué egoísmo estúpido domina y ciega nuestras vidas! ¡Qué vergüenza!

Hoy no lamentaré cómo está el país, la sociedad, el cambio climático, mi precariedad laboral o lo que se tercie. Hoy, simple y sencillamente, quiero honrar a Derek Madsen y Cyndie French de la mejor forma que sé: Con un sentido e infinito GRACIAS.

lunes, 16 de abril de 2007

Ya lo decía Einstein...

"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro". Probablemente es una frase muy poco conocida del genial Albert Einstein, pero es el mejor comienzo para este artículo. La Humanidad está demasiado acostumbrada a la autocomplacencia y a decirse al espejo: "Tú vales mucho", mientras esconde debajo de la alfombra todas las bobadas y sandeces dichas y hechas por los hombres. Por eso, me parece especialmente honesto y digno de elogio que haya gente en este mundo que ponga la diana y distinga como se merecen a los más zotes, estultos y necios humanos del planeta. Y no, no me estoy refiriendo al público de ningún "reality show", ni a la política de promoción dentro de Recursos Humanos ni a los votantes de Bush o el señor POE. Me refiero a los impulsores de los Premios Ig Nobel, los Darwin Awards y los Wacky Warning Labels, auténticos exploradores de la vertiente necia de los "homo sapiens".

Los Ig Nobel, como alguno ya se imaginará, son la divertida antítesis de los celebérrimos premios y galardonan desde 1991 los inventos, estudios y descubrimientos más tontos, extravagantes y/o inútiles. Lean algunos ejemplos: Por qué los pájaros carpinteros no sufren de dolor de cabeza; Interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar; Cálculo del número de fotografías que hay que tomar a un grupo para asegurar que todos los que posan aparecerán con los ojos abiertos en la imagen; ¿Puede la gente nadar más rápidamente en jarabe o en agua?; Vigilar la actividad de una célula cerebral en una langosta mientras que esa langosta miraba escenas seleccionados de la película "La Guerra de las Galaxias"; examen comprensivo de la pelusa humana del ombligo; Diseñar y comprobar personalmente la eficacia de un traje blindado a prueba de ataques de osos grizzly...Sin comentarios. Para quien quiera más información y no sea amigo de navegar por los links que he puesto, he de decir que existe un libro recopilatorio de estos premios: "Los Premios IG Nobel: Cuando la Ciencia hace reír".

En cuanto a los Darwin Awards, de los que se tiene noticia desde 1985, premian a los protagonistas a su pesar de las historias más ridículas y estúpidas que uno se puede echar a la cara (aunque en algunos casos no dejan de ser leyendas urbanas), desgraciados que, según los promotores de estos premios, hacen un favor a sus congéneres al eliminarse del acervo genético...¿Quiénes son esos sujetos? Lean, lean: Un hombre que fue aplastado hasta morir por una máquina de Cocacola de la que intentaba sacar un refresco gratis (el individuo tenía aproximadamente 3 $ en monedas y 25 $ en billetes); Un albanés borracho que al subir a un autobús tropezó, haciendo explotar la granada que llevaba consigo (¿?) y matando a otras dos personas e hiriendo a diez más; Un paciente de un hospital que murió abrasado al quitarse su máscara de oxígeno para encenderse un cigarrillo; Un herrero que había utilizado un proyectil (como el de los tanques) como yunque durante diez años hasta que descubrió fatalmente la explosiva verdad; Un golfista que murió electrocutado al miccionar en pleno campo en medio de una tormenta eléctrica...Para quienes quieran saber más, se acaba de estrenar una comedia que aborda estos premios: "Darwin Awards: Muertes de risa".

Por último y no por ello menos delirante, están los Premios Wacky Warning Labels, dedicados a las etiquetas y advertencias más absurdas, como por ejemplo: "No meta a ninguna persona dentro de esta lavadora", "Quite al niño antes de doblar el cochecito", "No intente secar su móvil en el microondas", "No usar esta escobilla (de retrete) para limpieza personal", "Nunca use el secador de pelo mientras duerma", "No coma el tóner"...

