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domingo, 19 de mayo de 2019

Atleti: fin y reinicio

Se acabó la temporada oficial del Atlético de Madrid. Un curso que se cierra con un notable (el subcampeonato liguero) y dos suspensos (las bochornosas -lo importante no es perder sino cómo se pierde- eliminaciones en Copa del Rey y Liga de Campeones). Unos meses que concluyen con la marcha de varios iconos (Godín, Juanfran, Filipe Luis, Griezmann), la consolidación de algunos (Oblak y Giménez) y la candidatura de otros (Morata, Camello, Mollejo y cía). Una temporada en la que el Atlético ha tenido que lidiar con la decadencia inevitable asociada a la edad, las innumerables lesiones derivadas de una pésima preparación física y el "esto es lo que hay" habilitado por la mediocridad futbolística y/o inestabilidad mental de algunos jugadores que son más un lastre que un recurso. Por eso, el subcampeonato liguero no sabe tan mal, miradas las cosas en perspectiva.

Yo, personalmente, siempre recordaré el 18/19 como el curso en que Diego Godín y Juanfran Torres demostraron qué es ser del Atleti y Antoine Griezmann y Lucas Hernández qué no: a veces, las formas dicen mucho del fondo. Honradez, respeto, elegancia, humildad, educación...Jueguen a buscar las diferencias entre unos y otros.

Ahora, el Atlético se enfrenta a algo tan sano, estimulante y necesario como reinventarse. Lo ha hecho muchas veces. Particularmente, me es igual si vienen cracks o no. Lo único que espero, y como yo toda la hinchada, es que quienes se queden y quienes vengan entiendan que estar en el Atleti no es una obligación ni una condena sino un orgullo y una responsabilidad; que este club no es un escaparate sino un lugar donde dejarte el corazón en cada jugada; que la camiseta pesa porque dentro de ella están todos los que la honraron en el césped y las gradas; que no hay nada ni nadie por encima del equipo; que el camino a la leyenda lo marca gente
como Godín y no niñatos con el cerebro tan bien amueblado como un Targaryen. Ha llegado el momento de relevar a los titanes que construyeron una generación legendaria en rojo y blanco; de hacer algo para el futuro que no reniegue ni insulte al pasado. Ojalá haya suerte. Una suerte que será más fácil de convocar con gente como Oblak (para mí, el auténtico crack del Atleti), Giménez (el mejor sucesor que podría tener el inolvidable Godín), Saúl (al que ya sólo le falta jugar de portero para demostrar su polivalencia) y Morata (que tiene el Santo Grial del fútbol: el gol).

Por lo demás, es una verdadera lástima que una temporada más no se marchen del club los mismos que nunca tendrían que haber llegado. Y no, no hablo de jugadores ni de cuerpo técnico. Hablo de dos bellacos parapetados tras el tótem de Simeone. Hablo de dos impresentables incapaces de defender al club cuando y como toca. Hablo de dos miserables que lo mismo maltratan a Godín que agasajan a Griezmann. Hablo de dos fulanos que ponen cláusulas para hacer negocio y no para hacer proyecto. Hablo de dos recuerdos del presidente más bochornoso que ha tenido el club. Hablo de dos tíos a los que no soporta ningún aficionado del Atleti. Hablo de dos personajes de infame estampa y peor recuerdo. Hablo de dos nombres que, el día que abandonen la directiva, el Atlético de Madrid tendrá mucho que celebrar.

Mientras ese día llega, toca centrarse en lo que suceda en el césped. Ojalá la 19/20 sea una temporada a la altura de la afición. Con eso bastará. ¡Aúpa, Atleti!

domingo, 18 de noviembre de 2018

Resiliencia cum laude

La resiliencia consiste en esto. En levantarse. En volver. En insistir. En luchar. Y el Atleti es uno de los mejores ejemplos de ello en el ámbito deportivo, futbolístico y liguero.

Tras la masacre amarilla en Dortmund, meneo rojiblanco en Madrid. Tras un gol del Athletic, otro del Atlético. Tras las lesiones, los cojo**s. Tras el corazón en un puño, el alma en la garganta. Tras la muerte, la resurrección. Tras la lógica, el caos. Tras la tragedia, la epopeya. Todo muy intenso, muy loco, muy Atleti.

Lo del Atlético en los últimos partidos en Champions y Liga es complicado de describir y resumir desde lo convencional o lo razonable porque tiene que ver sobre todo con el coraje y el corazón, con un sentimiento sin rival, con lo íntimo, con las entrañas que transforman los sueños en campos de batalla de los que salir triunfantes. El Atleti ha escrito estos días una preciosa carta de amor a la resiliencia en dos veladas a doble cara. Un amor correspondido con dos victorias muy trabajadas y merecidas que, sobre todo en la última frente al Athletic de Bilbao, han traído al Metropolitano la magia añeja y épica del Calderón.

Y es que tiene bastante de mágico que el conjunto rojiblanco siga rampante a pesar de la plaga de lesiones, del lamentable estado del césped, de la baja forma de alguno de sus pilares en ambas áreas, de la inusitada porosidad defensiva y de las ocasiones falladas. Pero ahí está: en la vanguardia de la competición nacional y europea. ¿Cómo es posible? Sencillo: cuando tienes en tu plantilla a hombres como Saúl, Rodri, Godín u Oblak lo imposible es sólo una posibilidad más. Su tasa de pundonor en sangre es superior a la de una persona normal. Por eso, ellos escriben y protagonizan las leyendas. Porque se puede ganar o perder pero renunciar a darlo todo es el mejor camino hacia la mediocridad, la instrascendencia y la muerte. Y esto en el Metropolitano lo saben.

¡Aúpa Atleti!

domingo, 28 de octubre de 2018

Reacción de campeón

Tras caer, levantarse. En eso consiste la vida, el deporte, el fútbol y el Atlético de Madrid. Anoche se demostró una vez más. El Atleti reaccionó al sonrojante tropiezo en Liga de Campeones con una victoria sólida, asentada en un buen desempeño general del equipo rojiblanco. Una velada que comenzó con un oportuno recado y recordatorio tanto a Theo Hernández como a bocazas propios y ajenos: "Nuestro orgullo es la lealtad".

Los inesperados goleadores locales Godín y Filipe Luis reverdecieron laureles (y recuperaron parte del crédito perdido en partidos para olvidar) en una noche en la que el Atlético fue bastante fiable en todas las zonas del campo. Además, Rodrigo y Arias acreditaron méritos suficientes para conservar puesto en la titularidad. 

De la Real Sociedad basta decir que Oblak estuvo más cerca de coger un catarro que un balón. Así que el único picante lo pusieron las peculiares y afortunadamente intrascendentes decisiones de Mateu Lahoz, de quien empiezo a sospechar que es el resultado de varias generaciones de primos cruzándose entre sí.

Pero, como decía al principio, lo importante era levantarse después del hostión alemán que dejó al equipo rojiblanco hecho teselas. Y el Atleti se ha levantado como el campeón que es o, mejor dicho, como el campeón en que lo ha convertido el falible "Cholo" Simeone. Toca seguir mejorando, creciendo y luchando. En eso consiste la vida, el deporte, el fútbol y...¡Aúpa Atleti!

sábado, 15 de septiembre de 2018

Un empate inverosímil

Que el Éibar no se haya marchado del Estadio Metropolitano goleado es algo tan inverosímil como que Koke siga pisando el césped vistiendo la rojiblanca o como que Simeone cambie al mejor jugador del partido cuando aún quedaba mucha tela que cortar o como que el Atleti lleve sólo una victoria en lo que va de Liga.

Que un equipo tan Segunda como el Éibar haya sacado un empate después de lo visto sobre el terreno de juego no es que sea inverosímil: es directamente una vergüenza. Claro que en eso tiene mucho que ver, por un lado, el discreto rendimiento de muchos jugadores rojiblancos esta mañana y, por otro, que Marko Dmitrovic jamás parará tantos goles cantados como hoy

Con esos dos párrafos podría resumirse todo el partido Atlético de Madrid 1 - S.D. Éibar 1. Pero no me gustan los microartículos. Así que...

