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martes, 24 de abril de 2012
Exponiendo al genio: Da Vinci
Desde diciembre, Madrid ha acogido la exposición "Da Vinci, el genio" en el Canal de Isabel II. Una fantástica muestra que por un máximo de 6 euros permite (re)descubrir el descomunal talento y la asombrosa polivalencia de Leonardo da Vinci a través de una amplísima e interesante recopilación de documentos, recreaciones y réplicas y unos vídeos tan amenos como divulgativos.
La pena es que una exposición así tenga fecha de caducidad (el 2 de mayo, concretamente) porque iniciativas como ésta demuestran que, en contra de lo que se dice y piensa, se puede divulgar cultura de una forma atractiva, innovadora y asequible para todos los públicos. Para ello, sólo hacen falta dos cosas: talento y dinero, conceptos que,por desgracia, parecen mal avenidos.
En cuanto a Leonardo da Vinci, uno no puede dejar de sentir incredulidad al saber todo lo que ideó,creó,intuyó y supo. Es tan impresionante que es más fácil pensar que fue un extraterrestre o un ser mitológico que alguien real.
Es muy curioso comprobar cómo casi seis siglos después, da Vinci despierta un interés enorme y universal.Su magnetismo y su capacidad de reclamo son propias de una estrella del deporte o el espectáculo. De ahí que, en mi opinión, lo suyo tenga el doble de mérito al ser un icono de la cultura, la ciencia y la tecnología; ámbitos que, dejando a Tesla y Jobs aparte, no suelen tener mucho tirón en la sociedad.
Da Vinci es alguien tan conocido y admirado que ha encontrado fácil acomodo en la denominada "cultura de masas": exitosa pseudoliteratura, taquillazos discutibles, e, incluso, los videojuegos (es uno de los personajes más relevantes del Assassin's Creed II)...La pena es que se está abusando hasta la saciedad de su figura para intentar dar un marchamo de calidad o polémica a auténticos bodrios, sembrando así el peligro de convertirlo en un símbolo de cualquier cosa.
De todos modos, mientras haya gente que siga respetando y divulgando a Leonardo da Vinci como los responsables de esta exposición, no hay nada que temer. Y sí que agradecer porque...¡qué bueno es olvidarte de toda la mediocridad actual con un paseo por el talento en estado puro!
miércoles, 14 de marzo de 2012
Kony 2012 o el poder de la Red
¿Para qué sirve Internet? Para informarse, para estar en contacto con tu gente, para distraerse, para jugar, para conocer cosas de lo más variopintas, para pasar el rato, para perder el tiempo, para descubrir "qué fue de...", para charlar con desconocidos, para ligar, para encontrar pareja, para perderla, para desfogarse sexualmente, para alimentar aficiones y vicios, para construir un espacio íntimo de libertad, para encontrar, para perder, para ser alguien, para dejar de serlo, para ser quienes no somos, para ser quienes realmente somos, para montar un negocio, para cerrarlo, para vender, para comprar, para escribir, para leer...y muchas cosas más, como, por ejemplo, liberar un pato, revolucionar un país, indignar a una sociedad o crear y compartir cultura.
En definitiva: Internet puede servir para casi todo. En el caso que ocupa este artículo, para algo muy bueno. ¿El qué? Intentar acabar con las andanzas de un selecto miembro del club "Grandes hijos de puta que aún viven". Joseph Kony. ¿Kony? ¿Quién? Por eso es bueno Internet. Porque nos permite descubrir o recordar qué mundo es éste que vivimos...y porque ejemplifica algo que olvidamos con demasiada facilidad: Que cuando de verdad hay ganas de hacer algo bueno, siempre hay gente dispuesta a transformar sueños en realidades, en hacer que levantarse por la mañana merezca un poco más la pena.
La sensacional y original iniciativa puesta en marcha online por Invisible Children para finiquitar el historial de Joseph Kony, un cabrón ugandés que tiene méritos suficientes para entrar en el infierno sin esperar en la cola, no sólo es una demoledora y llamativa campaña de concienciación mundial (más de 78 millones de visitas su vídeo en YouTube), sino también un agrio recordatorio de que Kony no es el único criminal que ha convertido África en una sucursal del infierno o que ése continente sigue existiendo pese a que el resto de naciones sólo se acuerden de él cuando cambia la dirección del viento y el olor de la injusticia le da en la nariz. Es patético y vergonzoso constatar una vez más cómo el mundo se olvida sistemáticamente de ese cadáver en el armario que es el continente africano. O cómo aquí nos escandalizamos y angustiamos por absolutas chorradas en comparación con dramas como los que se viven en Uganda, Ruanda, Congo y demás países donde lo primero que falla es la humanidad.
Pero, aunque suene paradójico, precisamente gracias a esta iniciativa podemos reconciliarnos también con la faceta más interesante del ser humano: la que tiene la voluntad de crear un mundo mejor. Y con eso me quedo. Con lo bueno. Con la idea de que, si se puede, se quiere, y que, cuanto más personas apoyen un sueño, un ideal o un proyecto, todo es más fácil, incluso poder estar orgulloso de uno mismo.Con lo cual...¿Para qué sirve internet? Para hacer cosas que merecen la pena de verdad.
Yo, desde aquí, me sumo a la iniciativa Kony 2012. ¿Y tú?
martes, 6 de marzo de 2012
La cultura compartida
Ahora que recientemente ha entrado en vigor la Ley Sinde-Wert (de la que ya opiné en 2010 y 2011) es una buena oportunidad para que comparta mi reflexión sobre la cultura en el contexto sociotecnológico actual.
* Descubriendo el pasado: Hay mucha gente que piensa que el hecho de que existan sitios donde se recopilen y pongan a disposición de cualquiera contenidos de carácter cultural (canciones, películas, libros...) es algo novísimo, originalísimo, propio de nuestro tiempo y consecuencia directa del uso de las nuevas tecnologías. Bien. A esas personas les pregunto: ¿Le dicen algo las palabras "Biblioteca de Alejandría", siglo III a.C.? ¿No? Vale, ¿qué tal si nos acordamos entonces de que, en la lejana Edad Media, los monasterios resultaron fundamentales a la hora de recopilar y preservar toda la cultura en sus bibliotecas, tal y como inmortalizó la novela y película El nombre de la rosa? Recoger, categorizar y ofrecer. ¿Cuál es la diferencia por tanto entre la famosa Biblioteca o los monasterios medievales y todos esos sitios web que cualquier persona conoce hoy en día aunque lo niegue delante de un juez? Conceptualmente, ninguna. La única diferencia evidente es que antaño el saber, la cultura se
recopilaba sólo en un sitio o emplazamiento físico tangible y hoy, además, se puede hacer en un ámbito virtual e intangible como es Internet. Hoy, la biblioteca, la gramola, el videoclub y la filmoteca están online (y para quedarse). Por tanto, la novedad no está en el "qué", sino en el "cómo" y el "dónde". Tampoco está en el "para qué". Es decir, si alguien cree que esto de intentar sacar tajada económica de la cultura es algo que nació con el copyright o con Teddy Bautista, a lo mejor es que ha olvidado la estrechísima interrelación entre esplendor cultural y pujanza económica que se estableció en el Renacimiento, especialmente en Italia. Fue entonces cuando el ser humano descubrió que la cultura puede ser un motor económico y una "industria" en sí misma. El negocio de la cultura tuvo entonces unos beneficios que, más allá de los mecenas, hemos podido disfrutar toda la Humanidad. Así que...nada nuevo bajo el sol. Una caída en cuenta que tampoco debe pillar de sorpresa si recordamos que la comunicación sin cables es bastante más que antigua, o que las redes sociales ya existían en la Edad Media o que la figura del "geek" es tan vieja como el hombre.
