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miércoles, 5 de abril de 2017

El Atleti enseña sus valores

Tras noventa y dos minutos, el marcador seguía diciendo "uno, cero". Bastaría ese microrrelato para resumir el Atlético de Madrid - Real Sociedad, un partido cuyo resultado mereció ser aún mejor para los locales pero...no hay que olvidar que el acierto propio y el portero ajeno siempre son partes de la ecuación. Nuevamente, el Atleti se empleó con seriedad y solidaridad para prolongar su meritoria racha en Liga, esta vez contra una áspera, incomodante e impertinente Real Sociedad que se fue desinflando conforme pasaron los minutos. Nuevamente, la versión Súper Saiyajin de Filipe Luis protagonizó una jugada de las que demuestran que la alegría puede resumirse con geometría y un balón. Nuevamente, los inverosímiles fallos ante la portería rival privaron de una mayor y merecida tranquilidad a jugadores y aficionados colchoneros. Nuevamente, un árbitro evidenció que el nivel del arbitraje futbolístico en España es idéntico al nivel del periodismo deportivo nacional: más malo que Kiko Rivera cantando a capela. Nuevamente, el Atlético demostró su franca progresión en un momento crucial de la temporada, como bien denota el carrusel de bulos, falacias, manipulaciones, elucubraciones y cizaña con el que los medios de desinformación deportiva castigan a la feligresía atlética un día sí y otro también desde hace semanas haciendo bueno aquello de "ladran, luego cabalgamos"; en este sentido, Simeone dio hace tiempo el mejor consejo para evitar intoxicaciones de origen pseudoperiodístico: "no consuman". Al chamán rojiblanco le faltó añadir: especialmente si en el horizonte está un partido contra el que es probablemente el club más despreciable y despreciado de España gracias a la "gente" (por no decir algo mucho peor pero más acorde a la realidad) que tiene repartida entre palco y césped.

De todos modos, lo mejor del partido, para mí, ocurrió sobre el minuto 86. En ese minuto, viendo que hacía falta un plus en el césped, el Cholo sacó al jugador número 12 y éste respondió increíblemente: todo el abarrotado estadio, guiado por los espídicos y graciosos aspavientos de un Simeone convertido en la versión rojiblanca de Hulk Hogan, se desperezó y regaló uno de los momentos más impresionantes de los últimos tiempos: durante varios minutos, el viejo Calderón rugió de forma estremecedora merced a una impresionante cacofonía de enérgicos cánticos, gritos y palmas que se prolongó arrolladoramente hasta el pitido final. Y es que, en estos días que tanto se cacarea sobre valores, el Atlético mostró anoche que los suyos no se promocionan publicitariamente ni se enuncian en una pomposa rueda de prensa: se sienten en la piel cuando se te ponen los pelos de punta. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 19 de marzo de 2017

Ya es primavera en el Vicente Calderón

Para resumir el partido Atlético de Madrid - Sevilla desde el punto de vista rojiblanco se podría recurrir al laconismo (partidazo), a los tópicos (algo más que tres puntos), a la objetividad (victoria local), al triunfalismo (que pase el siguiente), a la prudencia (hay que seguir en esta línea) o al simple exabrupto (¡con dos co*****!). Todas estas opciones son válidas y fundadas en la realidad porque lo cierto es que ayer el Vicente Calderón vivió una estupenda tarde de fútbol protagonizada por los jugadores colchoneros ante una grada pletórica que disfrutó tanto con el juego de sus ídolos como con el primaveral tiempo que amparó al partido.

Lo más lamentable fue la imagen dada por el Sevilla y no, no me refiero a la estética (estos tipos o tienen un problema con las tallas o lo tienen con los excesos alimentarios) sino a que el mayor rival para el Atleti durante los 93 minutos no fue Sergio Rico (cuyas paradas salvaron al Sevilla de un escándalo peor y amargaron el retorno a Fernando Torres) sino Jesús Gil Manzano, árbitro con apellidos inquietantes para el aficionado rojiblanco y que demostró estar tan capacitado para arbitrar un partido de fútbol como uno de curling (cretinos de España, no lo dudéis: el arbitraje es una inmejorable opción laboral). Cuesta creer que un equipo como el Sevilla, con aureola de candidato al título y cierto prestigio en Europa, se plante ante un rival directo sin más plan que repartir leña y perder tiempo; porque ese fue el mezquino guión que siguió el conjunto sevillano hasta que Godín les demostró a los hispalenses que el Atleti es tan receptivo a las bromas como Steven Seagal. A partir del gol del uruguayo, el Sevilla, aprovechando el nefasto arbitraje, decidió intentar plantar cara o al menos maquillar el bochorno pero ya era tarde: el Atlético estaba decidido a arrollar con actitud y buen fútbol a sus rivales. Y lo hizo (a pesar de los errores arbitrales): hubo varios momentos en que el partido parecía un combate entre huargos de Invernalia y la Patrulla Canina. Por eso, hasta el gol sevillista se antoja demasiado premio para una propuesta tan mediocre.

En cambio, el Atlético hizo un partido tan serio y notable en todas sus líneas que sería injustísimo destacar a algún jugador. Así que mejor ahorrar tiempo y palabras con un escueto pero enorme ¡Gracias! Este lance liguero ha evidenciado que los jugadores del Atleti cada vez se parecen más a esos espartanos que llevan años sembrando respeto en Liga, Copa y Champions. En la fase decisiva de la temporada, la vuelta a los orígenes cholistas está próxima a completarse y buena muestra de ello fue que los goles locales los anotaron tres buques insignia de la armada colchonera: Godín, Griezmann y Koke.
 
Era muy importante dejar noqueado al Sevilla...pero no más que hacer lo mismo con los rivales que aguardan en Liga y Champions. ¡Aupa Atleti!

jueves, 16 de marzo de 2017

Vida extraterrestre en el Calderón

Como una fiesta de Nochevieja sin alcohol. Como una película existencialista uzbeka. Como un paseo por el desierto de Atacama. Como una cocacola que ha perdido el gas. Así de entretenido fue el Atlético de Madrid - Bayer Leverkusen casi todos los 93 minutos que duró.

