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domingo, 13 de marzo de 2016

La memoria frágil

Los países, como las personas, sólo acostumbran a tener memoria para aquello que les interesa y cuando les interesa. En este punto, conviene aclarar que cuando hablo de "memoria" no me refiero obviamente a la capacidad cognitiva que te permite interiorizar y despachar cual Rainman una lección en el examen de turno sino de la capacidad ética que te permite convertir lo vivido, bueno o malo, en una lección para el continuo presente. Dicho lo cual, para tener memoria, sea cual sea el tipo o sentido, no todo el mundo vale ni, visto lo visto, tampoco todos los países ni, a tenor de los últimos meses, la Unión Europea.

El último y más vergonzante ejemplo de todo ello es la crisis de los refugiados, una tragedia que creó Europa en diferido por su pereza, desidia, inacción, menosprecio o cobardía ante el sindiós que se vive en Siria y demás abrevaderos del Mediterráneo. Un problemón humanitario que, por su perduranza en el tiempo, ya hemos asimiliado y, por tanto, ignorado como parte del ecosistema informativo rutinario. El arte del mirar hacia otro lado es un arte tan humano como la pintura o la escultura pero de bello no tiene absolutamente nada. Pero, volviendo al tema, cuesta digerir, al menos para los que aún tenemos escrúpulos con los que espolear esa leyenda urbana llamada "conciencia", que la Unión Europea como artificio y los países que la conforman en el terreno fáctico estén actuando de una manera que sólo se puede achacar bien a una esquizofrenia un tanto jodida, bien a una hipocresía difícil de disimular. Sólo así se explica que, cuando los muertos aún están lejos y por enfriarse, el personal se venga arriba y empiece a utilizar grandes palabras y apelar a grandes valores y cuando toca remangarse y lavar la conciencia opten por la "patada a seguir", el "pío-pío-que-yo-no-he-sido" y otros grandes hits de la desfachatez humana. Y cuesta aceptarlo o entenderlo no tanto por esa actitud insolidaria, insensible, xenófoba y clasista en sí misma considerada sino por cuanto
demuestra la ferocidad del olvido. Yo me pregunto qué habría pasado si los países no contendientes hubieran demostrado semejante pasotismo o desconsideración cuando la Guerra de los Balcanes. O qué habría sido de los miles de migrantes-exiliados europeos movilizados forzosamente por la II Guerra Mundial si las naciones hubieran colgado el "Reservado derecho a admisión". La solidaridad y la sensibilidad tanto a nivel nacional como personal salvaron cientos de miles de vidas en el pasado y ojo que no hablo de un pasado a tomar por saco en el tiempo sino uno bien fresco en términos cronológicos. No sé qué ha sucedido para este cambio tan drástico en lo temporal y cruel en lo humano. Quizás es que se ha pasado de contar con las personas a echar cuentas. O que el mundo se ha ido a la mierda hace tiempo y el personal sigue viviendo en un Matrix cortoplacista y miope. No lo sé. Lo que sí se sé es que me da pena, rabia y asco por igual.

No estoy diciendo ni mucho menos que nos volvamos harekrishnas, convirtamos todo en una barra libre y que salga el sol por Antequera, porque ese extremo sería tan perjudicial como el actual, que no es otro que convertir a los refugiados en equivalentes a bolsas de basura amontonadas cuya única solución viable pasa por externalizar su recogida y reciclaje, que es lo que parece que pretende pactar la UE con ese orinal democrático llamado Turquía. Siempre hay un término medio entre un despropósito y otro y se llama sensatez. Dicho lo cual, no me quiero aventurar a afirmar rotundamente lo que pasará con los refugiados pero muy seguramente tarde o temprano quedarán apeados de la escaleta informativa, varados en el olvido y ninguneados como fantasmas. Lo que sí puedo afirmar con total tranquilidad y certeza es que, una vez más, un problema más, la Unión Europea ha mostrado sus incapacidades tanto resolutivas como éticas y se ha revelado por enésima vez como un proyecto absolutamente fallido en lo político, en lo económico y en lo social. Cuesta creer que una iniciativa de semejante calibre germinara con la intención de aplicar lo aprendido tras el pavor de la Segunda Guerra Mundial y, con el paso del tiempo, se haya mostrado como una mentira torpemente adornada con una parafernalia burocrática tan hipertorfiada como inútil que apenas ya disimula la vocación de la UE de ser poco más que aquellos exclusivísimos clubs victorianos en los que los jerifaltes y vips de turno intercambiaban puros, copas, fanfarronadas y tarjetas. Dicho de otra manera y más simple: la Unión Europea es una tomadura de pelo de punta a cabo.

Claro que esto no importa a nadie. Ni a los Jefes de Estado y de Gobierno que se sienten y sientan como reyes del mambo. Ni a los que les votan. Ni a los refugiados que se juegan la vida en llegar a las tierras del Premio Nobel de la Paz 2012 porque alguien, alguna vez, los convenció de una mentira: que en Europa les esperaba una vida mejor. 

miércoles, 6 de enero de 2016

"Star Wars": el poder de la...mezcla

Ahora que todo el mundo está volviendo a sentir el poder de la Fuerza, creo que no vendría mal hacer con Star Wars un ejercicio similar al que hice en su día con las películas de Indiana Jones. Es decir, intentar definir de la forma más clara y amena posible los diferentes ecos e influencias que se aprecian en la Guerra de las Galaxias trascendiendo lo puramente cinematográfico. Dicho de otra manera: hacer un recorrido por la trastienda creativa de la madre de todas las sagas cinematográficas. Un análisis exhaustivo y poliédrico pero que espero resulte entretenido e interesante. Por eso, para hacer ese recorrido más sencillo, lo segmentaré en ocho puntos. Allá vamos:

Referentes en lo cinematográfico:
Por un lado, es evidente la influencia en esta franquicia del "space opera", subgénero de la ciencia-ficción en el que habría que encuadrar a la propia Star Wars y que contó con un enorme éxito "transmedia" durante la infancia y juventud de George Lucas, gracias por ejemplo a uno de los seriales favoritos del cineasta como fue "Flash Gordon conquista el universo" (1940), en el que el icónico héroe creado por Alex Raymond lidera una rebelión contra un malvado emperador galáctico (Ming, El Despiadado) y donde ya se hace uso de los peculiares títulos iniciales tan asociados hoy a Star Wars. Por otro lado, esta saga (especialmente los episodios IV a VI) sería impensable imaginarla de forma ajena al film "La fortaleza escondida" (1958) del magistral cineasta japonés Akira Kurosawa, en el que un variopointo grupo de (anti)héroes protege a una princesa rebelde sorteando todo tipo de aventuras narradas desde el punto de vista de los campesinos Tahei y Matashichi (que son, directamente, la "versión japón feudal" de C3PO y R2-D2) y donde (oh, sorpresa) ya se utilizan esas cortinillas tan emblemáticas hoy en la franquicia galáctica o, por ejemplo, podemos ver una escena final en la que la princesa premia a sus "héroes" en un cuadro muy similar pero mucho más modesto que el ofrecido posteriormente por Lucas, ya que éste prefirió dotar a dicha escena del aire multitudinario e imponente de la convención nazi en Nuremberg mostrada por Leni Riefensthal en la película propagandista "El triunfo de la voluntad" (1935). Igualmente, sería un tanto extraño imaginar las célebres batallas de Yavin y Endor contra la Estrella de la Muerte sin recordar la existencia de dos películas bélicas no muy conocidas (excepto por George Lucas) como las británicas "The Dam Busters" (1955) o "Escuadrón 633" (1964).

