sábado, 7 de agosto de 2010

Claude Eatherly: La alargada sombra de Hiroshima

Ayer fue el 65 aniversario de una de las mayores barbaridades de la Historia de la Humanidad, el cumpleaños de una de las peores proezas cometidas por el ser humano: el lanzamiento y detonación de la bomba atómica, cuyo estreno, para desgracia suya y vergüenza del resto del orbe tuvo lugar en Hiroshima (Japón).

El atronador eco de la mayor derrota del hombre, la huella atroz de las miserias de la sinrazón, el recordatorio eterno de la maldad, el altar atómico consagrado a la muerte, el mensaje sin paliativos de que nuestra completa destrucción está al alcance de la mano. Eso y más fue, es y será Hiroshima: 140.000 muertos y decenas de miles de afectados; el final de la peor guerra desatada en la faz de la Tierra y un ejemplo permanente de cómo hay contiendas bélicas que aun finalizadas no se olvidan y otras que están ocurriendo hoy en día no ven la luz del interés informativo a no ser que alguien no tenga con qué rellenar minutos en una escaleta o blancos en una página.

Pero, pese a todos los pavorosos ejemplos de qué significó Hiroshima, quiero detenerme en uno de los más inesperados: el de quien revivió esa atrocidad todos y cada uno de los días de su vida, una persona a la que las condecoraciones y felicitaciones no consiguieron acallar su conciencia, un hombre que se convirtió en apestado por no renunciar a ser eso: un ser humano. Claude Eatherly. Integrante del escuadrón implicado en el bombardeo de Hiroshima y del que se acaba de publicar en español un interesantísimo libro. Él, que sólo participó en labores de reconocimiento (eligió como "diana" un puente alejado de la ciudad para minimizar la pérdida de vidas...algo que un error de cálculo cambió trágicamente), que no dio la orden final, que no apretó ningún botón, que no saldría en los grandes titulares ni fotografías, fue paradójicamente el que más sufrió por lo que supuso Hiroshima, el que más culpable se sintió por aquella operación, el que jamás olvidó el coste en vidas y horror de esa bomba.

Eatherly se pasó el resto de su vida implorando una condena que puniera su participación, mendigando un castigo que aplacara su lacerante conciencia, desgastando su cordura intentando encontrar su lugar en un mundo que había perdido la inocencia, la razón y el alma. No extraña, por tanto, que su existencia consistiera en desesperadas llamadas de atención para ir a la cárcel o a algún hospital psiquiátrico donde expiar su amargura, una amargura que quizás se vio aliviada por una inesperada carta: La remitida por una docena de jóvenes afectadas de Hiroshima que, lejos de culparle, le consideraban un víctima más de la bomba.

Eatherly moriría cargando sobre él el peso de las conciencias de muchos otros cobardes hipócritas y salvajes sin escrúpulos, constituyendo así uno de los ejemplos más demoledores e interesantes de qué es Hiroshima. Una lección a no olvidar jamás.

martes, 27 de julio de 2010

Raúl Madrid

Hay cosas que no están reñidas con los colores, por mucho que yo sienta, piense y sueñe en rojiblanco. Ayer, se despidió Raúl, capitán, icono y mito del Real Madrid. Dijo adiós al club que ha hecho de él una leyenda blanca. Con él se va una persona que ha demostrado que, sin ser una cornucopia de virtudes técnicas ni físicas, también se puede ayudar a aumentar el imponente legado de un club como el Madrid.

Rául no ha sido ni es un referente de técnica futbolística, ni un portento físico, pero sí es un ejemplo de compromiso, profesionalidad y educación. Y eso que su tirria a mi Atleti ha sido más que patente...

Con el paso de los años, su descaro e irritante provocación mudaron en una templanza y un señorío que lo han convertido en un modelo de las virtudes proverbiales del club merengue. Nada de prepotencia ni altanería ni modales arrabaleros, los típicos defectos de los jugadores madridistas.

Con Rául ha pasado lo mismo que con otros deportistas: la verborrea y la demagogia de la prensa deportiva le endiosaron antes de tiempo e injustificadamente...y, con el paso de las temporadas, en lugar de pegarse como otros el batacazo desde el Olimpo, ha conseguido ascender a él con unos cuantos récords y estadísticas como aval.

Así, un jugador ratonero, incansable y oportunista (como tantísimos otros que malviven en el anonimato) se ha convertido en leyenda para los madridistas y una figura respetada por los rivales y sus aficionados. Y lo digo yo, que jamás me ha gustado como futbolista y creo sobradamente merecida su desaparición del equipo titular tanto del Madrid como de la selección nacional.

En resumen, que le deseo lo mejor a esa persona que como futbolista menospreciaba pero como deportista respeto, y mucho.

lunes, 26 de julio de 2010

Ay, Freddy, Freddy...

Este fin de semana he visto el remake de una de mis películas de terror favoritas: "Pesadilla en Elm Street". A priori, las expectativas no eran muy malas, teniendo en cuenta los afortunados lavados de cara de algunos de los títulos más famosos y truculentos de los 70 y 80 como "La matanza de Texas", "Las colinas tienen ojos", "Amityville", "Viernes 13" o "La última casa a la izquierda". Hasta el nuevo "Halloween" tenía su dosis de interés y acierto.

Además, el hecho de que emblemas del slasher tan icónicos como Cara de cuero o Jason hubieran salido bien parados de su paso por las manos del palomitero productor Michael Bay, mano que mece la cuna de esta nueva versión, invitaba a pensar que Freddy Krueger (por cierto, mi "monstruo" fílmico favorito) no tenía nada que temer...

Pero tampoco hay que olvidar que la saga de "Pesadilla en Elm Street" había ido decayendo hasta casi el hastío, el despropósito y la autoparodia (quizás motivos todos ellos para afrontar un remake...). Algo que casi olvidamos con el crossover más bizarro y sanguinario que servidor recuerda: la entretenida "Freddy vs Jason".

Por tanto, los alicientes y las dudas sobrevolaban por igual mi entrada en la sala del cine. Lástima que, con el paso del metraje, los alicientes se evaporaran y sólo quedaran asentadas las dudas...

Y es que la nueva "Pesadilla", pese a la acertada actuación y realista caracterización del nuevo Krueger (Jackie Earle Haley), la correcta ambientación (la fotografía hace mucho) y el interesante (pero fugaz) coqueteo en la trama con
el binomio inocencia-culpabilidad de los niños y Freddy, hace que se echen de menos todas las virtudes argumentales y artísticas del original del maestro Craven (hoy en horas bajas) que protagonizara el que será el único y verdadero Krueger para varias generaciones: Robert Englund. En ésta, en la actual, el ritmo de videoclip (que es la carta de presentación del debutante director) no ayuda en nada a generar tensión, suspense ni espanto alguno, el omnipresente ordenador hace añorar los efectos "añejos" del film de 1984, el característico y negrísimo sentido del humor de Freddy queda reducido a su mínima expresión y pilares argumentales como por qué las pesadillas deben tener lugar en Elm Street (en la saga original, era la calle donde vivía el entonces asesino de niños Krueger, que en está, por cierto, es "sólo" un pedófilo) son obviadas absurdamente. Carencias y defectos que hacen de este título un prescindible y olvidable remake y una película de terror (lo único que da miedo es el precio de la entrada: 8,10 euros) del montón...que inexplicablemente tendrá una secuela.

