miércoles, 31 de octubre de 2012
Darth Mouse o la nueva compra de Disney
Disney compra Lucasfilm. Lucasfilm se vende a Disney. Tras adquirir Pixar (2006) y Marvel (2009), esta nueva compra acaba con toda una era del entretenimiento. Comienza otra. Distinta. Diferente. Hablar de mejor o peor es absurdo...aunque las sensaciones ahora, sinceramente, no son buenas.
Por el lado de Lucasfilm, supone la defunción oficiosa de uno de los imperios más importantes, influyentes y creativos de toda la historia cinematográfica y del "entertainment" y la prostitución de un imaginario lleno de iconos generacionales. Digan lo que digan, desde ayer Lucasfilm es ya historia, en todos los sentidos. No obstante, el ocaso de George Lucas era algo que se veía venir: la injustificable e innecesaria trilogía-precuela de Star Wars, la decisión de abandonar el cine para centrarse en series para televisión, la perpetración de una nueva entrega de Indiana Jones, el anuncio de dedicarse a "producciones indies"... hacía años que George Lucas estaba en caída libre desde la estratosfera del Olimpo y, al contrario que Baumgartner, su descenso ha resultado dramático, como el de Francis Ford Coppola, otro dios caído. Así las cosas, ya sólo cabe darle las gracias por todo. Así de sencillo. Así de triste.
En cuanto Disney, esta megacompra supone la constatación del proceso de refundación de la compañía creada por Walter Elías Disney. Una reinvención obligada por la alarmante crisis creativa que mermó su competitividad y su impacto en su principal target (niños y adolescentes). Así que, reformulando aquella máxima de "Si no puedes con el enemigo, únete a él", Disney decidió comprar a sus mayores rivales en distintos ámbitos para ocupar nuevamente y consolidarse en el trono del entretenimiento. Así se explica que comprara a la gran heredera y rival de Disney en el ámbito del cine de animaciónPixar) y a la empresa que más iconos ha legado a la cultura popular infantil y juvenil en las últimas décadas (Marvel). Ahora ha comprado esa mina de oro abandonada que es Lucasfilm y con ella a personajes totémicos como Darth Vader, Indiana Jones, Yoda y compañía. Una nueva jugada maestra que, pese al pastizal invertido, le saldrá rentable. Disney paga por quedarse sin la amenaza de la competencia pero con todos sus activos y beneficios. Lo dicho, una jugada magistral que, sin embargo, dice muy poco en favor de esa compañía que antaño parecía de cuento de hadas y hoy resulta tan fría y mercantilista como cualquier multinacional. Si Disney hubiera mostrado el mismo ímpetu en recordar/recuperar sus señas de identidad que el esfuerzo realizado a la hora de aniquilar empresarialmente a sus rivales...no habría tenido nunca que hacer esto.
La sensación que queda es de pérdida de inocencia. De desengaño. De decepeción. De constatar que incluso en la "fábrica de los sueños" todo es cuestión de puro y puto dinero.
domingo, 28 de octubre de 2012
"Lo imposible": El tsunami efectista
Recientemente, he visto la película Lo imposible, de Juan Antonio Bayona (responsable de El orfanato, de la que ya di cuenta en este blog en su momento). Debido a la intensísima labor promocional (como suele ocurrir con las producciones de Telecinco Cinema) y a la inusitada repercusión de Lo imposible, no me detendré demasiado en el aspecto meramente informativo-objetivo de esta película. Este film que, pese a estar rodado en inglés y contar con un reparto internacional es español (paradójico pero cierto), ficciona la experiencia real de una familia española que sufrió el célebre tsunami que conmovió al mundo en 2004.
Tener un hecho real, famoso mundialmente, dramático hasta más allá de los tópicos, "reciente" y en el que casi todos los países del orbe perdieron algo es, mirado fríamente, una excelente base sobre la que construir un taquillazo. Por cuestiones similares fueron un hit en su momento La lista de Schindler, Titanic o Salvar al soldado Ryan, por citar algunos de los ejemplos más conocidos. Si a eso le unes un reparto encabezado por dos de las estrellas más solventes del panorama hollywoodiense como son Ewan McGregor y Naomi Watts y el gancho inconsciente de "esto le pasó a unos españoles", pues...lo raro sería que la gente no fuera a ver este film, aunque sólo sea por curiosidad.
Después de verla y dejando patrioterismo y sensiblería aparte, Lo imposible me parece una película a la que le perjudican tres cosas: Primera, las desmedidas expectativas que han generado los medios de comunicación, el público y la crítica. Segunda, el hecho de basarse en una historia real, reciente y española hace bastante fácil averiguar antes de ver la película el desenlace de todo con lo que la tensión que necesita cualquier historia (especialmente las dramáticas) se va por el sumidero (y no digo más para no destripar nada). Y tercera: si no estuviera protagonizada por las dos estrellas arriba citadas, Lo imposible estaría más cerca del típico telefilm que de un "revientataquillas". ¿Por qué? Por el abuso descarado del efectismo melodramático (explicitar o recrearse en algunas imágenes y pensamientos hace más que evidente que busca como resultado la congoja del personal); por el uso pretencioso de la música para subrayar reiterativamente la importancia emocional de ciertas escenas, tan machacón que irrita (con unos hechos tan potentes, mejor dejarles hablar a ellos solos); por el guión, muy mejorable pese al interesante y constante intercambio de fortaleza y coraje entre la madre y el hijo mayor; por la absurda decisión de doblar casi todo al castellano se carga la más que verosímil sensación de incomunicación-incomprensión que supuso el dramático entendimiento entre los afectados del tsunami (escuchar a todo el mundo entendiéndose en "nuestro idioma" es simplemente ridículo); y, por último, por estar contada de una forma tan "buenista" que, por muy real que sea su base, parece un Qué bello es vivir en una zona catastrófica.