Referentes en lo musical:
Que John Williams es un absoluto genio en lo que a bandas sonoras se refiere nadie se atreve a discutirlo. Que la archifamosa música de Star Wars está influenciada por las creaciones de los compositores Gustav Holst (valga como muestra el tema "Marte, el que trae la guerra" de su suite "Los Planetas") y Erich Korngold (escúchese por ejemplo su tema central de la película "King's Row" de 1942), tampoco es algo que nadie debería atreverse a discutir...especialmente cuando el mismo Williams ha reconocido tal influjo.

Referentes en lo narrativo:
Que Star Wars ya partía de una base muy buena para ser algo mítico no se le escapa a nadie que se haya dado cuenta de que tanto la saga en general como la trilogía original en particular encajan y reproducen a la perfección el esquema del "monomito" o "viaje del héroe" ideado por el antropólogo y mitólogo estadounidense Joseph Campbell (1904-1987) en su famosa (y muy recomendable) obra "El héroe de las mil caras"(1949), influencia capital en esta franquicia y cuya importancia George Lucas ha admitido siempre. Sin ánimo de extenderme demasiado, puesto que el tema del periplo heroico daría para varios y kilométricos ensayos, se podría decir que el "monomito" es un modelo o patrón de validez universal en el que se asentarían muchos de los mitos y las leyendas más famosas de todos los tiempos pero, muy especialmente, las de la Antigüedad. Una "plantilla" que no sólo funciona en lo narrativo sino también en lo conceptual y que responde a algo que trasciende cualquier concreción geográfica, temporal o cultural y remite a eso que algunos llaman el "inconsciente colectivo" y otros la "cultura compartida". Grosso modo, el viaje del héroe consiste en la transformación que sufre una persona "ordinaria" para acabar convertida en una figura heroica. Dicha transformación se produce de forma progresiva a través de una "aventura" graduada en varios estadios que, en líneas generales, obedecería al siguiente esquema: una persona normal y corriente ve interrumpida su rutina habitual por un suceso (la "llamada a la aventura") que, pese a un rechazo inicial, acabará suponiendo para él el caos y el descubrimiento de un mundo nuevo (literal o figuradamente) en el que tendrá que sortear diferentes tipos de pruebas de la mano de un mentor (un sabio o maestro que le "enseña" el camino a seguir) y diversos aliados en las que tendrá que hacer frente a varios enemigos hasta sufrir una muerte (real o íntima) que le permitirá renacer (real o íntimamente) con un nuevo conocimiento gracias al cual podrá superar con éxito la prueba definitiva (vencer a la "muerte segura") y volver a recuperar la armonía perdida pero no siendo el mismo que fue sino alguien distinto, mejor, más sabio: el héroe. En línea con esto, conviene remarcar que el sentido último, el verdadero significado, la auténtica importancia del "viaje del héroe" no hay que ubicarlos en el recipiente epopéyico sino en la transformación que trasciende lo interior hasta llegar al exterior provocada por el aprendizaje, por el saber, por el descubrimiento de la frontera entre lo cognoscible y lo inaprensible. Así, el monomito no deja de ser una esquematización de la resiliencia como catalizador del conocimiento profundo y
auténtico que es el que dota a cualquier persona de la aptitud y la actitud necesarias para salir bien parado de todas las pruebas que encuentre a su paso por la vida. Por eso, todo viaje del héroe está constanemente funcionando en dos niveles, uno externo (el epopéyico, el de las hazañas heroicas en sentido estrico, el del periplo físico) y otro interno (el introspectivo, el iniciático, el del descubrimiento de uno mismo) que interaccionan y se reflejan mutuamente. Teniendo esto presente, todas las películas de Star Wars son un auténtico festival de referencias y ecos de este modelo, que, por cierto, está trufado de arquetipos que funcionan fenomenalmente en lo literario (el "viaje iniciático" se podría considerar casi un subgénero), en lo mítico y en lo psicológico (Campbell estuvo influenciado por C.G.Jung en este sentido). En ese sentido, creo que una de las mayores originalidades y virtudes de la saga de Star Wars es conformar un viaje del héroe que contiene a su vez muchos otros viajes del héroe, lo que contribuye a convertir toda la franquicia en una enorme caja de resonancia de este esquema mítico, potenciando aún más sus efectos en el inconsciente y la memoria del espectador. Así, en mi opinión, los episodios I a VI no son otra cosa que el viaje del héroe de Anakin Skywalker, que a su vez contiene, en la trilogía de las precuelas, el viaje del héroe de Obi-Wan Kenobi y, en la trilogía "clásica", los viajes de Han Solo y de Luke Skywalker, quien, por cierto, no es el auténtico protagonista de Star Wars pero sí la figura decisiva para dar sentido y completar el viaje de su padre Anakin. Por otra parte, conviene resaltar la importancia del "viaje al Hades" en el esquema del monomito, pues el acceso al mundo de la Muerte, la exploración de la tierra de los no vivos (trasunto del inconsciente), tiene una importancia decisiva a la hora de operar esa transformación que dota al personaje de la aptitud necesaria para ser un héroe. Un descenso a las profundidades que no es más que el correlato objetivo de la introspección definitiva y que es un episodio de capital importancia no sólo en la mitología clásica (esta "nekyia" se puede apreciar en los mitos de Heracles, Teseo, Orfeo, Odiseo, Eneas...) sino también en lo filosófico (para muestra, el célebre "Poema del ser" de Parménides), en lo mistérico (muchos son los ritos de iniciación que pasan por simular o representar la muerte del iniciado para renacer con una nueva visión y sabiduría) y en las propias películas de Star Wars, en las que Anakin desciende al Hades al caer en el lado oscuro (episodio III) mientras que su hijo Luke hace lo propio al internarse en la inquietante cueva de Dagobah (episodio V).