* Descubriendo el pasado: Hay mucha gente que piensa que el hecho de que existan sitios donde se recopilen y pongan a disposición de cualquiera contenidos de carácter cultural (canciones, películas, libros...) es algo novísimo, originalísimo, propio de nuestro tiempo y consecuencia directa del uso de las nuevas tecnologías. Bien. A esas personas les pregunto: ¿Le dicen algo las palabras "Biblioteca de Alejandría", siglo III a.C.? ¿No? Vale, ¿qué tal si nos acordamos entonces de que, en la lejana Edad Media, los monasterios resultaron fundamentales a la hora de recopilar y preservar toda la cultura en sus bibliotecas, tal y como inmortalizó la novela y película El nombre de la rosa? Recoger, categorizar y ofrecer. ¿Cuál es la diferencia por tanto entre la famosa Biblioteca o los monasterios medievales y todos esos sitios web que cualquier persona conoce hoy en día aunque lo niegue delante de un juez? Conceptualmente, ninguna. La única diferencia evidente es que antaño el saber, la cultura se
recopilaba sólo en un sitio o emplazamiento físico tangible y hoy, además, se puede hacer en un ámbito virtual e intangible como es Internet. Hoy, la biblioteca, la gramola, el videoclub y la filmoteca están online (y para quedarse). Por tanto, la novedad no está en el "qué", sino en el "cómo" y el "dónde". Tampoco está en el "para qué". Es decir, si alguien cree que esto de intentar sacar tajada económica de la cultura es algo que nació con el copyright o con Teddy Bautista, a lo mejor es que ha olvidado la estrechísima interrelación entre esplendor cultural y pujanza económica que se estableció en el Renacimiento, especialmente en Italia. Fue entonces cuando el ser humano descubrió que la cultura puede ser un motor económico y una "industria" en sí misma. El negocio de la cultura tuvo entonces unos beneficios que, más allá de los mecenas, hemos podido disfrutar toda la Humanidad. Así que...nada nuevo bajo el sol. Una caída en cuenta que tampoco debe pillar de sorpresa si recordamos que la comunicación sin cables es bastante más que antigua, o que las redes sociales ya existían en la Edad Media o que la figura del "geek" es tan vieja como el hombre.
* Del negocio de la cultura a la cultura del negocio: Esto es algo más que un juego de palabras. Para mí, es la clave del devenir de la cultura y la controversia que hay actualmente respecto a ella. Una cosa es que el creador, el artista, el intelectual obtenga algún (merecido) rédito o premio económico por su aportación al puzzle cultural y otra muy distinta es tratar la cultura como un negocio y las obras culturales como un producto. La mercantilización de la cultura. Esto sí es algo nuevo. Desde finales del s.XX hasta hoy, estamos viendo cómo la cultura se ha convertido en un pretexto con el que personas de todo tipo intentan lucrarse de forma más o menos honesta (por lo general, "menos"), lo que ha originado situaciones o problemas como los siguientes:
- La invasión de los intermediarios: A costa de insertar una miríada de diversos intermediarios asalariados entre el artista/la obra y la sociedad/el público, la distancia entre aquél y éste ha ido aumentado hasta hacerse tal insalvable e insostenible que unos y otros empiezan en los últimos años a buscar atajos que los conecten de forma más eficaz y directa. Porque no hay que olvidar que, en el fondo, la cultura, en tanto que manifestación expresiva, es un acto de comunicación. Por tanto, cuanto más separados estén emisor y receptor, peor para ambos. Pero volviendo a los intermediarios, están haciendo con la cultura lo que los bárbaros con Roma: un saqueo en el que los beneficiados son muy pocos y los perjudicados, demasiados.
- La cultura en serie: Un cuadro, un libro, una canción o cualquier otra obra o "producto cultural" no puede ser tratado ni generado como si fueran tuercas, palillos o churros. Aunque eso es lo que parezca a tenor de lo que están haciendo (o consintiendo) ciertas editoriales y productoras que olvidan que cantidad no es siempre sinónimo de calidad. Y, en el caso cultural, rara vez. Así, el panorama cultural actual es un mosaico donde absolutas genialidades conviven solapadamente con indudables cutreces. Y la sociedad, el público, los consumidores o como queramos llamarlo están tan saturados que su gusto se está atrofiando y su criterio, menguando. Lógico.
- El lucro a cualquier precio: Nunca mejor dicho. Lo de menos es ya si el producto cultural (cuadro, libro, canción, etc) es asequible para quien tiene que "consumirlo". No, lo que importa ahora a quienes fijan los precios es que su cuenta corriente se parezca a Falete. Y claro, si vamos a convertir la cultura en una "delicatessen", pues...apañados vamos. La cultura pertenece a todos y su razón de ser es la pertenencia a un colectivo al que representa.
- ¿Protección del artista/creador? Yo me pregunto si quienes se llenan hipócritamente la boca hablando de los derechos del artista y propiedad intelectual para justificar el encarecimiento del acceso a la cultura son conscientes de que están confundiendo churras con merinas (supongo que sí, pero les dará igual) y que precisamente los grandes perjudicados de esta situación son los artistas/creadores que o bien han perdido el contacto y la difusión en su público o bien no tienen siquiera la oportunidad de darse a conocer.
* De la costumbre a la criminalización: ¿Quién no ha prestado un libro a alguien? ¿Quién no se ha grabado las canciones de un vinilo o un CD en un cassette? ¿Quién no ha grabado en una cinta canciones de la radio? ¿Quién no ha grabado una película en VHS al emitirse en TV? ¿Quién no se ha hecho un refrito de canciones en un CD? ¿Quién no ha dejado un disco o una película a algún familiar o amigo?...Estas y otras costumbres nunca han sido demonizadas ni tan siquiera mal vistas. Entonces, ¿por qué perseguir ahora la traslación online de estos mismos hábitos? Porque internet ha transformado lo que era una costumbre social pero atomizada en un fenómeno mundial permanente (la cultura compartida) en la que la cultura no tiene precio, literal y figuradamente, y porque hace innecesarios a buena parte de los intermediarios que antes comentaba. Absurdo e incoherente, pero...real e imparable.