Por otra parte, el director, Juan Antonio Bayona, creo que tiene pendiente encontrar o bien un estilo cinematográfico propio o bien un género en el que desplegar su ingenio porque, de momento, lejos de la imagen de genio que algunos parecen empeñados en darle, Bayona no es más que un director con más oficio que talento y que, quitando las magistrales secuencias del tsunami, demuestra más eficacia que brillantez.
Pese a ello, Lo imposible funciona y consigue lo que pretende: que muchos espectadores se emocionen y que la gente siga llenando las salas y hablando de ella. ¿Por qué? Tal vez porque el efectismo suele dar el resultado esperado o porque recordar un suceso tan atroz, devastador e impresionante como aquel tsunami es algo que toca la fibra más sensible de todos nosotros. Por eso, la película funciona en la medida en que refresca las emociones y sensaciones que aquella catástrofe natural y humana originó. Y es que, en ocasiones, el cine vale más por lo que nos hace recordar que por lo que nos muestra. Y Lo imposible creo que es un buen ejemplo de ello.
domingo, 14 de octubre de 2012
Felix Baumgartner
Gracias a momentos como éste, puedo imaginar cómo se sintieron las personas que vieron el alunizaje del hombre en la Luna. Antaño el televisor y la radio, hoy Internet. Distintas generaciones, mismas sensaciones. Hoy como entonces, un sueño se transformado en hito y récord, en instante inolvidable, en imagen para la que no hay palabras, en un aliento entrecortado lleno de leyenda.
Gracias a momentos como éste, todos sabemos que el límite del ser humano está donde él quiera fijarlo.
Gracias a momentos como éste, el mito de Ícaro se vuelve la verborrea de algún aguafiestas.
Gracias a momentos como éste, toda la Humanidad tiene un nuevo nombre que recordar.
Gracias a momentos como éste, el ser humano se redescubre a sí mismo.
Gracias a momentos como éste, el asombro, la emoción y el orgullo eliminan cualquier diferencia.
Gracias a momentos como éste, la voluntad convierte a la ciencia y la técnica en caminos para la magia.
Gracias a momentos como éste, el mundo es un poco más humano y menos imposible.
Por eso, por todo eso que soy capaz de escribir y por lo que no, muchas, muchísimas gracias a Felix Baumgarnter.
jueves, 11 de octubre de 2012
"Frankenweenie"...y Burton alcanzó su perfección
He ido al estreno de Frankenweenie. He visto Frankenweenie. He disfrutado Frankenweenie. Me lo he pasado de puta madre con la película definitiva de y sobre Tim Burton. Así de sencillo.
La película es una divertida y entrañable traslación al tenebroso universo de Tim Burton de la trama de Frankenstein, contando la aventura en la que se ve envuelto Víctor, un chaval que decide revivir a su mascota, un perro llamado Sparky...Así, en Frankenweenie encontramos la particular obsesión de Burton por el mundo de ultratumba (presente en títulos como Bitelchús, Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver), su recurrente ambientación de estética "América años 50" (vista en Eduardo Manostijeras), su amor por las películas de serie B (evidenciada en Ed Wood y Mars attacks!), su ternura grotesca y conmovedora(como mostró en las ya citadas Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver y en Big fish), su afición por el stop motion (que utilizó fantásticamente en
Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver), su negro sentido del humor, sus inconfundibles y estrafalarios personajes-muñecos llenos de alma (leídos en su sensacional obra La melancólica muerte de Chico Ostra y vistos en las ya citadas en Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver), la habitual música de Danny Elfman, e incluso guiños a otras películas hechas más por encargo que por invención propia (Batman).
Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver), su negro sentido del humor, sus inconfundibles y estrafalarios personajes-muñecos llenos de alma (leídos en su sensacional obra La melancólica muerte de Chico Ostra y vistos en las ya citadas en Pesadilla antes de Navidad y La novia cadáver), la habitual música de Danny Elfman, e incluso guiños a otras películas hechas más por encargo que por invención propia (Batman).
Por todo eso, Frankenweenie es algo más que el remake como largometraje de uno de los primeros cortos de Burton (que paradójicamente, le costó su despido de Disney cuando tenía 26 años). Es la suma perfecta de todas sus películas desde Vincent. Es la respuesta a qué es Burton. Es cine concebido como arte y artesanía. Es la
película en la que Burton vuelve a encontrarse consigo mismo (por fin) y con quienes admiramos su sombrío y entrañable genio. Es la película más personal de Burton (no en vano, la especial y conmovedora relación entre Víctor y Sparky está basada en la del propio director con su mascota de la infancia). Es Burton en estado puro. Es la perfección Burtoniana.
película en la que Burton vuelve a encontrarse consigo mismo (por fin) y con quienes admiramos su sombrío y entrañable genio. Es la película más personal de Burton (no en vano, la especial y conmovedora relación entre Víctor y Sparky está basada en la del propio director con su mascota de la infancia). Es Burton en estado puro. Es la perfección Burtoniana.