El "casi" se debe a la aparición de vida extraterrestre en el Vicente Calderón. Con la NASA haciendo un carísimo tacto rectal al cosmos en busca de vida alienígena y resulta que ésta está aquí en la Tierra, en el hogar de la mejor afición del planeta. Porque, ahora en serio, lo de Jan Oblak no es de este mundo. Lo que hace parece propio de Benji Price y éste es un dibujo animado. Este rubio discreto y espigado recuerda al Hombre de Vitruvio bajo palos porque en no pocas ocasiones parece la perfección hecha portero. Todo sería más creíble si creyéramos que Oblak es la encarnación eslovena del dios hindú de la protección, Visnú, porque lo que hizo anoche sólo se explicaría si tuviera cuatro brazos y un don para proteger a los suyos. Si a alguien le parece exagerado todo esto que acabo de decir, que vea por favor la segunda parte de Oblak anoche y luego ya hablamos de hipérboles, metáforas, etc. Porque fue Oblak y sólo Oblak quien en la última mitad de la eliminatoria decidió recompensar a la hinchada rojiblanca por su asistencia y animó la noche madrileña y amargó la alemana. Sus extraordinarias paradas fueron lo mejor de un encuentro en el cual el Atleti tiró de ramplonería para finiquitar el asunto sin grandes alardes y el Bayer sólo demostró tener un guardameta bastante fiable (Leno metió dos manos extraordinarias que salvaron a su equipo) y una afición animosa.

Ignoro si el mediocre partido que firmó el Atleti se debió al relajo por la cómoda ventaja atesorada en la ida o a la necesidad de ahorrar esfuerzos ante la inminente y trascendental visita liguera del Sevilla o al once de circunstancias que planteó Simeone o a que algunos jugadores decidieron irse de viaje astral o a que la persistente fe del Cholo en algunos chicos sigue peleada con la realidad. Puede que fuera debido a todos estos discutibles factores pero el caso es que el juego del Atleti, pese a dejar algunas jugadas de mérito, estuvo más cerca de ser malo que bueno. Con el Leverkusen este juego "doble cero" puede valer y valió para dejarlo en la cuneta. Con otros equipos no. Con otros equipos no bastará con, por ejemplo, dar la enésima oportunidad al voluntarioso pero aturullado Correa sino que será necesario que todos los cracks disponibles estén en el césped y no calentando en la banda.

En definitiva: el de anoche no fue un encuentro vistoso ni entretenido pero sí eficaz porque valió para pasar a los cuartos de final de Liga de Campeones y así estar muy merecidamente entre los ocho mejores equipos de Europa por cuarto año consecutivo; un hito que, por estar acostumbrados, corremos el riesgo de minusvalorar. Y todo gracias a que, aunque el Atleti no tuvo su noche, sí la tuvo ese portero que bordea los límites de lo increíble llamado Jan Oblak, cuya sensacional actuación bien valió el precio de la entrada y el pase a la siguiente ronda. ¡Aupa Atleti!

lunes, 6 de marzo de 2017

Hasta que el sueño termine

Conmovidos aún después de que el jueves el Atleti casi perdiera un ídolo y el Cielo casi fichara un nuevo crack, llegó el partido contra el Valencia. El primero después del susto. El primero de esa nueva Liga cuyo objetivo ya no es ganarla sino obtener billete de ida al Olimpo europeo. Una Liga abreviada y carente de piedad que no admite ya distracciones de ningún tipo, procedan de entrenadores con problemas de autocrítica, periodistas mediocres con demasiada mala idea, haters que se creen hinchas rojiblancos, ultras en huelga contraproducente, directivos sin más modelo de negocio que la torpeza, colchoneros pesimistas que están más por el lloriqueo agorero que por animar a la lucha o de aficionados melancólicos de imposibles que hicieron perder el rumbo a la nave rojiblanca durante buena parte de la competición.

Así las cosas, el Atleti tenía dos opciones: meterse en un lío o pasar página. Por suerte, fue lo segundo, realizando un partido más serio que la cara de Clint Eastwood que le permitió vencer a su disfuncional rival por un contundente 3-0, que, ojo, no fue aún peor para los valencianos no tanto por una intervención de la Virgen de los Desamparados como por los inverosímiles fallos locales ante la portería defendida por Alves. Fallos que, todo sea dicho, no ensucian el notable partido del Atlético, que en muchos momentos recordó al de los no tan viejos tiempos. Es cierto que, por ejemplo, el equipo rojiblanco sigue teniendo entre sus defectos un nivel de porosidad incompatible con la filosofía zen pero no menos verdad es que ayer la intensidad del Atleti en todas sus líneas fue una de las claves para entender por qué el Valencia acabó despeluchado y los locales más entonados que Donald Trump en una reunión del KKK.

Lo mejor de todo fue que Fernando Torres estuvo presente en el Calderón para recibir el cariño de la hinchada (hasta dos veces se levantó la leyenda para agradecer los cánticos y aplausos) y disfrutar del estupendo partido de todos sus compañeros, entre los cuales creo que brillaron especialmente Lucas (partidazo), Saúl (sensacional en el medio) y Griezmann, quien demostró por enésima vez que es un verdadero crack y un descomunal jugador de equipo. Una buena forma de celebrar su partido 100 con el Atlético.

En resumen: el Atleti ayer, en un momento decisivo de la temporada, sacó las garras cual Lobezno y mandó un mensaje muy claro a propios y a extraños: podrán golpearlo, podrán derribarlo, podrán darle por muerto...pero aquí nadie despierta hasta que el sueño termine. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 26 de febrero de 2017

Mateu wins!

En el Mortal Kombat, videojuego de culto para toda una generación, hasta el más estrafalario de los enemigos te podía pintar la cara. Por eso, yo, al final del Atleti-Barça, esperaba que en los videomarcadores del Vicente Calderón apareciera el mensaje de "Mateu wins". Quizás no hacía falta. Lo que está claro es que esta criatura valenciana hizo al Atleti un fatality en toda regla. Ni Scorpion, ni  Sub-Zero ni Goro ni Raiden: Antonio Miguel Mateu Lahoz. Lo suyo es digno de un DLC gratuito para la última versión del Mortal Kombat. Y hablo en serio porque el Atlético de Madrid cayó ante el F.C.Barcelona más mediocre que se ha visto en años por el Calderón por tres motivos: la mala fortuna (dos goles rivales a trancas y barrancas y varias ocasionas falladas por parte de los locales), la falta de contundencia defensiva (de haberla tenido, no habrían entrado los tantos blaugranas) y Mateu Lahoz, que desde el primer minuto al último perpetró un show bochornoso, siendo con mucha diferencia el mejor del Barça en el terreno de juego, atenazando, desactivando y desesperando con sus decisiones al equipo rojibilanco (a ver qué equipo no se resiente cuando le torpedean con 28 faltas en contra y 5 tarjetas amarillas y, al mismo tiempo, se deja sin punir en beneficio del rival infracciones objetivamente claras y castigables). ¿Fue un robo? No, porque el árbitro no resultó decisivo en el resultado. ¿Fue un despropósito clamoroso? Sí, porque el árbitro resultó decisivo en el juego. ¿Importan los matices? Mucho. ¿Necesitan equipos como el Barça o el Madrid arbitrajes tan escandalosamente favorables como éste? Parece ser que sí...

