Hace dos años, por estas mismas fechas, escribí sobre su primera parte. Ahora que escribo sobre la conclusión tengo una sensación agridulce.
Quizás por el vacío y la extrañeza que deja un viaje así: largo (trece años desde si contamos desde el estreno de La comunidad del anillo), intenso, emocionante, impresionante y épico. Un viaje que parecía impensable dada la enorme dificultad que entraña adaptar acertadamente al cine algo tan vasto, especial y espectacular como las obras más famosas de J.R.R.Tolkien. Un viaje en el que hemos conocido personajes, interpretaciones y secuencias que quedarán para la historia del cine y la cultura popular igual que sucedió en su día con sagas como Star Wars. Un viaje lleno de talento, esfuerzo y fantasía que ha sido merecidamente premiado tanto en taquilla como con galardones y opiniones. Un viaje que, en definitiva, ha valido la pena.
O quizás, y aquí viene la parte amarga, porque esta conclusión, este desmesurado, irregular y fallido desenlace ha demostrado que el viaje, ha sido, en todos los sentidos, agotador. Y de ello es buena muestra esta película, muy por encima de la media en cuanto al género fantástico o de aventuras se refiere pero claramente por debajo del nivel marcado por Peter Jackson en esta titánica hexalogía. Un desenlace en el que se nota algo parecido a "desgaste", a "fatiga" y que, a su vez, genera algo parecido a "decepción", a "expectativa no saciada", a un "me esperaba más" o, tal vez y muy probablemente, "me esperaba algo mejor".
De acuerdo que El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos tiene todo aquello que ha hecho de Peter Jackson el Steven Spielberg o George Lucas del siglo XXI y que podemos reconocer fácilmente en todas sus películas ambientadas en la Tierra Media: un don para recrear personajes y escenarios magníficamente, una habilidad para llevar el concepto "épico" a un nuevo nivel cinematográfico, un espectacular uso de los recursos digitales, una acertada selección de actores, un talento para combinar la emoción y la acción...Pero esta tercera y última parte de El Hobbit tiene varios problemas y que se podrían resumir en "el lastre de las licencias". Y es que, si en otras películas de la saga el hecho


























