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jueves, 12 de julio de 2012

"Juego de tronos": Un éxito de hielo y fuego

Hielo y fuego. Mundanidad y fantasía. Drama y aventura. Intimidad e infinitud. Idealismo y pragmatismo. Nobleza y vileza. Armas y palabras. Lo cerebral y lo visceral. Amor y odio. Suerte y fatalidad. Elegancia y brutalidad. Victoria y derrota. Vida y muerte. Tolkien y Shakespeare...Son muchas las dialécticas que componen los engranajes de la exitosa saga de libros Canción de hielo y fuego y su no menos celebrada traslación televisiva, Juego de tronos. Un crisol de opuestos que ha dado como resultado un auténtico e incontestable fenómeno global, no sólo en términos geográficos, sino también generacionales y de soporte. Un éxito propio de la sociedad y el mundo en que vivimos.

Porque, la verdad es que las luchas de poder, venganza y supervivencia entre las familias más poderosas de los Siete Reinos atraen por igual al niño, al adolescente, al adulto y al que peina canas y son seguidas no sólo en las páginas publicadas en España por la editorial Gigamesh, sino también en los capítulos televisivos que en nuestro país emite en primicia CANAL +, en el videojuego desarrollado por Cyanide Studios, en las viñetas del cómic publicado en España por Planeta DeAgostini...

Casos como La Guerra de las Galaxias, El Señor de los Anillos, Harry Potter, Las Crónicas de Narnia, o Batman son buenos ejemplos de cómo el éxito hace trascender una ficción más allá del soporte original en el que fuera contada: Libros, películas, televisión, videojuegos, cómics...e internet y las redes sociales. En el siglo XXI, el triunfo de un producto de ficción ha disipado las fronteras entre los distintos soportes y formatos. Y el mejor exponente de todo ello, son quizás los libros que allá por 1996 comenzó a escribir George R.R. Martin. Obras que hoy, dieciséis años más tarde, son esperadas, compradas, leídas, reclamadas y reivindicadas por miles de fans en todo el mundo.

Desconozco la respuesta a cómo algo que comenzó en el siglo pasado ha explotado triunfalmente en éste, convirtiendo a George R.R. Martin de un autor de culto entre los amantes del género fantástico en un escritor de fama internacional. Quizás la solución al enigma haya que buscarla en el impulso definitivo que ha supuesto la serie de televisión Juego de tronos, producción que, tomando como título el del primer libro de Canción de hielo y fuego, ha vuelto a situar a HBO (tras genialidades como Roma, The Wire, Los Soprano, Hermanos de sangre, The Pacific o Boardwalk Empire) como un canal de referencia en cuanto a la calidad y/o el entretenimiento televisivo.

Dudas aparte, lo que es seguro es que Internet y las redes sociales son imprescindibles a la hora de comprender el impacto y la expectación que genera esta ficción. El diálogo y el intercambio continuo que habilita la Red han logrado que Poniente sea más real y noticiable que muchos continentes reales y que lo que sucede en torno al Trono de hierro interese más que muchas noticias extraídas de la realidad. Algo que es muy positivo…siempre y cuando obviemos el componente enfermizo que, usualmente y por desgracia, tiene cabida en fenómenos tan grandes como éste y que encuentra en internet el lugar perfecto para dar rienda suelta a un fanatismo que no es inocuo ni sano.

Sea como fuere, lo cierto es que el éxito de Canción de hielo y fuego (A Song of Ice and Fire) es un premio al trabajo bien hecho: el de George R.R. Martin por su dedicación e indiscutible oficio a la hora de contar las historias que él quiere contar; el de Cristina Macía por traducir con criterio, calidad y constancia las palabras que hoy muchos ya recuerdan; el de Gigamesh por apostar en España por un tipo de literatura que algunos denostan y a muchos hace felices gracias a autores como el propio Martin o Tim Powers; y el de CANAL + por esforzarse año tras año en ser los primeros en traer a España las mejores series. Un triunfo, en definitiva, más que merecido para todos los implicados.

