Vivimos unos tiempos en los que convergen tantas y tan dispares crisis, que la novedad es que algo o alguien no esté en situación crítica. Mas, dejando a un lado el descalabro económico, el hundimiento político, la babilónica orgía laboral, la extinción de valores y la agonía cultural, hoy me gustaría volver la vista, la diana, la mano y la sinceridad a la estación que transita una profesión que estudié con decisión y vocación, que muchos hicieron grande y pocos honran; la única quizás que tiene en su esencia un compromiso ético de incontestable magnitud como es el de la búsqueda de la verdad. Me estoy refiriendo a una profesión que amo, lloro, añoro y respeto de forma nada velada: el Periodismo.Hay quien dice que la profesión periodística está en crisis...y tiene razón. Pero, a mi juicio, muchos se equivocan a la hora de elegir la llaga en la que poner el dedo. Por todo ello y para evitar (aunque sé que no lo lograré) que mi pasión me lleve a escribir un alud de párrafos, intentaré sintetizar mi opinión en varios puntos:
- Internet: ¿El origen de todos los males? Achacar a la Red de Redes la culpa de la crisis de la profesión no deja de ser un ejercicio de necia demagogia, furibunda cobardía, rauda estulticia y flagrante irresponsabilidad. Tiempo ha hubo agoreros y memos que vieron en la imprenta el final de los manuscritos, en la radio el ocaso de las gacetas, en la televisión el crepúsculo de la radio o en el vídeo el apocalipsis de las salas de cine y ninguno de esos cataclismos se ha cumplido. ¿Por qué? Porque un medio o soporte de comunicación, sea cual sea, podrá ser predilecto pero nunca sustitutivo de otro, antes bien, le completará de una forma en la que todo el mundo salga ganando. ¿Entonces qué ocurre con Internet? Que es la primera plataforma de comunicación que a las virtudes de los medios de comunicación tradicionales (inmediatez, contenido visual y sonoro, argumentos detallados) suma otra única e inalcanzable: la de tener una audiencia potencialmente planetaria que puede acceder, participar y generar los contenidos en cualquier momento y lugar. Por ello, la batalla de los medios tradicionales (y los profesionales que en ellos trabajan) "contra" Internet es una pugna perdida de antemano porque es un absurdo ver un enemigo donde hay un trampolín para poder hacer más, mejor y llegar a más gente. Entender la relación del periodismo tradicional con Internet como la de un visceral dialéctica es igual de irrisorio que atacar molinos de viento creyendo que son violentos gigantes. Es cierto que Internet requiere una forma nueva de redactar y estructurar la información y de trabajar, pero de la misma manera que el desempeño periodístico en la radio es diferente al de la televisión y el de ambos a su vez difiere de la práctica diaria en los periódicos y revistas. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema? Que Internet ha supuesto un cambio que muchos periodistas y propietarios de medios no han querido ver, un reto que no han querido asumir y una oportunidad que prefieren perder. En Internet caben todo y todos, otra cosa es que haya quien por miedo, vagancia o mediocridad prefiera quedarse fuera.
- El mango de la sartén: Por lo dicho en el anterior punto, a nadie se le escapa que Internet se ha convertido en una gigantesca cornucopia donde (casi) todo se puede encontrar en cualquier momento y lugar. De ahí que el mango de la sartén del acceso a la información haya pasado de los propietarios de los medios de comunicación al público, especialmente, los internautas. Hemos pasado del "ellos eligen por mí" al "yo elijo por mí mismo". Hoy, gracias a Internet, los portales especializados y los confidenciales, los blogs, las Redes Sociales y fenómenos como Twitter, ya no tenemos que depender de que alguien (me refiero a algún medio de comunicación) se digne o no (por interés) a decir algo o a poner el punto de mira en algo. Hoy, quien quiera y tenga un mínimo criterio (=sensatez) sabe "perfectamente" autoconsumir información de calidad sobre aquello que más le interese o inquiete...lo cual deja a los MC sin una de las principales bazas: Antes, lo que no salía en un periódico, radio o televisión, sencillamente, no "existía". Ahora, en los tiempos en los que Internet es una especie de descomunal cajón de sastre o cueva de las maravillas, da igual lo que digan los "medios de siempre", porque la Red se ha convertido en el principal self-service de la gente para muchas cosas, entre otras, la información. Por tanto, actualmente, los periodistas y los medios de comunicación ha perdido el poder de investir las noticias, porque impera la máxima de "Si tú no lo cuentas, otro lo contará". La cuestión, en definitiva, ya no es contarlo antes que la competencia, ni siquiera si contarlo o no, sino contarlo mejor y de una forma accesible (en toda la extensión de su significado). El periodista ya no puede ni debe conformarse con decidir qué es o no noticia, sino demostrar con calidad y honestidad por qué algo es noticiable.