* La cultura compartida: Para mí, la cultura compartida es aquella que generan y dinamizan constante y ubicuamente los artistas y demás agentes culturales en colaboración con el público gracias al uso de Internet y las nuevas tecnologías. Una cultura en la que el diálogo entre el generador cultural y los receptores se ha vuelto directo, bidireccional y transversal. Una cultura en la que la importancia del número supera a la importancia del precio.Una cultura en la que el valor ya no está en el "cuánto" sino en el "cuántos". Una cultura en la que crear cultura y mejorarla es un acto democrático y colaborativo. Una cultura que persigue un acceso asequible a los productos culturales. Una cultura para la que ya no valen las formas de pensar y medir de la época analógica. Una cultura en la que nadie se sienta excluído y en la que todos tienen algo que decir. Una cultura en la que es posible hacer negocio si se es consciente del cambio de paradigma: Ahora el negocio no está en que 1 persona pague 8 euros por ver una película sino que 8 personas paguen 1 euro por verla; el negocio ya no está en que 1 libro recaude 8 millones de euros en ventas, sino en que 8 millones de personas lo lean; el negocio ya no está en que 1 persona compre un CD por 20 euros, sino en que 20 personas paguen 1 euro por descargar 1 una de las canciones...un modelo de negocio que, apoyándose en el acceso a Internet que facilitan los nuevos dispositivos tecnológicos, permite "conectarte con la cultura" en cualquier momento y lugar. El modelo de negocio de éxito ahora pasa por comprender que la visión, audición o lectura están ahora en una pantalla que puede caber en la palma de la mano.
jueves, 6 de octubre de 2011
La manzana que cambió al mundo
Ha muerto Steve Jobs. El gran (r)evolucionador del mundo tecnológico de nuestro tiempo, el individuo que cambió a toda una sociedad, el "loco" que transformó las visiones en realidades, el hombre que aunó talento, carisma, ambición y convicción para situar a Apple como una de las empresas/marcas más famosas y poderosas de todo el orbe y hacer de su nombre una referencia entre las celebridades más importantes del siglo XX y XXI, ha muerto.
Podría glosar aquí toda su impresionante vida, sus increíbles innovaciones tecnológicas, su meteórica repercusión social o la fulgurante trayectoria de la empresa que Steve Jobs creó de la nada. Pero no lo voy a hacer por la sencilla razón de que, cuando alguien con este ingenio y con tan hondo calado en el mundo tal y como es actualmente, pocas palabras bastan y muchas sobran. Si Jobs no ha sido el Nikola Tesla de nuestra época, poco le ha faltado.

Prefiero recomendar la lectura de un precioso reportaje que se publicó en el último número del dominical XL Semanal ("El (verdadero) mundo de Steve Jobs") y que se vea, escuche y memorice cuanto dijo en esta soberbia y antológica conferencia, porque, por encima de Apple, Pixar y demás creaciones, ésta es, en mi opinión, la auténtica gran lección que nos dejó o, mejor dicho, nos regaló Steve Jobs:
Descanse en paz.
martes, 17 de mayo de 2011
Empresas 2.0: ¿Del "boom" al "crash"?
Recientemente he leído un par de artículos (1 y 2) muy interesantes en los que se analiza si, tal y como temen algunos en la intimidad, el mundo tecnológico está abocado al estallido de una nueva burbuja, en esta ocasión, protagonizado no por las "puntocom", como en 2000, sino por las "2.0", esto es, Facebook, Twitter, LinkedIn y compañía. Algo lógico si somos conscientes que se ha pasado de la imperiosa necesidad de "estar" en Internet, ya superada, a la de "ser" o "pertenecer" a una red social, en pleno apogeo actualmente.
Si bien es cierto que en torno a la web 2.0 en general y las redes sociales se ha originado una euforia que nunca es aconsejable, personalmente creo que no tiene mucho sentido plantear ahora un debate tan agorero entre apocalípticos e integrados tecnológicos, primero porque no hay indicios que inviten a tal polémica y segundo porque la coyuntura económica internacional no es la mejor para hablar a la ligera de burbujas y menos del estallido de las mismas.
Del mismo modo que convendría rebajar el entusiasmo circundante a las aplicaciones 2.0, habría que enfriar el alarmismo que desde dentro y fuera del sector tecnológico se empieza a airear respecto al devenir económico y empresarial de las entidades que hoy son santo y seña en Internet. ¿Por qué? Por lo siguiente: Sería conveniente recordar algo que precisamente se aprendió con la crisis de las "puntocom" hace más de diez años:
- La directa dependencia de los hábitos, las modas y las apetencias de los usuarios, similar a la que padece la volátil programación televisiva, ha convertido al sector tecnológico en un especialista en crear y destruir mitos por sorpresa, en encumbrar y derribar con idéntica intensidad, al igual que sucede en el ámbito deportivo o cinematográfico, por ejemplo.
- Como muchas otras cosas en la vida, no es bueno invertir capital económico ni humano en algo por mera moda, gregarismo, borreguismo o especulación, porque es el atajo más rápido al fracaso.
- No hay recetas infalibles ni fórmulas mágicas para asegurar la bonanza, la prosperidad y el éxito, del mismo modo que no hay un método indefectible para pronosticar fiascos.
- En ausencia de certezas o pronósticos irrefutables, hay que actuar y pensar con cautela cuando hablamos de un campo como el de la tecnología donde tras los rutilantes escaparates y titulares hay un extenso camposanto de nombres, marcas, empresas y aplicaciones que antaño eran consideradas intocables e inmortales.
Por tanto, ni las empresas de Internet son el rey Midas ni son la caballería del Apocalipsis. Y esto es algo que olvidan tanto los que se temen lo peor como quienes encumbran con mucha pasión y poca prudencia a empresas como Facebook o Twitter o quienes visten de mesías a gente como Mark Zuckerberg.
Tampoco hay que perder de vista que, como cualquier otra empresa hoy en día, las "2.0" dependen de esa ruleta rusa en la que se ha convertido los mercados económicos y en la que los grandes fondos de inversión han convertido la viabilidad económica de cualquier tipo de actividad en una partida en el casino. Algo lamentable y peligroso, pero real.
Es decir, que en un ecosistema tan mudable, cambiante y sorpresivo como el tecnológico, es mejor no jugar a Nostradamus ni creer en griales.
Es decir, que en un ecosistema tan mudable, cambiante y sorpresivo como el tecnológico, es mejor no jugar a Nostradamus ni creer en griales.
Además, como muchos otros miedos, las burbujas económicas o sectoriales sólo estallan cuando socialmente se cree en ellas...así que mejor dejar las cosas tranquilas, no vaya a ser que fabriquemos un problema de la nada.
En definitiva: Cuando hablemos de empresas e Internet, mejor no lanzar las campanas al vuelo...no sea que nos caigan encima el día menos pensado.
jueves, 7 de abril de 2011
Edad Media 2.0
Según un estudio presentado ayer en Salamanca por el científico Yves Demazeu (si olvida su nombre, podrá dormir por las noches igualmente), las redes sociales no son un hallazgo del siglo XXI, sino del medievo. El caso es que, meditando sobre tan curiosa afirmación, recordé una divertida e interesante conferencia que desmitificaba la supuesta originalidad de ingenios y conceptos asociados a las novísimas tecnologías evocando precisamente a la Edad Media.
Es francamente ameno ver cómo una época tan denostada intelectual y tecnológicamente como la medieval, disociada en el imaginario popular de cualquier atisbo de erudición, innovación o
progreso tecnológico, sirva hogaño de ejemplo cabal para poner los pies en el suelo a quienes, por esnobismo, obnubilación o falta de memoria, ven en los grandes hitos, modas y costumbres tecnológicas una conquista genuina del hombre actual.
progreso tecnológico, sirva hogaño de ejemplo cabal para poner los pies en el suelo a quienes, por esnobismo, obnubilación o falta de memoria, ven en los grandes hitos, modas y costumbres tecnológicas una conquista genuina del hombre actual.