Pero, con el ánimo de acabar el artículo con buen sabor de boca, qué mejor que recordar las "moralejas" de la película de Craven: hay recuerdos que es mejor no tener, soñar a veces es demasiado peligroso, la mente es un arma de doble filo y...no hay que dejar que nuestros miedos tengan más presencia de la que deberían...


sábado, 24 de julio de 2010

Canta, autor

Anoche tuve la oportunidad de ir a un concierto. Uno modesto, sin parafernalia ni alharacas, pero con las dosis de complicidad y talento necesarias para pasar un buen rato. El marco, el Café Zanzíbar, invitaba a ello.

Entre canción y canción, se me venía a la cabeza la reciente noticia según la cual el descalabro de la industria musical es mayúsculo. Nada nuevo bajo el sol: avariciosos que no quieren dejar de serlo, jetas que siguen queriendo vivir del morro, el marketing discriminando a troche y moche, un mercado saturado por figuritas de virtudes musicales cuestionables y el talento, mientras tanto, buscándose las castañas en rincones y garitos como si fuera un proscrito. La verdad es que es ya incluso irrisorio cómo los responsables de la industria musical lloran su ruina y claman contra las nuevas tecnologías, etc, con tal de escurrir el bulto de la verdadera razón: son, interesadamente o no, incapaces de adaptarse a unos nuevos hábitos de consumo, unos nuevos soportes y una nueva audiencia. ¿Por qué? Porque a ellos, los gerifaltes y demás palafreneros de ese mundo, lo que menos les importa es la música, entendida como arte disfrutable y talento difundible. Y no te digo ya cuán (poco) presentes tienen a los artistas que, sin más credenciales que el genio ni más padrino que un desparpajo casi kamikaze, quieren ganarse la vida haciendo de su pasión algo más que un sueño. Además, cierto tufo a falacia huele en las reclamaciones de la industria musical, porque el éxito de los eventos en vivo (los conciertos de toda la vida) sigue siendo incontestable, poniendo en evidencia que la gente no tiene problema alguno en pagar por disfrutar de algo afín a sus apetencias y de calidad, siempre y cuando ese precio sea mesurado y no el febril termómetro de la codicia. En resumen, que la solución para salir de la sima es bien sencilla: Preocuparse más del talento y menos de los soportes, concentrarse en las personas y no en los números, trabajar, en definitiva, por la música.

Mas, volviendo al concierto, fue muy grato. Quizás fuera por la sinceridad mundana de las canciones, por la naturalidad y humildad del intérprete, por el ambiente de complicidad y camaradería espontánea, por la sensación de estar disfrutando de algo diferente a lo que señalan como tendencia los cuarenta previsibles...Conciertos así tienen un componente de desnudo artístico, pues el cantante comparte con un público, conocido o no, una serie de letras que esconden un buen puñado de recuerdos y vivencias personales, pequeñas historias encerradas en pentagramas escritas en la intimidad.

La agradable bellaquería callejera de Joaquín Sabina, el desparpajo de Cifu, la personalidad de Ismael Serrano o David Broza...todas esas señas identitarias son las que atesora Jesús Sanjuán, el joven cantautor que dio forma y fondo a la noche del pasado viernes. Con una versatilidad en la guitarra y el piano fuera de toda duda (aunque a mí, personalmente, me gustó mucho más en las teclas que en las cuerdas), Sanjuán compartió con los asistentes algunas canciones que forman parte de la banda sonora de su vida, peldaños de un sueño aún por alcanzar y que se merece lograr, no sólo ya por talento, sino por su humildad ,que empequeñece a tanto divo y jeta rutilante.

En definitiva, si ya en los tiempos que corren ser joven y con talento es una invitación a la inanición y el ninguneo, serlo en el panorama musical en la era de la SGAE es como ir a la Cólquide a por el vellocino. Por eso, gente como Jesús Sanjuán o Patricia Morueco contarán con mi apoyo, por su actitud y su aptitud; porque, en el mundo en que vivimos, ningún autor debe callar su voz, aunque sólo sea por disfrutar de veladas tan gratas como la de anoche.

Historias de amor

Hay historias de amor escritas en cortezas recias, grafiteadas en paredes mundanas, impresas en páginas literarias, manuscritas en papeles improvisados, mecanografiadas en pantallas tecnológicas, confesadas en diarios íntimos, capturadas en fotografías que hacen de un álbum una ventana a la inmortalidad, o relegadas al rincón donde sólo pueden hablar los silencios.

Hay historias de amor que viven en fechas, otras laten en lugares y, casi todas, en pequeños detalles, haciéndonos a todos cronistas, protagonistas y espectadores de un recuerdo que, en el peor de los casos, sólo tendremos nosotros.

Hay historias de amor que anidan sólo en el interior de una persona para nunca comenzar y otras que se abocan a su final cuando se empiezan a compartir siendo tres o más.

Hay historias de amor que alzan el vuelo para planear por encima de donde lo hacen los sueños con la serenidad del día a día, otras se desmigajan en añicos de ilusiones rotas y promesas incumplidas, y algunas, conservan la estabilidad en el formol de la monotonía.

Hay historias de amor que duran los segundos de una mirada súbita que jamás se repetirá, otras duran la justa medida de la felicidad: toda una vida, y, algunas, sólo algunas, duran lo que tenían que durar.

Hay historias que se conjugan en la alegre clave de la sorpresa, otras que se anquilosan en el tedio de un día que se repite como un eco por los calendarios y, algunas, que tienen tanta magia que hay quien se pasa toda una vida buscándolas el truco.

Hay historias de amor que caducan encerradas en la impetuosa llamarada del deseo y otras que perviven por siempre en el inmenso e imperecedero terreno del sentimiento y, algunas, que explotan en lágrimas y heridas por confundir una cosa con otra.

Hay historias de amor construidas sobre verdades irrefutables porque no tienen miedo a la sinceridad, otras que hacen malabares con mentiras y secretos porque tienen miedo a la soledad, y, algunas, que sólo saben mirar hacia delante sin atender qué hay atrás.

Hay historias de amor llenas de palabras dichas y gestos hechos y otras articuladas en torno a cosas que nunca se dirán, ni harán ni serán.

