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viernes, 8 de septiembre de 2017
No teniu cervell
Al hilo de las últimas novedades informativas, me han surgido dos dudas. Una: ¿dónde hay más seriedad: en un guión de Sharknado o en Cataluña? Y la otra: ¿dónde hay más democracia: en la Zimbaue de Mugabe o en la Cataluña de Puigdemont? Aún ando intentando dar con una respuesta indubitable.
Hay que reconocer que esta decisión del Gobierno autonómico catalán de marcarse un Thelma y Louise resulta casi cómica en sí misma. Al fin y al cabo, Cataluña es la tierra de la que nacieron comediantes como Els Joglars, La Cubana o Tricicle. La diferencia entre esas compañías y Puigdemont y cía es que aquellas tienen bastante gracia y estos estrafalarios tipos poca o ninguna. Quizás en algún momento fueron graciosos. Ya no. Son como malos actores empeñados en reiterar un insufrible papel una y otra vez. Un papel que, lo que son las cosas, ha desembocado en una situación tan inédita en este país como lo fue el 23-F. En aquella ocasión, los que se pasaron la legalidad por el orto llevaban tricornio y se apoderaron del parlamento nacional; en ésta, los que han utilizado el ordenamiento como papel higiénico son más de barretina y se han apoderado del parlamento catalán.
Me parece legítimo aunque reprobable utilizar una cortina de humo para tapar escándalos, despropósitos y negligencias varias. El problema es que a los nacionalistas catalanes el humo se les ha ido de las manos y vete a saber si no acaba en gas lacrimógeno. Me pregunto si no había otras cortinas de humo en stock como para tener que recurrir a una que amenaza la convivencia social. No sé. Alguna otra habría. Un escándolo sexual, Junqueras desnudo, Puigdemont luchando contra Pikachu en Pokemon, las mozas de las CUP pasando por Cámbiame...estoy convencido de que cualquier otra alternativa habría sido mejor que ésta.
No menos legítimo y reprobable me resulta el hecho de recurrir a mitos, falacias, invenciones o medias verdades para vertebrar una pretensión apenas sostenible y que se basa en fantasías históricas y mentiras económicas. Yo no sé cuánto habrá robado el resto de España a Cataluña (ese mantra que ya es tan interesante como una canción de Georgie Dann) pero sí sé que los Pujol (madrileños de toda la vida) lideran el ranking de malversación y saqueo de las arcas catalanas y que las Olimpiadas que pusieron a Barcelona on fire las pagamos todos al ritmo de "amigos para siempre, no naino naino naino naino naino na". No sé. Igual Cataluña se está equivocando de padre al que matar para conseguir su freudiana emancipación.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? Por una suma de factores: el insaciable chantajismo nacionalista, el paroxismo de la conducta pasivo-agresiva del Govern, el victimismo atávico incendiado por una situación económica desfavorable, la ausencia de honradez, la carencia de sentido común, la falta de vergüenza, el cortoplacismo...y la decisiva "intervención" de Mariano Rajoy, el gran maestre del melasudismo, el gurú de la pachorra cannábica, quien, ahondando en su estrategia de bombero pirómano, ha dejado que esto se salga de madre para aparecer ante la opinión pública como una especie de salvapatrias, una técnica que, electoralmente, ya le funcionó con Podemos y que tiene toda la pinta de estar detrás de esa bochornosa pasividad con la que ha gestionado todo este asunto.
Desconozco cómo va a acabar todo esto. Y tampoco me importa la verdad en la medida en que no me afecta directamente y demasiado tengo ya con mis cosas. Los únicos que pueden y deben estar preocupados son los catalanes, con independencia de su genoma político. ¿Por qué? Porque, tradicionalmente, cuando aquella región ha decidido ponerse estupenda y el mundo por barretina, la cosa no ha acabado generalmente bien para ellos. Ahí está la Historia para recordarlo: la decisión de tocar lo que no suena a Juan II de Aragón apoyando a Carlos de Viana se saldó con una guerra (1462-1472) que dejó a la Generalidad como geisha por arrozal; la sublevación de los segadores (1640-1652) acabó con Juan José de Austria entrando en Cataluña cual Tywin Lannister a caballo; en la Guerra de Sucesión (1701-1714) Cataluña apostó por el bando perdedor y Felipe V los premió pasándose por la Nueva Planta el derecho y las instituciones catalanas; la proclamación del Estado Catalán en 1934 por Companys y demás comparsa acabó como el rosario de la aurora y, oh, sorpresa, con consecuencias funestas para Cataluña. A lo mejor es que Puigdemont, Junqueras y compañía tienen las mismas nociones de Historia que de leyes y por eso actúan con la feliz despreocupación de un kamikaze.
Lo que está claro es que "lo de Cataluña" va a marcar a España como lo marcó el 23-F en la medida en que supone una evidente amenaza no sólo a la legalidad vigente sino al orden público y la convivencia social. Me parece fenomenal que los independentistas catalanes se hagan un harakiri...pero que se lo hagan en sus vientres y no en los de todos los catalanes. En fin, independentistas: no teniu cervell. No tenéis cerebro.