Por eso, tiene sentido que festivales como Celsius 232 o centros como el Espacio Fundación Telefónica se hagan eco de un fenómeno que, gustará más o menos, pero cuyo éxito, relevancia y actualidad son tan innegables que cuestionarlo supone un ejercicio de ignorancia.

sábado, 28 de abril de 2012

"Los Vengadores": Es-pec-ta-cu-lar

Ayer se estrenó Los Vengadores: una película que todos los aficionados a los cómics en general y a los de Marvel en particular llevábamos esperando unos cuantos años. Una vez vista, sólo cabe decir que la espera, la ilusión, el nerviosismo, las expectativas, las conjeturas, el precio de la entrada...todo, absolutamente todo ha merecido la pena.

La película, al igual que sucede en su original viñetero (creado en 1963 por los míticos Stan Lee y Jack Kirby como reacción ante la "Liga de la Justicia" de su rival DC Cómics) cuenta la épica asociación de unos cuantos superhéroes acostumbrados a salvar al mundo por su cuenta, personajes tan autónomamente carismáticos e interesantes que en la gran pantalla han contado con sus propios films (Iron Man, Hulk, Thor, el Capitán América). ¿Por qué se unen entonces? Tanto en los cómics (clásicos) como en la película, para hacer frente a una amenaza maquinada por Loki, dios asgardiano y cabrón de manual, y ante la cual no caben individualidades ni egos: El triunfo colectivo como resultado de la colaboración y el esfuerzo entre talentos individuales (un mensaje muy interesante en los tiempos que corren, por cierto).

En este punto hay que aclarar dos cosas: 
- La inspiración principal de esta película se encuentra no tanto en los tebeos clásicos de Marvel como en su colección "Ultimate" (que,resumiendo, es una puesta al día más "realista" y actual de los personajes e historias clásicas; por eso, por ejemplo, algunos personajes tienen el rostro de conocidos actores de Hollywood y se codean en su viñetas con famosos por todos conocidos). De ahí que personajes como Ojo de Halcón, la Viuda Negra, Nick Furia estén presentes en la génesis del grupo (en la línea clásica, Ojo de Halcón y la Viuda Negra se incorporarían años más tarde mientras que Nick Furia nunca fue el mentor u organizador del equipo). Igualmente, la trama principal fusiona las influencias "clásica" y la del primer volumen de "The Ultimates": En los "cómics tradicionales", Loki engaña a Hulk para que monte uno de sus estropicios habituales y el resto de los superhéroes del grupo acuden individualmente a resolver la situación (detener al monstruo verde) hasta que se dan cuenta de que necesitan unir fuerzas para tener éxito. En los "cómics ultimate", los superhéroes deben unir fuerzas para frenar la invasión de una raza extraterrestre, los Chitauri. En la película, pese a que hay un guiño a la trama clásica de aquel "paremos a Hulk todos", Loki se busca la vida en el espacio exterior para convencer a los Chitauri de dejar la Tierra como un solar. Una invasión a la que Iron Man (Robert Downey Jr, además de un crack, es un robaplanos magistral) y compañía tendrán que hacer frente hombro con hombro.
- La otra cuestión a tener presente es que, como cualquier adaptación, se toma ciertas licencias. La principal es la no aparición de dos personajes clásicos e imprescindibles en cualquier versión de los Vengadores (clásica y ultimate): Henry Pym y la Avispa.

De todos modos, inspiraciones y licencias aparte, la película está tan bien planteada y resuelta que uno se olvida de cualquier otra cosa que no sea la de disfrutar. Los Vengadores tiene un guión (firmado por el director Joss Whedon) que encantará tanto a los fans más puristas como a los desconocedores del "universo marvel", combina la acción (decir que tiene escenas trepidantes es quedarse muy corto) y el humor (especialmente las divertidísimas pullas de Iron Man/Tony Stark) de forma genial y está realizada de manera que el espectador conoce la historia, las motivaciones y las cualidades de cada personaje (cada uno tiene sus minutos de gloria) casi sin enterarse; algo fundamental para entender esta película (al fin y al cabo, es la génesis del grupo) y sus próximas secuelas (la escena situada en mitad de los créditos finales es obvia en ese sentido). 

