viernes, 25 de enero de 2013
...más que mil artículos
En ocasiones, se cumple aquello de vale más una imagen que mil palabras. En este caso, gracias a El Jueves, una ilustración vale más que mil artículos. Por eso, no hace falta decir más.
sábado, 12 de enero de 2013
Amor. Haneke. Vida. Genio
Hay películas que te acompañan siempre una vez las ves. Anoche vi una de ellas: Amor de Michael Haneke. Al salir del cine, uno entiende no sólo el palmarés que tiene (Palma de oro en Cannes, cuatro Premios del Cine Europeo, un Globo de Oro, cinco nominaciones a los Óscar...) o la fama de tótem cinematográfico de su director, sino por qué el cine es un arte y, en ocasiones como ésta, algo más que eso. Quizás porque Amor es todo lo que cabe esperar del cine como arte y todo lo que cabe esperar de la vida como tal. Punto.
Dirigido y escrito por el propio Haneke, el film cuenta el desenlace de una vida y la apoteosis de un amor a través de los últimos meses de Georges y Anne, una vieja pareja de antiguos profesores de música, interpretados más allá de lo magistral por Jean-Luis Trintignant y Emmanuelle Riva, quienes ven cómo la vida y la muerte dinamitan su cotidianidad a través de una enfermedad degenerativa e incurable que, desarrollando Anne, sufren ambos dramáticamente. Ya sea desde el punto de vista técnico, narrativo, interpretativo o emocional, decir que Amor es una obra maestra es tal vez quedarse corto. Las impresionantes interpretaciones, los personalísimos encuadres que sólo se permiten grandes como Haneke, el insuperable manejo de la narración (comienzo y final se remiten mutuamente, las elipsis son acertadísimas para ir a lo esencial sin perjudicar la historia, el excelente manejo del doble nivel contar/decir, el logro de insinuar mucho con muy poco...), la fría luz que baña toda la película, un guión donde tan devastadores y brillantes son los silencios como algunas frases simplemente inolvidables...nada queda al azar en esta película y, por eso, su éxito es cualquier cosa menos casual o arbitrario.
Impresionante, intimista, conmovedora, elegante, contundente, poética, cruda, tierna, clara, sugerente, personal, universal, sutil, directa, sensible, dura...Amor es una película demoledoramente humana que sin ser grandilocuente resulta grandiosa. Contiene y muestra todos los sentimientos, las emociones y la contradicciones que hay en la vida. Es una película que habla de la vida desde la muerte, de la felicidad desde el sufrimiento, del amor desde el dolor, de la presencia desde la ausencia, del todo desde el vacío. Es pura y absoluta vida.
Pero, por encima o aparte de todo, Amor es una película que, mostrando las relaciones y reacciones humanas, responde a dos de las grandes cuestiones que se hace cualquier persona: qué es el amor y qué es la vida.
¿Qué es el amor? El amor es todo lo que nos queda cuando todo lo demás se ha ido. El tesoro que descubrimos en la pérdida y las pérdidas. El último refugio de la condición humana. La frontera. La sonrisa en la navaja. La verdadera obra de arte a la que puede aspirar cualquier persona. Atreverse con lo impensable. Darse a otra persona hasta que sólo estés en ella. La renuncia definitiva. Conocerse y descubrirse en el otro. La fortaleza en la devastación. Lo que define la vida y las vidas que caben en ella. El mayor de los esfuerzos para saborear un segundo. La entereza ante la existencia. Lo es todo en la nada. La prueba constante y el desafío irrenunciable. El gran triunfo de los héroes anónimos. La lucha por la certeza. El significado para todo aquello que no tiene palabras. El espacio comprendido entre la lágrima y la risa. Silencio y trueno. La dignidad de la hiel y la derrota. El paso más allá. Toda la vida con la que llenamos cada día.
¿Qué es la vida? La vida es lo que hacemos ante la muerte y antes de la muerte. Nuestra respuesta a la única certeza. La sorpresa a traición. El arte de retrasar lo inevitable. El camino al final del cual nos descubrimos. El striptease de la verdad. El silencio después de la melodía. El conjunto de pequeños detalles con los que construimos nuestra fragilidad. Un castillo de naipes de cristal. El fuego cruzado entre lo que creemos saber y lo que creemos querer. La más maravillosa de todas las putadas.
¿Qué es Amor? Un canto de vida y muerte. Una magistral película para la que ya no me quedan palabras. Sólo ideas, sensaciones, sentimientos y algunas lágrimas.
martes, 8 de enero de 2013
Zero Dark Thirty: Oscuras victorias
Por fin he visto una de las películas más esperadas de la temporada: Zero Dark Thirty, la polémica, tensísima, minuciosa y apabullante adaptación al cine de la caza (en todos los sentidos) del mayor hijo de puta de nuestro tiempo: Osama Bin Laden (de cuya muerte ya hablé en otro artículo en su día).
La película, dirigida por la oscarizada Kathryn Bigelow, fusiona varios géneros (drama, acción, bélico, thriller, espionaje y documental) para contar con todo lujo de detalles, una honradez muy valiente y un pulso acojonante cómo la búsqueda de un paria de Al Qaeda desembocó en una de las operaciones militares más secretas e importantes de toda la historia: la que acabó con el líder terrorista sirviendo de alimento para peces. Así, las dos horas y media que dura Zero Dark Thirty se pasan casi volando por el interés de lo que cuenta, por la intensidad con que se cuenta y por esa curiosa estructura fragmentada en pequeños capítulos o bloques que concede algunos segundos de respiro al espectador en un metraje en el que la tensión avanza implacable en creciente espiral hasta el clímax final. Un clímax de especial interés ya que muestra con gran verosimilitud (en líneas generales) lo que sólo muy pocos vieron y todo el mundo se imaginó: cómo se mató a Bin Laden.
Dejando a un lado el innegable valor que Zero Dark Thirty tiene como obra de ¿ficción? y como producción de cine (encontrarle algún "pero" es ponerse demasiado estupendo), para mí esta película es pura dinamita por la honradez y crudeza con la que cuenta las cosas, para bien y para mal, levante o no ampollas (como ya está ocurriendo, por cierto). Es una película seria, madura, equilibrada y honesta. Huye tanto del patriotismo como del patrioterismo, huye de un planteamiento maniqueo para reflejar un mundo donde todos los personajes se mueven en claroscuros, huye de distraerse con los fuegos artificiales para explorar las laberínticas cloacas del poder, huye del efectismo para centrarse en el drama íntimo (especialmente remarcado en el final de la cinta que nos evoca al de En tierra hostil)...en definitiva, huye de lo fácil para contar una historia con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de un artista. Por citar dos momentos auténticamente ejemplares del talento de la directora: el inicio, con pantalla en negro, en el que el horror nos pone de pelos de punta con diversas llamadas procedentes del trágico 11-S, y el desenlace, donde el audio se pierde para dejar que hablen sólo las imágenes reflejando la soledad y el horror interior de la protagonista.