Risas aparte, después de leer todo esto, uno se pregunta si realmente existe vida inteligente en el universo o, si la hay, por qué no han invadido ya este bonito planeta...Y mientras tanto, resignación, que como dijo Goethe: "Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano".

martes, 3 de abril de 2007

Cisnes de quirófano

La última moda televisiva es dedicar programas a que personas de belleza inusual o distraída derramen lágrimas de cocodrilo para que algún cirujano les dé una solución gratuita a su cubo de rubik. Me refiero a bazofias como "Cambio radical" de Antena 3 o "TNT" de Telecinco. Es lo que tiene la televisión de hoy en día: programas sin escrúpulos hechos con gente sin complejos (ni vergüenza). No haré aquí un ensayo sobre la belleza, pero ya que hay gente a la que le place que les metan el bisturí, no puedo resistirme a hacerles algunas incisiones.


Para mí, tanto la gente que puede llegar a deprimirse por su físico como aquella que valora personal, profesional o sentimentalmente a los demás por su físico sólo se merecen gratis una cosa: las visitas al psiquiatra. Pero me centraré en el primer grupo:
  • En el caso de "ellas": Se empieza por jugar con las Barbies. Luego se hace de las revistas femeninas una especie de biblia que tiene en la publicidad su mesías y llena las tiendas de ropa y cosméticos de cientos de feligresas. Y cuando un día se les ocurre mirarse al siempre honesto espejo, reniegan de un reflejo que no es ni nunca fue Barbi y empiezan a tener tentaciones de quirófanos y siluetas que, en los casos más repugnantes, las conducen a la anorexia, la bulimia, el tunning del bisturí o a llorar en programas como los arriba citados.
  • En el caso de "ellos": A diferencia de las féminas, los hombres empiezan a cuestionarse su aspecto físico por meras cuestiones culinarias, que se resumen en el dilema "Me como un colín o no me como un colín, he ahí la cuestión". Cuando descubren que se vuelven invisibles a la hora del cortejo, apareamiento y copulación, la depresión les da una clase magistral en la que aprenden que nunca fueron Madelman, ni Brad Pitt, ni Colin Farrell, ni Backstreetboy. Entonces, la berrea amatoria da paso a la autocompasiva y ellos se mueven en la incertidumbre de ir a un gimnasio y transformarse en "La Cosa" o bien poner velas a Quasimodo para encontrar a un Doctor Frankenstein que revierta el proceso.

Habrá quien pueda pensar que estoy en contra de las operaciones de cirugía estética. Siento la decepción pero sí estoy a favor siempre y cuando estén destinadas a arreglar algún desperfecto que perjudica o puede perjudicar la salud de la persona. Y punto. Para el resto de personas que modelan su autoestima con bisturí, amantes del quita y pon, y fanáticos del tunning corporal, les recomendaría que aprendan a querer y valorar aquello que ven en el espejo, porque es la persona con la que convivirán el resto de su vida. El mejor regalo que se podría hacer a esta gente, si no una visita al psiquiatra, sería un ejemplar del cuento de "El patito feo" de Hans Christian Andersen o bien de "La bella y la bestia" de Madame Leprince de Beaumont, a ver si obtienen alguna moraleja compatible con la sensatez y la cordura mental.


Programas como "Cambio radical" o "TNT", donde las presentadoras no son más que la versión actual del feriante que voceaba antaño "¡Pasen y vean la criatura más horrible que sus ojos han visto!", además de un atentado contra la calidad televisiva, son una muestra de hasta qué abismo está llegando la sociedad de nuestro tiempo bajo la tiranía de la imagen. Una tiranía ante la cual yo me rebelo porque siempre he pensado y pensaré que una persona no es lo que se ve, sino lo que demuestra ser.


