domingo, 23 de marzo de 2014
Un hombre para la eternidad
Fue un político íntegro. Un estadista decente. Un súbdito superior a su Rey. Una persona cuyas virtudes hicieron que el pueblo le diera el aprecio, el reconocimiento y la justicia que le negaron quienes serpenteaban en el poder. Un hombre recto convertido en mito y referente. Un nombre con sombra luminosa y gigantesca. Así fue Tomás Moro, la histórica figura que dio pie a la excelente obra Un hombre para la eternidad (drama y película). Pero se podría decir exactamente lo mismo del mayor y mejor político que ha tenido la democracia española: Adolfo Suárez.
El hombre que tuvo el papelón de consolidar la democracia cuando ésta tenía muros de papel higiénico. El hombre que tuvo el papelón de navegar el Cabo de Hornos constitucional sin más mapa ni brújula que su conciencia y lealtad. El hombre que tuvo el papelón de bailar no ya con la más fea sino con todas las feas disponibles. El hombre que tuvo el papelón de enseñar a toda España, empezando por el Jefe del Estado y acabando por el ciudadano raso, qué significa ser un líder. El hombre que tuvo el papelón de dignificar lo que otros desconocían o menospreciaban.
A mí, nacido en 1980, los grandes éxitos de Adolfo Suárez me pillaron a toro pasado, pero, quizás gracias a eso, puedo valorar con más perspectiva y objetividad el enorme mérito que tuvo lo que hizo. Un mérito tan colosal y justificado que, para mí, convierte al resto de personajes de la llamada Transición, desde el Primero hasta el último, en comparsa parasitaria de este titán político cuya altura de miras, sensatez, valía e integridad lo convierten con todo merecimiento en el mejor representante oficial que ha podido tener España en el último siglo. Unas cualidades que igualmente convierten a Suárez en un espejo en el que deberían mirarse los políticos de entonces, de ahora y de después. Un espejo que, dicho sea de paso, la gentuza que ha pisado y pisa el Congreso de los Diputados ha convertido en uno digno del mítico "callejón del Gato".
Para mí, Adolfo Suárez camina ya dentro del terreno del mito. Es un Prometeo patrio que trajo el fuego de la convivencia y la libertad a una sociedad en pañales. Un mito que, como tantos otros, ha "necesitado" que lo extraordinario quede subrayado por castigos trágicos, crueles e inmerecidos: su caída en desgracia política y el azote de la enfermedad. Castigos que afrontó con la misma firmeza con la que afrontó la Transición o el 23-F. Y eso es algo al alcance de muy pocos: en la Antigüedad se las llamaba héroes.
Por eso, en su muerte, el mejor tributo que podemos rendir es conservar siempre en la memoria a alguien a quien sus enemigos políticos y la propia vida quisieron privar de recuerdo. Alguien que fue más Rey que el Rey. Alguien que demostró que otra España era posible. Que otra España es posible. Un hombre para la eternidad. Descanse en paz.
sábado, 15 de marzo de 2014
Maquillaje Papal
Anda el mundo celebrando el primer cumpleaños del Papa Francisco, el jesuita latinoamericano que sucedió a Renunciatus VI. Doce meses en los que, gracias al ingenio y la habilidad retórica propia de los argentinos, el Papa ha disparado su popularidad ofreciendo urbi et orbe un cambio de imagen a una Iglesia muy necesitada de ello por haber estado demasiado tiempo enredada en complejas cuestiones teológicas, preocupaciones endogámicas y posturas inmovilistas o reaccionarias. Una operación estética que, para algunos, marca un viraje de rumbo, una nueva tendencia, una esperanza de renovación. Y es que son muchos los que creen que una variación en las formas provoca un cambio en el fondo. Un silogismo que resulta tan acertado como pensar que si Belén Esteban se opera de arriba abajo va a dejar de ser Belén Esteban (cosa que, por cierto, se ha demostrado falsa). Y es que ya lo dice el refrán: Aunque la mona se vista de seda...
Yo no voy a negar el mérito de la performance cosmética del Papa Francisco, quitando el maquillaje previo, eliminando impurezas y y maquillando a la Iglesia para mitigar el rechazo que sufría y sufre tanto por deméritos propios como por prejuicios ajenos. Pero, dicho esto, si alguien se preocupa por ir más allá del
gesto y la palabrería desplegada por el Pontífice, descubrirá que, tanto en las grandes cuestiones como en los grandes problemas que debe afrontar la Iglesia, el Papa Francisco o no se ha mojado de verdad o, si lo ha hecho, ha sido por meterse en un decepcionante charco (como su vergonzosa e hipócrita declaración sobre la pedofilia...). Cambiarlo todo para que todo siga igual, como decían en El Gatopardo.
gesto y la palabrería desplegada por el Pontífice, descubrirá que, tanto en las grandes cuestiones como en los grandes problemas que debe afrontar la Iglesia, el Papa Francisco o no se ha mojado de verdad o, si lo ha hecho, ha sido por meterse en un decepcionante charco (como su vergonzosa e hipócrita declaración sobre la pedofilia...). Cambiarlo todo para que todo siga igual, como decían en El Gatopardo.
Así las cosas, el Papa Francisco parece haber apostado por una via superficial, buenista y populista como salvoconducto para un Pontificado agradable y sin turbulencias. O, dicho de otra forma, el jesuita argentino parece haber apostado por una postura comodona, efectista y cobarde destinada a deleitar sólo a los ya convencidos cuando lo cierto es que, si la Iglesia quiere dar un auténtico cambio, no debe dirigirse a los convencidos sino a quienes esperan de la Iglesia al más que buenas palabras y viejas respuestas, esto es, a quienes nos encantaría que la Iglesia abandone esa postura acomodada en la retaguardia y pase a liderar la vanguardia en la lucha contra las exclusiones y en defensa de quienes, por cuestión de edad, sexo, ideología, sexualidad o credo, son víctimas de la maldad humana. Hubo un tiempo, hace muchos, muchos siglos (21 para ser exactos), en el que la Iglesia fue perseguida y criticada por su valentía, por transgredir, por integrar sin miedo, por ser abierta, por atreverse a marcar la diferencia, por ir un paso más allá, por ser y no por parecer. ¿Qué ha quedado de esto? Pues, de momento,ha quedado un Papa que cae más simpático pero que cambiar, lo que se dice cambiar, no ha cambiado nada.
martes, 11 de marzo de 2014
Diez, once
Hoy no habrá fuego ni hierro ni sangre. Hoy no habrá silencio ni sirenas ni gritos. Hoy no habrá ira ni pasmo ni piel de gallina. Hoy no nos levantamos a las puertas del infierno. Hoy sólo hay recuerdo de lágrima encendida para los que nos dejaron. Hoy sólo hay recuerdo de aplauso íntimo para quienes se cayeron y levantaron. Hoy sólo hay recuerdo para los que se lo ganaron.