Referentes en lo temático:
Si en lo narrativo, el uso del modelo del viaje del héroe ya era una base muy sólida para tener éxito, en lo temático sucede algo similar. En este ámbito, La Guerra de las Galaxias no es más que un pintoresco recipiente en el cual George Lucas vierte temas totémicos de la literatura universal en general y del género teatral en particular. En este sentido, no resulta difícil encontrar en la raíz de las numerosas tramas que se intrincan en la franquicia los motivos más imponentes y trascendentales que han anidado en los textos teatrales desde la Antigüedad hasta nuestros días. Por eso, Star Wars no deja de contarnos de una forma relativamente nueva temas tan clásicos como la búsqueda de la identidad en contraposición a la inercia del destino que parece asignar el contexto del personaje (algo apreciable no sólo en las tramas de Anakin Skywalker sino también en las de Luke Skywalker, Han Solo, Kylo Ren, Rey, Finn...), el conflicto padre-hijo (tanto en lo biológico como en lo didáctico: Anakin vs Luke, Obi-Wan vs Anakin, Darth Sidious vs Anakin, Han Solo vs Ben Solo, Snoke vs Kylo Ren, etc), la hibris como motor de desgracia del protagonista y aledaños (nada mejor que esa desmesura para caer en el lado oscuro), el peso erosivo del legado (como ejemplifican bien las historias de Luke Skywalker y Kylo Ren), el incesto (Luke y Leia), la colisión entre querer y deber (perfectamente trazada en la figura de Anakin), la gestión de la culpa (en la trilogía de precuelas, Anakin comienza su descenso a la oscuridad por culparse de la muerte de su madre; en la trilogía primigenia, Luke es casi llevado en volandas a la aventura por imputarse de las tragedias que acontecen a su paso; y, en la trilogía nueva, Han Solo y los hermanos Skywalker son víctimas de su propia gestión de la culpa por la siniestra implosión de la academia jedi de la que se sienten responsables), la ingobernabilidad de nuestros sentimientos y pasiones, el crecimiento como pérdida, la redención como restablecimiento del equilibrio interior y exterior...En definitiva, lo que cuenta Star Wars no es nada que no se pueda rastrear, por ejemplo, en las célebres tragedias de la Antigua Grecia o en los grandes dramas de William Shakespeare. La originalidad, por tanto, radica en el envoltorio, que, siendo éste a priori chocante e incluso inapropiado (el mundo folletinesco y "frívolo" de la space opera) se revela como una estupenda manera de contar de forma nueva algo tan antiguo y universal como los temas que brotan de la propia naturaleza humana. 

Influencias en "la Fuerza":
Este es quizás uno de los aspectos donde mejor se note el peso de y el poso de lo oriental en George Lucas a la hora de idear Star Wars. La Fuerza, esa energía invisible que impregna todo lo existente y es la fuente del poder y base de toda la filosofía de los Jedi y los Sith, supone en mi opinión un perfecto trasunto del tao chino y el akasha hinduista. Respecto al tao, las semejanzas con "la Fuerza" son más que llamativas toda vez que aquél se podría definir como el flujo constante y universal de una energía poderosa e invisible (el chi) que cohesiona y equilibra todo lo existente y que es percibido en lo filosófico y espiritual como "el gran camino" a recorrer (para los taoístas el aprendizaje y el descubrimiento del verdadero conocimiento es un camino de desprendimiento y revelación, igual que, por ejemplo, ocurre con la preparación de los Jedi, desde que son padawan hasta que alcanzan el grado de maestro). Por si esa similitud no bastara, conviene decir que el tao se asienta en el principio de "dualidad en la unidad" según el cual el tao cohesiona y engloba dos fuerzas opuestas y complementarias en constante interacción: el yin y el yang...exactamente igual que sucede con la Fuerza y sus respectivos lado oscuro y luminoso, aspecto este que conectaría a su vez con la doctrina del maniqueísmo, según la cual todo se reduce a la eterna lucha entre dos principios contrapuestos: el Bien o la luz (Zurván) contra el Mal o las tinieblas (Ahrimán). En cuanto al akasha del hinduismo, es uno de los cinco grandes elementos, el éter; una sustancia eterna, omnipresente e imperceptible creada por Brahma. Por cierto, el akasha también está presente en otras creencias, como, por ejemplo, en la Wicca, donde constituye "el espíritu", uno de los cinco elementos representados en el clásico pentagrama mágico y que es una energía unificadora presente en todos los seres vivos.

Los Jedi como trasunto:
Por una parte, parece más o menos evidente que la Orden Jedi es la traslación al mundo de la "ópera espacial" de los Caballeros de la Tabla Redonda. Al igual que los protagonistas del ciclo artúrico, constituyen unos paladines vitalicios del orden, la paz y la justicia; los guerreros más virtuosos en lo bélico y en lo ético; los mejores de los mejores procedentes de diferentes partes del mundo conocido. Otra semejanza entre los Jedi y los caballeros del Rey Arturo la encontramos precisamente en la figura de éste último, cuyas similitudes con Anakin Skywalker no son muchas pero sí rotundas: ambos confirman con sus hazañas una profecía (Arturo al extraer a Excalibur y Anakin al traer el equilibrio a la Fuerza); ambos tuvieron un tutor decisivo en su formación (de manera que Obi-Wan Kenobi sería un reflejo de Merlín) y ambos supusieron el germen o el detonante de su propia destrucción (Pendragón al engendrar a su némesis Mordred y Skywalker al caer en el lado oscuro). Por otra parte, ya en el mundo "real", creo que los Jedi se pueden percibir como un eco ficticio de los históricos caballeros de la Orden del Temple, no sólo por su condición de monjes-guerreros o su habilidad para la estrategia política y militar o su rol de protectores de un frágil equilibrio sino por el destino que tuvieron: tanto templarios como jedi llegaron a alcanzar tal cota de poder e influencia que se convirtieron en un problema para los que aspiraban a ser los únicos reyes del mambo; así, ambas órdenes fueron víctimas de una infame conspiración de origen político que acabó con la desaparición de la orden como tal y el exterminio, la clandestinidad o el exilio de sus miembros. De este modo, podríamos identificar la figura del repugnante Felipe IV de Francia con la del siniestro canciller Palpatine (Darth Sidious). Remontándonos en el tiempo y el espacio, encontramos otra de las
grandes influencias en Star Wars: el Japón feudal y, más concretamente en este caso, los samuráis, puesto que, como los Jedi, fueron formidables guerreros regidos por un código ético muy estricto (el "bushido" sería el mejor equivalente histórico al ficticio Código Jedi, que, por cierto, estaría más próximo a los Cuatro Libros del confucianismo o a las "Cuatro Nobles Verdades" del budismo que al decálogo judeo-cristiano), profesaban un gran respeto y veneración por lo que podría denominarse "cultura de la espada" (para un samurái su katana era algo tan especial como un sable láser lo es para un jedi) y la presencia incluso de mujeres en sus filas. Por último, yendo aún más atrás en el tiempo, podríamos hallar otras dos influencias, en este caso, de la tradición judía: Por un lado, el Consejo Jedi tiene importantes elementos en común con el antiguo Sanedrín judío, un consejo de sabios en el que se tomaban decisiones de capital importancia siempre en aplicación de una doctrina (aquél el Código Jedi y éste la Torá) y que también fue anquilado por un imperio (el galáctico en el caso de Star Wars, el romano en el de los judíos). Por otro lado, jedi y judíos practican constantemente un culto a los antepasados, traducido no sólo en la invocación de los predecesores sino además en la conservación documental de su sabiduría (de ahí, por ejemplo, el uso de los holocrones por los jedi); un "religar" continuo con los que "están tras haber sido" y con sus enseñanzas, de forma que su ética y conocimiento conforman un constante bucle renovado en el que lo pasado y lo presente se funden en una eterna pervivencia del saber sedimentado generación tras generación. No obstante, este culto a los ancestros también entroncaría con otro de los grandes referentes en lo filosófico y espiritual latentes en Star Wars como es el confucianismo

