viernes, 30 de mayo de 2014
Triunfo y derrota
domingo, 25 de mayo de 2014
Lo que ganó el "Atleti" anoche
sábado, 24 de mayo de 2014
Jornada de reflexión
Hay gente que cree en la Unión Europea. Yo no. No puedo creer en algo que teniendo el potencial y el deber de ser una federación imponente es una confederación fallida por el egoísmo nacional y la miopía de miras de sus miembros. Algo que, por otra parte, se veía venir mucho antes de que crisis como la económica o la ucraniana lo dejara en patética evidencia. En Europa o, mejor dicho, en la UE, a la hora de la verdad, todos los países siguen yendo a la suyo porque ir a lo suyo es lo que han hecho durante siglos...y no les ha ido mal (en la mayoría de los casos), así que ¿para qué cambiar? Mientras los países, los gobiernos y los ciudadanos de la UE sigan pensando y actuando en clave nacional y no como parte de un todo, la UE seguirá siendo un experimento destinado al fracaso y al ridículo. Así las cosas no puede extrañar a nadie que la UE se haya convertido en una enorme majadería burocrática en la que cualquier persona mínimamente sensata no puede ni debe tener puesta esperanza alguna. Creer en la UE es llamar Charlize Theron a Leticia Sabater.viernes, 23 de mayo de 2014
El último día de Ray Holson
El último
día de su vida, la albóndiga conocida como Ray Holson se despertó a la una de
la tarde en un sofá de tres plazas y dos millones de gérmenes flanqueado por un
pequinés a medio castrar llamado “Pequeño Conan”, una yonqui a medio follar
llamada “Pequeña Cindy” y un porro a medio fumar llamado “Pequeño porro”. Más
allá, la suciedad y el desorden transformaban su casa en el vientre de un
camión de la basura. Jonás engullido por la mierda. Náufrago de su propio caos
y prisionero de un cuerpo que daba un nuevo significado a la palabra “sebo”, Ray
Holson se incorporó con tranquilidad, depositando con cuidado al pequinés encima de
las tetas marginales de aquella adolescente enganchada a las drogas y a los mentirosos
con sobrepeso. Paseó su desnudez sobre una alfombra de catálogos japoneses de
lencería hasta que encontró su chándal azul celeste con olor a infierno.
Convertido en un globo aerostático patrocinado por Adidas, fue a la cocina a
prepararse un café. Entonces ocurrió el hecho que cambiaría su vida: no quedaba
leche, al menos dentro del tetrabrik
donde debía estar. El tiempo se detuvo y el cerebro de Ray Holson se debatió
entre tres ideas: penetrar al pequinés, sacar a la yonqui a pasear o bajar a
comprar un paquete de leche. El portazo despertó al pequinés, que empezó a lamer,
y a la yonqui, que puso los ojos en blanco.
domingo, 18 de mayo de 2014
...y volver a ganar, ganar, ganar
dejaron llevar por una alegría ajena a cualquier complejo o freno. Personas que tiñeron de rojo y blanco una ciudad propensa al gris. Personas que escribieron un recuerdo más en su piel de gallina. Personas a las que se les acabaron las lágrimas y las palabras. Personas que antaño eran blanco de bromas y menosprecios y ahora son motivo de envidia o admiración. Personas que no les importa canjear sufrimiento por felicidad. Personas desconocidas que comparten la intimidad cómplice de ser parte de un equipo que para bien o para mal siempre te hace sentir vivo. Personas que se saben parte de un equipo que escribe su historia con el corazón. Personas que se han convencido de que, como dijo aquél, la vida puede ser maravillosa. Personas distintas y distantes unidas por algo más poderoso que la sangre: la felicidad. Nos llaman "indios", "colchoneros": somos la gente del Atlético de Madrid.