Cierto es que las migas de pan sembradas por las entregas previas de Iron Man, Hulk, Thor y el Capitán América (tanto en el metraje normal como en las escenas de los créditos del final) allanaron muy bien el camino para el éxito de Los Vengadores pero lo que han conseguido Joss Whedon y el elenco (al que es muy difícil encontrar defectos por sus interpretaciones) ha sido simplemente grandioso, genial, fantástico, maravilloso y todo el etcétera que se le quiera poner. Un entretenimiento descomunal.

Por eso, creo que si hay que destacar algo en una película que funciona tan bien en todos los aspectos es la labor del director. Muchos ya sabíamos que Whedon era un fantástico director del género fantástico, gracias a su trabajo en Buffy Cazavampiros, y que no se le daba mal el mundo Marvel, también lo sabíamos quienes leímos sus Astonishing X-Men...pero lo que ha logrado con Los Vengadores es algo que evidencia tanto trabajo, ingenio, cariño y respeto a los cómics y a sus seguidores que sólo se le puede estar eternamente agradecido por haber superado cualquier expectativa. Whedon ha sabido combinar perfectamente un grupo plagado de estrellas (tanto si hablamos de los personajes como de los actores que les dan vida), ha engarzado perfectamente la trama principal con las subtramas de cada superhéroe, ha implantado una coherencia sensacional para que la película funcione como pieza del macropuzzle cinematográfico de Marvel, ha escrito un guión que es simplemente brillante en muchos momentos...En definitiva, ha hecho, junto al Batman de Nolan, la mejor película de superhéroes hasta la fecha y, desde luego, la mejor adaptación de un cómic Marvel que un fan podía imaginar.

En fin, que ojalá se pase muy pronto la espera para volver a disfrutar de la próxima entrega de los héroes  más poderosos del mundo...y del cine.

domingo, 11 de marzo de 2012

Moebius: La imaginación está de luto

Ayer falleció Moebius. La muerte de Jean Giraud supone la pérdida de un hombre que encarnó excelentemente la perogrullada de que el gran compromiso de un artista es con la imaginación y que la creación más que un ejercicio de talento es "un acto mágico". 

Con su fallecimiento, se va un genio de descomunal talento visual que ha dejado un legado no sólo en las viñetas, sino también en el cine (en conocidísimas películas), la animación e incluso en los videojuegos.

Por suerte, en la actualidad podemos disfrutar de auténticos titanes del noveno arte (Alan Moore, Frank Miller, Neil Gaiman, Grant Morrison, Quino, Alejandro Jodorowsky...) que ya se han ganado la inmortalidad para quienes vemos en las viñetas algo más que "dibujitos". Pero todos ellos, prodigiosos y colosales en su talento e imaginación, están  un escalón por debajo del gran Moebius y ahí están los premios para confirmarlo.

El artista francés ya ha ascendido a ese olimpo donde seguro que Will Eisner o Hergé no tendrán ningún problema en hacerle un hueco. Se lo ha ganado con creces y para siempre.

Como siempre ocurre en estos casos, la pena por la muerte la podemos endulzar con el disfrute que proporciona poder ver y fantasear con sus geniales trabajos.

Descanse en paz, o donde él quiera imaginar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

"Las aventuras de Tintín"...o cómo adaptar bien un tebeo

Adaptar un cómic no es ninguna tontería. El cine de los últimos años está lleno de ejemplos de adaptaciones excelentes (Batman, Sin City, 300), muy buenas (Watchmen, V de Vendetta, Iron Man, Thor, El Capitán América, From Hell, Kick Ass, Scott Pilgrim), buenas (Spiderman (1 y 2), X-Men (1 y 2), Hulk), aceptables (Conan, Mortadelo y Filemón, La Liga de los Hombres Extraordinarios), mediocres (Los Cuatro Fantásticos, Lobezno, Daradevil, X-Men 3, Spiderman 3, Astérix y Obélix) y francamente bochornosas (Superman returns, The Spirit y El Capitán Trueno). ¿Por qué tantas adaptaciones? Porque la industria del cine en los últimos años no es precisamente un hervidero de originalidad...y porque hay quienes piensan, erróneamente, que el gancho o el éxito previo de un cómic o novela gráfica avala el triunfo en taquilla y crítica de una película basada en dicha publicación. ¿Por qué tanta disparidad en la calidad de las adaptaciones? Porque para adaptar hay que tener algo que no abunda: talento o, en su defecto, criterio. Y luego, en otro escalón muy inferior, ya estarían como excusas el tema presupuestario, las injerencias de metomentodos, la "soberbia de autor", etc.
 
Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio, por suerte, es una película que encantará o, al menos, agradará a quienes como yo somos fans (tengo todos los tebeos y películas animadas) de las peripecias del célebre personaje creado por el belga Hergé. Y supongo que algo de culpa tienen de ello el director y el productor del film, Steven Spielberg y Peter Jackson: dos maestros del entretenimiento. ¿Que a Las aventuras de Tintín se le pueden poner pegas? Sin duda (ej: las recreaciones por ordenador han dado como resultado a personajes con unas cabezas y manos ligeramente desproporcionadas, por grandes), pero hay que reconocer que está hecha con tanto respeto al original (guiño a Hergé incluido) que ha sabido recoger perfectamente el espíritu de esas viñetas coloristas de trazo limpio y detallado. 

Con una trama francamente entretenida (que combina los cómics El secreto del Unicornio, El cangrejo de las pinzas de oro y El tesoro de Rackham el Rojo) y un ritmo de montaña rusa, al espectador no le queda más remedio que pasar un muy buen rato con las aventuras de este héroe sin mas dones que la inteligencia, la honestidad, la curiosidad, la astucia y la valentía. A mí, el estilo con el que está hecha la película me recordó al de los personalísimos Jean-Pierre Jeunet y Javier Fesser...y creo no ser el único.

Yo al menos salí del cine muy satisfecho...y con ganas de volver a sumergirme en esos tebeos que amenizaron muchos ratos en mi adolescencia. Con lo cual, Las aventuras de Tintín funciona perfectamente como homenaje apto para los tintinólgos y como reclamo para los neófitos. Y es que tebeos con tanta calidad y atractivo como los que salían de la imaginación de Hergé nunca pueden pasar de moda.

miércoles, 10 de agosto de 2011

"Capitán América": (Super)Héroes de antaño

Ayer fui a ver la película "Capitán América: El primer vengador" basada en el mítico personaje de los cómics Marvel. El film, protagonizado por un correcto y apolíneo Chris Evans, quizás un peldaño por debajo en cuanto a espectacularidad, empaque y diversión respecto a las de sus otros colegas vengadores (Iron Man, Hulk, Thor), es no obstante una película de aventuras de regusto clásico que, pese a que puede resultar algo "naif" para los tiempos que corren, entretiene bastante. Esto es mérito del elenco de actores que, como viene siendo habitual en las películas de Marvel, es más que digno, especialmente en el apartado de secundarios (Tommy Lee Jones, Hugo Weaving, Stanley Tucci y Toby Jones son actores que te arreglan cualquier descosido y dan sustancia a cualquier caldo) y de un director, Joe Johnston, que demuestra una vez más que se le da mejor el cine familiar que el de terror.

"Capitán América: El primer vengador" funciona mejor como pieza del puzzle cinematográfico de "Los Vengadores" que como película autónoma, ya que tiene varios guiños a cosas que se han visto o anticipado en films ya estrenados (especialmente, "Iron Man 2") y parece tener como vocación constituir el preludio definitivo de la madre de todas las películas de superhéroes (al menos de Marvel): "The Avengers"; no en vano, quienes esperen hasta el final de los interminables títulos de crédito se verán recompensados con el apabullante tráiler de esta película que llegará allá por mayo del próximo año. Por otra parte, la acción está enmarcada en una época, la Segunda Guerra Mundial, en la que los verdaderos héroes no vestían estrafalarios uniformes ni tenían superpoderes, sino que estaban enfundados en trajes militares y su única habilidad especial era la de la valentía.