Tras la machada en Alemania en Champions, el Atleti hizo un partido no brillante pero sí bastante serio en todas sus líneas en el que, por ejemplo, el mediocampo estuvo a un notable nivel (con alguna excepción belga). El Barça, mientras el Atleti presentaba sus credenciales para la victoria, se encomendó a la solvencia defensiva de Piqué porque jugar, lo que se dice jugar al fútbol, nada de nada. Por suerte para el conjunto de Barcelona, la suerte y el árbitro acudieron al rescate. Contra la mala suerte nada se puede decir ni hacer. Contra el arbitraje poco que hacer pero sí algo que decir: Mateu Lahoz fue un mamporrero escandalosamente diligente a la hora de facilitar las cosas a un Barça con demasiadas disfunciones. La repugnante actuación del valenciano no resultó decisiva en los goles pero sí en todo lo demás, demostrando que también en la Liga de Fútbol hay jueces dispuestos a salvar a la realeza. Y es que Mateu Lahoz hace del agravio norma y de la tomadura de pelo un estilo de vida porque tiene menos vergüenza que vello en la cabeza. Lo peor no es que este menda sea malísimo sino ese afán de notoriedad que rezuma; ser un inepto no es tan perjudicial como ser un inepto ansioso por ser centro de atención, que es lo que le pasa a este miserable cretino que, nacido por donde sale el sol, le encanta dar por donde no da y actuar como si una cámara lo siguiera permanentemente. Eso sí, el mensaje está claro y es una puerta a la esperanza para los muchos idiotas que hay en España: siempre puedes hacer carrera en el colectivo arbitral. Por eso, en esta ocasión, los cambios de Simeone no fueron el revulsivo necesario, porque éste únicamente pasaba por cambiar al árbitro y empaquetarlo al espacio exterior. 

En resumen: ni el Barça mereció ganar ni el Atlético perder pero...las cosas son así. Lo malo: la tercera plaza se complica un poco más y la cuarta ya veremos. Lo bueno: el Atleti sigue emitiendo señales positivas. Por todo eso, lo mejor es pasar página cuanto antes y seguir enfocados en los objetivos. ¡Aúpa Atleti!

lunes, 13 de febrero de 2017

Quien lo probó, lo sabe

La noche en la que Fernando Torres se transformó en Óliver Atom, la noche en la que se falló otra vez un penalti, la noche en la que Carrasco recompensó la paciencia de su entrenador, la noche en la que la defensa perdonó más que Gameiro, la noche en la que Griezmann volvió a ser noticia por un gol y no por rumores, la noche en la que la grada fue una vez más decisiva en el césped, la noche en la que Atlético y Celta homenajearon al fútbol con una apasionante final de Copa alternativa, la noche en la que Simeone hizo de menos a Torres con unas declaraciones absurdas, la noche en la que el Calderón escribió nuevamente con el alma en pie la épica crónica de una maravilla no anunciada, esa noche el equipo del Manzanares demostró que Lope de Vega hace varios siglos ya escribió en qué consiste ser del Atleti...o casi. Porque lo cierto es que, con sólo un par de retoques, uno de sus más célebres sonetos vale perfectamente para resumir "lo de anoche". Si alguien no me cree, que lea con atención: "Desmayarse, atreverse, estar furioso,/ áspero, tierno, liberal, esquivo,/alentado, mortal, difunto, vivo,/leal, traidor, cobarde y animoso;/ no hallar fuera del bien centro y reposo,/ mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,/ enojado, valiente, fugitivo,/ satisfecho, ofendido, receloso;/ huir el rostro al claro desengaño,/ beber veneno por licor suave,/ olvidar el provecho, amar el daño;/creer que un cielo en un infierno cabe,/dar la vida y el alma a un desengaño;/esto es el Atlético, quien lo probó lo sabe". ¿Tengo o no tengo razón? ¡Aúpa Atleti!

miércoles, 8 de febrero de 2017

Con el escudo o sobre él

En la antigua Esparta, las mujeres despedían a los hombres antes de que partieran a la batalla con una frase que resume la esencia de ese apasionante pueblo: "Vuelve con el escudo o sobre él".  Es decir: hagas lo que hagas, honra a Esparta: vuelve victorioso o cae en el intento. Anoche, los jugadores del Atlético de Madrid volvieron sobre el escudo. Y así, derrochando coraje, corazón...y juego, honraron el orgullo de la hinchada rojiblanca, que es la única contraprestación que ésta exige a cambio de demostrar urbi et orbe cuál es la mejor afición del mundo.

Podría hablar de las evidentes pifias arbitrales, de la flor del Barça, de la patente desigualdad entre plantillas, de la sonrojante ineficacia ofensiva, de la crueldad de la lógica resultadista...pero eso sería conceder demasiado tiempo a las excusas y quitárselo a lo que de verdad importa: anoche, el Atleti, una vez más, volvió a dignificar su rol de antihéroe trágico y a llenar de orgullo el corazón y la memoria de los aficionados rojiblancos. Los espartanos que se inmolaron en las Termópilas cayeron con más grandeza que la que demostraron sus vencedores persas. Lo mismo sucedió ayer con el equipo entrenado por "Cholo" Simeone. Una exhibición de valentía, orgullo, dignidad y fe que no tendrá más premio que la de ser recordada por mucho tiempo.

Ya habrá momento y motivos (o no) para las críticas y las "listas negras". Ahora toca sentirse, con todo derecho, enormemente orgullosos de quienes lo dieron todo por honrar un escudo y volvieron sobre él. Además, como dicen en la genial Batman begins: "¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos". El Atlético de Madrid anoche cayó...y no me cabe duda de que se levantará. Siempre lo ha hecho. Siempre lo hará. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 5 de febrero de 2017

El redebut de Fernando Torres

Sin virtuosismo pero con oficio, el Atleti metió otros tres puntos en el petate de su rehabilitación liguera. Ni la desagradable meteorología ni el voluntarioso rival ni el irregular juego de los locales convirtieron la velada en un paseo por Disneylandia pero sí en una tarde tan sobresaltada como un espectáculo de tai-chi en la que lo más incómodo fue esa lluvia intermitente que regó al Calderón como si fuera un invernadero.

