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lunes, 13 de junio de 2016

No hay que ponérselo fácil al diablo

Se puede y debe restringir el acceso a las armas, por mucho que EEUU tenga una cultura de ellas profundamente enraizada o que el tráfico de las mismas mueva hipócritamente colosales masas de dinero e intereses en todo el mundo.

Se puede y debe mejorar la vigilancia ejercida por los servicios de inteligencia, para evitar el macabro bochorno de que un "vigilado" salte a los titulares de todo el mundo.

Se puede y debe actuar con más responsabilidad a la hora de intervenir en zonas conflictivas, para no abonarlas con un caos en el que germinen movimientos terroristas o siniestros fundamentalismos.

Pero, sobre todo, se puede y debe considerar la educación como el arma definitiva contra las monstruosidades. Una educación, tanto académica como familiar, que permita crear hombres libres y no armas de revancha. Una educación que huya del adoctrinamiento y de dictados maniqueos. Una educación que enseñe a pensar, decir, hacer y sentir con total libertad dentro de la inmensidad del respeto. Una educación que reniegue de los dogmas y busque puentes. Una educación que permita ser y estar en el mundo. Una educación que nos recuerde que porque somos libres somos iguales y porque somos diferentes somos fuertes. Una educación que destierre lo irracional, entierre lo visceral y allane prejuicios, tópicos y medias verdades. Una educación que aclare que todo lo que no es amor no es religión. Una educación que nos dé las herramientas necesarias para dejar un mundo mejor que el que nos encontramos. Una educación que desahucie el miedo, expulse la incomprensión y siembre convivencia. Una educación digna, diversa, seria y desacomplejada, que permita que los asesinatos, cualquiera que sea su disparatada excusa, formen parte del pasado de una vez y para siempre.

Porque, después de salvajadas como la de Orlando, hay que tener muy claro que al diablo no hay que ponerle las cosas fáciles.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La luz del terrorismo

El terrorismo no es oscuridad. Es luz o, mejor dicho, traslación de luz. El terrorismo nos da miedo porque nos cambia el foco, desplazándolo para iluminar algo que de normal permanece en la oscuridad y que erróneamente ignoramos en lo sensible y despreciamos en lo cognoscible al considerarlo inexistente. Un “algo” que se constituye como un leviatán latente pero capaz de emerger en cualquier momento y lugar, de confirmar su existencia a los ojos de la consciencia como un arco voltaico que instantáneamente sacude nuestros patrones de pensamiento y comportamiento al tiempo que conecta personas, ideas, ideologías, territorios, sentimientos y vacíos. Un “algo” cuya revelación nos deslumbra y conmociona como una descarga eléctrica propagándose por una red de tiempo y espacio en la que la instantaneidad y simultaneidad exteriores se conjugan con una resonancia sensible, íntima y no explicable que cada persona contribuye a propagar como si fuera un repetidor de sentimientos tan universales como primigenios que al expandirse como círculos excéntricos acaban por convertir las distintas comunidades sociales en un único ser social, sintiente y desconcertado. Un “algo” cuyo poder conmocionador no depende
tanto de la concreción de la amenaza o el acto terrorista como de la imposibilidad de ubicarlo en ninguna ideología, credo, ética o moral y que, por tanto, no podemos abordar ni solucionar desde ninguna ideología, credo, ética o moral. Un “algo” que no podemos aprehender ni manejar ni física ni emocional ni intelectualmente pero con una utilidad manifiesta en tanto que sirve para definir y ubicar por contraste. Así, el terrorismo constituye una raya que simplifica las formas de estar y sentir(se) y que nos ayuda a posicionarnos, a saber qué o quién somos gracias a revelarnos qué o quién no somos. ¿Y qué es eso que no somos? Seres humanos en estado puro, despojados de cualquier ideología, ética, moral, interés o convención social. Por eso da miedo el terrorismo, porque ilumina la oscuridad sobre la que hemos construido nuestra identidad como individuos y como sociedades; porque nos obliga a confrontar aquello que, siendo y estando, no siempre vemos o estamos dispuestos a ver, recordar o reconocer.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Troya es cualquier parte

Anoche, de nuevo, el horror. Y la piel fría y los latidos lentos y los pensamientos frenéticos y el silencio quebrándose por un torrente de palabras a ninguna parte. Anoche, de nuevo, la muerte. Y el terror. Y la rabia. Y la pena.

La cadena de atentados que la pasada noche hirió a todo el mundo libre a la altura de París nos ha vuelto a dejar en shock. Las imágenes, las informaciones, las sensaciones, los testimonios, las reflexiones...todo lo que emana de la matanza en Francia lo afrontamos y sentimos como un demencial déjà vu y abre de nuevo las cicatrices de sucesos como los Ankara, los del Charlie Hebdo, los atentados en Londres, el 11-M, el 11-S...Y esto ocurre porque vivimos unas décadas vertebradas por el terror. El terror letal de quienes buscan la eliminación más despiadada y atroz de aquellos que no son como ellos se ha convertido en parte tanto de la historia oficial como de la íntima: está en las hemerotecas, en las noticias y en nuestros recuerdos.
 
