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sábado, 5 de diciembre de 2009

Bufonada cañí

Anoche vi "Spanish movie", la primera incursión española en ese género tan yanqui como es el "spoof" o paródico (que tantísimos buenos momentos ha hecho pasar a servidor con joyas como "El jovencito Frankenstein", "Los caballeros de la mesa cuadrada", "Un cadáver a los postres", "La vida de Brian", "Aterriza como puedas", "Top secret", "Hot shots"...) y que ha sido cultivado hasta la saciedad por cineastas como los Monty Python, Mel Brooks, Jim Abrahams o los hermanos David y Jerry Zucker, convirtiendo en iconos a actores como Leslie Nielsen.

La película creo que es uno de los grandes aciertos del cine español de los últimos años (y eso que es mala de narices), ya que me parece formidable que, en lugar de reincidir en la autocomplacencia, la vanidad, y la pretenciosidad de las que hace gala la industria cinematográfica española desde hace más de una década, exhiba una sana y guasona capacidad de autocrítica. Por el mismo motivo, es estupendo y reconfortante que algunos de los artífices de los grandes éxitos de taquilla del cine patrio reciente se hayan prestado a realizar cameos en escenas donde se parodian sin remilgos sus propios retoños (El Orfanato, Abre los ojos, REC...) Igualmente, pienso que es sensacional que los más despiadadamente parodiados sean aquellos compatriotas que desde hace unos años cuentan con una legión de insoportables babosos aduladores dispuestos a ver el súmmum del séptimo arte en cada fotograma perpetrado por estos divos y darles cuantos Goyas u Óscars sea menester...

Dicho esto, la película no es nada del otro mundo y está casi a la misma (mala) altura que congéneres yanquis recientes (como"Scary Movie","Epic Movie","Disaster movie","Casi 300"...) haciendo una apología de lo cutre y con una bochornoso y previsiblemente estúpida trama que me imagino hará las delicias de los seguidores de Muchachada Nui (entre los que no me incluyo), ya que son ellos el alma matter de esta cinta. En ese sentido, la película sólo se sostiene por la presencia de actores con innegable vis cómica como Silvia Abril o Eduardo Gómez,
alguna parodia encomiable (genial la de "Los lunes al sol") y la predisposición del espectador a dar leña a tanto divo y mentecato de la gran pantalla.

En resumen, "Spanish movie" se queda corta en talento y escasa en brillantez, pero es necesario que se hagan películas tan "maliciosas" como ésta, primero porque el cine español reciente merece ser tomado menos en serio (en todos los sentidos) y, segundo, porque es saludablemente recomendable que acabemos con el divismo y el papanatismo cinematográfico nacional a cañonazos como éste.

martes, 3 de noviembre de 2009

Si España fuera Hollywood...

...el finado José Luis López Vázquez tendría merecidamente más de un Óscar en su haber, una estrella en el Paseo de la Fama y una legión de mitómanos. Pero estamos en España, un país que actualmente babea, rebuzna y aplaude a unos actores que, en el mejor de los casos, quedan eclipsados por quienes les precedieron en años, talento, discreción, honestidad, genio e ingenio.

En España tenemos la insana costumbre de darnos cuenta de la valía de un actor una vez la palma mientras que en vida siempre tendemos a hacerles de menos en comparación con las rutilantes estrellas hollywoodienses. Esta injusticia, que no sufrirán la mayoría de nuestros actores actuales porque no se merecen ni siquiera eso, se ha cometido y se comete con todos aquellos grandísimos intérpretes que comenzaron su andadura en el magisterio interpretativo y cinematográfico en el franquismo. Me vienen ahora a la cabeza los nombres de los también difuntos Fernando Rey, Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Manolo Gómez Bur, Pepe Isbert, Paco Martínez Soria, Juanjo Menéndez, Alberto Closas, Antonio Ferrandis, Paco Rabal...Auténticos fueras de serie, como lo son Alfredo Landa y Tony Leblanc, por citar unos vivos, a los que la gente ha mancillado con su ignorancia, cuando no con una extraña inquina por haber hecho cine durante el franquismo o despreciándolos por haber destacado en el arte de hacer reír, considerado por muchos cafres y snobs algo burdo y carente de mérito. Se desprecia a quienes no accedieron a la fama por ser cabezas de manifestaciones "progres" ni contertulios papanatas, a quienes fueron fieles a sus ideas y discretos en sus declaraciones, a quienes prefirieron ser actores antes que mascotas de un partido político, a quienes en el talento tenían su mejor carta de presentación. Así nos va...

Yo lo único que sé es el que el cine español ha perdido a su Jack Lemmon, el hombre capaz de hacer perfectamente al ciudadano medio de este país fuera cual fuera el género de la película. Un actor que, de haber nacido en Norteamérica hoy sería, con todo derecho, un mito universal del Séptimo Arte, como tantos otros que han muerto entre la minusvaloración y la indiferencia de sus compatriotas españoles. Descanse en paz, maestro.

sábado, 10 de octubre de 2009

Apatía de Alejandría

Anoche vi "Ágora", película del afamado director Alejandro Amenábar sobre una de las mujeres más brillantes y desconocidas de toda la historia: Hipatia de Alejandría. El film no sólo es un nuevo cambio de género para este cineasta de talento voraz sino que es un gran reto toda vez que hacer una película con base histórica implica que el público conoce (o puede conocer perfectamente) el desenlace de los hechos ficcionados y la vida de Hipatia no es una excepción, como se han encargado de recordar decenas de revistas culturales y libros estas semanas previas. No hay por tanto elemento sorpresa que permita sostener la tensión de la trama ni dotar al film de un clímax que ponga el conmovedor broche a la cinta.

Teniendo esto presente, tengo que reconocer a la salida de la sala tuve la sensación de haber visto una película bastante correcta técnicamente pero aséptica y fría en lo emocional. Ya había avisado el propio Amenábar que con esta película buscaba abrir una ventana al mundo y la vida de Hipatia para que se asome el espectador...y lo ha conseguido, pero dejando frío al patio de butacas.

