martes, 31 de marzo de 2009

Jerónimo de Ayanz: Un olvidado portento de un siglo de oro

El navarro Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue uno de los hombres más célebres en su época, el afamado Siglo de Oro. Hoy en día es un perfecto desconocido. Pero…¿qué pensarían si les dijera que estamos ante un hombre que inventó más ingenios en menos tiempo que Leonardo Da Vinci?

Corría el Año de Nuestro Señor de mil seiscientos dos. Aquella fresca jornada de marzo, las calles de Valladolid se vieron recorridas por una de las parejas más doctas de todo el Imperio español, los prestigiosos científicos Juan Arias de Loyola, cosmógrafo, y Julián Ferrofino, ingeniero y matemático. Los dos doctores tenían un cometido bien claro: atestiguar lo que a todas luces parecía algo sólo al alcance de la Providencia, la magia o el Diablo. No en vano, su informe llegaría hasta las reales manos del monarca Felipe III. Sus duchos pasos se detuvieron frente a un portal de la Calle de la Cadena, morada de aquel destinado a la gloria y el olvido. Transitando por sus estancias, vieron objetos y artilugios que jamás antes habían visto o tan siquiera leído: hornos de todo tipo, balanzas excepcionalmente precisas, máquinas capaces de realizar las operaciones más variadas, un curioso difusor de aire, un equipo de buceo…Una vivienda llena de asombros pertenecientes a un hombre no menos sorprendente: Jerónimo de Ayanz y Beaumont.

Un brillante oscurantismo

Antes de repasar los logros de este hoy ignoto portento, conviene contextualizar sus hazañas y, de paso, derribar algún que otro mito. Cuando se habla del Renacimiento español, a la mayoría de la gente se le viene a la mente las palabras “Contrarreforma”, “Oscurantismo” o la imagen de un país sumido en tinieblas y cánticos gregorianos. Ante esto, cabe hacerse la siguiente reflexión: ¿Podría un imperio como el español de aquellos siglos sostenerse sin un desarrollo científico y tecnológico parejo al de su expansión territorial, económica y militar?


De todos es sabido que Felipe II echó en 1558 un cerrojazo que, en el fondo, no era más que una aplicación práctica del aforismo “Al enemigo, ni agua”. No se trataba por tanto de no querer saber ni aprender ni evolucionar, sino de que los enemigos del Imperio (que básicamente era cualquier nación que no formara parte del mismo) no supieran ni emularan ni contrarrestaran los progresos que hacían de España una superpotencia y, en ese sentido, el desarrollo científico tenía mucho que decir. Como muy bien han apuntado, un país que dominaba medio mundo, tenía que ofrecer constantemente respuestas técnicas a desafíos concretos. En ese sentido, las obras del protagonista de este artículo habrían sido imposibles si nuestro Siglo de Oro no hubiera tenido un desarrollo científico mucho más notable del que tradicionalmente se supone.


Sangre azul, fama dorada
El segundo hijo varón de los nobles Carlos de Ayanz y Catalina de Beaumont nació en el Señorío de Guenduláin (Navarra) en 1553. Descendientes de los reyes navarros, los Ayanz Beaumont recibieron una excelente formación, cuyo mejor exponente fue Jerónimo. Una educación rica en todos los sentidos y que con el paso de los años le convirtió en un hombre propio del Renacimiento por sus polifacéticas habilidades: militar, cosmógrafo, pintor, músico, matemático, arquitecto…Jerónimo de Ayanz no tardó en brillar con luz propia: Con catorce primaveras, abandonó el hogar para servir en la Corte como paje de un amigo de la familia: el rey Felipe II. Allí, en tierras madrileñas, el joven completaría su excepcional aprendizaje de la mano de los grandes científicos e ingenieros que orbitaban en torno a la capital del Imperio, de una forma tal que causaría ora el asombro, ora la envidia de sus mentores.

Sin embargo, pronto
sus méritos intelectuales se verían igualados por su extraordinaria fortaleza física, que le convertirían en una suerte de Supermán patrio, capaz de domeñar manualmente objetos de hierro (rejas, lanzas, herraduras…) como quien juega con barro. No en vano, escritores como Baltasar Gracián o Lope de Vega, se hicieron eco de la titánica fama de este Heracles español. Fue precisamente el Fénix de los Ingenios quien dejó constancia para la posteridad de otra de las facetas donde destacaría Ayanz: la militar, iniciada a los 21 años y en la que deslumbró en las campañas en Flandes. Lope por ello le dedicaría póstumamente unos versos en su comedia Lo que pasa en una tarde: "Tú sola peregrina no te humillas / ¡oh Muerte! A don Jerónimo de Ayanza (…) / Flandes te diga en campo, en muro, en villas / cuál español tan alta fama alcanza. / Luchar con él es vana confianza / que hará de tu guadaña lechuguillas".


Y no fueron sólo los literatos quienes laurearon a este valiente coloso. El propio rey Felipe II impulsó la ordenación de Jerónimo de Ayanz como caballero de la orden militar de Calatrava, recibiendo el hábito a la edad de 26 años. Mas el conocido como “caballero de las prodigiosas fuerzas” no tardaría en deslumbrar a la sociedad con su mejor don: la inventiva.


Un inventor bien considerado
No es de extrañar que un hombre tan inteligente, valiente y bien relacionado tuviera una gran reputación en los círculos cercanos al poder, algo que se tradujo en la gran cantidad de cargos y títulos que le concedieron a lo largo de su vida tales como el de Comendador, Regidor, Gobernador o Administrador General de las minas (cerca de 550) del Reino español, desempeño este último en el que fue nombrado en 1587 y que espoleó el formidable ingenio de Jerónimo de Ayanz, resolviendo algunos serios problemas que afectaban a una de las grandes fuentes de riqueza del Imperio.

Fue esta extraordinaria y pragmática capacidad de inventiva la que consagraría al portento navarro. Como dato curioso, hay que señalar que la mayoría de las invenciones fueron desarrolladas por Ayanz entre 1598 y 1602, contabilizándose un total de 48, tal y como reconocía el “privilegio de invención” (equivalente a nuestra moderna concesión de patentes) del 1 de septiembre de 1606, firmado por Felipe III. Esta fecundidad creativa no es baladí, pues, en proporción, supera a la del gran genio renacentista Leonardo Da Vinci.