El encuentro pintaba bien: agradable temperatura, excelente ambiente, buenas jugadas locales, multitud de remates contra la portería visitante, un rival más empeñado en jugar al fútbol australiano que al de la Liga (Mendilibar es especialista en hacer que sus equipos parezcan una quedada de leñadores), un árbitro no excesivamente malo...Como digo, pintaba bien. Pero aquello duró lo que duró: es decir, hasta que las incontables paradas del portero rival y las imprecisiones y los desajustes locales cambiaron el modo "Disney" de la primera parte al modo "Haneke" de la segunda

Y es que los segundos 45 minutos fueron un creciente cabreo e incredulidad ante lo que estaba pasando sobre el terreno de juego. Y lo que pasaba es que el Éibar puede ser uno de los equipos más mediocres del campeonato (que lo es) pero no es uno de los equipos más tontos, así que aprovechó una de las escasísimas (estuvieron más pendientes de hacer faltas y perder el tiempo que de jugar al fútbol) oportunidades que tuvo, la cual coincidió en el tiempo y el espacio con uno de los varios sainetes que se vivieron en la defensa rojiblanca hoy. ¿Consecuencia? 0-1 con VAR y sin VAR. No obstante, conviene contextualizar que, para terminar de darle emoción al asunto, Simeone volvió a pecar de entrenador retirando primero al talentoso Lemar y luego al mejor jugador rojiblanco del partido: Rodrigo (que se marchó bajo una sonora pitada al Cholo). ¿Consecuencia? Correa jugó a ser Correa (que es algo parecido a un futbolista sin llegar a serlo ni remotamente) y Koke evidenció un partido más que hace varias temporadas que está para banquillo u "oferta mareante árabe, asiática o estadounidense". ¿Consecuencia de la consecuencia? Cortocircuito y fiarlo todo a que la suerte dejara de tener a Dmitrovic como follamigo antes de que el árbitro pitara el final. Y, oh, milagro, ocurrió: el canterano Borja Garcés (¿el nuevo "Niño"?) maquilló en el descuento tanta injusticia y bochorno. 1-1.

Así las cosas, el Atleti sigue sin repetir victoria en Liga y eso que hoy, a diferencia de lo ocurrido en Vigo, sí mereció ganar por juego y oportunidades (hasta 18 tuvo). Quizá Simeone (y alguno más) debería hacérselo mirar porque es evidente que hay algo que falla. O quizá, más que algo, algunos. No son muchos pero sí los suficientes para que los resultados inverosímiles sigan lastrando en Liga al equipo del Metropolitano. Y la Champions se acerca, así que ojo. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 26 de agosto de 2018

Oblak cierra la puerta

La vida está llena de verdades indiscutibles. Por ejemplo: el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste, Charlize Theron es guapa, el reguetón es una basura y Jan Oblak para cinco de cada cuatro tiros que le lanzan. Ayer por la tarde, volvió a quedar claro esto último.

Segunda jornada de la Liga 18/19 y primero de esta temporada en el nuevo Metropolitano. En el ambiente, ganas de disfrutar con los supercampeones de Europa, de festejar dicho título en el postpartido y de palpar el "asunto Filipe Luis". 

El Atlético de Madrid ofreció una imagen similar a la del césped del estadio: tras el verano, aún le queda para tener un aspecto inmejorable. Y es que el conjunto rojiblanco ofreció una versión desafinada e irregular que permitió tener chance al Rayo Vallecano, un rival con menos complejos que acierto y más oportunismo que calidad. Así que se quedó una tarde para ver el vaso medio lleno o medio vacío, según el nivel de sensatez o pesimismo de cada cual. No obstante, en mi opinión, más allá de las imprecisiones y los desajustes ofrecidos en el campo, lo más criticable fue la actitud que ofreció el Atleti tras marcar el gol: recular y quedarse en modo numantino ante un rival que no había demostrado más habilidad hasta entonces que la de perder tiempo (el guardameta rayista fue el líder de su equipo en ese sentido). Ello permitió a los vallecanos perpetrar una especie de asedio que, para su desgracia, permitió a cierto portero recordar que es el mejor del mundo en lo suyo.

Si el oportunista gol de Griezmann rompió decisivamente el empate, el show de Oblak en los minutos finales del partido fue clave para la victoria. Las intervenciones del espigado esloveno fueron tan importantes o más que el gol del francés para conseguir el triunfo, así que se puede decir tranquilamente que Oblak ganó el partido. Las cosas como son: este tipo mandaría al banquillo a Benji Price. Sus paradas son increíbles, extraordinarias, asombrosas, inverosímiles. Y el Rayo lo sufrió en sus carnes, especialmente la última, cuando lo más lógico, incluso desde el punto de vista de la física, habría sido que el balón acabara en la red. El caso es que Oblak se empeñó en echar el cierre a la portería y colocar la alfombra roja hacia la fiesta de después. Y lo logró.

Así las cosas, un gol francés y unas paradas eslovenas certificaron la victoria de un partido gris del Atleti pero cuyos tres puntos valen exactamente igual que si los locales hubieran goleado y arrollado futbolísticamente a los visitantes. 

El postpartido fue un chupito de fiesta para celebrar la Supercopa de Europa con la afición. Ello permitió hablar al nuevo capitán del Atlético, Diego Godín, y a su entrenador, Diego Pablo "Cholo" Simeone, mientras la afición les enmudecía y emocionaba con sus cánticos. El uruguayo y el argentino conformaron una arenga a las huestes rojiblancas que sirvió de excelente colofón a la velada y de acertado mensaje para lo que resta de temporada. Eso sí: la actitud taciturna de Filipe Luis ante, durante e incluso después del partido hace presagiar que lo suyo va a acabar mal. Una lástima pero...en este equipo no hay nada ni nadie por encima de un club que, como dijo Godín, tiene en su afición su mejor premio y patrimonio. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 20 de mayo de 2018

Despedida de leyenda

Comienzo esta reseña cuando voy camino del estadio. Aún queda más de una hora para que empiece. Aún tengo fresco Neptuno. Aún se me ponen los pelos de punta. Quiero imaginarme el ambiente en el Metropolitano, en el antes, el durante y el después. Y me emociono. En todos los sentidos. Hoy todos los atléticos vamos a algo más que un partido de fútbol. Vamos a despedirnos de alguien a quien queremos como si fuera de nuestra familia, porque, al fin y al cabo, lo es, desde que se coló por nuestros ojos con sus pecas y descaro para poner luz en la oscuridad de los malos tiempos. Vamos a decir un "Hasta pronto" a quien se va del césped pero nunca del club (su club) y jamás de nuestros corazones. Vamos a acompañar a Fernando Torres en su última vez. "El Niño". La leyenda. El mito. El Indio definitivo. Hoy la gran familia rojiblanca nos reunimos para convertir una elegía en una fiesta, en una apoteosis en rojo y blanco de aquel que llevaba la bandera del Atleti con orgullo cuando no estaba de moda. Al tipo que no nos cambiaría por una Champions ni por una Eurocopa ni por un Mundial. Las sonrisas son obligatorias. Las lágrimas, inevitables.

Llego al estadio. Gente. Colas. Tiendas a tope. Prensa tomando el pulso. Está claro que no es un partido más: la pantalla donde habitualmente se anuncia la jornada y el rival despeja cualquier duda: "Fernando Torres. De Niño a Leyenda". Por eso la exposición de fotos sobre Torres. Por eso la camiseta gigante para que quien quiera pueda escribir algo a Fernando; un bonito detalle. Y necesario: él que tantas veces honró la camiseta, hoy la honramos nosotros por él, con palabras, con corazón.

