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lunes, 26 de julio de 2010

Ay, Freddy, Freddy...

Este fin de semana he visto el remake de una de mis películas de terror favoritas: "Pesadilla en Elm Street". A priori, las expectativas no eran muy malas, teniendo en cuenta los afortunados lavados de cara de algunos de los títulos más famosos y truculentos de los 70 y 80 como "La matanza de Texas", "Las colinas tienen ojos", "Amityville", "Viernes 13" o "La última casa a la izquierda". Hasta el nuevo "Halloween" tenía su dosis de interés y acierto.

Además, el hecho de que emblemas del slasher tan icónicos como Cara de cuero o Jason hubieran salido bien parados de su paso por las manos del palomitero productor Michael Bay, mano que mece la cuna de esta nueva versión, invitaba a pensar que Freddy Krueger (por cierto, mi "monstruo" fílmico favorito) no tenía nada que temer...

Pero tampoco hay que olvidar que la saga de "Pesadilla en Elm Street" había ido decayendo hasta casi el hastío, el despropósito y la autoparodia (quizás motivos todos ellos para afrontar un remake...). Algo que casi olvidamos con el crossover más bizarro y sanguinario que servidor recuerda: la entretenida "Freddy vs Jason".

Por tanto, los alicientes y las dudas sobrevolaban por igual mi entrada en la sala del cine. Lástima que, con el paso del metraje, los alicientes se evaporaran y sólo quedaran asentadas las dudas...

Y es que la nueva "Pesadilla", pese a la acertada actuación y realista caracterización del nuevo Krueger (Jackie Earle Haley), la correcta ambientación (la fotografía hace mucho) y el interesante (pero fugaz) coqueteo en la trama con
el binomio inocencia-culpabilidad de los niños y Freddy, hace que se echen de menos todas las virtudes argumentales y artísticas del original del maestro Craven (hoy en horas bajas) que protagonizara el que será el único y verdadero Krueger para varias generaciones: Robert Englund. En ésta, en la actual, el ritmo de videoclip (que es la carta de presentación del debutante director) no ayuda en nada a generar tensión, suspense ni espanto alguno, el omnipresente ordenador hace añorar los efectos "añejos" del film de 1984, el característico y negrísimo sentido del humor de Freddy queda reducido a su mínima expresión y pilares argumentales como por qué las pesadillas deben tener lugar en Elm Street (en la saga original, era la calle donde vivía el entonces asesino de niños Krueger, que en está, por cierto, es "sólo" un pedófilo) son obviadas absurdamente. Carencias y defectos que hacen de este título un prescindible y olvidable remake y una película de terror (lo único que da miedo es el precio de la entrada: 8,10 euros) del montón...que inexplicablemente tendrá una secuela.

Pero, con el ánimo de acabar el artículo con buen sabor de boca, qué mejor que recordar las "moralejas" de la película de Craven: hay recuerdos que es mejor no tener, soñar a veces es demasiado peligroso, la mente es un arma de doble filo y...no hay que dejar que nuestros miedos tengan más presencia de la que deberían...


domingo, 14 de febrero de 2010

Nadie teme al lobo feroz

Recientemente he visto la película "El hombre lobo", película sobre el mito de marras que, presuntamente, quiere homenajear al gran clásico blanquinegro de la Universal. Si homenajear significa hacer un film que alterna el ridículo con el tedio, entonces es un homenaje como hace tiempo que no se en la gran pantalla. Lo único que queda claro después de ver esta "producción" es que el licántropo de 1941 es justamente insuperable ya que, para describir al de 2010, se pueden utilizar muchas palabras, pero la mayoría de ellas malsonantes.

No se dejen engañar por el reparto, a priori bastante interesante y apetecible, porque sus interpretaciones, exceptuando quizás la de la esbelta Emily Blunt, rozan la caricatura, cuando no una mezquina indiferencia. Tal vez en parte se deba a un guión pueril donde los personajes son cercanos al cartónpiedra y la evolución de la trama hay que aceptarla no desde la lógica, sino desde la fe cinéfila más demencial. O quizás todo sea culpa de un director, Joe Johnston, que, acostumbrado a hacer cine familiar de sesgo infantil, no ha sabido encontrar ni el tono ni el talento para llevar a la pantalla este gran mito del terror cinematográfico y literario.

Por tanto, si alguien desea ver un digno homenaje (o revisión) a los grandes clásicos del terror de la Universal o a los personajes que encumbraron, es mejor que vea el magnífico "Drácula" de Coppola o incluso la entrañable y ochentera "Una pandilla alucinante", con todos los grandes monstruos del terror en ella. Cualquier cosa antes que malgastar tiempo, dinero o ambas cosas viendo el bodrio que me amargó la noche del pasado sábado, porque este lobo de 2010 ni es feroz ni da miedo ni nada de nada. De dar algo, da vergüenza.

Por último, decir que, al igual que ocurre por ejemplo con el vampirismo, el mito del hombre lobo tiene una importante base folclórica e histórica real: No hablo sólo de que en regiones como India, África o América Latina se creyera la existencia de animales salvajes que se transformaban en hombres (o viceversa) con inquietantes intenciones. Hablo de que en Europa, hace bastantes centurias (se tiene constancia desde finales del siglo I D.C.), existieron verdaderamente unos guerreros, originarios de la zona nórdica, que por su aspecto parecían bestias antropomórficas y dejaban un reguero de muerte y miedo a su paso: los bersekers (ataviados con pieles de oso) y los ulfhednar (vestidos con pieles de lobo), cuya fiereza era tal que, mitológicamente, se les consideraba algo así como los "Marines" del dios Odín. Así pues, dada su apariencia y el frenesí con el que se empleaban en la destrucción y el sesgo de vidas humanas en nuestro continente, a nadie le extraña que el folclore popular los tomara como modelos para crear al terrorífico hombre lobo que la literatura y el cine han inmortalizado en decenas de ocasiones. Distinto asunto (y más reciente en términos históricos) es el tema de los asesinos licántropos (Ej:Romasanta), cuya demencia homicida está relacionada supuestamente con la luna llena, del mismo modo que para los esquizofrénicos las "voces" en su cabeza.

De todos modos, en lugar de ver esta horrenda película, recomiendo la lectura del excelente "El libro de los hombres lobo" o la visión de la mítica película "El hombre lobo" (1941) para disfrutar de una auténtica y deliciosa velada de miedo.

martes, 12 de enero de 2010

La noche de los cachondos vivientes

Recientemente, he visto la película "Bienvenidos a Zombieland", film que parodia y homenajea con talento y frescura ese subgénero del cine de terror que se lo debe (casi) todo a George A.Romero y "La noche de los muertos vivientes".