Anakin, el Mesías redimido:
Al hablar del jedi Anakin Skywalker, esto es, del sith Darth Vader, estamos hablando de la figura de Star Wars más compleja e interesante no sólo desde el punto de vista dramático-literario sino también en lo que a referencias o ecos culturales se refiere. Primero, está razonablemente claro que el rol de Anakin es esencialmente mesiánico en la medida en que sobre él recae el papel de restaurar el equilibrio, de derrotar al Mal identificado con todo lo que se opone a la armonía, la luz, el orden natural o el "Bien". Así, la figura de este Skywalker habría que vincularla a las de otras deidades como Jesús (cristianismo), Horus (mitología egipcia), Krishna (hinduismo), Mitra (mitología persa), Balder (mitología nórdica) o a la de héroes legendarios como los griegos Perseo, Teseo o Cadmo; el hebreo Moisés o el rey Arturo Pendragón en el ámbito céltico. Segundo, con su conversión en Vader, Anakin encarna una de las mejores ejemplificaciones de lo que Joseph Campbell definió como el "monstruo-tirano", figura de poder que constituye la clave del caos, la némesis del héroe (que actuaría como contra-poder), la encarnación del Mal y que, pese a sus diferentes encarnaciones en el ámbito de las leyendas y los cuentos (dragón, ogro, monarca malvado, etc) es un arquetipo detrás del cual se esconde la figura del "padre" como obstáculo definitivo a superar para alcanzar la plena consciencia, autonomía y desarrollo como individuos desde el punto de vista psicológico, lo cual, por cierto, vincularía a Anakin/Vader con la figura del "padre diablo" de la que hablaría Sigmund Freud en su obra "Una neurosis demoníaca del siglo XVII". Tercero, la caída del mesías Anakin en el lado oscuro no deja de ser una suerte de ejercicio de "historia alternativa" que aborda el
clásico "what if (qué habría pasado si...)" aplicado, sin ir más lejos, a Jesucristo en la medida en que esta trama de Star Wars es un trasunto de lo habría pasado si Jesús (Anakin) hubiera cedido a las tentaciones del diablo (Palpatine), tal y como le ocurre al futuro Vader. En ese sentido, Anakin se asemeja al Rey Arturo, cuyos errores conllevan no sólo el cuestionamiento de la profecía a él asociada sino la destrucción de toda la cosmovisión que él encarnaba. Cuarto, es bastante curioso pero coherente que la perversión y la redención de Anakin Skywalker tengan un mismo origen: el amor a su mujer Padmé (su deseo por salvarla de la muerte que ha visto en sueños) le lleva a abrazar el lado oscuro de la Fuerza, mientras que el amor a/de su hijo Luke es que el que consigue darle las fuerzas suficientes para redimirse (matando a Darth Sidious), cumplir la profecía (traer el equilibrio a la Fuerza) y reconciliarse con sus seres queridos
(es decir, con su propia familia y con los jedi, como se demuestra en el desenlace de El retorno del Jedi). En este sentido, parece quedar claro que, tal y como decía anteriormente, los episodios I-VI son, esencialmente, el viaje del héroe de Anakin Skywalker, funcionando a la vez como aventura iniciática y como historia de redención de quien, visto todo en perspectiva, es el personaje con más matices y contradicciones de todos y, por ende, el más humano, convirtiéndolo en la auténtica figura central (y la más carismática) de todo Star Wars. Por último, sólo remarcar que la concepción del amor como elemento catalizador de la armonía, fuente de sanación o sentimiento iluminador sobra decir que no es un hallazgo de George Lucas sino que está muy presente en las principales religiones y filosofías desde antiguo.

Referencias en lo visual:
En el plano estético, la franquicia es todo un crisol en lo cronológico y en lo geográfico. Esto se deja notar no sólo en la indumentaria y el "look" de los personajes sino también en la arquitectura de los edificios. Así, a lo largo de la saga, podemos ver construcciones de distinto tipo que, dependiendo del lugar/planeta, nos recuerdan al estilo bizantino (Naboo), al art nouveau (Coruscant), al Lejano Oeste (Tatooine), a la monumentalidad de la Antigüedad...Mientras que, en lo que a vestidos se refiere, la influencia de lo oriental es más que notoria no sólo en el aspecto de Padme Amidala (inspirado en referencias tanto de Mongolia como de Corea) o de los Jedi (un híbrido entre un samurái sin armadura y un proto-cristiano de la antigua Judea) sino también y muy especialmente en el emblemático y ya legendario look de Darth Vader (nuevamente inspirado en el Japón feudal, puesto que su armadura es la "versión space opera" de las impresionantes armaduras samuráis y su icónico casco es una puesta al día de las legendarias mengu que completaban a los kabutos). No obstante, la otra gran influencia en cuanto a la ropa la encontramos en la Segunda Guerra Mundial, ya que los "imperiales" recuerdan (especialmente cuando están dentro de alguna nave o de la Estrella de la Muerte) al austero y siniestro atuendo del ejército nazi mientras que los "rebeldes" evocan el aspecto de los pilotos aliados y los partisanos.

Por todo lo dicho, y ya a modo de conclusión, parece evidente que el mérito y la maestría de George Lucas no consiste en crear ex nihilo sino en conseguir mezclar y equilibrar con acierto multitud de influencias, herencias, referentes y ecos. Así, Star Wars funciona como una vorágine de eclecticismo, como un complejísimo juego de malabares en el que lo clásico se fusiona con lo nuevo y lo oriental con lo occidental en un mestizaje que los más ortodoxos podrían calificar de irreverente o kamikaze pero que es profundamente coherente con la posmodernidad en la que nació y que, lejos de encapsularse, lo tiene todo a su favor para perdurar en el tiempo y el espacio indefinidamente como sucede con los grandes clásicos universales que, en el fondo, es lo que es Star Wars.