De cualquier forma, para mí, esta película refleja muy bien la concepción cuasipropagandista que se tuvo durante buena parte del siglo XX de los (súper)héroes de cómic: Quintasencia de los valores e ideales de un país, paladines patrióticos enfrentados a amenazas que sintetizan los rasgos de "los enemigos de la patria", espejos en los que mirarse y con los que distraerse. Algo añejo, anacrónico y desfasado, sí, pero quizás por eso mismo ya entrañable.Si en España tuvimos al Guerrero del Antifaz y al Capitán Trueno, en Norteamérica tuvieron a Steve Rogers. Así, el Capitán América, aparecido por primera vez en 1941 (algo que en esta película es utilizado con un guiño friki pero muy atinado), encarna al estadounidense perfecto y tanto sus enemigos (los nazis Cráneo Rojo, el Barón Zemo; el comunista Soldado de Invierno; las organizaciones terroristas internacionales IMA e HYDRA...) como sus crisis personales corren parejas al devenir de esa nación, como bien atestiguan los cómics. Buen ejemplo de ello es que cuando, hace escasos años, en la vida real, EEUU pareció haber perdido el rumbo, el Norte y la identidad, el Capitán América murió asesinado en el papel...

En definitiva, "Capitán América: El primer vengador" pone dignamente el broche al prólogo de cinco películas que antecede a la película que quienes somos "marvelianos de toda la vida" llevamos esperando años y años y años...¡Los Vengadores!

jueves, 5 de mayo de 2011

"Thor": Entretenimiento mayestático

Siendo amante de la mitología, el cine y los cómics sería dolorosamente incongruente dejar pasar la oportunidad de ver en la gran pantalla la adaptación de los tebeos basados en una de las deidades más famosas de cuantas ha dado la mitología en general y la nórdica en particular: Thor. Así que anoche mi ilusión pudo más que el miedo a presenciar una nueva y fallida película de índole mitológica y fui al cine a ver este film.

¿Mi opinión al salir de la sala? Aunque todo es mejorable, se ha hecho justicia al Thor de Marvel brindando un espectáculo indudablemente entretenido que estoy seguro servirá para que cientos de espectadores se interesen por todos los mitos que rodean al dios del trueno y sus imponentes familiares y allegados. 
Al igual que sucedió con las dos exitosas entregas de "Iron Man" (2008 y 2010) y la de "Hulk" (2008), "Thor" es entretenimiento en estado puro sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato tanto a los amantes y conocedores de las publicaciones marvelianas como al resto de mortales poco doctos en la materia. Olvídense de nominaciones a lo Óscars y otros galardones, porque "Thor" está hecha (y muy bien) para gustar a un océano de espectadores y reventar la taquilla. Y si en las películas del hombre de hierro y la masa las estrellas eran los actores principales (geniales Robert Downey Jr y Edward Norton) en esta ocasión las estrellas las hallamos entre los secundarios (Anthony Hopkins, Natalie Portman, Stellan Skarsgard, Jeremy Renner...) y en el asiento del director (Kenneth Branagh), aunque esto no quiere decir que el actor encargado de dar vida y (titánico) cuerpo al bravo hijo de Odín no esté a la altura de sus compañeros, porque Chris Hemsworth solventa tal reto sin alardes ni problemas.

El shakespeariano cineasta sorprende al cambiar de registro y cumplir notablemente con las exigencias del cine palomitero, dirigiendo una película en la que, pese a algunas licencias (el origen del parche de Odín o Heimdall como pívot NBA) y desatinos (un par de escenas ¿cómicas?, algunos trajes asgardianos, ciertos decorados demasiado evidentes y la forzada historia de amor), el espectador no puede hacer otra cosa que disfrutar como un niño, al menos yo, con todos los méritos que tiene: el ritmo, el respeto a la esencia de los personajes, los efectos especiales, los impresionantes escenarios de Asgard y la sensación de que hay Thor (¡y Loki!) para rato...

En definitiva, tanto como película autónoma como anticipo de la madre de todas las películas de superhéroes (Los Vengadores), "Thor" funciona perfectamente y hará disfrutar especialmente a quienes, como yo, son lo suficientemente "frikis" como para quedarse, al igual que hicieron con "Iron Man" y "Hulk", hasta la conclusión de los créditos finales para descubrir ese regalo para fans. 

