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sábado, 18 de abril de 2015

La cara

No es una cara de póquer. Ni de gilipollas. Ni de despertar con resaca. Ni de Hulk con jaqueca. Ni siquiera de "buffering". Pero no es una cara buena ni aconsejable aunque sí una cada vez más frecuente: la que tiene en los últimos años cualquier español que no viva en Matrix. La cara del español raso; la del que sólo se preocupa por llegar sano y salvo a fin de mes; la cara de quien sólo quiere que le dejen en paz. La cara de quien descubre, sabe o recuerda que en este país no tenemos a Jekyll pero tenemos a Hyde; no tenemos a Charlize Theron pero tenemos a Leticia Sabater; no tenemos a Sean Penn pero tenemos a Willy Toledo; no tenemos a David Lynch pero tenemos a José Luis Moreno; no tenemos a Woodward y Bernstein pero tenemos a Marhuenda y Rubido; no tenemos a Richard Ford pero tenemos a Juan Manuel de Prada; no tenemos Saturday Night Live pero tenemos La alfombra roja palace; no tenemos Bill Gates pero tenemos César Alierta; no tenemos Silicon Valley pero tenemos Magaluf; no tenemos a Jimmy Fallon pero tenemos a Pablo Motos; no tenemos a Aslan pero sí a "León come gamba"; no tenemos Woodstock pero tenemos los mítines de Podemos; no tenemos un presidente pero tenemos a Rajoy; no tenemos democracia pero tenemos demagogia; no tenemos a Alí Babá pero tenemos los cuarenta ladrones; no tenemos un oasis pero tenemos un espejismo; no tenemos paraíso pero sí un vertedero con vistas al mar; no tenemos vergüenza pero sí moral en B.
La última oportunidad para contemplar en cualquier lugar del país esa cara con denominación de origen la hemos tenido con "lo de Rato". Lo de Rato no es lo mismo pero sí parecido a lo de la Molt Honorable Verruga y familia, los ERES de Gandalucía, las tramas de las gaviotas, los pelotazos del cuñado del Rey y así podría estarme hasta que corretearan por la tierra los cuatro jinetes del Apocalpisis porque ejemplos de sinvergüenzas, jetas y canallas tenemos en España como para poblar todo el Sistema Solar.
El caso es que el escándalo de este golfo no ha sido la gota que colma el vaso, porque el vaso hace ya tiempo que se fue a tomar por saco por culpa de unos y otros. Lo que sí supone el (o)caso de Rato es la enésima prueba de que vivimos en un Estado de decepción. Es la enésima prueba de que llevamos décadas engañados, dormidos o atontados. Es la enésima prueba de que el Gobierno de Marciano Rajoy lo único que sabe es "hacerse un Froilán" (véase arrearse un disparo en el pie). Es la enésima prueba de que la NASA debería enviar una misión a Génova 13 para buscar vida inteligente. Es la enésima prueba de que si queda alguna sola persona con la intención de votar al PP se le podría declarar cerebralmente muerta. Es la enésima prueba de que si alguien piensa que la solución pasa por votar al PSOE se le podría mandar de figurante a Walking Dead. Es la enésima prueba de que el plan B ha demostrado ser tan malo como el A. Es la enésima prueba de que España es una cleptocracia gracias a lo que los partidos políticos tradicionales (PP, PSOE, IU, etc) han hecho y hacen con la complicidad por acción u omisión de grandes empresas, jueces y medios de comunicación y el apoyo de unos votantes empeñados en pensar en rojos y azules. Es la enésima prueba de que la inmensa mayoría de los políticos españoles no entienden la diferencia ni entre "servir" y "servirse" ni entre "valer" y "valerse". Es la enésima prueba de que los últimos decenios de Historia española son la crónica de una continua tomadura de pelo. Es la énesima prueba de que el problema de España no es tanto haber vivido por encima de nuestras posibilidades como haberlo hecho por debajo de la vergüenza. Es la enésima prueba de que la situación es tan insoportable como indefendible. Es la enésima prueba de que España necesita una revolución civil, pacífica y democrática pero con la misma contundencia y eficacia que una revolución armada. Es la enésima prueba de que dicha revolución sólo puede pasar por lo nuevo, por la regeneración, por la ciudadanía, por los votos.
Por eso, mientras llegan las elecciones, mejor ir acostumbrándonos a tener esta cara que comentaba al principio del artículo. La cara de quien no engaña sino de quien es engañado. La cara de quien no humilla sino de quien es humillado. La cara de quien no avergüenza sino de quien se siente avergonzado. La cara que no es la de Rato ni la de Pujol ni la de Chaves ni la de Griñán ni la de Urdangarín ni la de Granados ni la de Bárcenas ni la del pequeño Nicolás ni la de la madre que los parió. La cara de quien sí se merece tener un futuro. La cara de quienes nos merecemos otra España. La cara que, en las próximas votaciones municipales, autonómicas y generales puede y debe hacer lo posible para tener una sonrisa dibujada en ella.

miércoles, 1 de abril de 2015

Del Bosque como metáfora

Anoche volvió a quedar claro (y van...) que Vicente del Bosque no es un buen seleccionador, al menos en lo referente a la selección española de fútbol. Y no lo es simple y llanamente porque no es buen entrenador, al menos en lo que respecta a dicho deporte. Quiero dejar la puerta abierta a la esperanza y creer que quizás este individuo orondo, lisiado y tristón encierra un buen seleccionador de trufas o un extraordinario entrenador de orugas procesionarias. Pero "fútbol" y "Del Bosque" guardan entre sí la misma relación que "belleza" y "Leticia Sabater" o "educación" y "Belén Esteban". Con esto no estoy queriendo decir, ni mucho menos, que Vicente del Bosque sea un completo inútil porque, haciendo bueno el dicho, sí es un estupendo mal ejemplo. Y de eso trata este artículo: de lo que Vicente del Bosque tiene de ejemplo, de metáfora, de trasunto, de correlato objetivo o de como lo quieras llamar. Porque, para mí, Del Bosque es...

...el Mariano Rajoy del fútbol patrio: un individuo que al nacer debió perder junto a la placenta el atractivo físico, la sinapsis y la capacidad de autocrítica. Una persona que eligió un mal día para meterse en faena. Un hombre que en situaciones de crisis es incapaz de tomar una sola buena decisión. Un mandamás que mandar,
lo que se dice mandar, manda poco y mal. Un tipo que sabe poner excusas pero no pedirlas. Un gestor que a los jóvenes con mejor formación y talento en muchas generaciones las únicas alternativas que les ofrece son la puerta de salida o la mediocridad. Un ser que proyectaría el No-Do e intentaría convencer al personal de que aquello es Blade Runner. Un paisano cuyas declaraciones hacen sospechar que debe estar censado en Marte. Un representante de cómo en este país el peor de los tarugos puede llegar a lo más alto. Un tío cuyos logros han contribuido a consolidar en España el estado de frustración. Un error en sí mismo considerado. Alguien, en definitiva, que mejor habría hecho no saliendo jamás de su casa o, en su defecto, dedicándose a otra que no fuera a lo que se dedica.

