Podría extenderme más, pero creo que acabaría por caer inevitablemente en la petulancia o el postureo. Así que mejor termino con un consejo para ti que estás leyendo esto: busca un libro, uno bueno, uno que merezca la calificación como "obra literaria" (no todo lo encuadernado la merece) y concédete el gustazo de leerlo. Viajes como los que ofrecen los libros nos reportan ese 21% de evasión onanística tan necesaria en una existencia tan puta y puteada como la nuestra. Y para viajes así, nada mejor que las agencias de Cervantes o Shakespeare. sábado, 23 de abril de 2016
Entre Miguel y William
Hoy es el día del libro o, lo que es lo mismo, el cuarto centenario de la muerte de los dos autores más grandes de toda la Literatura universal(con permiso de Homero): Miguel de Cervantes y William Shakespeare.
Muy seguramente, hoy las librerías y los centros comerciales provistos de ellas se llenarán en toda España de gente dispuesta a comprar al menos un libro en la mayoría de los casos y a leérselo en el mejor de los mismos. Muy seguramente, hoy Barcelona estará a tope de rosas, libros y firmas, que para eso es San Jordi y el tedio es un dragón que bien merece ser lanceado hasta la muerte. Muy seguramente, hoy los informativos expedirán una catarata de imágenes y testimonios que hagan parecer que España está reconciliada con la Cultura a pesar de Montoro. Muy seguramente, hoy olvidemos con tanto postureo y agitación cultural que el número de homenajes que ha recibido Cervantes en nuestro país por el aniversario de su muerte es similar a los que hemos dedicado a Shakespeare. Muy seguramente, hoy pase todo eso. Mañana ya...
Pero, volviendo al tema, toca hablar de Cervantes y Shakespeare. Para ello, creo que debo remontarme unos siglos más atrás en el tiempo, hasta la Antigüedad concretamente, porque, en mi opinión, tras los clásicos (Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Homero, Jenofonte, Virgilio, Apuleyo...) poco o nada más quedaba por descubrir en Literatura pero ese "poco o nada" quedó subsanado con la aparición Cervantes y Shakespeare. Tras ellos, creo que el resto de autores se limitaron a intentar brillar a su sombra, intentando desmarcarse o imitarlos. Algunos lo consiguieron. Y así hasta hoy.
Podría extenderme más, pero creo que acabaría por caer inevitablemente en la petulancia o el postureo. Así que mejor termino con un consejo para ti que estás leyendo esto: busca un libro, uno bueno, uno que merezca la calificación como "obra literaria" (no todo lo encuadernado la merece) y concédete el gustazo de leerlo. Viajes como los que ofrecen los libros nos reportan ese 21% de evasión onanística tan necesaria en una existencia tan puta y puteada como la nuestra. Y para viajes así, nada mejor que las agencias de Cervantes o Shakespeare. domingo, 10 de abril de 2016
Los árboles caídos
Hacer leña del árbol caído es, además de una expresión, una práctica tan universal como el ser humano. Deportistas, artistas, políticos, pensadores, héroes, villanos, compañeros de trabajo, parientes, vecinos...nadie se libra de caer en las garras de ese comportamiento revanchista, cobarde, insolidario, ventajista y oportunista. Y menos en España, uno de los países en los que por desgracia el éxito siempre se pone en cuarentena, los triunfadores tienen más puñaladas en al espalda que la toga de Julio César y los fracasos o errores vienen acompañados de un jauría de rabiosos detractores florecida para la ocasión. No obstante, como digo, lo de putear al caído en desgracia es algo universal, es decir, vigente con independencia del tiempo, lugar o individuo del que hablemos. Vamos que lo de un día recibirte con palmas y al otro colgarte de un madero va en el ADN del ser humano desde que bajó de la rama.
En el fondo de esta actitud tan común como reprobable creo que laten tres motivos: Uno, la retorcida asimilación del éxito ajeno como una especie de agravio que subraya nuestras carencias y taras, como una ofensa que nos legitima para cobrarnos cumplida venganza en cuanto cambie el viento en lugar de contemplarlo como un argumento para sentirse orgulloso y un espejo en el que mirarse. Otro, la pésima gestión que hacemos de la envidia, esa que en lugar de servirnos de motor de crecimiento profesional o personal para no tener nada que envidiar a nadie, nos propulsa a actuar como animales al acecho, listos para avalanzarnos sobre el envidiado ante cualquier traspiés temporal o definitivo. Y, finalmente, la cobardía que nos inmoviliza para orillar esa tóxica envidia, para emprender nuestro propio camino y/o para enfrentar a esa persona a la que, conscientemente o no, "tenemos ganas" y no precisamente de darle un abrazo.