¿De todos modos? ¿Qué valoración podría esperarse de quien adoptó como sobrenombre bloguero Heimdall?...




sábado, 29 de enero de 2011

"The Walking Dead": Genio y figura desde la sepultura

Los muertos vivientes están de moda. En realidad, nunca han dejado de estarlo. De hecho, hace siglos que lo están, como bien demuestra la bíblica figura de Lázaro, acaso el primer cadáver redivivo documentado de la historia. Bufonadas aparte, se puede considerar 1968 como el año del "Big Bang" oficial, tras décadas de letargo en  films de serie B, de los "no del todo muertos", merced al estreno del hoy hito cinematográfico dirigido por George A.Romero, "La noche de los muertos vivientes", película que, por cierto, está inspirada en la novela de ciencia ficción "Soy leyenda", escrita por Richard Matheson catorce años antes, como reconoció en 2005 el propio "padre de los zombis". 

Desde entonces, los muertos vivientes han formado parte del imaginario cultural popular a través del cine, ya sea con las cinco secuelas filmadas por el propio Romero (El amanecer de los muertos, El día de los muertos, La tierra de los muertos, El diario de los muertos, La supervivencia de los muertos), brillantes remakes como el de Zack Snyder o divertidas parodias como "Zombis party", por citar sólo algunos  ejemplos entre la miríada de títulos del subgénero; los videojuegos, con Resident Evil y The House of the Dead como máximos y exitosos exponentes (detonantes de mediocres adaptaciones cinematográficas); la música, deudora y remanente de los finados en movimiento como demuestran el celebérrimo videoclip "Thriller" del malogrado Michael Jackson, el mítico videoclipo "Zombie" de The Cranberries, el nombre artístico del líder de White Zombie, o, incluso, el aspecto que ofrece en ocasiones "Eddie the Head", icono por excelencia de Iron Maiden; la literatura, con infinidad de títulos entre los que podría destacar la excelente antología publicada por Valdemar o las irreverentes y divertidísimas "El ángel más tonto del mundo" y "Orgullo y prejuicio y zombies", de  Christopher Moore y Seth Grahame-Smith, respectivamente; y el cómic, donde tenemos ejemplos tan dispares como los "Marvel Zombies",  los "Black Lantern Corps" de DC, "Toe Tags" del propio G.A.Romero, el ultragore "Crossed" de Garth Ennis, o el que propicia este artículo: "Los muertos vivientes".
Tanto el cómic original como la serie de televisión de él derivada son de una calidad más que aceptable, especialmente el original impreso. El responsable de todo ello es el guionista de ambos productos, Robert Kirkman, ayudado por los impresionantes dibujos en blanco y negro (igual que la  célebre película de Romero) de Tony Moore y Charlie Adlard, en el noveno arte, y el efectivo cineasta  Frank Darabont, en el séptimo. En mi opinión, el acierto de Kirkman está no tanto en narrar con tino la arquetípica peripecia de los sobrevivientes, liderados por Rick Grimes, en un mundo asolado por los muertos, sino en ahondar dramáticamente en la auténtica lucha de los protagonistas: la de no perder su humanidad en una situación trágica, insólita, desesperada e imprevisible que ha dejado como única norma vigente: todo lo que vive, muere. En el fondo, los vivos no luchan contra los zombis, sino contra sí mismos. Y eso es algo que queda patente, sin paliativo alguno, en "Los muertos vivientes", especialmente en el cómic. Conserva así ese indispensable y latente componente de crítica social que ha tenido cualquier ficción con muertos vivientes ya desde 1968: la brutal lucha de clases, las disensiones por motivos ideológicos, religiosos, de raza o sexo; la denuncia del consumismo exacerbado, el individualismo atroz, etc. 
Volviendo a la obra de Kirkman, la profundidad y complejidad psicológica de los personajes y su a veces sorprendente evolución a lo largo de la trama son, para mí, las verdaderas claves del éxito de este cómic y eso es algo que, pese a las evidentes licencias  que muestra, conserva la serie de televisión, de ahí su éxito. También ayuda que la traslación televisiva sea técnicamente digna y que un elenco de rostros no muy conocidos pero solventes intérpretes ayude a la identificación con los protagonistas. 