Lo fácil (e injusto) ahora sería dejar que las vísceras se pongan a los mandos y ciscarse en todo lo que huela a Islam, clamar por la demolición de mezquitas, pretender la expulsión de los musulmanes, criminalizar sistemáticamente  a quien tenga pinta de moro, proponer la fumigación de Oriente Medio hasta que no quede nadie mirando a La Meca...
Lo estúpido (y políticamente correcto) ahora sería seguir apostando por la oración, la tolerancia, el diálogo, la diplomacia y los brindis al sol como remedios a un problema que sólo se puede solucionar de una manera y ésta no pasa precisamente por el Imagine de John Lennon ni por compartir hashtags o imágenes virales.
Lo inteligente ahora es saber poner en contexto lo que pasa y entender que todo esto no es más que el resultado de:
 1) Una siniestra interpretación de una religión. En este caso, ninguna religión está libre de que un lunático y/o malnacido la interprete de forma que legitime cualquier monstruosidad ni de que haya otros mierdas que sigan tal tergiversación. La Historia está llena de ejemplos de ello tanto en lo cronológico como en lo geográfico. Y ojo que con esto no quiero decir que el Islam sea un credo pluscuamperfecto, porque basta recordar las motivaciones que llevaron a Mahoma a crear esa religión para saber de qué va el tema. Lo que estoy queriendo decir es que todas las religiones tienen en su historial una sarta de barbaridades y salvajadas en nombre del Dios de turno suficente para no ponerse estupendo a la hora de demonizar. O, dicho de otra forma, la religión siempre será una excusa pero no la causa.
2) La hipócrita y pésima gestión de los conflictos en Oriente Medio: hacer negocios con quienes financian o amparan a terroristas, criticar públicamente el uso de armas que son vendidas por los mismos que critican, sustentar económica y armamentísticamente a "rebeldes" que al hacerse mayores se convierten en Al Qaeda o el Estado Islámico, no eliminar bélicamente y en su origen a los grupos terroristas, seguir confiando en gobiernos títeres y/o fallidos para que ¿solucionen? la papeleta, jugar al Risk con los territorios árabes por mero interés geopolítico o económico, ningunear las bajas civiles en los conflictos de aquellas tierras, ignorar cualquier problema del que no se pueda sacar tajada, cogérsela con papel de fumar cuando Israel decide masacrar o humillar a sus vecinos...En el terrorismo yihadista la culpa no la tienen sólo unos barbudos que sueñan con huríes.
3) La persistencia de un problema de falta de integración de personas que bien por ineptitud, bien por decisión propia no quieren formar parte de una sociedad libre.
4) La extraordinaria dificultad de combatir a lulas durmientes y lobos solitarios.
5) La propia cobardía o complicidad de las autoridades árabes, que los descarta como ayuda útil en este asunto.

6) La demoledora habilidad de los terroristas para aprovechar los defectos en materia legal, penal, migratoria, coordinación policial...
7) Una forma de estar en el mundo que convierte en diana a todo aquel que disienta de lo que mande el cabecilla de turno. Por eso, hay que entender que esto es sólo un ataque contra todos los valores arraigados o, mejor dicho, defendidos (con mayor o menor hipocresía) en la llamada "civilización occidental" sino contra toda persona que no sea ellos. Por este motivo, tanto cuentan (o deberían contar) las muertes en Europa como las que se producen en Oriente Medio a manos de estos locos sanguinarios. La única diferencia es que aquí en el ¿primer mundo? nos creemos a salvo por la falta de frecuencia en las barbaridades que, allende el Mediterráneo, son diarias desde hace mucho tiempo. De ahí que sea conveniente recordar al hilo de esto que la distancia, tanto geográfica como emocional, siempre juega a favor de quien mata y no de quien es matado.  
8) Creer que se puede solucionar desde la lógica lo que proviene de lo irracional.

Dicho esto, creo que el problema del terrorismo yihadista sólo se puede solventar apostando sin complejos por una extrema contundencia legal, policial y militar. Como dijo Edmund Burke:"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres buenos no haga nada" y eso es lo que ha pasado, que no se está haciendo nada correctamente ni en fondo ni en forma. En ese sentido, prefiero lamentar errores a lamentar muertes, prefiero perder en libertad si con ello gano en seguridad tanto para los míos como para mí porque ha sido la tibieza a la hora de entender y resolver este problema la que ha llevado la inseguridad a todo el planeta, la que ha convertido a cualquier país y ciudad del mundo en Troya. 

Así que rezar, sí, por supuesto, recemos por las víctimas y sus seres queridos...pero esto no lo va a solucionar Dios ni ninguna clase de sugestión espiritual. La locura terrorista es una enfermedad con un único tratamiento posible y no pasa precisamente por oraciones ni por clases de integración ni por cumbres buenrollistas ni por fotos de concordia. Los responsables de estos y otros atentados, tanto materiales como intelectuales, donde quiera que estén, sólo pueden tener una respuesta por parte del mundo libre: su aniquilación. Como dicen en cierta película: "no tengáis piedad, pues ninguna habéis de recibir".

No quiero finalizar el artículo con tanta oscuridad. Quiero terminarlo con la admiración por la excepcional y magistral reacción tanto de las autoridades como de la población francesa ante la atrocidad. Contra el miedo, libertad. Contra la muerte, dignidad. Contra los desafíos, firmeza. Bravo por ellos.

martes, 12 de mayo de 2015

La lección

El domingo por la noche el comunicador Jordi Évole entrevistó en su imprescindible programa "Salvados" al terrorista, asesino, preso, liberado y arrepentido Iñaki Rekarte en uno de esos programas que deberían estudiarse con todo merecimiento en las facultades de Periodismo y/o Comunicación Audiovisual en Euskadi, en el resto de España y en cualquier país civilizado. Porque fue una lección.

La entrevista fue de las que secan el tiempo y borran palabras. Fue una entrevista difícil, dura, amarga, tensa, demoledora, inquietante e impactante. Fue una entrevista en la que lo que se dijo y lo que no se dijo traspasaban la piel por igual. Fue una entrevista en la que cada segundo contaba y contó. Fue una entrevista que hizo imposible cualquier indiferencia. Fue una
entrevista que, por encima del terrorismo y las cuestiones sociológicas y políticas, sirvió para mostrar en toda su crudeza la absoluta contradicción de la condición humana. Fue una entrevista insportablemente incómoda para quienes entiendan la vida desde el blanco y el negro, desde la trincheras, desde los frentes, desde el inmovilismo, desde el enrocamiento, desde las vísceras, desde la ceguera. Fue una entrevista que sin la maestría de Évole se habría convertido en un repugnante monumento al morbo y no en una muestra de periodismo en estado puro. Fue una entrevista honesta y valiente y arriesgada y...enormemente brillante a pesar de toda su oscuridad.