Por si eso fuera poco, Frankenweenie es además una declaración de amor incondicional a la amistad, a las mascotas, al cine y a lo diferente; un genial y constante homenaje a las obras de terror más famosas de toda la literatura universal y sus autores (con especial atención a Shelley, lógicamente); a los monstruos clásicos del cine (empezando obviamente por Frankenstein, siguiendo por su novia y continuando con Nosferatu, Drácula, el hombre-lobo, la momia...); a los films de ciencia ficción de serie B de los años 50 del siglo pasado (en los que monstruos
gigantescos asolaban poblaciones cuando no eran invadidas por una plaga de bichos verdes); a las películas expresionistas y a actores (Vincent Price, Christopher Lee) y directores (Ed Wood) de culto. En definitiva, un festival de guiños que componen un auténtico regalo para cualquier cinéfilo, friki o amante del terror y la ciencia ficción.
gigantescos asolaban poblaciones cuando no eran invadidas por una plaga de bichos verdes); a las películas expresionistas y a actores (Vincent Price, Christopher Lee) y directores (Ed Wood) de culto. En definitiva, un festival de guiños que componen un auténtico regalo para cualquier cinéfilo, friki o amante del terror y la ciencia ficción.
En resumen, si te gusta Tim Burton, Frankenweenie es LA PELÍCULA. Si no conoces a Tim Burton, es la mejor forma de entrar en su mundo. Si odias a Tim Burton, es una buena oportunidad para pasar un rato francamente entretenido en una sala de cine. Y si no te gusta el cine, ¿qué haces leyendo esto?
domingo, 7 de octubre de 2012
El talento de mentir verdades
Contar una mentira y que la crean como verdad. Contar una ficción y que la asimilen como real. Crear pensamientos, sensaciones, recuerdos y sentimientos con algo que no existe ni jamás lo hará. Todo ello es cuestión de talento o de "ingenio", o de "creatividad" o de "imaginación" o de cualquiera de sus trasuntos. Exactamente lo mismo que se le presupone y exige a los artistas. Así que se podría decir que engañar es todo un arte o, siendo más transgresor, que el arte es saber mentir.
Quizás por todo ello, de todas las Artes, la Literatura y la Cinematografía sean las que más puramente trabajan con la mentira. Y lo hacen para contar verdades porque, en ocasiones, la ficción es el camino más corto a la realidad. A la más íntima, esencial y depurada: la que hay dentro de cada uno de nosotros. Tal vez esa sea la razón por la que hay libros y películas, pasajes, escenas y personajes que nos acompañan durante toda la vida. Porque esa ficción, esa mentira que unos contaron y otros leyeron o vieron, una vez dentro de nosotros se desnuda quedándose en certeza, en verdad, en real. Y así se queda para siempre.
Al leer una novela o ver una película se produce un juego de engaños: el del autor (escritor/director) al disfrazarnos de mentiras cosas que en esencia son reales y el del receptor (lector/espectador) al desconectar el piloto automático de su propia consciencia para dejarse llevar. Quizás este juego de engaños acerca el arte de contar historias a la magia. Quizás es que contar historias, narrar ficciones, ya se literaria o cinematográficamente, tiene mucho de mágico. Puede ser. Sólo así se explicaría que alguien, mientras lee una novela o ve una película, sienta lo que siente y llene su mente de pensamientos y reflexiones con algo que simplemente no ha ocurrido ni ocurrirá pero que nos hace entender mejor el mundo en que vivimos y la vida en la que estamos.
Porque tal vez el mayor propósito de la ficción, literaria o cinematográfica, sea ése: revelarnos qué somos, cómo somos y dónde estamos. Es decir, dar cuenta de la vida en toda su contundente e infinita ambigüedad, reflejar toda la luz y la sombra que hay en la vida y en nuestras vidas. Y hacerlo a través de una mentira para así sortear la trinchera de los prejuicios, las filias y las fobias que filtran y componen el mundo a nuestro gusto.
Y eso, mentir verdades, engañarnos para enseñarnos, perdernos para encontrarnos, mostrar la vida como es y no como nos gustaría que fuera es algo que, además de talento, requiere valentía y honestidad. Talento, valentía y honestidad. Cualquiera de esas tres cualidades convierten al artista que narra ficciones novelescas (escritor) o cinematográficas (director) en alguien interesante. Tenerlas las tres, lo convierten en alguien especial. Si además de eso le añades juventud, lo acercan al terreno de los genios.
Y tal vez este artículo no sea más que un laberinto de ideas y reflexiones de quien tiene en la literatura y el cine sus dos mayores pasiones. La cháchara de alguien que sueña con escribir novelas o dirigir películas. Pero sí sé que si alguien quiere entender qué estoy diciendo, lo tiene muy sencillo: leer cualquier novela de Andrés Barba, que se adentra con sencillez y gran belleza en algunos de los rincones más sórdidos de la existencia, o ver cualquier película de Rodrigo Cortés, cuyos films son una frenética aventura en busca de la verdad como forma de rebelarse contra un mundo cada vez más deshumanizado. O si, lo prefiere, que se pase el 9 de octubre por el coloquio en el que intervendrán en el Espacio Fundación Telefónica. Y, quizás, aprenda a mentir verdades o, en el peor de los casos, a dejarse convencer por el talento.