Así pues, para esa legión de jetas y desquiciados mentales que cambian lágrimas por operaciones y para todos aquellos que se aprovechan de ellos para hacer negocio, les dejo unas citas célebres de personas que, bellas o no, son un referente de sabiduría, con el ánimo de que reflexionen: Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla (Confucio), La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora (Ortega y Gasset), La belleza exterior no es más que el encanto de un instante (George Sand), ¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar (Henrik Ibsen), La hermosura es una tiranía de corta duración (Sócrates), Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero (Stendhal).


Yo, por mi parte, a ese ejército de bellos por imposición, cáscaras artificiales, aspirantes a Apolo/Afrodita y cisnes de quirófano, sólo puedo decirles una cosa más: La pena no es que seáis así, sino que penséis así. Con congéneres como vosotros, yo prefiero ser feo y sensato a guapo e idiota.

lunes, 26 de marzo de 2007

Los 300

El pasado viernes vi el estreno de la película "300", de Zack Snyder, copia casi literal de la homónima obra maestra del cómic creada por Frank Miller. ¿Qué puedo decir? Disfruté como un bellaco y hacía tiempo que no pasaba un rato tan extraordinario: Será por el espectacular film, porque he leído y poseo el famoso cómic, o porque soy un verdadero admirador y entusiasta de Esparta en general y la batalla de las Termópilas en particular (y mis estanterías son testimonio evidente de ello). Disfruté hasta el nirvana. Pero, como ya es costumbre, iré paso a paso.
  • La película: Zack Snyder firma una cinta vibrante y entretenida que, a partir de una historia épica en todos sus parámetros, ofrece unas escenas de una factura visual acongojante y espectacular cuyo único parangón cinematográfico a la altura sería el "Sin City" de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, también inspirado, por cierto, en una obra de Frank Miller. En cuanto a las interpretaciones, Gerard Butler y Lena Headey son el mejor ejemplo de un reparto que da vida y energía a unos personajes históricos vistos desde la magistral óptica de Frank Miller. Nadie los nominará a los Óscar, pero ni falta que hace. Están como tienen que estar: geniales. Por otra parte, quien quiera ver en esta película lecturas o mensajes políticos actuales debería ir al sexólogo o al psiquiatra, por practicar onanismos mentales. Violenta, trepidante, impactante..."300" es el Mátrix del cine épico y una adictiva e interesante aproximación a una de las batallas más famosas e importantes de toda la Antigüedad.
  • La historia: Por decirlo brevemente, la Batalla de las Termópilas es la crónica de una derrota que pasó a la Historia con la gloria de una victoria. ¿Qué ocurrió? Pues que gracias al heroico y suicida sacrificio del rey espartano Leónidas y sus 300 mejores soldados (y pocos más, no nos engañemos) en el desfiladero de las Termópilas, el todopoderoso soberano persa Jerjes y su colosal y multiétnico ejército sufrieron un retraso en el tiempo y un varapalo en el orgullo que permitió posteriormente el triunfo final de la coalición helena en las Guerras Médicas. Sin la voluntaria y consciente inmolación espartana en las Termópilas el esplendor griego habría sufrido casi con toda seguridad un eclipse permanente y la cultura occidental que hoy tenemos y heredamos no habría sido la misma. Para quien quiera profundizar en el tema y por no demorarme más, invito a navegar por los diferentes links que aparecen en este apartado.