Por eso, hoy, diez años después del atentado del 11-M, no quiero dedicar estas palabras a los políticos que estando a un lado y a otro del poder pensaron más en los votos que en los muertos. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que contribuyeron con su negligencia o con su malicia a servir a intereses distintos y distantes a los de la mayoría de la sociedad. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros del Poder Judicial que dejaron margen para la duda razonable. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos medios de comunicación y periodistas que alfombraron las tesis de quienes o bien querían conservar el poder o bien querían llegar a él como fuera y que allanaron el camino a la demagogia y la mentira, olvidando que el único compromiso de un periodista es con la verdad probada. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellas personas que aceptaron ser rebaño o turba. No. Hoy no voy a dedicar estas palabras a quienes demostraron que España es un país que sigue pensando en bandos. No voy a dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para pensar que España es un país que da asco.
Hoy quiero dedicar estas palabras a los que murieron. Y a quienes se los quitaron. Y a quienes se lanzaron a ayudar en medio del espanto. Y a quienes cumplieron con su trabajo salvando vidas. Y a quienes llenaron la Puerta del Sol para donar sangre. Y a quienes no se dejaron vencer ni por la rabia, ni por el miedo, ni por el engaño. Y a quienes trabajaron por buscar la verdad entre los escombros de la confusión y la mentira. Sí. Hoy quiero dedicar estas palabras a quienes no tuvieron, tienen ni tendrán que pedir perdón. Quiero dedicar estas palabras a quienes sí estuvieron a la altura. Quiero dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para creer que España es un país del que sentirse muy orgulloso.
sábado, 8 de marzo de 2014
Para ellas
Hoy es el Día Internacional de la Mujer, una efeméride forzada para romper, aunque sólo sea una jornada, el menosprecio o escaqueo al que se someten habitual y secularmente la situación y los méritos de la mujer, tanto dentro como fuera del trabajo.
Por eso, este post va para ellas. Para las mujeres. Y lo escribo sin la demagogia ni los tópicos con los que se suele despachar este asunto. Lo escribo desde la experiencia y el afecto y, por tanto, pensando en mujeres que conozco pero para todas aquellas que se puedan sentir identificadas.
Y es que estas palabras hoy van para quienes desde que salen hasta que regresan a la cama convierten el esfuerzo en una tarea cotidiana. Para quienes, con o sin nómina, trabajan indefinidamente en la sala de máquinas de la vida y las vidas. Para quienes no sólo te pueden dar la vida sino hacértela más fácil o más sencilla o más feliz. Para quienes defienden con hechos lo que otras sepultan en palabrería y slogans. Para quienes, con o sin empleo, siempre trabajan duro. Para quienes, siendo como son, dejan en pelotas los argumentos de los que preferirían vivir en la época de las cavernas. Para quienes escapan de las trampas y zancadillas con remitente femenino. Para quienes, pese a todo y todos, siguen en pie. Para quienes, no vistiéndose de superheroínas, son la constante firma a pie de
hazaña. Para quienes extender el tiempo y el espacio es parte de la rutina. Para quienes convierten una vivienda en un hogar. Para quienes, apareciendo detrás de los grandes hombres, siempre estarán por delante. Para quienes la retórica del "los y las" es un callejón sin salida donde dejarte violar por el ridículo. Para quienes no necesitan cuotas ni leyes para demostrar su valía. Para quienes no tiran la toalla por aquello en lo que creen y aquellos a los que quieren. Para quienes siempre están ahí porque nunca se van. Para quienes renunciar al egoísmo no implica renegar de la dignidad. Para quienes siempre te enseñan que "un paso más allá" es un buen sitio al que ir. Para quienes sostienen el mundo mientras otros se limitan a mirar o pasar de largo. Para quienes viven y hacen vivir. Para quienes siempre dan argumentos para estar en deuda con ellas.
Como decía, escribo estas líneas gracias a mujeres que he conocido o conozco tanto en el ámbito personal como en el familiar y profesional. Mujeres impresionantes y merecedoras de un cheque de afecto con muchos ceros a la derecha. También he conocido o conozco, tanto en el ámbito personal como en el familiar y profesional, a perfectas cabronas cuya mera existencia debería ser considerada un atentado contra el consumo de oxígeno. Gentuza que sólo vale para una cosa: amargar la vida. Pero esas mujeres no cuentan ni hacen mella para tener argumentos de sobra para, dentro y fuera de este blog, homenajear a todas las que, tengan o no trabajo, curran en la empresa más competitiva y exigente de todas: la felicidad.
sábado, 1 de marzo de 2014
El traje nuevo de Rajoy
Se acaba una semana marcada en España por el "debate sobre el estado de la nación", esa berrea parlamentaria que, año tras año, pierde cada vez más interés gracias al incansable esfuerzo de Gobierno y Oposición por convertirlo en un espectáculo vacío, endogámico e inútil destinado sólo a saciar el ego de los líderes políticos y el ansia lubricante de sus respectivos séquitos, demostrando bien a las claras que a los partidos políticos, sus grupos parlamentarios y sus líderes la ciudadanía les importa tres coj*nes.
Así las cosas, esa performance que ni es debate ni es diálogo ni es nada sólo sirve para una cosa: extraer argumentos con los que atizar merecidamente a tal o cual político (o a todos), como castigo por su decisivo papel a la hora de convertir este país en una puñetera vergüenza. Y es que el "infame sarao antes conocido como Debate sobre el estado de la nación" únicamente evidencia y refuerza la idea de que lo mejor que se podría hacer en el Congreso de los Diputados sería tirar de la cadena. Vamos, que los periodistas y cronistas parlamentarios allí destacados se exponen a un nivel de mierda mucho mayor que si estuvieran en Fukushima.
No obstante, cada edición reporta alguna inmundicia que destaca por encima del resto. La de este año no ha sido que el PSOE siga en caída libre o que IU siga apelando al idealismo y la demagogia como único recurso o que UPYD convierta la sensatez en oportunismo o que los nacionalistas catalanes prosigan con la gran estafa catalana o que los vascos hagan lo propio con su pantomima filoetarra. No. El premio este año se lo lleva Mariano Rajoy, líder del partido-Gobierno que:
Así las cosas, esa performance que ni es debate ni es diálogo ni es nada sólo sirve para una cosa: extraer argumentos con los que atizar merecidamente a tal o cual político (o a todos), como castigo por su decisivo papel a la hora de convertir este país en una puñetera vergüenza. Y es que el "infame sarao antes conocido como Debate sobre el estado de la nación" únicamente evidencia y refuerza la idea de que lo mejor que se podría hacer en el Congreso de los Diputados sería tirar de la cadena. Vamos, que los periodistas y cronistas parlamentarios allí destacados se exponen a un nivel de mierda mucho mayor que si estuvieran en Fukushima.
No obstante, cada edición reporta alguna inmundicia que destaca por encima del resto. La de este año no ha sido que el PSOE siga en caída libre o que IU siga apelando al idealismo y la demagogia como único recurso o que UPYD convierta la sensatez en oportunismo o que los nacionalistas catalanes prosigan con la gran estafa catalana o que los vascos hagan lo propio con su pantomima filoetarra. No. El premio este año se lo lleva Mariano Rajoy, líder del partido-Gobierno que:
- Ha hecho de la cobardía una directriz, de la mentira un estilo de vida y de la estupidez una filosofía.
- Ha traicionado a millones de votantes renunciando tanto a su programa electoral como a sus principios y señas fundamentales hasta el punto de ser irreconocible.
