martes, 15 de septiembre de 2015

La cortina catalana

Aviso para navegantes nº1: tengo apellidos catalanes, sangre catalana y amigos catalanes. Y estoy orgulloso de todo lo catalán que forma parte de mí.
Aviso para navegantes nº2: no es la primera vez que escribo en el blog sobre "lo de Cataluña" (ver El día después (del ridículo) o A vueltas con Cataluña, por citar los posts más "recientes") pero sí me encantaría que fuera la última, al menos por los motivos actuales.
Aviso para navegantes nº3: Soy plenamente consciente de que estos días se han escrito excelentes y muy recomendables artículos sobre este mismo asunto, como por ejemplo los de David Jiménez, Javier Marías, Javier Cercas, Jordi Évole o Risto Mejide. Por eso, mi intención con este post no es superar a otros ni imitarlos sino simplemente dar mi opinión respecto a un asunto que no merece el silencio ni la ambigüedad.

Dichos estos avisos, al grano: "lo de Cataluña" (que es lo de las elecciones del 27 de septiembre, pero también lo del sobado "procés" soberanista, lo de las incansables e insaciables reivindicaciones regionalistas, lo del atávico y patológico victimismo "nacionalista" y lo de la manipulación de la Historia, los conceptos, el lenguaje y los sentimientos por parte de personas-personajes que de políticos poco y de demócratas menos) me parece una cortina, no sé si de humo, pero cortina al fin y al cabo y, como tal, pretende ocultar lo que hay "al otro lado", con independencia del lado en que esté uno. Me explico: 
- A un lado de la cortina tenemos a un presidente, autonómico, Artur Mas, quien, junto a sus compadres, cómplices, socios, rémoras y voceros, quiere esconder bajo la "estelada" la basura que han acumulado con años de chapuzas, golfadas, farsas y
despilfarros que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: recurriendo a la sugestión emocional, a la persuasión sentimental, a la movilización visceral, a la tergiversación de la realidad, a la perversión del lenguaje, a la manipulación de la Historia (hasta niveles desternillantes), a la intensificación de un discurso victimista tan efectivo como insostenible, a la escenificación de un mesianismo cuyo reino no es de este mundo (y de ninguno), a la equiparación de ilegalidad con democracia, a la mutación del "president" en "amado líder", a la conversión del discrepante en amenaza, a la reiteración de promesas infundadas e incumplibles, a la impostura como estilo de vida...lo que sea con tal de que nadie en aquellos lares caiga en la cuenta de que Cataluña ha estado y está en manos de una "gente" que hace que los 40 ladrones de Alí Babá parezcan la banda de Danny Ocean; lo que sea con tal de que nadie en Cataluña se convenza de que el problema no es España sino la cleptocracia
con barretina; lo que sea con tal de no ser arrollado por la responsablidad. Es decir, que, ante su demostrada incapacidad de afrontar la realidad y/o asumir errores y/o aportar soluciones y/o diseñar un proyecto político serio y tangible, Artur Mas y sus complementos circunstanciales han decidido huir hacia delante, poniéndose el mundo por montera y pasándose por la quilla el "seny", las leyes, la lógica, la ética y todo aquello que recuerde al emparador que está no ya caminando, sino corriendo despendolado y en pelotas. Por eso, más que una campaña electoral o política, lo que Mas y sus colegas han desarrollado es una campaña de enajenación mental que no parece ser transitoria
- Al otro lado de la cortina tenemos a otro presidente, estatal, Mariano Rajoy, quien, junto a sus palmeros, camarilla, compañeros y mamporreros propagandistas, quiere esconder bajo la bandera nacional una legislatura ensimismada, enajenada, chulesca,
deprimente, desquiciada, indignante, cuya mejor crónica la podemos encontrar en las revistas satíricas y en los sumarios de los juzgados y que no perdonaría ningún elector en su sano juicio. ¿Cómo lograr esto que a priori parece imposible? Como está haciendo: apostando por la ineptitud, el tancredismo y el comportamiento pasivo-agresivo como hoja de ruta personal, gubernamental y política que permita convertir un problema perfectamente subsanable de base (con el cerebro en la cabeza y el ordenamiento jurídico en la mano) en una situación de tiroteo en O.K. Corral que habilite o justifique abonar, avivar, alimentar y anfetaminar el discurso del miedo, que es la única tabla de salvación para quien ha naufragado en lo político, lo social, lo intelectual, lo ético, lo moral y lo sináptico, como es que el caso del PP en general, el Gobierno en particular y Mariano Rajoy en lo individual. Así las cosas, la actitud del Gobierno hacia "lo de Cataluña" tiene bastante de bombero pirómano no tanto por originar el cisco como por consentirlo, ya que ha permitido deliberadamente que un teletubi como Artur Mas se venga arriba y se crea Conan el Bárbaro. ¿Por qué? Porque con el incendio catalán, espera o está convencido de que el personal o, al menos, los electores del PP, se distraigan con el humo (ya que llamas, de momento, hay pocas) y olviden (al menos hasta después de las elecciones generales) que ha sido el Gobierno de Mariano Rajoy quien ha disecado económica y fiscalmente a la clase media, emprobecido el mercado laboral, penalizado la cultura, sodomizado a los medios de comunicación tradicionales, puteado a los jueces independientes, convertido la iniciativa legislativa en un chachachá, ofendido tanto a quien le votó como a quien no, hecho el ridículo diplomático o navajeado el bienestar, por citar sólo algunos de los "greatest hits" de Mariano's band. Pero, nuevamente...¿Por qué? Porque Mariano Rajoy (o las vocecitas que tengan en su cabeza) cree que fabricando un anticristo como Mas él se podrá presentar electoralmente como el cordero encarnado y mesías de una España cojonuda.  