(PD: Si alguien quiere reproducir total o parcialmente este artículo, ruego que me lo comunique y, en todo caso, que incluya un vínculo a este post. Muchísimas gracias). 

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Se puede cambiar el mundo?

¿Se puede cambiar el mundo? Sí ¿Permanentemente? No. ¿Globalmente? No. ¿Simultáneamente? No ¿Uniformemente? No. ¿Previsiblemente? No. Por tanto, ese “sí” es una afirmación llena de negaciones, de imposibilidades. Y lo es porque el devenir de la Humanidad ha demostrado que el mundo entendido como sociedad planetaria, como sistema humano, como organismo social está sujeto a la dinámica de acción y reacción que rige la física o a la dialéctica entre tesis y antítesis que vertebra el pensamiento, con el agravante de que, en el mundo, especialmente en la actualidad, están constante y simultáneamente activos miles de procesos que inciden unos sobre otros y bajo circunstancias muy dispares, lo cual hace bastante cuestionables las posibilidades de lograr un cambio suficientemente estable en el tiempo y en el espacio como para que tenga éxito. Cambiar el mundo obedece así a una voluntad de imponerse sobre lo inasible e imprevisible y, por tanto, destinada al fracaso, al menos entendido en los términos con los que se diseña y persigue ese objetivo de cambio. Pero, además, cambiar el mundo obedece a una visión del mismo que, aunque sea de forma inconsciente, menosprecia o ignora al otro o a la visión de los otros en favor de la cosmovisión individual y, por tanto, igualmente fallida. 

A lo largo de la Historia, se ha intentado cambiar el mundo partiendo de diferentes concepciones del mismo, alegando diversas motivaciones y empleando distintas maneras. Se ha intentado cambiar el mundo concibiéndolo como escenario y catalizador de la culminación de una polis o de una nación o de una clase o del propio individuo en sí mismo considerado. Se ha intentado cambiar el mundo apostando por la paideia, por la ley o por la lucha. Se ha intentado cambiar el mundo mediante una regulación compleja y rígida o mediante una legislación simple y laxa. Se ha intentado cambiar el mundo desde la acción individual y desde la acción colectiva. Se ha intentado cambiar el mundo creyendo que el bien individual y el colectivo son compatibles o bien pensando que la sociedad y quienes la integran son un buffet libre al servicio de las apetencias y objetivos individuales. Se ha intentado cambiar el mundo desde la cohesión y desde el apartamiento. Se ha intentado cambiar el mundo desde la transformación y desde la ruptura. Se ha intentado cambiar el mundo desde la imposición y desde la persuasión. Se ha intentado cambiar el mundo desde planteamientos filosóficos, políticos, económicos, religiosos y psicológicos. Se ha intentado cambiar el mundo de muchas maneras, desde muchos lugares y en muchos momentos y el mundo siempre ha seguido su propio camino, sin cerrar la puerta a la sorpresa, dejando en papel mojado todo tipo de cuadrículas y planteamientos. En ese sentido, se puede decir que el mundo en que vivimos se comporta, desde siempre pero especialmente en nuestra época, como lo haría un péndulo de Newton.

Quizás ello se deba a que basta una sola persona para iniciar el desmoronamiento de todo un sistema o planteamiento; a que siempre habrá alguien dispuesto a ir en contra de lo que diga otro o que vea beneficio en ir contracorriente o que se sienta atraído por hacer lo contrario, lo alternativo, lo prohibido. O a que somos tan propensos a la aplicación de esquemas y a la búsqueda de panaceas que acabamos por ignorar fenómenos como el “efecto mariposa” o el “cisne negro”. O, tal vez, a que, queriendo cambiar el mundo, es el mundo el que acaba por cambiarnos y entonces ya no es momento de ofrecer respuestas sino de buscar nuevas preguntas.

martes, 13 de octubre de 2015

El día de la Polémica Nacional

Ayer fue 12 de octubre: día del Pilar, día de la Fiesta Nacional, día de la Hispanidad, día del Descubrimiento de América, día de Colón...pero, especialmente, día de la Polémica, especialmente aquí en España.

El cisco viene por lo que a mi juicio consiste en mezclar churras con merinas de tal forma que se ha creado una "frankenfiesta" bastante mejorable, por decirlo eufemísticamente. El problema está en que hay quienes utilizan esto para orinar fuera del tiesto o atizar a todo lo que huela a España o a los conceptos de "nación" o "patria". Un problema que se solucionaría, como casi todo en esta vida, con más sensatez, honradez y cultura, logro que casi siempre se consigue leyendo mucho y bien.

Así que, visto el percal, mi intención con este artículo es intentar aclarar todo el embrollo y de paso dar mi opinión sobre algunos aspectos polémicos intentando no salirme en ningún momento de la honestidad, aunque eso pueda molestar a unos y otros por igual.

- Sobre el 12 de octubre como "frankenfiesta":
Me parece un gran error mezclar en un mismo día una celebración de tipo religioso (Nª Sª del Pilar) con otra de tipo patriótico  (Fiesta Nacional), otra de tipo histórico-conmemorativo (Descubrimiento de América) y otra de tipo etnográfico-cultural (Hispanidad) y sintetizar todo ello en un desfile de tipo militar. Cada cosa a su tiempo y cada tiempo a su cosa. 
Para empezar, si se trata de celebrar la "hispanidad", debería apostarse por una celebración menos monotemática, más civil y cultural, que apostara por realzar lo que une a todos los países hispanohablantes (no sólo a España) y también lo que, diferenciándolos, contribuye a crear una cultura enorme en interés, potencial y matices.
Por otra parte, si lo que se busca es celebrar a España como nación al estilo de lo que hacen los EEUU el 4 de julio, creo que hay cosas mejores que festejar y de las que enorgullecerse, principalmente de tipo cultural, científico, intelectual y deportivo, antes que reducirlo todo a un pavoneo militar por tierra y aire. Ojo: no critico que se ensalce la labor del ejército a la hora de defender a los intereses y ciudadanos españoles sino jibarizarlo todo a eso, pasándose por la piedra a decenas de escritores, pintores, pensadores, científicos y deportistas españoles vivos o muertos que no sólo forman parte de la historia nacional sino también de la universal con todo merecimiento.
Porque, en línea con lo anterior, si lo que se quiere es celebrar exclusivamente a las Fuerzas Armadas y honrar a los caídos, para eso existe ya un día distinto. Punto.
En cambio, si lo que se pretende es honrar a la Virgen del Pilar, lo más lógico sería hacer algo similar a lo que se hace en la festividad del Apóstol Santiago. Tan sencillo como eso.
Por último, si lo que se ansía es conmemorar la fecha en la que España puso un pie en la Luna en lo que a términos históricos se refiere, me parece que "descubrir" América es algo con la suficiente entidad como para fusionarlo con una fiesta de enfoque más amplio y localista y, en cualquier caso, sin sacar de quicio el asunto, como explicaré a continuación.