- Una brújula entre sargazos: Uno de los peligros derivados de la virtud de que en Internet haya espacio para todo es que la desinformación, la infoxicación, los bulos y las mentiras más arriesgadas tienen un foro atestado de demasiadas víctimas potenciales. Si a eso le unimos el sesgo empresarial y político que gangrena la deseable ética y praxis periodística en periódicos, radios y televisiones, estamos más cerca de ser engañados o de conocer verdades a medias que de estar bien (en lo ético y cualitativo) informados. Es necesario, por tanto, saber discernir y ejercer un sensato escrutinio ante la miríada de informaciones a las que tenemos acceso. Un problema que se solucionaría si los propietarios de medios dejaran de actuar moviéndose por criterios empresariales y filias y fobias políticas y si los periodistas que para ellos trabajan actuaran con arreglo a la sublimada y hoy casi extinta deontología periodística. Mas, como esa solución es harto improbable ("No interesa ser responsable"), sólo queda el remedio de formarnos lo mejor posible con la vocación de no querer ser parte de un rebaño ni gregario de ideas ajenas. Debemos poner todo en duda y reunir tantos argumentos a favor o en contra de algo para, entonces, decidir qué postura tomar. Todo lo demás será querer navegar a oscuras y sin brújula en un mar de sargazos.
- La verdad no es un negocio: William Randolph Hearst es el polvo del que vienen estos lodos. No, no es Satán encarnado ni Loki hecho magnate, pero el inspirador de la soberbia Ciudadano Kane inoculó el virus que hoy es ley: El periodismo es un negocio como otro cualquiera. Y ése, mucho más que la irrupción de Internet, es uno de los grandes (y graves) problemas de la profesión hoy en día. Un compromiso ineludible con la ciudadanía no puede ser entendido en términos de beneficios o pérdidas. La honestidad nunca jamás puede contabilizare en euros o cualquier otra divisa. La ética periodística no es una cláusula opcional en un contrato. En resumen: La verdad no es un negocio. Es una obligación del periodista.
- ¿Quién vigila al vigilante? Inicialmente, la Prensa y, por extensión, todos los medios de información que han aparecido a su larga sombra, estaba considerada el Cuarto Poder ("The Fourth Estate"), un poder al servicio de los ciudadanos y encargado de velar por el buen funcionamiento de los otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y denunciar aquello que lo entorpeciera o pervirtiera. Un planteamiento idóneo, ideal e iluso, pero imprescindible. El problema es que con el devenir de los siglos, el Cuarto Poder ha perdido distancia, ganado arrogancia y olvidado su labor de crítico y celoso vigilante para ser juez y parte, para ser un jugador más de ese avieso y penumbroso juego de influencias y prebendas que conforma el contubernio de los tres poderes de Montesquieu. Hoy, en el Periodismo, en líneas generales, el interés es sesgo y se trabaja desde la bilis. Hemos pasado del periodista ombudsman, látigo beligerante de conciencias y problemas, al periodista trabajando para látigos ajenos. Y así hemos llegado a una situación en la que la credibilidad periodística ha tocado fondo: Entre todos la mataron y ella sola se murió. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién la traviste? ¿Quién la cercena? ¿Quién la esconde? ¿Quién hace todo ello a la vez? ¿A quién hay que creer? ¿Quién, en definitiva, vigila al vigilante?
- Ahórrate esa biblia: La opinión mesurada y el análisis detallado eran una de las tablas de salvación a las que se aferraban (o se aferran) muchos propietarios de medios y periodistas cuando el Periodismo entró en su enésima crisis (poco antes del boom de Internet y los diarios gratuitos). El buen seso y fácil verbo de los articulistas y expertos de cada medio se convertía en un factor diferencial y reclamo genuino para atraer o fidelizar lectores, radioyentes, espectadores...Y eso estaría muy bien si alguien creyera que los intereses empresariales (entendidos como síntesis de chalaneos económico-políticos) y las filias y fobias ideológicas, tal y como glosaba en el punto anterior, no han triturado el crédito de los periodistas y los medios de comunicación. Por decirlo claro: hoy, más que nunca, el público se divide entre una inmensa minoría, como diría el poeta, periodísticamente atea y anhelante de verdad y el rebaño gregario y necio que se mueve a izquierda o derecha según ladre el perro-pastor. Cuando la opinión o el análisis se hacen desde la militancia y no desde la honestidad, muchos pierden y pocos ganan. Lo que es seguro es que los periodistas que ejercen de articulistas, tertulianos o voceros están convirtiéndose en vendedores de unas biblias en las que nadie con un mínimo de entendimiento debería ya creer.
