miércoles, 10 de mayo de 2017

"Z, la ciudad perdida": el arte de encontrar

Una persona no se define por lo que logra sino por lo que hace para conseguir llegar a esos destinos que orientan nuestra brújula vital. Esto es uno de los principales y más interesantes mensajes que subyacen en la estupenda Z, la ciudad perdida, película de James Gray basada en el superventas homónimo escrito por David Grann sobre la espectacular vida del coronel británico Percy Fawcett (1867-1925). El film, a medio camino entre el drama y la aventura, muestra al espectador toda la peripecia biográfica de Fawcett, militar británico que en sus ansias de prosperidad y conocimiento devino en uno de los exploradores más famosos del mundo por su misteriosa desaparición en la selva amazónica en busca de una ciudad, Z, tan antigua que sumerge sus pies en la pura leyenda. 

The lost city of Z es impecable en las formas, interesante en el fondo y clásica en el regusto que deja. Entretiene tanto por la historia real en que se basa como por la acertada mezcla de géneros (drama, aventuras y bélico) y las buenas interpretaciones de todos los participantes en esa epopeya hacia lo desconocido (especialmente Hunnam, Miller, Pattinson y Holland). Pero, en mi opinión, esta película es un buen ejemplo de obra que vale aún más por lo que nos dice que por lo que nos cuenta. ¿Y qué dice al espectador Z, la ciudad perdida? Pues que nos definimos por nuestros sueños y no por nuestros resultados, que nuestra valía no viene marcada por aquello que tenemos sino por aquello a lo que estamos dispuestos a renunciar, que lo que importa no es la meta sino el viaje, que es precioso y preciso tener a tu lado en esa aventura que es la vida a gente que te respete y apoye por lo que eres y no por lo que se espera que seas, que todo amor implica sacrificio, que la verdadera sabiduría empieza por diferenciar aquello que podemos llegar a conocer de aquello que nunca podremos alcanzar a saber, que en el riesgo hace su nido la oportunidad, que no hay nada más contraproducente que la resignación a la rutina, que el miedo y el prejuicio se disuelven en el conocimiento, que no hay aventura más hermosa y apasionante que la de encontrar y encontrarse y para eso bienvenido sea perder y perderse.

Luego ya está lo otro, lo del misterio, la frívola e inocua curiosidad de lo extraño, el banquete de los curiosos: ¿qué pasó con Percy y su hijo Jack y al amigo de éste en su último viaje? ¿Encontraron Z? ¿Murieron asesinados, enfermos, atacados por animales o de viejos? ¿Qué fue de sus restos? ¿Por qué cuesta tanto rematar la historia de Fawcett? Preguntas todas ellas que alimentan la llama de un personaje digno de una buena ficción (y esta película lo es) y que permiten heredar esa voraz curiosidad que sacó a Fawcett de lo anodino para colocarlo en lo legendario.

Para terminar, quiero hacerlo con las que quizá son las palabras más acordes al espíritu que reivindica esta producción y también las más inspiradoras de todo el film, dichas por la mujer de Fawcett, Nina: "To dream to seek the unknown. To look for what is beautiful is its own reward. A man's reach should exceed his grasp, or what's a heaven for?".

sábado, 6 de mayo de 2017

Respuesta sin tifo

El pasado martes gente que perdió la educación, la elegancia, la humildad y la honorabilidad junto con el cordón umbilical nos preguntaba en un tifo a los colchoneros qué se siente. Harían bien esos individuos en ver la segunda parte del Atlético - Éibar para tener una vaga idea de lo que se siente al ser del Atleti: el inmenso orgullo de pertenecer a un equipo al que nadie nunca le ha regalado nada, un equipo que se levanta siempre que cae, un equipo que jugará mejor o peor pero siempre estará compitiendo contra todos los elementos, un equipo que irá una y otra vez contra lo imposible hasta conseguir lo inolvidable, un equipo que pase lo que pase siempre tendrá a una afición dispuesta a llevarlo en volandas, un equipo que ante la adversidad le echa coraje y corazón porque el Atleti no es un club hecho para las calculadoras sino para los corazones.

Como decía, harían bien en ver esas personas de camiseta blanca y alma negra en ver la segunda parte del partido contra el Éibar en la que el Atleti convirtió un partido con pinta de inquietante despropósito en otro partido bastante distinto que acabó de forma memorable. Y lo hizo sin brillo pero con alma, con mucha alma; sin hacer un juego extraordinario ni mucho menos pero echándole orgullo, el orgullo que lleva a un central como Godín a correr la banda como un lateral y centrar como un mediapunta un balón que Saúl mandó al fondo de la portería vasca, el orgullo que permitió aguantar como gladiadores las embestidas del Éibar, el orgullo de darlo todo cuando ya no te queda nada, el orgullo de ser un equipo que encarna todo lo contrario de lo que representan clubs como el Real Madrid, porque, las cosas como son, hay más grandeza en el sudor de la camiseta rojiblanca de Saúl Ñíguez que en todas las vitrinas del Santiago Bernabéu.

La mediocre primera parte fue la típica en la que no sabes si el vaso está medio lleno o medio vacío. La segunda despejó las dudas: medio lleno. Por desgracia para el Atleti y su afición y el fútbol en general el árbitro Fernández Borbalán, quien es al arbitraje lo que el ébola a la salud, decidió que también la segunda mitad era un buen momento para lograr que todo un estadio se acordara de su señora madre y ancestros varios montando un show que acabó con Godín expulsado (como extraña compensación por no haber expulsado antes a Filipe Luis) y el Vicente Calderón con ganas de obsequiar al pésimo colegiado con un dos de mayo. Por suerte, el tensísimo y desagradable epílogo concluyó para dar paso a algo que es puro y simple Atleti: en los marcadores apareció un mensaje "no lo pueden entender" mientras en las gradas la inmensa mayoría de aficionados nos quedamos aplaudiendo y cantando y animando al equipo como si no hubiera un mañana y...entonces la plantilla al completo del Atlético volvió al césped y dio una vuelta al campo demostrando a todo el mundo por qué ciertos vecinos no pueden ni podrán entendernos a los atléticos. Y es que el Atlético de Madrid es una familia, no un matrimonio de conveniencia...¡Aúpa Atleti!

La magia alza la voz

No me gusta Telecinco porque me parece la cumbre de la telebasura. No me gustan los talent show porque me parece que desvirtúan el significado de la palabra "talento". No me gustan los concursos infantiles porque me parece que hacen un flaco favor a los peques. Y no me gusta el flamenco porque me parece que tiene más sentimiento que sentido. Pero anoche, las casi tres horas de final de La Voz Kids fueron un fenomenal zasca para todas y cada una de esas negaciones. La vida tiene estas cosas: te saca de un error a bocajarro. Inmediatamente se te queda cara de gilipollas. Luego te da cierta vergüenza constatar tu condición de bocazas. Y finalmente sonríes, agradecido.