sábado, 26 de agosto de 2017
La gestión del lodo
El lodo, el cieno, el fango, el mantillo, la mugre, la basura, la inmundicia, la mierda...el campo semántico de lo asqueroso tiene entre sus denominadores comunes uno especialmente perceptible estos días: es difícil de gestionar. Difícil no porque sea complejo el acto en sí de deshacerse del lodo sino porque, como seres propensos a la vileza y la cobardía, la mayoría de las veces nos solemos liberar del lodo mediante la purulenta técnica de cargar el muerto (o los muertos, en este caso) a cualquier persona que no sea uno mismo, ya sea como mecanismo de autodefensa para que la psique no quiebre, ya sea como recurso para que la vergüenza no devore el ánimo o como protocolo de cobardía moral. El quid de la cuestión radica en que ese "otro", por lo general, no suele estar conforme con su rol de paganini o chivo expiatorio y entonces se inicia una repugnante liturgia de dimes y diretes consistente en una reyerta dialéctica y cobarde donde la mierda vuela en todas direcciones. Por eso es difícil de gestionar el lodo: porque una vez que empieza el etiquetado, empaquetado y envío del lodo se abren las compuertas del cainismo. Tan pronto como se pone en marcha el ventilador inmundo, el aspersor fecal no hace prisioneros. Y así está el patio en España como está, tras los atentados en Cataluña: con una fenomenal polvareda política, policial y social a cuenta de quién debe subir al cadalso para sufrir el tormento de la culpabilización. Un duelo a garrotazos que tiene poco de goyesco y mucho de patético.
Antes de seguir, me gustaría hacer una aclaración. Siempre que ocurren tragedias como los atentados en Cataluña concurren por lo general varios factores: descoordinación, desconfianza, desidia, prepotencia, minusvaloración, ignorancia, torpeza en la interpretación de indicios, imprevisión e imprudencia. No falla. El primer y mejor ejemplo de ello está en los atentados del 11-S y si alguien no me cree, recomiendo que se lea el fenomenal y rigurosísimo libro Contra todos los enemigos de Richard Clarke. Pasó en EEUU...pero también ha pasado en España, otra vez. Y si alguien piensa que que los despropósitos que desembocaron en el 11-S no tienen nada que ver con los que propiciaron los atentados en Barcelona y Cambrils, es mejor que se repase bien lo que se sabe hasta el momento. Nadie puede ni debe sacar pecho ni colgarse medallas después de una barbaridad semejante, máxime cuando podría haber sido mucho peor de no haber volado por los aires cierta finca "okupada" por unos tíos que estaban deseando ver huríes.
La cuestión es, volviendo al tema, que en lugar de hacer autocrítica y dejar que la honradez y el sentido común se pongan a los mandos, lo que hacemos es iniciar una especie de caza de brujas desvergonzada, de pilla-pilla repulsivo, de combate despendolado en el que lanzarse los muertos a la cara como si fueran facturas pendientes de pagar. Pasó en EEUU...pero también ha pasado en España, otra vez (ya con el 11-M el ventilador de la mierda funcionó a pleno rendimiento). Tan desmadrado está el asunto que hasta un sacerdote aprovechó el momento de la homilía para soltar un intempestivo discurso que poco o nada tiene que ver con la Biblia ni Cristo (tuviera o no razón el portador de la casulla, no era el momento ni el lugar para decir nada de lo que dijo).
¿Qué pienso yo de todo esto? Que la culpa penal y directa corresponde única y exclusivamente a los autores intelectuales y materiales de los atentados en Cataluña, pero la responsabilidad de este siniestro desastre tiene muchos firmantes. Cuando algo así ocurre, nadie está libre de pecado. Así que, puestos a repartir responsabilidades, mejor coloquemos la mirada en todos los actores sobre el escenario:
- La verbenera gestión de los Mossos (antes, durante y después de los atentados) no se explica sin el "procés" de fondo ni éste sin la abulia del Gobierno español por atajar esa astracanada. Cuando dejas que los intereses políticos sean tu única brújula, quien sale perdiendo por lo general es la sociedad. Y eso es lo que ha pasado aquí: que el interés político-electoral tanto del Govern independentista como del Gobierno pepero por mantener vivo el tema del "procés" ha propiciado el sindiós que ha ridiculizado tanto a políticos como uniformados (el único Mosso a la altura de las circunstancias fue en mi opinión el que finiquitó a cuatro de esos monstruos)y, lo que es más importante, ha dejado unos cuantos asesinados en Cataluña. En este sentido, el aprovechamiento político que están haciendo Puigdemont y cía (con mención especial para Joaquim Forn) por un lado y Rajoy y su gente por otro es algo simplemente asqueroso. Que haya sido un juez de la Audiencia Nacional el que haya tenido que subsanar el circo y coordinar a las fuerzas y cuerpos de seguridad da una idea del lamentable percal.
- El postureo cosmpolita, el buenismo esnob y la prepotencia de Colau y aledaños desoyendo las recomendaciones de proteger ciertos lugares o zonas tampoco se pueden ir de rositas. Hay que ser gilipollas para pensar que unos meros bolardos son el Santo Grial contra las matanzas...pero hay que ser idénticamente gilipuertas para creer que unos bolardos son innecesarios cuando los buscahuríes utilizan en los últimos tiempos vehículos para rallies de destrucción masiva. ¿Habrían evitado el atentado? Seguramente no y probablemente habrían cambiado sólo el modus operandi pero cuando estás amenazado por terroristas lo mínimo que puedes hacer es tomar todas las precauciones y protecciones que estén en tu mano. La prueba de que fue un error no tomar medidas defensivas está en que les ha faltado tiempo en Barcelona para replantearse esa decisión respecto a los bolardos. La pena es que sólo la muerte haya hecho entrar en razón a tanto imprudente y soplapollas. Respecto a esto último, el argumento-excusa de no poner bolardos en Las Ramblas porque no se podían poner en otros lugares de Barcelona creo que está en el top de majaderías del año porque entre estar defendido un poco o quedarte indefenso del todo creo que la opción está clara, salvo que seas un anormal. Por otra parte, dudo bastante que si estos espabilados jugaran por la banda derecha y no por la izquierda, la opinión pública y mediática fuera tan "benévola" como lo está siendo con la alcadesa de Barcelona y demás gente al fondo: los fallos y los errores hay que criticarlos con idéntica dureza con independencia de la ideología, credo o signo zodiacal de sus responsables.