- Ha ¿afrontado? la crisis económica premiando a sus culpables (los bancos), dejando sin resolver los problemas estructurales y castigando a sus víctimas (exterminando económica y fiscalmente a la clase media), con la colaboración estelar del fulano faltón, prepotente e infame que se sienta en el Ministerio de Hacienda.
- Ha convertido al paro (especialmente juvenil) en Godzilla.
- Ha permitido que asesinos, violadores y delincuentes de la peor clase salgan a la calle.
- Ha purgado los medios de comunicación para arrinconar o extinguir cualquier disidencia mientras apoya a medios que confunden periodismo con propaganda.
- Ha devastado el acceso a la cultura.
- Ha forzado a emigar a la juventud y/o el talento.
- Ha transformado un partido sólido y carismático en una congregación de advenedizos sin mayor valía que babear ante el líder cuando toque.
- Y está dejando al país infinitamente peor que como se lo encontró (y mira que era difícil).
Sin embargo, no son esos méritos los que hacen a Mariano Rajoy merecedor del premio "Sinvergüenza 2014", sino, precisamente su absoluta falta de vergüenza a la hora de sacar pecho por una situación que, en el mejor de los casos, se sostiene por el
esfuerzo, el sufrimiento y la paciencia de millones de personas que no se sientan en el Consejo de Ministros ni poseen escaño en el Congreso ni tienen los sueldos de los banqueros y empresarios con los que el Gobierno juega al teto. Y es que Rajoy ha hecho gala (una vez más aunque acaso la más notoria) de que tiene respecto a la realidad el mismo problema que con las canas: como no le gusta, la tiñe. ¿Cómo? Forzándola, falseándola, sesgándola, pasando de ella...cualquier cosa que le convierta en lo que él se cree: el rey del mambo.
Lo de Rajoy este año en el debate ha sido tan demencial y faltón (a la verdad, a la sociedad y a la razón) que sólo puede explicarse (que no disculparse) por el hecho de que su mente sea como la del célebre emperador del cuento de Andersen que se paseaba orgulloso en pelotas creyéndose vestido elegantemente. El problema es que lo único que este tipo ha dejado en pelotas ha sido la esperanza. Y eso no es, por desgracia, ningún cuento.
sábado, 15 de febrero de 2014
A vueltas con el aborto
Una de las grandes polémicas de los últimos tiempos ha sido la muy controvertida Ley del Aborto del ministro Ruiz-Gallardón. Una cuestión muy delicada, como cualquiera que afecte directamente a la vida de una persona, como, por ejemplo, la eutanasia o la pena de muerte y que por dicha condición debería tratarse con prudencia, sensatez y empatía, algo que el ministro de cabellera púbica no ha demostrado.
Por eso, como en este embrollo hay varios puntos que analizar, iré uno por uno:
- Sobre el Ministro de Justicia: Me alegro profundamente de que Gallardón haya encontrado su tumba política en el esperpéntico e indignante gabinete de Mariano Rajoy. Un miserable oportunista, megalómano y egomaniaco no merecía otro fin que ahogarse en esa fosa séptica ministerial de la que se ha rodeado uno de los Presidentes del Gobierno más incapaces, desvergonzados, inútiles, cobardes y mentirosos que ha tenido España (en dura pugna con el esperpéntico Rodríguez Zapatero). Con todas las reformas que había y hay que hacer en materia de Justicia, mucho más importantes y prioritarias que la del aborto (acabar con la despolitización del Poder Judicial, modernizar el sistema judicial, reformar el Código Penal, evitar lo ocurrido con la doctrina Parot...), Gallardón ha preferido ir a lo ¿fácil? con tal de contentar a una parte del electorado popular (si es que queda alguno) con la excusa de que estaba en el programa electoral, el mismo programa, por cierto, que su jefe se ha pasado por el arco genital hasta la saciedad. Querer ser más papista que el Papa tiene estas cosas...
- Sobre el no nacido: Un aspecto capital del tema del aborto en nuestro país gira en torno a la idea u opinión que se tenga sobre el "no nacido" (es decir, sobre el individuo engendrado pero aún no parido). En este aspecto, todo el mundo debería saber o recordar que nuestro ordenamiento vigente considera que el "nasciturus" tiene todos los derechos (según el artículo 29 del Código Civil "efectos") "que le sean favorables", una consideración que, por cierto, viene desde la época romana. Lo digo pensando en todas esas personas que hablan del feto como si fuera un mero cacho de carne.
- Sobre el papel del Estado/Gobierno: Siempre he pensado y defendido que el Estado debe intervenir única y exclusivamente para asegurar el estado de bienestar, esto es, en materia de economía, educación, sanidad y seguridad
ciudadana. Dicho de otra manera: la actuación del Estado (o el Gobierno, que en la práctica es lo mismo) debe ser todo lo garantista que la sociedad demande para alcanzar las condiciones de desarrollo ideales para sus miembros. Ni más, ni menos. Lo que el Estado no debe hacer nunca es comportarse como si los ciudadanos fuéramos no sólo menores de edad sino además tontos del culo necesitados de que nos digan qué hacer y cómo. En ese sentido, pienso que el papel del Estado acaba donde empieza no sólo la libertad de los ciudadanos sino la conciencia de cada uno de ellos. Si el Estado/Gobierno toma decisiones que sólo competen a las personas está cometiendo un tremendo error, ya que su papel no consiste en decir a los ciudadanos qué hacer con su libertad, sino protegerla en todos los ámbitos y sentidos.
- Sobre las posturas extremistas: Partiendo de la premisa de que jamás se va a encontrar una buena solución en posturas extremas, hay que reconocer una obviedad: el tema del aborto está muy polarizado, por culpa de una interpretación un tanto talibán de la religión (por un lado) y de confundir churras con merinas (por otro), dando como resultado unas actitudes que oscilan entre la defensa a ultranza del feto en gestación y la defensa encendida de la madre gestante, olvidando tanto unos como otros que el aborto afecta directamente a dos personas: la madre y el "no nacido". Así
las cosas, creo que tanto los que defienden la vida con los ojos en blanco como las estúpidas tipo FEMEN y aledaños deberían recordar algo que no aparece ni en la Biblia ni en ningún libro de femenismo trasnochado: la virtud es actuar según el justo término medio entre dos actitudes extremas (Aristóteles).
- Sobre el aborto como método anticonceptivo: Hay gente que ve el aborto como un método anticonceptivo más y actúa en consecuencia. Gente que, en definitiva, debería hacérselo mirar y no el cigoto ni el feto precisamente.
Mi opinión sobre el aborto: Yo siempre defenderé toda decisión que favorezca tanto a la madre como al hijo. En ese sentido, creo que generalizar es un error descomunal, tanto como optar por planteamientos unilaterales. Cada caso y cada vida es distinta: generalizaciones, no gracias. No obstante, pienso que para evitar embarazos no deseados hay remedios de sobra (salvo que estemos hablando obviamente de violación) y, por eso, si se trata de atajar el número de abortos, mejor haría el Gobierno en facilitar o democratizar aún más el acceso y uso de los métodos anticonceptivos. Luego ya que entre en juego la conciencia y sensatez de cada cual. Por otra parte, considero aberrante querer parir a una persona con graves malformaciones que lo único que acarrearían sería dolor, angustia y sufrimiento. Dicho lo cual, la postura más acertada que he leído respecto a este delicadísimo tema la encontré en el blog El Escorpión, que hace ya unas semanas se hizo eco de una carta de Italo Calvino a Claudio Magris en 1975 y de la que reproduzco un extracto:"(...)Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. De otro modo, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se convierte -lo cual ya ocurre- en lo más parecido a una madriguera de conejos. Una madriguera constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.
