De todo esto son conscientes tanto los electores como, especialmente,
los elegibles. De ahí que entre unos y otros se establezca un tácito
pacto de complicidad, la misma convención que se establece entre una
obra de ficción y el público: se asume como real y creíble algo que no
lo es. Por esta razón, la opereta en que ha devenido el vodevil político
de España sería impensable sin la complicidad o connivencia de
nosotros, los españoles. Somos como los internautas que se detienen a
ver "La salchipapa" con la intención de criticar y/o descojonarse de la
criatura que perpetra el videoclip sin caer en la cuenta (o eso quiero
creer) de que muy posiblemente sea ella la que se descojone realmente de
nosotros porque, en el fondo, le hacemos el juego y le damos lo que
busca (de momento,más de 3 millones de visionados del lovecratfiano videoclip). Leticia Sabater de nuevo, esta vez como trasunto de la clase
política española (si cito una tercera vez el nombre de esta señora,
Cthulhu se alzará de su sueño y yo deberé ser ingresado en Arkham).viernes, 24 de junio de 2016
España como Leticia Sabater
En una España que parece el cruce entre "Bienvenido Mr. Marshall" y
"Amanece que no es poco", apenas o nada extraña que nos veamos abocados
al día de la marmota electoral.
Muy seguramente, se repondrán en breve los grandes tópicos de ayer, hoy y de siempre y
se hablará de la "fiesta de la democracia", del "triunfo de la
ciudadanía", de la "importancia de ir a votar" y todo ese famoso
etcétera aderezado con emulsiones de bla, bla, bla. Lo mismo de siempre
para dar un barniz de normalidad a una situación absolutamente anormal
pero coherente con esa lógica absurda que ha convertido la política
española en una 'spoof' movie de una democracia occidental con un guión
que ni los de Mel Brooks. Dicho de otra manera: "La salchipapa" es
anormal con respecto a la música pero totalmente congruente con Leticia
Sabater. Leticia Sabater como correlato objetivo de España, a este punto
hemos llegado.
Así las cosas, visto el percal, me gustaría reflexionar brevemente sobre el asunto del voto. Lo primero que quiero decir es (atención 'spoilers') que no puede
decirse seriamente que vivamos en una democracia cuando ya de base el
voto de los ciudadanos no vale lo mismo dependiendo del lugar del que
hablemos. Realidad 1 - Ingenuidad 0. Gracias al sistema electoral
vigente (hola, Ley D'Hont) podemos colocar la igualdad de los ciudadanos
junto la separación de los tres poderes o la libertad de prensa, esto
es, en el cajón de "Cosas deseables pero inexistentes en España". Ya
sólo por ese motivo, convendría dejar de ponerse estupendo y no venirse
arriba al hablar de las elecciones en esta democracia de serie B.
Además, merece la pena
recordar que aquí, por culpa de la irresponsabilidad
de los partidos y los ciudadanos, un voto es una patente de corso
concedida más por enajenación, sugestión, placebo o despecho que por
conciencia cívica, consciencia política o convicción ideológica.
Realidad 2 - Ingenuidad 0. Y para rematar: en España, tenemos una
arraigada tradición que se prolonga hasta nuestros días en la que más
que votar "por" se vota "contra", porque decidimos sustituir los
sangrientos derbis guerracivilistas por reyertas de sobre y papeleta.
Por eso, poco o nada importan los programas, los debates y las promesas porque se
vota como quien ajusta cuentas: con las entrañas. No hay, por tanto, más
realidad que esta impostura de la que, por corrección política,
renegamos. Realidad 3 - Ingenuidad 0.
De todo esto son conscientes tanto los electores como, especialmente,
los elegibles. De ahí que entre unos y otros se establezca un tácito
pacto de complicidad, la misma convención que se establece entre una
obra de ficción y el público: se asume como real y creíble algo que no
lo es. Por esta razón, la opereta en que ha devenido el vodevil político
de España sería impensable sin la complicidad o connivencia de
nosotros, los españoles. Somos como los internautas que se detienen a
ver "La salchipapa" con la intención de criticar y/o descojonarse de la
criatura que perpetra el videoclip sin caer en la cuenta (o eso quiero
creer) de que muy posiblemente sea ella la que se descojone realmente de
nosotros porque, en el fondo, le hacemos el juego y le damos lo que
busca (de momento,más de 3 millones de visionados del lovecratfiano videoclip). Leticia Sabater de nuevo, esta vez como trasunto de la clase
política española (si cito una tercera vez el nombre de esta señora,
Cthulhu se alzará de su sueño y yo deberé ser ingresado en Arkham).
De todos modos, tal y como está el percal, tanto si votas como si no,
estarás siendo cómplice de algo que puede ser un despropósito nivel
Godzilla. De ahí que, a pesar de los pesares, lo mejor será ir a votar,
aunque sólo sea para tener una excusa para cualquier pataleo ulterior.
Por esa razón, para ayudar a quienes decidan pasar por las urnas, voy a
hablar del tipo de votantes que necesitan los líderes de los principales
partidos:
- Mariano Rajoy necesita feligreses, porque sólo amparándose en la fe se
puede sustentar algo que no encuentra respaldo por los sentidos ni por
la lógica. Y ese "algo" se llama cuatro años de orgía desvergonzada de
meteduras de pata inexcusables, ya hablemos del Gobierno o del PP.
- Pedro Sánchez necesita melancólicos, porque el PSOE vive actualmente
en modo "cualquier tiempo pasado fue mejor" mientras su sobreactuado
líder hace malabares con bombas de hidrógeno.
- Pablo Iglesias necesita 'groupies', fans absolutamente entregados a
este Charles Manson de barriada que galopa a lomos del arribismo
enrollado en la bandera de la demagogia.
- Albert Rivera necesita sensatos, personas razonables lo suficientemente valientes para pensar con el cerebro, a las que el
futuro les parezca un buen lugar en el que pasar el resto de sus vidas y
dispuestos a desterrar sea como sea la estupidez, la crispación y la
falta de honradez de la vida pública.
Así las cosas, yo sólo espero que el lunes próximo este país deje de dar
ascopena y sea un proyecto común e ilusionante, aunque para ello se
tenga que pasar por las urnas por enésima vez. Ya estamos hartos de
rubias estrábicas difíciles de oír y peores de mirar. Nos merecemos a
Charlize Theron. Al menos, los sensatos.
martes, 21 de junio de 2016
Una imagen, una pareja
Hay parejas que se mueven por inercia, como un zombi al que todo lo
humano le es ajeno. Hay parejas que subsisten gracias a un pacto de no
agresión, porque ya no quieren hacer el amor pero les da pereza
declararse la guerra. Hay parejas que perviven como una unión temporal
de empresas, en la que los beneficios se ponderan con números y no con
recuerdos ni sentimientos. Hay parejas que (se) aguantan por miedo a la
soledad, como una camaradería entre náufragos. Hay parejas que se
instalan en un búnker de excusas del que nadie puede salir y en el que
nadie puede entrar. Hay parejas que ponen el corazón en los genitales y
se quieren hasta que el cuerpo aguante. Hay parejas que viven sólo de
cara a la galería, haciendo del error una obra de arte. Hay parejas en
las que todo es guión y automatismos, porque no quieren sorprenderse con
la libertad de ser feliz. Hay parejas que funcionan por un trueque sin
más truco que el de que el amor sea el único que salga perdiendo. Hay
parejas que viven la vida como un formulario a cumplimentar porque creen
más en la burocracia del placebo que en la entropía del torrente. Hay parejas que se resignan a estar sin ser porque piensan que la vida es un premio de consolación. Hay
parejas que aparentan de más y se quieren de menos porque no hablan nada
de todo lo que deberían. Hay
parejas en las que la ventriloquía reemplaza a la complicidad porque
entienden la vida como un dictado y no como un diálogo. Hay parejas que se declinan en pantallas y teclas porque son incapaces de articular el dónde y el cuándo. Hay parejas que se quieren de palabra, se engañan por omisión, se necesitan a cobro revertido y se reprochan en diferido. Hay parejas que no se entienden porque olvidan que una relación siempre se conjuga en primera persona del plural. Hay parejas que se enredan en un bucle de gestos huecos porque no encuentran el sentido a los sentimientos. Hay parejas que huyen hacia delante habiendo sabido siempre que nunca se quisieron. Hay parejas que se construyen sobre un magma
de secretos y miradas a otra parte porque tienen pánico a la sinceridad.
