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domingo, 29 de abril de 2018

Agradecimiento a "La Manada"

Lo reconozco. He dejado pasar unos días deliberadamente tras la sentencia. De no haberlo hecho, muy seguramente este artículo sería un ejemplo de coprolalia y también constitutivo de delito, por las cosas que me apetecía decir. Por eso, he preferido escribirlo cuando han descendido tanto la polvareda de la polémica como las pulsaciones del enfado. Aclarado esto, sigo o, mejor dicho, comienzo esto que no es más que una carta abierta a cinco presuntos seres humanos.

Os llamáis José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Jesús Escudero, Antonio Manuel Guerrero. Preferís haceros llamar "La Manada", un sobrenombre fácil para un grupo de Whatsapp y acorde a vuestra acreditada condición de bestias. Se me ocurre otro aún más preciso para definiros pero entiendo que "Hijos de la grandísima pu*a" resulta demasiado largo para temas de guasapeo e implica menospreciar a unas mujeres, vuestras madres, cuyo único pecado en todo esto es haberos dejado nacer en lugar de acabar en un cubo de abortos. Tranquilos, chicos. Si leéis el título del artículo sabréis que os voy a dar las gracias. Atentos.

Os doy las gracias, manada, porque habéis demostrado que los únicos animales que merecen estar al otro lado de unas rejas, privados de libertad, sois vosotros y toda la demás escoria antropomórfica como vosotros.

Os doy las gracias, manada, porque habéis conseguido que la soledad pase de las víctimas a los victimarios y a los indeseables que les dan amparo, ya sean familiares, jueces con votos particulares o abogados sin vergüenza.

Os doy las gracias, manada, porque habéis logrado poner de acuerdo a la inmensa mayoría de una sociedad propensa a una discrepancia cainita en un tema de la máxima importancia.

Os doy las gracias, manada, porque habéis permitido que quede patente al país que todo lo que no sea "Sí" es "No" y que la libertad de una persona acaba donde empieza la de otra.

Os doy las gracias, manada, porque habéis recordado a los legos en Derecho que en España existe afortunadamente la posibilidad de interponer recursos contra aquellas sentencias injustas o chapuceras, como es el caso de la resolución que os ha condenado. Porque, entre nosotros, no os podéis quejar. Vuestra sentencia, manada, es un monumento a la incongruencia al no estar alineadas la consideración de hechos probados y la calificación penal de los mismos. Dicho de otro modo: la sentencia considera probada la existencia de agresión sexual pero os condena por abuso sexual. Es tan coherente como explicar pormenorizadamente que una falta merece tarjeta rota y saldar el lance con una simple tarjeta amarilla.

Os doy las gracias, manada, porque habéis evidenciado que la Justicia si quiere serlo de verdad no puede depender de debates semánticos (¿por qué lo llaman "prevalimiento" cuando quieren decir "intimidación"?) ni de apreciaciones subjetivas supeditadas a la lucidez mental o integridad moral del juez de turno.

Os doy las gracias, manada, porque habéis sacado de sus casas y el silencio a quienes pensamos que otra Justicia puede y debe ser posible; a quienes creemos que cuando la aplicación de una ley genera tal indignación y resulta tan humillante no sólo a la víctima sino al sentido común hay que cambiar tanto la norma como a quien la aplica.

Os doy las gracias, manada, porque habéis subrayado la necesidad de abandonar ese hipócrita complejo de "no legislar en caliente" si con ello se evitan más cuerpos fríos o que se te quede el cuerpo frío con la enésima salvajada de turno.

Os doy las gracias, manada, porque habéis recordado a los soberbios y ensimismados entogados dedicados a la magistratura que son tan falibles como cualquier ser humano, que en ocasiones como ésta los fallos contenidos en sus resoluciones son literalmente eso: fallos.

Os doy las gracias, manada, porque habéis expuesto claramente que España cuenta con una concepción y legislación penal excesivamente garantista (y benévola) con los delincuentes y que, por eso, puede y debe ser modificada para evitar toda clase de injusticias.

Os doy las gracias, manada, porque habéis dejado patente que es necesaria aún mucha pedagogía para que las víctimas dejen de ir entre interrogantes y para aniquilar de la sociedad cualquier concepción retrógrada que dé pábulo a razonamientos como el de la película Airbag: "La culpa es de los padres que las visten como putas". Que el problema no está en cómo una mujer vista o actúe sino en lo que un hombre se cree con derecho a hacer. Y lo vuestro, campeones, ni es un derecho ni es de hombres. 

Os doy las gracias, manada, porque habéis dejado manifiesto que el silencio, el miedo o la vergüenza son los mejores cómplices que pueden tener aquellos que, como vosotros, representan lo peor del ser humano.

Os doy las gracias, manada, porque habéis hecho lo suficiente como para que haya llegado a su fin el tiempo en que basura como vosotros gozaba de una protección legal y social que tenía bastante de impunidad y mucho de insulto.

Os doy las gracias, manada, por recordarme que no toda la gente merece vivir, al menos en libertad.

Ya veis, chicos, soy muy agradecido. Mi próximo agradecimiento será (espero) cuando en segunda instancia algún magistrado tenga a bien tirar de la cadena y que así os vayáis por donde se va la mierda que habéis demostrado ser.

domingo, 18 de febrero de 2018

El gran Bang-Bang

Este artículo no tiene nada que ver con la cosmología sino con la onomatopeya para simular el sonido de un disparo porque estas líneas no vienen motivadas por las profundidades del espacio sino por las de la condición humana.

Aclarado eso, me gustaría empezar con una breve reflexión: en el ataque a Pearl Harbor murieron más de 2.400 personas y EEUU lo utilizó como excusa para entrar en la 2ª Guerra Mundial y desequilibrar así la balanza en favor de los "aliados" (y de paso eclipsar el mérito de la URSS, que fue tan decisiva o más que la potencia norteamericana para parar al Reich nazi, y revitalizar la economía estadounidense a lomos de la industria armamentística); en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York murieron más de 3.000 seres humanos y EEUU lo empleó como casus beli contra el "terrorismo internacional" (llevando la guerra a Afganistán e Iraq en un chapucero intento para fortalecer sus intereses en ese avispero). Desde 2011, en EEUU el número de víctimas por bala ha superado los 200.000 y sólo en lo que va de 2018 las armas de fuego se han llevado por delante a más de 1.800 almas en yanquilandia. Hacer cuentas o prorratear estas cantidades por año, mes, semana o día pone los pelos de punta. ¿Qué tiene que pasar para que EEUU declare la guerra contra los tiroteos que desangran su propio país? ¿Sólo hay motivo para guerrear cuando el rival es otro y no uno mismo? ¿Sólo interesa lo bélico cuando detrás hay un posible beneficio económico?

Es cierto que EEUU es una nación que se forjó con una Biblia en una mano y un arma de fuego en otra y que las balas están presentes en el subconsciente colectivo y cotidiano yanqui de una forma muy arraigada debido a esos tiempos pretéritos en los que la paz terminaba más allá del umbral del "Hogar, dulce hogar". Pero eso no debe servir para convertir el contexto en excusa. En España, por ejemplo, también nos hemos dado de mecos entre propios o contra extraños a lo largo y ancho de la península y los siglos y no tenemos este problema con las armas (tenemos otros, como, por ejemplo, una concepción del sistema penal bastante ferial y contraproducente). No, el problema de EEUU no está sólo en que sus gentes son de gatillo rápido ni tampoco en la facilidad con la que cualquier iluminado puede adquirir una pistola, escopeta o fusil sino en que el lobby de las armas (Asociación Nacional del Rifle para los amigos) manda y mucho en EEUU (hasta el abominable Trump dijo hace no mucho que en él tenían un amigo) y cualquier cosa que perjudique sus intereses supone perder miles de dólares y votos. Habrá quien diga que también influye la "cultura de la violencia" (cajón de sastre en el que ciertos expertos mezclan videojuegos, ficción televisiva y telediarios), pero esa cultura tiene un alcance global y no hay ningún país que sufra este sindiós, descartando obviamente aquellos en los que las organizaciones criminales (como pasa en México) o las organizaciones paramilitares (tal y como sucede en varias regiones de África) o terroristas (véase Afganistán) hacen y deshacen a su antojo. No, el problema de las masacres en EEUU tiene que ver con la propia idiosincrasia yanqui. Es una especie de esquizofrenia que lleva a autolesionarse sin que nadie dé (o tenga el coraje suficiente para dar) con el tratamiento adecuado. Y es que el gran obstáculo contra el autoterrorismo estadounidense es la deliberada pasividad con la que se aborda porque parece que hacer algo para regular el acceso a las armas de fuego resulta algo antipatriótico. ¿Hay algo más antipatriota que cepillarse a conciudadanos?