Este título pone de relieve que, con talento y originalidad detrás de la cámara, el espectador puede consumir alegremente algo que ya ha visto cientos de veces anteriormente. Sucedió con Zack Snyder ("Amanacer de los muertos"), Edgar Wright ("Zombies party") y vuelve a ocurrir con los responsables de esta película: Ruben Fleisher, director, y, especialmente, Paul Wernick y Rhett Reese, guionistas de esta comedia con forma de cachondeo postmortem. No obstante, ni siquiera el enfoque cómico o paródico es algo novedoso (Sam Raimi, el cutremaestro del terror bufo, se dio a conocer hace ya años precisamente por eso) y tampoco exclusivo del cine (En la literatura, tenemos los libros de Max Brooks o el exitazo "Orgullo y prejucio y zombis", por citar dos ejemplos notables; o en cómic, con la hilarante saga de "Marvel Zombies").

Lo que aporta "Zombieland", además de un guión sencillo, bufonescamente ingenioso (Ej: Las normas de supervivencia) y que busca (con éxito) la complicidad del espectador, es homenajear con respeto y sorna a todos aquellos que en los 70 y 80 crecieron al amparo de films donde lo sobrenatural era motivo de espanto y/o carcajada y hoy son películas de culto. Por ello, no es nada casual la elección de (el gran) Bill Murray para participar en este título haciendo de él mismo, en uno de los mejores y más divertidos cameos que servidor recuerda, o el nada velado tributo a esa entrañable y ochentera bilogía: "Cazafantasmas".

Quitando eso, que no es poco, "Zombieland" no es más que la cómica odisea de un estrafalario cuartero hostigado por hordas de muertes vivientes a lo largo y ancho de la geografía estadounidense. Una "road movie" con zombies y delirantes freaks que parecen extraídos de alguna comedia ajena y cuya única pretensión es entretener...y lo consigue sobradamente.

En definitiva, ver "Bienvenidos a Zombieland" produce un efecto similar a irse de juerga con los amigos: Probablemente no pasará a la historia, pero siempre lo recordarás con una sonrisa en los labios, porque lo pasaste muy bien.

lunes, 30 de noviembre de 2009

El terror "amateur" ya no sorprende

Recientemente he visto la película "Paranormal activity", film que ha venido precedido de un tsunami de críticas favorables y se ha presentado como una novísima maravilla del cine terrorífico, "El exorcista" del siglo XXI y unos cuantos parabienes más. Como siempre sucede en estos casos, se ha vuelto a cumplir la máxima de que cuanto mayores son las expectativas creadas, más númerosas son las posibilidades de decepción. ¿Por qué? Porque, honestamente, como amante y defensor del cine en general y del género de terror en particular puedo decir que "Paranormal activity" no es para tanto...
  • El "look" amateur en el cine de terror es algo que se inició y, si me apuras, se agotó en esa magnífica e inquietante película de 1999 llamada "El proyecto de la bruja de Blair". Suyo fue el mérito no sólo de descubrir qué posibilidades ofrecía un tratamiento amateur a una película de este género sino de utilizarlo de una forma efectiva, brillante y creíble. Los responsables de "The Blair Witch Project" lo hicieron tan bien que apenas dejaron migajas útiles para quienes vinieron detrás, haciendo bueno aquello de que quien da primero, da dos veces. De forma sintética, se puede decir que lo que se busca con la estética amateur (montaje sin apenas edición, grabación con cámara en temblorosa mano u hombro, actores tan desconocidos que pueden ser fácilmente "vendidos" como personajes reales, localizaciones reales, escasísimos o inexistentes efectos visuales o sonoros...) es brindar una verosimilitud inusitada en la gran pantalla, haciendo que la implicación del espectador con lo que ve sea tan grande que olvide inconscientemente que se trata de una ficción, convirtiendo, a efectos de recepción, en un "falso documental". Eso, utilizado en el ámbito del escalofrío, es una garantía para que el patio de butacas sea presa de un pavor genuino e inmisericorde: es decir, una gran baza para que la película sea un éxito. No obstante, pese a que "El proyecto de la bruja de Blair" llegó, vio y venció, hay que reconocer que en su estela, plagada de lamentables emuladores, merece la pena destacarse un film bastante estimable y desasosegante: "Open water". Por tanto, la originalidad de "Paranormal activity" en este sentido, brilla por su ausencia, porque repetir una fórmula descubierta y sublimada hace diez años no es precisamente un alarde de ingenio.
  • La cámara de vídeo como lenguaje en pos de un contundente realismo fue un hallazgo que hay que volver a adjudicar a la bruja blariana y que, posteriormente, ha sido utilizado con cierto talento en películas como "Rec", en su modalidad mononarrativa, y en "Cloverfield" y "Rec 2", en su vertiente plurinarrativa. No obstante, la prueba de que esto ya no posee el devastador efecto que acompaña a cualquier novedad la encontramos sin ir más lejos en uno de los últimos títulos de uno de los grandes maestros del cine de terror, George A. Romero: "Diary of the Dead", insulsa y que pasó sin pena ni gloria por la cartelera. En resumen, en este terreno, "Paranormal activity" tampoco aporta nada nuevo.
  • El binomio exiguo presupuesto-buenos beneficios es algo que, aunque pueda sorprender, es casi tan viejo como el cine: Ahí están el cine mudo, la serie B y, más recientemente, "El mariachi" o las ya citadas "El proyecto de la bruja de Blair" u "Open water". ¿Contribución de "Paranormal activity" a esto? Tan sólo ahorrarse aún más costes, rodando en la propia casa del director.
  • La relación inversamente propiorcional entre presupuesto y talento es algo tan clásico que se puede encontrar en todas las óperas primas de los grandes directores y, constantemente, en el injustamente marginado ámbito del cortometraje. Por tanto, la película que nos ocupa tampoco brilla con luz propia en este terreno.
  • Tema del hostigamiento sobrenatural y la posesión demoníaca...es uno de los grandes recursos argumentales del cine de terror y también uno de los más socorridos, así que la originalidad de esta película no habrá que buscarla aquí.

