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sábado, 4 de diciembre de 2010
Aterriza como puedas
Hay sucesos cíclicos y tradicionales en los prolegómenos de las Navidades: la cola interminable en "Doña Manolita", las vistosas luces en las calles, el entrañable "Cortylandia", los tediosos ágapes de empresa, la enajenación mental colectiva, el turrón que vuelve a casa, los espectáculos infantiles en los colegios y, por último pero no menos importante, las huelgas oficiales u oficiosas (¿por qué lo llamarán "huelga" cuando quieren decir "motín"?) en los transportes (ya hablemos de aviones, trenes o autobuses).
En esta ocasión, los controladores aéreos, inesperados cinéfilos además de denodados trabajadores con sueldos paupérrimos, han decidido homenajear al tristemente finado Leslie Nielsen, el genio de las "spoof movies", con un émulo de una de sus más recordadas películas: "Aterriza como puedas". Para ello, han optado por pasarse por la quilla a decenas de miles de pasajeros y dejarles a su suerte en el limbo mientras ellos, los titánicos controladores, se van a su casa como medida de protesta y presión contra lo que ellos consideran una injustica: un decreto que acota su caradura. ¿Consecuencias? Los aeropuertos, convertidos en Woodstock de la mala leche y el espacio aéreo español, cerrado. Muy bien, campeones. Muy bien.
Yo no sé si realmente tienen motivos para poner el grito en el cielo y a los pasajeros en tierra. Lo que sí sé es que, una vez más (y van...) han quedado como una caterva de jetas que reaccionan de forma impresentable cuando algo amenaza con estropiciarles el chollo. Con la que está cayendo, con una imagen exterior penosa, una economía comatosa y un nivel de desempleo mareante, la "performance" de los controladores no puede calificarse más que de ruin, impresentable, desproporcionada y una falta de respeto injustificable para quienes vivimos aquí y quienes nos visitan.
El desmán perpetrado es tan grande que ha tenido que intervenir el Ejército y se va a declarar, por primera vez, el estado de alarma, en aras a convertir oficialmente a estos golfos en lo que ya son de facto: delincuentes. Ya era hora de que alguien tuviera la valentía y la firmeza necesarias para plantar cara a quienes, trabajando en algo tan crítico como el transporte, no dudan en chantajear a todo un país con agravios arduamente tolerables. Máxime si, como en el caso de estos demiurgos del caos o sus colegas los pilotos, su salario es descomunalmente superior al del resto de profesiones. Y que no me hablen de estrés y sandeces así, porque sarna con gusto no pica y, además, en todas partes cuecen habas.
Ojalá que lo que les ocurra a estos tunantes sirva de escarmiento y que, cuando alguien intente volver a porculizar a la sociedad con pretensiones discutibles y marginables, sufra la contundencia de la ley y la honradez.¡Basta ya de sufrir a vagos y sinvergüenzas!
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Huelga la huelga
Hoy es 29 de septiembre y, supuestamente, hay huelga general en España. Yo la única diferencia que noto respecto a otros días es que, conforme se acerca uno al centro de Madrid, para ir al trabajo en mi caso, se ve más inmundicia de la habitual: pintadas, pasquines y sindicalistas. Yo no sé qué dirán las estimaciones oficiales de seguimiento de la huelga, pero, visto lo visto, creo que no serán para que los sindivagos derrochen champán, cava o vino Don Simón.
Además, todos sabemos que el éxito de una huelga, especialmente de este calibre, no depende tanto de la vocación de los trabajadores de secundar esta iniciativa, como de la acción coercitiva de esas bandas de zafios bastardos a las que se suele denonimar eufemísticamente "piquetes informativos", maleantes sindicales que, salvo contadísimas excepciones, no tienen problema en estropiciarte el negocio, zarandearte o mancillarte hasta la séptima generación de ancestros por la osadía de querer trabajar. Por eso, cualquier padecimiento o castigo que sufra esa gentuza me parecerá formidable, ya que, si de mí dependiera, servirían de carnaza para el carcharodon carcharias.