Ya dentro del Metropolitano, el tifo. Y el himno. Y Torres y sus hijos. Y otra vez las lágrimas. Y otra vez los pelos de punta. Y, tras todo eso, empezó la fiesta anteriormente conocida como partido, con el "Lo lo lo lo lo lo" como hilo musical. Hubo de todo: un árbitro malo, un rival que no regalaba nada, un accidental gol en contra y la mejor jugada de Correa de toda la temporada:  el gol que sirvió en bandeja a Fernando Torres para empatar el partido y cumplir con el guión soñado. Y con el gol, los aplausos. Y las bufandas al viento. Y las lágrimas, otra vez. Y los pelos de punta, otra vez. Torres acababa de declarar el estado de magia en el Metropolitano (impresionante número de Jorge Blass en el descanso, por cierto). Una magia que se prolongó en la segunda parte, con Torres logrando un inolvidable doblete, que le sirvió, de paso, para cerrar bocas y reivindicarse ante quienes confiaron menos de lo debido en él. La pena es que el árbitro decidió autoinvitarse y recordar por qué estos soplapitos son tan alabables como contraer el ébola. ¿Resultado? Un jugador menos y un Atleti condicionado por las tarjetas. El Éibar aprovechó la situación para empatar de un trallazo. Un empate inmerecido pero que gracias a los goles de Torres fue suficiente para recordar a los vecinos quién manda en la capital y al resto de España quién es el subcampeón de Liga: el campeón de la Europa League.

Pitido final. Acababa así una de las temporadas más complicadas y
sufridas del Atleti en los últimos años. Empezaba lo indescriptible. El pasillo. Torres. Los vídeos. Gabi. Los mentores del Niño cuando era niño. Gárate. Cerezo aparcando el negocio para demostrar sentimiento. La camiseta gigante. La afición en un trance de cánticos, aplausos y lágrimas. Sobre todo, de lágrimas, porque se puede llorar de alegría y pena a la vez. Y de orgullo. Y las palabras finales de Torres, dichas al aire pero dignas de quedar en piedra. Y la vuelta de la familia, con la familia y ante la familia. Esto es el Atleti.

Cuando salgo del estadio, aún se escuchan cánticos. Yo, mientras me encamino al metro, recuerdo la frase que con un rotulador negro escribí a eso de las seis, arrodillado sobre una camiseta colosal: "Grande en el campo. Leyenda en nuestro corazón". Y sonrío, porque he visto y formado parte de algo que, en todos los sentidos, ha sido una despedida de leyenda.

Acaban aquí mis reseñas del Atlético en la temporada 2017-2018, gracias a un abono que es el mejor regalo que se me puede hacer. ¿Y para la 2018-2019? Ya se verá. No hay nada imposible...y si eres atlético, menos. Lo dijo una leyenda. ¡Aúpa Atleti!

jueves, 17 de mayo de 2018

Feliz final

Escribo esto cuando todavía muchos estamos pensando en el hoy sin movernos del ayer. Porque ayer el Atlético de Madrid jugó un partido de auténtica Champions para llevarse la Europa League. Y lo hizo mezclando memorablemente siderurgia y lírica, sufriendo o disfrutando según tocara pero siempre al abrigo de diez mil valientes que silenciaron con el coraje en el pecho y el corazón en la garganta a todo un estadio, poniendo un broche épico y extático a una epopeya llamada temporada 2017-2018 y una nueva fecha en los corazones de todos los aficionados rojiblancos; una que repara amarguras pasadas y se abraza con la leyenda del hombre que siempre será "El Niño". Y es que, anoche, en Lyon, el Atlético de Madrid ganó un nuevo título, Griezmann se empeñó en pagar la copa a todos y Fernando Torres alzó por fin un trofeo vestido con esa camiseta que siendo la suya es de todos. Una noche que cerró bocas, enmudeció polémicas, liberó la euforia, abrió gargantas, regaló sonrisas y justificó lágrimas. Una noche en la que el Atleti jugó y venció como lo que es: un grande. Una noche en la que los cánticos de la hinchada y el himno del club se fundieron perfectamente con "Maneras de vivir" de Leño y el "Thunderstruck" de AC/DC para poner la banda sonora perfecta de esa fiesta que el equipo se regaló merecidamente a sí mismo y a los aficionados.

Siempre he pensado que el deporte es la nueva épica y que este Atleti tiene mucho de mi apreciado y admirado Héctor, el noble príncipe troyano que encuentra dignidad y gloria compitiendo con nobleza y coraje en desventaja hasta su último aliento contra el portentoso griego Aquiles. Por eso, suficientes buenos Homeros tiene el Atlético en las figuras de Iñako Díaz-Guerra, Rubén Uría, Pedro Simón o Juan Tallón como para que me meta yo a reseñar o comentar nada más. No se me ocurre nadie mejor que ellos para poner en negro sobre blanco lo que es, lo que se siente y lo que implica lo rojiblanco. ¿A qué me refiero? Uría lo resumió sensacionalmente anoche en Twitter: "No se puede elegir ser del @Atleti porque el @Atleti te elige a ti. No se trata de ser mejor que nadie, sólo de sentir diferente a otros. Te mata y a la vez, te da la vida. Ser del Atleti es saber que todo te cuesta el doble que al resto. Pero si se cree y se trabaja, se puede". Tal cual.

No es la primera vez que digo en este blog que lo deportivo deja lecciones que trascienden a la vida cotidiana e íntima de las personas. El partido de anoche es un buen ejemplo de ello, de esa filosofía resiliente, inconformista, humilde, respetuosa y ambiciosa que Simeone, ese híbrido de chamán, general y psicoterapeuta metido a entrenador de fútbol, ha inoculado en los jugadores y aficionados que vestimos la rojiblanca. Una filosofía que habla de levantarse tras caer, de alzar la mirada en lugar de agacharla, de sobreponerse a todo y a todos, de no renunciar a lo que te hace ser lo que eres, de no negociar ni el esfuerzo ni los sueños. Una filosofía que es algo parecido al Santo Grial para personas que, como yo, las únicas alegrías que tienen en los últimos tiempos vienen envueltas en rojo y blanco. Por eso, el Atleti anoche hizo que saliera el Sol. Y eso no está al alcance de cualquiera. Por eso, entre otras mil razones, el Atlético es diferente.

Mañana viernes toca visita a Neptuno para celebrar y celebrarse, que nos lo hemos ganado. Y el domingo, al Metropolitano, a ser parte del epílogo de un atlético legendario, un crack mundial y uno de los deportistas españoles más ejemplares que recuerdo. Un epílogo que, pase lo que pase, será de los que se escriben con lágrimas en los ojos y una sonrisa en la cara. Como todo feliz final.

Decía al comienzo del artículo que muchos aún estamos en el ayer. Y es que da tanto gusto quedarse remoloneando en la felicidad...¡Aúpa Atleti!

viernes, 4 de mayo de 2018

Noches como ésta

Ya había vivido noches como ésta. Noches en las que sientes ese "noséqué" que anticipa los mejores momentos de la vida de una persona. Noches en las que crees que más que ir a un estadio estás acudiendo a una llamada, con los nervios de una cita y la complicidad de una quedada de amigos. Noches en las que los cánticos desvanecen el tiempo y todo antes, durante y después del partido es un presente entusiasta, festivo, feliz. Noches en las que cantas el himno a capela con los pelos de punta, el corazón en la garganta y las lágrimas en los ojos. Noches en las que te sientes parte de algo que te trasciende de una forma indescriptible y te sabes órgano de un ser vivo llamado estadio. Noches en las que todas las sensaciones se juntan en un único recuerdo: el olor a cerveza regando los aledaños, el guirigay de voces hormigueando alrededor del campo, la electricidad de la adrenalina entrando en funcionamiento, el Frente tronando como anticipo de la tempestad de voces y bufandas, la sensación de que animas a los tuyos como si fueran los mejores de tus seres queridos, el nerviosismo tensionando tus músculos, las gradas empujando al equipo como viento de popa, el olvido de cualquier cosa que no sea el partido, la emoción de sentir que eres verdadaremente el jugador número doce, el estallido alegre del gol, el éxtasis con el pitido final...Noches en las que te quedas aplaudiendo y cantando cuando el partido termina como si olvidaras que tienes casa y que mañana el madrugón no perdona. Noches en las que hasta los andenes del metro son una fiesta improvisada y cómplice. Noches en las que el Atleti te firma un precioso recuerdo con sabor a sonrisa.