Así las cosas, vistas en perspectiva y de forma comparada las razones y las actuaciones de Mas y Rajoy, se puede sacar en claro que el antagonismo no es total e, incluso, se podría decir que es
cosmético, superficial. ¿Qué quiero decir? Que Mas y Rajoy tienen más puntos en común de los que a priori podría pensarse, como por ejemplo...
- Ambos actúan, hablan y piensan con la soberbia y el convencimiento de que representan el ser, pensar y sentir de todo un colectivo, cuando la verdad es que ni Cataluña es Mas ni España es Rajoy. Lo único que representan es al colectivo de "Impresentables No Anónimos". 
- Ambos tratan con desdén o, directamente, con beligerancia, cualquier opinión, consejo o postura que no encaje con su pensamiento. Son dos yonquis del discurso único.
- Ambos demuestran una absoluta falta de sensibilidad o empatía que les permita calibrar el alcance de sus desaciertos. Están demasiado pendientes de autocomplacerse, del "qué hay de lo mío" en vez de ponerse en la piel de una ciudadanía que es la única víctima de tanta turbulencia.
- Ambos se necesitan para tapar sus respectivas vergüenzas y desmanes.
- Ambos se necesitan mutuamente para presentarse ante los suyos como antídotos y "salvapatrias", como única vía/salida hacia un futuro mejor cuando ellos nunca formaron ni formarán parte de la solución sino del problema.
- Ambos necesitan los constantes errores y provocaciones del otro para vertebrar y fundamentar un discurso de garrafón como sustituto de cualquier ideario político serio o programa electoral.
- Ambos buscan alimentar y perpetuar una situación de tensión máxima que ponga al electorado "on fire" y acuda a las respectivas urnas como quien acude a una cita con Charlize Theron/Brad Pitt.
- Ninguno de los dos quieren electores civilizados, bien informados y con la sensatez en "modo on". Ellos quieren hooligans o, mejor dicho, quieren los votos de los hooligans, y, para eso, les sobran los cerebros (suyos y ajenos). 
- Ambos encarnan una forma de entender y hacer la política muy española en tanto que el esperpento es un género made in Spain. Son dos aberraciones impensables en otro país que no fuera tan tragicómico como España.
- A ninguno de los dos les mueve la ética, la moral, la razón, el altruismo ni la responsabilidad. Son dos ejemplos de la estupidez humana, dos especímenes de la involución política española y dos muestras con validez universal de qué significa la palabra "irresponsabilidad". 
- Ambos han actuado y actúan con un comportamiento poco o nada democrático, no sólo por su ninguneo o demonización a "todo-aquel-que-no-sea-como-yo" sino porque demuestran ignorar o haber olvidado que, en democracia, los votos cuentan pero las leyes también y que del mismo modo que no puede haber nada fuera de las leyes tampoco puede haber leyes fuera de la realidad

No obstante, conviene aclarar o subrayar que el único culpable
(político y penal) de crear esta situación es el enajenado Artur Mas...igual que el único responsable (político y legal) de consentirla o solucionarla es el absurdo Mariano Rajoy. Cuando dos partículas así chocan, lo normal es que surjan agujeros negros como el que se ha abierto. El desenlace, incierto.

Por otra parte, entiendo perfectamente que haya gente que se crea la cantinela del "país" que promete a sus deudos Artur Mas:
pasarse por el forro las leyes nacionales, los tratados internacionales, las deudas económicas, la Historia, la lógica, los errores propios, los aciertos ajenos...es muy seductor para quien quiera mandar la conciencia y la consciencia a por tabaco. El estado catalán que promete Mas hace que Jauja parezca un gulag. La Cataluña a la que dice aspirar Mas es una película de Disney con guión de los Hermanos Marx. Claro que, yo, humildemente, desconfiaría de un proyecto apoyado por freaks como Karmele Marchante...

De todos modos, en el fondo, más allá de lo político, "lo de Cataluña" es un asunto en torno al cual se ha articulado una peligrosa dialéctica de contrarios de la que no puede, por definición, salir nada bueno (ahí está la Historia, la nuestra y la universal, para dar muestra de ello). De momento, la amenaza de quiebra social, de herida íntima, ya está ahí...Es una pena que políticos y ciudadanos hayan olvidado lo que dijo el clásico: la virtud siempre estará en el término medio. Pero mayor pena es todavía que exista gente capaz de dejarse influenciar por lo que hagan o digan tipos como Artur Mas o Mariano Rajoy.

Por eso y para acabar: no me preocupa tanto una España sin Cataluña como una España con estupidez. Sea como fuere, aún están/estamos a tiempo de impedir que la cortina se convierta en muro.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Distancia

La inauguración había sido un éxito: los cuerpos chocaban en brindis, las sonrisas se intercambiaban como tarjetas de visita, las bocas centrifugaban canapés, los zapatos bailaban el chotis del espacio menguante, los ojos escrutaban las extrañas esculturas con un afectado voyeurismo y el aire se llenaba de palabras donde antes había oxígeno. La mayoría de los presentes apenas se conocían entre sí pero todos tenían el nexo común del artista taciturno que ahora surfeaba por la galería entre saludos comprometidos y elogios de garrafón mientras su ego declaraba el estado de obesidad mórbida. Fuera, la noche de julio llevaba el agosto a las terrazas y el sudor a los recovecos corporales.

