Mostrando entradas con la etiqueta Periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Periodismo. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de mayo de 2015

La lección

El domingo por la noche el comunicador Jordi Évole entrevistó en su imprescindible programa "Salvados" al terrorista, asesino, preso, liberado y arrepentido Iñaki Rekarte en uno de esos programas que deberían estudiarse con todo merecimiento en las facultades de Periodismo y/o Comunicación Audiovisual en Euskadi, en el resto de España y en cualquier país civilizado. Porque fue una lección.

La entrevista fue de las que secan el tiempo y borran palabras. Fue una entrevista difícil, dura, amarga, tensa, demoledora, inquietante e impactante. Fue una entrevista en la que lo que se dijo y lo que no se dijo traspasaban la piel por igual. Fue una entrevista en la que cada segundo contaba y contó. Fue una entrevista que hizo imposible cualquier indiferencia. Fue una
entrevista que, por encima del terrorismo y las cuestiones sociológicas y políticas, sirvió para mostrar en toda su crudeza la absoluta contradicción de la condición humana. Fue una entrevista insportablemente incómoda para quienes entiendan la vida desde el blanco y el negro, desde la trincheras, desde los frentes, desde el inmovilismo, desde el enrocamiento, desde las vísceras, desde la ceguera. Fue una entrevista que sin la maestría de Évole se habría convertido en un repugnante monumento al morbo y no en una muestra de periodismo en estado puro. Fue una entrevista honesta y valiente y arriesgada y...enormemente brillante a pesar de toda su oscuridad.

En ese sentido, respecto al entrevistado, Iñaki Rekarte, diré lo siguiente: no voy a olvidar ni a perdonar lo que hizo ni lo que fue: entre víctimas y culpables, yo siempre he estado, estoy y estaré con las primeras y contra los segundos. Arrepentido o no,
sincero o no, es un asesino, una persona que mató a gente inocente y un mal así no se enmienda ni con lágrimas ni con palabras ni con tiempo, sencillamente porque no se puede enmendar. Cuestión aparte es el vergonzoso hecho de que un asesino como él se encuentre en libertad, por muy arrepentido que esté y mucha "vía Nanclares" que se alegue. Pero de ello no tiene ninguna culpa Rekarte sino los políticos que legislan y los jueces que interpretan y aplican la ley. Dicho esto y sin perjuicio de lo anterior, también quiero dejar claro lo siguiente: la valentía del entrevistado para quebrar el silencio, para exponerse al odio de unos y otros, para aceptar inmolarse públicamente cuando lo fácil sería el mutismo cómodo y cobarde, para poner en riesgo su vida y la de sus seres queridos sin más pretexto que el de revelarse y rebelarse contra la barbarie inhumana de la que él mismo es exponente...esa valentía es sencillamente impresionante y muy inusual en nuestro tiempo. Es cierto que esa descomunal sinceridad le llevó a decir cosas que probable y merecidamente no gustaran a muchos (yo incluído) y a incurrir en contradicciones y paradojas indefendibles, pero también le llevó a decir otras cosas que han hecho más por el entendimiento y la cicatrización de heridas que muchos discursos y planes políticos, legislativos, judiciales, policiales y educativos en más de treinta años de democracia. Y, aunque sólo sea por esta última razón, el testimonio no se merece el menosprecio que sí se merece la persona.

Quizás el impacto que ha causado esta entrevista se deba a que vivimos en una sociedad que ha asimilado el tabú, que ha renunciado a la escucha, que ha convertido lo obvio en rareza, que se mueve por pasiones y no por ideas, que se preocupa más del pasado que del futuro, que ha perdido las ganas de mirar y mirarse, que se ha dejado la esperanza en alguna cuneta, que se ha perdido en un laberinto de etiquetas y prejuicios, que se ha vuelto adicta a los eufemismos, que se siente más cómoda con el reproche que con la solución, que sólo busca huir hacia delante al ritmo del sálvese quien pueda. O a que vivimos en un país en el que la mayoría de los medios de comunicación oscilan entre el panfleto y el circo, se alimentan de los culos de los poderosos y creen que la deontología es una especialidad médica. O a que el hombre contemporáneo tiene una extraordinaria propensión a sentirse fascinado por el mal, por el morbo de lo antagónico, por lo transgresor, por lo que se sitúa al margen de la ley o la moral. O, tal vez, se deba a todo ello.

Lo que es seguro es que el gran mérito de esta entrevista es de Jordi Évole. Su temple, su distancia, su contención, su habilidad para preguntar lo necesario aunque sea incómodo para él o el
entrevistado, su educación, su inteligencia para manejar los silencios...Évole es un permanente recital no ya de cómo entrevistar sino de en qué consiste ser periodista. Por eso, no son casualidad las excelentes audiencias ni los miles de comentarios positivos ni los premios recibidos. Évole es un fuera de serie y una de las pocas esperanzas que le quedan al periodismo (serio) en España.  

De todos modos, aunque pueda sonar raro, si hay algo con lo que me quedo de la apabullante entrevista es con que han sido el conocimiento y el amor los que han llevado luz a la vida de Rekarte. El conocimiento como salida. El amor como salvación. Viejas ideas pero que no han perdido vigencia...ni urgencia.

En resumen, "ETA desde dentro" ha sido toda una lección. Una lección de valentía de un cobarde. Una lección de humanidad de un monstruo. Una lección de luz desde la oscuridad. Una lección de libertad frente al terror. Una lección de tolerancia ante la intolerancia. Una lección de imparcialidad frente a la beligerancia. Una lección de profesionalidad frente al sensacionalismo. Una lección de periodismo frente a la propaganda. Una lección colosal. Una lección magistral.

lunes, 12 de enero de 2015

Yo no soy Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada es un hombre atractivo, esbelto, apolíneo, moderno, tolerante, carismático, divertido, ingenioso, prudente, mesurado, coherente, intelectualmente brillante, de voz varonil, de look a la última  y, además, un articulista como no hubo desde Larra y un escritor seguido por millones de personas en todo el mundo y cuyo talento literario ha sido reconocido con premios como el Cervantes y el Nobel, entre otros cientos. En un universo paralelo al nuestro, obviamente. En este universo, Juan Manuel de Prada es un hombre cuya estética es tan repelente como su ética; un individuo repugnante en forma y fondo; un cebón cursi, trasnochado, intolerante, deprimente, imprudente, exagerado, hipócrita, mediocre, de voz de matasuegras, de look "+70 años" y, además, un articulista cuya lectura invita a sacarse los ojos y un escritor que, en algún momento de su mantecosa existencia, dejó ser una discutible promesa de las letras para ser un innegable ultraconservador, un indiscutible reaccionario y un estridente hooligan del catolicismo de tal calibre que hace que el ideario carlista parezca el programa de Podemos. Ése es Juan Manuel de Prada: un adefesio del periodismo, la literatura, el pensamiento y la religión. Un hombre que cada vez que ejerce su libertad de expresión ofende al silencio o mancha una página en blanco. La ballena blanca del mal gusto. El King Kong del despropósito. El Godzilla de la intransigencia. El Hombre de Malvavisco del conservadurismo. El Hulk Hogan de la derecha más rancia.

Y lo es porque él lleva años esforzándose por romper todos los límites del patetismo, la intolerancia, la provocación y la mediocridad. Ahí están como muestra de todo ello sus artículos y libros. De sus "novelas" no hablaré, a la espera de que alguien escriba su tesis doctoral sobre si las obras literarias de Prada
son letales para los enfermos de diabetes o si perjudican neurológicamente a cualquier persona alfabetizada. Así que volveré a lo que escribe en el diario ABC: artículos indefendibles estilística y conceptualmente por cualquier persona normal. Artículos donde Juan Manuel de Prada exhibe orgulloso su disparatado cóctel de estilo rococó, fundamentalismo religioso, mentalidad retrógrada y majadería de baratillo. Artículos como el que motiva que hoy esté escribiendo sobre él: "Yo no soy Charlie Hebdo" (10-1-2015). Porque artículos como ése convierten a Juan Manuel de Prada en una mancha de grasa en la historia del periodismo y la literatura en lengua española y en un presunto canalla en el plano intelectual, ético y humano.

