sábado, 15 de febrero de 2014

A vueltas con el aborto

Una de las grandes polémicas de los últimos tiempos ha sido la muy controvertida Ley del Aborto del ministro Ruiz-Gallardón. Una cuestión muy delicada, como cualquiera que afecte directamente a la vida de una persona, como, por ejemplo, la eutanasia o la pena de muerte y que por dicha condición debería tratarse con prudencia, sensatez y empatía, algo que el ministro de cabellera púbica no ha demostrado.
Por eso, como en este embrollo hay varios puntos que analizar, iré uno por uno:
  • Sobre el Ministro de Justicia: Me alegro profundamente de que Gallardón haya encontrado su tumba política en el esperpéntico e indignante gabinete de Mariano Rajoy. Un miserable oportunista, megalómano y egomaniaco no merecía otro fin que ahogarse en esa fosa séptica ministerial de la que se ha rodeado uno de los Presidentes del Gobierno más incapaces, desvergonzados, inútiles, cobardes y mentirosos que ha tenido España (en dura pugna con el esperpéntico Rodríguez Zapatero). Con todas las reformas que había y hay que hacer en materia de Justicia, mucho más importantes y prioritarias que la del aborto (acabar con la despolitización del Poder Judicial, modernizar el sistema judicial, reformar el Código Penal, evitar lo ocurrido con la doctrina Parot...), Gallardón ha preferido ir a lo ¿fácil? con tal de contentar a una parte del electorado popular (si es que queda alguno) con la excusa de que estaba en el programa electoral, el mismo programa, por cierto, que su jefe se ha pasado por el arco genital hasta la saciedad. Querer ser más papista que el Papa tiene estas cosas...
  • Sobre el no nacido: Un aspecto capital del tema del aborto en nuestro país gira en torno a la idea u opinión que se tenga sobre el "no nacido" (es decir, sobre el individuo engendrado pero aún no parido). En este aspecto, todo el mundo debería saber o recordar que nuestro ordenamiento vigente considera que el "nasciturus" tiene todos los derechos (según el artículo 29 del Código Civil "efectos") "que le sean favorables", una consideración que, por cierto, viene desde la época romana. Lo digo pensando en todas esas personas que hablan del feto como si fuera un mero cacho de carne.
  • Sobre el papel del Estado/Gobierno: Siempre he pensado y defendido que el Estado debe intervenir única y exclusivamente para asegurar el estado de bienestar, esto es, en materia de economía, educación, sanidad y seguridad ciudadana. Dicho de otra manera: la actuación del Estado (o el Gobierno, que en la práctica es lo mismo) debe ser todo lo garantista que la sociedad demande para alcanzar las condiciones de desarrollo ideales para sus miembros. Ni más, ni menos. Lo que el Estado no debe hacer nunca es comportarse como si los ciudadanos fuéramos no sólo menores de edad sino además tontos del culo necesitados de que nos digan qué hacer y cómo. En ese sentido, pienso que el papel del Estado acaba donde empieza no sólo la libertad de los ciudadanos sino la conciencia de cada uno de ellos. Si el Estado/Gobierno toma decisiones que sólo competen a las personas está cometiendo un tremendo error, ya que su papel no consiste en decir a los ciudadanos qué hacer con su libertad, sino protegerla en todos los ámbitos y sentidos.

  • Sobre las posturas extremistas: Partiendo de la premisa de que jamás se va a encontrar una buena solución en posturas extremas, hay que reconocer una obviedad: el tema del aborto está muy polarizado, por culpa de una interpretación un tanto talibán de la religión (por un lado) y de confundir churras con merinas (por otro), dando como resultado unas actitudes que oscilan entre la defensa a ultranza del feto en gestación y la defensa encendida de la madre gestante, olvidando tanto unos como otros que el aborto afecta directamente a dos personas: la madre y el "no nacido". Así las cosas, creo que tanto los que defienden la vida con los ojos en blanco como las estúpidas tipo FEMEN y aledaños deberían recordar algo que no aparece ni en la Biblia ni en ningún libro de femenismo trasnochado: la virtud es actuar según el justo término medio entre dos actitudes extremas (Aristóteles).
  • Sobre el aborto como método anticonceptivo: Hay gente que ve el aborto como un método anticonceptivo más y actúa en consecuencia. Gente que, en definitiva, debería hacérselo mirar y no el cigoto ni el feto precisamente. 
Mi opinión sobre el aborto: Yo siempre defenderé toda decisión que favorezca tanto a la madre como al hijo. En ese sentido, creo que generalizar es un error descomunal, tanto como optar por planteamientos unilaterales. Cada caso y cada vida es distinta: generalizaciones, no gracias. No obstante, pienso que para evitar embarazos no deseados hay remedios de sobra (salvo que estemos hablando obviamente de violación) y, por eso, si se trata de atajar el número de abortos, mejor haría el Gobierno en facilitar o democratizar aún más el acceso y uso de los métodos anticonceptivos.  Luego ya que entre en juego la conciencia y sensatez de cada cual. Por otra parte, considero aberrante querer parir a una persona con graves malformaciones que lo único que acarrearían sería dolor, angustia y sufrimiento. Dicho lo cual, la postura más acertada que he leído respecto a este delicadísimo tema la encontré en el blog El Escorpión, que hace ya unas semanas se hizo eco de una carta de Italo Calvino a Claudio Magris en 1975 y de la que reproduzco un extracto:"(...)Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. De otro modo, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se convierte -lo cual ya ocurre- en lo más parecido a una madriguera de conejos. Una madriguera constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.
Sólo aquellas personas que están convencidas al cien por cien de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. De no ser el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante (...)".   

viernes, 14 de febrero de 2014

Año 33

Si tu vida puede cambiar en un segundo, qué no podrá pasar en todo un año. Y eso es lo que ha sido mi año 33: doce meses de cambio, de transformación, de revolución tranquila, de renovación, de reinvención. Por eso, ahora que ya los 33 quedan en el retrovisor desde la pasada medianoche, es un buen momento para repasar el que quizás haya sido uno de los años más intensos, imprevisibles e importantes de quien esto escribe.