Además, todos sabemos que el éxito de una huelga, especialmente de este calibre, no depende tanto de la vocación de los trabajadores de secundar esta iniciativa, como de la acción coercitiva de esas bandas de zafios bastardos a las que se suele denonimar eufemísticamente "piquetes informativos", maleantes sindicales que, salvo contadísimas excepciones, no tienen problema en estropiciarte el negocio, zarandearte o mancillarte hasta la séptima generación de ancestros por la osadía de querer trabajar. Por eso, cualquier padecimiento o castigo que sufra esa gentuza me parecerá formidable, ya que, si de mí dependiera, servirían de carnaza para el carcharodon carcharias.
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| Dos jetas y un destino. |
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| Piquetes "informando" a la Policía. |
Además, a nadie se le escapa que ésta es una huelga tardía y de boca pequeña, hecha porque no les quedaba más remedio, de cara a la galería y sin más pretensión que la de seguir en el puesto antes que otro cafre arribista les quite la silla y el chollo. ¿Por qué? Pues porque los sindicatos están (oficiosamente siempre y con frecuencia oficialmente) a lo que diga el desGobierno, que para eso los paga y consiente. A Méndez, Toxo y sus marionetas les parecerá fetén todo lo que diga La Moncloa mientras les sigan dejando campar a sus anchas...y así estamos. Y quien no quiera ver eso, que se dedique al loable oficio de vender cupones.
¿Y después de la huelga...qué? Pues todo seguirá igual: El país estará en manos de cretinos y gandules, la economía en la UVI, la cola del INEM emulando a la Gran Muralla China, los afortunados trabajadores ganándose el pan duramente y los sindicatos... avergonzando a quienes dicen representar. En definitiva, esta huelga huelga.
Por cierto, un saludo a Juan Carlos, que hoy, oficialmente, ha decidido no trabajar. En materia de liberados eres también "primus inter pares".
domingo, 19 de julio de 2009
Chaves o el nepotismo
La presentación de una querella del PP contra Manuel Chaves por las ayudas a la empresa de su hija ha vuelto a poner de manifiesto una de las prácticas más vergonzosas que tradicionalmente se asocia al mundo político y empresarial: el nepotismo. Si bien no es algo ni mucho menos nuevo ni exclusivo de nuestro país, este ejercicio de amoralidad y sinvergonzonería tiene en la España de hoy y en el Vicepresidente Tercero del desGobierno del señor POE uno de sus mejores exponentes. Mas, en contra de lo que pueda parecer, no dedicaré este artículo a lacerar al mentecato sureño cuya inteligencia y ética son sólo comparables a su dicción, ni a sus hermanos ni al resto de parientes y allegados que han visto en el favoritismo un rentable modo de vida. En esta ocasión, la diana está en el nepotismo.- Un modelo rancio, desequilibrado y patriarcal. La culpa de ésta y otras indeseables prácticas "laborales" hay que buscarla en el paradigma que rige el mundo político y empresarial desde hace muchas décadas. A saber: el hombre en posición dominante y favorecedora, la no desvinculación del plano profesional del personal en el ejercicio laboral, la promoción por selección digital o filias, la concepción de la dinámica interna profesional como un mercadeo entre favores e indulgencias, el desequilibrio de sueldos basado en razones personales o de género, la infalibilidad del superior jerárquico...Un modelo a evitar pero imperante, caldo de cultivo de "ismos" que citaré en el siguiente punto, y que, en contra de lo que pueda pensarse, desde hace unos años favorece o perjudica por igual a hombres y mujeres, toda vez que hay féminas que exhiben un comportamiento de "macho dominante"...o bien utilizan las llamadas "armas de mujer" para conseguir réditos o evitarse problemas.