Lo cual me lleva a recordar lo que ya dije en un artículo hace no mucho:"con un poco de sentido del humor y algo de sensatez, queda más o menos claro que muchos de los logros que hoy alabamos como nuevos ya nos acompañaban desde antaño y es que vivimos una época tan lindante con la futurista ciencia-ficción que tendemos a prestar más atención a lo que está por venir que a lo ya ingeniado por el hombre en el pasado. (...) Es cuestión de pensar con lo que hoy escasea: calma". Pues eso.
¿Y a ti, lector? ¿También te ha sorprendido esta noticia tanto como a mí? ¿Qué otras similitudes actuales ves con la Edad Media? ¿Conoces algún caso similar de cosas supuestamente nuevas que hemos olvidado que ya existían en el pasado?
miércoles, 23 de marzo de 2011
Sólo puede quedar uno
"Sólo puede quedar uno", rezaba el eslogan de "Los inmortales". Lo cierto es que esa frase, eje de los espadazos de Connor MacLeod y compañía, bien podría resumir las riñas que han ido dando forma y nombre al progreso tecnológico de las últimas décadas. Unos duelos a muerte entre dispositivos, terminales, formatos y demás ingenios de la tecnología sin los cuales no se puede entender el mundo actual.
Repasando reyertas ya tan clásicas de lo que algunos denominan "guerra de formatos", como el Betamax contra el VHS; éste contra el DVD; y éste a su vez contra el Blu-Ray, que también disputó contra el HD DVD; el sistema QWERTY contra el Dvorak;
el vinilo contra el casete y éste contra el CD; la triple confrontación entre éste último y el Minidisc y los reproductores Mp3; entre éstos y los iPods; los disquetes de 5,25" contra los de 3,5"; entre estos últimos contra
el CD y éste contra las memorias USB; Flash contra HTML5, Windows contra Mac OS y Linux; o Explorer contra Firefox, por citar algunos ejemplos conocidos, no se puede dejar de tener la sensación de que el progreso se resume en una encarnizada confrontación de avances de los cuales los únicos beneficiarios indiscutibles son los usuarios, esto es, la humanidad.
Teniendo presente lo arriba dicho, no deja de parecerme curioso que las justas tecnológicas entre megaempresas que estamos presenciando actualemente en los campos de los teléfonos inteligentes y las tablets, puedan ser explicadas no sólo desde el novísimo ámbito de la tecnología, sino desde otros tan añejos como la biología, gracias a teorías como "la supervivencia del más apto" de Herbert Spencer o conceptos como la darwiniana "selección natural", formulados a mediados del siglo XIX.
En definitiva: Nada nuevo bajo el sol...aunque parezca lo contrario.
lunes, 7 de marzo de 2011
El futuro está que arde
La NASA lo lleva advirtiendo casi un lustro y diversos medios de comunicación en todo el mundo (RNE, ABC, Telecinco, Cuatro, Financial Times, BBC, Daily Mail, Independent, Fox, La Nación, El Cronista, National Geographic, Discovery Channel, Quo...) se han hecho eco de ello estos últimos meses de forma especial: Se avecina una tormenta solar que podría fundir los plomos de la tecnificada humanidad.
Si esta inquietante noticia procediera de los agoreros apocalípticos de costumbre, o de los creyentes en siniestras profecías (la maya de 2012 es la más en auge actualmente), o de los devotos paranoicos del fin del mundo, o fuera el argumento de la enésima película catastrófica de Roland "Mecargoelplaneta" Emmerich, no le daría mayor importancia. Pero cuando están por medio científicos internacionales que se juegan en la difusión de esta información su credibilidad y con ella el pan del que vivir, la cosa cambia.
No obstante, pese a que medios de comunicación serios y de raigambre como ABC han bautizado a la futura tormenta como "La tormenta solar del fin del mundo", no caeré aquí en el alarmismo, por mucho que se esté diciendo que la tempestad del Sol puede devolver a la Humanidad al nivel tecnológico de hace dos o tres siglos, que su coste económico y en vidas sería digno de una película de ciencia-ficción y que se tardarían meses en levantar la cabeza.
Lo que me suscita esta interesante noticia y fiable vaticinio científico son las siguientes reflexiones: ¿Hasta qué punto nos hemos permitido depender de la tecnología y de cualquier ingenio que funcione con electricidad como para que su inutilización aterre tanto como una extinción? ¿No es francamente revelador que los más afectados (en todos los sentidos) por la probable tormenta solar fueran los habitantes del llamado "primer mundo" mientras que los del "tercero" apenas se verían perjudicados? ¿Es la hora de aprender de quien menos tienen? ¿Es este fenómeno cósmico una suerte de justicia poética para cuestionar la tecnodependencia y la opulencia electrónica de la sociedad? ¿No es una necesaria cura de humildad saber que pese a hallarnos en la vanguardia del progreso no podemos hacer nada ante algo así más que esperar que sea leve? ¿Cómo nos sentiríamos si tuviéramos que vivir en una sociedad de un nivel tecnológico similar a la de nuestros bisabuelos y tatarabuelos? ¿Sabríamos revertir o adaptarnos a un cambio tan radical? ¿Puede alguien hoy vivir sin utilizar el móvil, navegar por internet, comunicarse en redes sociales, trabajar con un ordenador, utilizar la tarjeta bancaria y otras gestiones y quehaceres hoy comunes y sentidos casi como imprescindibles? Muchas preguntas para las cuales la tecnología, oh, sorpresa, parece no tener la respuesta...
Por suerte, siempre nos quedará aquello que nos ha permitido evolucionar, progresar y avanzar a lo largo de la historia: el cerebro.
jueves, 17 de febrero de 2011
¿Creatividad o alienación?
Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del filósofo Pekka Himanen, gurú de la llamada "ética del hacker", que radica en una redefinición de ese término, por lo general utilizado en sentido peyorativo, y una extrapolación del mismo, descontextualizándolo del ámbito tecnológico. La cabal charla estuvo a medio camino entre la obviedad y el idealismo, pero con los tiempos que corren, una y otro son dos rasgos elogiables. Dicho lo cual, al término de la ponencia, mi cabeza se llenó de una serie de dudas y reflexiones que intentaré transcribir aquí.
Dado que el objetivo del artículo no es resumir qué dijo Himanen sino reflexionar sobre ello, no me detendré mucho con la síntesis. Para el filósofo nórdico, un "hacker" viene a ser cualquier persona que explota inofensivamente su creatividad transformándola en algo tangible y poniéndolo desinteresadamente a disposición de los demás o, dicho de otra forma, un filantrópico trabajador de sus propios sueños. Himanen sostiene que es necesario instaurar una "cultura de la creatividad" para habilitar el crecimiento y exposición del potencial creativo, del talento de cada individuo, ya que, en su opinión, "siempre hay más potencial en nosotros del que expresamos". Se podría decir que, para el ponente, el futuro, el progreso pasa por innovar, sea cual sea el ámbito del que hablemos, y la innovación no existe si previamente no hay un entorno favorable a la creatividad, que permita exponerla y compartirla (como forma de enriquecerla) sin limitación alguna. Hasta ahí, la sinopsis de la conferencia.