¿Quién es capaz de criticar a unas personas que acaban de morir asesinadas? ¿Quién es capaz de escribir como opinión propia unos argumentos que coinciden en esencia con la justificación
utilizada por los terroristas yihadistas para matar a inocentes? ¿Quién es capaz de calificar como "paparruchas hijas de la debilidad mental" todo lo dicho en memoria y defensa de los trabajadores del Charlie Hebdo? ¿Quién es capaz de meter en un mismo saco terrorismo, laicismo, violencia y libertad de expresión? ¿Quién es capaz de ver como algo decadente y pestilente el multiculturalismo, la libertad sexual o la sátira? ¿Quién es capaz de calificar el laicismo como un "delirio de la razón" al mismo tiempo que aboga por un integrismo católico?  ¿Quién es capaz de utilizar en el siglo XXI una jerga ("culto impío", "temor de Dios", "nos ha conducido al abismo"...) propia de un incendiario sermón medieval? ¿Quién es capaz de afirmar sin descojonarse que las religiones fundan las civilizaciones?  ¿Quién es capaz de ser más papista que el Papa? ¿Quién es capaz de actuar como si el credo religioso fuera incompatible con la esencia democrática? ¿Quién es capaz de quedar en ridículo a la velocidad de la luz? Juan Manuel de Prada, una auténtica vergüenza y un ser que me daría pena si no me diera asco. Quizás alguien que aprecie a este miope intelectual debería decirle que ir de ultracatólico siendo la misma persona que se dio a conocer con una obra erótica titulada Coños o habiéndose casado dos veces rima bastante con hipocresía. Quizás alguien que tenga en estima a este cetáceo de secano debería decirle que a lo mejor él estaría más conforme viviendo en una teocracia y no en una democracia donde cualquier persona inteligente puede y debe respetar aquello que no le gusta o no entiende o, en su defecto, acudir a los tribunales. Quizás alguien que quiera a este troll de nuevo cuño le debería decir que la libertad de expresión, como cualquier otra libertad y derecho, sólo se ve limitada por ley no por el gusto personal de cada uno ni por el libro sagrado de turno. Quizás alguien que mire con afecto a este seboso vocero del Apocalipsis debería decirle que antes de quedar como un cretino mejor haría en repasarse la Historia universal y la Constitución Española. Quizás alguien que quiera a este ogro apolillado debería...replantearse si está prestando su tiempo y atención a alguien que merezca la pena porque este Juan Manuel...de Prada, nada, y de despreciable, mucho. 

lunes, 20 de agosto de 2012

Hace diez años...

...en un lugar de Navarra llamado Estella, yo apuraba mi última experiencia profesional como periodista. Un largo e intenso verano que puso el punto y final (al menos, de momento) a la que es y será siempre mi profesión. Una que ejercí viviendo intensamente cada dificultad y oportunidad en el Diario de Navarra. Y lo hice no en una vasta redacción llena de gente y ruido, sino en la discreta delegación de Estella. Gracias a ello, comprendí que el tamaño y la importancia real de un lugar no la dan las grandes dimensiones y números sino las pequeñas cosas que lo configuran.

Aquél fue el segundo verano que pasé profesionalmente en la redacción de Estella. El primero, un año antes, lo hice como becario, y el segundo, como amigo. Ambos, como periodista aún en ciernes (apenas acabada la carrera). No sé hasta qué punto ese estado de inocencia y virginidad periodística me ayudó o me perjudicó. Lo que está claro es que desde el primer hasta el último día que pasé en la delegación de Estella aprendí que, en el fondo, el periodismo lo hacen personas para personas y que la humildad es el camino más corto para hacer bien las cosas. No en vano, allí, si se quería ser útil de verdad, no te podías permitir el lujo de dedicarte en exclusiva a algo: Redactor, reportero, entrevistador, cronista, fotógrafo, maquetador... Mentiría si negara que, especialmente el primer verano, para mí fue todo un shock tener que trabajar de aquella manera, creyendo, estúpida y erróneamente, que yo allí no iba a aprender nada, que el chico de Madrid iba a dar una lección a todos los que se encontrara por el camino, que yo estaba allí única y exclusivamente para "exhibirme" como redactor. La ignorancia es osada. La gilipollez, más. Pocas veces me ha gustado tanto descubrir que estaba equivocado.

Fiestas locales (chupinazos, procesiones, festejos varios), encierros (visita al hospital incluida), comidas populares (la receta de ciertas "pochadas" parece tan secreta como la de la coca-cola), noticias de lo más variopinto y peculiar (una de las primeras que escribí fue sobre unas campanas nuevas para la iglesia de un pequeño pueblo), encuestas (donde mi timidez y procedencia me las hizo pasar putas en ocasiones), entrevistas (entre ellas, aún recuerdo la que hice a un cantaor tan estrafalario como interesante llamado Paco, el Lobo), competiciones deportivas, reseñas de obras de teatro...En la redacción de Estella aprendes de todo un poco...y muy bien.

No obstante, el propósito de este artículo no es hablar de mí ni contar batallitas, sino homenajear a las personas que dieron/dan carácter al Diario de Navarra y ponen cara a mis recuerdos de esos dos veranos. Porque, sin lugar a dudas, fue gracias a esas personas que aprendí en esos meses más que en cuatro años de carrera (sin desmerecer en absoluto a los fantásticos profesores y compañeros que tuve en la universidad). Una plantilla a la que respeto y ante la que  me quito el sombrero profesionalmente. ¿Quiénes? Pues...María Puy Amo, que inauguró con firmeza la lista de mujeres para las que he trabajado (y trabajo); Fernando P.Barber, un periodista interesante que parecía sacado de una novela de su colega Ray Loriga y que me enseñó a no renunciar a mi estilo personal; Rosana Aramendía, que demostró que la profesionalidad luce igual sin importar ciudad ni periódico; Marcos Sánchez, un crack de la sensatez y la templanza; Irache Castillo, una chica de lo más divertida y mi primera amiga (que no la última)en esa redacción; José de Astería, un hombre bueno del que aprender siempre y que me demostró que la pasión periodística no tiene fecha de caducidad; Myriam Munárriz, pura personalidad y carácter dentro y fuera de la redacción; y Diego Echeverría, quien, junto a Puy y Montxo, me enseñó que una buena historia cabe dentro de una sola fotografía.

Desde entonces, han pasado diez años y no he vuelto a trabajar como periodista, pero, gracias a lo vivido en aquellos dos veranos y a la compañía que tuve, nunca me voy a arrepentir de haber estudiado y ejercido una profesión que, más allá de la lealtad a la verdad, consiste en contar historias con honestidad y humanidad.

sábado, 26 de mayo de 2012

¡Que no! ¡Que no me representan!

Hace un año por estas fechas el 15-M parecía destinado a revolucionar España y revitalizar la vida pública y privada del país. Aquella insurgencia ciudadana nació como un movimiento espontáneo, masivo y popular de indignación, de hartazgo, de cabreo contra todo lo que hace que la sociedad en general y la española en particular vayan de mal en peor. Más de un años después, el enfado social ha impulsado un cambio en varios gobiernos europeos y otros lo están pasando muy mal sintiendo la presión del más que probable desahucio del poder. Minipunto para los "indignados". Pero, en lo fundamental, el proceso de higiene y oxigenación política, económica y social sigue sin existir. Las medidas adoptadas tienen más pinta de "tiro por la culata" que de "flecha en la diana", los políticos siguen en caída libre, los mercados bursátiles son una montaña rusa de sólo bajada, la economía parece pedir la eutanasia todos los días, la banca está más por "coge el dinero y corre" que por liderar el cambio, el empleo es el Santo Grial, los medios de comunicación son voceros en el desierto, el ocio es tan caro que distraerse es un lujo, la gente se mosquea con demasiada facilidad...En todos estos meses, la ilusión por el cambio se ha transformado en urgencia y, posteriormente, en una histeria obsesiva: ¿Cambio? ¿Qué cambio? Lo que ha pasado, en todo caso, es lo que dicen en El gatopardo: Cambiarlo todo para que nada cambie. La crisis sigue estando ahí.