Hay parejas que nacen como hospitales de campaña en los que las cicatrices
marcan la caducidad que lleva al tiempo a pedir espacio. Hay parejas que
viajan mirando al retrovisor rumbo a ninguna parte porque no tienen más
futuro que el pasado. Hay parejas tan llenas de nada que parecen
tenerlo todo porque nunca se preocuparon ni de ser ni de estar. Hay parejas que
pasan por la vida sin que la vida pase por ellos.
Pero ésta, la de la foto, no es ninguna de esas parejas. Los vi hace no mucho, en mi barrio. Estaban de pie, junto a un paso de cebra. Arreglados, sin estridencias, en las antípodas de cualquier patetismo. Estaban quietos, como orillados en el tiempo. Él tenía su brazo izquierdo puesto delicadamente sobre ella. Ella, arrimada a él, cobijada con ternura entre su pecho y su brazo. Ignoro su edad. Ignoro sus nombres. Ignoro si los volveré a ver. Lo que sí sé es que estos dos se quieren y eso lo recordaré, con la firme intención de que, en el futuro, cuando la prórroga peine las canas de mi historia, pueda como ellos protagonizar una imagen para la que siempre sobraron las palabras.
Pero ésta, la de la foto, no es ninguna de esas parejas. Los vi hace no mucho, en mi barrio. Estaban de pie, junto a un paso de cebra. Arreglados, sin estridencias, en las antípodas de cualquier patetismo. Estaban quietos, como orillados en el tiempo. Él tenía su brazo izquierdo puesto delicadamente sobre ella. Ella, arrimada a él, cobijada con ternura entre su pecho y su brazo. Ignoro su edad. Ignoro sus nombres. Ignoro si los volveré a ver. Lo que sí sé es que estos dos se quieren y eso lo recordaré, con la firme intención de que, en el futuro, cuando la prórroga peine las canas de mi historia, pueda como ellos protagonizar una imagen para la que siempre sobraron las palabras.
lunes, 13 de junio de 2016
No hay que ponérselo fácil al diablo
Se puede y debe restringir el acceso a las armas, por mucho que EEUU
tenga una cultura de ellas profundamente enraizada o que el tráfico
de las mismas mueva hipócritamente colosales masas de dinero e intereses
en todo el mundo.
Se puede y debe mejorar la vigilancia ejercida por los servicios de inteligencia, para evitar el macabro bochorno de que un "vigilado" salte a los titulares de todo el mundo.
Se puede y debe actuar con más responsabilidad a la hora de intervenir en zonas conflictivas, para no abonarlas con un caos en el que germinen movimientos terroristas o siniestros fundamentalismos.
Pero, sobre todo, se puede y debe considerar la educación como el arma definitiva contra las monstruosidades. Una educación, tanto académica como familiar, que permita crear hombres libres y no armas de revancha. Una educación que huya del adoctrinamiento y de dictados maniqueos. Una educación que enseñe a pensar, decir, hacer y sentir con total libertad dentro de la inmensidad del respeto. Una educación que reniegue de los dogmas y busque puentes. Una educación que permita ser y estar en el mundo. Una educación que nos recuerde que porque somos libres somos iguales y porque somos diferentes somos fuertes. Una educación que destierre lo irracional, entierre lo visceral y allane prejuicios, tópicos y medias verdades. Una educación que aclare que todo lo que no es amor no es religión. Una educación que nos dé las herramientas necesarias para dejar un mundo mejor que el que nos encontramos. Una educación que desahucie el miedo, expulse la incomprensión y siembre convivencia. Una educación digna, diversa, seria y desacomplejada, que permita que los asesinatos, cualquiera que sea su disparatada excusa, formen parte del pasado de una vez y para siempre.
Porque, después de salvajadas como la de Orlando, hay que tener muy claro que al diablo no hay que ponerle las cosas fáciles.
Se puede y debe mejorar la vigilancia ejercida por los servicios de inteligencia, para evitar el macabro bochorno de que un "vigilado" salte a los titulares de todo el mundo.
Se puede y debe actuar con más responsabilidad a la hora de intervenir en zonas conflictivas, para no abonarlas con un caos en el que germinen movimientos terroristas o siniestros fundamentalismos.
Pero, sobre todo, se puede y debe considerar la educación como el arma definitiva contra las monstruosidades. Una educación, tanto académica como familiar, que permita crear hombres libres y no armas de revancha. Una educación que huya del adoctrinamiento y de dictados maniqueos. Una educación que enseñe a pensar, decir, hacer y sentir con total libertad dentro de la inmensidad del respeto. Una educación que reniegue de los dogmas y busque puentes. Una educación que permita ser y estar en el mundo. Una educación que nos recuerde que porque somos libres somos iguales y porque somos diferentes somos fuertes. Una educación que destierre lo irracional, entierre lo visceral y allane prejuicios, tópicos y medias verdades. Una educación que aclare que todo lo que no es amor no es religión. Una educación que nos dé las herramientas necesarias para dejar un mundo mejor que el que nos encontramos. Una educación que desahucie el miedo, expulse la incomprensión y siembre convivencia. Una educación digna, diversa, seria y desacomplejada, que permita que los asesinatos, cualquiera que sea su disparatada excusa, formen parte del pasado de una vez y para siempre.
Porque, después de salvajadas como la de Orlando, hay que tener muy claro que al diablo no hay que ponerle las cosas fáciles.
sábado, 11 de junio de 2016
Lección con plumas
A veces hay situaciones que, bajo la anécdota, esconden cosas que merece la pena saber o recordar.
Hasta hace poco y durante aproximadamente dos semanas, el macetero que
hay bajo el alféizar de mi cuarto de estudio, tuvo como inquilina a una
paloma que, sin importar la hora, gustaba de armar un jaleo bastante
serio, ya fuera piando, gorgojeando o moviendo sus alas
espasmódicamente. Para completar la performance, otra paloma se
encargaba de vigilar a la alborotadora ora paseándose como un carcelero, ora quedándose inmóvil como un vigía, pero siempre
haciendo gala de un hieratismo que compensaba ampliamente el follón de
la otra. Al principio pensé que aquel alboroto, que se había
convertido en un molesto hilo musical de mis horas de estudio, se debía a
razones de maternidad. A los pocos días, caí en la cuenta de que la
paloma no estaba por ser madre sino que estaba convaleciente de una
lesión en una de las alas, razón por la cual no la había visto volar ni
una sola vez y que, supuse, sería el motivo plausible de lo que entonces
ya entendí como quejas por el dolor y el malestar. Ya fuera por eso o
porque la pobre estuviera como las maracas de Machín, el caso es que la
otra paloma no dejó en ningún momento de custodiarla y velar por ella,
ausentándose lo justo para traer "comida" o empleándose con eficacia a
la hora de ahuyentar a urracas u otras palomas. Un celo protector que
resultó evidente conforme pasaron los días. Una siempre padeciendo y
otra siempre protegiendo. Así se pasaban las horas mientras yo me
zambullía en mis apuntes.