- Sobre el descubrimiento y la conquista de América:
Buena parte de la polémica que rodea al 12 de octubre tiene que ver con esto. ¿Los culpables? Varios: el patrioterismo más rancio, la demagogia de lo políticamente correcto, los complejos heredados a cuenta de las insidias y calumnias de la "leyenda negra", la manipulación político-historicista y, como causa de todo lo anterior, la falta de estar lo suficientemente bien leído. Y es que, en este asunto, chocan varios intereses antagónicos pero igual de gilipollescos por su ceguera y falta de honestidad. 
* Respecto al descubrimiento de América: Que se sepa, antes que Colón y sus carabelas españolas, y dejando aparte la controversia
sobre el chino Zheng He, los primeros en poner un pie al otro lado del Atlántico fueron Erik, el Rojo y su hijo Leif Eriksson, más de 400 años antes de que Rodrigo de Triana estuviera al borde de la angina de pecho. Así que, descubrir, lo que se dice descubrir...no. En todo caso, España sí fue la primera en realizar con éxito una colonización en territorio americano.
* Respecto a la colonización y conquista española de América: La mayoría de los países (presentes o pasados) han sido a lo largo de su historia colonizados y colonizadores de igual manera que han sido conquistados y conquistadores. En el caso de España, basta con recordar que lo que hizo en América ya lo había vivido en carne propia hacía siglos de la mano de los romanos y los árabes, por citar sólo dos ejemplos. Conviene aquí apuntar que toda colonización se asienta sobre una conquista previa y ésta a
su vez en un conflicto entre los foráneos y los nativos solucionado por las armas ¿antaño? y por la economía hoy. No hay que olvidar que hasta hace relativamente poco en lo que a términos de Historia universal se refiere, las fronteras de las naciones se pintaban con sangre. España, en este sentido, no es una excepción...pero eso no quiere decir que fuera ni la primera ni la única potencia en hacerlo y quien quiera negar tanto lo uno como lo otro hace mal. 
Igual que hace mal quien quiera escudarse en ese argumento para justificar, mitigar o pasar de puntillas por todas las numerosas atrocidades y barbaridades cometidas por los conquistadores y colonos españoles: matanzas, torturas, esclavitud, abusos...Es lo que pasa cuando das carta blanca a gente con pocos escrúpulos y demasiada codicia (el argumento de la evangelización es un chiste de mal gusto). Dicho de otro modo: la conquista española de América no la hicieron precisamente unas beatas (como tampoco eran monjes tibetanos los indios autóctonos). Todos los países del mundo tienen una lista de cosas de las que avergonzarse y, en el caso de España, lo que se hizo en el "Nuevo Mundo" está en el hit parade junto a la Inquisición y las guerras civiles.
Igual que hace mal quien sólo quiera ver masacres y aberraciones
perpetradas por españoles y se olvide de que también fueron españoles quienes denunciaron estos desmanes o quienes promovieron disposiciones para velar por el cuidado de la población indígena. Ahí está para demostrarlo a quien tenga interés el testamento de Isabel, la Católica (capítulo XII), las Leyes de Burgos o las Leyes Nuevas.
Por eso, quien opte por adoptar un planteamiento maniqueo está demostrando más habilidad para quedar como un gilipuertas que para poner las cosas en su justo contexto.
* Respecto a la mortandad de los nativos americanos: Negar que la llegada de los españoles a América supuso una diezma nivel aniquilación de la población local es una estupidez tan patética y repugnante como negar, por ejemplo, el holocausto judío a manos de las nazis. Atribuir exclusivamente a la guerra, la tortura y la explotación española todas las muertes, también. Más que nada porque hay bastante consenso entre los expertos a la hora de atribuir la mayoría de las muertes (para necios: mayoría no es
sinónimo de totalidad) a las epidemias y enfermedades sufridas por los nativos como consecuencia de los gérmenes que inconscientemente llevaron consigo los españoles; la única controversia que existe actualmente está en fijar el porcentaje de muertes con causas "patógenas" (unos hablan del 65%, otros del 95%, etc). Por tanto, puestos a hablar de las muertes de los nativos, sería más correcto hablar de "mortandad" que de "genocidio" y más honesto no ningunear la culpa que tuvieron en ella la viruela y demás pandemias. Que el comportamiento abominable de los españoles no ayudó, es cierto. Que antes de la llegada española los indios ya se mataban/sacrificaban/comían entre ellos, también.
* En definitiva: ante la demagogia y la estupidez, nada como estar informado. En ese sentido, si alguien quiere profundizar en el tema y contextualizar debidamente todo este asunto, recomiendo leer los libros La conquista de América, una revisión crítica y Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental.           
Por tanto, visto lo visto, ¿qué haría yo el 12 de octubre? Seguir la postura de Ernesto Sábato y no quedarme ni con la leyenda negra ni con la leyenda blanca para poder celebrar lo que nos une, esto es, los hitos logrados por hispanohablantes de todos los tiempos, tomando una Mahou con mis amigos, sean del lado del Atlántico que sean.

lunes, 12 de octubre de 2015

Titanic: una exposición para recordar

Hace escasos días se ha inaugurado en Madrid la exposición Titanic, the exhibition. La muestra, de carácter internacional y albergada hasta el próximo marzo en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, está dando bastante que hablar no sólo por el magnetismo intrínseco de todo lo que rodea al citado barco (que se lo digan a James Cameron) sino por el éxito de público que está cosechando estos días en forma de largas colas, entradas agotadas, etc. Un éxito más que justificado ya que, además del colosal potencial de lo histórico, esta exposición, aun siendo mejorable (como todo en esta vida), está organizada con un excelente criterio y es asequible en todos los sentidos, completa en fondo y forma y muy satisfactoria. Pero, por encima incluso de todo esto, el gran mérito de la exhibición es que resulta francamente emocionante en lo humano, al hacer visibles algunas de las historias dentro de la historia; esas historias perdidas en la polvareda de los datos y la crónica de brocha gorda; esas historias que nos hablan de personas reales asociadas para siempre a la tragedia del Titanic por cómo murieron o cómo sobrevivieron en aquella fatídica noche; esas historias con las que no cuesta nada conectar gracias a la eficaz combinación de reseña biográfica, fotografías y objetos personales. De ahí que no sean pocos los momentos en los que el escalofrío o la lágrima puede aparecer por sorpresa fuera del guión de la audioguía.