La principal y más sorprendente novedad que me reservó este año ya pasado fue mi salida de la empresa en la que llevaba trabajando casi una década. Un cambio causado por una traición que, como toda traición que se precie, no pudo ser más vil, interesada, cobarde y mezquina. Un cambio inesperado, inmerecido, injusto e injustificable...pero que me sirvió para dejar atrás, con la conciencia bien tranquila y la mirada bien alta, un lugar en el que había demostrado todo lo que tenía que demostrar y donde la escasez de buenas personas era y es la carta de presentación de un microcosmos malsano en el que la honradez, el esfuerzo y la valía humana y profesional cotizan a la baja. Por todo ello, pese al rencor por la traición y al dolor por la fractura, conforme han pasado los meses estoy satisfecho con el cambio puesto que, aunque me ha sumido en la cruel aventura del desempleo, me ha permitido tener la motivación y el tiempo suficientes para afrontar otros proyectos, compartir más momentos con la gente a la que quiero y conservar tres cosas que, de haber permanecido en aquella empresa, habría acabado por perder: la identidad, la dignidad y la ilusión. Así que, aunque suene paradójico, lo que inicialmente fue una experiencia bastante traumática y negativa se ha convertido en una impagable oportunidad para crecer, mejorar e ir un paso más allá. No hay mal que por bien no venga. Y ese mal me ha venido muy pero que muy bien.

Y me ha venido verdaderamente bien porque es una gran verdad aquello de que para que algo nuevo nazca lo viejo tiene que morir. Quizás por ello las otras novedades (las netamente positivas) del año 33 vinieron a raíz de lo que acabo de comentar: empezar una nueva carrera y por la UNED; iniciar un nuevo e interesantísimo curso en la ECH; acabar la novela que estuve escribiendo durante meses; comenzar una serie de colaboraciones semanales con una revista; tener más tiempo para mis seres queridos...Una vida no se cambia estando quieto y un camino no se recorre mirando hacia atrás.

En el plano más íntimo y personal, el 33 ha sido un año muy intenso, duro y difícil, lleno de contrastes y del que he obtenido dos conclusiones: La primera es que los verdaderos triunfos, los que marcan y definen la vida de una persona, no son una lista de "hitos por cumplir" fijada en función de expectativas, estándares o convenciones sociales, sino que están hechos de pequeñas victorias cotidianas ante lo inesperado. La segunda conclusión (y más importante si cabe) es que la felicidad todo lo puede. Y yo, si soy algo actualmente, es feliz. Y eso, por suerte para mí, no es algo que se consiga solo.

Por eso, echando la vista atrás, no soy la misma persona que hace un año...ni falta que hace: soy y me siento mejor que nunca. Algo que espero poder aumentar, disfrutar y compartir en este año 34 al que sólo le pido dos cosas: mucha salud y una pizca de suerte.

jueves, 13 de febrero de 2014

La Infanta enamorada

Hasta la fecha, la instrucción del caso Nóos está dejando bien claras tres cosas: Primera, el ex balonmanista es un golfo al que le sobra la condición de "presunto". Segunda, las únicas personas decentes en todo este embrollo son el juez Castro y la acusación popular. Y tercera, la Infanta está enamorada. Enamorada, sí. Que además de enamorada sea una imprudente con facultades mentales mermadas (por amor) o bien una auténtica desvergonzada es algo que tendrá que decidir el juez, porque sólo caben esas opciones: o bien estaba y está tan enamorada del ex trabajador de Telefónica que habría firmado su sentencia de muerte si se la hubiera dado a firmar el Duque Em-Palma-do o bien tiene una jeta con la que se debería fabricar el fuselaje de naves espaciales.
Por lo demás, yo no sé a qué viene la sorpresa e indignación con las que se está reaccionando respecto a este asunto y la actuación de unos y otros. De verdad, no hay nada nuevo bajo el sol:
  • La Infanta ha actuado como corresponde a quien se sabe miembro de una institución que, pese a ser un auténtico ornamento (ahí está la Constitución española para recordarlo), está protegida por la inviolabilidad y la irresponsabilidad constitucionalmente fijadas para el monarca y que en la práctica, gracias a la pervivencia de una mentalidad servil y cortesana, han derivado en una tácita impunidad para la Casa Real al completo. El problema de actuar con esa "naturalidad" (llámese seguridad, arrogancia, suficiencia, despreocupación...) es que está poniendo las cosas aún más difíciles a los únicos que pueden devolver el prestigio y reconocimiento social a la Monarquía: los Príncipes de Asturias. 
  • La actuación del Estado, empezando por el Gobierno, pasando por Hacienda y acabando por la Fiscalía, ha sido y está siendo pura y llanamente cortesana. Una delirante competición por hacer méritos ante el Rey a base de pasarse por el arco genital cualquier disimulo a la hora de intentar desvincular a la Infanta y aledaños de todo lo que hacía "Iñaki", les ampare o no la realidad en tal empeño. Una demencial actuación que ha llevado a Hacienda a dar por buenas facturas que no lo eran (si eso lo hace un autónomo cualquiera, aún le estarían curando el desgarro anal) o a la Fiscalía a actuar como defensa y no como acusación, por citar sólo los ejemplos más famosos. Una zarzuela de despropósitos que lo único que ha puesto de relieve es el lameculismo borreguil, el gregarismo institucional y la inmadurez democrática que sufre España desde hace siglos.
  • La prensa está actuando según lo esperado: unos medios defendiendo lo indefendible (con La Razón a la cabeza a la hora de hacer el más indignante ridículo) y otros haciendo lo más parecido al periodismo serio que podemos tener en este país (con El Mundo como espolón de proa). Un espectáculo bochornoso del que sólo se puede sacar en claro una cosa: hay ¿periódicos? que habría que imprimir directamente en papel higiénico para que por lo menos tuvieran una utilidad social.
Lo único que sí ha sorprendido(y para bien) ha sido la honradez, imparcialidad y valentía profesional del juez Castro, que ha aguantado y está aguantando ataques, jugarretas y presiones de todas partes con tal de demostrar que, en España, la injusticia no es igual para todos. Y es que Castro constituye, junto al juez Ruz y la jueza Alaya, el último tren para la Justicia en este país en el que la inocencia está menos favorecida jurídicamente que la culpabilidad (cuando no directamente perjudicada) y en el que cuanto más poder tienes, menos tienes que temer de los jueces, aunque seas un perfecto hijo de puta.

Así las cosas, habrá que seguir muy atentamente el desenlace de este follón judicial puesto que en este caso lo que está en juego esencialmente es el minúsculo crédito que le queda tanto a la Monarquía como al Estado y la Justicia. Un crédito ridículo y menguante que, por desgracia, no parece importar a ninguno de los implicados (y responsables). Quizás porque ellos forman parte del problema y no de la solución.

martes, 11 de febrero de 2014

Decíamos ayer...

Es curioso que haya pasado justo un año desde que escribí por última vez en este blog. Una mera curiosidad a pie de página de doce meses llenos de cambios y novedades tanto en lo puramente noticiable y reseñable como en lo estrictamente personal y privado y que han transformado tanto el mundo que veía como mi forma de verlo. La mirada cambia cuando lo hace tanto lo que se ve como quien lo ve. Eso es exactamente lo que ha pasado.