Teniendo eso en cuenta, lo mejor del partido fue el doblete de Fernando Torres, quien últimamente está especialmente empeñado en ahuyentar los buitres que lo sobrevolaban. Decir que vive una segunda juventud sólo se sostiene con alcohol en sangre, pero no menos cierto es que Torres lleva unos partidos en modo "ave fénix" gracias a cumplir con dos reglas de 1º de Cholismo: nunca dejar de creer y jugar cada partido como si fuera el último. Es evidente que su corazón y su cabeza ya van más rápido que sus piernas pero sigue teniendo lo necesario para pintar la cara tanto a porteros rivales como a detractores oportunistas. Este Torres está dentro de la misma categoría de "veterano letal" en la que clasificaríamos a Will Munny, John McClane, Rambo o un T-800. Por eso, Torres, el enterrado, el acabado, el jubilado, el caducado, el pensionista, el inválido, volvió a jugar anoche un partido homenaje aunque bien distinto al que pretenden algunos: homenajeó a su indudable profesionalidad e innegable amor al Atleti, engrandeciendo de paso su leyenda y su carisma entre compañeros e hinchada. Ayer, como en el partido copero, volvió a ser El Cid Campeador rojiblanco que todos desean (él el primero) resultando mucho más decisivo que otros jugadores que le superan en lozanía, sueldo y/o estima mediática. Y eso es algo que la grada valora hasta rozar la idolatría: anoche todo el Calderón se rompió las manos a aplaudir al Niño en su redebut ante el Leganés y ansiaba con celebrar un hat-trick de quien está jugando con el mismo compromiso, humildad e intensidad que demostró antes de ser leyenda viva del Atleti y del fútbol español. Al final, dos goles y un estadio rendido a su héroe.

Ignoro si este resurgir de Torres obedece a un plan suyo para llegar con fuerzas al tramo decisivo de la temporada o a la voluntad de ofrecer argumentos objetivos para prolongar un año más su matrimonio con el Atleti o a la necesidad de reivindicarse después de unas apariciones que no invitaban precisamente a la ilusión o es un esplendoroso canto del cisne o se trata de una providencial racha con fecha de caducidad. Sea por lo que sea, Torres es ahora mismo lo mejor que tiene el Atleti para seguir soñando. Ha aparecido cuando más falta hacía alguien capaz de meter goles al pesimismo. No obstante, el ya-no-tan-Niño no fue lo único bueno del equipo rojiblanco: Godín estuvo en modo "tonterías, las justas", Filipe volvió a apropiarse de su banda, Juanfran siguió derrochando oficio como lateral y volante, Moyá aprobó nuevamente el examen e incluso Gabi se pareció más al del segundo tiempo contra el Barça que al espanto del resto de la temporada. 

De lo malo (que lo hubo) no hablo por elegancia y porque todo el mundo tiene ojos. Baste decir que hay jugadores que deben mirarse en el espejo de ídolos vintage como Torres, Juanfran o Filipe Luis para descubrir qué significa e implica jugar en este equipo.

Así las cosas, el Atleti está volviendo a ser el Atleti. Aún es pronto para afirmar que "el Atleti ha vuelto" pero ya queda cada vez menos y cuando vuelva, muy seguramente, Torres estará allí.

jueves, 2 de febrero de 2017

Obviedades

La fuerza de la gravedad, la belleza de Charlize Theron, el sabor de la Mahou, la salida del sol por levante, el tupé de Trump...La vida está llena de obviedades que escapan a cualquier duda. La calidad del Barça es una. El pésimo nivel arbitral en el fútbol español, otra. Pero el orgullo del Atlético de Madrid es una de las obviedades más indiscutibles.
 

La ida de las semifinales de Copa dejó dos partidos y un escándalo. La primera parte fue una autopsia en tiempo real con el Atleti en el papel de cadáver involuntario porque, las cosas como son, al Atleti de la primera parte le sobró actitud (al menos a bastantes jugadores rojiblancos...) y le faltó todo lo demás, lo cual fue aprovechado por un Barça ramplón para adelantarse dos veces: no hay pirañas veganas. La segunda parte fue una historia totalmente diferente y memorable: la de un equipo que hizo honor a la letra de su himno y, liderado por un extraordinario Fernando Torres, vapuleó a los visitantes como si la charla en el descanso la hubiera dado Don Luis Aragonés, de cuya muerte se cumplía el tercer aniversario. Cómo el Atleti mutó de Kiko Rivera en Bruce Springsteen es uno de esos estrafalarios y deliciosos milagros que se dan a orillas del Manzanares. Si el partido no acabó como esos épicos combates de Rocky Balboa fue sólo por dos motivos: la mala suerte local de cara a puerta (se hace crowdfunding para pagar la terapia a Gameiro) y la aparición de un hombre de negro. Hay muchas películas de terror que dan menos miedo que el nivel de los árbitros españoles, al menos en lo que a fútbol se refiere. Uno puede aceptar que la Escuela Culé de Arte Dramático (Neymar, Piqué, Alba...) induzca al error  o que alguien tenga un mal día en el trabajo (Godín, por ejemplo, lo tuvo anoche) pero lo de este árbitro en la segunda parte fue comparable a plantarse en un jardín de infancia, despelotarse y ponerse a bailar "La Macarena". Fue incluso peor que "lo que ocurrió contra el Circo de Variedades Florentino Pérez". Quizá la palabra "atraco" sea un tanto desmedida, ventajista y victimista pero "escándalo" sí encaja bastante bien con la realidad. Culpar al árbitro de la derrota es una estupidez igual que ignorar la incidencia de la actuación arbitral en el partido, al menos en lo que respecta a los últimos cuarenta y cinco minutos.

Pero este no es un artículo sobre un hombre que eligió mal momento para salir del armario de la imbecilidad. Tampoco es un artículo sobre un partido que el Barcelona no mereció ganar ni el Atlético perder. Este es un artículo sobre eso que demostró el Atlético en la segunda parte a pesar del adverso resultado, del potencial del rival, de los desesperantes fallos propios y de los insultantes errores del árbitro. Sobre eso que demostró la afición convirtiendo al Calderón en un enorme y estremecedor rugido durante noventa minutos. Sobre eso que hizo que jugadores y espectadores se quedaran después del final del partido para aplaudirse mutuamente. Honra. Dignidad. Honor. Orgullo.