Además de todo lo dicho, Zero Dark Thirty es interesante y singular por contar una historia ya de fama universal(la caza de Bin Laden) a través de pequeñas historias íntimas y casi anónimas (especialmente la de Maya, magistralmente interpretada por Jessica Chastain). Y es una película necesaria por lo que se te queda retumbando en la cabeza una vez terminas de verla: Zero Dark Thirty, es una película que cuenta oscuras victorias: la de una mujer en un mundo de hombres, la de una verdad en un mundo de secretos, la de la constancia en un mundo de urgencias, la de la convicción en un mundo de incertidumbres, la de la venganza en un mundo donde la justicia pierde todas las batallas, la de los hechos en un mundo donde las palabras son añicos, la de personas incompletas en un mundo de ausencias y vacíos, la del fin sobre los medios, la del horror sobre el terror. Victorias que representan el mundo en que vivimos y que, nos guste o no, son necesarias. Como películas como Zero Dark Thirty, que, en el fondo, de lo que de verdad habla, no es de la caza de Bin Laden sino de algo mucho más profundo, íntimo e incómodo.
jueves, 3 de enero de 2013
¡Rompe Ralph! Una película que da mucho juego
Rompe Ralph. Ya era hora de que el cine homenajeara debidamente al mundo de los videojuegos y dejara de perpetrar aberrantes adaptaciones. Rompe Ralph. Ya era hora de que Disney demostrara que le ha cogido el truco en forma y fondo a eso de la animación por ordenador. Todo eso y mucho más es la última producción de la factoría del ratón más famoso del mundo. Un film que pretende ser a los videojuegos lo que Shrek a los cuentos de hadas...y lo consigue.
La película, en la que se nota la sensacional mano en la sombra de John Lasseter, cuenta la historia de un personaje de videojuego, Ralph, cansado del rol que la vida parece haberle asignado como "villano" en el juego Repáralo Félix (que, por cierto, recuerda bastante al primer Donkey Kong)ya que no se siente respetado ni valorado. Para ello, emprende un viaje (el del héroe, nunca mejor dicho) por otros videojuegos para demostrar su valía...
Como tributo al universo de las máquinas recreativas y los juegos de ordenador y consola, Rompe Ralph es, ya desde sus geniales créditos "retro", toda una gozada para quienes, como yo, somos amantes de los videojuegos. La película está plagada de guiños a muchísimos juegos (Pacman, SuperMario, Mario Kart, Donkey Kong, Sonic, Call of Duty, Medal of Honor, Halo, Gears of War, Street Fighter, Mortal Kombat, Resident Evil, Zelda...) y géneros (acción, bélico, shooter, arcade, plataformas, lucha, carreras, aventura, survival horror, rol...), así como a otros componentes del universo friki (esa respiración de Darth Vader...). También Rompe Ralph es un homenaje bastante entrañable a todo los cacharros que han sido la puerta de acceso a esos mundos de diversión: desde las máquinas recreativas ochenteras hasta las consolas (especialmente a esas que ya nos parecen prehistóricas como la Gameboy). Por todo ello, la película es un excelente y cariñoso repaso a la historia de los videojuegos, con algunas dosis de crítica que no por sutil deja de ser crítica (la evolución violenta de los juegos).
Pero es que, como decía, Rompe Ralph es además la confirmación de que (por fin) Disney sabe cómo hacer películas de animación por ordenador que no estén a años luz de las de su filial Pixar. Está un punto por debajo de la excelencia técnica y la intensidad adulta de los grandes títulos de Pixar, quizá debido a que Rompe Ralph se apega demasiado a su target infantil. Sin embargo, es el único defecto que se le puede poner a una película que, además de un apartado técnico más que notable, nos regala lo que cabe esperar de un título de Disney: unos personajes ciertamente entrañables (especialmente, para mí, Vanellope von Schweetz), una historia con final feliz y mensajes-moralejas bastante interesantes para todos los públicos.
En relación con esto último, con las lecciones que deja la película en la cabeza del espectador, hay cuatro que parecen estar bastante claras: El egoísmo conduce a la soledad; para ser felices tenemos que aprender a aceptarnos como somos; nuestro papel en la vida lo elegimos nosotros y el verdadero reconocimiento nunca llega del exterior sino del interior. Una moralina que tal vez a los más pequeños se les escape, pero no a los mayores. Y se agradece, porque vivimos en una época en la que parecemos obligados a ser y hacer lo que otros quieren y en la que la gente se mata por colgarse medallas...
En definitiva, Rompe Ralph es una película muy entretenida, que cumple con nota en todos los aspectos, que hará las delicias de los amantes de los videojuegos y que constituye uno de los mejores pasatiempos para estas vacaciones navideñas. ¡Bien por Ralph!
miércoles, 2 de enero de 2013
Lección de mago
"En realidad, no existe la gente normal y corriente. Todos tenemos el poder de ser extraordinarios, sin importar de dónde venimos ni las circunstancias. Es cuestión de creer. Algunos piensan que es imposible cambiar el futuro pero, en realidad, el futuro es lo que todos hacemos". Esta observación, tan sencilla como ilusionante, no la ha dicho ningún gurú de libros de autoayuda ni ningún pensador de esos que cobran un pastón por cada segundo de su tiempo ni una estrella musical o cinematográfica. La ha dicho Steven Frayne o, como mejor es conocido, Dynamo, el Mago. Un mago, tal cual. O quizás algo más porque, viéndolo en acción, cualquiera diría que Dynamo es un superhéroe, un mutante o alguien venido de otro planeta. Lo cierto es que es un chaval nacido hace 32 años en la localidad inglesa de Bradford y se llama, como digo, Steven Frayne. De haber nacido hace 2013 años en la localidad judea de Belén se llamaría Jesús de Nazaret. Caminar sobre las aguas, dar la vida a algo que no la tiene, manipular los elementos, transmutar sustancias, vaticinar acertadamente sucesos del futuro, conocer lo que está en tu mente, arreglar algo que aparentemente no tiene remedio, congregar todo tipo de gentes a su alrededor, lanzar un mensaje optimista y conciliador...este chico tranquilo y sencillo de
aspecto enclenque y enfermizo (padece la enfermedad de Crohn) es capaz de hacer cosas que ni siquiera la imaginación más creativa es capaz de explicar o prever y lo hace con una naturalidad y modestia verdaderamente convincente. Convierte lo imposible en algo cotidiano. No hay sofisticación ni falsa modestia ni paripé en nada de lo que hace este mago-ilusionista-mentalista-genio. Y creo que eso, unido a la espectacularidad de sus hazañas (ya sean grandes o pequeñas), son las claves de su éxito, que hoy disfrutamos en España gracias al canal Discovery Max y a Youtube.