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Categoría: Cine, Cultura, juventud, Literatura, sociedad, talento
Que se queden con su "merda" (si quieren)
Yo no veo qué hay de malo en que Cataluña o, mejor dicho, los catalanistas que han secuestrado política y neuronalmente esa región desde hace décadas se separen, desvinculen, desgajen, independicen, marchen, larguen o se vayan a tomar por culo de España. En serio.
Todo son ventajas: Nos libraríamos de aguantar su delirante e insoportable cantinela victimista, egocéntrica y mezquina. De aplaudir sus puñeteras e indefendibles "esnobadas". De poner el culo presupuestariamente con tal de evitar sus pataletas y amenazas. De contener la risa ante su argumentario fantástico para justificarse como nación. De sufrir su manipulación perversa y paleta del histórico Reino de Aragón. De su demagogia chulesca e ignorante. De su contaminación política del deporte (ese Barça...). De su "cultura gafapasta". De sus poses ensimismadas. De su sempiterna actitud agraviada. De su nazismo lingüístico...
Yo no sé si Cataluña sobra en España o a los catalanes les sobra España. Lo que sí sé es que a España le sobran los independentistas. Son unos parásitos, en todos los niveles y sentidos. Y con los parásitos sólo hay dos soluciones: exterminio o expulsión. Y puesto que estamos en democracia, mejor lo segundo. Modifíquese todo lo que haya que modificar, pero que se vayan de España. Que se queden con su mierda y chapoteen en ella.
En el caso de Cataluña, lo peor no es ya que quieran manipular el pasado a su antojo y apropiarse sin vergüenza ni sensatez alguna de la historia, la bandera y la entidad del Reino de Aragón para sustentar sus sueños nacionalistas. Ni que en un período tan crítico como el que vivimos, en lugar de hacer introspección y analizar qué partidos han gobernado aquella autonomía en las últimas décadas y cómo lo han hecho, prefieran culpar de sus males al resto del país; un comportamiento ruin, cobarde, inmaduro y de auténtica vergüenza ajena. Ni que tengan como presidentes autonómicos a gilipollas del calibre de Artur Mas (perla 1, perla 2, perla 3). Lo peor es que quieren separarse de España...pero seguir aprovechándose de ella en el "durante" y en el "después". ¡Anda a tomar por saco, jetas!
La culpa de lo que ocurre en Cataluña y con Cataluña la tienen en su mayor parte los catalanes. Y quien diga o piense lo contrario es libre de hacerlo, porque todo el mundo es libre incluso para equivocarse.
Y me duele escribir todo esto teniendo sangre, familia y apellidos catalanes pero si Cataluña o los catalanes quieren irse de España...que no olviden cerrar la puerta al salir. Y si quieren quedarse, que arrimen el hombro de una puta vez y dejen de dar por el culo y humillar a todo un país como es, le pese a quien le pese, España.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
26-S
Ayer fue 25 de septiembre. Cerca de 6.000 personas se concentraron para protestar contra lo que no funciona en España, que son muchas cosas. Una concentración truncada por las fuerzas brutas, unas vestidas de antidisturbios, otras de perroflautas radicales. Lo que hasta entonces era una amalgama de dignidad, civismo, idealismo e ingenuidad, se convirtió en un festival de hostias y pánico urbano. Espero que ninguno de los responsables de eso esté satisfecho con lo ocurrido.
Duele ver a un policía pateado por varios cafres en el suelo. Duele ver a una chica arrastrada y apaleada por un "valiente" antidisturbio sin que otro chico pueda evitarlo pese a abrazarse a ella. Duele ver llegar a una turba de gilipollas a la primera fila de la concentración para desatar una lluvia de palos y banderazos contra unos mostrencos deseosos de devolverles el cambio y con intereses. Duele ver correr a personas de cierta edad delante de los búfalos acorazados como si fueran los Sanfermines. Duele escuchar cómo unos niñatos hablan y reivindican cosas que o no saben o no conocieron. Duele enterarse de cómo ciertos medios de comunicación, entre la exageración y la pura gilipollez, quieren criminalizar a una mayoría pacífica (que no es lo mismo que sumisa).Duele constatar que la izquierda quiera apropiarse de lo
que es una reacción muy por encima de ideologías y credos y que la derecha la ataque considerándola "golpista". Duele enterarse de cómo finiquitó la noche la policía en Atocha y Paseo del Prado cuando ya no había nada que hacer ni por lo que montar la de Dios es Cristo. Duele comprobar que a los políticos todo esto se la suda. Duele leer que haya dirigentes tan sumamente gilipollas y soberbios que crean que "la inmensa mayoría de los españoles" les apoya. Duele. Y avergüenza. Mucho.
que es una reacción muy por encima de ideologías y credos y que la derecha la ataque considerándola "golpista". Duele enterarse de cómo finiquitó la noche la policía en Atocha y Paseo del Prado cuando ya no había nada que hacer ni por lo que montar la de Dios es Cristo. Duele comprobar que a los políticos todo esto se la suda. Duele leer que haya dirigentes tan sumamente gilipollas y soberbios que crean que "la inmensa mayoría de los españoles" les apoya. Duele. Y avergüenza. Mucho.