Sólo aquellas personas que están convencidas al cien por cien de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. De no ser el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante (...)".
viernes, 14 de febrero de 2014
Año 33
Si tu vida puede cambiar en un segundo, qué no podrá pasar en todo un año. Y eso es lo que ha sido mi año 33: doce meses de cambio, de transformación, de revolución tranquila, de renovación, de reinvención. Por eso, ahora que ya los 33 quedan en el retrovisor desde la pasada medianoche, es un buen momento para repasar el que quizás haya sido uno de los años más intensos, imprevisibles e importantes de quien esto escribe.
La principal y más sorprendente novedad que me reservó este año ya pasado fue mi salida de la empresa en la que llevaba trabajando casi una década. Un cambio causado por una traición que, como toda traición que se precie, no pudo ser más vil, interesada, cobarde y mezquina. Un cambio inesperado, inmerecido, injusto e injustificable...pero que me sirvió para dejar atrás, con la conciencia bien tranquila y la mirada bien alta, un lugar en el que había demostrado todo lo que tenía que demostrar y donde la escasez de buenas personas era y es la carta de presentación de un microcosmos malsano en el que la honradez, el esfuerzo y la valía humana y profesional cotizan a la baja. Por todo ello, pese al rencor por la traición y al dolor por la fractura, conforme han pasado los meses estoy satisfecho con el cambio puesto que, aunque me ha sumido en la cruel aventura del desempleo, me ha permitido tener la motivación y el tiempo suficientes para afrontar otros proyectos, compartir más momentos con la gente a la que quiero y conservar tres cosas que, de haber permanecido en aquella empresa, habría acabado por perder: la identidad, la dignidad y la ilusión. Así que, aunque suene paradójico, lo que inicialmente fue una experiencia bastante traumática y negativa se ha convertido en una impagable oportunidad para crecer, mejorar e ir un paso más allá. No hay mal que por bien no venga. Y ese mal me ha venido muy pero que muy bien.
Y me ha venido verdaderamente bien porque es una gran verdad aquello de que para que algo nuevo nazca lo viejo tiene que morir. Quizás por ello las otras novedades (las netamente positivas) del año 33 vinieron a raíz de lo que acabo de comentar: empezar una nueva carrera y por la UNED; iniciar un nuevo e interesantísimo curso en la ECH; acabar la novela que estuve escribiendo durante meses; comenzar una serie de colaboraciones semanales con una revista; tener más tiempo para mis seres queridos...Una vida no se cambia estando quieto y un camino no se recorre mirando hacia atrás.
En el plano más íntimo y personal, el 33 ha sido un año muy intenso, duro y difícil, lleno de contrastes y del que he obtenido dos conclusiones: La primera es que los verdaderos triunfos, los que marcan y definen la vida de una persona, no son una lista de "hitos por cumplir" fijada en función de expectativas, estándares o convenciones sociales, sino que están hechos de pequeñas victorias cotidianas ante lo inesperado. La segunda conclusión (y más importante si cabe) es que la felicidad todo lo puede. Y yo, si soy algo actualmente, es feliz. Y eso, por suerte para mí, no es algo que se consiga solo.
Por eso, echando la vista atrás, no soy la misma persona que hace un año...ni falta que hace: soy y me siento mejor que nunca. Algo que espero poder aumentar, disfrutar y compartir en este año 34 al que sólo le pido dos cosas: mucha salud y una pizca de suerte.
jueves, 13 de febrero de 2014
La Infanta enamorada
Hasta la fecha, la instrucción del caso Nóos está dejando bien claras tres cosas: Primera, el ex balonmanista es un golfo al que le sobra la condición de "presunto". Segunda, las únicas personas decentes en todo este embrollo son el juez Castro y la acusación popular. Y tercera, la Infanta está enamorada. Enamorada, sí. Que además de enamorada sea una imprudente con facultades mentales mermadas (por amor) o bien una auténtica desvergonzada es algo que tendrá que decidir el juez, porque sólo caben esas opciones: o bien estaba y está tan enamorada del ex trabajador de Telefónica que habría firmado su sentencia de muerte si se la hubiera dado a firmar el Duque Em-Palma-do o bien tiene una jeta con la que se debería fabricar el fuselaje de naves espaciales.
Por lo demás, yo no sé a qué viene la sorpresa e indignación con las que se está reaccionando respecto a este asunto y la actuación de unos y otros. De verdad, no hay nada nuevo bajo el sol:
- La Infanta ha actuado como corresponde a quien se sabe miembro de una institución que, pese a ser un auténtico ornamento (ahí está la Constitución española para recordarlo), está protegida por la inviolabilidad y la irresponsabilidad constitucionalmente fijadas para el monarca y que en la práctica, gracias a la pervivencia de una mentalidad servil y cortesana, han derivado en una tácita impunidad para la Casa Real al completo. El problema de actuar con esa "naturalidad" (llámese seguridad, arrogancia, suficiencia, despreocupación...) es que está poniendo las cosas aún más difíciles a los únicos que pueden devolver el prestigio y reconocimiento social a la Monarquía: los Príncipes de Asturias.
- La actuación del Estado, empezando por el Gobierno, pasando por Hacienda y acabando por la Fiscalía, ha sido y está siendo pura y llanamente cortesana. Una delirante competición por hacer méritos ante el Rey a base de pasarse por el arco genital cualquier disimulo a la hora de intentar desvincular a la Infanta y aledaños de todo lo que hacía "Iñaki", les ampare o no la realidad en tal empeño. Una demencial actuación que ha llevado a Hacienda a dar por buenas facturas que no lo eran (si eso lo hace un autónomo cualquiera, aún le estarían curando el desgarro anal) o a la Fiscalía a actuar como defensa y no como acusación, por citar sólo los ejemplos más famosos. Una zarzuela de despropósitos que lo único que ha puesto de relieve es el lameculismo borreguil, el gregarismo institucional y la inmadurez democrática que sufre España desde hace siglos.
- La prensa está actuando según lo esperado: unos medios defendiendo lo indefendible (con La Razón a la cabeza a la hora de hacer el más indignante ridículo) y otros haciendo lo más parecido al periodismo serio que podemos tener en este país (con El Mundo como espolón de proa). Un espectáculo bochornoso del que sólo se puede sacar en claro una cosa: hay ¿periódicos? que habría que imprimir directamente en papel higiénico para que por lo menos tuvieran una utilidad social.
Lo único que sí ha sorprendido(y para bien) ha sido la honradez, imparcialidad y valentía profesional del juez Castro, que ha aguantado y está aguantando ataques, jugarretas y presiones de todas partes con tal de demostrar que, en España, la injusticia no es igual para todos. Y es que Castro constituye, junto al juez Ruz y la jueza Alaya, el último tren para la Justicia en este país en el que la inocencia está menos favorecida jurídicamente que la culpabilidad (cuando no directamente perjudicada) y en el que cuanto más poder tienes, menos tienes que temer de los jueces, aunque seas un perfecto hijo de puta.