Y, ahora que retomo esta ventana desde la que asomarme y mostrarme mientras cuento, digo y pienso, no puedo prometer más que no escribir nada que no piense.

Así pues, tanto si en este reinicio me acompañan quienes ya lo hacían antes como si se suma nueva gente por primera vez, sed todos bienvenidos a esta aventura, viaje, crónica, atalaya y refugio que ha sido siempre este blog.

El ayer queda atrás. Es hora de hablar. Se acabó el silencio.

lunes, 11 de febrero de 2013

Renunciatus VI

"Lo dejo", "Me voy", "No puedo más", "Ahí os quedáis", "Dimito", "Renuncio", "Desisto", "Paso", "Yo me bajo aquí", "Que pase el siguiente", "No contéis conmigo", "Que lo haga otro", "Me piro", "Chao", "Nos vemos"... Dios se acaba de quedar sin jefe de prensa. El Papa Benedicto XVI se prejubila, por voluntad propia. El anuncio-renuncia, honesto, valiente e inesperado a partes iguales (la honestidad es un acto de valentía actualmente inesperable), ha conseguido, como no podía ser menos, un milagro: que nadie hable de política ni economía hoy.

Benedicto XVI ya no puede más, al menos con la Iglesia, y no me extraña. Tras ocho años de pontificado, deja el papelón a otro, porque, sinceramente, el puesto de Papa hace tiempo que dejó de ser el chollo proverbial que era para convertirse en una piñata, en una diana, en un puteo de baja intensidad, por toda la tela que tiene para cortar y la mierda que hay para limpiar. Eso desgasta a cualquiera, por muchas ganas que le pongas, como venía evidenciando el aspecto físico de Benedicto XVI en los últimos años, más cercano al del Emperador Palpatine que al de un hombre sano.

De todos modos, pese a la sorpresa, el hecho en sí no supone un hito histórico, en la medida en que antes que él ya hubo cinco Renunciatus: Clemente I, Ponciano, Silverio, Celestino V y Gregorio XII dejaron en vida el cargo (por diversas razones). No obstante, no deja de ser chocante cómo en una institución milenaria y tradicional como pocas alguien en su posición decide salirse del guión e ir por libre. Máxime si es un Papa que, de puro conservador, muchos pensaban que le tendrían que quitar del Vaticano con espátula.

Así las cosas, la noticia no es tanto que el Vaticano huele a casting como el incierto futuro de una institución/comunidad/religión que parece abocada a decidir entre colgar el cartel de "Cerrado por cese de actividad" o bien el de "Próxima reapertura". Veremos qué pasa...

lunes, 28 de enero de 2013

Mediocridad y empresa

Hace unos días leí un artículo tan provocador como interesante que ponía negro sobre blanco una realidad de nuestro tiempo: las empresas no están interesadas en el talento. El post se hacía eco en su mayor parte de otro del empresario y gurú norteamericano James Altucher, en uno de cuyos párrafos más destroyers y no por ello menos cierto decía que las empresas actualmente están especializándose en destruir las aspiraciones profesionales de sus empleados más talentosos, responsables y esforzados. Cito: "In other words, his main job was to destroy the career aspirations of his most talented people, the people who swore their loyalty to him, the people who worked 90 hours a week for him. If they only worked 30 hours a week and were slightly more mediocre he would’ve been happy. But he doesn’t like you. He wants to you stay in the hole and he will throw you a meal every once in awhile in exchange for your excrement". O, dicho de otra manera, que cuanto mejor seas, peor pinta tu futuro en la empresa. Es decir, que cuantas mejores ideas tengas, cuantas más horas dediques a realizar un trabajo de calidad para tu empresa y cuanto más responsale seas con tu cometido, peor te va a ir. ¿El mundo al revés? Totalmente, pero no por ello menos verosímil, por desgracia.  

Cada día que pasa estoy más convencido de que en el mundo en general y en España en particular, la gente con talento (especialmente si es joven) tiene dos alternativas y las dos difíciles: O bien montárselo por su cuenta o bien irse fuera. ¿Alternativas a qué? Pues a seguir trabajando en una empresa (sea cual sea su tamaño y ámbito de actividad) donde lo único que les importa es que seas un pelele dispuesto a sacrificar tu personalidad, capacidad, ideas y dignidad con la mejor de las sonrisas, so pena de irte a la empresa más multinacional más grande del mundo y que en España cuenta con casi seis millones de personas en nómina."O trabajas como a mí me salga de los cojones o a la puta calle". Así las cosas, la "fuga de cerebros" es la única alternativa real y decente a la "vendimia de cerebros", por la propensión al pisoteo del talento que muestran algunas empresas. Y es que a la ya proverbial falta de oportunidades se ha añadido un nuevo obstáculo: la falta de consideración.

Hoy en muchas empresas, una persona con talento lo tiene mucho más difícil que una persona mediocre. ¿Qué se puede entender por "mediocre"? Pues a cualquier persona que no tiene la formación, el talento o la dignidad mínima para hacerse valer profesional y personalmente en su trabajo y que sustituye esas carencias por un servilismo descarado, una mentalidad mercenaria y una habilidad excepcional tanto para lamer el culo y alabar gilipolleces como para traicionar sus ideas y lealtades si con ello conserva o mejora su situación en la empresa ("Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros"). Son esas personas a las que si un superior les cagara en la cara reaccionarían diciendo: "Qué rico está este chocolate, oiga". Son individuos poco problemáticos en tanto que, como decía antes, nunca se harán valer ni están en condiciones intelectuales de hacer sombra a un superior (y a casi nadie) y que son fácilmente despachables con un sueldo o un cometido ridículos. El problema llega cuando a esas personas, a las mediocres, se las premia con sueldos y cargos muy superiores a los del resto, especialmente, a los de las personas con talento. Ahí ya se deberían encender las alarmas...pero no se encienden. ¿Por qué? Por dos razones, principalmente. Una, porque la situación es tan dramática que muchas personas están dispuestas a soportar eso con tal de tener un trabajo. Y dos, porque se ha extendido por demasiadas empresas una cultura donde la excelencia y el talento son considerados algo caro y/o subversivo. La mediocridad es un recurso abundante, barato y tranquilizador o al menos ese es el mensaje que se está lanzando. Así que el mensaje que se lanza actualmente desde algunas empresas está bastante claro: cuanto más inútil y desvergonzado seas, tu situación profesional pinta tan bien como la de cualquier enchufado.

Por todo ello, actualmente la plantilla de muchas empresas, nacionales e internacionales, se podría dividir en tres grupos: la gente con talento (que no sabe qué pinta allí), la gente a la que no le queda más remedio (que aguanta por hipoteca o situación familiar) y la gente mediocre (que son el alma mater de esas empresas). 