aspecto enclenque y enfermizo (padece la enfermedad de Crohn) es capaz de hacer cosas que ni siquiera la imaginación más creativa es capaz de explicar o prever y lo hace con una naturalidad y modestia verdaderamente convincente. Convierte lo imposible en algo cotidiano. No hay sofisticación ni falsa modestia ni paripé en nada de lo que hace este mago-ilusionista-mentalista-genio. Y creo que eso, unido a la espectacularidad de sus hazañas (ya sean grandes o pequeñas), son las claves de su éxito, que hoy disfrutamos en España gracias al canal Discovery Max y a Youtube.
De todos modos, mi intención con este artículo no es elogiar ni promocionar a Dynamo sino hacerme eco de esa reflexión con la que comenzaba. Estando a comienzos de año y en un estado de depresión como el que llevamos sufriendo los últimos años, palabras así son pura magia a la hora de hacerte recobrar el ánimo y la fe. Estoy de acuerdo en que el futuro es lo que todos hacemos o, por desgracia en algunas circunstancias, lo que nos dejan hacer, pero también pienso que, efectivamente, se pueden cambiar las cosas, empezando por el futuro, si se cree en ellas y en uno mismo. Así que, para este año que comienza, mi gran propósito es creer y hacer, porque creo que, hasta la fecha, esas palabras de Steven Frayne son la mejor receta contra la crisis o, en general, contra cualquier crisis, que he oído nunca. Imaginar, creer, hacer: lo dicho, pura magia...en unos tiempos muy necesitados de ella.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Adiós, 2012 (¡y no vuelvas!)
Hoy acaba 2012. Un año en que los mayas pronosticaron que todo se iría a tomar por culo y así fue, aunque no como esperaban ellos o no como esperábamos nosotros. La sensación generalizada es que Dios ha colgado el cartel de "He salido un momento" y todo se ha ido al carajo, como cuando el profesor salía de clase y los alumnos montaban un guirigay de tres pares de cojones. Lo cierto es que la Humanidad ha dado este año más motivos que ningún otro para que algo o alguien nos hubiera hecho el favor de acompañar a los dinosaurios: Al gran éxito internacional de La crisis que no cesa se ha unido el éxito patrio Esta España es una ruina. La sinrazón humana sigue en erupción en distintos puntos del mundo (Nueva Delhi, Connecticut, Damasco, Córdoba...). La gran inocentada de este año ha sido creer que Mariano Rajoy y su teatrillo de ministros era capaz de hacer algo (bueno). Los impresentables políticos españoles, con el Gobierno a la cabeza, han restaurado el bienestar nacional como si fuera el Ecce Homo de Borja. Los repugnantes banqueros siguen bailando el Gangnam style sobre el futuro de miles de personas sin que nadie les joda la fiesta. Los nacionalistas continúan siendo las primeras ratas en querer abandonar el barco. Los jóvenes españoles tienen dos salidas: emigrar o formar parte de la generación Sin-Sin (futuro, trabajo, contrato, reconocimiento, etc). Los sindicatos siguen constituyendo una mafia de gañanes que avergüenzan a cualquier trabajador honesto. La Educación pervive como arma arrojadiza entre quien gobierna y quien no mientras los centros escolares producen lerdos en serie. La realidad sigue dando evidencias de que te va mejor siendo un jeta como Urdangarín o Díaz-Ferrán que trabajando honradamente. La cultura se ha convertido en una delicatessen gracias a un Ministro deforme en fondo y forma. La Alcaldesa Botella es mejor que se diera a la bebida porque gobernar gobierna de aquella manera. La situación social es tan deprimente que las calles de Madrid se han convertido en un ¿Dónde está Wally? Búscalo en la "manifa". El Rey se pegó una hostia de cacería en África...
En fin. Un año para lanzarlo al retrete y tirar de la cadena, cosa que haremos esta medianoche con bastantes ganas y alivio. Y es que ha sido un año tan malo que ni el salto estratosférico, ni las nuevas gestas de las selecciones de fútbol y baloncesto, ni las proezas del Atlético de Madrid ni el colosal esfuerzo de Fernando Alonso sirven para maquillarlo. Así que, para esto, mejor apaga y vámonos, 2012. O, mejor dicho, vete tú solo.
domingo, 30 de diciembre de 2012
"El Hobbit": Un regreso esperado
J.R.R. Tolkien vuelve a la gran pantalla, Peter Jackson a la Tierra Media y Gandalf, Bilbo y demás tropa vuelven a nuestras vidas. Eso es lo que
supone El Hobbit: un viaje inesperado, primera entrega de la nueva
trilogía con la que el director neozelandés vuelve a llevarnos a ese universo
que adoptó y magnificó para el cine con su ya mítica, archipremiada y
taquillerísima El Señor de los Anillos.
Compartiendo todas las virtudes-aciertos y los
defectos-errores que se le podían atribuir a aquélla, El Hobbit, es una
película que completa y expande (a todos los niveles) la saga
cinematográfica sobre la Tierra Media que Peter Jackson.
Basado en la obra homónima que, con permiso de El Silmarillion, El Hobbit constituye la precuela de referencia para
todo lo visto (y lo no visto, que dirán los detractores) en El Señor de los
Anillos cinematográfico. Ambientada sesenta años antes de los hechos por
¿casi? todos conocidos (ya sea por los libros o por las películas), esta
película supone una antesala ideal para poner en mejor contexto, perspectiva
y valor todo lo que ocurre después con Frodo, Aragorn y compañía. En ese
sentido, creo que funciona perfectamente con los cometidos de toda precuela:
conocer más y mejor; descubrir algunas preguntas e interrogantes que
quedaron/quedarán resueltas en la historia central y explicar algunas
cuestiones del pasado que implícita o explícitamente configuran la
intrahistoria que integra todos los sucesos ocurridos desde Bilbo hasta Frodo
Bolsón. Todo ello siguiendo un esquema muy similar: tenemos nuevamente
una misión que parece suicida-imposible (en esta ocasión, recuperar el tesoro de Erebor), una pintoresca compañía de héroes dispuestos a
emprender ese viaje (el del héroe), un mentor-padre-guía que vale más por lo
que calla que por lo que dice/hace (Gandalf), un mal acechante y polimórfico
(los trolls, El Gran Trasgo, Azog el Profanador, El Nigromante, Smaug, Gollum...) y un
hobbit Bolsón como catalizador de todo.