Estos días corre por las redes un gráfico a medio camino entre el meme y el sarcasmo informativo según el cual si el terrorista es musulmán se prohiben visados, si es hispano se alzan muros en la frontera, si es afroamericano se aumenta el número de policías y prisiones y si es blanco pues todo se solucionan con "nuestros pensamientos y plegarias" están con las víctimas y sus familiares. Todas reacciones reales, todas erróneas. También hay algo de esto en los motivos por los que EEUU se autolesiona a tiro limpio: la condescendencia con la que, a la hora de la verdad, se aborda el asunto porque, más allá de liquidar al presunto culpable en el lugar de los hechos o en un centro penitenciario (y ojo que lo de pasaportar al hades a esos dementes me parece genial), parece que allí solucionan las cosas con mucho postureo lacrimógeno: memoriales floridos, declaraciones con rostro serio y palabras rimbombantes y tira millas...hasta la siguiente matanza. Esto, nos lleva a su vez a otro factor que tampoco hay que orillar a la hora de entender semejante bestialidad mortuoria: la prepotencia que lleva a EEUU a creerse pluscuamperfectos. Curiosa perfección la que provoca enterrar inocentes.

En fin. Que me encantaría que la futura muerte de Nikolas Cruz fuera el punto y final a los balazos en EEUU pero pensar que eso va a suceder es pecar de ingenuo. Esto sólo pasará cuando EEUU pase por el diván y asuma que su doctor Jeckyll tiene problema muy serio con el señor Hyde. Mientras tanto, el gran Bang estadounidense seguirá expandiéndose por el tiempo y el espacio de la misma forma que el cósmico. La diferencia es que éste trajo la vida y aquél sólo trae muerte.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Con ellas, contra ellos

Siempre he pensado que es uno de los síntomas de que este mundo está en tránsito hacia la mierda. Me refiero al hecho de que un hombre aniquile verbal, psíquica o físicamente a una mujer. Del mismo modo, siempre he creído que esos monstruos malnacidos, esos cobardes inhumanos, esos hijos de la gran puta equivocan el orden en que hacen las cosas; lo primero que deberían hacer es lo último que hacen: autolesionarse o suicidarse tras dejar a una mujer camino de la morgue o de urgencias. El orden de los factores en la vida real siempre altera el resultado: una alteración que en ocasiones como estas marca la diferencia entre vivir o morir, aunque tal muerte sea en vida. Por eso hoy, "Día contra la violencia de género", cabrones de mierda, haced un favor al mundo: borraros de la faz de la tierra antes de regarla con lágrimas y sangre.

Mediática, política, social y psicológicamente se suele travestir estas atrocidades con etiquetas más o menos afortunadas pero ninguna certera: "terrorismo doméstico", "violencia de género", "delitos machistas", "crímenes pasionales"...la maldad, la cara más vil de la cobardía, la demencia, la barbarie o la crueldad no dependen de un lugar ni de los genitales ni de una tóxica paleoideología ni de una pasión. Por eso creo que esas expresiones que cito no son especialmente acertadas. No llamar a las cosas por su nombre y esconder el horror detrás de sofisticados eufemismos es como ver una película de terror escondiendo la cara tras un cojín. En ese sentido, creo que estas horribles salvajadas tienen más que ver con estar mal de la cabeza que con cualquier otra cosa, más incluso que el maldito y recurrente machismo. Nadie cuerdo atacaría a quien ama o a quien es la madre de sus hijos o quien le ha dado los mejores recuerdos de su vida. Que esa demencia haya pivotado directa o indirectamente sobre ese arcaico, infecto y bochornoso paradigma del machismo es algo muy importante pero no definitivo ya que esta ideología no es intrínsecamente letal sino netamente dañina para la convivencia dentro y fuera de un hogar y, por eso, hay que erradicarla de raíz y cuanto antes desde hogares, colegios y parlamentos. Si se ha conseguido dejar como un reducto marginal las ideologías políticas extremas, denigrantes y excluyentes, hay que hacer lo propio contra el machismo. Si queremos vivir en una sociedad democrática, debemos apuntalar la libertad y ésta no existe sin igualdad, la cual a no consiste en uniformizar u homogeneizar sino en respetar y cuidar la diversidad que enriquece al ser humano. Pero, insisto, conviene alejarse de silogismos falaces y reduccionismos demasiado simplistas con los que se intenta digerir todo este sindiós. Entre machismo y demencia prefiero identificar a esta última como la causa principal de toda violencia verbal o física ejercida contra una mujer. Sólo un tarado cree que las personas son algo así como bienes muebles propiedad de alguien; sólo un tarado se cree el epicentro del cosmos y el alfa y omega de la vida de otra persona; sólo un tarado es capaz de tornar lo bello en lo terrible; sólo un tarado es campo fértil para el florecimiento de ideologías incompatibles no ya con la vida en sociedad sino con la vida en sí misma considerada. Dicho de otra manera: todos los asesinos son tarados, pero no todos los machistas son asesinos. Creo que me explico. Claro que en la actual propensión a atribuir al machismo estas alfaguaras de pus humano influye bastante el hecho de que, con el paso del tiempo, el machismo se ha convertido en una rodante bola de podredumbre que va asimilando, por atribución "técnica" o por percepción social, una suerte de defectos, vicios o males que originalmente no tenían nada que ver con esa repelente y reaccionaria ideología y su consiguiente ética. Por eso, tan necesario es exterminar pedagógica y legalmente el machismo como situar el trastorno mental como el alma máter de esta galería de los horrores que en lo que va de año ya se ha ampliado con 45 nuevas víctimas.

Del mismo modo, hay que revisar todas las políticas y los protocolos de prevención y protección en este sentido porque es más que evidente que aquéllas están quedando como Cagancho en Almagro y éstos como Rufete en Lorca. ¿Por qué? Porque es un despropósito esperpéntico que los hijos de puta tengan tan fácil demostrar que lo son. La muerte de mujeres a manos de hombres lleva camino de tener una sección fija en telediarios y periódicos y es algo tan "cotidiano" que corremos el riesgo de insensibilizarnos ante eso. Eso es algo sencillamente intolerable. Y esto no es postureo ni exageración. La realidad no finge las palizas, los llantos, los insultos, las vejaciones ni las muertes. ¿Postureo? Hablen de postureo a los seres queridos de las asesinadas. ¿Exageración? No hay nada más exagerado que la muerte porque ésta no deja cabida para nada más. Más de mil muertes obligan a ser tremendamente inconformistas y críticos. Cada maltrato o muerte es culpa de un monstruo, un fracaso de la sociedad en su conjunto y una evidencia de que alguien no está haciendo bien su trabajo. Tan sencillo como eso.

Yo no quiero ni imaginar qué haría yo de tener a una mujer afectivamente cercana a mí víctima de violencia verbal, psicológica o física. Probablemente, aniquilaría con mis propias manos al culpable haciendo una performance gore con su cuerpo. No se merecen otra cosa estas bostas con forma humana. Pero como vivimos en un país tan excesivamente legalista, de esos que se la cogen tanto con papel de fumar que tiene pinta de black friday para la gentuza, probablemente haría lo que debe hacer cualquier persona que sepa que una mujer está siendo víctima de alguna de las violencias antes citadas: denunciar. Porque el silencio, ese que alimenta el miedo o la anulación psicológica de la víctima, no debe ser por inacción de los demás cómplice del culpable. No se trata de meterse donde no te llaman, se trata de preservar la vida.