- También habría que levantar un monumento a quienes permitieron que el pseudoimam Es Satty, líder de la célula y perversor de sus integrantes, campara a sus anchas por España, pasándose por el arco genital la orden de expulsión que había contra él. Me refiero a su abogado ("No parecía integrista, iba en vaqueros" (sic), olé tú) y al juez que revocó la expulsión (por no considerar que un tipo cuya carta de presentación fueron 120 kilos de droga supusiera una amenaza real y suficientemente grave para el orden público o la seguridad pública; aplausos). Lógicamente, ambos juristas estaban haciendo su trabajo (aunque el juez se ha coronado ya a perpetuidad) pero la moraleja a extraer de su disparate es que, en ocasiones, el papel de fumar con el que se la cogen ciertas personas se convierte en sudario de otras que simplemente estaban en el sitio y momento incorrectos. De todos modos, no hay que linchar a estos dos tipos por ser meras consecuencias de un mal que parece ya endémico: el buenismo legal que impera en el ordenamiento vigente y que es un auténtico chollo para la gentuza, con independencia de su denominación de origen.
- Tampoco hay que orillar el hecho de que las principales mezquitas en España están influidas (en lo económico e "intelectual") por Arabia Saudí y Qatar, estados que, más allá de pasarse por el forro los derechos humanos (o quizá precisamente por eso), son más que simpatizantes del wahabismo/salafismo, convirtiendo así de facto no pocos templos musulmanes españoles en cajas de resonancia de esa visión fundamentalista de la que beben los terroristas del ISIS. Y para muestra, muchas mezquitas en Cataluña. Si a esta "influencia" se le une la oficiosa convicción que hay a nivel internacional de que estos golfos del Pérsico están dando soporte (al menos económico) a los terroristas yihadistas pues...tú me dirás. Es cierto que culpabilizar a las máximas autoridades de España (Felipe VI como Jefe del Estado y Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno) de los atentados en Cataluña por las relaciones España-Arabia es algo sencillamente abyecto (especialmente cuando tal acusación viene de cierta chusma de flequillos y sobacos). Pero, en cambio, no es nada descabellado afear la indudable hipocresía de quienes por un lado condenan y compadecen (y ojo que no dudo en absoluto de que lo hagan de corazón) y por otro no rompen relaciones a todos los niveles con esta gentuza que forra a petrodólares a quienes matan a inocentes dentro y fuera de España. De momento, está claro que, por desgracia, a las autoridades españolas les compensa más aguantar el papelón que mandar a saudíes, qataríes y kuwaitíes a tomar por La Meca.
- Y por último, pero no menos importante, hay que dar su porción de culpa (y quizá sea la más grande de todo el pastel) a la comunidad internacional: la misma que no impide ni remedia irresponsables chapuzas (Afganistán, Iraq, Libia, etc) que han permitido emerger a los yihadistas ni tampoco se pone de acuerdo para exterminar sin miramientos a los terroristas allá donde estén. La burocracia, la diplomacia, la geopolítica y la militarización de lo económico han creado monstruos...y para muestra, el ISIS.
No obstante, quiero terminar con un apunte agradable: la sociedad española ha demostrado que este país es como el Atleti: tiene una masa social muy por encima de sus dirigentes. Las imágenes de los padres de un crío asesinado en Las Ramblas abrazando a un imam son un excelente bálsamo entre tanta herida abierta y tanta mierda volando.
domingo, 20 de agosto de 2017
Para hacérselo mirar
He dejado transcurrir la prudencia necesaria para que al escribir este artículo sobre los atentados en Cataluña no pareciera que sufro de coprolalia. Así que, ahora que tengo los ánimos más serenados y las ideas más claras, me pongo a las riendas de las palabras para decir lo que pienso que, básicamente, se podría resumir en lo siguiente: hay demasiada gente que debería hacérselo mirar.
Cuando una persona aprovecha una situación tan trágica como puede ser un atentado (o un accidente o una catástrofe) para hacer un inoportuno y cobarde ajuste de cuentas movido por filias y fobias personales...está para hacérselo mirar. Con los atentados en Cataluña hemos visto, una vez más, cómo ha habido gente que, con los cadáveres aún enfriándose sobre la vía pública, ha utilizado las atalayas virtuales (las redes sociales son el mayor favor que ha hecho la tecnología a los estúpidos y los hijos de pu*a) como troneras desde las que disparar la bilis segregada por diversas fobias de índole política, religiosa, ideológica o racial. Hay momentos para cada polémica o discusión, pero el "durante" y el "después" de un atentado no son esos momentos. Por eso, da pavor, vergüenza y asco leer ciertos comentarios (e incluso columnas de opinión) en los que de manera populista, ventajista, rastrera y asquerosa sus autores han abierto con sutileza o sin ella las compuertas de la mierda contra catalanes, independentistas, musulmanes, magrebíes, refugiados y etcétera; como da idéntico pavor, vergüenza y asco aprovechar el foco mediático para evidenciar urbi et orbe tu naturaleza de "idiota pata negra" (como ha hecho, por ejemplo, el Consejero de Interior catalán, distinguiendo entre víctimas catalanas y españolas o hablando en una lengua cooficial en detrimento de la lengua oficial del Estado). Es un espantoso y vomitivo alarde de confusión de churras con merinas, culos con témporas y velocidad con tocino. En este sentido, estos días se han publicado comentarios tan lisérgicos como el de una conocida periodista que invocaba la Reconquista (sería bueno que esta mujer se repasara quién, cómo y por qué se habilitó la entrada de los musulmanes entonces en la península, porque a lo mejor se lleva una sorpresa, y, de paso, rememore los indudables beneficios que reportó la cultura musulmana en su estancia en nuestra tierra) o la asombrosa conclusión a la que llegó otro insigne plumilla diciendo que el atentado era turismofobia (olé tú) o la no menos lisérgica sorna de otro conocido periodista que instaba a averiguar si los terroristas eran mormones o budistas. Respecto a esto último, habría que recordar a ciertos enajenados que una cosa es la religión (Islam, que obviamente tiene defectos de base y quizá más incluso que las otras dos "religiones del libro"), otra la interpretación de la misma (el salafismo es una de ellas pero no la única aunque sí la más radical) y otra lo que las personas hagan a raíz de esa interpretación (terrorismo yihadista): del mismo modo que no se puede culpar a un martillo de que un demente lo utilice para reventar el cráneo de una persona en lugar de para remachar un clavo. Volviendo al tema: quien elige tener su minuto de gloria en plena conmoción acredita indudablemente su cobardía y condición de perfecto mierda y pierde un tiempo precioso para hacer lo que hay que hacer: estar al lado de los que sufren y contra quienes provocan el sufrimiento. En momentos así, no toca soltar tu discurso como si estuvieras en el Speakers' Corner de Hyde Park sino tener el suficiente sentido común como para callar, por muy fácil que resulte suplir con sentimientos la carencia o debilidad de argumentos de tu tesis. Tú no puedes, con el ambiente rebosante de dolor físico y emocional, ponerte a soltar barbaridades o chorradas que, en el mejor de los casos, son inconvenientes en tanto que desvían la atención del verdadero e inmediato problema: las víctimas. Y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un canalla.
