Peter Pan zigzagueaba los cielos nocturnos con una sonrisa en los labios. A lo lejos, vio la luz de la habitación de la pequeña Wendy Darling y revoloteó hasta su ventana, exultante por las aventuras que estaban a punto de dar comienzo. Se coló en el cuarto sin hacer ruido con el bravucón propósito de darle una sorpresa, pero...la escena que vio le desconcertó.La muchacha, de doce años, vestida con un escueto pijama más propio de un clima tropical, tecleaba con celeridad y tino ante una pantalla de ordenador divida en pequeñas ventanas donde se podían leer "Facebook", "Tuenti" y "Messenger". Mientras, algo parecido a una calculadora allanada por un elefante y que recibía el nombre de "i-pod", saturaba el ambiente con canciones que emergían rampantes de unos sofisticados altavoces, entonadas por jóvenes que, entre gallo y gallo, clamaban por divertidas travesuras transgesoras. Tan transgresoras como podía ser el piercing plateado que titilaba discreto en la nariz de Wendy. Tan transgresoras como los pósters que forraban la habitación donde quinceañeros con más fama y dinero del que podía soportar su sensatez enseñaban apolíneos torsos en poses de dandi infantil, ellos, y un ajustado vestido de meretriz naif tan decadente como podía ser Disneylandia, ellas. Tan transgresoras como ese paquete de tabaco a estrenar torpemente escondido entre los pliegues de una raída mochila decorada por chapas en las que cohabitaban la imagen de Micky Mouse con la "A" de anarquía y el logo de Playboy con el barbudo retrato de un tal "Ché".
Peter se quedó perplejo. "¡Caray!" pensó. Estaba a punto de hablar a la pequeña Darling cuando una melodía similar a la que se obtendría de encerrar a un conjunto pop en una caja de cerillas con mala acústica llamada "móvil" electrificó el espinazo de Wendy, que rápidamente se revolvió en su asiento y atendió la llamada de su amiga Cris(tine). Así se inició una conversación donde todo el léxico mamado de la telebasura y revistas de baratillo se sintetizó a la velocidad del chat para dar rienda suelta a su excitación por un evento que marcaría sus vidas de forma imperecedera: su primer botellón. "¿Botellón? - se preguntó Pan - ¿Qué diantres es eso?". Minutos más tarde, el bueno de Peter tenía tal cantidad de información que podría describir a la perfección a "Johnny" (pese que a su nombre de pila era David), el "amigo" de quince años, ateo convencido y con peinado homenajeando a un cepillo con el que Wendy había compartido unos cuantos besos "con lengua". Claro que tampoco le andaba a la zaga "JJ", el novio de catorce de Cris que vestía de rasgado luto permanente y que tenía como credenciales haber vomitado ya más de diez veces por ingerir demasiado alcohol y fumar con bastante estilo. Pero sin duda, lo más impactante del diálogo fue lo que ocurrió en el baño de chicas donde pillaron a una de sus compañeras, Cindy, haciendo "algo" con un "mayor" durante la clase de matemáticas...
Peter Pan estaba al borde del vahído mientras la incredulidad le producía una taquicardia cuando Wendy levantó la cabeza y le vio. Colgó a su amiga abruptamente. Peter sonrió amistoso. Wendy crispó el ceño y bramó: "¡Fuera de mi puto cuarto, pajillero de mierda!".
Peter salió volando por la ventana presa del pánico y tiritando de asombro. Comparado con aquello, el capitán Garfio era el colmo de las buenas maneras y una compañía no tan mala...De vuelta en Nuncajamás, se sentó apesadumbrado y, a la luz de Campanilla, lamentó que Wendy nunca fuera a conocer aquel maravilloso país lleno de magia, aventuras e inocencia, porque ella había querido crecer demasiado deprisa, antes de tiempo...como parece que ocurre, lamentablemente, con los niños españoles.






