fútbol en general y del Atleti en particular debe agradecer tanto a los que salen al campo (Courtois, Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis, Koke, Gabi, Tiago, Arda, Diego Costa, Villa, Raúl García, Adrián, Mario, Diego, Sosa...) como a los que no (el "Cholo" Simeone, el "Mono" Burgos, el "profe" Ortega y el resto del fantástico equipo técnico). Lo lógico sería elogiar especial y merecidamente a Simeone, el "legend-maker", el hombre-milagro, el motivador total, el líder de la manada, el único junto al mítico e inolvidable Luis Aragonés que ha entrado en el corazón y la memoria de los atléticos como jugador y como entrenador...pero hacerlo sería ir contra su propia filosofía, esa que todos los rojiblancos hemos convertido en credo y manual de instrucciones para la vida. Así que el mérito es...de todos los que tanto en el campo como en las gradas o en sus casas han ayudado a conquistar algo muy difícil en estos tiempos que corren: la más absoluta, sincera y pura alegría. Y todo ello simplemente siendo un equipo diferente, rebelde, contestatario.viernes, 16 de mayo de 2014
A oscuras
Las putas roncan. La habitación era una letrina de
petróleo, estaba a punto de vomitar media botella de Bourbon y en su cabeza rechinaba la resaca, pero a Bob Boswell lo
que más le llamaba la atención a las cuatro de la mañana es que la putas
roncan, al menos la que se acababa de tirar. Había olvidado dónde había dejado
su camisa hawaiana y sus bombachos. Había olvidado dónde había tirado sus
chanclas. Había olvidado dónde había perdido el reloj. Había olvidado qué había
hecho con su anillo de casado. Había olvidado si la mesilla de su lado tenía
lámpara. Pero ahí estaba Bob Boswell, de pie, junto a una cama sudada, en un
motel de carretera, maravillado por los ronquidos de una puta cuyo nombre no
recordaba. Su cuerpo fondón avanzó borracho de oscuridad por el lateral de la cama, arrancando un siseo de la moqueta mohosa. Quería encontrar su ropa
pronto porque nada frío es bueno y mucho menos el sudor que lustraba sus lorzas. De pronto, su caminar zombi se detuvo cuando una prenda se enredó en
su pie derecho como un alga. Se agachó, reprimió una arcada y la palpó.
Mis slips, pensó. Agarró la prenda e introdujo torpemente el pie izquierdo por el
agujero mientras hacía aspavientos de funambulista al borde de la tragedia. A Bob Boswell
nunca se le dieron bien los agujeros. Luego intentó repetir la operación con el
pie derecho. Un golpe seco resonó en el cuarto.
A la mañana siguiente, ella se había ido, pero Bob
Boswell continuaba en la habitación, dormido en la moqueta, con la cabeza sobre
un charco de baba, el culo en pompa y las bragas de una puta cuyo nombre no
recordaba encadenadas a sus muslos.
jueves, 15 de mayo de 2014
Demagogos inoportunos
- El primero es un chaval de Izquierda Unida que manifestó a los cuatro vientos su alegría por la derogación de la doctrina Parot (que mantenía en la cárcel a gentuza de la peor condición). Olé.
- El segundo ejemplo lo encarna un perroflauta con ínfulas académicas y pretensiones políticas que recientemente ha comparado un asesinato a sangre fría con un suicidio. Olé y olé y olé.
domingo, 11 de mayo de 2014
"La mujer de negro": Un viaje al corazón del miedo
Ahora, se ha reestrenado en España, de nuevo protagonizada por ese incontestable maestro de la escena llamado Emilio Gutiérrez Caba (en esta ocasión, también desempeñando las funciones de
director), quien, en este nuevo montaje, está brillantemente acompañado por el joven actor Ivan Massagué.
¿Por qué volver a escribir entonces sobre una obra que ya he vi y comenté en su día? Por las mismas razones por las que merece la pena (volver a) ver La mujer de negro:
- Porque es una obra que pretende y consigue algo enormemente difícil (y máxime en un escenario): inquietar al espectador. Y lo hace de manera especialmente hábil, es decir, sin recurrir o apelar al susto o grito fácil, sino a la tensión, a la sugestión, a la mente del espectador.
- Porque es un creciente recital de dos actores que simplemente bordan sus papeles.
- Porque es una pieza ejemplar a la hora de demostrar que cuando hay ingenio no hace falta mucho más.
- Porque es una fantástica prueba de cómo la complicidad y la capacidad de sugestión del espectador convierten lo irreal en experiencia real.
- Porque es un entretenidísimo juego de teatro dentro del teatro en el que realidad y ficción se alternan hasta (con)fundirse.
- Porque, más allá de lo sobrenatural y lo fantástico, habla de cómo nuestras deficiencias a la hora de enfrentarnos al dolor y la pérdida pueden desencadenar males mayores o, mejor dicho, peores.
- Porque esta historia de fantasmas es una buena forma de revisitar el elegante e inteligente "terror gótico", ese que antaño cultivaron maestros como Edgar Allan Poe o Henry James.