Los prodigios patentados de Jerónimo de Ayanz se pueden catalogar en las siguientes cuatro categorías:
  • Explotación minera: Como demostró en la desahuciada mina de Guadalcanal (Sevilla), solventó obstáculos que amenazaban con paralizar esa vital fuente de ingresos. Ideó y construyó un sifón con intercambiador que permitió el desagüe de las minas inundadas (aplicando el primer principio de la termodinámica, definido un siglo después), un generador de “aire acondicionado” empleando el vapor (casi 90 años antes de que Thomas Savery patentara otra máquina de vapor) para limpiar el viciado aire de las galerías, nuevos sistemas de extracción mecánicos, molinillos, hornos perfeccionados, balanzas capaces de discernir pesos de hasta menos de un gramo...
  • Náutica: Construyó la “barca submarina”, primer precedente del submarino; elaboró un informe sobre la aguja de marear (brújula), estableciendo la declinación magnética; fabricó una bomba para desaguar barcos; creó una máquina capaz de proporcionar agua potable a partir de agua marina (utilísima para los viajes a las Américas); y la que es quizás una de sus creaciones más famosas: una escafandra operativa, cuyo funcionamiento demostró exitosamente el 2 de agosto de 1602 en el vallisoletano río Pisuerga permaneciendo el buzo cerca de una hora a tres metros bajo el agua ante la mirada de Felipe III y su séquito.
  • Agricultura: Fabricó piedras de moler de forma cónica y molinillos de rodillos metálicos; aportó la orientación automática y el tornillo helicoidal a los molinos de viento; mejoró las bombas de riego; planteó la estructura de forma de arco para las presas de los embalses...
  • Otros campos: Creó un mecanismo de transformación del movimiento que habilitaba la medición del denominado “par motor o eficiencia técnica.
Un hombre de ciencia y conciencia
Esas son sólo algunas de las invenciones creadas y probadas por un hombre que falleció en 1613 en Madrid, tras haber puesto todo su talento al servicio de una actitud extraordinariamente pragmática, ofreciendo soluciones artificiales a problemas reales, un individuo que usó un conjunto de teorías y de técnicas en pos del aprovechamiento práctico del conocimiento científico (Definición de "tecnología" según el DRAE), un innovador que dormiría en un olvido sólo quebrado por el Diccionario Histórico General de la Ciencia Moderna de 1983 y el formidable estudio del catedrático de la Universidad Politécnica de Valladolid, Nicolás García Tapia. En definitiva, una persona que hoy llamaríamos “tecnólogo” y en el Siglo de Oro denominaban como “hombre de práctica y experiencia, de ciencia y conciencia”.

jueves, 19 de marzo de 2009

12 reflexiones en blanco para 1 crónica negra

Estas semanas España ha vuelto a supurar la hiel de su proverbial crónica negra, ésa que es burda, sanguinolenta, brutal, sucia, zafia y con un alto grado de indecencia; muy nuestra. Tras Puerto Hurraco, Alcácer, Leganés, Mijas y Huelva, el fatal tren del asesinato con denominación de origen ha hecho parada en Sevilla. Efectivamente, hablo del trágico y lamentable caso de Marta del Castillo. Como es un suceso que, ya sea por interés informativo o por amarillismo carroñero, está ampliamente difundido y es conocido por todos, me limitaré sólo a expresar unas reflexiones o dudas, cuya respuesta dejo a merced de quien esto lee:

  1. ¿Por qué la Policía se empeña en hacer más verosímiles las andanzas de Mortadelo y Filemón que sus pesquisas en este caso?
  2. ¿La aspiración de los encargados de las diligencias policiales es emular a "Los hombres de Paco"? ¿"Loca Academia de Policía" es la película de referencia para algunos uniformados patrios?
  3. ¿Pueden vacilar de semejante e infame forma unos chavales a unos profesionales supuestamente entrenados (porque a la vista está que "preparados" no) para hacer frente a criminales y situaciones mucho más adversas que la de cuatro niñatos homicidas?
  4. ¿Saldrán, para variar, a poner paños calientes en pro de esos pequeños asesinos ciertos psicólogos, pedagogos y demás apóstoles de la reinserción baldía, adalides de la educación inútil y evangelistas de la gilipollez supina? ¿Cuánto ganan esos majaderos por cada idiotez que dicen?
  5. ¿Volverá el juez de turno a dar la razón al vocablo "fallo" para referirse al dictamen de la inJusticia?
  6. ¿Qué es mayor en este caso: el horror de lo investigado, el despropósito de los investigadores, el dolor de la familia, la desvergüenza de los asesinos, la atónita indignación ciudadana?
  7. ¿Por qué a nadie de los directamente implicados en la resolución de este suceso se le cae la cara de vergüenza?
  8. ¿Por qué no es la primera vez ni la última que unas diligencias son tan desastrosas?
  9. ¿Por qué no se implanta de una puñetera vez el cumplimiento íntegro de las penas, la cadena perpetua o la pena capital? Así, desalmados como quien ha asesinado a Marta del Castillo tendrían un justo (en todos los sentidos) final.
  10. ¿Por qué en este puñetero país lo más habitual es que ni los jueces impartan verdadera justicia ni los policías den seguridad?
  11. ¿Sería una solución para este sindiós que los próximos padres desprovistos de hija fueran policías, jueces, políticos, ministros y demás gente que ve el toro desde la barrera?
  12. ¿Habría pasado esto en un país donde se afrontan los crímenes con más seriedad, rigor y profesionalidad; donde prefieren "pasarse" por exceso y no por defecto?

En fin. Que cada cual que piense lo que quiera. Yo sé muy bien mis respuestas a estas doce cuestiones. Por lo demás, vaya desde aquí mi abrazo a la familia de Marta y mi más sincero pésame, por el asesinato de su hija y por la investigación que se está haciendo del mismo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

11n Memoriam

Cinco años de ecos inmortales, de sombras de hollín, de recuerdos amargos, de lágrimas de tinta negra, de imágenes forjadas a fuego en la sangre, de Historia quebrada y vidas partidas.
Cinco años de un silencio roto por sirenas y llanto, de una ciudad enlutada en ceniza y vello erizado.
Cinco años de una atrocidad sin más culpables que los asesinos ni más motivos que los de sojuzgar la democracia de un país libre.
Cinco años de ausencias.
Cinco años a cinco segundos del corazón.
Cinco años de decenas de inocentes asesinados a quienes millones que no estamos dispuestos a olvidar.

domingo, 8 de marzo de 2009

Simplemente Watchmen

Anoche vi la traslación cinematográfica del que quizás es el mejor cómic que se ha publicado jamás: Watchmen. Antes de proseguir, habría que recordar que adaptar al celuloide cualquier obra literaria o gráfica siempre es una labor ardua por lo complicado que es mantener la esencia de su trama, el espíritu de sus personajes, el aspecto "visual" de ese mundo ficcional, etc. Si hablamos de obras maestras, la adaptación se transforma en una tarea titánica y heroica. Hacerlo fiel y brillantemente, respetando tanto al original como a sus seguidores, algo casi imposible. Watchmen es un estupendo ejemplo de que una magnífica obra (novela gráfica, en este caso) se puede trasladar al cine de una forma que si bien no iguala la sublime excelencia del original, sí se le acerca mucho (pero mucho, mucho).