Cuando una persona piensa que salvajadas como los atentados en Cataluña se evitan solucionan con diálogo, buen rollito, pensamiento positivo y apertura de mente...está para hacérselo mirar. Este mundo no es una película de Disney y cuanto antes se entere el personal, mejor. Tampoco es una distopía pero se le parece bastante. El problema de los hijos de pu*a, (ya hablemos de terroristas, asesinos, maltratadores, abusadores, pederastas, pedófilos, violadores, narcotraficantes, etc) es que siempre hay gente dispuesta a cometer el error de tratarlos como si fueran personas normales y a confundir la tolerancia con la permisividad. Y no se trata tampoco de rebajarse al nivel del monstruo de turno, simplemente de tratarlo como lo que es, una amenaza para los inocentes, y actuar en consecuencia. Tocaría ahora hablar de cómo las leyes y/o los jueces dejan en España con el culo al aire a las fuerzas y cuerpos de seguridad en ese sentido, pero...mejor otro día. Baste decir que me congratulo de que, en el caso de estos atentados, los principales responsables no llegarán ni a la fase de instrucción porque afortunadamente alguien ha tenido la valentía de mandarlos a buscar huríes al infierno (ya están tardando en condecorar al mosso). Problemas como el yihadismo se previenen indudablemente con educación (término que poco o nada tiene que ver con doctrina ni credo) dentro y fuera de un aula pero se solucionan con todo eso a lo que la corrección política considera susceptible de alergia. Y ahí vuelvo a lo que decía antes: el grave problema de tratar a los terroristas igual que a sus víctimas. ¿Se cura un tumor poniéndole música clásica y charlando con él como si fuera un teletubi? Pues eso. Con unos tíos que llevan más de 660 muertos en Europa que nadie me venga hablando de diálogo ni tolerancia ni derechos humanos ni leches. Como dicen en cierto film, "no tengáis piedad ninguna pues ninguna habréis de decir". Tú no puedes conceder el beneficio de la "humanidad" a quien hace tiempo que se ha liberado de ella para destrozar literal o figuradamente la vida de inocentes y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un imbécil.
Cuando una persona cree que Dios va a recompensar sus actos o a castigarlos como si fuera una especie de domador de perros...está para hacérselo mirar. Las religiones como placebos ideológicos y contenedores ético-filosóficos son absolutamente respetables, interesantes e incluso necesarias. Todas por igual, incluso las más rancias, estrafalarias, retrógradas o políticamente incorrectas, porque al fin y al cabo son distintas maneras de hacer lo mismo: relacionarse con lo trascendente, intentar no acabar desquiciado por lo inexplicable y sugestionarte para hacer más llevadero el tour por este mundo tan singular. Así, la relación entre el hombre y lo que le trasciende sería muy similar a la que una persona tiene con Internet: cada una prefiere un navegador (Explorer, Firefox, Chrome, etc). Con las religiones pasa lo mismo: cada uno es libre de elegir y "utilizar" la que más le caiga en gracia o útil le parezca (Cristianismo, Judaísmo, Islam, Budismo, etc) para salir indemne de este valle de lágrimas. Es verdad que la secular imagen de Dios como la de un padre listo para darte la paga o la hostia en función de tus actos ha sido y es muy útil para cohesionar sociedades, ordenar la vida civil, dar sentido a ciertas cosas, solucionar dilemas o tranquilizar conciencias, pero hay que tener muchísimo cuidado dado que si algún pirado escribe o glosa un texto sagrado y hace creer al imbécil de turno que por consumir un alimento tienes cita en el infierno o que las rodillas marcan la frontera de la condenación o que por estrellar un avión lleno de pasajeros o pasar por el chasis a un tropel de peatones vas a ir al paraíso y te van a tocar el badajo eternamente unas huríes que ni los ángeles de Victoria's Secret pues tienes un problema serio y no sólo mental. Una cosa es ser creyente y otra muy diferente es ser crédulo. Ya han pasado siglos y barbaridades suficientes como para tener claro que hoy, en el siglo XXI, no se puede tener la misma relación con la religión que la que se tenía en la época de Saladino y Corazón de León, pero visto el auge del salafismo y la filosofía de Trump, parece ser que sí, que efectivamente se puede tener. A estas alturas de la tragicomedia humana, todos deberíamos saber ya que, con independencia de si existe "algo" o "alguien" a los mandos de todo este sarao cósmico (duda que sólo se resuelve post-mortem), una religión sólo tiene efectos beneficiosos si va acompañada da la trinidad del sentido común: educación, autocrítica y respeto. Si no, pues pasa que surgen fenómenos como el terrorismo yihadista, que basa su éxito, entre otras cosas, en la credulidad de una caterva de analfabetos, ineptos y cretinos que creen que Alá les va a subvencionar una orgía perpetua a cambio de liquidar indiscriminadamente a quien no le convenza lo de ponerse mirando a La Meca. Eso es una falacia que va contra la propia esencia y denominador común de las religiones: todas buscan "religar", es decir, unir, vincular mediante el amor. Todas, unir, amor. Tú no puedes, si crees en algún Dios o practicas cualquier religión, ejercer el odio y la muerte y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un mierda que no ha entendido nada.