Desde hace pocos días, como comentaba al comienzo, no hay rastro de estas dos palomas. Tal vez la plañidera haya ido al Hades o tal vez se haya recuperado, pero el macetero tiene el mismo aspecto de "Se alquila" que tenía antes y no hay más ruidos que los habituales de la calle. Quiero creer que la curiosa pareja ha retomado sus vidas normales, ciscándose en todo lo que hay bajo ellas, dándose festines en aceras y zonas verdes, convirtiendo la carrocería de coches en cuadros de Pollock, etc. Pero, como decía antes, lo importante es lo que hay bajo la anécdota. Y es una lección valiosa. O, tal vez, más de una. Lecciones como que las relaciones se ponen a prueba cuando vienen mal dadas; que las penas compartidas no dejan de ser penas pero son menos; que los momentos de oscuridad, cuando el dolor y la angustia te brotan como manantiales, cuando no hay más plan que no caer en la histeria, son aquellos en los que todo lo verdaderamente bueno brilla con más claridad e intensidad que cuando lo inunda todo la luz de la prosperidad; que cuando alguien lo está pasando mal no es el tiempo de "te lo dije" ni de enzarzarse en una reyerta de reproches ni de ensañarse con él ni de orillarlo en tu atención ni de poner tu relación con él en barbecho hasta que la vida le reparta una mejor mano sino que es la oportunidad de mostrar en toda su desnudez el afecto que tienes por esa persona, de enseñarle que "estar ahí" es la mejor declaración de amor, de hacer evidente que querer no sólo implica "ser" sino también "estar".
Desde hace pocos días, como comentaba al comienzo, no hay rastro de estas dos palomas. Tal vez la plañidera haya ido al Hades o tal vez se haya recuperado, pero el macetero tiene el mismo aspecto de "Se alquila" que tenía antes y no hay más ruidos que los habituales de la calle. Quiero creer que la curiosa pareja ha retomado sus vidas normales, ciscándose en todo lo que hay bajo ellas, dándose festines en aceras y zonas verdes, convirtiendo la carrocería de coches en cuadros de Pollock, etc. Pero, como decía antes, lo importante es lo que hay bajo la anécdota. Y es una lección valiosa. O, tal vez, más de una. Lecciones como que las relaciones se ponen a prueba cuando vienen mal dadas; que las penas compartidas no dejan de ser penas pero son menos; que los momentos de oscuridad, cuando el dolor y la angustia te brotan como manantiales, cuando no hay más plan que no caer en la histeria, son aquellos en los que todo lo verdaderamente bueno brilla con más claridad e intensidad que cuando lo inunda todo la luz de la prosperidad; que cuando alguien lo está pasando mal no es el tiempo de "te lo dije" ni de enzarzarse en una reyerta de reproches ni de ensañarse con él ni de orillarlo en tu atención ni de poner tu relación con él en barbecho hasta que la vida le reparta una mejor mano sino que es la oportunidad de mostrar en toda su desnudez el afecto que tienes por esa persona, de enseñarle que "estar ahí" es la mejor declaración de amor, de hacer evidente que querer no sólo implica "ser" sino también "estar".
Por suerte, estas palomas tendrán la decencia de no publicar ningún
libro de autoayuda contando todo esto. Las mejores lecciones en la vida,
buenas o malas, no son a cobro revertido. Ni tampoco tienen que venir
necesariamente de seres humanos.
domingo, 29 de mayo de 2016
El verdadero premio
Ahora que las calles de Madrid guardan un resacoso silencio tras la berrea de los ganadores. Ahora que la noche del 28 de mayo ya es sólo un mal recuerdo en el retrovisor de millones de colchoneros. Ahora que mis ánimos están más serenos, puedo escribir lo que tenía pensado hacer ayer antes de la final de la Liga de Campeones.
Hay equipos y equipos. En concreto, por un lado, está el Atlético de Madrid y, por otro, todos los demás. Para estos últimos, los premios se exponen en vitrinas y se utilizan como arma de prepotencia masiva. Para el Atleti, los verdaderos premios no se exponen en vitrinas ni se convierten en enfermizas obsesiones ni dictan la historia del club ni se cacarean en portadas de panfletos deportivos.
Cuando uno habla del Atleti sabe o debería saber que está hablando de algo más que un club. Mucho más. Nosotros, los atléticos, solemos tener cierta propensión a hablar en primera persona del plural al comentar algún partido o al tirar de hemeroteca o al festejar o al lamentar. Eso es porque el Atlético de Madrid, más y mejor que ningún otro club, nunca juega con once jugadores. Siempre somos más. Miles más. Otra cosa es cuántos estén sobre el césped.
Por eso, el verdadero premio no es levantar tal o cual campeonato o tener en las vitrinas un trofeo u otro sino ser del Atleti. ¿Qué es ser del Atleti? Algo que va mucho más allá de la elección deliberada y consciente de un equipo al que animar. Es tener un sentimiento de pertenencia que auna una conciencia y emotividad colectivas como ningún otro club consigue o, al menos, demuestra. Es, por encima de una forma de vivir el deporte, una forma de estar y ser en la vida, una ética que comprende desde lo comprensible hasta lo sensible, desde lo deportivo hasta lo íntimo. Es saber que "triunfo" y "fracaso" son conceptos relativos, traicioneros, engañosos. Es recordar que si alguien se acuerda del todopoderoso Jerjes es porque trescientos espartanos decidieron hacer lo impensable para conseguir lo increíble. Es tener la certeza de que podrán ganarte pero no derrotarte, de que el único
plan ante una caída es levantarse, de que los sueños se sudan, de que
los milagros se entrenan, de que la vida es una cuestión no tanto de
aptitud como de actitud, de que no hay mejor ética que poner el corazón en cada cosa que hagas, de que la última frontera siempre está un paso más allá de la anterior. Es tener presente en cada momento de tu vida que querer algo o alguien no se debe basar en qué esperar a cambio sino en qué estás dispuesto a dar por ello. Es saber y sentir que formas parte de un equipo capaz de dar sentido a cada verso del poema "Desmayarse" de Lope de Vega, de llevarte al cielo o al infierno sin término medio ni paradas en grises, de hacerte vibrar sentimental y emocionalmente como el mejor de tus seres queridos, de conseguir que te sientas la persona más afortunada del mundo, de saber que aun en las noches más oscuras siempre va a brillar la luz del orgullo. El orgullo de ver a jugadores dejándose el alma sobre el campo y a aficionados dejándose la garganta en las gradas sin importar el rival y la competición de que se trate. El orgullo de saber que donde otros ponen millones y prepotencia, nosotros ponemos coraje y humildad. El orgullo de tener claro que no importa ganar o perder si lo das todo. El orgullo de estar seguro de que si alguien menciona el nombre de algún jugador presente o pasado del Atlético vas a pensar "Uno de los nuestros" mientras el pelo se te eriza. El orgullo de pertenecer a un equipo en el que jugadores y afición exhiben una convicción titánica e inquebrantable tanto si el cuerpo acompaña como si no. El orgullo de sentir que otros te sienten y así dar sentido a ese no-sé-qué capaz de hacer que una niña pequeña que apenas acaba de aterrizar en el mundo rojiblanco diga que, al ver a gente del Atleti por la calle, siente "naturaleza pura" en el pecho.