Ahora, mis dudas:¿Favorece o premia esta sociedad la creatividad o, por contra, la anestesia cuando no la castra? ¿Es el modelo educativo actual el idóneo para incrementar el desarrollo de la creatividad y el talento del alumno o el óptimo para tornarlo en un sujeto apto para la alienación y la maleabilidad venideras? ¿Qué tratamiento tiene el ingenio de una persona en el mundo laboral: el apoyo decidido a su desarrollo creativo y la utilización de su talento personal como inversión rentable en términos económicos y humanos o el ninguneo de sus habilidades y aptitudes para transformar intensiva e implacablemente su creatividad en mera y aséptica eficacia? ¿Ha pervertido el esnobismo y la mediocridad la percepción y la valoración del ingenio creativo en el ámbito cultural? ¿Ha intoxicado la televisión el reconocimiento social del talento? ¿Es la gente con creatividad la esperanza y la piedra angular del progreso social o son meros proscritos en extinción por atreverse a pensar más allá de lo estipulado? ¿Qué es más fácil hoy en día: cavilar cómo dar forma a ideas y sueños o acoplarse sumisamente a la maquinaria imperante?
Dejo a voluntad del lector reflexionar y responder a estos interrogantes, pero no me gustaría acabar el artículo sin dar mi opinión al respecto: Es paradójico y ciertamente contradictorio que, en una época dominada por los avances tecnológicos, el talento esté tan depauperado en tratamiento y reconocimiento, toda vez que hoy en día lo que se quiere de las personas es que hagan las cosas sin pensar (sinónimo de "rechistar" o "protestar" para ciertos déspotas y cretinos), so pena de irse al paro, no progresar laboralmente, ser vistas como lunáticos o tratadas como apestados, frikis o extravagancias marginales.
Malos tiempos para el ingenio. Peores para ser nosotros mismos...
miércoles, 16 de febrero de 2011
Que les vote Sinde
Por el interés y mi conformidad con lo reivindicado en este "manifiesto" y habida cuenta de que, antes de que el Ministerio de Censura se saliera con la suya, yo ya no pensaba votar en los próximos comicios, reproduzco a continuación el texto que promueve la iniciativa "No les votes":
"El próximo 22 de mayo, los ciudadanos españoles están convocados a las urnas para votar a sus representantes públicos en todos los ayuntamientos y en algunos parlamentos autonómicos. Los representantes elegidos tendrán a su cargo la gestión de miles de millones de euros durante un periodo de cuatro años, razón más que suficiente para extremar las precauciones de los votantes: a lo largo de los últimos años, el nivel de corrupción en la política española se ha disparado de manera alarmante en todo el arco parlamentario.
PSOE, PP y CiU son las tres formaciones políticas que han pactado para resucitar la ley Sinde en el Senado, una ley que permite censurar Internet por vía administrativa, sin una intervención judicial que garantice la tutela efectiva de los ciudadanos. Al juez que deba validar el cierre le estará vedado analizar el fondo del asunto, esto es, la vulneración de derechos de propiedad intelectual o la posibilidad de producir un perjuicio patrimonial por parte de la página web cuya clausura se solicite. La ley Sinde crea un “agujero libre de jueces” donde la decisión la toma una comisión administrativa nombrada por el gobierno, para evitar lo que hasta el momento venía ocurriendo: que los jueces no daban la razón a las reclamaciones de la industria de los contenidos.
La ley Sinde es ineficaz. No aborda una reforma integral de la legislación de propiedad intelectual, único camino para favorecer la justa retribución de los creadores y artistas en el marco de una sociedad de cultura digital. Aún así, y a pesar de la oposición de una parte importante de la sociedad incluyendo creadores y artistas, PSOE, PP y CiU votaron a favor de ella. Pesaron más las presiones de gobiernos extranjeros y de grupos minoritarios que el interés social. Pero no todo es culpa de nuestros representantes: nosotros les hemos elegido, por acción u omisión.
Desde Nolesvotes.com consideramos que PSOE, PP y CiU han faltado a su principal obligación con la ciudadanía: defender la Constitución que juraron o prometieron acatar. La ley Sinde somete Internet a una legislación excepcional, con grave merma de los derechos a la libertad de expresión e información y a la tutela judicial efectiva, posibilitando un mayor control político de la red.
Tu decisión es importante. No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas contrarias a la ley Sinde en todo el espectro ideológico. Te pedimos que defiendas la libertad en la red con tu voto, no apoyando a aquellos que con sus actos se han hecho claramente merecedores de un voto de castigo.
El próximo 22 de mayo, NO LES VOTES".
Fuente: http://www.nolesvotes.com/
lunes, 14 de febrero de 2011
Las "redvoluciones" y la democracia del siglo XXI
Moldavia, Irán, Túnez, Egipto...son sólo algunos ejemplos recientes e históricos de cómo Internet y las redes sociales han cambiado el rol de la ciudadanía en su relación con el poder. Hay quien dice incluso que el binomio formado por la Red y los ciudadanos conforma el "quinto poder", asumiendo en su desempeño las deficiencias o carencias de las que adolecen los otros cuatro y augurando una era de esplendor para la democracia en todo el orbe. Yo creo, honestamente, que no hay que dejarse llevar por el optimismo o la euforia, que suelen ser la antesala de desagradables frustraciones, y asumir con más mesura el papel del universo online en los seísmos políticos que están sacudiendo el mundo en los últimos años.
El papel de Internet y su progenie de blogs y redes sociales (Facebook, Twitter...) ha sido y es indudablemente relevante en la forma de hacer y percibir la política en este siglo XXI (que se lo pregunten a Obama). Gracias a ello, el derecho a la información y la libertad de expresión se han universalizado y democratizado más que en ninguna otra centuria, equilibrando así la relación entre gobernantes y gobernados. Se podría decir que la Red ha permitido al ciudadano no tener que esperar a los comicios para pedir explicaciones, evaluar decisiones o ajustar cuentas con el regidor.
Igualmente, este mundo interconectado donde la información y la opinión poseen los dones de la instanteneidad y la ubicuidad ha habilitado una mejor organización y coordinación de los movimientos populares (que no necesariamente tienen por qué ser violentos, como ha quedado patente), especialmente los de índole socio-política. Y es bajo esta óptica, la organizativa, desde la que hay que calibrar la influencia de Internet y las redes sociales en las convulsiones políticas que se está viviendo en los últimos años. Creer que Facebook o Twitter son los máximos responsables del triunfo de las protestas cívicas es otorgarle un inquietante papel de Doctor Caligari que en absoluto se corresponde con la realidad. Las redes sociales agilizan la coordinación de iniciativas y el intercambio de información entre indiviudos, nada más y nada menos. Son herramientas, no causas. Por ello, los argumentos y las claves del éxito hay que buscarlas en el mundo offline. Por ejemplo, si no existiera un caldo de cultivo previo y propicio en términos sociales y políticos, como sucede en el agitado mundo árabe, ya se podrían promover a través de las redes sociales cuantas acciones se quisiera que tendrían una trascendencia nula.