Se dice que el Titanic es desde su terrible hundimiento un barco mítico. Y es cierto que algo de mítico tiene pues es relativamente fácil ver reflejados en su tremenda peripecia los ecos de mitos tan antiguos y universales como los de Prometeo, Ícaro o Aquiles. Pero, aun siendo esto verdad, lo verdaderamente conmovedor de todo lo relacionado con el Titanic es su capacidad para sintetizar en unos hechos objetivos y concretos algo tan
universal como la contradictoria condición humana, esa que oscila entre la vida y la muerte, la bondad y la vileza, la suerte y la desgracia, la realidad y el deseo, la valentía y la cobardía, el altruismo y el egoísmo, la templanza y la locura, la lealtad y la traición, la responsabilidad y la despreocupación, la lucidez y la estupidez, lo racional y lo irracional...Quizás, parte del descomunal atractivo que aún conserva el Titanic se debe a que, en esencia, no deja de ser un colosal "memento mori" pronunciado en un grito que desgarra los límites de lo geográfico y lo temporal. O tal vez se deba simplemente a que nos recuerda de una forma rotunda y estremecedora de qué somos capaces en una situación límite, para bien o para mal. De ahí lo acertado de esta exposición al conceder la misma importancia a lo más personal y "anónimo" que la prestada a lo más histórico y conocido.

En definitiva, Titanic, the exhibition es una exposición francamente buena y muy recomendable porque, más allá de saciar suficientemente la curiosidad o el interés que pueden suscitar los hechos y los datos, la muestra nos deja sensaciones y enseñanzas que no debemos dejar olvidadas en el fondo de ningún océano.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cuestión de nacionalidad

El todo por una parte. Ahí está el problema. En juzgar el todo por una parte. Estos días, el asunto de "ser" o "sentirse" español está de moda debido no tanto a la cagada tamaño Everest de Rajoy con Alsina (memorable entrevista para los anales del humor propio y la vergüenza ajena) como al desafortunado cinismo (fuera impostado o no) de Fernando Trueba al recoger el Premio Nacional de Cinematografía o al intento gubernamental, partidista, electoralista y penoso de capitalizar el triunfo de la selección de baloncesto al tratar de venderlo como un paradigma de la España auténtica, como si la España del paro, la corrupción, el capitalismo de amiguetes o Mujeres, hombres y viceversa no fuera tan real como las extraordinarias victorias de Gasol y compañía.

Yo creo que uno respecto a su país, nación o patria tiene la misma vinculación emocional y cerebral que se puede tener en cualquier relación familiar o afectiva. La clave para que ese vínculo no acabe en portazo consiste tanto en asumir los errores
y defectos de la otra parte sin disculparlos ni matizarlos como en no permitir que esas imperfecciones te impidan ver y disfrutar el resto del bosque. En cualquier relación personal (y la de un individuo con su país lo es), la lista de reproches unilateral siempre va a existir; el truco está en utilizar esa lista no como metralla arrojadiza sino como ancla que te ayude a mantener los pies en el suelo y así no elevarte a cotas donde el oxígeno no llega adecuadamente al cerebro. Dicho de otra manera: que la "madre patria" no se convierta en Norma Bates es tan fácil como saber poner las cosas en perspectiva, esto es, en un contexto completo, realista y alejado de cualquier maniqueísmo. En ese sentido, creo que renegar con desdén de una nacionalidad tiene mucho de esnobismo facilón y postureo cobarde pero también que alardear desaforadamente de esa misma nacionalidad tiene mucho de paletismo (intelectual, histórico, cultural y/o geográfico). Ambas posturas, tan antagónicas a priori, me parecen dos excelentes atajos hacia un mismo destino: la estupidez. De todos modos, la nacionalidad tiene más que ver con un sentimiento de pertenencia que con lo que diga o deje de decir el político de turno, la partida de nacimiento o con un texto legal; por tanto, como sentimiento, es escurridizo en no pocas ocasiones a la razón o a la lógica y a menudo puede resultar contradictorio o, incluso, tóxico. Por eso, como en cualquier otro sentimiento, lo mejor es basarlo en algo producto de la realidad y la vivencia y no en algo resultado de la imaginación o la demencia, no vaya a ser que la hostia luego sea de impresión...De ahí que, más que declaraciones y leyes, lo mejor para favorecer el patriotismo íntimo y personal sería dar hechos, realidades constatables que fundaran por sí solos algo parecido a orgullo, satisfacción o ilusión. Respecto a esto, creo que sería bueno recordar cómo los antiguos griegos se desvivían y hacían girar absolutamente todo en torno a la "polis", no tanto como lugar físico-político sino como constructo nacional, mental y emocional fuera del cual el desarrollo completo del individuo sería imposible. Claro que todo el mundo es libre de elegir ser un paria...

El problema, como decía antes, viene cuando se juzga al todo por una parte, para bien o para mal. En ese sentido, tan España es la de Mariano Rajoy Brey o José Luis Rodríguez Zapatero como la de Pau Gasol o Rafa Nadal. Tan España es la de Pablo Iglesias como la de Albert Rivera. Tan España es la del IBEX-35 como la de las colas del SEPE. Tan España es la de Florentino, Alierta y compañía como la del Padre Ángel y su gente. Tan España es la del Toro de la Vega como la del Museo del Prado. Tan España es la Francisco Marhuenda, Bieito Rubido o Alfonso Rojo como la de Ana Pastor, Jordi Évole o Carlos Alsina. Tan España es la de Salvador Sostres, Hermann Tertsch o Juan Manuel de Prada como la de Pedro Simón, Rubén Amón o Ramón Lobo. Tan España es la del enchufe, el pelotazo y las puertas giratorias como la que se levanta diariamente a las seis de la mañana para trabajar, estudiar o atender la casa. Tan España es La 1 como La Sexta. Tan España es
la que sale en el Hola como la que no sale en las noticias. Tan España es El chiringuito de jugones como La 2 Noticias. Tan España es Gym Tony como El Ministerio del Tiempo. Tan España es la de Tomás Roncero o Manolete como la de Iñako Díaz-Guerra o Rubén Uría. Tan España es la de Álex Ubago o Los Supersingles como la de Joaquín Sabina o Héroes del Silencio. Tan España es la de Jorge Javier Vázquez como la de Rafael Álvarez "El Brujo". Tan España es la de Belén Esteban como la de Federico García Lorca. Tan España es la de Kiko Rivera como la de Rafael Chirbes. Tan España es la de Paz Padilla como la de Arturo Pérez-Reverte. Tan España es la de los Borbones como la de los Trastámara. Tan España es la que tiene en su mesilla Cincuenta sombras de Grey como la que tiene Don Quijote de La Mancha. Tan España es la de los diputados como la de los ciudadanos. Tan España es la que despendola en el Orgullo Gay como la que visita el Santuario de Torreciudad. Tan España es la que los domingos va a misa como la que no pisa una
iglesia ni por turismo. Tan España es la de Leticia Sabater como la de la Reina Letizia. Tan España es la de Ferrán Adriá como la de la tasca de toda la vida. Tan España es la que se iba de vacío en cualquier competeción deportiva como la que cosecha medallas y trofeos urbi et orbe. Tan España es la que cobra en B como la que se esfuerza en A. Tan España es la que se gasta dinero votando en Gran Hermano como la que lo gasta en libros que leer o en exposiciones que visitar. Tan España es la de la juventud que aspira a ser tronista en Telecinco como la que emigra para buscarse el futuro. Tan España es las de los crossfiteros como la de los fofisanos. Tan España es la Guerra Civil como la de la Transición. Tan España es la de la matanza de Paracuellos como la que fusiló a las Trece Rosas. Tan España es la de Millán Astray como la de Miguel de Unamuno. Tan España es la de las vallas de Ceuta y Melilla como la que emigró en la postguerra. Tan España es la que lloró por Miguel Ángel Blanco como la que habla de "conflicto político en Euskalherria". Tan España es la del Santo Oficio como la de Ramón y Cajal o Miguel Servet. Tan España es la de Sálvame como la del Siglo de Oro...