Y es que puede que la eliminatoria copera tenga ahora un nivel de dificultad que ni el Dark Souls pero la gran verdad, la gran obviedad de la noche fue que el Atleti está hecho de la misma pasta que aquellos trescientos espartanos que decidieron luchar a la sombra cuando las flechas enemigas oscurecían el sol. De esto no dirán nada mañana toda esa prensa polarizada y bufandera que acecha en quioscos, radios y televisores...ni falta que hace.

Las rachas acaban, los ciclos se alternan, las condiciones físicas decaen, las carreras finalizan, los nombres varían, los escudos se rediseñan, los estadios cambian pero el orgullo rojiblanco siempre permanece. ¡Aúpa Atleti!

viernes, 20 de enero de 2017

Tres goles, dos grados

José Luis Mendilibar es un artista inclasificable, un genio incomprendido, un autor de arte moderno que reivindica un lugar destacado en las enciclopedias, la Wikipedia y el teletexto. Así, llegó a Madrid, epicentro cultural de España, y desplegó su última performance: "Diez bombonas de butano con portero al fondo". Ni en ARCO se puede ver genialidad igual.
Por desgracia para el prodigioso y nunca suficientemente valorado vasco, el comité de expertos encargado de valorar su obra estaba formado por los reservoir dogs del Cholo Simeone, motivo por el cual Mendilibar acabó el partido como el bardo de Astérix los cómics.
Y es que el Atlético cuajó un partido bastante potable en el que Gaitán volvió a demostrar que puede ser el Tony Manero que tanto necesita el Atleti. Enfrente, el equipo rojiblanco tuvo a la SD Éibar, siendo los jugadores más peligrosos del conjunto guipuzcoano Pau Cebrián y César Noval, quienes desde sendos laterales cortaron peligrosos ataques colchoneros a banderín limpio, redefiniendo de paso el concepto "fuera de juego" para disgusto de los 25.000 espartanos rojiblancos que salpicaron de amor incondicional las gradas del Calderón a pesar del horario y el intenso frío.
Así las cosas, los tres merecidos goles locales (Griezmann, Correa y Gameiro) se antojaron tardíos y escasos para los méritos desplegados por el Atlético contra un equipo que apostó por el gas en lugar de la electricidad. Eso sí, a partir del tercer tanto, la criogenizada afición atlética pudo serenarse lo suficiente como para dedicarse a meditar sobre la gran cuestión de la noche: ¿qué brillaría más en la oscuridad: la camiseta del Éibar o las zapatillas de Godín?

En definitiva: este copero 3-0 supone un pequeño paso en la eliminatoria pero un gran salto para la autoestima colchonera para lo que está por venir.

domingo, 15 de enero de 2017

El Atleti es Jason Voorhees

El sábado 14 el Atlético de Madrid decidió honrar a Viernes 13 transformándose en lo más parecido en el ámbito futbolístico a Jason Voorhees. Muchos le habían dado por muerto después de ahogarse en fondo y forma en diciembre pero el Atleti ha vuelto de la tumba no tanto para vengarse como para hacer una exhibición de grotesca eficacia dando matarile a quien se interponga en su camino. La última víctima, el Betis, tras un partido que dejó frío a muchos aficionados (y no sólo por la gélida temperatura ambiental) y que se podría resumir en un microrrelato: intensidad y buen juego del Atleti hasta el tempranero gol de Gaitán. A partir de ahí, la nada.

Lo mejor, una vez más, volvió a ser únicamente el resultado porque el equipo madrileño firmó un decepcionante partido a medio camino entre la hibernación y la mediocridad donde mostró más errores que aciertos. En ese sentido, el conjunto del Manzanares se salvó de males mayores gracias a una engañosa solidez defensiva (se dieron más facilidades de las debidas a un Betis voluntarioso pero cuya única ofensa fue el look de Dani Ceballos). Contra un rival de mayor calidad y potencial, la cosa muy probablemente habría acabado como Bodas de sangre y es que si no pasó algo peor contra los intereses colchoneros fue por demérito verdiblanco más que por acierto rojiblanco. Siendo optimista se podría decir que no hay nuevas malas noticias para la hinchada del Atleti. Siendo realista hay que reconocer que tampoco las hay especialmente buenas. El Atlético sigue instalado en un estado de "ni sí ni no sino todo lo contrario". Por suerte, continúa encadenando puntos para suturar la herida en Liga. Precisamente, asentándose en esta tosca manera de conseguir triunfos, habrá quien prefiera ganar todo lo que queda por delante en las tres competiciones aunque se juegue horrible; es un debate interesante...en el que conviene recordar que la Historia es siempre resultadista.

Volviendo a "lo de ayer", quizás la principal novedad respecto a otros partidos, junto a la postulación de Nico Gaitán como ídolo en ciernes, fueron los silbidos y las protestas que acompañaron a algunas jugadas desacertadas del Atleti, especialmente en el último tramo del encuentro. Es evidente que el partido fue un híbrido entre tostón y bodrio (supongo que Gabi vio un partido y yo otro) y que hay jugadores rojiblancos que están, según los casos, para partido-homenaje o para el banquillo pero no por eso hay que sacar el cuchillo ya. Queda mucha temporada. Por tanto, los ajustes de cuentas sólo proceden cuando aparezca el "Game over", no antes

Así las cosas, quizás el paciente rojiblanco haya salido de la UCI pero no presenta ningún argumento convincente para darle el alta. Mientras llega ese ansiado momento, la paciencia será el mejor anticongelante para partidos como este, con más frío que historia.

miércoles, 11 de enero de 2017

Regreso al futuro

Dice Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Le faltó añadir "excepto si eres el Atleti de Simeone". Y es que la recuperación de las señas identitarias de ese equipo feroz, sólido e incansable va por buen camino. Lentamente (quizá demasiado) pero va. Tras las nocivas polémicas (más extradeportivas que futbolísticas y más artificiales que reales) en las que se ha visto envuelto esta temporada, el Atleti se está reconstruyendo a sí mismo como si fuera un Mr.Potato; pieza a pieza: intensidad, convicción, suerte...Es verdad que aún le faltan algunas (concentración, cohesión, puntería...) pero ya se parece más a lo que siempre fue desde el advenimiento del Cholo. Aquí, como en cualquier competición, lo prioritario es ganar y quien diga o piense otra cosa pues aún está a tiempo de enterarse. Es cierto que el Atleti puede y debe jugar mejor, pero no por eso hay que sobrevalorar la calidad, el potencial y las aptitudes de los futbolistas, tener la memoria frágil, empecinarse en entelequias de barra de bar, incurrir en cuñadismo deportivo o comportarse con pretenciosidad de nuevos ricos. El Atleti es lo que es y nosotros lo queremos así, con sus virtudes y sus defectos. Además, los espartanos no ganaron batallas con numeritos del Cirque du Soleil y gracias a eso son aún hoy legendarios y admirados. De todos modos, las circunstancias actuales no admiten florituras: hay que ser prácticos y si hay que amputar el virtuosismo para salvar el triunfo, se amputa. Las discusiones y los reproches, cuando caiga el telón.