Allí, en esa sofisticada sala convertida en caja de gusanos engalanados, se vieron. Había pasado tiempo. No mucho. El suficiente. Semanas. Tal vez meses. La mirada apenas duró un segundo. No mucho. Lo suficiente. Ambos estaban enmarañados en esas conversaciones en las que la gente acostumbra a dejarse llevar por una inercia insustancial e inocua. Ambos escondieron bajo su rostro cualquier gesto o expresión que delatara sorpresa, pensamiento, sentimiento o intención. Ambos siguieron dialogando mecánicamente con sus aledaños como si aquel cruce de miradas hubiera sido un choque fortuito del que no había necesidad de dar parte. Ambos decidieron no volver a mirar para evitar verse. Ambos trataron de autoconvencerse de la ausencia de toda importancia. Pero la tenía. No mucha. La suficiente.

Mientras se afanaban en su disimulo, sus respectivas mentes volvieron al pasado. Al penúltimo capítulo. Dos versiones de un mismo hecho. Una conversación en la que la lejanía física disfrazó de valentía a la cobardía. Un diálogo en el que la imposibilidad de ver y oír al otro desnudó las palabras en toda su crudeza. Una reyerta librada entre pantallas y teclas. Una inesperada tormenta textual de metralla sentimental. Un trapicheo febril de culpas y reproches. Una pirotecnia de palabras difíciles de olvidar. Un brusco y tosco lavado de conciencia propia con sangre ajena. El atronador naufragio de una relación desorientada hasta aquel momento por la ambigüedad y el ajedrecismo de quien no queriendo perder se olvidó de ganar. El estrépito antes del silencio. El hundimiento en el pasado de todo presente y, quizás, de todo futuro. Una herida a cobro revertido. La sangre, el pus y la lágrima.

Dudaban. Dudaban si dejarse llevar por el rencor y apostar por la indiferencia o bien dejarse llevar por la sensatez y apostar por la educación. Dudaban si mantener en pie las trincheras de los reproches o bien construir un puente de entendimiento. Dudaban si tomar la iniciativa o bien quedarse a la espera de lo que hiciera el otro. Dudaban si recuperar el ayer o sentenciar el mañana. Y mientras dudaban, no dejaban de pensarse. Y mientras dudaban, conversaban, sonreían, comían y saludaban con las personas de su alredor como si en su cabeza estuviera sonando Vivaldi en lugar de Marilyn Manson.

De pronto, la especulación terminó. Él dejó la copa en una bandeja, se despidió de los hombros que lo rodeaban y atravesó la sala convertido en la proa de un barco con la mirada clavada en ella. Ella miró con el rabillo del ojo e intentó fingir que lo que se aproximaba era un fantasma, alguien del pasado, incorpóreo, invisible, muerto. Conforme la distancia y las personas entre ellos menguaban, la sangre se volvió una riada que descosió cualquier guión. Bienvenidos al punto de no retorno. Dos metros. Un metro. Un segundo. Ella se giró hacia él con toda la serenidad de la que fue capaz y mantuvo su boca cerrada a la espera de que él abriera la suya. Él siguió caminando hacia ella, pasó a su lado y la dejó atrás. Luego, desapareció por la puerta de salida y no volvió.

lunes, 31 de agosto de 2015

Wes Craven sin tópicos (o casi)

Es raro y complicado huir de tópicos y lugares comunes a la hora de escribir sobre el fallecimiento de Wes Craven. Podría decir que me fastidia o, hablando claro, que me jode mucho su muerte porque algunas de sus películas están entre mis favoritas en lo que a terror cinematográfico se refiere, siendo dicho género mi favorito dentro de mi afición cinéfila. Podría decir que lamento su pérdida más que la de muchos cineastas actuales porque era uno de los tres nombres claves (junto a Carpenter y Cronenberg) para entender las "horror movies" contemporáneas: ellos fueron al miedo lo que Hitchcock al suspense o los hermanos Marx a la comedia, así de sencillo. Podría decir que por mérito/culpa de Wes Craven muchas noches en mi infancia me costó quedarme dormido. Y aun habiéndolo dicho, tengo la sensación de que, escriba lo que escriba, me dejaré algo en el tintero; así que mejor seré breve.

Siendo honestos, Wes Craven fue como la mayoría de los buenos directores (a excepción de Billy Wilder, porque los genios no cuentan): imperfecto. Realizó películas antológicas (Pesadilla en Elm Street), brillantes (La última casa a la izquierda, Las colinas tienen ojos y las tres primeras entregas de Scream), entretenidas (La serpiente y el arco iris, El sótano del miedo, Vuelo nocturno) y truños indefendibles (Shocker, Un vampiro suelto en Brooklyn, La maldición, Almas condenadas y Scream 4). Por ello, hay que valorar merecidamente a un tipo capaz de idear personajes como el ya legendario Freddy Krueger o a un Ghostface casi convertido en icono de la cultura pop actual. Porque quizás
Wes Craven no fuera un genio (que no lo fue) pero sí un cineasta que sabía hacer muy bien su trabajo y con una envidiable capacidad analítica para entender el terror como género fílmico y las películas como parte del imaginario popular y la cultura colectiva, como quedó más que patente en la genial trilogía de Scream. Además, no sólo demostró que comprendía perfectamente que el terror consiste en asomarse a aquello que, voluntariamente o no, está oculto a nuestra vista y/o consciencia sino que también abordó como un tema casi distintivo la delgada línea que separa la realidad de la ficción, lo real de lo que no lo es, lo vivido de lo imaginado; asunto éste muy interesante (al menos para mí) y que podemos encontrar en películas tan emblemáticas suyas como las ya citadas Pesadilla en Elm Street (1 y 7), La serpiente y el arco iris y Scream.