No voy a reseñar ni el concurso ni la gala final con minuciosidad. Simplemente diré que derrochó sentimiento, arte y encanto tanto por lo cantado como por lo contado con y sin palabras por todos los niños y sus entrenadores. Por todo eso mereció la pena el desvelo hasta las dos menos cuarto de la mañana. Porque las lágrimas conmovedoras que pusieron el broche al desenlace del concurso compensaron el archipiélago de pausas comerciales y un inicio demasiado tardío por capricho de los programadores de la emisora. Porque esa cinematográfica historia de superación profundamente cotidiana y humana que encarna Rocío Aguilar, la ganadora, siempre es una lección que merece la pena refrescar aunque sea con nocturnidad. Porque que esa final consiguió que un tipo como yo, que está más cerca de ser un hater que un fan de estos saraos, sintiera temblar el suelo bajo su piel y se le empaparan los ojos en un par de momentos de esos que no se pueden contar sino vivir.

Así que, anoche, unos cuantos peques liderados por una humilde niña y arropados por unos grandes artistas con más corazón incluso que talento consiguieron algo que parece tan imposible que resulta mágico: que ver Telecinco por una vez mereciera la pena.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El día después

El Real Madrid ganó el partido y el Atlético de Madrid lo perdió. Uno puso todo para llevarse la victoria y otro puso todo de su parte para llevarse un revolcón y tres cornadas. En los locales, todos hicieron lo que se espera de ellos; en los visitantes, Griezmann y Oblak fueron los únicos en estar a la altura que la competición, la afición (bravo por esos 4000 valientes que fueron al Bernabéu) y la propia leyenda exigen. Tan sencillo como eso. Tan simple como que sin actitud, sin convicción, sin coraje, sin compromiso, sin carácter el Atleti deja desnudas las suficientes carencias para recordar que lo que ha hecho y hace el Cholo con esta plantilla está más cerca del milagro que de la lógica. Pero en una noche en la que hasta Simeone se equivocó no hay hueco para las excusas: ni bajas ni fatiga ni ayudas arbitrales ni mala suerte. Anoche Santa Bárbara tronó y todo el decálogo del Cholismo se desvaneció como si estuviera escrito en vao. En resumen: el Atleti hizo justo lo que esperaban esos malnacidos madridistas restregando el recuerdo de Lisboa y Milán: ponérselo inauditamente fácil a un equipo que es pura pegada firmando una tragedia con sabor a ridículo. Fin de las perogrulladas dolorosas.

Dicho esto, a mí lo que más me duele de lo de anoche no fue el qué (la derrota) ni el cuánto (3-0) sino el cómo (dejando al himno y a la afición huérfanos de argumentos). No obstante, no voy a participar ahora en esos aquelarres que nacen al calor de la derrota donde participan hinchas cabreados y trolls oportunistas. Las notas, las facturas y los ajustes de cuentas, por muy merecidos o no que sean, a final de temporada, nunca antes. Pero respeto a quienes quieran dedicar el tiempo a ensañarse con el equipo y/o el entrenador y/o los dirigentes. Tampoco voy a participar en esas guerrillas ilusionadas que no dejan que la realidad les estropee un sueño. El optimismo sólo beneficia a quienes escriben lucrativos libros sobre memeces como el pensamiento positivo. Pero respeto a quienes quieran dedicar el tiempo viendo portentosos jugadores donde no los hay (salvo contadas excepciones) o pensando que esto es una película de Disney donde el "happy end" es obligado. Yo a lo único que voy a dedicar el tiempo es a desear que el próximo miércoles el Atleti honre al Calderón dando la cara como los espartanos en las Termópilas, que acaben el partido con el escudo o sobre él me es igual con tal de que, si esta es la última carga de esta legendaria tropa, sea gloriosa. Los jugadores lo tienen fácil: basta con que recuerden y demuestren todos y cada uno de los motivos por los que cientos de miles de atléticos en todo el mundo les estamos agradecidos ya para siempre. Me es igual el resultado o si pasamos o no la eliminatoria. Lo único que quiero es sentirme orgulloso.

Por mi parte, el próximo miércoles estaré en la grada, dejándome la garganta y el alma animando al equipo, porque ser del Atleti no es una afición, es una forma de ser y estar en la vida y de afrontar las cosas. Por eso, hoy, el día después de que un mal sueño se hiciera realidad en el peor momento, en el peor escenario y ante el peor rival, yo sólo puedo y quiero decir una cosa: ¡Aúpa Atleti!

miércoles, 26 de abril de 2017

El himno como refugio

El fútbol es un antídoto letal contra las sandeces que pululan en los libros y las charlas de autoayuda. Querer no es poder ni merecer es conseguir. No basta con eso. De esto sabemos mucho los atléticos por partidos como el de anoche: derrota enormemente injusta ante un equipo que ni quiso ni mereció ganar. Con decir que el Atleti encontró unos rivales más serios en la fatiga, la mala suerte y el árbitro que en el Villarreal está casi todo dicho. Casi; sólo faltaría añadir que Griezmann y Saúl jugaron más y mejor que todos los jugadores que saltaron al césped ayer en el bando castellonense. Sea como fuere, sin hacer un buen partido, el Atleti quiso ganar y no mereció ni empatar ni perder pero perdió. Punto. Todo lo demás es La Historia Interminable. Realidad 1 - Lógica 0.

Mientras pensaba anoche esta reseña regresando a casa, tenía aún la garganta irritada como un neón y unos pensamientos que seguramente están contemplados en el Código Penal con el árbitro Ignacio Iglesias Villanueva como artista invitado. Quizá debería dejarme llevar por la doctrina excusista y quejarme aquí del impresentable colegiado cuya actuación sólo se puede entender bien como malicia, bien como incompetencia (el que vale, vale y el que no a arbitrar en Primera División) o del inhumano calendario que lleva al límite físico a los futbolistas o de la mala fortuna (lesiones, fallos de todo tipo, etc) que se ha encaprichado con los rojiblancos como una groupie preadolescente o de la exasperante irrelevancia de ciertos jugadores colchoneros que no acaban de encontrar su sitio en el Atleti y cuentan su estancia en el club por oportunidades perdidas o de la insidiosa matraca de los medios de desinformación deportiva respecto al Atlético. Pero prefiero hacer algo mejor que todo eso, quizás menos masoquista pero sí más balsámico: acordarme de ese himno que ruge el Calderón como una tempestad. Porque dicho himno contiene lo único innegociable para cualquier colchonero: pelear como el mejor. Otros equipos e hinchadas sólo exigen la victoria como sea, pero el Atleti es un verso suelto entre poemarios de soberbia y prepotencia. El Atleti es el Atleti si lucha, si defiende sus colores, si derrocha coraje y corazón, si compite como si fuera el mejor con independencia de si lo es o no y del resultado. Y eso lleva haciendo el Atleti toda buena parte de sus 114 años de historia (como bien recordaron las nostálgicas pancartas del Frente durante el partido), incluido el partido contra el Villarreal de anoche. ¿Que se perdió? Sí ¿Que hay más honra y orgullo en la derrota rojiblanca que en la victoria amarilla? También. ¿Que poco o nada hay que reprochar al equipo? Cierto.