En fin. Ojalá llegue pronto el año en que los 25-N no haya que hacer examen de conciencia ante esta sangrante vergüenza. Y, mientras llega, quiero decir simplemente dos cosas. A las mujeres: no estáis solas. Y a los hombres que alzan la mano o la voz contra una mujer: recordad los pasos, primero de todo, antes de hacer nada, os matáis a vosotros mismos y luego ya hablamos.

lunes, 13 de junio de 2016

No hay que ponérselo fácil al diablo

Se puede y debe restringir el acceso a las armas, por mucho que EEUU tenga una cultura de ellas profundamente enraizada o que el tráfico de las mismas mueva hipócritamente colosales masas de dinero e intereses en todo el mundo.

Se puede y debe mejorar la vigilancia ejercida por los servicios de inteligencia, para evitar el macabro bochorno de que un "vigilado" salte a los titulares de todo el mundo.

Se puede y debe actuar con más responsabilidad a la hora de intervenir en zonas conflictivas, para no abonarlas con un caos en el que germinen movimientos terroristas o siniestros fundamentalismos.

Pero, sobre todo, se puede y debe considerar la educación como el arma definitiva contra las monstruosidades. Una educación, tanto académica como familiar, que permita crear hombres libres y no armas de revancha. Una educación que huya del adoctrinamiento y de dictados maniqueos. Una educación que enseñe a pensar, decir, hacer y sentir con total libertad dentro de la inmensidad del respeto. Una educación que reniegue de los dogmas y busque puentes. Una educación que permita ser y estar en el mundo. Una educación que nos recuerde que porque somos libres somos iguales y porque somos diferentes somos fuertes. Una educación que destierre lo irracional, entierre lo visceral y allane prejuicios, tópicos y medias verdades. Una educación que aclare que todo lo que no es amor no es religión. Una educación que nos dé las herramientas necesarias para dejar un mundo mejor que el que nos encontramos. Una educación que desahucie el miedo, expulse la incomprensión y siembre convivencia. Una educación digna, diversa, seria y desacomplejada, que permita que los asesinatos, cualquiera que sea su disparatada excusa, formen parte del pasado de una vez y para siempre.

Porque, después de salvajadas como la de Orlando, hay que tener muy claro que al diablo no hay que ponerle las cosas fáciles.

sábado, 3 de enero de 2015

El arte de sacar la basura

Hay dos tipos de basura. Una basura que se saca a la calle y basura que se saca de la calle. La del primer tipo la conforman los restos orgánicos, envases, plásticos y demás desperdicios generados por la actividad humana. La del segundo tipo la integran quienes asesinan, matan, maltratan, abusan, violan, roban, estafan, defraudan, engañan, comercian con drogas o armas y demás desperdicios generados por la condición humana. Pero dar el destino adecuado a una y otra basura responde a un mismo fin: preservar la salud de todos. Por eso, tan perjudicial es no sacar la primera basura como no retirar la segunda. O más perjudicial aún: que exista alguien incapaz de distinguir la diferencia, el matiz y la preposición y saque a la calle la basura que otros sacan de ella.

De ahí que uno de los problemas fundamentales de la sociedad actual, al menos en este sindiós que es España, sea la acumulación de la basura en las calles. Y no precisamente porque no funcionen los servicios de recogida. Un problema que, como lamentablemente sucedió ayer, acaba resultando fatal para gente de bien. Un problema que, de haberse solucionado ya, habría evitado que una basura sacada y devuelta a la calle matara a un policía en acto de servicio en Madrid, un miembro de esas fuerzas y cuerpos de seguridad que ven cómo por desgracia su esfuerzo y celo no tienen siempre (o siquiera habitualmente) un refrendo legal o judicial, porque absolutamente de nada sirve esforzarse en sacar la basura de la calle, es decir, en proteger a los ciudadanos y perseguir el delito, si a la hora de la verdad bien un artículo redactado por un "político" o bien una interpretación de un juez del orden penal vuelve a poner a esa basura en la calle.

Claro que la causa de todo esto radica originaria y casi exclusivamente en un cuerpo legal penal buenista e ingenuo (por no decir directamente gilipollesco) orientado a la reinserción de los delincuentes, es decir, en creer que la basura se puede reciclar, que se puede hacer borrón y cuenta nueva y echar pelillos a la mar. Una pretensión rebosante de idealismo y a la que los índices de reincidencia obligan a considerar como una insostenible e indefendible utopía o, directamente, como una majadería. Un error garrafal que convierte a comisarías y centros penitenciarios en lugares de paso y no en el comienzo de un merecido final. Un cachondeo que convierte al Código Penal en una broma sin gracia, a las condenas en meros contratiempos y los delincuentes en boomerangs. Una chapuza tremenda e injusta alimentada y/o perpetuada por la ineptitud, desidia y/o demagogia de políticos y jueces que al final no acaban pagando ellos sino los demás. Un disparate que debería resolver el Gobierno en general y los Ministerios de Interior y Justicia en particular, si no estuvieran más pendientes de sojuzgar a la ciudadanía que de protegerla de cualquier amenaza.

Y ello por no hablar de los típicos y oportunistas meapilas dispuestos a sacar la cara por cualquier gentuza con tal de tener su minuto de gloria o dar un sentido a sus insignificantes vidas. Paladines de lo "estúpidamente correcto" y defensores de causas perdidas empeñados y especializados en confundir la velocidad con el tocino, el culo con las témporas y mezclar churras con merinas. Véase: abogados, juristas, portavoces de asociaciones u ONGs y opinadores de diverso y ridículo pelaje. Gente de neuronas en búsqueda y captura y de vergüenza en extinción que creen que la raza, la edad, la condición social, la nacionalidad, el credo o el género pueden y deben ser utilizados como atenuantes o eximentes de cualquier pena. Pues mira, no. O, en todo caso, que se lleven a sus casas a los angelitos estos y los reinserten ellos en la intimidad, a ver qué tal.

En resumen: la basura, sea como y de donde sea, fuera de la calle o del país, si procede. Hay que ser limpios. Hay que ser justos, pero de verdad.

El problema es que al hablar de España estamos hablando de un país con excedente de cretinos por metro cuadrado, lerdos incapaces de comprender lo que en el fondo es una cuestión de un matiz, de gramática, de semántica, de letras; bobos sublimes que debieron perderse algún capítulo de Barrio Sésamo y en su madurez son incapaces de distinguir "sacar de" y "sacar a"; miserables que por desgracia para la gente de bien han convertido el hecho de sacar la basura en un arte.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Mala hierba

Desde que tenía diez años, soy fan y seguidor del Atlético de Madrid. No soy un asesino. Ni un violento. Ni un radical. No soy gentuza. Y como yo decenas de miles de personas dentro y fuera de España que sienten al Atleti de una manera pasional y sana. Es decir, como la mayoría de atléticos, colchoneros, indios o como se nos quiera etiquetar.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los aficionados del Atlético parece que estamos bajo sospecha por culpa de un grupo de salvajes, de la demagogia barata de algunos periodistas y opinadores, y de la torpeza de quienes velan por la seguridad ciudadana.

Por culpa de un grupo de salvajes que no conocen ni la educación ni el respeto ni el honor ni la vergüenza ni la valentía ni la inteligencia. Salvajes que, valiéndose de pertenecer a un grupo llamado "Frente Atlético" (no todos los del FA son salvajes pero sí que todos los salvajes forman parte del FA) y con la excusa del fútbol, dan rienda suelta de forma masiva y cobarde a toda la basura que tienen en el lugar donde el resto de personas tienen el alma. Salvajes que no tienen reparo alguno en atemorizar, apalear o asesinar tanto a inocentes como a escoria como ellos en defensa de no se sabe bien qué pero seguro que no el Atleti, ni el deporte ni nada que sea digno de otra cosa que asco. Salvajes que por ser como son y negarse a ser de otra forma han envenenado un graderío, un estadio y una afición. Salvajes que han dado argumentos a quienes, movidos por la idiotez o la envidia, están deseando confundir al todo con la parte y mezclar churras con merinas. Salvajes que han dado motivos objetivos para vomitar sandeces a todos los que tienen ganas al Atleti por lo que ha conseguido en el campo. Salvajes incapaces de entender que a un campo de fútbol se va única y exclusivamente a animar con fines y argumentos estrictamente deportivos. Salvajes que, siendo pocos, se lo están haciendo pagar a muchos. Salvajes que se creen en posesión de un club y del derecho a animar mientras se encargan de escribir las páginas más negras tanto del club como de la afición. Salvajes que lo único que hacen bien es causar vergüenza, pena y asco. Salvajes capaces de aplaudir y festejar los errores y los tropiezos del equipo al que dicen animar. Salvajes cuyo sitio está en una cárcel, un reformatorio, una selva o el cubo de una clínica abortista pero desde luego no en un campo de fútbol ni en una sociedad civilizada y de gente de bien. Salvajes que, como la mala hierba, hay que erradicar de raíz.