Así las cosas, habrá que seguir muy atentamente el desenlace de este follón judicial puesto que en este caso lo que está en juego esencialmente es el minúsculo crédito que le queda tanto a la Monarquía como al Estado y la Justicia. Un crédito ridículo y menguante que, por desgracia, no parece importar a ninguno de los implicados (y responsables). Quizás porque ellos forman parte del problema y no de la solución.
martes, 11 de febrero de 2014
Decíamos ayer...
Es curioso que haya pasado justo un año desde que escribí por última vez en este blog. Una mera curiosidad a pie de página de doce meses llenos de cambios y novedades tanto en lo puramente noticiable y reseñable como en lo estrictamente personal y privado y que han transformado tanto el mundo que veía como mi forma de verlo. La mirada cambia cuando lo hace tanto lo que se ve como quien lo ve. Eso es exactamente lo que ha pasado.
Y, ahora que retomo esta ventana desde la que asomarme y mostrarme mientras cuento, digo y pienso, no puedo prometer más que no escribir nada que no piense.
Así pues, tanto si en este reinicio me acompañan quienes ya lo hacían antes como si se suma nueva gente por primera vez, sed todos bienvenidos a esta aventura, viaje, crónica, atalaya y refugio que ha sido siempre este blog.
El ayer queda atrás. Es hora de hablar. Se acabó el silencio.
lunes, 11 de febrero de 2013
Renunciatus VI
"Lo dejo", "Me voy", "No puedo más", "Ahí os quedáis", "Dimito", "Renuncio", "Desisto", "Paso", "Yo me bajo aquí", "Que pase el siguiente", "No contéis conmigo", "Que lo haga otro", "Me piro", "Chao", "Nos vemos"... Dios se acaba de quedar sin jefe de prensa. El Papa Benedicto XVI se prejubila, por voluntad propia. El anuncio-renuncia, honesto, valiente e inesperado a partes iguales (la honestidad es un acto de valentía actualmente inesperable), ha conseguido, como no podía ser menos, un milagro: que nadie hable de política ni economía hoy.
Benedicto XVI ya no puede más, al menos con la Iglesia, y no me extraña. Tras ocho años de pontificado, deja el papelón a otro, porque, sinceramente, el puesto de Papa hace tiempo que dejó de ser el chollo proverbial que era para convertirse en una piñata, en una diana, en un puteo de baja intensidad, por toda la tela que tiene para cortar y la mierda que hay para limpiar. Eso desgasta a cualquiera, por muchas ganas que le pongas, como venía evidenciando el aspecto físico de Benedicto XVI en los últimos años, más cercano al del Emperador Palpatine que al de un hombre sano.
De todos modos, pese a la sorpresa, el hecho en sí no supone un hito histórico, en la medida en que antes que él ya hubo cinco Renunciatus: Clemente I, Ponciano, Silverio, Celestino V y Gregorio XII dejaron en vida el cargo (por diversas razones). No obstante, no deja de ser chocante cómo en una institución milenaria y tradicional como pocas alguien en su posición decide salirse del guión e ir por libre. Máxime si es un Papa que, de puro conservador, muchos pensaban que le tendrían que quitar del Vaticano con espátula.
Así las cosas, la noticia no es tanto que el Vaticano huele a casting como el incierto futuro de una institución/comunidad/religión que parece abocada a decidir entre colgar el cartel de "Cerrado por cese de actividad" o bien el de "Próxima reapertura". Veremos qué pasa...
lunes, 28 de enero de 2013
Mediocridad y empresa
Hace unos días leí un artículo tan provocador como interesante que ponía negro sobre blanco una realidad de nuestro tiempo: las empresas no están interesadas en el talento. El post se hacía eco en su mayor parte de otro del empresario y gurú norteamericano James Altucher, en uno de cuyos párrafos más destroyers y no por ello menos cierto decía que las empresas actualmente están especializándose en destruir las aspiraciones profesionales de sus empleados más talentosos, responsables y esforzados. Cito: "In other words, his main job was to destroy the career aspirations of
his most talented people, the people who swore their loyalty to him, the
people who worked 90 hours a week for him. If they only worked 30 hours
a week and were slightly more mediocre he would’ve been happy. But he
doesn’t like you. He wants to you stay in the hole and he will throw you
a meal every once in awhile in exchange for your excrement". O, dicho de otra manera, que cuanto mejor seas, peor pinta tu futuro en la empresa. Es decir, que cuantas mejores ideas tengas, cuantas más horas dediques a realizar un trabajo de calidad para tu empresa y cuanto más responsale seas con tu cometido, peor te va a ir. ¿El mundo al revés? Totalmente, pero no por ello menos verosímil, por desgracia.
Cada día que pasa estoy más convencido de que en el mundo en general y en España en particular, la gente con talento (especialmente si es joven) tiene dos alternativas y las dos difíciles: O bien montárselo por su cuenta o bien irse fuera. ¿Alternativas a qué? Pues a seguir trabajando en una empresa (sea cual sea su tamaño y ámbito de actividad) donde lo único que les importa es que seas un pelele dispuesto a sacrificar tu personalidad, capacidad, ideas y dignidad con la mejor de las sonrisas, so pena de irte a la empresa más multinacional más grande del mundo y que en España cuenta con casi seis millones de personas en nómina."O trabajas como a mí me salga de los cojones o a la puta calle". Así las cosas, la "fuga de cerebros" es la única alternativa real y decente a la "vendimia de cerebros", por la propensión al pisoteo del talento que muestran algunas empresas. Y es que a la ya proverbial falta de oportunidades se ha añadido un nuevo obstáculo: la falta de consideración.
Hoy en muchas empresas, una persona con talento lo tiene mucho más difícil que una persona mediocre. ¿Qué se puede entender por "mediocre"? Pues a cualquier persona que no tiene la formación, el talento o la dignidad mínima para hacerse valer profesional y personalmente en su trabajo y que sustituye esas carencias por un servilismo descarado, una mentalidad mercenaria y una habilidad excepcional tanto para lamer el culo y alabar gilipolleces como para traicionar sus ideas y lealtades si con ello conserva o mejora su situación en la empresa ("Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros"). Son esas personas a las que si un superior les cagara en la cara reaccionarían diciendo: "Qué rico está este chocolate, oiga". Son individuos poco problemáticos en tanto que, como decía antes, nunca se harán valer ni están en condiciones intelectuales de hacer sombra a un superior (y a casi nadie) y que son fácilmente despachables con un sueldo o un cometido ridículos. El problema llega cuando a esas personas, a las mediocres, se las premia con sueldos y cargos muy superiores a los del resto, especialmente, a los de las personas con talento. Ahí ya se deberían encender las alarmas...pero no se encienden. ¿Por qué? Por dos razones, principalmente. Una, porque la situación es tan dramática que muchas personas están dispuestas a soportar eso con tal de tener un trabajo. Y dos, porque se ha extendido por demasiadas empresas una cultura donde la excelencia y el talento son considerados algo caro y/o subversivo. La mediocridad es un recurso abundante, barato y tranquilizador o al menos ese es el mensaje que se está lanzando. Así que el mensaje que se lanza actualmente desde algunas empresas está bastante claro: cuanto más inútil y desvergonzado seas, tu situación profesional pinta tan bien como la de cualquier enchufado.