Hay historias de amor protagonizadas por las únicas personas que se lo merecen, otras que orbitan en torno a las personas equivocadas y otras que naufragan por no saber acertar con el nombre, el principio o el final.

Hay historias de amor exitosas y otras fallidas al igual que hay personas que merecen ser amadas sólo un segundo y otras toda una vida, al igual que hay personas que por amor pueden esperar con la misma entereza que dejar marchar.

Hay historias de amor públicas y notorias, otras más discretas y humildes y, algunas, tan íntimas e individuales que tienen en su secretismo santuario y tumba a un mismo tiempo.

Hay historias de amor capaces de hacer a una persona feliz por siempre, otras que sirven de capítulo previo a otro en el universal e íntimo libro "La búsqueda de la felicidad" y, algunas, que hunden a quienes las viven en el crónico veneno de la desazón.

Hay historias de amor que se ajustan cómodamente a los cánones y las convenciones, otras que no tienen más corsé ni cortapisa que la de ser felices y, algunas, con demasiado miedo a las dudas: qué dirán, qué pensarán, qué ocurrirá...

Hay historias de amor...las suficientes para estar seguro de que amar nunca es un error y que equivocarse es el peaje a pagar hoy por ser feliz mañana.

Hay historias de amor...las suficientes para estar convencido de que la felicidad es un derecho del que nada ni nadie nos puede privar.

Hay historias de amor...historias que demuestran que de este no es sólo un país de hidalgos de tristes figuras y sueños en ristre sino también de mujeres capaces de hacerte inmensamente feliz y regalarte esa porción esquiva de magia que tanto anhela el ser humano.

Historias como la que yo vivo, que me lleva a escribir este artículo, que sería un sinsentido fútil y vacío si no tuviera por quien escribirlo...por ti, la persona que me demostró que para ver amanecer no hace falta mirar al Este.

martes, 20 de julio de 2010

El bienquedismo

Bastardo de las hipócritas convenciones sociales y del interesado fariseísmo relacional, el bienquedismo es hoy una práctica muy extendida, ya hablemos del ámbito laboral, familiar o personal. ¿En qué consiste? Si dijera que consiste en buscar con denuedo la aprobación y simpatía general, estaría obviando sus aspectos más patéticos y reprobables. A saber: El ruin interés en "no cerrarse ninguna puerta" y la cobarde vocación de no entrar en conflictos bien para no perder tajada, bien para sacarla ajena (algo que le emparenta con otra actitud miserable como es la tibieza).

El "bienqueda" jamás hará nada que moleste a alguien. En lugar de eso, hará conscientemente cosas que complazcan a todo el mundo, aunque sean entre sí enemigos acérrimos, porque "oficialmente", a un bienqueda le cae genial todo el mundo. Quiere caer a todos en gracia y que nadie piense mal de él y actúa en consecuencia. Por decirlo con ejemplos: invitaría sin inmutarse a su bautizo/comunión/boda a Caín y Abel y a Rómulo y Remo, hablaría con el mismo afecto a Jesucristo que a Judas, daría las mismas palmaditas en la espalda a Leónidas que a Efialtes, aplaudiría las chanzas de César con la misma alegría que los comentarios de Bruto, loaría con entusiasmo la figura del rey Sancho que la de Vellido Dolfos, daría la misma coba a Hitler que a Theodor Herzl, animaría a Zapatero y a Rajoy por igual, le caería igual de bien Calígula que Gandhi, o asistiría con la misma entereza a una reunión del Ku Klux Klan que a una de los Panteras Negras.

Los "bienquedas" son especialistas en hacer malabares con las relaciones y no salir mal parados; son devotos de poner una vela a Dios y otra al diablo, por lo que pueda pasar; son tahures sentimentales; son eunucos de valentía y capacidad crítica; son la sonrisa perenne y hueca; son maestros en regalar los oídos de la gente; son los primeros en dejarte en la estacada y los últimos en reconocerlo; son la mentira disfrazada de cordialidad, el engaño vestido de empatía.

Lo peor no es que sean así, que tiene tela..., sino que obligan a adoptar al resto de la gente sincera y honesta posturas o reacciones que se pueden confundir - errónea y frecuentemente - con la mala educación o la brusquedad, lo que, a su vez, da pábulo a la camarilla de hipócritas y/o lamenalgas que suelen florecer a su vera.

Entonces ¿qué hacer? Pues pasarse por la quilla el "qué dirán" y afear con elegancia su miserable forma de relacionarse. ¿Cómo? Dándoles de lado, desterrando cualquier afecto o consideración que se pueda tener por esas personas, contribuyendo humilde y personalmente a obsequiar el premio que se merecen los "bienquedas": la soledad; en definitiva, haciendo bueno ese sabio refrán castellano que reza: "El mejor desprecio es no hacer aprecio".

Como pasatiempo estival, invito al lector a que elabore mentalmente una lista de personas que se ajusten a lo aquí indicado y así sabrá cuánto lastre debe soltar en su vida social. Y no, no hace falta que me den las gracias. Ja,ja,ja.

jueves, 15 de julio de 2010

Un beso

Klimt, Eisenstaedt, Rodin, Shakespeare, Perrault...cada uno, a su estilo y arte, inmortalizó ese acto llamado "beso". Los besos son, en mi opinión, paradójicos: son pura corporalidad y, sin embargo, esencialmente sentimentales; son tan breves en el tiempo como hondos en significado; son tan fácilmente representables como difícilmente descriptibles; son íntimos y personales pero todo el mundo los conoce...carnalidad y poesía, fugacidad y eternidad, concreción y abstracción, intimidad y universalidad. Pura paradoja.

Un beso puede representar el amor eterno, la traición más vil, la pasión más impetuosa, el cariño más fraternal, la hipocresía de la convención, el afecto más espontáneo, el comienzo de una relación o el final de ella, el inicio de un recuerdo o el broche postrer al mismo...Un beso es todas esas cosas pero sólo una a la vez. Lo dicho, pura paradoja.

Un beso es, junto a la lágrima, aquello con lo que más puede expresar un ser humano sin pronunciar ni escribir una sola letra.

Un beso puede abrir bocas de sorpresa y admiración, combarlas en sonrisas cómplices o cerrarlas en mueca de reprobación o malestar. Y el motivo de este artículo es un beso que ha conseguido todo eso. Un beso espontáneo pero esperado, un beso íntimo pero público, un beso de alegría pero también de protesta, un beso para todos aquellos que aprobaban una relación y para los que la criticaron mezquinamente. Un beso de éxito ante la adversidad. Un beso de triunfo. El beso de Iker Casillas y Sara Carbonero. La "otra" noticia de la noche en que España ganó su primer Mundial de fútbol.