El nuevo film de Zack Snyder (director de las espectaculares e interesantes "300", otra adaptación de cómic, por cierto, y "Amanecer de los Muertos") es, como película, entretenida e interesante, y, como adaptación de la mítica e insuperable obra de Alan Moore y Dave Gibbons, un gran, respetuoso y fidelísimo homenaje. Habrá quien diga que adaptar un cómic es algo fácil, puesto que el storyboard ya lo tienes hecho, pero a quienes piensen así, yo les pregunto por qué durante décadas muchos expertos consideraron imposible adaptar cinematográficamente las aventuras de este peculiar y dramático grupo de (súper)héroes. Por otra parte, habrá quien piense que convertir a cine un cómic o novela gráfica es algo excéntrico, irreverente, perverso y difícil; y a quienes eso crean, simplemente les remito a ver magníficas adaptaciones como los Batman de Chris Nolan, el primer Spiderman de Sam Raimi, el Iron Man de Jon Favreau, el V de Vendetta de James McTeigue, la Sin City de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, o la gesta de los 300, del propio Zack Snyder. En resumen, que, como muchas otras cosas en la vida, hacer una brillante adaptación al cine es sólo cuestión de cuatro cosas: dinero, paciencia, talento y respeto.El "Watchmen" de Z.Snyder es una película de la que Alan Moore debería sentirse muy orgulloso (si no fuera tan "especialito" y díscolo) y ante la que cualquier fan de la novela gráfica original (entre los que me incluyo) debería quitarse el sombrero y reverenciarlo. Si "From Hell" y "La Liga de los hombres extraordinarios" se quedaban bastante por debajo de la obra matriz y "V de Vendetta" era la mejor adaptación hasta la fecha de una obra de Moore, este honor pasó desde el viernes 6 de marzo a "Watchmen". Quien haya disfrutado leyendo y releyendo el cómic, rumiando cada viñeta, meditando ciertos diálogos y cerrando la novela gráfica original pensando que ha leído la mejor combinación de texto y dibujo que ha caído y caerá en sus manos, disfrutará de la película de Zack Snyder. ¿Que hay algunas mínimas divergencias respecto a la obra de Moore y Gibbons? Pues sí, pero, a mi entender muy razonables y que no perjudican en absoluto ni a la película ni al cómic. Son, en definitiva, nimias licencias que el director se permite para construir un sentido, verosímil, fielmente especular y honesto homenaje al Watchmen que todo el mundo debería haber leído. Sólo con fijarnos en el extenso metraje del film ya nos damos cuenta de que el director ha intentado trasladar la inmensa mayoría de cuanto contiene la totémica y monumental obra original (quienes echen de menos las aventuras de cierto siniestro navío, sólo les queda esperar al DVD...). Por lo demás, el único "pero" que le puedo poner a la película es que la elección de ciertas canciones en algunos casos me parece chirriante. Pero nada más.

En cuanto a la película y el cómic, sólo decir que muestra un mundo que pudo ser el nuestro, con unos vicios y virtudes que sí son los nuestros, y con unos héroes dramáticamente humanos que superan la apatía y cobardía media para intentar hacer un mundo mejor, cada uno desde un particularísimo punto de vista. Si a esto se le añade que, latiendo bajo las peripecias de los Watchmen, Moore reflexiona sobre interesantes cuestiones políticas, sociales y psicológicas con una contundencia y sutileza magníficas, nos hallamos ante una obra y un film altamente recomendables.
Por último, sólo me queda revelar y destacar a mi personaje favorito tanto en la obra de Moore y Gibbons como en la película de Snyder: Rorschach, antihéroe inolvidable, sociópata y psicópata que combate el Mal (y todos los vicios y depravaciones que bullen en su nausebunda estela) con una convicción y contundencia tan políticamente incorrecta como necesaria en la ficción y fuera de ella; el único de todos los Watchmen que no acalla su conciencia, el único que se mantiene suicidamente íntegro y letalmente honesto hasta el final, el único que respeta de verdad los ideales que otros dejaron de preservar. No en vano, aun siendo desagradable, sádico y huraño, Rorschach es el verdadero triunfador del épico drama que Moore y Snyder nos han regalado por vías diferentes. Basta con esperar a la última viñeta/escena de "Watchmen", esa magistral novela gráfica, esa fantástica película.

domingo, 15 de febrero de 2009

Cerca del Cielo

Me gustaría que fuera mentira. Me gustaría mucho. Un error, un equívoco, un mal sueño. Eso es lo que debería de ser y nada más. Me gustaría no tener que escribirte estas líneas. Me gustaría mucho recordar el sábado 14 de febrero de 2009 por otros motivos.

Vital, optimista, altruista, generoso, cariñoso, divertido, bondadoso, deportista, agradable, educado, tierno, espontáneo, participativo, humilde, entusiasta, apasionado, sano, tenaz...tenías todas las virtudes necesarias para ser un magnífico compañero, un buen trabajador, un gran deportista, un excepcional hijo y hermano, un inolvidable amigo y una extraordinaria persona. Y eso, por suerte, lo tenía todo el mundo claro ya desde el colegio.

Sería un mentiroso si dijera que en estos últimos años habíamos mantenido el contacto de otrora. No, no es así. Ambos sabemos el porqué. Lo que quizás no supieras es que, en todo este tiempo, no he olvidado a la persona junto a la cual empecé a aprender la verdadera dimensión de la palabra "Amistad", a ese peculiar y entrañable chico que me brindó muchos de los mejores recuerdos de mi adolescencia, al nombre que por encima de las alegrías o los enfados, la cercanía o el distanciamiento, siempre estuvo y estará presente en mi cabeza y mi corazón como uno de los mejores amigos que he tenido. Pocas, muy pocas personas pueden conseguir que todo el mundo que las recuerde lo haga con una sonrisa en los labios; claro que hablarte de cosas difíciles o imposibles siempre fue algo ridículo porque para ti, que tenías una tenacidad sólo igualable a tu idealismo, superar cualquier reto era sólo cuestión de tiempo. Sí, hay que reconocer que eras bastante cabezota para cumplir tus sueños. Y creo que, poner de acuerdo a tanta gente para recordarte con tanto cariño, es la última meta que has cruzado, campeón.

Has vivido intensamente, te has sentido vivo y has hecho sentirse vivos a todos tus seres queridos; has sido una llamarada de vida que el viento ha apagado antes de tiempo. Recordar a gente como tú es repasar lecciones de humanidad y comprender un poco mejor en qué consiste esto de vivir. Tu vida ha sido el mejor regalo que nos podías hacer y, como siempre, lo hiciste sin intereses ni dobleces, directamente desde el corazón. Creo que te has pasado de generoso porque has tenido un corazón demasiado grande y una vida demasiado corta.

Siempre he pensado que tú no eras de este mundo. Quizás fueras un ángel. Quizás por eso has muerto tan cerca del Cielo. Descansa en paz, José, descansa...¡Ah! Y una cosa más: Gracias, muchas, muchísimas gracias, por todo.