Había vivido noches así en el estadio Vicente Calderón. Desde anoche, también en el estadio Metropolitano, donde revivió el espíritu del Manzanares, como si nada hubiera cambiado. Ayer el Atleti volvió a clasificarse para una final europea (la quinta con Simeone) tras un partido bastante serio del equipo, liderado por un imperial Godín, un buen Griezmann y un grandísimo Costa, pero todo eso se puede describir y resumir en algo tan simple como 1-0. Todo lo demás no se puede describir ni resumir. Por eso, si alguien te pregunta por qué eres del Atlético, recuerda noches como ésta, la primera en la que todo el Metropolitano se conjuró para hacer historia. ¡Aúpa Atleti!

martes, 24 de abril de 2018

Todo menos entretenido

Un partido en el que el Atlético fue de menos a más y el Betis de más a menos para acabar ambos equipos llegando al mismo lugar: la nada. Por eso, un empate a cero no parece demasiado injusto visto lo que ocurrió sobre el césped, por mucho que las mejores ocasiones fueran de los locales. Eso sí, el ambiente y complicidad entre aficiones fue sensacional antes y durante el partido jugado sobre el mismo terreno en el que un día antes cierto equipo detestado por colchoneros y béticos hizo un estrepitoso ridículo.

Con la atención puesta en el Arsenal, el Atleti dedicó 60 minutos a evitar la victoria verdiblanca y 30 a buscar el triunfo rojiblanco. Ese cambio de dinámica coincidió con el ingreso en el juego de los teóricos titulares y sirvió para maquillar ligeramente un partido lleno de imprecisiones en el que la falta de chispa física y/o mental castró al encuentro del adjetivo "entretenido". No obstante, a pesar del tostón, hay que realzar el desempeño de tipos como Lucas, Saúl e incluso Torres, quienes en mi opinión fueron de lo poco aceptable en un partido gris de casi todo el equipo local.

Quiero pensar que este bache (un punto de seis) se debe, por un lado, al agotamiento y las lesiones y, por otro, a que la Europa League se ha convertido en el principal e innegociable objetivo, dado que ya es lo único que permite al Atleti obtener un notable en la calificación final del curso, quedándose así a la Liga una cara de "ya te llamaré". Si me he equivocado en el diagnóstico, mal asunto, porque jugando como en los dos últimos partidos ligueros es improbable que el Atlético llegue siquiera a la final de la citada competición europea.

No obstante, estoy casi convencido de que en la semifinal contra el Arsenal los aficionados volveremos a ver una versión del equipo más acorde con la leyenda que merecida y exitosamente se ha forjado en los últimos años. La afición se merece un equipo a su altura y la Europa League es un buen escenario para demostrarlo. ¡Aúpa Atleti!

lunes, 16 de abril de 2018

Una goleada para todos los públicos

Tras el incómodo partido en Lisboa, se agradeció la plácida tarde vivida en el Metropolitano. El Levante, cargado de tanta voluntad como impotencia, ayudó bastante a que el encuentro resultara tan peligroso para los rojiblancos como el ataque de ira de una tortuga. El Atlético, por su parte, se dedicó a controlar el partido con una superioridad evidente que, por un lado, ayudó a disfrutar con varias jugadas de mérito y, por otro, permitió a algunos jugadores tener la comodidad y tranquilidad necesarias para reivindicarse, véase Correa (hizo varias cosas bien, lo cual es todo un hito) y Vitolo (quien está cogiendo confianza e influencia en el momento definitivo de la temporada). La conclusión de todo esto: 3-0, una victoria más y un partido menos.  Al margen de esto, hubo una cosa que quedó clara para todo aficionado: los penaltis dudosos o inexistentes sólo se pitan a favor del Real Madrid, por desgracia para "Fortnite" Griezmann.

Así las cosas, los mayores y menores (el Día del Niño se notó) que asistieron al partido pudieron vivir una goleada para todos los públicos en una tarde que pasará a la historia por varios motivos: por ser la primera en que el graderío del Metropolitano se cubrió con un tifo ("115 años contigo"), por asegurar la presencia en la próxima Champions League por sexto año consecutivo y por el gol 100 de Fernando Torres en Liga. Por cierto, hablando de la leyenda conocida como "El Niño": visto lo visto siguiendo siendo útil o, al menos, su rendimiento no es peor que el de otros que han gozado de más minutos. De lo que no hay duda es de que el cariño y respeto que se tiene a Fernando Torres por parte de la hinchada colchonera está por encima de cualquier pasado, presente o futuro.

Lo mejor de todo es que, afrontando ya la recta decisiva de las competiciones liguera y europea, el equipo parece, en líneas generales, bastante más entonado y con una mejoría patente en varios jugadores de los que se espera que firmen sonrisas rojiblancas en esos niños que, como ayer, acudieron al Metropolitano, con su papá de la mano, como diría el gran Joaquín Sabina.

¡Aúpa Atleti!

lunes, 9 de abril de 2018

Torres

Fernando Torres se va del Atlético de Madrid. No es la primera vez que una leyenda se marcha del Atleti. Tampoco será la última. Con él se va uno de los futbolistas más laureados (por no decir el que más) de cuantos han honrado la camiseta rojiblanca, un grandísimo delantero y un tipo ejemplar dentro y fuera del terreno de juego. De ahí que el único reproche que se puede hacer a este icono rojiblanco es tener un tóxico entorno (Antonio Sanz, Matallanas...) que no ha ayudado precisamente a facilitar su relación con un Simeone empeñado con sus declaraciones y decisiones en cebar un runrún que resulta lamentable para una afición que idolatra merecidamente tanto a uno como a otro. Más allá de eso, Torres es uno de los atléticos más ejemplares que han pasado por el club en toda su historia. Es la estrella que brilló en la época más oscura del Atleti. Por eso, especialmente ahora que ha anunciado su marcha definitiva del equipo tras su retorno en 2015, merece el máximo respeto y agradecimiento: por lo que ha demostrado con un balón en los pies y sin él. Fernando Torres es una de esas personas que permiten responder a la pregunta "¿Papá, por qué somos del Atleti?". Un apunte a propósito de todo esto: en los últimos tiempos parece que el Atlético de Madrid es demasiado propenso a "perder" emblemas generacionales con preocupante ligereza: el Vicente Calderón, el escudo y ahora Fernando Torres.

El crack, elegante como siempre en el fondo y en las formas, afirma que se va por su falta de protagonismo. Es decir, por la falta de oportunidades. Nadie podrá discutir ni la legitimidad de su razón ni el fundamento de la misma...ni el decisivo papel del entrenador del equipo en ella. Hace unas semanas analicé la relación entre Simeone y Torres en un artículo. Por eso, no me extenderé mucho ahora. Baste decir que "Cholo", como cualquier persona, es libre de hacer lo que quiera. Incluso, de equivocarse. Equivocarse, sí, y no por decir esto se es menos atlético o agracedido. Simeone no se ha portado bien con Torres. Es obvio que el legendario delantero está en plena decadencia, que los años no perdonan, que los datos no mienten, que las sensaciones no engañan y que el nivel de exigencia en este Atleti es descomunal, sí, pero Torres se merecía otro trato tanto en lo extradeportivo como en lo estrictamente deportivo. Y aquí es donde entra en juego Simeone. En ese sentido, creo que el técnico colchonero no ha sabido o tal vez no ha querido gestionar con justicia a Torres ni en su condición de futbolista ni en su condición de ídolo. Creo sinceramente que, en su última etapa como jugador en el club, el 9 se ha merecido más respeto, confianza, tacto y minutos, algo que Simeone ha negado al madrileño con mayor o menor sutileza mientras desperdiciaba atenciones y oportunidades con medianías como Vietto o Gameiro. ¿Por qué? Él sabrá. A mí, por ejemplo, me parece todo un insulto (tanto a Torres como a la afición) que un presunto ¿jugador? de ¿fútbol? como Ángel Correa tenga más respaldo verbal, afectivo y deportivo por el Cholo que un jugador histórico y de fama mundial como Torres. A lo mejor el problema es que es nacido en Fuenlabrada (Madrid) y no en Rosario (Argentina). No sé. Lo que sí tengo clarísimo es que lo de Simeone con Torres, como dije en aquel artículo, no se explica ni excusa con criterios como el rendimiento u otros factores objetivos. Hay algo más. Y es evidente. La pena es precisamente eso, que es evidente, porque con esa guerra fría que Simeone no se ha molestado en disimular (sus pullas, feos y ninguneos han sido más que evidentes y reiterados) quien sale perdiendo es la afición, que es lo único que siempre estuvo, está y estará por encima del club. Así las cosas, creo que la salida de Torres del Atleti está siendo tan "injusta" e ingrata como lo fue la de Casillas del Madrid, teniendo en este caso a Simeone como el Mourinho de la función. 