De todos modos, para mí, lo más preocupante o alarmante no es tanto que el cambio, los cambios o su puñetera madre estén surtiendo efecto (al menos, el deseado). Para mí, lo más triste y demoledor es constatar la ausencia, la carencia de representantes; de gente con la que te sientas identificado y que ponen en su boca tus pensamientos y generan confianza con sus hechos. Hablo por mí, pero yo no me siento representado por...
  • Los políticos: No me puedo sentir representado por quienes, en lugar de representar al país, se representan a ellos mismos. Son incapaces de abandonar su prepotencia despótica y su soberbia ensimismada.Son cobardes a la hora de "hacer lo que hay que hacer", e inútiles en su papel de servicio a la ciudadanía. Indignos del poder, el respeto y el dinero que se les otorga.
  • La banca: No me puedo sentir representado por quienes sólo representan sus propios intereses a costa de los de sus clientes. Si hubieran conocido la decencia, la crisis hoy no existiría. Son culpables no sólo por alimentar las causas de la crisis, sino porque para salvar sus cuentas de resultados, sus sueldos estratosféricos y su escandaloso tren de vida han dejado sin crédito, literal y figuradamente, a todo un país.
  • Los sindicatos: No me puedo sentir representado por unas personas que trabajan poco y ganan mucho.Hipócritas, trasnochados, vagos e inútiles en su rol.Habría que eliminarlos (como modo de vida, quiero decir).
  • Los líderes juveniles: No me puedo sentir representado por jóvenes que no conoce ni el esfuerzo ni el mérito. En los últimos tiempos, especialmente en el ámbito estudiantil, han surgido unos chavales que parecen hablar en nombre de la juventud, como si fueran unos líderes que aglutinaran en sí mismos los valores de los jóvenes españoles. ¿Es un chiste? Yo, como joven, no me puedo sentir representado por una chavalería que ya no es que no conozca la estética (las pintas que llevan es lo de menos), sino que el esfuerzo lo entienden como los años que tardan en aprobar una asignatura, chicos cuya aspiración profesional parece ser llegar a la militancia en algún sindicato, que hablan de forma trasnochada, cuya capacidad de actuación se reduce al berreo, o cuya máxima gloria puede ser que te entreviste el demagogo de turno. Claro que los jóvenes españoles tenemos motivos de sobra para hacernos oír, pero no con estos bandarras, por favor.
  • Los medios de comunicación: No me puedo sentir representado por unos medios que no me dicen lo que quiero saber sino lo que otros quieren que sepa. Entre la crisis de credibilidad (lo mismo de siempre, los mismos de siempre) y la de publicidad, están hechos unos zorros.
  • El Rey: No me puedo sentir representado por alguien que parece su propia parodia para vergüenza del país al que representa. Después de lo de los cuernos en Botsuana, creo que habría que variar la programación televisiva en Nochebuena, indefinidamente. Yo, desde luego, no me puedo sentir representado por alguien tan sumamente torpe, hipócrita y desconsiderado.
  • El 15-M: No me puedo sentir representado por alguien que se queja demasiado y hace poco para cambiar la situación. Compartiendo motivos y algunas de sus metas, no me siento representado por un colectivo que actualmente está más cerca del perroflautismo y la inoperancia idealista que de un movimiento capaz de tener un papel influyente, activo y efectivo en la vida pública. Estoy bastante decepcionado con cómo ha evolucionado. Para cambiar las cosas, hace falta algo más que berrear como si esto fuera "mayo del 68" (ya quisieran), montar reuniones en las plazas, sentarse en el suelo, mover las manitas al aire o pintar pancartas con reclamos ingeniosos. ¡Hay que actuar! Los brindis al sol, ni con calimocho.
En fin, que, visto lo visto, lo de España no es tanto un problema de que defunción económica como de ausencia de referentes que te induzcan a algo que no sea ciscarte en la madre de alguien o vomitar hasta la primera papilla.

¿O no?

martes, 3 de abril de 2012

En la muerte de Mingote

Hoy ha muerto Antonio Mingote. Ilustrador, humorista, cronista de casi un siglo, pintor, escritor, académico, genio. España pierde hoy no sólo a un gran nombre y hombre de la cultura y el periodismo españoles sino una lucidez y un talento colosales. Creo que el mejor homenaje que se puede hacer a alguien con tanto talento para crear algo más que arte en un espacio en blanco es no malgastarlo con palabras. Descanse en paz, maestro Mingote.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Alguien pagó a la madre del Cuco

Ya no basta con carroñear más allá de todo amarillismo los crímenes y demás sucesos luctuosos. Ahora hay que rentabilizarlos hasta lo nauseabundo. Hay que hacer hueco para el dinero. Fuera pues escrúpulos, principios y cualquier atisbo de ética.

Esto es algo que desde hace tiempo hacen todas las cadenas, con más o menos sutileza. En el caso de Telecirco, esa cadena que ha hecho de la basura un pilar capital de su ideario y programación, con muy poca y empeorando. Y les funciona. Ahí están los datos de audiencia. Yo no voy a valorar los gustos de miles de personas, del mismo modo que no valoraría parafilias. España, país de coprófilos televisivos.

Lo que sí voy a ponderar es la dignidad y la ética profesional y, especialmente, humana de quienes no sólo acceden a perpetrar un sucedáneo de "entrevista" a una irrelevante madre de un cobarde delincuente cómplice de un repugnante y cobarde asesinato, sino que además le pagan más de 9.000 euros por ello. Es  infame, por varios motivos:
  1. Con la que está cayendo económicamente, pagar ese dineral a una mengana para que se preste a contar, sin dar literalmente la cara, un tropel de cosas irrelevantes sobre el más insignificante de todos los implicados en el asesinato de una chica...debería ser motivo más que suficiente para, como mínimo, multar ejemplarmente a la cadena y la productora de "La Escoria". Millones de españoles en el paro, otros tantos sobreviviendo con míseros sueldos y en la televisión se sigue despilfarrando el dinero pagando a gentuza. Así nos va.
  2. Desde el punto de vista periodístico, jactarse de una entrevista como ésta, sólo puede hacerlo alguien que no entienda ni respete qué es el periodismo.Del mismo modo que indignarse por las críticas recibidas como consecuencia de ello sólo está al alcance de alguien que no entienda qué es la ética ni la moral. Claro que de gente como "Carapicada" González uno puede esperar lecciones de demagogia, histerismo o sexo homosexual, pero no de periodismo, ética, vergüenza o moral. Lo perpetrado el sábado noche es una muestra más de que en España el ¿periodismo? está en la UCI y con mala pinta.
  3. Desde el punto de vista televisivo, yo me pregunto cuál es el concepto de calidad que se tiene ahora mismo en las productoras de televisión en España. En serio. Miedo me da imaginar qué será lo próximo que ofrecerán nuestras cadenas en general y Telecirco en particular: ¿Una defecación en directo? ¿El vídeo completo de un legrado en prime time? ¿Un reality show en el que convivan zoofílicos, pedófilos y necrófilos? ¿Un programa de suicidios televisados? ¿Un Gran Hermano donde se decida qué concursantes mueren? ¿Un concurso de ventosidades? Iba a decir un programa donde se hable con los parientes muertos, pero eso ya lo hacen. Tela.
Yo no voy a pedir aquí que arrasen hasta los cimientos los estudios de cierta cadena, aunque se lo merezcan. Yo no voy a pedir aquí que se cree un impuesto que viole en lo económico a productoras como la que es capaz de pagar miles de euros a una anodina fulana que bastante tiene con no haber abortado cuando tuvo a su hijo, aunque se lo merezcan. Yo no voy a pedir aquí que se convierta en piñatas humanas a quienes posibilitan, participan o alardean de participar en espectáculos tan lamentables como el que propicia este artículo, aunque se lo merezcan. Yo no voy a pedir aquí que se retire la licencia de emisión a cadenas que el 90% de lo que emiten es basura (y el 10% restante, excepciones que confirman la regla), aunque se lo merezcan. 