- Y porque, en esencia, es un viaje al corazón del miedo, entendido éste como una reacción de nuestra mente ante lo imposible, lo desconocido, lo invisible, lo imprevisto, lo inexplicable o, simplemente, ante lo que nos supera de tal manera que nuestro papel queda reducido a víctima.
viernes, 9 de mayo de 2014
La suerte del diablo
Y entonces, el carcelero aparece en la puerta. Indulto. Alguien que se acuesta en camas libres de escrúpulos ha decidido dejarte libre. Alguien a quien nunca le salpicará la desgracia te devuelve un derecho que merecidamente perdiste. Tu cara borra toda expresión por la sorpresa, por el absurdo, por lo inesperado. Y luego estallas en una carcajada. Una risa histérica, feliz. El mundo se vuelve a abrir para ti. Y en él, nuevos nombres, nuevos cuerpos, nuevas vidas que quebrar para tu íntimo, salvaje y secreto placer.
Sales y te fundes en el relámpago del sol con una sonrisa en los labios. Ahora ya sabes que la suerte siempre está dispuesta a guiñarle un ojo al diablo.
domingo, 4 de mayo de 2014
"La gran belleza": Obra maestra
replanteamiento de nuestras certezas, al viaje por el laberinto de
la existencia.
Hipnótica y apabullante tanto en la forma como en el fondo, La gran belleza es un constante recital de maestría lleno de imágenes y palabras
para el recuerdo. Los diálogos, los monólogos, los planos, las escenas, las
secuencias, las interpretaciones, las localizaciones, la música…todo en esta
película es merecedor de ser recordado. Y es que, dejando al margen cualquier
posible comparación con Fellini, Lynch o Malick, lo que ha hecho Sorrentino en
este film es algo tan personal como irrepetible, insuperable e inalcanzable. Así
de sencillo.
(con)funden perfectamente, La gran belleza es
una obra (de arte) que, más allá de lo cinematográfico, constituye una declaración de
amor al vacío, un brindis por la carencia y la pérdida,un triunfal viaje a
ninguna parte, una celebración de la ruina, una incontestable declaración del
estado de desengaño, un conmovedor elogio de lo imperfecto y lo inacabado, una
visita guiada por el jardín de la desolación, una reivindicación de la farsa ante el absurdo que nos rodea, una maravillosa crónica del
abandono, un orgasmo de derrumbe y derrota, una lección de sabiduría desde lo intrascendente, un fascinante misil contra los discursos imperantes en la sociedad y el arte actuales, una preciosa defensa de la
decadencia y la huida hacia delante como únicas opciones posibles ante un mundo
y una sociedad carentes de rumbo y sentido. Eso es La gran belleza, pero
también es una película que nos habla de la elegancia del fracaso, de la
honradez que cabe en “no querer ser”, de la decencia que demuestra aceptar y
renunciar a todo aquello que no somos ni llegaremos a ser, de la aventura de descubrir el truco a la vida,
del cinismo como
sinceridad, de la filosofía de la desesperanza, de la felicidad que se puede encontrar entre lo que no podremos ser y lo que no queremos ser, de la vida como búsqueda febril
y frustrante, de la liberadora carencia de absolutos, de la valentía de no seguir
el guión, de la belleza de dejarse llevar. sábado, 3 de mayo de 2014
Lo que puedes aprender con un "playmobil"
Todos hemos tenido una etapa en nuestras vidas en la que, con muy poco y muy pequeño, podíamos vivir muchas grandes aventuras, dejando en papel mojado el tiempo y el espacio, saliéndonos al margen de la vida, permitiendo que nuestra imaginación se pusiera a los mandos, convirtiendo cualquier rincón en un teatro de lo imprevisible, transformándonos en creadores y protagonistas de lo impensable, renunciando al reglamento del tedio, haciendo que apenas bastaran unos minutos para alcanzar la más absoluta felicidad y despreocupación. Una etapa en la que soñar y jugar iban de la mano. Una etapa en la que cruzábamos la frontera entre la realidad y la ficción con la velocidad del parpadeo. Una etapa en la que lo grande cabía en lo pequeño. Una etapa llamada infancia donde, conforme van pasando los años, el recuerdo y el fetiche se confuden en objetos que unos afortunados aún conservan y otros los perdieron allí donde comienza la nostalgia.