...el José Luis Moreno del mundo FIFA: una persona capaz de coger la Roja y convertirla en una alfombra lista para ser pisoteada o, directamente, masacrada. Un hombre para el que cualquier tiempo pasado fue mejor. Un hacedor de esperpentos que invitan a "hacerse un Edipo" y arrancarse los ojos con tal de no sufrir
más. Un individuo al que ya no le funcionan sus sketches. Un espabilado al que ya no le salva esconderse detrás de unos muñecos que hoy no causan otra cosa que no sea pena o irritación. Un trabajador que mientras haya alguien dispuesto a pagarle siempre tendrá a bien torturar al personal con la brillantez de su desempeño. Un tipo que está descubriendo la diferencia de matiz entre "reírse con" y "reírse de"...o quizás la está enseñando al resto del país. Un personaje soberbio e impermeable a las críticas vengan de donde vengan. Un ser desconectado del espacio, del tiempo y del sentido común. Un reincidente en el bochorno. Una puerta al Tártaro. Alguien, en definitiva, que lo mejor que puede hacer es dejar de ser el abajo firmante de cosas que, vistas en televisión, avergüenzan a todo un país.

En resumen: Vicente del Bosque no es un buen entrenador de fútbol ni, por tanto, un idóneo seleccionador pero sí es una magistral metáfora de la mediocridad, de lo caduco, de lo erróneo, de lo irresoluble, de lo deprimente, de lo inaguantable, de lo indefendible, de la falta de genio, de la inoperancia, de la negligencia, de la carencia de vergüenza. Es un correlato deportivo de la política de Rajoy y de la televisión de Moreno. Para eso sí vale Del Bosque, para reflejar lo que es esta España actual...tan necesitada de cambio.     

viernes, 6 de marzo de 2015

Ladridos y galopes

En las últimas semanas estamos asistiendo a un espectáculo irritante y vergonzoso: el canto del cisne del bipartidismo. O, mejor dicho, el último graznido del PP y el PSOE, los dos partidos que partiendo de la nada han llevado a España a las más altas cimas de la miseria, como diría Groucho Marx. Una berrea fúnebre que, más que de melancolía, está llena de envidia, odio y frustración. Un estertor encabronado propio de quien se va no porque quiera sino porque le echan. Una carga furiosa y enajenada, directa hacia el desastre, como la de Custer en Little Big Horn. Un ataque desesperado contra los dos máximos exponentes del cambio que se avecina: Podemos y Ciudadanos. Una embestida que, a la vista de los resultados, no sólo se ha demostrado como ridícula, de ínfima calidad intelectual y retórica y contraproducente para
sus intereses electorales. Una estrategia kamikaze liderada por el PP (que para eso tiene el Gobierno y (casi todos) los medios de comunicación), auxiliada por el PSOE (algo tiene que hacer, además de putear a su propio líder) y jaleada por el Otro Gobierno. En definitiva: todos los que tienen algo que perder (además de la vergüenza, la decencia y la honradez, que ya la perdieron hace eones) han decidido que los culpables de su situación no son sus propios errores ni su enajenación mental nada transitoria ni su desconexión despótica con aquellos a los que dicen servir. No, para ellos, para el PP y el PSOE, los abajo firmantes del desastre que es España, los responsables de su caída en desgracia y pérdida de estatus son las dos únicas banderas, distintas hasta casi el antagonismo, que tiene la esperanza o el cambio en este país en estos momentos: Podemos y Ciudadanos. Y si no es lo que piensan, lo parece.

Primero pusieron proa contra Podemos (la salida populista bananera), que ahora mismo no está claro si es un mesías o un suflé, no tanto por todas las andanadas que han recibido de fuera (no ofende quien quiere, sino quien puede) como por la mierda que su directorio tiene (o tenía) escondida bajo la alfombra. Ha perdido empuje pero aún le queda gasolina. Ya se verá si le vale o no para poder.

Pero ahora, estos últimos días, el turno la he llegado a Ciudadanos (la salida liberal europeísta). Un turno en el que el Gobierno (con la vicehobbit en plan mejor actriz de reparto), los portavoces del PP (esos chanantes Hernando, Floriano, Casado...), sus medios de propaganda (antaño conocidos como medios de comunicación: toda la prensa, toda la radio y casi toda la televisión) y fauna colateral están poniendo una increíble saña en intentar convencer a una importante parte de la ciudadanía de que son gilipollas, de que Ciudadanos es un timo aún mayor que el programa electoral del PP y de que el cielo es de color verde. ¿El resultado de esos ataques? Un apoyo a Ciudadanos cada vez más consolidado y creciente y la conversión de su líder, Albert Rivera, en lo más parecido a un político digno que se ha visto desde la Transición. Hay que reconocer que el PP cuando se decide a quedar en ridículo, no se anda por las ramas. Lo clava.

Más allá de la desfachatez de criticar quien más tiene que callar y de lo objetivamente erróneo de fijar toda tu atención en quien pretendes ningunear, lo bueno de esta verbenera estrategia es que ha permitido que la gente en España conozca más y mejor a Ciudadanos. Un partido que, sin ser perfecto, huele a honesto. Un partido que, sin tener experiencia, parece fiable. Un partido que, sin ser ajeno a los errores, propone algo que se parece
bastante a aciertos. Un partido que, sin estar formado por arribistas ni oportunistas, tiene la oportunidad de llegar muy alto. Un partido que, sin ser personalista, tiene en la figura de Albert Rivera la mejor carta de presentación no ya del propio partido sino de todos esos miles de ciudadanos que creen/creemos que no sólo que esto hay que cambiarlo sino que se puede cambiar hacia mejor. Un partido que, por mucho que le busquen las vueltas, lo único que van a encontrar es gente dispuesta dar la vuelta a esta situación que unos pocos crearon y otros muchos hemos sufrido.

Lo cierto es que toda esta situación, especialmente en el caso de Ciudadanos, evidencia algo que, objetiva y fríamente, es
innegable: que la crítica más que minar, subraya un progreso. Que el movimiento asusta a los inmovilistas, a los que ni esperan ni quieren ni prometen cambio. Que, como dijo Goethe en su poema Kläffer:"sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos". Repasando los medios estas últimas semanas, está claro quiénes son los que ladran y quiénes los que cabalgan.