Por culpa de la demagogia barata de algunos periodistas y opinadores de plató o barra de bar que no hacen nada por templar la discusión y sí mucho por verborrear alegremente y alargar el incendio. Periodistas y opinadores que prefieren el jaleo a la pausa y la polvareda al análisis. Periodistas y opinadores que, quizás llevados por sus filias futbolísticas, por su frustración vital o por su majadería personal, prefieren alimentar el morbo, el escándalo y la animadversión sin más intención que la de aprovechar la carroña hasta que no dé más de sí. Periodistas y opinadores que en lugar de utilizar las neuronas recurren a la demagogia. Periodistas y opinadores expertos en meter a todo el mundo en el mismo saco. Periodistas y opinadores que se ensañan con el Atleti como si fuera el único club afectado de este problema cuando el asunto de los ultras radicales afecta aún hoy a muchos clubs (que, por cierto, no han movido un dedo para solucionarlo o tienen una permisividad inquietante con los ultras). Periodistas y opinadores que, si quisieran ayudar, no dedicarían ni un minuto de atención a lo que hagan o dejen de hacer los responsables directos de esta situación. Periodistas y opinadores que en el fondo lo que hacen, quieran o no, es ayudar a criminalizar injusta e indiscriminadamente. Periodistas y opinadores que han contribuido y contribuyen a desestabilizar y demonizar a toda una afición y a un club tanto como los salvajes que comentaba antes.

Por culpa de la torpeza de quienes deben velar por la seguridad que, cuando tenían que estar, no estaban o no se enteraron y, cuando no hacen falta, montan un desmesurado dispositivo que convierte a un estadio en Guantánamo y a todos los espectadores en sospechosos, sin hacer distinción entre el abuelo y el skin, entre el niño y el radical, entre el padre de familia y el gorila con exceso de adrenalina y alcohol. 

¿Qué hacer para solucionar este problema? Creo que entre la tolerancia cero y el "matar moscas a cañonazos" (como se está haciendo ahora) hay un término medio que los responsables de solucionar el asunto (el club, la policía y las autoridades deportivas) deberían encontrar, porque no puede ser que por una escoria minoritaria pague una mayoría de gente que sólo busca y quiere animar al equipo de sus amores (y ataques al corazón).

Así las cosas, sólo puedo decir que el Atlético sólo es patrimonio de quienes estamos dispuestos a ir al Calderón a reír, llorar, aplaudir, ovacionar, gritar, festejar, lamentar o levantarnos del asiento por lo que pase en el campo, por lo que hagan en el terreno de juego quienes se enfundan la rojiblanca. De quienes sentimos cierta entrañable complicidad por los extraños que tengamos sentados al lado por el mero hecho de compartir una ilusión y afición común. De quienes sentados en el estadio nos sentimos en casa. Eso es el Atleti. Esos somos el Atleti. No los asesinos ni los violentos ni los ultras, por mucho que salvajes, periodistas, opinadores y responsables de seguridad quieran hacer parecer lo contrario.

viernes, 25 de julio de 2014

Israel vs Palestina: el bucle de la vergüenza

El mundo actual tiene bastantes motivos para avergonzarse, pero éste es uno de los principales, por lo reiterado en el tiempo, por la ausencia de solución y por la cantidad de víctimas inocentes. 
Que Israel y Palestina se líen a hostias no es noticia en tanto que novedad. Como no es nuevo que desayunemos, comamos o cenemos con imágenes que gotean sangre. Como no es tampoco nuevo que la comunidad internacional demuestre su hipocresía e ineficacia a la hora de resolver un conflicto que, dicho sea de paso, es culpa suya. Y lo es por lo siguiente:
  • Que Israel o el estado judío o la nación judía o el pueblo judío o "el pueblo errante" o el "pueblo elegido" o como se quiera denominar a los descendientes de Jacob haya explotado en su provecho y de manera oficial, consciente y repugnantemente victimista las injusticias y las inexcusables atrocidades que han sufrido los judíos a lo largo de la Historia es una cosa "respetable" (para quien tenga estómago para eso, claro). Igual que es "respetable" el hecho de que los judíos actúen sistemáticamente como un auténtico lobby gracias a su evidente expansión migratoria, su ascensión en la escala social y al poderío económico (los directivos y accionistas de las principales empresas multinacionales y bancos que cotizan en el Dow Jones de Wall Street son mayoritariamente de origen judío) amasado durante siglos desde que comenzaron a forrarse como prestamistas allá por finales de la Edad Media. De todo esto no tiene la culpa la comunidad internacional; allá los judíos con su ética y su moral. Pero de lo que sí tiene la culpa la comunidad internacional es de sufrir/inducirse un descomunal complejo de culpa totalmente anacrónico (en el mejor de los supuestos) del que se lleva aprovechando Israel durante décadas de forma cada vez más mezquina. Igual que también es culpa de la comunidad internacional (con Estados Unidos a la cabeza) ceder y/o alentar ese chantaje emocional y económico con tal de contentar a los hijos de David. La comunidad internacional cedió a ese chantaje cuando su solución al sionismo, a la diáspora y a la aliyá fue una sucesión de cagadas (en la primera mitad del pasado siglo) que tuvieron como finalidad poner en el mapa geográfico y político a la "Tierra de Israel". Un cúmulo de despropósitos que comenzaron con el Mandato británico de Palestina, siguieron con el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina y que culminaron con la creación de un estado judío independiente en medio de un avispero árabe.
    Brillante. ¿No había otra forma de conciliar las reclamaciones histórico-religiosas de los judíos con la realidad? ¡¿No la había?! Pero aún más brillante fue la total ausencia de tacto demostrada por la comunidad internacional no ya creando artificial y forzosamente ese estado (cumpliendo así aquello de la "tierra prometida") sino generando y/o permitiendo un trato discriminatorio hacia los anteriores y legítimos pobladores de aquellas tierras: los palestinos. Por ejemplo: ¿Por qué se perdió el culamen por fomentar y reconocer a Israel como estado independiente y en cambio hacer lo propio con Palestina está a la espera de que el cielo se vuelva verde y los cerdos rompan la barrera del sonido? Pero la culpa de la comunidad internacional no acaba
    en esta chapuza
    sino que aumenta hasta la vergüenza más absoluta al ceder nuevamente al chantaje israelí-judío cuando consiente o incluso justifica (véase EEUU) el terrible "bullying" judío y que consiste en lo siguiente: amparándose en "represalias" legitimadas por inexcusables actos terroristas palestinos, perpetrar masacres indiscriminadas utilizando el ejército nacional israelí. Es decir, que su argumento se basa en la manida "legítima defensa", pero...bombardear un hospital, un refugio o una zona netamente civil no encaja precisamente ni con el concepto de "autodefensa" ni con una operación militar antiterrorista...Es curioso y repugnante al mismo tiempo cómo los cazados han pasado a ser furibundos cazadores. No impedir esto, no acotar la prepotencia israelí, no poner a Israel en su sitio, no partirle la cara diplomática, económica y militarmente a Israel por matar moscas a cañonazos es uno de los principales motivos por los que habría que disolver la ONU, la UE y demás soplapolleces internacionales.
  • Que Palestina entienda que el único remedio para reivindicar sus pretensiones o defender su integridad pasa por consentir el terrorismo yihadista (el éxito de Hamás es muy revelador en este sentido) no es culpa de la comunidad internacional.
    No hay nada ni en el cielo ni la tierra que justifique el terror y la muerte. Repito: nada. Pero sí es culpa de la comunidad internacional que los palestinos tengan esa sensación de desamparo, de ninguneo, de agravio comparativo, de discriminación. Y lo es porque la comunidad internacional lleva décadas dando argumentos para el cabreo palestino (ojo que digo cabreo y no terrorismo) con su lentitud, tibieza, hipocresía, permisividad, negligencia y cobardía. Empezando porque, como decía antes, la comunidad internacional (primero a través de la Sociedad de Naciones y luego de su sucesora la ONU) tuvo la infeliz idea de crear
    el Estado de Irsael en territorio legítima y netamente palestino. Una demencial cagada equivalente a echar a una familia de su vivienda al ser ésta reclamada por los descendientes de un antiguo propietario fundamentando tal pretensión en que "aquí hace muchos años vivió mi abuelo". Sustituyendo "vivienda" por "territorio", "años" por "siglos" y "abuelo" por "antepasados" se obtiene (de manera resumida y tosca pero entendible) la raíz del conflicto. Lo normal y lógico es que el personal se mosquee. Si, aparte de eso, ven que nadie hace nada por evitar que los israelíes hagan con los palestinos algo no muy distinto a lo que Hitler hizo con los judíos, lo más natural es que cunda la desesperación, se apaguen los cerebros y tomen los mandos las vísceras. ¿Le importa todo esto a la comunidad internacional? A la vista de los resultados, no demasiado o, al menos, no lo suficiente. Y luego habrá quien se extrañe de que allí arraige el sentimiento antioccidental radical...Yo no sé si Occidente es el "gran Satán" pero desde luego, en este tema, se está comportando como el "gran gilipollas".
No obstante, la solución a este infierno no sólo está en las manos de la comunidad internacional sino también en las de Israel y Palestina. La desgracia de todo esto es que hay gente en uno y otro bando/estado que no quiere la paz porque utiliza esto para
medrar o justificarse. Es decir, que hay gente (o gentuza, por decirlo claramente) israelí (ej: el Likud) y palestina (ej: Hamás) a la que poner fin a esto no les interesa porque si no se les acabaría el chollo político, el índice de popularidad o el negocio del terror. Algo bastante vomitivo pero real. Por eso no extraña que las siempre frágiles y escasas treguas se rompan unilateralmente por parte de unos u otros. Hay escoria a la que no le importan los muertos, ni siquiera si son suyos. Hay escoria que sólo se preocupa por avivar el odio, por chapotear en la muerte y la destrucción. Y ésa, en el fondo, es la auténtica tragedia del conflicto entre Israel y Palestina: hay más gente dispuesta a mantener el caos que a establecer la concordia. La paz no interesa a quienes han hecho que su éxito o su vida sólo tenga sentido en torno a la aniquilación y la rabia. En resumen, el trasfondo de todo este horror está lleno de intereses (políticos, económicos, religiosos, militares, armamentísticos...) poco o nada compatibles con una solución pacífica y aceptable para todas las partes implicadas.