Creo que mi opinión respecto a esta relación se puede resumir en lo que pensé al ver en directo la escena: ¡Muy bien hecho!

Y sí, soy un sentimental...me encanta vivir el amor. Ya sea en un momento cualquiera o en una noche que ha pasado a la historia. Ya sea en persona ajena o en carne propia, porque, sencillamente, es mágico y maravilloso.

Y sí, este artículo no va contra los agoreros ni aguafiestas, sino para todas esas personas que, como yo, disfrutan del amor sin prejuicios, sin preocuparse más que de la felicidad y de sentirse vivos.

lunes, 12 de julio de 2010

Todo por un pulpo

La vida es curiosa. Casi estrambótica. Quizás ahí reside parte de su encanto. Y es que, a veces, se hacen las cosas más insospechadas por motivos de lo más inverosímil. Por ejemplo:

  • Conseguir lo contrario de lo que logran los políticos, esto es: unir a toda la ciudadanía y no sentir vergüenza de ser español.
  • Enarbolar y presumir sin prejuicio alguno de la bandera que nos representa a todos sin que ningún necio te llame "facha" por ello.
  • Poner de acuerdo a millones de personas dentro y fuera de nuestras fronteras para que sean felices sin más justificación que la de "¿Y por qué no?".
  • Rememorar viejas gestas de tiempos pretéritos y más belicosos sin necesidad de derrarmar una sola gota de sangre.
  • Hacer realidad algo que hasta anoche sólo estaba al alcance de la imaginación o los videojuegos.
  • Lograr erradicar de nuestros pensamientos durante un tiempo lo que es innegable: Que vivimos una de las crisis políticas, económicas y sociales más miserables y hondas que se recuerdan.
  • Dejar en evidencia a cierta comadreja en menos de un minuto.
  • Regalar a todo el mundo un recuerdo memorable, una historia antológica que cada español podrá contar con orgullo y emoción a sus hijos, nietos, bisnietos y demás como si fuéramos el replicante Roy.
  • Ganar un Mundial, jugando al fútbol como un equipo, contra un conjunto anaranjado de expertos en artes marciales y lucha libre.

Y todo, todo, todo por...no dejar en mal lugar a un pulpo. Vivir para ver...Vivir para ser feliz.

(PD: Sí, quizás, la felicidad sea esto)

miércoles, 7 de julio de 2010

¿La felicidad? Quizás sea esto

Noche cerrada. Corazones abiertos. Júbilo en las gargantas. Lágrimas en los ojos. Una cacofonía de bocinas, cláxones, carcajadas y gritos inunda todos los umbríos rincones del silencio nocturno. Éxtasis que no entiende de complejos, privacidad o anonimato. La gente conquista las calles en el nombre de la alegría. Rojo y gualda son los colores de los sueños hechos realidad. España, el nuevo nombre de la felicidad.

Que un partido de fútbol como el de esta noche ocasione semejante reacción es sólo un ejemplo más de que el deporte es un arma de ilusión masiva. La noche del miércoles 7 de julio de 2010 supone además que, de ahora en adelante, no estaremos ante un hilarante chiste cuando alguien diga "Esto es España que llega a la final del Mundial de fútbol...", que las videoconsolas dejarán de ser el último reducto para los que quieren hacer un sueño realidad, que lo imposible es sólo una cuestión de tiempo, que la Historia no está para lamentarla, sino para escribirla con orgullo.

Pero es que también, un partido de fútbol como el de esta noche nos hace sentir a todos, sin exclusión, parte de una mitología épica y gloriosa escrita por los nuevos Aquiles, Ulises, Heracles, Jasón, Teseo y Héctor. En una sociedad que niega o devora referentes, el deporte nos brinda espejos en los que fijarnos, paladines del esfuerzo y la valentía, del talento y el sacrificio, del pundonor y la solidaridad.

Y es que, un partido de fútbol como el vivido esta noche es de esas cosas que todo el mundo desea tener en su vida: un recuerdo para ser feliz siempre que lo busques en el baúl de la memoria, una hazaña para contar a los que vendrán empezando con un "Yo viví esto que te voy a contar", una página de la Historia y la memoria en la que todos podemos escribir con la mayor ilusión notas a pie.

Yendo exclusivamente al comentario deportivo, el camino de la selección en este mundial ha sido el siguiente: Lo comenzamos demostrando que necesitábamos afinar nuestra precisión suiza (0-1), luego abandonamos nuestras particulares honduras con algún titubeo (2-0) y seguidamente decidimos pasar a octavos poniendo un poco de chile picante a nuestra paciencia (2-1). A continuación, demostramos al mundo que los fados sólo nos gustan en lo musical (1-0) y, ya en cuartos, que para guays, nosotros (1-0). Así que nos clasificamos por primera vez para una semifinales en un Mundial de fútbol. ¿Miedo? No. ¿Respeto? Sí. El caso es que esta noche se ha visto un desfile de la victoria y no precisamente militar ni germano. Un sueño ya se ha cumplido...falta otro: Reinventar en lo futbolístico la inmortal rendición de Breda...pero todo a su tiempo.

Hoy sólo queda dar las gracias y felicitar a esos jugadores que se han echado a la espalda la ilusión de un país y han reventado todas sus penas con un cabezazo antológico. Y también al seleccionador alemán, que en lugar de caer en pataletas de otros con más nombre y menos vergüenza, se ha revelado como un auténtico caballero en su rueda de prensa.

Durante siglos, sabios y filósofos han reflexionado sobre qué es la felicidad. Yo creo que, quizás, la felicidad sea esto.


lunes, 5 de julio de 2010

José Luis, el padre Urriza

Hay veces que es demasiado fácil y hasta oportunista hablar bien de alguien cuando ha muerto. Por eso, creo que tiene mayor mérito, en todos los sentidos, loar las virtudes y el buen hacer de quien aún permanece en el mundo de los vivos y no tiene visos de diñarla. De ahí que, aunque lo pueda parecer, este artículo no es una elegía. De ser algo, es un agradecimiento.

El párroco de mi iglesia, Nª Sª de la Consolación, siguiendo su voto de obediencia como agustino recoleto, abandona el puesto para marchar a tierras valencianas después de casi una década al frente de una parroquia a la que ha revitalizado, con esfuerzo, tesón, sensatez, buen humor y una increíble calidad y calidez humana. Muestra de ello es el overbooking dominical que ha ofrecido todos estos años la misa de las 13:00, la suya, o las numerosas iniciativas surgidas bajo su amparo.
Se llama José Luis Urriza y un ejemplo de cuán cercano y campechano es este hombre es que no pocas personas se dirigen a él con afecto y naturalidad sólo como "José Luis" o "Urriza".