Así pues, ya puede seguir tocando la orquesta de ese Titanic que es el bipartisimo todo lo que le venga en gana; ya pueden PP y PSOE enredarse y perderse en sus propios y bochornosos juegos de tronos; ya pueden hacer y decir lo que quieran. El viento ha cambiado y ya no trae olor a mierda sino a cambio, a esperanza. Y el cielo ya no es rojo ni azul ni morado sino que pinta anaranjado, como corresponde a todo buen amanecer.

viernes, 23 de enero de 2015

#Marianoséfuerte

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Así comienzan las aventuras literarias del capitán Alatriste pero también podría empezarse así la crónica de la nueva vida de Luis Bárcenas después de su primer paso por prisión. 

Entre sus declaraciones de anoche y sus declaraciones de este mediodía distan menos de veinticuatro horas pero todo un océano de ironía, de guasa, de mala leche y de valentía (que no honradez). Valentía no sólo para reconocer y asumir su culpa (cosa que, por cierto, si antaño era normal y exigible ahora es por desgracia algo inusual y digno de admiración) sino también para no encubrir a esa esperpéntica y bochornosa banda de mediocres, jetas, traicioneros, cobardes, ensimismados, hipócritas y mezquinos que tiene en Mariano Rajoy no sólo su líder sino su mejor representante. Gaviotas y tal.

Bárcenas es un golfo impecable, un espabilado VIP, un fullero en A y en B, un truhán de postín, un sinvergüenza nivel platino, un pícaro con percha de gentleman, un personaje más de ese retablo asqueroso y siniestro que es la corrupción en España, pero está claro que no es gilipollas. Ni tampoco un cobarde. Y este mediodía ha decidido recordárselo a toda esa gente que, antes por un motivo y ahora por otro, mira hacia otro lado. A toda esa gente adicta a la soplapollez como excusa. A toda esa gente que no encontraría la honradez ni aunque la buscaran en un diccionario. A toda esa gente que prefiere tomar por tontos a todos los ciudadanos de un país antes que asumir responsabilidades. Gaviotas y tal.

Por eso, no voy a aplaudir a Bárcenas ni como persona ni como personaje porque representa a conciencia mucho de lo peor que le ha pasado y le pasa a España. Pero sí voy a aplaudir que Bárcenas haya apostado por el orgullo antes que por la sumisión, por la exhibición antes que por la discreción, por el coraje antes que por la tibieza, por la sinceridad antes que por el absurdo. Porque, aunque tal vez a Bárcenas sólo le mueva el rencor y el revanchismo, haciendo lo que está haciendo y diciendo lo que está diciendo, está ayudando a evitar nuevos casos como el suyo y, además y quizás más importante, a identificar a las personas que no pueden ni deben formar parte de la vida pública de un país civilizado. Gaviotas y tal.

Además, sus declaraciones de anoche, contempladas especialmente después de las de esta mañana, me parecen de tal ingenio en su mala leche, de tanta acidez en su ironía que son de quitarse el sombrero, antes o después de descojonarse, claro. The Luis Bárcenas' Show. Sus "Luis ha sido fuerte" y "Rajoy no tiene nada que temer" deberían estar ya por méritos propios en cualquier antología de la guasa. Tan es así que a mí me cuesta mucho decidir con quién me río más: si con el Bárcenas original o con el que el genial Joaquín Reyes "interpretó" la otra noche:

Así las cosas, al PP se le ha vuelto en contra su particular "Roma no paga traidores" y del "Luis, sé fuerte", vía SMS, se ha pasado a un "Mariano sé fuerte", vía cachondeo de una ciudadanía harta de tanto disparate, de tanta tomadura de pelo, de tanta desfachatez. Claro que, pedirle a cierto organismo pluricelular que sea fuerte es como pedirle que sea guapo, sincero, digno o que salga de todos sus armarios: una contradictio in terminis. Un contrasentido. Un imposible. Como lo va a ser que cierto partido llegue electoralmente vivo a las generales. Con todo merecimiento. Gaviotas y tal. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

La dimensión mariana

Mediocre. Falso. Irresponsable. Impresentable. Enajenado. Altanero. Ingenuo. Cobarde. Inepto. Miserable...muchos de estos calificativos podrían orbitar alrededor de Mariano Rajoy con todo merecimiento por despropósitos como el discurso-balance anual pronunciado el pasado viernes. Un discurso que, en forma y fondo, resulta tan indignante como extraño, tan optimista como infundado, tan sesgado como injusto, tan grandilocuente como vomitivo. Un discurso que, más que por un Presidente realista, sensato, honesto, valiente, comprometido y sensible, parece pensado, escrito y pronunciado por un Ricardo III con denominación de origen gallega. Un discurso, en definitiva, que insulta a la inteligencia al mismo tiempo que abofetea la dignidad de la ciudadanía por su manifiesta y premeditada desconexión con la realidad. Y he aquí la clave la cuestión: Mariano Rajoy Brey no pertenece a esta realidad. Es de otro sitio. De la dimensión mariana. Una región lisérgica y absurda donde todos sus oriundos tienen en su cerebro la canción "Todo es fabuloso" como hilo musical. Y cuanto antes admitamos todo esto, mejor. Así nos ahorraremos unos cuantos calificativos y no nos rasgaremos las vestiduras.