Por todo ello, actualmente la plantilla de muchas empresas, nacionales e internacionales, se podría dividir en tres grupos: la gente con talento (que no sabe qué pinta allí), la gente a la que no le queda más remedio (que aguanta por hipoteca o situación familiar) y la gente mediocre (que son el alma mater de esas empresas).
Si antaño se abogaba por el esfuerzo, la constancia, el mérito, la calidad y la personalidad, hoy se prefiere el camino fácil, el atajo, el mínimo esfuerzo, la tranquilidad del pantano, la supervivencia del "como sea". Hoy se dedica más tiempo a barnizar egos, premiar enchufes, regatear la conciencia y mercadear con favores que a cuidar, promover, valorar y confiar en las personas con potencial, talento y ganas. Hoy a sinvergüenzas y/o cretinos notorios se les "premia" profesionalmente. Hoy parece prevaler la norma del "cuanto peor seas, más futuro tienes". Hoy se ha olvidado que la competitividad sin excelencia es lo mismo que el progreso sin riesgo: nada. Así pasa lo que está pasando: que muchas empresas, tanto fuera como dentro de España, caminan directamente hacia la nada, hacia la mediocridad, hacia la mierda. Y a pocos parecen importarle, quizás porque su salario tiene los dígitos suficientes para silenciar la vergüenza.
En una época como la actual, donde todo parece sacado de una pesadilla cutre e insoportable, el ámbito laboral no iba a ser menos. Puto mundo éste que parece obligarte a elegir entre acostarte con la conciencia tranquila o tener un sueldo. Lo único bueno de todo esto es que aún hay excepciones, trabajos donde importan las personas, empresas que cuenten con el talento. El reto: encontrar esas excepciones y si no...crearlas.
Cada día que pasa estoy más convencido de que en el mundo en general y en España en particular, la gente con talento (especialmente si es joven) tiene dos alternativas y las dos difíciles: O bien montárselo por su cuenta o bien irse fuera. ¿Alternativas a qué? Pues a seguir trabajando en una empresa (sea cual sea su tamaño y ámbito de actividad) donde lo único que les importa es que seas un pelele dispuesto a sacrificar tu personalidad, capacidad, ideas y dignidad con la mejor de las sonrisas, so pena de irte a la empresa más multinacional más grande del mundo y que en España cuenta con casi seis millones de personas en nómina."O trabajas como a mí me salga de los cojones o a la puta calle". Así las cosas, la "fuga de cerebros" es la única alternativa real y decente a la "vendimia de cerebros", por la propensión al pisoteo del talento que muestran algunas empresas. Y es que a la ya proverbial falta de oportunidades se ha añadido un nuevo obstáculo: la falta de consideración.
Hoy en muchas empresas, una persona con talento lo tiene mucho más difícil que una persona mediocre. ¿Qué se puede entender por "mediocre"? Pues a cualquier persona que no tiene la formación, el talento o la dignidad mínima para hacerse valer profesional y personalmente en su trabajo y que sustituye esas carencias por un servilismo descarado, una mentalidad mercenaria y una habilidad excepcional tanto para lamer el culo y alabar gilipolleces como para traicionar sus ideas y lealtades si con ello conserva o mejora su situación en la empresa ("Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros"). Son esas personas a las que si un superior les cagara en la cara reaccionarían diciendo: "Qué rico está este chocolate, oiga". Son individuos poco problemáticos en tanto que, como decía antes, nunca se harán valer ni están en condiciones intelectuales de hacer sombra a un superior (y a casi nadie) y que son fácilmente despachables con un sueldo o un cometido ridículos. El problema llega cuando a esas personas, a las mediocres, se las premia con sueldos y cargos muy superiores a los del resto, especialmente, a los de las personas con talento. Ahí ya se deberían encender las alarmas...pero no se encienden. ¿Por qué? Por dos razones, principalmente. Una, porque la situación es tan dramática que muchas personas están dispuestas a soportar eso con tal de tener un trabajo. Y dos, porque se ha extendido por demasiadas empresas una cultura donde la excelencia y el talento son considerados algo caro y/o subversivo. La mediocridad es un recurso abundante, barato y tranquilizador o al menos ese es el mensaje que se está lanzando. Así que el mensaje que se lanza actualmente desde algunas empresas está bastante claro: cuanto más inútil y desvergonzado seas, tu situación profesional pinta tan bien como la de cualquier enchufado.Por todo ello, actualmente la plantilla de muchas empresas, nacionales e internacionales, se podría dividir en tres grupos: la gente con talento (que no sabe qué pinta allí), la gente a la que no le queda más remedio (que aguanta por hipoteca o situación familiar) y la gente mediocre (que son el alma mater de esas empresas).
Si antaño se abogaba por el esfuerzo, la constancia, el mérito, la calidad y la personalidad, hoy se prefiere el camino fácil, el atajo, el mínimo esfuerzo, la tranquilidad del pantano, la supervivencia del "como sea". Hoy se dedica más tiempo a barnizar egos, premiar enchufes, regatear la conciencia y mercadear con favores que a cuidar, promover, valorar y confiar en las personas con potencial, talento y ganas. Hoy a sinvergüenzas y/o cretinos notorios se les "premia" profesionalmente. Hoy parece prevaler la norma del "cuanto peor seas, más futuro tienes". Hoy se ha olvidado que la competitividad sin excelencia es lo mismo que el progreso sin riesgo: nada. Así pasa lo que está pasando: que muchas empresas, tanto fuera como dentro de España, caminan directamente hacia la nada, hacia la mediocridad, hacia la mierda. Y a pocos parecen importarle, quizás porque su salario tiene los dígitos suficientes para silenciar la vergüenza.En una época como la actual, donde todo parece sacado de una pesadilla cutre e insoportable, el ámbito laboral no iba a ser menos. Puto mundo éste que parece obligarte a elegir entre acostarte con la conciencia tranquila o tener un sueldo. Lo único bueno de todo esto es que aún hay excepciones, trabajos donde importan las personas, empresas que cuenten con el talento. El reto: encontrar esas excepciones y si no...crearlas.
viernes, 25 de enero de 2013
...más que mil artículos
En ocasiones, se cumple aquello de vale más una imagen que mil palabras. En este caso, gracias a El Jueves, una ilustración vale más que mil artículos. Por eso, no hace falta decir más.
sábado, 12 de enero de 2013
Amor. Haneke. Vida. Genio
Hay películas que te acompañan siempre una vez las ves. Anoche vi una de ellas: Amor de Michael Haneke. Al salir del cine, uno entiende no sólo el palmarés que tiene (Palma de oro en Cannes, cuatro Premios del Cine Europeo, un Globo de Oro, cinco nominaciones a los Óscar...) o la fama de tótem cinematográfico de su director, sino por qué el cine es un arte y, en ocasiones como ésta, algo más que eso. Quizás porque Amor es todo lo que cabe esperar del cine como arte y todo lo que cabe esperar de la vida como tal. Punto.