En todo ello, subyace a su vez un problema aún más profundo: el significado que le damos al éxito o el fracaso. Para empezar, porque ambos conceptos son relativos puesto que la percepción de uno y otro va por barrios. Para continuar, porque, como consecuencia del disparatado dictado social según el cual todo lo que no sea triunfar es un fracaso, la sociedad percibe el fracaso, la derrota, el error como un motivo de marginación cuando no directamente de "legítima" humillación a su protagonista. Y para terminar, porque hay una excesiva mayoría de personas que, por incapacidad intelectual, pereza ética o falta de ambición, no está dispuesta a entender que, en esta vida, con independencia del ámbito en el que hablemos, el fracaso, la derrota, el error, el fallo, el contratiempo, el problema, nos dicen más y mejor sobre el éxito, el triunfo, el acierto, el remedio o la solución que los propios logros. La vida es un camino, un trayecto constante de continuo aprendizaje y, desde esa perspectiva, nada de cuanto nos pase será bueno o malo si estamos dispuestos a extraer una enseñanza de todo ello. Dicho de otro modo: para evitar fracasar, nada mejor que recordar el fracaso; para alzarse, nada mejor que haber caído; para saborear el Olimpo, nada mejor que un paseo por el Tártaro. A la luz de la experiencia, todo es y será positivo en la medida en la que tengamos la humildad y la paciencia suficientes para dejarnos enseñar, para aprender, para crecer, para saber no sólo ser sino estar en el mundo.
Pero, volviendo al tema del artículo, a nadie se le escapa que me he incluido en este comportamiento tan criticable de hacer leña del árbol caído, no tanto por hacerlo ahora como por haberlo
hecho en el pasado. Cualquiera que haya hecho leña de un árbol caído conoce ese cierto placer que causa ensañarse con quien, merecidamente o no, se haya ganado nuestra antipatía. Nos agrada que nos salpique la sangre y las lágrimas de los caídos puesto que alivian nuestro furor, difuminan nuestras miserias y nos dotan de una irreal y fugaz sensación de superioridad...Un apunte: las drogas también hacen eso y no son buenas. Si todo el tiempo que dedicamos a maquinar, idear o perpetrar venganzas contra otros lo empleáramos en mejorar, en pulir nuestras aristas, en remendar nuestras carencias y en estar pendientes de nuestro propio camino, mejor nos iría. De todos modos, lo peor de hacer leña del árbol caído no es el hecho en sí, sino el momento en que se hace. Atacar a quien ya no le sonríe la suerte, la fama, el éxito, la fortaleza o la fortuna es pura y simplemente patético por lo fácil y por lo cobarde. Es sencillamente miserable e injustificable. Lo valiente, en ese caso, sería encarar a esa persona cuando tiene el éxito por coraza, cuando está en lo alto de la cadena alimentaria de expectativas, cuando rebosa fortaleza, cuando no haya nadie quien le tosa o lleve la contraria, cuando tú estás a su sombra. Por eso, entre otras cosas, hace ya tiempo que decidí dejar atrás toda la inmadura y estúpida mentalidad que hay detrás de este comportamiento que, más que un acto es una actitud ante la vida, ideal para no llegar a ningún sitio deseable a no ser que se sea masoquista, inepto o cabrón vocacional y no es mi caso.
De todos modos, como decía antes, de todo se puede sacar una lección positiva, especialmente cuando eres un árbol caído. En tal caso, uno debe saber que del mismo modo que en la oscuridad surgen cucarachas de los lugares más inesperados, también es el único momento en el que se ven brillar a las estrellas, esas personas que, cuando estás en el suelo, no utilizan su mano para hostiarte sino para ayudarte a levantar; esas personas que, cuando has tropezado, no te señalan con el dedo sino que utilizan ese mismo dedo para indicarte el camino; esas personas que, cuando lo ves todo negro, te recuerdan que el momento más siniestro es el que precede al amanecer. Si, cuando vivamos esas situaciones tan desagradables, nos esforzamos para recordar esto que acabo de decir en lugar de dedicar nuestros esfuerzos al victimismo o a autocompadecernos o a pensar en la venganza, ya tendremos mucho ganado.
Habrá quien, al leer esto, piense que hablo por hablar. No. Hablo desde la experiencia. Hablo como árbol caído. Actualmente, no estoy atravesando una etapa fácil o agradable. Dicho de otro modo, si la vida es una película, hoy por hoy la mía no la firma Disney sino Haneke. Pero no hablo desde el victimismo ni la queja. Eso para los débiles. Hablo desde la convicción de luchar a la sombra si las flechas oscurecen el sol. Recientemente, alguien de mi círculo de amistades aprovechó (de forma tan súbita como torpe) un desencuentro ideológico para "hacer leña" personal conmigo (vía texto), emplazándome a retomar el contacto para cuando yo pudiera "sentirme orgulloso de donde estoy y de lo que he conseguido". En contra de lo que pudiera parecer, el gran error de esta persona no ha estado en querer convertirme en leña sin venir a cuento sino en pensar que no me siento orgulloso de dónde estoy y qué he conseguido. A mí, nadie me ha regalado nunca nada en lo profesional, académico o personal. Por eso, estoy tan orgulloso de mis éxitos como de mis fracasos y, del mismo modo que no me avergüenzo de mis aciertos, no reniego de mis fallos porque unos y otros son caras de la misma moneda: yo, mi vida, la vida. Ni siquiera ahora que estoy en modo "árbol caído" me avergüenzo ni me arrepiento de nada. Al contrario, doy gracias por esta intensa travesía por el desierto que me está enseñando por las malas lecciones que me irán muy bien para vivir por las buenas. Una oportunidad que muchos no tienen o que, cuando la tienen, la desperdician. No es mi caso y menos siendo tan afortunado de tener en estos momentos a mi lado a personas que ponen suficiente luz en la oscuridad. Y conste que no digo esto por exhibicionismo sino por si puede ser de ayuda o utilidad a alguien.