Pero es que, aparte de ser una estupenda “expansión del
puzzle” de El Señor de los Anillos, El Hobbit: un viaje inesperado
supone un acierto en lo que se diferencia de las otras tres películas. Es
más cuento que cantar de gesta, al cambiar la épica mayestática, colosal y
adrenalítica (aquí más presente en flashbacks que en la acción del
presente) que caracterizaba a la trilogía original por una aventura más
modesta, cómica, entrañable y volcada al entretenimiento para todos los
públicos. Es más una película de grandes huidas más que de grandes batallas. Incluso los personajes-puente entre ambas historias como Gandalf,
Saruman, Galadriel, Elrond, Gollum y el propio Bilbo aparecen de una forma que, aunque
sea con un sutil detalle, es distinta a como los conocimos, lo que contribuye a
dar una sensación de marco evolutivo-histórico bastante logrado. ¿Esta
diferenciación es mejor? ¿Es peor? Ni una cosa ni otra: es enriquecedor,
necesario y original, en tanto que no ofrece “más de lo mismo”. Y todo ello
sin perder una sensación de homogeneidad en contenido, forma y calidad con
respecto a las tres películas protagonizadas por Frodo Bolsón. Y eso es una
cuadratura del círculo al alcance de muy pocos: mérito de Peter Jackson. Supongo
que algo ayuda el derroche de ingenio y pasión que Jackson evidencia, una vez
más y licencias aparte (que las hay), por lo que imaginó y escribió J.R.R.Tolkien.
Si a todo eso le añadimos que Martin Freeman compone un
Bilbo Bolsón a años luz en cuanto a talento y matices interpretativos de su
sucesor Frodo (interpretado por Elijah “Carapasmo” Wood), que Ian McKellen parece disfrutar como un
cabrón actuando magistralmente y que el resto del elenco no desmerece en ningún
momento a las estrellas de la trilogía previa, esta película es a las
precuelas lo que El Padrino II es a “Segundas partes nunca
fueron buenas”.
Por otra parte, me gustaría decir algo respecto a la polémica y críticas que hay en torno a esta película acusándola de "blanda", "simplona", "infantil", "menor", etc. La historia (literaria y cinematográfica) de la Tierra Media que comienza con El Hobbit y finaliza con El Retorno del Rey tiene mucho de paso de la infancia a la madurez. Es el relato de cómo todo un mundo y quienes lo habitan pierden la tranquilidad, seguridad y felicidad y de cómo las recuperan. Es una historia iniciática en tanto que cuenta la pérdida de la inocencia y la conquista de la experiencia. Es el relato del descubrimiento del mal y la oscuridad, de cómo llegan las tinieblas a nuestras vidas y qué hacemos cuando eso pasa, de cómo la vida cambia y nos cambia. Es una historia que, en el fondo, de lo que nos está hablando es de qué es crecer y madurar, influida eso sí por la filosofía cristina de Tolkien (mejor explicada en los vicios y defectos de los enemigos y némesis que en las virtudes de los héroes). Por todo ello, lo más lógico es que El Hobbit constituya, ya desde su base literaria, un inicio más virginal y simple donde se nos presenten personajes y tramas propias de un estadio "infantil" para irse adentrando poco a poco en un desarrollo más oscuro, complejo y dramático, propio del mundo "adulto", que es lo que representa y culmina El Señor de los Anillos. De no haber sido así, de haber tenido todo el mismo tono desde el principio no habría habido evolución, crecimiento ni, por tanto, credibilidad ni enseñanza que extraer de esta historia de la Tierra Media. ¿Es El Hobbit más simple e "infantil" que El Señor de los Anillos? ¡Claro! No podía ni tenía que haber sido de otro modo.
Por otra parte, me gustaría decir algo respecto a la polémica y críticas que hay en torno a esta película acusándola de "blanda", "simplona", "infantil", "menor", etc. La historia (literaria y cinematográfica) de la Tierra Media que comienza con El Hobbit y finaliza con El Retorno del Rey tiene mucho de paso de la infancia a la madurez. Es el relato de cómo todo un mundo y quienes lo habitan pierden la tranquilidad, seguridad y felicidad y de cómo las recuperan. Es una historia iniciática en tanto que cuenta la pérdida de la inocencia y la conquista de la experiencia. Es el relato del descubrimiento del mal y la oscuridad, de cómo llegan las tinieblas a nuestras vidas y qué hacemos cuando eso pasa, de cómo la vida cambia y nos cambia. Es una historia que, en el fondo, de lo que nos está hablando es de qué es crecer y madurar, influida eso sí por la filosofía cristina de Tolkien (mejor explicada en los vicios y defectos de los enemigos y némesis que en las virtudes de los héroes). Por todo ello, lo más lógico es que El Hobbit constituya, ya desde su base literaria, un inicio más virginal y simple donde se nos presenten personajes y tramas propias de un estadio "infantil" para irse adentrando poco a poco en un desarrollo más oscuro, complejo y dramático, propio del mundo "adulto", que es lo que representa y culmina El Señor de los Anillos. De no haber sido así, de haber tenido todo el mismo tono desde el principio no habría habido evolución, crecimiento ni, por tanto, credibilidad ni enseñanza que extraer de esta historia de la Tierra Media. ¿Es El Hobbit más simple e "infantil" que El Señor de los Anillos? ¡Claro! No podía ni tenía que haber sido de otro modo.
En definitiva, El Hobbit más que un viaje
inesperado ha sido una espera que ha merecido (y mucho) la pena. Tanto como
la segunda entrega que llegará el año que viene por estas fechas. Seguro.
martes, 25 de diciembre de 2012
Verdades y mitos navideños
Las Navidades están cargadas de costumbres y mitos asumidos de generación en generación...¿Pero por qué hacemos todo esto? ¿De dónde vienen estos rituales y toda la imaginería asociada? En una fecha tan señalada como hoy, 25 de diciembre, me propongo alejarme de los tópicos y descubrir qué hay detrás de muchas de las ideas y tradiciones navideñas. Así que si alguien es demasiado purista o llega tarde a misa o no quiere tener la misma decepción que cuando descubrió la identidad secreta de los Reyes Magos, mejor que deje de leer.