De todos modos, soy consciente de que hoy en tertulias colchoneras dentro y fuera de Internet se habla mucho, mal y merecidamente del desesperante e indignante Iglesias Villanueva, quien demostró con su esperpéntica actuación que es al arbitraje lo que Leticia Sabater a la música clásica. Pero dedicar tiempo a semejante tarugo (lo del acta postpartido es ya el colmo de la infamia) es robárselo al orgullo que hay que sentir por quienes alegran nuestro corazón dando la cara en Liga y Champions gracias a pelear como el mejor. Así que después de este tropiezo no puedo decir más que una cosa: ¡Aúpa Atleti!

lunes, 24 de abril de 2017

Un héroe de puntillas

Entre golfadas propias y comicios ajenos, entre derbis y santjordis, por los medios de información ha pasado de puntillas (o casi) la historia de un héroe. Uno joven, español, de Málaga, de buen fondo y mal final. Los héroes clásicos despuntaban en las tragedias; los del siglo XXI también. Resulta que a este chico lo han mandado al Hades a los veintidós años recién cumplidos unos hijos de puta por mediar en una pelea en la que estaban enfrascados los propios asesinos. Los malos viven, los buenos mueren, primera ley del realismo.

Por un lado, reconforta bastante tener constancia de la existencia de gente como Pablo, de buenas personas, de esas que no necesitan morir para que loen sus bondades, de esas que pasan por la vida haciendo el bien porque sí, sin interés variable. Por otro, frustra enormemente constatar cómo el excedente de hijos de puta parece aumentar día tras día en un país donde carecemos de asesinos en serie pero los miserables parece que sí los fabricamos en serie.

Por un lado, reconforta bastante esa ejemplaridad humilde, discreta, anónima e instintiva de quienes a la sombra cotidiana de los ídolos mediáticos brillan con la grandeza de los héroes. Por otro, frustra enormemente tener la certeza de que los asesinos de un buen tipo en el mejor de los casos quedarán libres antes de lo merecido y, en todo caso, vivitos y coleando.

Por un lado, reconforta bastante tener noticia de la entereza, la dignidad, la ética y la valentía de alguien que se atrevió a hacer el más difícil todavía: ser bueno en un mundo injusto y cómo Pablo no renunció a esa premisa por muchas putadas que doblaran por la esquina. Por otro lado, frustra enormemente tener la sensación de que en esta vida ser un cabrón, un bastardo, un salvaje, un mierda te sale tan a cuenta que casi es un chollo porque ni siquiera el diablo se da prisa en retirar de la circulación al miserable de turno.

Por un lado, reconforta bastante saber de un muchacho que pese a su juventud habría desentonado absolutamente en basuras como "MHYV" o "Gran Hermano". Por otro, frustra enormemente saber de hijos de perra a los que programas como "Hermano Mayor" se les quedan tan cortos como la cárcel.

Por un lado, reconforta bastante el legado de quién aun tras fallecer ha donado todo lo que ha podido de sí para hacer mejor la vida de los demás, los conociera o no. Por otro, frustra enormemente que sobrevivan a Pablo los malnacidos cuya vida o muerte valen infinitamente menos que el orín de los perros, como diría el poeta León Felipe.

Por un lado, reconforta bastante pensar que el Cielo debe existir porque a algún sitio debe ir a parar tras morir gente como este muchacho. Por otro lado, frustra enormemente tener la sensación de que a veces el servicio de milagros tiene puesto el desvío de llamada.

En fin. En ocasiones a la vida le da por ser muy cabrona. Ésta es una de ellas. Cada día tengo más claro que en el camino a la muerte la buena gente nos precede. DEP.

domingo, 23 de abril de 2017

Rematar a Cervantes

Lo confieso: soy un paria, un marginado, un forajido, un outsider, un autoexiliado, un partisano, un rebelde, un miembro de la resistencia. Hoy, en España, Día Internacional del Libro, aniversario de la muerte de Shakespeare y Cervantes, tener entre tus intereses la Cultura y entre tus aficiones la lectura es sinónimo de estar fuera del redil, ajeno a la cuadrícula, huido del rebaño, prófugo de la mediocridad y constituir una anomalía de un sistema diseñado para fabricar y ensalzar necios, cretinos y estúpidos (y estúpidas, que dirían los amigos de lo políticamente correcto y lingüísticamente gilipollesco). Por eso, no hay motivo para el sonrojo en la confesión, hay orgullo y mucho, por cierto.

Para ver atendados contra la Cultura no hace falta irse a los países donde se la pasan por el forro de Mahoma. Basta con darse una vuelta por el BOE o la parrilla televisiva o las reseñas culturales de los medios de comunicación para percatarse de que España es un país encantado de rematar a Shakespeare y Cervantes mediante el desprecio deliberado o ignorante. Francamente, vivir en un país en el que las televisiones bañan en fama y euros a auténticos anormales o donde las reseñas están más cerca de la propaganda a sueldo que de la crítica culta y formativa o en el que desde el Gobierno se ha orquestado una "persecución de Diocleciano" contra todo lo que huela a Cultura pues produce asco, pena y bochorno. Especialmente indignante es esto último, lo del enseñamiento gubernamental respecto a lo cultural, ya que yo no le puedo pedir cuentas a Vasile por Mierdaset (por decir un grupo mediático al azar) ni al propietario de ningún periódico por permitir reseñar a juntaletras cuyo nivel intelectual (y no digamos ya estilístico) está entre la nada y el cero absoluto, pero sí se las puedo pedir a quien, en teoría, gobierna pensando en todos los españoles actuales y venideros. Diezmar y laminar educativa y económicamente todo lo referente a la Cultura es algo más propio de distopías como la de Fahrenheit 451 pero Rajoy está firmemente decidido a pasar a los anales (nunca mejor dicho) como una de las cosas más positivas que le ha ocurrido a España junto a la peste, Carlos II, Fernando VII, el Frente Popular, la Guerra Civil, Franco, ETA, Rodríguez Zapatero, Podemos y la programación de Telecinco. Las medidas punitivas contra la Cultura o contra las Humanidades (tanto monta, monta tanto) puestas en marcha por el Gobierno son quizás el mejor síntoma de que estos tipos, los que zascandilean entre el Congreso y La Moncloa, tienen aversión a dos de los pilares de cualquier sociedad democrática: la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. Es obvio que esta gente infame no está en absoluto interesada en lograr que España sea una sociedad de hombres libres, críticos y reflexivos porque sólo así pueden seguir conservando ese lucrativo chiringuito desde donde mercadean con favores y libaciones con otra gente no menos repugnante. Aquí, cuanto más tonto sea el personal, mejor les irá a los políticos...y en eso andan