Si antaño se abogaba por el esfuerzo, la constancia, el mérito, la calidad y la personalidad, hoy se prefiere el camino fácil, el atajo, el mínimo esfuerzo, la tranquilidad del pantano, la supervivencia del "como sea". Hoy se dedica más tiempo a barnizar egos, premiar enchufes, regatear la conciencia y mercadear con favores que a cuidar, promover, valorar y confiar en las personas con potencial, talento y ganas. Hoy a sinvergüenzas y/o cretinos notorios se les "premia" profesionalmente. Hoy parece prevaler la norma del "cuanto peor seas, más futuro tienes". Hoy se ha olvidado que la competitividad sin excelencia es lo mismo que el progreso sin riesgo: nada. Así pasa lo que está pasando: que muchas empresas, tanto fuera como dentro de España, caminan directamente hacia la nada, hacia la mediocridad, hacia la mierda. Y a pocos parecen importarle, quizás porque su salario tiene los dígitos suficientes para silenciar la vergüenza.

En una época como la actual, donde todo parece sacado de una pesadilla cutre e insoportable, el ámbito laboral no iba a ser menos. Puto mundo éste que parece obligarte a elegir entre acostarte con la conciencia tranquila o tener un sueldo. Lo único bueno de todo esto es que aún hay excepciones, trabajos donde importan las personas, empresas que cuenten con el talento. El reto: encontrar esas excepciones y si no...crearlas.

viernes, 25 de enero de 2013

...más que mil artículos

En ocasiones, se cumple aquello de vale más una imagen que mil palabras. En este caso, gracias a El Jueves, una ilustración vale más que mil artículos. Por eso, no hace falta decir más.
 

sábado, 12 de enero de 2013

Amor. Haneke. Vida. Genio

Hay películas que te acompañan siempre una vez las ves. Anoche vi una de ellas: Amor de Michael Haneke. Al salir del cine, uno entiende no sólo el palmarés que tiene (Palma de oro en Cannes, cuatro Premios del Cine Europeo, un Globo de Oro, cinco nominaciones a los Óscar...) o la fama de tótem cinematográfico de su director, sino por qué el cine es un arte y, en ocasiones como ésta, algo más que eso. Quizás porque Amor es todo lo que cabe esperar del cine como arte y todo lo que cabe esperar de la vida como tal. Punto.

Dirigido y escrito por el propio Haneke, el film cuenta el desenlace de una vida y la apoteosis de un amor a través de los últimos meses de Georges y Anne, una vieja pareja de antiguos profesores de música, interpretados más allá de lo magistral por Jean-Luis Trintignant y Emmanuelle Riva, quienes ven cómo la vida y la muerte dinamitan su cotidianidad a través de una enfermedad degenerativa e incurable que, desarrollando Anne, sufren ambos dramáticamente. Ya sea desde el punto de vista técnico, narrativo, interpretativo o emocional, decir que Amor es una obra maestra es tal vez quedarse corto. Las impresionantes interpretaciones, los personalísimos encuadres que sólo se permiten grandes como Haneke, el insuperable manejo de la narración (comienzo y final se remiten mutuamente, las elipsis son acertadísimas para ir a lo esencial sin perjudicar la historia, el excelente manejo del doble nivel contar/decir, el logro de insinuar mucho con muy poco...), la fría luz que baña toda la película, un guión donde tan devastadores y brillantes son los silencios como algunas frases simplemente inolvidables...nada queda al azar en esta película y, por eso, su éxito es cualquier cosa menos casual o arbitrario.

Impresionante, intimista, conmovedora, elegante, contundente, poética, cruda, tierna, clara, sugerente, personal, universal, sutil, directa, sensible, dura...Amor es una película demoledoramente humana que sin ser grandilocuente resulta grandiosa. Contiene y muestra todos los sentimientos, las emociones y la contradicciones que hay en la vida. Es una película que habla de la vida desde la muerte, de la felicidad desde el sufrimiento, del amor desde el dolor, de la presencia desde la ausencia, del todo desde el vacío. Es pura y absoluta vida.

Pero, por encima o aparte de todo, Amor es una película que, mostrando las relaciones y reacciones humanas, responde a dos de las grandes cuestiones que se hace cualquier persona: qué es el amor y qué es la vida. 

¿Qué es el amor? El amor es todo lo que nos queda cuando todo lo demás se ha ido. El tesoro que descubrimos en la pérdida y las pérdidas. El último refugio de la condición humana. La frontera. La sonrisa en la navaja. La verdadera obra de arte a la que puede aspirar cualquier persona. Atreverse con lo impensable. Darse a otra persona hasta que sólo estés en ella. La renuncia definitiva. Conocerse y descubrirse en el otro. La fortaleza en la devastación. Lo que define la vida y las vidas que caben en ella. El mayor de los esfuerzos para saborear un segundo. La entereza ante la existencia. Lo es todo en la nada. La prueba constante y el desafío irrenunciable. El gran triunfo de los héroes anónimos. La lucha por la certeza. El significado para todo aquello que no tiene palabras. El espacio comprendido entre la lágrima y la risa. Silencio y trueno. La dignidad de la hiel y la derrota. El paso más allá. Toda la vida con la que llenamos cada día.

¿Qué es la vida? La vida es lo que hacemos ante la muerte y antes de la muerte. Nuestra respuesta a la única certeza. La sorpresa a traición. El arte de retrasar lo inevitable. El camino al final del cual nos descubrimos. El striptease de la verdad. El silencio después de la melodía. El conjunto de pequeños detalles con los que construimos nuestra fragilidad. Un castillo de naipes de cristal. El fuego cruzado entre lo que creemos saber y lo que creemos querer. La más maravillosa de todas las putadas.

¿Qué es Amor? Un canto de vida y muerte. Una magistral película para la que ya no me quedan palabras. Sólo ideas, sensaciones, sentimientos y algunas lágrimas.

martes, 8 de enero de 2013

Zero Dark Thirty: Oscuras victorias

Por fin he visto una de las películas más esperadas de la temporada: Zero Dark Thirty, la polémica, tensísima, minuciosa y apabullante adaptación al cine de la caza (en todos los sentidos) del mayor hijo de puta de nuestro tiempo: Osama Bin Laden (de cuya muerte ya hablé en otro artículo en su día).