Termino ya con un consejo para todos los que o bien tengan vocación de leñadores o bien se vean en la incómoda situación de árbol caído: una diferencia entre los árboles y las personas es que sólo los primeros, una vez caen, no se pueden levantar más.
jueves, 24 de marzo de 2016
"Batman vs Superman": muy entretenida y punto
Ayer vi el estreno de "Batman vs Superman", secuela de "El hombre de acero" y debut del cruzado de Gotham en el universo cinematográfico de DC "post-Nolan". La película ha venido precedida de unas expectativas bastante grandes tanto por su condición de blockbuster como por su naturaleza de crossover y el hecho de suponer la aparición de un nuevo Batman. Si a eso le añadimos que, más que como una película autónoma con entidad propia, ha sido concebida como la antesala de la "Liga de la Justicia" (la anunciada y esperada respuesta de Warner/DC a "Los Vengadores" de Disney/Marvel) pues el hype y la presión que han rodeado esta producción han sido y son más que considerables, lo cual siempre es un arma de doble filo.
En ese sentido, conviene adelantar que "BvS" no es ni un rotundo fiasco ni tampoco un incontestable cénit del género porque atesora las suficientes virtudes y los defectos justos para quedarse a medio camino entre la decepción y la gloria, si bien, teniendo presentes las posibilidades que tenía y las expectativas que deliberadamente se han creado y propagado, el resultado puede estar más cerca de la frustración que del nirvana.
El argumento
A lo anterior hay que añadir que, ante la apabullante competencia de las películas Marvel, esta producción está concebida, quizás con cierta urgencia o imprudencia, como un colosal tráiler que preceda a "La Liga de la Justicia". Por eso, "BvS" está también diseñada para servir de escaparate para todos los héroes que integran dicha Liga, ya sea mediante roles protagonistas (Superman y Batman), secundarios (Wonder Woman) o brevísimos cameos (Flash, Cyborg y Aquaman), lo cual, al mismo tiempo que supone un aliciente es un problema más con el que hacer malabares en lo que a guión y montaje se refiere. Quiero remarcar aquí lo que digo sobre la urgencia e imprudencia, puesto que mientras que Marvel/Disney se tomó su tiempo (años) para escalonar (en varias películas) la llegada de "Los Vengadores", DC/Warner quiere hacer la puesta de largo de "La Liga de la Justicia" en apenas tres películas.
Los "pros" de BvS
Dicho todo esto, pasaré a hablar de los principales puntos fuertes o positivos de "Batman vs Superman":
- El "Batffleck": Es decir, el nuevo Bruce Wayne/Batman encarnado
por Ben Affleck. Si bien supone un estilo distinto, en fondo y forma, al ya mítico Batman de Christian Bale, lo cierto es que Affleck consigue que no se eche de menos a aquél y eso ya son palabras mayores. Y lo consigue gracias a construir un personaje inquietante, hierático, vengativo, brutal y con menos escrúpulos que sus anteriores encarnaciones cinematográficas. A ello hay que añadir un Alfred (estupendo Jeremy Irons) con un cinismo y sentido del humor que convierten sus escasas intervenciones en momentos francamente buenos. En definitiva, decir que todo lo referente a Batman es lo mejor de "BvS" sería seguramente injusto pero muy próximo a la realidad.
que casi orbita en exclusiva en torno a la figura de Supermán y sin apenas disimulo tanto en el guión como en lo visual (esos picados y contrapicados...), presentándolo primero como un dios tan bondadoso como temible (muy Antiguo Testamento) y luego como una divinidad de carácter mesiánico y redentor encarnada en un ser humano, con los conflictos que todo ello conlleva (vamos que Supermán y Cristo, primos hermanos). Así las cosas, Supermán funciona como un totémico Jesucristo mientras que Lex Luthor lo hace como un Satanás que lo único que quiere es postrar a sus pies a todo lo humano y lo divino (¿una crítica encubierta a la soberbia de las grandes corporaciones y multinacionales de nuestro tiempo?). Lo cierto es que es precisamente en este tema donde encontramos una de las frases más interesantes y provocativas de la película, cuando Luthor dice que no se puede ser todopoderoso y todobondadoso simultáneamente. Ello nos lleva a las clásicas polémicas entre el poder y la responsabilidad, la capacidad y la ética, lo necesario y lo justo, el querer y el deber.
