viernes, 20 de abril de 2007

De Guybrush a Sora: Videojuegos y aventura

Este artículo es fruto de uno de mis vicios más confesables: la afición por los videojuegos. Si hace años los niños y jóvenes se quedaban enganchados a las fantásticas tramas de novelas y relatos (de aventuras, misterio, cómicas...) y, posteriormente, al carrusel icónico-mitológico de las series de televisión (particularmente las de dibujos animados), hoy están engarzados a los fabulosos juegos que pueblan los ordenadores y, especialmente, las consolas. ¿La razón? Fácil: Muchos de estos productos igualan o superan la calidad y el atractivo de las mejores novelas, series televisivas y películas. Si a esto añadimos el inmenso y seductor poder de sentirte protagonista activo de la trama, característica exclusiva de los videojuegos, pues ya tenemos la fórmula mágica del éxito.

Para los que a estas alturas ya se hayan santiguado o indignado, es mejor que no sigan leyendo. Para el resto, pasaré a argumentar estas afirmaciones. Para ello, me centraré en el género que más éxito está teniendo desde hace años: la "aventura" (ya sea la tradicional, también llamada "Aventura gráfica", o en su versión mixta, mezclada con acción o elementos de rol, que tantísimas ventas supone hoy en día). De cara a facilitar la lectura de mi exposición, la dividiré en dos grandes puntos:

  • Videojuegos para ordenador: Aquí hay dos géneros que reinan sin molestarse el uno al otro: Los "shooters" (arma en mano aniquila todo lo que aparezca en el monitor) y la Aventura gráfica. Hablando de este último, hay que citar a los dos referentes innegables de este género y que han hecho historia gracias a ello: Lucas Arts y Sierra. En cuanto a Lucas Arts, podría comentar su ingenioso e histórico motor Scumm o varios de sus sensacionales juegos de aventura gráfica (Zak McKraken, Sam and Max, Full Throttle, The Dig o Grim Fandango), pero sería una completa majadería no detenerme en sus tres grandes sagas del citado género: Maniac Mansion (1 y 2), extraordinaria parodia de las películas de serie B de ciencia ficción y terror; Indiana Jones y...(La última cruzada y Las llaves de la Atlántida), con unas tramas tan entretenidas o más que las célebres películas; y, por último, la quizás más famosa saga de videojuegos de ordenador de toda la historia: Monkey Island (1, 2, 3, y 4), prima hermana de la taquillera película "Piratas del Caribe" (beben de las mismas fuentes: la atracción de Disney y el libro de Tim Powers "En costas extrañas"), que elevó a la máxima potencia todas las virtudes y características del film con muchos años de antelación (entre 1990 y 2000). Aventura y fantasía unidas por un delirante y memorable sentido del humor (paródico algunas veces, genial siempre) y unos personajes ya míticos en el olimpo videojueguil (Guybrush Threepwood, LeChuck, Eleaine Marley...) han hecho de esta peculiar historia de piratas (obra de Ron Gilbert) un verdadero icono de los videojuegos con millones de seguidores (Worldofmi, Scummbar). Más recientemente, aunque a años luz de estas grandes aventuas (nunca mejor dicho), Lucas Arts ha desarrollado dos notables juegos de este género, ambientados en el universo de Star Wars (¡cómo no!): Knights of the Old Republic y Knights of the Old Republic II: The Sith Lords. Si alguien ha querido saber si habría sido jedi o sith, nada mejor que estas entretenidas aventuras, en las que de paso aprendemos un poco de "historia antigua galáctica" (puesto que se desarrollan 4.000 años antes de la historia que todos conocemos). En lo que respecta a Sierra, empezaré diciendo, como curiosidad, que casi toda aventura que lleve la palabra "quest" en su título es obra de esta compañía (Ej: Police Quest, Quest for Glory...). Dicho esto hay que destacar sus cuatro grandes sagas que, si bien en mi opinión no están a la altura de un "Monkey Island" o "Maniac Mansion", sin duda forman parte del acervo fanático de las aventuras gráficas: King Quest (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8), excelente saga ambientada en el mundo fantástico clásico; Space Quest (1, 2, 3, 4, 5 y 6), disparatada y genial parodia de las películas tipo "Star Trek" capitaneada por Roger Wilco; Leisure Suit Larry (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8), desternillante y extensa saga que recoge las andanzas de Larry, un ligón feucho y hortera al que ninguna mujer se resiste; y Gabriel Knight, sobrecogedora trilogía con una sensacional trama de "thriller sobrenatural". Aunque pueda parecer lo contrario, no todo empieza y acaba en Lucas Arts o Sierra. También existen "recientes" aventuras gráficas que emulan en talento, aspecto y diversión a los grandes "clásicos". Es el caso de Broken Sword, entretenidísima saga protagonizada por George Stobbart que combina historia, leyendas y mitología, o de las españolas (sí, han leído muy bien) Igor:Objetivo Uikokahonia (pionera en nuestro país), Hollywood Monsters y Runaway (con un sensacional éxito internacional), obras todas ellas de Péndulo Studios.


  • Videojuegos para consola. Cada día está más claro que el futuro de los videojuegos se encuentra en las consolas (ya sea Playstation, Xbox, Wii), por el enorme potencial que brindan a todos los niveles. Y quien diga lo contrario que mire la cantidad de dinero que mueve el mercado consolero y el mercado PC o simplemente que compare cuánta promoción se da a los videojuegos de consola y cuánta a los de ordenador. Dicho esto y antes de proseguir, he de advertir que hablar de género de aventura y sagas en el terreno de las consolas me lleva a aparcar a un lado a grandísimos juegos tales como el GTA, Zelda, Resident Evil, Silent Hill y leyendas similares, más centrados en aspectos como la acción, en unos casos, o el rol, en otros. La segunda consideración que hay que tener presente en este apartado está ligada a lo que acabo de decir: En este tipo de plataformas, el género de la aventura es un híbrido entre lo que sería la "aventura gráfica" tradicional y un género complementario (acción, rol, lucha, simulador, etc.), algo lógico teniendo en cuenta que en las consolas prima por encima de todo la experiencia de usuario y se trata de contentar al mayor número posible de "jugones". Bien, llegados a este punto, cabe distinguir cuatro grandes sagas del género de la aventura dentro de los videojuegos consoleros y me van a permitir que haga una distinción puramente subjetiva: Hay dos sagas que, si bien son absolutamente formidables, no están a la extraordinaria altura de las otras dos. Una de ellas es el Prince of Persia, una de las sagas de referencia y más veteranas, que remoza pasmosamente el ambiente de "Las mil y una noches" al tiempo que eleva a la enésima potencia el espíritu de las grandes películas de aventuras de Hollywood; como curiosidad cabe decir que comenzó su andadura en el mundo PC y luego dio el salto a las consolas...y el próximo salto será el cinematográfico. La otra saga que acompaña en esta categoría de "formidable pero no insuperable" es God of War, en la que el hercúleo e irascible guerrero Kratos demuestra su espartana cordialidad desde el Olimpo hasta el hades, pasando por la tierra. Es una saga (puesto que ya tiene secuela y es lógico pensar que habrá más) ambientada en la Antigüedad pero plagada de escenarios, criaturas y referencias procedentes de la mitología clásica griega. Con nivel gráfico tan apabullante como la "diplomacia" de Kratos, el juego evoca a sensacionales películas como "Furia de titanes" o "Jasón y los argonautas", pese a que la brutalidad que exhibe esté más cerca de Rambo, Terminator y angelitos similares. Y ya que estoy hablando de mitos, es hora de mencionar las dos sagas de aventuras más soberbias que ha visto el mundo consolero gracias a la productora Square Enix: "Final Fantasy" y "Kingdom Hearts". Ambas mezclan con insuperable talento los géneros de la aventura, la acción y el rol y son sencillamente magistrales en su factura técnica (gráficos, sonido, música...). En cuanto a la saga de "Final Fantasy" lo mejor que se puede decir de ella es que podrán cambiar o no las historias, los personajes y los mundos, pero siempre es insuperable. Por otra parte, para ser igual de conciso, respecto a "Kingdom Hearts" hay que decir que sólo un genio (en este caso, hay más de uno: Shinji Hashimoto, Tetsuya Nomura, Kazushige Nojima) podría combinar con tanta maestría y sensibilidad los personajes de Disney con los de Final Fantasy. Me van a perdonar, pero para mí esta es mi saga preferida: una trama tan bien argumentada como entretenida, un estupendo equilibro entre géneros, unos gráficos excepcionales, una banda sonora deliciosa (obra de Yoko Shimomura) y múltiples guiños a entrañables películas y personajes con los que todos hemos crecido (y reído y llorado...) hacen tanto de KH1 como de KH2 dos juegos que deleitarán a los pequeños y los crecidos por mucho, mucho tiempo,incorporando al entrañable Sora a ese pequeño museo infantil que todos llevamos dentro.