  • Esparta: Sobre Esparta se pueden leer y escuchar muchas tonterías, tales como que es el antecedente y referente histórico del totalitarismo y el fascismo, que eran unos retrógrados que sólo sabían guerrear, etc, etc, etc. A mí, soportar estas sandeces me produce la misma irritación que aguantar la demagogia y la incultura. Allá los asnos con sus rebuznos. Para cualquier persona que tenga curiosidad o interés por saber más acerca de los lacedemonios, basta con decir que era un pueblo que destacó por un enorme pragmatismo y una obsesión por la eficacia. Si eso se tradujo en una cultura de la guerra es algo meramente secundario. Esparta fue hija de su tiempo y contexto (polis en constante pugna por una cuota más de territorios y hegemonía) que tuvo que apañarse con lo que tenía (una tierra no muy propicia para la prosperidad económica). Es decir, o aprendía a comer o sería devorada. Y aprendió a comer. ¿Cómo? Guerreando. Y no nos rasguemos ahora las vestiduras: El hombre lucha entre sí desde que era un homínido y así se forjaron y consolidaron los grandes imperios siempre y quien diga lo contrario, miente. Fieros e implacables en el combate, los espartanos se regían en su vida por tres grandes conceptos casi sagrados para ellos: honra personal, bienestar común por encima del individual, y la patria entendida a todos los efectos como una gran familia. ¿Esto es malo? En absoluto, de hecho, eso, unido al pragmatismo antes citado, fue clave para la supervivencia y éxito de Esparta durante siglos. Lógicamente, como cualquier sistema de vida o político, esta forma de ser tenía sus aspectos oscuros: los niños expósitos, la esclavitud de los ilotas, la Krypteia (una policía secreta que "regulaba" el excedente de ilotas)...Pero, como digo, no hay ningún sistema perfecto, así que no pongamos el grito en el cielo. Más que nada porque a lo mejor el berrido demagógico nos hace pasar por alto que Esparta gozaba de una división del poder político (mezcla de monarquía, oligarquía y democracia) incomparable en el mundo antiguo o que, por ejemplo, las mujeres espartanas tenían un reconocimiento social y una dignidad impensables en cualquier otra parte (incluida la idealizada Atenas), o que a efectos de posesiones (territoriales) ningún espartano tenía más que otro gracias a la política de "kleroi", por citar sólo algunos ejemplos. Tradicionalmente, de Esparta se tiene la versión de sus enemigos (ya sean vencidos o vencedores) y eso es algo lamentable, a pesar de la bibliografía y novelas ( "La odisea de los diez mil" de Michael Curtis Ford, "Las puertas de fuego" de Steven Pressfield y "Talos de Esparta" de Valerio Massimo Manfredi) existentes sobre el tema. Para quien quiera profundizar más en este interesante pueblo, basta con que navegue por los tres links que hay al comienzo de este apartado.
En fin, olé a esa entretenidísima película y gloria eterna para Leónidas y sus trescientos valientes. ¡Qué grande es el cine! ¡Qué espectacular es la Historia!

