No me gusta escribir sobre el
11-M y menos hoy. Me es muy doloroso y muy complicado. Sólo lo hice
una vez hace tres años y hace cinco me esforcé en comentar la
sentencia sobre los atentados. Es muy desagradable refrescar recuerdos y revivir sensaciones. Es muy complicado transcribir el silencio roto por las sirenas, la desolación de la gente por las calles, la incredulidad y la rabia, las ganas de llorar, el espanto aniquilando la rutina y la historia de una ciudad y un país entero. Es muy complicado y una putada. Al menos, para mí. Por eso, espero que esta sea la última vez que me tenga que acordar del 11-M de forma pública y no "hacia dentro", como me gustaría.
Yo siempre he pensado que en los homenajes, sean del tipo que sean, ceder el protagonismo a quien se homenajea o recuerda, no sólo es una demostración de lógica sensatez, sino, también de humildad. Por eso, quizás, deteste a
Pilar Manjón.
Yo siempre he pensado que sacar rédito (económico, político, personal, informativo, publicitario...) de una desgracia, sea del tipo que sea, es una muestra nauseabunda de los asquerosos recovecos que tiene el alma humana. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.
Yo siempre he pensado que hay que aprender a desconfiar de quienes, sea cual sea el ámbito del que hablemos, buscan acaparar la atención y tener su cuota de protagonismo. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.
Yo siempre he pensado que hay que abordar con mucho cuidado las declaraciones o acciones de quienes buscan representarse a sí mismos amparándose en un respaldo más amplio. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.
Yo siempre he pensado que hay que alejarse de quienes tienen una actitud de "O conmigo, o contra mí". Por eso, quizás deteste a Pilar Manjón.
Yo siempre he pensado que a cualquiera de nosotros nos puede ocurrir algo que nos haga perder el Norte, porque, como dice el proverbio antiguo: "Cuando los dioses quieren destruir a un hombre, lo vuelven loco". Por eso, quizás, comprenda a Pilar Manjón.
Porque sólo la locura, la enajenación, la perturbación pueda dar sentido a la actitud de quien desde hace ocho años ha hecho de la insidia,el odio y el rencor sus señas de identidad, al menos, públicamente. Yo me pregunto por qué es la única de los familiares de las 191 víctimas que se ha convertido en una estrella mediática y en un icono para cierto sector político-ideológico. Comprendo y respeto totalmente el dolor de Pilar Manjón, pero nunca jamás voy a compartir sus formas.
A lo que voy es que sufrir una desgracia, un crimen, una salvajada, una injusticia, una monstruosidad o como queramos calificar el 11-M (porque siempre nos quedaremos cortos), no te da bula para decir o hacer lo que quieras, ni para creerte por encima del Bien y del Mal, ni para actuar como si fueras la única persona a la que le ha pasado algo así, ni para sentirte en permanente estado de agravio ni para criticar todo lo que no sea de tu gusto. Y eso es, precisamente, lo que lleva haciendo ocho años Pilar Manjón. Pero, por encima de todo,
lo que me parece infame es la personalización o la monopolización que esta persona está haciendo de una desgracia que afectó a todo un país. Y hoy, lo ha vuelto a hacer con unas, para mí, desafortunadísimas
declaraciones que empañan lo que debía ser un momento honesto y único para las 191 víctimas del 11-M y no
The Pilar Manjon's Show. Ella está en su perfecto derecho de pensar que aquel once de marzo José María Aznar accionó desde La Moncloa un detonador que hizo saltar por los aires casi doscientas vidas, o que José María Aznar contrató a ese grupo de terroristas de suicido retardado o que la culpa del 11-M la tienen el PP y todas las demás personas que no piensen como ella. Está, como digo, en su perfecto derecho.
El mismo derecho que tengo yo para decir que siempre estaré en contra de quienes, sean de la ideología o credo que sean, manipulen o aprovechen desgracias como el 11-M para cualquier otro fin que no sea el de llorar la muerte de las víctimas. Aquel 11-M no sólo murió Dani, el hijo de Pilar Manjón y amigo y compañero de mi hermano, sino otras 190 víctimas. Aquel 11 de marzo de 2004 no sólo sufrieron las familias de los fallecidos, sino que lo hicimos todo un país. Por tanto, una fecha como hoy, debe ser un motivo de unión en el recuerdo y contra el espanto, no para montar numeritos en los que plasmar las filias y las fobias personales o ideológicas de nadie. Se llame Pilar Manjón o como se llame.
Es una pena haber dedicado hoy un post a alguien como Pilar Manjón cuando hay 191 personas que se lo merecen infinitamente más que ella. Descansen en paz. Siempre.