Pero, más allá de la anécdota del 40 cumpleaños de estos entrañables juguetes, lo verdaderamente llamativo es su paradójico encanto: Basta un playmobil para que un niño tire toda consciencia por el sumidero de unos ojos abiertos. Pero también basta un playmobil para que un adulto recupere la consciencia y redescubra la felicidad de lo pequeño, la magia de lo sencillo, el ilimitado poder de la imaginación y la reconfortante convicción de saber que, en algún momento de su biografía, ha vivido sin más condición que la de no caer en el aburrimiento. Y todo eso con, por, junto y gracias a un muñeco. No es poco. viernes, 2 de mayo de 2014
La última noche de Mickey Sorensen
Así, al tiempo que un camión y tres bastardos quedaban en orfandad, el tanga de "La fabulosa Jewel" voló por la sala mientras su inesperado secreto emergía como un leviatán genital ante alientos cortados y neones encendidos.
viernes, 25 de abril de 2014
Matrimonio en el jardín
Las horas pasaron, el jardín se quedó vacío, pero el desinterés seguía allí, transformando aquel chalet en el parque temático de un fracaso.
viernes, 18 de abril de 2014
Carol
Carol era una mujer menuda y enjuta con la cabeza llena de recuerdos recogidos en un precioso moño cano que todas las mañanas se arreglabCara con coquetería frente al espejo. Por su piel había pasado la vida y el tiempo dejando un mapa de arrugas; la historia secreta de las emociones. Y no vestía de luto, porque pensaba que el negro no hacía justicia a quien puso color a sus días. Así era ella.
La crónica de su vida no tenía grandes titulares. Era una epopeya mundana. La historia de quien sin ambicionar nada conquistó la felicidad. La bitácora de una conciencia que siempre navegó por aguas tranquilas. El sereno estruendo de quien nunca tuvo necesidad de alzar la voz. El murmullo de un triunfo.Pero siempre tuvo un asunto pendiente: el cielo. Y no el edén que prometen las religiones sino el infinito teatro que regalan las noches de verano. El paisaje para el que, desde niña, en lugar de palabras sólo tuvo ojos y horas. El refugio inalcanzable al que siempre volver. El confidente eterno.
Aquella noche el verano apretaba la piel contra la ropa y el campo dormitaba exhausto entre las nanas de las cigarras. Carol, con mil ochenta meses hormigueando en su memoria, estaba en el porche, mirando al cielo. En su mente, preguntas atropelladas por una curiosidad casi infantil. En el cielo, la respuesta hecha añicos azulados, como luciérnagas de hielo. Una brisa repentina y fugaz le descolocó un mechón. Sonrió. Dijo buenas noches a la tumba y se metió en casa.
A la mañana siguiente, todo se había puesto de nuevo en movimiento. Excepto Carol. Su habitación olía al perfume que discretamente se echaba detrás de los oídos y desprendía una calidez entrañable, como de pan recién hecho. Ella estaba en su cama, tumbada, vacía. En su rostro, ni alegría ni dolor ni espanto; serenidad. Sus ojos, sus preciosos ojos azules, abiertos y en ellos, moviéndose por siempre, todo el cielo.
domingo, 13 de abril de 2014
"Noé" o el diluvio universal según Aronofsky
Suele pasar. Llega la Semana Santa y todo se vuelve bíblico. Hasta las decepciones. Anoche vi Noé, la película del siempre interesante Darren Aronofsky (director, guionista y productor del film) que gira en torno al Génesis en general y al diluvio universal en particular. Decir que Noé naufraga sería un chiste fácil, pero merecido por los tres grandes errores que comete el director de peliculones como Cisne negro o El luchador:- El excesivo metraje (más de dos horas) para un hecho/relato que no da para tanto ni en su versión original ni en la propuesta de Aronofsky. Un defecto que no se justifica sino que se agrava con las aburridas tramas, el ritmo (se debió ahogar) y las (es)forzadas interpretaciones de un elenco que seguramente deba tachar esta película a la hora de repasar su brillante filmografía.
- Las fallidas y chirriantes licencias: Antes de meterme con dichas licencias, conviene aclarar que no me parece mal innovar a la hora de contar algo ya sabido. La creatividad
siempre es bienvenida. Y más si hablamos de algo que tan manido y esencialmente mítico como es el Antiguo Testamento/Tanaj en general y el diluvio universal en concreto (mito presente no sólo en la mitología judeo-cristiana sino también en la mesopotámica, griega e hindú, por citar algunos ejemplos). Así pues, no hay nada malo en "hacer tu propia versión" del mito del diluvio porque, para empezar, eso mismo hicieron los hebreos con el mito babilónico de Utnapishtim. El problema, como en toda adaptación, viene a la hora de decidir y justificar qué respetas, qué aportas y de qué prescindes. Y es ahí donde Aronofsky mete la pata: dejando a un lado la discutible y sorprendente utilización de "Los Vigilantes" (criaturas gigantescas de origen básicamente apócrifo y denominadas Grigori o Nefilim), la película descarrila gracias a la anacrónica vestimenta del personal(chupa y pantalón de cuero incluidos...), la modificación de la edad de los hijos (que originalmente ya eran hombres casados cuando empezó a llover), la supresión de personajes (si quitas las esposas a dos de los tres hijos,
la repoblación mundial se complica), la inclusión de personajes bíblicos que nada tienen que ver con la trama (Matusalén y Tubalcaín) sólo para intentar cebarla, el insípido añadido de conflictos inexistentes en el mito original (la guerra por el Arca, la natalidad de la chica estéril, etc), la demencial conversión de Noé en el Jack Torrance del Antiguo Testamento o la decisión de que los primeros nietos de Noé sean un par de gemelas (¿repoblación universal in vitro? ¿incesto?).