Porque, si Rajoy fuera de este mundo, en su discurso, en lugar de descorchar el champán y sacar pecho, habría pedido perdón. Porque, si Rajoy fuera de este mundo, en su discurso, en lugar de
descorchar el champán y sacar pecho, habría pedido perdón y reconocido que si España está consiguiendo vadear como malamente puede la crisis es gracias al esfuerzo, la grandeza y la responsabilidad de sus ciudadanos y no gracias a un Presidente cobarde, traicionero e incapaz de acometer las reformas y los recortes que verdaderamente necesitaba el país; medidas que pasaban por hacer que la política dejara de ser un negocio lucrativo para ser un servicio por y para los ciudadanos; por transformar y adelgazar el régimen autonómico, provincial y municipal; por replantear el modelo económico y productivo; por redefinir y proteger el Estado de bienestar; y por solucionar los problemas en lugar de transformarlos. Porque, si Rajoy fuera de este mundo, en su discurso, en lugar de descorchar el champán y sacar pecho, habría reconocido y pedido perdón por haber exterminado económica y fiscalmente a la clase media, por haber devaluado hasta la denigración el mercado de trabajo y las condiciones laborales y salariales, por haber convertido forzosamente a jóvenes excelentemente preparados en zombis, esclavos o emigrados, por haber penalizado salvajemente el acceso a la cultura y el ocio, por haber perpetuado la educación y la sanidad como motivos de bronca, por haber preservado la prosperidad de unos pocos en detrimento de la de la mayoría, por perjudicar mezquinamente la libertad de expresión e información recogidas en el artículo 20 de la Constitución Española, por intentar mangonear en el poder judicial, por aumentar estratosféricamente la deuda pública, por esforzarse en involucionar tecnológica y digitalmente a la sociedad, por actuar con tibieza contra la corrupción y con furia y soberbia contra quienes le critican o llevan la contraria, por parapetarse detrás de un plasma o una hobbit cuando vienen mal dadas, por hacer de la chapuza y el disparate su hoja de ruta, por apuntalar la Gobiernocracia en perjuicio de la democracia, por haber convertido el remedio en algo aún peor que la enfermedad, por cortar amarras con quienes, votándole o no, creían, esperaban o merecían una España mejor. Porque, si Rajoy fuera de este mundo, no habría dicho siquiera ningún discurso. Porque, si Rajoy fuera de este mundo, hace tiempo que por decencia y vergüenza habría dimitido.

Pero no, resulta que no, Mariano Rajoy no es de este mundo. Es de la dimensión mariana. Una dimensión habitada por criaturas que, ya de nacimiento, carecen de responsabilidad y de dignidad y de honradez y de inteligencia y de valentía. Y, como decía anteriormente, cuanto antes admitados todo esto, mejor. Porque, si no, corremos el riesgo de tomarnos en serio a este tipo y considerar al Presidente del Gobierno y su paso por La Moncloa como un esperpento propio de su paisano Valle-Inclán, una astracanada política, una inocentada pésima, una broma sin gracia y con mal gusto, un chiste que merece y debe ser olvidado.  

viernes, 26 de diciembre de 2014

El chiste de Montesquieu

"En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el ejecutivo de las cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil. Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro, simplemente, poder ejecutivo del Estado (...)". Esto decía por Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, en su obra El Espíritu de las leyes (1749). Esto es lo que se denomina "separación de poderes" o "teoría de los tres poderes". Esto es lo que, junto con la soberanía nacional, conforma la piedra angular de cualquier sistema democrático. Y es un chiste. O, mejor dicho, España hace que lo sea. ¿Por qué? Porque, sencillamente, en este país, la separación de poderes ni está ni se la espera, con lo cual, al hablar de la "democracia española" deberíamos acompañarla con el calificativo "presunta" o el prefijo "pseudo" si no se quiere faltar ni a la realidad ni a la inteligencia ciudadana.

Lo curioso es que este disparate, que esta desvergüenza no es algo que se esté llevando de modo secreto ni sutil sino que está a la vista de todo el mundo. Ya lo dice el aforismo: si quieres ocultar algo ponlo a la vista de todos. Basta con leerse la Constitución Española de 1978 y la Ley Orgánica del Poder Judicial (6/1985) para darse cuenta que, legalmente, la separación de poderes no está contemplada de facto en el ordenamiento español.  Y no lo está porque el corpus legislativo que corona la Constitución está orientado básicamente a reconocer y proteger lo que es una realidad cotidiana: el rey del mambo es el poder ejecutivo (el Gobierno) mientras los otros poderes, el legislativo y el judicial, tienen la misma autonomía respecto a aquél que un disidente en Corea del Norte.  Así que, en España, en lugar de hablar de "democracia", lo más correcto sería hablar de "Gobiernocracia". ¿Exagerado? Ojalá:
El control del poder legislativo: Por una parte, el Gobierno controla férreamente las Cortes (órganos en los que reside principalmente la potestad legislativa) a través de la representación parlamentaria del partido en el poder, especial y escandalosamente en situaciones de mayoría absoluta. Por otra parte y por si fuera poco lo anterior, el Gobierno abusa hasta la perversión del recurso legislativo que suponen los decretos. Así que ya me dirán ustedes dónde queda la autonomía y la importancia del poder legislativo en una situación así.
El control del poder judicial: Este poder, en España, tiene sus órganos principales y cardinales en el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. Pues bien, la sombra del poder ejecutivo en estos órganos es muy alargada y efectiva ya que en su
configuración interviene decisivamente el Gobierno ya sea indirectamente a través de las Cortes, como sucede con el Tribunal Supremo (ver artículos 343 a 348 y 586 de la LOPJ), el Tribunal Constitucional (ver artículo 159 de la Constitución Española) o el Consejo General del Poder Judicial (ver artículos 566 a 578 de la LOPJ), o directamente mediante la designación del mandamás, como ocurre con el Ministerio Fiscal (véase Fiscalía General del Estado). Por tanto, en España más que de poder judicial, podríamos hablar de jueces, magistrados y fiscales cuyo futuro profesional pasa únicamente por dos alternativas: padecer el síndrome de Estocolmo o sufrir una defenestración más o menos rápida.

Y todo esto está ahí, oculto a la vista de todos. Por eso no deja de ser llamativo el escándalo y la indignación ciudadana cuando este mamoneo da señales de vida. Lo llamativo es que sea llamativo para quien vota a personas que no están dispuestas a cambiar ni esta situación ni una sola coma de la Constitución ni del resto del ordenamiento porque lo único que tienen los
partidos (al menos los tradicionales-habituales) entre ceja y ceja es ser el Gobierno en la gobiernocracia española. De todos modos, volviendo al tema de las señales de vida de esta democracia deforme y aberrante, en 2014 hemos tenido unas cuantas, especialmente en el ámbito judicial, que es donde algunos ciudadanos aún tienen puestas unas mínimas e ingenuas esperanzas (perdidas, por cierto, hace tiempo en lo que se refiere a las Cortes...). Señales como la presión para actuar contra Artur Mas, el "castigo encubierto" al juez Ruz, la  apasionada y escandalosa defensa de la Infanta Cristina, la elegante dimisión del Fiscal General del Estado, las protestas de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, por citar algunos ejemplos negativos, o el asombro y la alegría por la imputación de la hermana del Rey, por citar uno de los escasos ejemplos positivos.

Así que, teniendo en cuenta todo esto, es obvio que España ha cogido la separación de poderes de Montesquieu y ha hecho con ella o de ella un chiste, una chirigota, una astracanada, una pantomima en la que no creen ni siquiera quienes la perpetran. El problema de todo ello no es ya que no tenga gracia sino precisamente lo que el propio Montesquieu ya advirtió:"Cuando los
poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo. Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor. En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente".