Pero lo que más me duele es ser consciente de que esto ya no es suficiente. Que hace falta algo más. Que ya no basta con asombrar al mundo. Que por sí solas las manifestaciones, las concentraciones y las asambleas populares no llevan a ningún sitio. Que España y los españoles se merecen algo más y mejor que esto. Que cuando tantas y tan distintas personas están de acuerdo en que algo no va bien, es necesario ponerle remedio cuanto antes. Que un país construido con la sangre y el esfuerzo de los millones de personas que nos precedieron no se puede echar a perder tan estúpida y fácilmente. Que un país son sus ciudadanos. Que la dignidad, la honradez y la libertad son algo con lo que se juega. Que ya está bien.
No quiero escribir más. Me puede la rabia y la vergüenza. Me duele mi país.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Mujeres, genios y viceversa
Hace más de un año escribí en este blog una reseña sobre la penúltima genialidad representada en Madrid por ese maestro llamado Rafael Álvarez "El Brujo". Hoy tengo la suerte de escribir sobre la última: Mujeres de Shakespeare. Es decir, un genio comentando a otro. La obra, más cercana a una ingeniosa aproximación que a un profundo repaso de la vida y obra de William Shakespeare, tiene como eje central las protagonistas de algunas de las obras más famosas del célebre inglés.
Si bien es cierto que algunas se quedan en el tintero (Ofelia, Lady Macbeth), las glosas del Brujo sobre Rosalinda, Catalina, Beatriz y Julieta son suficientes para dejar bien claro que los personajes femeninos de Shakespeare no sólo no tienen nada que envidiar a los masculinos sino que son bastante más interesantes (y modernas) que ellos. Con un análisis lúcido apoyado en un innegable conocimiento del literato más famoso en lengua no española, Rafael Álvarez "El Brujo" despliega ante el espectador toda una serie de reflexiones y comentarios que, entre chanzas y anécdotas, calan en el público mejor que cien ensayos sobre Shakespeare.
Con la risa y el pensamiento activos durante toda la función, ese magistral comediante y erudito del teatro que es El Brujo hace como en él es costumbre una exhibición de lucidez, ingenio, gracia, mordacidad, sabiduría y bufonadas que convierten cada una de sus obras en fiesta, rito y lección.
Acompañado por la excelente música de Javier Alejano y la cuidada y sencilla escenografía que suele ser habitual en sus obras, este magnífico "actor solista" llamado Rafael Álvarez no sólo tiene tiempo para acercar a profanos y entendidos la vida y las obras de Shakespeare, sino que además pone en la picota del ingenio toda la actualidad (crisis económica, situación política) y aprovecha para hacer una mordaz y merecida defensa de la cultura, del teatro y del patrimonio cultural-literario que tenemos en España y que valoramos tan poco, quizás porque la ignorancia nos cubre de demasiados complejos.
En tiempos en que nos gobiernan gilipollas capaces de gravar la cultura para recaudar impuestos y donde la gente se mira muy
mucho en qué se gasta el dinero, no deja de ser muy revelador que todo el aforo de un teatro a rebosar ovacionara puesto en pie a Rafael Álvarez "El Brujo", un maestro que regala cada vez que pisa tabla algo más que arte dramático. Y eso se agradece y se premia. En el horizonte aguarda su aproximación a La Odisea. Ojalá pase pronto la espera.
mucho en qué se gasta el dinero, no deja de ser muy revelador que todo el aforo de un teatro a rebosar ovacionara puesto en pie a Rafael Álvarez "El Brujo", un maestro que regala cada vez que pisa tabla algo más que arte dramático. Y eso se agradece y se premia. En el horizonte aguarda su aproximación a La Odisea. Ojalá pase pronto la espera.miércoles, 19 de septiembre de 2012
Carrillo postmortem
Ayer murió Santiago Carrillo. Tótem del comunismo en España, icono del republicanismo, deidad de la izquierda española, protagonista de la Transición democrática, último dinosaurio de la política en blanco y negro...
No me ensañaré con alguien que es ya cadáver. No detestaba ni detesto la figura de Santiago Carrillo por sus ideas políticas, porque cada cual puede pensar lo que quiera. Si detestaba y detesto a Santiago Carrillo es porque en el mejor de los supuestos no hizo nada, cuando fue consejero de Orden Público, para evitar una de las mayores vergüenzas y atrocidades (de las muchas que se hicieron en ambos bandos) de la Guerra Civil, como fue la matanza de Paracuellos del Jarama. Mi desprecio para alguien implicado en una cosa así no distingue entre ideologías, circunstancias o estado vital. Por eso, es lógico que ni me apene su muerte ni la vaya a festejar. No se merece ni lo uno ni lo otro.
Del mismo modo que para algunos ha muerto un ídolo, para mí ha muerto alguien que se merece, desde ya, todo mi olvido.
martes, 18 de septiembre de 2012
La política se queda sin Esperanza
Esperanza Aguirre se va. Deja la Presidencia de la Comunidad de Madrid, la Asamblea regional y la política activa. Dimite. Causa baja por enfermedad indeseable, llámese ésta cáncer o Mariano Rajoy Brey.