Dirigido y escrito por el propio Haneke, el film cuenta el desenlace de una vida y la apoteosis de un amor a través de los últimos meses de Georges y Anne, una vieja pareja de antiguos profesores de música, interpretados más allá de lo magistral por Jean-Luis Trintignant y Emmanuelle Riva, quienes ven cómo la vida y la muerte dinamitan su cotidianidad a través de una enfermedad degenerativa e incurable que, desarrollando Anne, sufren ambos dramáticamente. Ya sea desde el punto de vista técnico, narrativo, interpretativo o emocional, decir que Amor es una obra maestra es tal vez quedarse corto. Las impresionantes interpretaciones, los personalísimos encuadres que sólo se permiten grandes como Haneke, el insuperable manejo de la narración (comienzo y final se remiten mutuamente, las elipsis son acertadísimas para ir a lo esencial sin perjudicar la historia, el excelente manejo del doble nivel contar/decir, el logro de insinuar mucho con muy poco...), la fría luz que baña toda la película, un guión donde tan devastadores y brillantes son los silencios como algunas frases simplemente inolvidables...nada queda al azar en esta película y, por eso, su éxito es cualquier cosa menos casual o arbitrario.
Impresionante, intimista, conmovedora, elegante, contundente, poética, cruda, tierna, clara, sugerente, personal, universal, sutil, directa, sensible, dura...Amor es una película demoledoramente humana que sin ser grandilocuente resulta grandiosa. Contiene y muestra todos los sentimientos, las emociones y la contradicciones que hay en la vida. Es una película que habla de la vida desde la muerte, de la felicidad desde el sufrimiento, del amor desde el dolor, de la presencia desde la ausencia, del todo desde el vacío. Es pura y absoluta vida.
Pero, por encima o aparte de todo, Amor es una película que, mostrando las relaciones y reacciones humanas, responde a dos de las grandes cuestiones que se hace cualquier persona: qué es el amor y qué es la vida.
¿Qué es el amor? El amor es todo lo que nos queda cuando todo lo demás se ha ido. El tesoro que descubrimos en la pérdida y las pérdidas. El último refugio de la condición humana. La frontera. La sonrisa en la navaja. La verdadera obra de arte a la que puede aspirar cualquier persona. Atreverse con lo impensable. Darse a otra persona hasta que sólo estés en ella. La renuncia definitiva. Conocerse y descubrirse en el otro. La fortaleza en la devastación. Lo que define la vida y las vidas que caben en ella. El mayor de los esfuerzos para saborear un segundo. La entereza ante la existencia. Lo es todo en la nada. La prueba constante y el desafío irrenunciable. El gran triunfo de los héroes anónimos. La lucha por la certeza. El significado para todo aquello que no tiene palabras. El espacio comprendido entre la lágrima y la risa. Silencio y trueno. La dignidad de la hiel y la derrota. El paso más allá. Toda la vida con la que llenamos cada día.
¿Qué es la vida? La vida es lo que hacemos ante la muerte y antes de la muerte. Nuestra respuesta a la única certeza. La sorpresa a traición. El arte de retrasar lo inevitable. El camino al final del cual nos descubrimos. El striptease de la verdad. El silencio después de la melodía. El conjunto de pequeños detalles con los que construimos nuestra fragilidad. Un castillo de naipes de cristal. El fuego cruzado entre lo que creemos saber y lo que creemos querer. La más maravillosa de todas las putadas.
¿Qué es Amor? Un canto de vida y muerte. Una magistral película para la que ya no me quedan palabras. Sólo ideas, sensaciones, sentimientos y algunas lágrimas.
martes, 8 de enero de 2013
Zero Dark Thirty: Oscuras victorias
Por fin he visto una de las películas más esperadas de la temporada: Zero Dark Thirty, la polémica, tensísima, minuciosa y apabullante adaptación al cine de la caza (en todos los sentidos) del mayor hijo de puta de nuestro tiempo: Osama Bin Laden (de cuya muerte ya hablé en otro artículo en su día).
La película, dirigida por la oscarizada Kathryn Bigelow, fusiona varios géneros (drama, acción, bélico, thriller, espionaje y documental) para contar con todo lujo de detalles, una honradez muy valiente y un pulso acojonante cómo la búsqueda de un paria de Al Qaeda desembocó en una de las operaciones militares más secretas e importantes de toda la historia: la que acabó con el líder terrorista sirviendo de alimento para peces. Así, las dos horas y media que dura Zero Dark Thirty se pasan casi volando por el interés de lo que cuenta, por la intensidad con que se cuenta y por esa curiosa estructura fragmentada en pequeños capítulos o bloques que concede algunos segundos de respiro al espectador en un metraje en el que la tensión avanza implacable en creciente espiral hasta el clímax final. Un clímax de especial interés ya que muestra con gran verosimilitud (en líneas generales) lo que sólo muy pocos vieron y todo el mundo se imaginó: cómo se mató a Bin Laden.
Dejando a un lado el innegable valor que Zero Dark Thirty tiene como obra de ¿ficción? y como producción de cine (encontrarle algún "pero" es ponerse demasiado estupendo), para mí esta película es pura dinamita por la honradez y crudeza con la que cuenta las cosas, para bien y para mal, levante o no ampollas (como ya está ocurriendo, por cierto). Es una película seria, madura, equilibrada y honesta. Huye tanto del patriotismo como del patrioterismo, huye de un planteamiento maniqueo para reflejar un mundo donde todos los personajes se mueven en claroscuros, huye de distraerse con los fuegos artificiales para explorar las laberínticas cloacas del poder, huye del efectismo para centrarse en el drama íntimo (especialmente remarcado en el final de la cinta que nos evoca al de En tierra hostil)...en definitiva, huye de lo fácil para contar una historia con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de un artista. Por citar dos momentos auténticamente ejemplares del talento de la directora: el inicio, con pantalla en negro, en el que el horror nos pone de pelos de punta con diversas llamadas procedentes del trágico 11-S, y el desenlace, donde el audio se pierde para dejar que hablen sólo las imágenes reflejando la soledad y el horror interior de la protagonista.
Además de todo lo dicho, Zero Dark Thirty es interesante y singular por contar una historia ya de fama universal(la caza de Bin Laden) a través de pequeñas historias íntimas y casi anónimas (especialmente la de Maya, magistralmente interpretada por Jessica Chastain). Y es una película necesaria por lo que se te queda retumbando en la cabeza una vez terminas de verla: Zero Dark Thirty, es una película que cuenta oscuras victorias: la de una mujer en un mundo de hombres, la de una verdad en un mundo de secretos, la de la constancia en un mundo de urgencias, la de la convicción en un mundo de incertidumbres, la de la venganza en un mundo donde la justicia pierde todas las batallas, la de los hechos en un mundo donde las palabras son añicos, la de personas incompletas en un mundo de ausencias y vacíos, la del fin sobre los medios, la del horror sobre el terror. Victorias que representan el mundo en que vivimos y que, nos guste o no, son necesarias. Como películas como Zero Dark Thirty, que, en el fondo, de lo que de verdad habla, no es de la caza de Bin Laden sino de algo mucho más profundo, íntimo e incómodo.
jueves, 3 de enero de 2013
¡Rompe Ralph! Una película que da mucho juego
Rompe Ralph. Ya era hora de que el cine homenajeara debidamente al mundo de los videojuegos y dejara de perpetrar aberrantes adaptaciones. Rompe Ralph. Ya era hora de que Disney demostrara que le ha cogido el truco en forma y fondo a eso de la animación por ordenador. Todo eso y mucho más es la última producción de la factoría del ratón más famoso del mundo. Un film que pretende ser a los videojuegos lo que Shrek a los cuentos de hadas...y lo consigue.