Que gracias a Internet se tiene acceso más rápido y amplio a motivos para poner el grito en el cielo es algo difícil de cuestionar, habida cuenta de los intentos de ciertos gobernantes para cercenar o sesgar el acceso a la red, pero eso no debe llevarnos a pensar que es el factor definitivo para que triunfe cualquier reclamación popular. Del mismo modo que Internet se ha convertido en una cornucopia informativa para los ciudadanos que no quieren ser tratados por sus mandatarios como sumisos borregos, las redes sociales se han transformado en un inmenso foro que ahorra tiempo y esfuerzos a la hora de poner de acuerdo a mucha gente. Ni más ni menos que eso.
En resumen: Bienvenidas sean las causas para intentar hacer de éste un mundo más justo y bienvenidas sean las herramientas que, como Internet, ayudan a luchar por ellas.
Y, de propina, una duda que dejo al lector contestar: ¿Dónde hay más democracia: dentro o fuera de Internet?
miércoles, 9 de febrero de 2011
Comunicación sin cables, ¿algo nuevo?
Wireless, Wi-Fi, comunicación sin cables, tecnología inalámbrica... son términos que nos vienen acompañando en los últimos años asociados a las novísimas vanguardias tecnológicas como si fueran los heraldos de un futuro hecho presente. Siendo consciente del progreso que suponen esta clase de ingenios y avances, no veo motivo alguno para el asombro y la estupefacción ante esta situación porque lo cierto es que la comunicación sin cables es algo que viene de antiguo. ¿No me creen? En ocasiones, el pasmo viene provocado por la falta de memoria, conocimiento o, simplemente, perspectiva.
Ejemplos literales de comunicación sin cables existen desde hace un tropel de siglos: Las palomas mensajeras, capaces de
transmitir una misiva a lo largo de cientos de kilómetros (hasta 1800 se han contabilizado), ya eran utilizadas por egipcios y persas hace 3000 años; el heliógrafo, un rudimentario pero efectivo telégrafo solar apto para enviar mensajes a una distancia en torno a 50 km, fue
empleado por los griegos por primera vez en el 405 a.C.; también en Grecia, en el siglo IV a.C., se inventa el telégrafo hidráulico; dos siglos más tarde, en las mismas tierras helenas, se diseña la "fryctoria", un sistema de comunicación mitad telegrafía, mitad encriptado que utilizaba antorchas en lo alto de torres
para transmitir mensajes en distancias de 30 km; un ingenio muy similar y coetáneo del anterior es el "cuadrado de Polibio"; y tampoco conviene olvidarse de tres ejemplos muy comunes especialmente en al ámbito de la ficción literaria y cinematográfica: las
señales de humo (utilizadas ya en la Antigua China siglos antes de Cristo e inmortalizadas por el uso que hicieron de ellas los nativos norteamericanos), las almenaras (fuegos
encendidos en lo alto de torres y atalayas a modo de alarma y especialmente utilizados en la Edad Media), y los tambores (proverbial forma de comunicación en las tribus africanas y que pasaron a la posteridad en películas como "Tarzán" o cómics como "El hombre enmascarado").
transmitir una misiva a lo largo de cientos de kilómetros (hasta 1800 se han contabilizado), ya eran utilizadas por egipcios y persas hace 3000 años; el heliógrafo, un rudimentario pero efectivo telégrafo solar apto para enviar mensajes a una distancia en torno a 50 km, fue
empleado por los griegos por primera vez en el 405 a.C.; también en Grecia, en el siglo IV a.C., se inventa el telégrafo hidráulico; dos siglos más tarde, en las mismas tierras helenas, se diseña la "fryctoria", un sistema de comunicación mitad telegrafía, mitad encriptado que utilizaba antorchas en lo alto de torres
para transmitir mensajes en distancias de 30 km; un ingenio muy similar y coetáneo del anterior es el "cuadrado de Polibio"; y tampoco conviene olvidarse de tres ejemplos muy comunes especialmente en al ámbito de la ficción literaria y cinematográfica: las
encendidos en lo alto de torres y atalayas a modo de alarma y especialmente utilizados en la Edad Media), y los tambores (proverbial forma de comunicación en las tribus africanas y que pasaron a la posteridad en películas como "Tarzán" o cómics como "El hombre enmascarado").Por tanto, con un poco de sentido del humor y algo de sensatez, queda más o menos claro que muchos de los logros que hoy alabamos como nuevos ya nos acompañaban desde antaño y es que vivimos una época tan lindante con la futurista ciencia-ficción que tendemos a prestar más atención a lo que está por venir que a lo ya ingeniado por el hombre en el pasado. Seguro que a ti, lector, también se te ocurren otros casos similares a los de este artículo. Es cuestión de pensar con lo que hoy escasea: calma.
martes, 28 de diciembre de 2010
La vibración fantasma
Qué mejor día que un 28 de diciembre para hablar de algo que parece real y, a la postre, no lo es...¿Alguien ha sentido su teléfono móvil vibrar y cuando ha comprobado el aparato, rien de rien? ¿Quién ha percibido en su piel el hormigueo de la vibración del móvil y al examinar el artefacto no había llamada ni mensaje alguno?
El que esto escribe ha experimentado tal curioso fenómeno en varias ocasiones y, llevado por la intriga y la hilaridad, decidí buscar en Internet información sobre el asunto, por ver si era carne de psiquiátrico o le ocurría a alguien más. Y hete aquí que este peculiar suceso no sólo tiene nombre ("vibración fantasma", "síndrome de la Blackberry", "vibransiedad" o, más sofisticadamente, "phantom vibration syndrome" o "phantom rings") sino que hasta tiene miles de seguidores en Facebook ("Yo también he sentido la vibración fantasma del móvil", "Yo también he mirado el móvil pensando que estaba vibrando") y se hicieron eco de él medios tan dispares como El Mundo, la cadena SER o el periódico USA Today.
Esta rareza no obedece a cuestiones parapsicológicas ni a fenómenos paranormales. Responde a cuestiones más mundanas para las que la ciencia tiene respuesta o, mejor dicho, dos:
Por el lado neurológico, hay quienes sostienen que la vibración fantasma es un reflejo nervioso muscular provocado por llevar el teléfono móvil siempre en la misma zona (ej:muslo) y que, a fuer de sentir vibraciones con frecuencia en tal lugar, ya las sentimos hasta cuando no las hay (por lo visto, incluso existen casos que sienten la vibración sin tener el móvil encima).
Por otro lado, está la hipótesis psicológica: Dado que la vibración del móvil suele ser la antesala de la comunicación con otra persona (por lo general, un ser querido), el cerebro suscita esa falsa sensación cuando la persona tiene ganas de comunicarse con alguien.
Sea por el motivo que sea, no deja de ser algo curioso, real y que es consecuencia directa del mundo en que vivimos, en el que gracias a la tecnología estamos permanente localizables y listos para comunicarnos.
¿Tú también has sentido la vibración fantasma?
sábado, 11 de diciembre de 2010
¿Un Nobel de Tecnología?