jueves, 22 de marzo de 2007

Distopía y verbena

Definitivamente, es mejor que me tome ciertas cosas con sentido del humor; entre ellas, la realidad de nuestro país. Y prefiero tomármelas con humor porque las otras opciones serían inmolarme en medio del Congreso o autoexiliarme. Así que, dado que el panorama nacional parece la versión siniestra de "13 Rue del Percebe", voy a dar un repasito a la distopía en que vivimos:
  • El señor POE. Gracias a él, todos sabemos que el heredero sin talento de Charlie Rivel se dedicó a la política. Sin duda, está destinado a entrar en los anales de la Historia vía rectal, porque es un estadista con cualidades laxantes. "El Niño del Eslogan" es el torero más cobarde y desastroso que ha aparecido en el ruedo de San Jerónimo.
  • El Gobierno. ¿Recuerdan el inmortal cuadro "La Academia" de Rafael Sanzio? Bien, pues ahora imaginen su versión más desquiciada y bochornosa y tendrán una foto de grupo del Gabinete español. Son insuperables en lo que hacen: las actuaciones de "La Bombera y los 15 pirómanos" son más heavys que un concierto de Slipknot. Ahora que, eso sí, gracias a este WC el consumo de drogas debe haber disminuido en España, porque con ellos sí que "flipas" y gratis.
  • La clase política. Yo veo las noticias y las crónicas del Congreso y me vienen a la cabeza imágenes de lucha sobre barro, con la triste salvedad de que no veo a ninguna voluptuosa chica en bikini. Da más pena que una película porno con nonagenarios. En el PSOE deberían hacer un test de inteligencia antes de ingresar en el partido, porque viendo a Pepín Blanco y cía uno cree firmemente que lo del PSOE no es política y sí una labor social de integración de mermados intelectuales. En cuanto al PP, pues alguien debería decir a quien pone los discos del guateque que cambie de vinilo. ¿Qué tal si se dedican a hacer lo que mejor saben, es decir, política? La victoria está deseando que alguien la rescate de los brazos del señor POE y, la verdad, a pocos proyectos serios que muestren Rajoy y sus gaviotas, el resultado electoral sería más escandaloso que cierto España-Malta. ¿Y qué hay de Izquierda Unida? Pues no sé, pero preguntaré en el Circo Price ahora que lo han reabierto, a ver si saben algo...
  • La Justicia. A la espera de que participen en los próximos carnavales gaditanos, la Chirigota de la Toga está haciendo algo muy feo: Aprovechando que la Justicia es ciega, le han puesto las nalgas en pompa y la están violando por turnos: el Ministro, el Fiscal General, jueces, fiscales...Tenemos justicia por todo lo bajo: De Juana, Otegui, Farruquito...En fin, que me tomo más en serio un capítulo de "Los Simpson" que a la inJusticia de este país.
  • El 11- M. Yo, siguiendo de cerca el desarrollo del juicio y las informaciones que aparecen, ya no tengo claro si lo del 11-M fue cosa de bereberes, etarras, combustión espontánea o supervillanos de todo a un euro. Lo que sí que me está quedando claro como el agua es que tenemos una Policía y unos Servicios de Inteligencia que hacen James Bond a "Mortadelo y Filemón". Si esto hubiera ocurrido en otro país donde primara la honradez y la vergüenza profesional, habríamos asistido a una oleada de dimisiones y renuncias. Y no te digo nada si hubiera sido en Japón: todos los días el telediario abriría con el hara-kiri de algún mando policial. Pero estamos en España, nación por antonomasia de "La culpa no es mía".
  • La guerra de Iraq. Si el referente democrático de George Bush es Rambo o Walker Texas Ranger, allá él con su psiquiatra. Pero que alguien con cerebro quiera ir de comparsa de este sujeto demuestra que es tan listo como quienes votan a Bush para presidente de la nación más poderosa del planeta. Así pues, ¿fue la guerra de Iraq una estupidez? Sí, y en el caso español, un error. ¿Fuimos a la guerra? No. ¿Hicimos el gilipollas? Sí. Si esto que acabo de decir, se lo repitieran como un mantra cada mañana los principales responsables del PP, dejarían al PSOE sin un argumento para tocar lo que no suena y a los panca-artistas sin una foto y, además, demostrarían sensatez. Demasiado tentador como para desestimarlo. Por último, ¿alguien podría decir al Presidente de EEUU que el Despacho Oval no es el mando de la Playstation mundial?
  • ETA. A la espera de confirmar que el señor POE los proponga candidatos al Premio Nobel de la Paz.
¡Qué lástima de realidad! ¡Qué pena de país! ¡Qué distopía! ¡Qué verbena!

martes, 20 de marzo de 2007

Clint

A veces, sólo a veces, tienes la suerte de comprender por qué el cine es un arte. A veces, sólo a veces, ves una película que mueve los hilos de tus pensamientos y sentimientos de una forma tan sutil como magistral. A veces, sólo a veces, una pantalla te regala algunos de los mejores momentos de tu vida. Un éxtasis en la penumbra de una sala de cine o un salón merced a alguien a quien jamás conocerás en tu vida y que aparece en los créditos como “Director”.

Hoy hablaré de una de estas inalcanzables personas que te llegan muy hondo. Clint Eastwood. Antaño, parecía que estaba destinado a entrar en la historia del celuloide por la puerta de atrás, gracias a encarnar una mágnum cargada con frases lapidarias o un poncho sin afeitar. Pero en 1992 este apóstol de las malas pulgas se cayó de su furibundo caballo y dirigió y protagonizó “Sin Perdón”, una del Oeste contra las del Oeste, obteniendo cuatro Óscar. Algo había cambiado.