Por todo eso, hoy, con su muerte, no sólo se han quedado huérfanos Freddy, Papá Júpiter, Ghostface y demás sino todos los amantes del cine en general y del terror en particular. Ha muerto alguien capaz de conseguir que tópicos como el que acabo de decir y quería evitar tengan pleno sentido. Ha muerto alguien de quien echaremos de menos su buen hacer tras la cámara, ésa que tantos buenos sobresaltos nos ha regalado durante casi cuarenta años a varias generaciones de espectadores. Descanse en paz. 
 

viernes, 28 de agosto de 2015

El efecto desidia

El célebre concepto del "efecto mariposa" dice, grosso modo, que una acción o perturbación, por muy pequeña y/o distante que sea, genera una reacción en cadena que puede provocar efectos mayores, imprevistos y no tan distantes ni en el espacio ni en el tiempo. Ya saben: el aleteo de una mariposa en una parte del mundo provoca un huracán en otra.

Atendiendo a las incesantes y trágicas noticias sobre la masiva llegada de refugiados e inmigrantes a Europa que se han convertido desgraciadamente en la "canción del verano" en el plano informativo, creo que es un siniestro ejemplo del efecto mariposa aplicado al ámbito sociopolítico. Me explico: los conflictos olvidados y los no tan ignorados de los que de un tiempo a esta parte tenemos constancia periodística son el aleteo de la mariposa y la multitudinaria y constante huida hacia Europa
el huracán. Y esto no se produce tanto por el conflicto en sí (ya hablemos de guerra, terrorismo yihadista, hambruna, pobreza extrema, etc) o por los países de origen (que sólo se pueden calificar como "fallidos" o "corruptos" o "fantasma") como por la hipocresía y, especialmente, la desidia con la que ¿atienden? y ¿gestionan? esos conflictos los países que, por potencial (económico, militar, histórico, etc), están en condiciones de solventarlos. Por poner ejemplos concretos: no puedes lavarte las manos con un conflicto como el de Siria y esperar que las consecuencias no llamen a tu puerta tarde o temprano; ni puedes apartar la vista de las tragedias enquistadas en África y esperar que la gente
deje de buscarse y jugarse la vida para tener un futuro mejor aun a riesgo de acabar en el fondo del Mediterráneo. No puedes. Y menos todavía en un mundo totalmente conectado, en fondo y forma, como el actual. Cerrar los ojos no hará que el dinosuario desaparezca del jardín. Cerrar los ojos no hará que vivamos en un mundo mejor ni más digno ni más llevadero.

Claro que, en la trastienda de esa hipocresía y dejadez, como explicación y causa de ambas, se encuentra un problema aún más profundo y muy distintivo de nuestro tiempo: el "ninguneo" de 360º; la incapacidad o la decisión del hombre actual de no ver al otro; la eliminación del prójimo como factor a tener en cuenta; la cosificación de "los demás"; el vaciamiento de importancia e
interés de cualquier persona que nos sea ajena en lo afectivo; la alergia a todo aquello que no entendamos como "asunto nuestro". Un problema esencialmente ético pero con consecuencias en lo político, económico, social, cultural, familiar que llenan la actualidad oficial o cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Ya no es que miremos a otro lado, es que miramos y no vemos porque no queremos ver. Y mientras este problema no se solucione de base, situaciones como las que estamos viviendo ahora no dejarán de suceder. 

Pero, volviendo al tema de la huida-llegada a Europa de refugiados procedentes de Oriente Medio y África, aún más indignante que la inoperancia e/o intolerancia que están demostrando los países receptores resulta su irritante capacidad para olvidar su pasado reciente (¿cuántos europeos no han salido/huido/emigrado hacia otros países buscando una vida mejor por culpa de la ratonera económica?), no tan lejano (con actitudes como las demostradas ahora, la Segunda Guerra Mundial habría sido una masacre aún mayor en Europa), lejano (¿hablamos de cómo los países que hoy forman Europa antaño conquistaron y/o colonizaron territorios de los que ayer presumían y hoy se desentienden?) o cultural (si fuera por el talante actual, a Odiseo le habrían dado por donde no da el sol y La Odisea sería una obra de apenas unas líneas). ¿Cuánta gente abandona su hogar o familia por gusto? ¿Cuántas personas arriesgan sus vidas por fastidiar? ¿Cuántas deportaciones han acabado con una guerra? ¿Cuántas vallas han solucionado hambrunas? ¿Cuántas declaraciones han frenado las bombas? No es demagogia. Es sensibilidad. Es sentido común.

Que los únicos que están demostrando estar a la altura de las circunstancias sean las ONG (aquí en Europa o allá sobre el terreno), los ciudadanos rasos y las propias víctimas dice mucho de cuánto tienen que cambiar las cosas para que las potencias occidentales no lo sean sólo en desvergüenza, que el "ser" se gane el calificativo de "humano" y que el mundo en que vivimos, al menos en Europa, se merezca el adjetivo de "civilizado". Además, siendo francos, entre tratar a los refugiados como si fueran una plaga y convertir al país en una barra libre hay un término medio y ahí, como dijo el clásico, siempre estará la virtud.