Entonces, si ni la forma de filmar ni las condiciones presupuestarias ni la premisa argumental suponen novedad ni descubrimiento alguno...¿dónde está el gran acierto de "Paranormal activity"? A mi juicio, esta película sólo tiene dos grandes virtudes:
  1. Sustituir el miedo y el "susto fácil" por una tensión desquiciante hecha a base de una constante sucesión de clímax y anticlímax.
  2. Conseguir persuadir a tantísima gente en todo el globo terráqueo para que vaya a ver algo que ya ha visto antes.
Por otra parte, igual que tiene esas cualidades, es justo poner de relieve sus tres grandes defectos, que giran en torno a la ausencia de factor sorpresa:
  1. Cualquier atisbo de conseguir el mismo nivel de paranoia y credulidad de films antológicos como el mencionado "El proyecto de la bruja de Blair" se ha aniquilado merced al destripamiento de sus "sorpresas" y claves esenciales perpetrado por las entrevistas concedidas por el director, Oren Peli, y las reseñas que han supuesto la vanguardia del estreno de "Paranormal activity" en nuestro país. Por tanto, los textos "informativos" que abren y cierran este film, están más cerca de ofender la inteligencia del espectador que de conseguir engañarlo...
  2. Previsibilidad: El gran enemigo del cine de nuestro tiempo, mortal en el caso de las películas de suspense y terror. A los pocos minutos de metraje, el patio de butacas ya adivina con cierta facilidad cómo va a acabar la desventura de los protagonistas. Por tanto, no sorprende a nadie que el desenlace deje cierta sensación de indiferencia o decepción, no por esperado (que también) sino por lo redundante en explicar ante cámara qué ha pasado...
  3. Quizás por todo lo anterior, el público tarda en empatizar (para bien o para mal) con los protagonistas (meros retazos con unas interpretaciones que sólo son aceptables y creíbles en el caso de Katie Fetherston), algo que es letal para un film de terror, porque lo peor que puede pasar es que al espectador le dé igual lo cuanto padezcan los personajes. En mi caso, salí del cine con la misma empatía para esos trasuntos con la que entré: Ninguna.
En conclusión, "Paranormal activity" sólo merece la pena por la tensión que es capaz de generar y la inquietante sugestión de efecto retardado que suscita ya que, por lo demás, está más cerca del "bluf" que de la excelencia. Y es que si algo está claro es que el terror "amateur" ya no sorprende.

martes, 20 de octubre de 2009

Ministerio de Cultura, Misterio de Censura

"Saw 6", nueva película de la taquillera y terrorífica saga "Saw" y cuyo estreno está previsto para este viernes, sólo se podrá ver en salas X, gracias a la calificación otorgada por el Ministerio de Cultura. Aplaudamos esta sensacional iniciativa que deja como viciosos sodomitas a las puritanísimas autoridades estadounidenses, tan aficionadas a cogérsela con papel de fumar a la hora de calificar películas y que sin embargo calificaron este film como "R" (equivalente a nuestro "No recomendado para menores de 18 años").

Ignoro qué tendrá esta nueva entrega de las andanzas de Jigsaw que no tuvieran las anteriores (estrenadas en todo el circuito comercial habitual) para que el Ministerio la sitúe al mismo nivel desaconsejable que "El butanero caliente, la viuda alegre y el bombero con su manguera se lo montan" (título porno inventado por servidor), pero sospecho que absolutamente nada. Así pues...¿Por qué esta sí y las otras entregas no? ¿Por qué esta película sí y otras igual de "gore" no?


Dejando claro que en este tema no puedo ser parcial, porque como evidencié en este blog tiempo ha soy fiel seguidor de esta saga cinematográfica, tengo que reconocer que tal ataque de puritanismo e incongruencia procedente del Ministerio encabezado por la insípida, insulsa e incapaz Ángeles González-Sinde (que lo único valioso que ha hecho en su vida por sí sola son dos guiones muy meritorios) me ha dejado perplejo por lo siguiente:
  • Ser más papistas que el Papa: Como decía, en Estados Unidos, cuna del puritanismo exacerbado, esta película ha recibido exactamente la misma calificación que el quinteto que la precedió, por lo que es fácil suponer que tiene las mismas características que las otras y que por eso no merece una distinción diferente a las ya dadas. Parece ser que aquí han visto motivos para ser aún más hipócritas que los yanquis y relegar a las salas X un film comercial de terror.
  • Brutalidades sin censura: Me gustaría recordar que en este país, películas con auténticas salvajadas en sus fotogramas como "Funny games" o "Anticristo" fueron estrenadas comercialmente hace no muchos meses sin ningún problema. ¿Por qué? Porque es muy "chic", "progre", "snob" y políticamente correcto decir amén a todo lo que hagan cineastas de la talla de Haneke o Von Trier, o, simplemente, porque hay quien supo ver más allá de la violencia. Igualmente, brutalidades fílmicas como "Hostel", "Hostel 2", "La matanza de Texas: el comienzo", "The Descent", "Halloween: el origen", "Viernes 13", "Wrong turn", "San Valentín Sangriento" o la española "REC" (con mutilaciones, evisceraciones y sangre a mansalva) se han estrenado en los cines normales bajo el desGobierno del señor POE sin que el Ministerio de Cultura haya dicho esta "X" es mía. ¿Por qué? Pues supongo que porque la violencia explícita y sublimada forma parte de la cultura audiovisual de nuestra sociedad en general y del género cinematográfico del terror en particular y eso hay sensatos que han sabido respetarlo (aunque no estén de acuerdo, lógicamente) porque otra cosa sería poner puertas al campo.
  • El efecto contrario: Sabido es que prohibir, censurar o criticar algo antes de que se dé a conocer es la mejor campaña publicitaria posible que se puede hacer al producto en cuestión. Y eso es lo que están consiguiendo con "Saw 6", que de ser tratada y minusvalorada por medios generales y especializados como "la enésima entrega de Saw", "más de lo mismo", etc, etc, ha levantado una polvareda (especialmente online) que es una promoción tan idónea que no la podría pagar la distribuidora ni con todo el oro del mundo.
  • Tics totalitarios: Creí que aquello de que el Estado nos dijera qué teníamos que hacer, creer, leer y ver se había acabado...pero el desGobierno que tenemos es un constante ejemplo de lo contrario y esta es la última muestra de ello. Tratan a la población ora como esclavos ora como imbéciles faltos de guía y entendederas. Me imagino que habrá muchos altos cargos gubernamentales que humedezcan enaguas soñando con Stalin...
  • Incongruencias ministeriales: Mirando la lista de películas calificadas para su exhibición que ha hecho el Ministerio de Cultura, encontramos las siguientes incongruencias: "La huérfana" (película de terror protagonizada por una niña psicópata que, entre otras cosas, martillea hasta la muerte la cabeza de una monja) > No recomendada para menos de 18 años; "Destino Final 4" (cinta de terror en la que se puede ver un amplio retablo de muertes violentas incluyendo mutilaciones, decapitaciones, etc) > No recomendada para menores de 13 años; "San Valentín Sangriento 3D" (film de terror en el que el asesino ofrece al espectador primeros planos de cabezas perforadas por un pico de minero, evisceración de un corazón, cuerpos abiertos en canal con todo lujo de detalles...) > No recomendada para menores de 13 años. ¡Esto es coherencia, sí, señor!
  • Mentiras y gordas: Dejando a un lado el punto anterior (que es bastante revelador) es delirante, vergonzoso y exasperante que el Ministerio de Cultura califique como "X" una película violenta, sí, pero en la que no se ha hecho jamás apología de la defensa y, en cambio, permitiera que se estrenara en cines comerciales esa inmensa hez cinematográfica llamada "Mentiras y gordas" (española tenía que ser...) en la que el argumento y la trama son muy similares, en cantidad y calidad, a los que puede tener cualquier película porno, constituyendo una constante y nauseabunda oda al sexo en todas sus variantes y al lúdico y compulsivo consumo de drogas, protagonizada por jóvenes y dirigida a la juventud. Ideal para estrenarla en cines normales, vamos. Supongo que semejante boñiga se libró de la "X" por dos razones importantísimas e indiscutibles: que es española (lo que es una especie de salvoconducto para atentar contra la retina) y que la guionista de tamaña defecación es la estulta e hipócrita Ministra de Cultura...
Yo no pretendo que se ovacione toda película de terror, pero sí que se respete, especialmente a priori, por muy mala fama que tenga, igual que yo respeto a los furibundos defensores de las bondades del cine español actual (porque entiendo que la coprofagia también tiene su lugar en esta sociedad). Lo que sí me parece indispensable es no hacer discriminaciones absurdas y tener un poco de coherencia, para bien o para mal, a la hora de aplicar raseros y criterios.