Como suelo hacer en estos casos, haré un repaso por puntos:
  • La trama: Con guión del propio Amenábar y su camarada Mateo Gil, es una correcta semblanza de la científica Hipatia de Alejandría, tomando como ejes la mayoría de los datos y anécdotas que son casi universalmente aceptados, si bien muchos detalles de su vida y obra desaparecieron en el olvido para siempre al poco de fenecer. Se puede decir que Hipatia era una vestal de la sabiduría, una anomalía en tiempos de sinrazón y discordia, el canto del cisne del mundo clásico en lo que a ciencia y filosofía se refiere y eso lo consigue plasmar correctamente el director. Su discutible e improbable triángulo amoroso, su relación con su padre Teón, su lucha por preservar el talento y el temple en una época convulsa...todo lo logra mostrar correctamente el film. Pero es tan aséptica como el sumario de un juez y tan fría como un diagnóstico médico. No tiene alma, no conmueve, no consigue que el espectador se implique y se olvide de que es un mero observador, como es menester en todo buen drama que se precie.
  • El reparto: Encabezados por la joven y oscarizada Rachel Weisz (que no actúa mal ni a posta), los actores de este film ofrecen unas interpretaciones tan correctas en lo técnico como desangeladas en lo emocional, pero esto último es más demérito del director que fallo del elenco, como comentaré luego. A destacar, no obstante, la interesante evolución dramática de la que dotan a sus personajes el tándem Óscar Isaac y Max Minghella, Orestes y Davo, respectivamente. Evolución que, por ejemplo, no consigue Rupert Evans con su Sinesio, que cambia de la noche al día, de la amistad a la vileza con pasmosa e injustificada (cinematográficamente) rapidez. En definitiva, un reparto con bastante potencial pero no del todo bien aprovechado.
  • La ambientación: Hasta cierto punto (especialmente económico) puedo llegar a entender la elección de Malta como epicentro del rodaje...pero de ahí a mostrar en escenas edificios o fortificaciones maltesas que claramente no se corresponden con los de la época de Hipatia de Alejandría, media un clamoroso trecho. Igual que el desconcierto que provoca ver tomas donde un edificio parece estar en medio de una yerma llanura y en otras, rodeado de inmuebles y monumentos. Por otra parte, el uso del ordenador ofrece las mejores imágenes de conjunto de lo que debió ser la Alejandría de Hipatia...mientras que no pocos decorados son tan poco creíbles que les falta la etiqueta con el precio. Esto hay que cuidarlo más.
  • El director: Hacer una película a medio camino entre el peplum y el drama, entre la historia de amor y el ensayo científico es un malabarismo demasiado difícil incluso para Amenábar, por mucho Óscar y premios que tenga en su haber merecidamente. Es como vestir a un mismo individuo con varios disfraces: no sabes bien con qué quedarte ni qué quiere decir. Hay que decir que el ateísmo del director le permite retratar desapasionada pero certeramente los desmanes y los aciertos de todas las religiones que aparecen en el film (el paganismo, el judaísmo y el cristianismo), algo que en manos de otro cineasta se habría convertido en un bochornoso retrato maniqueo y sesgado. Mas, si bien ése es un logro de Amenábar, constituye en cambio un extraño fallo el hecho de intercalar caprichosa y ocasionalmente imágenes espaciales más propias de un reportaje de la NASA o un documental galáctico, que rompen ritmo, tensión y atención de una tacada con "momentos chill-out de espacio exterior". No sé si con ello quería Amenábar establecer una relación visual entre la protagonista y su gran obsesión (los cielos) o una metáfora a favor de analizar las cosas con perspectiva, pero creo que es un recurso perfectamente prescindible. Igualmente, aunque más discutible es el hecho de que en lugar de utilizar la elipsis o alguna escena-puente, el director prefiere aparcar su innegable talento para hacer avanzar la narración con textos impresionados en pantalla que expliquen lo sucedido y avancen la acción en el tiempo, un remedio facilón que le viene pequeño a un cineasta de tan gran habilidad y que prefiere explicitar lo que la inteligencia media de cualquier espectador normal se habría encargado de subsanar al ver una elipsis bien hecha o una transición visual. Abandonando los detalles, a modo de resumen, cabe decir que Amenábar filma esta película suya con una indolencia propia de las películas "de encargo". Rueda "Ágora" como si estuviera grabando desde el cosmos, dirige como si estuviera mirando por un telescopio o un microscopio, consiguiendo una útil perspectiva general o detallada, pero carente de empaque emocional. De ahí que ni uno solo de los clímax que intentan apuntalar los desarrollos de la trama esté conseguido satisfactoriamente. La única semejanza que se me ocurre es comparar a esta película con las obras literarias de los enciclopedistas franceses: interesantes en lo intelectual, frías en lo humano.
De todos modos, más allá de la apatía que provoca este film (que si no tuviera el reclamo de estar dirigido por Amenábar, aquí lo verían cuatro gatos y un despistado, seguro), lo que sí merece la pena es quedarse con las moralejas que lega "Ágora": la historia de la humanidad es una concatenación de desencuentros con treguas de convivencia; la ciencia, la religión y la filosofía son sólo tan incompatibles como los hombres quieran que sean; en nombre de Dios (sea cual sea) se han cometido sanguinolentas injusticias y aborrecibles salvajadas de las que la Humanidad nunca se recuperará por culpa de los muchos hijos de la gran perra que hacen de la religión la excusa perfecta para dar rienda suelta a las más bajas pasiones que todo ser humano, creyente o no, tiene dentro de sí. En definitiva: las ideas pueden ser perfectas; los hombres, no. Y eso, en todos los sentidos, es "Ágora".

domingo, 2 de noviembre de 2008

Camino...a la conmoción

Anoche tuve la oportunidad de ver "Camino", la última película de uno de los directores más originales del cine patrio, Javier Fesser. He de reconocer que sólo me impulsaban a verla el personalísimo estilo de Fesser y la polémica surgida en torno a este film, inspirado (que no basado) en la vida y muerte de la niña Alexia González-Barros. Como he dicho, la película se inspira libremente en esos hechos reales y, por tanto, no me detendré a analizar la biografía de dicha chavala ni a analizar si está correctamente llevada a la gran pantalla. Y eso es algo que quizás deberían tener en cuenta la legión de críticos con vocación de turba papanatera que han intentando convertir a Fesser en una especie de piñata humana. Pero ya hablaré de ello más adelante. Ahora, me centraré en la película.



Decir que es la mejor película española que he visto en muchos años es quizás quedarme corto y, además, no es tan difícil, teniendo en cuenta los largometrajes que perpetra la industria cinematográfica española en los últimos lustros. Por tanto, diré que es una de las películas más sentidas, inteligentes, emotivas, conmovedoras, valientes, honestas e impecables que he visto. Podría acabar aquí el artículo, pero quiero regodearme. Lo necesito, así que, quien quiera, puede dejar de leer. Como siempre hago en estos casos, analizaré el film por puntos.

  • El director: Javier Fesser.Un director que explora de forma valiente la realidad valiéndose de la poesía visual y el surrealismo. Decir esto de un cineasta español, es como para empezar a creer que no está todo perdido y que, más allá del mundo del cortometraje, también hay talento y personalidad detrás de las cámaras. Fesser es algo así como una carta de amor de Dalí: íntimo, personal y graciosamente surrealista. En mi opinión, "Camino" es su obra más equilibrada, madura y compacta y, por eso, desde el punto de vista técnico, no se me ocurre ninguna pega que ponerle. Mas hay un factor clave que me inspira una admiración reverencial hacia este tipo: que sea tan valiente como para meterse en el "fregao" de retratar aunque sea sutilmente (que no sesgadamente) a la poderosísima organización conocida como OPUS DEI. Es como si a un director se le ocurre hablar de la guerra civil desde el punto de vista de los sublevados o de la represión ejercida por el bando republicano. Vamos, algo tan increíble en estos tiempos como plausible. Ojito, por tanto, con Fesser, porque apunta maneras que no estamos acostumbrados a degustar por estos lares.

  • El reparto: Todos los actores están tan soberbios y creíbles que debería crearse un "Goya" colectivo sólo para poder premiar las magníficas interpretaciones con las que bordan los hilos de esta pequeña joya. No sé dónde acaba el mérito del director y empieza el de los intérpretes. Sólo sé que están excepcionales todos: Nerea Camacho, Carme Elías, Mariano Venancio, Manuela Vellés, Jordi Dauder y un formidable etcétera. Sin tener el ego, el caché y la clac de los supuestos monstruos interpretativos patrios (Bardem, y el resto de cretinos sin fronteras), los nombres que integran el reparto de "Camino" dan una lección magistral de arte dramático que no podrían pagar aquellos ni con todos los ahorros de sus vidas. Mención especial merecen los sensacionales infantes del film: Nerea Camacho, Claudia Otero, Miriam Raya y Lucas Manzano. Yo me pregunto si, pongamos por caso, mis queridísimas Penélope Cruz o Elsa Pataky o (ponga aquí el nombre de una actriz española que no llegue a los cuarenta años) pueden compararse en talento y naturalidad a las tres niñas del film; o si Javier Bardem o Luis Tosar o (ponga aquí el nombre de un actor español que no llegue a los sesenta años) tienen la misma facilidad para ser creíbles que la que exhibe Lucas Manzano. Claro que son preguntas retóricas. Pero si hay alguien que merece la pena destacar por encima del extraordinario reparto es Nerea Camacho. Decir que me he enamorado de una chica de su edad sería ponerme en un brete. Afirmar que su actuación es tan prodigiosa que podría desgranar el Diccionario de la Real Academia en elogios, es dogma de fe (cinematográfica). Ella es el corazón de esta película y la principal responsable de que no te la puedas sacar de las entrañas. Absolutamente genial. Si interpretar es convencer y conmover siendo otra persona, Nerea Camacho es la mejor actriz que ha parido el cine patrio en décadas. Y punto.