Con ella, España pierde el último ejemplo de persona que entendía la política como un servicio y no como un beneficio. Aguirre no necesitaba la política pero la política sí necesitaba a Aguirre. Liberal, honesta, consecuente, valiente, con personalidad y carácter, siempre hizo y dijo lo que pensaba, sin paños calientes, con la más profunda convicción y coherencia. Eso, lógicamente, generó filias y fobias extremas en torno a su figura. Admirada y envidida, querida y detestada. Es lo bueno que tiene tener personalidad: no dejar a nadie indiferente. Indudablemente cometió errores y torpezas (algunas hilarantes, otras vergonzosas), pero su carisma, honradez y coraje ideológico y personal las compensaron sobradamente. Ahí están sus resultados electorales.
Alguien que no ha utilizado la política en provecho propio sino por convicción ideológica, como demostró en su muy interesante último discurso, se merece todo mi respeto. Por eso,me parece bien que dimita. Una persona con su valía y trayectoria no se merece el desgaste al que iba a exponerse en los próximos meses: los efectos de las medidas anticrisis en la región, la desconexión con el fondo y las formas actuales de su partido, la discrepancia evidente con algunas de las decisiones más importantes del Gobierno...Aguirre no se merecía aguantar gilipolleces. Suficiente tiene ya con lo que tiene como para soportar dar la cara para que se la partan dentro y fuera de su partido.
Alguien que no ha utilizado la política en provecho propio sino por convicción ideológica, como demostró en su muy interesante último discurso, se merece todo mi respeto. Por eso,me parece bien que dimita. Una persona con su valía y trayectoria no se merece el desgaste al que iba a exponerse en los próximos meses: los efectos de las medidas anticrisis en la región, la desconexión con el fondo y las formas actuales de su partido, la discrepancia evidente con algunas de las decisiones más importantes del Gobierno...Aguirre no se merecía aguantar gilipolleces. Suficiente tiene ya con lo que tiene como para soportar dar la cara para que se la partan dentro y fuera de su partido.
Atrás deja una situación lamentable, causada por la falta de valentía, ideas, ideales y honradez de una casta política plagada de mediocres, advenedizos, pelotas, cobardes, mezquinos y medradores. En ese sentido, Aguirre representa todo lo que le falta al resto de sus compañeros y adversarios políticos: dignidad, valía, coraje, determinación, inteligencia...carencias que afectan a la inmensa mayoría de políticos españoles y que subliman de forma patética y sonrojante el Partido Popular, el Gobierno de España y el presidente de ambos. Para el PP, ya no hay Esperanza.
Con la marcha de Aguirre, habrá muchas personas, dentro y fuera del Partido Popular, que hayan suspirado de alivio. Así va el país.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Madrid, capital del pataleo
Me pregunto qué hemos hecho los madrileños para, además de sufrir el tráfico, la contaminación, las obras, la masificación, los alcaldes y la carestía de la vida en estos lares, tener que soportar que cualquier fulano o mengana que se quiera manifestar lo haga aquí, en Madrid. Y no me vale que somos capital de región o de país, porque esto no pasa en otros sitios. Debe ser que esta tierra está maldita por alguno de los muchos colectivos expulsados forzosamente a lo largo de su historia (romanos, musulmanes, franceses, republicanos...), que el Metro ha perforado algún cementerio indio o que aquí rebotó el Ángel Caído cuando lo tiraron del Cielo. Pero algo pasa aquí para que Madrid más que una ciudad parezca un manisfestódromo adornado con edificios y lugareños.
Si
ya en tiempos normales, rara era la semana que no había manifestación o
concentración, ahora, con la crisis y el mosqueo del personal, parece
que hacer el zombi en Madrid es algo muy trendy. La gente ya se manifiesta por cualquier cosa y, en ocasiones, de forma redundante. "Manifiéstate, que algo queda". Desde luego que queda: el tráfico colapsado, las calles aún más sucias y la gente hasta los huevos de tanta pancarta y megáfono. Visto lo visto, yo creo que las manifestaciones deberían tenerse en cuenta en las visitas guiadas y en los autobuses turísticos que circulan por Madrid. Son algo ya tan nuestro que cuando todo está tranquilo sientes como que te falta algo.
Yo no digo que la gente tenga que ser sumisa y quedarse "quieta" o callada. Al contrario. Pero creo que debería hacerse un mejor uso del hecho de manifestarse. La saturación y las formas están perjudicando seriamente los motivos y las causas de cualquier manifestación, ya sean gilipollescas o magnas. En serio. Parece que el objetivo de una manifestación se limita a dar por el culo a quien no participa en ella y eso no puede ser. Si a eso le unimos que el impacto cuantitativo suena ya a cachondeo por la tradicional batalla de cifras computando los asistentes a estos saraos sociales (unos deben contar a dedo y otros a ojo, supongo) pues manifestarse está ya más cerca de ser un pasatiempo que un acto cívico de primera categoría.
Por otra parte, empiezo
a pensar que, igual que hay manifestantes que escenifican su malestar por verdadera convicción, muchos de quienes se manifiestan en Madrid o vienen aquí a ello lo hacen con la intención de estar "de campo y playa" en
una ciudad que no tiene ni uno ni otra. Turismo
de pancarta.