Cuando una persona reduce su raciocinio, dialéctica, retórica y ética a silogismos, extrapolaciones y generalizaciones...está para hacérselo mirar. Primero, porque tanto para expresarse como para discutir, polemizar o dialogar lo que necesitas no son recursos de todo a un euro como los que acabo de citar sino argumentos, fundamentos que sólo se obtienen si uno ha leído, visto y escuchado lo suficiente en la vida como para no tener esa mente estrecha que embiste a cuanto no le cabe en ella, que diría Machado. Caer en lo facilón, en lo simplón, en lo demagógico, en lo populista tiene una eficacia efervescente pero de muy corto recorrido. Por eso es tan fácil dejar en ridículo o evidencia a quienes sólo se agarran a razonamientos que juzgan al todo por la parte o a una parte por el todo. ¿Por qué? Porque no hay nada más sencillo que desmontar dialécticamente las falacias y los sofismas que manan de esos chuscos silogismos o groseras generalizaciones a las que me refería antes. Por ejemplo: no todos los caucásicos son nazis, no todos los madrileños son del Real Madrid, no todos los sacerdotes son pederastas, no todos los catalanes son independentistas, no todos los estadounidenses son estúpidos, no todos los españoles son morenos...y así podría seguir casi eternamente pero creo que se entiende lo que quiero decir. Por eso, espero que se entienda que no todos los árabes son musulmanes ni todos los musulmanes son salafistas ni todos los salafistas son terroristas. Como espero que se entienda que no todos los refugiados o emigrados de Oriente Medio o el Magreb son asesinos ni, ojo, tampoco bellísimas personas. Esos automatismos al calor de reduccionismos tan toscos son francamente desaconsejables en la medida en que te retratan como un presunto idiota. Procede pues abrazar el relativismo para huir de la estupidez. Tú no puedes ni creerte en posesión de la verdad absoluta ni (pre)juzgar al todo por la parte y no puedes porque, si lo haces, quedas como lo que eres: un majadero. En fin. Me ha quedado un artículo bastante extenso, pero eran muchos los temas a tocar y las cosas a decir. Supongo que enfadaré a unos y otros. Ojalá, porque eso significará que estoy en el lugar adecuado: el del sentido común.
Por último, lo más importante: dedicar este artículo a la memoria de los quince fallecidos y las decenas de víctimas de los atentados yihadistas en Cataluña. Força Cataluña, força España, força libertad.
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Categoría: paz, Periodismo, política, Religión, sociedad, terrorismo
miércoles, 12 de julio de 2017
Rematando a Miguel Ángel Blanco
Hace veinte años, un inocente murió asesinado. Hace veinte años, una sociedad aparcó todas sus discrepancias para hacer frente común contra el terror. Hace veinte años, ETA se quitó de una vez por todas el pasamontañas y demostró a todo el mundo que nunca fueron, son ni serán otra cosa que una banda de hijos de pu*a para los que el Tártaro sería demasiado premio. Ni patriotas vascos ni gudaris euskaldunes ni luchadores por la libertad ni jóvenes idealistas ni garrulos confundidos por las invenciones nazionalistas de unos tarados. Unos simples y pu*os asesinos. Unos miserables capaces de asesinar a sangre fría y "cámara lenta" a un chaval. Unos monstruos que echaron un pulso a todo un país y lo perdieron, ellos y todos los que tenían y tienen detrás.
Hace veinte años estaba muy orgulloso de mi país, de mi sociedad. Hoy ya no estoy tan orgulloso. Y no lo estoy porque esa sociedad entonces valiente, nítida y rotunda hoy ha dejado demasiado espacio a la tibieza, a la equidistancia, al eufemismo, al olvido, a la corrección política, al buenismo dialogante, a una ética de la cobardía. Un espacio que ha sido utilizado con astucia por los terroristas para cambiar los bosques y caseríos por los parlamentos y despachos oficiales.
Hace veinte años salí como tantos otros miles a manifestarme lleno de pena y rabia pero esperanzado en que esta distopía etarra crecida a la sombra del totalitarismo vasquista tuviera su justo merecido (una pretensión ingenua, vistos el Código Penal y la cobardía legislativa de los políticos) y los demás disfrutáramos de un merecido happy end. Hoy, veinte años después, sigo teniendo pena y rabia pero por otros motivos, porque pena y rabia es lo que me produce la majadería de pasar página, la absurda apuesta por una salida política y dialogada (¿quisieron los Aliados sentarse con Hitler para discutir el holocausto?), la vergüenza de oír "todas las violencias y víctimas", el siniestro eufemismo "conflicto", el disparate de aplicar a los asesinos etarras (con perdón por la redundancia) los mismos beneficios penitenciarios y normativos que un ladrón de pollos, la legítima y legal torpeza de derogar la "doctrina Parot", la presencia de gentuza al frente de administraciones autonómicas, provinciales y municipales (especialmente en Euskadi y Navarra), el infame escaqueo de homenajes por chusma a sueldo del erario público, el relato tibio de cierto sector de la izquierda, la rentabilización política de las víctimas por una parte de la derecha, el mercadeo asqueroso sobre la ubicación de los presos etarras y un penoso etcétera que me ahorro.