No. Lo que voy a pedir desde aquí es algo muy sencillo y que espero que cunda: La eliminación manual en nuestros aparatos de televisión del canal donde emite "Telecinco". Simple. Efectivo. Merecidísmo.

Una última reflexión: ¿Estamos locos o qué?

(PD: No, yo no vi la entrevista ni el programa. Mi vida se merece algo mejor)

martes, 15 de marzo de 2011

Ni un velo de tonta (ni cobarde)

Ana Pastor, lozana y certera periodista de TVE, ha entrevistado a Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán y paranoico de la república independiente de su cabeza. La entrevista ha discurrido por los cauces a los que nos tiene acostumbrados mi colega de profesión: preguntas hábiles para cuestiones incómodas (ya se sabe que la verdad duele y reconocerla duele mucho más). Hasta ahí, nada nuevo. 

Lo novedoso y noticioso, valga la redundancia, es que Pastor, haciendo gala de ese coraje que tanto se echa de menos dentro y fuera del periodismo, no ha tenido reparos en desestimar el uso del hiyab ante quizás el musulmán más extremista, poderoso y peligroso del orbe, con permiso de Bin Laden, para estupefacción e incomodidad de Ahmadineyad, por cuya mente debían estar pasando un desfile de ideas y ninguna buena para la periodista me temo. Toda una metáfora del periodismo como profesión que no entiende de cortapisas y de la verdad como algo que no está sujeto a obstáculos, normas ni corsés.

No entraré a valorar aquí si el hiyab como bufanda o fular es una falta de respeto, aunque cabe recordar que el Corán no prescribe su uso. Lo que sí me parece digno de elogio y aplauso es lo que ese simple gesto denota: Que aún hay esperanza para mi profesión, que aún hay gente que honra el único trabajo del mundo cuya materia prima es la verdad, que aún hay motivos para ejercer el periodismo con vocación y compromiso. Que aún hay personas con la suficiente valentía para decir lo que otros callan y hacer lo que otros no se atreven a hacer.

Olé tus ovarios, Ana Pastor. Olé.


martes, 8 de marzo de 2011

Ya lo decía Azorín...

Cosas de la serendipia. Algún avezado periodista de TVE ha descubierto una portada del magnífico pero extinto diario "YA", fechada el 7 de abril de 1974, que reproduce curiosa y sorprendentemente el mismo tipo de noticias que podrían encontrarse en las primeras planas de marzo de 2011: Libia, límites de velocidad, carestía, partidos de baloncesto, etc.

Este suceso, que podría quedarse en mera anécdota de aficionados a las hemerotecas, me lleva a pensar una cosa. Aunque se presta a hablar sobre los interesantes conceptos del "eterno retorno", el "tiempo cíclico" y la concepción circular de la historia, no hablaré de eso aquí. Este curioso descubrimiento me induce a recordar lo que dijo el genial Azorín a comienzos del siglo pasado en el capítulo titulado "Las nubes" de su imprescindible "Castilla" (1912): "Sí;vivir es ver pasar: ver pasar allá en lo alto las nubes. Mejor diríamos: vivir es ver volver. Es ver volver todo un retorno, un perdurable retorno...". Cuánta razón tenía este maestro patrio de las letras y el pensamiento.

Y, sin abandonar la mentalidad noventayochista, apostillo lo siguiente a lo dicho por Azorín: Vivir es ver volver...y darse cuenta de que no se ha aprendido nada de lo ya visto y vivido, pues las hemerotecas son fuentes constantes de errores repetidos una y otra y otra vez. Lo cual, me recuerda a lo dicho en otra obra literaria, "El gatopardo" y su ya célebre propuesta de "cambiar todo para que nada cambie". ¡Cuánto han cambiado las cosas desde 1974 y qué poco hemos cambiado!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

PRISA por hundirse

Se veía venir desde que se anunció la fusión de Telecinco y Cuatro. Se veía venir desde que la tenebrosa PRISA empezó a hundirse cual Casa Usher mientras sus inquilinos danzaban ajenos a la muerte roja. Se veía venir desde que la irrupción de Roures y su Mediapro como nuevo ojito derecho del Gobierno y el PSOE  (tanto monta, monta tanto) rajó de proa a popa el casco de la nave capitaneada por uno de los más aviesos  y poderosos empresarios que ha sufrido este país. Se veía venir desde que, en plena crisis mediática y empresarial, las cuentas de PRISA arrojaban unos números más rojos que el ideario de sus dueños. En resumen, se veía venir.

Yo, que no he comulgado ni comulgaré jamás con el sesgo ideológico de PRISA y que, como ciudadano y periodista, detesto profundamente cómo se han comportado muchos de sus nefandos paladines en las últimas décadas en momentos cruciales para el país, no puedo hacer otra cosa más que lamentar esta agonía del antaño imperio mediático más importante de España, no por deseada sino por barriobajera. Primero, porque creo que la competencia habilita la excelencia. Segundo, porque, por muy perniciosa que haya sido la influencia de PRISA, sus herederos (Telecinco en lo televisivo y Mediapro en todo lo demás) son vomitivamente inferiores en lo profesional y en lo intelectual. Tercero, porque la actitud de PRISA como empresa en todo este embrollo ha sido un vergonzoso "sálvese quien pueda" (coge el dinero y corre) que, a la postre, pagan los que menos se lo merecen, por ejemplo, los profesionales de CNN+. Y cuarto, porque con todo este cisco lo que más va a salir perdiendo va a ser el ya comatoso periodismo español.

Hace falta ser muy bellaco para dorarte la jubilación y la cuenta corriente a cambio de dejar que te fagocite y porculice una cadena cuyo mayor mérito es ser un géiser de telebasura. Hace falta ser muy ruin para adquirir una cadena informativa, cerrarla y construir en su lugar otra dedicada a emitir las veinticuatro horas las insulsas y bochornosas andanzas de unos cretinos que son el vivo ejemplo de que descendemos de los primates. Hace falta ser muy rastrero para echar balones fuera y hacer que otros paguen tus errores con tal de mantener tu estatus. Hace falta ser muy sinvergüenza para crear el mayor grupo televisivo español asentado sobre unos excrementos mal llamados "programas" y una impresentable patulea de baratillo encabezada por una mengana sanblasera. Hace falta querer muy pero que muy poco el periodismo y la comunicación para consentir esta delirante y vergonzosa situación.

En definitiva, que, aunque PRISA se lo ha ganado a pulso, lamento de veras este esperpento, pero me pregunto si no será ésta la televisión que se merece un país que tiene como presidente al señor POE. En el horizonte, el incierto futuro de El País y la SER...veremos...

Un abrazo a todos los profesionales, a los curritos, a los desgraciados que, con esta fusión, han perdido todo menos la dignidad. A los demás, como si los fusilan. 

domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks o la envidia del periodismo

En otra ocasión, ya di mi opinión y particular análisis de la delicada y controvertida situación que vive mi profesión, el periodismo, en los últimos lustros. Por eso, no tenía intención alguna de volver sobre mis pasos y poner proa al único trabajo cuya materia prima es la verdad, o debería serlo. Y digo "debería" porque, como muy bien se ha demostrado en las últimas fechas, el cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, los plumillas o como lo queramos llamar hace tiempo que dejaron la búsqueda, anuncio o denuncia de la verdad en el cajón de las tareas pendientes

Convertidos mayoritariamente en meros copistas de notas de agencia y transportistas de teletipos, el único distintivo que podemos esperar de los profesionales del periodismo es el sesgo con el que ofrecen las noticias, en función de las filias y fobias del director del medio o de la empresa que paga a fin de mes. Un hecho lamentable pero cierto y que no hace ningún favor a la sociedad. Una sociedad para la cual la verdad se ha convertido en algo tan  sumamente incómodo que no duda en echarse gozosa en los brazos de los eufemismos, las tergiversaciones o, directamente, la ignorancia. 