- Las escenas de acción: "BvS" tiene dos grandes batallas, en fondo y forma, en las que se nota la mano épica y operística de Zack Snyder para estos menesteres, como ya demostró en "300" y "Watchmen". Una, la esperada entre el héroe de Metrópolis contra el guardián de Gotham, alentada por Lex Luthor pero abonada por rencillas y antipatías previas entre los dos grandes emblembas de DC. La otra, que supone el clímax
final de la película, la que enfrenta a la "Trinidad" (Supermán, Batman y Wonder Woman) contra Juicio Final(que, dicho sea de paso, comparado con su diseño y tamaño en los cómics, en esta película parece un troll de Moria con exceso de anabolizantes y esteroides).
- Wonder Woman: Pese a que pudiera parecer que iba a ser mero relleno, florero o comparsa, este personaje luce mucho y bien aunque sea de forma secundaria.
- Los cómics en los que se basa: En el trasfondo creativo de "Bvs" resultan innegables las influencias tanto argumentales como estéticas de ya legendarios cómics como "El regreso del caballero
oscuro" y "El contraataque del caballero oscuro", de Frank Miller ambos, "Batman. Tierra Uno" de Geoff Johns y "La muerte de Supermán" de Dan Jurgens, Roger Stern, Louise Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel. Unos tebeos muy, muy recomendables.
- Los guiños: Hay tanto que es obligatorio seleccionar sólo los mejores y más interesantes para las posibles tramas futuras. Así, son tres los guiños que harán las delicias de los más frikis. Uno, a la historia de "Injustice: Gods among us" (disponible tanto en videojuego como en cómic). Otro, al crossover "Crisis en tierras infinitas" y, por último, otro al villano más peligroso que hay en todo el universo DC, cuyo símbolo y ejército aparecen en la distópica visión que tiene Batman...
Los "contras" de BvS
Como no todo son buenas noticias en "BvS", hablaré ahora de los puntos negativos o fallos que, a mi entender, tiene esta película:
- Los fallos de guión: Si bien el guión tiene cosas elogiables
(el tratamiento de los personajes, el tema de los héroes como divinidades y algunos diálogos francamente ingeniosos), también tiene fallos de bulto que no sé bien si deben a cortes en el montaje final, licencias demasiado creativas u olvidos de los guionistas. Habrá quien diga que son detalles menores pero, para mí sí, teniendo en cuenta que los guionistas de "BvS" no son precisamente unos paisanos recién llegados (David S.Goyer es uno de los guionistas de los míticos Batman de Christopher Nolan y Chris Terrio es el guionista de la oscarizada "Argo"). Hay cosas que se pueden pasar por alto y cosas no se pueden dejar a la libre interpretación del espectador o creer que el público va a rellenar los huecos por ti o fiarlo todo a una hipotética edición extendida que aclare las dudas porque una cosa son las licencias creativas (lógicas y respetables porque cada autor tiene una visión distinta), otra las elpisis (útil recurso narrativo) y otra muy distinta pasarse por el forro explicar sucesos, tramas o escenas que así por las buenas chirrían bastante. A qué fallos me refiero (ojo que hay spoilers): ¿Por qué culpan a Supermán de la masacre en el poblado africano cuando toda la matanza la desencadenan los sicarios paramilitares de Luthor y hay indicios suficientes de ello (casquillos, heridas de bala, etc)? ¿Por qué Luthor primero dice y demuestra que ha hecho experimentos con kryptonita con el cuerpo del general Zod y más tarde pide su cadáver para poder hacer pruebas con él?, ¿Por qué Supermán llama "Bruce" a Batman cuando en ningún momento se muestra en la película cómo llega a descubrir su identidad secreta?, ¿Por qué Supermán pregunta a Batman si ha encontrado la lanza de kryptonita al regresar a la batalla contra Juicio Final si la decisión de encontrar y utilizar dicha lanza la toma Batman mientras Superman estaba KO en el espacio exterior?, ¿Cómo sabe Luthor que Darkseid (al que no cita explícitamente) está de camino a la Tierra ahora que sabe que ha quedado desprotegida si en ningún momento se aprecia contacto alguno de Luthor con alguien de Akopolips ni con ninguna Caja Madre (hola, escenas eliminadas)? Estos son para mí los errores que más chirrían en un guión que, quitando estos patinazos, es más que aceptable, dejando aparte licencias perdonables como que las ciudades de Metrópolis y Gotham estén tan cerca que una parezca un barrio de la otra o que Batman tenga visiones.
- Lex Luthor: La nueva concepción de Luthor como un melenudo y megalómano niño de papá, más próximo a un genio precoz de Silicon Valley que a un villano maduro y ricachón, es más que original e
interesante. Lo que no es en absoluto interesante es lo que hace Jesse Eisenberg encarnando a este icónico villano. Y eso que comienza muy bien pero, a medida que avanza el metraje, el Luthor de Eisenberg cae en el histrionismo, la sobreactuación y finalmente en el bochorno autoparódico. Esa desmesura y falta de contención le irían genial al Joker, el personaje más lunático e histérico de todo el universo DC, pero no a alguien tan cerebral como Luthor (ya hablemos de Luthor Sr o Luthor Jr). En definitiva: un despropósito que deja dos noticias; una, que desestimar a Bryan Cranston para este papel fue una de las grandes torpezas de Snyder y otra que, comparado con Eisenberg, Michael Rosenbaum es Marlon Brando.