El 25 de diciembre...¿Navidad? Del mismo modo que los antiguos romanos adoptaron con poca vergüenza y mucha naturalidad creencias, mitos y celebraciones de otros pueblos; lo mismo hicieron los cristianos con festividades paganas romanas. Así, los primeros cristianos, en una labor de canibalización cultural y marketing religioso bastante impresionante (con los papas Julio I y Liberio como estrellas de la campaña), decidieron celebrar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre. Hasta entonces, esa fecha, en pleno solsticio de invierno, era conocida y celebrada por los romanos como la fiesta del Sol Invictus. Ésta exaltaba el nacimiento del Sol, encarnado en el dios Mitra (culto que "importaron" los romanos de los persas), y suponía el broche a unas celebraciones muy importantes en la Antigua Roma: las Saturnales, en honor al dios Saturno, deidad de la agricultura. Esas fiestas de Saturnalia empezaban el 17 de diciembre y duraban siete días durante los cuales los romanos organizaban bulliciosas reuniones y banquetes fraternales con regalos y ofrendas por medio. ¿Banquetes? ¿Reuniones familiares? ¿Regalos?...El caso es que allá por los siglos III y IV los mandatarios cristianos decidieron suplantar la fiesta del Sol Invictus por la Navidad, de modo que en lugar de festejar el nacimiento del dios Sol se festejara el nacimiento de Jesucristo, el verdadero "Sol invencible" para los creyentes. ¿Por qué? Para favorecer el tránsito del paganismo al cristianismo. Algo así como "Pagano, conviértete al cristianismo sin dejar de celebrar tus fechas favoritas". Tampoco se les puede culpar ya que la fecha concreta para conmemorar el nacimiento Cristo no está muy clara: Parece más o menos consensuado por los expertos que nació entre marzo y mayo (con lo que su nacimiento y muerte estarían muy cercanas en el calendario), pero la imprecisión de la Biblia y el lío de calendarios judío, griego, romano y cristiano hacen imposible atinar (inclusive con el año del nacimiento, que parece que fue seis o siete antes). Lo que sí resulta curioso es que los primeros discípulos y comunidades cristianas no celebraban la Navidad como actualmente. Por cierto, hablando de fiestas familiares con banquetes monumentales en invierno, los antiguos pueblos nórdicos también celebraban durante el solsticio de invierno la Fiesta de Yule de una forma que nada tenía que envidiar a las típicas reuniones familiares de Nochebuena y Navidad de hoy en día. En resumen, que naciera o no Cristo un 25 de diciembre, parece claro que es una fecha en la que siempre ha habido algo que celebrar.
El Belén, cogido con pinzas: El gran resumen iconográfico y tradicional de las Navidades es el Belén...aunque puede que en realidad fuera bien distinto a como imaginamos. O, al menos, eso piensa el papa actual, Benedicto XVI (quien validó hace años la inexistencia del limbo pero sí la del infierno) al afirmar en su último libro que de mula y de buey, rien de rien ("en el portal no había animales"); que la estrella que habitualmente se coloca como si fuera un neónprobablemente fuera una supernova, esto es, una explosión estelar; y que los Reyes Magos no eran reyes ni venían de Oriente (sino de Andalucía). Así que o el Belén de Benedicto XVI tiene mucho espacio libre o la tradición belenística está asentada sobre puras pajas mentales.
Sus ¿Majestades? de ¿Oriente?: Curiosa trastienda la de uno de los tríos más famosos de la Historia. Los Reyes Magos son el resultado de lo que dice la Biblia (que es bastante poco si nos ceñimos al Evangelio de San Mateo), los evangelios apócrifos (que son un filón a la hora de rellenar) y luego los añadidos populares que se han sucedido siglo tras siglo. Una miscelánea muy variopinta pero efectiva. En el siglo III se establece que son reyes (hasta entonces eran considerados poco menos que unos sacerdotes con mucha sabiduría y posibles). En el siglo V, el Papa León I El Magno fija su número en tres. También en ese mismo siglo se conocen sus nombres originales: "Melichior, Gathaspa y Bithisarea", según el Excerpta latina barbari, o "Melchior, Gaspard y Balthazard", según el Evangelio armenio de la infancia; teniendo ya en el siglo VI los nombres que todos conocemos gracias al mosaico que hay en la basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena (Italia). En el siglo XV los Reyes Magos tienen ya el aspecto actual, estableciéndose que encarnan las tres edades del ser humano y las tres razas conocidas en aquel entonces (europeos-Melchor, asiáticos-Gaspar y africanos-Baltasar), dado que hasta el momento eran tres tipos barbudos casi clónicos y vestidos a la persa. Y ya en el siglo XIX (al menos en España) surge la moda, hoy tradición, de convertir la Noche de Reyes en la respuesta festiva a la Nochebuena del mundo adorador de Papá Noel, teniendo lugar la primera cabalgata en 1866, en la localidad de Alcoy, y es que en España los Reyes Magos llevaban siglos muy presentes, por ejemplo, desde el XII, centuria en la que se escribió un Auto de Reyes Magos, considerado la primera obra teatral española. Lo de sus tumbas móviles (de Saba a Constantinopla, de Constantinopla a Milán y de allí a Colonia) o el asunto del "sueño de los Reyes Magos" (¿están Sus Majestades dentro o fuera del armario?).
El verdadero origen del árbol de Navidad: Supongo que no soy la única persona a la que nunca le ha terminado de encajar qué pinta un árbol de aspecto más nórdico que judío dentro de toda la parafernalia ornamental navideña. Pues bien, rascando un poco, salí de mi ignorancia: Es pagano, concretamente, procede de la mitología nórdica y, antaño, representaba a Yggdrasil, el árbol perenne del que brotaba toda la existencia y que contenía en él todo el Universo (sus raíces y ramas unían todos los "mundos" existentes en los mitos escandinavos). Parece ser que, cuando llegaron los primeros cristianos a las tierras nórdicas descubrieron que sus pobladores,en una fecha muy próxima a la Navidad, adornaban su "árbol de Yggdrasil" con objetos que representaban y sacralizaban elementos de la naturaleza para festejar el nacimiento del dios Frey, dios del Sol (¿he oído Sol invictus?) y la fertilidad. ¿Qué hicieron los cristianos entonces? Despojar al árbol y sus ornamentos de cualquier significado pagano y sustituirlo por otro más acorde a su religión. Lo de poner regalos en su base ya es posterior, cuando el árbol de navidad ya era "cristiano de toda la vida".