Antes de seguir, conviene aclarar lo siguiente: A lo largo de mi escasa vida he tenido la oportunidad de conocer a numerosos hombres de la Iglesia; supongo que todos ellos buenísimas personas, píos, etc, etc, pero no se puede decir lo mismo de su talento evangelizador ni de su cercanía y calidad humana. En eso, hasta hace nueve años, sólo conocía a tres, por desgracia ya fallecidos: El padre Carlos, el padre Eduardo y el padre Oneca. Desde entonces, sumé un cuarto nombre a esa peculiar selección. El de José Luis.


Su amena forma de impartir misa, su trato familiar a los feligreses, sus acertadas homilías alejadas de cualquier pompa pretenciosa y en las antípodas del lenguaje críptico-etéreo que tanto se estila entre los ministros cristianos, son los rasgos distintivos de este buen pastor, o, mejor dicho, magnífico pastor que ha conseguido que el hecho de ir a misa no parezca una penitencia del Tártaro ni un encuentro con el tedio más soporífero, sino más bien lo contrario.


En fin. Es una pena y una inmensa suerte que hayas dejado el listón tan alto, padre. Sólo espero y deseo que tu ejemplo de "buen hacer y mejor ser" cunda allá donde estés, José Luis. En la Consolación, te aseguro que has dejado una huella difícil de igualar, Urriza. ¡Buena suerte y hasta pronto!

lunes, 28 de junio de 2010

Enterrando a Peter Pan

Peter Pan zigzagueaba los cielos nocturnos con una sonrisa en los labios. A lo lejos, vio la luz de la habitación de la pequeña Wendy Darling y revoloteó hasta su ventana, exultante por las aventuras que estaban a punto de dar comienzo. Se coló en el cuarto sin hacer ruido con el bravucón propósito de darle una sorpresa, pero...la escena que vio le desconcertó.

La muchacha, de doce años, vestida con un escueto pijama más propio de un clima tropical, tecleaba con celeridad y tino ante una pantalla de ordenador divida en pequeñas ventanas donde se podían leer "Facebook", "Tuenti" y "Messenger". Mientras, algo parecido a una calculadora allanada por un elefante y que recibía el nombre de "i-pod", saturaba el ambiente con canciones que emergían rampantes de unos sofisticados altavoces, entonadas por jóvenes que, entre gallo y gallo, clamaban por divertidas travesuras transgesoras. Tan transgresoras como podía ser el piercing plateado que titilaba discreto en la nariz de Wendy. Tan transgresoras como los pósters que forraban la habitación donde quinceañeros con más fama y dinero del que podía soportar su sensatez enseñaban apolíneos torsos en poses de dandi infantil, ellos, y un ajustado vestido de meretriz naif tan decadente como podía ser Disneylandia, ellas. Tan transgresoras como ese paquete de tabaco a estrenar torpemente escondido entre los pliegues de una raída mochila decorada por chapas en las que cohabitaban la imagen de Micky Mouse con la "A" de anarquía y el logo de Playboy con el barbudo retrato de un tal "Ché".

Peter se quedó perplejo. "¡Caray!" pensó. Estaba a punto de hablar a la pequeña Darling cuando una melodía similar a la que se obtendría de encerrar a un conjunto pop en una caja de cerillas con mala acústica llamada "móvil" electrificó el espinazo de Wendy, que rápidamente se revolvió en su asiento y atendió la llamada de su amiga Cris(tine). Así se inició una conversación donde todo el léxico mamado de la telebasura y revistas de baratillo se sintetizó a la velocidad del chat para dar rienda suelta a su excitación por un evento que marcaría sus vidas de forma imperecedera: su primer botellón. "¿Botellón? - se preguntó Pan - ¿Qué diantres es eso?". Minutos más tarde, el bueno de Peter tenía tal cantidad de información que podría describir a la perfección a "Johnny" (pese que a su nombre de pila era David), el "amigo" de quince años, ateo convencido y con peinado homenajeando a un cepillo con el que Wendy había compartido unos cuantos besos "con lengua". Claro que tampoco le andaba a la zaga "JJ", el novio de catorce de Cris que vestía de rasgado luto permanente y que tenía como credenciales haber vomitado ya más de diez veces por ingerir demasiado alcohol y fumar con bastante estilo. Pero sin duda, lo más impactante del diálogo fue lo que ocurrió en el baño de chicas donde pillaron a una de sus compañeras, Cindy, haciendo "algo" con un "mayor" durante la clase de matemáticas...

Peter Pan estaba al borde del vahído mientras la incredulidad le producía una taquicardia cuando Wendy levantó la cabeza y le vio. Colgó a su amiga abruptamente. Peter sonrió amistoso. Wendy crispó el ceño y bramó: "¡Fuera de mi puto cuarto, pajillero de mierda!".

Peter salió volando por la ventana presa del pánico y tiritando de asombro. Comparado con aquello, el capitán Garfio era el colmo de las buenas maneras y una compañía no tan mala...De vuelta en Nuncajamás, se sentó apesadumbrado y, a la luz de Campanilla, lamentó que Wendy nunca fuera a conocer aquel maravilloso país lleno de magia, aventuras e inocencia, porque ella había querido crecer demasiado deprisa, antes de tiempo...como parece que ocurre, lamentablemente, con los niños españoles.

viernes, 25 de junio de 2010

Se alquilan islas. Razón: Grecia

Tiempos metafóricos estos que vivimos, henchidos de alegorías cuyo significado es desolador. Grecia, la cuna de la civilización occidental, el lugar donde "casi todo empezó", epicentro de esplendor durante siglos, vive una de sus épocas más funestas merced a la crisis económica que ha puesto luz y taquígrafos a muchos trapos sucios y muertos en los armarios. Consecuencia de todo ello es el insólito hecho que da pie a este artículo: la venta/alquiler/subasta de sus islas, emblema proverbial de esa nación y fuente de numerosos mitos imperecederos. Prostituir o, al menos, mercadear con algo tan ancestral y representativo como las islas griegas en pos de salvar la comatosa economía del país es sólo el enésimo, desesperado y desesperante despropósito que sumar a los desmanes cometidos en los últimos años y que han abocado a los helenos a las puertas del Hades.

Ya me imagino a todos los ilustres griegos fenecidos comentando el asunto en los dominios de Perséfone: A Sócrates, Platón y Aristóteles discutiendo qué fue antes: la estupidez o la avaricia; a Homero sopesando la posibilidad de declararse apátrida; a Pericles tirándose de los pelos visto en qué ha quedado su herencia; a Leónidas llamando a las armas a sus trescientos camaradas para mandar al Tártaro a los (ir)responsables políticos y económicos griegos...

Resulta terrible que lo que no consiguieron las guerras seculares lo haya conseguido la jeta de unos dirigentes que hacen malabares cocteleros con la necedad y la codicia: arruinar a un país que lo fue todo...y hoy...no es más que otra nada más a añadir al bochornoso y desalentador panorama político, económico y social del mundo.