Tampoco me quita el sueño que la película no se vea en el circuito comercial tradicional, porque, afortunadamente, en los tiempos que corren ver una película ya no es un problema, por mucho que les fastidie a los talibanes de los derechos de autor, pernada y latrocinio. De todos modos, si la solución que se les ha ocurrido a los meapilas ministeriales es proyectar obligatoriamente una película en salas, escasas en número e higiene, frecuentadas por individuos de siniestras intenciones y con un patio de butacas que a buen seguro es un caldo de fluidos, hedores y manchas de nauseabunda índole...creo que se han cubierto de gloria. Ahora sólo falta calcular cuantísima gente verá la película por internet, que es lo que se merece esta majadería perpetrada por los nuevos censores de nuestra retina.

De todos modos, si la meliflua señorita González-Sinde (que está donde está única y exclusivamente por el apellido y las absurdas cuotas paritarias) quiere que su Ministerio haga algo por el bien de los espectadores de este país, mejor haría en extinguir a los avaros corsarios de la SGAE, subvencionar más y mejor el teatro, erradicar al "gang progre" que tiraniza la industria cinematográfica española (esa que navega entre la autocomplacencia y el victimismo) o promocionar a toda esa gente que malvive entre cortos y mediometrajes a la espera de que alguien apueste por su innegable talento, que eso sí merece mayor esfuerzo que relegar a una sala X una simple película de terror.

martes, 18 de agosto de 2009

El bodrio infernal de Sam Raimi

Si alguien quiere perder el tiempo y el dinero viendo un bodrio que causa verdadero espanto por lo malo que es...que no lo dude un segundo y vaya a ver "Arrástrame al infierno", del director Sam Raimi, la enésima muestra de que el cine de terror norteamericano se va a pique cada vez que no hace un remake de un clásico setentero u ochentero o adapta una brillante cinta de horror oriental.

La película ofrece una trama bastante manida (los intentos de una ¿inocente? joven, víctima de una maldición, de deshacerse de un hostigamiento sobrenatural) que recuerda, sin ir más lejos, a la sonrojante "La semilla del mal", estrenada hace no muchos meses y a la que la cinta de Raimi convierte en excelsa. Pero una cosa es que abordes un argumento sobado en demasía, cometido que se puede hacer aportando talento o un original enfoque, y otra es construir una historia con un guión donde lo absurdo y lo previsible se enredan hasta la saciedad y que sólo podría escribirse bajo el efecto de sustancias alucinógenas o con una edad inferior a diez años. Que la gente pueda adivinar con relativa facilidad cómo va a acabar el film bastantes minutos antes de que el metraje llega a su fin dice muy poco en favor del talento de Raimi, guionista de esta impresentable película.

Que Raimi es aficionado a hacer un cine de terror donde la fantasía más "naif" y el sentido del humor (insano o negro, pero humor al fin y al cabo) constituyen su sello más personal es algo que demostró en su notable trilogía "Posesión infernal", "Terroríficamente muertos" y "El ejército de las tinieblas". Igualmente, está constatado que sabe hacer películas bastante entretenidas, como atestigua su tríptico sobre Spiderman. ¿Entonces? ¿Puede sorprender que el director haya perpretado semejante boñiga en el celuloide? Hasta cierto punto, no, al menos si se tiene presente que este buen señor es el responsable de bazofias como las televisivas series de Hércules y Xena o de tostones infumables como "Rápida y mortal". Por eso, cabía esperar un patinazo de Raimi...pero no tan mayúsculo.

La película es tan mala que transcurridas las escenas iniciales, donde aún hay espacio para la esperanza de llegar a buen puerto, el espectador tiene la certeza absoluta de que no pasaría nada si en vez de "Arrástrame al infierno" la cinta se titulara "Scary Movie 5", porque de producir algo que no sea vergüenza ajena, este film provoca verdadera hilaridad a su pesar: el ridículo y fallido clímax en la mansión de la médium hispana es una mofa verbenera que convierte al mítico Ed Wood en Billy Wilder y al denostado Uwe Boll en Orson Welles. Toda la leña y escarnio que se haga de "Drag me to hell" será tan insuficiente como merecido.

En definitiva, puestos a irse al infierno, Sam Raimi podría ser el primero, por ofrecer una película que evidencia la comatosa situación del cine de terror yanqui y convertir "Arrástrame al infierno" en un título que el equipo técnico y artístico querría borrar de su historial tanto como el público de sus retinas. ¡Qué bodrio!

domingo, 5 de julio de 2009

Véngate, que algo queda

El universo de la ficción nos ha legado innumerables e impresionantes obras en las que la trama radica en la venganza y sus consecuencias. Ahí están, por ejemplo, "Hamlet", "El conde de Montecristo", "El Padrino", "Camino a la perdición" o "Mystic River", por citar algunos de los títulos más excelsos a mi entender en este terreno. Ciertamente, la venganza es un asunto que me atrae bastante por las incontables reflexiones que permite y las múltiples ópticas desde las que puede ser abordado. ¿Se puede considerar justa una venganza? ¿En qué medida puede una persona reaccionar ante un agravio o delito desproporcionado? ¿Qué diferencia a un abyecto criminal de un vengador ultrajado? ¿Es la Ley del Talión la norma más ecuánime y justa que se ha establecido o un nefasto círculo vicioso? ¿Pueden nuestra conciencia, credo o ideología mitigar o aliviar verdaderamente la amarga huella de una injusticia o un crimen? ¿Es la venganza la respuesta natural ante la ausencia de justicia?...