Por eso, no deja de resultar curioso y digno de encomio que, desde el denostado ámbito tecnológico, aparezca una iniciativa que , sin ser periodística, encarne vivamente la esencia del periodismo (sacar a la luz la verdad sin importar las consecuencias) y airee a los cuatro vientos lo que los medios de comunicación, por falta de capacidad, valentía o interés, no han descubierto. Estoy hablando de la polémica WikiLeaks, empresa online que, pese a llevar funcionando cuatro años, ha conseguido en 2010 una relevancia incontestable merced a la difusión de informaciones confidenciales (suministradas por informadores anónimos), especialmente las vinculadas a la actividad exterior de Estados Unidos, ora en las contiendas bélicas actuales, ora en las tareas diplomáticas. Cada documento divulgado por la entidad encarnada en la figura del pirata informático Julian Assange ha sido todo un bombazo informativo. Y como vivimos en los tiempos en que vivimos ,la caza de brujas no ha tardado en comenzar, hostigando a WikiLeaks como entidad y a Assange como representante por hacer lo que unos no quieren y otros no pueden: difundir la verdad. La presión es tal que la web de WikiLeaks ha tenido que cambiar de servidor, tiene dificultades de financiación y Assange está buscado por la Interpol.

Yo no soy un "conspiranoico" pero sí soy un periodista vocacional y un ciudadano al que no le gusta que le engañen o le oculten las cosas. Es un error absurdo, constante e inadmisible que un gobierno, una compañía o un medio de comunicación elija de forma paternalista y menospreciativa qué información debe ser tenida en cuenta y cuál no, porque para eso está el criterio y el gusto individual de cada persona.

Por eso, me da igual la información que divulgue WikiLeaks (se comenta que las empresas privadas, las entidades financieras e incluso los Ovnis serán los protagonistas de sus próximas difusiones) porque siempre contará con mi apoyo al saber que no tiene más interés que el de informar, y, especialmente, porque hace envidiablemente lo que todo periodista sueña: contar lo que otros no quieren que se sepa. ¿Es Internet el último reducto de la libertad de expresión y el derecho a la información?

Entre tanto disparate y desazón, consuela saber que hoy Bernstein y Woodward podrían contar al menos con la Red de Redes para repetir una de las grandes victorias del Periodismo: el Watergate.
Siempre y cuando WikiLeaks no se les adelantara, claro.

jueves, 14 de octubre de 2010

El (otro) gran carnaval

Un minero atrapado en un túnel, mientras en la superficie se organiza un circo mediático de no te menees a propósito de su desdichada situación al tiempo que su liberación se va postergando más y más, acrecentando así el interés informativo y el morbo social...¿Les suena? ¿Y si les digo que éste es el argumento de una de mis películas favoritas del genio Billy Wilder: "El gran carnaval" (1951)? A veces la línea que separa la realidad de la ficción es tan fina como odiosa...

Los 33 mineros chilenos ayer por fin fueron regurgitados por Gea después de 70 días confinados en los dominios de Hades. Lógicamente, me alegra que su sepultura haya sido sólo temporal y ahora todos estén sanos y salvos junto a sus familias, amantes, mascotas y amigos. Lo que ya no me hace tanta gracia es la bochornosa cobertura informativa con la que los medios de comunicación han travestido de periodismo serio lo que es morbo puro, duro y soez. 

El único interés de toda esta historia subterránea ha sido la curiosidad malsana de saber si finalmente iban a palmar o no la treintena de desdichados chilenos. Y eso es, por definición, morbo.  Un morbo que ha sido explotado a conciencia por los medios de comunicación de todo el mundo con una cobertura constante y excesiva, trufada de elucubraciones aviesas, anécdotas de baratillo (Ej: La trifulca puteril de cierto minero), crónicas efectistas en busca de la congoja, etc, etc. De ahí que las audiencias de todos los medios se hayan disparado con la desventura de la mina chilena. Y como donde hay audiencia, hay negocio, no han tardado en hacer acto de presencia entidades y personalidades dispuestas a tener su minuto de gloria a cambio de una filantropía y un altruismo más que dudosos. Las moscas no tardan en acercarse a las heces...

Resulta patético comprobar la desmesura y el sensacionalismo que se han instalado como un cáncer en el Periodismo y los medios de comunicación actuales. Cualquier cosa vale para llamar la atención y ser los más vistos, leídos o escuchados. Hoy Chuck Tatum, el avieso periodista de "El gran carnaval" magnifícamente interpretado por Kirk Douglas, tendría muy pero que muy difícil destacar en su cometido, porque todos sus colegas de profesión y los jefes de éstos tienen su misma carencia de escrúpulos. Lo triste es que Tatum es  sólo un personaje de ficción...

Y después de esto, ¿qué? Pues los ¿periodistas? se irán a otra parte en busca de la audiencia, como tiburones que siguen el rastro de la sangre, porque ése es su modus operandi...Porque, en el fondo, la vida de los mineros y la tierra que los parió nunca les ha importado gran cosa, como a la inmensa mayoría de miles de espectadores que han seguido este drama tunelario en todo el orbe.

Lo único me agrada entre tanto despropósito es comprobar, una vez más, la agudeza crítica, (en ocasiones como ésta, visionaria) de ese coloso del séptimo arte que fue, es y será Billy Wilder.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La suela del "talante"

"El que no está conmigo, está contra mí". Paradójicamente, esa frase tan jesucrística (Lucas 11:23) es, de facto, el slogan que mejor sintetiza la mentalidad y actitud del señor POE, mesías de un avieso talante y predicador de un buenismo que de bondad tiene entre nada y menos. Su sectarismo quasitotalitario de guante blanco y navaja por la espalda, amén de demostrar que su filantropía es sólo comparable a su intelecto, ha calado hondo en la horda de acólitos que reptan en torno a La Moncloa, Ferraz y Villa Roures.

La demonización sistemática del rival político o periodístico, la descalificación mecánica de cualquier discrepancia, la evasión ante cualquier crítica, el victimismo más demagógico, la obcecación en una infundada y anacrónica actitud revanchista...esos son, y no otros, los pilares del "talante" que, aupó, junto a cierta onda expansiva, al señor POE a la Presidencia del desGobierno, desde la cual ha demostrado constantemente su buen pensar y mejor hacer, como evidencia nuestra saludable situación económica, la magnífica política exterior, la increíble mejora en la Justicia patria o la excelsa gestión cultural, por citar sólo algunos de los grandes logros de estos años de socialismo rampante.

Teniendo pues meridianamente claro que la bondad que exuda el señor POE está a la altura de Gandhi, Luther King y Espinete, no es raro que le secunden decenas de aduladores y palmeros, dispuestos a abrazar como propios su singular amor y tolerancia universal. Ahí están apóstoles como Enric Sopena o Antonio García Ferreras, gente que si no estuvieran engrandeciendo el panorama catódico español, a buen seguro estarían en una comuna hippie con vistas al Mediterráneo, o la progresía artística (vivir del momio y la subvención es también un arte, ojo), que mientras disecan la ficción y la música española, no dudan en salir a manifestarse con la pancarta entre los dientes en pos del final de todas las guerras, el hambre, el desempleo...