Por eso, si a alguien le quedan ganas de reír después de tener claro que, hasta el momento, en España, con éstos, todo está perdido...debería hacérselo mirar o ser cabeza de lista del PP, PSOE o IU en las próximas elecciones.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El día después (del ridículo)

Hoy es 10 de noviembre. Los cuatro jinetes del Apocalipsis no corretean sobre la Tierra. Buena señal. Mariano Rajoy y Artur Mas sí corretean sobre la Tierra. Mala señal. Hoy es 10 de noviembre. El día después de que en Cataluña, con su presidente a la cabeza, se llevara a cabo una performance a medio camino entre el esperpento teatral y los referéndums franquistas. El día después de que el Gobierno de España, con su presidente a la cabeza, decidiera olvidarse del artículo 155 de la Constitución y de qué significa que un país se defina y defienda como "Estado de Derecho". El día después de que dos políticos lamentables quisieran llevar el concepto "ridículo" a una nueva dimensión. El día después de que Artur Mas decidiera ponerse el mundo por barretina y pasarse por el arco triunfal la Constitución mientras lleva a toda una región a un callejón de difícil salida. El día después de que Mariano Rajoy decidiera plegarse sobre sí mismo hasta crear una paradoja en el espacio-tiempo que haga dudar de su propia existencia. El día después de constatar que el sentido común se ha extinguido en España. El día después de descubrir que este país tiene poco de democracia pero mucho de carrera de pollos sin cabeza. El día después de que España tenga su dignidad, fiabilidad y seriedad como país al nivel "coño de la Bernarda".

Y la culpa de todo ello no es achacable tanto a la proverbial (e injustificada) sensación de incomodidad que lleva a Cataluña a ser políticamente algo así como la mosca cojonera mediterránea por excelencia (de la que ya hablé en otro artículo), como a la lamentable y demencial actitud de Rajoy y Mas. Uno, Rajoy, encarnando la quintaesencia del inmovilismo y otro, Mas, representando el no-va-ídem de la irresponsabilidad. Uno, Rajoy, cobarde, perezoso y cretino. Otro, Mas, kamikaze, frenético y astuto. Ambos, incapaces de llegar a ningún entendimiento. Ambos, enajenados. Ambos, huyendo hacia delante. Ambos, traicioneros. Ambos, un insulto para la inteligencia. Ambos, cadáveres políticos. Ambos, peligrosos para cualquier democracia. Ambos, impresentables. Ambos, pura miseria.

Evidentemente, nada de esto habría pasado si Rodríguez Zapatero (esa ameba), hubiera tenido la boca cerrada y la prudencia abierta cuando en 2003 perpetró la ocurrencia de prometer apoyar el Estatuto que aprobara el parlamento catalán. Tampoco habría ocurrido nada de esto si Mas se hubiera comportado como un político sensato, una persona responsable y un cargo público leal
a la misma legalidad que le ampara y no como la cheerleader número uno del "soberanismo" que se pasa por el forro la Constitución, los fundamentos democráticos y la misma realidad. Y, evidentemente, nada de esto habría pasado si Rajoy se hubiera comportado como un político decente, una persona valiente y un Presidente del Gobierno comprometido con la defensa del Estado de Derecho y no como un manso en plaza cuyo único talento constatado es el de encadenar errores, mentiras, traiciones y atropellos. Rajoy y no Mas es quien preside el Gobierno de España. Rajoy y no Mas es quien debe ser el primer interesado en aplicar y hacer aplicar la Constitución. Rajoy y no Mas es quien debe ser el principal protector de la democracia ante cualquier ataque o burla. Rajoy y no Mas es a quien millones de españoles confiaron una mayoría absoluta para que gobernara desde la firmeza, el coraje y la honradez. Por eso, Rajoy y no Mas es quien ha perdido más con todo esto por su inexplicable dejación de funciones, su imperturbable tibieza y su eterna y despreciativa sordera y ceguera ante las reclamaciones y necesidades no ya de quienes le votaron sino de la mayoría de la sociedad española. Si el Presidente del Gobierno no sabe o no quiere gobernar, no está ni capacitado ni legitimado para estar en su cargo ni un segundo más, por mucho que su mediocre corte de babosos y palmeros le canten al oído aquello de "Todo es fabuloso". Claro que, para renunciar a algo tan seductor como el poder se requiere valentía, cualidad que, junto a la belleza, la coherencia y la decencia, debió quedarse en el colador genético de Rajoy al ser concebido. Pocas veces un cobarde dio tanta pena y tanto asco a la vez.

Así las cosas, Rajoy ya puede añadir el 9-N a su lista de grandes éxitos, junto a la aniquilación económica de la clase media, la devaluación del mercado laboral, el exterminio de la deontología periodística, la tibieza ante la corrupción, la creación de Podemos o las comparecencias por plasma, entre otros muchos hits. Lleva un carrerón que ni Fernando VII.

Por lo demás, sólo cabe esperar que todo pase lo antes posible y que lleguen tiempos mejores, cosa que, sin duda, así será porque, honestamente, peores que éste, pocos.

martes, 7 de octubre de 2014

Más peligroso que el ébola

Absurdo, chapucero, demencial, desesperante, despreciable, disparatado, dramático, fallido, hilarante, humillante, imperdonable, indefendible, indignante, inquietante, insoportable, patético, terrible, tremendo, ridículo, vergonzoso...el despropósito a cuenta de la gestión española del ébola se puede calificar objetiva y fríamente de muchas maneras.  

Lo prioritario ahora es que la enfermera contagiada se cure y que se contenga tanto cualquier posible nuevo contagio como la lógica y obvia alarma social. Conseguido eso (tarea complicada), deben o, mejor dicho, deberían (this is Spain, my friend) venir los ceses, las dimisiones y las peticiones de perdón urbi et orbe, porque sólo así se conseguiría devolver cierta dignidad a algo que no tiene defensa ni excusa posible. Lo que único que no toca ahora (ni antes tampoco) es cuestionar si se debía o no ayudar a las personas contagiadas. Se puede (y se debe) cuestionar el "cómo" y el "dónde" pero no si había motivo o no para el auxilio.