Por eso, en todo este asunto, la objetividad y el realismo conducen necesariamente a una actitud pesimista. Dudo mucho que esto acabe a corto o medio plazo. Y lo dudo porque actualmente hay demasiada gente que no sabe o no quiere poner fin a este sangriento círculo vicioso; que no sabe o no quiere romper este bucle de la vergüenza. Son mayoría las personas dispuestas a justificar y/o consentir las barbaridades de unos o de otros. Bonito mundo éste.

Lo único que tengo claro es que quienes asesinan no se merecen vivir, ya recen a Yahvé o a Alá...igual que no se merecen vivir quienes, pudiendo evitar todo esto, no lo hacen.

Por último, quiero dejar clara una cosa: con este artículo no estoy queriendo decir que el hecho de ser judío o tener la nacionalidad israelí signifique automáticamente ser un cabrón y/o un asesino o un terrorista de Estado ni tampoco que el hecho de ser palestino implique sí o sí ser un oso amoroso: la nacionalidad o la religión no te hacen mejor o peor persona. Lo que sí quiero decir con este artículo es que hay un gravísimo problema por el que han muerto y están muriendo cientos de inocentes (entre ellos, no pocos niños), un problema creado y consentido por la inutilidad e hipocresía de la comunidad internacional y en el que Israel como país está actuando de una forma indiscriminada, desproporcionada, abusiva y, por tanto, completamente indefendible. En definitiva, con este artículo lo que quiero decir es: ¡basta ya de esta matanza sin sentido! 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Matanza en Connecticut

La matanza de Connecticut. Podía ser el título de una infumable película de terror de serie B, pero es el titular de una espantosa noticia de terror de clase universal. Nuevamente, un tiroteo atroz. Nuevamente, un homicida que combina juventud y demencia. Nuevamente, inocentes asesinados. Nuevamente, en Estados Unidos, ese país que se forjó con la Biblia en una mano y una pistola en la otra.

Como todos sabemos, ningún lugar del mundo está libre de sufrir el zarpazo bárbaro y letal de los asesinos (ya sean terroristas, asesinos en serie, asesinos múltiples, etc). Pero es muy sintomático que tragedias de este corte suelan ocurrir en EEUU; una nación que gracias a su célebre y paranoica Segunda Enmienda tiene en la industria del armamento y su cultura de las armas (es el país con más tasa de armas en su población) dos rasgos notablemente singulares. 
Visto así parece hasta lógico afirmar que el germen de horrores como el que ha terminado con la vida de 20 niños está dentro de la propia idiosincrasia y ADN norteamericano. Ahí están las hemerotecas y las estadísticas para demostrarlo.
De la misma forma que EEUU es una nación que ha liderado y anticipado algunos de los grandes momentos y avances de la Humanidad, el estadounidense es un pueblo que se originó a sangre y fuego (independencia colonial), se expandió a sangre y fuego (la conquista del Oeste), se reestructuró a sangre y fuego (la Guerra de Secesión) y se consoldió a sangre y fuego (Guerras Mundiales) en tan poco lapso de tiempo -en comparación con otras naciones- que en su genoma social pervive un estado de tensión paranoica que les lleva a tener una acojonante permisividad y accesibilidad a las armas. Así, mientras en otros países las armas de fuego han sido o son objetos más ocasionales y marginales, en Estados Unidos dichas armas forman parte del mismo ecosistema cotidiano que la televisión, la hamburguesa y el "barras y estrellas".Y cuando algo que puede quitar la vida está tan "a mano" es mucho más sencillo que se quiten vidas. Para más (y mejor) información, ver el ya clásico y magistral documental Bowling for Columbine.

Así, con tantas armas y munición flotando en el caldo de cultivo colectivo, no es raro (por desgracia) que tragedias como ésta ocurran, máxime viviendo en una sociedad desquiciada y desquiciante como la actual. Una sociedad que, como decía en otro artículo, se ha acostumbrado de forma alarmante a la violencia, asumiéndola como algo casi habitual, natural e irremediable. Si a eso le unimos el pésimo favor que hacen ciertos medios de comunicación y entretenimiento convirtiendo en anti-iconos a salvajes asesinos y dementes (reales o no), la violencia se ha convertido en una droga que promete emociones muy fuertes para gente que ante la indiferencia o frustración que le provoca "lo real" decide cambiar su vida de la peor manera posible. Las armas y lo que ellas pueden hacer se han transformado en un oscuro objeto de deseo para demasiadas personas como el cabrón que ha perpetrado la masacre en Newtown.

Por todo ello, estoy convencido desgraciadamente de que esto se volverá a repetir...y por eso creo que todos los países del mundo pero, especialmente, los Estados Unidos de América deberían "hacérselo mirar". Deben hacer introspección porque en su mente, en su cultura y en su imaginario, no puede haber tanto espacio para las armas. De lo contrario, seguirán poniendo una alfombra de sangre para que los locos y los asesinos lo tengan demasiado fácil.

martes, 21 de febrero de 2012

El hambre y las ganas de comer

Valencia estos días no parece la tierra de las flores ni de la luz ni del amor. Más bien parece una lección callejera y televisada de física (tercera Ley de Newton) y química (combustión). Sea como fuere, lo único que ha quedado es una lección matemática casi universal: Policía + Estudiantes = Altercados. O, por utilizar la jerga popular, se han juntado el hambre con las ganas de comer.