Si bien este artículo no pretende contestar a tan polémicas e interesantes cuestiones, sí creo que algunas de ellas quedarán respondidas por mi parte merced al comentario que me merece la última película que he visto: "La última casa a la izquierda", remake de la primera película como director de uno de los maestros cinematográficos del terror: el últimamente alicaído y desacertado Wes Craven. Un film perfectamente olvidable pero con dos grandes méritos: La primera, ser una película de terror en la que los protagonistas (por lo general cándida carne de cañón) las gastan igual o peor que los antagonistas (los aviesos y pérfidos malnacidos con tendencias homicidas), por decirlo llanamente. El segundo, formular al espectador una jugosa pregunta: Para vengar a un ser querido, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar?

Yo tengo muy clara la respuesta. Pero, antes de decirla, conviene aclarar que no creo en la Justicia (y menos en la española), ni en la reinserción social de los criminales, ni en la redención personal de escoria como asesinos, violadores, pederastas y demás basura antropomórfica. Eso sí, respeto que haya gente que prefiera perder el tiempo creyendo en semejantes cosas. Yo, en cambio, prefiero emplear dicho tiempo para reivindicar la cadena perpetua, la pena de muerte, el cumplimiento íntegro de las penas y esas cosas tan tontas. Dicho esto, también conviene señalar que, para mí, la vida de todos los seres humanos no tiene el mismo valor; vamos que si de mí dependiera, pongamos por caso, la supervivencia o la defunción de un etarra, "alqaedista", violador, pedarasta, maltratador o narcotraficante, tengo muy, muy pero que muy claro qué opción elegiría. En resumen, que no me importaría lo más mínimo dejar a un lado mis convicciones religiosas para aniquilar, erradicar, extinguir, ejecutar, borrar del plano de la existencia o mandar sádicamente al Hades a cuantas personas han hecho del terror y el sufrimiento ajeno su modo de vida. Hay gente, gentuza mejor dicho, que no se merece ni un segundo del aire que respira. Y sí, es un planteamiento peligroso porque es una premisa de la cual parten muchos terroristas y malnacidos, pero, a diferencia de esos bastardos, prefiero tener esa penitencia moral en lugar de llorar a inocentes. Ser buena persona no implica necesariamente comportarse siempre como un cándido gilipuertas.

Para todas aquellas personas que ahora se estarán sonrojando, rasgando las vestiduras y poniendo la demagogia en el cielo, les digo lo siguiente: Imaginen que violan, torturan y/o asesisan a su padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija, nieto, nieta o pareja...Bien, ahora imaginen, y esto no entraña mucha dificultad, que la Policía no atrapa al responsable o que el mentecato entogado de turno le deja en libertad o con una condena naif. Por último, elucubren que tienen la posibilidad de estar a solas e impunemente con el malnacido y que éste está a su merced...¿qué (le) harían?
Yo, desde luego, si estuviera en el lugar de los padres protagonistas de "La última casa a la izquierda" haría exactamente lo mismo que ellos...o incluso cosas peores. Porque la escoria humana, para mí, sólo tiene un destino: servir de fertilizante.

viernes, 20 de junio de 2008

Más allá de "La Niebla"

En ocasiones, la línea que separa el Bien del Mal, el éxito del fracaso, la alegría del llanto, el acierto del error, el éxtasis de la tragedia es confusa, borrosa, como si estuviera inmersa en una densa y misteriosa niebla...De eso, en esencia, nos habla el nuevo film resultante de la brillante colaboración entre Stephen King, indiscutible maestro del terror escrito, y el director Frank Darabont, que ya nos regalaron años ha las excelentes "Cadena perpetua" y "La milla verde". La película "La Niebla" (The Mist) gira en torno a una trama que nos remite a las añejas películas de ciencia ficción y a dignos títulos de serie B: un experimento militar sale mal (como en tantas y tantas películas de este corte) y gracias a ello una pléyade de criaturas y engendros de pesadilla se dan un sanguinolento garbeo por una modesta localidad estadounidense, amparados por una densa niebla. Con esta premisa, se puede hacer bien un bodrio, bien una entretenida película de terror o bien una película muy interesante. Hablando de la sociedad King-Darabont (donde los guiños de este último hacia el primero son más que claros en la escena inicial), este film es cualquier cosa menos un bodrio. ¿Por qué? Porque el pavor y el asombro no vienen en esta película tanto de los monstruos como de los propios humanos, quienes, víctimas del miedo, la incertidumbre, la desesperación y el ancestral temor a lo desconocido, liberan la caja de pandora que contiene todo aquello de lo que es capaz una persona en situaciones tan críticas como las que presenciamos en "La Niebla". Por decirlo de forma pueril, el verdadero "malo" de esta película es el ser humano. Por poner un ejemplo: la señora Carmody (sensacional interpretación de Marcia Gay Harden) y sus acólitos dan más miedo, infinitamente más miedo que todas las criaturas de ultramundo que pululan en la niebla.


Bien rodada y mejor interpretada, este film nos pone frente a la esencia de nosotros mismos, esa que presenta descarnada sólo cuando las circunstancias mandan al garete la educación, los convencionalismos, lo políticamente correcto y la rutina diaria, esa que se presenta cuando somos conscientes de que nuestra vida puede desaparecer inmediata e incontestablemente. Si a eso añadimos que el intenso y creciente drama que viven los personajes de "La Niebla" hace incluso olvidar el espanto desatado por el cataclismo interdimensional, nos encontramos no sólo ante una película de terror atípica por la inteligencia, calidad y humanidad que rezuma, sino ante un film que es digno de aplauso y atención, especialmente porque no trata a los espectadores como si fueran anormales, porque nos habla mirándonos a los ojos y nos muestra cosas que preferimos obviar por miedo o vergüenza pero que han estado, están y siempre estarán ahí, en lo más hondo de cada uno de nosotros.