- Adiós a la meritocracia. El nepotismo, el enchufismo, el favoritismo, el seguidismo, el arribismo, el lameculismo (o peloteo) y el genitalismo (aprovecharse o escudarse en el género sexual para obtener beneficios) son los "ismos" que campan a sus anchas por todo el entramado político y empresarial, extendiéndose como una dolosa metástasis que erradica cualquier posibilidad de implantar la única posibilidad de igualar profesionalmente de facto y sensatamente a cualquier persona, sea cual sea su género, condición y procedencia: la meritocracia. Vivimos en un mundo anegado de cretin@s, jetas, enchufad@s, vag@s y pelotas donde el mérito es objeto de hilaridad cuando no de olvido. No interesa ni mucho menos se premia el esfuerzo ni el afán por ser mejor en tus menesteres. Hoy, por lo general, la presencia de un apellido, la pertenencia a una genealogía y la ausencia de escrúpulos son infinitamente más importantes que la formación, el currículum o la tenacidad y así nos luce el pelo, robando puestos de trabajo a quienes por formación, mérito o esfuerzo se los merecen con creces.
- El chollo de ser hij@ de...o herman@, o sobrin@, o niet@, o prim@, o pareja, o yerno, o nuera, o amig@ íntim@... La combinación entre nepotismo y enchufismo da como resultado que ciertas personas pueden estar donde sea y quieran por mera razón de parentesco, lo cual nos ofrece no pocos casos de volátiles trayectorias profesionales y de desempeños laborales cuando menos cuestionables. Por algo circula por ahí el funesto aforismo que dice: "Si no tienes padrino, no te bautizas". Formarse adecuadamente, hacer una carrera, perfeccionarse con un máster o foguearse en duras condiciones de trabajo no garantizan ya nada bueno, si es que alguna vez ha sido así, y sí más de un disgusto y sinsabor porque hoy, el chollo, la auténtica cornucopia laboral son los apellidos o tu afinidad a los mismos. Hoy en día, tener de pariente a alguien con "contactos" y/o poder para ponerte la alfombra roja hasta un puesto de trabajo ha convertido no pocos currícula en una delirante carta a los Reyes Magos, que, como todo el mundo sabe, son los padres...o los hermanos, o los abuelos, o los tíos, o etc, etc.
Podría seguir rumiando más tan desagradable asunto, pero prefiero dedicar las últimas líneas del artículo a quienes, con o sin apellidos, se han preocupado y se preocupan por tener una excelente formación, ser grandes profesionales y mejores personas; a quienes, con o sin apellidos, rechazan cualquier ayuda o atajo que no proceda del esfuerzo personal y profesional; a quienes, con o sin apellidos, prefieren el ostracismo laboral antes que deber nada a algún pariente o amigo.
sábado, 23 de mayo de 2009
Sindivagos
Se pueden criticar muchas cosas de los sindicatos (de los nuestros, vamos) como, por ejemplo, que no representan de verdad a los trabajadores ni defienden sus derechos, que son la falange verbenera del PSOE, los puercos falderos del desGobierno que está poniendo en órbita el paro; la turba que, con la que está cayendo, critica a quien menos debe (ya sea la UE, la CAM, los empresarios...); el constante palo en la rueda de la paz económica y social, una ofensa a la inteligencia y la honestidad laboral...pero lo que está fuera de toda duda es su contribución para el empleo de la riquísima lengua castellana a la hora de calificar, objetivamente y con el DRAE en la mano, ora su desempeño, ora sus integrantes. ¿Para algo tienen que servir, no?
miércoles, 11 de junio de 2008
Elegía a un piquete
Ayer murió un piquete de la huelga de transportistas que colapsa las carreteras, asedia mercados y crispa a la gente de bien por culpa de la "no-crisis" económica (hay más dificultades y desaceleración que en un paso de Semana Santa en Sevilla, pero crisis no).No entraré aquí a valorar la legitimidad de la huelga, a la que cualquier persona tiene derecho, ni si tienen motivos justos o no, que los tienen.