Negar eso es negar la realidad, traicionar la sensatez, follarse la honestidad y pasarse por la piedra toda coherencia. Dicho esto, respecto a España o "lo español", hay que saber perfectamente de qué estar orgulloso y de qué no, qué valorar y qué criticar, qué me representa y qué no, con qué/quién me identifico y con qué/quién no. Y esto es absolutamente compatible con ser patriota (que es algo muy distinto a ser un patriotero o un gilipollas con problemas de sinapsis). Es decir, por resumirlo en una sola frase: yo me siento orgulloso de ser español pero no de todo lo que hizo o hace España ni de todos los españoles previos o actuales. Por eso, quien quiera, siempre podrá contar conmigo para hablar bien de España cuando se lo merezca y mal cuando no, pero nunca para renegar de una tierra, una historia, una cultura y unas gentes que, mayoritariamente, merecen la pena ayer, hoy y siempre. 

lunes, 13 de abril de 2015

Yo ministérico

Tras un fenomenal y conmovedor capítulo, acaba "El Ministerio del Tiempo". La serie que no sólo ha sido la revelación sino la rebelión de la temporada. La rebelión de quienes creen que otro tipo de series es posible en España. De quienes piensan que la cultura siempre se merece una oportunidad. De quienes opinan que la Historia es un arma de divulgación masiva. De quienes defienden que a veces es necesario cambiarlo todo para que todo siga igual. De quienes saben que cuando una puerta se cierra, otra se abre. De quienes conocen que la riqueza está en la mezcla. De quienes tienen la curiosidad como pasaporte. De quienes prefieren vivir una buena historia a que se la cuenten. De quienes recuerdan que, en la vida como en las series, lo mejor siempre empieza con un buen guión.

En mi opinión, "El Ministerio del Tiempo" debe parte de su éxito a su valentía. La valentía de apostar por la cultura y la Historia españolas como pretexto, trasfondo y trama de una ficción. La valentía de ofrecer una serie que no sólo se atreve a mezclar y fundir géneros (comedia, intriga, aventura, acción, drama, historia...) sino a que la ciencia ficción sea uno de
ellos. La valentía de situar la llamada "Historia contrafactual" o "Historia virtual" como premisa creativa. La valentía de acercarse de forma desenfadada pero sin perder rigor a épocas, hechos y personajes que algunos erróneamente consideran totémicos e intocables. La valentía de hacer por el acceso de los más jóvenes a la cultura más que muchos ministros, catedráticos, profesores y padres. La valentía de sacudirse de encima buena parte de los complejos (televisivos y no televisivos) que tenemos en España. La valentía de atreverse con todo. Y la valentía de salir con ello a prime time estando las audiencias como están. 

Otra parte de su éxito se debe al fenomenal trabajo realizado a un lado y otro de las cámaras. Empezando por el ingenio y la destreza de los hermanos Olivares a la hora de imaginar y
escribir la serie, pasando por la eficaz e impecable labor de dirección, montaje y dirección artística, y acabando por un reparto coral y solvente que, sencillamente, se limita a bordar unas interpretaciones que sirven para dar voz, cuerpo y verdad a unos personajes quizás no muy complejos pero sí lo suficientemente creíbles y distintos como para conectar afectivamente con espectadores de todo tipo. Un trabajo, como decía, fenomenal pues sin él sería impensable el fenómeno en que se ha convertido "El Ministerio del Tiempo".

Un fenómeno en el que, por cierto, tiene buena parte de responsabilidad la inteligente, intensa y cómplice utilización de la parte online por los responsables de la serie, especialmente lo que a redes sociales se refiere; una "explotación 3.0" gracias a la cual no sólo se han conseguido trending topics que antaño serían inverosímiles sino que además salgan a la luz la pasión, el talento y la curiosidad de los millones de fans de la serie, esos que han conseguido que "El Ministerio del Tiempo" llegue a buen puerto, que obtenga una segunda temporada y que, por encima de porcentajes y audiencias, sea, sin duda alguna, la serie del año.

Así las cosas, ahora sólo puedo decir que echaré de menos no ver cada semana las aventuras de Amelia, Julián, Alonso y compañía. Que echaré de menos esas tramas que no sólo hacen reír sino
también recordar y aprender. Que echaré de menos esas escenas en las que la cultura académica se fusiona magistralmente con la cultura pop(ular). Que echaré de menos la envidiable habilidad de sus guionistas para incluir el chascarrillo o la crítica cómplice sin que chirríe. Que echaré de menos esas geniales frases de guión capaces de justificar todo un visionado. Que echaré de menos esa serie que parece un "all star" de los actores españoles de televisión. Que echaré de menos a Garrido, Sancho, Fresneda, Blanch, Gea, Guillén, Piñón, Millán y demás haciendo disfrutar al espectador con el difícil arte de ser otro. Que echaré de menos esa ficción que me ha enganchado como sólo lo habían conseguido las mejores producciones extranjeras. Que echaré de menos a esa serie postmoderna, intergeneracional y brillante que es "El Ministerio del Tiempo"...hasta que estrenen la nueva temporada, porque, al fin y al cabo, si no la echara de menos, no sería lo que soy: un ministérico.