En ese sentido, respecto al entrevistado, Iñaki Rekarte, diré lo siguiente: no voy a olvidar ni a perdonar lo que hizo ni lo que fue: entre víctimas y culpables, yo siempre he estado, estoy y estaré con las primeras y contra los segundos. Arrepentido o no,
sincero o no, es un asesino, una persona que mató a gente inocente y un mal así no se enmienda ni con lágrimas ni con palabras ni con tiempo, sencillamente porque no se puede enmendar. Cuestión aparte es el vergonzoso hecho de que un asesino como él se encuentre en libertad, por muy arrepentido que esté y mucha "vía Nanclares" que se alegue. Pero de ello no tiene ninguna culpa Rekarte sino los políticos que legislan y los jueces que interpretan y aplican la ley. Dicho esto y sin perjuicio de lo anterior, también quiero dejar claro lo siguiente: la valentía del entrevistado para quebrar el silencio, para exponerse al odio de unos y otros, para aceptar inmolarse públicamente cuando lo fácil sería el mutismo cómodo y cobarde, para poner en riesgo su vida y la de sus seres queridos sin más pretexto que el de revelarse y rebelarse contra la barbarie inhumana de la que él mismo es exponente...esa valentía es sencillamente impresionante y muy inusual en nuestro tiempo. Es cierto que esa descomunal sinceridad le llevó a decir cosas que probable y merecidamente no gustaran a muchos (yo incluído) y a incurrir en contradicciones y paradojas indefendibles, pero también le llevó a decir otras cosas que han hecho más por el entendimiento y la cicatrización de heridas que muchos discursos y planes políticos, legislativos, judiciales, policiales y educativos en más de treinta años de democracia. Y, aunque sólo sea por esta última razón, el testimonio no se merece el menosprecio que sí se merece la persona.

Quizás el impacto que ha causado esta entrevista se deba a que vivimos en una sociedad que ha asimilado el tabú, que ha renunciado a la escucha, que ha convertido lo obvio en rareza, que se mueve por pasiones y no por ideas, que se preocupa más del pasado que del futuro, que ha perdido las ganas de mirar y mirarse, que se ha dejado la esperanza en alguna cuneta, que se ha perdido en un laberinto de etiquetas y prejuicios, que se ha vuelto adicta a los eufemismos, que se siente más cómoda con el reproche que con la solución, que sólo busca huir hacia delante al ritmo del sálvese quien pueda. O a que vivimos en un país en el que la mayoría de los medios de comunicación oscilan entre el panfleto y el circo, se alimentan de los culos de los poderosos y creen que la deontología es una especialidad médica. O a que el hombre contemporáneo tiene una extraordinaria propensión a sentirse fascinado por el mal, por el morbo de lo antagónico, por lo transgresor, por lo que se sitúa al margen de la ley o la moral. O, tal vez, se deba a todo ello.

Lo que es seguro es que el gran mérito de esta entrevista es de Jordi Évole. Su temple, su distancia, su contención, su habilidad para preguntar lo necesario aunque sea incómodo para él o el
entrevistado, su educación, su inteligencia para manejar los silencios...Évole es un permanente recital no ya de cómo entrevistar sino de en qué consiste ser periodista. Por eso, no son casualidad las excelentes audiencias ni los miles de comentarios positivos ni los premios recibidos. Évole es un fuera de serie y una de las pocas esperanzas que le quedan al periodismo (serio) en España.  

De todos modos, aunque pueda sonar raro, si hay algo con lo que me quedo de la apabullante entrevista es con que han sido el conocimiento y el amor los que han llevado luz a la vida de Rekarte. El conocimiento como salida. El amor como salvación. Viejas ideas pero que no han perdido vigencia...ni urgencia.

En resumen, "ETA desde dentro" ha sido toda una lección. Una lección de valentía de un cobarde. Una lección de humanidad de un monstruo. Una lección de luz desde la oscuridad. Una lección de libertad frente al terror. Una lección de tolerancia ante la intolerancia. Una lección de imparcialidad frente a la beligerancia. Una lección de profesionalidad frente al sensacionalismo. Una lección de periodismo frente a la propaganda. Una lección colosal. Una lección magistral.

viernes, 9 de enero de 2015

El mejor abono

Todas las religiones, los credos, las creencias se basan en última y definitiva instancia en lo mismo: en la fe, en creer en lo inexplicable, en asumir lo injustificable, en aceptar lo inverosímil, en abrazar lo imposible, en enterrar las dudas, en no cuestionar lo cuestionable, en sugestionar a la consciencia para que no se chive al cerebro de que nos estamos saliendo del guión; es decir, se basan en lo irracional, en lo visceral. De lo irracional, de lo que no se piensa, de lo que se escapa a la razón surgen cosas maravillosas como el amor, la pasión, la alegría, el placer, la felicidad...pero también cosas terribles como el odio, los celos, la tristeza, el dolor, la depresión...y el miedo y el terror. Por eso hay que tener cuidado con lo que se cree y, más todavía, con aquellos que nos dicen cómo y en qué creer: del paraíso al infierno sólo hay un segundo de estupidez distancia. Porque el verdadero peligro no está en el tonto sino en aquel que dirige al tonto. Igualmente, hay que tener cuidado con ideologías o creencias de tipo "político" (nacionalismos exaltados, independentismos, populismos, etc) que, como ocurren con las religiones, deben su arraigo y proliferación en lo irracional, en pasarse por el forro el "logos" para camelarse al "pathos", en conseguir que el tipo de turno actúe más como "homo" que como "sapiens". Por tanto, cuidado con aquello en lo que decidimos creer, no vayamos a levantarnos un día dispuestos a hostiar a gigantes que son sólo molinos.

Quizás por todo ello, las creencias, ya sean religiosas o políticas, están tan relacionadas con la intolerancia. No hay ni una sola de las grandes religiones o de las principales ideologías políticas que no haya escrito un perverso y siniestro capítulo en la historia universal de la intolerancia, o, lo que es lo mismo, en la historia universal de la negación del diferente, de la cosificación del discrepante, del exterminio físico o intelectual del contrario. Y si hay alguien dispuesto a olvidar o excusar esto es un perfecto majadero o un notable aspirante a hij@ de put@. Por suerte o por desgracia, ahí están la "Santa Inquisición", las "guerras santas" (llámense cruzada o yihad), los totalitarismos, las Guerras Mundiales, el terrorismo de estado israelí o las matanzas islamistas para recordárselo a todo aquel que sea lo suficientemente estúpido o miserable como para olvidar tanta infamia.

Y, también quizás por todo lo anterior, las creencias, ya sean religiosas o políticas, tienen una alergia tremenda a las críticas, provengan de donde provengan, aunque sean hechas en
forma de sátira o viñeta. Las creencias no admiten preguntas y sólo se interesan por quienes quieren obedecer sus respuestas. O, dicho de otra manera: a la hora de la verdad, su concepto del "respeto" sólo funciona en una dirección. Cualquier otra cosa supone una amenaza para una cosmovisión que sólo busca perpetuarse, enquistarse, fosilizarse pero nunca jamás abrirse ni evolucionar. En resumen, no les interesa lo que tu cerebro puede decirles sino lo que pueden decirle a tu cerebro. Una filosofía interesante...siempre y cuando tu mayor aspiración en la vida consista en ser un perfecto tonto del culo.