  • La película: Valiente, tierna, emotiva, honesta, modesta, interesante, inteligente...y así podría seguir "ad aeternum". De impecable factura técnica y artística, "Camino" es un canto a la vida, una llamada a no dejar que nada ni nadie nos corrompa nuestra ilusión, un argumento para recordar que nada ni nadie puede ni debe castrarnos nuestra esencia, una loa a la conservación de la personalidad, un sentido aplauso a quienes siembran el mundo de sonrisas y te hacen ver las cosas de otra manera. En manos de cualquier otro director y actriz, el calvario de Camino habría sido un dramón infumable por el colosal cúmulo de contratiempos y sufrimientos a los que tiene que hacer frente la niña. Por suerte, en los créditos de este film aparecen Javier Fesser y Nerea Camacho. Esta película conmueve no sólo por las cosas que te hace sentir, sino también por aquellas en las que te hace pensar, en parte gracias al habilísimo juego de dobles sentidos (Camino niña - Camino libro, Jesús chaval - Jesús Cristo y obra de teatro - Obra de Dios) en el que se articulan muchos de los mejores momentos de este largometraje. Y, en esto último es donde creo que naufragan los detractores de esta joyita. La necedad es una fuente frecuente de críticas. En definitiva, es una película que merece la pena disfrutarse desde el primer hasta el último segundo porque cala mucho más allá de la retina: en el corazón.
  • Hablemos del OPUS: Buena parte de la controversia que ha generado esta película empieza y acaba en el OPUS DEI y su vínculo con la historia de Alexia. Hay memos que han querido ver en la película de Fesser un ataque y un descrédito similar al de Dan Brown y su celebérrimo código. Si los tontos cobraran un euro por cada sandez que dicen, el mundo estaría lleno de multimillonarios. Vaya por delante que el OPUS DEI me merece el mismo respeto que, por ejemplo, los mormones, los testigos de Jehová, los Hare Krishna o los cienciólogos. Cada cual que crea en lo que le dé la gana y viva su fe como le salga de las fosas nasales mientras no toque los cascabeles ajenos. En materia de creencias, yo pienso que cualquier cosa, por muy estrafalaria que sea, puede tener un mínimo beneficio para la sociedad y por eso respeto al OPUS DEI. Queriendo o no, han hecho y hacen cosas utilísimas para la sociedad (véase Universidad de Navarra o Clínica Universitaria de Navarra), de igual forma que, queriendo o no, han hecho cosas que van desde el ridículo más cómico hasta el extremismo más cerril. Por eso, el OPUS DEI me produce una curiosa mezcla de sensaciones, aunque he de reconocer que en no pocas ocasiones me resultan muy cómicos, a su pesar. Sea como fuere, lo que no soporto, es que alguien se crea en posesión de la verdad absoluta, que sólo dé por buena su forma de ver las cosas y que crea que el resto del mundo vive en un error. Y ése es un mal bastante extendido en el mundo de la religión y el OPUS no se libra ni por asomo de ello. "Camino" habla sutil, elegante y honestamente del "mopus" operandi, si se me permite el juego de palabras. El retrato que se hace en el film de los seguidores de monseñor José María Julián Mariano Escrivá de Balaguer y Albás no es el reflejo de los valleinclanescos espejos del callejón del Gato. Es una fotografía y, como en todo en la vida, habrá gente a la que le encante lo que ve, gente que lo aborrezca, y gente que vea virtudes y defectos. Si "Camino" escuece en el OPUS (y quiero pensar que en el fondo, no es así y sólo es culpa de unas decenas de mastuerzos), es síntoma de que "La Obra" debe hacer examen de conciencia y propósito de enmienda. Yo, personalmente, creo que la película refleja sin malicia alguna prácticas y posturas opusianas bastante emblemáticas que, objetivamente, sólo pueden calificarse de incongruentes y carentes de sentido común. Y hasta ahí puedo escribir...

Quien haya llegado hasta aquí sabrá perfectamente a estas alturas qué me ha parecido la película y por qué. Sólo puedo añadir por tanto que, en nuestra sociedad, hacen falta muchas, muchas películas como "Camino". Amén, Fesser, amén.

martes, 30 de septiembre de 2008

El arte de no hacer (ni decir) nada

No hacer ni decir nada, mirar a otro lado, negar la mayor, actuar tarde y mal...hacer con soltura y naturalidad estas acciones requiere una práctica y habilidad depuradas, por lo que podríamos decir que son todo un arte. El problema viene en que la negliencia, la hipocresía o la cobardía no tienen sitio en los museos. Sí en los titulares de prensa, radio, televisión e internet y en la memoria colectiva, pero en los museos, nones. En España, cuna de Fernando VII, Rinconete y Cortadillo, Pepe Gotera y Otilio y la progresía más cerril y caduca, tenemos bastantes ejemplos del arte de no hacer nada. No es necesario retrotraerse en demasía: El Prestige y sus hilillos, la no-crisis económica que al final es que sí, el fiscal que escamotea enchironar a cómplices de una banda terrorista, el juez que traspapela en su desvergüenza el caso de un criminal sexual, la Iglesia que entiende la nulidad matrimonial dependiendo del número de ceros con que se apellide el/la solicitante, los sindicatos que sólo se acuerdan de Marx cuando ven una película de Groucho,...Muchos son los ejemplos artistas de la desfachatez y la negligencia...incluidos los propios artistas.

Rosa Díez en su blog ha puesto proa (con espolón incluido) a uno de los mayores sinsentidos de nuestro artisteo patrio: el de denunciar a grito y pancarta pelada unos problemas y enmudecer ante otros. El problema de muchos de nuestros artistas (especialmente los que integran o circundan el mundo del cine) no es sólo que se comporten como un gang o un lobby inmisericorde con aquellos colegas que no comparten sus ideas o sus formas. El problema es que estos "panca-artistas" se han autoerigido en santones de la suprema moralidad, iconos de la humanidad, apóstoles de lo "políticamente correcto" de tal forma que se están desvinculando progresivamente de lo "socialmente aceptable" y, más aún, de lo "humanamente comprensible". Soberbios y altivos, su actitud (o pose, según los casos) de "progresista comprometido e intelectualmente superior" está más cerca de la hipermetropía que de la heroicidad, más próxima a la hipocresía que a la coherencia. Denuncian lo que les pilla lejos, a salvo de la metralla de críticas y amenazas: el conflicto del Sáhara, la situación de la infancia en el tercer mundo, el papel de la mujer en los regímenes islámicos, la pena de muerte en Estados Unidos, las escaramuzas colosales en tierras de Mahoma...y cosas tan denunciables como lejanas. Y callan ante indecencias y vilezas que tienen el marchamo "Made in Spain". Se encuentran más cómodos, más seguros en su torre de marfil, sin mirar a sus compatriotas a la cara y hablar de lo que a éstos les conmueve, les repugna, les duele, les mata. ¿Por qué es denunciable una guerra en el Oriente y no un atentado en tu país? ¿Por qué es mejor graznar henchidos como mesías de forma que no te alcance el eco de tus propios gritos? Que lo respondan ellos, porque a mí sólo se me ocurre una respuesta: cobardía.