En memoria de José Arcones Hermida (1980-2009)

domingo, 8 de febrero de 2009

El cine es arte. Para muestra...un Button

Anoche fui al cine, pero no vi una película. Vi una obra de arte. Vi "El curioso caso de Benjamin Button". Brillante y conmovedora en el fondo, impecable y prodigiosa en las formas, el film que disfruté durante más de dos horas es un ejemplo del motivo por el que el Cine, con mayúsculas, no debe sonrojarse cuando se le considera el séptimo arte. Sublimando el relato corto del gran Scott Fitzgerald en el que está basada, la increíble y enternecedora peripecia vital que David Fincher plasma con una maestría muy difícilmente repetible es una película que, más que resumirse, merece la pena ver, sentir, degustar, recordar. Y, por lo general, cuando alguien alumbra una película así, lo normal es que le lluevan merecidamente galardones y nominaciones a premios. Ahí están las trece candidaturas con las que la han condecorado de cara a la próxima gala de los Óscar. Quizás por los mismos motivos por los cuales la sala donde anoche vi la película estalló en aplausos al terminar la proyección.

De modo vulgar, podría decirse que esta maravillosa película cuenta la historia de un adorable hombre desde que nace con todos los achaques externos de un vetusto anciano hasta que...va madurando en juventud. Y hasta ahí resumiré. Pero es que, gracias a esa magia que sólo el buen cine tiene, "El curioso caso de Benjamin Button" es más, muchísimo más que eso. Es un apasionante y apasionado viaje de la vida a la muerte y todas las miles de sensaciones y sentimientos que hay en medio, una deliciosa historia con regusto a mágico cuento, una memorable moraleja sobre vivir y la Vida, un conmovedor vaivén entre la risa y la lágrima, entre las imágenes que quedarán para siempre y la frase que resuena en tu conciencia en el eco de muchos años. Todo eso y mucho más es este espléndido film.
Y entre el "mucho más" hay que destacar el magnífico maquillaje, los prodigiosos y sutiles efectos especiales, la agradable banda sonora, la acertada dirección artística y el parejo diseño de vestuario, el estupendo guión de Eric Roth...y la actuación inmejorable (y casi me atrevería a decir que inigualable) de un magnífico reparto coronado por un convincente Brad Pitt y una soberbia Cate Blanchett. Todo esto, junto, en una misma película, es arte. Ni más, ni menos.

La vida de Benjamin Button, paralela al devenir de los Estados Unidos, es una odisea de descubrimiento de todas aquellas cosas que hacen que vivir merezca la pena y, como buena odisea, está trufada de peculiares y geniales personajes más o menos fugaces que sumados a la tiernamente estrafalaria idiosincrasia de Benjamin dotan al conjunto de un halo mítico y mágico que habla directamente al corazón del ser humano. Ciertamente, cualquiera que sea seguidor o fan del genio Tim Burton, como es mi caso, podrá ver en esta película algunas similitudes con las señas timburtonianas: una atmósfera verosímilmente fantástica, unos personajes tan sencillos y estrambóticos como inolvidables, regusto a cuento con una moraleja para todas las edades, un imaginario visual apabullante...Pero, no nos engañemos: Lo que ha hecho David Fincher, maestro a partir de ahora, es algo tan maravillosamente único que casi es difícil que se repita.

Acabo ya el artículo, porque prefiero que, en vez de seguir leyendo, quien haya llegado hasta aquí vaya camino de la sala más próxima donde proyecten "El Curioso Caso de Benjamin Button", esa maravillosa anomalía que no es otra cosa que magia y arte. Lego dos frases del film, para que, quien quiera, las piense antes, durante y después de esta preicosa película: "Nunca es demasiado tarde o pronto para ser quien queremos ser", "La vida no se mide en minutos, se mide en momentos".

viernes, 6 de febrero de 2009

De otra crisis: el Periodismo

Vivimos unos tiempos en los que convergen tantas y tan dispares crisis, que la novedad es que algo o alguien no esté en situación crítica. Mas, dejando a un lado el descalabro económico, el hundimiento político, la babilónica orgía laboral, la extinción de valores y la agonía cultural, hoy me gustaría volver la vista, la diana, la mano y la sinceridad a la estación que transita una profesión que estudié con decisión y vocación, que muchos hicieron grande y pocos honran; la única quizás que tiene en su esencia un compromiso ético de incontestable magnitud como es el de la búsqueda de la verdad. Me estoy refiriendo a una profesión que amo, lloro, añoro y respeto de forma nada velada: el Periodismo.