Por un lado, tenemos a la policía, ese cuerpo que demuestra su poderío con una irregularidad bastante discutible. Yo mismo recuerdo cómo cargó la policía contra los cientos de personas (familias, padres con niños, jóvenes, etc) que festejamos pacíficamente en Neptuno el regreso del Atleti a Primera División. La mesura y la sensatez es algo que parece faltar en el diccionario policial. Escenas como las ocurridas en Valencia me recuerdan a ciertas secuencias de una película: El planeta de los simios y eso dice muy poco en favor de los "protectores de la ley y el orden". Aunque tampoco es de extrañar que actúen así si tenemos en cuenta que cuando los tiempos eran en blanco y negro y los policías eran grises, se les inflamaba la porra ante cualquier grupo de jóvenes y/o protestantes. De aquellos polvos...

Por otro, tenemos a la chavalería (no quiero emplear el término "estudiantes" porque en las imágenes vistas en televisión, hay gente que por modales y pintas, no ha debido pisar ni el jardín de infancia). Los jóvenes son casi por definición un peligroso cóctel de idealismo, hormonas e ingenuidad que les habilita, si no lo remedia un mínimo de madurez, para convertirse en borregos gregarios de demagogos trasnochados, turba de gilipollas dirigida por los cuatro bronquistas de turno o émulos patéticos de los estudiantes franceses del 68. Creo no equivocarme si pienso que para muchos de los protestantes lo de menos era la reivindicación de una educación de calidad (causa con la que, por cierto, estoy completamente de acuerdo) sino hacerse el héroe para que su pareja se "entone", sentirse alguien o, simplemente, esperar a que se salgan las cosas de madre para sacar al cretino que llevan dentro.

Tampoco ayuda demasiado que la Comunidad Valenciana tenga un Jefe Superior de Policía que se cree Patton, porque no es que apacigue precisamente las cosas...

En fin. Que espero que pronto se acabe este brote ridículo, violento y verbenero que causa auténtica vergüenza. 

lunes, 8 de noviembre de 2010

El hombre de hielo

Recientemente, he concluido la lectura de "El hombre de hielo", detalladísima biografía realizada por el periodista Philip Carlo de uno de los mayores y más desconocidos asesinos del siglo XX: Richard Kuklinski. Responsable de más de 200 asesinatos, Kuklinski es un fascinante y típico ejemplo de psicopatía: Infancia tortuosa marcada por unos padres extremadamente violentos, irresponsables, y patológicos (alcoholismo paternal, extremismo religioso maternal); juventud en un ambiente insanamente pendenciero y mafioso; y madurez al abrigo de las grandes familias de la Mafia norteamericana, que avivaron, gratificaron y se aprovecharon del gran talento de este hombre: Matar con suma efectividad y nulos remordimientos. Terminadas de leer las más de 500 páginas de la historia de Kuklinski, tengo claro que él ni nació ni se hizo asesino; le hicieron; y esto no quiere decir, bajo ningún concepto, que yo le exculpe de las atrocidades que cometió. Tuvo una vida lo suficientemente atípica y desgraciada como para que se convenciera, desafortunadamente, de que lo único que hacía sin problemas era matar.


Sin embargo, dejando a un lado su acongojante currículum como "hitman" o sicario de la Mafia, lo que más me ha llamado la atención de esta biografía es otro rasgo que suele acompañar en no pocas ocasiones a los psicópatas o los asesinos en serie: Que nadie de su entorno más cercano, incluyendo su propia familia, se percató de la monstruosa doble vida que llevaba Richard Kuklinski hasta que lo detuvieron. ¿Por qué? Porque este despiadado asesino fue, sorprendentemente, un marido, padre y vecino ejemplar; exceptuando, eso sí, los ocasionales ataques de furia que se apoderaban de él y que desembocaban en episodios de lo que hoy llamamos "violencia doméstica". Más, incidiendo en este transtorno bipolar entre el ángel y el diablo, no puedo dejar de preguntarme cuántos monstruos acechan tras luminosas y bondadosas fachadas...

De todos  modos, siendo sincero, el único motivo que tengo para reprobar  sin paliativos al apodado "hombre de hielo" es el mismo del que él se arrepintió profundamente todos los días de su truculenta vida: las brutales peleas con su mujer. Es decir, que no lo repruebo como asesino. ¿Por qué? Porque casi la totalidad de los hombres (no mataba ni a mujeres ni a niños) que asesinó , por iniciativa propia o por encargo, pertenecen, para mí, a la escoria de la sociedad: matones, estafadores, traficantes de armas o drogas, sicarios, pedófilos, ladrones, vagabundos camorristas...¿Merece gentuza de esta ralea vivir? Para mí, no. Al menos no en un mundo donde la Policía y la Justicia fallan más que una escopeta de feria. Por tanto, ¿qué hay de malo en erradicar a esa bazofia humana de una forma segura y definitiva? ¿Qué hay de malo en borrar de la faz de la tierra a esos bellacos sin escrúpulos? ¿Qué hay de malo en privar de cualquier derecho a gentuza repugnante como la referida? Sólo una cosa: Que solamente podemos esperar que nos libre de ellos alguien como Richard Kuklinski...Y eso es lamentable.

Igual que lo es cómo se comportó la Policía con la familia de Kuklinski en el momento de su detención o la sospechosa muerte de éste en la cárcel justo cuando estaba a punto de tirar de la manta en un escándalo de primera magnitud que habría estremecido los pilares judiciales, legales y policiales de Estados Unidos: el bochornoso pacto de las autoridades norteamericanas con un mafioso vil y traidor como fue Sammy Gravano.

En definitiva, "El hombre de hielo" es un libro que supera a muchos de los mejores "thrillers" que nos ha brindado la ficción en las últimas décadas y un interesante motivo para reflexionar sobre lo siguiente: ¿Qué clase de sociedad es ésta que convierte en una bendición a un monstruo como Kuklinski? Quizás la misma sociedad donde los policías son unos cobardes, los jueces unos ineptos y los criminales pueden vivir con insultante comodidad...

miércoles, 13 de octubre de 2010

Muerte de un matón

Ha muerto un matón, un maltratador, un salvaje, un indeseable, un ser con muy poco de humano. No diré que me alegro, pero desde luego no lo lamento. Cuando la Justicia se mueve entre el error y la inoperancia, la muerte es una solución bastante adecuada para quienes amargan o quitan vidas inocentes. Lo único penoso es que el deceso de estas bestias inexcusables e indefendibles siempre llega cuando el mal, su mal, ya está hecho irremediablemente.¡Cuántas vidas inocentes se habrían salvado si estos cobardes de cerebro lento y hostia rápida se hubieran quitado de en medio antes de cercenar la existencia de sus parejas!

Puede que alguien me acuse de insensible o cruel, pero lo cierto es que pocas cosas hay que me solivianten tanto como aquellos  monstruos que valiéndose de una superioridad física agreden o matan a niños, ancianos o mujeres, especialmente éstas, como ya  demostré en un artículo hace casi tres años. Para mí, toda esa caterva de maltratadores y asesinos se merecería un suplicio indescriptiblemente sádico, agónico y diario, ya que la muerte me parece un castigo demasiado escaso y rápido para esa escoria nefanda y nauseabunda.

Pero, por aquello de tener un poco de consideración y demostrar algo de bondad, he de reconocer que deseo de corazón que los gusanos y demás microorganismos carroñeros no se envenenen con los restos de este tipejo, si es que alguien decide utilizarlo como abono en lugar de contaminar el aire incinerándolo.

