viernes, 8 de septiembre de 2017

No teniu cervell

Al hilo de las últimas novedades informativas, me han surgido dos dudas. Una: ¿dónde hay más seriedad: en un guión de Sharknado o en Cataluña? Y la otra: ¿dónde hay más democracia: en la Zimbaue de Mugabe o en la Cataluña de Puigdemont? Aún ando intentando dar con una respuesta indubitable.

Hay que reconocer que esta decisión del Gobierno autonómico catalán de marcarse un Thelma y Louise resulta casi cómica en sí misma. Al fin y al cabo, Cataluña es la tierra de la que nacieron comediantes como Els Joglars, La Cubana o Tricicle. La diferencia entre esas compañías y Puigdemont y cía es que aquellas tienen bastante gracia y estos estrafalarios tipos poca o ninguna. Quizás en algún momento fueron graciosos. Ya no. Son como malos actores empeñados en reiterar un insufrible papel una y otra vez. Un papel que, lo que son las cosas, ha desembocado en una situación tan inédita en este país como lo fue el 23-F. En aquella ocasión, los que se pasaron la legalidad por el orto llevaban tricornio y se apoderaron del parlamento nacional; en ésta, los que han utilizado el ordenamiento como papel higiénico son más de barretina y se han apoderado del parlamento catalán. 

Me parece legítimo aunque reprobable utilizar una cortina de humo para tapar escándalos, despropósitos y negligencias varias. El problema es que a los nacionalistas catalanes el humo se les ha ido de las manos y vete a saber si no acaba en gas lacrimógeno. Me pregunto si no había otras cortinas de humo en stock como para tener que recurrir a una que amenaza la convivencia social. No sé. Alguna otra habría. Un escándolo sexual, Junqueras desnudo, Puigdemont luchando contra Pikachu en Pokemon, las mozas de las CUP pasando por Cámbiame...estoy convencido de que cualquier otra alternativa habría sido mejor que ésta.

No menos legítimo y reprobable me resulta el hecho de recurrir a falacias, invenciones o medias verdades para vertebrar una pretensión apenas sostenible y que se basa en fantasías históricas y mentiras económicas. Yo no sé cuánto habrá robado el resto de España a Cataluña (ese mantra que ya es tan interesante como una canción de Georgie Dann) pero sí sé que los Pujol (madrileños de toda la vida) lideran el ranking de malversación y saqueo de las arcas catalanas y que las Olimpiadas que pusieron a Barcelona on fire las pagamos todos al ritmo de "amigos para siempre, no naino naino naino naino naino na". No sé. Igual Cataluña se está equivocando de padre al que matar para conseguir su freudiana emancipación.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Por una suma de factores: el insaciable chantajismo nacionalista, el paroxismo de la conducta pasivo-agresiva del Govern, el victimismo atávico incendiado por una situación económica desfavorable, la ausencia de honradez, la carencia de sentido común, la falta de vergüenza, el cortoplacismo...y la decisiva "intervención" de Mariano Rajoy, el gran maestre del melasudismo, el gurú de la pachorra cannábica, quien, ahondando en su estrategia de bombero pirómano, ha dejado que esto se salga de madre para aparecer ante la opinión pública como una especie de salvapatrias, una técnica que, electoralmente, ya le funcionó con Podemos y que tiene toda la pinta de estar detrás de esa bochornosa pasividad con la que ha gestionado todo este asunto.

Desconozco cómo va a acabar todo esto. Y tampoco me importa la verdad en la medida en que no me afecta directamente y demasiado tengo ya con mis cosas. Los únicos que pueden y deben estar preocupados son los catalanes, con independencia de su genoma político. ¿Por qué? Porque, tradicionalmente, cuando aquella región ha decidido ponerse estupenda y el mundo por barretina, la cosa no ha acabado generalmente bien para ellos. Ahí está la Historia para recordarlo: la decisión de tocar lo que no suena a Juan II de Aragón apoyando a Carlos de Viana se saldó con una guerra (1462-1472) que dejó a la Generalidad como geisha por arrozal; la sublevación de los segadores (1640-1652) acabó con Juan José de Austria entrando en Cataluña cual Tywin Lannister a caballo; en la Guerra de Sucesión (1701-1714) Cataluña apostó por el bando perdedor y Felipe V los premió pasándose por la Nueva Planta el derecho y las instituciones catalanas; la proclamación del Estado Catalán en 1934 por Companys y demás comparsa acabó como el rosario de la aurora y, oh, sorpresa, con consecuencias funestas para Cataluña. A lo mejor es que Puigdemont, Junqueras y compañía tienen las mismas nociones de Historia que de leyes y por eso actúan con la feliz despreocupación de un kamikaze.

Lo que está claro es que "lo de Cataluña" va a marcar a España como lo marcó el 23-F en la medida en que supone una evidente amenaza no sólo a la legalidad vigente sino al orden público y la convivencia social. Me parece fenomenal que los independentistas catalanes se hagan un harakiri...pero que se lo hagan en sus vientres y no en los de todos los catalanes. En fin, independentistas: no teniu cervell. No tenéis cerebro.

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