Hay quien dice que la profesión periodística está en crisis...y tiene razón. Pero, a mi juicio, muchos se equivocan a la hora de elegir la llaga en la que poner el dedo. Por todo ello y para evitar (aunque sé que no lo lograré) que mi pasión me lleve a escribir un alud de párrafos, intentaré sintetizar mi opinión en varios puntos:
  • Internet: ¿El origen de todos los males? Achacar a la Red de Redes la culpa de la crisis de la profesión no deja de ser un ejercicio de necia demagogia, furibunda cobardía, rauda estulticia y flagrante irresponsabilidad. Tiempo ha hubo agoreros y memos que vieron en la imprenta el final de los manuscritos, en la radio el ocaso de las gacetas, en la televisión el crepúsculo de la radio o en el vídeo el apocalipsis de las salas de cine y ninguno de esos cataclismos se ha cumplido. ¿Por qué? Porque un medio o soporte de comunicación, sea cual sea, podrá ser predilecto pero nunca sustitutivo de otro, antes bien, le completará de una forma en la que todo el mundo salga ganando. ¿Entonces qué ocurre con Internet? Que es la primera plataforma de comunicación que a las virtudes de los medios de comunicación tradicionales (inmediatez, contenido visual y sonoro, argumentos detallados) suma otra única e inalcanzable: la de tener una audiencia potencialmente planetaria que puede acceder, participar y generar los contenidos en cualquier momento y lugar. Por ello, la batalla de los medios tradicionales (y los profesionales que en ellos trabajan) "contra" Internet es una pugna perdida de antemano porque es un absurdo ver un enemigo donde hay un trampolín para poder hacer más, mejor y llegar a más gente. Entender la relación del periodismo tradicional con Internet como la de un visceral dialéctica es igual de irrisorio que atacar molinos de viento creyendo que son violentos gigantes. Es cierto que Internet requiere una forma nueva de redactar y estructurar la información y de trabajar, pero de la misma manera que el desempeño periodístico en la radio es diferente al de la televisión y el de ambos a su vez difiere de la práctica diaria en los periódicos y revistas. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema? Que Internet ha supuesto un cambio que muchos periodistas y propietarios de medios no han querido ver, un reto que no han querido asumir y una oportunidad que prefieren perder. En Internet caben todo y todos, otra cosa es que haya quien por miedo, vagancia o mediocridad prefiera quedarse fuera.
  • El mango de la sartén: Por lo dicho en el anterior punto, a nadie se le escapa que Internet se ha convertido en una gigantesca cornucopia donde (casi) todo se puede encontrar en cualquier momento y lugar. De ahí que el mango de la sartén del acceso a la información haya pasado de los propietarios de los medios de comunicación al público, especialmente, los internautas. Hemos pasado del "ellos eligen por mí" al "yo elijo por mí mismo". Hoy, gracias a Internet, los portales especializados y los confidenciales, los blogs, las Redes Sociales y fenómenos como Twitter, ya no tenemos que depender de que alguien (me refiero a algún medio de comunicación) se digne o no (por interés) a decir algo o a poner el punto de mira en algo. Hoy, quien quiera y tenga un mínimo criterio (=sensatez) sabe "perfectamente" autoconsumir información de calidad sobre aquello que más le interese o inquiete...lo cual deja a los MC sin una de las principales bazas: Antes, lo que no salía en un periódico, radio o televisión, sencillamente, no "existía". Ahora, en los tiempos en los que Internet es una especie de descomunal cajón de sastre o cueva de las maravillas, da igual lo que digan los "medios de siempre", porque la Red se ha convertido en el principal self-service de la gente para muchas cosas, entre otras, la información. Por tanto, actualmente, los periodistas y los medios de comunicación ha perdido el poder de investir las noticias, porque impera la máxima de "Si tú no lo cuentas, otro lo contará". La cuestión, en definitiva, ya no es contarlo antes que la competencia, ni siquiera si contarlo o no, sino contarlo mejor y de una forma accesible (en toda la extensión de su significado). El periodista ya no puede ni debe conformarse con decidir qué es o no noticia, sino demostrar con calidad y honestidad por qué algo es noticiable.
  • Una brújula entre sargazos: Uno de los peligros derivados de la virtud de que en Internet haya espacio para todo es que la desinformación, la infoxicación, los bulos y las mentiras más arriesgadas tienen un foro atestado de demasiadas víctimas potenciales. Si a eso le unimos el sesgo empresarial y político que gangrena la deseable ética y praxis periodística en periódicos, radios y televisiones, estamos más cerca de ser engañados o de conocer verdades a medias que de estar bien (en lo ético y cualitativo) informados. Es necesario, por tanto, saber discernir y ejercer un sensato escrutinio ante la miríada de informaciones a las que tenemos acceso. Un problema que se solucionaría si los propietarios de medios dejaran de actuar moviéndose por criterios empresariales y filias y fobias políticas y si los periodistas que para ellos trabajan actuaran con arreglo a la sublimada y hoy casi extinta deontología periodística. Mas, como esa solución es harto improbable ("No interesa ser responsable"), sólo queda el remedio de formarnos lo mejor posible con la vocación de no querer ser parte de un rebaño ni gregario de ideas ajenas. Debemos poner todo en duda y reunir tantos argumentos a favor o en contra de algo para, entonces, decidir qué postura tomar. Todo lo demás será querer navegar a oscuras y sin brújula en un mar de sargazos.
  • La verdad no es un negocio: William Randolph Hearst es el polvo del que vienen estos lodos. No, no es Satán encarnado ni Loki hecho magnate, pero el inspirador de la soberbia Ciudadano Kane inoculó el virus que hoy es ley: El periodismo es un negocio como otro cualquiera. Y ése, mucho más que la irrupción de Internet, es uno de los grandes (y graves) problemas de la profesión hoy en día. Un compromiso ineludible con la ciudadanía no puede ser entendido en términos de beneficios o pérdidas. La honestidad nunca jamás puede contabilizare en euros o cualquier otra divisa. La ética periodística no es una cláusula opcional en un contrato. En resumen: La verdad no es un negocio. Es una obligación del periodista.
  • ¿Quién vigila al vigilante? Inicialmente, la Prensa y, por extensión, todos los medios de información que han aparecido a su larga sombra, estaba considerada el Cuarto Poder ("The Fourth Estate"), un poder al servicio de los ciudadanos y encargado de velar por el buen funcionamiento de los otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y denunciar aquello que lo entorpeciera o pervirtiera. Un planteamiento idóneo, ideal e iluso, pero imprescindible. El problema es que con el devenir de los siglos, el Cuarto Poder ha perdido distancia, ganado arrogancia y olvidado su labor de crítico y celoso vigilante para ser juez y parte, para ser un jugador más de ese avieso y penumbroso juego de influencias y prebendas que conforma el contubernio de los tres poderes de Montesquieu. Hoy, en el Periodismo, en líneas generales, el interés es sesgo y se trabaja desde la bilis. Hemos pasado del periodista ombudsman, látigo beligerante de conciencias y problemas, al periodista trabajando para látigos ajenos. Y así hemos llegado a una situación en la que la credibilidad periodística ha tocado fondo: Entre todos la mataron y ella sola se murió. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién la traviste? ¿Quién la cercena? ¿Quién la esconde? ¿Quién hace todo ello a la vez? ¿A quién hay que creer? ¿Quién, en definitiva, vigila al vigilante?
  • Ahórrate esa biblia: La opinión mesurada y el análisis detallado eran una de las tablas de salvación a las que se aferraban (o se aferran) muchos propietarios de medios y periodistas cuando el Periodismo entró en su enésima crisis (poco antes del boom de Internet y los diarios gratuitos). El buen seso y fácil verbo de los articulistas y expertos de cada medio se convertía en un factor diferencial y reclamo genuino para atraer o fidelizar lectores, radioyentes, espectadores...Y eso estaría muy bien si alguien creyera que los intereses empresariales (entendidos como síntesis de chalaneos económico-políticos) y las filias y fobias ideológicas, tal y como glosaba en el punto anterior, no han triturado el crédito de los periodistas y los medios de comunicación. Por decirlo claro: hoy, más que nunca, el público se divide entre una inmensa minoría, como diría el poeta, periodísticamente atea y anhelante de verdad y el rebaño gregario y necio que se mueve a izquierda o derecha según ladre el perro-pastor. Cuando la opinión o el análisis se hacen desde la militancia y no desde la honestidad, muchos pierden y pocos ganan. Lo que es seguro es que los periodistas que ejercen de articulistas, tertulianos o voceros están convirtiéndose en vendedores de unas biblias en las que nadie con un mínimo de entendimiento debería ya creer.
  • La catástrofe ísmica: De ciertos "ismos", no se salva ninguna profesión, pero si hay una en la que sus perniciosos efectos son más flagrantes y nefandos, ésa es la periodística. ¿A qué "ismos" me refiero? A los siguientes: enchufismo, nepotismo, amiguismo, arribismo e intrusismo. "Ismos" que dan matarile a la sana competencia, pasan los méritos por la quilla y pueblan redacciones y sillones de rémoras, parásitos, jetas e inútiles. Yo, iluso defensor y creyente en el progreso mediante la formación, el talento, el mérito y el esfuerzo, sólo puedo ya glosar el obituario de estas caducas creencias, pero no por ello dejaré de criticar a quienes benefician y quienes se benefician quitando el suelo, la voz y la palabra a honrados profesionales sin más carta de recomendación que la de tener conciencia ni más mérito que el de haber estudiado Periodismo por vocación. Y es que, como en tantos otros ámbitos, las elecciones digitales (a dedo) y/o las genitales (a pelo) sólo han beneficiado a dos personas: quien elige y quien es elegido.
  • Made in Spain: Al menos en España, al descrédito y manipulación que sufren y ejercen los medios de comunicación, hay que añadir otro problema igualmente grave: estamos en una sociedad idiotizada, presa de sesgos y prejuicios, perdida en mil y una estupideces, y que aún anda enmarañada en guerras perdidas, batallas ganadas y revanchas por cobrar. Y así, por muy buen periodismo que se hiciera, no se puede ir a ningún lado, porque a "nadie" le interesa la Verdad, sólo que le digan lo que sus vísceras quieren oír, su prejuicios ver y sus egos están dispuestos a leer y, si no es mucho pedir, que en lugar de hacerles pensar, les hagan pasar el rato sin complicaciones ni reflexiones. Un país en el que cualquier juntaletras con enchufe, esperpento de reality show, golfa de expediente vaginal o manflorita de saliva letal se revela de facto como líder de opinión para una pléyade de gilipuertas. Un país en el que el circo, el jaleo y el esperpento tienen salvoconducto y patente de corso para marginar lo realmente importante. Ej: "Gran Hermano" se emite a las diez de la noche y hasta la una de la mañana; un valiosísimo e interesantísimo reportaje como el de Jon Sistiaga en Cuatro sobre la situación en Gaza, al filo de la medianoche. Y así vamos...en una sociedad de forofos y "mono videns".
  • Reinventarse es reencontrarse. Sin información, sin crédito, sin espíritu, sin ética...¿Qué solución hay? Reinventarse. ¿Reinventarse? Sí. ¿Y qué es eso? Ni más ni menos que reencontrarse con las raíces que antaño hicieron grande a esta magnífica profesión. Algo que no es nada descabellado, teniendo presente el silencioso pero abrumador éxito de algunos fenómenos muy reveladores: Qué triunfan: los blogs (= sinceridad + especialización), el periodismo ciudadano (= yo cuento lo que veo tal y como lo veo. Ej: Ciudadano M, de elmundo.es), y el reporterismo callejero (= ir a la esencia de las preocupaciones y circunstancias inmediatas sin más ánimo que el de reflejar con la contundencia de un espejo la realidad diaria. Ej: "Callejeros" de Cuatro, "Mi cámara y yo", "España Directo", "Madrid Directo", etc.). Es decir, recuperar el espíritu de los primeros periodistas y cronistas: Cuenta lo que ves tal como lo ves, no como te gustaría que lo vieran otros; volver a hacer de la honestidad y la sensatez dos méritos y no dos trabas; llenar las paredes de todas las redacciones del mundo con la palabra: "Integridad". Y, a todo ello, añadirle la convicción de que hoy lo que hay que hacer es no contar de todo un poco sino de un poco contarlo todo muy bien.
Y si todo eso falla...¿qué nos queda? Pues, al menos, ser sinceros con nosotros mismos y con quienes queremos y rezar para que los periodistas de raza y vocación (y no los de "profesión"...) no sigan en extinción.