Yo admiro y aplaudiré siempre a la gente comprometida y crítica (coincidan o no con mis ideas), pero a quienes pidan "la voz y la palabra", como diría el poeta, de forma coherente. A los artistas se les supone, acertadamente en la mayoría de los casos, una sensibilidad especial que les lleva a desempeñar su trabajo de una forma única y a "sentir" la realidad de forma más intensa que el resto de los mortales. ¿Por qué entonces esa exquisita sensibilidad hace la vista gorda según quién y según qué? Un artista, sea como sea, no deja de ser nunca un ser humano, con pensamiento, conciencia y recursos para expresar su voluntad e inquietud. ¿Por qué entonces esta actitud? Porque a veces, por desgracia, la seguridad se compra con silencio. Yo estoy convencido de que estos panca-artistas sienten como cualquiera de nosotros el terrorismo etarra y que se ciscan en la sangre y parentela de estos asesinos como cualquier sensato de bien...por eso les agradecería que en lugar de tanto Sáhara y tercermundo, alcen la voz, el puño y lo que sea menester contra problemas que te puedes encontrar con sólo bajar a la calle o atender a las noticias. No se trata de discriminar problemas y desgracias sino de ser consecuentes y honestos, si es que se tiene conciencia y decencia. Si lo que quieren es parecerse a sus colegas estadounidenses, comprometidos y militantes política y socialmente hasta las trancas, perfecto, pero deberían tener en cuenta que en Estados Unidos los héroes salen de conflictos bélicos, pantallas de cine o recintos deportivos, mientras que en España, además de eso, los héroes salen de su casa y un asesino les pega un tiro en la nuca o les descuartiza con un coche-bomba.


El silencio debe ser siempre muestra de respeto y admiración, nunca de cobardía o indiferencia. A mí nunca me darán un Óscar ni un Goya ni un Max ni ningún premio artístico ni pisaré jamás una alfombra roja bajo una lluvia de flashes, pero siempre me quedará la satisfacción de pensar lo que digo, decir lo que pienso y sentir que no me estoy engañando, ni a mí, ni a nadie.

lunes, 4 de febrero de 2008

El cine español, a tomar por los Goya

Anoche se celebró la gala de los Goya. Para algunos, es la fiesta del cine español. Para otros, una copia de todo a un euro de los Óscars. Para mí, una decadente, pesada y martirizante autopsia del séptimo arte en España. Porque el cine en España, el que se hace aquí, hace tiempo que tiene un tufo a podredumbre que no lo quita ni el glamour de pacotilla de los premios con nombre de pintor (cosas de aquí...) ni el previsibile pero ameno histrión Corbacho. Si los Goya son la fiesta de la cinematografía española, hace tiempo que no invitan al buen gusto a esa juerga. ¿Qué son los Goya? Neus Asensi vestida de fulana galáctica; la presidenta de la Academia dando un discurso pueril y estúpido; Alberto San Juan desvariando majaderías ante un auditorio con vocación de clá; Alfredo Landa haciéndose un lío en su propio homenaje; o premiar una película que han visto cuatro críticos y el acomodador.

* Sospechosos habituales: Teniendo en cuenta que en España el 99% de las películas no se hacen sino que se perpetran, los Goya no son tanto una gala de premios como una rueda de reconocimiento que permite identificar fácilmente a los culpables de tanto bodrio y tomadura de pelo. Aquí casi nadie hace cine de verdad. En todo caso, se hace cine de terror, aunque estemos ante un drama o una comedia. Y digo que casi nadie porque hay muy pocos directores que se proponen tomarse en serio su profesión y no perder el respeto al público. Directores como Amenábar, Médem, Garci, De la Iglesia, Almodóvar o Coixet, que, ideologías y fobias aparte, imprimen a sus películas un sello personalísimo, inconfundible y que tiene bastante que ver con el Arte. Quitándoles a ellos, el panorama de cineastas está lleno de mangantes, jetas, aficionados al plagio, aburreovejas y carne de psiquiátrico. Y otro tanto se puede decir del repertorio de actores y actrices. En resumen, la industria cinematográfica española rezuma morralla y anhela gente que sepa conciliar a críticos y público en torno a una pantalla. Aquí no se hace cine pensando en el público, se hace cine pensando en llevarse la subvención al agua y el dinero a la saca.

* Lo artísticamente correcto: En este país, para dedicarte al cine tienes que ser progre y militante de izquierdas o parecerlo, por aquello del "qué dirán". Viendo los argumentos de ciertas películas y las memeces panfletarias que se cascan bastantes directores y actores, tengo mis serias dudas de que alguien que viva de los fotogramas no pueda resistirse al onanismo ante una foto del asesino Santiago Carrillo o la infame Dolores Ibárruri. Luego se sorprenden de que apenas vea cine español. ¡Toma! Si además de la discutible calidad de tu bodrio te enemistas públicamente con una parte importante de la población, tú me dirás quién va a pagar por verte, además de tus padres, allegados y críticos con gafas de pasta negra y "El País" en ristre.

*El palmarés: Que se haya premiado a la gritona Manuela Velasco con un Goya por "REC" es como premiar a Jamie Lee Curtis con un Óscar por "Halloween". Es decir, delirante. Como delirante es que se premie por original un guión plagado de tópicos y "homenajes" (la forma fina y eufemística de decir plagio) a otras películas, o que la mejor película española de 2007 sea tan conocida como la fisiología del hipocampo. Sí, señor, ya sólo les falta doblar las películas en swahili para que la industria cinematográfica entre en quiebra por vergüenza ajena.


Visto lo visto, con un cine tan de saldo, a mí no me quedan ganas de seguir escribiendo de algo tan penoso. Sólo puedo sugerir, al lobby progre que se expande cual metástasis por el cine español, que hagan de una vez películas coherentes con su calidad e ideología que terminen por hundir la industria.Por ejemplo: Alejandro Amenábar podría rodar un thriller de cómo un completo necio llega a presidente después de unos atentados; Pedro Almodóvar tendría un filón contando a su modo kitsch las peripecias de una socialista aficionada a las tortillas de almejas y los bollos rellenos de conejo; Javier Bardem, Juan Diego Botto y Alberto San Juan encandilarían seguro a sus seguidoras protagonizando a tres heroicos jóvenes que fusilan a decenas de hombres, mujeres y niños inocentes y desarmados en Paracuellos del Jarama en la Guerra Civil; y Fernando León de Aranoa podría dar rienda suelta a su emotividad social contando la historia de un indigente intelectual y moral llamado Pepín que desde que nace en Galicia logra esquivar todas las trabas de la sociedad para tener un escaño en el Congreso de los Diputados. Por ideas no será...