Ayer se entregaron los Premios Nobel (que este año parecen The Vargas Llosa Show) y una idea empezó a rondarme la cabeza: De acuerdo que la Física, Química, Medicina, Economía y Literatura son disciplinas que contribuyen al desarrollo del ser humano y que sus próceres merecen ser galardonados por su tácita filantropía. De acuerdo también que hay que premiar el esfuerzo de quienes hacen de su vida un baluarte de la Paz en un mundo donde lo más fácil y habitual es liarse a mamporros o elucubrar cómo hundir al prójimo en la miseria. Pero, si de lo que se trata en el fondo es de reconocer a los cuatro vientos a personas cuya dedicación profesional ha contribuido decisivamente al avance de la Humanidad, ¿por qué los Nobel no cuentan con una categoría dedicada a la Tecnología?
Ya sé que estos galardones están supeditados explícitamente a lo estipulado por el inventor y químico sueco Alfred Nobel en su testamento, pero el mundo ha cambiado radicalmente desde 1896, año en que el insigne hijo de Suecia pasó a los anales de los cementerios. Por eso, creo que sería necesario replantearse la inclusión de nuevas categorías en los Nobel, especialmente en lo tocante a la tecnología, porque, de no hacerlo, tarde o temprano se quedarán más como un hito pomposo y trasnochado que como un termómetro del mundo en que vivimos y de sus egregios iconos. Al fin y al cabo, si algo tan sumamente longevo como las Olimpiadas está abierto a nuevas incorporaciones, ¿por qué no los Nobel?
También soy consciente de que existen muchos otros laureles para premiar las disciplinas que quedan exentas, y que, en cuestión tecnológica, los émulos de los Nobel son los premios Turing, Kyoto y, fundamentalmente, Tecnología del Milenio. Pero creo que se coincidirá conmigo en que su repercusión mediática y social es nimia comparada con la que gozan los Nobel; una parca trascendencia que supone casi un agravio para uno de los pilares fundamentales del progreso mundial en las últimas décadas y las venideras: las nuevas tecnologías. Y, para quien dude de lo que defiendo, que se pregunte si la humanidad no ha avanzado más y mejor con logros como Internet o la telefonía móvil, por citar sólo dos casos notorios, que con las "aportaciones" de algunos de los más recientes premiados en Suecia.
La historia está llena de casos de geniales tecnológos que han carecido de un reconocimiento digno o bien han sido víctimas del oprobio del olvido. Ahí están, por ejemplo, Jerónimo de Ayanz o Juanelo Turriano, en España, o, Nikola Tesla y Antonio Meucci, allende nuestras fronteras. Creo que un Nobel de Tecnología contribuiría enormemente a paliar que errores así no se repitieran y haría justicia para quienes, al igual que otros científicos, ponen al ser humano un poco más cerca de sus sueños.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Wikileaks o la envidia del periodismo
En otra ocasión, ya di mi opinión y particular análisis de la delicada y controvertida situación que vive mi profesión, el periodismo, en los últimos lustros. Por eso, no tenía intención alguna de volver sobre mis pasos y poner proa al único trabajo cuya materia prima es la verdad, o debería serlo. Y digo "debería" porque, como muy bien se ha demostrado en las últimas fechas, el cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, los plumillas o como lo queramos llamar hace tiempo que dejaron la búsqueda, anuncio o denuncia de la verdad en el cajón de las tareas pendientes.
Convertidos mayoritariamente en meros copistas de notas de agencia y transportistas de teletipos, el único distintivo que podemos esperar de los profesionales del periodismo es el sesgo con el que ofrecen las noticias, en función de las filias y fobias del director del medio o de la empresa que paga a fin de mes. Un hecho lamentable pero cierto y que no hace ningún favor a la sociedad. Una sociedad para la cual la verdad se ha convertido en algo tan sumamente incómodo que no duda en echarse gozosa en los brazos de los eufemismos, las tergiversaciones o, directamente, la ignorancia.
Por eso, no deja de resultar curioso y digno de encomio que, desde el denostado ámbito tecnológico, aparezca una iniciativa que , sin ser periodística, encarne vivamente la esencia del periodismo (sacar a la luz la verdad sin importar las consecuencias) y airee a los cuatro vientos lo que los medios de comunicación, por falta de capacidad, valentía o interés, no han descubierto. Estoy hablando de la polémica WikiLeaks, empresa online que, pese a llevar funcionando cuatro años, ha conseguido en 2010 una relevancia incontestable merced a la difusión de informaciones confidenciales (suministradas por informadores anónimos), especialmente las vinculadas a la actividad exterior de Estados Unidos, ora en las contiendas bélicas actuales, ora en las tareas diplomáticas. Cada documento divulgado por la entidad encarnada en la figura del pirata informático Julian Assange ha sido todo un bombazo informativo. Y como vivimos en los tiempos en que vivimos ,la caza de brujas no ha tardado en comenzar, hostigando a WikiLeaks como entidad y a Assange como representante por hacer lo que unos no quieren y otros no pueden: difundir la verdad. La presión es tal que la web de WikiLeaks ha tenido que cambiar de servidor, tiene dificultades de financiación y Assange está buscado por la Interpol.
Yo no soy un "conspiranoico" pero sí soy un periodista vocacional y un ciudadano al que no le gusta que le engañen o le oculten las cosas. Es un error absurdo, constante e inadmisible que un gobierno, una compañía o un medio de comunicación elija de forma paternalista y menospreciativa qué información debe ser tenida en cuenta y cuál no, porque para eso está el criterio y el gusto individual de cada persona.
Por eso, me da igual la información que divulgue WikiLeaks (se comenta que las empresas privadas, las entidades financieras e incluso los Ovnis serán los protagonistas de sus próximas difusiones) porque siempre contará con mi apoyo al saber que no tiene más interés que el de informar, y, especialmente, porque hace envidiablemente lo que todo periodista sueña: contar lo que otros no quieren que se sepa. ¿Es Internet el último reducto de la libertad de expresión y el derecho a la información?
lunes, 29 de noviembre de 2010
¿Geek? De toda la vida
Recientemente, por casualidades del surfeo on line, he visto un curioso e ingenioso vídeo que plantea una amena y, a mi juicio, acertada revisión del significado del término geek. Porque, si bien hoy en día se suele manejar dicha palabra para etiquetar a una persona fanática de las nuevas tecnologías, lo cierto es que este vocablo alude a una actitud que no debe circunscribirse exclusivamente al ámbito tecnológico.
¿Qué actitud? La de estar abierto al progreso y formar parte activa de la evolución intelectual, técnica, científica y, en definitiva, social. Hoy el futuro orbita en torno a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) igual que antaño lo hizo alrededor de la invención de la rueda, el desarrollo de la arquitectura civil, los viajes más allá de los límites conocidos o la investigación en Física, por poner ejemplos extraídos del vídeo. Por tanto, aceptando como válida esta extrapolación semántica, podemos afirmar que geeks han existido siempre, desde el mismo momento que a un audaz homínido le dio por caminar erguido sobre sus dos pies para perplejidad del resto de sus congéneres.