Una muestra de todo esto ocurrió el sábado, con la macroprotesta organizada por los sindivagos contra la política del Gobierno. ¿Se merece el Gobierno una protesta así? Eso y más. ¿Se merecen los madrileños sufrir eso? No. Así de sencillo.
Además, y ya con esto acabo, manifestarse me parece cada vez más un recuerso facilón, un acto de infantilismo, de pataleta egocéntrica, de pataleo que no va a ninguna parte. Lo fácil es quejarse. Lo difícil es poner el empeño en solucionar el problema. Por eso, tal y como está el patio, me siento más cerca de aquellos que estando tan puteados o más que quienes secundan las manifestaciones, dedican ese tiempo, ingenio y esfuerzo a apretar los dientes y salir adelante, en lugar de a berrear y darse garbeos con banderitas y pancartas por las calles de Madrid.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Hopper: directo, íntimo, genial
Anoche tuve la suerte de acudir a una interesantísima visita guiada a la estupenda exposición sobre Edward Hopper que alberga, ya en sus últimos días, el Museo Thyssen-Bornemisza.
La muestra, ideal para tener una visión bastante completa de la vida, obra e influencias de este pintor norteamericano, nos acerca a un genio tan solitario como inteligente cuya mirada limpia y directa nos convierte en testigos de una realidad íntima, sugerente y con una pátina de imperfección irreal.
Sus cuadros son una invitación a la imaginación más voyeur e intimista, a idear, a adivinar historias a partir de las escenas y lugares que él pinta. En ese sentido, la obra de Hopper es una encrucijada pictórica entre el fotoperiodismo, el realismo sucio literario y el cine (especialmente el noir). Asentado en la frotera creativa entre varias artes, sus pinturas nos saben a los relatos del gran Raymond Carver, tienen la súbita genialidad de Cartier-Bresson y el alma de las películas de Mamet, Wenders y Lynch.
Así las cosas, los cuadros de Edward Hopper no sólo son un relajante placer para la vista sino un sutil pero contundente estímulo para imaginar y dejarse llevar por cualquiera de las historias que cabe dentro de cualquiera de sus obras.
En definitiva, un gustazo que recomiendo disfrutar (aunque sólo sea por Google).
¿El precio de la paz?
Escribí sobre el tema hace no mucho, así que no me extenderé demasiado. La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Primera, pese a los informes de la Fiscalía y la forense, ha confirmado la decisión ministerial y judicial de poner en libertad a un asesino y secuestrador. Es decir, unos jueces han resuelto poner en la calle a un criminal despiadado que cumplía condena por unos crímenes de los que no se ha arrepentido. Han liberado a un ser que no cree ni en el país ni en la Ley que supuestamente representan esos magistrados. Unos individuos con toga que han tenido más en cuenta la dignidad de un verdugo que la de sus víctimas.
Con políticos y jueces como los que sufrimos gentuza como Charles Manson, David Chapman o David Berkowitz estarían ya en la rúe y haciéndose platós de televisión si hubieran tenido la suerte de actuar por estos lares. Se confirma así que España es un auténtico chollo para hacer carrera criminal: estafar, robar, extorsionar, secuestrar, asesinar...Gracias a actuaciones y decisiones como las de estas últimas semanas, las autoridades políticas y judiciales han evidenciado que aquí hay más futuro al margen de la ley que dentro de ella. Quizás una solución para subsanar el paro sea dar cursos de formación como ladrón, estafador, matón, sicario o terrorista a los millones de personas que están a la espera del maná laboral en España. Desde el punto de vista político y legal todo serán facilidades para quienes quieran hacer del crimen su forma de vida. Seguro.
Dicho esto, yo me pregunto si el precio para la paz en España, es decir, si el peaje para que ETA no atente ni secuestre ni asesine ni extorsione, es legalizar lo que antes era ilegal; ceder el poder a los que, en el mejor de los casos, equiparan a asesinos y asesinados; forzar la Ley para beneficiar a los encarcelados; ignorar la opinión de las víctimas y de una mayoría social; rebajar el Estado de Derecho al nivel de una banda terrorista y apiadarse de los que no tienen piedad y presumen de ello y, en definitiva, consentir cualquier tipo de petición procedente de un mundo que se ha construido sobre las lágrimas, la sangre y los cadáveres de inocentes. Si ése es el precio de la paz yo no la quiero. Porque no quiero nada que implique el triunfo de los objetivos de quienes no tienen reparo alguno en arrebatar la vida o la libertad a la gente de bien. Si el precio de la paz es que España se deje dar por el culo por los etarras y quienes simpatizan con ellos, el Gobierno y los jueces se pueden meter la paz por donde les quepa.
¿La liberación de este asesino y secuestrador forma parte del precio de la paz? No. Forma parte del precio de la vergüenza. ¿Qué es la vergüenza? Lo que no tienen ni el Presidente del Gobierno, ni el Ministro de Interior, ni el juez Castro ni La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Primera.
lunes, 10 de septiembre de 2012
¡Puños fuera! Las series que animaron los 80
Uno de los iconos de mi niñez cumple 40 años. Estoy hablando de Mazinger Z, el robot controlado por Koji Kabuto que hizo de "¡Puños fuera!" una frase berreada y recordada por miles de niños. Por eso, al igual que hice hace unos meses hice con las películas que marcaron mi infancia (y las de gente de mi quinta), hoy escribiré sobre esas series de animación sin los cuales no se podría entender aquellos años donde lo que pasaba en el televisor importaba casi más que lo que sucediera fuera de él.