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El último horror del cine español

Por el título, podría parecer que el artículo versa sobre la penúltima actuación perpetrada por Penélope Cruz, o alguna comedia cañí de esas que convierten en obras de Shakespeare a las películas del "landismo". Pero no. El artículo está dedicado a "REC", una película de ¿terror? sobrevalorada que no supera el listón de muchas otras que salen directamente en DVD. No le habría dedicado mayor atención de no ser por el aluvión de parabienes y alabanzas que la ha precedido y la machacona campaña de publicidad que la ha rodeado y es que REC no se merece ni tantas loas ni tanta coba. Y no hablo sin conocimiento de causa ya que, servidor, gran amante del cine de terror, pagué mi entrada para ver esta película en el cine, como tantos y tantos miles, por cierto.
Entrando en materia, hay que decir que, Amenábar aparte, en España no se ha hecho nunca ni se hace buen cine de suspense ni de terror. Aquí se hace algo "parecido", pero que por su cutrez (argumental, interpretativa, presupuestaria) es difícilmente comparable a cualquier buena película de terror o suspense. Por esa razón, aquí estamos más cerca de la Troma que de la Hammer, por utilizar una comparación cinéfila. En Estados Unidos tienen a John Carpenter, George A.Romero, Wes Craven o Clive Baker, en el campo del terror, y a Alfred Hitchcock, David Lynch o David Fincher, en el del suspense. En España tenemos a...Alejandro Amenábar. Punto. Y no, no me he olvidado de Jaume Balagueró ni Paco Plaza. Sus películas (al menos las que yo he visto) dan miedo, sí, aunque por razones distintas a las imaginables. Y el último ejemplo es REC.
Vendida como un prodigio de originalidad y cumbre del escalofrío en la gran pantalla, REC no deja de ser la típica película que te podrías encontrar perdida en el catálogo de un videoclub, en la socorrida sección de "Terror". Y sí, REC produce más de un sobresalto, pero también lo hace el pasaje del terror del Parque de Atracciones, pongamos por caso, y nadie lo considera el súmmum de las atracciones españolas. Siguiendo con el pasaje del terror y REC, hay que decir que muestran el mismo nivel cualitativo de interpretaciones, efectos especiales y de maquillaje. A buen entendedor...


¿Es original el 'look' de reportaje o vídeo amateur? NO en el cine de terror. Y no lo es desde "
Holocausto caníbal" hasta la más reciente, notable y mareante, "El proyecto de la bruja de Blair".

¿Es original la idea de zombies rabiosos? NO. Podría serlo de sólo haber existido "La noche de los muertos vivientes", pero en el cine de los últimos años, la modalidad de "zombie" rabioso hasta bastante extendida. Ahí tenemos la estupenda "28 días después" o la ínfima "House of the dead".

¿Es original la idea de utilizar el humor en películas de zombies? NO. En REC hay secuencias, como por ejemplo las entrevistas a los vecinos (la china explicando la caída de un cadáver es ridículamente memorable), que quien esto escribe cree firmemente que están hechas cómicas a propósito (aunque sin mucho sentido) y de no ser así, es mejor que los directores se tomen un siglo sabático. Sea como fuere, el humor en películas de zombies tampoco es novedad. Sin ir más lejos,"El amanecer de los muertos" hace gala de un sutil y efectivo humor negro y la entretenida "Zombies Party" es una auténtica exhibición de cachondeo con muertos andantes.

¿Es original ambientar una película de terror en una comunidad de vecinos? NO. Ya hablemos de películas netamente terroríficas como la oriental "Dark water" o con aroma de comedia como la cañí "La Comunidad", los vecindarios pavorosos no constituyen ningún descubrimiento cinematográfico.

¿Es REC una película original? Si hacer un puré con películas como"La Comunidad", "28 días después" y "El proyecto de la bruja de Blair" se le puede considerar original, desde luego es enormemente original.

¿Qué tiene REC de bueno? Tres cosas. Primera; Manuela Velasco. Segunda; que tiene un final. Tercera; que una vez vista, casi seguro que no la vuelves a ver.

¿Qué tiene REC de malo? Una dirección de actores desastrosa, unas interpretaciones que rozan la vergüenza ajena y van más allá de la sobreactuación, unos efectos de maquillaje propios de serie Z, un guión que a medida que avanza el film hace más agua que el Titanic, unas escenas absurdamente cómicas, un desenlace y justificación de la trama que no pegan ni con superglue, unas supuestas cualidades cinematográficas que ya hemos visto en otros films mucho mejores que éste, y, por último, que cueste tiempo y dinero ver semejante bodrio, porque, lejos de ser el último grito, es el último horror.

De todos modos, REC es una película altamente recomendable para aquellas personas que no hayan visto buen cine de terror en su vida y/o gusten de hacer donativos a fondo perdido al cine español gracias a una nula capacidad crítica.

Por último, para aquellos que quieran pasar miedo de verdad, les aconsejo que vean los grandes clásicos del género de los años 70 y 80, lean los relatos extraordinarios de Edgar Allan Poe, escuchen a George Bush o Hugo Chávez, o estudien la situación de la educación en España...Dulces pesadillas a todos.

sábado, 13 de octubre de 2007

Huérfana de originalidad

El jueves se estrenó la película española "El Orfanato", seleccionada para representarnos en los Óscar, si es que sobrevive a la criba. Un film de terror nacido al amparo del mecenazgo de Guillermo del Toro y que tiene en Belén Rueda su mejor argumento y estandarte. Con una campaña publicitaria telecinqueña sólo comparable a la que tuvo "El laberinto del fauno", la ópera prima del barcelonés Juan Antonio Bayona viene rodeada de un halo de expectativas que sin duda le asegura una excelente recaudación, aunque el regusto a la salida del cine sea de frustración.

Lo mejor de "El Orfanato" son la impecable factura visual y la sensacional actuación de Belén Rueda, quien, junto al dinero de Del Toro y Telecinco, es el verdadero sustento de esta película. ¿La prueba? Es sencillo: Quiten de este film a Belén Rueda, el apadrinamiento de Del Toro y la publicidad de Telecinco y estaríamos ante una película más de terror del subtipo "casa con fantasmas" de las muchas que pueblan los videoclubs y la cinematografía de las últimas décadas. Por lo demás, el resto del reparto ofrece correctas actuaciones pese al mal provecho que saca el director de muchos personajes, la música es, por suerte, misteriosamente "timburtoniana", la casona de marras es extraordinaria, y el argumento...Bien, aquí quería yo llegar, a la trama. Aquí es donde se nota que Juan Antonio Bayona ha visto mucho cine, especialmente de terror, porque "El Orfanato" es, única y exclusivamente, un collage de homenajes, citas, referencias, copias o como prerfieran llamarlo de otras películas que ya se han visto: "Los Otros", "Poltergeist", "Al final de la escalera", "Frágiles", "El internado"...De todas ellas sustrae o emula la atmósfera o "ideas" para la trama. Coincidencia o no, el espectador que tenga en su haber películas como las citadas contempla cómo a medida que avanza el metraje de "El Orfanato" la originalidad se va cañería abajo. De esta manera, con el factor sorpresa herido mortalmente desde el inicio y hasta el final (desenlace que, por ejemplo, es más que similar al de "El internado"...), esta película asusta pero no asombra. Si se asume esto antes de verla, la sensación al terminar será satisfactoria y uno pensará más en el miedo que pasó en la escena del armario o con el juego de ultratumba "Un, dos, tres, toca la pared" que en "¡Cáspita! Esta escena es igualita a la de aquella película que...".

Por otra parte, me gustaría incidir en el mal tratamiento que se hace de ciertos personajes secundarios, pues el director opta por presentarlos de una forma que les concede unos visos de importancia en la película que finalmente no tienen. A saber: la inquietante y ajada Benigna, la psicóloga Pilar que tan pronto se queda como se va y la médium Chaplin y su equipo. Más que personajes, son meros pretextos para zurzir ciertas partes de la trama y eso, hablando de actores más que dignos, es desperdiciarlos. No obstante, hay que decir que, por muy bien que hubieran estado presentados y tratados los personajes secundarios, habrían quedado eclipsados por la estupenda interpretación de Belén Rueda que, con dos películas, ha demostrado más talento que la divinizada Penélope Cruz en toda su filmografía.