Con noticias así, a uno le entran ganas de alquilarse una isla sólo para optar por una despedida socrática ante tanto esperpento...

domingo, 13 de junio de 2010

"Heavy Rain": Algo más que un videojuego

Yo no sé si los videojuegos están considerados un arte, pero, por títulos como el de marras, deberían serlo con el mismo merecimiento que, por ejemplo, el cine. "Heavy Rain", videojuego que recientemente compré y que hoy acabo de finalizar (o al menos, llegar a un final), es algo que está muy muy por encima de los tópicos y prejuicios con los que se suelen minusvalorar estas creaciones. Tiene tantísimas virtudes y logros que tan difícil se hace destacar uno en concreto como ponerlos de relieve citando algún defecto. En ese sentido, este "videojuego", esta obra de arte de ficción interactiva sólo tiene una pega, la misma que decenas de magnas obras literarias y cinematográficas: Que concluye.

"Heavy Rain" es un drama interactivo (es el término que mayor justicia le hace) que aúna con brillantez y contundencia los géneros policiaco, de suspense y dramático puramente
dicho. Realizado por Quantic Dream y escrito y dirigido con maestría por David Cage, esta obra tiene elementos que nos recuerdan a grandes maestros: Si hablamos del ámbito cinematográfico, "Heavy Rain" tiene la concepción precisa, ascendente y endiablada del thriller de David Fincher, el gusto por el cuidado milimétrico de cada aspecto del guión de Chris Nolan, el uso sin paliativos (que no injustificado) de la violencia de Martin Scorsese, el descarnado reflejo de los peores recovecos del alma humana de David Cronenberg y la hondura agridulce y existencial de Clint Eastwood. Si hablamos del ámbito literario, "Heavy Rain" tiene elementos del mejor "hard boiled" de James Ellroy y Raymond Chandler, la tensión escalofriante de Stephen King y personajes tan memorables en su vertiente psicológica como los que podríamos encontrar en un William Shakespeare o John Steinbeck. Y no estoy exagerando ni un ápice...

Supongo que, a estas alturas del artículo, quien desconozca "Heavy Rain" ya tendrá una
enorme curiosidad por él. Y eso que aún no he sintetizado su argumento ni hablado de la gran virtud de este "juego" (esto no es cosa de niños...), lo cual, dice mucho en favor de este título. En cuanto al argumento, se podría resumir en lo siguiente: En 2011, una ciudad norteamericana está siendo víctima desde hace tres años de los raptos y posteriores asesinatos de niños cometidos por el llamado "Asesino del Origami". Es entonces cuando un traumatizado padre sufre el secuestro del único hijo que le queda...A partir de ahí, comienza una frenética búsqueda a cuatro bandas para salvar la vida del pequeño y detener al asesino, una lucha contra el tiempo, la cordura y la maldad humana en la que se embarcan Ethan Mars (el padre del crío), Madison Paige (una periodista con problemas de insomnio), Norman Jayden (un joven investigador del FBI) y Scott Shelby (un corpulento detective privado); personajes todos ellos que el jugador puede manejar a lo largo de la partida, decidiendo qué hacer en todas y cada una de las disyuntivas (físicas, éticas, morales o sentimentales) a las que deben hacer frente los protagonistas. Y he ahí la gran cualidad de "Heavy Rain": la de dejar en manos del jugador el devenir de la trama, en función de lo que éste decida o haga a lo largo del juego. Estamos, por tanto, ante un argumento "adaptativo", una trama "evolutiva y personalizable" o, como lo han calificado sus propios creadores, un drama interactivo. Una virtud muy importante no sólo desde el punto de vista "lúdico", sino también desde el "personal" porque de nosotros depende la vida (o la muerte) de algunos personajes (ya sean principales o secundarios, inocentes o no), la conclusión o la generación de nuevas vías de investigación, el inicio o la conclusión de una relación personal...Como dice el eslogan de "Heavy Rain": "Toma decisiones. Afronta las consecuencias..."

Es tan realista, que casi parece un film. A mí, particularmente, por su atmósfera y estilo, me recuerda mucho a películas tan magníficas como "Se7en", "The Game", "Sospechosos habituales", "Mystic River" o "SaW", pero tampoco miento si digo que es difícil comparar a "Heavy Rain" (quizás, lejanamente, con el impresionante "Mafia", a la altura de "El Padrino II" o "Érase una vez en América"), porque no hay película ni videojuego que se atreva a tanto ni aúne todos los rasgos arriba comentados.

Por su calidad (en todos sus aspectos técnicos y artísticos) y hondura humana, es una auténtica joya, una maravilla destinada a dar la razón a quienes, como yo, pensamos que los videojuegos supondrán para el siglo XXI lo mismo que el cine implicó para el XX.

En definitiva, "Heavy Rain" es algo que me ha impresionado, que me ha hecho disfrutar, que me ha hecho pasarlo bastante mal (en lo emocional) y que tardaré en olvidar...si es alguna vez cometo ese imperdonable crimen.

miércoles, 9 de junio de 2010

Como muebles viejos

Como muebles viejos, como juguetes rotos, como fantasmas de carne y hueso...la crisis, en ocasiones, genera situaciones dramáticas y, en otras, las pone aún más de relieve. Ésta es una de ellas.

Me cuentan un suceso que no creería si no lo hubiera visto ya, por desgracia, en algún reportaje o noticia, de esas que causan conmoción efímera en esta sociedad narcotizada y pútrida. Se lo resumo: Madrid. Una octogenaria con cáncer de huesos e impedida en silla de ruedas se ha visto recientemente forzada, vía misiva (la cobardía aumenta en la distancia), a la siguiente disyuntiva: Quedarse tirada en la calle o trasladarse antes del 30 de junio a una residencia de ancianos sita en las antípodas del que ha sido su barrio de toda la vida.
¿El motivo? La residencia en la que vive ha quebrado por la crisis.
¿La puntilla? Que los propietarios de la misma le obligan a llevarse los muebles (que son propiedad de la pobre mujer) consigo o de lo contrario, se los quedarán ellos. Será que los remitentes de la carta confían en las habilidades de la maltrecha anciana como escarabajo pelotero o como cangrejo ermitaño. Supongo que no habrán caído en la cuenta de que si tiene que alojarse en una "vivienda" de ese estilo es porque no tiene quien quiera o pueda acogerla...y menos aún ayudarla a trasladar muebles.
¿Calificativos? Estrafalario, cruel...real.
¿Mi previsión? No sé qué ocurrirá con la buena señora, pero espero que una solución inversamente proporcional a la humanidad y el tacto que han demostrado los dueños de la residencia. Pero, viviendo en el mundo y en el país que vivimos...futuro negro atisbo, por desgracia. Desde luego, si lo que quieren es matar a disgustos a los residentes, van por un excelente camino.