- La catástrofe ísmica: De ciertos "ismos", no se salva ninguna profesión, pero si hay una en la que sus perniciosos efectos son más flagrantes y nefandos, ésa es la periodística. ¿A qué "ismos" me refiero? A los siguientes: enchufismo, nepotismo, amiguismo, arribismo e intrusismo. "Ismos" que dan matarile a la sana competencia, pasan los méritos por la quilla y pueblan redacciones y sillones de rémoras, parásitos, jetas e inútiles. Yo, iluso defensor y creyente en el progreso mediante la formación, el talento, el mérito y el esfuerzo, sólo puedo ya glosar el obituario de estas caducas creencias, pero no por ello dejaré de criticar a quienes benefician y quienes se benefician quitando el suelo, la voz y la palabra a honrados profesionales sin más carta de recomendación que la de tener conciencia ni más mérito que el de haber estudiado Periodismo por vocación. Y es que, como en tantos otros ámbitos, las elecciones digitales (a dedo) y/o las genitales (a pelo) sólo han beneficiado a dos personas: quien elige y quien es elegido.
- Made in Spain: Al menos en España, al descrédito y manipulación que sufren y ejercen los medios de comunicación, hay que añadir otro problema igualmente grave: estamos en una sociedad idiotizada, presa de sesgos y prejuicios, perdida en mil y una estupideces, y que aún anda enmarañada en guerras perdidas, batallas ganadas y revanchas por cobrar. Y así, por muy buen periodismo que se hiciera, no se puede ir a ningún lado, porque a "nadie" le interesa la Verdad, sólo que le digan lo que sus vísceras quieren oír, su prejuicios ver y sus egos están dispuestos a leer y, si no es mucho pedir, que en lugar de hacerles pensar, les hagan pasar el rato sin complicaciones ni reflexiones. Un país en el que cualquier juntaletras con enchufe, esperpento de reality show, golfa de expediente vaginal o manflorita de saliva letal se revela de facto como líder de opinión para una pléyade de gilipuertas. Un país en el que el circo, el jaleo y el esperpento tienen salvoconducto y patente de corso para marginar lo realmente importante. Ej: "Gran Hermano" se emite a las diez de la noche y hasta la una de la mañana; un valiosísimo e interesantísimo reportaje como el de Jon Sistiaga en Cuatro sobre la situación en Gaza, al filo de la medianoche. Y así vamos...en una sociedad de forofos y "mono videns".
- Reinventarse es reencontrarse. Sin información, sin crédito, sin espíritu, sin ética...¿Qué solución hay? Reinventarse. ¿Reinventarse? Sí. ¿Y qué es eso? Ni más ni menos que reencontrarse con las raíces que antaño hicieron grande a esta magnífica profesión. Algo que no es nada descabellado, teniendo presente el silencioso pero abrumador éxito de algunos fenómenos muy reveladores: Qué triunfan: los blogs (= sinceridad + especialización), el periodismo ciudadano (= yo cuento lo que veo tal y como lo veo. Ej: Ciudadano M, de elmundo.es), y el reporterismo callejero (= ir a la esencia de las preocupaciones y circunstancias inmediatas sin más ánimo que el de reflejar con la contundencia de un espejo la realidad diaria. Ej: "Callejeros" de Cuatro, "Mi cámara y yo", "España Directo", "Madrid Directo", etc.). Es decir, recuperar el espíritu de los primeros periodistas y cronistas: Cuenta lo que ves tal como lo ves, no como te gustaría que lo vieran otros; volver a hacer de la honestidad y la sensatez dos méritos y no dos trabas; llenar las paredes de todas las redacciones del mundo con la palabra: "Integridad". Y, a todo ello, añadirle la convicción de que hoy lo que hay que hacer es no contar de todo un poco sino de un poco contarlo todo muy bien.