En resumen, "El Orfanato" es una buena oportunidad para acongojarse con sustos "de los de toda la vida" y disfrutar de una de las mejores actrices españolas de los últimos años, pero también es una película que, le pese a quien le pese, nace y muere huérfana de originalidad.

martes, 18 de septiembre de 2007

Menganas superstars

Hay personas que entran en el Olimpo por méritos propios y otras que se cuelan, fundamentalmente gracias a un coro de palmeros snobs y aduladores nulipensantes que, desde los medios de comunicación, encumbran y presentan a cierta gente como si fueran las joyas de la corona y la sociedad parpadea y acaba por creérselo. Para que se sepa por dónde van mis tiros hoy, pondré ejemplos: Antonio Banderas y Alfredo Landa son dos personas que han entrado en el Olimpo cinematográfico (uno allende el Atlántico y otro aquí) por méritos propios. En cambio, Penélope Cruz y Elsa Pataky son dos menganas que se han colado. Y a ellas, a "Pe" y a "Pa" (y a su legión de seguidores), les dedico hoy este artículo, otorgándolas el dudoso honor de estar en mi punto de mira.

¿Son buenas actrices? Para empezar, basándome únicamente en méritos o cualidades interpretativas, diré que ambas señoritas están a años luz de verdaderas y grandísimas damas de la interpretación como Carmen Maura, Nuria Espert, Lola Herrera o Cecilia Roth, por citar sólo algunos nombres. Dicho esto, queda claro que a Penélope y Pataky no se las puede tomar en serio "interpretativamente", especialmente a la rubia. Si hay que valorarlas como actrices, la prueba es bien fácil: Cualquier actriz española en la que usted piense ahora mismo es bastante probable que sea mejor en ese terreno que "Pe" y "Pa". Y si ya piensa en alguna actriz extranjera (Meryl Streep, Kate Winslet, Jodie Foster, Naomi Watts, Cate Blanchett, Judi Dench...) pues no hay color.

Se han esforzado mucho para llegar donde están. Sí, he de reconocer que sí. La verdad es que tiene su mérito que se hable más de tu vida sentimental que de los bodrios que perpetras en la gran pantalla. Lo cierto es que es indudable que ambas son unas excelentes relaciones públicas (con ele) y por eso, le duela a quien le duela, su mayor mérito es "ser la pareja de" o "tener de pareja a". Si su objetivo era salir cada dos por tres en la prensa del corazón o convertirse en el mito erótico de camioneros, adolescentes y pajilleros varios, desde luego que "Pe" y "Pa" lo han conseguido con creces. Claro que en esto "Pe" tiene más experiencia y está más curtida, porque en pocos años ha conseguido que se la relacione con medio Hollywood (empezando por el hoy desquiciante Tom Cruise) y eso requiere un esfuerzo increíble. "Pa" por su parte ha tenido más vista y ha elegido ser la consorte de un buen actor de belleza distraída y Óscar en ristre, y es que ya se sabe que el amor es ciego y la luz atrae a las polillas...

Sus comienzos no fueron sencillos. Nuevamente, estoy de acuerdo, pero también quiero precisar que sus "trampolines" a la fama ya hacían presagiar la calidad artística que iban a demostrar sin piedad alguna en años posteriores. El salto a la fama de "Pe" contó con dos trampolines: Aparecer en un vídeo del más chalado (y genial) de Mecano (y novio de la manceba) y copresentar un bodrio, cima de la horterada televisada, llamado "La Quinta Marcha" (ya saben, en "Telecinco, su cadena amiga"...). En cuanto a trampolín cinematográfico, "Pe" debutó con "Jamón, jamón" donde destacaba por ser conocida carnalmante por el hoy actorazo Javier Bardem. A lo mejor es que la chavala vio "Nueve semanas y media" y se creyó que eso era el culmen interpretativo. Vete a saber. Pero, para inicios duros, el de "Pa". Debutó en la serie "Al salir de clase", copia patria de todo-a-un-euro de "Sensación de vivir" y que supuso un fenómeno televisivo increíble. Acné y memeces aparte, esa serie fue una útil cantera de buenos actores (de televisión, tampoco vayamos a engañarnos) y cuna de dos buenas actrices, como son Pilar López de Ayala y Leticia Dolera. ¿Y "Pa"? Pues...bueno, se convirtió en luz del onanismo para decenas de cientos de quinceañeros. Y esto tiene su dificultad intelectual, ¿eh? Que competir con modelos alérgicas a la ropa, actrices porno y cantantes tipo Sabrina o Samanta Fox no es moco de pavo...

Sus méritos son dignos de comentar. El de "Pe" es ser musa del genio pop-kitsch Pedro Almodóvar, que tuvo el increíble don de hacerla parecer buena actriz en la oscarizada e interesante "Todo sobre mi madre" (Óscar que por cierto "Pe" chilló antológicamente como una desquiciada Heidi para bochorno mundial). El de "Pa"...pues tener un cuerpo acorde a los cánones pornográficos, verbigracia del quirófano.

Sus interpretaciones son muy buenas. Siempre y cuando el concepto de "muy bueno" se aplique a las habilidades musicales de Leonardo Dantés o las dotes adivinatorias de Paco Porras. Para quien quiera más información, que busque "sobrevalorar" en el diccionario.

Y llegado al final del artículo, es hora de dejar a un lado los comentarios realistas y empíricamente demostrados y expresar mi opinión de estas dos féminas: Penélope y Pataky son dos mediocres cuyo único talento innegable es su habilidad para medrar. Qué quieren que les diga: Tengo cosas mejores que hacer que alabar a estas dos hollywoodienses menganas por snobismo, erotismo o idiotez.

lunes, 25 de junio de 2007

Porque me sale de las cuotas

Por cuota. Este es el sinónimo políticamente correcto de "por narices". Y, por querer precisamente imponer algo por cuota, la industria cinematográfica patria anda bastante revuelta. Y es que un proyecto de Ley ha conseguido lo que no ha logrado el "top manta" ni la piratería online: Que casi todos los cines echen el cierre. Bueno, de acuerdo que sólo fue un día, pero acongoja un rato. La propuesta no ha gustado a casi nadie y entiendo tanto a unos como a otros, especialmente a los exhibidores. Lo malo de todo esto es que me temo que lo peor está por llegar...Básicamente, la polémica se puede resumir en que el documento alumbrado por el Ministerio de Cultura obliga a proyectar una película española o europea de cada cuatro exhibidas. Lo cual demuestra que alguien en el Ministerio de Cultura no va al cine en los últimos decenios o no comparte absolutamente el gusto del resto de mortales cinéfilos...porque si ya las películas españolas atraen poco, las europeas ni te cuento...
En España tenemos grandísimos profesionales: directores (Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar, Isabel Coixet, J.L.Garci...), actores (Jordi Mollá, Javier Bardem, Fernando Fernán Gómez, Alfredo Landa, Carmelo Gómez...), actrices (Carmen Maura, Paz Vega, Emma Suárez, Candela Peña...), técnicos (Javier Aguirresarobe, Reyes Abades...) e incluso actores de doblaje. Y para hacer aún mejores a todos los citados, incluso tenemos a dos fulanas infumables y un gañán muy listo, pero tranquilidad, que hoy no hablaré de Penélope Cruz, Elsa Pataky ni Santiago Segura. Como decía, en España tenemos muy buenos ingredientes para hacer un cine fetén...pero no se hace. Quizás es que es mejor llorar y poner el cazo que preocuparse por hacer cosas interesantes. Desde hace demasiados años, el 99% de las películas españolas se pueden catalogar en dos categorías: el tostón (donde van a parar la mayoría de los "dramas") y el bodrio (etiqueta característica de la comedia española desde los tiempos del "landismo"). Y todo lo que no se pueda catalogar en ninguna de estas categorías, es una rareza que, ¡oh sorpresa!, suele funcionar bastante bien en taquilla y agradar por igual a público y crítica.