Por eso, tras un partido como el de anoche en el que la victoria se decidió por pura y simple suerte, no tengo claro quién obtuvo el verdadero premio. Por eso, tras un partido como el de anoche que culminó una temporada extraordinaria, no tengo claro quién obtuvo el verdadero premio. Por eso, tras un partido como el de anoche en el que el Atleti volvió a demostrar que hay vida más allá de los talonarios y la vanidad, no tengo claro quién obtuvo el verdadero premio. Por eso, tras un partido como el de anoche en el que la pena inmensa apenas pudo disolver el orgullo y la dignidad en los rostros de miles de atléticos, no tengo claro quién obtuvo el verdadero premio. Por eso, tras un partido como el de anoche en el que el Atlético volvió a escribir la enésima carta de amor a la épica, no tengo claro quién obtuvo el verdadero premio. Miento. Lo tengo clarísimo. Por eso, muchas, muchísimas gracias a los jugadores, al cuerpo técnico y a la afición. ¡Aupa Atleti!
lunes, 23 de mayo de 2016
Un Ministerio del que sentirse orgulloso
Ha terminado "El Ministerio del Tiempo"; al menos, su segunda temporada. Una producción que comenzó siendo una serie para terminar siendo LA serie. Un producto televisivo que ha roto en muchos sentidos las barreras del tiempo y el espacio y disuelto las fronteras entre un lado y otro de la pantalla. Una obra capaz de convertir la Historia y la Cultura en trending topics y de transformar Google en un DeLorean con el que explorar el pasado que algunos han querido y quieren manipular o ningunear o contar desde la pereza o la ineptitud. Una ficción que ha hecho historia contando historias de la Historia y en la Historia. Una narración que ha sabido ser hija de su tiempo y de los tiempos, integrando en un todo armónico y coherente lo analógico y lo digital, lo textual y lo audiovisual, lo clásico y lo contemporáneo. Un viaje que iniciaron unos pocos "locos" escribiendo un guión fantástico y han terminado millones ante una pantalla. Una serie culta, cool y de culto. Una de las cosas más valientes, necesarias, gratificantes, inteligentes, frescas, interesantes y emocionantes que se han hecho en España en décadas. Y no sólo hablo de crear el Ministerio del que sentirse más orgulloso en este país.
Hace poco más de un año, en este mismo blog, escribí sobre esta serie, revelándome como "ministérico". Por eso, como no quiero repetirme, recomiendo a quien tenga interés o curiosidad que coja una puerta al pasado y relea aquel post. Porque hoy no quiero tanto analizar la serie como mostrar mi agradecimiento. O, mejor dicho, mis agradecimientos, porque son varios. Siete.
En primer lugar, gracias a todas esas personas que, como yo, han seguido y apoyado a este serión. Es decir, gracias a los ministéricos. Ese ejército entusiasta, magmático, heterogéneo y hasta estrafalario pero sin el cual sería imposible entender en qué se ha convertido la serie. Una avalancha de seguidores o fans que han alfombrado con su dedicación, ingenio y pasión el no siempre fácil camino por el que ha transcurrido la producción de "El Ministerio del Tiempo".
En segundo lugar, gracias a TVE por tener el coraje, el sentido común y la honradez de haber apostado por una serie como ésta y de demostrar no sólo que otras series son posibles sino que otra televisión pública es posible, si se quiere. Especialmente de agradecer es la extraordinaria labor que ha hecho todo el equipo online, no sólo por el excelente trabajo hecho en la web y las redes sociales sino por el cariño y la atención que han demostrado a los ministéricos.
En tercer lugar, gracias a todo el equipo técnico por conseguir hacer magia con el presupuesto y el tiempo dados. Efectos especiales, efectos visuales, vestuario, maquillaje, fotografía, música, diseño de producción, dirección...Puedo pensar en cualquier aspecto técnico y no encontrar ningún reproche que hacer ni arista por pulir.
En cuarto lugar, gracias a todo el equipo artístico, actrices y actores formidables que, ya sea desde papeles habituales o episódicos, protagonistas o secundarios, han convertido cada capítulo en una auténtica gozada. Por tanto, gracias a Aura Garrido, Rodolfo Sancho, Nacho Fresneda, Hugo Silva, Jaime Blanch, Cayetana Guillén Cuervo, Juan Gea, Francesca Piñón, Natalia Millán, Julián Villagrán, Susana Córdoba, Ramón Langa, Mar Saura, Mar Ulldemolins, Miguel Rellán, Víctor Clavijo, Jimmy Shaw, Hovik Keuchkerian, Josep Linuesa, Joan Llaneras, Eusebio Poncela, Michelle Jenner, Roberto Álvarez, Cristina de Inza, Francesc Orella, David Luque, Manolo Solo, Ángel Ruiz, Sécun de la Rosa, Jordi Coll, Enrique Alcides, Antonio Velázquez, Sergio Peris-Mencheta, Luis G. Gámez, Fernando Cayo, Nadia de Santiago, Pere Ponce, Elena Furiase, Miki Esparbé, Gary Piquer, Miguel Hermoso, Juan Carlos Sánchez, Juan Antonio Quintana, Maru Valdivieso, Pedro Alonso, Paco Marín, Aitor Merino, Jordi Vilches, Alberto Jiménez, Juan José Ballesta, Joan Carles, Suau, Borja Maestre, Nieve de Medina, Fernando Conde, María Álvarez, María Rodríguez, Alexandra Jiménez, Roberto Drago, Anna Castillo, Joan Carreras, Alba Rivas, Nancho Novo, Patrick Criado, Raúl Cimas, Carlos Hipólito...y todos los demás espléndidos artistas que han convertido la serie en un auténtico "All Star" en lo interpretativo y en una galería de personajes llenos de piel y alma, de esos que se quedan contigo.
En sexto lugar, gracias a los directores y guionistas, o, lo que es lo mismo, gracias a los extraordinarios Marc Vigil, Abigail y Anaïs Schaaff, Jorge Dorado, José Ramón Fernández, Paco López Barrio, Diana Rojo, Javier Pascual, Peris Romano, Carlos de Pando, Juanjo Muñoz, Paco Plaza, Javier Ruiz Caldera, Borja Cobeaga, Diego San José y David Sáinz. Contáis historias como pocos. Como muy pocos.
Y en séptimo lugar, gracias a Pablo y Javier Olivares. Porque, por si no tenían suficiente con ser del Atleti, se atrevieron a crear esta maravillosa serie y, no contentos con ello, convencieron a las hermanas Schaaff, Marc Vigil y compañía para escribir su propia página no sólo en la historia televisiva española sino en la memoria íntima e intransferible de muchas, muchas, muchas personas. Os habéis ganado el Cielo. Pablo ya está allí. Javier sigue dando guerra aquí, porque todo sueño necesita un capitán. Acabo ya. Gracias. A todos. Os admiro. Os respeto. Y tanto si hay nueva temporada como si no...ya os llevo conmigo.
sábado, 21 de mayo de 2016
Ponga un clásico en su vida
En esta orilla de la existencia, hay que tener cuidado con cómo y cuándo llegan ciertas cosas a tu vida. Por ejemplo, el gore, el porno, la política y el test de Cooper. Si te pillan demasiado tierno, te crujen. Si arriban de cualquier manera, el shock anafiláctico puede hacer que la cosa no acabe precisamente en boda. Con lo clásico y los clásicos pasa exactamente lo mismo.