La película, dirigida por la oscarizada Kathryn Bigelow, fusiona varios géneros (drama, acción, bélico, thriller, espionaje y documental) para contar con todo lujo de detalles, una honradez muy valiente y un pulso acojonante cómo la búsqueda de un paria de Al Qaeda desembocó en una de las operaciones militares más secretas e importantes de toda la historia: la que acabó con el líder terrorista sirviendo de alimento para peces. Así, las dos horas y media que dura Zero Dark Thirty se pasan casi volando por el interés de lo que cuenta, por la intensidad con que se cuenta y por esa curiosa estructura fragmentada en pequeños capítulos o bloques que concede algunos segundos de respiro al espectador en un metraje en el que la tensión avanza implacable en creciente espiral hasta el clímax final. Un clímax de especial interés ya que muestra con gran verosimilitud (en líneas generales) lo que sólo muy pocos vieron y todo el mundo se imaginó: cómo se mató a Bin Laden.

Dejando a un lado el innegable valor que Zero Dark Thirty tiene como obra de ¿ficción? y como producción de cine (encontrarle algún "pero" es ponerse demasiado estupendo), para mí esta película es pura dinamita por la honradez y crudeza con la que cuenta las cosas, para bien y para mal, levante o no ampollas (como ya está ocurriendo, por cierto). Es una película seria, madura, equilibrada y honesta. Huye tanto del patriotismo como del patrioterismo, huye de un planteamiento maniqueo para reflejar un mundo donde todos los personajes se mueven en claroscuros, huye de distraerse con los fuegos artificiales para explorar las laberínticas cloacas del poder, huye del efectismo para centrarse en el drama íntimo (especialmente remarcado en el final de la cinta que nos evoca al de En tierra hostil)...en definitiva, huye de lo fácil para contar una historia con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de un artista. Por citar dos momentos auténticamente ejemplares del talento de la directora: el inicio, con pantalla en negro, en el que el horror nos pone de pelos de punta con diversas llamadas procedentes del trágico 11-S, y el desenlace, donde el audio se pierde para dejar que hablen sólo las imágenes reflejando la soledad y el horror interior de la protagonista.

Además de todo lo dicho, Zero Dark Thirty es interesante y singular por contar una historia ya de fama universal(la caza de Bin Laden) a través de pequeñas historias íntimas y casi anónimas (especialmente la de Maya, magistralmente interpretada por Jessica Chastain). Y es una película necesaria por lo que se te queda retumbando en la cabeza una vez terminas de verla: Zero Dark Thirty, es una película que cuenta oscuras victorias: la de una mujer en un mundo de hombres, la de una verdad en un mundo de secretos, la de la constancia en un mundo de urgencias, la de la convicción en un mundo de incertidumbres, la de la venganza en un mundo donde la justicia pierde todas las batallas, la de los hechos en un mundo donde las palabras son añicos, la de personas incompletas en un mundo de ausencias y vacíos, la del fin sobre los medios, la del horror sobre el terror. Victorias que representan el mundo en que vivimos y que, nos guste o no, son necesarias. Como películas como Zero Dark Thirty, que, en el fondo, de lo que de verdad habla, no es de la caza de Bin Laden sino de algo mucho más profundo, íntimo e incómodo.
 

jueves, 3 de enero de 2013

¡Rompe Ralph! Una película que da mucho juego

Rompe Ralph. Ya era hora de que el cine homenajeara debidamente al mundo de los videojuegos y dejara de perpetrar aberrantes adaptaciones. Rompe Ralph. Ya era hora de que Disney demostrara que le ha cogido el truco en forma y fondo a eso de la animación por ordenador. Todo eso y mucho más es la última producción de la factoría del ratón más famoso del mundo. Un film que pretende ser a los videojuegos lo que Shrek a los cuentos de hadas...y lo consigue.

La película, en la que se nota la sensacional mano en la sombra de John Lasseter, cuenta la historia de un personaje de videojuego, Ralph, cansado del rol que la vida parece haberle asignado como "villano" en el juego Repáralo Félix (que, por cierto, recuerda bastante al primer Donkey Kong)ya que no se siente respetado ni valorado. Para ello, emprende un viaje (el del héroe, nunca mejor dicho) por otros videojuegos para demostrar su valía...

Como tributo al universo de las máquinas recreativas y los juegos de ordenador y consola, Rompe Ralph es, ya desde sus geniales créditos "retro", toda una gozada para quienes, como yo, somos amantes de los videojuegos. La película está plagada de guiños a muchísimos juegos (Pacman, SuperMario, Mario Kart, Donkey Kong, Sonic, Call of Duty, Medal of Honor, Halo, Gears of War, Street Fighter, Mortal Kombat, Resident Evil, Zelda...) y géneros (acción, bélico, shooter, arcade, plataformas, lucha, carreras, aventura, survival horror, rol...), así como a otros componentes del universo friki (esa respiración de Darth Vader...). También Rompe Ralph es un homenaje bastante entrañable a todo los cacharros que han sido la puerta de acceso a esos mundos de diversión: desde las máquinas recreativas ochenteras hasta las consolas (especialmente a esas que ya nos parecen prehistóricas como la Gameboy). Por todo ello, la película es un excelente y cariñoso repaso a la historia de los videojuegos, con algunas dosis de crítica que no por sutil deja de ser crítica (la evolución violenta de los juegos).

Pero es que, como decía, Rompe Ralph es además la confirmación de que (por fin) Disney sabe cómo hacer películas de animación por ordenador que no estén a años luz de las de su filial Pixar. Está un punto por debajo de la excelencia técnica y la intensidad adulta de los grandes títulos de Pixar, quizá debido a que Rompe Ralph se apega demasiado a su target infantil. Sin embargo, es el único defecto que se le puede poner a una película que, además de un apartado técnico más que notable, nos regala lo que cabe esperar de un título de Disney: unos personajes ciertamente entrañables (especialmente, para mí, Vanellope von Schweetz), una historia con final feliz y mensajes-moralejas bastante interesantes para todos los públicos.

En relación con esto último, con las lecciones que deja la película en la cabeza del espectador, hay cuatro que parecen estar bastante claras: El egoísmo conduce a la soledad; para ser felices tenemos que aprender a aceptarnos como somos; nuestro papel en la vida lo elegimos nosotros y el verdadero reconocimiento nunca llega del exterior sino del interior. Una moralina que tal vez a los más pequeños se les escape, pero no a los mayores. Y se agradece, porque vivimos en una época en la que parecemos obligados a ser y hacer lo que otros quieren y en la que la gente se mata por colgarse medallas...