Que se ve poco cine español es algo en lo que estamos todos de acuerdo. Que el cine español deja bastante que desear es algo en lo que deberíamos estarlo también, pero no es así y no lo es porque el cine español está controlado en el fondo por una caterva de caraduras, genios de saldo y esnobs de diseño, apoyada por un séquito de extraterrestres en el nirvana, comúnmente llamados "críticos". El problema del cine español no es el top manta ni la piratería internetera. El problema del cine español es su desarraigo con el sentir general del público, su nula capacidad autocrítica (como el bardo de Astérix), su gusto por un esnobismo superfluo, idiota y borreguil; y su bochornosa falta de originalidad tanto en las tramas como en las formas. Si a eso añadimos que determinadas figuras del cine patrio se ganan la aversión de una parte de la sociedad gracias a su faceta "panca-artista", pues ponte tú a animar a la gente a ver cine español. Tararí-que-te-vi. ¿Y quiénes son los primeros en sufrir al cine español? Pues, descontando a los incautos que se metan a ver cualquier película sólo por el hecho de ser española, los exhibidores. Normal que estén que trinen con el tema de la cuota.
Si los argumentos de las películas españolas no parecieran sacados de un programa como "Diario de Patricia" o ensoñaciones de un drogadicto o borracho, otro gallo cantaría. Ni dramones familiares, ni repúblicas idealizadas, ni revanchismo postbélico, ni tediosas crónicas urbanas, ni psicodelías ininteligibles, ni naderías travestidas de película, ni frikis haciendo el tonto, ni films con más palabras que imágenes. En España no se necesitan sandeces como esas. Aquí se necesita cine interesante y original. Tan sencillo como eso.

Si de verdad el Ministerio de Cultura quiere solucionar el problema del cine español, que se siente a hablar a los ojitos a los productores, directores, guionistas y actores, porque así quizás más de un bandolero con corbata y jeta con gafas de concha negra se vaya a su casa y no vuelva a salir de ella, por respeto a los amantes del buen cine. Toda la industria cinematográfica española debería dejarse del fácil e injustificable discurso victimista del artista esnob e incomprendido, porque si no, acabará como Asurancetúrix en los cómics de Astérix: apartado y detestado por los suyos.

En cuestión de arte, como es el cine, el gusto de las personas no se conquista con leyes-calzadores sino con talento y calidad, porque, a la postre, el público va a ver lo que le sale de las cuotas. Sus cuotas, no las del Ministerio, claro.

lunes, 29 de enero de 2007

Corbachada con salsa de Goya

Que no cunda el pánico. Este no es un plato de los Ferrán Adriá, Arola y compañía (De ser así, el título del artículo rezaría algo fácilmente memorizable, como "Reflexión digital de una gala televisiva de premios cinematográficos con reminiscencias pictóricas"). Esto es, sencillamente, mi humilde opinión sobre los Premios Goya y aledaños. Para romper la peligrosa tendencia de artículos más largos que un día sin comer, intentaré ser breve o, al menos, conciso.
  • El previo. A cargo de "España directo". Fue de lo más bochornoso que he visto en mucho tiempo (sin contar algunos programas del corazón). No sólo por una realización que parecía tener a un neonato a los mandos, sino especialmente por esos dos ejemplares de reporteros (que no reporteros ejemplares) que demostraron no tener ni puñetera idea del cine español reciente (confusión en los nombres de los actores, preguntarles insistentemente por películas que no han protagonizado y un sonrojante etcétera) y menos idea aún de tratar a la gente (acabar abruptamente una entrevista sin ni siquiera dar las gracias a la entrevistada, vociferar "¡Qué guapas vais!" a un par desconocidas, etc, etc). Lo mejor de todo esto es que esta clase de conexiones en directo están ideadas para ver cómo bajan de lujosos coches nuestras estrellas del celuloide patrio y que nos den menos envidia los Oscar. Pues bien, el previo se acabó de buenas a primeras antes de que llegara la crema y nata del cine español. En resumen, un despropósito de principio a fin.

  • La retransmisión.Que en la era de Internet se retransmita un evento como son los Premios Goya con un retardo de media hora...como que le resta bastante emoción al tema. Es como ponerte a tomar las uvas el día 1 de enero al mediodía: tiene su aquel, pero...no es lo mismo. Por lo demás, la retransmisión volvió a cruzar el desfiladero de la medianoche y antojarse un poco larga, pero esto no es ni será nunca novedad. Si a eso añadimos la sosería que tienen algunas de nuestras estrellas a la hora de entregar premios y los breves agradecimientos de extensión "tesis doctoral" de los premiados...pues a uno le habrían entrado ganas de apagar el televisor, si no hubiera estado al frente de la gala el gran triunfador de la noche, con permiso de Almodóvar.

  • El presentador. José Corbacho, el más irreverente y lúcido de la tropa buenafuentista. Entró como Goya pero debió haber salido a hombros, como los grandes toreros, porque menuda faena tenía por delante...Lo intentaron vender como el Billy Crystal español pero yo, de los dos, me quedo con Corbacho. Estrambótico, llamativo, mordaz, ágil, ingenioso, ácido y con nulo sentido del ridículo...José Corbacho demostró que, tostones aparte, la gala mereció la pena verse sólo por disfrutar de sus ya famosos hachazos, unos ocurrentes gags y su habilidad para combatir el sopor de los presentes y televidentes. Lo mejor de la Gala, de lejos.

  • El palmarés. Como a estas alturas todos saben quiénes han sido los premiados, me limitaré a decir que los pronósticos se cumplieron: Almodóvar y su tropa se llevaron casi todos los galardones a lo que aspiraban. Y los que no se llevó el manchego (el ausente más presente), se los llevó el mexicano Guillermo del Fauno, perdón, del Toro. Y los platos que no se comieron los orondos cineastas, los degustaron "Azuloscurocasinegro" (el gran 'sleeper' de la gala) y "Salvador". ¿Algo más a destacar? Sí, que "Alatriste" se fue al traste.

  • Conclusiones. Una gala esperanzadora. Si Corbacho sigue presentando futuras galas y la industria cinematográfica se sigue esforzando por poner las cosas tan reñidas como han estado este año, es posible que los Goya remonten el vuelo. Y ojo que he dicho "es posible", porque hay que tener en cuenta que la excesiva duración de la gala y que los Goya parezcan un cocktail del Red Power pancartista echan atrás a muchas personas.

Como de cine patrio ya van bien servidos, aquí van unas recomendaciones para quien no quiera tirar 6,5 euros a la basura y ver buen cine: "El truco final" (excelente), "Babel" (estupendo y contundente paseo por las trastienda global), "Pequeña Miss Sunshine" (entrañable y sensacional), "Bobby" (brillante), "Apocalypto" (tequila hecho cine), "Más extraño que la ficción" (ingeniosa), y "Rocky Balboa" (sí, ha leído bien y no, no estoy fumado. Esta es, junto a la primera parte, la más honesta, bonita y entrañable de todas las entregas del botoxeador, perdón, del boxeador más famoso de la historia del cine). Que ustedes lo pasen bien.

lunes, 16 de octubre de 2006

El fauno, los maquis y la niña prodigio

Tal y como está el panorama, cualquier forma de evasión, desconexión o deserción de la realidad es buena y hasta necesaria. Y en eso el cine tiene decenios de experiencia. Así que, movido por mi cabreo con el mundo real, fui este fin de semana a ver una película que pintaba muy bien: "El laberinto del fauno".