¿Qué haría yo para solucionarlo si fuera el diriginte de un país con potencial y recursos para ello? Dejarme de brindis al sol,
discusiones bizantinas y cogérmela con papel de fumar e intervenir activamente, aunque eso no case con esa majadería de lo "políticamente correcto", habida cuenta de que la ONU sirve para poco; que los gobiernos de los países en problemas son un desastre ya casi atávico; que la UE se preocupa más por las cuentas que por las personas; que EEUU ha renunciado a su rol de Supermán; que naciones como Rusia, mafias como los traficantes de emigrantes y terroristas como el Estado Islámico se aprovechan-descojonan de las soluciones burocráticas; que las convenciones internacionales se han demostrado a todas luces ineficaces; que las ONG no dan abasto y que el tiempo no pone las cosas en su sitio. ¿Qué tipo de intervención? Directa, colegiada (si fuera posible) y en el origen: militar cuando sea preciso (para zanjar un conflicto armado o paliar una catástrofe) y, en todo caso, tutelar en lo político-económico (una vez "normalizada" la situación), pero (y ojo que es un "pero" muy importante) sin ningún interés lucrativo ni colonialista ni político sino con la sola intención de ahorrarse gastar tiempo, dinero y recursos en achicar torpemente problemas como los presentes y de evitar a miles de refugiados y exiliados emprender el amargo camino del desengaño. Claro que, para ello, deberíamos vivir en un mundo mucho más altruista y sensato, algo muy improbable, visto lo visto. ¿Es una solución radical? Sí, igual que lo es amputar una pierna para evitar la gangrena y así salvar la vida. ¿Hay otra solución alternativa? Siendo honesto y realista y tirando de hemeroteca, lo dudo mucho. Prefiero apostar por una actitud paternalista o vigilante antes que dejar tirado al personal o parchear indefinidamente un problema. Siempre será más práctico para evitar un hundimiento tapar la vía por la que entra el agua que sacarla con cubos.

Lo que está claro es que, dejando las cosas como están, es decir, no haciendo nada para arreglar de verdad el problema, la mariposa seguirá batiendo sus alas y las tragedias seguirán llamando a nuestra cara para que se nos caiga de vergüenza.

miércoles, 26 de agosto de 2015

El show de Matrix

La casualidad ha querido que en los últimos tiempos haya leído varios artículos que, de forma directa o indirecta, abordan el tema de la realidad como ficción, de la vida como simulacro, de la experiencia como ensoñación, de la irrealidad como verdad. Un asunto bastante jugoso del que, desde diversas perspectivas, ya han dado y dan buena cuenta la filosofía (Platón y su metáfora de la caverna, Zhuanzgi y su sueño de la mariposa, Descartes y su hipótesis del genio maligno, Dancy y Putnam y su argumento del cerebro en una cubeta...), la literatura (La vida es sueño de Calderón de la Barca, Niebla de Unamuno, Tlön, Uqbar, Orbis tertius de Borges...), el cine (Tron, El show de Truman, Matrix, Nivel 13, Abre los ojos...), la televisión (series como Black Mirror o documentales como Could our universe be a fake?) y los videojuegos (simuladores sociales como The Sims o Tomodachi Life, juegos tipo sandbox como GTA o Read Dead Redemption; aventuras interactivas como Heavy Rain, LA Noire, The Walking Dead, Mass Effect...) , pero no tanto la ciencia (o eso creía).

Quizás por ello, me ha llamado la atención descubrir que tipos como el astrónomo Lord Martin Rees diga que puede que seamos una mera simulación hecha por una inteligencia superior o como que el matemático y cosmólogo John Barrow considere la posibilidad de vivir en universo simulado o como que el filósofo Nick Bostrom plantee que somos el resultado de una simulación tecnológica o que el físico nuclear Silas Beane argumente la hipótesis de que
todo cuanto existe no es más que el producto de una simulación externa o que el astrónomo y directivo en la NASA Rich Terrile proponga que estamos viviendo en algo similar a un videojuego, que la neurocientífica Susana Martínez-Conde afirme que sería imposible probar que no somos una simulación de ordenador o que científicos de la Universidad Tecnológica de Viena anuncien haber demostrado el "principio holográfico" según el cual el universo sería un holograma. En resumen, que me ha sorprendido comprobar que lo que se ha dado en llamar "hipótesis de la simulación" no es algo precisamente minoritario ni cosa de una banda de "freaks" o "fumaos".

Dejando al margen cualquier refutación de esas hipótesis científicas (doctores tiene la ciencia), no deja de ser tan sugerente como inquietante la posibilidad de que todo cuanto somos, vivimos, hacemos, sentimos, pensamos o recordamos no sea más que producto de un juego o simulación que
escapa a nuestro control y entendimiento; que seamos títeres, avatares o creaciones de un programador o jugador icognoscible (¿Juega Dios a Los Sims con nosotros? ¿Hay Dios o es un simple programa informático?); que seamos personajes, artificios, puras ficciones; que no existimos de verdad, en definitiva. Así, de ser cierto lo que hoy son sólo planteamientos, ante la inexistencia de cualquier libre albedrío no tendríamos que preocuparnos ni por el futuro ni por la culpa ni por el remordimiento ni por la responsabilidad ni por el estrés. Y eso sería positivo. Igual que podríamos mandar a la papelera cualquier sistema legal, social, político, filosófico, ético, moral o religioso. Y eso sería interesante. Igual que no tendría sentido reflexionar sobre conceptos como "conciencia", "consciencia", "libertad", "mortalidad", "identidad", "personalidad" o "alma". Y eso sería curioso. Ni tendríamos que preocuparnos por saborear la vida y todo aquello que hace que valga la pena. Y eso no sería ni positivo ni interesante. La simple posibilidad de que algo o alguien esté haciendo el gilipollas con nosotros por mera especulación, experimentación, curiosidad o divertimento es algo sencillamente humillante, encabronante y siniestro. El planteamiento o la hipótesis de la simulación es de un nihilismo tan devastador que sólo se puede superar mediante la locura o la ignorancia.