Este hecho, que es lamentable y patético, se une a otros como el de los padres senectos desalojados por su propio hijo, personas mayores dejadas en el desamparo por caseros con pocos escrúpulos...y así un largo, silencioso y vergonzoso etcétera. Por no hablar del trato que se dispensa en algunas residencias para la tercera edad a sus inquilinos, que eso ya sería otro cantar, y no precisamente de gesta...

Esto me hace preguntarme qué clase de futuro espera a nuestros seres queridos o a nosotros mismos si el día de pasado mañana se ven o nos vemos en el desamparo familiar, físico o económico. ¿En qué momento se decidió o quién fue el bastardo que decidió que la tercera edad sea el letrero que cuelga de un trastero? ¿Por qué se consiente que la edad convierta a la gente de humanos a trastos molestos sin poner el puñetero grito en el cielo y ciscarse en la sociedad? ¿Por qué hay gentuza que consiente que personas que ya lo han dado todo se vean sin nada? ¿En qué fatal ocasión se decidió declarar a los ancianos como muertos en vida? ¿Qué absurda razón se puede esgrimir para negar consideración, respeto, cariño y caridad a quienes se han convertido, por lo general, un modelo de virtudes que difícilmente podremos ya emular? ¿Dónde están el dinero y las ayudas oficiales o privadas cuando verdaderamente tienen que dar el do de pecho? ¿Subvencionado colectivos minoritarios y absurdos? ¿En los bolsillos de quienes miran hacia otro lado y creen que viven en un puñetero mundo feliz?

Yo abjuro y condeno a esta sociedad de viles o cobardes, de hipócritas y desalmados que tratan a nuestros mayores
como muebles viejos, como juguetes rotos, como fantasmas de carne y hueso...

viernes, 4 de junio de 2010

Kick ass: El Quijote freak (y es un piropo)

Desencantado con la hastiante y poco reconfortante realidad, harto de su anodina existencia, nuestro protagonista se sumerge las lecturas protagonizadas por héroes virtuosos que convierten al mundo un lugar mejor, y lo hace hasta tal punto que, aceptando el delirio como forma de rebelión contra su vida y sociedad, decide lanzarse a la calle, emulando a sus héroes...para darse cuenta de que la ficción es un terreno mucho más liviano y saludable que la vida real. Así se podría resumir la obra española más celebérrimante universal: "Don Quijote de la Mancha", de Miguel de Cervantes. Y así se podría resumir la obra que nos ocupa: "Kick ass" de Mark Millar (autor del cómic original, junto a John Romita Jr) y Matthew Vaughn (director de la película homónima).

No es baladí la coincidencia, pues sustituyendo la literatura caballeresca por los cómics
súperheroicos, por un lado, y aquella encorsetada y corrupta sociedad barroca por la no menos encorsetada y corrupta sociedad actual, por otro, obtenemos una misma esencia argumental cuyos protagonistas tienen pretensiones muy similares, con efectos muy parecidos...
Además, ambas obras, Quijote y Kick ass, suponen un simultáneo homenaje, crítica y parodia de aquello que convierte en forajidos mentales a sus protagonistas: Los libros de caballería, aquél, los tebeos, éste. Con lo cual, podemos afirmar que tanto sabía de literatura Cervantes como de cómics Millar...y eso se nota, pues tanto en el original del noveno arte como en su acertada traslación al séptimo arte, encontramos bastantes referencias y guiños a la cultura súperherocia (ya sea marveliana o de su "Distinguida Competencia").

Centrándome ya en lo que a Kick ass se refiere, cabe destacar que es una obra (ya hablemos del cómic o la película) que rinde un afectuoso tributo a todos los aficionados a los superhéroes (los a veces denominados peyorativamente como "freaks" o
"frikis"), critica con inteligencia y sutileza diversos aspectos de la sociedad actual (abandono de la juventud, carestía de justicia, falta de referentes reales a quien imitar, ultraviolencia, uso adictivo de las redes sociales...) y satiriza con humor y cariño a todo un subgénero cinematográfico, del mismo modo que, por ejemplo, "500 días juntos" hizo con las comedias románticas o "Bienvenidos a Zombieland" con las películas de muertos vivientes. Por tanto, quien piense que Kick ass es una memez, algo del montón...se equivoca. Principalmente porque, aun obviando todas estas interesantes consideraciones, Kick ass es enormemente entretenido.

En lo fílmico, a lo ya dicho tengo que añadir que merecen especial mención las actuaciones de Aaron Johnson y Chloë Grace Moretz, dando sensacionalmente vida a Kick ass y Hit
Girl, los dos grandes protagonistas de una película gamberra, políticamente incorrecta y donde la trama es tan violenta como hilarante, lo que nos remite al cine del gran maestro de estos menesteres: Quentin Tarantino. Si a estas alturas, alguien piensa que el cómic, primero, y la película, después, no me han gustado...que se relea el artículo.

Dicho esto, y como reflexión final, lanzo esta pregunta: ¿Qué clase de sociedad es ésta que a varias generaciones de jóvenes (ya hablemos de la Y o Z) ha dejado y está dejando en una suerte de limbo a su suerte? ¿Qué clase de sociedad es ésta en la que resultaría tan posible como descabelldo que alguien decida hacer justicia por su cuenta y riesgo? ¿Qué clase de sociedad es ésta que a muchos como a servidor nos gusta más la que aparece en los cómics? ¿Qué clase de sociedad es ésta que tiene mejores referentes en la ficción o en los camposantos que en las noticias? ¿Qué clase de sociedad es ésta que propicia y destruye nuevos Quijotes?...


domingo, 30 de mayo de 2010

La venganza de Don Mendo: El inmortal humor de un genio

Hay días que me dan ganas de dar gracias a Dios por el teatro. Días como hoy. Acabo de disfrutar de una magnífica velada teatral, merced a la enésima representación de la celebérrima obra de Pedro Muñoz Seca: "La venganza de Don Mendo", que actualmente acoge el Teatro Alcázar. Tengo tantas cosas que decir, que espero no embarullarme.