En definitiva, Rompe Ralph es una película muy entretenida, que cumple con nota en todos los aspectos, que hará las delicias de los amantes de los videojuegos y que constituye uno de los mejores pasatiempos para estas vacaciones navideñas. ¡Bien por Ralph!

miércoles, 2 de enero de 2013

Lección de mago

"En realidad, no existe la gente normal y corriente. Todos tenemos el poder de ser extraordinarios, sin importar de dónde venimos ni las circunstancias. Es cuestión de creer. Algunos piensan que es imposible cambiar el futuro pero, en realidad, el futuro es lo que todos hacemos". Esta observación, tan sencilla como ilusionante, no la ha dicho ningún gurú de libros de autoayuda ni ningún pensador de esos que cobran un pastón por cada segundo de su tiempo ni una estrella musical o cinematográfica. La ha dicho Steven Frayne o, como mejor es conocido, Dynamo, el Mago. Un mago, tal cual. O quizás algo más porque, viéndolo en acción, cualquiera diría que Dynamo es un superhéroe, un mutante o alguien venido de otro planeta. Lo cierto es que es un chaval nacido hace 32 años en la localidad inglesa de Bradford  y se llama, como digo, Steven Frayne. De haber nacido hace 2013 años en la localidad judea de Belén se llamaría Jesús de Nazaret. Caminar sobre las aguas, dar la vida a algo que no la tiene, manipular los elementos, transmutar sustancias, vaticinar acertadamente sucesos del futuro, conocer lo que está en tu mente, arreglar algo que aparentemente no tiene remedio, congregar todo tipo de gentes a su alrededor, lanzar un mensaje optimista y conciliador...este chico tranquilo y sencillo de aspecto enclenque y enfermizo (padece la enfermedad de Crohn) es capaz de hacer cosas que ni siquiera la imaginación más creativa es capaz de explicar o prever y lo hace con una naturalidad y modestia verdaderamente convincente. Convierte lo imposible en algo cotidiano. No hay sofisticación ni falsa modestia ni paripé en nada de lo que hace este mago-ilusionista-mentalista-genio. Y creo que eso, unido a la espectacularidad de sus hazañas (ya sean grandes o pequeñas), son las claves de su éxito, que hoy disfrutamos en España gracias al canal Discovery Max y a Youtube.

De todos modos, mi intención con este artículo no es elogiar ni promocionar a Dynamo sino hacerme eco de esa reflexión con la que comenzaba. Estando a comienzos de año y en un estado de depresión como el que llevamos sufriendo los últimos años, palabras así son pura magia a la hora de hacerte recobrar el ánimo y la fe. Estoy de acuerdo en que el futuro es lo que todos hacemos o, por desgracia en algunas circunstancias, lo que nos dejan hacer, pero también pienso que, efectivamente, se pueden cambiar las cosas, empezando por el futuro, si se cree en ellas y en uno mismo. Así que, para este año que comienza, mi gran propósito es creer y hacer, porque creo que, hasta la fecha, esas palabras de Steven Frayne son la mejor receta contra la crisis o, en general, contra cualquier crisis, que he oído nunca. Imaginar, creer, hacer: lo dicho, pura magia...en unos tiempos muy necesitados de ella.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Adiós, 2012 (¡y no vuelvas!)

Hoy acaba 2012. Un año en que los mayas pronosticaron que todo se iría a tomar por culo y así fue, aunque no como esperaban ellos o no como esperábamos nosotros. La sensación generalizada es que Dios ha colgado el cartel de "He salido un momento" y todo se ha ido al carajo, como cuando el profesor salía de clase y los alumnos montaban un guirigay de tres pares de cojones. Lo cierto es que la Humanidad ha dado este año más motivos que ningún otro para que algo o alguien nos hubiera hecho el favor de acompañar a los dinosaurios: Al gran éxito internacional de La crisis que no cesa se ha unido el éxito patrio Esta España es una ruina. La sinrazón humana sigue en erupción en distintos puntos del mundo (Nueva Delhi, Connecticut, Damasco, Córdoba...). La gran inocentada de este año ha sido creer que Mariano Rajoy y su teatrillo de ministros era capaz de hacer algo (bueno). Los impresentables políticos españoles, con el Gobierno a la cabeza, han restaurado el bienestar nacional como si fuera el Ecce Homo de Borja. Los repugnantes banqueros siguen bailando el Gangnam style sobre el futuro de miles de personas sin que nadie les joda la fiesta. Los nacionalistas continúan siendo las primeras ratas en querer abandonar el barco. Los jóvenes españoles tienen dos salidas: emigrar o formar parte de la generación Sin-Sin (futuro, trabajo, contrato, reconocimiento, etc). Los sindicatos siguen constituyendo una mafia de gañanes que avergüenzan a cualquier trabajador honesto. La Educación pervive como arma arrojadiza entre quien gobierna y quien no mientras los centros escolares producen lerdos en serie. La realidad sigue dando evidencias de que te va mejor siendo un jeta como Urdangarín o Díaz-Ferrán que trabajando honradamente. La cultura se ha convertido en una delicatessen gracias a un Ministro deforme en fondo y forma. La Alcaldesa Botella es mejor que se diera a la bebida porque gobernar gobierna de aquella manera. La situación social es tan deprimente que las calles de Madrid se han convertido en un ¿Dónde está Wally? Búscalo en la "manifa". El Rey se pegó una hostia de cacería en África...

En fin. Un año para lanzarlo al retrete y tirar de la cadena, cosa que haremos esta medianoche con bastantes ganas y alivio. Y es que ha sido un año tan malo que ni el salto estratosférico, ni las nuevas gestas de las selecciones de fútbol y baloncesto, ni las proezas del Atlético de Madrid ni el colosal esfuerzo de Fernando Alonso sirven para maquillarlo. Así que, para esto, mejor apaga y vámonos, 2012. O, mejor dicho, vete tú solo.

domingo, 30 de diciembre de 2012

"El Hobbit": Un regreso esperado

J.R.R. Tolkien vuelve a la gran pantalla, Peter Jackson a la Tierra Media y Gandalf, Bilbo y demás tropa vuelven a nuestras vidas. Eso es lo que supone El Hobbit: un viaje inesperado, primera entrega de la nueva trilogía con la que el director neozelandés vuelve a llevarnos a ese universo que adoptó y magnificó para el cine con su ya mítica, archipremiada y taquillerísima El Señor de los Anillos.

Compartiendo todas las virtudes-aciertos y los defectos-errores que se le podían atribuir a aquélla, El Hobbit, es una película que completa y expande (a todos los niveles) la saga cinematográfica sobre la Tierra Media que Peter Jackson.