Así las cosas, ante una situación así, en la que se nos plantea en fondo y forma algo que escapa al entendimiento de cualquier
persona, la única salida válida es la que tanto practicaban los sabios de la Antigüedad (y que, por cierto, tan olvidada tenemos hoy en día): aceptar con serenidad que hay cosas que no podemos ni podremos conocer (y, por extensión, prever, controlar o remediar) y centrarse en las que sí. Cualquier otra opción, es reservar un billete de ida para Arkham o la morgue.

De todos modos, por si acaso y para que conste: que nadie acabe mi partida ni cierre mi sesión aún, por favor. Ya habrá tiempo más adelante para el "Game over". Gracias. 

viernes, 14 de agosto de 2015

Estrellas

Ni una. Ni una sola. Llevaban un buen rato tumbados, con sus menudos cuerpos perdidos en un mar de hierba y sus ojos intentando abrazar más cielo del que podían. La madrugada había traído una brisa agradable que limpiaba el recuerdo del sofocante bochorno diurno. Sus bocas no paraban de enredarse en un zigzag de palabras aún frescas por el regusto del helado de chocolate con el que habían finiquitado la cena. Siguiendo los consejos de los mayores, que los vigilaban como faros desde el cobertizo, se habían colocado en la zona menos iluminada para ver mejor eso que unos llamaban "lágrimas de San Lorenzo", otros "Perseidas" y la mayoría "estrellas fugaces". Pero ni una. Ni una sola...de momento. No desesperaban. Sobre ellos, el cielo nocturno de agosto desplegado hasta donde se acaban los adjetivos.

Él estaba vestido como una versión en miniatura de su propio padre. Aún era demasiado joven para analizar esa extraña obsesión con la que algunas madres visten así a sus retoños. Ella estaba vestida como si fuera a ser expuesta en un escaparate de alguna carísima juguetería. Aún era demasiado joven para darse cuenta de que las mujeres nunca dejan de jugar a las muñecas. Ambos deshilvanaban el mundo en una crónica atolondrada e ingenua en la que la risa y la bobada forman todo un corpus filosófico. Lejos, el enjambre de la conversación de los mayores, con sus fachadas y sus silencios.

Habían perdido la noción del tiempo que llevaban tumbados a la espera de que alguna estrella fugaz picara el anzuelo. Quince minutos. Media hora. Tal vez más. Lo único que sentían pasar eran las nubes espectrales a la carrera. No les importaba. Toda su ilusión se concentraba en ver el arañazo plateado de una estrella camino a ninguna parte. Y mientras esperaban a quedarse sin palabras, rellenaban con ellas todas las costuras del reloj, intentando ignorar la creciente amenaza de una voz adulta finiquitando la magia con un "Chicos, nos vamos".

De pronto, él calló. Sus ojos se abrieron como un bostezo perezoso y se incorporó bruscamente.
- ¿La has visto?
- ¿El qué?
- Una estrella. ¡Una estrella fugaz!
- ¡¿Dónde?! - dijo ella mientras se levantaba sorprendida.
- ¡Allí! Entre esas dos.
- ¿Allí?
- No, ahí.
- No.
- ¡Ja! ¡He visto una!
- Pues yo no.
- No pasa nada. Habrá más. Dicen en la tele que hay muchas.
- Vaya chasco. Qué rabia...
- Si veo otra te lo digo.
- ¿Seguro que era una estrella fugaz?
- Yo creo que sí.
- ¿Crees o estás seguro?
- Creo que estoy seguro.
- Bueno, sigamos mirando.
- Eso.
- El truco es tener los ojos abiertos.
- ¿Tú puedes estar mucho sin parpadear?
- Sí. ¿Y tú?
- Yo también.
- Guay.
Se quedaron sentados en silencio y el aire se llenó de voces de padres y grillos. 

Cuando llegaron a recogerlos, se habían quedado dormidos. La noche era demasiado grande y ellos demasiado pequeños; lo suficiente como para ignorar que las estrellas, fugaces o no, no solamente las podemos encontrar en el cielo; lo suficiente como para, aun desconociendo todo eso, evitar que la vida les arruinara una buena sonrisa.

martes, 4 de agosto de 2015

"Del revés": sentir, pensar, crecer

El cine es un arte. Crecer es una aventura. Teniendo por ciertas ambas afirmaciones, se puede decir con toda tranquilidad que "Del revés" es una de las  mejores películas de aventuras jamás rodadas. Pero eso sería quedarse corto. Mucho. También es una de las mejores películas jamás hechas sobre el interior del ser humano, muy por encima de clásicos como "Viaje alucinante" o "El chip prodigioso". Pero eso también sería quedarse corto. Demasiado. Porque "Inside out" es una obra de arte con la que Pixar completa magistralmente su tríptico sobre el paso del tiempo integrado por las extraordinarias "Toy Story 3" y "Up".

La película muestra al espectador el funcionamiento de la mente (o, siendo rigurosos, del sistema límbico) de una niña de once años llamada Riley especialmente a propósito de la "traumática" mudanza con sus padres desde su Minnesota natal a San Francisco. Así, el público al otro lado de la pantalla asiste a la progresiva configuración y consolidación de la personalidad de Riley a través de la interacción entre las experiencias, los recuerdos y las cinco emociones encargadas de dirigir las acciones y decisiones de la niña: alegría, tristeza, miedo, ira y asco. Para ello, Pixar plantea una película donde la excelencia técnica se convierte en un soporte fenomenal para un guión muy inteligente que nos propone una serie de tramas y subtramas que ofrecen un logradísimo equilibrio de géneros: comedia, aventura, fantasía y drama. De esta manera, el espectador recibe una lección magistral sobre psicología humana mientras la sonrisa, la risa o la lágrima se alternan en su rostro.