Sobre el autor: Pedro Muñoz Seca. Víctima de la izquierda en vida y víctima de la progresía en muerte. Ninguneado y hostigado por su ideología (monárquico y católico) y envidiado por su incontestable éxito, Muñoz Seca fue asesinado por esos adalides de la libertad y la democracia en Paracuellos del Jarama, simplemente por ser un hombre valiente sin más arma que el ingenio ni más crimen que el de no ser un gañán o un esnob comunista. Prueba del talento y temple de Muñoz Seca son sus últimas palabras al pelotón que iba a fusilarle: "Me temo que ustedes no tienen la intención de incluirme en su círculo de amistades". Lo peor no es ya eso (que es simplemente abominable), sino que hoy exista gente (gentecilla o gentuza) que en colegios (como cierto profesor que yo sufrí, ¿verdad Juan Carlos?), universidades y otros estrados se dediquen,
por fobia ideológica o mera estulticia, ora a desprestigiar bochornosamente a este autor, ora a descalificar su soberbio sentido del humor y su talento literario que derivaron en su gran logro: el astracán. Para todos esos malnacidos y cretinos, sólo diré dos citas que otros prohombres literarios dijeron respecto a Muñoz Seca: Jacinto Benavente: "A Muñoz Seca no lo mató la barbarie, lo mató la envidia. La envidia sabe encontrar sus cómplices". Valle-Inclán: "Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro".

Sobre la obra: Con unas intenciones tan hilarantes y brillantes como la forma en la que está escrita, "La venganza de don Mendo" es una habilísima sátira en verso de los dramas románticos y las "comedias de honor" del Siglo de Oro (especialmente, las de Calderón) que cuenta las peripecias de un noble del siglo XII que ve cómo, por ingenuo amor, sus problemas de dinero se tornan en una mortal condena de la que consigue salvarse para llevar a cabo su venganza...Una obra divertidísima y desternillante ya sea como parodia de las otras arriba citadas o como pieza autónoma, y en la que los juegos de palabras y los dobles sentidos sustentan una trama delirante que cumple con uno de los grandes objetivos del arte dramático: Entretener y evadir.

Sobre el montaje actual: No seré yo quien descubra ahora las virtudes de Tricicle, responsables del montaje que levanta el telón en el Alcázar. Sólo diré que su versión donmendoniana es apta para fans y noveles y está hecha con un profundo respeto al original, si bien se han eliminado o "actualizado" algunos (escasos) pasajes obsoletos,
añadido algunos gags tan modernos como acertados, y adecuado la pléyade de personajes a un elenco de diez versátiles actores que, liderados por un espléndido Javier Veiga, hacen las delicias del público entre risas y carcajadas. Es un montaje que, en definitiva, no tiene nada que envidiar en absoluto a los otrora llevados a escena o pantalla por auténticos mitos de la interpretación y, por todo ello, recomendabilísima.

En definitiva, anoche volví a recordar por qué "La venganza de Don Mendo" es una de mis obras teatrales favoritas, desde que tuve la suerte de actuar en ella, allá por 2001.

domingo, 23 de mayo de 2010

La plena vigencia de "Calle Mayor"

Anoche degusté, gracias al "gourmet" Garci, la excelente película "Calle Mayor" de Juan Antonio Bardem. El film, que es una magnífica muestra de que en España, especialmente antes, se hacían, si unos querían y otros dejaban, películas tan soberbias como los magnos retoños en celuloide de Hollywood, es además y me atrevería a decir que sobre todo, un extraordinario y demoledor retrato de lo peor de la sociedad de entonces (1956) que aún hoy sigue rampante. Pero cada cosa a su tiempo.

"Calle Mayor", ambientada en una ciudad de provincias universal en su anonimato (inteligente manera de torear a la censura), narra la lenta y deleznable conclusión de una broma de muy mal gusto jaleada por los peores defectos intelectuales, morales y emocionales de una sociedad paleta, tarada y ahogada en su propio marasmo espiritual, ético y cultural. La broma de marras no puede ser más cruel: Jugar inmisericordemente con los sentimientos de una buena persona que, por culpa de la sociedad, es diana de hiriente sorna y mezquinas murmuraciones. De esta forma, los personajes de Isabel (la víctima),
Juan (el cobarde ejecutor de la burla) y Federico (el foráneo ajeno y enemigo de los "pecados provincianos") componen un trágico cuadro donde el costumbrismo queda en un segundo plano para dejar paso a una lacerante y brillante crítica del alma social. Personajes turbadores en los que destaca especial y conmovedoramente Isabel, interpretada maravillosamente por la actriz Betsy Blair. En definitiva, una película que, sea cual sea el punto de vista desde el que queramos considerarla, resulta, cuando menos, muy pero que muy notable.

Y ahora, vamos al quid de la cuestión. Hay quien sostiene que viendo la película se siente más relajado al comprobar cuánto ha cambiado la sociedad española. Respeto esos casos de miopía pensativa. Sí, es cierto que la España de "Calle Mayor" dista bastante de la de hoy, pero sólo en los grandes brochazos. No en los pequeños detalles. No en los vicios fundamentales hostigados desde el talento durante todo el metraje. Vicios que son quizás más patentes y vívidos en los pueblos y ciudades provincianas, pero que, paradójicamente, han arraigado con más sutil y letal intensidad en las grandes ciudades como, por ejemplo, Madrid (urbe que en "Calle Mayor" simboliza la esperanza como fuga y la puerta a un progreso ignoto).

¿Qué vicios? Los propios de una sociedad tarada (en todos los sentidos), pasmada, alelada y que chapotea feliz en su propia inmundicia moral e intelectual: El cobarde sometimiento a una rutina impuesta, a dejar que el inconsciente colectivo y las convenciones sociales marquen la agenda de nuestros actos (como esa escena en la que Isabel apunta todo lo que "tiene que" hacer a lo largo del día); la apocada autocomplacencia en saberse parte de un engranaje social sólo por el miedo a ser distinto; el borreguismo conductual e intelectual como forma de vida; el desprecio al afán de progreso como enemigo del marasmo consuetudinario; la tiranía de la hipocresía por el pavor al "qué dirán"; la inacción y el no posicionamiento como estrategama para una vida felizmente anodina; la integración en la masa y turba social o grupal como pusilánime remedio para buscar satisfacción; la minusvaloración y ridiculización de los sentimientos ajenos; la castración emocional de las relaciones profesionales, familiares y personales; el enjaulamiento de las vocaciones personales como remedio contra la liberación del individuo; la primavera de dedos índices que florecen acusadores a las espaldas de cualquier persona; las malhadadas biografías apócrifas que crean los sempiternos murmuradores que no tienen nada mejor que hacer que perder el tiempo; el remoto exilio del conocimiento y la cultura; el gusto por no hacer nada y saberse nadie...

Ahora díganme que esos vicios y defectos les son extraños. Que les suenan de otra época. Que han desaparecido. Que España se ha liberado de ellos definitivamente. Y entonces sabrán y sabré que están mintiendo. Porque son esas lacras y carencias las que hay que combatir con entusiasmo y arrojo tanto desde el plano institucional y público como desde el personal y privado. Porque son esas tachas y macas las que alentamos sólo con permitir ser víctimas de ellas. Porque son esas imperfecciones las que convierten cualquier calle de cualquier ciudad en la "Calle Mayor" que tan bien inmortalizó y criticó el único Bardem con talento que ha nacido en España.