San Nicolás y su versión Coca-Cola: San Nicolás (de Bari), alias "Papá Noel" o "Santa Claus", comenzó su fama como santo para el cristianismo por haber provocado el milagro de revivir a tres niños que habían sido descuartizados y conservados en un barril salazón por un mesonero con vocación de Caradecuero. Su imagen actual de "guiri bonachón con sobrepeso de kilos y años y vestido con los colores del Atlético de Madrid" se debe principalmente (pero ni mucho menos exclusivamente, ojo) a Coca-Cola, empresa que a comienzos del siglo XX (en 1931, aproximadamente) encargó a Haddon Sundblom remodelar gráficamente a este personaje (que ya formaba parte del folclore popular en aquel entonces) para una campaña publicitaria que, probablemente, sea de las más exitosas de la Historia, a tenor de los resultados.
San Nicolás y su versión Coca-Cola: San Nicolás (de Bari), alias "Papá Noel" o "Santa Claus", comenzó su fama como santo para el cristianismo por haber provocado el milagro de revivir a tres niños que habían sido descuartizados y conservados en un barril salazón por un mesonero con vocación de Caradecuero. Su imagen actual de "guiri bonachón con sobrepeso de kilos y años y vestido con los colores del Atlético de Madrid" se debe principalmente (pero ni mucho menos exclusivamente, ojo) a Coca-Cola, empresa que a comienzos del siglo XX (en 1931, aproximadamente) encargó a Haddon Sundblom remodelar gráficamente a este personaje (que ya formaba parte del folclore popular en aquel entonces) para una campaña publicitaria que, probablemente, sea de las más exitosas de la Historia, a tenor de los resultados.
Así las cosas, parece claro que nuestras tradiciones navideñas tienen que agradecer al mundo mitológico pagano y a leyendas/creencias de varias culturas tanto como a lo expuesto en la Biblia y lo dicho por la Iglesia. Son el resultado de la mezcla y evolución de creencias cristianas, paganas y mundanas a lo largo de siglos. Algo que puede resultar paradójico pero que no lo es tanto porque todas las celebraciones y tradiciones coinciden en lo fundamental: estas fechas son desde siempre una época dedicada a festejar la vida rodeándote de quienes más quieres, sea cual sea el motivo o el nombre que se le dé a la celebración.
Y eso, verdades y mitos, es lo realmente importante. ¿O no? ¡Feliz Navidad a todos!
sábado, 22 de diciembre de 2012
Crónica del fin del mundo
Pues sí, efectivamente, hoy es 22 de diciembre de 2012 y el mundo se acabó ayer. Los cuatro jinetes del apocalipsis trotan por las calles a ritmo de trompeta, el misterioso planeta Pacman ha devorado la Tierra, un meteorito cabrón ha premiado a la humanidad con el Gordo y la pedrea, un agujero negro sito en Suiza ha tirado de la cadena, una llamarada solar ha convertido la población mundial en un coro de gospel, el cadáver de Nostradamus corretea gritando "¡Os lo dije, gilipollas!", los ángeles y los demonios se están dando de hostias en el desierto, una invasión alienígena ha convertido nuestro planeta en su nuevo Benidorm, los polos magnéticos practican el 69, un fallo en los ordenadores de todo el orbe ha reiniciado el sistema de la especie humana, una pandemia ha convertido a los seres humanos en figurantes de George A.Romero, #calendariomaya es trending topic en el Más allá, la Atlántida ha salido a flote, Íker Jiménez presenta Informe Semanal, los muertos han salido de sus tumbas y bailan el gangnam style...
Hace un año escribí un artículo sobre el tema del día, de la semana, del mes, del trimestre, del semestre y del año: Según los mayas o, mejor dicho, según el iluminado que interpretó lo que escribieron los mayas el viernes 21 de diciembre de 2012 nos íbamos oficialmente a tomar por culo. Para acabar bien la semana, supongo. Y aquí estamos. Jodidos, puteados, pero estamos y eso es lo que cuenta. Supongo que a estas horas habrá decenas de miles de personas que no tienen nada mejor que posicionarse entre los defensores de los mayas (que estarán recalculando la nueva fecha de despedida y cierre) y los indignados por el "chasco maya", que estarán buscando una nueva profecía que les ponga cachondos con el tema del exterminio global. A lo mejor, lo que unos y otros ignoran es que el mundo ya se ha ido a la mierda, ha vuelto y ahora nos está contando cómo es todo aquel lugar tan concurrido.
En fin. Es gracioso ver cómo estas profecías (y las manipulaciones y pajas mentales que hay tras ellas) pueden condicionar tanto no ya nuestro interés sino nuestras expectativas y acciones más cotidianas. Y es gracioso porque la historia y las hemerotecas están llenas de miles de gilipolleces fallidas de la misma temática apocalíptica. Y es gracioso también porque si en nuestra vida diaria nos viene un idiota contándonos cualquier memez, lo mandamos a hacer puñetas a la velocidad de la luz. Pero si esa misma majadería aparece en las noticias o lo vemos en un documental que necesita ser doblado o subtitulado al español, entonces ya la cosa cambia y se nos pone cara seria. Tócate los...mayas.
Lo que está claro es que hay cierta obsesión proverbial por vivir permanentemente en un estado de alerta, de acojono, de despedida, de alegato final, de coitus interruptus. ¿Por qué? Porque supongo que así valoramos más lo que tenemos. Lo cual, por cierto, no es malo. El problema es tener que necesitar paridas proféticas para vivir y valorar como se debe.
De todos modos, no cabe duda de que el fin del mundo es seguro. La fecha, vete a saber, pero se acabará. Y, mientras tanto, seguiremos poniéndonos estupendos con conjeturas milenarias, onanismos new age, profecías siniestras e inverosímiles y augurios aguafiestas. De momento, el 21 de diciembre de 2012 lo único que terminó fue la semana laboral, lo único que se ha ido a la mierda ha sido el país y la única persona actualmente capacitada para anunciar el fin del Mundo es Pedro J. Ramírez. ¡Feliz no-fin del mundo a todos!
En fin. Es gracioso ver cómo estas profecías (y las manipulaciones y pajas mentales que hay tras ellas) pueden condicionar tanto no ya nuestro interés sino nuestras expectativas y acciones más cotidianas. Y es gracioso porque la historia y las hemerotecas están llenas de miles de gilipolleces fallidas de la misma temática apocalíptica. Y es gracioso también porque si en nuestra vida diaria nos viene un idiota contándonos cualquier memez, lo mandamos a hacer puñetas a la velocidad de la luz. Pero si esa misma majadería aparece en las noticias o lo vemos en un documental que necesita ser doblado o subtitulado al español, entonces ya la cosa cambia y se nos pone cara seria. Tócate los...mayas.