El acceso a "lo clásico" (ya hablemos del pensamiento, la literatura, la Historia o el arte) puede facilitarse o perpetrarse. En ese sentido, pienso que hay demasiados casos en que se perpetra, por culpa de la desidia, la ineptitud o la falta de inteligencia (emocional y de la otra) del cicerone de turno. Creo que muchos de nosotros podemos recordar una materia o asignatura que se nos atragantó por causas ajenas. A mí, por ejemplo, me pasó con la Filosofía, con quien tuve una relación tóxica en la etapa escolar por culpa del tipo que nos la impartía, que gastaba una pasión casi funcionarial y una sensibilidad nivel Leatherface. Esto pasa a menudo con "lo clásico". Y no sólo es una pena y un error sino también un problema porque supone convertir en garrafón algo que no sólo nos ayuda a adquirir consciencia y conciencia sino que contribuye decisivamente configurar la identidad desde el sótano al ático. Dicho de otra manera: la utilidad de adentrarse en "lo clásico" va mucho más allá de convertirte en un serio aspirante a concursante de Saber y Ganar.
Pero ¿qué es "lo clásico"? Lo más común es asociar y cobijar bajo este concepto a Sócrates, Platón, Aristóteles, Homero, Parménides, Esquilo, Séneca y demás all stars de la Antigüedad. Para mí, sin embargo, "lo clásico" es todo aquello que siendo antiguo no caduca y siendo pasado nunca deja de estar presente. Por tanto, va más allá, en el tiempo y el espacio, de Grecia, Roma y demás lugares comunes. Es decir: lo clásico tiene mucho de universal. Por eso, negar la pertenencia a "lo clásico" del pensamiento hebreo u oriental, por citar sólo dos ejemplos, es ponerse más estupendo que un portero de discoteca con exceso de celo profesional. Otro error bastante común es limitarse a estudiar lo clásico tirando de nómina de filósofos. Hay pensamientos monumentales que no están en ensayos ni digresiones sino en boca de personajes, esculpidos en piedra o pintados en un lienzo.
De todos modos, el problema fundamental es que hoy en día "lo clásico" está travestido por
prejuicios y clichés cuando no directamente marginado institucional,
académica y socialmente. Por eso, creo que actualmente pocas cosas hay
más transgresoras, provocadoras e interesantes que volver la mirada a
aquellos que pensaron y escribieron mucho antes de que "lo políticamente
correcto", el sindiós educativo y el postureo cultural hicieran acto de
presencia. En ese sentido, atreverse a reconectar con el pensamiento de
los clásicos a través de la lectura de sus obras desde un actitud
reflexiva y crítica me parece un triple salto mortal en los tiempos que
corren y, por eso mismo, tan valiente como necesario. Porque, en el
fondo, atreverse a hacer eso no es otra cosa que plantarse delante de
espejos dispuestos a decirnos la verdad no sólo de qué somos como
sociedad sino como individuos. Es un ajuste de cuentas con nuestra forma
de pensar, ser y estar en el mundo que pocos tienen el coraje ético e
intelectual de hacer. De ahí la importancia de leer a los clásicos o de
enrolarse en un seminario tan peculiar y contracorriente como "Los antiguos y nosotros", que propopone desde su tranquila disidencia la Escuela Contemporánea de Humanidades.
Nunca es tarde para espabilar ni para descubrir que no hay
nada más moderno que lo clásico. Ni más necesario.
sábado, 14 de mayo de 2016
Residuos ardientes
Llevaban mucho tiempo ahí. Años. Tantos que pareciera que siempre hubieran estado allí. Formando parte de un paisaje indisoluble en el que el presente está lleno de pasado. Componiendo en su inmensa heterogeneidad un todo homogéneo, decadente, tóxico. Esperando que algo o alguien los gestione como es debido, hijos de la desidia y la resignación, resultado de intereses creados y miradas hacia otra parte, obras alumbradas por narices tapadas, ojos cerrados y éticas distraídas. Alzándose y extendiéndose siniestramente en el tiempo y el espacio más allá de lo tolerable. Enquistados en el día a día de un mundo en el que hace tiempo dejaron de tener cabida y una realidad ajena a esa montonera enajenada. Integrando una repulsiva hermandad pese a provenir de años, lugares y modelos distintos. Siendo un permanente recordatorio de un tiempo que parece detenido, secuestrado por el pasado, disolviendo toda expectativa o conjetura de futuro. Agonizando en un eco estático como pecios viajando a ninguna parte. Manchando la vista, el recuerdo y la imaginación.
Ahora que algunos dicen que su final estaba cerca, arden. Un incendio feroz, hambriento, encabritado. Cuesta saber dónde comenzó la primera llama, la chispa primordial que selló su pasaporte a un olvido del que nunca debieron haber escapado. Ahora todo es llama y humo. Un humo negro como un funeral. Un humo tóxico capaz de ahogar cualquier aliento. Un humo repugnante, como si el incendio hubiera quebrado sus cuerpos para dejar a la luz y al aire su espíritu, su auténtica naturaleza hedionda en medio de estertores que invitan a huir o a distanciarse lo más posible de la siniestra e imprevisible sombra del humo. Sólo queda esperar que todo acabe enfriándose y disipándose cuanto antes porque sólo así, donde hoy hay basura insalubre y humeante podrá brotar algún tipo de futuro.
Por eso, es tan necesario votar el próximo 26 de junio. Porque este artículo nunca ha ido sobre los neumáticos de Seseña sino sobre otra clase de desperdicios que es necesario retirar de nuestro paisaje físico y temporal cuanto antes y no para sustituirlos por otros idénticos o incluso más nocivos sino para que el mañana tenga más de lienzo en blanco que de vertedero negro.
sábado, 23 de abril de 2016
Entre Miguel y William
Hoy es el día del libro o, lo que es lo mismo, el cuarto centenario de la muerte de los dos autores más grandes de toda la Literatura universal(con permiso de Homero): Miguel de Cervantes y William Shakespeare.
Muy seguramente, hoy las librerías y los centros comerciales provistos de ellas se llenarán en toda España de gente dispuesta a comprar al menos un libro en la mayoría de los casos y a leérselo en el mejor de los mismos. Muy seguramente, hoy Barcelona estará a tope de rosas, libros y firmas, que para eso es San Jordi y el tedio es un dragón que bien merece ser lanceado hasta la muerte. Muy seguramente, hoy los informativos expedirán una catarata de imágenes y testimonios que hagan parecer que España está reconciliada con la Cultura a pesar de Montoro. Muy seguramente, hoy olvidemos con tanto postureo y agitación cultural que el número de homenajes que ha recibido Cervantes en nuestro país por el aniversario de su muerte es similar a los que hemos dedicado a Shakespeare. Muy seguramente, hoy pase todo eso. Mañana ya...
Pero, volviendo al tema, toca hablar de Cervantes y Shakespeare. Para ello, creo que debo remontarme unos siglos más atrás en el tiempo, hasta la Antigüedad concretamente, porque, en mi opinión, tras los clásicos (Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Homero, Jenofonte, Virgilio, Apuleyo...) poco o nada más quedaba por descubrir en Literatura pero ese "poco o nada" quedó subsanado con la aparición Cervantes y Shakespeare. Tras ellos, creo que el resto de autores se limitaron a intentar brillar a su sombra, intentando desmarcarse o imitarlos. Algunos lo consiguieron. Y así hasta hoy.