En definitiva, "Los muertos vivientes" es un cómic y una serie que no hay que minusvalorar...sino disfrutar y, por qué no, reflexionar. 

viernes, 4 de junio de 2010

Kick ass: El Quijote freak (y es un piropo)

Desencantado con la hastiante y poco reconfortante realidad, harto de su anodina existencia, nuestro protagonista se sumerge las lecturas protagonizadas por héroes virtuosos que convierten al mundo un lugar mejor, y lo hace hasta tal punto que, aceptando el delirio como forma de rebelión contra su vida y sociedad, decide lanzarse a la calle, emulando a sus héroes...para darse cuenta de que la ficción es un terreno mucho más liviano y saludable que la vida real. Así se podría resumir la obra española más celebérrimante universal: "Don Quijote de la Mancha", de Miguel de Cervantes. Y así se podría resumir la obra que nos ocupa: "Kick ass" de Mark Millar (autor del cómic original, junto a John Romita Jr) y Matthew Vaughn (director de la película homónima).

No es baladí la coincidencia, pues sustituyendo la literatura caballeresca por los cómics
súperheroicos, por un lado, y aquella encorsetada y corrupta sociedad barroca por la no menos encorsetada y corrupta sociedad actual, por otro, obtenemos una misma esencia argumental cuyos protagonistas tienen pretensiones muy similares, con efectos muy parecidos...
Además, ambas obras, Quijote y Kick ass, suponen un simultáneo homenaje, crítica y parodia de aquello que convierte en forajidos mentales a sus protagonistas: Los libros de caballería, aquél, los tebeos, éste. Con lo cual, podemos afirmar que tanto sabía de literatura Cervantes como de cómics Millar...y eso se nota, pues tanto en el original del noveno arte como en su acertada traslación al séptimo arte, encontramos bastantes referencias y guiños a la cultura súperherocia (ya sea marveliana o de su "Distinguida Competencia").

Centrándome ya en lo que a Kick ass se refiere, cabe destacar que es una obra (ya hablemos del cómic o la película) que rinde un afectuoso tributo a todos los aficionados a los superhéroes (los a veces denominados peyorativamente como "freaks" o
"frikis"), critica con inteligencia y sutileza diversos aspectos de la sociedad actual (abandono de la juventud, carestía de justicia, falta de referentes reales a quien imitar, ultraviolencia, uso adictivo de las redes sociales...) y satiriza con humor y cariño a todo un subgénero cinematográfico, del mismo modo que, por ejemplo, "500 días juntos" hizo con las comedias románticas o "Bienvenidos a Zombieland" con las películas de muertos vivientes. Por tanto, quien piense que Kick ass es una memez, algo del montón...se equivoca. Principalmente porque, aun obviando todas estas interesantes consideraciones, Kick ass es enormemente entretenido.

En lo fílmico, a lo ya dicho tengo que añadir que merecen especial mención las actuaciones de Aaron Johnson y Chloë Grace Moretz, dando sensacionalmente vida a Kick ass y Hit
Girl, los dos grandes protagonistas de una película gamberra, políticamente incorrecta y donde la trama es tan violenta como hilarante, lo que nos remite al cine del gran maestro de estos menesteres: Quentin Tarantino. Si a estas alturas, alguien piensa que el cómic, primero, y la película, después, no me han gustado...que se relea el artículo.

Dicho esto, y como reflexión final, lanzo esta pregunta: ¿Qué clase de sociedad es ésta que a varias generaciones de jóvenes (ya hablemos de la Y o Z) ha dejado y está dejando en una suerte de limbo a su suerte? ¿Qué clase de sociedad es ésta en la que resultaría tan posible como descabelldo que alguien decida hacer justicia por su cuenta y riesgo? ¿Qué clase de sociedad es ésta que a muchos como a servidor nos gusta más la que aparece en los cómics? ¿Qué clase de sociedad es ésta que tiene mejores referentes en la ficción o en los camposantos que en las noticias? ¿Qué clase de sociedad es ésta que propicia y destruye nuevos Quijotes?...


lunes, 27 de noviembre de 2006

Yo friki (o de mi amor por los cómics)

Sí, soy un friki de los cómics, desde niño, tanto de los de antaño como de los hoy, de los nacionales y de los de allende nuestras fronteras. ¿Por qué? Pues porque...