Más allá de la evidencia de que en "Las aventuras del ébola en España" los protocolos seguidos han sido a la seguridad lo que Cañita Brava a la música clásica, lo que ha quedado claro con esta lamentable noticia es que el Partido Popular gestiona entre mal y peor las crisis graves, como ya ocurrió con el Prestige en 2002 o como aún ocurre con la crisis económica. No es demagogia, es hemeroteca. Como tampoco es demagogia reconocer que el Gobierno español ha hecho un gran favor a la OMS al demostrar al planeta entero que el asunto del ébola se puede gestionar aún peor que dicha organización, y mira que era difícil dada su falta de diligencia y consideración desde que este último brote se iniciara en diciembre de 2013. Un favor que, las cosas como son, ha tenido como gran protagonista a Lady Gürtel, la ¿ministra? de ¿Sanidad? Ana Mato, que culminó ayer su imparable ascenso a las más altas cimas de la miseria política, intelectual y humana perpetrando una de las ruedas de prensa más esperpénticas, cobardes y gilipollescas de la historia de las ruedas de prensa, hasta tal punto que debería ser considerada un homenaje (involuntario) al humor de los hermanos Marx. Nota: el 25 de septiembre Mato comunicó a los consejeros autonómicos en materia de sanidad que el riesgo por ébola en España era muy bajo. Lo dicho, ni los Monty Python. Que una tipa así no sólo haya llegado a ese cargo sino que se mantenga (o la mantengan) en él es algo que debería explicar Íker Jiménez.

Antes de la llegada de Mariano Rajoy y su séquito de mierdócratas al poder, los españoles sabíamos (ahí está la Historia para enseñarlo/recordarlo) que nuestros mandatarios políticos están sobradamente capacitados para avergonzarnos o para hundirnos económicamente o para arriesgar nuestras vidas, pero nunca para esas tres cosas a la vez...eso sólo está al alcance de los elegidos (y no para la gloria precisamente). En ese sentido, es indudable que el impresentable Rajoy (que conviene recordar saltó a la fama por "unos hilillos de plastilina"...) y su retrete de ministros se han especializado tanto en crear problemas de la nada como en agravar los ya existentes por culpa de una devastadora combinación de mediocridad, incompetencia, cobardía y prepotencia. El karma de España debe ser muy jodido para haber sufrido como últimos presidentes a Zapatero y Rajoy.

En definitiva: gracias al infame Rajoy y su corte de mediocres e ineptos hoy todo el mundo ya tiene claro que hay algo aún más peligroso que el ébola: la estupidez.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Un cambio en el Otro Gobierno

Siempre ha habido uno. En todas las épocas y en todos los lugares. Me refiero a un gobierno fáctico, "discreto", en la sombra, paralelo al oficial pero que, a la hora de la verdad, es el que maneja todo...sin ninguna legitimidad ni responsabilidad ante la ciudadanía. Denominaciones oficiales ha tenido muchas y variadas a lo largo de la Historia; en España, éstas: Consilium principis en la Antigua Roma, Aula Regia en la época visigoda, Curia Regia en la Alta Edad Media, Consejo Real en la Baja Edad Media...Igualmente, denominaciones ambiguas, interesadas o directamente eufemísticas, también ha tenido muchas, siendo las más comunes: "lobby", "poder fáctico" o "grupo de presión". Actualmente, en España, la denominación que recibe el Otro Gobierno es "Consejo Empresarial para la Competitividad", un ente en el que se encuentran representados muchos (no todos) de los grandes señores del IBEX 35, versión siglo XXI de los magnates medievales que pululaban alrededor del monarca de turno con unas intenciones no precisamente altruistas. Aunque aparentemente el CeC tiene como intención evaluar la situación económica del país y proponer ayudas que puedan repercutir en beneficio de España (aquí debería haber un sonido de risas enlatadas), en la práctica y a la vista de todos el CeC se dedica básicamente (al menos eso demuestran sus voceros) a adular hipócritamente al inepto que pernocta en La Moncloa a cambio de mangonear en la política económica nacional y mercadear favores varios.

Por eso, todo cambio que ocurra en ese Otro Gobierno (el de verdad) tiene (o debería) el mismo interés que cualquier cambio en el Gobierno elegido democráticamente por los ciudadanos. De ahí que sea especialmente relevante que haya muerto Emilio Botín, el penúltimo de una famosa saga de banqueros, el tahúr por excelencia de las finanzas nacionales, el referente de los bajos fondos de las altas esferas, el más importante de todos los Mefistófeles de la trastienda política española de los últimos lustros y líder oficioso del CeC. Un empresario con un éxito evidente...basado, herencia familiar aparte, en su prodigioso talento para poner una vela a Dios y otra al Diablo, jugar a dos bandas (políticamente), actuar según sople el viento y salir con las manos limpias de asuntos muy sucios. Un excelente bambalinero, un genial mercader de favores, el "capo di tutti capi". En definitiva, un personaje crucial en la España reciente al que, por culpa de su pasión por los tejemanejes con las altas esferas, debe ser recordado también y quizás por encima de todo como un tipo turbio. Por eso, pido disculpas a quien esperara que me sumara a la hilarante catarata de elogios, panegíricos y loas que ha recibido el difunto Botín. Yo no me alegro por su muerte (tanta paz lleve...) pero tampoco su cambio de estado va a ser obstáculo para decir la verdad.

De todos modos, más allá de los cambios en su emporio santanderino, la ausencia permanente de Botín va a tener como una de sus consecuencias más notables que el líder oficial del CeC podrá heredar el manto de rey del mambo en cuanto a tejemanejes y
chanchullos con el poder se refiere. Un hombre que saltó hace ya años a la fama nacional por la prescripción de un delito y que, en ausencia de lozanía y carisma, reúne unos requisitos extraordinarios para ser el "nuevo Botín": ambigüedad ética y política, adicción al nepotismo, devoción por el amiguismo, vergüenza distraída, soberbia rampante y una total obnubilación causada por la erótica del poder que le lleva a ofrecer/aceptar cualquier tipo de favor (¿por qué lo llaman "favor" cuando quieren decir "enchufe"?) con tal de codearse y/o congraciarse con quienes están (o se creen) por encima del Bien y del Mal, aunque eso suponga para su compañía un descrédito o ridículo importante. Por tanto, pese a la baja de Botín, el Otro Gobierno no corre peligro con el nuevo macho alfa de la tramoya económico-política: España seguirá en sus manos y...la democracia en busca y captura.

Así las cosas sólo cabe decir: ¡Mefisto ha muerto! ¡Viva Mefisto!

miércoles, 25 de junio de 2014

Un juez valiente

Uno está tan acostumbrado ya a la desvergüenza, el golferío, la tomadura de pelo, el despropósito y la cobardía que abraza el cinismo y la desconfianza como únicas vías para sobrellevar el hecho de vivir en este país tan lleno de gentuza.