Se trata de la segunda película rodada en España por el mexicano Guillermo del Toro tras "El espinazo del diablo" (2001) y, al igual que ésta, mezcla fantasía y posguerra en una atmósfera enfermiza y "sucia". La trama se puede resumir en cómo una niña, para sobrevivir a un mundo real nada agradable, se refugia en el mundo mitológico que aguarda en el laberinto de marras. Pero, pese a que la venden como si fuera una versión hispana de "La Historia Interminable" o "Harry Potter" con falda, nada más lejos de la realidad, nunca mejor dicho. Ni tiene tanta fantasía como promete ni mucho menos es una película "familiar" o para niños. ¿Por qué?
  1. El mundo y la imaginería de Guillermo del Toro está en las antípodas de cualquier obra de los Hermanos Grimm o película de Disney o entrega del mago con gafas más famoso del mundo. Enfermizo, viciado y retorcido, el cosmos del director mexicano parece fruto de un cruce entre la novela de terror gótico y una de las pinturas "negras" de Goya. Este particular universo puede resultar atractivo e indudablemente original, pero es tan aconsejable para un niño como regalarle una motosierra.
  2. Pese a que, a priori, parece la balanza mundo real-mundo fantástico puede decantarse en favor de este último, lo cierto es que a medida que pasa la película es el cruel mundo real el que se lleva el fauno al agua y la fantasía no deja de ser un mero "entreacto".Vamos, que quien vea el tráiler de la película ya ha visto todas las escenas fantásticas que hay en el film.
  3. Como en cualquier película de Guillermo del Toro hay varias concesiones a la crueldad o violencia explícita, lo que se traduce en fotogramas tan desagradables que bordean lo "gore". Quizás por eso no sea una película recomendada para menores de 18 años.

Dicho esto, voy a pasar al cuento que narra Guillermo del Toro en esta película que sorprendentemente no tiene ni fauno ni hadas de por medio. Como todos los cuentos, tiene personajes muy buenos muy buenos (la niña, los maquis y las gentes del pueblo) con sus correspondientes antagonistas muy malos muy malos (el ejército franquista). Y, como en todos los cuentos, los buenos vencen y los malos pagan sus fechorías. Aunque respeto cualquier opinión y punto de vista (máxime en terrenos artísticos como el cine), lo cierto es que planteamientos de un maniqueísmo tan demagógico, pueril y "naif" me parecen adecuados cuando estamos hablando de Blancanieves, Caperucita, la Bella Durmiente y compañía, pero no cuando se habla de un hecho histórico tan complejo y traumático como fue la Guerra Civil y su posguerra.

Que hubo descomunales cabrones como el capitán Vidal (Sergi López) en el ejército franquista, sin duda. Que el ejército franquista cometió desmanes y tropelías, sin duda. Que la maldad y la hijoputez eran propiedad exclusiva del ejército franquista, pues mira no. Cualquier persona que no se deje llevar por el fanatismo reconocerá que en la Guerra Civil, como en cualquier guerra, se cometieron injusticias y atrocidades en ambos bandos y que, igualmente, hubo buenas y malas personas a uno y otro lado de la trinchera. Por eso, ópticas tan "infantiles" como "estos eran muy buenos y estos eran muy malos", especialmente cuando se habla de hechos históricos, pues como que me dan un poco de alergia. Y quede claro que diría lo mismo si el planteamiento fuera el contrario y presentara a los maquis como una caterva de desalmados y al ejército franquista como los ángeles enviados por Dios para instaurar en la tierra el Reino de los Cielos (lo que me recuerda a la película homónima de Ridley Scott que sí hace una revisión honesta de una guerra como fueron las Cruzadas). A ver si me entienden: ¿Qué les parecería que alguien hiciera una película sobre la Segunda Guerra Mundial desde la óptica del Eje y mostrara a los ejércitos democráticos occidentales como unos cabrones inmisericordes sin excecpiones? Pues eso.

En resumen, en "El laberinto del fauno" el verdadero monstruo es la niña Ivana Baquero (como Dakota Fanning pero versión spanish) quien con una magnífica y creíble interpretación eclipsa al resto del reparto (en el que, nuevamente, chirría a mi gusto una Ariadna Gil que te interpreta igual a una vedette del Siglo de Oro que a una sufrida madre de posguerra...En fin). Y, para quien quiera calentarse la cabeza al salir del cine: ¿Existía de verdad ese mundo mitológico o estaba la niña "quijotizada"? Piensen, piensen...Por lo demás, esta película no es un cuento de hadas...igual que no lo fue la Guerra Civil ni ninguna guerra, así que, para otra vez, que "no me vendan el fauno". Gracias.

lunes, 9 de octubre de 2006

Los Borgia (y olé)

Pues sí, afortunadamente, el cine español anda últimamente gallardo y haciendo productos con más presupuesto y pretensiones de lo habitual. Hace semanas tuvimos el ejemplo de "Alatriste". Y, en esa misma tónica histórica, tenemos ahora "Los Borgia". Y, hoy más que nunca, las comparaciones son odiosas. Si bien en cuanto a factura técnica y promoción ambas películas caminan parejas, el acabado final no puede ser más dispar. Una te deja con demasiada miel en los labios. La otra, en cambio, te hace salir del cine con una más que agradable satisfacción. Y esta última película es "Los Borgia".

Aunque esta producción tiene defectos bastante perceptibles (un presupuesto que se antoja corto para el potencial que exhibe el film y algunos cabos sueltos en la trama), lo cierto es que los disimula con sobrada eficacia y talento. Y ello se debe a una acertada dirección de Antonio Hernández, un guión que cuida el contexto histórico y plantea personajes que se sostienen por sí solos, una dirección artística y vestuario encomiables, una música tan mesurada como elegante y, sobre todo, un gran reparto de actores. He de reconocer que tenía cierta inquietud ante un reparto poblado por numerosos rostros conocidos de la pequeña pantalla (Sergio Peris Mencheta, Sergio Muñiz, Roberto Álvarez, Roberto Enríquez, Diego Martín, Antonio Valero...) ya que películas donde estás cada dos por tres murmurando "Anda si este sale en la serie de..." suelen defraudarme bastante. Pero esta vez no. Todo el elenco, repito, todo el elenco hace un trabajo dignísimo y creíble, construyendo unos personajes que sostienen por sí solos la historia.
Y, llegados a este punto, me gustaría hacer una mención especial a los excelentes trabajos de Lluis Homar, quien realiza una magnífica interpretación del poliédrico papa Alejandro VI, Sergio Peris Mencheta, que encarna con excelente contundencia al oscuro y atormentado César Borgia, y María Valverde, que demuestra con su interpretación de Lucrecia Borgia que no es casualidad que esta chica con cara de madonna renacentista tenga ya un Goya en su haber.

En definitiva, "Los Borgia" es una película que ofrece dos horas de historia y entretenimiento con maestría y humildad y nos acerca de un modo creíble a esa extraña y legendaria familia valenciana que conmovió los cimientos del Vaticano e Italia a finales del siglo XV. ¡Ah! Sí, sale Paz Vega, pero poco. Lo bueno si breve...dos veces Borgia.