Por eso, con este telón de fondo, a nadie debe extrañar que haya algún iluminado que con nocturnidad y alevosía arremeta contra quien osa discrepar y denunciar los inexistentes defectos de este utópico Gobierno en general y su magnánimo líder en particular. "¡A por ése y por la espalda, mis bravos soldados!" parece ser la consigna y Herman Tertsch, peligroso terrorista y asesino en serie, con múltiples crímenes contra la Humanidad a sus espaldas (el asesinato de Abel, el homicidio del rey Sancho II, el genocidio judío y ruandés, el derrumbe de las Torres Gemelas, la defunción de David el Gnomo...) el primero en saborearla. Algo ha debido ocurrir para que las cuitas judiciales entre agraviados (los denunciados) y agraviantes (los denunciantes) se pase al castañazo a traición. Quizás es que entre sonrisas pánfilas y carcajadas estalinistas, se ha inoculado en la sociedad española un totalitarismo de bajo prespuesto, vamos, cutre, en el que no hay más espacio que la UCI para los que se atreven a plantar cara a ese prodigioso prohombre castellano que partiendo de la nada ha alcanzado las más altas cimas de la miseria.

El talante imperante pisa con el mismo garbo con el que patea y por eso no me extraña que haya cada vez más nostálgicos de la II República, época en la que los progres (socialistas y sus marcas blancas) apartaban de la vida pública a sus rivales con exquisita sutileza, como pudo degustar José Calvo Sotelo y, antes que él, Cánovas y Canalejas, demostrando que el "buenismo" actual ya es añejo.

Por eso mismo, no hay que vincular la agresión a este periodista con la enésima defecación del bufón de la izquierda conocido como Gran Wyoming, ya que no hace falta escuchar a un botarate sin gracia ni valentía para comportarse como una bestia parda, eso se lleva en la sangre, en la memoria o en el carnet de militante. La suela del talante marca...y mucho.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Doce del patíbulo: La indignidad catalana

Ayer jueves, la prensa catalana salió en tromba con un editorial común a propósito de la revisión del estatuto autonómico en el Tribunal Constitucional. En contra de lo que pudiera parecer, me parece fantástico porque me encanta que cada cual diga lo que piense, aunque sean necedades y mentiras, porque para eso está la libertad de expresión.

En primer lugar, es justo reconocer que flaco, flaquísimo favor se ha hecho el periodismo en Cataluña convirtiéndose en meros escribas de la clase política, abrazando el servilismo más bochornoso y contraproducente para una profesión que tiene uno de sus pilares en ejercer una crítica constante y desinteresada del poder, que es algo situado en las antípodas de convertirse en un vocero del mismo. De todos modos, el editorial colectivo de los doce diarios catalanistas no ha hecho más que confirmar que la prensa en esa autonomía tiene una idiosincrasia tan peculiar que la predispone más hacia el pasquín político que al periodismo "objetivo" que se hace en las otras dieciséis regiones (una pena porque La Vanguardia, si no fuera por estulticias como la de marras, sería uno de los mejores diarios que se editan en España). No obstante, me parece perfectamente lícito lo que han hecho los periódicos catalanes: cada uno elige ganarse el pan, sueldo o sobresueldo como le venga en gana, y, además, profesiones como palafrenero, mamporrero, recadero, amanuense o pregonero son oficios que sería lamentable perder.

Dicho esto, si el Tribunal Constitucional cede a las infames presiones de la parasitaria clase política catalana, estaré contento con el dictamen. ¿Por qué? Porque no sé ustedes pero uno ya empieza a estar cansado del discurso victimista, egoísta e hipócrita que se viene proclamando desde aquella cornisa mediterránea en todos estos años de democracia. Quizás me exceda y esté confundido y en realidad la cantinela catalana no sea más que un ejercicio de ironía, de sorna malhadada perpetrada por quienes se saben ingente y constantemente beneficiados de un país al que dicen no querer pertenecer. Cataluña y sus mentes preoscuras (poque de preclaras, poco) me producen tal hastío que creo que lo mejor que puede pasar es que el Tribunal Constitucional, en un ataque de patriotismo enajenado, no sólo refrende el Estatuto sino que propugne la escisión y emancipación a todos los efectos de esa autonomía y que les den con viento de levante a todos los hijos de la senyera. Es más, a servidor le entusiasmaría que un desastre natural hiciera lo imposible: arrancar geográficamente a Cataluña y convertirlo en una ínsula que flote por el Mediterráneo cantando a Serrat, haciendo castellets, comiendo pantumaca y bailando una sardana mientras siguen practicando el esnobismo endogámico más ridículo de esta parte del hemisferio.

De todos modos, estoy convencido de que si el dictamen del Tribunal no agrada a esa minoría que quiere sodomizar no ya al resto de sus convecinos sino al resto del país, no se desatará el Apocalipsis y seguirán haciendo lo que han hecho siempre: lloriquear, hacer aspavientos, exigir y poner el cazo, porque les conviene seguir extorsionando económica y competencialmente a un país del que han obtenido más cosas de las que le han dado. Cataluña tiene una vocación parasitaria tan patética que es incluso divertida: Son a la política nacional lo que los judíos a la internacional: unos perros del hortelano que se aferran a un exasperante victimismo para no perder cuota de poder ni dinero en las arcas. Hasta el momento, han vivido magníficamente a base de manipular la historia, retorcer la cultura y chantajear en el Congreso a unos cuantos Gobiernos. ¿Por qué cambiar lo que va bien?

Para mí, la mejor síntesis de lo que son Cataluña y sus políticos más notorios la encarna ese avieso ser de sangre de hiel y saliva de cianuro llamado Enric Sopena y que se dice periodista: Un patológico compendio de hipocresía, cinismo, maniqueísmo, cobardía, avaricia, chaqueterismo, manipulación de la realidad y ausencia de escrúpulos. Eso es Sopena y eso es Cataluña, al menos la que ha sido impuesta por esa gangrena de siglas políticas.

De cualquier forma, y acabando ya, quería formular dos preguntas a esos doce periódicos, títeres de unos políticos que quieren poner en el patíbulo a un Tribunal, una Constitución y un Estado democrático: ¿La mejor manera de ganarse un respeto para unos pocos millones de personas es faltándoselo a todo un país? ¿Por qué reclamáis dignidad haciendo de la indignidad vuestra bandera?

viernes, 16 de octubre de 2009

Adiós a la voz más original del deporte

Ha muerto Andrés Montes. Era tan buen locutor y tan súmamente original que al irse nos ha dejado sin palabras, al menos a mí. Gracias a él, las retransmisiones deportivas, hasta del encuentro más insoportable, eran una cita con la diversión y la sonrisa. Original, brillante, honesto, profesional, fuente constante de términos y frases hilarantes que hoy son jerga periodística y popular...él solito revolucionó la forma de retransmitir partidos, especialmente los de baloncesto, convirtiéndose en una parte fundamental del entretenimiento televisado.

Yo le "conocí" en mi adolescencia en aquellas míticas veladas de Canal Plus en las que junto al experto Antoni Daimiel ponía voz ("¡Bienvenidos al club!") a las gestas de madrugada de la NBA en tiempos del rey Jordan. Desde entonces, Montes puso el sonido a muchos de los mejores recuerdos deportivos que un servidor ha podido presenciar ante un televisor, como por ejemplo, los históricos logros de nuestra grandísima selección de baloncesto.

Quisiera creer que en la parrilla televisiva y radiofónica hay alguien capaz de emular en simpatía, carisma y energía a este pequeño grandísimo locutor, pero me parece que los aficionados a la televisión y la radio española echaremos mucho de menos a un individuo que a base de creatividad y buen rollo eclipsó merecidamente a los tediosos locutores de la Primera y La2, los insoportables comentaristas de Antena 3 y Telecinco, los impostadamente exaltados locutores de la Sexta (cadena que demostró su estupidez congénita prescindiendo de sus servicios) y la mayoría de los que se ponen ante un micrófono en la radio.