Por eso, no me extraña aunque me espante lo que ha sucedido en Francia estos últimos días. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien que entienda el mundo sólo en negro o en blanco, en "o conmigo o contra mí". Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien dispuesto a recurrir a la violencia como respuesta al ingenio. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien capaz de emplear el terror para coaccionar la libertad. Por eso no me extraña aunque me espante
que haya alguien preparado para sembrar sangre y miedo en nombre de un dios supuestamente grande, misericordioso y compasivo. Por eso no me extraña aunque me espante que en pleno siglo XXI haya alguien dispuesto a matar por las mismas absurdas, repugnantes y miserables razones por las que se mataba hace siglos. Por eso no me extraña aunque me espante que haya alguien que quiera dar un sentido a su mierda de vida mediante la atrocidad y el disparate. Por eso no me extraña aunque me espante que alguien siga haciendo de los libros sagrados su infalible manual de instrucciones para la vida. Por eso no me extraña aunque me espante que el radicalismo islamista sea actualmente la mayor y peor amenaza para el mundo libre porque, peores aún que los terroristas, son los que desde mezquitas, publicaciones y páginas web siembran los vientos que ellos transforman en tempestades de dolor.

Así que, por todo ello, mi total solidaridad y sincero afecto con los parisinos, con los franceses, con los humoristas, con los periodistas críticos, con los inocentes, con los libres.

No obstante y para terminar, cuatro moralejas entre tanto horror y desolación. La primera: la libertad es el único concepto o idea por el que merece la pena vivir y dar la vida. La segunda: el ingenio y la libertad siempre van de la mano...como van de la mano la locura y el terror. La tercera: el mejor destino para un terrorista no es ni la cárcel ni la redención: es una bolsa en una morgue. Y la cuarta: el mejor abono, el de yihadista.

viernes, 25 de julio de 2014

Israel vs Palestina: el bucle de la vergüenza

El mundo actual tiene bastantes motivos para avergonzarse, pero éste es uno de los principales, por lo reiterado en el tiempo, por la ausencia de solución y por la cantidad de víctimas inocentes. 
Que Israel y Palestina se líen a hostias no es noticia en tanto que novedad. Como no es nuevo que desayunemos, comamos o cenemos con imágenes que gotean sangre. Como no es tampoco nuevo que la comunidad internacional demuestre su hipocresía e ineficacia a la hora de resolver un conflicto que, dicho sea de paso, es culpa suya. Y lo es por lo siguiente:
  • Que Israel o el estado judío o la nación judía o el pueblo judío o "el pueblo errante" o el "pueblo elegido" o como se quiera denominar a los descendientes de Jacob haya explotado en su provecho y de manera oficial, consciente y repugnantemente victimista las injusticias y las inexcusables atrocidades que han sufrido los judíos a lo largo de la Historia es una cosa "respetable" (para quien tenga estómago para eso, claro). Igual que es "respetable" el hecho de que los judíos actúen sistemáticamente como un auténtico lobby gracias a su evidente expansión migratoria, su ascensión en la escala social y al poderío económico (los directivos y accionistas de las principales empresas multinacionales y bancos que cotizan en el Dow Jones de Wall Street son mayoritariamente de origen judío) amasado durante siglos desde que comenzaron a forrarse como prestamistas allá por finales de la Edad Media. De todo esto no tiene la culpa la comunidad internacional; allá los judíos con su ética y su moral. Pero de lo que sí tiene la culpa la comunidad internacional es de sufrir/inducirse un descomunal complejo de culpa totalmente anacrónico (en el mejor de los supuestos) del que se lleva aprovechando Israel durante décadas de forma cada vez más mezquina. Igual que también es culpa de la comunidad internacional (con Estados Unidos a la cabeza) ceder y/o alentar ese chantaje emocional y económico con tal de contentar a los hijos de David. La comunidad internacional cedió a ese chantaje cuando su solución al sionismo, a la diáspora y a la aliyá fue una sucesión de cagadas (en la primera mitad del pasado siglo) que tuvieron como finalidad poner en el mapa geográfico y político a la "Tierra de Israel". Un cúmulo de despropósitos que comenzaron con el Mandato británico de Palestina, siguieron con el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina y que culminaron con la creación de un estado judío independiente en medio de un avispero árabe.
    Brillante. ¿No había otra forma de conciliar las reclamaciones histórico-religiosas de los judíos con la realidad? ¡¿No la había?! Pero aún más brillante fue la total ausencia de tacto demostrada por la comunidad internacional no ya creando artificial y forzosamente ese estado (cumpliendo así aquello de la "tierra prometida") sino generando y/o permitiendo un trato discriminatorio hacia los anteriores y legítimos pobladores de aquellas tierras: los palestinos. Por ejemplo: ¿Por qué se perdió el culamen por fomentar y reconocer a Israel como estado independiente y en cambio hacer lo propio con Palestina está a la espera de que el cielo se vuelva verde y los cerdos rompan la barrera del sonido? Pero la culpa de la comunidad internacional no acaba
    en esta chapuza
    sino que aumenta hasta la vergüenza más absoluta al ceder nuevamente al chantaje israelí-judío cuando consiente o incluso justifica (véase EEUU) el terrible "bullying" judío y que consiste en lo siguiente: amparándose en "represalias" legitimadas por inexcusables actos terroristas palestinos, perpetrar masacres indiscriminadas utilizando el ejército nacional israelí. Es decir, que su argumento se basa en la manida "legítima defensa", pero...bombardear un hospital, un refugio o una zona netamente civil no encaja precisamente ni con el concepto de "autodefensa" ni con una operación militar antiterrorista...Es curioso y repugnante al mismo tiempo cómo los cazados han pasado a ser furibundos cazadores. No impedir esto, no acotar la prepotencia israelí, no poner a Israel en su sitio, no partirle la cara diplomática, económica y militarmente a Israel por matar moscas a cañonazos es uno de los principales motivos por los que habría que disolver la ONU, la UE y demás soplapolleces internacionales.
  • Que Palestina entienda que el único remedio para reivindicar sus pretensiones o defender su integridad pasa por consentir el terrorismo yihadista (el éxito de Hamás es muy revelador en este sentido) no es culpa de la comunidad internacional.
    No hay nada ni en el cielo ni la tierra que justifique el terror y la muerte. Repito: nada. Pero sí es culpa de la comunidad internacional que los palestinos tengan esa sensación de desamparo, de ninguneo, de agravio comparativo, de discriminación. Y lo es porque la comunidad internacional lleva décadas dando argumentos para el cabreo palestino (ojo que digo cabreo y no terrorismo) con su lentitud, tibieza, hipocresía, permisividad, negligencia y cobardía. Empezando porque, como decía antes, la comunidad internacional (primero a través de la Sociedad de Naciones y luego de su sucesora la ONU) tuvo la infeliz idea de crear
    el Estado de Irsael en territorio legítima y netamente palestino. Una demencial cagada equivalente a echar a una familia de su vivienda al ser ésta reclamada por los descendientes de un antiguo propietario fundamentando tal pretensión en que "aquí hace muchos años vivió mi abuelo". Sustituyendo "vivienda" por "territorio", "años" por "siglos" y "abuelo" por "antepasados" se obtiene (de manera resumida y tosca pero entendible) la raíz del conflicto. Lo normal y lógico es que el personal se mosquee. Si, aparte de eso, ven que nadie hace nada por evitar que los israelíes hagan con los palestinos algo no muy distinto a lo que Hitler hizo con los judíos, lo más natural es que cunda la desesperación, se apaguen los cerebros y tomen los mandos las vísceras. ¿Le importa todo esto a la comunidad internacional? A la vista de los resultados, no demasiado o, al menos, no lo suficiente. Y luego habrá quien se extrañe de que allí arraige el sentimiento antioccidental radical...Yo no sé si Occidente es el "gran Satán" pero desde luego, en este tema, se está comportando como el "gran gilipollas".
No obstante, la solución a este infierno no sólo está en las manos de la comunidad internacional sino también en las de Israel y Palestina. La desgracia de todo esto es que hay gente en uno y otro bando/estado que no quiere la paz porque utiliza esto para
medrar o justificarse. Es decir, que hay gente (o gentuza, por decirlo claramente) israelí (ej: el Likud) y palestina (ej: Hamás) a la que poner fin a esto no les interesa porque si no se les acabaría el chollo político, el índice de popularidad o el negocio del terror. Algo bastante vomitivo pero real. Por eso no extraña que las siempre frágiles y escasas treguas se rompan unilateralmente por parte de unos u otros. Hay escoria a la que no le importan los muertos, ni siquiera si son suyos. Hay escoria que sólo se preocupa por avivar el odio, por chapotear en la muerte y la destrucción. Y ésa, en el fondo, es la auténtica tragedia del conflicto entre Israel y Palestina: hay más gente dispuesta a mantener el caos que a establecer la concordia. La paz no interesa a quienes han hecho que su éxito o su vida sólo tenga sentido en torno a la aniquilación y la rabia. En resumen, el trasfondo de todo este horror está lleno de intereses (políticos, económicos, religiosos, militares, armamentísticos...) poco o nada compatibles con una solución pacífica y aceptable para todas las partes implicadas.