Poco más puedo añadir excepto que sería bueno ser conscientes de que las novelas de antaño son los videojuegos de hoy, pero que ambos pueden convivir en la vida de quienes como yo les encanta perderse en peripecias heroicas y mundos fantásticos.

jueves, 19 de abril de 2007

Derek

Recibir un premio Pulitzer es todo un honor y una garantía de asombro y respeto mundial. Pero, en este caso, eso es lo de menos porque la historia de Derek Madsen no necesita de ningún premio para conmover al mundo o pasar a la posteridad. Y no lo necesita porque está escrita con el lenguaje de las entrañas, apelando a los sentimientos y valores más profundos que tiene el ser humano, hablando a nuestros corazones de tú a tú con una contundencia que en ocasiones llora sobre nuestras mejillas. Es una historia de amor y sacrificio, de ilusión y dolor, de vida y de muerte. Es la historia de dos héroes: Un niño con un cáncer infantil terminal y su excepcional madre. Y es una historia que acaba mal. Pero es precisamente esa dimensión trágica la que engrandece colosalmente las proporciones de los valores y virtudes de todos los protagonistas implicados en ella. Y es una historia que, además de conmovernos, nos debe hacer reflexionar.

No ahondaré aquí en detalles, pues prefiero que conozcan a Cyndie French y su hijo a través del sobrecogedor y magnífico reportaje premiado con el Pulitzer y que está estructurado en cuatro partes (1, 2, 3 y 4). Lo que quiero con este artículo son dos cosas:

La primera de ellas es elogiar a todas esas personas que combaten con todo su alma el lado menos agradable de la existencia humana, a esos héroes anónimos que se convierten en un referente magistral de cómo deberíamos ser todos, a ese ejército sin nombre que miran a la cara al infortunio y la tragedia y en lugar de salir huyendo o autocompadecerse, avanzan con corazón firme. Estos son los nuevos santos, los mitos de la épica del siglo XXI, la última esperanza de una sociedad desquiciada y perdida entre sus propios prejuicios y fantasmas. Gente que no busca ni placas ni monumentos ni salir en la foto. Gente que habla con los hechos y actúa con el corazón. Gente como Cyndie y Derek. Gracias a ellos, cualquiera debería sentirse orgulloso de compartir la condición humana con estas magistrales personas.

El otro objetivo que persigo en este artículo es que todos nos miremos frente al espejo de esta historia y comprobemos cuánto tardamos en desviar la vista por avergonzarnos de nosotros mismos. Vergüenza por quejarnos de cosas nimias, por rasgarnos las vestiduras ante problemas absurdos, por autocompadecernos con una facilidad pasmosa, por tirar la toalla ante percances ridículos, por la valentía de las plañideras y la retórica de la queja. Vergüenza. Vergüenza. Vergüenza. Y conste que soy el primero en avergonzarme de mí mismo después de conocer historias como las de Derek. ¡Cuánto tiempo he perdido en quejarme y autocompadecerme en lugar de intentar superar las adversidades de la mejor forma posible! ¡Cuánta cobardía escondida detrás de excusas y lamentos! ¡Qué bajo cotiza hoy todo lo que reporta una sonrisa! ¡Qué egoísmo estúpido domina y ciega nuestras vidas! ¡Qué vergüenza!

Hoy no lamentaré cómo está el país, la sociedad, el cambio climático, mi precariedad laboral o lo que se tercie. Hoy, simple y sencillamente, quiero honrar a Derek Madsen y Cyndie French de la mejor forma que sé: Con un sentido e infinito GRACIAS.

lunes, 16 de abril de 2007

Ya lo decía Einstein...

"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro". Probablemente es una frase muy poco conocida del genial Albert Einstein, pero es el mejor comienzo para este artículo. La Humanidad está demasiado acostumbrada a la autocomplacencia y a decirse al espejo: "Tú vales mucho", mientras esconde debajo de la alfombra todas las bobadas y sandeces dichas y hechas por los hombres. Por eso, me parece especialmente honesto y digno de elogio que haya gente en este mundo que ponga la diana y distinga como se merecen a los más zotes, estultos y necios humanos del planeta. Y no, no me estoy refiriendo al público de ningún "reality show", ni a la política de promoción dentro de Recursos Humanos ni a los votantes de Bush o el señor POE. Me refiero a los impulsores de los Premios Ig Nobel, los Darwin Awards y los Wacky Warning Labels, auténticos exploradores de la vertiente necia de los "homo sapiens".

Los Ig Nobel, como alguno ya se imaginará, son la divertida antítesis de los celebérrimos premios y galardonan desde 1991 los inventos, estudios y descubrimientos más tontos, extravagantes y/o inútiles. Lean algunos ejemplos: Por qué los pájaros carpinteros no sufren de dolor de cabeza; Interrupción del hipo con un masaje rectal dactilar; Cálculo del número de fotografías que hay que tomar a un grupo para asegurar que todos los que posan aparecerán con los ojos abiertos en la imagen; ¿Puede la gente nadar más rápidamente en jarabe o en agua?; Vigilar la actividad de una célula cerebral en una langosta mientras que esa langosta miraba escenas seleccionados de la película "La Guerra de las Galaxias"; examen comprensivo de la pelusa humana del ombligo; Diseñar y comprobar personalmente la eficacia de un traje blindado a prueba de ataques de osos grizzly...Sin comentarios. Para quien quiera más información y no sea amigo de navegar por los links que he puesto, he de decir que existe un libro recopilatorio de estos premios: "Los Premios IG Nobel: Cuando la Ciencia hace reír".

En cuanto a los Darwin Awards, de los que se tiene noticia desde 1985, premian a los protagonistas a su pesar de las historias más ridículas y estúpidas que uno se puede echar a la cara (aunque en algunos casos no dejan de ser leyendas urbanas), desgraciados que, según los promotores de estos premios, hacen un favor a sus congéneres al eliminarse del acervo genético...¿Quiénes son esos sujetos? Lean, lean: Un hombre que fue aplastado hasta morir por una máquina de Cocacola de la que intentaba sacar un refresco gratis (el individuo tenía aproximadamente 3 $ en monedas y 25 $ en billetes); Un albanés borracho que al subir a un autobús tropezó, haciendo explotar la granada que llevaba consigo (¿?) y matando a otras dos personas e hiriendo a diez más; Un paciente de un hospital que murió abrasado al quitarse su máscara de oxígeno para encenderse un cigarrillo; Un herrero que había utilizado un proyectil (como el de los tanques) como yunque durante diez años hasta que descubrió fatalmente la explosiva verdad; Un golfista que murió electrocutado al miccionar en pleno campo en medio de una tormenta eléctrica...Para quienes quieran saber más, se acaba de estrenar una comedia que aborda estos premios: "Darwin Awards: Muertes de risa".

Por último y no por ello menos delirante, están los Premios Wacky Warning Labels, dedicados a las etiquetas y advertencias más absurdas, como por ejemplo: "No meta a ninguna persona dentro de esta lavadora", "Quite al niño antes de doblar el cochecito", "No intente secar su móvil en el microondas", "No usar esta escobilla (de retrete) para limpieza personal", "Nunca use el secador de pelo mientras duerma", "No coma el tóner"...