Me gustaría pensar que la vida seguirá siendo maravillosa, como él decía, y que nunca dejaré de escuchar sus animadísimas retransmisiones, pero...bueno, me consuelo con saber que el Cielo hoy es un luchar mucho más animado y divertido. ¡Hasta siempre, crack!

martes, 4 de agosto de 2009

Adiós a un PERIODISTA

Esta madrugada ha fallecido el afamado periodista Julián Lago. Se pone así un dramático punto y final a varias semanas de calvario tras una vida de pasión, apasionante y apasionada. Se marcha uno de los grandes periodistas que han hecho ilustre una profesión devaluada en las últimas décadas por la parcialidad, la falta de escrúpulos, la demagogia y la carencia de formación humana y profesional que anegan el panorama periodístico español. España se queda sin uno de sus mejores trabajadores de la verdad, un hombre comprometido con la libertad que da la honestidad y con la independencia que otorga la conciencia. Una persona que, por decir lo que pensaba y pensar lo que decía, se granjeó enemistades entre quienes hacen de la desfachatez y la hipocresía un estilo de vida.

Julián Lago revolucionó en España el periodismo escrito y televisivo en las postrimerías del siglo XX y probó las mieles y las hieles de la fama. Valiente, incisivo, brillante, inteligente, la forma de hacer periodismo de Lago era una entre muchas opciones pero la única por la cual yo decidí estudiar esa carrera: contar la verdad y denunciar la mentira. Hoy, quienes amamos esta profesión, tenemos mucho por lo que lamentarnos.

Muchos de quienes le temían, detestaban o le dieron la espalda se habrán quitado un peso de encima porque no hay virtud más molesta en este mundo de imposturas y malicias que la sinceridad. Para ellos, mi repulsa. Una aversión de la que también quiero hacer víctimas a quienes en estas semanas pudiendo hacer algo por Julián Lago no lo hicieron y quienes lo hicieron en pos de la cizaña, el amarillismo, la hipocresía y cobardes vendettas. Infames personajes de ínfima ralea profesional y moral que, en no pocos casos, abochornan y mancillan el periodismo.

Hoy todos perdemos a un gran periodista y, sus familiares y amigos, una carismática persona con un corazón tan grande como indomable. El único motivo para estar contentos es que el legado humano y ético de Julián Lago pervive en su familia, en excelentes personas como sus sobrinos, a quienes tengo el honor y orgullo de conocer y acompañar, aun en la distancia, en estos momentos de amargo vacío. Descanse en paz.

viernes, 6 de febrero de 2009

De otra crisis: el Periodismo

Vivimos unos tiempos en los que convergen tantas y tan dispares crisis, que la novedad es que algo o alguien no esté en situación crítica. Mas, dejando a un lado el descalabro económico, el hundimiento político, la babilónica orgía laboral, la extinción de valores y la agonía cultural, hoy me gustaría volver la vista, la diana, la mano y la sinceridad a la estación que transita una profesión que estudié con decisión y vocación, que muchos hicieron grande y pocos honran; la única quizás que tiene en su esencia un compromiso ético de incontestable magnitud como es el de la búsqueda de la verdad. Me estoy refiriendo a una profesión que amo, lloro, añoro y respeto de forma nada velada: el Periodismo.