Es cierto que hay que celebrar sin matices que, gracias a la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y a la resistencia de la sociedad, ETA entró en un coma inducido que ha ahorrado la muerte de decenas de inocentes...pero que ningún terrorista lamenta puesto que ETA y sus herederos siguen atentando contra la democracia y la convivencia aunque ahora lo hacen desde cortes y plenos. "Así al menos no vamos a a la cárcel y encima nos lo llevamos fresco", razonarán. Y este disparate no es mérito de esa banda de hijos de pu*a sino demérito del Estado como responsable y de la sociedad como colaboradora necesaria.
Hoy ya no muere nadie por pistola ni bomba pero la situación es, por culpa de unos y otros, tan lamentable que se está rematando el significado y el sacrificio de cada muerte firmada por ETA. Se está rematando a cada una de las víctimas de ese totalitarismo con chapela. Se está rematando a Miguel Ángel Blanco.
jueves, 29 de junio de 2017
Sic transit
Sic transit gloria mundi. Esta locución latina debió pasársele ayer a Juan Carlos I, Rey 1.0 de la democracia española, cuando vio que el único monarca presente en los fastos conmemorativos del 40 aniversario de las primeras elecciones en libertad fue su hijo Felipe VI, cuyo papel en la Transición fue de privilegiado extra pero no de protagonista, como su padre.
Dejando a un lado que, en mi opinión, el gran artífice de la evolución hacia la democracia, la Constitución, la concordia y demás bla-bla-blá fue Adolfo Suárez (el gran monarca civil del régimen constitucional de 1978) "hacer la cobra" protocolariamente a Don Juan Carlos (el Primero de su nombre, que dirían en Canción de hielo y fuego) no deja de ser un feo urbi et orbe difícil de disculpar contra quien fue sin duda uno de los nombres propios de esos años en los que España se sentía como una clase de infantil cuyo profesor se ha ausentado. Antes de seguir y como aviso para navegantes diré que no me considero monárquico y que el Rey Emérito no me parece mejor que Borbones como Fernando VII, Isabel II o Alfonso XIII pero sí he de reconocer que supo gestionar bien su oportunismo, su astucia y su "campechanía" para erigir y mantener su regio chiringuito...al menos hasta que empezó a tropezar con elefantes africanos y rubias centroeuropeas. En lugar de marcarse un "Amadeo de Saboya", Juan Carlos I jugó muy bien sus bazas en aquella España que parecía un Poniente con patillas, jerseys imposibles y pantalones acampanados. Y, estrictamente por eso, por esa notoriedad en una etapa crucial, debía estar entre los presentes homenajeados ayer en el Congreso. No se trata de una cuestión de filias o fobias, sino de reconocer lo obvio. Es como organizar una reunión conmemorativa de Curro Jiménez y no invitar a Álvaro de Luna, por poner un símil con sabor patanegra.
Dejando a un lado que, en mi opinión, el gran artífice de la evolución hacia la democracia, la Constitución, la concordia y demás bla-bla-blá fue Adolfo Suárez (el gran monarca civil del régimen constitucional de 1978) "hacer la cobra" protocolariamente a Don Juan Carlos (el Primero de su nombre, que dirían en Canción de hielo y fuego) no deja de ser un feo urbi et orbe difícil de disculpar contra quien fue sin duda uno de los nombres propios de esos años en los que España se sentía como una clase de infantil cuyo profesor se ha ausentado. Antes de seguir y como aviso para navegantes diré que no me considero monárquico y que el Rey Emérito no me parece mejor que Borbones como Fernando VII, Isabel II o Alfonso XIII pero sí he de reconocer que supo gestionar bien su oportunismo, su astucia y su "campechanía" para erigir y mantener su regio chiringuito...al menos hasta que empezó a tropezar con elefantes africanos y rubias centroeuropeas. En lugar de marcarse un "Amadeo de Saboya", Juan Carlos I jugó muy bien sus bazas en aquella España que parecía un Poniente con patillas, jerseys imposibles y pantalones acampanados. Y, estrictamente por eso, por esa notoriedad en una etapa crucial, debía estar entre los presentes homenajeados ayer en el Congreso. No se trata de una cuestión de filias o fobias, sino de reconocer lo obvio. Es como organizar una reunión conmemorativa de Curro Jiménez y no invitar a Álvaro de Luna, por poner un símil con sabor patanegra.
Yo no voy a entrar en el entretenido juego de las especulaciones y conjeturas sobre quién activó el protocolo "Contigo no, bicho", pero...me parece que si se hizo el esfuerzo de honrar ayer en el Congreso a los descendientes de personajes tan letalmente siniestros y cuestionables como Santiago Carrillo o Dolores Ibárruri (a quienes Satán tenga en su averno), mayor esfuerzo debía haberse hecho para encontrar encaje a alguien que hizo más por la democracia que esas dos personas que acabo de citar. Y, remarco una vez más, no soy ni "juancarlista" ni especialmente partidario de la monarquía como sistema político (salvo que estemos hablando de los extraordinarios Reyes Católicos, quienes para mí son hasta el momento los mejores gobernantes que ha tenido esta tierra). Esto no va de mojar la cama con la bandera tricolor ni de hacer lo propio con el nocturno discurso de Nochebuena ni de si tu color preferido es el rojo o el azul. Va de ser coherente.