Dicho esto, intentar quedarse con uno me parece una estupidez. ¿Con qué te quedas? ¿Con el Atlético del Cholo o con el Barça de Guardiola? ¿Con los Bulls de Jordan o los Warriors de Curry? ¿Con Alí o con Tyson? ¿Con Nadal o con Federer? ¿Con Rossi o con Márquez? ¿Con los 49ers de Steve Young o con los Patriots de Tom Brady? ¿Con Velázquez o con Goya? ¿Con De Niro o con Pacino? ¿Con Wilder o con Kubrick? ¿Con Spielberg o con Lucas? ¿Con Chaplin o con Groucho? ¿Con Marvel o con DC? ¿Con los Beatles o con los Rolling?...Hay muchos debates que llevan a ninguna parte porque cuando algo o alguien entra en la leyenda a golpe de excelencia no se trata de elegir sino de disfrutar. Lógicamente, esto no quiere decir que no se tengan preferencias. En mi caso, por ejemplo, aunque no quede muy "españolamente correcto", prefiero a William Shakespeare, pero eso no quiere decir ni remotamente que no reconozca que Cervantes y su monumental (en fondo y forma) innovación del Quijote dejaron al resto de narradores simples migajas con las que intentan llegarle a la suela del zapato. "Don Quijote de la Mancha" es uno de los motivos más objetivos que tenemos los españoles para sentirnos orgullosos sin ninguna clase de complejo o matiz, por mucho que la imposición de leerlo a según qué edad sea casi tan contraproducente como leer ese infumable tostón que es, fue y será el "Ulises" de Joyce. No obstante, como digo, prefiero a William Shakespeare, quizás por mi natural simpatía por el teatro, quizás porque pienso que no ha habido autor capaz de reflejar con tanta contundencia e ingenio el alma humana. Tal vez el inmortal García Lorca se le acerque en ese sentido pero...acercarse a Shakespeare es pese a todo quedarse muy lejos, puede que porque alcanzarle sea sencillamente imposible. Al fin y al cabo, mientras Cervantes sólo parió una obra maestra (la del caballero de la triste figura), Shakespeare tiene, bajo mi humilde punto de vista, unas cuantas colocadas en ese estratosférico estante ("Hamlet","MacBeth","El Rey Lear"...).
Podría extenderme más, pero creo que acabaría por caer inevitablemente en la petulancia o el postureo. Así que mejor termino con un consejo para ti que estás leyendo esto: busca un libro, uno bueno, uno que merezca la calificación como "obra literaria" (no todo lo encuadernado la merece) y concédete el gustazo de leerlo. Viajes como los que ofrecen los libros nos reportan ese 21% de evasión onanística tan necesaria en una existencia tan puta y puteada como la nuestra. Y para viajes así, nada mejor que las agencias de Cervantes o Shakespeare. domingo, 10 de abril de 2016
Los árboles caídos
Hacer leña del árbol caído es, además de una expresión, una práctica tan universal como el ser humano. Deportistas, artistas, políticos, pensadores, héroes, villanos, compañeros de trabajo, parientes, vecinos...nadie se libra de caer en las garras de ese comportamiento revanchista, cobarde, insolidario, ventajista y oportunista. Y menos en España, uno de los países en los que por desgracia el éxito siempre se pone en cuarentena, los triunfadores tienen más puñaladas en al espalda que la toga de Julio César y los fracasos o errores vienen acompañados de un jauría de rabiosos detractores florecida para la ocasión. No obstante, como digo, lo de putear al caído en desgracia es algo universal, es decir, vigente con independencia del tiempo, lugar o individuo del que hablemos. Vamos que lo de un día recibirte con palmas y al otro colgarte de un madero va en el ADN del ser humano desde que bajó de la rama.
En el fondo de esta actitud tan común como reprobable creo que laten tres motivos: Uno, la retorcida asimilación del éxito ajeno como una especie de agravio que subraya nuestras carencias y taras, como una ofensa que nos legitima para cobrarnos cumplida venganza en cuanto cambie el viento en lugar de contemplarlo como un argumento para sentirse orgulloso y un espejo en el que mirarse. Otro, la pésima gestión que hacemos de la envidia, esa que en lugar de servirnos de motor de crecimiento profesional o personal para no tener nada que envidiar a nadie, nos propulsa a actuar como animales al acecho, listos para avalanzarnos sobre el envidiado ante cualquier traspiés temporal o definitivo. Y, finalmente, la cobardía que nos inmoviliza para orillar esa tóxica envidia, para emprender nuestro propio camino y/o para enfrentar a esa persona a la que, conscientemente o no, "tenemos ganas" y no precisamente de darle un abrazo.
En todo ello, subyace a su vez un problema aún más profundo: el significado que le damos al éxito o el fracaso. Para empezar, porque ambos conceptos son relativos puesto que la percepción de uno y otro va por barrios. Para continuar, porque, como consecuencia del disparatado dictado social según el cual todo lo que no sea triunfar es un fracaso, la sociedad percibe el fracaso, la derrota, el error como un motivo de marginación cuando no directamente de "legítima" humillación a su protagonista. Y para terminar, porque hay una excesiva mayoría de personas que, por incapacidad intelectual, pereza ética o falta de ambición, no está dispuesta a entender que, en esta vida, con independencia del ámbito en el que hablemos, el fracaso, la derrota, el error, el fallo, el contratiempo, el problema, nos dicen más y mejor sobre el éxito, el triunfo, el acierto, el remedio o la solución que los propios logros. La vida es un camino, un trayecto constante de continuo aprendizaje y, desde esa perspectiva, nada de cuanto nos pase será bueno o malo si estamos dispuestos a extraer una enseñanza de todo ello. Dicho de otro modo: para evitar fracasar, nada mejor que recordar el fracaso; para alzarse, nada mejor que haber caído; para saborear el Olimpo, nada mejor que un paseo por el Tártaro. A la luz de la experiencia, todo es y será positivo en la medida en la que tengamos la humildad y la paciencia suficientes para dejarnos enseñar, para aprender, para crecer, para saber no sólo ser sino estar en el mundo.
Pero, volviendo al tema del artículo, a nadie se le escapa que me he incluido en este comportamiento tan criticable de hacer leña del árbol caído, no tanto por hacerlo ahora como por haberlo
hecho en el pasado. Cualquiera que haya hecho leña de un árbol caído conoce ese cierto placer que causa ensañarse con quien, merecidamente o no, se haya ganado nuestra antipatía. Nos agrada que nos salpique la sangre y las lágrimas de los caídos puesto que alivian nuestro furor, difuminan nuestras miserias y nos dotan de una irreal y fugaz sensación de superioridad...Un apunte: las drogas también hacen eso y no son buenas. Si todo el tiempo que dedicamos a maquinar, idear o perpetrar venganzas contra otros lo empleáramos en mejorar, en pulir nuestras aristas, en remendar nuestras carencias y en estar pendientes de nuestro propio camino, mejor nos iría. De todos modos, lo peor de hacer leña del árbol caído no es el hecho en sí, sino el momento en que se hace. Atacar a quien ya no le sonríe la suerte, la fama, el éxito, la fortaleza o la fortuna es pura y simplemente patético por lo fácil y por lo cobarde. Es sencillamente miserable e injustificable. Lo valiente, en ese caso, sería encarar a esa persona cuando tiene el éxito por coraza, cuando está en lo alto de la cadena alimentaria de expectativas, cuando rebosa fortaleza, cuando no haya nadie quien le tosa o lleve la contraria, cuando tú estás a su sombra. Por eso, entre otras cosas, hace ya tiempo que decidí dejar atrás toda la inmadura y estúpida mentalidad que hay detrás de este comportamiento que, más que un acto es una actitud ante la vida, ideal para no llegar a ningún sitio deseable a no ser que se sea masoquista, inepto o cabrón vocacional y no es mi caso.