- La propia naturaleza de la película: Pretender que una sola película funcione como secuela (de "El hombre de acero"), blockbuster autónomo, película de transición-puente, precuela (de "La Liga de la Justicia") y primera entrega de películas protagonizadas por otros héroes distintos a Supermán es algo francamente complicado y dudo que exista algún director o guionista capaz de hacer tantos malabares. Si a eso se le añade la presión que implica competir contra Marvel/Disney pues es casi una misión suicida.
En resumen
"Batman vs Superman: el amanecer de la Justicia" no es ni un fiasco ni el no-va-más del cine superheroico. Es una película muy entretenida que podría haber sido gloriosa si no se viera lastrada por los fallos y los handicaps que tiene.
domingo, 13 de marzo de 2016
La memoria frágil
Los países, como las personas, sólo acostumbran a tener memoria para aquello que les interesa y cuando les interesa. En este punto, conviene aclarar que cuando hablo de "memoria" no me refiero obviamente a la capacidad cognitiva que te permite interiorizar y despachar cual Rainman una lección en el examen de turno sino de la capacidad ética que te permite convertir lo vivido, bueno o malo, en una lección para el continuo presente. Dicho lo cual, para tener memoria, sea cual sea el tipo o sentido, no todo el mundo vale ni, visto lo visto, tampoco todos los países ni, a tenor de los últimos meses, la Unión Europea.
demuestra la ferocidad del olvido. Yo me pregunto qué habría pasado si los países no contendientes hubieran demostrado semejante pasotismo o desconsideración cuando la Guerra de los Balcanes. O qué habría sido de los miles de migrantes-exiliados europeos movilizados forzosamente por la II Guerra Mundial si las naciones hubieran colgado el "Reservado derecho a admisión". La solidaridad y la sensibilidad tanto a nivel nacional como personal salvaron cientos de miles de vidas en el pasado y ojo que no hablo de un pasado a tomar por saco en el tiempo sino uno bien fresco en términos cronológicos. No sé qué ha sucedido para este cambio tan drástico en lo temporal y cruel en lo humano. Quizás es que se ha pasado de contar con las personas a echar cuentas. O que el mundo se ha ido a la mierda hace tiempo y el personal sigue viviendo en un Matrix cortoplacista y miope. No lo sé. Lo que sí se sé es que me da pena, rabia y asco por igual.
Claro que esto no importa a nadie. Ni a los Jefes de Estado y de Gobierno que se sienten y sientan como reyes del mambo. Ni a los que les votan. Ni a los refugiados que se juegan la vida en llegar a las tierras del Premio Nobel de la Paz 2012 porque alguien, alguna vez, los convenció de una mentira: que en Europa les esperaba una vida mejor.
lunes, 8 de febrero de 2016
Títeres
El problema no es que unas personas sin ingenio ni buen gusto ni
sensibilidad ni gracia ni habilidad ni respeto dediquen su vida a
mancillar el arte de los títeres, porque cada cual está legitimado para
malgastar su existencia como le salga de los mismísimos, especialmente si tu valía ética o intelectual no da para más que para servir de mal ejemplo, de pésimo ejemplo, de hostiable ejemplo.
El problema no es debatir si la libertad de expresión es la barra libre del ordenamiento legal y cívico, porque ese debate hace tiempo que lo solucionaron el sentido común y las leyes aunque muchos no quieran darse por enterados.
El problema no es si ser un miserable o un estúpido debería ser tipificado como delito en el Código Penal, porque la estupidez y la vileza no son enmendables sino simplemente humanas.
El problema no es debatir si la libertad de expresión es la barra libre del ordenamiento legal y cívico, porque ese debate hace tiempo que lo solucionaron el sentido común y las leyes aunque muchos no quieran darse por enterados.
El problema no es si ser un miserable o un estúpido debería ser tipificado como delito en el Código Penal, porque la estupidez y la vileza no son enmendables sino simplemente humanas.
El problema no es que la actitud de la izquierda y la progresía adjunta ante sus errores y bochornos sea exactamente la misma que la que demuestra la derecha y la mojigatería aledaña ante los suyos, porque en la política española la autocrítica se perdió justo después de que la vergüenza se marchara a por tabaco.
El problema no es que los políticos de este país crean que los problemas se solucionan con postureo y palabrería o que los hechos se borran con titulares y 140 caracteres, porque pretender que los políticos solventen los problemas que hay en España es como esperar que los nazis solucionaran el problema del antisemitismo.
El problema no es que la Alcaldía de Madrid siga siendo tan bochornosa que
deberían rodar urgentemente algún "Shore" allí, porque los madrileños debemos asumir que
tenemos con nuestros alcaldes un karma jodido nivel "Soy Leticia
Sabater".