En este contexto, llegó el segundo y definitivo partido de Copa contra la UD Las Palmas. La vuelta sirvió para premiar el mérito y la profesionalidad de Las Palmas y castigar la irresponsable desidia que mostró el Atlético cuando se vio ganador (del partido y la eliminatoria). Premio y castigo merecidos por igual. Así las cosas, como lo importante no es cómo se empieza sino cómo se acaba, el equipo ofreció una mediocre recompensa a los aficionados que acudieron al estadio desafiando la criogenización, maquillada por el paso a la siguiente ronda copera. Y es una pena porque el encuentro, pese a una primera mitad de fogueo, ofreció algunos interesantes fogonazos de lo que puede ser el Atleti si todos estuvieran en forma y enchufados. Además, confirmó la mejoría de Moyá, Giménez y Griezmann en sus respectivos retos y sirvió para evidenciar que Gaitán necesita más partidos para poder demostrar al entrenador y la afición que tiene (o no) la trascendencia necesaria para ser titular ya que de calidad es uno de los mejores de la plantilla. Por lo demás, siguen las mismas dudas que se arrastran desde hace semanas, con varios jugadores en modo "no sé-no sé", otros con más pasado (glorioso) que presente y futuro en rojiblanco y un mediocampo que no termina de carburar.

De todos modos, más allá de la positiva noticia del paso al siguiente nivel, alguien debería dar un toque a los jugadores por ese dejarse llevar que mostraron en los minutos finales ya que la historia reciente y doliente ha enseñado por las malas a los rojiblancos que los partidos acaban cuando pita el árbitro. Además, el ambiente no está ahora mismo como para hacer la cobra a la tranquilidad.

En definitiva, este Atleti en modo Marty McFly volvió a recuperar otra de sus características señeras: hacer sufrir a la hinchada más de lo necesario.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El vaso medio lleno

Antes del partido del sábado, la situación era de "cuñadismo rampante", en la cual muchos aficionados nos volvemos entrenadores, psicólogos, médicos y expertos en lo que sea menester con tal de encontrar la panacea que despeje borrascas y desinfle crisis. Después del encuentro contra la UD Las Palmas, la controversia ha pasado a nivel cuchicheo gracias a que la victoria, como el turrón, volvió a casa por Navidad. Si el fútbol es un estado de ánimo, la diferencia ente ver el vaso vacío a verlo medio lleno es algo más que balsámico.

El resultado, 1-0, fue lo más positivo de un encuentro en el que el Atleti, a falta de suerte, volvió a tener actitud, gracias a la cual se generaron muchas ocasiones de gol ante un rival del mismo perfil que muchos otros que esta temporada han causado disgustos en la autoestima colchonera: un equipo ordenado, con las ideas claras y que no tiene miedo al Atleti.

Así las cosas, en la fría tarde a orillas del Manzanares las buenas noticias pesaron más que las malas, lo cual no significa que haya que bajar la guardia pero sí serenar los ánimos y mandar al pesimismo al rincón de pensar. Entre las buenas noticias habría que destacar el golazo en sí mismo, el retorno de la intensidad, las buenas sensaciones que dejaron Saúl y Vrsaljko y que la afición demostró que Domínguez fue, es y será "uno di noi". Entre las malas (que las hubo y negarlas es forofismo) ninguna nueva: el mediocampo sigue siendo un despropósito del que se aprovechan los rivales descaradamente, hay varios jugadores clave lejos aún de su mejor versión (Koke, Carrasco, Godín y el propio Saúl), algunos rojiblancos parecen merecer la titularidad en el Atlético de Kolkata por las pobres prestaciones que están ofreciendo esta temporada y nuestros delanteros (cuyo compromiso y esfuerzo es gilipollesco cuestionar) siguen esperando a que la suerte deje de bailar merengue en la Castellana y empiece a forrar carpetas con la cara de Griezmann o Gameiro.

Por lo demás, podría comentarse la actuación arbitral pero que al Atleti le toque el pito un pésimo colegiado no es noticia ni excusa.

En definitiva: el Atleti volvió a vencer sin terminar de convencer pero menos es nada y, además, las sensaciones no son tan inquietantes como lo eran hasta hace unos días. Ahora toca descansar y sobrevivir a las Navidades con la tranquilidad de tener claras dos cosas: no hay que dejar de creer y...el escudo no se toca. ¡Buen vaso medio lleno a todos! 

domingo, 11 de diciembre de 2016

El panda, el madroño y el escudo

Suena a libro de Las Crónicas de Narnia, y aunque también es un cuento, éste no va de alimentar la inocencia sino de erradicarla a cambio de "llevárselo fresco". Porque, en el fondo, se trata de eso: de llevárselo fresco, de hacer negocio con intangibles, de rentabilizar económicamente elementos cargados de un valor no cuantificable desde lo monetario, empresarial o financiero, de hacer caja a pesar de las sensibilidades y los sentimientos. La denominación del nuevo estadio del Atlético de Madrid y el rediseño del escudo obedecen a todo esto y por eso se ha originado una polémica desagradable, gratuita y desaconsejable en el seno de la hinchada rojiblanca (que es la auténtica esencia y el verdadero patrimonio del club); una controversia de la que hay que culpar a los mismos tipos que representan las páginas más bochornosas de la historia del club, es decir, a los rescoldos del gilismo, a los herederos de Jesús Gil, a los "delincuentes prescritos" (que no proscritos), al infumable dúo tragicómico que rige los destinos de la entidad colchonera, a los dos bomberos pirómanos parapetados tras esa mesiánica casualidad llamada Diego Pablo Simeone. Lo que ha pasado es una muestra más (y van...) de que Cerezo Torres y Gil Marín representan la bicefalia de un despotismo nada ilustrado pero sí bastante lucrativo que parece tener como lema "todo por el aficionado pero sin el aficionado".