Risas aparte, después de leer todo esto, uno se pregunta si realmente existe vida inteligente en el universo o, si la hay, por qué no han invadido ya este bonito planeta...Y mientras tanto, resignación, que como dijo Goethe: "Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano".

martes, 3 de abril de 2007

Cisnes de quirófano

La última moda televisiva es dedicar programas a que personas de belleza inusual o distraída derramen lágrimas de cocodrilo para que algún cirujano les dé una solución gratuita a su cubo de rubik. Me refiero a bazofias como "Cambio radical" de Antena 3 o "TNT" de Telecinco. Es lo que tiene la televisión de hoy en día: programas sin escrúpulos hechos con gente sin complejos (ni vergüenza). No haré aquí un ensayo sobre la belleza, pero ya que hay gente a la que le place que les metan el bisturí, no puedo resistirme a hacerles algunas incisiones.


Para mí, tanto la gente que puede llegar a deprimirse por su físico como aquella que valora personal, profesional o sentimentalmente a los demás por su físico sólo se merecen gratis una cosa: las visitas al psiquiatra. Pero me centraré en el primer grupo:
  • En el caso de "ellas": Se empieza por jugar con las Barbies. Luego se hace de las revistas femeninas una especie de biblia que tiene en la publicidad su mesías y llena las tiendas de ropa y cosméticos de cientos de feligresas. Y cuando un día se les ocurre mirarse al siempre honesto espejo, reniegan de un reflejo que no es ni nunca fue Barbi y empiezan a tener tentaciones de quirófanos y siluetas que, en los casos más repugnantes, las conducen a la anorexia, la bulimia, el tunning del bisturí o a llorar en programas como los arriba citados.
  • En el caso de "ellos": A diferencia de las féminas, los hombres empiezan a cuestionarse su aspecto físico por meras cuestiones culinarias, que se resumen en el dilema "Me como un colín o no me como un colín, he ahí la cuestión". Cuando descubren que se vuelven invisibles a la hora del cortejo, apareamiento y copulación, la depresión les da una clase magistral en la que aprenden que nunca fueron Madelman, ni Brad Pitt, ni Colin Farrell, ni Backstreetboy. Entonces, la berrea amatoria da paso a la autocompasiva y ellos se mueven en la incertidumbre de ir a un gimnasio y transformarse en "La Cosa" o bien poner velas a Quasimodo para encontrar a un Doctor Frankenstein que revierta el proceso.

Habrá quien pueda pensar que estoy en contra de las operaciones de cirugía estética. Siento la decepción pero sí estoy a favor siempre y cuando estén destinadas a arreglar algún desperfecto que perjudica o puede perjudicar la salud de la persona. Y punto. Para el resto de personas que modelan su autoestima con bisturí, amantes del quita y pon, y fanáticos del tunning corporal, les recomendaría que aprendan a querer y valorar aquello que ven en el espejo, porque es la persona con la que convivirán el resto de su vida. El mejor regalo que se podría hacer a esta gente, si no una visita al psiquiatra, sería un ejemplar del cuento de "El patito feo" de Hans Christian Andersen o bien de "La bella y la bestia" de Madame Leprince de Beaumont, a ver si obtienen alguna moraleja compatible con la sensatez y la cordura mental.


Programas como "Cambio radical" o "TNT", donde las presentadoras no son más que la versión actual del feriante que voceaba antaño "¡Pasen y vean la criatura más horrible que sus ojos han visto!", además de un atentado contra la calidad televisiva, son una muestra de hasta qué abismo está llegando la sociedad de nuestro tiempo bajo la tiranía de la imagen. Una tiranía ante la cual yo me rebelo porque siempre he pensado y pensaré que una persona no es lo que se ve, sino lo que demuestra ser.


Así pues, para esa legión de jetas y desquiciados mentales que cambian lágrimas por operaciones y para todos aquellos que se aprovechan de ellos para hacer negocio, les dejo unas citas célebres de personas que, bellas o no, son un referente de sabiduría, con el ánimo de que reflexionen: Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla (Confucio), La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora (Ortega y Gasset), La belleza exterior no es más que el encanto de un instante (George Sand), ¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar (Henrik Ibsen), La hermosura es una tiranía de corta duración (Sócrates), Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero (Stendhal).


Yo, por mi parte, a ese ejército de bellos por imposición, cáscaras artificiales, aspirantes a Apolo/Afrodita y cisnes de quirófano, sólo puedo decirles una cosa más: La pena no es que seáis así, sino que penséis así. Con congéneres como vosotros, yo prefiero ser feo y sensato a guapo e idiota.

lunes, 26 de marzo de 2007

Los 300

El pasado viernes vi el estreno de la película "300", de Zack Snyder, copia casi literal de la homónima obra maestra del cómic creada por Frank Miller. ¿Qué puedo decir? Disfruté como un bellaco y hacía tiempo que no pasaba un rato tan extraordinario: Será por el espectacular film, porque he leído y poseo el famoso cómic, o porque soy un verdadero admirador y entusiasta de Esparta en general y la batalla de las Termópilas en particular (y mis estanterías son testimonio evidente de ello). Disfruté hasta el nirvana. Pero, como ya es costumbre, iré paso a paso.
  • La película: Zack Snyder firma una cinta vibrante y entretenida que, a partir de una historia épica en todos sus parámetros, ofrece unas escenas de una factura visual acongojante y espectacular cuyo único parangón cinematográfico a la altura sería el "Sin City" de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, también inspirado, por cierto, en una obra de Frank Miller. En cuanto a las interpretaciones, Gerard Butler y Lena Headey son el mejor ejemplo de un reparto que da vida y energía a unos personajes históricos vistos desde la magistral óptica de Frank Miller. Nadie los nominará a los Óscar, pero ni falta que hace. Están como tienen que estar: geniales. Por otra parte, quien quiera ver en esta película lecturas o mensajes políticos actuales debería ir al sexólogo o al psiquiatra, por practicar onanismos mentales. Violenta, trepidante, impactante..."300" es el Mátrix del cine épico y una adictiva e interesante aproximación a una de las batallas más famosas e importantes de toda la Antigüedad.
  • La historia: Por decirlo brevemente, la Batalla de las Termópilas es la crónica de una derrota que pasó a la Historia con la gloria de una victoria. ¿Qué ocurrió? Pues que gracias al heroico y suicida sacrificio del rey espartano Leónidas y sus 300 mejores soldados (y pocos más, no nos engañemos) en el desfiladero de las Termópilas, el todopoderoso soberano persa Jerjes y su colosal y multiétnico ejército sufrieron un retraso en el tiempo y un varapalo en el orgullo que permitió posteriormente el triunfo final de la coalición helena en las Guerras Médicas. Sin la voluntaria y consciente inmolación espartana en las Termópilas el esplendor griego habría sufrido casi con toda seguridad un eclipse permanente y la cultura occidental que hoy tenemos y heredamos no habría sido la misma. Para quien quiera profundizar en el tema y por no demorarme más, invito a navegar por los diferentes links que aparecen en este apartado.
  • Esparta: Sobre Esparta se pueden leer y escuchar muchas tonterías, tales como que es el antecedente y referente histórico del totalitarismo y el fascismo, que eran unos retrógrados que sólo sabían guerrear, etc, etc, etc. A mí, soportar estas sandeces me produce la misma irritación que aguantar la demagogia y la incultura. Allá los asnos con sus rebuznos. Para cualquier persona que tenga curiosidad o interés por saber más acerca de los lacedemonios, basta con decir que era un pueblo que destacó por un enorme pragmatismo y una obsesión por la eficacia. Si eso se tradujo en una cultura de la guerra es algo meramente secundario. Esparta fue hija de su tiempo y contexto (polis en constante pugna por una cuota más de territorios y hegemonía) que tuvo que apañarse con lo que tenía (una tierra no muy propicia para la prosperidad económica). Es decir, o aprendía a comer o sería devorada. Y aprendió a comer. ¿Cómo? Guerreando. Y no nos rasguemos ahora las vestiduras: El hombre lucha entre sí desde que era un homínido y así se forjaron y consolidaron los grandes imperios siempre y quien diga lo contrario, miente. Fieros e implacables en el combate, los espartanos se regían en su vida por tres grandes conceptos casi sagrados para ellos: honra personal, bienestar común por encima del individual, y la patria entendida a todos los efectos como una gran familia. ¿Esto es malo? En absoluto, de hecho, eso, unido al pragmatismo antes citado, fue clave para la supervivencia y éxito de Esparta durante siglos. Lógicamente, como cualquier sistema de vida o político, esta forma de ser tenía sus aspectos oscuros: los niños expósitos, la esclavitud de los ilotas, la Krypteia (una policía secreta que "regulaba" el excedente de ilotas)...Pero, como digo, no hay ningún sistema perfecto, así que no pongamos el grito en el cielo. Más que nada porque a lo mejor el berrido demagógico nos hace pasar por alto que Esparta gozaba de una división del poder político (mezcla de monarquía, oligarquía y democracia) incomparable en el mundo antiguo o que, por ejemplo, las mujeres espartanas tenían un reconocimiento social y una dignidad impensables en cualquier otra parte (incluida la idealizada Atenas), o que a efectos de posesiones (territoriales) ningún espartano tenía más que otro gracias a la política de "kleroi", por citar sólo algunos ejemplos. Tradicionalmente, de Esparta se tiene la versión de sus enemigos (ya sean vencidos o vencedores) y eso es algo lamentable, a pesar de la bibliografía y novelas ( "La odisea de los diez mil" de Michael Curtis Ford, "Las puertas de fuego" de Steven Pressfield y "Talos de Esparta" de Valerio Massimo Manfredi) existentes sobre el tema. Para quien quiera profundizar más en este interesante pueblo, basta con que navegue por los tres links que hay al comienzo de este apartado.
En fin, olé a esa entretenidísima película y gloria eterna para Leónidas y sus trescientos valientes. ¡Qué grande es el cine! ¡Qué espectacular es la Historia!