Quiero detenerme un momento en lo que tiene que ver con el ámbito educativo: desterrar la Cultura a garrotazos legislativos de cualquier plan en el hábitat de la enseñanza es uno de los mayores bochornos y disparates que se han hecho en las últimas décadas (y mira que hay stock). Menospreciar en horas y peso curricular las asignaturas de Humanidades en general y la Literatura en particular es una forma de retratarse ante el mundo (Dorian Gray salía mucho más favorecido en su retrato que este Gobierno). Alegar que tal mutilación se hace para ayudar a la inserción laboral de los chavales es una manera de evidenciar cuán errónea es la percepción del ser humano que tienen los Wert y compañía. Y es errónea por lo siguiente: 
  • Primero, uno va a la escuela a aprender como parte del viaje iniciático de todo individuo no para ser "maniquizado" de cara al mundo laboral.
  • Segundo, las personas no vivimos para trabajar (premisa que parecen compartir el Gobierno y la CEOE) sino que trabajamos para vivir y para entender y saborear la vida pocas cosas hay mejores que leer puesto que esta es la mejor vía para encontrar nuestro lugar en el mundo y en la Historia. 
  • Tercero, la formación cultural o el nivel intelectual no está reñido con el acceso a un puesto de trabajo, máxime en un país en el que la precaricación laboral impuesta por el Gobierno ha hecho de la sobrecualificación una norma tácita pero enormemente extendida. 
  • Cuarto, el menosprecio que demuestra el Gobierno hacia la Cultura es totalmente incomprensible e incompatible con una nación que atesora un patrimonio cultural sencillamente extraordinario, así que aquí no sobran Cervantes ni Quevedo ni Unamuno ni Lorca sino Rajoy y toda su camarilla de malnacidos que perdieron la vergüenza junto con la placenta.
  • Quinto, teniendo presente que la mayoría de estudios ya advierten de que el futuro laboral de las personas en un mañana enormemente mecanizado pasa por una necesaria explotación de la creatividad y el ingenio, quitar a los estudiantes el acceso a las disciplinas que más y mejor ayudan a desarrollar una y otro demuestra una miopía de miras más que preocupante y evidencia lo falaz del argumento esgrimido por Wert para acuchillar a la Cultura en las aulas. 
  • Sexto, elegir unilateralmente e imponer lo que uno cree que es lo mejor no deja de entroncar con esa concepción a medio camino entre lo paternalista y lo dictatorial que tanto daño ha hecho a las sociedades desde tiempos remotos. Es obvio que, en España,  ni las derechas ni las izquierdas están libres de pecado pero los conservadores deberían esforzarse en disimular mejor sus tics dictatoriales, por mucho que le gusten a buena parte de su electorado.
  • Séptimo, juzgar todo desde el prisma de la "utilidad" no sólo sólo es sesgado sino que también es discutible, más que nada porque obliga a replantearse el propio de concepto de "útil". ¿Es más útil aprender ecuaciones que aprender a pensar? ¿Es más provechoso comprender las leyes de la física que la naturaleza humana? ¿Es de más utilidad para el día de mañana expresarte en inglés sin tener ni puñetera idea de quién fue Shakespeare? ¿Es más útil en lo laboral conocer las enseñanzas del Cristianismo que lo que hay dentro de la Odisea? ¿Es útil sólo lo que tenga que ver con el acceso a un salario y la mejora del mismo? Pues eso.
De todos modos, orillando al siniestro Gobierno y su deleznable LOMCE (que tan magistralmente han denunciado Carlos Mayoral en su recomendable artículo Cervantes ya no es una opción o Peio H. Riaño en su noticia Los alumnos prefieren a Kafka pero Jesucristo les sube la nota) hay que reconocer que los amantes de la Cultura en general y la Literatura en particular lo tenemos complicado en un país en el que la chavalería está obnubilada con Mujeres, hombres y bicepsberzas o que considera "famoso" como una opción profesional más o en el que gente como Kiko Rivera tiene más presencia e impacto mediático que cualquiera de nuestros escritores, artistas y pensadores o en el que arrasan hediondeces como Cincuenta sombras de entrepiernas o pseudolibros escritos por rostros televisivos o en el que un tuitero tiene más ventas que un escritor. Y esto no es culpa sólo del Gobierno y la Educación. Es un problema más de fondo que amenaza con ser sistémico y endémico y conviene tomarlo en serio cuando ya tener gusto por las letras, esto es, por la Cultura, se ha convertido en objeto de mofa o denigración entre los escolares bajo el sambenito de "letrasado", como apunta Elvira Lindo en su última columna.

En fin. Que de mi pasión por la Literatura ya hablaré en otro rato porque ahora se me han quitado las ganas con este paseo por este fangoso país que tan encantado está no ya de humillar sino de rematar un 23 de abril a Cervantes y a quienes como él hicieron grandes las letras españolas y universales.

miércoles, 19 de abril de 2017

Futuro presente

Conforme van pasando los años tengo cada vez más claro que la ciencia ficción no es más que ciencia a la que aún no le ha llegado su momento. En ese sentido, llegados a este punto en el que estamos en la antesala de la completa e irremediable tecnificación de lo humano, empiezo a tener la sensación de que se ha invertido el sentido de la poética aristotélica y ahora la ficción, el resultado de esa poiesis clásica, ya no emula a la realidad sino que la inspira; es decir, es la realidad la que imita a la ficción. Me explico: desde hace ya tiempo no es inusual la aparición en las noticias de cosas que siempre nos parecieron de exclusiva y perpetua pertenencia a las historias imaginadas en novelas, cómics y películas futuristas. Androides que parecen embriones de C-3PO, robots tan verosímilmente humanos (los hay hasta con fines estrictamente sexuales) que pasarían por replicantes, drones que parecen sacados del futuro del que regresó McFly, inteligencias artificiales que interactúan contigo con mejor talante que HAL, exoesqueletos que harían sonreír socarronamente a Tony Stark, proyectos de interfaces más propios del mundo de Minority Report, transformers a los que sólo les falta el anagrama de los autobots, aparatos de realidad virtual que dejan en la cuna al del cortador de césped,una IA que crea por su cuenta un lenguaje que haría las delicias del CCP, programas tan siniestramente avanzados que nos huelen a Skynet, terminators rusos listos para darlo todo por la patria (incluso hay uno de la marca Kalashnikov)..Todo esto que acabo de citar ha trascendido el patrimonio de las páginas, las viñetas y los fotogramas: es real. Tan real que, por ejemplo, ya hay varios estudios que pronostican cuánta gente se quedará sin empleo o cuántas profesiones desaparecerán por la irrupción definitiva de las máquinas en el entorno económico-laboral.