Hoy quiero hablar de ese colectivo anónimo y eufemístico que responde al nombre de "piquetes" que ayer perdió a uno de sus integrantes. Esta guardia pretoriana de los sindivagos (los sindicatos dejaron de serlo desde el momento en que pasaron de luchar por los derechos de los trabajadores a querer vivir del aire y el incordio) en primer lugar le hace un flaco favor al oceánico léxico castellano, pues ceñirse a la etiqueta "piquete" para referirse a quien se puede citar como vándalo, asilvestrado, cafre, gañán, bruto, mastuerzo, energúmeno, zote, salvaje, animal, rudo, bárbaro, basto, chusma o turba, por decir sólo unos ejemplos, no deja de ser una gesto de deslealtad y minusvaloración no ya al sentido común sino a la lengua que honraron Cervantes, Quevedo y compañía.
En ese sentido, me encantaría que alguien me explicara por qué en no pocas ocasiones se habla de "piquetes informativos". ¿De qué informan estos bufones del paleolítico? ¿De que te van a fastidiar el día, desgraciar la cara o jorobar el negocio? En todo caso, te informan de los motivos de la huelga entre insulto e insulto, mientras cogen resuello para calzarte un hostión o zarandearte como si fueras una actriz porno en una convención de obsesos sexuales.
Pero, disquisiciones léxicas aparte, vayamos al meollo de la cuestión. Dicen por ahí, que la libertad de uno termina donde empieza la del otro. Una gran verdad que, aplicada a este caso, viene a resultar en: "Tú tienes tanto derecho a hacer huelga como yo a trabajar". Un axioma que le cuesta entender pero no olvidar al tropel de homínidos que salpican las huelgas con su verborrea, su berrea y sus "incidentes" tan democráticos. Estas personas de ínfima ralea y menor educación son quienes, con su sola presencia, desacreditan y echan por tierra los motivos para holgar y reivindicar, por muy honestos o sensatos que sean (lo cual no ocurre a menudo). Si alguna vez entienden esto, se habrá dado un paso enorme.
En cuanto al fenecido, no voy a decir que me alegre, porque sería incierto, pero sí que me produce una contundente indiferencia. Lo siento más por su familia que por él. Honestamente, me importa bastante más el infortunio que le pueda ocurrir a un perro abandonado, un niño perdido o un enfermo en situación precaria que lo que le ocurra a una persona exaltada que se enganche simiescamente a la ventanilla del vehículo de alguien que comete la osadía de querer trabajar. Todo el mundo sabe del mortal peligro de combinar mal genio y automoción desde la carrera de cuádrigas entre Messala y Ben-Hur. Si alguien decide arriesgarse, allá películas, nunca mejor dicho. Dios me libre de justificar nada y menos un atropello mortal, pero todo el mundo es mayorcito para distinguir hasta dónde es razonable y humanamente sensato llevar una protesta.
Así pues, es una pena, una verdadera pena que una persona muera por hacer el cafre, jaleado por una horda de discutibles valientes que holgazanean por culpa de una crisis que el Gobierno se niega a reconocer. He ahí un ejemplo claro de cómo malgastar radicalmente una vida. Por tonto y bruto, has concertado una cita con la desgracia, querido piquete. Por tonto y bruto, has dejado rota a tu familia, querido piquete. Por tonto y bruto, has puesto tu granito de arena para la extinción del ser humano, querido piquete. Por tonto y bruto, has restado una cabeza a la hidra de energúmenos, querido piquete (gracias). Guardaré un instante de silencio por ti...Vale. Ya está. A otra cosa, mariposa.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Da Vinci, el becario