jueves, 22 de marzo de 2007

Distopía y verbena

Definitivamente, es mejor que me tome ciertas cosas con sentido del humor; entre ellas, la realidad de nuestro país. Y prefiero tomármelas con humor porque las otras opciones serían inmolarme en medio del Congreso o autoexiliarme. Así que, dado que el panorama nacional parece la versión siniestra de "13 Rue del Percebe", voy a dar un repasito a la distopía en que vivimos:
  • El señor POE. Gracias a él, todos sabemos que el heredero sin talento de Charlie Rivel se dedicó a la política. Sin duda, está destinado a entrar en los anales de la Historia vía rectal, porque es un estadista con cualidades laxantes. "El Niño del Eslogan" es el torero más cobarde y desastroso que ha aparecido en el ruedo de San Jerónimo.
  • El Gobierno. ¿Recuerdan el inmortal cuadro "La Academia" de Rafael Sanzio? Bien, pues ahora imaginen su versión más desquiciada y bochornosa y tendrán una foto de grupo del Gabinete español. Son insuperables en lo que hacen: las actuaciones de "La Bombera y los 15 pirómanos" son más heavys que un concierto de Slipknot. Ahora que, eso sí, gracias a este WC el consumo de drogas debe haber disminuido en España, porque con ellos sí que "flipas" y gratis.
  • La clase política. Yo veo las noticias y las crónicas del Congreso y me vienen a la cabeza imágenes de lucha sobre barro, con la triste salvedad de que no veo a ninguna voluptuosa chica en bikini. Da más pena que una película porno con nonagenarios. En el PSOE deberían hacer un test de inteligencia antes de ingresar en el partido, porque viendo a Pepín Blanco y cía uno cree firmemente que lo del PSOE no es política y sí una labor social de integración de mermados intelectuales. En cuanto al PP, pues alguien debería decir a quien pone los discos del guateque que cambie de vinilo. ¿Qué tal si se dedican a hacer lo que mejor saben, es decir, política? La victoria está deseando que alguien la rescate de los brazos del señor POE y, la verdad, a pocos proyectos serios que muestren Rajoy y sus gaviotas, el resultado electoral sería más escandaloso que cierto España-Malta. ¿Y qué hay de Izquierda Unida? Pues no sé, pero preguntaré en el Circo Price ahora que lo han reabierto, a ver si saben algo...
  • La Justicia. A la espera de que participen en los próximos carnavales gaditanos, la Chirigota de la Toga está haciendo algo muy feo: Aprovechando que la Justicia es ciega, le han puesto las nalgas en pompa y la están violando por turnos: el Ministro, el Fiscal General, jueces, fiscales...Tenemos justicia por todo lo bajo: De Juana, Otegui, Farruquito...En fin, que me tomo más en serio un capítulo de "Los Simpson" que a la inJusticia de este país.
  • El 11- M. Yo, siguiendo de cerca el desarrollo del juicio y las informaciones que aparecen, ya no tengo claro si lo del 11-M fue cosa de bereberes, etarras, combustión espontánea o supervillanos de todo a un euro. Lo que sí que me está quedando claro como el agua es que tenemos una Policía y unos Servicios de Inteligencia que hacen James Bond a "Mortadelo y Filemón". Si esto hubiera ocurrido en otro país donde primara la honradez y la vergüenza profesional, habríamos asistido a una oleada de dimisiones y renuncias. Y no te digo nada si hubiera sido en Japón: todos los días el telediario abriría con el hara-kiri de algún mando policial. Pero estamos en España, nación por antonomasia de "La culpa no es mía".
  • La guerra de Iraq. Si el referente democrático de George Bush es Rambo o Walker Texas Ranger, allá él con su psiquiatra. Pero que alguien con cerebro quiera ir de comparsa de este sujeto demuestra que es tan listo como quienes votan a Bush para presidente de la nación más poderosa del planeta. Así pues, ¿fue la guerra de Iraq una estupidez? Sí, y en el caso español, un error. ¿Fuimos a la guerra? No. ¿Hicimos el gilipollas? Sí. Si esto que acabo de decir, se lo repitieran como un mantra cada mañana los principales responsables del PP, dejarían al PSOE sin un argumento para tocar lo que no suena y a los panca-artistas sin una foto y, además, demostrarían sensatez. Demasiado tentador como para desestimarlo. Por último, ¿alguien podría decir al Presidente de EEUU que el Despacho Oval no es el mando de la Playstation mundial?
  • ETA. A la espera de confirmar que el señor POE los proponga candidatos al Premio Nobel de la Paz.
¡Qué lástima de realidad! ¡Qué pena de país! ¡Qué distopía! ¡Qué verbena!

martes, 20 de marzo de 2007

Clint

A veces, sólo a veces, tienes la suerte de comprender por qué el cine es un arte. A veces, sólo a veces, ves una película que mueve los hilos de tus pensamientos y sentimientos de una forma tan sutil como magistral. A veces, sólo a veces, una pantalla te regala algunos de los mejores momentos de tu vida. Un éxtasis en la penumbra de una sala de cine o un salón merced a alguien a quien jamás conocerás en tu vida y que aparece en los créditos como “Director”.

Hoy hablaré de una de estas inalcanzables personas que te llegan muy hondo. Clint Eastwood. Antaño, parecía que estaba destinado a entrar en la historia del celuloide por la puerta de atrás, gracias a encarnar una mágnum cargada con frases lapidarias o un poncho sin afeitar. Pero en 1992 este apóstol de las malas pulgas se cayó de su furibundo caballo y dirigió y protagonizó “Sin Perdón”, una del Oeste contra las del Oeste, obteniendo cuatro Óscar. Algo había cambiado.

Posteriormente, repitió como actor y director en dos películas: “Un mundo perfecto” (1993) y “Los Puentes de Madison” (1995). Interesante aquella, conmovedora ésta, Clint Eastwood confirmaba que Harry Callahan tenía ahora la sensibilidad y talento de un fotógrafo del National Geographic...