  • Mi primer encuentro con la épica y la aventura no fue cuando leí la Iliada y la Odisea ni el Cantar de Roldán ni el Ciclo Artúrico ni cuando supe de los Espartanos y las Termópilas. No. Mi idilio con la épica y la aventura se inició cuando era un renacuajo que devoraba los tebeos y fascímiles de El Capitán Trueno, El Jabato, El Corsario de Hierro, El Guerrero del Antifaz y El Cachorro, por citar algunos. Todos ellos creaciones nacionales y que nada tienen que envidiar a lo que por aquella época se hacía al otro lado del Atlántico, lo que pasa es que queda más comercial llamarse Stan Lee que Víctor Mora. Y, sinceramente, me paso por la quilla cualquier comentario de si eran políticamente correctos o su fidelidad histórica. Entretenían, enganchaban, evadían y evocaban. ¿Qué más se le puede pedir a un cómic?
  • No he conocido mejor descripción del país, paisaje y paisanaje español que a través de las obras de Francisco Ibáñez: Mortadelo y Filemón son ya una memorable pareja merced a su rol de testigos gamberros e improvisados cronistas de la mayoría de hitos de los últimos lustros; los vecinos de 13 Rue del Percebe son la mejor disección que se podría hacer de nuestra sociedad en general y de las comunidades vecinales en particular; Pepe Gotera y Otilio constituyen el prototipo de "currito-chapuzas" con el que cualquier español ha tenido que lidiar como mínimo una vez en su vida, y es difícil retratar con más certeza y humor cómo es la fauna y filosofía laboral española de lo que lo hace el botones Sacarino.

  • Es francamente difícil que alguien no coja cariño al disparatado y sufrido Superlópez, hijo del excepcional Jan, que exhibe en sus cómics una habilidad única y genial para mezclar humor, crítica social y homenajes/parodias a distintos referente de la cultura actual (ya sean otros cómics, películas, libros, etc.),motivos que para mí le encumbran a lo más alto de mis preferencias del tebeo patrio.

  • Nunca me hubiera interesado tanto por la Historia, la Antigüedad y la mitología clásica de no haber leído los magníficos y magistrales cómics de Astérix, el Galo, obra de los franceses René Goscinny y Albert Uderzo y auténticas lecciones de cultura y humor.

  • Muchos de los valores que desde crío he mamado y aprendido y hoy en día defiendo tienen para mí un exponente claro y accesible en los personajes de los X-Men o Patrulla X, reflejo de las virtudes y bajezas del ser humano y espejo de muchos de los rasgos de nuestro tiempo (el miedo o rechazo a lo diferente, el peligro de que alguien con poder decida unilateralmente qué es lo correcto para el mundo...). De estos cómics marvelianos, nacidos del talento de Stan Lee y Jack Kirby en 1963, han surgido personajes que yo siempre llevaré conmigo en mi corazón friki no ya por las aventuras que he leído sino por lo que cada uno representa: la nobleza (Peter Rasputín, Coloso), la valentía y lealtad extrema (Logan, Lobezno), el amor a la libertad (Ororo Munroe, Tormenta), la responsabilidad (Scott Summers, Cíclope), la entrega incondicional (Jean Grey, Fénix), la mesura y el pacifismo (Charles Xavier)...y así podría seguir durante horas y es que si de unos cómics soy fan hasta bordear el frikismo absoluto esos son los de los X-Men.

En fin, que no me importa reconocer esta vertiente "friki" puesto que mi afición y mi amor por los cómics arriba comentados me han deparado innumerables momentos de satisfacción y evasión. ¿Es malo ser friki? No, siempre y cuando tu afición sea sana. Y, para los que a estas alturas del artículo están próximos al sonrojo o a partirse de risa, he de decir que igual que soy friki de los cómics, soy friki del cine, de la literatura, del arte, de la Historia, de la mitología, de los videojuegos, de las leyendas, de los misterios y sucesos inexplicables...¿Es por tanto negativa mi afición por los cómics? Sinceramente, hay gente que tiene aficiones más peligrosas (como la de construir pisos a troche y moche o meterse en política o ser periodista del corazón o concursar en Gran Hermano) y no digamos ya adicciones, así que, con su respeto o sin él, yo seguiré defendiendo mi frikismo ante cualquiera.