La película, en la que se nota la sensacional mano en la sombra de John Lasseter, cuenta la historia de un personaje de videojuego, Ralph, cansado del rol que la vida parece haberle asignado como "villano" en el juego Repáralo Félix (que, por cierto, recuerda bastante al primer Donkey Kong)ya que no se siente respetado ni valorado. Para ello, emprende un viaje (el del héroe, nunca mejor dicho) por otros videojuegos para demostrar su valía...
Como tributo al universo de las máquinas recreativas y los juegos de ordenador y consola, Rompe Ralph es, ya desde sus geniales créditos "retro", toda una gozada para quienes, como yo, somos amantes de los videojuegos. La película está plagada de guiños a muchísimos juegos (Pacman, SuperMario, Mario Kart, Donkey Kong, Sonic, Call of Duty, Medal of Honor, Halo, Gears of War, Street Fighter, Mortal Kombat, Resident Evil, Zelda...) y géneros (acción, bélico, shooter, arcade, plataformas, lucha, carreras, aventura, survival horror, rol...), así como a otros componentes del universo friki (esa respiración de Darth Vader...). También Rompe Ralph es un homenaje bastante entrañable a todo los cacharros que han sido la puerta de acceso a esos mundos de diversión: desde las máquinas recreativas ochenteras hasta las consolas (especialmente a esas que ya nos parecen prehistóricas como la Gameboy). Por todo ello, la película es un excelente y cariñoso repaso a la historia de los videojuegos, con algunas dosis de crítica que no por sutil deja de ser crítica (la evolución violenta de los juegos).
Pero es que, como decía, Rompe Ralph es además la confirmación de que (por fin) Disney sabe cómo hacer películas de animación por ordenador que no estén a años luz de las de su filial Pixar. Está un punto por debajo de la excelencia técnica y la intensidad adulta de los grandes títulos de Pixar, quizá debido a que Rompe Ralph se apega demasiado a su target infantil. Sin embargo, es el único defecto que se le puede poner a una película que, además de un apartado técnico más que notable, nos regala lo que cabe esperar de un título de Disney: unos personajes ciertamente entrañables (especialmente, para mí, Vanellope von Schweetz), una historia con final feliz y mensajes-moralejas bastante interesantes para todos los públicos.
En relación con esto último, con las lecciones que deja la película en la cabeza del espectador, hay cuatro que parecen estar bastante claras: El egoísmo conduce a la soledad; para ser felices tenemos que aprender a aceptarnos como somos; nuestro papel en la vida lo elegimos nosotros y el verdadero reconocimiento nunca llega del exterior sino del interior. Una moralina que tal vez a los más pequeños se les escape, pero no a los mayores. Y se agradece, porque vivimos en una época en la que parecemos obligados a ser y hacer lo que otros quieren y en la que la gente se mata por colgarse medallas...
En definitiva, Rompe Ralph es una película muy entretenida, que cumple con nota en todos los aspectos, que hará las delicias de los amantes de los videojuegos y que constituye uno de los mejores pasatiempos para estas vacaciones navideñas. ¡Bien por Ralph!
miércoles, 2 de enero de 2013
Lección de mago
"En realidad, no existe la gente normal y corriente. Todos tenemos el poder de ser extraordinarios, sin importar de dónde venimos ni las circunstancias. Es cuestión de creer. Algunos piensan que es imposible cambiar el futuro pero, en realidad, el futuro es lo que todos hacemos". Esta observación, tan sencilla como ilusionante, no la ha dicho ningún gurú de libros de autoayuda ni ningún pensador de esos que cobran un pastón por cada segundo de su tiempo ni una estrella musical o cinematográfica. La ha dicho Steven Frayne o, como mejor es conocido, Dynamo, el Mago. Un mago, tal cual. O quizás algo más porque, viéndolo en acción, cualquiera diría que Dynamo es un superhéroe, un mutante o alguien venido de otro planeta. Lo cierto es que es un chaval nacido hace 32 años en la localidad inglesa de Bradford y se llama, como digo, Steven Frayne. De haber nacido hace 2013 años en la localidad judea de Belén se llamaría Jesús de Nazaret. Caminar sobre las aguas, dar la vida a algo que no la tiene, manipular los elementos, transmutar sustancias, vaticinar acertadamente sucesos del futuro, conocer lo que está en tu mente, arreglar algo que aparentemente no tiene remedio, congregar todo tipo de gentes a su alrededor, lanzar un mensaje optimista y conciliador...este chico tranquilo y sencillo de
aspecto enclenque y enfermizo (padece la enfermedad de Crohn) es capaz de hacer cosas que ni siquiera la imaginación más creativa es capaz de explicar o prever y lo hace con una naturalidad y modestia verdaderamente convincente. Convierte lo imposible en algo cotidiano. No hay sofisticación ni falsa modestia ni paripé en nada de lo que hace este mago-ilusionista-mentalista-genio. Y creo que eso, unido a la espectacularidad de sus hazañas (ya sean grandes o pequeñas), son las claves de su éxito, que hoy disfrutamos en España gracias al canal Discovery Max y a Youtube.
aspecto enclenque y enfermizo (padece la enfermedad de Crohn) es capaz de hacer cosas que ni siquiera la imaginación más creativa es capaz de explicar o prever y lo hace con una naturalidad y modestia verdaderamente convincente. Convierte lo imposible en algo cotidiano. No hay sofisticación ni falsa modestia ni paripé en nada de lo que hace este mago-ilusionista-mentalista-genio. Y creo que eso, unido a la espectacularidad de sus hazañas (ya sean grandes o pequeñas), son las claves de su éxito, que hoy disfrutamos en España gracias al canal Discovery Max y a Youtube.
De todos modos, mi intención con este artículo no es elogiar ni promocionar a Dynamo sino hacerme eco de esa reflexión con la que comenzaba. Estando a comienzos de año y en un estado de depresión como el que llevamos sufriendo los últimos años, palabras así son pura magia a la hora de hacerte recobrar el ánimo y la fe. Estoy de acuerdo en que el futuro es lo que todos hacemos o, por desgracia en algunas circunstancias, lo que nos dejan hacer, pero también pienso que, efectivamente, se pueden cambiar las cosas, empezando por el futuro, si se cree en ellas y en uno mismo. Así que, para este año que comienza, mi gran propósito es creer y hacer, porque creo que, hasta la fecha, esas palabras de Steven Frayne son la mejor receta contra la crisis o, en general, contra cualquier crisis, que he oído nunca. Imaginar, creer, hacer: lo dicho, pura magia...en unos tiempos muy necesitados de ella.
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