Y llegó 2003 y el señor Eastwood ofreció a la historia del cine “Mystic River”, una magistral y siniestra fábula donde un puñado de antihéroes retrata el sótano del ser humano en general y el americano en particular. Consciente o no, el nuevo Clint Eastwood había hecho su presentación pública con una soberbia y sombría declaración de intenciones desde la silla de director. Desde el cine, Eastwood es a Estados Unidos lo mismo que Bruce Springsteen desde la música: un genio con licencia para denunciar.

Quienes pensaban que aquel río de talento se quedaría seco pronto se equivocaron: el de San Francisco golpeó al mentón del público y crítica mundial con “Million Dollar Baby” (2004), crepuscular diario íntimo de la ascensión y caída de varios seres humanos en torno al ring de la vida. Una inigualable exhibición de inteligencia y sensibilidad que le proclamó campeón de los Óscar.

En 2006, este púgil de las emociones puso su mira en Iwo Jima. De ella surgen “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”, dos películas que demuestran que sólo un genio puede hacer películas bélicas pensadas con el corazón y hechas con la cabeza. En ambas, utilizando perspectivas diferentes, Eastwood retrata con elegancia y sentimiento la épica personal de unos héroes a su pesar devorados por la mayor muestra de la sinrazón humana: la guerra.

Y, aunque por fortuna este mito tiene leyenda para rato, es momento de reflexionar. ¿Conocen ustedes a algún director vivo que sepa dominar simultáneamente las técnicas cinematográficas y las emociones humanas? Yo no. Desde 2003, ir al cine a ver una película con Eastwood como director supone ser invitado a un vals donde el arte y el sentimiento bailan juntos, mientras la orquesta sigue el pausado compás de la sonrisa y la lágrima. Nadie como Eastwood habla de la amargura con tanta ternura ni de los demonios del ser humano con tanta elegancia. Nadie como él habla directamente al corazón del espectador sin ninguna contemplación pero con tanta inteligencia y sutileza. Nadie como él arranca una sonrisa y la cruza con una lágrima un fotograma más tarde. Nadie como él hace películas que te dejan tan conmovido y feliz al salir del cine. Nadie como él habla de la oscuridad de una forma tan brillante.

Para la historia del cine quedan escenas como el sensacional monólogo de William Munny que comienza “Cuando matas a un hombre…” (Sin Perdón), la absolutamente conmovedora y muda despedida de Robert Kincaid y Francesca Johnson, bajo la lluvia, con una mano en el picaporte de una furgoneta (Los Puentes de Madison), el antológico cruce de gestos en el desfile que cierra una tragedia (Mystic River), las miradas entre Frankie y Maggie bordeando las lágrimas y aceptando el final (Million Dollar Baby), la voz en off que enmarca el último chapuzón de los soldados (Banderas de nuestros padres), el saco que deja caer cartas que nunca llegaron a tiempo a su destino (Cartas desde Iwo Jima)…y las que vendrán.

¿Se pueden identificar algunas características “made in Clint”? Sí. En cuanto a las técnicas: Un extraordinario elenco de actores, un exquisito sentido del ritmo, una sensacional fotografía y una música sutil e íntima. Y en cuanto a las argumentales: Predilección por temas de los que cuesta hablar con sinceridad, devoción por los antihéroes, el absurdo de la violencia y la tragedia como catarsis del alma humana. ¿El resto? Pura y simple genialidad.

Gracias, mito, por tantas obras maestras. Gracias por regalarme recuerdos y sensaciones que jamás olvidaré. Gracias, señor Eastwood.

lunes, 19 de marzo de 2007

Mitos buscan herederos. Razón: Hollywood

Una leyenda es una sutil explicación de cómo un mito alcanzó la gloria; la gloria sólo es la estela de recuerdo que deja tras de sí un mito, y los mitos son sólo personas que han descubierto la inmortalidad a través de la genialidad. Leyenda, gloria, mito. Si utilizamos estas palabras en el contexto cinematográfico, todos nos imaginamos aquel maravilloso mundo en blanco y negro poblado de verdaderos genios que elevaron el cine a la categoría de arte. Pero de aquella época dorada sólo queda el letrero de “Hollywood” al norte de la calle Mulholland. ¿Qué ha pasado? ¿No hay en nuestro tiempo actores ni directores en la senda del mito?

Aunque es evidente que hay excepciones y no se puede generalizar, el cine que hoy vemos es una irrisoria sombra de aquel otro cine, por mucho glamour, merchandising y efecto especial que le circunde. ¿Murió sin herederos el cine de los 30, 40 y 50? No, pero es innegable que es bastante difícil encontrar cineastas y actores a la altura de los Bogart, Davis, Ford, Peck, Garbo, Wilder, Stewart, Hepburn, Huston, Tracy, Gardner, Marx, Taylor, Lang, Chaplin, Bacall, Hawks, Dietrich, Cooper, Hitchcock, Welles…Qué odiosas resultan algunas comparaciones, ¿verdad?

Hoy por hoy, en lo que a actores se refiere, los únicos que interpretativamente están a la mítica altura de sus ancestros son, para mí, Robert de Niro, Al Pacino, Michael Caine, Anthony Hopkins, Dustin Hoffman, Morgan Freeman, Sean Penn, Johnny Depp, Edward Norton, Daniel Day-Lewis, Russell Crowe, Tom Hanks y Paul Giamatti. Y en cuanto a féminas, pues Meryl Streep. ¿Y ya está? Sí, ya está. Para hacer esta selección, me he basado en este único criterio: Que interpreten magnífica y creíblemente personajes de toda clase y en películas de todo género. Todas las personas que acabo de citar generan por sí solas, al igual que lo hacían sus dorados antecesores, una sana y cinéfila expectación previa a cualquiera de sus películas y no tanto por la película en sí sino por descubrir con qué nueva y soberbia actuación nos deleitarán y si les valdrá una nominación al Óscar. En defensa del “resto”, he de decir que en esta época actual la medalla de plata está muy solicitada, con una pléyade de excelentes intérpretes como Ed Harris, Jack Nicholson, Sean Connery, Gene Hackman, Denzel Washington, Robin Williams, Kevin Spacey, George Clooney, Leonardo Di Caprio, Gary Oldman, Tim Robbins, Susan Sarandon, Nicole Kidman, Diane Keaton, Cate Blanchett…¿Por qué no optan al olimpo? En algunos casos, por encasillamiento (sólo saben hacer bien un tipo de personajes), y, en otros, porque han dado la campanada interpretativa menos veces que las deidades arriba citadas.


Si el anterior escrutinio puede resultar polémico, no menos lo será el que viene a continuación. ¿Cuántos directores actuales están a la altura de Ford, Wilder, Huston, Lang, Hawks, Welles y compañía? Actualmente hay auténticos maestros tras las cámaras, pero creo que, salvo dos excepciones, en estos años no hay ningún futuro mito sentado en la silla del director. Hoy en día podemos disfrutar de auténticos maestros especializados en la fantasía (Steven Spielberg, George Lucas y Tim Burton), el cine negro (Michael Mann, Martin Scorsese y F.F.Coppola), el cine de acción y aventuras (Ridley Scott, Michael Bay y Quentin Tarantino), el terror (Wes Craven) y también de un posible genio (Sam Mendes)...Óscars aparte, todos ellos han regalado al cine al menos una película digna de ser recordada per secula seculorum (“La lista de Schlinder”, “Star Wars”, “Eduardo Manostijeras”, “Heat”, “Taxi Driver”, “El Padrino”, “Gladiator”, “Pearl Harbor”, “Kill Bill”, “Pesadilla en Elm Street”, “Camino a la perdición”…). La única pega que tienen estos grandes directores es que los sacas del género que dominan y es más que probable que hagan un bodrio, con la excepción del amigo Spielberg y sus Schlinder y Ryan (si se dedicara más a películas como éstas, este Midas haría historia no sólo en las taquillas). Pero ¿y los auténticos mitos de la dirección? Descontando al soberbio y difunto Stanley Kubrick, en mi opinión hoy sólo podemos disfrutar de dos cineastas que la posteridad verá como mitos. Uno de ellos es el genial Woody Allen, digno heredero de Billy Wilder y Groucho Marx en el difícil arte de hacer de una comedia inteligente una película magistral. ¿Quién es el otro director? Clint Eastwood, pero ese es otro artículo

miércoles, 14 de marzo de 2007

Mi colegio

Leo en "El Mundo" que el colegio donde estuve desde renacuajo hasta mayor de edad está entre los 20 mejores centros de España, siendo el cuarto mejor de Madrid (por segundo año consecutivo). Me refiero al Colegio Agustiniano y, aprovechando esta agradable noticia, quiero hablar en este artículo del que, por mucho tiempo que pase, es y será mi colegio.