Por eso, es igualmente real no ya el peligro de acabar convertidos con tanto gadget y app en una especie oronda y perezosa como la que aparecía en la genial Wall-E sino en un riesgo aún mayor sobre el que ha advertido la ficción en numerosas ocasiones (por ejemplo en obras tan notables como 2001: odisea en el espacio, Blade runner, Battlestar Galáctica, Yo, robot o Terminator): la llamada singularidad que, grosso modo, viene a ser la toma de consciencia de sí mismas de las máquinas y su consiguiente rebelión a lo Espartaco contra los humanos. Una amenaza que habría que tomarse en serio y no ya porque lo diga la mayor mente del planeta (Stephen Hawking) o lo advierta el nuevo Tesla (Elon Musk) o porque Google ya haya previsto un plan de contingencia para ese inquietante supuesto o porque la mismísima UE se haya preocupado con cierta ingenuidad por el tema sino porque es cada día más evidente que la realidad está acortando distancias con la ficción con más rapidez y facilidad de las previstas. Y si hay alguien que prefiere tomarse esto a guasa, que busque en Google artículos sobre la IA que dicha compañía está "criando" o sobre el ingenio mecánico militar ideado por Rusia a ver si después de leer eso sigue pensando que esto es carne de frikis o iluminados.

No obstante, a pesar de esa fúnebre posibilidad de la singularidad, siempre nos quedará un consuelo. Asumiendo que las máquinas alcanzarán antes o después la omnipotencia técnica, nos podemos consolar con la idea de que aún en ese caso seguirán siendo imperfectas porque carecerán de algo que siempre tendremos los hombres. Sabrán hacer todo lo que puedan imitar o aprender pero no emocionarse ni soñar ni sentir el sentido, ignorarán las preguntas desde la arrogancia de las respuestas, sacrificarán la escurridiza creatividad en el altar de la pulcritud computable, concebirán el arte como una ejecución perfectamente parametrizada renegando de la maravillosa anarquía que anida en cada artista, verán las anomalías como errores a subsanar y no como tesoros a descubrir, se perderán en la oscuridad de las métricas ajenos a la entropía que hace que toda vida tenga sal y sentido. Serán, en definitiva, infinita y simultáneamente mejores y peores que los seres humanos.

Por todo esto, ante el futuro y para el futuro, mejor será volver la vista hacia lugares como la ECH antes que al MIT o al Museo del Prado antes que a Silicon Valley o, si llega a consumarse la distopía, amenizar cualquier apocalipsis tecnológico con la compañía de Parménides, Platón, Séneca, Marco Aurelio, Confucio, Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Steinbeck, Lorca, Unamuno, Borges, Carver, Mozart, Brahms, Chopin, Chaplin, los Hermanos Marx y toda esa tropa de genios en eso que siendo suyo es tan nuestro pero nunca será de las máquinas...Para este Titanic nunca habrá mejor orquesta que la Cultura. Y si esto también falla (algo no descartable al menos si tenemos en cuenta los esfuerzos del Gobierno español por cargarse la Cultura educativa y fiscalmente), pues mejor será encomendarse a Sarah Connor, Bill Adama o Gaius Baltar.

domingo, 16 de abril de 2017

Sábado de resurrección

Semana Santa es una época más que oportuna para celebrar resurrecciones...y eso ocurrió a orillas del Manzanares. Con la batalla de Leicester en el horizonte, el Atlético de Madrid salió al ambientazo del Calderón con su segunda unidad, por utilizar la jerga propia del baloncesto o de la NFL. El rival, Osasuna, sólo incomodó mientras los rojiblancos no habituales intercambiaron tarjetas de visita con sus compañeros; el resto del partido, el equipo navarro hizo tantos méritos para no perder como Leticia Sabater para cantar en la Superbowl, por lo que fue la gaseosa ideal para los experimentos de Simeone.

Así, con la fiesta en las gradas (se notó que fue el Día del Niño) y el contrincante inquietando menos que un hare-krishna, todo invitaba para un espléndido marcador primaveral. Y eso pasó: 3-0. En ello resultó decisiva la resurrección de dos jugadores perdidos últimamente en la irrelevancia: Carrasco y Gaitán, dos tipos que ayer recordaron (a la afición y a sí mismos) que pueden estar en cualquier póster del Atleti. Dos jugadorazos que estuvieron bien arropados por la curiosa dupla Thomas-Giménez y las incursiones de Filipe Luis, cuyo nuevo gol demostró que el brasileño es lo único que funciona en la izquierda en España. Dos resucitados pero no los únicos de la tarde: Tiago y Cerci (¡Cerci!) también entraron en el partido para recibir la ovación de niños y mayores, si bien en el caso del italiano con un extra de guasa por parte de la hinchada.

En definitiva: tarde redonda y fenomenal diván para quienes estaban con problemas de autoestima que se saldó con una goleada justa, la cual habría devenido en escandalosa de no ser porque el único tanto de "penalti" que se marcó ayer en el Calderón lo anotó Griezmann en el descanso durante el show que organiza Mahou. Es cierto que el osasunista Sirigu tuvo bastante culpa en el anticlimático final que vivió el Atleti...pero llevar 8 de 13 penaltis fallados esta temporada no se explica por un portero, un jugador o la mala suerte: hay que subsanar ese problema cuanto antes porque ahora mismo cualquier pena máxima en área rival es un chollo para el propio rival y una máxima pena para el equipo y la afición rojiblanca.

De todos modos, por acabar con una nota positiva y realista, para lo que viene, además de corregir el asunto de los penaltis, es imprescindible estar on fire y la mayoría de jugadores del Atleti ya lo están...con la inestimable colaboración del Osasuna. ¡Aúpa Atleti!

jueves, 13 de abril de 2017

It's peplum time

Semana Santa. Tiempo de recogimiento e introspección. Tiempo de vivencia íntima, discreta y austera de la Pascua. Tiempo de silencio. Tiempo de fe. Tiempo de procesiones. Tiempo en que las calles de la España patanegra hablan de tambores y trompetines. Tiempo en que las ciudades huelen al luto de la cera y el incienso. Tiempo en el que los capirotes recortan siniestros la luz de los faroles. Tiempo de pasos silenciosos y acompasados ante ojos y pies quietos...Tiempo de estampida generalizada nivel "sálvese quien pueda (pagárselo)". Tiempo de simulacro veraniego. Tiempo de colesterol automovilístico. Tiempo de iglesias con overbooking de postureantes y playas llenas de católicos practicantes. Tiempo donde la clemencia primaveral desentierra la nivea y las postales. Tiempo en que unos se pasan a Cristo por los hombros y otros por el triunfal arco de la indiferencia genital...Todo eso son estos días que invitan al exotismo religioso o a la religión como coartada.