Por eso, en todo este asunto, la objetividad y el realismo conducen necesariamente a una actitud pesimista. Dudo mucho que esto acabe a corto o medio plazo. Y lo dudo porque actualmente hay demasiada gente que no sabe o no quiere poner fin a este sangriento círculo vicioso; que no sabe o no quiere romper este bucle de la vergüenza. Son mayoría las personas dispuestas a justificar y/o consentir las barbaridades de unos o de otros. Bonito mundo éste.

Lo único que tengo claro es que quienes asesinan no se merecen vivir, ya recen a Yahvé o a Alá...igual que no se merecen vivir quienes, pudiendo evitar todo esto, no lo hacen.

Por último, quiero dejar clara una cosa: con este artículo no estoy queriendo decir que el hecho de ser judío o tener la nacionalidad israelí signifique automáticamente ser un cabrón y/o un asesino o un terrorista de Estado ni tampoco que el hecho de ser palestino implique sí o sí ser un oso amoroso: la nacionalidad o la religión no te hacen mejor o peor persona. Lo que sí quiero decir con este artículo es que hay un gravísimo problema por el que han muerto y están muriendo cientos de inocentes (entre ellos, no pocos niños), un problema creado y consentido por la inutilidad e hipocresía de la comunidad internacional y en el que Israel como país está actuando de una forma indiscriminada, desproporcionada, abusiva y, por tanto, completamente indefendible. En definitiva, con este artículo lo que quiero decir es: ¡basta ya de esta matanza sin sentido! 

martes, 11 de marzo de 2014

Diez, once

Hoy no habrá fuego ni hierro ni sangre. Hoy no habrá silencio ni sirenas ni gritos. Hoy no habrá ira ni pasmo ni piel de gallina. Hoy no nos levantamos a las puertas del infierno. Hoy sólo hay recuerdo de lágrima encendida para los que nos dejaron. Hoy sólo hay recuerdo de aplauso íntimo para quienes se cayeron y levantaron. Hoy sólo hay recuerdo para los que se lo ganaron.

Por eso, hoy, diez años después del atentado del 11-M, no quiero dedicar estas palabras a los políticos que estando a un lado y a otro del poder pensaron más en los votos que en los muertos. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que contribuyeron con su negligencia o con su malicia a servir a intereses distintos y distantes a los de la mayoría de la sociedad. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos miembros del Poder Judicial que dejaron margen para la duda razonable. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellos medios de comunicación y periodistas que alfombraron las tesis de quienes o bien querían conservar el poder o bien querían llegar a él como fuera y que allanaron el camino a la demagogia y la mentira, olvidando que el único compromiso de un periodista es con la verdad probada. Ni tampoco quiero dedicárselas a aquellas personas que aceptaron ser rebaño o turba. No. Hoy no voy a dedicar estas palabras a quienes demostraron que España es un país que sigue pensando en bandos. No voy a dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para pensar que España es un país que da asco.