Yo no soy especialmente mitómano, pero reconozco que hay varias leyendas atléticas a las que admiro profundamente: Luis Aragonés, Futre, Kiko, Forlán, Godín y...Fernando Torres. Por eso, del fuenlabreño, como muchos otros aficionados, guardo para siempre varias imágenes en la memoria, momentos de esos que sólo se pueden resumir con la piel erizada. Por eso, hoy me siento muy apenado. Mi único consuelo es que quedan varios partidos para poder despedir a este grandísimo jugador y emblema del Atlético. Ojalá que la página final de Torres en el Atleti como jugador se cierre levantando un trofeo (la Europa League). Tanto él como todos los atléticos nos lo merecemos.

domingo, 8 de abril de 2018

Aprendiendo de Oblak

No es la primera vez que lo escribo. Hasta de un mal partido se pueden extraer lecciones interesantes. Incluso moralejas que trasciendan lo deportivo. El encuentro de Europa League entre Atlético y Sporting de Lisboa es un ejemplo de ello, un choque sin mucha historia en el que el Atleti se limitó a ser fiable mientras el rival portugués se disparaba en el pie. Cuando tu enemigo tiene un nivel "Coentrao", ya puedes mandar a Homero a su casa, porque la batalla no va a tener épica ni la victoria mérito. Se habría agradecido algo más de vistosidad o pasión por los rojiblancos, aunque sólo fuera por recompensar a su fiel hinchada, pero teniendo en cuenta los antecedentes y el momento de la temporada, un 2-0 apacigua lo suficiente cualquier reproche, por mucho que el rival se hubiera merecido una auténtica goleada.

Pero, como decía, el partido dejó lecciones que valen la pena. Una, la importancia de ganar; para lo cual resultaron decisivos Diego Costa (lástima que su clamoroso fallo empañara su estupendo partido) y Antoine Griezmann (que evidenció que causa aún más estragos en la mediapunta que en la delantera). Otra, la importancia de no perder lo ganado; en lo que un partido más resultó crucial ese portero de dibujos animados que es Jan Oblak, al que, por cierto, ya están tardando los prescritos en blindar. No confiarse, permanecer alerta, estar listo para hacerlo bien cuando lo inesperado te pone a prueba, dejar que tus actos hablen por ti, cuidar lo que has conseguido a base de esfuerzo y convicción, no dudar cuando la situación exige decisiones firmes y rápidas, estar en el momento y lugar adecuado cuando los demás necesitan de ti...todos estos mandamientos los cumple Oblak con un rigor casi inverosímil cada partido, incluido el del Sporting, dado que gracias al portero rojiblanco los portugueses no se marcharon con un 2-1 que habría puesto la eliminatoria mucho más incierta. No obstante, como apuntaba al principio, ese decálogo de Oblak se puede extrapolar fuera de lo futbolístico y aún de lo netamente deportivo. Esas enseñanzas que deja Oblak en su forma de ser y estar durante los partidos son estupendas para hacer bien las cosas en múltiples terrenos de la vida de una persona: sentimental, laboral, social, familiar...Y es que hay veces que estamos tan ensimismados o acostumbrados con lo que hemos conseguido que olvidamos que eso, lo logrado, requiere toda nuestra atención y dedicación si no queremos perderlo de buenas a primeras, con o sin merecimiento mediante.

Así que, no, no fue un buen partido pero al menos sirvió para que cualquier aficionado pueda recordar algo que merece la pena recordar, con independencia de la camiseta que vistas en tu corazón. ¡Aúpa Atleti!

lunes, 2 de abril de 2018

Como una vaca pastando

A veces a la vida es como una vaca pastando: carente de toda poesía y épica pero rebosante de eficacia y pragmatismo. El partido de anoche entre el Atlético y el Deportivo fue una vaca pastando. 

Fue un encuentro sin mucha historia en el que el Atleti se llevó más sustos de los esperables, sofocados afortunadamente por Oblak (hacerle un gol es tan frecuente como tener a Charlize Theron en tu agenda del móvil) y Lucas (espectacular su acción supersónica en la segunda parte, desbaratando una clarísima ocasión de gol deportivista). Más allá de eso, el Atlético tuvo sus nombres propios en Gameiro (que dejó de ser un holograma para marcar brillantemente un riguroso penalti), Thomas (que dirige al equipo infinitamente mejor que Koke) y Carlos Isaac (quien derrochó honradez canterana por la banda derecha, cuajando un buen debut). Aparte de esto, nada que destacar. O quizá sí: Correa volvió a ser "el increíble hombre-pifia"; una vez más, todo lo que hizo el voluntarioso pero atolondrado jugador argentino estuvo mal. Tiene un don. Quizá el mismo que el que rediseñó cierto escudo, por desgracia para todos los que queremos al club...

En resumen: el 1-0 fue el mejor legado de un encuentro sin sal ni picante pero que supone exactamente el mismo número de puntos que habría dejado una victoria apoteósica y orgásmica. El jueves, con la Europa League en juego, muy probablemente será otra historia. Afortunadamente. ¡Aúpa Atleti!

jueves, 1 de marzo de 2018

Euforia tras otra Griezmann session

Con el tiempo timburtoniano concediendo una breve tregua a las gradas, la actualidad dándole la razón a quien piensa que el fútbol es un negocio (chino) y el legendario Quini en el cielo, el Atlético de Madrid recibió anoche la vista del Leganés.  

Tras el esplendoroso partido-vendetta contra el Sevilla, había ganas de comprobar en el Metropolitano si el equipo rojiblanco seguía tan entonado como en el Sánchez Pizjuán o volvía a hacer malabares con el "unocerismo". Por suerte para los aficionados colchoneros y disgusto para los pepineros, el Atleti demostró que sigue en modo "Ola de Nazaré". En ello tiene buena parte de responsabilidad Antoine Griezmann, que lleva una semana simplemente escandalosa en goles (siete en dos partidos) y juego (asistencias, desmarques, ayuda defensiva...). Si el fútbol es música, el francés es el David Guetta del Atlético. Griezmann es todo un DJ a la hora de poner on fire las emociones de los aficionados atléticos, tanto cuando se equivoca (sin el balón), como cuando acierta (con el balón). Un DJ que tiene en Diego Costa, Koke y Filipe Luis sus mejores socios a la hora de dar alegría al corazón de la hinchada rojiblanca. Mención especial merece el caso de Costa: su retorno ha sido para el Atlético como la pócima de Panorámix para Astérix y cía. Y el principal beneficiado de eso es Griezmann, quien lidera con alegría y desenfado la avalancha futbolística rojiblanca. Si esta es su última temporada vistiendo la camiseta del Atleti, está claro que el francés parece decidido a escribir una despedida con letras de oro.

No obstante, en este dulce momento, no todo se explica con Griezmann: por un lado, defensivamente vuelve a ser un equipo absolutamente numantino que protege a un portero sobrenatural; por otro, varios jugadores están ya muy cerca de su mejor versión (o del salario que cobran) y eso ha mejorado notablemente el juego combinativo y la eficacia de cara a la portería rival. En resumen: todo empieza a encajar a la perfección. Por eso, el Atlético se ha ganado el derecho a soñar con alzar al menos un trofeo esta temporada. Por eso, es el único equipo capaz de dar caza actualmente a ese extraterrestre llamado Messi.