De todos modos, como decía antes, de todo se puede sacar una lección positiva, especialmente cuando eres un árbol caído. En tal caso, uno debe saber que del mismo modo que en la oscuridad surgen cucarachas de los lugares más inesperados, también es el único momento en el que se ven brillar a las estrellas, esas personas que, cuando estás en el suelo, no utilizan su mano para hostiarte sino para ayudarte a levantar; esas personas que, cuando has tropezado, no te señalan con el dedo sino que utilizan ese mismo dedo para indicarte el camino; esas personas que, cuando lo ves todo negro, te recuerdan que el momento más siniestro es el que precede al amanecer. Si, cuando vivamos esas situaciones tan desagradables, nos esforzamos para recordar esto que acabo de decir en lugar de dedicar nuestros esfuerzos al victimismo o a autocompadecernos o a pensar en la venganza, ya tendremos mucho ganado.
Habrá quien, al leer esto, piense que hablo por hablar. No. Hablo desde la experiencia. Hablo como árbol caído. Actualmente, no estoy atravesando una etapa fácil o agradable. Dicho de otro modo, si la vida es una película, hoy por hoy la mía no la firma Disney sino Haneke. Pero no hablo desde el victimismo ni la queja. Eso para los débiles. Hablo desde la convicción de luchar a la sombra si las flechas oscurecen el sol. Recientemente, alguien de mi círculo de amistades aprovechó (de forma tan súbita como torpe) un desencuentro ideológico para "hacer leña" personal conmigo (vía texto), emplazándome a retomar el contacto para cuando yo pudiera "sentirme orgulloso de donde estoy y de lo que he conseguido". En contra de lo que pudiera parecer, el gran error de esta persona no ha estado en querer convertirme en leña sin venir a cuento sino en pensar que no me siento orgulloso de dónde estoy y qué he conseguido. A mí, nadie me ha regalado nunca nada en lo profesional, académico o personal. Por eso, estoy tan orgulloso de mis éxitos como de mis fracasos y, del mismo modo que no me avergüenzo de mis aciertos, no reniego de mis fallos porque unos y otros son caras de la misma moneda: yo, mi vida, la vida. Ni siquiera ahora que estoy en modo "árbol caído" me avergüenzo ni me arrepiento de nada. Al contrario, doy gracias por esta intensa travesía por el desierto que me está enseñando por las malas lecciones que me irán muy bien para vivir por las buenas. Una oportunidad que muchos no tienen o que, cuando la tienen, la desperdician. No es mi caso y menos siendo tan afortunado de tener en estos momentos a mi lado a personas que ponen suficiente luz en la oscuridad. Y conste que no digo esto por exhibicionismo sino por si puede ser de ayuda o utilidad a alguien.
Termino ya con un consejo para todos los que o bien tengan vocación de leñadores o bien se vean en la incómoda situación de árbol caído: una diferencia entre los árboles y las personas es que sólo los primeros, una vez caen, no se pueden levantar más.
jueves, 24 de marzo de 2016
"Batman vs Superman": muy entretenida y punto
Ayer vi el estreno de "Batman vs Superman", secuela de "El hombre de acero" y debut del cruzado de Gotham en el universo cinematográfico de DC "post-Nolan". La película ha venido precedida de unas expectativas bastante grandes tanto por su condición de blockbuster como por su naturaleza de crossover y el hecho de suponer la aparición de un nuevo Batman. Si a eso le añadimos que, más que como una película autónoma con entidad propia, ha sido concebida como la antesala de la "Liga de la Justicia" (la anunciada y esperada respuesta de Warner/DC a "Los Vengadores" de Disney/Marvel) pues el hype y la presión que han rodeado esta producción han sido y son más que considerables, lo cual siempre es un arma de doble filo.
En ese sentido, conviene adelantar que "BvS" no es ni un rotundo fiasco ni tampoco un incontestable cénit del género porque atesora las suficientes virtudes y los defectos justos para quedarse a medio camino entre la decepción y la gloria, si bien, teniendo presentes las posibilidades que tenía y las expectativas que deliberadamente se han creado y propagado, el resultado puede estar más cerca de la frustración que del nirvana.
El argumento
Tomando como premisa de fondo el clásico debate de "quién vigila al vigilante", la película gira en torno a tres ejes argumentales: El primero aborda cómo, tras los sucesos de "El hombre de acero" (film cuya mayor proeza fue eliminar del recuerdo el bodrio que supuso "Superman returns"), el mundo intenta asimilar la presencia de alguien tan poderoso como Supermán, que actúa por encima de fronteras, jurisdicciones, leyes y críticas, causando inconscientemente daños colaterales que perjudican/encabronan a personas como Bruce Wayne...El segundo eje trata cómo la figura de Batman es percibida por algunas personas (Clark Kent entre ellas) como la de alguien que, lejos de ser un héroe idílico, es un justiciero siniestro que no tiene reparos en ser ser juez, jurado y verdugo. Y el tercer eje nos muestra cómo la presencia de héroes tan poderosos como Superman y Batman supone una amenaza para la megalomanía esquizoide de Lex Luthor, quien desarrolla una enfermiza y criminal obsesión por/contra todos ellos. Tres interesantes ejes que darían de sobra para tres películas separadas, lo cual supone un handicap a la hora de cuadrar tramas, guión y ritmo en un solo film, como es el caso de "BvS".
A lo anterior hay que añadir que, ante la apabullante competencia de las películas Marvel, esta producción está concebida, quizás con cierta urgencia o imprudencia, como un colosal tráiler que preceda a "La Liga de la Justicia". Por eso, "BvS" está también diseñada para servir de escaparate para todos los héroes que integran dicha Liga, ya sea mediante roles protagonistas (Superman y Batman), secundarios (Wonder Woman) o brevísimos cameos (Flash, Cyborg y Aquaman), lo cual, al mismo tiempo que supone un aliciente es un problema más con el que hacer malabares en lo que a guión y montaje se refiere. Quiero remarcar aquí lo que digo sobre la urgencia e imprudencia, puesto que mientras que Marvel/Disney se tomó su tiempo (años) para escalonar (en varias películas) la llegada de "Los Vengadores", DC/Warner quiere hacer la puesta de largo de "La Liga de la Justicia" en apenas tres películas.
Los "pros" de BvS
Dicho todo esto, pasaré a hablar de los principales puntos fuertes o positivos de "Batman vs Superman":
- El "Batffleck": Es decir, el nuevo Bruce Wayne/Batman encarnado
por Ben Affleck. Si bien supone un estilo distinto, en fondo y forma, al ya mítico Batman de Christian Bale, lo cierto es que Affleck consigue que no se eche de menos a aquél y eso ya son palabras mayores. Y lo consigue gracias a construir un personaje inquietante, hierático, vengativo, brutal y con menos escrúpulos que sus anteriores encarnaciones cinematográficas. A ello hay que añadir un Alfred (estupendo Jeremy Irons) con un cinismo y sentido del humor que convierten sus escasas intervenciones en momentos francamente buenos. En definitiva, decir que todo lo referente a Batman es lo mejor de "BvS" sería seguramente injusto pero muy próximo a la realidad.