En fin. Hoy el mundo es un lugar un poco mejor para vivir.

jueves, 2 de octubre de 2008

Escoria benéfica

A veces la realidad se empeña en complicarse la vida léxicamente y en lugar de utilizar una sola palabra, "escoria", prefiere utilizar once (España golpea una red de pedofilia con 18.000 usuarios en Internet o Detenidas 121 personas en la mayor operación contra la pornografía infantil). Repugnante, sobrecogedor, abyecto, vil, ruin, vomitivo...muchos son los adjetivos con los que glosar el penúltimo capítulo de la historia de la InHumanidad. Una historia que nos sirven en crecientes y persistentes dosis en los medios de comunicación de tal forma que nos han insensibilizado ante el dolor, la tragedia o la bestialidad con denominación de origen humana; lo cual es otro desastre de nuestra sociedad y tiempo, pero hoy no me detendré mucho en ello. Baste decir que cuando ves la primera película gore de tu vida, sientes pánico, náuseas, etc.; cuando ves la película gore número 326, te duermes. Eso es justamente lo que está consiguiendo la repercusión mediática del lado tenebroso del ser humano. Por poner un ejemplo, imagínense al típico busto parlante con sonrisa sin mácula que, después de dar la noticia arriba citada, continúa con rostro impasible diciendo "Y pasamos de una tragedia a otra, porque el Fútbol Club Quintanilla del Jaramuco ha perdido su derbi". Pues eso. Hemos asimilado el horror y sedado nuestra capacidad de reacción. Algo falla.

Mas, como digo, no quiero centrarme en esa polémica, sino en los protagonistas de la nauseabunda noticia con la que abro el artículo. Estas criaturas (me niego a citarles con cualquier término que implique humanidad) aficionadas a zumbar, manosear y/o violar a bebés, niños e infantes me suscitan mayor asco y furia incluso que los seres que sustituyen a los bisoños imberbes por mujeres, ancianos o animales como diana de sus repulsivos placeres. Un incremento de mi furibunda repulsión directamente proporcional a la inocencia e indefensión de las víctimas. ¿Qué hacemos con estos congéneres empeñados en socavar aún más la supuesta superioridad emocional e intelectual del ser humano? ¿Qué hacemos con esa basura que insiste en cometer aberraciones que ni siquiera vemos en los denostados animales? ¿Qué hacemos sabiendo que buena parte de esos monstruos jamás pondrá un pie en chirona? Aparentemente, hay tres opciones:


  1. Que vayan a la cárcel sí o sí: Quien esto escribe es un firme partidario del cumplimiento íntegro de penas y de la instauración de la cadena perpetua. Si a eso le añaden que creo tanto en la cárcel como vehículo de reinserción social como en la posibilidad de que mi colonia baste para seducir perdidamente a Charlize Theron, creo que tienen un buen esbozo de qué es la cárcel para mí. Dicho esto, hay quien, con demasiada benevolencia, propugna que los responsables de estas atrocidades, una vez que ingresen milagrosamente en prisión, sean víctimas de la famosa "recogida de la pastilla de jabón", labor recolectora que ha proporcionado infinidad de historias que pasarán a los anales. A mí no me parece bien eso. No, no y no. Me niego a que esa escoria pueda tener siquiera posibilidad alguna de sentir placer cuando alguien les introduzca un objeto o apéndice contundente por salve sea la parte. Dado que se cometería el craso error de encarcelar a esos deleznables aficionados a torcer vidas y quebrar cuerpos, preferiría que, mientras esperen su liberación el día en que se entregue el Nobel de Física a José Luis Rodríguez Zapatero, se les deje disfrutar sin traba ni aislamiento ninguno de la apasionante vida carcelaria y sus códigos de des-honor, de forma que los pedófilos y pederastas acabaran como el subsuelo de Madrid: con tantos agujeros que el forense no supiera cuál es de salida y cuál de entrada.

  2. Que les internen en un centro psiquiátrico: Basados en la estúpida excusa de que la causa de ser unos monstruos sea una enfermedad. "Hola, me encuentro mal, creo que tengo la gripe. Muy bien, caballero, pase por aquí, por favor, siéntese a la espera entre la mujer con leucemia y el señor que ha violado a su sobrino en la cuna, gracias". ¿A que no tiene gracia? Pues eso díganselo a los mastuerzos con toga o bata que califican a estos repulsivos criminales como "enfermos", que casualmente son los mismos que hablan de los beneficios de la castración química. ¿Privar de erección a un demente le hace mejor persona? "Ufff. Desde que ya no se me levanta, soy otro, tú. Ahora violar a sietemesinos no es lo mismo, aunque lo sigo haciendo, por no perder la costumbre, total..." Yo insto vivamente a esos abogados, psiquiatras y psicólogos a que adopten a estos pobres especímenes aquejados de tan curiosa enfermedad y que les hagan sentirse uno más de sus familias, especialmente en celebraciones tan entrañables como los bautizos y comuniones.

  3. Que acaben en la calle: Una opción que parecería surrealista si no fuera constatablemente real. Esto hay que agradecérselo a los golferas políticos que no endurecen el código penal y a los jueces que se la cogen con papel de fumar y tienen las neuronas como ornamento. Si estos incompetentes tuvieran que explicar a la cara a todas las víctimas, una por una, de estos malnacidos por qué caminan con la libertad de la que gozan las gentes de bien, las cosas cambiarían o quizás los cirujanos maxilofaciales harían horas extra. A saber...

Como verán, no me convence ninguna de estas opciones. Yo abogo por una solución mucho mejor para todos. Para ello, me baso en algo de lo que estoy plenamente convencido: Que los pedófilos y pederastas pueden reportar un beneficio a la sociedad. ¡Quieto! Antes de que acaben como Larra o que me quieran bañar en ácido, déjenme explicarles el "por qué" y el "cómo". Nos adentramos en lo que podría llamarse el "Breve manual para convertir un monstruo en un ser altruista": Se coge al pederasta o pedófilo y se le pone en la disyuntiva de ser carnaza de tiburón blanco en aguas australes o participar en un programa de salud de escala nacional. Si optan por la primera opción, perfecto. Si lo hacen por la segunda, no pasa nada: Tras pasar un reconocimiento médico, se procede a la sedación o no (decisión en mano de los familiares de los niños afectados) del monstruo, se extraen todos los órganos sanos y donables y, a continuación, se desposee al sujeto de todos los huesos susceptibles de ser reutilizados médicamente. De esta forma, los pederastas/pedófilos contribuirían enormemente a las tan necesarias donaciones de órganos y huesos. ¿Qué hacer con los restos? Bien, la carcasa de lo que nunca fue un ser humano también tendría un fin útil para la vida: incinerarla hasta convertirla en fenomenal compost con el que abonar campos y macetas. ¿Lo ven? Es posible. Sólo es cuestión de planteárselo en serio.

Y, mientras tanto, máxima agonía para los que destrozan infancias, familias y vidas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Tarados del mundo, uníos

Un chaval supuestamente antifascista fue asesinado la semana pasada por una bestia parda de ideología neonazi. Eso es lo único objetivo y lo demás es maquillaje. Me da igual quién empezó o si el chico era o no de esa ideología. Un asesinato es un asesinato y ni el cadáver ni el culpable van a cambiar de status. El resto son meras elucubraciones sobre si antes fue el huevo o la gallina. En resumen, una salvajada, menuda lástima, una auténtica pena y añádanle detrás todo el etc políticamente correcto y convencional que se suele expresar en estos casos.

De todos modos, a mí la vida o privación de ella de alguien perteneciente a un grupo ultra (sea de derechas, izquierdas o mancas), me da absolutamente igual. Así de claro. ¿Por qué? Pues porque la sociedad no pierde ni gana nada bueno con la presencia o ausencia de estos engendros neuronales y energúmenos de vocación; porque lo único bueno para lo que servirían (y habría que ver caso por caso) estos sujetos sería como donantes de órganos;y porque las ideologías (si es que estos mentecatos son capaces de tener en sus cabezas algo parecido a ideas) de las que hacen gala son ridículamente anacrónicas. Lo suyo es necrofilia intelectual, pero en su vertiente sádico-demagógica. Así pues, para mí, la muerte de un "skin", "red skin", "sharp", "antifascista" o "vándalo anónimo" cotiza tanto como el polvo. Formar parte de un grupo "ultra" o "violento" significa apuntarte conscientemente al club de "Dar o que te den", del que forman parte manadas de jóvenes de inteligencia y educación más que cuestionable y, en el que otras cosas, se organizan actividades tan interesantes como destrozo del mobiliario urbano y visitas a urgencias, comisarías o camposantos. Ellos eligen tirar sus vidas a la basura y las neuronas por la borda. Así que ¿me tiene que importar lo que le pase a gente así? Pues, más bien, poco...¿Que da pena que exista de este tipo y protagonicen sucesos como el arriba citado? Claro, pero mientras se zurren o destruyan entre ellos, me seguirán importando un bledo. Si pasan a atacar a gente normal y decente, entonces ya lo único que me importa es restablecer la cadena perpetua o el linchamiento público. Y, entre tanto, que se aniquilen mutuamente lo que quieran, que eso que ganamos en higiene social y a más oxígeno tocamos todos.