Lo que está claro es que hay cierta obsesión proverbial por vivir permanentemente en un estado de alerta, de acojono, de despedida, de alegato final, de coitus interruptus. ¿Por qué? Porque supongo que así valoramos más lo que tenemos. Lo cual, por cierto, no es malo. El problema es tener que necesitar paridas proféticas para vivir y valorar como se debe.
De todos modos, no cabe duda de que el fin del mundo es seguro. La fecha, vete a saber, pero se acabará. Y, mientras tanto, seguiremos poniéndonos estupendos con conjeturas milenarias, onanismos new age, profecías siniestras e inverosímiles y augurios aguafiestas. De momento, el 21 de diciembre de 2012 lo único que terminó fue la semana laboral, lo único que se ha ido a la mierda ha sido el país y la única persona actualmente capacitada para anunciar el fin del Mundo es Pedro J. Ramírez. ¡Feliz no-fin del mundo a todos!
sábado, 15 de diciembre de 2012
Matanza en Connecticut
La matanza de Connecticut. Podía ser el título de una infumable película de terror de serie B, pero es el titular de una espantosa noticia de terror de clase universal. Nuevamente, un tiroteo atroz. Nuevamente, un homicida que combina juventud y demencia. Nuevamente, inocentes asesinados. Nuevamente, en Estados Unidos, ese país que se forjó con la Biblia en una mano y una pistola en la otra.
Como todos sabemos, ningún lugar del mundo está libre de sufrir el zarpazo bárbaro y letal de los asesinos (ya sean terroristas, asesinos en serie, asesinos múltiples, etc). Pero es muy sintomático que tragedias de este corte suelan ocurrir en EEUU; una nación que gracias a su célebre y paranoica Segunda Enmienda tiene en la industria del armamento y su cultura de las armas (es el país con más tasa de armas en su población) dos rasgos notablemente singulares.
Visto así parece hasta lógico afirmar que el germen de horrores como el que ha terminado con la vida de 20 niños está dentro de la propia idiosincrasia y ADN norteamericano. Ahí están las hemerotecas y las estadísticas para demostrarlo.
De la misma forma que EEUU es una nación que ha liderado y anticipado algunos de los grandes momentos y avances de la Humanidad, el estadounidense es un pueblo que se originó a sangre y fuego (independencia colonial), se expandió a sangre y fuego (la conquista del Oeste), se reestructuró a sangre y fuego (la Guerra de Secesión) y se consoldió a sangre y fuego (Guerras Mundiales) en tan poco lapso de tiempo -en comparación con otras naciones- que en su genoma social pervive un estado de tensión paranoica que les lleva a tener una acojonante permisividad y accesibilidad a las armas. Así, mientras en otros países las armas de fuego han sido o son objetos más ocasionales y marginales, en Estados Unidos dichas armas forman parte del mismo ecosistema cotidiano que la televisión, la hamburguesa y el "barras y estrellas".Y cuando algo que puede quitar la vida está tan "a mano" es mucho más sencillo que se quiten vidas. Para más (y mejor) información, ver el ya clásico y magistral documental Bowling for Columbine.
Visto así parece hasta lógico afirmar que el germen de horrores como el que ha terminado con la vida de 20 niños está dentro de la propia idiosincrasia y ADN norteamericano. Ahí están las hemerotecas y las estadísticas para demostrarlo.
De la misma forma que EEUU es una nación que ha liderado y anticipado algunos de los grandes momentos y avances de la Humanidad, el estadounidense es un pueblo que se originó a sangre y fuego (independencia colonial), se expandió a sangre y fuego (la conquista del Oeste), se reestructuró a sangre y fuego (la Guerra de Secesión) y se consoldió a sangre y fuego (Guerras Mundiales) en tan poco lapso de tiempo -en comparación con otras naciones- que en su genoma social pervive un estado de tensión paranoica que les lleva a tener una acojonante permisividad y accesibilidad a las armas. Así, mientras en otros países las armas de fuego han sido o son objetos más ocasionales y marginales, en Estados Unidos dichas armas forman parte del mismo ecosistema cotidiano que la televisión, la hamburguesa y el "barras y estrellas".Y cuando algo que puede quitar la vida está tan "a mano" es mucho más sencillo que se quiten vidas. Para más (y mejor) información, ver el ya clásico y magistral documental Bowling for Columbine.
Así, con tantas armas y munición flotando en el caldo de cultivo colectivo, no es raro (por desgracia) que tragedias como ésta ocurran, máxime viviendo en una sociedad desquiciada y desquiciante como la actual. Una sociedad que, como decía en otro artículo, se ha acostumbrado de forma alarmante a la violencia, asumiéndola como algo casi habitual, natural e irremediable. Si a eso le unimos el pésimo favor que hacen ciertos medios de comunicación y entretenimiento convirtiendo en anti-iconos a salvajes asesinos y dementes (reales o no), la violencia se ha convertido en una droga que promete emociones muy fuertes para gente que ante la indiferencia o frustración que le provoca "lo real" decide cambiar su vida de la peor manera posible. Las armas y lo que ellas pueden hacer se han transformado en un oscuro objeto de deseo para demasiadas personas como el cabrón que ha perpetrado la masacre en Newtown.
Por todo ello, estoy convencido desgraciadamente de que esto se volverá a repetir...y por eso creo que todos los países del mundo pero, especialmente, los Estados Unidos de América deberían "hacérselo mirar". Deben hacer introspección porque en su mente, en su cultura y en su imaginario, no puede haber tanto espacio para las armas. De lo contrario, seguirán poniendo una alfombra de sangre para que los locos y los asesinos lo tengan demasiado fácil.
lunes, 3 de diciembre de 2012
"La vida de Pi": La historia de Richard Parker
Este fin de semana se ha estrenado La vida de Pi, película dirigida por el oscarizado Ang Lee y basada en la novela homónima de Yann Martel. Una película con varios errores que, sin embargo, resulta una obra bastante interesante gracias a su ingenioso desenlace.