Sin embargo, no voy a fustigar con cinismo y sarcasmo las contradicciones que podemos presenciar o protagonizar en estos días tan sacros. Quiero dirigir la mirada a lo que pasa sistemáticamente en televisión en Semana Santa. Y no, no me refiero a las escenas donde las celebrities de turno intentan blanquear urbi et orbe su banal y estrafalaria existencia con Postureo Ultra, asomándose a balcones o parapetándose en primeras filas, siendo muchos de ellos más canallas que Barrabás y muchas de ellas más putas que la de Madgala. Me refiero a esa locura que se desata automáticamente en la parrilla de programación ofreciendo cualquier película de cuando las sandalias eran trending topic y el personal sólo sabía contar con palitos. ¿Es también una tradición? ¿Una enajenación mental transitoria? ¿Es un despiporre levantado sobre la complicidad del espectador? Lo digo porque es cuando menos llamativo que los canales se llenen de peplum como si fuera una invasión de medusas y por la pantalla televisiva desfile todo lo que huela a Antigüedad (hebreos, romanos, griegos, egipcios...) con el mismo garbo con el que Raphael se pasea por Nochebuena como el fantasma de las navidades pasadas. Y conste que yo soy un cinéfilo de pro y un apasionado de la Historia (especialmente la antigua) pero es que la oferta televisiva de la Semana Santa parece el camarote de los Hermanos Marx en versión Antes de Cristo (o, a lo sumo, con Cristo). Es cierto que la "percha" para la emisión de algunas películas es congruente por su vinculación directa o tangencial con lo que aparece en la Biblia (aunque sea incluso en el Antiguo Testamento) pero en otros casos parece que las únicas palabras clave que manejan los responsables de programación son "cinemascope" y "sandalias", pero aunque sólo sea ateniéndonos a las películas bíblicas el nivel de saturación y reiteración es tal que se han convertido en el equivalente semanasantero a las galas navideñas de José Luis Moreno. Es verdad que muchas de estas películas tienen el poder de una magdalena de Proust y te hacen caer por la madriguera del recuerdo cual Cinexin en reversa, remontándote a los buenos viejos tiempos donde uno era muchas cosas pero no viejo. Y no menos verdad es que muchas de estas películas tienen calidad y entidad suficientes como para aguantar varios visionados. Pero...coño, "un poquito de por favor", amigos programadores, que esto ya roza el nivel de un chiste.

Yo, particularmente, prefiero tomarme con humor este guateque del peplum que organizan las televisiones estos días tan señalados. Así las cosas, me imagino la parrilla televisiva de esta semana como un estrafalario y caótico backstage por el que transitan alocadamente los personajes de estas películas tan clásicas (en todos los sentidos) y, en una de esas idas y venidas para asomarse a las pantallas de nuestras casas, no sería nada descabellado presenciar un diálogo como el siguiente:
- A ver Los Diez Mandamientos con mi amigo Sinuhé, el egipcio. ¿Y tú, Espartaco?
- Oye ¿sabes algo de Barrabás?
- Ni idea. El otro día le vi charlando con Gladiator pero llevaba prisa y no me paré a preguntarle. A lo mejor están con Demetrius y los gladiadores viendo otra vez La túnica sagrada.

En fin. Feliz Semana Santa a todos.

Spoiler del Cholo

En la previa, Simeone anunció que sería un partido de pocos goles y que la eliminatoria contra el Leicester ("Leister" si nos ponemos británicos) se resolvería en Inglaterra y...no mintió: 1-0 y todo por decidir. Fue un spoiler en toda regla porque el Atlético controló bien el encuentro y mereció la victoria pero le faltó algo determinante en cualquier partido y más en uno de este tipo: rematar, tanto al rival como a su portería, así que, como predijo el totémico entrenador, todo queda para la vuelta.

La verdad es que el Atleti ganó por poco (eso dice el marcador) habiendo merecido más (eso dijo el juego): volvió a desempeñarse con seriedad, con más brillo y brío en la primera que en la segunda parte, y cimentó su victoria en jugadores como el goleador Griezmann (que es el auténtico smartphone del equipo) y Saúl (estupendo partido el suyo). La lástima fue que los colchoneros volvieron acusar, por un lado, su falta de pegada ("contundencia" según el diccionario del Cholo) y, por otro, la mejorable actuación de jugadores como Torres y Carrasco, cuya titularidad es hoy por hoy más circunstancial que merecida: si juegan ellos y no otros es porque esos "otros" o no les mejoran sustancialmente o no están siquiera disponibles (o tal vez dispuestos, aunque eso ya es otra historia). Pero, el gran problema del Atleti ahora mismo no es si fulano o mengano son los McLaren-Honda del Manzanares sino que fabricando más pases que tiros es complicado ganar un partido, especialmente cuando muchos de esos pases o son innecesarios o desacertados.

En cuanto al Leicester, demostró dos cosas: que no va a regalar nada y que sus aficionados son los más bulliciosos que han pasado esta temporada por el Calderón (al menos las decenas de ingleses que tuve sentados a mi izquierda, que convirtieron en trending topic en mis oídos las palabras Fuck, What the fuck?, Fucking, Shit y Come on, Leicester!), quizás enfadados con el arbitraje o con el juego de su equipo o con ambas cosas.

Así que, por todo lo hasta aquí dicho,toca sufrir y competir, dos cosas que están en el ADN de todo rojiblanco y que con el Cholo están garantizadas. Este Atleti sabe sufrir y competir donde sea y contra quien sea y, por eso, todo lo que espera a jugadores y aficionados tras el "To be continued" con el que ha concluido este round es simplemente apasionante. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 9 de abril de 2017

Artesanos de la paz

"Artesanos de la Paz". Bajo esta denominación uno se podría imaginar un grupo de hippies aficionados a la artesanía o un mercadillo de productos manufacturados con fines benéficos pero no a una estrafalaria caterva de memos y gilipuertas encantados de entrar en el juego de quienes no han construido más paz que la de los cementerios. Hace tiempo que la realidad y la lógica se divorciaron. Y es que estos "artesanos de la paz" son los cómplices estúpidos pero necesarios para que los etarras, sus familiares y amigos, quienes les apoyan (toda la izquierda abertzale vasca y navarra) y quienes intentan sacar tajada desde la tibieza (PNV y Podemos) puedan escenificar una rimbombante farsa sin más propósito que blanquear y legitimar a ETA como actor político y dignificar sus demenciales pretensiones apoyándose para ello en una entrega parcial del arsenal de los terroristas (llamarlo "desarme" es una hipérbole y "rendición" una autoproclamación como cretino), entrega que en lo cuantitativo y cualitativo y en el fondo y la forma sólo puede calificarse como una indecente y bochornosa tomadura de pelo, una broma de pésimo y macabro gusto perpetrada por quienes perdieron todo futuro, razón y perdón desde la primera vida que erradicaron, una ópera bufa y repugnante que en esencia es una falta de respeto a las víctimas y a quienes decidimos ponernos de su lado, plantando cara al miedo con el que ETA intentó chantajear a todo un país.