Estamos por tanto ante una película "realista", contundente, inmisericorde y sin concesiones de ningún tipo, que destruye los patrones habituales que rigen el cine comercial y que descuartiza con sadismo cualquier atisbo de final "made in Disney". Y es precisamente eso, el final, lo más conmovedor y destacable de "La Niebla": agridulce y enormemente desolador, no apto para públicos acomodados y autocomplacientes pero sí para personas que sean conscientes de que en el mundo real, en la vida diaria, las cosas no salen nunca como uno quiere o presupone. El desenlace, una auténtica bomba de hidrógeno para el ánimo de quien lo ve, es un digno, dignísimo broche para una muy recomendable película que, más allá de la niebla del terror, nos habla con una poco frecuente sinceridad de algo tan primario, tan humano y tan real que causa verdadero horror ignorarlo.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El último horror del cine español

Por el título, podría parecer que el artículo versa sobre la penúltima actuación perpetrada por Penélope Cruz, o alguna comedia cañí de esas que convierten en obras de Shakespeare a las películas del "landismo". Pero no. El artículo está dedicado a "REC", una película de ¿terror? sobrevalorada que no supera el listón de muchas otras que salen directamente en DVD. No le habría dedicado mayor atención de no ser por el aluvión de parabienes y alabanzas que la ha precedido y la machacona campaña de publicidad que la ha rodeado y es que REC no se merece ni tantas loas ni tanta coba. Y no hablo sin conocimiento de causa ya que, servidor, gran amante del cine de terror, pagué mi entrada para ver esta película en el cine, como tantos y tantos miles, por cierto.
Entrando en materia, hay que decir que, Amenábar aparte, en España no se ha hecho nunca ni se hace buen cine de suspense ni de terror. Aquí se hace algo "parecido", pero que por su cutrez (argumental, interpretativa, presupuestaria) es difícilmente comparable a cualquier buena película de terror o suspense. Por esa razón, aquí estamos más cerca de la Troma que de la Hammer, por utilizar una comparación cinéfila. En Estados Unidos tienen a John Carpenter, George A.Romero, Wes Craven o Clive Baker, en el campo del terror, y a Alfred Hitchcock, David Lynch o David Fincher, en el del suspense. En España tenemos a...Alejandro Amenábar. Punto. Y no, no me he olvidado de Jaume Balagueró ni Paco Plaza. Sus películas (al menos las que yo he visto) dan miedo, sí, aunque por razones distintas a las imaginables. Y el último ejemplo es REC.
Vendida como un prodigio de originalidad y cumbre del escalofrío en la gran pantalla, REC no deja de ser la típica película que te podrías encontrar perdida en el catálogo de un videoclub, en la socorrida sección de "Terror". Y sí, REC produce más de un sobresalto, pero también lo hace el pasaje del terror del Parque de Atracciones, pongamos por caso, y nadie lo considera el súmmum de las atracciones españolas. Siguiendo con el pasaje del terror y REC, hay que decir que muestran el mismo nivel cualitativo de interpretaciones, efectos especiales y de maquillaje. A buen entendedor...


¿Es original el 'look' de reportaje o vídeo amateur? NO en el cine de terror. Y no lo es desde "
Holocausto caníbal" hasta la más reciente, notable y mareante, "El proyecto de la bruja de Blair".

¿Es original la idea de zombies rabiosos? NO. Podría serlo de sólo haber existido "La noche de los muertos vivientes", pero en el cine de los últimos años, la modalidad de "zombie" rabioso hasta bastante extendida. Ahí tenemos la estupenda "28 días después" o la ínfima "House of the dead".

¿Es original la idea de utilizar el humor en películas de zombies? NO. En REC hay secuencias, como por ejemplo las entrevistas a los vecinos (la china explicando la caída de un cadáver es ridículamente memorable), que quien esto escribe cree firmemente que están hechas cómicas a propósito (aunque sin mucho sentido) y de no ser así, es mejor que los directores se tomen un siglo sabático. Sea como fuere, el humor en películas de zombies tampoco es novedad. Sin ir más lejos,"El amanecer de los muertos" hace gala de un sutil y efectivo humor negro y la entretenida "Zombies Party" es una auténtica exhibición de cachondeo con muertos andantes.

¿Es original ambientar una película de terror en una comunidad de vecinos? NO. Ya hablemos de películas netamente terroríficas como la oriental "Dark water" o con aroma de comedia como la cañí "La Comunidad", los vecindarios pavorosos no constituyen ningún descubrimiento cinematográfico.

¿Es REC una película original? Si hacer un puré con películas como"La Comunidad", "28 días después" y "El proyecto de la bruja de Blair" se le puede considerar original, desde luego es enormemente original.

¿Qué tiene REC de bueno? Tres cosas. Primera; Manuela Velasco. Segunda; que tiene un final. Tercera; que una vez vista, casi seguro que no la vuelves a ver.

¿Qué tiene REC de malo? Una dirección de actores desastrosa, unas interpretaciones que rozan la vergüenza ajena y van más allá de la sobreactuación, unos efectos de maquillaje propios de serie Z, un guión que a medida que avanza el film hace más agua que el Titanic, unas escenas absurdamente cómicas, un desenlace y justificación de la trama que no pegan ni con superglue, unas supuestas cualidades cinematográficas que ya hemos visto en otros films mucho mejores que éste, y, por último, que cueste tiempo y dinero ver semejante bodrio, porque, lejos de ser el último grito, es el último horror.

De todos modos, REC es una película altamente recomendable para aquellas personas que no hayan visto buen cine de terror en su vida y/o gusten de hacer donativos a fondo perdido al cine español gracias a una nula capacidad crítica.

Por último, para aquellos que quieran pasar miedo de verdad, les aconsejo que vean los grandes clásicos del género de los años 70 y 80, lean los relatos extraordinarios de Edgar Allan Poe, escuchen a George Bush o Hugo Chávez, o estudien la situación de la educación en España...Dulces pesadillas a todos.

sábado, 13 de octubre de 2007

Huérfana de originalidad

El jueves se estrenó la película española "El Orfanato", seleccionada para representarnos en los Óscar, si es que sobrevive a la criba. Un film de terror nacido al amparo del mecenazgo de Guillermo del Toro y que tiene en Belén Rueda su mejor argumento y estandarte. Con una campaña publicitaria telecinqueña sólo comparable a la que tuvo "El laberinto del fauno", la ópera prima del barcelonés Juan Antonio Bayona viene rodeada de un halo de expectativas que sin duda le asegura una excelente recaudación, aunque el regusto a la salida del cine sea de frustración.

Lo mejor de "El Orfanato" son la impecable factura visual y la sensacional actuación de Belén Rueda, quien, junto al dinero de Del Toro y Telecinco, es el verdadero sustento de esta película. ¿La prueba? Es sencillo: Quiten de este film a Belén Rueda, el apadrinamiento de Del Toro y la publicidad de Telecinco y estaríamos ante una película más de terror del subtipo "casa con fantasmas" de las muchas que pueblan los videoclubs y la cinematografía de las últimas décadas. Por lo demás, el resto del reparto ofrece correctas actuaciones pese al mal provecho que saca el director de muchos personajes, la música es, por suerte, misteriosamente "timburtoniana", la casona de marras es extraordinaria, y el argumento...Bien, aquí quería yo llegar, a la trama. Aquí es donde se nota que Juan Antonio Bayona ha visto mucho cine, especialmente de terror, porque "El Orfanato" es, única y exclusivamente, un collage de homenajes, citas, referencias, copias o como prerfieran llamarlo de otras películas que ya se han visto: "Los Otros", "Poltergeist", "Al final de la escalera", "Frágiles", "El internado"...De todas ellas sustrae o emula la atmósfera o "ideas" para la trama. Coincidencia o no, el espectador que tenga en su haber películas como las citadas contempla cómo a medida que avanza el metraje de "El Orfanato" la originalidad se va cañería abajo. De esta manera, con el factor sorpresa herido mortalmente desde el inicio y hasta el final (desenlace que, por ejemplo, es más que similar al de "El internado"...), esta película asusta pero no asombra. Si se asume esto antes de verla, la sensación al terminar será satisfactoria y uno pensará más en el miedo que pasó en la escena del armario o con el juego de ultratumba "Un, dos, tres, toca la pared" que en "¡Cáspita! Esta escena es igualita a la de aquella película que...".