Por último, una aclaración para el batallón mediático-opinativo que, demagogia en ristre, pretende presentar a los grupos "nazis" o de "ultraderecha" como las legiones avernales y a los "antinazis", "antifachas" o "pintas anónimos" como repartidores de margaritas y pasquines pacifistas: Queridos míos, todos esos grupos maman la misma leche del odio y la sinrazón, aunque de distintas ubres. Todos hacen las mismas deleznables cosas, aunque se buscan excusas antagónicas. Aquí no hay "buenos" y "malos", sólo "peores". El rapado y el "okupa", el facha y el comunista, el "antiuno" y el "antiotro" son diferentes partes de la misma hez. Y quien no lo quiera ver así, es cómplice de la estulticia letal que late en estas hordas crecidas al amparo de la complacencia democrática, ese régimen tan fetén que permite a algún pseudohumano gritar algo parecido a "¡Tarados del mundo, uníos!"

miércoles, 24 de enero de 2007

Duelo en Alcortown

Aunque lo parezca, no es el título de una película del oeste, pero, por el argumento bien lo podría ser. Así que no esperen ver a Clint Eastwood sin afeitar y con poncho, paseando con cara de malas pulgas por Alcorcón, ni a John Wayne a lomos de un caballo comandando a los antidisturbios, ni a Gary Cooper, Anthony Quinn, Errol Flynn, Kirk Douglas o Alan Ladd. Esta es una historia protagonizada por personas normales y corrientes, "antihéroes" que se diría en jerga cinematográfica.

Crónica de los hechos: El viernes 20 de enero, dos personas de origen sudamericano que responden al nombre de "El Bolivia" y "Contragolpe", agreden violentamente a una joven pareja de la localidad madrileña de Alcorcón. El chico decide vengar la afrenta y busca el domicilio de "El Bolivia". El sábado 21 de enero el agredido se presenta allí acompañado de amigos y vecinos, indignados por el incidente. Por su parte, el agresor sudamericano, en un acto de valentía y arrojo, decide quedarse en su casa mientras llama por teléfono a decenas de latinoamericanos de toda la región, que, acuden en tropel a defender a su compadre. Con los ánimos suficientemente caldeados, se organiza una espectacular tangana nocturna en la que participan decenas de personas, que se salda con un balance de tres heridos (uno de ellos en estado grave) y nueve sudamericanos detenidos.

Para más información: Consultar cualquiera de estas tres noticias (1, 2, 3), ver el álbum digital de lo ocurrido, o bien leer los reportajes publicados el lunes 22 de enero en el suplemento de Madrid de "El Mundo".

Bien, hasta aquí lo meramente "objetivo". Pero antes de mostrar mi opinión al respecto, me gustaría hablar brevemente de la diferencia entre los términos "sudamericano" y "sudaca". Dado que las diferencias de significado y sentido entre ambas palabras son idénticas a las existentes entre "gente" y "gentuza", espero que a nadie le sorprenda que utilice el apelativo de "sudaca" para referirme a "El Bolivia", "Contragolpe" y sus amigos. Y paso ya sin más dilación a mostrar mi postura ante todo este embrollo:
  1. Yo no soy partidario de la violencia, o mejor dicho, estoy a favor de agotar todos los recursos que anteceden a la violencia. No obstante, de lo que sí soy partidario es de actuar en legítima defensa.
  2. ¿Por qué se consolidan las bandas de delincuentes latinos en nuestro país? Porque aquí de pura bondad rozamos la estupidez. Y cuando digo esto me refiero a la excesiva cautela, permisividad o complacencia con la que se tratan temas protagonizados por inmigrantes. He ahí uno de los efectos nocivos de "lo políticamente correcto". Más que nada porque hay bastantes asociaciones, periodistas, abogados y ONGs deseando que aparezca un inmigrante esposado o acusado de algo para poner el grito en el cielo, rasgarse las vestiduras y, de paso, tener algo que hacer. Dicho claramente: Aquí si detienen o acusan a un "Pepe", este no recibe el mismo trato (ni judicial ni mediático) que si detienen o acusan a un "Wilson", un "Mohammed" o un "Andrei". Y es de ese caldo de cultivo esencialmente favorable del que se aprovecha, en este caso, toda la delincuencia sudaca para hacer lo que les sale del tafanario, ante la pasividad de unos y la permisividad de otros. Si a esto añadimos que el supuesto delincuente sea joven o menor de edad, pues ya hay una legión de pelavainas dispuestos a revelarlo ante la opinión pública como un entrañable "Marcelino pan y vino" venido de allende nuestras fronteras y víctima de la intolerancia y bla, bla, bla.
  3. ¿Que si soy racista o xenófobo? Supongo que a estas alturas del artículo, habrá quien me vea así, y lo respeto (cosa que dudo que haga esa persona con mi opinión). No obstante, siento desilusionar a ese adalid de la demagogia y la estutilcia políticamente correcta para comunicarle lo siguiente: Quienes me conocen saben perfectamente que estoy en las antípodas de posturas tipo "España para los españoles". Lo que sí soy es un firme defensor de posturas como "España para la gente de bien" y sin duda, dentro del concepto "gente de bien" hay españoles y extranjeros. Con esto quiero decir que me parece sensacional que se den oportunidades (legales, laborales, etc) a los extranjeros que vengan a nuestro país a vivir y ganarse la vida honradamente, porque va en beneficio de todos. Lo que no me gusta un pelo es la situación actual de "barra libre" y "chollo" que representa España, porque eso supone poner una alfombra roja a morralla foránea (por si no tuviéramos suficiente con la que ya tenemos aquí).
  4. ¿Apoyo lo ocurrido en Alcorcón? Por un lado, me parece lamentable que se llegue a este tipo de situaciones, porque son un ejemplo de que alguien no ha hecho bien su trabajo (y prefiero no señalar a nadie, porque a buen entendedor...). Lo que sí me parece comprensible es que todo en esta vida tiene un límite y que siempre hay gotas que colman el vaso y eso fue lo ocurrido en Alcorcón el viernes 20 de enero. Igualmente, me parece legítimo que la gente utilice los recuros que estime oportunos y proporcionados para hacerse respetar en caso de que no se sienta defendida o amparada legal o policialmente. Asimismo, me parece asombrosa la valentía de todas esas personas normales que el pasado sábado dijeron "Hasta aquí hemos llegado" y plantaron cara a una situación y una gentuza insoportable. ¡Qué les voy a decir! Me encantan clásicos como "El Alcalde de Zalamea" y "Fuenteovejuna"...Así que, por mi parte, me quito el sombrero ante muestras de valentía y solidaridad colectiva como la del sábado en Alcorcón.
  5. ¡Oye, tú, que en los alcorconeros había también gente violenta! Claro, descerebrados hay en todas partes. Pero ¿qué me dicen de la pintada de "5-0" con la que las hermanitas de la caridad sudacas reflejaron el sábado cuántas personas del otro bando llevaban apuñaladas en lo que iba de refriega? ¿o que esos santos varones latinos apuñalaran por la espalda a un chaval de quince años?
  6. ¿En qué quedamos? Pues quedamos en que lo mejor es que las autoridades policiales, judiciales y administrativas se dejen de paños calientes, abandonen la demagogia y las memeces y aborden este tema con seriedad y tomen medidas contundentes y si un extranjero comete un delito, pues juicio y a la cárcel, como todo hijo de vecino, que la ley se supone que debe ser igual para todos (aunque todos sepamos que no es así, por desgracia). Y mientras tanto, que cada persona de bien se defienda de la gentuza como buenamente pueda y quiera.

En resumen: Mi total apoyo y solidaridad para Alcorcón y...España para la gente de bien. Y se acabó.