Hace muy poco he leído en un blog un curioso artículo que cuestiona la "condena al mileurismo" de los estudiantes sobresalientes planteada por El País en otro artículo. Aunque creo que el tema es francamente interesante e importante, pienso que al autor yerra el tiro a la hora de buscar causas y soluciones. Por ello, porque hablo con conocimiento de causa, me permitiré la osadía o lujo de reorientarle.El responsable del blog sostiene que el titular del citado diario ("Sobresalientes condenados al mileurismo") es muy desafortunado y se pregunta "¿Condenados? ¿Quién les condena? ¿Es una sentencia inapelable, irremisible? Si lo fuera, y se aplicara incluso a nuestros mejores titulados, me parecería un negro presagio.Pero, si no lo es, un titular alarmista como éste, en un diario como éste, hace un flaco servicio a la causa de la sociedad del conocimiento". Discrepo. Ni me parece desafortunado ni me parece alarmista. Actualmente, una gran cantidad de jóvenes (para que luego no digan que generalizo ni "totalizo") trabajan en lo que pueden, con la esperanza de poder trabajar algún día en lo que les gusta o en aquello para lo cual estudiaron. Así de sencillo. ¿Causas de esta afirmación tan rotunda? Sigan leyendo:
- La jungla laboral: Trabajar contra todos los elementos. En este apartado, hay que distinguir tres factores muy importantes: 1) Bueno, bonito y barato.Las empresas hacen un uso conscientemente abusivo de las políticas de becas y/o contratos temporales, en connivencia con la negligencia o pasividad de las Universidades y las ETTs, respectivamente. Tener mano de obra muy cualificada a precio de saldo es algo que, ilegalidades y abusos aparte, es algo muy rentable económicamente. Y en las empresas, especialmente en las grandes, hace tiempo que importan más los números y las cuentas que las personas. Además, dada la miríada de demandantes de trabajo, encontrar "repuestos" es algo tremendamente fácil. 2) El juego de la silla. Paradójicamente, es más fácil encontrar un trabajador que un puesto de trabajo. Por necesidad y/o desesperación, son decenas, cuando no cientos, las personas que optan a un mismo puesto de trabajo, sea cual sea. Con una competencia tan desorbitada, el CV y la entrevista personal han perdido su decisiva influencia y ya lo único que prima de verdad es demostrar que estás dispuesto a hacer o aguantar lo que sea para conseguir un trabajo, como muy bien satiriza la obra "El método Grönholm". Desde hace años, vivimos una época en la que los talentos para hacerse con un puesto no se pueden reseñar en CVs. 3) Reservado el derecho de admisión. Por desgracia, a toda la competencia "natural" que se presupone para lograr un sitio donde trabajar, hay que añadir una realidad que se ha atrincherado en la sombra para hacer su guerra de guerrillas laborales: los "ismos". Enchufismo, nepotismo, amiguismo, intrusismo, cinismo... Desde que estas lacras se instalaron en el panorama profesional español, obtener un puesto de trabajo sin ser "hijo/sobrino/nieto/familiar/amigo de" es una gesta que roza la utopía. Y es que, como dijo un perro viejo hace tiempo, el mundo laboral hoy en día "si no tienes padrino, no te bautizas". Será por eso que algunas empresas parecen mafias...
- La "titulitis": el gran engaño. Licenciaturas, Dobles Licenciaturas, Diplomaturas, Cursos Superiores, Másters, Certificados de idiomas, Certificados de "Prácticas"... Hace años, estaba muy en boga, gracias a algunos pseudogurús, que, cuanto más y mejor formado estuvieras, más fácil sería trabajar. Cuando tienes un CV con más títulos que la Biblioteca Nacional y haces unas cuantas e infructuosas entrevistas, te das cuenta de que sí, es posible que te hayas formado muy bien y que sepas hacer muchas cosas, pero de ahí a encontrar trabajo con la facilidad prometida media un abismo. Es entonces cuando empiezas a tener la sensación de que la formación no lo es todo y que, como tú, miles de personas han tenido la feliz idea de empacharse académicamente y convertirse en un JASP y que el "chollo" está más cerca de ser un "chasco". Los "títulos" ya no aseguran nada más que una sangría económica y una modesta satisfacción intelectual. Hoy, como decía en el punto anterior, entran en juego otros factores de diversa índole y mucho más decisivos. No obstante, pese a todo, puedes ser un enfermo de la titulitis y encontrar un puesto de trabajo. Claro que en ese supuesto tal vez tengas que hacer frente a la carcoma moral de la sobrecualificación, otra de las pandemias laborales de nuestro tiempo. Llegado a este punto, uno se para y piensa, ¿de verdad compensa dedicar tanto dinero y tiempo a formarse? Y la respuesta es aún más inquietante que la pregunta...