ETA no sigue matando porque no puede (gracias a la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad de España) y porque ya no le interesa (no conviene electoralmente a sus trasuntos políticos). Punto. Por eso, intentar maquillar la agonía irreversible de ETA como una especie de concesión buenrollista supeditada a la negociación política de ciertas pretensiones es algo que sólo se le puede ocurrir a alguien carente de alma y sesera. Nada más. Por tanto, nada hay que celebrar excepto, quizás, el ridículo que esta banda de hijos de puta e hijas de perra han hecho este fin de semana con el infame y mediático paripé de Bayona. Y menos todavía hay que agradecer nada a estos asesinos. ¿Alguien se imagina a algún judío dando las gracias a un nazi por dejar de gasearlos? ¿O a un yanqui haciendo lo propio con algún yihadista de Al Qaeda por renegar de su explosivo encuentro con las uríes? ¿O a una mujer violada reverenciando a su violador por no seguirle reventando la autoestima? Pues aquí idem de lienzo. Es patético que existan en nuestro país tarados o necios que, a estas alturas de la película, sigan queriendo mostrar a los etarras como una variante vasca de los maquis republicanos, los partisanos aliados o los guerrilleros románticos que ahora ha decidido deponer las armas por el bien común y la paz universal. No es así ni nunca lo fue. Los etarras nunca lucharon por la libertad sino contra ella: en Euskadi y en el resto de España no ha habido ninguna guerra sino unas personas que atentaban y otras que morían, ni ha habido más conflicto que el provocado por quienes en lugar de convencer y debatir prefirieron matar, mutilar, secuestrar o chantajear, ni ha habido más gudaris que aquellas personas que murieron a manos de los "valientes" del pasamontañas, el hacha y la serpiente, ni ha habido más opresión y represión que la instaurada por aquellos que coartaron la libertad en el País Vasco con la complicidad de las pistolas de unos y el silencio de otros. Punto. Además, ¿quién en su sano juicio se plantearía tener un mínimo de benevolencia con quienes no han mostrado ningún arrepentimiento o son tan abyectos como para considerar tan "víctimas" a los suyos como a los que ellos mismos asesinaron o mutilaron?

Así que, puestos a celebrar y agradecer, mejor sería que los Txapote, Ternera, Chaos, el Carnicero de Mondragón y compañía celebren y agradezcan vivir en un país donde desgraciadamente no existe la pena capital y cuyo sistema penitenciario está orientado a la reinserción, permitiendo así el disparate de que alguien que ha dado matarile a otro salga de la prisión sin cumplir íntegramente su pena. 

Con ETA y sus satélites no puede ni deber haber piedad, impunidad, perdón, olvido, negociación ni concesión de ningún tipo ni ahora ni en el futuro. Además, si las pretensiones y reclamaciones de ETA (fin de la merecida dispersión de presos, expulsión de la Policía Nacional y la Guardia Civil, etc) no fueron objeto de consideración cuando de ello dependió la vida de Miguel Ángel Blanco, ¿espera esta banda de cabrones que lo sean ahora tras haber asesinado a aquel chaval y a otras muchas personas después de aquello? El problema es que sí, lo espera porque desafortunadamente ahora hay menos cohesión y claridad de ideas en la clase política y en la sociedad civil que cuando ETA llenaba los titulares de sangre y humo. Y es una pena de la que tendrán que avergonzarse unos cuantos demagogos de baratillo, progres de ocasión e ingenuos buenrollistas. Pero...por suerte, en España queda aún la suficiente memoria y dignidad como para recordar a ETA que, con o sin armas, se pueden ir a tomar por culo. Porque la única verdad es que no ha habido más artesanos de la paz que quienes siempre tuvieron, tenemos y tendremos claro de qué lado estar respecto a ETA: contra ellos.

Por eso, respecto a este asunto, en lugar de mirar atontados el espectáculo de grand guignol etarra, mejor haríamos todos, especialmente aquellos que orinan arcoiris, en leer el novelón Patria de Fernando Aramburu o el magistral artículo de Manuel Jabois respecto a este demencial y tóxico show de ETA, para que todo el mundo sepa dónde está la razón y dónde la locura.

miércoles, 5 de abril de 2017

El Atleti enseña sus valores

Tras noventa y dos minutos, el marcador seguía diciendo "uno, cero". Bastaría ese microrrelato para resumir el Atlético de Madrid - Real Sociedad, un partido cuyo resultado mereció ser aún mejor para los locales pero...no hay que olvidar que el acierto propio y el portero ajeno siempre son partes de la ecuación. Nuevamente, el Atleti se empleó con seriedad y solidaridad para prolongar su meritoria racha en Liga, esta vez contra una áspera, incomodante e impertinente Real Sociedad que se fue desinflando conforme pasaron los minutos. Nuevamente, la versión Súper Saiyajin de Filipe Luis protagonizó una jugada de las que demuestran que la alegría puede resumirse con geometría y un balón. Nuevamente, los inverosímiles fallos ante la portería rival privaron de una mayor y merecida tranquilidad a jugadores y aficionados colchoneros. Nuevamente, un árbitro evidenció que el nivel del arbitraje futbolístico en España es idéntico al nivel del periodismo deportivo nacional: más malo que Kiko Rivera cantando a capela. Nuevamente, el Atlético demostró su franca progresión en un momento crucial de la temporada, como bien denota el carrusel de bulos, falacias, manipulaciones, elucubraciones y cizaña con el que los medios de desinformación deportiva castigan a la feligresía atlética un día sí y otro también desde hace semanas haciendo bueno aquello de "ladran, luego cabalgamos"; en este sentido, Simeone dio hace tiempo el mejor consejo para evitar intoxicaciones de origen pseudoperiodístico: "no consuman". Al chamán rojiblanco le faltó añadir: especialmente si en el horizonte está un partido contra el que es probablemente el club más despreciable y despreciado de España gracias a la "gente" (por no decir algo mucho peor pero más acorde a la realidad) que tiene repartida entre palco y césped.

De todos modos, lo mejor del partido, para mí, ocurrió sobre el minuto 86. En ese minuto, viendo que hacía falta un plus en el césped, el Cholo sacó al jugador número 12 y éste respondió increíblemente: todo el abarrotado estadio, guiado por los espídicos y graciosos aspavientos de un Simeone convertido en la versión rojiblanca de Hulk Hogan, se desperezó y regaló uno de los momentos más impresionantes de los últimos tiempos: durante varios minutos, el viejo Calderón rugió de forma estremecedora merced a una impresionante cacofonía de enérgicos cánticos, gritos y palmas que se prolongó arrolladoramente hasta el pitido final. Y es que, en estos días que tanto se cacarea sobre valores, el Atlético mostró anoche que los suyos no se promocionan publicitariamente ni se enuncian en una pomposa rueda de prensa: se sienten en la piel cuando se te ponen los pelos de punta. ¡Aúpa Atleti!

lunes, 3 de abril de 2017

Rest in glory

Hulk Hogan, Ultimate Warrior, Randy Savage, Ric Flair, Roddy Piper, André El gigante, Shawn Michaels, The Rock, Mick Foley, Steve Austin, Triple H, los hermanos Hardy, John Cena...la historia del wrestling está plagada de tipos con nombres y aspectos rimbombantes que han dejado su impronta dorada en la retina y la memoria de varias generaciones de aficionados en todo el mundo pero pocos o ninguno ha habido con el carisma, la trascendencia, el impacto, el respeto y la honorabilidad de quien anoche, en Orlando, Florida, puso fin a su extraordinaria y longeva carrera: Mark Calaway o, como es más conocido por niños y quienes un día lo fueron: The Undertaker (en castellano, El Enterrador). Y lo hizo donde forjó su tenebrosa y espléndida leyenda: Wrestlemania, que viene a ser el 6 de enero para cualquier aficionado al pressing catch y no en vano es llamado "escenario de los inmortales", un buen lugar para la despedida del apodado "hombre muerto", el icono fúnebre que ha demostrado durante más de dos décadas que lo que se dice de él es cierto: no hay tumba que lo pueda retener, como cantó Johnny Cash. 