A nadie escapa que vivimos en una época donde el deporte se ha visto despojado de buena parte de su épica y autenticidad en aras del mercantilismo más desvergonzado. Por eso, ahora, a las entidades deportivas les importa más que nunca la cuenta de resultados, los ingresos, el marketing, la publicidad y la comunicación corporativa más que lo estrictamente deportivo. Hoy el deporte es más negocio que ocio; el fútbol es el mejor exponente de eso y la última muestra de ello la ha dado el Atlético de Madrid. En este contexto, puedo llegar a entender lo que ha pasado, pero de ahí a defenderlo o justificarlo va un trecho oceánico.

Si me apuras, lo del nombre del nuevo estadio (que haya gente que lo llame "naming" da una idea de que esto no va ni con el deporte
ni con los sentimientos) es lo menos escandaloso. Primero, porque es cierto que hay una creciente tendencia al "patrocinio" de recintos deportivos (mal de muchos...). Y segundo, porque, estando el club en manos de quien está, lo sucedido no es ninguna sorpresa. Yo, como muchísimos otros aficionados, era partidario de haber homenajeado en el nombre del próximo feudo al atlético más laureado e importante en la historia no sólo del club sino del fútbol español: Luis Aragonés. Pero pedir a los mandatarios del club un signo de decencia, agradecimiento o complicidad con el sentir de la afición es perder el tiempo y amargarse el día. Aquí compensan más los diez millones de "euros chinos" por temporada que cualquier otra cosa. De ahí lo de "Wanda". Lo de añadir "Metropolitano" es una maniobra de distracción, una forma de intentar maquillar el asunto al apelar a la nostalgia, la melancolía y lo sentimental; en la misma línea, por cierto, habría que situar el spot publicitario creado ad hoc y que es puro efectismo. El resultado es un nombre transexual, valga el calificativo: "Wanda Metropolitano". Habrá a quien le guste y lo respeto. A mí no me gusta porque supone prostituirse: dejar que alguien te meta mano durante un tiempo pactado a cambio de dinero.

Pero, como digo, lo del nombre no me parece tan grave. Al menos no en comparación con lo del escudo. En este caso, la cuestión no es si estéticamente convence o no al personal. No, aquí la cuestión y el gran error consiste en excusar tras un rediseño ligado al estreno de un nuevo estadio lo que es una nueva y errónea conceptualización, una desacertada redefinición de lo que significa el escudo, el blasón, el emblema del Atlético de Madrid. Un escudo no es un logo, por mucho que el origen de los logos se pueda rastrear hasta los escudos y blasones familiares del Medievo. Un escudo no es un elemento a manejar por el marketing, el merchandising o la comunicación corporativa. Un escudo no es algo que se pueda entender ni gestionar desde el diseño ni desde la publicidad ni desde la comunicación. Un escudo es algo que conecta íntimamente a personas de distintas generaciones porque remite a algo que está por encima de lo cronológico y lo geográfico. En ese sentido, es cierto que el escudo del Atlético ha sufrido cambios a lo largo de la historia del club pero no menos cierto es que durante décadas el escudo ha sido fácilmente reconocible a pesar de ligeros cambios y matices. Lo que ha pasado es que ahora ha pasado de ser un escudo a ser, de facto, un logotipo. Las "explicaciones" dadas por el responsable van en esa línea aunque, por prudencia, cobardía o jeta, no lo diga abiertamente. A mí me parece fenomenal que el Atleti tenga un logo pero no por eso había que cepillarse el escudo. De todos modos, vuelvo a lo de antes: este despropósito se entiende si tenemos presente que los clubs deportivos funcionan actualmente como empresas puras y duras, orillando así todo lo emocional, sentimental o subjetivo. Los clubs hoy se pasan por la quilla lo que piensa o sienta la afición y para muestra, el Atlético. Por suerte para sus dirigientes, el "Cholismo" ha permitido durante los últimos años compensar esa deficiencia a base de títulos y emociones capaces de distraer la mirada del aficionado de esta realidad tan fría y deshumanizada. En resumen: la nueva insignia como logo me parece aceptable pero como escudo me resulta una tomadura de pelo.

Que el club sabía que estaba haciendo algo polémico, por decirlo eufemísticamente, se evidencia en el hecho de parapetar a Cerezo (a Gil Marín lo enviaron a China directamente) detrás de un plantel de gente que, a diferencia de él, sí a honrado al club y es motivo de orgullo para toda la hinchada. En ese sentido, lamento el "papelón" que hicieron las leyendas atléticas al refrendar con sus palabras o presencia el disparate del nombre y el escudo. Es indudablemente cierto que el romanticismo ya no gana títulos ni sanea cuenta de resultados pero también lo es que el respeto al legado y al aficionado hay que tenerlo siempre en mente y éste no ha sido el caso.

Dicho todo esto, lo más criticable no es lo concreto del nombre o del escudo sino el generar una controversia absolutamente innecesaria en un momento delicado de la temporada y que desvía la atención de lo verdaderamente importante: el equipo. Y es que propiciar discusiones entre aficionados no es la mejor idea de gestionar un club ni de centrarse en lo que importa realmente. Si lo que quieren los ¿responsables? del club es preocuparse por la futura temporada, mejor harían en asegurar la existencia de formas de acceso dignas al nuevo estadio en lugar de meterse en jardines como el que ha generado esta gresca, que de lo meramente estético y superficial ha trascendido a lo ético e íntimo. Además, si lo que de verdad se pretende es "renovar", "actualizar" o "abrir una nueva etapa" en la entidad (argumentos todos ellos utilizados estos días), mejor sería empezar por cambiar a la directiva, pero esto tampoco es lo prioritario ahora mismo. Lo que importa es hacer la mejor temporada posible. Todo lo demás es secundario, aunque duela o indigne. ¡Aupa Atleti!

domingo, 4 de diciembre de 2016

La noche de los uy vivientes

Un empate merecido en una noche mala, y no sólo por lo meteorológico. Así se podría resumir lo que pasó ayer. Una jornada más, el Atleti ni pudo ni quiso ni supo ni mereció ganar.
 