- El esfuerzo de Sísifo: Ni esforzarse por hacer una brillante carrera te asegura un puesto de trabajo (y menos aún donde te gustaría bregar) ni hacer bien tu desempeño laboral te asegura una equilibrada valoración contractual, salarial, promocional y humana. Incluso es más que probable que un lameculos asilvestrado, un enchufado próximo al analfabetismo, o un imbécil con picardía empresarial tenga más posibilidades de prosperar económica y profesionalmente que un brillante estudiante o un anónimo y excelso trabajador. Lo más probable es que tarde o temprano, hayas hecho lo que hayas hecho, estés de nuevo en la falda de la montaña que el paro y el orgullo propio te azuzan a volver a escalar, como si fuera el mítico castigo de Sísifo. Hoy, esforzarse en la formación y trabajo diario no garantiza absolutamente nada y ese es un nefasto mensaje que las empresas y la propia sociedad están emitiendo constantemente.
Así las cosas...que me vengan diciendo luego que la juventud no estudia, que no tiene motivaciones, que cada vez estamos peor preparados, etc, etc, etc. ¿Acaso el panorama que les están ofreciendo sus predecesores es un vergel donde florece el optimismo, un acicate para el sano y deseable afán de superación y mejora personal? No. Sencillamente, no. Y en esto, los culpables, no hay que buscarlos en los jóvenes, sino en quienes consienten, se aprovechan y utilizan una maquinaria donde el talento, el esfuerzo y la brillantez desaparecen al tiempo que se cosifica a los trabajadores, concebidos como lacayos o esclavos que deberían estar agradecidos eternamente por llevarse un sueldo. Es decir, los culpables carne de cadalso y oprobio hay que buscarlos en la Administración que permite esta infame situación y en las empresas que vergonzosamente se benefician de este ilógico sistema. Porque, desengañémonos, si Leonardo Da Vinci fuera hoy un joven español, tendría muchas papeletas para ser un becario próximo a la frustración.
jueves, 8 de marzo de 2007
Ginepower: Paridad, paridas y sensatez
Hoy es el Día de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujer, a secas. Felicidades de corazón a todas las féminas que se ganan el pan con el sudor de su frente y también a aquellas que mantienen un hogar a flote. Ahora bien, pensando con sensatez y sin demagogia alguna ¿ustedes se imaginan las reacciones que provocaría un "Día del Hombre Trabajador" o "Día Internacional del Hombre"? Con esta reflexión, además de apelar al sentido común, quiero introducir tres puntos de debate a propósito de este día:
- Paridad: Estoy totalmente en contra de cualquier imposición y de los "porque sí". Me parece un signo de falta de seso y una ridiculez, sea cual sea el ámbito. Entrando ya en materia, creo que un puesto de trabajo o cargo público debe ser para la persona más apta y capacitada, independientemente de si es hombre o mujer. Así que tan mal me parece las políticas laborales de WC ("Sólo caballeros", "Sólo mujeres") como esto de la paridad. Me parece un cachondeo. Las cosas no se deben hacer ni pensar para rellenar cupos o cumplir porcentajes. El talento no tiene sexo, así que váyanse a hacer gárgaras las paridades, los 50% políticamente correctos, etc. El problema no está en el sexo de las personas sino en l@s botarates que, lejos de tener en cuenta el talento y la aptitud, valoran cromosómicamente a una persona a la hora de concederle un puesto de trabajo público o privado. Ahí sí que se debería centrar toda esta maquinaria "demagoginecológica" y ahorrarse el esfuerzo de meter con calzador a gente por meras y estúpidas razones cromosómicas.