Lo de menos fue quién lo derrotó anoche (Roman Reigns, el nuevo niño mimado de la compañía) porque todo el mundo sabe que a Taker lo ha retirado lo mismo que a cualquier ser humano: la edad, esa que va apilando lesiones, impedimentos y dolores junto a hitos y logros que tejen el material de las leyendas. El tiempo se lo dio, el tiempo se lo quitó: pura ley de vida. No obstante, hablando de quien hablo, una derrota como la de la madrugada del domingo, esperable y casi anunciada tras un combate claramente crepuscular, no se salda con reproches ni enfados ni penas sino con un absoluto agradecimiento a quien encarnando una figura de pesadilla protagonizó muchos sueños de ojos abiertos. Y es que en el ocaso de Undertaker hay más brillo que en todas las carreras juntas de muchísimos otros wrestlers

Muy probablemente fue, tras 27 años, la última noche de Taker sobre un ring de WWE, al menos en Wrestlemania. Seguramente no fue su última aparición ante las cámaras, aunque sólo sea porque el Salón de la Fama le espera con las puertas abiertas de par en par desde hace años tras dejar un puñado de duelos simplemente antológicos contra rivales ya míticos como Kane, Mankind o HBK. Pero aunque así fuera, aunque nunca más se escuche el lúgubre "Rest in peace" ni suenen las tétricas campanas en el WWE Universe, Calaway, El Enterrador, es ya y para siempre parte de la videoteca, de la Historia y de nuestra memoria. Y ese creo que es el mejor homenaje que se puede hacer a quien nos enseñó desde un cuadrilátero que los cuerpos caen, lo imposible es cuestión de tiempo, las rachas terminan y las carreras se acaban pero las leyendas siempre quedan en pie, con el puño en alto. Por eso, sólo cabe añadir una cosa más: Rest...in...glory.

jueves, 30 de marzo de 2017

¿Y que cumplas muchos más?

Anda la UE de cumpleaños (60) pero no está para guateques la cosa ya que ahora mismo se encuentra más cerca de murmurar "requiescat in pace" que entonar alegremente "y que cumplas muchos más". ¿Por qué? Tirando de objetividad: la Unión Europea ha sido incapaz de solventar las cuatro crisis sobrevenidas y casi simultáneas que ha vivido estos últimos años: la económica, la social, la política y la que, como consecuencia del fracaso en esas tres, ha puesto contra las cuerdas a la sesentona Unión: la crisis de credibilidad. Por tanto, no es de esperar que se cante un jovial cumpleaños feliz en plena UCI.

En ese sentido, hay que puntualizar que el reciente auge de los populismos,  los extremismos y los euroescépticos en las naciones europeas no son la causa del problema sino un síntoma del mismo. ¿Qué problema? El de no haber sido capaz de afrontar las expectativas puestas en la UE y quedarse así en una tierra de nadie donde se distinguen más y mejor los defectos y virtudes de este tinglao supranacional. Es cierto que fallan la pedagogía y el marketing pero sobre todo fallan las ideas, las decisiones porque, más allá de sus mejorables formas, la UE tiene un problema de fondo

Es verdad y de justicia es decirlo y reconocerlo que gracias a la Unión Europea el Viejo Continente ha disfrutado de más paz que en ningún momento previo de la Historia (lo cual ha ahorrado unos cuantos millones de muertes) o que el tránsito humano y comercial se ha visto enormemente favorecido gracias a la barra libre fronteriza para los socios o que hay mimbres suficientes para hacer algo infinitamente mejor que lo que hay. ¿Qué hay? Pues un engendro tan grande como Cthulhu y tan grácil como la Torre Eiffel que se ha demostrado incapaz de afrontar con finura
quirúrgica los contratiempos y las necesidades sobrevenidas; un club excesivamente burocratizado que cada vez se ha ido desconectando más de la sociedad europea hasta ser percibida por ésta como una suerte de pub swinger donde los únicos que se lo pasan bien son los que están dentro; un fumadero de euros cuyos trajeados y peripuestos clientes entienden mejor "lo mío" que "lo nuestro"; una Torre de Babel donde fulanos y menganos trapichean con sus respectivos intereses creados mientras los problemas reales se les acumulan en la bandeja de entrada; una orquesta desafinada que no da con la partitura adecuada; un monumento al despotismo ilustrado forrado de declaraciones rimbombantes; una ensoñación a la que la realidad está engullendo por los pies sin prisa pero sin pausa. En resumen: la UE es el McLaren-Honda de la Comunidad internacional y ni siquiera tiene un Fernando Alonso que maquille el jaleo.

Así las cosas ¿qué se puede hacer? Tomar una decisión que sea incompatible con esta situación de "ni sí ni sino todo lo contrario" que reina desde hace demasiado tiempo sin que nadie se atreva a agendar una cita con la guillotina. La que sea pero una decisión: ya sea profundizar de una vez por todas hacia un modelo federal y con un ejército propio (lo de Eurocorps es un chiste) o bien remontarse a la época en la que el tinglao europeo se reducía a un ámbito económico-comercial pero en el que cada Estado se buscaba la vida como un freelance. Dicho eso, vistos los antecedentes y las trazas que tiene la Rusia de Putin, mejor la primera opción que cualquier otra. Pero insisto, si la UE quiere seguir siendo algo, debe tomar una decisión que la extraiga de este marasmo especulativo y ensimismado en el que se ha enredado.

Lo cierto es que todo el mundo es más o menos consciente de que la UE está embrollada en una encrucijada que plantea un dilema nivel Hamlet y cuyo desenlace es francamente incierto no tanto por las opciones a elegir sino por la autocomplacencia, la abulia y la miopía europeísta de los actuales gestores del cotarro, más pendientes de no perder su propio tenderete que de lo que pase con el mercado entero.

Por todo ello, con los 27 caminando entre la implosión y la catalepsia, Londres gritando fuck off a los cuatro vientos, Rusia relamiéndose cual Hannibal Lecter y Trumpland enredando, es obvio que el ambiente está para pocas bromas y ninguna fiesta porque o mucho cambian las cosas o la UE seguirá los decadentes pasos de cierto imperio que también nació en Roma.