Posteriormente, repitió como actor y director en dos películas: “Un mundo perfecto” (1993) y “Los Puentes de Madison” (1995). Interesante aquella, conmovedora ésta, Clint Eastwood confirmaba que Harry Callahan tenía ahora la sensibilidad y talento de un fotógrafo del National Geographic...

Y llegó 2003 y el señor Eastwood ofreció a la historia del cine “Mystic River”, una magistral y siniestra fábula donde un puñado de antihéroes retrata el sótano del ser humano en general y el americano en particular. Consciente o no, el nuevo Clint Eastwood había hecho su presentación pública con una soberbia y sombría declaración de intenciones desde la silla de director. Desde el cine, Eastwood es a Estados Unidos lo mismo que Bruce Springsteen desde la música: un genio con licencia para denunciar.

Quienes pensaban que aquel río de talento se quedaría seco pronto se equivocaron: el de San Francisco golpeó al mentón del público y crítica mundial con “Million Dollar Baby” (2004), crepuscular diario íntimo de la ascensión y caída de varios seres humanos en torno al ring de la vida. Una inigualable exhibición de inteligencia y sensibilidad que le proclamó campeón de los Óscar.

En 2006, este púgil de las emociones puso su mira en Iwo Jima. De ella surgen “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”, dos películas que demuestran que sólo un genio puede hacer películas bélicas pensadas con el corazón y hechas con la cabeza. En ambas, utilizando perspectivas diferentes, Eastwood retrata con elegancia y sentimiento la épica personal de unos héroes a su pesar devorados por la mayor muestra de la sinrazón humana: la guerra.

Y, aunque por fortuna este mito tiene leyenda para rato, es momento de reflexionar. ¿Conocen ustedes a algún director vivo que sepa dominar simultáneamente las técnicas cinematográficas y las emociones humanas? Yo no. Desde 2003, ir al cine a ver una película con Eastwood como director supone ser invitado a un vals donde el arte y el sentimiento bailan juntos, mientras la orquesta sigue el pausado compás de la sonrisa y la lágrima. Nadie como Eastwood habla de la amargura con tanta ternura ni de los demonios del ser humano con tanta elegancia. Nadie como él habla directamente al corazón del espectador sin ninguna contemplación pero con tanta inteligencia y sutileza. Nadie como él arranca una sonrisa y la cruza con una lágrima un fotograma más tarde. Nadie como él hace películas que te dejan tan conmovido y feliz al salir del cine. Nadie como él habla de la oscuridad de una forma tan brillante.

Para la historia del cine quedan escenas como el sensacional monólogo de William Munny que comienza “Cuando matas a un hombre…” (Sin Perdón), la absolutamente conmovedora y muda despedida de Robert Kincaid y Francesca Johnson, bajo la lluvia, con una mano en el picaporte de una furgoneta (Los Puentes de Madison), el antológico cruce de gestos en el desfile que cierra una tragedia (Mystic River), las miradas entre Frankie y Maggie bordeando las lágrimas y aceptando el final (Million Dollar Baby), la voz en off que enmarca el último chapuzón de los soldados (Banderas de nuestros padres), el saco que deja caer cartas que nunca llegaron a tiempo a su destino (Cartas desde Iwo Jima)…y las que vendrán.

¿Se pueden identificar algunas características “made in Clint”? Sí. En cuanto a las técnicas: Un extraordinario elenco de actores, un exquisito sentido del ritmo, una sensacional fotografía y una música sutil e íntima. Y en cuanto a las argumentales: Predilección por temas de los que cuesta hablar con sinceridad, devoción por los antihéroes, el absurdo de la violencia y la tragedia como catarsis del alma humana. ¿El resto? Pura y simple genialidad.

Gracias, mito, por tantas obras maestras. Gracias por regalarme recuerdos y sensaciones que jamás olvidaré. Gracias, señor Eastwood.