Por eso, noticias como la de hoy, te rompen los esquemas mientras te ponen una sonrisa en la cara y te regalan un átomo de esperanza. Y es que no todos los días alguien tiene los co*ones de hacer Justicia. No todos los días alguien tiene los co*ones de desafiar al poder legal y al poder fáctico. No todos los días alguien tiene los co*ones de convertir la honestidad profesional en un ejemplo de honradez personal. No todos los días alguien tiene los co*ones de hacer lo que le dicta su conciencia. No todos los días alguien tiene los co*ones de seguir adelante dejando atrás los miedos y las dudas. No todos los días alguien tiene los co*ones de tocar a los intocables. No todos los días alguien tiene los co*ones de demostrar que no todo está perdido. No todos los días alguien tiene los co*ones de hacer lo difícil. No todos los días alguien tiene los co*ones de imputar a toda una Infanta, hija y hermana de Reyes, por haber delinquido. No todos los días alguien tiene los co*ones del juez de instrucción José Castro.

Porque, admitámoslo, en este país de baratillo secuestrado por golfos, jetas e impresentables de variada índole lo fácil es dejarse llevar, dejarlo estar, mirar para otro lado, resignarse o quedarse en el más estéril de los pataleos. Es lo que tiene llevar décadas sometidos a unas castas política, judicial y empresarial en las que la vergüenza ni está ni se le espera.

De ahí que sea aún más admirable lo que ha hecho y conseguido el juez Castro, miembro junto a Pablo Ruz y Mercedes Alaya de esa santísima trinidad en la que creemos todos aquellos que pensamos que la Justicia es algo más que ponerse una toga, recitar artículos y mojar la entrepierna hablando de valores superiores, derechos, deberes y libertades. Un mérito el de Castro que no viene tanto de su excelente desempeño profesional como su capacidad para soportar todos los obstáculos y las presiones que se han deslizado más o menos discretamente desde la Presidencia del Gobierno, el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Justicia y el Ministerio Fiscal con la Jefatura del Estado al fondo. Y es que, gracias al bochornoso y patético espectáculo que han dado unos y otros en el caso Urdangarín, han convertido el simple trabajo de un juez de instrucción en una tarea colosal cercana a la épica: Luke metiendo un misil por el orto a la Estrella de la Muerte. Por el momento, les ha salido el tiro por la culata a esa ridícula y diligente legión de babosos. Sólo por esa razón, el 25 de junio debería declararse fiesta nacional.

Por todo ello, con independencia de cuál sea el futuro que les
espera a los Duques del Pelotazo, esto es, a la Infanta y al ex balonmanista y antiguo trabajador de cierta multinacional (una que, ya sólo por esta "hazaña", debería revisar su política de contrataciones y remuneraciones), hoy las personas decentes residentes en España sólo podemos estar felices.

Lo ideal sería desear que muchos jueces, abogados y fiscales se sientan inspirados por Castro y le echen co*ones y decencia a su trabajo. O que los mismos pelotas y serviles que se han desvivido y se desviven por salvar como sea el culo a la Infanta se apliquen en igual medida a la hora de lograr que delincuentes y criminales de todo tipo cumplan íntegramente sus condenas (por ejemplo, el asesino Bolinaga), o para revisar el ensañamiento judicial con quienes no tienen la suerte de tener apellidos de renombre o para conseguir la Administración de Justicia deje de parecer lobotomizada y tetrapléjica. Eso, como digo, sería lo ideal, pero, viviendo en España, hay que ser realista y conformarse con lo que hay y lo que hay es un juez valiente. Muy valiente.  

sábado, 1 de marzo de 2014

El traje nuevo de Rajoy

Se acaba una semana marcada en España por el "debate sobre el estado de la nación", esa berrea parlamentaria que, año tras año, pierde cada vez más interés gracias al incansable esfuerzo de Gobierno y Oposición por convertirlo en un espectáculo vacío, endogámico e inútil destinado sólo a saciar el ego de los líderes políticos y el ansia lubricante de sus respectivos séquitos, demostrando bien a las claras que a los partidos políticos, sus grupos parlamentarios y sus líderes la ciudadanía les importa tres coj*nes. 

Así las cosas, esa performance que ni es debate ni es diálogo ni es nada sólo sirve para una cosa: extraer argumentos con los que atizar merecidamente a tal o cual político (o a todos), como castigo por su decisivo papel a la hora de convertir este país en una puñetera vergüenza. Y es que el "infame sarao antes conocido como Debate sobre el estado de la nación" únicamente evidencia y refuerza la idea de que lo mejor que se podría hacer en el Congreso de los Diputados sería tirar de la cadena. Vamos, que los periodistas y cronistas parlamentarios allí destacados se exponen a un nivel de mierda mucho mayor que si estuvieran en Fukushima.

No obstante, cada edición reporta alguna inmundicia que destaca por encima del resto. La de este año no ha sido que el PSOE siga en caída libre o que IU siga apelando al idealismo y la demagogia como único recurso o que UPYD convierta la sensatez en oportunismo o que los nacionalistas catalanes prosigan con la gran estafa catalana o que los vascos hagan lo propio con su pantomima filoetarra. No. El premio este año se lo lleva Mariano Rajoy, líder del partido-Gobierno que:
  • Ha hecho de la cobardía una directriz, de la mentira un estilo de vida y de la estupidez una filosofía.
  • Ha traicionado a millones de votantes renunciando tanto a su programa electoral como a sus principios y señas fundamentales hasta el punto de ser irreconocible.
  • Ha ¿afrontado? la crisis económica premiando a sus culpables (los bancos), dejando sin resolver los problemas estructurales y castigando a sus víctimas (exterminando económica y fiscalmente a la clase media), con la colaboración estelar del fulano faltón, prepotente e infame que se sienta en el Ministerio de Hacienda.
  • Ha convertido al paro (especialmente juvenil) en Godzilla.
  • Ha permitido que asesinos, violadores y delincuentes de la peor clase salgan a la calle.
  • Ha purgado los medios de comunicación para arrinconar o extinguir cualquier disidencia mientras apoya a medios que confunden periodismo con propaganda.
  • Ha devastado el acceso a la cultura.
  • Ha forzado a emigar a la juventud y/o el talento.
  • Ha transformado un partido sólido y carismático en una congregación de advenedizos sin mayor valía que babear ante el líder cuando toque.
  • Y está dejando al país infinitamente peor que como se lo encontró (y mira que era difícil).
Sin embargo, no son esos méritos los que hacen a Mariano Rajoy merecedor del premio "Sinvergüenza 2014", sino, precisamente su absoluta falta de vergüenza a la hora de sacar pecho por una situación que, en el mejor de los casos, se sostiene por el esfuerzo, el sufrimiento y la paciencia de millones de personas que no se sientan en el Consejo de Ministros ni poseen escaño en el Congreso ni tienen los sueldos de los banqueros y empresarios con los que el Gobierno juega al teto. Y es que Rajoy ha hecho gala (una vez más aunque acaso la más notoria) de que tiene respecto a la realidad el mismo problema que con las canas: como no le gusta, la tiñe. ¿Cómo? Forzándola, falseándola, sesgándola, pasando de ella...cualquier cosa que le convierta en lo que él se cree: el rey del mambo.