El problema no es que Ahora Madrid no se moleste lo más mínimo en disimular lo que es porque, en política, ingenuidad poca y, en España, menos.
El problema no es que los partidos de izquierdas y derechas hayan regresado al 36 sin pasar por la Transición, porque todos sabemos a estas alturas que unos y otros han perdido hace tiempo la guerra, sí, pero la de la legitimidad.
El problema no es que muchos medios de (contra)información y tertulianos a sueldo estén abordando la actualidad con la misma prudencia que unos solteros en un showgirls, porque tener fe en el periodismo español está dentro de la categoría de "Cosas que se puede hacer con una máscara en la cara y una fusta en la mano".
El problema no es que los partidos de izquierdas y derechas hayan regresado al 36 sin pasar por la Transición, porque todos sabemos a estas alturas que unos y otros han perdido hace tiempo la guerra, sí, pero la de la legitimidad.
El problema no es que muchos medios de (contra)información y tertulianos a sueldo estén abordando la actualidad con la misma prudencia que unos solteros en un showgirls, porque tener fe en el periodismo español está dentro de la categoría de "Cosas que se puede hacer con una máscara en la cara y una fusta en la mano".
El problema es que los ciudadanos españoles hemos dejado/consentido/permitido/aguantado/soportado/tolerado que políticos y medios, siglas y titulares nos alteren el orden de prelación de preocupaciones, nos cambien la escala Richter de las prioridades, nos embriden la sensibilidad, nos dirijan las conversaciones y jueguen al trile con nuestra atención. Una vez. Y otra. Y otra. Y las que hagan falta con tal de que la ciudadanía olvide que somos quienes tenemos la sartén por el mango (aquello de "soberanía nacional" que pone en la Constitución), que somos quienes debemos exigir responsabilidades y pedir que nos rindan cuentas, que somos los que merecemos que nos vengan con soluciones y no con problemas, que somos los que debemos rechazar cualquier polémica o debate que no sea conducente a mejorar el bienestar nuestro y futuro, que somos los que de verdad sufrimos cada día la falta de vergüenza, de sentido, de justicia, de dignidad, de excelencia y de esperanza que abonan una jornada tras otra quienes hacen montañas de granos al tiempo que transforman las montañas en granos. Así nos va. Que nos liamos a hablar de unos gilipollas y sus marionetas cuando España hace tiempo que no está ni para pantomimas ni para pintamonas y todo porque sus ciudadanos hemos dejado que los políticos y los medios de comunicación nos conviertan en sus títeres.
viernes, 5 de febrero de 2016
Maldito Heisenberg
Aquella mañana de sábado, cuando apenas quedaban unos minutos para las ocho y media, Carmelo Lasaga descubrió que Heineken y Heisenberg no se llevaban bien. Heineken, la cerveza holandesa. Heisenberg, el físico alemán. Fue justo el día después de averiguar que el gato de Schrödinger no era un gato de ficción, como pudiera serlo el de Chesire, ni tampoco era la mascota del tal Schrödinger, sino todo lo contrario. Así, tirado en el sofá, hundiendo su humanidad en los cojines moteados de extintos y distintos líquidos, con algunas gotas de cerveza aún cayendo desde su barba desaliñada hasta la chaqueta del chándal que embutía sus cien kilos de grasa, hueso y algo de carne, los únicos signos de vida que ofrecía Carmelo Lasaga se reducían al parpadeo que interrumpía una mirada perdida en la nada. Mientras, su barriga sostenía el libro de física recién terminado de leer y su mano diestra hacía lo propio con una lata de cerveza mutada en cetro de un reino de ebriedad que cuatro horas y nueve latas antes había comenzado como república sobria. Podría decirse que estaba en trance o absorto en sus pensamientos o en modo stand by o de viaje astral hacia el infinito y más allá o al borde del coma etílico. Cualquiera de esas posibilidades era verosímil a juzgar por el aspecto de cetáceo varado en playa que ofrecía Carmelo. Lo cierto es que su mente estaba al borde del colapso, con las ideas comportándose como groupies histéricas y la sinapsis próxima a tomarse unas vacaciones indefinidas. Así, mientras un hilillo de baba hacía rafting carrillo abajo, la mente de Carmelo andaba enredada en distinguir la diferencia entre el ser, el estar y el existir, en sobrevivir a una espiral nihilista de origen cuántico y escala cósmica y en intentar autoconvencerse de que era tan real como cuando emergió como el octavo pasajero de su difunta madre hacía cuarenta y seis años y una cesárea, de que Heisenberg y cía eran gente que necesitaban haber "follado más y pensado menos" (sic). Lo cierto es que una reacción así no era extraña en él, porque desde bien niño Carmelo había sido propenso a los dilemas y las calenturas intelectuales. Tanto que la psicóloga del colegio hizo años extra con él. Tanto que sus padres se plantearon seriamente si estaban ante un caso