Quizás por todo ello, "Del revés" es una película literalmente para todos los públicos ya que la disfrutarán mucho más aún los adultos que los niños...y eso que muy seguramente los peques quedarán encantados con las aventuras y desventuras de Alegría y compañía. Pocas veces en el cine veremos plasmado con tanto ingenio, honradez y "sencillez" cómo somos, pensamos, actuamos y sentimos las personas. Porque, conviene remarcarlo, ésta no es una película sobre monigotes haciendo gracietas: que sea una película animada no significa que sea una película infantil. No, "Inside out" es una obra que nos (re)descubre aquello que unos llaman mente, otros psique, algunos alma y otros personalidad y eso tiene poco o nada de "naif". Además, lo hace con tanto rigor, con tanto buen gusto, con tanta creatividad, con tanta honestidad y con tanta sensibilidad que resulta casi imposible no colocar a esta película entre las mejores de Pixar. Por otra parte, en contra de lo que he leído en algunos sitios, no me parece en absoluto una película ñoña, salvo que erróneamente se confunda el optimismo con la ñoñería. De otras majaderías oídas/leídas como el supuesto machismo que late en la película o las críticas por el hecho de que Alegría tenga buen tipo y Tristeza sea rellenita o que tiene un mensaje conservador en cuanto a lo familiar, sólo diré que quien eso piense efectivamente hace mal yendo a ver "Inside out" en lugar de a un psiquiatra.

Volviendo a la película, "Del revés" está repleta de personajes geniales (empezando por las cinco emociones mencionadas, siguiendo con el conmovedor Bing Bong y acabando incluso por los liquidadores de recuerdos)y escenas y secuencias bien entrañables (la salida del basurero mental, el abrazo entre Riley y sus padres), bien divertidísimas (el disparate en El Sueño Producciones, el atajo por el pensamiento abstracto, el recuerdo recurrente del anuncio del chicle y las desternillantes comparaciones entre las distintas mentes).

Por si eso fuera poco, "Inside out" nos regala algunas lecciones que tanto niños como, especialmente, adultos, no deberíamos olvidar nunca (si no queremos sufrir o equivocarnos más de la cuenta en esto de vivir):
- Crecer consiste fundamentalmente en aprender a dejar atrás.
- En ocasiones, la mejor manera de pensar es no pensar conscientemente en tanto que dejarse llevar.
- La mejor manera de saber comienza por hacer.
- Hay que dejar a la tristeza hacer su trabajo.
- La clave es no perder nunca la alegría, pase lo que pase.
- Para ser hay que pensar y para pensar hay que sentir.
- Nos cambia lo que vivimos no lo que somos.

Si, además de todo lo dicho, la película viene precedida por un corto tan soberbio en fondo y forma como "Lava", poco más hay que añadir excepto que "Del revés" merece estar en la retina, en el recuerdo y en la filmoteca de cualquier persona que tenga la mente (y el corazón) en su sitio.
     

jueves, 30 de julio de 2015

Simplemente José

Las cosas más importantes del Periodismo no las aprendes en la facultad ni en prestigiosos másters ni en caros cursos de posgrado. Igualmente, las cosas más importantes de la vida no las aprendes en ningún aula. No. Esas cosas, las que te pueden sacar de un lío (periodístico o no), las que verdaderamente importan, te las enseñan fuera o, mejor dicho, las aprendes fuera. ¿De quién? De personas como José Torrecilla Iturmendi, conocido por muchos como "José de Astería" y por casi todos simplemente como José.

Creo que la mejor palabra que define a José (Oteiza, Navarra, 1929) es "entrañable". Es alguien que se hace querer sin pretenderlo y eso, en los tiempos que corren, es mucho e inusual. Es de esas personas que, sin estridencias y con humildad, se va acomodando en tu memoria y corazón y de ahí no lo saca ni el tiempo ni la distancia ni el agua hirviendo. ¿Quién es José? Podría decir que es el auténtico corazón de la delegación estellesa del Diario de Navarra, con independencia de quién ocupe el puesto de director. O que es una enciclopedia viviente de todo lo que tenga que ver oficial u oficiosamente con Estella y sus alrededores. O que es un apasionado seguidor y cronista del deporte (fútbol, ciclismo, pelota vasca...), el folclore y los festejos estelleses. O que es un entusiasta defensor de "lo navarro" (ese concepto). O que es, como dice la canción, un "estellica de temple sin igual". Pero, más allá de todo eso, que es cierto, José es buena gente.

Lo conocí hace ya unos cuantos veranos, en mis prácticas en la redacción de Estella del Diario de Navarra. A los pocos días, José ya se había convertido en mentor, antiestrés y salvavidas. Alguien en esa ciudad debería promover la canonización de José como santo patrón de los becarios. Y no lo digo por su forma de llevar al novato de turno por las carreteras
comarcales (¡qué piloto se perdió la Fórmula 1!). Lo digo por su fondo y por sus formas. Lo digo por esas horas de conversaciones a pie, en coche o sentados en la oficina en las que con José o gracias a él aprendes todo lo que necesitas saber y nunca te atreviste a preguntar o se decidieron a contarte sobre el periodismo y lo que no es el periodismo. Lo digo por esos momentos en los que la llaneza y experiencia de José resuelve nudos gordianos de todo tipo. Lo digo por esas charlas inesperadas que a menudo acababan en sonrisa cuando no en carcajada. Con José es difícil, casi imposible, no coleccionar decenas de buenos recuerdos. Con él siempre aprendes y siempre cosas buenas. Por eso es tan fácil estarle agradecido. Por eso es tan sencillo apreciarlo.