Por otra parte, me gustaría incidir en el mal tratamiento que se hace de ciertos personajes secundarios, pues el director opta por presentarlos de una forma que les concede unos visos de importancia en la película que finalmente no tienen. A saber: la inquietante y ajada Benigna, la psicóloga Pilar que tan pronto se queda como se va y la médium Chaplin y su equipo. Más que personajes, son meros pretextos para zurzir ciertas partes de la trama y eso, hablando de actores más que dignos, es desperdiciarlos. No obstante, hay que decir que, por muy bien que hubieran estado presentados y tratados los personajes secundarios, habrían quedado eclipsados por la estupenda interpretación de Belén Rueda que, con dos películas, ha demostrado más talento que la divinizada Penélope Cruz en toda su filmografía.

En resumen, "El Orfanato" es una buena oportunidad para acongojarse con sustos "de los de toda la vida" y disfrutar de una de las mejores actrices españolas de los últimos años, pero también es una película que, le pese a quien le pese, nace y muere huérfana de originalidad.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Reflexiones SAWajes

Sabido es que, dentro de mi cinefilia, soy un gran aficionado al cine de terror y a los thrillers con asesino en serie de por medio. Por eso, no creo que extrañe a nadie que me guste la saga de películas de "SAW", que comenzó en 2004 y ya va por la tercera entrega (para más información, ver Saw, Saw 2, Saw 3).

Sádica, retorcida, maquiavélica, enfermiza, con una estética fácilmente reconocible y un guión sinuoso aderezado con escasos pero sorprendentes y brillantes giros argumentales son los principales rasgos de esta trilogía alumbrada por el dúo James Wan-Leigh Whannell y continuada en las dos secuelas por Darren Lynn Bousman. ¿Cuáles son las claves de su éxito en taquilla? En mi opinión, son similares a las que encumbraron a Seven (1995, David Fincher) como una de las incuestionables películas de referencia si hablamos de thrillers: un guión que mantiene al espectador en constante tensión hasta el final, una atmósfera sórdida, una aproximación actual y original al concepto de maldad, un "carismático" villano de inteligencia tan deslumbrante que parece sobrenatural, una reflexión contundente sobre los vicios y defectos del hombre de nuestro tiempo y, por último, un final de película que deja al espectador con un palmo de narices. Eso tienen en común Seven y Saw (especialmente la primera entrega). Habrá muchos que se lleven las manos a la cabeza al ver el triunfo de películas como esta, pero es que el mal engancha y mucho: En la Historia moran Vlad Tepes, Erzbeth Bathory, Gilles de Rois, Rasputín, Jack el Destripador,Charles Manson...En Literatura tenemos a E.A. Poe, H.P. Lovecraft y Stephen King...En el cine encontramos El resplandor, El silencio de los corderos, Seven...

Volviendo a Saw, es indudable que es una película no apta para paladares sensibles o estómagos débiles, puesto que la sanguinolencia y crudeza extrema de muchas de sus escenas hacen difícil no apartar la vista de la pantalla en algún momento. ¿Que es desagradable? Sí, bastante. Pero es algo más que eso. Me explico: Para quien sólo se quede en lo superficial, Saw no será más que un repertorio de salvajadas y martirios ideados por algún enfermo o degenerado. Pero quien preste atención al guión o a la trama, encontrará algo más interesante que miembros cercenados, litros de sangre y gritos agónicos. En mi opinión, en el trasfondo de las tres películas de la saga se encuentran críticas a la sociedad actual: En Saw se critica contundemente a aquellas personas que desaprovechan su vida o no la valoran como deberían (ese es el criterio del asesino Jigsaw para escoger a sus víctimas y dar rienda suelta a sus retorcidos "juegos"). En Saw 2, permance latente la crítica de la primera entrega y se añade una nuevo dardo, en esta ocasión, contra el atroz individualismo, la competivididad brutal y la desconfianza endémica que vivimos hoy en día (en esta película, sólo aquellos que cooperan y confían mutuamente logran "sobrevivir"). Por último, en Saw 3 se aborda un tema tratado frecuentemente por los grandes clásicos del teatro (ya sean griegos o del siglo de oro): ¿Dónde está la barrera que separa la justicia de la venganza? ¿Qué entedemos por "justo" e "injusto"?¿Adónde conduce que alguien se tome la justicia por su mano? Las respuestas a estas preguntas podrían resumirse en tres sentencias tan manidas como ignoradas en la práctica como son "No hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti", "La violencia sólo engendra violencia" y la bíblica "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?". Naturalmente, en esta película todos hacen caso omiso de esto y al final pasa lo que pasa...

Se puede estar en desacuerdo con las formas(y es lógico), pero si se presta atención al mensaje éste dota a las películas de Saw de un interés poco habitual en las películas de este tipo.

En cuanto a Saw 3 en sí, es un film que tiene como principal valor el hecho de que cierra todos los cabos sueltos de las dos anteriores entregas, convirtiéndose en una especie de "Así se hizo" o "Todo lo que usted quiso saber sobre Saw y nunca se atrevió a preguntar". A esto hay que añadir los estandartes habituales de la saga: el inquietante Tobin Bell vuelve a encarnar "brillantemente" a Jigsaw, confirmando al personaje como un nuevo icono del cine de terror de nuestro tiempo igual que lo fueran antaño Freddy Krueger, Jason Voorhees o Leatherface; vuelven a aparecer la siniestra marioneta, las cintas con "recaditos", unas pruebas/torturas literalmente es-pe-luz-nan-tes, y el "himno" de la legión de seguidores de Saw: la canción "Hello Zepp" de Charlie Clouser. Para mí, fan confeso de esta trilogía, lo más criticable de esta tercera parte son la escasa sutileza y el gratuito recreo en primeros planos más que desagradables y totalmente prescindibles, además de un evidente agotamiento tanto en el ritmo de la historia como en la trama en sí.