- Paridas: A mí qué quieren que les diga, tan bochornoso me parece alguien machista como una persona feminista. Hablando de esta última clase, me parece paradójico que abogen y clamen por la igualdad de hombres y mujeres y a la hora de la verdad opten por distinguirse, diferenciarse o valorarse incluso por encima del género masculino. Máxime cuando llevan esta diferenciación hasta extremos absurdos como el de querer distinguir lingüísticamente todo lo que aluda a las féminas, proceda o no. Y ahora dirijo el espolón contra el Instituto de la Mujer, una entidad que ha realizado estudios dignos de interés pero que también enarbola magnos disparates. No satisfechas con que ahora, por culpa de la corrección política y no herir sensibilidades absurdas, cada vez que se escriba o lea algo públicamente el discurso parezca más una declinación que otra cosa (Ej: "Los lectores y las lectoras que estén cansados y cansadas de aguantar tonterías y tonteríos, sigan leyendo este artículo, que no artícula") , hace pocos meses se sacaron de la manga una serie de recomendaciones merecedoras de atención y bochorno: Su remedio para luchar contra la tremenda injusticia de que se utilice correctamente la lengua más rica del mundo y sobre la que descansa buena parte de nuestra cultura es atiborrar al DRAE de palabras (que no palabros) tales como "albañila", "bedela" o "periodisto". Tócate las narices y los narizos. Yo creo que unas recomendaciones así no pueden ser tomadas en serio, salvo desde el punto de vista psiquiátrico, en la medida en que son más fruto de una obsesión o distorsión de la percepción de la realidad que del raciocinio y sentido común. Eso, señoras mías, no sólo es empobrecer una lengua riquísima, sino marginar la sensatez. Suficiente castigo sufre hoy ya nuestra lengua como para que vengan con sandeces como esa, queridas. Si quieren hacer algo útil que no parezca un chiste, usen el cerebro y no confundan el culo con las témporas (ni los témporos, claro).
- Sensatez: A riesgo de parecer obvio, he de decir que a las mujeres se las debe valorar, estimar y juzgar exactamente igual que a un hombre, ni más ni menos. Cuando esto sea entendido por toda la sociedad, todo irá mejor. Mientras tanto, machistas y feministas se pueden ir juntos de la mano a hacer puñetas (o puñetos).
Dedicado a mi madre, abuela, bisabuela y amigas: Gracias por ser así, tan luchadoras, tan sensatas. ¡Olé a vosotras!
miércoles, 7 de marzo de 2007
De navajas suizas, amazonas y voces cordiales: secretarias
El artículo de hoy va dedicado para ese ejército anónimo y sufriente que sustenta buena parte del funcionamiento empresarial. Y no, no me refiero esta vez a mis compadres mileuristas ni a los subcontratados ni a los trabajadores temporales ni a los becarios. Este artículo es por y para las secretarias, con el mayor de mis respetos y afecto.Hablo de esas féminas parapetadas detrás de una mesa de oficina "decorada" con más o menos gracia, haciéndola una extensión de su propio look y personalidad. De esas "mujeres vitruvianas" que constituyen la versión laboral encarnada de una navaja suiza y que aguantan con estoicismo variable y paciencia casi infinita el diluvio de órdenes, recados, ruegos y peticiones provenientes de sus superiores. De esas vestales del acervo empresarial que, como las legendarias parcas, siempre conocen qué ha pasado, qué pasa y qué pasará tras los muros de una oficina. De esas amazonas de la mitología empresarial que hacen malabares físicos e intelectuales para cumplir tareas que requieren, figuradamente o no, la astucia de Ulises, la fortaleza de Heracles y el aguante de Atlas. De esas mujeres poliédricas y multifuncionales de sueldo discutible que siempre están "ahí" para remendar desaguisados y apagar incendios oficinescos. De esas voces cordiales que ocultan su agobio, cabreo o cefalea detrás de la mejor de las sonrisas mientras se ganan dignamente el pan.
Es cierto que la imagen que se suele tener de las secretarias es la de una mujer bien colgada al teléfono contando a otra infinitas cuitas personales, bien tomando un interminable café con alguna comadre, pero no menos cierto es que ese cliché está generado en buena parte por sus jefes o jefas, personas que a veces olvidan que la esclavitud está abolida, que las asistentas pertenecen estrictamente al ámbito doméstico o que esa persona que obedece sus órdenes y aguanta sus desplantes posiblemente sepa hacer muchas más cosas y mejor que ell@s. Aunque no se debe generalizar, ni para bien ni para mal, creo que a cualquier persona que trabaje con o cerca de una secretaria, sabrá de qué hablo y si hay sensatez o no en mis palabras.