Lo de Rajoy este año en el debate ha sido tan demencial y faltón (a la verdad, a la sociedad y a la razón) que sólo puede explicarse (que no disculparse) por el hecho de que su mente sea como la del célebre emperador del cuento de Andersen que se paseaba orgulloso en pelotas creyéndose vestido elegantemente. El problema es que lo único que este tipo ha dejado en pelotas ha sido la esperanza. Y eso no es, por desgracia, ningún cuento.

sábado, 15 de febrero de 2014

A vueltas con el aborto

Una de las grandes polémicas de los últimos tiempos ha sido la muy controvertida Ley del Aborto del ministro Ruiz-Gallardón. Una cuestión muy delicada, como cualquiera que afecte directamente a la vida de una persona, como, por ejemplo, la eutanasia o la pena de muerte y que por dicha condición debería tratarse con prudencia, sensatez y empatía, algo que el ministro de cabellera púbica no ha demostrado.
Por eso, como en este embrollo hay varios puntos que analizar, iré uno por uno:
  • Sobre el Ministro de Justicia: Me alegro profundamente de que Gallardón haya encontrado su tumba política en el esperpéntico e indignante gabinete de Mariano Rajoy. Un miserable oportunista, megalómano y egomaniaco no merecía otro fin que ahogarse en esa fosa séptica ministerial de la que se ha rodeado uno de los Presidentes del Gobierno más incapaces, desvergonzados, inútiles, cobardes y mentirosos que ha tenido España (en dura pugna con el esperpéntico Rodríguez Zapatero). Con todas las reformas que había y hay que hacer en materia de Justicia, mucho más importantes y prioritarias que la del aborto (acabar con la despolitización del Poder Judicial, modernizar el sistema judicial, reformar el Código Penal, evitar lo ocurrido con la doctrina Parot...), Gallardón ha preferido ir a lo ¿fácil? con tal de contentar a una parte del electorado popular (si es que queda alguno) con la excusa de que estaba en el programa electoral, el mismo programa, por cierto, que su jefe se ha pasado por el arco genital hasta la saciedad. Querer ser más papista que el Papa tiene estas cosas...
  • Sobre el no nacido: Un aspecto capital del tema del aborto en nuestro país gira en torno a la idea u opinión que se tenga sobre el "no nacido" (es decir, sobre el individuo engendrado pero aún no parido). En este aspecto, todo el mundo debería saber o recordar que nuestro ordenamiento vigente considera que el "nasciturus" tiene todos los derechos (según el artículo 29 del Código Civil "efectos") "que le sean favorables", una consideración que, por cierto, viene desde la época romana. Lo digo pensando en todas esas personas que hablan del feto como si fuera un mero cacho de carne.
  • Sobre el papel del Estado/Gobierno: Siempre he pensado y defendido que el Estado debe intervenir única y exclusivamente para asegurar el estado de bienestar, esto es, en materia de economía, educación, sanidad y seguridad ciudadana. Dicho de otra manera: la actuación del Estado (o el Gobierno, que en la práctica es lo mismo) debe ser todo lo garantista que la sociedad demande para alcanzar las condiciones de desarrollo ideales para sus miembros. Ni más, ni menos. Lo que el Estado no debe hacer nunca es comportarse como si los ciudadanos fuéramos no sólo menores de edad sino además tontos del culo necesitados de que nos digan qué hacer y cómo. En ese sentido, pienso que el papel del Estado acaba donde empieza no sólo la libertad de los ciudadanos sino la conciencia de cada uno de ellos. Si el Estado/Gobierno toma decisiones que sólo competen a las personas está cometiendo un tremendo error, ya que su papel no consiste en decir a los ciudadanos qué hacer con su libertad, sino protegerla en todos los ámbitos y sentidos.

  • Sobre las posturas extremistas: Partiendo de la premisa de que jamás se va a encontrar una buena solución en posturas extremas, hay que reconocer una obviedad: el tema del aborto está muy polarizado, por culpa de una interpretación un tanto talibán de la religión (por un lado) y de confundir churras con merinas (por otro), dando como resultado unas actitudes que oscilan entre la defensa a ultranza del feto en gestación y la defensa encendida de la madre gestante, olvidando tanto unos como otros que el aborto afecta directamente a dos personas: la madre y el "no nacido". Así las cosas, creo que tanto los que defienden la vida con los ojos en blanco como las estúpidas tipo FEMEN y aledaños deberían recordar algo que no aparece ni en la Biblia ni en ningún libro de femenismo trasnochado: la virtud es actuar según el justo término medio entre dos actitudes extremas (Aristóteles).
  • Sobre el aborto como método anticonceptivo: Hay gente que ve el aborto como un método anticonceptivo más y actúa en consecuencia. Gente que, en definitiva, debería hacérselo mirar y no el cigoto ni el feto precisamente. 
Mi opinión sobre el aborto: Yo siempre defenderé toda decisión que favorezca tanto a la madre como al hijo. En ese sentido, creo que generalizar es un error descomunal, tanto como optar por planteamientos unilaterales. Cada caso y cada vida es distinta: generalizaciones, no gracias. No obstante, pienso que para evitar embarazos no deseados hay remedios de sobra (salvo que estemos hablando obviamente de violación) y, por eso, si se trata de atajar el número de abortos, mejor haría el Gobierno en facilitar o democratizar aún más el acceso y uso de los métodos anticonceptivos.  Luego ya que entre en juego la conciencia y sensatez de cada cual. Por otra parte, considero aberrante querer parir a una persona con graves malformaciones que lo único que acarrearían sería dolor, angustia y sufrimiento. Dicho lo cual, la postura más acertada que he leído respecto a este delicadísimo tema la encontré en el blog El Escorpión, que hace ya unas semanas se hizo eco de una carta de Italo Calvino a Claudio Magris en 1975 y de la que reproduzco un extracto:"(...)Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. De otro modo, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se convierte -lo cual ya ocurre- en lo más parecido a una madriguera de conejos. Una madriguera constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.
Sólo aquellas personas que están convencidas al cien por cien de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. De no ser el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante (...)".