Basado en la obra homónima que, con permiso de El Silmarillion, El Hobbit constituye la precuela de referencia para todo lo visto (y lo no visto, que dirán los detractores) en El Señor de los Anillos cinematográfico. Ambientada sesenta años antes de los hechos por ¿casi? todos conocidos (ya sea por los libros o por las películas), esta película supone una antesala ideal para poner en mejor contexto, perspectiva y valor todo lo que ocurre después con Frodo, Aragorn y compañía. En ese sentido, creo que funciona perfectamente con los cometidos de toda precuela: conocer más y mejor; descubrir algunas preguntas e interrogantes que quedaron/quedarán resueltas en la historia central y explicar algunas cuestiones del pasado que implícita o explícitamente configuran la intrahistoria que integra todos los sucesos ocurridos desde Bilbo hasta Frodo Bolsón. Todo ello siguiendo un esquema muy similar: tenemos nuevamente una misión que parece suicida-imposible (en esta ocasión, recuperar el tesoro de Erebor), una pintoresca compañía de héroes dispuestos a emprender ese viaje (el del héroe), un mentor-padre-guía que vale más por lo que calla que por lo que dice/hace (Gandalf), un mal acechante y polimórfico (los trolls, El Gran Trasgo, Azog el Profanador, El Nigromante, Smaug, Gollum...) y un hobbit Bolsón como catalizador de todo.

Pero es que, aparte de ser una estupenda “expansión del puzzle” de El Señor de los Anillos, El Hobbit: un viaje inesperado supone un acierto en lo que se diferencia de las otras tres películas. Es más cuento que cantar de gesta, al cambiar la épica mayestática, colosal y adrenalítica (aquí más presente en flashbacks que en la acción del presente) que caracterizaba a la trilogía original por una aventura más modesta, cómica, entrañable y volcada al entretenimiento para todos los públicos. Es más una película de grandes huidas más que de grandes batallas. Incluso los personajes-puente entre ambas historias como Gandalf, Saruman, Galadriel, Elrond, Gollum y el propio Bilbo aparecen de una forma que, aunque sea con un sutil detalle, es distinta a como los conocimos, lo que contribuye a dar una sensación de marco evolutivo-histórico bastante logrado. ¿Esta diferenciación es mejor? ¿Es peor? Ni una cosa ni otra: es enriquecedor, necesario y original, en tanto que no ofrece “más de lo mismo”. Y todo ello sin perder una sensación de homogeneidad en contenido, forma y calidad con respecto a las tres películas protagonizadas por Frodo Bolsón. Y eso es una cuadratura del círculo al alcance de muy pocos: mérito de Peter Jackson. Supongo que algo ayuda el derroche de ingenio y pasión que Jackson evidencia, una vez más y licencias aparte (que las hay), por lo que imaginó y escribió J.R.R.Tolkien.

Si a todo eso le añadimos que Martin Freeman compone un Bilbo Bolsón a años luz en cuanto a talento y matices interpretativos de su sucesor Frodo (interpretado por Elijah “Carapasmo” Wood), que Ian McKellen parece disfrutar como un cabrón actuando magistralmente y que el resto del elenco no desmerece en ningún momento a las estrellas de la trilogía previa, esta película es a las precuelas lo que El Padrino II es a “Segundas partes nunca fueron buenas”

Por otra parte, me gustaría decir algo respecto a la polémica y críticas que hay en torno a esta película acusándola de "blanda", "simplona", "infantil", "menor", etc. La historia (literaria y cinematográfica) de la Tierra Media que comienza con El Hobbit y finaliza con El Retorno del Rey tiene mucho de paso de la infancia a la madurez. Es el relato de cómo todo un mundo y quienes lo habitan pierden la tranquilidad, seguridad y felicidad y de cómo las recuperan. Es una historia iniciática en tanto que cuenta la pérdida de la inocencia y la conquista de la experiencia. Es el relato del descubrimiento del mal y la oscuridad, de cómo llegan las tinieblas a nuestras vidas y qué hacemos cuando eso pasa, de cómo la vida cambia y nos cambia. Es una historia que, en el fondo, de lo que nos está hablando es de qué es crecer y madurar, influida eso sí por la filosofía cristina de Tolkien (mejor explicada en los vicios y defectos de los enemigos y némesis que en las virtudes de los héroes). Por todo ello, lo más lógico es que El Hobbit constituya, ya desde su base literaria, un inicio más virginal y simple donde se nos presenten personajes y tramas propias de un estadio "infantil" para irse adentrando poco a poco en un desarrollo más oscuro, complejo y dramático, propio del mundo "adulto", que es lo que representa y culmina El Señor de los Anillos. De no haber sido así, de haber tenido todo el mismo tono desde el principio no habría habido evolución, crecimiento ni, por tanto, credibilidad ni enseñanza que extraer de esta historia de la Tierra Media. ¿Es El Hobbit más simple e "infantil" que El Señor de los Anillos? ¡Claro! No podía ni tenía que haber sido de otro modo.

En definitiva, El Hobbit más que un viaje inesperado ha sido una espera que ha merecido (y mucho) la pena. Tanto como la segunda entrega que llegará el año que viene por estas fechas. Seguro.

martes, 25 de diciembre de 2012

Verdades y mitos navideños

Las Navidades están cargadas de costumbres y mitos asumidos de generación en generación...¿Pero por qué hacemos todo esto? ¿De dónde vienen estos rituales y toda la imaginería asociada? En una fecha tan señalada como hoy, 25 de diciembre, me propongo alejarme de los tópicos y descubrir qué hay detrás de muchas de las ideas y tradiciones navideñas. Así que si alguien es demasiado purista o llega tarde a misa o no quiere tener la misma decepción que cuando descubrió la identidad secreta de los Reyes Magos, mejor que deje de leer.

El 25 de diciembre...¿Navidad? Del mismo modo que los antiguos romanos adoptaron con poca vergüenza y mucha naturalidad creencias, mitos y celebraciones de otros pueblos; lo mismo hicieron los cristianos con festividades paganas romanas. Así, los primeros cristianos, en una labor de canibalización cultural y marketing religioso bastante impresionante (con los papas Julio I y Liberio como estrellas de la campaña), decidieron celebrar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre. Hasta entonces, esa fecha, en pleno solsticio de invierno, era conocida y celebrada por los romanos como la fiesta del Sol Invictus. Ésta exaltaba el nacimiento del Sol, encarnado en el dios Mitra (culto que "importaron" los romanos de los persas), y suponía el broche a unas celebraciones muy importantes en la Antigua Roma: las Saturnales, en honor al dios Saturno, deidad de la agricultura. Esas fiestas de Saturnalia empezaban el 17 de diciembre y duraban siete días durante los cuales los romanos organizaban bulliciosas reuniones y banquetes fraternales con regalos y ofrendas por medio. ¿Banquetes? ¿Reuniones familiares? ¿Regalos?...El caso es que allá por los siglos III y IV los mandatarios cristianos decidieron suplantar la fiesta del Sol Invictus por la Navidad, de modo que en lugar de festejar el nacimiento del dios Sol se festejara el nacimiento de Jesucristo, el verdadero "Sol invencible" para los creyentes. ¿Por qué? Para favorecer el tránsito del paganismo al cristianismo. Algo así como "Pagano, conviértete al cristianismo sin dejar de celebrar tus fechas favoritas". Tampoco se les puede culpar ya que la fecha concreta para conmemorar el nacimiento Cristo no está muy clara: Parece más o menos consensuado por los expertos que nació entre marzo y mayo (con lo que su nacimiento y muerte estarían muy cercanas en el calendario), pero la imprecisión de la Biblia y el lío de calendarios judío, griego, romano y cristiano hacen imposible atinar (inclusive con el año del nacimiento, que parece que fue seis o siete antes). Lo que sí resulta curioso es que los primeros discípulos y comunidades cristianas no celebraban la Navidad como actualmente. Por cierto, hablando de fiestas familiares con banquetes monumentales en invierno, los antiguos pueblos nórdicos también celebraban durante el solsticio de invierno la Fiesta de Yule de una forma que nada tenía que envidiar a las típicas reuniones familiares de Nochebuena y Navidad de hoy en día. En resumen, que naciera o no Cristo un 25 de diciembre, parece claro que es una fecha en la que siempre ha habido algo que celebrar.