¿Que las secretarias tienen días malos difíciles de soportar? Claro, como cualquier persona. ¿Pero cuánta gente se ha parado a pensar cuántos días malos evitan a otras personas las secretarias con su trabajo anónimo, constante y gris? Creo que no mucha, al menos no tantas personas como las que prefieren agarrarse al estereotipo de la secretaria como "holgazana que se pasa el día farfullando o murmurando sus problemas o quejas personales" y eso es tan injusto como sonrojante...
Es verdad que mi experiencia laboral no es muy dilatada, pero sí es suficiente como para saber que cualquier persona que ostente el puesto de secretaria se ha ganado mi respeto y admiración profesional, por todo lo que saben hacer en la oficina, por su arte taurino para lidiar a sus superiores y por su anónimo estoicismo.
En resumen, los éxitos de una empresa los escriben los "jefes", pero cuánto tienen que agradecer al buen hacer, sutil y anónimo, de gente como las secretarias. Olé a vosotras, my friends.
lunes, 5 de febrero de 2007
Mi nombre es "Legión"
Este artículo es para esa miríada de funambulistas de la paciencia, huérfanos de enchufe y estigmatizados con fútiles apellidos, que cumplen condena en galeras de cemento y cristal. Este artículo es para los miles de gladiadores del circo laboral que cada noche se acuestan con la esperanza de amanecer libres de una esclavitud de guante blanco. Este artículo es para quienes sacan del fango el oro que otros se llevan, para quienes regalan su esfuerzo a la sombra de la dignidad, para quienes plantan cara al temporal de papeles de la vergüenza, para quienes hacen frente a la humillación con educación y trabajo honesto. Este artículo es para los mileuristas, los precarios, las víctimas de los contratos basura y la desvergüenza empresarial. Este artículo es para ellos y son ellos quienes lo escriben.Si en el "primer mundo" o países desarrollados existe algo parecido a la esclavitud de antaño, se debe parecer mucho a la política de contratos temporales y/o nausebundos sobre la que se sustenta la gran parte del tejido empresarial. Humillación, desprecio, abuso y cosificación...todas estas palabras no son ajenas a quienes trabajan malcobrando, azuzados por el látigo del paro, en un implacable mundo que entiende más de números y costes que de sentimientos y personas. Personas que al fichar en el trabajo se saben expuestas a vejaciones de esas que escuecen en el orgullo y minan la moral. Personas que al llegar a sus casas intentan parapetar detrás de una sonrisa una profunda decepción. Personas que sienten que viven en un mundo desquiciado y desquiciante donde ya no cotizan al alza ni los valores ni los méritos. Personas que cada mañana se levantan con un "Ojalá" en los labios. Y son esas personas a las que dedico este artículo, porque ellas son quienes lo firman.
Y se las dedico a ellas y no a los negreros encorbatados ni a los hipócritas que babean su inutilidad sobre el sillón de un despacho ni a los bellacos que serpentean alrededor de la Ley para escribir fáusticos contratos ni a los bastardos sonrientes que castran sueños y mutilan dignidades en los departamentos de Recursos Humanos ni a los anormales a conciencia que pueblan las ETT ni a los golfos que ponen la mano y el cheque y miran para otro lado. Para todos ellos, tumores del decoro humano y profesional, mi más absoluto desprecio laboral y repugnancia personal.
Ojalá llegue el día en el que en las empresas cuenten las personas y no los números, en el que un contrato no sojuzgue la dignidad de un individuo, en el que haya jefes que se pongan en el lugar de sus empleados, porque entonces, ese día será una victoria para el ser humano.

¿Quién firma este artículo? Mi nombre es Legión, porque somos muchos, somos multitud.
(Este artículo fue publicado el 8 de febrero en "Ciudadano M" en la web del periódico El Mundo con una sensacional repercusión, traducida en más de 100 comentarios.)
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