de niño superdotado o de desastre en ciernes. Tanto que su primera novia lo dejó a la media hora, cinco minutos y seis segundos de relación. Tanto que en la universidad aún había catedráticos de filosofía que pronunciaban su nombre entre susurros. Tanto que su único gato empleó seis vidas en irse a por tabaco y no volver. Tanto que tenía decenas de cuadernillos de notas repletos de reflexiones garabateadas que harían palidecer a Fernando Arrabal. Tanto que había optado por el enclaustramiento físico, social y emocional como forma de crear un sistema de certezas manejable aunque eso le hubiera acarreado una estela de cuchicheos. Hubo quien achacó todo ello a una curiosidad y afán de conocimiento que dejaba en cueros la proverbial inquietud intelectual renacentista...y quien lo explicó con un prosaico: "es tonto a conciencia". Para que tú, sí, tú, que estás leyendo esto, te hagas una idea de lo que hablo, en el largo historial de dilemas que había atravesado Carmelo Lasaga durante su vida estaban algunso como ¿Colacao o Nesquik?, ¿Cocacola o Pepsi?, ¿Héroes del Silencio u Hombres G?, ¿Sony o Nintendo?, ¿Sabina o Aute?, ¿Liga o Champions?, ¿Nike o Adidas?, ¿Beatles o Rolling?, ¿Con vello o sin vello?, ¿Star Wars o El Señor de los Anillos?, ¿Shakespeare o Cervantes?, ¿Sobremesa o portátil?, ¿Playa o montaña?, ¿Atom o Lenders?, ¿Solo o con hielo?, ¿Tyrion o Daenerys?, ¿Versión original o doblada?, ¿Gratis o pagando?, ¿En color o en blanco y negro?, ¿Rocky o Rambo?, ¿Antena Tres o Telecinco?, ¿Jordan o Lebron?, ¿Con la luz encendida o a oscuras?, ¿Javier Sardá o Andreu Buenafuente?, ¿Naturales o siliconadas?, ¿Nicholson o Ledger?, ¿Monkey Island o Maniac Mansion?, ¿Al aire libre o en cinta?, ¿Ascensor o escaleras?, ¿Follamigos o pareja?, ¿Haneke o Von Trier?, ¿Casillas o Mourinho?, ¿Cuchilla o maquinilla?, ¿Windows o Linux?, ¿Explorer o Firefox?, ¿Ronaldo o Messi?, ¿Whisky o gin?, ¿Apple o Samsung? Y como éstas, decenas más. Claro que, como su curiosidad era insaciable, Carmelo gustaba de distraer esos difíciles dilemas intentando resolver por sí solo cuestiones en las que cualquier mortal repara en su vida cotidiana como ¿Por qué son tan equívocos los anuncios que simplemente rezan "Alquilo"?, ¿Qué había en el universo antes de que hubiera algo?, ¿De dónde sale la voz femenina del tapicero?, ¿Quién y en qué momento llena los parabrisas de los coches aparcados de flyers de prostitutas orientales?,¿"Antes" se refiere al tiempo o al espacio?, ¿Por qué la jerga de actividades sexuales está llena de eufemismos metafóricos?, ¿De dónde saca Mediaset a los concursantes de sus realities?, ¿Por qué motivo siempre hay un refrán que valide justo lo contrario que propugna otro?, ¿La vida es lo que pasa mientras Antena 3 emite anuncios?, ¿La pervivencia de Kiko Rivera y Leticia Sabater es argumento suficiente para cuestionar el evolucionismo darwiniano?, ¿Por qué mucha gente utiliza la primera persona del plural para hablar de sus equipos deportivos favoritos?, ¿Existen seres inteligentes en el universo fuera del planeta tierra?, ¿Quién escribe a esos chats que surgen en la madrugada en algunos canales de televisión?, ¿Sueñan los votantes del PP con ovejas eléctricas?, ¿Cuánto material genético podría encontrarse en el teclado de un ordenador?, ¿Por qué produce placer una taza de retrete caliente?, ¿Cuál es la razón por la que ya no se hacen películas ni series "de negros"?, ¿Sería bueno ser inmortal si el resto del mundo no lo fuera?...y en este plan.
Así estaba Carmelo Lasaga aquella mañana de sábado, dudando de si existía la propia existencia, de si todo dependía de ser contemplado para poder ser real, de si la mera observación de algo ya altera la realidad, de si no había certeza absoluta posible, de si quizás una lata de cerveza más solucionaría definitivamente el embrollo...cuando desapareció. Pero no en el sentido de irse ni morirse sino en el de desintegrarse como si jamás hubiera existido, dejando que la lata que sostenía hacía unos segundos en su mano entonara un réquiem breve, ruidoso y desagradable contra el parquet. Y todo porque Dios había dejado de mirar a Carmelo Lasaga en ese preciso instante.
Así estaba Carmelo Lasaga aquella mañana de sábado, dudando de si existía la propia existencia, de si todo dependía de ser contemplado para poder ser real, de si la mera observación de algo ya altera la realidad, de si no había certeza absoluta posible, de si quizás una lata de cerveza más solucionaría definitivamente el embrollo...cuando desapareció. Pero no en el sentido de irse ni morirse sino en el de desintegrarse como si jamás hubiera existido, dejando que la lata que sostenía hacía unos segundos en su mano entonara un réquiem breve, ruidoso y desagradable contra el parquet. Y todo porque Dios había dejado de mirar a Carmelo Lasaga en ese preciso instante.
viernes, 29 de enero de 2016
El día que se acabó el mundo
Entró en su cuarto.