- La contradictoria mezcla de intenciones: Tanto el excesivo metraje como el popurrí de licencias fallidas son víctimas directas de las cinco incoherentes intenciones que maneja Aronofsky a la hora de contar la historia. La primera es querer ser más mitológico y doctrinario que la propia Biblia. La segunda,
intentar conciliar el creacionismo con el evolucionismo (¿?) La tercera, meter con calzador un discurso ecológico-vegano. La cuarta, convertir la situación pre-diluvio en una crítica ¿encubierta? a la desquiciada sociedad actual. Y la quinta, intentar convertir el mito en un espectáculo hollywoodiense mezclando para ello (sin criterio ninguno) la épica, la fantasía, el drama y el romance.
viernes, 11 de abril de 2014
Umbral

Se detuvo ante la puerta, giró sobre sus talones, contuvo la respiración, cerró los ojos y escuchó. Silencio. Las tuberías bajo la escayola, la madera de la tarima flotante, las juntas de los muebles del salón, los grifos de plata de los baños, las ascuas de la chimenea y el reloj comprado en almoneda del recibidor: nada emitía sonido alguno. Un silencio incontestable. Dejó escapar el aire lentamente. Transcurridos unos segundos, inspiró y el olor a lavanda impregnó su nariz. Sonrió. Abrió los ojos. Y allí clavada en la pared, enmarcada y perfectamente equilibrada, apareció una fotografía en blanco y negro. Hacía veinte años, el color, el rockabilly y las risas de aquella escena se congelaron en un clic y medio instante. Él y ella. Ella y él. Ellos y el mundo antes de la boda. Se descalzó. El tacón del zapato derecho cayó en un golpe seco sobre el suelo. Dio cuatro pasos hasta la pared mientras las medias que enfundaban sus pies levantaban un siseo de la alfombra de seda del recibidor. Se acercó a la fotografía. La observó detenidamente. Miró su bolso. Volvió a mirar la fotografía. La dobló cuidadosamente en cuatro pliegues y la guardó en su bolso, junto a una funda de gafas y un billete de tren. Sólo ida. Colgó el marco vacío en la pared. Sus pasos recorrieron en sentido inverso la alfombra. Se calzó sus zapatos. Inspiró. Las llaves tintinearon cuando las dejó en el llavero. Cerró los ojos. Abrió la puerta. Su cara se llenó de luz y ruido. Dio un paso. Luego otro. Y la casa quedó atrás.