Hoy quiero dedicar estas palabras a los que murieron. Y a quienes se los quitaron. Y a quienes se lanzaron a ayudar en medio del espanto. Y a quienes cumplieron con su trabajo salvando vidas. Y a quienes llenaron la Puerta del Sol para donar sangre. Y a quienes no se dejaron vencer ni por la rabia, ni por el miedo, ni por el engaño. Y a quienes trabajaron por buscar la verdad entre los escombros de la confusión y la mentira. Sí. Hoy quiero dedicar estas palabras a quienes no tuvieron, tienen ni tendrán que pedir perdón. Quiero dedicar estas palabras a quienes sí estuvieron a la altura. Quiero dedicar estas palabras a quienes dieron motivos de sobra para creer que España es un país del que sentirse muy orgulloso.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿El precio de la paz?

Escribí sobre el tema hace no mucho, así que no me extenderé demasiado. La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Primera, pese a los informes de la Fiscalía y la forense, ha confirmado la decisión ministerial y judicial de poner en libertad a un asesino y secuestrador. Es decir, unos jueces han resuelto poner en la calle a un criminal despiadado que cumplía condena por unos crímenes de los que no se ha arrepentido. Han liberado a un ser que no cree ni en el país ni en la Ley que supuestamente representan esos magistrados. Unos individuos con toga que han tenido más en cuenta la dignidad de un verdugo que la de sus víctimas

Con políticos y jueces como los que sufrimos gentuza como Charles Manson, David Chapman o David Berkowitz estarían ya en la rúe y haciéndose platós de televisión si hubieran tenido la suerte de actuar por estos lares. Se confirma así que España es un auténtico chollo para hacer carrera criminal: estafar, robar, extorsionar, secuestrar, asesinar...Gracias a actuaciones y decisiones como las de estas últimas semanas, las autoridades políticas y judiciales han evidenciado que aquí hay más futuro al margen de la ley que dentro de ella. Quizás una solución para subsanar el paro sea dar cursos de formación como ladrón, estafador, matón, sicario o terrorista a los millones de personas que están a la espera del maná laboral en España. Desde el punto de vista político y legal todo serán facilidades para quienes quieran hacer del crimen su forma de vida. Seguro.

Dicho esto, yo me pregunto si el precio para la paz en España, es decir, si el peaje para que ETA no atente ni secuestre ni asesine ni extorsione, es legalizar lo que antes era ilegal; ceder el poder a los que, en el mejor de los casos, equiparan a asesinos y asesinados; forzar la Ley para beneficiar a los encarcelados; ignorar la opinión de las víctimas y de una mayoría social; rebajar el Estado de Derecho al nivel de una banda terrorista y apiadarse de los que no tienen piedad y presumen de ello y, en definitiva, consentir cualquier tipo de petición procedente de un mundo que se ha construido sobre las lágrimas, la sangre y los cadáveres de inocentes. Si ése es el precio de la paz yo no la quiero. Porque no quiero nada que implique el triunfo de los objetivos de quienes no tienen reparo alguno en arrebatar la vida o la libertad a la gente de bien. Si el precio de la paz es que España se deje dar por el culo por los etarras y quienes simpatizan con ellos, el Gobierno y los jueces se pueden meter la paz por donde les quepa.

¿La liberación de este asesino y secuestrador forma parte del precio de la paz? No. Forma parte del precio de la vergüenza. ¿Qué es la vergüenza? Lo que no tienen ni el Presidente del Gobierno, ni el Ministro de Interior, ni el juez Castro ni La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Primera.

jueves, 30 de agosto de 2012

Libertad para un monstruo

En España hay menos Justicia que vírgenes en el plató de Mujeres, hombres y viceversa. Lo he dicho en varias ocasiones y, la última, hace casi una semana. La aportación española a la historia de la justicia universal es similar a la de Hitler al sionismo.

Hablo, por supuesto, de la puesta en libertad (condicional) del asesino de tres Guardias Civiles en 1985 y secuestrador durante 532 días de Ortega Lara. Lo más triste y repulsivo de todo es que esto se veía venir a tenor de los actos de tres hombres (permítase la hipérbole):

- El que transmitió la orden: Se veía venir cuando el todavía Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, desde el comienzo de su ejercicio, ha tratado cualquier asunto relacionado con la banda terrorista ETA con unos paños calientes y unas medias tintas que han derivado en una continua falta de consideración a la sociedad española en general y las víctimas de los etarras en particular. Con su cobardía y tibieza ha faltado al respeto no ya a los vivos sino a los muertos. Es una auténtica pena y una verdadera vergüenza que el todavía Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, no haya tenido ni tenga con la gente de bien la misma sensibilidad y escrupulosidad con que ha tratado y trata a ETA y su entorno. Vamos que para ser del Opus Dei le pone demasiado cachondo el diablo (o eso parece). Lo que está claro es que, si sigue así, al todavía Ministro de Interior no le salva ni su loado Monseñor ni las duchas frías ni el cilicio ni la confesión.

- El que la ejecutó: Se veía venir cuando el todavía juez central de Vigilancia Penitenciaria, José Luis de Castro, abroncó recientemente de forma bochornosa a la médico forense de la Audiencia Nacional, Carmen Baena, por realizar un informe médico que sin mala fe dejaba en evidencia al todavía Ministro de Interior. Y más aún cuando se ha pasado por la quilla la opinión de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. La guinda: La visita al etarra en el hospital.Visto el interés que dispensa el todavía juez al miembro de ETA, espero que lo próximo que haga sea ordenar que alguna actriz porno le dé de comer, limpie el culo y se la casque para que el pobre no gaste esfuerzos. "José Luis de Castro, el juez que liberaba criminales", próximamente en los mejores retretes.

- El que la consintió: Se veía venir cuando el todavía Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, no ha tenido en todo este tiempo la cordura, la hombría o ambas cosas de poner fin al disparate que hoy se ha acabado por perpetrar. A lo mejor piensa el prognático de pelo tricolor que si pasa a la Historia como el "Presidente que acabó con ETA" nadie le recordará como el "Presidente que no supo acabar con la crisis". Error: Lo único por lo que pasará a la Historia el todavía Presidente del Gobierno es por ser tan sumamente incapaz, torpe, y cobarde que le pasaron por encima una crisis económica y una banda terrorista.