- El tema de fondo: El tratamiento de los superhéroes como dioses de nuevo cuño y los tradicionales dilemas asociados a las figuras todopoderosas: admiración/temor, agracedimiento/culpa, aceptación/insumisión, etc. Un tema éste de los "nuevos dioses"
que casi orbita en exclusiva en torno a la figura de Supermán y sin apenas disimulo tanto en el guión como en lo visual (esos picados y contrapicados...), presentándolo primero como un dios tan bondadoso como temible (muy Antiguo Testamento) y luego como una divinidad de carácter mesiánico y redentor encarnada en un ser humano, con los conflictos que todo ello conlleva (vamos que Supermán y Cristo, primos hermanos). Así las cosas, Supermán funciona como un totémico Jesucristo mientras que Lex Luthor lo hace como un Satanás que lo único que quiere es postrar a sus pies a todo lo humano y lo divino (¿una crítica encubierta a la soberbia de las grandes corporaciones y multinacionales de nuestro tiempo?). Lo cierto es que es precisamente en este tema donde encontramos una de las frases más interesantes y provocativas de la película, cuando Luthor dice que no se puede ser todopoderoso y todobondadoso simultáneamente. Ello nos lleva a las clásicas polémicas entre el poder y la responsabilidad, la capacidad y la ética, lo necesario y lo justo, el querer y el deber.
- Las escenas de acción: "BvS" tiene dos grandes batallas, en fondo y forma, en las que se nota la mano épica y operística de Zack Snyder para estos menesteres, como ya demostró en "300" y "Watchmen". Una, la esperada entre el héroe de Metrópolis contra el guardián de Gotham, alentada por Lex Luthor pero abonada por rencillas y antipatías previas entre los dos grandes emblembas de DC. La otra, que supone el clímax
final de la película, la que enfrenta a la "Trinidad" (Supermán, Batman y Wonder Woman) contra Juicio Final(que, dicho sea de paso, comparado con su diseño y tamaño en los cómics, en esta película parece un troll de Moria con exceso de anabolizantes y esteroides).
final de la película, la que enfrenta a la "Trinidad" (Supermán, Batman y Wonder Woman) contra Juicio Final(que, dicho sea de paso, comparado con su diseño y tamaño en los cómics, en esta película parece un troll de Moria con exceso de anabolizantes y esteroides).
- Wonder Woman: Pese a que pudiera parecer que iba a ser mero relleno, florero o comparsa, este personaje luce mucho y bien aunque sea de forma secundaria.
- Los cómics en los que se basa: En el trasfondo creativo de "Bvs" resultan innegables las influencias tanto argumentales como estéticas de ya legendarios cómics como "El regreso del caballero
oscuro" y "El contraataque del caballero oscuro", de Frank Miller ambos, "Batman. Tierra Uno" de Geoff Johns y "La muerte de Supermán" de Dan Jurgens, Roger Stern, Louise Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel. Unos tebeos muy, muy recomendables.
- Los guiños: Hay tanto que es obligatorio seleccionar sólo los mejores y más interesantes para las posibles tramas futuras. Así, son tres los guiños que harán las delicias de los más frikis. Uno, a la historia de "Injustice: Gods among us" (disponible tanto en videojuego como en cómic). Otro, al crossover "Crisis en tierras infinitas" y, por último, otro al villano más peligroso que hay en todo el universo DC, cuyo símbolo y ejército aparecen en la distópica visión que tiene Batman...
Los "contras" de BvS
Como no todo son buenas noticias en "BvS", hablaré ahora de los puntos negativos o fallos que, a mi entender, tiene esta película:
- Los fallos de guión: Si bien el guión tiene cosas elogiables
(el tratamiento de los personajes, el tema de los héroes como divinidades y algunos diálogos francamente ingeniosos), también tiene fallos de bulto que no sé bien si deben a cortes en el montaje final, licencias demasiado creativas u olvidos de los guionistas. Habrá quien diga que son detalles menores pero, para mí sí, teniendo en cuenta que los guionistas de "BvS" no son precisamente unos paisanos recién llegados (David S.Goyer es uno de los guionistas de los míticos Batman de Christopher Nolan y Chris Terrio es el guionista de la oscarizada "Argo"). Hay cosas que se pueden pasar por alto y cosas no se pueden dejar a la libre interpretación del espectador o creer que el público va a rellenar los huecos por ti o fiarlo todo a una hipotética edición extendida que aclare las dudas porque una cosa son las licencias creativas (lógicas y respetables porque cada autor tiene una visión distinta), otra las elpisis (útil recurso narrativo) y otra muy distinta pasarse por el forro explicar sucesos, tramas o escenas que así por las buenas chirrían bastante. A qué fallos me refiero (ojo que hay spoilers): ¿Por qué culpan a Supermán de la masacre en el poblado africano cuando toda la matanza la desencadenan los sicarios paramilitares de Luthor y hay indicios suficientes de ello (casquillos, heridas de bala, etc)? ¿Por qué Luthor primero dice y demuestra que ha hecho experimentos con kryptonita con el cuerpo del general Zod y más tarde pide su cadáver para poder hacer pruebas con él?, ¿Por qué Supermán llama "Bruce" a Batman cuando en ningún momento se muestra en la película cómo llega a descubrir su identidad secreta?, ¿Por qué Supermán pregunta a Batman si ha encontrado la lanza de kryptonita al regresar a la batalla contra Juicio Final si la decisión de encontrar y utilizar dicha lanza la toma Batman mientras Superman estaba KO en el espacio exterior?, ¿Cómo sabe Luthor que Darkseid (al que no cita explícitamente) está de camino a la Tierra ahora que sabe que ha quedado desprotegida si en ningún momento se aprecia contacto alguno de Luthor con alguien de Akopolips ni con ninguna Caja Madre (hola, escenas eliminadas)? Estos son para mí los errores que más chirrían en un guión que, quitando estos patinazos, es más que aceptable, dejando aparte licencias perdonables como que las ciudades de Metrópolis y Gotham estén tan cerca que una parezca un barrio de la otra o que Batman tenga visiones.
- Lex Luthor: La nueva concepción de Luthor como un melenudo y megalómano niño de papá, más próximo a un genio precoz de Silicon Valley que a un villano maduro y ricachón, es más que original e
interesante. Lo que no es en absoluto interesante es lo que hace Jesse Eisenberg encarnando a este icónico villano. Y eso que comienza muy bien pero, a medida que avanza el metraje, el Luthor de Eisenberg cae en el histrionismo, la sobreactuación y finalmente en el bochorno autoparódico. Esa desmesura y falta de contención le irían genial al Joker, el personaje más lunático e histérico de todo el universo DC, pero no a alguien tan cerebral como Luthor (ya hablemos de Luthor Sr o Luthor Jr). En definitiva: un despropósito que deja dos noticias; una, que desestimar a Bryan Cranston para este papel fue una de las grandes torpezas de Snyder y otra que, comparado con Eisenberg, Michael Rosenbaum es Marlon Brando.
- La propia naturaleza de la película: Pretender que una sola película funcione como secuela (de "El hombre de acero"), blockbuster autónomo, película de transición-puente, precuela (de "La Liga de la Justicia") y primera entrega de películas protagonizadas por otros héroes distintos a Supermán es algo francamente complicado y dudo que exista algún director o guionista capaz de hacer tantos malabares. Si a eso se le añade la presión que implica competir contra Marvel/Disney pues es casi una misión suicida.
En resumen
"Batman vs Superman: el amanecer de la Justicia" no es ni un fiasco ni el no-va-más del cine superheroico. Es una película muy entretenida que podría haber sido gloriosa si no se viera lastrada por los fallos y los handicaps que tiene.
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