El Belén, cogido con pinzas: El gran resumen iconográfico y tradicional de las Navidades es el Belén...aunque puede que en realidad fuera bien distinto a como imaginamos. O, al menos, eso piensa el papa actual, Benedicto XVI (quien validó hace años la inexistencia del limbo pero sí la del infierno) al afirmar en su último libro que de mula y de buey, rien de rien ("en el portal no había animales"); que la estrella que habitualmente se coloca como si fuera un neónprobablemente fuera una supernova, esto es, una explosión estelar; y que los Reyes Magos no eran reyes ni venían de Oriente (sino de Andalucía). Así que o el Belén de Benedicto XVI tiene mucho espacio libre o la tradición belenística está asentada sobre puras pajas mentales.

Sus ¿Majestades? de ¿Oriente?: Curiosa trastienda la de uno de los tríos más famosos de la Historia. Los Reyes Magos son el resultado de lo que dice la Biblia (que es bastante poco si nos ceñimos al Evangelio de San Mateo), los evangelios apócrifos (que son un filón a la hora de rellenar) y luego los añadidos populares que se han sucedido siglo tras siglo. Una miscelánea muy variopinta pero efectiva. En el siglo III se establece que son reyes (hasta entonces eran considerados poco menos que unos sacerdotes con mucha sabiduría y posibles). En el siglo V, el Papa León I El Magno fija su número en tres. También en ese mismo siglo se conocen sus nombres originales: "Melichior, Gathaspa y Bithisarea", según el Excerpta latina barbari, o "Melchior, Gaspard y Balthazard", según el Evangelio armenio de la infancia; teniendo ya en el siglo VI los nombres que todos conocemos gracias al mosaico que hay en la basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena (Italia). En el siglo XV los Reyes Magos tienen ya el aspecto actual, estableciéndose que encarnan las tres edades del ser humano y las tres razas conocidas en aquel entonces (europeos-Melchor, asiáticos-Gaspar y africanos-Baltasar), dado que hasta el momento eran tres tipos barbudos casi clónicos y vestidos a la persa. Y ya en el siglo XIX (al menos en España) surge la moda, hoy tradición, de convertir la Noche de Reyes en la respuesta festiva a la Nochebuena del mundo adorador de Papá Noel, teniendo lugar la primera cabalgata en 1866, en la localidad de Alcoy, y es que en España los Reyes Magos llevaban siglos muy presentes, por ejemplo, desde el XII, centuria en la que se escribió un Auto de Reyes Magos, considerado la primera obra teatral española. Lo de sus tumbas móviles (de Saba a Constantinopla, de Constantinopla a Milán y de allí a Colonia) o el asunto del "sueño de los Reyes Magos" (¿están Sus Majestades dentro o fuera del armario?). 

El verdadero origen del árbol de Navidad: Supongo que no soy la única persona a la que nunca le ha terminado de encajar qué pinta un árbol de aspecto más nórdico que judío dentro de toda la parafernalia ornamental navideña. Pues bien, rascando un poco, salí de mi ignorancia: Es pagano, concretamente, procede de la mitología nórdica y, antaño, representaba a Yggdrasil, el árbol perenne del que brotaba toda la existencia y que contenía en él todo el Universo (sus raíces y ramas unían todos los "mundos" existentes en los mitos escandinavos). Parece ser que, cuando llegaron los primeros cristianos a las tierras nórdicas descubrieron que sus pobladores,en una fecha muy próxima a la Navidad, adornaban su "árbol de Yggdrasil" con objetos que representaban y sacralizaban elementos de la naturaleza para festejar el nacimiento del dios Frey, dios del Sol (¿he oído Sol invictus?) y la fertilidad. ¿Qué hicieron los cristianos entonces? Despojar al árbol y sus ornamentos de cualquier significado pagano y sustituirlo por otro más acorde a su religión. Lo de poner regalos en su base ya es posterior, cuando el árbol de navidad ya era "cristiano de toda la vida".

San Nicolás y su versión Coca-Cola: San Nicolás (de Bari), alias "Papá Noel" o "Santa Claus", comenzó su fama como santo para el cristianismo por haber provocado el milagro de revivir a tres niños que habían sido descuartizados y conservados en un barril salazón por un mesonero con vocación de Caradecuero. Su imagen actual de "guiri bonachón con sobrepeso de kilos y años y vestido con los colores del Atlético de Madrid" se debe principalmente (pero ni mucho menos exclusivamente, ojo) a Coca-Cola, empresa que a comienzos del siglo XX (en 1931, aproximadamente) encargó a Haddon Sundblom remodelar gráficamente a este personaje (que ya formaba parte del folclore popular en aquel entonces) para una campaña publicitaria que, probablemente, sea de las más exitosas de la Historia, a tenor de los resultados.

Así las cosas, parece claro que nuestras tradiciones navideñas tienen que agradecer al mundo mitológico pagano y a leyendas/creencias de varias culturas tanto como a lo expuesto en la Biblia y lo dicho por la Iglesia. Son el resultado de la mezcla y evolución de creencias cristianas, paganas y mundanas a lo largo de siglos. Algo que puede resultar paradójico pero que no lo es tanto porque todas las celebraciones y tradiciones coinciden en lo fundamental: estas fechas son desde siempre una época dedicada a festejar la vida rodeándote de quienes más quieres, sea cual sea el motivo o el nombre que se le dé a la celebración.

Y eso, verdades y mitos, es lo realmente importante. ¿O no? ¡Feliz Navidad a todos!