Lo lógico, honesto y decente sería que estos tres individuos presentaran su dimisión al frente de sus cargos y competencias. ¿Por qué deberían dimitir? Porque han forzado hasta la tergiversación la interpretación de una Ley que permite pero no obliga a liberar a un preso en las condiciones de este asesino. Porque han beneficiado legalmente a una alimaña que no reconoce las leyes ni la autoridad que le devuelven a la calle. Porque han alegado "motivos humanitarios" para liberar a un cabrón que pertenece a una banda que lo mismo quita la vida que la libertad. Porque liberar a un demonio cuyo encarcelamiento supuso el agradecido esfuerzo de la Policía y la Guardia Civil es un absurdo. Estos tres seres (Ministro, Juez y Presidente) han retorcido la Ley, la ética y la cordura sólo por hacer algo cuyo objetivo final no se sabe pero se intuye. Y apesta.

Como he dicho, lo lógico, honesto y decente sería que estos tres infames presentaran su dimisión. Por eso mismo, no lo harán. Así que siempre me quedará el consuelo de saber que el día que este monstruo muera (y espero que con sufrimiento atroz), me pegaré un homenaje a la salud de todos los que le quisieron y de los que lo liberaron.

Una reflexión final: ¿Quién es más monstruo:el que lo es o quien lo libera?

viernes, 24 de agosto de 2012

Injustice for all

"Se ha perdido la Justicia. Se ha violado la Justicia. Se ha ido la Justicia". Así dice la letra de una mítica canción de Metallica, ...And Justice for all. Pero también podría ser la mejor reflexión respecto a dos noticias que han marcado este verano.

Una de ellas, nacional: la concesión del tercer grado a ese montón de mierda etarra llamada Josu Uribetxeberría Bolinaga. Facilitar la libertad a un hombre que se dio a conocer por privar de ella a un ciudadano inocente; aplicar razones humanitarias para alguien que pertenece  a un grupo terrorista caracterizado por asesinar, atentar, secuestrar, extorsionar y burlarse de todo un país; estirar el entendimiento de la Ley para beneficiar a un individuo cuya conducta ha consistido en no respetarla; tener misericordia con un miembro de ETA...todo es una infame, asquerosa e indefendible mofa, no ya a las víctimas de ETA sino a todos los ciudadanos de bien, lo quiera entender o no el ¿Gobierno? de España. Mal está que en nuestro país no exista ni la pena de muerte ni la cadena perpetua para privarnos de estos monstruos, pero ya que se utilice la Ley de una forma cuestionable para endulzar o aliviar las condenas de estos cabrones va más allá del esperpento. Curiosamente, como si tratara de remendar el despropósito organizado por Prisiones e Interior, la naturaleza lo ha puesto en su propio corredor de la muerte. Justicia poética lo llaman.

La otra noticia, internacional: la condena a 21 años de cárcel para Anders Behring Breivik por el asesinato de 77 personas en Noruega. Vamos, que el coste por la vida inocente en ese país está a casi 100 días por personas. Es decir, que por poco más de tres meses puedes estar en paz con la Justicia si te cargas a alguien. Noruega, todo un Valhalla para los asesinos. Y si no lo es, desde luego, lo parece.

En definitiva, que la vida de un inocente no vale una mierda. Y la Justicia, menos. Y es que, como dice la canción de Metallica, el martillo de la Justicia te aplasta. Pues eso.

jueves, 26 de abril de 2012

Que se vayan a la mierda

Hoy tenía pensado escribir sobre otro tema. Pero resulta que el Gobierno ha decidido poner en marcha un "plan  integral de reinserción" para terroristas (ya sean de ETA, Grapo, yihadistas o cualquier otra basura). Así. Tal cual. Para ello, ni siquiera será necesario mostrar arrepentimiento, sólo decir "No lo volveré a hacer" y tira millas. Vamos, que el Gobierno ha convertido el terrorismo en un puto chollo. Con dos cojones. O, mejor dicho, cojones, precisamente, es lo que no tienen. De lo que van sobrados es de ingenuidad, desconsideración y falta de sensatez.

Por si no estaban haciendo suficientemente el ridículo con su festival de torpezas y cagadas, llega esta auténtica gilipollez demencial e injustificable que me produce tanto asco que se me quitan las ganas de escribir.

Echar pelillos a la mar con atentados y asesinatos es algo que no se puede defender bajo ningún criterio o argumento que no sea el de los propios hijos de puta que se beneficiarían de este plan.

Se me ocurre una larga lista de insultos y descalificativos perfectamente pertinentes para glosar este hito del despropósito nacional, pero prefiero ahorrármelos.

Lo que no puedo aguantarme es desear que se vayan a la mierda, el Gobierno, los terroristas y la madre que los parió.

domingo, 11 de marzo de 2012

11-Manjón

No me gusta escribir sobre el 11-M y menos hoy. Me es muy doloroso y muy complicado. Sólo lo hice una vez hace tres años y hace cinco me esforcé en comentar la sentencia sobre los atentados. Es muy desagradable refrescar recuerdos y revivir sensaciones. Es muy complicado transcribir el silencio roto por las sirenas, la desolación de la gente por las calles, la incredulidad y la rabia, las ganas de llorar, el espanto aniquilando la rutina y la historia de una ciudad y un país entero. Es muy complicado y una putada. Al menos, para mí. Por eso, espero que esta sea la última vez que me tenga que acordar del 11-M de forma pública y no "hacia dentro", como me gustaría.

Yo siempre he pensado que en los homenajes, sean del tipo que sean, ceder el protagonismo a quien se homenajea o recuerda, no sólo es una demostración de lógica sensatez, sino, también de humildad. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.

Yo siempre he pensado que sacar rédito (económico, político, personal, informativo, publicitario...) de una desgracia, sea del tipo que sea, es una muestra nauseabunda de los asquerosos recovecos que tiene el alma humana. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.

Yo siempre he pensado que hay que aprender a desconfiar de quienes, sea cual sea el ámbito del que hablemos, buscan acaparar la atención y tener su cuota de protagonismo. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.

Yo siempre he pensado que hay que abordar con mucho cuidado las declaraciones o acciones de quienes buscan representarse a sí mismos amparándose en un respaldo más amplio. Por eso, quizás, deteste a Pilar Manjón.

Yo siempre he pensado que hay que alejarse de quienes tienen una actitud de "O conmigo, o contra mí". Por eso, quizás deteste a Pilar Manjón.