Creo que el valor de la etapa colegial no sólo está en las lecciones que aprendes en el aula sino también en las vivencias que se desarrollan dentro y fuera de esas paredes. Por eso, con la perspectiva necesaria, recuerdo con especial agrado y nostalgia mi paso por el Colegio Agustiniano. Allí coincidí con profesores y maestros: aquellos, profesionales víctimas del veneno de la rutina, y estos, brillantes personas que enseñaban con pasión y maestría su asignatura y también una legión de virtudes impagables como sensatez, sensibilidad, coherencia, sentido crítico, tolerancia, humanidad, creer en ti mismo...A todos, profesores y maestros, mi más sincero agradecimiento porque aprendí tanto de sus materias como de sus luces y sombras.

En ese sentido, yo creo que el paso por el colegio no debe ser una experiencia idílica. Debe ser realista y coherente con el mundo y la sociedad en la que vivimos. Por ello, estoy especialmente satisfecho de que a lo largo de mi estancia en el Agustiniano viviera momentos absolutamente geniales junto a otros más difíciles, buenos y malos recuerdos con sus correspondientes moralejas. En un colegio, además de intentar firmar un brillante expediente académico, se debe aprender a vivir y convivir. Y ese es para mí un valor que, con el paso del tiempo, he ido reconociendo y admirando en mi colegio. En esos años conocí genios y truhanes, héroes y bellacos, compañeros y bufones, amigos y rivales. Y eso es lo que, con distinta forma pero igual esencia, uno encuentra y afronta en la vida. Que a edades tan tempranas te muestren eso no es una obligación, pero sí un tesoro.

Abandonada la cerril y hormonal etapa en la que uno se torna una suerte de contestatario naif y la ceguera de la rebeldía te impide valorar ponderada y sensatamente cuanto te sucede, es de justicia reconocer que mi paso por el Colegio Agustiniano fue una época tan positiva como decisiva en mi vida. De ella guardo decenas de sensacionales recuerdos y conservo grandes amigos, algunos se sentaban como alumnos y otros como profesores, pero hoy en día me honro sin distinción con su amistad. A vosotros, amigos que no cito, mi especial agradecimiento por aquellos maravillosos años que ya sólo volverán en fotos y tertulias ocasionales.

En cuanto al Colegio Agustiniano, espero y deseo que siga siendo por muchos años un lugar del que la gente salga con motivos para decir "Gracias" el resto de su vida.

El pedrusco que viene

Puede que con tanto ajetreo internacional y vodevil político, la noticia haya pasado de puntillas, pero creo que es tan interesante como curiosa y acongojante y por eso me gustaría comentarla: Los científicos tienen "la certeza matemática absoluta" de que el asteroide gigante Apophis se situará en 2029 a una distancia muy corta de la Tierra, más cerca de lo que hoy en día están nuestros satélites. Los daños que, de seguir en esa trayectoria, provocaría en dichos artefactos y, por tanto, en las telecomunicaciones de la Tierra, serán tremendos. Pero el peligro real para los humanos vendría apenas siete años después, el 13 de abril de 2036 cuando el asteroide, ya captado por el campo gravitatorio terrestre, podría caer (tiene una posibilidad entre 45.000) con sus 250 metros de diámetro sobre la Tierra. De impactar en su ángulo más destructivo, Apophis tendría en la Tierra un efecto superior al de 20.000 bombas atómicas. Según declaraciones de Pedro Duque, nuestro querido astronauta patrio, si Apophis cayera sobre este nuestro planeta, se daría un baño en el mar (según la trayectoria más probable) y "abriría una grieta de kilómetros en la corteza terrestre", lo que provocaría un "inmenso tsunami, infinitamente más grande que el que afectó a Indonesia" en diciembre de 2004.

Al leer esto, a mí lo primero que me viene a la mente son películas como "Meteoro", "Armageddon" o "Deep Impact" y el cisco que se organiza aquí en la Tierra. Una vez superado el momento cinéfilo, me asaltan las dudas: ¿Cómo estará el patio terrestre para entonces? ¿Nos habremos cargado, literal o figuradamente, el mundo antes? ¿Habrá más sensatez o mujeres al frente de los países? ¿Se hará algo al respecto o, por el contrario, contemplaremos misas,oraciones, orgías y suicidios masivos? ¿Será culpará del asteroide a algún partido político? Si la Humanidad nunca se ha puesto de acuerdo para estar en paz internacional, nacional, regional, local o vecindariamente, ¿cómo narices se pondrían de acuerdo para rebatir una amenaza así? ¿A qué siniestro lumbrera se le ocurrió bautizar al pedrusco con el nombre de un dios egipcio de la destrucción? A continuación, me entra la curiosidad de saber cómo, por qué y dónde estaré yo para esas fechas y por último, me entra un ligero, sólo ligero, acojono.

En fin, como, afortunadamente, va para largo el tema, mientras Apophis nos deshonra (o no) con su visita, me dedicaré humildemente a hacer un mundo mejor, con la esperanza de que en 2036 no nos toque el Gordo ni la pedrea.

lunes, 12 de marzo de 2007

Caminante, no hay camino...Javierada 2007

Proeza, hazaña, gesta, machada, sacrificio, extrema devoción...Cualquiera de estas palabras sirve para definir acertadamente qué significa hacer la Javierada y, aunque suene paradójico, todas ellas se quedan cortas para albergar el impacto físico, emocional y espiritual que supone. Antes de continuar, he de aclarar que la Javierada es una masiva peregrinación al Castillo de Javier que se hace en Navarra los dos primeros fines de semana de marzo en honor del santo patrón navarro, San Francisco Javier. Dicho esto, conviene apuntar que el pasado sábado 10 de marzo quien esto escribe participó en la primera Javierada de su vida, pero no me demoraré más y seguiré con el artículo.