Para desgracia de haters, bocazas, envidiosos y chiringuiteros, el Atleti vuelve a transmitir muy buenas sensaciones. Habrá quien lamente que esta versión "Supersaiyajin" del equipo rojiblanco no haya llegado antes y así estar vivos en Liga de Campeones y Copa del Rey. Pero el Atlético de Madrid es, para bien o para mal, tan imprevisible como el jazz. Por eso, los aficionados colchoneros estamos hechos de otra pasta. Por eso, ahora toca mantener la cabeza fría y disfrutar...partido a partido. ¡Aúpa Atleti!

viernes, 23 de febrero de 2018

Un partido de seis minutos

Cuando haces las cosas bien y en su debido momento, luego sueles tener tiempo libre. El Atlético de Madrid hizo las cosas bien en Dinamarca en la ida de la eliminatoria de su estreno en Europa League. Le sobraban noventa minutos, los de la vuelta en el estadio Metropolitano. Afortunadamente para las de más cuarenta mil almas congregadas en la monumental fresquera, esto no se notó durante seis minutos, los que tardó Gameiro en dejar un poco más atrás el sarcástico mote de "Falleiro" con un golazo desde la frontal. Ahí se acabó todo; al menos todo lo relevante en lo estrictamente futbolístico, dado que lo más ofensivo del Copenhague fueron sus hinchas, quienes de cuando en cuando cantaban "Pu*a Atlético-Pu*a Atlético" pasándose por sus Hamlets el respect que circundaba el césped. Por eso, el encuentro tuvo más de resistencia al tedio y al frío que de competición digna de interés. Cómo sería la cosa que corriendo el minuto 73 ya había aficionados enfilando la salida para llegar al hogar, dulce hogar. 

Con esa especie de pachanga al fresco sobre el terreno de juego, lo más noticiable estuvo en la gestión que la afición hizo del caso Simeone-Torres, demostrando que por mucha falta de tacto del Cholo, por mucha cizaña que siembre el entorno de Torres y por muchas portadas que perpetre MARCA, la hinchada rojiblanca no está para guerras civiles ni cismas ni divorcios. Entrenador y jugador fueron ovacionados por igual al anunciarse la alineación y coreados salomónicamente durante el partido. Los atléticos sólo sabemos una cosa: honrar a nuestras leyendas. Y Simeone y Torres lo son. Punto. 

Por lo demás, muy poco que reseñar: Gabi demostró por qué ha perdido la titularidad, Koke evidenció que de resurrección actualmente sólo tiene el apellido, Gameiro confirmó que su retorno al mundo de los vivos va por buen camino y Torres, para desilusión de la hinchada, fue víctima una vez más de la impotencia que le persigue cuando al Cholo le da por hacerlo jugar. Tampoco es que la exigencia del partido admitiera muchas más pegas, toda vez que lo exhibido por ambos conjuntos en el césped fue de un nivel "Me importa un Carrasco".

Por todo eso, lo mejor del encuentro fue volver al calor del hogar habiendo finiquitado con solvencia una eliminatoria de la competeción llamada a borrar los amargores de la eliminación en Champions y Copa del Rey esta temporada. ¡Aúpa Atleti!

jueves, 22 de febrero de 2018

El caso Simeone-Torres

Dos no se pelean si uno no quiere. Aquí, parece ser, que ambos quieren. Uno por acción y otro por omisión. El uno es Diego Pablo Simeone, el otro, Fernando Torres. Ambos, leyendas vivas del Atlético de Madrid. Ambos, protagonistas (otra vez) de una innecesaria y contraproducente polémica en uno de los momentos más inconvenientes de la temporada.

Yo nunca he sido particularmente "torrista" pero sí he sido y soy enemigo de los agravios comparativos, las incoherencias y la hipocresía. Así que, en todo este sarao, estoy más cerca de reprochar al "Cholo" que de atizar al "Niño".

Fernando Torres se fue del Atleti cuando se le quedó pequeño y mediocre y regresó, en un canto del cisne entrañable y romántico, a un equipo que estaba a la altura más del Torres del pasado que del Torres del presente. Se puede decir que los mejores momentos de Torres y del Atleti nunca han estado sincronizados en el tiempo y el espacio, por mucho que sí lo estén en el corazón y la memoria de la hinchada. Pese a su indudable declive físico (el fuenlabreño es la versión colchonera de "Cid Campeador postmortem"), ese que impide desgraciada e irremediablemente volver a ver su versión "crack mundial", Torres ha tenido en mi opinión un comportamiento ejemplar dentro y fuera del césped, sin poner nunca en ningún compromiso a nadie, derrochando elegancia, prudencia, discreción y respeto. Sí, el actual Torres se cae, no llega o falla. Y eso, en un equipo donde la competitividad es caníbal, penaliza especialmente. Por eso creo que habría sido interesante poder ver si "El Niño", en su crepúsculo, hubiera sabido reinventarse útilmente en rol y juego, como por ejemplo ha hecho estupendamente Pau Gasol en San Antonio. Digo "habría sido" porque no ha habido opción. Una imposibilidad que se debe, por un lado, a la propia dinámica competitiva y exigente del actual Atlético (Costa, Griezmann y Gameiro...) y, por otro, a que tiene en el entrenador a un enemigo íntimo. Torres no está para titular pero obviamente sí se ha merecido más respeto y oportunidades. Lo único que se le puede reprochar a Torres es no haber puesto en cuarentena a ese entorno tóxico que tiene (bocazas incendiarios como Antonio Sanz, cretinos repugnantes como Matallanas...) para haber evitado que al entrenador se le calienten las maneras. Pero, independientemente de eso, Fernando Torres se merece el mayor de los respetos y el más absoluto de los agradadecimientos en el fondo y en las formas, porque es con todo merecimiento un tipo a la altura de Aragonés, Gárate, Adelardo y cía. Algo que parece haber olvidado Simeone.

Diego Pablo "Cholo" Simeone es mesías, chamán, terapeuta, mariscal, Papa y presidente de facto del Atlético de Madrid. Por eso es, tras el mítico Luis Aragonés, el mejor entrenador imaginable para el Atleti. Gracias a él, el club está donde está, a pesar de sus dirigentes. Gracias a Simeone, Fernando Torres tuvo un gran club al que volver. Tan "sencillo" como eso. Por tanto, Simeone es otro miembro, como el fuenlabreño, del club de tipos a los que cualquier aficionado colchonero debe estar eternamente agradecido y concederle el máximo de los respetos a perpetuidad. El problema con Simeone es que se ha creído Simeone. Así, el "Cholo" ha ido perdiendo en los últimos tiempos bastante naturalidad, coherencia y humildad (que es algo muy distinto a la falsa modestia). A su estilo, el Cholo está hoy más cerca del infame Mourinho que del tipo que obró con el equipo rojiblanco un milagro digno de Lourdes. ¿Mal de altura? Quizá. Lo cierto es que su relación con Torres cada día me recuerda más a la que tuvo el asqueroso portugués con Íker Casillas, la cual todo el mundo sabe cómo acabó. Creo sinceramente que Simeone no lleva nada bien el inmenso halo admirativo que rodea a Fernando Torres y no creo que se deba a que eso pueda suponer un menosprecio a sus compañeros o un motivo de distracción para el grupo sino a que Simeone no quiere compartir pedestal, una reacción, por otro lado, profundamente humana y más en alguien tan competitivo como el "Cholo". Pero el tema no está en que Simeone tenga más o menos envidia a Torres, sino en que los argumentos que utiliza para menospreciarlo se convierten en agravios comparativos.

Torres no necesita que Simeone ni nadie dé la cara por él o le facilite su estancia en el Atleti. Ahora mismo, no se me ocurre ningún jugador rojiblanco más laureado que Torres ni ninguno en activo que represente mejor que él los valores del Atlético. Alguien así no necesita defensores...pero tampoco hipócritas. Y sí, con esto me estoy refiriendo al Cholo y sus argumentos para respaldar el menosprecio a Torres. Argumentos con los que estaría absolutamente de acuerdo...si se aplicaran sin excepciones. Me explico: si la edad ha mermado físicamente a Torres hasta hacerlo poco "competitivo" ¿me explica alguien por qué Gabi sigue aún contando con el favor de Simeone cuando está para no salir del banquillo?; si el rendimiento en el césped es el listón para dar o quitar oportunidades ¿me explica alguien por qué Koke no tiene un asiento reservado en la grada en las últimas temporadas?; si Simeone no se casa con nadie ¿me explica alguien por qué Correa parece ser innegociable cuando el voluntarioso chaval hace bien una de cada cien cosas que intenta? Está claro que todas las personas nos movemos por filias y fobias. Tan claro como que la última de etapa como jugador de Fernando Torres en el Atlético de Madrid está llegando a su fin. Por eso, sería no sólo sano sino imprescindible que a alguien que lo ha dado todo por este escudo aun cuando no vestía la rojiblanca se le tuviera el respeto suficiente para no ser injustos con él y amargar su ocaso. Entre la titularidad indiscutible y el desdén injustificable hay un término medio que se presenta como lo más higiénico y deseable para no seguir alimentando a haters de Simeone o de Torres ni a los medios de propaganda madridistas en un momento de la temporada que requiere concentración y estabilidad en beneficio de todos. Y esto, el primero que debería verlo es el propio "Cholo", quien está siendo injusto con Torres por la vía del agravio comparativo. Además, a Simeone no le conviene ser injusto con nadie, principalmente porque la afición no lo es con él. ¿Alguien le ha arrojado a la cara sus Vieto, Gaitán, Kranevitter y demás all stars? ¿Alguien le ha reprochado continuamente sus planteamientos miedicas en partidos decisivos? Pues eso. 