Yo siempre he pensado que a cualquiera de nosotros nos puede ocurrir algo que nos haga perder el Norte, porque, como dice el proverbio antiguo: "Cuando los dioses quieren destruir a un hombre, lo vuelven loco". Por eso, quizás, comprenda a Pilar Manjón.

Porque sólo la locura, la enajenación, la perturbación pueda dar sentido a la actitud de quien desde hace ocho años ha hecho de la insidia,el odio y el rencor sus señas de identidad, al menos, públicamente. Yo me pregunto por qué es la única de los familiares de las 191 víctimas que se ha convertido en una estrella mediática y en un icono para cierto sector político-ideológico. Comprendo y respeto totalmente el dolor de Pilar Manjón, pero nunca jamás voy a compartir sus formas.

A lo que voy es que sufrir una desgracia, un crimen, una salvajada, una injusticia, una monstruosidad o como queramos calificar el 11-M (porque siempre nos quedaremos cortos), no te da bula para decir o hacer lo que quieras, ni para creerte por encima del Bien y del Mal, ni para actuar como si fueras la única persona a la que le ha pasado algo así, ni para sentirte en permanente estado de agravio ni para criticar todo lo que no sea de tu gusto. Y eso es, precisamente, lo que lleva haciendo ocho años Pilar Manjón. Pero, por encima de todo, lo que me parece infame es la personalización o  la monopolización que esta persona está haciendo de una desgracia que afectó a todo un país. Y hoy, lo ha vuelto a hacer con unas, para mí, desafortunadísimas declaraciones que empañan lo que debía ser un momento honesto y único para las 191 víctimas del 11-M y no The Pilar Manjon's Show. Ella está en su perfecto derecho de pensar que aquel once de marzo José María Aznar accionó desde La Moncloa un detonador que hizo saltar por los aires casi doscientas vidas, o que José María Aznar contrató a ese grupo de terroristas de suicido retardado o que la culpa del 11-M la tienen el PP y todas las demás personas que no piensen como ella. Está, como digo, en su perfecto derecho. 

El mismo derecho que tengo yo para decir que siempre estaré en contra de quienes, sean de la ideología o credo que sean, manipulen o aprovechen desgracias como el 11-M para cualquier otro fin que no sea el de llorar la muerte de las víctimas. Aquel 11-M no sólo murió Dani, el hijo de Pilar Manjón y amigo y compañero de mi hermano, sino otras 190 víctimas. Aquel 11 de marzo de 2004 no sólo sufrieron las familias de los fallecidos, sino que lo hicimos todo un país. Por tanto, una fecha como hoy, debe ser un motivo de unión en el recuerdo y contra el espanto, no para montar numeritos en los que plasmar las filias y las fobias personales o ideológicas de nadie. Se llame Pilar Manjón o como se llame.

Es una pena haber dedicado hoy un post a alguien como Pilar Manjón cuando hay 191 personas que se lo merecen infinitamente más que ella. Descansen en paz. Siempre.

lunes, 31 de octubre de 2011

¿(Por) Fin?

He dejado pasar unos días sólo para escribir con un poco de tranquilidad sobre este tema, hoy ya archimanido. Hablo del famoso comunicado de ETA del pasado día 20. Un papel, un texto, una declaración que es mejor que nada, cierto, pero que es innegable y perversamente insuficiente.

Si hay gente que prefiere tirar las campanas al vuelo y descorchar champán, cava o chacolí para celebrar el fin del terrorismo y el inicio de la paz en España, está en su perfecto derecho. Pero lamentable y objetivamente, sigue sin tener un motivo constatable para ello. Ese grupo de asesinos no ha dicho ni tan siquiera insinuado que se vaya a disolver, ni que los criminales que integran sus filas vayan a presentarse voluntariamente ante la Justicia, ni que vayan a entregar su arsenal y toda la documentación relacionada con sus acciones terroristas. Y no lo ha dicho porque simplemente no lo van a hacer.

No hay arrepentimiento ni convencimiento ni reflexión. No hay un motivo "humanitario" ni moral que lo impulse

¿Por qué entonces el comunicado? Porque esos lunáticos bastardos han descubierto que hacer del terrorismo una amenaza potencial, latente, soterrada, y emplearla como única alternativa posible a sus aspiraciones políticas (acercamiento de presos, autodeterminación, amnistía, etc.) en un hipotético escenario de negociación es un elemento quizás incluso más poderoso que el terrorismo como realidad y amenaza activa. En resumen, lo que ETA está planteando es lo siguiente: "Yo dejo de matar, pero tú haz lo que yo quiero. Y si no lo haces..." Y todo el país sabe cómo finaliza la frase. Si hay alguien que no lo quiere ver, o es un iluso o simplemente no se ha enterado de qué va el asunto.

¿Cómo se ha llegado a esto? Por un lado, por una inusitada sed de poder alentada por el deleznable aunque incontestable éxito electoral de Bildu en los últimos comicios locales y regionales. Por otro, por la debilidad en la que se halla el grupo terrorista gracias a la firmeza democrática y a la irregular, discutible pero a la postre efectiva labor de la Policía y la Guardia Civil. Una irónica coyuntura que ETA quiere convertir en una oportunidad fenomenal para sus propios intereses.

Estamos asistiendo a una descomunal parafernalia, a una exhibición de retórica y lógica envenenadas y demenciales que intentan persuadir, confundir, equivocar sin más intención que la de encubrir lo que hay detrás de todo: Un nuevo chantaje, táctico y enfermizo, a todo un país. ETA no ha renunciado a sus objetivos. Sólo y condicionalmente a las formas.

Me parece absurdo que haya gente que se alegre de todo esto como si ETA nos estuviera haciendo un inmenso favor o fuera un "detallazo" digno de reconocimiento. A esos asesinos no hay nada que agradecerles ni estamos en deuda con ellos ni se merecen recompensa alguna. Lo que no obtuvieron con el asesinato y el miedo no pueden obtenerlo ahora por el mero hecho de que no les interese (o actualmente no puedan) asesinar o atemorizar.

¿Cuál es el final de ETA que espero? El que deje a sus asesinos sin armas, sin dinero y sin libertad. El final que honre a los asesinados como vencedores y castigue a los que dispararon, detonaron o secuestraron como vencidos.

Cualquier otro final no será tal.