jueves, 10 de abril de 2014
Atleti
Algún día, cuando llegue a viejo, podré decir que yo viví estos tiempos. Algún día, cuando llegue a viejo, podré contar que yo fui uno más de los que rieron, lloraron, gritaron y aplaudieron. Algún día, cuando llegue a viejo, podré hablar a otros de la época en la que la leyenda se escribía sobre piel de gallina en la sección de noticias deportivas. Algún día, cuando llegue a viejo, podré decir que yo pisé el estadio en el que las gradas se volvían trueno. Algún día, cuando llegue a viejo, podré hablar de los días en los que el esfuerzo y el compromiso derribaban gigantes y atrapaban sueños. Algún día, cuando llegue a viejo, podré recordar las caras de quienes se levantaron hombres y se acostaron mitos. Algún día, cuando llegue a viejo, podré explicar el secreto de esa lágrima compartida por el anciano y el niño, el rico y el parado, el castizo y el foráneo. Algún día, cuando llegue a viejo, podré descubrir a otros lo que el fútbol puede enseñarte sobre la vida. Algún día, cuando llegue a viejo, podré demostrar a otros que la gloria no se alcanza con la victoria ni con la derrota sino con todo lo que haces por el camino. Algún día, cuando llegue a viejo, podré afirmar cuánta grandeza cabe en la humildad. Algún día, cuando llegue a viejo, podré decir que yo vi jugar a un equipo que sobre el césped se volvía relámpago, vendaval, estampida, riada, erupción, tsunami, terremoto, remolino y explosión. Algún día, cuando llegue a viejo, podré decir que vi con mis propios ojos un equipo de jugadores que derrochó coraje y corazón hasta abrir de par en par
las puertas de la eternidad. Algún día, cuando llegue a viejo, podré contar cómo un solo hombre basta para cambiar la historia. Algún día, cuando llegue a viejo, podré defender ante quien sea que el fútbol, como el más puro de los sentimientos, es algo que te traspasa más allá de las palabras. Algún día, cuando llegue a viejo, podré convencer a quien sea de que la fe no sólo tiene que ver con lo sagrado. Algún día, cuando llegue a viejo, podré recitar los nombres de quienes dejándose el alma conquistaron el cielo donde ya están Aragonés y compañía. Algún día, cuando llegue a viejo, podré sonreír al decir que la vida es algo que se disfruta y conquista partido a partido. Algún día, cuando llegue a viejo, podré recodar la temporada 2013-2014 como el año en que un equipo de fútbol hizo lo impensable hasta ser inolvidable. Algún día, cuando llegue a viejo, podré gritar bien alto: ¡Que viva mi "Atleti" de Madrid!miércoles, 9 de abril de 2014
Crecer
Crecer es mirarte en el espejo y descubrir que Peter Pan ya se ha ido. Crecer es aprender a despedirte de todo lo que una vez te dejó sin palabras. Crecer es descubrir la pérdida y el desengaño. Crecer es darte cuénta de que la sombra de la felicidad es alargada. Crecer es tener una llamada perdida de tu infancia. Crecer es darte cuenta de que has olvidado. Crecer es contar con que es la vida quien tiene el as bajo la manga. Crecer es sentir envidia de quienes aún corretean despreocupados. Crecer es transformar la nostalgia en un destino turístico. Crecer es valorar la risa por conocer el llanto. Crecer es sentir el azar demoliendo tus certezas. Crecer es decir adiós a tus seres queridos. Crecer es saber que el tiempo acabará por vencer a tus ídolos. Crecer es ver perder al Enterrador o morir al Último Guerrero...Pero crecer también es dejar el Delorean con el motor encendido. Es recordar que la vida sí que es elegir tu propia aventura. Es tener claro que el pasado está sólo a un recuerdo de distancia. Es aceptar que, para afrontar la vida, quizás necesitas un barco más grande. Es sentir que te has enamorado cuando has encontrado a tu guardiana de la puerta. Es disfrutar sabiendo que has vivido. Es conseguir que otros disfruten al descubrir por primera vez. Es comprender que basta un segundo para volver a ver, a estar, o a ser. Es convertir la magdalena de Proust en un libro, una viñeta, un disco, un muñeco articulado, un videojuego, una canción, el cartel de una película o la sintonía de una serie. Es estar seguro de que nunca nada ni nadie acaba por irse del todo. Es saber que, al mirar por el retrovisor, el niño que una vez fuiste no se ha quedado tan lejos.
sábado, 5 de abril de 2014
Vamos a contar mentiras
- Si es mentira lo que cuenta el libro, es de tal gravedad que (con el Código Penal en la mano) la autora debería haber sido ya objeto de querella por calumniar (según el artículo 205, calumnia es la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad), por injuriar (según el artículo 208, injuria es la acción o expresión que lesiona la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación) y por delito contra la Corona (artículo 490).Por eso, es cuando menos muy sorprendente que todo se quede en el mero bla,bla,bla del desmentido.Si es una mentira tan rotunda, ¿por qué nadie se ha querellado? ¿Por qué el Ministerio Fiscal no ha actuado de oficio? Total, si es mentira constitutiva de delito, quedaría evidenciada en un procedimiento judicial en el que la prueba lo es todo.¿Entonces? ¿Qué pasa? ¿Dónde están las querellas?
- Si no es mentira lo que cuenta el libro, es igualmente sorprendente que la vilipendiada autora no se haya defendido ya de tanto ataque y menosprecio sacando a la luz los documentos que prueben que lo que dice o lo que cita es cierto. ¿Por qué no se defiende la autora? ¿Dónde están las pruebas de lo que ha publicado?