Cerró la puerta. Bajó la persiana. Echó la cortina. Se desvistió. Se quitó el
reloj. Apagó el teléfono móvil. Se tumbó bocarriba sobre la cama. Cerró los
ojos. Y dejó que los pensamientos se fueran, que las imágenes vinieran, que el
pasado volviera, que el presente se deshiciera, que el futuro no fuera, que la
piel se erizara, que las lágrimas asomaran, que la vida desanduviera, que el
lugar no importara, que el tiempo su respiración contuviera, que el silencio
fuera callándola, que la oscuridad la sumergiera, que el dolor la descosiera,
que la pena la traspasara, que el recuerdo como un rosal de risa y llanto floreciera,
que los sentidos fantasmas dibujaran, que las palabras se desvanecieran, que el
sueño la reclamara, que el vacío la besara, que la caída no encontrara el
final, que ya no hubiera próximo capítulo, que todo se volviera nada, que nada
importara todo, que el punto dejara de ser y seguido, que la luz se le escapara
por las venas, que la vida llegara a la última estación donde en el andén sólo
espera ya el olvido.
Cinco minutos más tarde,
su madre abrió la puerta. Su silueta quedó recortada en el umbral, proyectándose
como una lengua funesta sobre su hija. Al ver la escena, dudó si llamar a
gritos a su marido o afrontar aquello ella sola. Contuvo la respiración, buscó
las palabras adecuadas y dijo: “Tienes dieciséis años. El mundo no se acaba
porque dejes de salir con un chico. Y ponte la ropa, que vas a coger
frío”.
domingo, 24 de enero de 2016
El penúltimo canto del cisne
Cuesta encontrarlas
en un mundo en el que el avance tecnológico ha deslocalizado la distribución y
la lectura físicas de libros. Cuesta encontrarlas en una sociedad en la que se
ha extendido el vicio de considerar que la compra de un libro no significa necesariamente
su lectura. Cuesta encontrarlas en un contexto editorial como el actual con
exceso de marketing, excedente de famoseo y saturación de obras y autores de
pésima calidad que perjudican la visibilidad o siquiera el desembarco impreso
de obras y autores mejores. Cuesta encontrarlas en un país en el que el
Ministerio de Cultura es puro atrezzo, en el que no hay mas plan de Educación
que el de formar a cretinos en serie que el día de mañana puedan ser pisoteados
alegremente por sus superiores políticos o laborales, en el que la Cultura
(como industria y como concepto) ha sido menospreciada oficial y políticamente
y penalizada fiscalmente. Cuesta encontrarlas en ciudades como Madrid donde la
frenética rutina convierte las calles en una máquina de pinball y en la que la
gente sólo se acuerda de ellas cuando truena el regaleo navideño o cumpleañero.
Cuesta encontrarlas pero las hay. Cada vez menos. Pero las hay. Librerías,
digo. Pero no las franquiciadas tipo "La Casa del Libro", "La
Central" o "Top Books" ni las engullidas por centros comerciales
como El Corte Inglés o FNAC. Hablo de las librerías "de toda la
vida". Aquellas en las que convergen un proyecto profesional y un proyecto
personal. Aquellas en las que todo depende del buen gusto y el buen tratar de
la persona al mando.
Aquellas en cuyos escaparates es raro encontrar el típico
petardeo pseudoliterario que, en otros sitios de venta de libros, te meten casi
por embudo según pones un pie dentro. Aquellas cuyos dependientes sólo te
los puedes imaginar haciendo eso: repartiendo experiencias y conocimientos
en forma de libro. Aquellas cuya clientela apenas van más allá de los límites
de un barrio y los mentideros lectores. Aquellas que tienen un encanto añejo y
mágico para quienes gustan de la lectura, como la ficticia librería del Sr. Koreander. Aquellas que, por vivir
en los tiempos que vivimos, tienen mucho de búnker ante el mal gusto, de
espigón ante la incultura, de malecón temerario en un mar embravecido de
ineptitud, de refugio para los amantes de la literatura convertidos gracias
a la estupidez mercantil y al bochorno gubernamental en una suerte de partisanos.
Aquellas que hoy forman parte más de un pasado al que añorar que de un presente
que lamentar.
Así las cosas,
asumido que estamos ante una extinción no sólo de un modelo de negocio sino de
una forma de entender la cultura y, por tanto, la vida, sólo cabe invertir el
tiempo y el dinero suficientes para hacer que este crepúsculo, que este morir
desgranado en el tiempo, que este desvanecimiento con sabor a réquiem, que la
desaparición de este mundo entre mundos, que el desmoronamiento de esos puntos
de encuentro entre forajidos de las majaderías, que este penúltimo canto del
cisne haya merecido la pena.
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