El film, uno de los más esperados y rumoreados para los próximos Óscars, cuenta el peculiar tránsito de Pi Patel de la niñez a la madurez, su pérdida de la inocencia, su consecución de la consciencia, su renacemiento como adulto. Un tránsito motivado por una tragedia (el naufragio del carguero en el que viaja rumbo a Canadá desde su India natal junto a su familia y los animales del zoológico familiar) que lo empuja a aceptar forzosamente la llamada de la aventura, cambiando su vida para siempre. Es decir: una historia iniciática en toda regla. Un viaje del héroe o, mejor dicho, del náufrago. Nada nuevo bajo el sol. Y es que, dejando aparte el perfecto acabado visual de la película, el gran interés a priori no está en la arquitectura interna de la historia sino en una cuestión más superficial y retorcida: ¿cómo leches sobrevive un chico en medio del océano en una barca con un tigre llamado Richard Parker?
Decía antes que La vida de Pi es una película con varios errores. En mi opinión, sus fallos son:
- Historias así se pueden abordar de varias formas (ñoña, dramática, poética, cómica y épica). Ang Lee pretende hacerlo desde todas a la vez y provoca que el espectador no sepa con qué clave interpretar lo que ve durante buena parte del metraje: ¿Me tengo que emocionar? ¿Me debería descojonar de esto? ¿Me quedo sin habla? ¿Me pongo a pensar? ¿Me tenso? ¿Qué puñetas hago?
- Otro error, este bastante habitual en la filmografía de Ang Lee, es el ritmo lento y la redundancia a la hora de realizar/montar la película. Dicho de otra manera: se podrían eliminar bastantes elementos/partes y la historia no se resentiría sino que ganaría en intensidad y el espectador lo habría agradecido. Pero no, Ang Lee sigue cargando sus narraciones cinematográficas con un lastre prescindible, poniendo a prueba la paciencia y el interés del espectador. Quizás es que el director sigue creyendo que su característico preciosismo es incompatible con la concreción.
- El ordenador "canta" demasiado en varias escenas y eso, si no estamos en Pandora, Narnia o una galaxia muy muy lejana, no es muy aceptable.
- Realismo y fantasía son agua y aceite, a no ser que estemos hablando de realismo mágico. Y, aun así, esta historia, tal y como está contada/filmada/mostrada, es en demasiados momentos tan obvia y escandalosamente inverosímil que bordea el absurdo y cuesta saber dónde quiere ir a parar Pi, Ang Lee y la madre que los parió.
Como solución a todos estos problemas, Ang Lee apuesta por la belleza como remedio, distracción y sedante. Y lo hace de una forma tan decidida que parece claro que el narrador (Lee/Pi) no quiere convencer sino epatar y maravillar. En ese sentido, en La vida de Pi se sacrifica la verosimilitud en pos de la belleza, de lo estéticamente indescriptible, de "lo-imposible-pero-que-queda-bonito". Y es precisamente eso lo que salva la narración/película de naufragar como el carguero de la ficción, siempre y cuando aceptemos que ir a la deriva es mejor que no irse a pique. Porque la película, durante buena parte de sus casi dos horas, parece ir tan a la deriva como la barca de Pi...
Y digo "parece" porque es en el acto final cuando emerge incontestable el gran acierto de la película. Un giro. Una sorpresa. Un cambio de rumbo que la lleva con éxito a la orilla. Es entonces cuando el espectador descubre que todo tenía un sentido. Que lo inverosímil era premeditado. Que lo hueco y artificioso escondía algo hondo, humano y espiritual. Que la lucha del protagonista es contra la naturaleza, sí, pero la humana. Que la realidad estaba más allá de la fantasía. Que de lo que habla esta película no es de un chaval indio puteado en medio del mar sino de algo mucho más profundo. Que,en el fondo, la vida de Pi es la historia de Richard Parker.
Lo cierto es que La vida de Pi es una fábula sobre la condición humana. Un cuento sobre la imaginación como única vía para asimilar el mundo y todo lo que no queremos o no somos capaces de entender. Una interesante reflexión sobre si la fe, las religiones, las creencias no son más que fantasías con las que elegimos disfrazar el mundo real y dar un sentido a la vida. Un inmenso y poético interrogante sobre el hecho mismo de ser y creer. Sólo por eso merece la pena tolerar los fallos de la película y dejarse llevar por Pi, embarcándonos en un viaje al final de cual quizás nos encontremos nosotros mismos.
Lo cierto es que La vida de Pi es una fábula sobre la condición humana. Un cuento sobre la imaginación como única vía para asimilar el mundo y todo lo que no queremos o no somos capaces de entender. Una interesante reflexión sobre si la fe, las religiones, las creencias no son más que fantasías con las que elegimos disfrazar el mundo real y dar un sentido a la vida. Un inmenso y poético interrogante sobre el hecho mismo de ser y creer. Sólo por eso merece la pena tolerar los fallos de la película y dejarse llevar por Pi, embarcándonos en un viaje al final de cual quizás nos encontremos nosotros mismos.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Que le den a Siria
Siria importa tres cojones. O, mejor dicho, sólo importa para rellenar huecos en noticias y tertulias. Así de sencillo.
He dejado pasar unos días desde la última salvajada de allí de la que se ha tenido constancia aquí: la matanza de diez niños en una aldea utilizando las prohibidas y especialmente cabronas bombas de racimo. Y he dejado transcurrir ese tiempo para comprobar lo que ya casi es una obviedad: que ya no importa, que ya todo el mundo habla de otra cosa, que el interés tiene una esperanza de vida muy corta.
Yo no voy a entrar ahora a valorar los criterios y "tempos" de la profesión periodística. Ni tampoco voy a detenerme demasiado en el conflicto sirio, eufemismo con el que se denomina a la masacre diaria liderada por un gobernante (eufemismo para denominar a un perfecto hijo de puta). Ya lo hice en otro artículo en febrero.
Sólo diré dos cosas: La primera: por encima de la barbaridad del hecho en sí, me impactó profundamente que se difundieran explícitamente las durísimas imágenes de la matanza infantil. Igual que me ha chocado la facilidad con la que las hemos "encajado" y olvidado. Monstruosidad fast food. Esta sociedad tiene que hacérselo mirar. La segunda: si la nacionalidad de esos niños hubiera sido estadounidense, británica, alemana, francesa o rusa, hoy se seguiría hablando del tema y la comunidad internacional no se estaría tocando los genitales a dos manos. Hay muertos de primera, de segunda...de tercera y de regional.
La tragedia siria es que ese país no tiene ningún recurso energético rentable ni un emplazamiento geopolítico interesante para el Risk de las grandes potencias. Sólo tiene una población civil fácil de masacrar. De lo contrario, hace tiempo que alguien habría metido por el culo de Bashar Al-Assad la bandera norteamericana o de la OTAN o de la ONU, con asta y todo. Pero no. Siria importa entre nada y menos.
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