En ese sentido, no deja de ser incongruente que, en una celebración destinada a subrayar la concordia y a refrescar esa ingenua memez de que en España cabemos todos, se prescinda deliberadamente de la figura de quien, por conveniencia personal o no, fue uno de los impulsores de esos seísmos que desembocaron en el establecimiento y la consolidación de la democracia en un país propenso a las tiranías oficiales u oficiosas de distinto signo político. Aún a estas alturas de la película habrá quien quiera negar ese mérito a Juan Carlos I porque, dependiendo de qué lado de la trinchera se trate, lo vea como un taimado traidor al Franquismo o como un rey franquista e ilegítimo porque "no lo votaron" (será porque la Constitución de 1978, aprobada en referéndum por los españoles, dedica su título segundo a la cría de abejas). En España somos muy así: distraernos con lo que hay atrás y/o en los márgenes mientras nos desentendemos de lo que hay delante. Y lo que hay delante, en este caso, es un Rey que, antes de su sonrojante decadencia, supo al menos no hacer nada que entorpeciera el advenimiento de una nueva etapa que rompiera esa inercia blanquinegra y decimonónica que intoxicaba a España.
En fin. Que es bastante patético que Juan Carlos I se sienta hoy como si fuera el Iker Casillas de la Transición porque del mismo modo que se mereció todos y cada uno de los reproches por sus "juancarladas" el Rey que vio nacer la Constitución de 1978 se merecía ayer algo mejor que sentirse como una víctima del "Reservado derecho de admisión". Pero esto es España, país que un día encumbra masivamente a un cetáceo con dicción de cavernícola en un talent show musical y tiempo más tarde lo desdeña como si fuera la prima campestre de Leatherface...
domingo, 4 de junio de 2017
Trump contra el mundo
El Presidente Donald sigue haciendo el Trump. Esta vez, la víctima de su demencia no ha sido ni el sentido común ni la inteligencia ni la hemeroteca ni la Historia ni una etnia ni un país ni una religión: ha sido el planeta entero. Puesto a meter la pata, qué mejor que hacerlo a lo grande. American style. Utilizando el crucial Acuerdo de París como papel higiénico más que como papel mojado, Trump se ha limpiado con él esa región anatómica donde nacen la mayoría de sus ideas y palabras y mueren la totalidad de ideas y palabras ajenas.
Hay que decir que esa traicionera decisión de divorciarse del planeta y dar portazo a la mayor amenaza que tiene la Humanidad presente y venidera encaja perfectamente con quien es el ayatolá de la posverdad y sumo pontífice del negacionismo. Da igual que la ciencia y los datos le lleven la contraria, da igual que la realidad perceptible por los sentidos y demostrable empíricamente refute sus tesis, da igual que su discurso esté sostenido en rigurosas mentiras o descaradas falacias: él piensa firmemente
que el cambio climático es literalmente un cuento chino...y por eso ha dejado a China el liderazgo mundial en la lucha contra dicho cambio y la apuesta por el desarrollo sostenible. Trump está absolutamente convencido de que el deshielo de los polos y los desmadres meteorológicos son más falsos que la llegada de los EEUU a la Luna porque todo ello forma parte de una conspiración mundial para mermar el potencial económico yanqui...y por eso ha puesto en bandeja a sus competidores liderar el desarrollo de la economía mundial a lomos de energías renovables y nuevos modelos económicos más sostenibles a medio y largo plazo.
Para Trump, como para cualquier demente, sólo es real lo que él cree que es real, con independencia absoluta de la realidad misma. Parafraseando al clásico, Trump podría decir "todo lo real me es ajeno" y se quedaría tan ancho y nadie se sorprendería ya. Por eso, el Presidente de EEUU es la simbiosis indeseada entre el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo después una merienda a base de whisky y ayahuasca. Por eso, Trump es el mayor enemigo para la estabilidad mundial (ex aequo con Putin, por supuesto): porque está como una puñetera cabra y tiene en sus manos el Anillo Único en forma de país.

También hay que decir que esto se veía venir por dos cosas: primero, era una de las lisérgicas promesas de la delirante campaña electoral de Trump y, segundo, porque supone una importante vida extra en un momento en el que al POTUS le están acorbatando la horca por el escándalo del Rusiagate y el desencanto de su electorado por ver frustradas (al menos de momento) iniciativas tan señeras como el Muro con México. El portazo al mundo como planeta y comunidad internacional es una de las pocas medidas para las que Trump no necesitaba permiso de nadie ni dentro ni fuera de su país y eso ha hecho: lo que le ha salido del flequillo. ¿Por qué? Porque una cosa es que esté loco y otra que sea tonto. Él sabe que está ahí exclusivamente por y para sus votantes y, dadas sus circunstancias (las de Trump), prefiere los escándalos que pueden perpetuarlo en el puesto antes que los que pueden reducirlo a quarks. Se debe a su público y éste no está conformado por los tipos más brillantes, filántropos, altruistas ni ecologistas de su promoción. Son ellos los que dan patente de corso a este majadero con tal de que EEUU vuelva a recuperar la autoestima supuestamente perdida. Hay gente que para estas cosas van al psicólogo o compran libros de autoayuda; en cambio, Donald y sus trumpers son más de "Keep calm and fuck the planet".