Dedicado a Elvira, Javi, Matías, Irache, Myriam, José y todas aquellas personas que se niegan a sojuzgar los grandes periodistas que llevan dentro.

martes, 3 de febrero de 2009

La gracia del Monzón

Una cuestionable estratagema para aumentar la audiencia, una artera maniobra para atacar (no sin motivos, ojo) a la competencia ante miles de espectadores, una broma de escasa gracia y menos gusto. Como ven, se puede considerar desde varias ópticas el vídeo montado por el Gran Wyoming para reflotar un programa que naufraga, televisiva, intelectual y humorísticamente en cada emisión. No obstante, he de reconocer que el título de ese pretencioso subproducto está muy bien elegido: "El intermedio", momento en el que la mayoría de los mortales prefiere ir al servicio, hacer zapping, disipar su atención, porque todo eso se merece la estupidez realizada "ad maiorem Wyoming gloriam" y albergada en esa cadena que gracias a una nómina integrada por ex payasos y progres de baratillo consigue con notable esfuerzo que tres de cada cuatro programas sean una auténtica majadería.

Mas volviendo a la "broma" del Wyoming, creo que utilizar como objeto de escarnio y guasa una situación real, vergonzosa y alienante como la precariedad laboral y el régimen semiesclavista que sufren miles de jóvenes becarios (especialmente en medios de comunicación) no hace sino poner en evidencia el escaso ingenio, la discutible sensibilidad y la nula vergüenza de quien lo hace. Poco queda del incisivo, brillante y mordaz presentador del primer "Caiga Quien Caiga" telecinquero. El Wyoming de ahora es un divo sin gracia y con clac que está dispuesto a hacer lo que sea por llamar la atención, como ha demostrado con el vídeo de marras. Pero, tú tranquilo, Wyoming, que soy buena gente y, ya que te veo falto de ideas para que alguien le haga puñetero caso a la bobada insulsa e insufrible que perpetras, te sugiero los siguientes temas para tus próximas gracias: las familias enteras en el paro, las mujeres maltratadas, los enfermos de cáncer, los ancianos con alzheimer, los niños malformados...Todos ellos muy graciosos, ¿verdad? Tanto como tu broma poniendo a parir ficticiamente a una becaria, estimado estúpido.

Pero, dejando aspectos "humorísticos" aparte, ¿es ingenioso denunciar una carencia del periodismo actual formando deliberadamente parte de ella? ¿es sensato engañar para criticar? ¿es coherente creerse más ético y respetable que alguien perpetrando una memez chusca y dolosa que, se pongan como se pongan, es una obscena falta de respeto y responsabilidad? La respuesta a todo es la misma: No. Un tío que no ha terminado licenciatura y que ha vivido toda su real vida de hacer el memo en el aire farandulero y catódico no está en condiciones de dar lecciones de nada y menos aún de mofarse de la situación que sufren miles de becarios que que quisieron estudiar y dedicarse a una de las profesiones más bonitas, honradas, loables y denigradas: el Periodismo.

Por eso, no merece la pena perder un minuto más con José Miguel Monzón, un fantoche que se cava su propia ruina profesional, si es que lo hace se puede considerar un trabajo serio. Tus gracias, Monzón, son sólo equiparables a las de un huracán, así que, haz un favor a todo el mundo que no sean tus gilipollescos acólitos, y ahórratelas para siempre.

jueves, 29 de enero de 2009

Las reses

La Cow Parade ha sido víctima de las reses. Esta curiosa, original, llamativa y artística iniciativa se inició en 1988 en la ciudad suiza de Zúrich, y ha pasado en 50 ciudades de todo el mundo, entre ellas Nueva York, Londres, París, Sao Paulo, Buenos Aires o Tokio, en las que unos 200 millones de personas han disfrutado con estas peculiares vacas...pero claro, tenía que venir a Madrid...y así ha pasado lo que ha pasado: que la capital de España tiene el dudoso honor de ser un nefasto y difícilmente superable ejemplo de vandalismo y falta de respeto. Madrid, matadero del civismo, UVI de la educación. ¿Y todo por culpa de quién? De las reses, obviamente.