Cada día que pasa, el equipo rojiblanco se parece más a un gran torero cuyas noches de puerta grande se van quedando más lejos en el retrovisor. Antaño sabía lidiar con cualquier toro y sus estocadas eran demoledoras; ahora hace demasiadas faenas de aliño y lleva más sustos y revolcones de los esperados. ¿Por qué ocurre esto? Comparando los partidos que hicieron de este equipo leyenda con los que está haciendo esta temporada, parece evidente que la conjunción de forma, actitud, lucidez y fortuna que llevó al Atleti a la gloria ni está ni se le espera este curso. Cualquier hincha puede asumir que falte alguno de esos elementos pero la ausencia de todos ellos simultáneamente es lo que preocupa y mosquea a cada vez más aficionados, que no entienden la repentina involución de un Atleti que por su reciente historial y actual potencial puede y debe aspirar a todo. ¿Qué es lo que pasa? En mi opinión, cuatro cosas: hay demasiados jugadores lejos de su mejor versión (algunos por edad, unos por sobrecarga de partidos y otros por vete a saber qué), hay un cacao mental patente (empezando por el propio concepto de juego), hay poca suerte de cara a portería y, especialmente, no hay rastro de ese temperamento que hacía insufrible como rival Atleti y convertía a los rojiblancos en caníbales con síndrome de abstinencia fuera cual fuera el rival y el marcador. Tampoco el Cholo el mismo. Lo parece pero no. Desde "lo de Milán", el Cholo, como el resto del equipo, se parece a lo que fue pero no es igual. Algo ha cambiado y, sea lo que sea ese algo, se evidencia en los partidos del Atleti esta temporada. Es una apreciación personal, pero creo que no soy el único que tiene esta percepción.

En ese sentido, el encuentro de anoche fue el enésimo tropiezo de un Atleti en modo "ni sí ni no ni buenas noches" ante un rival bien plantado, ordenado y con las ideas claras. En esta ocasión, uno entrenado por el hombre que empezó a desempolvar el prestigio del Atleti: Quique Sánchez Flores, al que, efectivamente, como muy bien dijo la pancarta, debemos estar eternamente agradecidos. Así, el partido tuvo el interés de confrontar el "Atleti cholista" con el "Atleti de Quique", ya que el conjunto catalán juega muy parecido a como lo hacía el madrileño cuando lo entrenaba Sánchez Flores e incluso cuenta en sus filas con jugadores en aquel entonces rojiblancos. El problema (y la desilusión) es que el "Atleti cholista" no compareció y por eso el Español tuvo más oportunidades de las previstas, chances que habrían provocado un follón de no ser porque Oblak sigue creyéndose Benji Price y maquillando la crisis que atraviesa el Atleti. Y es que la diferencia entre un buen portero (Diego López) y un portero extraordinario (Jan Oblak) es una de la mejores enseñanzas que dejó un partido que también despejó otra duda a la hinchada rojiblanca: la vuelta el "antiguo sistema" (el doble pivote Gabi-Tiago, etc) tampoco está resultando milagrosa, más allá de dotar al equipo de una solidez defensiva ligeramente mayor y, de paso, disimular las carencias de Gabi (nuestro capitán puede dirigir perfectamente la presión pero nunca el juego porque sencillamente no está capacitado para ello). En ese sentido, el vaivén táctico y los altibajos de los jugadores han convertido al Atleti en un adolescente en el que se pueden intuir más cosas de las que se pueden asegurar. Por eso, el partido de anoche estuvo definido por los "¡uy!" que acompañaron a las ocasiones falladas por el Atleti y a las amenazas detenidas por "el hombre que hizo olvidar a Courtois" en una velada en la que el tiempo invernal y desagradable fue el mejor espejo de la situación por la que atreviesan los atléticos, tanto los que están en el césped como los que acuden a millares al estadio Vicente Calderón. 

No es momento ahora de correr como pollos sin cabeza y pregonar el apocalipsis pero tampoco lo es de enrollarse en la bandera y ponerse la bufanda como venda en los ojos. Que el Atleti no está bien es evidente. Que queda tiempo para mejorar las sensaciones y enderezar el rumbo, también. Que ese rumbo pasa más por la Champions y la Copa que por la Liga, muy probablemente. Así pues, de momento, keep calm and ¡aupa Atleti!

jueves, 24 de noviembre de 2016

Una victoria desde el diván

Tras "lo del Madrid" (ese concepto), el Atleti se había convertido en protagonista de dos polémicas contraproducentes. Una, si el Atleti debe ser la filarmónica de Viena o Metallica (y por qué). La otra, si Koke merece cadena perpetua por blasfemar contra Dios después de que Éste le bendijera con un puñetazo por la espalda. La polémica sobre la identidad futbolística está dentro de lo deportivo y por eso es aceptable; en cambio, la que atañe a la especie protegida made in Portugal se enmarca dentro de lo estrictamente soplapollesco y por tanto merece tanta atención como Leticia Sabater poniéndote ojitos. El caso es que, enredado en esas enrevesadas digresiones, el Atlético ha estado estos días más pendiente de comportarse como un preocupante y preocupado Woody Allen que de volver a ser ese carismático y cabrón Negan que había paseado su Lucille por España y Europa. Y, así, con el Atleti en el diván, llegó la Champions con un PSV bajo el brazo.

El Atleti presentó en su once titular cuatro cambios respecto al
último siniestro. Decir que los relevados quedan así "señalados" sería mentir. Decir que los relevados están su mejor momento también sería mentir. Decir que los cambios aseguraban una mejoría sería meterse en un jardín. No se trataba tanto de buscar chivos expiatorios como de encontrar soluciones.
La primera parte sólo ofreció algo interesante: comprobar cómo crecía la hierba cada vez que el portero del PSV tenía que poner el balón en juego. Por lo demás, el Atleti, pese a los cambios, siguió comportándose como un matrimonio con hijos ya casados en lugar de como esa pareja adolescente on fire que muchos echamos de menos. 
La segunda parte fue casi un remake de la primera. El casi fueron dos goles del Atleti. El casi fue Antoine Griezmann, que decidió recompensar la paciencia y el apoyo de la hinchada dando el primer gol, marcando el segundo y empleándose a fondo para  remendar el desaguisado que tiene el equipo rojiblanco en el mediocampo.

Así las cosas, lo mejor del tedioso partido fue el resultado ante un rival cuya mediocridad merecía un buen rapapolvo. Quizás por eso mismo lo peor del decepcionante encuentro fue que el Atlético únicamente despejó una duda: lo que le pasa no es cuestión de nombres (las novedades no aportaron mejoras sustanciales) ni de sistema (el regreso al doble pivote primigenio no arregló el circo que hay montado en la medular) ni de estilo (no está fino ni jugando al toque ni al contragolpe) ni de forma física (los que están más frescos no muestran mejores prestaciones que los más cargados de minutos); es esencialmente una cuestión mental. Dicho de otro modo: faltan dos cosas fundamentales como son la actitud y la claridad de ideas. Por qué lo que antes era un tanque de pirañas encabronadas es ahora un vistoso acuario relajante es un misterio que yo no sé explicar.

En definitiva: la fría noche en Madrid concluyó como había empezado: con el Atleti en el diván. No queda otra que seguir creyendo