Series como Mazinger Z, que enseñó que detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer (aunque sean robots); Dartacán y los tres mosqueperros, que convirtió a los personajes de Dumas en los mejores amigos del niño; La vuelta al mundo de Will Fog, que mostró que viajar de puta madre sólo lo pueden hacer los ricos; David el Gnomo, cuyo final provocó un trauma infantil con los árboles; La abeja Maya, que lo que menos hacía era recoger miel; Vickie, el vikingo, que enseñó claramente que más vale maña que fuerza con una sintonía que parecía cantada por los Beatles; Sherlock Holmes, que demostró que el mítico personaje de Conan Doyle era literalmente un sabueso; He-man, protagonizada por un culturista rubio con un sospechoso bronceado gracias al cual entendí que quien tiene el poder siempre gana (y él lo tenía siempre); She-ra, que advirtió a los niños que las chicas guapas
siempre están relacionadas con alguien que te puede partir la cara (y que tiene el poder); Scooby-Doo, que despertó el gusto por el misterio y lo sobrenatural a una edad en la que todavía crees en eso; Dragones y mazmorras, responsable de la iniciación de muchos niños en las artes del rol; Transformers, que sembró la semilla del tuning en gente que no supo entender el mensaje; Bravestarr, según la cual hasta el universo tiene su propio y lejano Oeste, como confirmaría otra serie, Guardianes de la Galaxia; Ulises 31, que demostró que se puede aprender mitología griega hasta en el espacio; Los caballeros del Zodiaco, pura adrenalina esotérica que enseñaba un refrito de mitologías entre hostias descomunales y armaduras espectaculares; Los halcones galácticos, que eran la versión drag queen del Comando G; Los osos amorosos, un oasis de ñoñería entre
tanto puñetazo y sangre; Los osos Gummi, como los anteriores pero adictos al peyote (llamado "jugo de Gummibaya"); Nils Holgersson se reveló como un precursor de los Erasmus; Los diminutos, que provocó el "voyeurismo de pared"; Los Snorkels, que incitó a practicar el buceo a cientos de niños; Los Picapiedra, que transformó la prehistoria en el "American way of life"; Los Supersónicos, que hizo lo mismo pero con el futuro; El oso Yogi, icono no reconocido de los sindicalistas españoles; Lupin III, que ya evidenciaba bien claramente que en este mundo quienes mejor se lo montan son los que roban; Candy Candy, Heidi, Marco, El pequeño Lord y Ana de las Tejas Verdes, que competían entre sí por ver quién tenía una vida más desgraciada a costa de acongojar al espectador; Campeones: Oliver y Benji, cuyos kilométricos campos, eternos partidos y jugadas con nombres imposibles("el tiro del halcón", "la catapulta infernal", "el tiro del tigre"...) enseñaron a Casillas, Iniesta y compañía que
si los japoneses podían ganar mundiales, los españoles también; La panda de Julia y Dos fuera de serie indicaron bien claro que el voleibol era un deporte de chicas; Chicho Terremoto, que mostró que para ligar con las chavalas el tamaño no importa; Ruy, el pequeño Cid, épica castellana con dibujos nipones; Thundercats, con su mítico grito-bostezo de guerra; Dragon Ball, que convirtió en héroe mundial a un chico con un rabo más grande que él; Jackie y Nuca y Banner y Flappy confirmaron que los bosques eran un filón para contar historias; La aldea del arce aclaró que Patty Conejo no es un nombre de prostituta; Johny Quest y sus aventuras multiculturales; C.O.P.S. evidenció que hasta en los dibujos animados la policía extranjera era mejor que la española; Los autos locos, cuyas carreras no estaban narradas por el insufrible Antonio Lobato; Sailor Moon, con chicas minifalderas que se lo montaban ellas solas; Kabuto, con su nave-esvástica en forma de dragón...y decenas de series más.Después vendrían genialidades como Los Simpson, Batman, Kenshin, Futurama, Death Note, Padre de familia...pero ya era algo distinto. Quizás porque nosotros también lo éramos.
Lo cierto es que esas series de nuestra infancia eran producciones en su mayoría de BRB, Filmation, Hanna-Barbera y Nippon Animation que, dejando a un lado detalles curiosos como el doblaje latino de las series creadas en Estados Unidos o el empeño de añadir "moralina final" de las series de Filmation, configuraron el imaginario colectivo y la llamada "cultura popular" de miles de personas a las que hoy les pillan lejos esos años de mañanas y/o tardes ante el televisor. Además, muchas de estas series han contribuido a divulgar la cultura (especialmente obras literarias y mitología) de una forma fantástica y sutil para los niños. Y, por último, sus sintonías han servido a los no tan niños para dar vidilla al repertorio de muchos karaokes y fiestas con amigos. Méritos suficientes para que todos las recordemos con cariño y una sonrisa friki en la cara. ¿O no?
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