Siempre he pensado que los homenajes y reconocimientos es mejor hacerlos en vida. Por eso me gusta escribir este artículo. Por eso me parece fantástico que se haya elegido a José para que mañana prenda el "chupinazo de fiestas", que, para quien no esté familiarizado con las costumbres de aquellos lares, es un renocimiento nivel Nobel en esa peculiar idiosincrasia navarra. Por eso espero que José disfrute y se emocione con ese momento. Con su momento. Creo que pocas personas como él en Estella se merecen tanto afecto, gratitud y respeto como este periodista heterodoxo pero eficaz, estellés tranquilo y dicharachero, trabajador incansable y esmerado, hombre afable y tierno a quienes muchos, periodistas o no, tenemos el orgullo y la suerte de querer. Porque todo lo bueno que le pase se lo ha ganado a pulso...hace ya mucho tiempo. Así que bienvenido sea el homenaje a Torrecilla. Disfruta, José.

domingo, 26 de julio de 2015

De leones y hombres

Me encanta. Soy un auténtico fan. Confieso que mojo la ropa interior pensando en cazar. Se me acelera el corazón con la sola idea de darle matarile a un animal. Sueño con decorar mi casa con trofeos y logros de la taxidermia. Ahora que tengo tu atención, dejaré de ser irónico.

¿Qué es la caza?
Objetiva e históricamente: es un anacronismo, una práctica injustificable y "desfasada" desde que hace 10.000 años al hombre le gustó eso de la ganadería
Para algunos: es también un hobby, una pasión, una afición equiparable, según esos "algunos", a practicar algún deporte, leer un libro, ir al cine, jugar al ajedrez, escuchar música, construir maquetas o hacer fotos.
Para mí: es la más cruel y repugnante excusa que encuentran algunos, esos mismos "algunos" del párrafo anterior, para tapar, aliviar u olvidar algún tipo de trauma, tara, complejo, patología o disfunción. Como las operaciones estéticas o irse de fulanas pero liquidando especies para alimentar no el estómago sino un ego que haría las delicias de cualquier diván. Así, para mí, la caza es una ventana a un mundo de barbarie y vísceras donde todo es brutal, cruel e inhumano. En este sentido, desde el punto de vista de la ausencia flagrante de consciencia y conciencia que demuestran los protagonistas, la diferencia entre un cazador y un asesino, un terrorista, un violador o un pederasta es quién resulta perjudicado por sus aberrantes actos. Por lo demás, ninguna distinción. En resumen, que si me dan a elegir entre la existencia de un animal y la de un cazador que no cace por estricta y urgente necesidad alimentaria, mi elección será siempre el animal. Qué le voy a hacer: aprecio demasiado a los animales y muy poco a los bestias. ¿Por qué? Porque éstos, los bestias, los salvajes con nombre y sin vergüenza, han olvidado lo que dijo el conservacionista James Oliver Curwood e inmortalizó la fenomenal película El Oso: "Sólo hay un placer mayor que matar: dejar vivir".

¿A qué viene esto? 
A noticias como la de que un cazador ha liquidado a un león en Zimbaue. Hace poco más de un año hablaba en este mismo blog de la muerte del elefante "Satao". Ahora ha cambiado el animal pero no la salvajada ni la maldad ni la cobardía ni el horror ni la tragedia ni el disparate ni el asco ni la vergüenza ni la pena que me provocan sucesos así. Lo peor es cómo se ha producido la muerte o, mejor dicho, el asesinato de "Cecil", el león de la noticia: con nocturnidad, alevosía, engaño, ensañamiento y soborno (de 50.000 euros). Terrible. Es la enésima señal de la obscena y sistemática falta de respeto del ser humano por cualquier otra cosa que no sea él mismo. Es un argumento más de que "humanidad" y "civilización" son palabras a descartar. Es el penúltimo ejemplo de que sólo hay algo comparable en magnitud al ingenio del hombre: su crueldad.

La ley de la impunidad
En este caso concreto, lo peor de todo, que ya es decir, es esa certeza de que existe gente que mata no sólo por placer sino para exhibir su poder o, tal vez, lo que el malnacido de turno entiende por "poder". Que con la que está cayendo haya personas capaces de aflojar 50.000 euros para matar a un animal es para hacérselo mirar colectivamente. Es la demostración de que hace tiempo, mucho, tal vez demasiado e incluso de manera irremediable, la exhibición del poder, como medio y fin en sí mismo, está por encima de cualquier ley humana o natural. De que la ley de la impunidad no distingue las cosas desde un punto de vista ético, moral o biológico sino monetario. De que esta sociedad tiene excedente de psicópatas con posibles que lo mismo te joden la vida desde un despacho que acercan la sexta extinción masiva en la sabana africana. Y de que (y aquí viene la verdadera tragedia) hagan lo que hagan estos bastardos, se irán de rositas dejando una estela de destrucción. Matan porque pueden. Destruyen porque pueden. Se libran de cualquier castigo porque pueden.

Así pues y por acabar, teniendo presente que muy probablemente Walter James Palmer, el asesino de Cecil, se quede sin castigo, sólo espero que ese miserable, ese mierda, esa escoria humana, ese monstruo que ha matado al león tenga cuanto antes el mismo destino que deseo para cualquiera capaz de matar a un animal o inocente: la muerte más atroz y agónica posible. Así la vida se quedará para quienes la respetamos y éste será un mundo mucho menos malo de lo que ya es.