En fin. Es una pena que dos auténticos mitos del Atleti sean protagonistas de una polémica que no hace ningún bien ni a ellos ni al club ni a la afición. Con lo fácil que es no pelearse.

lunes, 19 de febrero de 2018

Todo menos penalti

Dos partidos por el precio de uno y una victoria con sabor a parricidio. Así se podría resumir el encuentro Atlético de Madrid - Athletic de Bilbao que se saldó con un 2-0 a favor los locales pero escaso teniendo en cuenta el despliegue de méritos rojiblancos.

Como decía, la hinchada que llenó ayer el Metropolitano pudo ver por el precio de una entrada dos partidos contra dos rivales diferentes, según la parte en que nos fijemos. Doble sesión vespertina. 
En los primeros 45 minutos, si hubo alguien que estuvo presente en los pensamientos de la afición colchonera fueron la madre y el padre (no haré discriminación por sexo) de González González, quien evidenció sin nocturnidad pero con alevosía que es más fácil ver un penalti a favor del Atleti que un buen árbitro en un partido de la LFP. Así las cosas, tirando de incompetencia y chulería, el colegiado decidió erigirse en el gran rival del entonado conjunto madrileño ante el desempeño de los visitantes vizcaínos, el cual era tan atractivo como un festival de jotas maoríes. González González demostró por un lado que su relación con el reglamento es aún peor que la que tiene con Diego Costa y, por otro, que si eres cretino crónico el arbitraje es una magnífica salida laboral en España. Penaltis sin pitar, tarjetas sin sacar, faltas sin sancionar...un auténtico monstruo que llevó al graderío a padecer coprolalia y al equipo local a dudar entre cortarse las venas o cortárselas al árbitro.
En los restantes 45 minutos, con González González reducido a meros y nefastos cameos, el gran rival fue el propio tiempo cronológico porque había el peligro de que el incontestable buen hacer del Atleti quedara sin premio ante unos leones más propios de un circo que de San Mamés, teniendo en cuenta que hacían menos daño que una patada de un recién nacido (un Athletic sin Aritz Adúriz ni Raúl García es como una pistola sin balas). Quizá por eso, por aburrimiento o por entrar en calor, Oblak decidió parar el crono y la respiración de todo el personal al transformar un lío en dos recortes de los que ponen a prueba los desfibriladores que hay repartidos en los vomitorios del Metropolitano. El inesperado show de Oblak con los pies fue la mecha que hizo saltar por los aires el empate y llevó la justicia a un marcador que pudo y debió ser más amplio a favor de los locales. 

El Atlético no hizo un partido espectacular pero sí uno muy sólido, como en los buenos ¿viejos? tiempos. Gracias a eso, se pudieron ver bastantes buenas jugadas firmadas por los locales y a muchos jugadores demostrando por qué merecen la titularidad. Por eso, sería casi obsceno señalar para bien o para mal a algún jugador en detrimento del resto. El Atleti fue ayer lo que quiere Simeone y lo que premia el aficionado: un equipo que lo da todo en el campo para ganar. Y lo dio. Y ganó. Quizá el mejor termómetro del actual Atleti es Griezmann, que ayer volvió a dar un sensacional ejemplo de que se puede ser crack y obrero al mismo tiempo. Tal vez, mientras Koke siga sin resurrección, el francés sea la mejor opción para llevar el pánico a las líneas enemigas desde la mediapunta, teniendo en cuenta que la delantera con Costa y Gameiro parece bien cubierta hoy por hoy. Griezmann no marcó pero resultó decisivo para el triunfo de un equipo rojiblanco que ayer recordó a quien lo quiso olvidar que no sólo sabe pelear contra todos los elementos (arbitrajes, lesiones, etc) sino que además, cuando se pone, ofrece un fútbol tan agradable o más que la tarde que se quedó ayer en el Metropolitano con un 2-0 tras un partido en el que hubo de todo menos un penalti.    

lunes, 5 de febrero de 2018

El difícil arte de levantarse

Este artículo no va de lo que pasa cada lunes en cuanto te desconectas de la almohada. Ni de lo que pasa un domingo tras un febril sábado noche en el que cultivaste con esmero la resaca. Ni de lo que pasa la mañana siguiente a perder el trabajo o la pareja. Ni de lo que pasa al primer amanecer tras enterrar a un ser querido. Pero algo de eso tiene.

Al Atlético de Madrid muchos, dentro y fuera de la afición rojiblanca, le habían dado por caído tras sus merecidas eliminaciones en Liga de Campeones y Copa del Rey. Y es cierto: cayó. Pero no menos cierto es que el Atleti tiene el ADN de Luis Aragonés y la sangre de Diego Pablo "Cholo" Simeone, dos virtudes que hacen imperdonable olvidar que cuando este equipo cae, siempre se levanta. Aunque cueste, aunque dé pereza, aunque duela, aunque la melancolía sea un veneno apetecible, aunque apetezca chapotear en el charco de la autocompasión, aunque seduzca la idea repartir metralla en 360 grados, aunque lo cómodo sea mandarlo todo a la mierda, aunque lo fácil sea quedarte a oscuras por decisión propia...el Atleti se levanta, porque no son las victorias las que definen a un auténtico campeón sino las veces que se levanta tras caer

Y eso, levantarse, es lo que ha hecho el Atlético de Madrid en los dos últimos partidos de Liga contra dos rivales tan dignos como inocuos. En este levantamiento ha sido clave la actitud de los jugadores quienes, con o sin "cholina" mediante, han demostrado un orgullo propio de aquellos espartanos que escribieron su leyenda en las Termópilas. La verdad es que el contexto emocional en que se ha jugado contra Las Palmas (3-0) y Valencia (1-0) ha sido claramente bipolar: o "Toma de La Bastilla" o "Te quiero Atleti lo-lo-lo-lo-lo-lo". Afortunadamente ha sido lo segundo. Y ha sido así gracias no sólo a la profesionalidad de los jugadores (para eso se les paga) sino al compromiso que han demostrado con todos esos intangibles que pesan tanto en el corazón y el recuerdo de los hinchas. El Atlético estará más o menos afortunado en los pases y los tiros pero hoy por hoy sólo un imbécil podría cuestionar que cada jugador, dentro de su singularidad, capacidad y circunstancia, está demostrando el coraje, el corazón y la dignidad suficientes para vestir la rojiblanca. En el momento más oscuro de la presente temporada, cuando los carroñeros ojeaban ya el menú, cuando los haters inauguraban aserraderos de árboles caídos, cuando los medios de comunicación sólo prestaban atención al equipo para sembrar cizaña y esparcir humo y mierda, cuando muchos "nuevos colchoneros" pecaban del mismo clasismo y oportunismo que los vecinos merengues, cuando algunos tenían la tentación de agachar la mirada...el Atleti ha vuelto a levantarse (y van...). Un zasca sin estridencias ni postureos, pero un zasca en definitiva a todos aquellos que no lo pueden entender ni saben qué se siente. Un giro de guión para incrédulos que sabe al alimento preferido por la hinchada rojiblanca: orgullo.