¿Qué reses? Pues las que conforman esa infame y deleznable manada integrada por escoria antisistema, turba grafitera, estúpida muchachada de papá (y la madre que los parió), infames borrachos o drogados con afán de pasar a una pútrida posteridad, graciosos cuyo mejor chiste podría ser fenecer y demás bestias antropomórficas que hacen de su vida un insulto y evidencian algo igualmente nauseabundo: Que en la sociedad en general, España en especial y Madrid en particular, los valores brillan por su ausencia y que la libertad sin freno ni justo castigo ha horadado las bases del respeto, en todos los ámbitos.

Alguien debería pararse a pensar que valores como el civismo no se enseñan con ridículas asignaturas impuestas por la bobería "progre", que las virtudes se aprenden por convencimiento, en el mejor de los casos, o por conveniencia, en el peor; que uno de los principales rasgos distintivos entre el ser humano y el resto de seres vivos es que, supuestamente, somos civilizados. Alguien debería pararse a pensar que la demagogia psico-progre y el desaforado libertinaje postmoderno son dos tumores que están echando a perder cosas tan indispensables como una mínima educación y una básica cultura. Alguien debería pararse a pensar qué significa ser padre o maestro. Alguien debería pararse a pensar qué tipo de sociedad y comportamientos están desarrollándose cual metástasis en las últimas décadas, gracias a la pasividad, cuando no el aliento, de incluso los medios de comunicación. Alguien debería pararse a pensar que ya está bien de paños calientes y miradas evasivas.

Yo tengo claro que, hoy por hoy, la multa, el castigo y/o la reprimenda física deberían ser herramientas sine qua non para domesticar (porque educar es misión imposible) o erradicar a la marabunta que tiene en iniciativas como la Cow Parade un triste escaparate para sus miserias. Porque esas reses, las que caminan sobre dos piernas y pastan a sus anchas gracias a que todo el mundo se la coge con papel de fumar o prefiere apostar por la gilipollez supina, para mí se merecen un destino que en el mejor de los escenarios sería limpiar de por vida con la lengua y las manos atadas las letrinas de cárceles, el suelo de las aceras, el alicatado de baños de carretera y pubs nocturnos, y el tafanario de elefantes africanos.

Mas...¡qué diantres! ¿Por qué evitar a esas viles reses el mismo cruel destino que tienen las apacibles bovinas? Denme una razón...Esperen. Ya la tengo: ¿Que esa escoria no vale ni para hacer carne de hamburguesas?

Bondad

Bondad: "(Del lat. bonĭtas, -ātis). 1. f. Cualidad de bueno., 2. f. Natural inclinación a hacer el bien, 3. f. Acción buena., 4. f. Blandura y apacibilidad de genio., 5. f. Amabilidad de una persona respecto a otra". No es la mejor película del año, no es siquiera una gran película, pero es una película muy bonita. Estoy hablando de "Siete almas", film que vi ayer por la tarde.

Su mayor (o mejor o único) fuerte no lo encontraremos en los apartados técnicos, ni en su guión (quizás previsible y con algunas lagunas injustificadas), ni en su reparto (en el que, en mi opinión una entrañable Rosario Dawson se come sin grandes alardes a un Will Smith con pocos matices). Su principal virtud está en lo que transmite, aunque sea con evidente efectismo y sensibilidad prefabricada, al espectador: el placer de hacer el bien en el mundo en que vivimos, el asombro de ser rotunda y radicalmente altruista en la sociedad actual, la sublimación de querer sin interés personal, la inmolación en la bondad. Algo de lo que no se habla o tal vez no se quiera o no importe hablar. Algo que merece la pena, cuando menos, tener presente siempre en nuestra vida diaria y en nuestra concepción de qué podemos hacer en este mundo. Algo ante lo cual, sólo cabe quitarse el sombrero y hacer examen de conciencia.

Ser de verdad una buena persona hoy en día es algo tan inusual, estrambótico y quijotesco que verlo plasmado en el cine conmueve y asombra. Es algo triste pero al mismo tiempo motivador para que todos intentemos emular a Ben Thomas, el protagonista de "Siete almas" y que la ficción sea superada por la realidad.

Yo, por desgracia, estoy lejos de ser alguien como Ben Thomas, pero me gustaría muchísimo serlo e intento, cada día, acercarme un poco más a ese gigantesco corazón. Y lo intento recordando y honrando las magistrales lecciones que me dieron excepcionales personas que han formado o forman parte de mi vida. Gente que da un sentido inexplicable y oceánico a la palabra "bondad". Nombres por los que merece la pena vivir y, más importante aún, dar la vida y todo lo que forma parte de ella.

En resumen, yo, después de ver "Siete almas", también querría ser Ben Thomas, con todas las consecuencias.

domingo, 25 de enero de 2009

Mi nombre es...esperanza

Es una de las más firmes candidatas a llenar titulares la noche de los Óscar, es una historia que merece la pena contar y es una película impecable: Mi nombre es Harvey Milk. He de reconocer que anoche, antes de que empezara el film, tenía más prejuicios en su contra que expectativas a favor, puesto que me esperaba una película panfletaria, sesgada y maniquea. A la salida del cine, estaba plenamente convencido de haber visto una película valiente, interesante, honesta, creíble, vibrante y con tantas virtudes que sólo puedo decir que todos los premios que se lleve (incluidas las célebres estatuillas doradas) los tendrá más que merecidos. Gus Van Sant dirige con talento y tino una película a medio camino entre el biopic y el documental interpretada por un reparto en el que hasta los figurantes bordan sus apariciones a la sombra de un inconmensurable Sean Penn, que regala todo un soberbio recital interpretativo (y van...). La vida de este tenaz y carismático activista y político gay, abanderado de las minorías en los convulsos EEUU de los '70 y paladín de los derechos de l@s homosexuales, trasciende el mero ámbito sexual, histórico, geográfico y cinematográfico porque Harvey Milk, al igual que tantos malogrados prohombres que han escrito con sangre el final de su existencia, no es sino un mártir de la esperanza, que, como bien claro deja la estupenda película, fue el motor de su incansable lucha e imperecedera ilusión.