  • Mis motivos para hacer la Javierada: Sencillamente, por vivir esa experiencia y poner a prueba mi físico, con la ilusión de hacerlo ligeramente más apolíneo. ¿Motivos espirituales? También, pero bueno, pesaban más los otros, nunca mejor dicho.
  • Caminando hacia Javier, tirando de Javier: En este punto, quiero honrar a la persona que hizo conmigo todo el camino que dista entre Pamplona y Javier (54 km) desde las 05:30 de la mañana hasta las 15:55. Me refiero a un gran atleta y mejor estudiante que es mi mejor amigo: mi hermano Íñigo. Imperturbable a la hora de animarme, implacable en sus directrices de preparador personal ("Cómete esas barritas", "Bebe Aquarius", "Mantén el ritmo"...), leal compañero de mis fatigas (que no de las suyas), mi hermano fue mi espuela constante en la ardua e interminable marcha hacia Javier. Por ello, me postulo desde ahora mismo como un defensor de su santificación, por obrar el milagro de que la mole propietaria de este blog no sólo llegara a Javier sino que caminara a una media de 5,4 km hora (descontando los minutos de receso para comer o beber). ¡Eres un crack, hermano! Igualmente, quiero acordarme aquí de un trío de sufridores y buenas personas que compartieron con nosotros esta titánica aventura de principio a fin. Uxía, Dani, Pablo: ¡Sois unos campeones!
  • El tormento y el éxtasis. Recuerdos y sensaciones: El misticismo debía ser algo parecido a lo que se siente al hacer la Javierada...La extraña sensación de salir de noche y volver de noche a Pamplona, la odiosa y desmoralizante contemplación de la Higa de Monreal durante horas, la miscelánea social de peregrinos (de todas las edades, sexo y condición, incluidos frikis...), la impresionante ayuda del vendaval que nos visitaba cada poco en el camino; la preciosa visión de los Pirineos nevados desde el Alto de Loiti, el maremágnum que se forma en la Venta de Judas para tomar un respiro y disfrutar de un breve avituallamiento, la demoledora visión de la pronunciada cuesta en curva hacia Yesa, la incursión en la ira contenida que provoca hacer el último tramo del camino con un doloroso esguince, una docena de ampollas y bastantes músculos sobrecargados;el discutible atajo rompepiernas del trecho final al Castillo de Javier, las inexplicables ganas de llorar que tienes al tumbarte por fin a los pies del castillo, el asombro y la admiración que te causa ver a tu hermano sin un ápice de fatiga o sufrimiento, la sorpresa que te invade cuando eres consciente de que una mole urbanita poco dada al deporte ha llegado al final del camino por su propio pie...
  • El final. He de reconocer que debido al intenso dolor que me proporcionaban el esguince y las sobrecargas musculares, mi ánimo estaba más cerca de la posesión diabólica que de la devoción cristiana...Sería por el agobio de la miríada de personas congregadas en el Castillo de Javier, por tener que soportar a decenas de "flandersianos" (sí, sí, de esos que te avergüenzan de ser cristiano, católico y practicante), escuchar unas irritantes canciones para ¿amenizar? los instantes previos a la misa (a mí me entraron ganas de convertir aquel miniconcierto católico en una actuación heavy, estrellando la guitarrita en la testa de varias personas) o por la imposibilidad de teletransportarte a tu casa. No lo sé. El caso es que es mejor no mentar lo que pensé y sentí en la hora posterior a mi llegada a Javier. Lo mejor de todo, además de la aguda y certera homilía del obispo Sebastián, fue el instante de volver a casa porque el ánimo te cambia, a pesar de que la desorganización de la policía foral y el nulo civismo de algunas personas convirtiera la salida del Castillo de Javier en lo más parecido a "La Conquista del Oeste" (caravana, polvo, caos...).

¿Repetiré la Javierada? Es probable, especialmente si la próxima vez tengo más motivos por los que dar gracias, etc, etc. ¿Me arrepiento de haber hecho la Javierada? En absoluto. Es una experiencia digna de ser vivida y sufrida y en lo personal, estoy más que satisfecho de mi rendimiento. ¿Ruegos y peticiones? Más organización para controlar la estampida que cierra la jornada. ¿Dedicatorias? A mi hermano, a mis padres y a los tres gladiadores llamados Uxía, Dani y Pablo. Sin más demora y anhelando un ibuprofeno, me despido. ¡Aupa Javier!

jueves, 8 de marzo de 2007

Ginepower: Paridad, paridas y sensatez

Hoy es el Día de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujer, a secas. Felicidades de corazón a todas las féminas que se ganan el pan con el sudor de su frente y también a aquellas que mantienen un hogar a flote. Ahora bien, pensando con sensatez y sin demagogia alguna ¿ustedes se imaginan las reacciones que provocaría un "Día del Hombre Trabajador" o "Día Internacional del Hombre"? Con esta reflexión, además de apelar al sentido común, quiero introducir tres puntos de debate a propósito de este día:



  • Paridad: Estoy totalmente en contra de cualquier imposición y de los "porque sí". Me parece un signo de falta de seso y una ridiculez, sea cual sea el ámbito. Entrando ya en materia, creo que un puesto de trabajo o cargo público debe ser para la persona más apta y capacitada, independientemente de si es hombre o mujer. Así que tan mal me parece las políticas laborales de WC ("Sólo caballeros", "Sólo mujeres") como esto de la paridad. Me parece un cachondeo. Las cosas no se deben hacer ni pensar para rellenar cupos o cumplir porcentajes. El talento no tiene sexo, así que váyanse a hacer gárgaras las paridades, los 50% políticamente correctos, etc. El problema no está en el sexo de las personas sino en l@s botarates que, lejos de tener en cuenta el talento y la aptitud, valoran cromosómicamente a una persona a la hora de concederle un puesto de trabajo público o privado. Ahí sí que se debería centrar toda esta maquinaria "demagoginecológica" y ahorrarse el esfuerzo de meter con calzador a gente por meras y estúpidas razones cromosómicas.
  • Paridas: A mí qué quieren que les diga, tan bochornoso me parece alguien machista como una persona feminista. Hablando de esta última clase, me parece paradójico que abogen y clamen por la igualdad de hombres y mujeres y a la hora de la verdad opten por distinguirse, diferenciarse o valorarse incluso por encima del género masculino. Máxime cuando llevan esta diferenciación hasta extremos absurdos como el de querer distinguir lingüísticamente todo lo que aluda a las féminas, proceda o no. Y ahora dirijo el espolón contra el Instituto de la Mujer, una entidad que ha realizado estudios dignos de interés pero que también enarbola magnos disparates. No satisfechas con que ahora, por culpa de la corrección política y no herir sensibilidades absurdas, cada vez que se escriba o lea algo públicamente el discurso parezca más una declinación que otra cosa (Ej: "Los lectores y las lectoras que estén cansados y cansadas de aguantar tonterías y tonteríos, sigan leyendo este artículo, que no artícula") , hace pocos meses se sacaron de la manga una serie de recomendaciones merecedoras de atención y bochorno: Su remedio para luchar contra la tremenda injusticia de que se utilice correctamente la lengua más rica del mundo y sobre la que descansa buena parte de nuestra cultura es atiborrar al DRAE de palabras (que no palabros) tales como "albañila", "bedela" o "periodisto". Tócate las narices y los narizos. Yo creo que unas recomendaciones así no pueden ser tomadas en serio, salvo desde el punto de vista psiquiátrico, en la medida en que son más fruto de una obsesión o distorsión de la percepción de la realidad que del raciocinio y sentido común. Eso, señoras mías, no sólo es empobrecer una lengua riquísima, sino marginar la sensatez. Suficiente castigo sufre hoy ya nuestra lengua como para que vengan con sandeces como esa, queridas. Si quieren hacer algo útil que no parezca un chiste, usen el cerebro y no confundan el culo con las témporas (ni los témporos, claro).
  • Sensatez: A riesgo de parecer obvio, he de decir que a las mujeres se las debe valorar, estimar y juzgar exactamente igual que a un hombre, ni más ni menos. Cuando esto sea entendido por toda la sociedad, todo irá mejor. Mientras tanto, machistas y feministas se pueden ir juntos de la mano a hacer puñetas (o puñetos).

Dedicado a mi madre, abuela, bisabuela y amigas: Gracias por ser así, tan luchadoras, tan sensatas. ¡Olé a vosotras!

miércoles, 7 de marzo de 2007

De Chanquete a Los Serrano: Entierros TV

No es un recurso nuevo en absoluto en la ficción, pero sigue despertando interés. Me refiero al hecho de que en alguna determinada serie de televisión se cepillen a un personaje querido por el público. De la habilidad de los guionistas depende en buena parte que sea creíble, encaje en la trama, etc., mientras que es el talento de los actores el encargado de que sea un capítulo conmovedor, con tirón, etc. Tanto en producciones nacionales como en extranjeras hemos visto ejemplos de esta medida, que suele tener bastante éxito si se emite por sorpresa. No obstante, por la curiosidad que creo puede tener el análisis de esta "técnica", dedicaré este artículo a hacer un breve y sencillo resumen de la misma.