Hay quien dice que la profesión periodística está en crisis...y tiene razón. Pero, a mi juicio, muchos se equivocan a la hora de elegir la llaga en la que poner el dedo. Por todo ello y para evitar (aunque sé que no lo lograré) que mi pasión me lleve a escribir un alud de párrafos, intentaré sintetizar mi opinión en varios puntos:
  • Internet: ¿El origen de todos los males? Achacar a la Red de Redes la culpa de la crisis de la profesión no deja de ser un ejercicio de necia demagogia, furibunda cobardía, rauda estulticia y flagrante irresponsabilidad. Tiempo ha hubo agoreros y memos que vieron en la imprenta el final de los manuscritos, en la radio el ocaso de las gacetas, en la televisión el crepúsculo de la radio o en el vídeo el apocalipsis de las salas de cine y ninguno de esos cataclismos se ha cumplido. ¿Por qué? Porque un medio o soporte de comunicación, sea cual sea, podrá ser predilecto pero nunca sustitutivo de otro, antes bien, le completará de una forma en la que todo el mundo salga ganando. ¿Entonces qué ocurre con Internet? Que es la primera plataforma de comunicación que a las virtudes de los medios de comunicación tradicionales (inmediatez, contenido visual y sonoro, argumentos detallados) suma otra única e inalcanzable: la de tener una audiencia potencialmente planetaria que puede acceder, participar y generar los contenidos en cualquier momento y lugar. Por ello, la batalla de los medios tradicionales (y los profesionales que en ellos trabajan) "contra" Internet es una pugna perdida de antemano porque es un absurdo ver un enemigo donde hay un trampolín para poder hacer más, mejor y llegar a más gente. Entender la relación del periodismo tradicional con Internet como la de un visceral dialéctica es igual de irrisorio que atacar molinos de viento creyendo que son violentos gigantes. Es cierto que Internet requiere una forma nueva de redactar y estructurar la información y de trabajar, pero de la misma manera que el desempeño periodístico en la radio es diferente al de la televisión y el de ambos a su vez difiere de la práctica diaria en los periódicos y revistas. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema? Que Internet ha supuesto un cambio que muchos periodistas y propietarios de medios no han querido ver, un reto que no han querido asumir y una oportunidad que prefieren perder. En Internet caben todo y todos, otra cosa es que haya quien por miedo, vagancia o mediocridad prefiera quedarse fuera.
  • El mango de la sartén: Por lo dicho en el anterior punto, a nadie se le escapa que Internet se ha convertido en una gigantesca cornucopia donde (casi) todo se puede encontrar en cualquier momento y lugar. De ahí que el mango de la sartén del acceso a la información haya pasado de los propietarios de los medios de comunicación al público, especialmente, los internautas. Hemos pasado del "ellos eligen por mí" al "yo elijo por mí mismo". Hoy, gracias a Internet, los portales especializados y los confidenciales, los blogs, las Redes Sociales y fenómenos como Twitter, ya no tenemos que depender de que alguien (me refiero a algún medio de comunicación) se digne o no (por interés) a decir algo o a poner el punto de mira en algo. Hoy, quien quiera y tenga un mínimo criterio (=sensatez) sabe "perfectamente" autoconsumir información de calidad sobre aquello que más le interese o inquiete...lo cual deja a los MC sin una de las principales bazas: Antes, lo que no salía en un periódico, radio o televisión, sencillamente, no "existía". Ahora, en los tiempos en los que Internet es una especie de descomunal cajón de sastre o cueva de las maravillas, da igual lo que digan los "medios de siempre", porque la Red se ha convertido en el principal self-service de la gente para muchas cosas, entre otras, la información. Por tanto, actualmente, los periodistas y los medios de comunicación ha perdido el poder de investir las noticias, porque impera la máxima de "Si tú no lo cuentas, otro lo contará". La cuestión, en definitiva, ya no es contarlo antes que la competencia, ni siquiera si contarlo o no, sino contarlo mejor y de una forma accesible (en toda la extensión de su significado). El periodista ya no puede ni debe conformarse con decidir qué es o no noticia, sino demostrar con calidad y honestidad por qué algo es noticiable.
  • Una brújula entre sargazos: Uno de los peligros derivados de la virtud de que en Internet haya espacio para todo es que la desinformación, la infoxicación, los bulos y las mentiras más arriesgadas tienen un foro atestado de demasiadas víctimas potenciales. Si a eso le unimos el sesgo empresarial y político que gangrena la deseable ética y praxis periodística en periódicos, radios y televisiones, estamos más cerca de ser engañados o de conocer verdades a medias que de estar bien (en lo ético y cualitativo) informados. Es necesario, por tanto, saber discernir y ejercer un sensato escrutinio ante la miríada de informaciones a las que tenemos acceso. Un problema que se solucionaría si los propietarios de medios dejaran de actuar moviéndose por criterios empresariales y filias y fobias políticas y si los periodistas que para ellos trabajan actuaran con arreglo a la sublimada y hoy casi extinta deontología periodística. Mas, como esa solución es harto improbable ("No interesa ser responsable"), sólo queda el remedio de formarnos lo mejor posible con la vocación de no querer ser parte de un rebaño ni gregario de ideas ajenas. Debemos poner todo en duda y reunir tantos argumentos a favor o en contra de algo para, entonces, decidir qué postura tomar. Todo lo demás será querer navegar a oscuras y sin brújula en un mar de sargazos.
  • La verdad no es un negocio: William Randolph Hearst es el polvo del que vienen estos lodos. No, no es Satán encarnado ni Loki hecho magnate, pero el inspirador de la soberbia Ciudadano Kane inoculó el virus que hoy es ley: El periodismo es un negocio como otro cualquiera. Y ése, mucho más que la irrupción de Internet, es uno de los grandes (y graves) problemas de la profesión hoy en día. Un compromiso ineludible con la ciudadanía no puede ser entendido en términos de beneficios o pérdidas. La honestidad nunca jamás puede contabilizare en euros o cualquier otra divisa. La ética periodística no es una cláusula opcional en un contrato. En resumen: La verdad no es un negocio. Es una obligación del periodista.
  • ¿Quién vigila al vigilante? Inicialmente, la Prensa y, por extensión, todos los medios de información que han aparecido a su larga sombra, estaba considerada el Cuarto Poder ("The Fourth Estate"), un poder al servicio de los ciudadanos y encargado de velar por el buen funcionamiento de los otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y denunciar aquello que lo entorpeciera o pervirtiera. Un planteamiento idóneo, ideal e iluso, pero imprescindible. El problema es que con el devenir de los siglos, el Cuarto Poder ha perdido distancia, ganado arrogancia y olvidado su labor de crítico y celoso vigilante para ser juez y parte, para ser un jugador más de ese avieso y penumbroso juego de influencias y prebendas que conforma el contubernio de los tres poderes de Montesquieu. Hoy, en el Periodismo, en líneas generales, el interés es sesgo y se trabaja desde la bilis. Hemos pasado del periodista ombudsman, látigo beligerante de conciencias y problemas, al periodista trabajando para látigos ajenos. Y así hemos llegado a una situación en la que la credibilidad periodística ha tocado fondo: Entre todos la mataron y ella sola se murió. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién la traviste? ¿Quién la cercena? ¿Quién la esconde? ¿Quién hace todo ello a la vez? ¿A quién hay que creer? ¿Quién, en definitiva, vigila al vigilante?
  • Ahórrate esa biblia: La opinión mesurada y el análisis detallado eran una de las tablas de salvación a las que se aferraban (o se aferran) muchos propietarios de medios y periodistas cuando el Periodismo entró en su enésima crisis (poco antes del boom de Internet y los diarios gratuitos). El buen seso y fácil verbo de los articulistas y expertos de cada medio se convertía en un factor diferencial y reclamo genuino para atraer o fidelizar lectores, radioyentes, espectadores...Y eso estaría muy bien si alguien creyera que los intereses empresariales (entendidos como síntesis de chalaneos económico-políticos) y las filias y fobias ideológicas, tal y como glosaba en el punto anterior, no han triturado el crédito de los periodistas y los medios de comunicación. Por decirlo claro: hoy, más que nunca, el público se divide entre una inmensa minoría, como diría el poeta, periodísticamente atea y anhelante de verdad y el rebaño gregario y necio que se mueve a izquierda o derecha según ladre el perro-pastor. Cuando la opinión o el análisis se hacen desde la militancia y no desde la honestidad, muchos pierden y pocos ganan. Lo que es seguro es que los periodistas que ejercen de articulistas, tertulianos o voceros están convirtiéndose en vendedores de unas biblias en las que nadie con un mínimo de entendimiento debería ya creer.
  • La catástrofe ísmica: De ciertos "ismos", no se salva ninguna profesión, pero si hay una en la que sus perniciosos efectos son más flagrantes y nefandos, ésa es la periodística. ¿A qué "ismos" me refiero? A los siguientes: enchufismo, nepotismo, amiguismo, arribismo e intrusismo. "Ismos" que dan matarile a la sana competencia, pasan los méritos por la quilla y pueblan redacciones y sillones de rémoras, parásitos, jetas e inútiles. Yo, iluso defensor y creyente en el progreso mediante la formación, el talento, el mérito y el esfuerzo, sólo puedo ya glosar el obituario de estas caducas creencias, pero no por ello dejaré de criticar a quienes benefician y quienes se benefician quitando el suelo, la voz y la palabra a honrados profesionales sin más carta de recomendación que la de tener conciencia ni más mérito que el de haber estudiado Periodismo por vocación. Y es que, como en tantos otros ámbitos, las elecciones digitales (a dedo) y/o las genitales (a pelo) sólo han beneficiado a dos personas: quien elige y quien es elegido.
  • Made in Spain: Al menos en España, al descrédito y manipulación que sufren y ejercen los medios de comunicación, hay que añadir otro problema igualmente grave: estamos en una sociedad idiotizada, presa de sesgos y prejuicios, perdida en mil y una estupideces, y que aún anda enmarañada en guerras perdidas, batallas ganadas y revanchas por cobrar. Y así, por muy buen periodismo que se hiciera, no se puede ir a ningún lado, porque a "nadie" le interesa la Verdad, sólo que le digan lo que sus vísceras quieren oír, su prejuicios ver y sus egos están dispuestos a leer y, si no es mucho pedir, que en lugar de hacerles pensar, les hagan pasar el rato sin complicaciones ni reflexiones. Un país en el que cualquier juntaletras con enchufe, esperpento de reality show, golfa de expediente vaginal o manflorita de saliva letal se revela de facto como líder de opinión para una pléyade de gilipuertas. Un país en el que el circo, el jaleo y el esperpento tienen salvoconducto y patente de corso para marginar lo realmente importante. Ej: "Gran Hermano" se emite a las diez de la noche y hasta la una de la mañana; un valiosísimo e interesantísimo reportaje como el de Jon Sistiaga en Cuatro sobre la situación en Gaza, al filo de la medianoche. Y así vamos...en una sociedad de forofos y "mono videns".
  • Reinventarse es reencontrarse. Sin información, sin crédito, sin espíritu, sin ética...¿Qué solución hay? Reinventarse. ¿Reinventarse? Sí. ¿Y qué es eso? Ni más ni menos que reencontrarse con las raíces que antaño hicieron grande a esta magnífica profesión. Algo que no es nada descabellado, teniendo presente el silencioso pero abrumador éxito de algunos fenómenos muy reveladores: Qué triunfan: los blogs (= sinceridad + especialización), el periodismo ciudadano (= yo cuento lo que veo tal y como lo veo. Ej: Ciudadano M, de elmundo.es), y el reporterismo callejero (= ir a la esencia de las preocupaciones y circunstancias inmediatas sin más ánimo que el de reflejar con la contundencia de un espejo la realidad diaria. Ej: "Callejeros" de Cuatro, "Mi cámara y yo", "España Directo", "Madrid Directo", etc.). Es decir, recuperar el espíritu de los primeros periodistas y cronistas: Cuenta lo que ves tal como lo ves, no como te gustaría que lo vieran otros; volver a hacer de la honestidad y la sensatez dos méritos y no dos trabas; llenar las paredes de todas las redacciones del mundo con la palabra: "Integridad". Y, a todo ello, añadirle la convicción de que hoy lo que hay que hacer es no contar de todo un poco sino de un poco contarlo todo muy bien.
Y si todo eso falla...¿qué nos queda? Pues, al menos, ser sinceros con nosotros mismos y con quienes queremos y rezar para que los periodistas de raza y vocación (y no los de "profesión"...) no sigan en extinción.

Dedicado a Elvira, Javi, Matías, Irache, Myriam, José y todas aquellas personas que se niegan a sojuzgar los grandes periodistas que llevan dentro.