En mi opinión, la película deja al espectador tres interesantes reflexiones:

  1. La única minoría deseable en una sociedad es la de quienes no respetan las diferencias. Todo el mundo tiene el derecho (y me atrevería incluso a decir que el deber) de ser diferente. Los seres humanos nos hacemos grandes en la diversidad y justos en el respeto al otro. Cada vez que alguien ha querido olvidar eso, la Humanidad ha dado un paso atrás.
  2. La lucha por la Libertad y el respeto a los Derechos Humanos no es tarea de los agraviados sino de todos los que tienen voluntad de hacerlo, porque si la injusticia no hace distinción, tampoco la deben hacer quienes quieran combatirla. Y, para ello, no hace falta poseer riqueza, poder, prestigio o medios. Sólo se necesita una cosa: Querer, de corazón. Porque la pugna contra la privación de Derechos Humanos y la coacción de la libertad no es una disputa para ganar o perder, sino para luchar, luchar y luchar, porque sólo luchando estamos haciendo lo correcto.
  3. En la película, Harvey Milk incide con cierta frecuencia en la necesidad de dar esperanza a los demás por un motivo que también se resume en una frase pronunciada por el genial Sean Penn en una escena: "Una persona pueda perfectamente vivir sin esperanza. Pero vivir sin esperanza no tiene ningún sentido". Y éste es, a mi entender, el gran mensaje de la película: nadie puede consentir que algo o alguien nos prive de aquello que nos da aliento y motivo para querer vivir y disfrutar de lo que la vida nos depare; nada ni nadie puede obligarnos a desprendernos de nuestras ilusiones y proyectos; que sólo nosotros podemos decidir qué hacer con nuestros sueños; que garantizando la esperanza estamos garantizando un derecho tan importante como el de la vida: el derecho a sentirse vivo.
Harvey Milk murió tiroteado. Sus logros quedaron para la posteridad. Su lucha por la libertad y los Derechos Humanos, por no extinguir la esperanza, sea cual sea, continúa...en ti, en mí, en tod@s.

sábado, 17 de enero de 2009

Deuteronomio 7:1-2

Dos niños han muerto. Dos hermanos. Dos refugiados. Dos inocentes. Y hoy son noticia, mañana un número (más de mil) y pasado, un amargo y marginal recuerdo. No seré yo quien defienda a un pueblo, como el palestino, que alberga a individuos capaces de salir a la calle y bailar jubilosos para festejar el 11-S. Pero sí seré yo quien ataque a un pueblo, como el israelita, que hace lo que le sale del Talmud, que mata moscas a cañonazos, que sólo ve el mal en lo ajeno, que ha sacado una deleznable y fructífera rentabilidad a su proverbial victimismo y que si no fuera por la silenciosa o velada aquiescencia de Estados Unidos, habría tenido más de un justo castigo.

El problema de Oriente Próximo es que es el resultado de un histórico cúmulo de despropósitos: una vergonzosa e ineficaz diplomacia internacional con vocación de orquesta desafinada, la creación forzada y forzosa de un Estado, la amplia difusión y el masivo calado de tópicos erróneos y mentiras demasiado peligrosas, la interesada conservación de una inestabilidad que da argumentos a unos y a otros para seguir apagando el fuego con gasolina, la explosiva fricción (que no convivencia) de religiones (caldo de cultivo del terrorismo), y, sobre todo, la actitud chulesca y provocadora, propia de matón, de una nación incapaz de solucionar sus propios problemas: Israel, cuyas acciones han obtenido el macabro logro de que alguien pueda morir de puro miedo en Gaza.

El principal problema de Israel no está en los belicosos palestinos ni en el abominamble terrorismo islamista ni en el Corán (que, dicho sea de paso, tampoco es el texto más tolerante y pacífico que se pueda leer...). El principal problema de Israel está en que sólo se acuerda de los Derechos Humanos cuando rememora su diáspora, clama contra las sucesivas expulsiones de los judíos, denuncia el antisemitismo, o llora por la infernal Solución Final. Un problema que hay situar en su justo y eterno contexto: los israelitas siempre han estado más pendientes de lloriquear, dar pena y autocompadecerse que de hacer autocrítica y preocuparse de ser mejores personas que quienes les hostigan o aniquilan. Comportarse como si el mundo y las Historia estuvieran en permanente deuda con ellos, como si esperaran escuchar a cada segundo "Perdón" y recibir palmaditas en la espalda, como si estuvieran por encima del Bien y del Mal por todo lo que han sufrido, no es la mejor receta para evolucionar ni como Estado, ni como cultura, ni como seres humanos. Vamos que vestirse de Calimero para actuar luego como Terminator, no es muy coherente y, menos aún, plausible. ¿Me explico? Porque a ver quién es el portakipá que me dice, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que todos los muertos (más de un millar) en su última "ofrenda vecinal" a Gaza eran terroristas peligrosísimos. Si ésa es la mejor forma de calmar los ánimos y zanjar el problema del terrorismo, yo soy Elvis Presley, hijos de Yahvé. Claro que, si lo que quiere Israel es tener una fuente constante de problemas que alimenten el secular rol de los judíos como víctimas de desgracias, lo están haciendo fetén. Y,ante este panorama, dejo una pregunta en el aire, para que cada cual la responda: ¿Son los judíos víctimas de sí mismos?

Sí, es una jodienda colosal ser los protagonistas de muchos de los sucesos más lamentables y trágicos de la Historia Universal y sí, a cualquier persona de bien se le encoge el alma y llora viendo "La lista de Schlinder", "La vida es bella" o "El pianista" y leyendo el "Diario de Ana Frank", pero ¿qué quieren que hagamos? ¿tenemos que concederles por ello una inmunidad "ad aeternum"? No, judíos míos, no. Les respetaremos, aplaudiremos o criticaremos si se lo merecen, como cualquier persona. Y, francamente, otra cosa no, pero críticas, se las están ganando a conciencia por su comportamiento en las últimas décadas, ya que Israel parece empeñado en comportarse con la misma indecencia y crueldad que el monstruo que desgarró el mundo con su esvástica. Israel hace años que ha convertido la estrella de seis puntas en una sádica mira telescópica y, ante algo así, uno no puede evitar sentir la misma repugnancia y aversión que tiene contra los yihadistas, los nazis, el Ku Klux Klan, ETA, y demás escoria que mancilla el aire que respira y el suelo que pisa.

Yo, en el caso de ser ciudadano de Irsael o de credo judío, me preguntaría cuándo eran mejores personas: cuando sufrían como víctimas o cuando actúan como verdugos. Si la situación actual es el camino en el que han desembocado el éxodo y el holocausto, los judíos no han aprendido nada, absolutamente nada. O, quizás, es que lo único que han querido aprender es lo siguiente: "Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión, él expulsará a siete naciones más numerosas y fuertes que tú: a los hititas, los guirgasitas, los amorreos, los cananeos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. El Señor, tu Dios, los pondrá en tus manos, y tú los derrotarás. Entonces los consagrarás al exterminio total: no hagas con ellos ningún pacto, ni les tengas compasión" (Deuteronomio 7:1-2).