¿Es este el final de la saga? Puede ser...que no. De cualquier forma, Saw ya ha pasado a la historia del cine de terror y Jigsaw ha entrado a formar parte del diabólico panteón de asesinos y monstruos cinematográficos, le pese a quien le pese.

lunes, 3 de julio de 2006

Consejos para sobrevivir en una película de terror

Después de tener una sobredosis de cine de terror este fin de semana (tras ver el entretenido remake de "Las colinas tienen ojos" en el cine y el digno remake de "La matanza de Texas" en DVD), y habida cuenta de mi afición por el género de las películas de terror, expondré a continuación unos consejos que debería seguir cualquier personaje de una película de terror que no sea el asesino. Y sí, para quien le suene esta suerte de manual, diré que me inspiro en la mítica lista que se enuncia en uno de los clásicos modernos del género: "Scream".

1) No decir nunca, bajo ningún concepto, frases como: “Ahora vengo”, “Vuelvo enseguida”, “Esperadme aquí”, “Tranquilos”, “No me pasará nada”.

2) No hacer nada por sexo, fama o dinero.

3) No tener pareja al comienzo de la película.

4) No tener una edad comprendida entre 18-30 años (y si se tiene, no dejar que las hormonas lo expliciten).

5) No practicar sexo (y menos en la primera media hora de película).

6) No lucir palmito (ni ellos ni ellas).

7) Si tienes un cuerpo lucible, asegúrate de ser el/la protagonista de la película.

8) Tener claro que los viajes o excursiones en grupo no son una buena idea.

9) Tener siempre teléfono con cobertura, saldo y batería.

10) Saber arrancar vehículos y abrir puertas a la primera.

11) No seguir jamás atajos poco o nada conocidos por bosques, desiertos o carreteras secundarias.

12) No pernoctar jamás en moteles apartados ni casas abandonadas.

13) Desconfiar totalmente de los consejos e indicaciones de la persona encargada de una gasolinera o bar de carretera de aspecto asqueroso o semi-abandonado. En el mejor de los casos, ir justo en el sentido contrario al indicado por dicha persona.

14) No bromear con leyendas o historias truculentas no confirmadas.

15) No cachondearse, insultar o agraviar a alguien a quien no conoces.

16) No fiarse nunca de personas de aspecto poco agraciado, deforme o mutilado.

17) Desconfiar totalmente de las personas que tienen máscara o un maquillaje extraño.

18) Por muy educado que se sea, alguien solitario en un lugar solitario no quiere compañía.

19) No adentrarse en sitios poco o nada iluminados y/o de higiene dudosa.

20) No ir a ningún sitio que no conozcas sin compañía.

21) No ser la última persona de una fila o grupo.

22) Cualquier cosa que tengas pensada, es mejor de día que de noche.

23) En caso de descubrir un cementerio de vehículos de todo tipo y época en un lugar insospechado, huir.

24) Un grito siempre es un grito y, sea lo que sea lo que lo causa, hay que huir.

25) No dejarse llevar por el histerismo ni tampoco por una tranquilidad absoluta.

26) Antes de enfrentarte al asesino, tener bien claro dónde está la salida.

27) Atizar al asesino con todo lo que se tenga a mano (Probablemente, no sentirá daño).

28) Tener clara la diferencia entre estar inconsciente y estar muerto, especialmente si hablamos del asesino.

29) No tener remordimientos en matar al asesino y asegurarte de que está muerto ( Da igual lo que hagas, seguramente, resucitará en una secuela).

30) En caso de ser superviviente de una película anterior, asegurarse de transmitir el “legado” a los nuevos protagonistas antes de que te maten.

jueves, 8 de junio de 2006

La requeteprofecía

Bien. Por aquello de que me gusta el cine de terror, el pasado martes (sí, ya sé, por favor, ahórrenme la cantinela satánico-numérica) fui a ver el remake de "La Profecía". Sí, Hollywood sigue empeñado en convertirse en el paradigma del Top-Manta: copio, copio, copio, copio y gano dinero.

La película original, dirigida en 1976 por Richard Donner y protagonizada por Gregory Peck y Lee Remick, como los padres adoptivos del angelito caído, y Harvey Stephens, como el huérfano hijo de...Una película que se ve con gusto (pese al mal rollito que desprende y a la desazón que se le queda a uno con los títulos de crédito finales con ese coro tan acongojante cantando a pleno pulmón) y que tuvo la suficiente calidad como para gustar a la taquilla (lo que permitió varias secuelas) y a la crítica (que la llevó a estar nominada a los Óscar). ¿Hacía falta un remake? No ¿Entonces? Bueno, Satanás, Jezabel, Belcebú, Legión son excelentes agentes de marketing para Hollywood y, ante la ausencia de talento, buena es la abundancia de dinero.

La película que nos ocupa (que debería llamarse "La requeteprofecía"), está dirigida por el correcto John Moore, que tiene el mérito de copiar secuencia a secuencia, plano a plano la película de 1976. En cuanto a los actores, Liev Schreiber y Julia Stiles son los encargados de dar vida a los nuevos sufridores del "Un, dos, tres...Adivine quién es su hijo" y el pequeño Seamus Davey-Fitzpatrick es la nueva encarnación del hijoputismo ultraterreno. Lo más meritorio de la película: los secundarios (Davis Thewlis, Pete Postlethwaite y Mia Farrow, quien, por cierto, da miedo, porque no se sabe si es que está así de espantosa o es cuestión de la caracterización) y la actualización de las señales de que el AntiCristo ha nacido (Cohetes espaciales que se desintegran cual confeti, rascacielos que caen, tsunamis que entran sin llamar a la puerta...). Lo peor de la película: Por un lado, ser conscientes a los pocos minutos de metraje que el infante Seamus tiene los mismos recursos interpretativos que Steven Seagal y que su cara sólo tiene dos expresiones "Ahora parezco de cera-Ahora estoy enfadado" y, por otro lado, que el director se permita escenas de cierta ingenuidad como la de poner a un Papa que, en sus últimos estertores, tiene consigo una copa de vino en la cama (que viéndolo uno no sabe si lo que le sienta mal es el vino o el chaval con el 666 a la espalda). La puyita: Que quede más o menos claro que el retoño del demonio vaya para...¡Presidente de los EE.UU.! Seguro que Bin Laden al ver la película exclama: "¡Os lo dije!" La duda: ¿Qué cara pondrán sus compañeros de colegio a Seamus Davey-Fitzpatrick? ¿Compartirán con él el bocadillo o la plastilina? ¿Cuánta gente irá a sus fiestas de cumpleaños? ¿Se subirá alguien en el mismo ascensor que Seamus? ¿Ahora entiende alguien por qué Woody Allen lo dejó con Mia Farrow?

En fin, 6 euros para ver el martes 6 del 6 del 2006 una película sobre un chaval con predilección por el 666. Para que luego digan que el cine convencional no da morbo.