Todo esto no deja de ser tragicómico. Lo cómico de la situación es que paradójicamente esta controvertida decisión no pone a los EEUU en la pretendida senda del Great again sino en la de more alone than the one a nivel económico, político, medioambiental y diplomático, regalando así a la UE, China y demás potencias una oportunidad de oro para salir de la sombra y arrebatar el papel de protagonista-héroe-galán que se había arrogado EEUU durante décadas (ojo con el francés Macron que viene arreando y que tanto desplante ha hecho reverdecer a Merkel). En cambio, lo trágico de todo esto es que por culpa de la demencia de una sola persona se ha hecho aún más difícil la pervivencia de millones en un futuro
que cada vez tiene más pinta de distopía. Y es que, siendo realistas, si ya antes de la espantada yanqui cumplir con el objetivo fijado en París (limitar a dos grados el aumento de la temperatura global) estaba complicadísimo (ya sólo quedan 0,9 grados para incumplir tal marca y no estamos ni a mitad de película...), con esto ya es casi imposible, motivo por el cual el planeta está un poco más cerca de transformarse en un sindiós nivel Roland Emmerich. Mal futuro para la Humanidad. Claro que eso, el futuro, es algo que Trump y sus acólitos se pasan por el arco genital. Todos los cabrones son cortoplacistas. Y Trump es un grandísimo cortoplacista.No obstante, no hay mal que por bien no venga: es una oportunidad magnífica para que toda la comunidad internacional intensifique aún más la protección medioambiental (obras son amores y no buenas razones) sin las discutibles trabas yanquis (EEUU es el segundo máximo contaminador del mundo) y de paso, se destete y circunvale a todos los niveles a ese perro del hortelano que es EEUU. Y así lo han entendido, por suerte, la mayoría de países que pintan algo en el orbe. Incluso dentro de EEUU ya hay estados que afortunadamente se han puesto manos a la obra y han formado su propia "Alianza estadounidense contra el cambio climático".
Así las cosas, todo esto en el fondo no es más que la historia de una relación que sólo puede acabar mal: la Trump y el mundo. La cuestión, por tanto, no es que Trump abandone a la Tierra sino que abandone, lo antes posible, la Tierra. En fin...Al menos al planeta siempre le quedará París (de momento).
lunes, 15 de mayo de 2017
Aniversario de unas cenizas
Hace no muchos años, en Madrid, en tal fecha como hoy, el grito "¡Que
no, que no, que no nos representan!" fue pólvora en un reguero de
gargantas que florecieron indignadas entre el cadáver de la paciencia. Y
muchos entonces soñamos con ver en aquello no sólo nuestra particular
versión del francés mayo del 68 sino el comienzo de un tiempo nuevo. Un
pasar de página deseando enamorarnos del siguiente capítulo sólo por
despecho con el anterior. Y en esos días que hoy nos quedan más lejos que
un recuerdo el mundo entero vio cómo la Puerta del Sol se convirtió en
un invernadero estrafalario y febril en el que cultivar sueños
variopintos hasta la contradicción, en un acelerador de
partículas ilusionadas espoleadas por el hartazgo de la decepción, en un
hervidero mestizo de gentes e ideas dispuestas a cambiarlo todo para
hacer presente el futuro, en el último reducto de la dignidad en los
tiempos de la desesperación.
De todo aquello han pasado menos años (seis) que decepciones. Ni siquiera el placebo cosmético del gatopardismo ha hecho acto de presencia en este viaje sin paradas desde las nubes hasta el suelo. Lo viejo sigue siendo y estando y lo nuevo no está y queda la duda de si alguna vez fue. El PP es el epítome de la putrefacción política y democrática, el PSOE es un holograma al que no le llueve maná en el desierto, Ciudadanos es el tonto útil y fotogénico del bipartidismo y Podemos no es más nuevo ni mejor que el infame Frente Popular de 1936.
De todo aquello han pasado menos años (seis) que decepciones. Ni siquiera el placebo cosmético del gatopardismo ha hecho acto de presencia en este viaje sin paradas desde las nubes hasta el suelo. Lo viejo sigue siendo y estando y lo nuevo no está y queda la duda de si alguna vez fue. El PP es el epítome de la putrefacción política y democrática, el PSOE es un holograma al que no le llueve maná en el desierto, Ciudadanos es el tonto útil y fotogénico del bipartidismo y Podemos no es más nuevo ni mejor que el infame Frente Popular de 1936.
La esperanza en la regeneración es un suflé desinflado y rancio que sólo
alimenta tertulias de moscas sin nada mejor que hacer que escudriñar lo
que es más pasado que presente. Y es que los nuevos partidos, los autoproclamados estandartes de esa España insumisa ante la tiranía del despropósito, los políticos recién acuñados que prometieron el fuego sagrado, los
chamanes que iban a traer a este erial la lluvia en forma de buenas
nuevas han quedado desnudados de palabrería, dejando a la vista que ni
buenas ni nuevas sino todo lo contrario. Los flautistas de Hamelin
apenas tienen quien les siga porque su melodía suena a más de lo mismo
que muchos no queremos volver a oír.
Hoy todos los partidos (viejos y viejóvenes) han cruzado el
Rubicón del descrédito y ya no les queda más salida que repetir ad
aeternum su papel en esta farsa inverosímil que tiene en el Congreso su mejor
escenario, en los medios de comunicación su clac más interesada y en sus
votantes unos diligentes sicarios con los que contar para meter por la rendija de una urna más
plomo en el vejado cadáver de la democracia.
Hoy los que esperábamos la primavera aquel quince eme estamos resguardados en un palacio de invierno que se levanta como una lápida sobre las promesas rotas, los sueños abortados y los deseos envenenados de realidad, de esa realidad que por dolernos tanto y durante tanto tiempo ya casi no parece doler.
Hoy los que esperábamos la primavera aquel quince eme estamos resguardados en un palacio de invierno que se levanta como una lápida sobre las promesas rotas, los sueños abortados y los deseos envenenados de realidad, de esa realidad que por dolernos tanto y durante tanto tiempo ya casi no parece doler.
Hoy la infamia sigue dando el do de pecho. Hoy la vergüenza sigue ollando cumbres insospechadas. Hoy España es la Casa Usher. Hoy todo es disparate, astracanada y esperpento. Hoy no es mejor que ayer. Hoy siguen sin representarnos. Por eso, hoy, en el aniversario del 15-M, todo suena a réquiem porque sobre las cenizas de aquel inesperado alzamiento cívico caminamos hacia la nada.
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