Naturalmente, tras estas dos oportunísimas victorias, hoy más que nunca hay que ser fieles al mantra cholista del partido al partido y abandonar toda ciencia-ficción de barra de bar. Pero hoy también hay que decir que los chicos del Cholo se merecen un "gracias" de parte de muchos y un "perdón" por parte de otros tantos. ¿Por qué? Por convertir los miedos y las críticas en aplausos y sonrisas. Por ganar contra todos los elementos: las lesiones, los deméritos propios, la presión, la prensa, los bocachanclas, el frío, la lluvia, la nieve, los árbitros...Cuestión curiosa esta de los árbitros, por cierto. No conozco ninguna profesión donde tanta negligencia quede tan impune. Sólo hay una cosa que me asombra más que ver cómo los árbitros conservan su sueldo: contemplar cómo se pavonean cual torero en Las Ventas pese a fallar una vez sí y otra también por reinterpretar el reglamento a su libre albedrío de tal manera que si un portero sale a por uvas y revienta la cara a un jugador rival en el área no es penalti (¡Ánimo, Godín!). Gilipollas del mundo, no lo dudéis: el arbitraje es vuestra mejor salida profesional. 

Acabo ya. Yo no sé qué logrará el Atleti esta temporada. Tampoco me quita el sueño. Pero lo que sí sé que es más fácil soñar cuando aprendes algo positivo y útil para la vida: que caer es la excusa perfecta para levantarte, que esto de vivir no consiste en lo que te pasa sino en qué haces con lo que te pasa. Y el Atleti, con todo lo que le está pasando esta temporada, sigue siendo ese equipo único, entrañable y apasionante que hace fácil lo difícil, como, por ejemplo, levantarse. ¡Aúpa Atleti!

miércoles, 24 de enero de 2018

Algo mayor que la pena

Lo reconozco. No tengo ni puñetera idea del momento en que el Atlético de Madrid pasó de ser un equipo temible a una entidad caritativa. Quizá empezó con la marcha de Tiago. O con la de Raúl García. Pero la realidad es que el Atleti de Simeone hace tiempo que ya no es ni parece el Atleti de Simeone. Ha perdido todas las señas de identidad, todas esas características que pintaron el nirvana de rojo y blanco. ¿Dónde está la intensidad que canibalizaba a los rivales? ¿Qué fue de esa rabiosa ambición que disparaba la adrenalina de la hinchada? ¿Cuándo perdió esa increíble concentración que tantos disgustos nos ahorró? ¿Por qué no hay rastro del coraje y corazón que se transformaban en orgullo en las gradas? ¿En qué momento se olvidó el "partido a partido" y el "jugar cada partido como si fuera el último"? ¿Cómo es posible que haya jugadores que sigan disfrutando de titularidades u oportunidades cuando antaño, con el mismo entrenador, serían carne de banquillo, grada o traspaso? ¿Qué día se decidió premiar la torpeza, la apatía o el despiste en un club que presumía de eficacia, compromiso y concentración? No se trata de no tener memoria ni de ser desagracedido. Precisamente por tener memoria de lo hecho y por gratitud al descomunal milagro que hizo Simeone duele y avergüenza tanto este bochornoso mes de Enero en el que el Atleti se ha vuelto presa fácil de haters propios y ajenos.

Como decía, el Atleti hoy por hoy está más cerca de ser una entidad caritativa que el equipo al que Simeone elevó al Olimpo futbolístico. Caritativa, sí, por que el Atlético da oportunidades (de jugar) a quien no se las merece y permite ocasiones (de gol) a quien no te las va a conceder. Puro altruismo contraproducente. Y no es algo meramente subjetivo. Enero es netamente objetivo, realismo sin adulterar: el Atlético actual defiende y ataca con la fiereza de un monja nonagenaria, tiene la precisión de una escopeta de feria, sufre de un mediocampo convertido en el camarote de los Hermanos Marx, posee el mismo temple que un adolescente en plena hormonación, tiene varios pilares a años luz de su mejor versión, exhibe jugadores que son más propios de las épocas más pintorescamente oscuras del club que de un equipo temido y Simeone dedica más tiempo a perseverar en errores que en demostrar algo parecido a autocrítica. Uno de esos errores, quizás el más reiterado e irritante, es dar oportunidades a jugadores que no se las merecen: esto es un club de fútbol, no una casa de beneficencia. Mérito y rendimiento, de eso va esto y casi todo en la vida. La pena, la caridad y la condescendencia para la misa de los domingos o las campañas de Change.org. 

Hoy el Sevilla, sin hacer nuevamente un fútbol demoledor, ha arrollado al Atleti, dejando siniestro total el ánimo de una afición que actualmente sólo tiene en Oblak y Costa a tipos dignos de ella. Y no, no se trata de ganar como sea ni de títulos ni de estadísticas ni récords ni de estética. Se trata de sentirse orgulloso. Y cuando lo que sientes es pena o vergüenza, no queda espacio para el orgullo. Quizá sí lo hay para la melancolía. Se puede y debe estar muy orgulloso de lo logrado por Simeone y los jugadores en estos años pasados...pero el presente no invita a sentir ninguna clase de orgullo. Quizá porque ni los propios jugadores lo demuestran en el campo. Porque, más allá de la porción de culpa que pueda tener Simeone (que tiene indudablemente su responsabilidad en todo este cisco), lo que no se puede aceptar es que sigan jugando con el Atleti tíos que con su actitud o su desempeño han dinamitado cualquier confianza o crédito que pudieran tener o merecer.

Habrá quien diga, con un punto de demagogia facilona y bastante ironía, que mejor estábamos con Manzano o en la época en la que éramos un equipo más castizo y low cost. Yo fui, soy y seré siempre del Atleti, aunque éste jugara en una liga de barrio. Lo único que pido es que el Atlético me haga sentir orgulloso de él en la victoria, el empate y la derrota. Nada más. 

De todos modos, como vengo diciendo en estos últimos partidos, cosas así siempre dejan lecciones constructivas. Hoy, la merecida eliminación de la segunda competición en lo que va de temporada, deja algunas de ellas: la mejor es que después de tocar fondo, porque esto es tocar fondo, sólo se puede ir hacia arriba y, con un poco de suerte, ese "arriba" nos pillará en la final de la Europa League. Claro que, para llegar a ese hito, habrá que asumir de una santa vez que hay jugadores a los que la edad les ha pasado por encima o a los que prensa y afición han sobrevalorado de forma contraproducente para todos o a los que habrá que buscar acomodo en otro club o en la grada o a los que no se les puede dar más premio que el banquillo. Es mi opinión pero creo de verdad que, más allá de la justa eliminatoria copera, este patético y frustrante Enero deja triste y merecidamente señalados a tipos como Correa, Gabi, Koke, Thomas, Gameiro, Carrasco, Moyá...además de al propio Simeone, al que ya no le funciona ni la táctica ni los planteamientos ni los cambios ni la retórica para mantener las buenas sensaciones, ésas que hace ya tiempo que quedaron en el retrovisor. Hay que ser justos tanto en las alabanzas como en los reproches. ¿Quiero decir con esto que hay que pitar al equipo, a ciertos jugadores o al entrenador? En absoluto. La afición rojiblanca siempre ha estado muy por encima de los resultados y los momentos y así debe seguir siendo, porque si no seríamos una afición tan ventajista, oportunista, interesada y cínica como la del Madrid. Lo que quiero decir es que del mismo modo que el forofismo no debe ser una venda en los ojos de nadie, empezando por el entrenador y acabando por cualquiera de los que amamos a este equipo, tampoco debe ser gasolina en tiempos de incendio. Como decía el Doctor Jeckyll: "Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite". Y, ahora que el Atleti está convertido en un horrible Mr. Hyde, ahora que el Atleti no se merece la afición que tiene, es precisamente cuando la hinchada debe demostrar que, por muchos años, estadios y escudos que pasen, siempre estaremos a la altura de nuestra fama.

Y sí. El Atlético hoy por hoy da absoluta pena. Pero hay algo mayor que la pena y que debe seguir latiendo, pase lo que pase: el corazón de los auténticos protagonistas del Atleti: nosotros, los aficionados. Se suele decir que los hinchas somos el jugador número 12. Y la afición del Atleti es el mejor ejemplo de eso en todo el planeta futbolístico. Por eso, que por nosotros no quede: a poner el alma en la garganta y el corazón en los aplausos. Así que...¡A seguir latiendo! ¡Aúpa Atleti!