Motivos para finiquitar a un personaje:
  • Incompatibilidad total con otros proyectos profesionales del actor/actriz. Suele ser la causa más habitual para mandar al camposanto a algún personaje. Claro que hay otras opciones: mandarlo de viaje indefinido, trasladar su residencia a otra ciudad, dejarle convaleciente en un hospital durante meses...Si se descarta todo lo anterior o ya se ha usado, la única salida que queda es la morgue.(Ej: Muerte de Belén Rueda en "Los Serrano").

  • Exigencia de un incremento en el sueldo o duración del contrato por parte de un actor/actriz. Normalmente, a los que ponen el dinero les gusta más la idea que menos coste suponga y matar ya se sabe que es gratis en la ficción...(Ej: Muerte de Loles León en "Aquí no hay quien viva").

  • Descontento del actor/actriz con el rumbo que ha tomado su personaje o la serie. Tocar las maracas a quien escribe los guiones o sugiere las ideas (que muchas veces son quienes corren con los gastos) no es la mejor forma de mantenerse en una producción. Para identificar fácilmente qué muertes corresponden a esta modalidad, basta con decir que estos fallecimientos los suele explicar escuetamente el director o el productor con frases tipo: "El personaje estaba agotado", "Decidimos dar un nuevo aire a la serie", "La trama necesitaba un revulsivo", etc.

  • Sublimar y elevar a mito televisivo a un personaje muy querido por el público. La muerte de Chanquete en "Verano azul" es un ejemplo bien claro.

  • Posibilitar la introducción de nuevas tramas y/o personajes que hagan más atractiva una historia ya agotada o permitir la repetición de esquemas argumentales ya usados pero con distintos protagonistas. Esto, aunque suene paradójico, es un síntoma de agotamiento creativo y/o cansancio de los propios intérpretes, por lo que estas muertes suelen producirse en capítulos próximos al final de una serie o de una temporada. (Ej: La mayoría de las muertes acontecidas en cualquier culebrón, serie juvenil o folletín televisado).

  • Dotar de mayor dramatismo a una serie cómica para que se la tome más en serio. Esto está muy bien, siempre y cuando el resto de actores sean buenos intérpretes, porque no todos los payasos pueden hacer "Hamlet"...(Ej: Muerte de Marcial en "Médico de familia", muerte de Bernarda en "Los hombres de Paco").

  • Que el actor/actriz fallezca de verdad. Así es la vida...


¿Qué se consigue matando un personaje?


  • Mayor audiencia. Si se hace una "promoción" previa inteligente y sutil, claro. Luego es cuestión de rentabilizar la inercia que se genere, por lo cual resultan decisivos los capítulos inmediatamente posteriores al de la muerte del personaje en cuestión.

  • Identificar emocionalmente al público con algún otro personaje sobre el que quiera enfocarse la atención de la trama en próximos capítulos.

  • Dar la oportunidad a los guionistas de crear nuevas tramas. (Otra cosa es que la aprovechen...).

  • Ofrecer a los actores un motivo para demostrar más facetas y recursos interpretativos. Si son buenos actores, lo verán como una bendición. Si no, se ciscarán en la progenitora del guionista, amén de hacer el ridículo.

Para el éxito de todo lo que acabo de decir es básico tener guionistas y actores de talento y realizar una hábil campaña publicitaria basada en la sugerencia y la discreción (en este sentido, recuerdo una publicidad de "Hospital Central" muy acertada). Si se tienen todos estos ingredientes, es más que probable que se traduzca en una muerte por todo lo alto. Si no...pues mejor retroceder silenciosamente y salir por la puerta de emergencia.

Un ejemplo de cómo no matar un personaje lo pudimos ver anoche en "Los Serrano" con la muerte de Lucía (Belén Rueda): Se tiran días anunciando o comentando sin ningún disimulo qué personaje va a morir (así que los primeros en morir fueron el factor sorpresa y el misterio), se permiten el desliz de que alguien cuelgue online durante horas un contenido que debía ser ultrasecreto, la emisión ofreció un absoluto sinsentido de actitudes crespusculares y despedidas más o menos sutiles de Lucía (propias de un personaje con alguna enfermedad terminal, pero no era el caso), el tono general del capítulo fue predominantemente cómico-romántico con lo cual resultó una mezcolanza cuando menos discutible, la muerte de Lucía se resuelve fuera de plano y en sólo unos segundos, el impacto del fallecimiento en algunos personajes resultó poco creíble y de una comicidad no buscada, y la escena final parecía desarrollarse emocional e incomprensiblemente meses después del fallecimiento de Lucía. En fin, que si alguien quiere matar un personaje bien, basta con no hacer nada de lo hecho por los responsables de "Los Serrano". De todos modos, la defunción otorgó a esta serie su récord de audiencia, con lo cual queda patente que, descontando a los habituales "necrocuriosos", tiene unos seguidores fieles y a prueba de disparates. Habrá que ver si esto sigue igual en próximos capítulos...

Espero que después de este artículo, cuando algún personaje la vuelva a diñar, todos sepamos el por qué y el para qué, ya que nadie debe olvidar que, en televisión, todas las lágrimas tienen que ser rentables.

De navajas suizas, amazonas y voces cordiales: secretarias

El artículo de hoy va dedicado para ese ejército anónimo y sufriente que sustenta buena parte del funcionamiento empresarial. Y no, no me refiero esta vez a mis compadres mileuristas ni a los subcontratados ni a los trabajadores temporales ni a los becarios. Este artículo es por y para las secretarias, con el mayor de mis respetos y afecto.

Hablo de esas féminas parapetadas detrás de una mesa de oficina "decorada" con más o menos gracia, haciéndola una extensión de su propio look y personalidad. De esas "mujeres vitruvianas" que constituyen la versión laboral encarnada de una navaja suiza y que aguantan con estoicismo variable y paciencia casi infinita el diluvio de órdenes, recados, ruegos y peticiones provenientes de sus superiores. De esas vestales del acervo empresarial que, como las legendarias parcas, siempre conocen qué ha pasado, qué pasa y qué pasará tras los muros de una oficina. De esas amazonas de la mitología empresarial que hacen malabares físicos e intelectuales para cumplir tareas que requieren, figuradamente o no, la astucia de Ulises, la fortaleza de Heracles y el aguante de Atlas. De esas mujeres poliédricas y multifuncionales de sueldo discutible que siempre están "ahí" para remendar desaguisados y apagar incendios oficinescos. De esas voces cordiales que ocultan su agobio, cabreo o cefalea detrás de la mejor de las sonrisas mientras se ganan dignamente el pan.

Es cierto que la imagen que se suele tener de las secretarias es la de una mujer bien colgada al teléfono contando a otra infinitas cuitas personales, bien tomando un interminable café con alguna comadre, pero no menos cierto es que ese cliché está generado en buena parte por sus jefes o jefas, personas que a veces olvidan que la esclavitud está abolida, que las asistentas pertenecen estrictamente al ámbito doméstico o que esa persona que obedece sus órdenes y aguanta sus desplantes posiblemente sepa hacer muchas más cosas y mejor que ell@s. Aunque no se debe generalizar, ni para bien ni para mal, creo que a cualquier persona que trabaje con o cerca de una secretaria, sabrá de qué hablo y si hay sensatez o no en mis palabras.

¿Que las secretarias tienen días malos difíciles de soportar? Claro, como cualquier persona. ¿Pero cuánta gente se ha parado a pensar cuántos días malos evitan a otras personas las secretarias con su trabajo anónimo, constante y gris? Creo que no mucha, al menos no tantas personas como las que prefieren agarrarse al estereotipo de la secretaria como "holgazana que se pasa el día farfullando o murmurando sus problemas o quejas personales" y eso es tan injusto como sonrojante...

Es verdad que mi experiencia laboral no es muy dilatada, pero sí es suficiente como para saber que cualquier persona que ostente el puesto de secretaria se ha ganado mi respeto y admiración profesional, por todo lo que saben hacer en la oficina, por su arte taurino para lidiar a sus superiores y por su anónimo estoicismo.

En resumen, los éxitos de una empresa los escriben los "jefes", pero cuánto tienen que agradecer al buen hacer, sutil y anónimo, de gente como las secretarias. Olé a vosotras, my friends.