Lógicamente, ser pionero en algo o anticiparse a lo que un día será usual son decisiones sólo al alcance de muy pocas personas, por la valentía y apertura de mente que se requiere. De ahí que la connotación marginal o minoritaria del término que nos ocupa no sea peyorativa, sino bastante descriptiva y, en cierto modo, elogiosa de quienes no temen salirse del dictado o paradigma imperante y situarse en la soledad de la vanguardia. Un atrevimiento que tiene una estupenda recompensa: Disfrutar del porvenir antes que la mayoría.
En definitiva, hora es ya de enterrar el uso del término geek como retorcido sinónimo de friki o inadaptado, porque son estos "fans de la evolución" los que contribuyen decisivamente a la prosperidad y el desarrollo, ya que de nada servirían las ideas revolucionarias ni los avances científicos si no hubiera nadie dispuesto a asumirlos en su vida diaria. Los "geeks" son los primeros en caminar por el futuro. Que nadie olvide ni menosprecie eso.
jueves, 28 de octubre de 2010
Tecnohistorias para no dormir
Con las inminentes celebraciones de los días de Difuntos y Todos los Santos, se avecina en nuestro país, un año más, la importada festividad de Halloween, fecha en la que se nos invita a reírnos de nuestros miedos, empezando por los de ultratumba.
Por eso, es una buena ocasión para abordar con el mismo carácter desenfadado algunos de los terrores que en los últimos lustros se han asociado a las nuevas tecnologías, temores de nuevo cuño más cercanos a las leyendas urbanas glosadas por Jan Harold Brunvand que a las evidencias científicas empíricamente demostrables.
Por ejemplo, quién no recuerda la cantidad de acusaciones y maledicencias vertidas contra la telefonía móvil. Cáncer, leucemia, esterilidad, cefalea, fritura de encéfalo…los terminales móviles o, en su defecto, las antenas de telefonía han sido vituperados mediática y popularmente como si fueran los nuevos jinetes del Apocalipsis o los sofisticados portadores de unas remozadas plagas bíblicas. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Pues que no hay ni un solo informe médico o científico serio que dé pábulo concluyente a quienes ven en los teléfonos y las antenas que los habilitan perniciosos manantiales de enfermedades y dolencias varias. Así pues, lo único temible que puede reportarnos el uso del teléfono móvil es una cuantiosa factura, que, ésa sí, dará una jaqueca mayúscula al usuario, mientras que la mayor amenaza potencial que engendra una antena es que se precipite accidentalmente desde las alturas.
Otra muestra la tenemos en el pánico global que suscitó el denominado “efecto 2000”, según el cual todo el orbe involucionaría hasta la edad de piedra en términos informáticos a partir del 1 de enero de 2000, un bug presentado como el ragnarok de todo software conocido que ocasionó una alarma mundial por prevenirlo, lo que, a la postre, se tradujo en millones de dólares invertidos en esa lucha contrarreloj, nunca mejor dicho. ¿Qué ocurrió realmente? Que si bien con el cambio de milenio se produjeron algunos errores en determinados programas y aplicaciones informáticas, éstos distaron mucho de tener la magnitud cataclísmica que muchos agoreros y oportunistas anunciaron a los cuatro vientos.
La Red tampoco se ha librado de ser protagonista y diana de escalofriantes murmuraciones y bulos, casi siempre con el correo electrónico como uno de sus protagonistas principales. ¿Quién no ha recibido un email donde se nos insta o emplaza a reenviarlo a más personas so pena de ser víctimas de infortunios de toda índole si no lo hacemos? Esto, igual que muchos de los correos que pueblan la bandeja de entrada de nuestros buzones electrónicos, no es otra cosa que un ejemplo de hoax, arteras invenciones que campan a sus anchas en el mundo online y cuyas intenciones más tienen que ver con el marketing y el vano chismorreo que con acongojantes profecías o maldiciones. Así que nuestro ánimo no debe vacilar a la hora de eliminar instantáneamente estas peculiares cibermisivas.
Por todo ello, si lo que se quiere es pasar miedo a cuenta de las nuevas tecnologías, la única opción fiable es recurrir a la ficción, pues el cine y la literatura nos han brindado estupendos títulos para pasar un mal rato con teléfonos, ordenadores, cadenas de emails y demás ingenios en estas fechas tan inquietantes. Unas recomendaciones:
Por eso, es una buena ocasión para abordar con el mismo carácter desenfadado algunos de los terrores que en los últimos lustros se han asociado a las nuevas tecnologías, temores de nuevo cuño más cercanos a las leyendas urbanas glosadas por Jan Harold Brunvand que a las evidencias científicas empíricamente demostrables.
Por ejemplo, quién no recuerda la cantidad de acusaciones y maledicencias vertidas contra la telefonía móvil. Cáncer, leucemia, esterilidad, cefalea, fritura de encéfalo…los terminales móviles o, en su defecto, las antenas de telefonía han sido vituperados mediática y popularmente como si fueran los nuevos jinetes del Apocalipsis o los sofisticados portadores de unas remozadas plagas bíblicas. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Pues que no hay ni un solo informe médico o científico serio que dé pábulo concluyente a quienes ven en los teléfonos y las antenas que los habilitan perniciosos manantiales de enfermedades y dolencias varias. Así pues, lo único temible que puede reportarnos el uso del teléfono móvil es una cuantiosa factura, que, ésa sí, dará una jaqueca mayúscula al usuario, mientras que la mayor amenaza potencial que engendra una antena es que se precipite accidentalmente desde las alturas.
Otra muestra la tenemos en el pánico global que suscitó el denominado “efecto 2000”, según el cual todo el orbe involucionaría hasta la edad de piedra en términos informáticos a partir del 1 de enero de 2000, un bug presentado como el ragnarok de todo software conocido que ocasionó una alarma mundial por prevenirlo, lo que, a la postre, se tradujo en millones de dólares invertidos en esa lucha contrarreloj, nunca mejor dicho. ¿Qué ocurrió realmente? Que si bien con el cambio de milenio se produjeron algunos errores en determinados programas y aplicaciones informáticas, éstos distaron mucho de tener la magnitud cataclísmica que muchos agoreros y oportunistas anunciaron a los cuatro vientos.
La Red tampoco se ha librado de ser protagonista y diana de escalofriantes murmuraciones y bulos, casi siempre con el correo electrónico como uno de sus protagonistas principales. ¿Quién no ha recibido un email donde se nos insta o emplaza a reenviarlo a más personas so pena de ser víctimas de infortunios de toda índole si no lo hacemos? Esto, igual que muchos de los correos que pueblan la bandeja de entrada de nuestros buzones electrónicos, no es otra cosa que un ejemplo de hoax, arteras invenciones que campan a sus anchas en el mundo online y cuyas intenciones más tienen que ver con el marketing y el vano chismorreo que con acongojantes profecías o maldiciones. Así que nuestro ánimo no debe vacilar a la hora de eliminar instantáneamente estas peculiares cibermisivas.
Por todo ello, si lo que se quiere es pasar miedo a cuenta de las nuevas tecnologías, la única opción fiable es recurrir a la ficción, pues el cine y la literatura nos han brindado estupendos títulos para pasar un mal rato con teléfonos, ordenadores, cadenas de emails y demás ingenios en estas fechas tan inquietantes. Unas recomendaciones:
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